Aventuras en la nieve

La polla de Fran no perdía consistencia con el frío estaba enorme, la saboreé durante unos instantes, luego la verga buscó donde cobijarse, me penetró, con ansias notando su cuerpo junto al mío contrastando la calidez del cuerpo de Fran y la del gélido clima que hacía, nos apresuramos por terminar, el frío era insoportable a esas horas, Fran se corrió, todo era especial esa noche para mí.

No había visto a Fran desde el fin de semana en la casa de campo, estaba ansiosa por volverme a perder entre sus brazos, dejar que ese deseo, nos envolviera, hasta consumirnos. Llevaba meses anhelando sus caricias, aquel fin de semana había marcado mi vida y para bien, por fin había superado la ruptura con mi novio, y tenía un futuro lleno de ilusiones. Fran y yo nos íbamos viendo a través del msn, pero eso no nos era suficiente así que decidimos pasar las navidades juntos en una estación de ski, invitamos a mi prima Laura y a Juanjo a que pasaran la navidad con nosotros perdidos en la montaña, en un pequeño albergue, alejado a unos pocos kilómetros de la estación de ski para que la multitud no nos molestara.

El día 24 Laura y Juanjo me pasaron a buscar con el coche, yo estaba preparadísima, mi prima se rió al verme bajar las escaleras con semejante maleta enorme, estaba llenísima sobretodo de ropa interior preciosa que había adquirido de tiendas on-line asesorándome de los gustos de Fran, quería estar perfecta, la verdad es que mi vestimenta que había elegido no era del todo cómoda para ir a una estación de ski una minifalda de cuero con un conjunto con liguero también de cuero negro, muy provocadora toda de negro, Laura no me quitaba los ojos de encima, ella se sentó conmigo en la parte trasera del coche, mientras Juanjo nos llevaba hacia la estación de ski era un trayecto bastante largo, era una estación situada en la sierra de Madrid, así que teníamos de 6 a 7 horas de trayecto largo y tenso.

Yo estaba excitadísima por poder volver a ver a Fran, Laura no me quitaba los ojos de encima, parecía que me desnudara con la vista, la verdad es que a ella tampoco la había olvidado, pero era mi prima, conforme pasaban las horas en el coche no podíamos apartar los ojos de nuestros cuerpos, al final las manos se nos acabaron escapando, nos empezamos a besar apasionadamente en la parte trasera del coche mientras que Juanjo nos miraba desde el espejo del retrovisor, el coche tenía la calefacción puesta e íbamos por carreteras secundarias, así que era difícil que nos observara alguien, nos despojamos de nuestras ropas, y dejamos que nuestros cuerpos hablaran por nosotras, nos devorábamos la una a la otra con mucha pasión saboreando nuestros flujos, dejándonos llevar por esa pasión casi animal que no nos dejaba estar quietas.

De repente Juanjo dijo: -Chicas no quiero alarmaros pero hay un policía y me hace señales para que detenga el coche, nosotras no le hicimos ni caso y seguimos en lo nuestro, el policía le llamaba la atención por ir demasiado rápido, y le dijo como quiere que vaya con este par de leonas que llevo detrás, nosotras seguíamos con lo nuestro y el policía nos picó a la ventanilla, Laura y yo volteamos la cabeza para ver al policía, el cual sonreía con una cara de deseo descomunal cosa que nos dio morbo a las dos, así que le abrimos la puerta del coche y le dijimos las dos, con voz muy sensual señor agente no tiene usted frío, ¿quiere pasar dentro?

El policía no se lo pensó dos veces, se sentó entre las dos y nos sacó su enorme verga, Laura y yo nos abalanzamos sobre ella, nuestras lenguas se buscaban ansiosamente, el policía empezó a gemir de placer y Juanjo no nos quitaba el ojo de encima desde el retrovisor, nosotras no parábamos quietas, una le mordía los huevecillos y la otra le comía la verga, Laura y yo estábamos bien compenetradas aunque evitábamos tener sexo por pudor, a las dos nos resultaba violento, pero en el fondo nos atraía mucho, solo nos dejábamos llevar en situaciones, pero ahí estábamos regalándole una buena mamada al señor policía que estaba a punto de estallar, dentro de la boca de Laura, le metí el dedo en el culo y el policía estalló en un santiamén Laura me dejó probar el gusto del policía de sus labios besándonos apasionadamente, saboreando aquel sabor nuevo para las dos, el poli sabía muy bien, él se quedó exhausto en el coche.

Cuando se repuso, sonrió a Juanjo y le dijo menudas leonas, si me descuido me dejan seco, Laura y yo nos dirigimos al policía, invitándolo a que viniera con nosotras, él no acababa el turno hasta las 8 de la tarde, así que le dimos las indicaciones para que se reuniera con nosotras a la noche, ambas nos quedamos con las ganas

de saborear suculenta verga de otra forma. El aceptó y nos pidió los números de móvil por si no encontraba el lugar, ya que no estaba ciertamente en la estación de ski. Retomamos el camino, Juanjo seguía al volante, mientras que nosotras seguíamos jugueteando con nuestros cuerpos, empecé a lamer los pezones de Laura, siempre me sabían tan bien, me encantaba tenerlos entre mis labios mordisquearlos y notar como poco a poco se iban endureciendo, igual que los míos al notar como las manos de Laura los acariciaban suavemente, la verdad es que Laura y yo nos habíamos encontrado en alguna que otra fiesta con amigos, pero en el coche nos deseábamos más que nunca, no se si era el calentón del momento, o el calentón de la emoción de reencontrar a Fran, las horas fueron pasando y Juanjo nos pidió que nos vistiéramos que íbamos a bajar para comer, sin darnos cuenta había pasado medio trayecto entre caricia y caricia.

Nos vestimos y paramos a comer en Teruel, fuimos a un bar situado en la plaza del pueblo, Laura y yo después de tanto ejercicio teníamos muchísimo apetito, nos comimos un par de bocadillos de jamón de Teruel enormes, Juanjo nos observaba sonriente, como devorábamos los bocadillos, con la misma pasión que instantes atrás ambas devorábamos la verga del policía. Después de comer nos pusimos nuevamente en ruta pero al llevar el estómago lleno a ambas nos entró el sueño y nos quedamos dormidas apoyadas la una en la otra.

Cuando abrí los ojos ya estábamos llegando a la estación de ski, estaba nerviosa, tenía tantas ganas de ver a Fran, le había anhelado tanto que no podía dejar de imaginar todo lo que íbamos a hacer, me moría de ganas de estar con él en la cama, ya eran las 7 de la tarde la hora que más o menos habíamos quedado con el en el bar de la estación de ski, al entrar al bar estaba allí apoyado en la barra, tan guapo como siempre, me abalancé sobre sus brazos dándole un cálido beso, Laura y Juanjo sacaban las maletas del coche, salimos del bar, cargamos los trastos en unas motos de nieve y Fran nos guió hacia el refugio, era prácticamente de noche, el frío se hacía notar en mis piernas, quien me mandaría meterme la minifalda de cuero, aunque valía la pena Fran no paraba de mirar hacia mí, como la mini era tan corta al estar subida en la moto nieve dejaba entrever la goma de las medias y las cintas del liguero.

