Fresa y Plátano 2. Didine.

Hoy nuestra protagonista se había levantado de una manera que normalmente no se había levantado desde hacia mucho tiempo o nunca.

Había tenido el maravilloso y placentero “mañanero” conocido por muchas personas, pero practicado pocas veces en su vida. Soñado por muchas mujeres en el mundo, pero realizado pocas veces en su vida. Normalmente se suele hacer mucho cuando la pareja se esta conociendo, pero con el tiempo de estar juntos, los años, las preocupaciones y el consabido estrés en pareja, pues esos detalles se van perdiendo. Pero hoy era diferente. También era diferente por circunstancias de la vida,  Didine tenia nueva pareja. Si, esas cosas pasan

La nueva pareja de Didine no es que fuera más joven y por eso que le diera su merecido sexualmente hablando, no. Incluso era un poco más mayor que ella. ¿Era a lo mejor, el que llevaban poco tiempo conociéndose y acostándose? No, llevaban ya sus buenos meses siendo una pareja. ¿Seria que desde el primer día se lo estaba haciendo lo del “mañanero”? No, como todas las parejas, cuando se empiezan, tiene ardores sexuales y prueban distintas posiciones y posturas. Debian de conocer el cuerpo de la otra persona para saber hasta donde se puede llegar. Entonces, ¿Cual era el motivo por el que su chico en esos momentos, le había despertado con un “mañanero” tan bueno y especial? Pongámonos en situación.

La pareja actual de Didine es Raymonde, un hombre que no es que no fuera un adonis, porque físicamente era como todos los hombres, normal. Pero tenia una cosa que pocos tenían, o no siempre lo demuestran, y es un apetito sexual desbordado. ¿Desbordado? ¿ Por qué? Bueno, Raymonde como todo hombre que le gusta el cuerpo femenino, pues hace sus cositas a su chica, experimenta, para que ella este digamos ¿qué felizmente bien follada? Bueno, como todo hombre que desea, ama y quiere a su chica, se esmera.

Pero hoy, aparte de haber tenido una noche normalita, sus buenos polvitos entre la pareja, que no vamos a detallar porque no somos cotillas y queremos preservar la intimidad de cada pareja de esta historia o cada protagonista, indico que se levanto casi amaneciendo para esas cosas que hacemos los humanos a cierta edad, si, ya sabéis, esas cosas fisiológicas llamadas “sentarse en la taza del váter y lo demás”. Y claro, tenia hambre, y se fue a la cocina a ver que podría hacer, para poder sorprender a su chica con un buen desayuno.  Abrió la nevera y vio lo típico, leche, fiambre y comida, pero no estaba pensando en un desayuno potente, sino algo morboso. Algo que hacia tiempo no lo hubiera tenido ella en su vida.

Miro en el frutero, y vio algo suculento, como unos plátanos y unas fresas, y si, las fresas estaban fuera, ya que el día de antes, se les había pasado meterlas en la nevera, pero también vino bien que pasaran la noche fuera del frigorífico, porque así se pusieron más dulces.

Cogió tres plátanos, ya que eran dos personas, y como eran canarios, pues ya sabemos el tamaño que tienen. Y miro las fresas. Si, las fresas. ¿Qué se os puede pasar por la imaginación para sorprender al cuerpo de una mujer y encima con las fresas? Valeeeee, muchas cosas, pero Raymonde lo que pensó fue lo siguiente:

“Si sorprendo a mi chica con un masaje de plátanos y fresas en su cuerpo, aparte de matarme por todo lo que pueda manchar, pero eso sera luego, pensara que estoy loco por hacer esas cosas. Genial. Estoy loco por ella, así que hoy va a despertarse con un sabor mezclado de mí, de Fresas y Plátanos”.

Y lo hizo. Fin.

Jajajaja, nooooo, no voy  a ser tan malo de no contarlo, que podría, pero no seria bueno para mi prestigio de contador de historias subidas de tono para mujeres. Esto es lo que hizo Raymonde.

Cogió una bandeja, en la que puso un platito pequeño con 3 plátanos pelados y quitadas todas las hebras que tiene. También puso tres fresas para él y tres para ella, lavadas y sin esa parte de arriba llamada pétalos verdes. Y cogió unas servilletas, por si hacia falta. Se fue al dormitorio a oscuras en donde estaba su amada, tumbada boca abajo y toda estirada y medio abierta de piernas, vamos, durmiendo de lujo como ella solía dormir al lado de su chico. Levantó un poco la persiana para que entrara un poco de luz.

