Cuando una noticia en televisión puede cambiar las cosas.

Amor Filial Hetero, Tía y sobrino. Sexo con maduras. Ella estaba llegando a su segundo orgasmo y yo al primero, retiré mi pene, la llevé a la tapa del inodoro y apunté a su frente. Fueron tres tiros de leche caliente en su cara. Nunca había hecho eso antes, y había sido estupendo. Si bien, no le gustó a mi tía como terminé, se llevó con gusto mi leche a su boca, y luego se lo tragó, poniéndome la mejor cara de turra posible al hacerlo.
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Adriana necesita un consejo

Gabriel tenía una lengua maravillosa y la sabía usar. Lamió mi clítoris, separó los labios de mi vagina y la introdujo dentro de mí, me volvió loca y me hizo tener el primer orgasmo de la noche. Grité como una desesperada mientras sentía que se mojaban hasta mis muslos, le quité los bóxers y quedó a la vista una verga maravillosa. La tomé con mi mano y comencé a lamerla con entusiasmo.

Hola, me llamo Adriana y quiero contarles mi historia porque necesito un consejo. Soy una mujer ya madura, me falta poco para llegar a los 50 años. Pese a ello mantengo mi cuerpo en forma porque desde muy joven estoy acostumbrada a las dietas y al gimnasio. Mi cabello es rubio, tengo pechos que se mantienen firmes igual que mi trasero, y como entenderán, me considero atractiva. Pues bien, la cuestión es que hace ocho meses me divorcié de mi marido por cuestiones que no vienen al caso. Todo ese tiempo no estuve con ningún hombre, y la verdad que más pasa el tiempo, más me doy cuenta de que lo necesito. Hasta que hace poco tiempo ocurrió algo que me cambió la vida. Les contaré.

Un sábado me invitaron a cenar Daniela y Carlos, un matrimonio amigo, ambos de mi edad. Fuimos a un lugar elegante, y después decidimos ir a una disco a tomar una copa antes de irnos cada uno a su casa a dormir. Hacía años que no entraba a un lugar así. Pues allí nos encontramos con Gabriel, el hijo de Daniela y Carlos. Tiene 25 años, practica rugby de modo que tiene un cuerpo fenomenal. El chico estaba triste porque se había peleado con su novia, y lo que menos quería esa noche era conversar con tres personas adultas. Pero yo suelo ser una mujer muy divertida, hice algunas bromas y le cambió el humor. Tanto que me invitó a bailar un poco.

A las risas, acepté. Esa noche yo llevaba un vestido rojo, de finos breteles, escotado y algo corto, la verdad es que me veía muy bien y poco me importó lo que pensaran quienes me observaban bailando con alguien mucho más joven que yo. Bailamos largo rato. Daniela y Carlos nos avisaron que ya era hora de irnos, porque tenían sueño, y me sorprendió escuchar a Gabriel que decía “si Adriana acepta, nos quedamos un rato más y después yo la acompaño hasta su casa”.

Por supuesto acepté encantada. Yo también necesitaba divertirme. La cuestión es que seguimos juntos toda la noche y terminamos desayunando a la madrugada en un bar muy agradable. Después me llevó en su auto hasta mi departamento. Una vez en la puerta y antes de despedirnos, Gabriel me agradeció todo lo que había hecho por él, me dijo que estaba muy mal de ánimo, se sentía solo, y que yo lo ayudé a salir de eso. Le aclaré que él también me había ayudado a mí, que yo también estaba sola.
Me miró intensamente. Y me dio un beso. Yo respondí con otro. En ese momento me olvidé de que era hijo de un matrimonio amigo, me olvidé de la diferencia de edad, me olvidé de todo. Sólo pensé que él era un hombre y yo una mujer que hacía mucho tiempo no tenía sexo. Y descubrí que mis ganas de él eran muy intensas. Entramos a mi departamento besándonos y acariciándonos. Gabriel me hizo recostar sobre un sillón, me cubrió de besos todo el cuerpo, llegó a mis piernas, subió mi vestido e hizo a un lado mi tanga. Fue directo a lamer mi vagina. Uh, le agradecí con un gemido de placer. Hacía mucho que no sentía una lengua allí en mi intimidad, y me encendió hasta hacerme arder en un segundo.