En diez minutos llegamos al albergue, era una pequeña casita con dos habitaciones y un salón, con una gran chimenea con el fuego ya encendido, Fran había ido antes a preparar la casa, estaba preciosa, había una habitación para cada pareja preparada a todo detalle, Fran cogió mi maleta y la llevó a nuestra habitación, entre con él en la habitación, me acostó sobre la cama y con su dulce voz me dijo me haría entrar en calor, empezó a acariciar mis piernas heladas como si fuera la primer vez que las tocaba, con una delicadeza con la que nadie las había tocado antes, desató las medias del liguero, me sacó las botas, y empezó a sacarme las medias mojadas por la nieve que saltaba de la moto hacia mis piernas, besaba con sus cálidos labios cada milímetro de piel que iba descubriendo con una dulzura indescriptible…

Mis flujos empezaban a fluir gracias a sus expertas manos, mi prima asomó la cabeza en la habitación, pero desapareció para no molestar, yo me dejé guiar por las manos expertas de Fran, que me iba despojando de toda mi ropa, me cogió en brazos, abrió las sábanas y me colocó dentro, se sacó su ropa y se metió entre las sábanas desnudo, me abrazaba con ganas, me besaba con pasión, estábamos sedientos el uno del otro, él se colocó sobre mi penetrándome suavemente, había soñado tantas noches tenerlo sobre mí que ya no sabía separar la realidad de mis sueños, acariciaba su espalda mientras que su cálida verga entraba dentro de mi, cada vez más adentro sacándome el frío del cuerpo y dándome calor, sus manos empezaban a acariciar mis pechos y yo acariciaba sus duros glúteos, como le había echado de menos, me habían parecido eternos estos meses sin él.

Esto no era un encuentro simplemente sexual, no estábamos follando ni dejando ir nuestros instintos, nos estábamos haciendo el amor, cosa que nunca antes había diferenciado el amor del sexo, esto era casi un encuentro cósmico, cada caricia parecía un regalo de los dioses, nos acariciábamos como si nunca lo hubiéramos hecho, como si fuera la primera y única vez que lo hacíamos, Fran empezó a mordisquearme el cuello, y mil escalofríos recorrían mi cuerpo dándome placer, sentía su verga cálida dentro de mi como se iba abriendo camino en mi, suavemente sin apresurarse, teníamos todo el tiempo que queríamos, para gozarnos y disfrutarnos. Fran intentaba alargar al máximo su orgasmo mientras que yo era incapaz de contenerlos mi cuerpo se iba contorsionado a cada movimiento de su verga dentro de mí, al final un chorro de leche cálida me invadió, llenándome de calor.

Nos quedamos en la cama abrazados, notando las convulsiones de nuestros cuerpos unidos. Fran me sacó la ropa de la maleta para que me vistiera, nos vestimos y salimos fuera de la habitación, mi prima no estaba en el albergue con Juanjo habrían ido a dar una vuelta, Fran y yo nos fuimos a la cocina a preparar la cena para todos, habían botes de caldo ya preparado y pasta así que preparemos una sopa, y pollo al horno, preparamos la mesa y al ratito entró mi prima y Juanjo con el poli que habíamos invitado, preparé un plato más ya que comida había de sobra, cenamos todos juntos, charlando, el poli contaba anécdotas de sus patrullas en las travesías solitarias, pero ninguna como la que le había sucedido aquella mañana, a Fran no le hizo mucha gracia lo de tener al poli dentro de la cabaña, más que nada porque no tenía ganas de compartirme, llevaba mucho tiempo sin tenerme.

Después de cenar Fran y yo salimos a dar una vuelta, mientras que mi prima jugueteaba con el poli y Juanjo, Fran me había regalado un abrigo de plumas muy cálido allí donde estábamos el frío era casi glacial, empezamos a pasear a la luz de la luna alejándonos cada vez más de la casa, se veía pequeña, estábamos sentados en un tronco helado por la nieve que lo cubría Fran sacó una manta que llevaba en la maleta para que no estuviéramos tan helados y la tiró sobre el tronco y el suelo, nos acomodamos en el suelo con la manta no se notaba tanto el frío, la verdad es que el paisaje tenía su encanto, ver como la blanca nieve brillante por la luz de la luna, las estrellas del firmamento eran maravillosas, Fran empezó a besarme apasionadamente, el lugar era un buen lugar para dejar volar nuestros instintos.

Fran abrió mi abrigo cuidadosamente mientras me besaba y me despojó de él sin que me diera cuenta, la verdad es que empezaba a tener mucho calor, la pasión iba saliendo a flote, empezamos a quitarnos la ropa que en aquel momento nos estorbaba besándonos acariciándonos, deseándonos, sintiendo el frío de la nieve que se derretía bajo nuestros cuerpos, el frío no nos impedía saborear nuestros cuerpos con deseo, la verga de Fran no perdía consistencia con el frío estaba enorme, espléndida totalmente erecta, no pude reprimir mis deseos por saborearla, la acerqué a mi boca la saboreé durante unos instantes gozando de ese sabor característico que anhelaba, era realmente deliciosa, incluso más de lo que recordaba mi piel se estremecía por el frío.

Fran me cobijó entre sus brazos mientras que su verga buscaba donde cobijarse, me penetró, con ansias notando su cuerpo junto al mío contrastando la calidez del cuerpo de Fran y la del gélido clima que hacía, la nieve derretida se mezclaba con mis flujos, el frío se hacía notar, pero no podíamos dejarlo a medias así que nos apresuramos por terminar, el frío era casi insoportable a esas horas, Fran se corrió. Nos vestimos apresuradamente y nos volvimos a la casa tiritando, del frío que habíamos cogido. Al llegar a la casa todo estaba en calma, así que decidimos acostarnos, no teníamos prisa pasaríamos varios días en aquella casa. Fran me abrazó casi toda la noche me sentía tan bien refugiada entre sus brazos que todo era especial esa noche para mí.

Fran se levantó antes y me llevó el desayuno a la cama, un chocolate deshecho calentito, con galletas, la verdad es que era la mejor forma de despertarse. Al levantarme estaba todo el árbol lleno de regalos con tarjetas, parecía que había pasado Papa Noel, mi prima tenía muy buena cara seguro que se lo había pasado genial con el poli, aunque no sabía donde se había metido el poli no lo había visto desde que me levanté, pero tampoco me preocupaba mucho. Fran empezó a repartir los regalos, mi prima se había encargado de colocar los regalos que yo había traído así que estaba tranquila.