Nuestro protagonista, cogió con una mano, una fresa, y empezó ha dibujar en la espalda de su chica, suavemente un dibujo relajante pero a la vez para estimular sus sentidos, mientras ella estaba durmiendo. Mientras él, con otra mano, iba acariciando los glúteos de ella, para así ir estimulando más el cuerpo de ella. Cuando la fresa llego al principio de su culito,  dejo la fresa dentro de los cachetes, para que no se cayera, porque ahí empezaba el juego morboso de  Didine Y Raymonde.

Mientras con la misma mano que estaba antes jugando con la fresa, cogió del plato un plátano, y con su otra mano, abrió los cachetes del culito de ella, y posando el plátano, lo dejo entre medias, para que ella, notara en esa parte de su cuerpo, el frío de dicha fruta.

Al notarlo, ella movió su culito, pero entonces él fue directo a la boca de ella, y besándola, le metió una fresa y un trozo de plátano que tenia en su boca, ya que sabia que esa mezcla le gustaría si se la daba en un beso, y tras darle ese manjar mezclado con la saliva de él, en la boca de ella, le dijo que no se moviera, que solo experimentara las sensaciones que recibiría.

Didine estaba todavía dormida, pero hizo caso a la voz de su amado, por lo que siguió igual. Pero ella ya tenia algo en su cuevecita que empezaba a mojarse, de nuevo, después de una noche que no había estado en ningún momento seco, esa zona.

Raymonde tras comprobar que tanto la fresa pegada ahora en la entrada y el plátano tapando la entrada de su culito, no se caerían, con los cachetes del culo de ella, la giro y abriendole las piernas, le toco con sus dedos sus labios, por lo que notó que estaban empezando a mojarse por dentro.  Acto seguido, cogió una fresa y se la puso entre los labios de ella. Y con un plátano metido en la boca de él, empezó a darle un másaje entre su botoncito y parte de los cachetes de su culito, lo que estaba cerrado. Ella empezó a gemir, le gustaba lo que le estaba haciendo, por lo que él siguió.

Raymonde, ya estaba más que empalmado, estaba con ganas de darle a ella su ración de plátano de carne, pero quiso ser más perverso, quiso que ella se lo pidiera, como muchas veces había conseguido, por lo que en este momento, cogió el siguiente plátano que estaba sin empezar, y abriendo los labios de ella, fue introduciéndoselo, por lo que casi se lo metió entero en su cuevecita, a lo que ella gimió de placer, ya que le estaba metiendo dentro de ella algo que era más frío que lo que él siempre le metía. Pero además le gustaba esa sensación, por lo que dio varios gemidos, y abrió los ojos, viendo a su amado, hurgando con Fresas y Plátanos entre sus piernas. Lo miro y le dijo:

– ¿Qué haces amor mio?

A lo que Raymonde no le contesto, y siguió con lo que estaba haciendo. Como teníamos un plátano medio empezado, se lo puso en su boca, y le dio un masaje en su botoncito. Ella no paraba de gemir, le estaba gustando, por lo que le pedía que siguiera, que le diera más placer y que le metiera lo que quisiera, que estaba a punto de correrse.  Esto a Raymonde le puso más excitado, y entonces hizo lo que nunca había pensado, que fue, meterle dos fresas dentro de su cuevecita, más el plátano que había dentro, y con el resto de fresas, se las puso en sus manos, y aplastándolas contra las tetas de ella, empezó a darle un masaje en ellas.

Didine estaba ya que se agarraba a cualquier sitio de la cama, a las sabanas y a la almohada, por lo que estaba a punto de romper en un éxtasis demencial, pero quería más, por lo que mirándolo a los ojos de él, le dijo:

– Metemelaaaaaaaaaaaaa, méteme la tuya, dentro, quiero sentirla y luego comértela con lo que me has metido. Hazlo yaaaaaaaaaaa que me corroooooooooooooooo.

Y como buen amante, Raymonde le hizo caso. Metió su más que dura y erguida pieza de plátano humano, y empezaron a darse movimientos bestiales, por lo que cada vez que él salia de ella, sacaba un jugo mezclado de las fresas que tenia dentro, del plátano que estaba completamente dentro, de los jugos de ella. La mezcla de texturas dentro de la cuevecita de ella, más la excitación del momento, hizo que él acelerará las embestidas, por lo que ella, ya desinhibida completamente por el placer que le estaba produciendo su chico, llego a hincarle las uñas en la espalda, y gritando como nunca lo había hecho, se corrió, mientras que su amante en ese momento, le decía que estaba a punto de llenarla, pero ella quería ese sabor en su boca, por lo que le dijo que se lo hiciera en su boca.