Gabriel tenía una lengua maravillosa y la sabía usar. Lamió y mordisqueó mi clítoris, separó los labios de mi vagina y la introdujo dentro de mí… en síntesis, me volvió loca y me hizo tener el primer orgasmo de la noche. Grité como una desesperada mientras sentía que se mojaban hasta mis muslos.
Era mi turno. Lo tiré en el sillón, le quité rápidamente los pantalones y los bóxers, y quedó a la vista una verga maravillosa. Gruesa, de cabeza abultada, con las venas marcadas, y en la base dos huevos grandes y pesados. Uff. La tomé con mi mano por la base y comencé a lamerla con entusiasmo. Me gusta hacerlo, y sé que lo hago bien. Los gemidos de Gabriel me confirmaban que lo estaba disfrutando muchísimo. Chupé con entusiasmo, con pasión, con ganas. Después de tanto tiempo volvía a tener un pene en mi boca y eso me ponía feliz. Y muy caliente. Gabriel susurró “jamás una mujer me la chupó así, es maravilloso”. Tomó mi cabeza y empezó a mover sus caderas, cogiéndome la boca hasta hacerme ahogar. “Trágala toda, que te entre toda”, decía una y otra vez.

Fuimos corriendo hasta mi dormitorio, mi vestido voló por el aire igual que su camisa y nos tiramos en la cama. Allí hicimos un 69 espectacular, me pasé su verga por toda la cara, la chupé hasta dejarla dura y brillante. Después me senté sobre ella dándole la espalda a mi amante. Uy, fue maravillo sentir ese tronco duro y grueso deslizarse dentro de mi vagina mojada. Lo cabalgué con furia, me clavé una y otra vez su verga en la concha hasta sentir que me la hacía arder. Gabriel me sujetaba por las nalgas, las abría y cerraba y las volvía a abrir todo lo que podía. Estábamos muy calientes los dos. Después me hizo girar hasta que quedé de frente a él y mordió mis tetas mientras yo seguía mi cabalgata enloquecida. “Sos la mejor hembra que me he cogido”, decía Gabriel. “Ya sabía yo que las veteranas son las más calientes, y ahora lo puedo comprobar”.

Fue un polvo bestial y en todas las posiciones. No sé en qué momento quedé con la mitad inferior de mi cuerpo sobre la cama y la cabeza, los brazos y las tetas apoyadas en el piso alfombrado de la habitación. Gabriel se puso detrás de mí y me penetró en esa forma. Volvió a abrir mis nalgas y me hundió un dedo en el ano. Ah, me hizo gritar. Y cuando sentí que sacaba su verga de mi vagina y la dirigía hacia mi ano le dije que esperara, que se detuviera, que no estaba preparada. No es que sea virgen de allí, he practicado mucho el sexo anal (a mi ex marido le apasionaba) pero siempre bajo ciertas condiciones que Gabriel no pensaba respetar. El chico apoyó la ancha cabeza de su pene en mi agujerito y empezó a empujar. Lancé un grito de dolor. “Gabriel, por favor no”, imploré. Pero él estaba más entusiasmado que nunca. “Te voy a hacer el culo mi amor, es mi sueño. Vas a sentirla cómo te entra milímetro a milímetro”.

Y vaya si la sentí. Esa barra de carne durísima y gruesa fue penetrando en mi esfínter poco a poco, sin que yo pudiera evitarlo. Además, generalmente cuando tengo sexo anal yo pongo un tope: con mi mano apoyada en el vientre de mi pareja le digo hasta dónde puede penetrarme. Pero en esa posición agitaba mis brazos en vano, no podía alcanzar a Gabriel que estaba sobre la cama.

Conclusión: me la hundió toda. Y después empezó a bombear, lento y profundo. Cuando pasó el dolor terrible que sentí al principio empecé a disfrutarlo. Sentía su verga entrar y salir, toda a lo largo. Mi ano quedó muy dilatado. Gabriel estuvo largo rato cogiéndome así hasta que se vació dentro de mí con un grito. Sentí que me inundaba.