Fran me acercó un regalo enorme era como una caja dura, era difícil averiguar lo que era, lo abrí con tranquilidad, era como un maletín metálico, al abrir el maletín me encontré con un conjunto de vibradores de todo tipo, mi cara debía pagar estaba verdaderamente sorprendida, a mi prima Fran le regaló otro conjunto de vibradores más sencillo que el mío, había de todo entre los regalos arneses, conjuntos de ropa interior, parecía que entre Fran y Juanjo se habían puesto de acuerdo para traer medio sex-shop si en cambio los regalos que habíamos traído Laura eran más normales, colonias, ropa vamos lo típico.

Laura y yo nos mirábamos ansiosas de probar esos juguetes, nos abalanzamos la una sobre la otra, Juanjo y Fran nos miraban asombrados, nosotras nos devorábamos con ansias mordiéndonos los pezones, besándonos apasionadamente, nos pusimos a hacer un 69 la una a la otra saboreándonos lentamente, observábamos a nuestros chicos como nos miraban con cara de perros degollados y eso aún nos excitaba más, procedí a insertar uno de los vibradores dentro de mi prima, ella empezó a gemir levemente y empezó a penetrarme a mí con uno, la verdad es que era una sensación muy agradable, ambas empezábamos a gemir al unísono, gozando de los regalos que nos habían hecho, ellos nos observaban anonadados sin perdernos de vista…

Al final caímos rendidas de un orgasmo fulminante, quien nos iba a decir que esas pollas de plástico iban a tener ese efecto tan real sobre nuestros cuerpos, cuando nos recuperemos Juanjo se abalanzó sobre mi prima impaciente estaba hecho un toro, la puso en 4 patas y empezó a embestirla a lo bestia, vi uno de los arneses, y Fran me lo acercó, me ayudó a ponérmelo, y penetré a Juanjo por detrás, con la misma brutalidad que él penetraba a mi prima, Fran no pudo resistir la tentación de verme a 4 patas y también me penetró por detrás, nuestros gemidos se mezclaban con los ruidos de la naturaleza que nos rodeaba, no sé como lo conseguimos pero todos llegamos al orgasmo a la vez, acabamos tendidos sobre la alfombra temblorosos, abrazados unos a los otros.

Preparamos la comida, recogimos un poco el salón…. Aquel día fue un día muy largo, jugamos como críos, disfrutando de nuestros cuerpos al máximo, fue la navidad más blanca y más cálida de toda mi vida, decidimos volver a la casa de campo para fin de año, y montar una buena fiesta para entrar el nuevo año con buen pie así que no desesperéis, muy pronto volveréis a leer, cosas sobre Fran, Juanjo, mi prima y yo así que a tener paciencia…

Feliz navidad y próspero año nuevo a todos.

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Autora: NaXa^_^

naxa.juguetona@ gmail.com

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Una chica normal II

Se la chupé, vaya si se la chupé… Y después me la metí de un golpe en el coño. Y, bueno, yo hacía todo el trabajo, el señor estaba en la gloria. Yo le daba a chupar mis pezones, mientras me daba placer sin pensármelo mucho. Hasta que tuve un orgasmo y justo a tiempo me la saqué para que se corriera en mi mano.

Después de aquella experiencia vivida durante mi estancia en el supermercado, me volví bastante más cautelosa. Solamente dos veces me lié con dos clientes a los que no había visto en mi vida, no se sucedieron escenas tan tórridas como la primera vez, pero estuvo bien. Un día incluso volví a atreverme a pasearme desnuda bajo la bata.

Veía que un par de compañeros me miraban más de lo que lo hacían habitualmente y comencé a sentirme incómoda. ¿Podían ellos saber algo de mis andanzas? El guarda de seguridad de aquel garaje se presentó un par de veces en el supermercado, cual novio celoso y un día vi como entraban los dos viejos a los que me había follado en la oscuridad. Inmediatamente desaparecí de mi puesto para refugiarme en el almacén. Una semana después había cambiado de trabajo, aquello comenzaba a no gustarme, me sentía como un animal en una jaula.

Empecé a trabajar en una tienda de las que ahora llaman de “todo a un euro”, entonces todavía las llamábamos “todo a cien”. Allí tuve muchísimo cuidado y pasaba por una dependienta amable, pero sin gracia. Alguna vez me daban ganas de follarme al dueño, un tío más que normal, tirando a feo, pero no tenía ganas de cambiar de nuevo de trabajo, así que me contuve. Ese mismo año en el puente de la Constitución de Diciembre una amiga me propuso irme cuatro días con ella a su pueblo, un pequeño pueblo de Castilla, en el que sólo hay un bar. Después de discutir con mi novio, me decidí a ir con ella. Me apetecían unos días de tranquilidad, sin salir de marcha y esas cosas. No sabía en dónde me metía.

Mi amiga no solía ir a su pueblo, así que no la conocían demasiado por allí. Nos fuimos a casa de unos tíos suyos, encantadores. Que no tenían hijos y se sentían un poco solos. Eran unas personas maravillosas. Su tía nos animó el tercer día a que saliéramos de marcha por el pueblo, nos dijo que el bar se llenaba de jóvenes el sábado por la noche y que conoceríamos a gente. Al final nos vestimos para salir. Hacía un frío de muerte, imaginaos, en pleno diciembre y en Castilla… Su tío nos llevó al pueblo de al lado, que era un poquito más grande y entre las dos nos pusimos a jugar un mini-kinito y empezamos a hablar de sexo cuando llevábamos unos katxis…

Conocimos a unos chicos que nos dijeron a dónde podíamos ir después. Así que nos dirigimos, las dos solas, a un bar del pueblo. Cuando entramos, la música estaba a tope, y el bar estaba lleno de humo, seguimos bebiendo y al poco unos chicos nos invitaron a unas copas. Eran muy simpáticos, mi amiga se enrolló al poco tiempo con uno y yo, modosita, me dediqué a bailar con alguno de los otros. Hasta que al final, con el que más bailaba, me empezó a calentar un poco, acercándose cada vez más. Hasta que nos besamos y le dije que nos fuéramos de allí. Yo pensaba que el chico era de allí, pero resultó que no, casi nos perdemos buscando un sitio oscuro y sin gente. Ya no sentía el frío, sólo tenía ganas de un buen polvo.[Ver foto]

Al final, le pregunté que a dónde íbamos y cuando me respondió que él no sabía dónde estábamos… Empezamos a besarnos allí mismo, apoyados en la pared de una casa. Notaba su polla dura cuando se acercaba a mí, así que se la saqué y me arrodillé para metérmela hasta la garganta. Empecé a chupársela como una experta, el tío gemía y debía pensar que llevaba toda la vida chupando pollas. No tenía miedo de que se corriera, habíamos bebido los dos bastante, así que aguantaría sin problemas. Se la chupé bastante rato mientras yo me metía la mano en los pantalones para frotarme y darme placer. Al final le dije que me la metiera, que ya no podía más. Me dio la vuelta sin miramientos y me bajó los pantalones y las bragas, de verdad, tenía que hacer un frío increíble, porque de nuestras bocas salía vaho, pero yo no lo sentía en absoluto.