Cuando sacó su plátano de carne de la cuevecita de ella, la mezcla era de collage culinario, ya que tenia trozos de fresas, mezcladas con el plátano más la corrida de ella, y todo eso se lo llevo a la boca de ella, en donde ella chupo, mamó y saboreo todo, aparte de hacerle con su boca una maravillosa mamada,, y así le lleno la boca con los cuatros sabores del placer. Fresa, Plátano, ella y él. La combinación perfecta.

Una vez que acabaron, Raymonde le dijo que ella había tenido un desayuno especial, pero él todavía no había desayunado, por lo que le obligo a darle lo que ella tenia dentro, es decir. Se puso encima de la cabeza de él, y con las piernas abiertas puso su cuevecita encima de la boca de su chico. Apretó sus músculos de su cuevecita, y empezó a salir ese maravilloso jugo de la cuevecita de su chica.

Cuando acabo de desayunar, le relamió toda la cuevecita, y se abrazaron y se quedaron un ratito dormidos. Ella se despertó, y felizmente, tuvo su mañanero.

Así Didine tuvo uno de los mejores despertares que nunca soñó. Eso si, nada más levantarse se ducharon juntos, y se hicieron un buen lavado interior, hasta que no quedo nada dentro, porque todavía salia un juguillo de la cuevecita de ella, con un sabor dulce a plátano y fresas, jejejeje, pero esto es así, siempre pasa cuando se juega con estas frutas o con cualquier otra.

Me gusta / No me gusta

Fresa y Plátano 1. Jeanne-rose.

Acababa de salir del centro comercial, en el cual estaba para la tarea semanal tan bonita de hacer la compra, o dicho de otra manera, surtir su casa de alimentación para el resto de la semana, tanto para ella como para los que vivían con ella. Y tenia el coche bastante lleno.

Si, a veces no es que compremos demasiada comida y alimentos, sino que la gente consume mucho o como podremos ver, nos gusta comer mucho.

Jeanne-rose estaba saliendo del parking del centro comercia,, pensando en si había comprado todo lo necesario para la semana, pero también sabia que si metía la tarjeta de cartón en la maquina, para que se levantara esa mini barrera que hay en la salida de los parking de dichos centros comerciales de alimentación y tiendas de ropa, no podría volver a entrar, hasta esperar una bonita y corta cola de vehículos parados para entrar de más de 50. Si, es que era fin de semana, y en la ciudad en la que ella se encontraba, por muy pequeña que fuera, todo el mundo había tenido la misma idea que ella, de ir a comprar a la misma hora. Casualidades de la vida, suele pasar. Todos nos ponemos de acuerdo en ir a la misma hora, sin conocernos de nada, y sin esperar a que los astros se junten para tener la idea original de ir a esa hora.

Mientras ella estaba a punto de meter dicha tarjetita tan bonita como robusta, más bien parecía un trozo de papel, que de cartulina fina, pensó que no había comprado lo que a ella más le gusta, ya que se acordaba de un relato que leyó una vez, en el cual dos de sus frutas favoritas, se hacían realidad en su mente, y hoy estaba como decirlo, estaba como están las mujeres que necesitan una alegría para su cuerpo, estaba perraca solo de recordar ese relato, y hoy tenia tiempo para hacerlo. ¿Lo haría o simplemente se dedicaría como siempre ha hacer las labores comunes de una mujer adulta?. Pero claro, también tenia detrás de ella como unos 7 coches, por lo tanto, si o si, tendría que seguir hacia delante, porque no podría echar marcha atrás.

Se le puso una cara de fastidio, porque ella hoy quería tener ese momento que toda mujer necesita tener. Disfrutar de su postre favorito y de su momento que le conllevaría a un placer que pocas horas del día le dejarían, pero claro, no lo había comprado, por tanto, no podría hacerlo. Pero pensó que llegando a su casa, había una tienda pequeñita, en la cual la fruta, aunque no fuera del día, estaba buena, y bueno, para un apaño serviría siempre, así que, en cuanto la mini barrera empezó a levantarse con movimientos de arriba y abajo, como que no quería subir, ella metió la primera marcha y empezó a sacar su coche de aquel maravilloso parking que era el del centro comercial.