Me metió la polla y empezó a bombearme sin más. Me di más de un golpe contra la puerta de la casa, pero afortunadamente debía de estar vacía, menos mal… Pero sólo de pensar que alguien podía salir a ver qué ocurría y pillarnos en esa situación… Me estaba humedeciendo cada vez más, hasta que finalmente tuve mi primer orgasmo. El chaval estaba flipando de haber encontrado a una tía tan caliente, que se corría al poco de metérsela… Siguió dándome hasta que el pobre medio cansado me dijo que no podía tenerse en pie. Le pedí que se sentara y empecé a chuparle la polla de nuevo, intentando que se corriera, él mientras me metía los dedos y me manoseaba todo lo que podía. Me quité una pierna del pantalón y me subí sobre él. Él estaba en el cuarto cielo, yo subía y bajaba, saltaba sobre él como si me fuera la vida en ello, conseguí mi segundo orgasmo y él debido a la bebida, aún no se podía correr.

Para mí era genial, por supuesto, aunque intuía que se me estaba cansando. Le volví a chupar la polla y finalmente cuando le estaba pajeando se corrió en mi mano y se quedó extenuado, pero yo tenía ganas de más, claro… Nos vestimos y nos fuimos al bar. El pobre por el camino me dijo que se cogía un taxi, porque no podía más. Pensé que tenía poco aguante. Luego me ofreció que me fuera a dormir con él, estaba en casa de un amigo en un pueblo cercano, pero le dije que yo también estaba con una amiga, así que me volví al bar a buscarla. Allí estaba ella, enrollándose con el tío que le metía mano por todos los lados, pero ella aguantaba en el bar, no quería tirárselo porque los pueblos son así, al final se sabe que la hija o la sobrina de tal se fue al monte con no sé quién…

Entré y me dijo que aún no se quería ir, la verdad es que era casi la una, aún quedaba noche por delante. Así que le dije que me iba al baño. Me indicaron que estaba fuera, en la parte de atrás y allí me fui. Había unos chicos fuera que me dijeron que me fuera con ellos, pero pasé, estaban demasiado borrachos. Al lado del baño se encontraba un chico echando la pota, que ilusión… y un amigo, bueno amigo, más bien podría ser su padre (y de hecho lo era), le estaba sujetando. Les pregunté si querían ayuda y que era mejor que le llevara a dar el aire, entré en el baño y cuando salí, el hombre, de unos 40 años se lo estaba llevando poco a poco a un banco apartado, le ayudé a que lo sentara y sin querer le puse las tetas sobre el brazo, el hombre me rozó un pezón con una mano y no tuve más, me puse a cien y comencé a mirarle de otra manera. El chaval estaba dormido y sin más me desabroché el pantalón y puse la mano del señor tocando mi caliente coño.

Me humedecía más y noté como el hombre se ponía caliente y me miraba incrédulo. Me di la vuelta y me apoyé en el respaldo del banco, me bajé los pantalones y le dije, métemela rápido, que se me enfría… De nuevo, no podía creerme lo que estaba haciendo, el señor, incrédulo y sacándose la polla durísima del pantalón me preguntó: Pero, ¿aquí, delante de mi hijo? Yo le contesté que estaba dormido y no se enteraba de nada, antes de que acabara la frase el tío me estaba metiendo su enorme polla y yo lo estaba gozando, el chaval a mi lado abrió un momento los ojos, mientras su padre me follaba despacio, yo le dije, que durmiera y disfrutara de su sueño. Él cerró los ojos y yo eché mano de su bragueta, sé que el hombre me observaba atentamente y lo que veía le calentaba aún más, porque aumentó la frecuenta de sus embestidas.

Lentamente, le saqué la polla al hijo y me la metí en la boca, esta se endureció y al mismo tiempo que yo me corría, su polla explotó en mi boca. El padre aguantó un poco más así y al final me dio la vuelta y me levantó el jersey, para chuparme los pezones endurecidos por el frío y por la excitación. Justo después de que yo tuviera otro orgasmo, el hombre sacó la polla de dentro de mí y se corrió en mis tetas, restregándose y dándome un poquito de calor con su semen. Después de subirme los pantalones le dije que se llevara a su hijo antes de que se destemplara por el frío que hacía. Yo me volví hacia el bar, cuando note que alguien me observaba, era un señor muy rubio y de ojos azules descoloridos, vaya, me había encontrado con un giri… Me dijo algo en otra lengua, que, claro yo con mi súper-inglés no entendí. Le miré con descaro y él se rió. Ahora entendí por qué me hacía gestos y me decía: fucking, fucking…[Ver foto]

Me acerqué, y miré a mi alrededor… Nadie a la vista. Me levanté el jersey y el sujetador y dejé que viera mis tetas, erectas porque acababa de excitarme de nuevo y le dije torpemente, pero mirándole a los ojos: you fucking fucking me? ¡Please! Pero allí… Y señalé a un sitio más apartado… el tío se rió y me cogió de un brazo mientras me medio empujaba hacia la oscuridad y decía: Spain caliente, ummmmmm…

Debía de pensar que éramos todas unas putas, imaginaos, una tía joven diciéndole a un viejo con barriga y de más de 60 años que se la follara sin más. ¿Para qué irse a Cuba? El señor me hizo arrodillar y se sacó la polla, que tenía flácida y me dijo algo así como: ¡you work! Tuve un momento de lucidez y quise levantarme, pero al ver la polla frente a mi cara, pensé, bueno… el último… Y se la chupé, vaya si se la chupé… Y después me la metí de un golpe en el coño. Y, bueno, yo hacía todo el trabajo, el señor estaba en la gloria. Yo le daba a chupar mis pezones, mientras me daba placer sin pensármelo mucho. Hasta que tuve un orgasmo y justo a tiempo me la saqué para que se corriera en mi mano otra vez… El señor me dejó allí, diciéndome Thank you – thank you y yo me quedé con ganas de más, pero no quería liarla otra vez, así que me subí los pantalones y en la oscuridad me masturbé, mientras pensaba que alguien me sorprendía y me follaba una vez más. Pero no ocurrió.

Cuando me quedé a gusto, fui al bar y ya mi amiga se estaba despidiendo de su rollo. Me sonrió pícara y me dijo: te lo has pasado bien, ¿verdad? Claro, ella pensaba que yo había estado todo el rato con el mismo tío y no la saqué de su duda. Sonreí y le dije que nos fuéramos a casa. Al día siguiente no salimos y nos volvimos a nuestra ciudad. Me ha ofrecido volver a ese pueblo a pasar unos días alguna vez más, pero siempre he puesto alguna excusa tonta para no ir. La más socorrida era que mi novio y yo pensábamos hacer algo diferente, y desde luego, todo lo que hacíamos era bastante diferente…

Autora: Jade

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Compartiendo habitación

Continuó follándome mientras Paco aprovechaba para subir su polla hasta mi cara, no pude resistir la tentación y de un bocado me la metí en la boca, comencé a chuparle de igual manera que minutos antes había hecho con Loren. Ahora habían cambiado los papeles y era Loren el que me estaba follando mientras yo le hacía una poderosa mamada a Paco. Otra vez me sentí en la gloria y disfrutábamos todos de lo lindo, parecía que habíamos perdido el tiempo hasta entonces.

Paco, Loren y yo formábamos un equipo bien conjuntado, convirtiéndonos en los primeros vendedores de seguros de nuestro grupo de zona, nuestra técnica en equipo funcionaba a las mil maravillas, no teníamos rival y nuestra facturación había sido la más destacada sacando gran ventaja al resto de compañeros. Por eso es que nos habíamos convertido en una pequeña gran familia. Yo nunca había tenido un problema por el hecho de ser una mujer ante dos hombres y siempre habían sabido combinar la caballerosidad con la igualdad a la hora de tomar decisiones y hacer un buen trabajo.

Loren era el jefe de grupo, a sus 45 años ya no le tenía que enseñar nadie lo que era vender o visitar a todo tipo de gente, conocía cada respuesta, cada carácter, cada personalidad, sabía afrontar los problemas y como tratarlos en cada momento, a su edad se conservaba muy bien, quizá le delataba su pelo medio canoso, pero estaba catalogado en esa franja de lo que se llama “hombre maduro interesante” y apetecible.

Paco, era bastante más joven, con 30 años había aprendido mucho de su jefe pero sus dotes estaban en la habilidad de la palabra y sobretodo de su atractivo, la verdad es que estaba muy bueno y tenía unos labios preciosos, él también conseguía convencer al más indeciso, además de que todas las chicas se le rifaban, si le tocaba una mujer mayor, que era su especialidad, la venta estaba más que asegurada.

A mí, sin duda, no me hacía falta abrir la boca, con dos compañeros así, estaba todo prácticamente hecho, además por mi juventud, 22 años, hacía más refrescante al grupo, por lo que la mayoría de los clientes varones eran para mí y lo cierto es que yo era un buen partido, jeje. Por entonces yo tenía una melena lisa de color rubio intenso procurando ir a cada visita bien peinada y maquillada, mis ojos verdes y una dulce sonrisa formaban parte de mis atributos para una buena venta, un pecho grande y bien colocado y unas largas piernas que solía lucir con faldas cortas, todo eso también influía para hacer más fácil la labor.

Aquel martes, estaba “todo el pescado vendido” y nos disponíamos a regresar a Madrid, el día era muy frío y de seguro que nos encontraríamos con nieve por el camino. Teníamos 2 horas de camino hasta casa y preferimos no correr con el coche, pero a los pocos kilómetros la nieve hizo su aparición y a pesar de que eran cuatro copos, nos preocupaba a medida que íbamos subiendo el puerto. La nieve empezó a ser copiosa y la carretera cada vez más resbaladiza. Paco era un gran conductor, pero no pudo evitar que el coche le hiciera algún que otro quiebro y el susto correspondiente para todos. Llegó un momento en el que las ruedas del coche eran incapaces de coger una rodada limpia y la cosa se puso realmente seria.

– Deberíamos parar -dije bastante asustada.- No podemos parar aquí, nos quedaríamos congelados toda la noche. – contestó Paco.- Estoy asustada. – insistí.- No te preocupes, dentro de un par de kilómetros hay un motel de carretera, vamos a intentar llegar. – interpuso Loren.

Después de unos cuantos derrapes, una noche cerrada y una nevada más que abundante conseguimos llegar hasta el pequeño hotelito, que se nos hacía más acogedor de lo que nunca hubiéramos imaginado.

Llegamos a recepción y solicitamos 3 habitaciones sencillas.

– Lo siento señores, el hotel está completo. – nos comunicó el recepcionista.- Pero ¿no le queda ninguna? – preguntó Paco.- Nada, está todo a tope, con esta nevada, ya se sabe… Bueno tengo una habitación que se está reformando, pero no tiene calefacción y pasarían mucho frío, además solo tiene una cama…

Los tres nos miraron indecisos, la verdad es que a pesar de nuestra confianza y camaradería nunca habíamos tenido que pasar por una situación parecida y mucho menos tener que compartir una habitación, teniendo en cuenta que eran dos hombres y yo, pero la cosa era irremediable, o eso o nada…

– Bueno, – intervino Paco señalándome, yo creo que si a ella no le importa podemos compartirla como buenos hermanos, naturalmente tú dormirías en la cama y nosotros ya nos arreglaríamos. – De eso nada, la cama la rifaremos… – contesté.- Venga mujer, no seas tonta, yo prefiero que seas tú quien te quedes con la cama, tómalo como una galantería ¿vale? – Ya, pero no me parece justo…

Loren intervino como jefe zanjando la situación:

– Venga, ya está decidido, te quedas la cama ¿de acuerdo? – Además prometemos portarnos bien ¿verdad? – interpuso Paco.

Los tres reímos por la situación, un poco embarazosa por cierto, pero inevitable en cualquier caso. Yo me sentía algo nerviosa, pero al fin y al cabo ya teníamos la confianza suficiente como para pasar una noche juntos, como compañeros, claro. Así que sin ningún tipo de equipaje subimos a la habitación. El muchacho que hacía las veces de recepcionista y botones nos acompañó y nos hizo entrega de un buen surtido de mantas.

La habitación era más cutre de lo que imaginaba, pero tampoco era cuestión de estar escogiendo. Las paredes renegridas, denotaban la humedad que las había empapado durante mucho tiempo, un papel pintado medio arrancado adornaba otra de las paredes y el frío se hacía más que notar, aunque siempre se estaría más calentito que en la calle; dos sillones más viejos que el hotel y cuyo asiento casi tocaba el suelo eran los únicos muebles de esa habitación, aparte de la cama; al menos disponíamos de un pequeño baño y una ducha que afortunadamente tenía agua caliente. Los tres nos miramos de nuevo, intentando buscar la manera de como pasar la noche, bastante incómoda tal y como se preveía.

– No sé chicos, me parece abusar el hecho de que tenga que ser yo la que duerma en la cama – dije. – Oye no nos consideres unos machistas, pero creo que debemos cedértela como buenos caballeros, no te preocupes por nosotros que nos arreglamos bien ¿verdad Loren? -afirmó Paco. – Bien, si queréis nos podemos turnar – insistí.- De ninguna manera – respondió Loren – la cama para ti.- Como queráis, pero creo que vais a pasar mucho frío…- No te preocupes.- Bien, me pegaré una ducha a ver si entro en calor. – dije intentando acomodarme a aquella situación.