Dudo incluso de si seguir y quedarse sin antena de radio, porque la barrera aunque estaba casi en ángulo de 90 grados, seguía temblando. Le recordó ese tembleque a cuando tuvo un novio o amante, da igual  que cuando acababa con ella en el acto sexual, le temblaba de la misma manera su herramienta, y caía de la misma manera. Ese recuerdo, le hizo tener una sonrisa y medio carcajada. Que buenas risas le había proporcionado aquel amante, aunque también es verdad, el chico se esforzaba porque ella se quedara contenta, total, era lo que tenia más cerca en aquella época.

Tras unos 20 minutos conduciendo y recordando los buenos momentos que tuvo con aquel hombre, pues digamos que ella sin quererlo, se había excitado, y claro, le faltaba todavía comprar lo que ella llamaba “Mi fruta de calentamiento”, y estaba justo aparcada enfrente de la tienda al lado de su casa, por lo qué cogiendo la palanca de freno de mano de su coche, tiro de ella hacia arriba, y dejo el coche completamente quito. Paro el motor. Cogió de su bolso su cartera, y se salio, abriendo la puerta de su coche, para ir a la tienda, casi veloz, por no decir de otra manera la salida de su coche. Llego a la tienda, y no había nadie, nada más que el vendedor. Le dio las buenas tardes, y le dijo que necesita 3 piezas de la fruta que necesitaba, por tanto, el vendedor se las puso en dos bolsas diferentes, lo normal en distintos tipos de fruta, ya que  Jeanne-rose había comprado Fresas y Plátanos.

Pero le indico al vendedor que necesitaba que los Plátanos estuvieran algo verdes, ya que para su receta culinaria, no podrían estar maduros. Realmente no era por eso. Seamos sinceros, ella los necesitaba que estuvieran lo más verdes posibles. Todas sabemos que un plátano verde ante uno maduro, no se rompe tan fácilmente, mientras se maneja, pero no era cuestión de decirle al vendedor:

– Necesito unos plátanos lo suficientemente duros para que cuando me los meta, no se rompan- Pensó ella casi en voz alta, pero no salio nada de su boca, en este momento, aunque no le hubiera importado que uno de los plátanos de la tienda, fuera del vendedor, total, ya estaba muy necesitada desde hacia semanas, así que, mejor uno de carne que uno de fruta. Pero el vendedor o frutero, era del barrio, y aunque estaba divorciado, era del barrio. Se conocían de mucho tiempo. Bien es verdad, que ella ya había tenido sueños muy mojados con él, pero claro, no es lo mismo en sus sueños, que la ponía mirando para la mezquita que en la realidad, que la pondría mirando para las estrellas. Eso es lo que pensó ella, pero se freno de insinuarse. Por hoy, claro.

Pero ella tan desesperada no estaba. ¿O si? Nooooooo. Mira que sois mal pensadas, que las mujeres hoy en día, tienen sus deditos, sus juguetes y sus cosas para darse placer, así que, no penséis mal, que os veo. Sigamos.

Jeanne-rose esta tarde estaba al menos unas cuatro horitas solita, para ella sola. La gente que vivía en su casa, estaban fuera, y al fin, ella sola. En su casa. En su cama. En su pensamiento.

Llego a casa, coloco todo lo que había comprado, en los distintos armarios, nevera para los productos que necesitaban mantenerse en frío, y al fin llego a su bolsa ultima, la bolsa de la tienda de abajo, de su frutero. La bolsa que posiblemente le daría el placer que nadie, en varios meses le había dado. La bolsa de su pecado. La bolsa de su placer. La bolsa ….. Si, la bolsa de las Fresa y Plátanos. Lo sé y sabemos.

Cogió uno de los plátanos. Lo acaricio, y le dijo en voz baja:

– Hoy, tú y yo, nos vamos a dar gustito, que tal si empezamos en la ducha, que vengo sudada, y sabes lo que me pone estar contigo en la ducha.

Valeeeeeeee, me he pasado. ¿Cómo una mujer de hoy en día, le estaba hablando a un plátano? Bueno, y ¿por qué no? Cada persona habla con quien quiere y de lo que quiera. Ella solo se estaba mentalizando de la maravillosa maniobra debajo del agua, que su nuevo amiguito le iba a proporcionar, por tanto, ¿qué mejor que hacerlo en ese mismo momento?