Por un momento pasó por mi mente que los tres compartiéramos la cama, no era muy grande que digamos pero al menos dormiríamos todos más calentitos, pero eso tampoco era muy correcto, una mujer y dos hombres que a pesar de conocerse no tenían la suficiente confianza como para eso. El solo hecho de pensarlo ya me hizo ponerme algo cachonda.

Entré en el baño, abrí el grifo de agua caliente y me fui despojando de mi chaqueta, después mi falda de tubo, a continuación mi blusa blanca, mi combinación, mis medias, mi sostén y por último mis braguitas. Me miré en el espejo y vi que mis mejillas estaban rojas, síntoma de estar algo excitada, mis pezones se habían endurecido y eso también reflejaba que la idea de pasar la noche con mis compañeros podría ser… ¿pero en que estaba pensando? , me metí en la ducha y eso hizo que me relajara un poco más. Una vez que estuve aseada y más cómoda decidí no volver a ponerme la ropa interior y solo me coloqué mi combinación de raso como única prenda, al día siguiente tendría que volver a usar mis braguitas y prefería conservarlas lo más fresquitas posibles, así que las lavé en el lavabo y las dejé tendidas junto a la ducha para que se secaran.

Me daba cierto corte salir en paños menores a la habitación, pero me armé de valor y cuando entré, los dos hombres se quedaron boquiabiertos, sin duda la vista era más sensual que verme siempre con mi traje chaqueta; ahora estaba ante ellos una mujer joven, con el pelo mojado, los ojos brillantes y cubierta únicamente por una prenda muy sexy que realzaba mi silueta y remarcaba mi pecho, mis pezones y mis piernas sin medias… en fin todo aquello hacía que ellos no me quitaran ojo… Me sentí deseada por ellos y eso volvió a excitarme, por un momento pensé para mi ¿y si me desnudo ante ellos y les digo si follamos a trío?, pero eso era otra de mis locuras…

– Ya podéis pasar al baño- dije con toda la naturalidad.

El primero fue Loren que tardó un buen rato en salir, mientras yo me metí en la cama y revisé por encima los papeles de las ventas del día. Loren salió del baño en calzoncillos y camiseta. No pude evitar una pequeña risita nerviosa. Nunca había visto a mi jefe en paños menores y aquella situación era un poco ridícula y divertida a la vez. Después fue Paco quien pasó al baño y también salió con sus calzoncillos y camiseta. De nuevo una pequeña risita de los tres. La verdad es que dos hombres que siempre iban bien vestidos con su traje y corbata se veían ahora como dos extraños y eso les hacía más interesantes. Volví al baño con la disculpa de secarme el pelo y con la intención de que se acomodaran sin estar yo presente y no se sintieran violentos. Cerré la puerta tras de mí y puse en marcha el secador, pero no pude evitar oír los cuchicheos de mis dos compañeros.

– ¿Has visto lo buena que está? – oía como le decía Paco a Loren.- Ya lo creo, está irresistible, nunca la había visto tan sexy. -contestó Loren.- Vaya polvo que tiene, me la comía ahora mismo – interpuso Paco.- No seas bruto. – le recriminó Loren.- ¿Acaso tú no…? – Calla, calla, que la tengo como una piedra…

Aquella conversación hizo que me sintiera muy halagada por mis compañeros, pues nunca me comentaban nada con respecto a mi físico, siempre me trataban como colegas con respeto y educación, pero esta vez me sentí deseada de verdad por ellos y eso hacía que me pusiera muy cachonda. Notaba como los pezones comenzaban a remarcarse de nuevo bajo la tela de mi corta combinación. Al cabo de un rato, volví a la habitación y me encontré a mis compañeros uno en cada sillón y tapados hasta el cuello con sus respectivas mantas, se veían más ridículos todavía, pero también la situación era inevitable. Me metí en la cama, me tapé con las mantas y apagué la luz. Intentamos dormir…

A medida que avanzaba la noche el frío se hacía más intenso, en el exterior debía haber varios grados bajo cero y en la habitación no había una temperatura mucho mayor. Desde luego la más cómoda era yo y la más calentita, dentro de lo que cabe, pues si yo sentía frío, ellos debían estar prácticamente congelados. Apenas llevaba una hora dormida, cuando me desperté pues el frío iba en aumento y los chicos no dejaban de tiritar. Sentía remordimientos por la situación y por mi ventaja de estar algo más cómoda que mis colegas.

– Eh chicos, no podéis estar así, vamos a morirnos de frío, yo estoy helada. Veniros aquí a la cama y la compartiremos como podamos ¿vale? – No, eso no puede ser. – contestó Loren.- Vamos, no seáis tontos, solo vamos a darnos algo más de calor, este frío es insoportable, no seáis niños…

Conseguí convencerlos y es que el frío fue el que nos obligó a tomar esa determinación. Los dos hombres se metieron en la cama junto a mi, uno a cada lado y a pesar de estar muy apretados intentamos acomodarnos lo mejor que pudimos. Loren y Paco muy educadamente me dieron la espalda para que no me sintiera incómoda, pero no podían evitar que estuviéramos en contacto, pues la cama no daba más de sí. Paco, el más joven, estaba espalda con espalda conmigo y Loren notaba mis voluptuosos pechos en la suya. Lo que sí conseguimos en poco tiempo era volver a recuperar una mejor temperatura, lo que hace el calor humano…

Una vez que entramos en calor, yo me sentí mucho mejor y al mismo tiempo me sentía excitada con el solo hecho de pensar que estabamos los tres tan juntitos, me imaginaba que podíamos estar retozando como colegiales en aquella cama, pero de momento no ocurrió nada. Digo de momento porque a la media hora sentí como Paco, el que estaba a mi espalda, se había dado la vuelta y ahora lo que sentía era su pecho tras de mí. Loren debía estar dormido porque se le oía respirar plácidamente.

Al poco rato, Paco posó una de sus manos en mi cadera como un acto involuntario de estar dormido y así lo interpreté. Después pude notar como un bulto considerable y duro se apretaba contra mi culo, lo que me hizo pensar que realmente no dormía. Yo me quedé inmóvil y comencé a sentir un gusto por todo mi cuerpo que me encantaba. En vista de que yo no reaccionaba ante su nueva postura, la mano de Paco, pasó de la cadera a la cintura. Yo seguía respirando fuerte haciéndome la dormida.

Pasaron unos segundos en los que volví a pensar que abandonaría, pero la mano de mi compañero continuó palpando mis curvas acariciándome a través de la tela de mi combinación hasta llegar a mi teta derecha, ahí se detuvo esperando acontecimientos, pero al ver que yo no reaccionaba, siguió palpando con mayor intensidad hasta sobarla con todo descaro. Yo estaba disfrutando como una niña y me estaba poniendo a cien. Mi pezón sobresalía de la tela y se enredaba entre sus dedos. Su habilidosa mano bajó por mi vientre hasta llegar a mi pubis. Se sorprendió que no llevara braguitas debajo, pues pudo notar los pelos de mi coñito a través de la tela.

Su polla dura como una piedra seguía apretada contra mi culo y comenzó a bambolearse sobre él, frotándose una y otra vez. Aquello me estaba volviendo loca de verdad. Su mano se coló esta vez por debajo de la tela acariciando mi muslo primero por fuera y luego por la parte interna. Lentamente subió hasta mi entrepierna y allí se detuvo. Por un momento pensé que se arrepentiría de su exploración, pero no fue así, siguió acariciándome hasta tocar mi coñito que pudo notar bastante húmedo.

Notaba su aliento en mi nuca y como su respiración se aceleraba. Yo sentía un gusto tremendo y deseaba que aquello no acabase nunca. Siguió acariciando mis labios mayores, mi pubis, rozando con la yema de sus dedos todos los rincones de mi intimidad. Acarició mi clítoris y entonces me desbordó un orgasmo que intenté disimular por todos los medios, pero mi respiración agitada y mis jadeos eran más que evidentes…

A continuación noté como se despojó de sus calzoncillos y como me subía la combinación hasta la cintura, para luego volver a pegarse a mí. Esta vez pude notar su calor y su piel contra mi piel, su polla, que notaba enorme, se pegaba a mi culo, ¡como deseaba que me follara!…Permaneció quieto unos instantes, supongo que para ver mi reacción, pero yo seguía inmóvil. Entonces con su glande empezó a recorrer mi culito, notaba que él estaba muy mojado, luego me pasó su miembro entre las piernas, me las abrió ligeramente y pasó de arriba a abajo por mi rajita toda aquella grandiosidad que poseía entre sus piernas. Yo me sentía en la gloria

Loren no parecía enterarse de nada pero tampoco podía evitar sentirme a gusto pegado a él y sentir mi pecho contra su espalda…

Paco estaba muy lanzado y ya no había quién le parase, su polla estaba rozando los labios de mi vagina y hacía lo imposible por querer entrar en mí, que por cierto era lo que yo más deseaba. Después de unos cuantos intentos en esa difícil postura logró introducir la punta de su miembro en mi coño caliente, hizo un movimiento hacia atrás y luego hacia adelante y me la metió hasta el fondo.

– Ahhhhhhhh. – un jadeo profundo me invadió.

Siguió con toda su polla metida dentro de mi y después comenzó a moverse follándome sin compasión. Yo ya no podía seguir haciéndome la dormida.

– Sigue, sigue, cabrón, que gusto me estás dando…

A Paco aquello pareció encantarle y siguió bombeando esta vez con más fuerza. Notaba como las paredes de mi vagina atrapaban aquel falo dentro de mí y lo bien que me estaba follando. Me acomodé de tal forma que le permití que sus embestidas llegaran a lo más profundo de mí ser, notando como me entraba aquella enorme polla hasta las entrañas.

– Que bien, que bien, fóllame, si, siiiii…- ¿Te gusta? , lo estabas deseando ¿eh?

Él seguía follándome por detrás y Loren no parecía inmutarse aunque se revolvía en la cama ya que nuestro movimiento le empujaba hasta casi tirarle de la cama. Yo estaba fuera de mis casillas, estaba como una loba en celo y metí la mano por el slip de mi jefe y comencé a acariciarle. Al momento la polla de Loren tomó un tamaño más que considerable. Esta vez no me limité a acariciarle sino a masturbarle con ganas y eso hizo que se despertara. Podía oír sus gemidos, notar como su respiración se hacía más agitada y se quedaba inmóvil, desconcertado por cómo había despertado de su sueño. Aquello se había convertido en una orgía en toda regla.

– Toma, toma, toma. – decía a cada embestida Paco como si me estuviera martilleando.

Loren se puso boca arriba y permaneció con los ojos cerrados para recibir mejor mis caricias y la paja que le estaba haciendo en mejor posición. Me encantaba tener la polla de mi jefe entre mis dedos y no me lo pensé dos veces, cuando bajé mi cabeza hasta esa preciosidad y comencé a metérmela en la boca.

– Ugggghhhh. – gemía Loren.

Yo seguí mamándosela hasta la garganta, estaba en la gloria, Paco follándome por detrás y yo comiéndome la polla de Loren, era todo una delicia.

Paco empezó a respirar más profundamente y se agitaba y convulsionaba con cada metida que me daba, su polla pareció crecer dentro de mí y eso provocó que me corriera con un gusto enorme sin casi poder respirar por tener todo el miembro de mi jefe en la boca.

– Me corro, me corro… – gritaba Paco.

Y mientras decía eso me agarraba por las caderas y mantenía todo su miembro dentro de mí, fue entonces como noté como me inundaba con todo su semen en varios chorros que indicaban que hacía tiempo que no echaba un polvo como aquel. Unos segundos después fue Loren el que gritaba.

. Ohhh, ohhhh, aparta que me voy…

Pero lejos de apartarme metí más profundamente aquella daga en mi boca y pude sentir como inundaba mi garganta con su leche, me tragué todo y seguí chupándole hasta dejarle seco. Él se retorcía y me acariciaba el pelo.

Paco se quedó descansando y recuperándose un poco después de tanto ajetreo. Entre los dos me despojaron de la combinación y estuvieron observándome mientras me acariciaban por todo mi cuerpo. Por un lado estaba Loren acariciándome el coñito con sus dedos y por otro los labios de Paco chupando mi pezón izquierdo. Estaba en la gloria…

Paco no lo dudó dos veces y bajo las sábanas llegó hasta mi chochito y comenzó a besarme y a chuparme mientras Loren hacía lo propio con mis tetas. En poco tiempo consiguieron que tuviera un nuevo orgasmo. Entre los dos me estaban dando un placer enorme. Parecía mentira que una hora antes todos nos comportáramos tan educadamente y ahora estuviéramos dale que te pego.

Loren otra vez en guardia, apartó a Paco de mi entrepierna y se colocó encima mío, se le notaba muy excitado y comenzó a masajear mis ingles con su polla, hacía círculos alrededor de mi pubis, podía notar como su glande rozaba mis labios vaginales y sin avisar me la metió hasta el fondo, lo hizo tan bruscamente que me hizo daño, pero se me fue apagando el dolor a medida que me metía todo su poder. Continuó follándome con gran maestría mientras Paco aprovechaba para subir su polla hasta mi cara y dibujar con ella mi nariz, mi barbilla y mis labios.