Jeanne-rose se fue directamente al baño, dejo la puerta abierta, así , si alguno de los que no tendrían que entrar, pudieran venir, y pillarla a ella en plena faena, aunque no seria así, nunca se habían dado prisa en entrar en el casa, así que, ella, quitándose los pantalones, la camisa, el sujetador y las braguitas, y girando el grifo del agua, empezó a tomar la temperatura para su ducha. Y de vez en cuando miraba al plátano, que parecía que estaba feliz, con su nueva amiguita.

Los plátanos no tiene cara, ni sonrisa, pero en la imaginación de una mujer caliente, salida, súper excitada y completamente necesitada de un señor orgasmo o varios, que suelen necesitar más de uno para quedarse a gusto, tienen miles de caras y sonrisas.

Toco con sus dedos, el chorro de agua que salia de la alcachofa de la ducha, para así, saber como estaba el agua de calentita, no ardiendo claro, pero si pasando de tibia a medio calentita. Se miro en el espejo de su baño, y diciéndose a si misma, pronuncio sus palabras mágicas:

– Ahora me voy a dar el homenaje que necesito.

Y levanto un pie del suelo, para entrar dentro de la bañera, que estaba llena  hasta la mitad, con un agua calentita. Paso su otro pie que estaba en el suelo dentro de la bañera, y a continuación, se sentó de cuclillas dentro, para así, poder coger su amigo plátano, que ya estaba más frío que el agua de dentro. Lo mojo para que estuviera impregnado de dicho agua, mientras le iba quitando la piel. Ella era de las que necesitaba pelar bien un plátano, para tragárselo, y ¿por qué no lo iba a hacer de la misma forma, aunque no entrara en su boca, sino en su cuevecita que iba a darle más placer?

Cuando empezó a darse caricias con el plátano pelado, sobre sus pezones, digamos que se le escaparon unos pequeños ruidos de su boca. Le estaba gustando la caricia que le producía esa fruta, y notaba que estaba muy dura. Como a ella siempre le han gustado las cosas sexuales, duras y más que duras, pero a la vez, suaves y enérgicas.

Como estaba sentada en la bañera, y con las piernas cerradas, se echo para atrás para poder ponerse en una postura más cómoda, ya que tenia que hacer uno de los ejercicios más difíciles del mundo, meterse algo por su cuevecita, o dicho de otro modo, darse un placer que solo ella podría dárselo, con su mano, su cuerpo, su imaginación y su recién amigo sexual.

Recordó que cuando leyó ese relato, el autor explicaba como debería de ir introduciéndoselo y claro, ella lo hizo como lo había imaginado. Poniendo en la entrada, separando los labios con los dedos de una mano, y metiendo suavemente la punta, o el extremo del plátano, por lo que ella empezó a sentir dentro de sus labios, algo un poco más frío, pero que entraba perfectamente, y sus paredes iban abriéndose a ese nuevo extraño que estaba explorando a oscuras la nueva cueva.

Cuando metió casi la mitad, abrió los ojos, y vio que si, había conseguido tener un plátano de verdad, dentro de ella, y por un momento pensó que cual seria el placer que le podría producir, pero ni hizo falta pensar mucho, ya que sus paredes empezaron a contraerse, motivado por la sensación de frío dentro, de suave y tierno movimiento, ajeno a lo que hacia ya tiempo que no se metía ella, y además, con el consabido que ella estaba produciéndose un nuevo placer, el placer que había leído en numerosas paginas de libros, y revistas, sobre el placer de masturbarse con un plátano, como fruta, por lo que ella solita empezó a masturbarse. A acariciarse su botoncito, mientras con otra mano se acariciaba sus senos, sus pezones, e incluso se acercaba uno de los pezones a su boca, para poderse estimular mejor ella.

En un momento, dejo de sentir ese nuevo amigo dentro de ella, y claro, cuando abrió los ojos lo vio flotando, casi separándose de ella, por lo que le dijo con voz suave y casi audible:

– ¿Donde vas amor, que hoy no me has acabado todavía y tienes que regalarme un señor orgasmo?, así que, para adentro, juguetón que eres.

Y con la mano que tenia en sus pezones, lo cogió y volvió a metérselo, solo que está vez, al sentir como entraba de nuevo, lo utilizo como consolador submarino y empezó a darse placer, mientras su otra mano empezaba a masajearse su botoncito más rápido, hasta llegar a un punto en que sus músculos empezaron a agarrotarse, a dar convulsiones y sin quererlo, pero deseándolo, acelero el movimiento de su mano con su amigo y cuando de su boca salio un grito,  su cuerpo para de convulsionarse, pero su amiguito seguía dentro de ella, por lo que sin pensarlo, se lo saco de su cuevecita, y se lo llevo a su boca.

La mezcla de el sabor de dicha fruta, con su orgasmo, la dejo uno de los mejores placeres que nunca había tenido.

¿Y que pasa cuando una mujer que acaba de tener un orgasmo, con una fruta, y que está aún más caliente que cuando empezó, y que sabe que hay más de esas frutas, y que tiene además cerca de donde están los amigos de su nuevo y afrodisiaco juguete sexual natural, pueden hacerle lo que nadie ni ningún hombre ha sido capaz de hacerle, pero que ella necesita experimentar lo que una vez leyó? Pues muy fácil, que ella, toda caliente, toda excitada, salio de la bañera. Se secó rápidamente del agua que tenia por el cuerpo, para no mojar mucho el suelo hasta su cama. Pero fue totalmente desnuda a la cocina, para coger a sus dos amigos plátanos y a sus tres amigas fresas, o fresones, por el tamaño tan grande que tenían. De paso, por el baño, cogió una de las toallas oscuras que tenia, una negra y otra azul marino. Las extendió encima de la cama, juntas, y se puso boca arriba pero tumbada, y con sus piernas abiertas, y pelo cada fruta, quitándole la piel.

Miro a su amiguito y se lo metió en su boca, haciendo una mamada a dicha fruta que nadie podría entender como una fruta puede dar tanto placer después de haber estado dentro de ella.

Cogió los fresones, y recordó que el autor había explicado como metérselo dentro de su culito, para así poder hacerse un batido rico de fresa y plátano. Y así lo hizo ella. Se relajo. Se dio un pequeño pero suave masaje con dos dedos en su esfínter. Lo relajo y cuando ya le entraban tres dedos, empezó a meter una de las fresas, pero noto que el jugo de dicha fruta, empezaba a lubricar su esfínter, por lo que en ese momento, cogió uno de los plátanos y se lo metió dentro, eso si, recordó que en ningún momento debería de apretar con los músculos anales, ya que se quedaría la parte que hubiera entrado dentro, y solo podría sacárselo con una lavativa y ahora no tenia ganas de jugar a sacarse restos de su ano. Ahora necesitaba darse placer, por lo que continuo con uno de los fresones, entrando dentro de su cuevecita, que ya estaba más que excitada y relajada.

Recordó que también el autor, indicaba que cuando estuviera dentro el fresón en su cuevecita, debería de meterse uno de los plátanos, para así, volver a meter otro fresón, y con esa mezcla solo darse placer con los otras piezas por los labios y botoncito que serian los causantes de dicho orgasmo.

Ella entro en situación, tanto que el placer que empezaba a experimentar, le guío a un segundo orgasmo, sin apenas haberse estimulado, por lo que siguió adelante, hasta conseguir que el plátano que estaba dentro de su ano junto con el fresón, salieran solos y sin romperse dentro. Consiguió que el fresón ultimo que había entrado en su cuevecita, saliera solo, empujado por el plátano que tenia dentro. Y con su ultimo orgasmo, consiguió que su cuevecita expulsara sin apenas haberse roto nada, el primer fresón. Pero claro, aquí hemos contado tres fresones dentro de el cuerpo de ella, y entonces ¿con qué se estimulo ella sus labios para tener ese orgasmo encadenado, si estaban los tres dentro? Bueno, los fresones estaban dentro, pero siempre estuvo fuera el primer plátano, el amiguito que le había dado el primer orgasmo en la bañera, y que ella solita lo había utilizado contra sus labios, contra sus pezones, y el resto, como todas vosotras, utilizó la imaginación.

Desde entonces Jeanne-rose no volvería a ver dichas frutas de la misma manera, eso si, os indico que ella, nada más acabar de darse placer, se tomo sus juguetitos naturales, mezclados con sus jugos de corrida, todos, entraron o se bañaron en su corrida, y ella misma se los comió. Estaba agotada de tanto placer y necesitaba reponer fuerzas. Que ante todo, el autor de estos relatos siempre mira por la alimentación que os podéis tomar, que no os dejare sin recibir alimento, aunque sean lácteos que no son lácteos.

Me gusta / No me gusta