No pude resistir la tentación y de un bocado me la metí en la boca, comencé a chuparle de igual manera que minutos antes había hecho con Loren. Ahora habían cambiado los papeles y era Loren el que me estaba follando mientras yo le hacía una poderosa mamada a Paco. Otra vez me sentí en la gloria y disfrutábamos todos de lo lindo, parecía que habíamos perdido el tiempo hasta entonces. Loren seguía follándome mientras me yo me agarraba a sus brazos y mis piernas bordeaban su cintura, no aguantó mucho, cerró los ojos, cogió aire y pronto noté como me inundaba con su leche las entrañas, salía a borbotones mientras se dejaba caer sobre mi pecho totalmente exhausto.

Yo seguía saboreando la polla de Paco que disfrutaba mientras con sus dedos intentaba alcanzar mis tetas y sobármelas. Al poco rato Paco estaba listo para su segunda corrida que intenté tragar igual que antes, pero él la sacó de mi boca y prefirió soltarme toda su leche sobre mi cara, el primero chorro fue a caer a mis cejas, el segundo a mi barbilla, el tercero a mis labios, entrando parte en mi boca, otro más sobre mi pelo… parecía la nevada que estaba cayendo en la calle.

Permanecimos los tres abrazados y desnudos el resto de la noche y ya casi no necesitábamos las mantas, pues habíamos entrado más que en calor… Cuando no era uno era el otro el que me besaba y me acariciaba, nuestras lenguas se cruzaban una y otra vez. Sus dedos jugaban con todo mi cuerpo, explorándome, tanteándome… Así estuvimos un buen rato hasta quedarnos dormidos.

A la mañana siguiente no hablamos del tema, todo había sucedido casi inesperadamente, involuntariamente diría yo y volvíamos a ser los mismos de ayer. Nos duchamos, nos vestimos y bajamos a desayunar como si nada hubiera pasado, después continuamos nuestro viaje hasta casa en el más absoluto silencio, nadie se atrevía a comentar nada de lo sucedido, parecía que aquella noche todo había sido un sueño…

Autora: Lydia

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Comida de trabajo

Empezó entonces a introducirme sus dedos; primero uno  metiéndolo y sacándolo, luego introdujo otro y siguió con el movimiento, pero esta vez más rítmico. Por último me metió el tercero y lo hizo con más fuerza y más firmeza, lo apretaba ya introducido, no lo sacaba apenas. Mientras con su boca había localizado el clítoris y lo estaba succionando. El orgasmo fue tremendo.

Habíamos tenido una comida muy amena. Hasta las 6 no venía la visita a la oficina, por lo que prolongamos los cafés y licores hasta 4.30, que fue cuando nos avisaron que teníamos que irnos ya que el restaurante cerraba tras las comidas. Estábamos ya dejando la propina cuando el cielo, que llevaba todo el día negro, soltó un ruidoso trueno y empezó a diluviar. El restaurante ya cerrado por lo que nos fuimos corriendo a la oficina que se encontraba a un par de manzanas.

Cuando llegamos mi camisa blanca estaba empapada y se pegaba a mis pechos transparentándose absolutamente mi sujetador de encaje. Intenté ocultarlo con mis brazos pero lo que no podía ocultar es que estaba tiritando, tenía mucho frío, el calor del verano ya se había ido. El me abrazó instintivamente pero le avisé que se mojaría más. El contacto con él unido al frío me hizo temblar más fuerte y a castañear los dientes. Se separó, me miró dulcemente y me dijo:

-Tienes que quitarte la camisa o no te secarás nunca y vas a coger frio. -Pero me voy a congelar si me la quito. -Te dejaría mi camiseta pero también está mojada. -¿Que puedo hacer? -Espera, vamos a hacer “supervivencia”, nos quitamos las camisas y nos damos calor el uno al otro, así nos templaremos y esperamos a que se nos seque la ropa.

Lo expuso con una naturalidad y simpatía que empecé a desabrocharme la camisa con una sonrisa, pero mis manos temblaban de frío y no atinaba una.

-Espera que te ayudo…

Me miraba a los ojos y de ahí volvía su mirada a sus manos maniobrando con el botón. Quitó el primero muy despacio, quedaba a la altura del escote y cuando lo quitó se empezó a adivinar los pechos. Paró un poco, nos miramos y volvíamos a mirar a la zona de operaciones, casi sincronizadamente. Después del segundo botón se descubrieron mis voluptuosos pechos. El me miró a como pidiendo permiso y pasó su mano por mi escote como si lo quisiera secar. Yo no podía quitar mis ojos de él y  se acercó para besarme. Nos dimos un corto y suave beso.

Siguió desabrochando el resto de los botones, abrió de par en par la camisa y se abalanzó a mi cuello, mientras, con mi ayuda nos desprendíamos totalmente de la camisa y del sujetador. Se paró para quitarse él también su camiseta con un rápido gesto. Después me abrazó fuertemente. El contacto de nuestros cuerpos provocaba chispas, después de tanto tiempo deseándonos…

Buscó mi boca para darme un largo y apasionado beso mientras bajaba sus manos para agarrarme del trasero y atraerme hacia él. Podía notar su miembro erecto. Me agarró más fuerte y me impulso para subirme sentada a la mesa. Me abrió las piernas y se colocó entre ellas. Quedábamos justo a la medida. Seguía besándome, me comía los labios, bebía de mi saliva. Bajó a mis pechos donde continuó la orgía de su lengua, chupando, mordiendo y besándolos.

Yo estaba completamente excitada y le acercaba a mí para poder sentir más cerca su miembro aunque fuera a través de los pantalones.

Sus manos abandonaron mis pechos para quitarme los pantalones, luego los suyos. Con sólo la ropa interior, el contacto era total. Nos ardían los sexos y bajó hasta el mío para repetir lo que en boca y pechos había hecho con su boca. Me separó las piernas más aún y con sus dedos abrió mis labios para ir en busca de lo más íntimo con su lengua. La movía de abajo a arriba, a los lados y trazando pequeños círculos. A veces paraba para realizar pequeñas succiones. También aplastaba todo el ancho de su lengua para pasarla por todo el recorrido.

Empezó entonces a introducirme sus dedos; primero uno  metiéndolo y sacándolo, luego introdujo otro y siguió con el movimiento, pero esta vez más rítmico. Por último me metió el tercero y lo hizo con más fuerza y más firmeza, lo apretaba ya introducido, no lo sacaba apenas. Mientras con su boca había localizado el clítoris y lo estaba succionando. El orgasmo fue tremendo.

Al ver que no podía dejar de gemir decidió parar. Se irguió y me acercó su pene. Tenía el sexo empapado en saliva y fluidos, lo que hizo que entrara solo y a la primera. Aunque acababa de correrme, me encantó y a juzgar por el alarido que se le escapó a él también.

Me recostó hacia atrás y asiéndome de ambas piernas empezó a follarme sin contemplación, con empellones fuertes y firmes. Tuve el segundo y mejor orgasmo cuando derramó su leche dentro de mi, notando como salía goteando de dentro de mi.

Se sentó agotado en una silla y allí nos recuperamos, apenas faltaba una hora para la visita.

Autora: Gema

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