Fue maravilloso. Terminamos los dos abrazados en la cama, y antes de que se fuera le hice mi regalo especial, algo que reservo sólo para aquellos hombres que lo merecen: le hice una larga mamada, permití que se vaciara en mi boca y me tragué toda su leche. Eso lo volvió loco.

Desde ese día empezamos una relación intensa. Gabriel está encantado conmigo porque hacemos cosas que las chicas de su edad no se atreven. Eso permite que disfrutemos mucho, pero también se ha convertido en un problema. Les explicaré por qué.

Me he enamorado de Gabriel. Él lo sabe, y por eso me pide cada vez más cosas. Últimamente insiste en vaciarse dentro de mi vagina, pero yo no quiero porque temo que me deje preñada. Biológicamente aún puedo tener un hijo, pero no lo deseo. Él insiste, y no hay manera de convencerlo de que use un preservativo. Dice que quiere ver mi concha inundada por su leche. Pero hay más. También dice que su fantasía es verme coger con otro hombre. Quiere mirar mientras me penetran. Hay varios de sus amigos que están dispuestos a cumplir su sueño. Y también pretende estar conmigo y con otra mujer. Quiere presenciar una escena lésbica entre nosotras, que le mamemos la verga juntas y luego penetrarnos. Yo lo amo tanto que creo que voy a ceder a sus deseos. Me pregunto si eso es lo que debo hacer.

Quiero escuchar sus consejos.

Autora: Adriana

Y ahora a bajar un buen video y a gozarla… Clika aquí http://www.videosmarqueze.com/ no te lo prives.

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Empezó como un juego

Sentía que tenía el control, sentía un poder, que nunca antes había sentido, una de sus manos fue directo a su vagina, y comenzó a masturbarse con frenética intensidad, sentía sus fluidos deslizarse por los dedos, mientras, con la otra mano ella tomó sus testículos y los masajeó con ternura con la palma de su mano, mientras con el dedo medio le rozó con áspera ternura el culo a Adrián.

Restregaba sus tetas ya sin pudor alguno por sobre la blusa azul, su verga como una estaca se erguía hacia un costado prisionera del pantalón, la rozaba una y otra vez en un vaivén que cada vez se aceleraba más, como si la penetrara con la ropa puesta. Ella sentía ese trozo de carne caliente recorrerle el culo y acompañaba cada uno de los movimientos.

– Largá, que nos va a ver mi marido decía entre sollozos con la voz entrecortada casi inaudible, sin estar realmente convencida de querer detenerlo. – Mirá, mirá como me dejaste la verga – le susurró en la nuca, hundiendo su nariz en su espesa cabellera, que tanto lo calentaba. – puta… mira como me tenés…- susurro nuevamente, con un siseo pervertido que se transformó en un escalofrío que recorrió toda su espalda…

Sin tapujos tomó su mano por la muñeca y la condujo a su entrepierna, sin darse la vuelta, Marta se llenó la palma con el trozo de Adrián, y ahora lo masturbaba por sobre el pantalón de un costado a otro, percibiendo palmo a palmo la textura del jeans. Presionaba la mano con toda su fuerza, como queriéndole infligir algún daño por el estado en el que ella se encontraba. Lo que había empezado como un juego hacía un par de horas, se le estaba yendo de las manos. El sentirlo en esa actitud arrogante y descarada le provocaba una mezcla de temor y excitación, que sumado al morbo de estar separada de su marido por tan sólo un pasillo de escasos 6 metros la hacían calentarse a temperaturas nunca antes sentidas, si hasta había olvidado que Cecilia la esposa de Adrián también estaba en el comedor.

-¡Apúrense… que se están perdiendo la mejor parte! Gritó Gabriel desde el comedor, ignorando que la mejor escena la estaban montando su hermano Adrián y su mujer en la cocina de su propia casa.

Ella se dio vuelta, su cara estaba desencajada, su cabello algo revuelto, ya no recordaba que le había llevado casi una hora peinarlo, agitada, y sin palabras tomó a Adrián de la camisa, con ambas manos, arrugándola, apretando fuerte los dedos, trayéndolo hacia ella, sus ojos se habían clavado como puñales en los de él, lentamente acercó sus labios a los de Adrián, que se dejaba hacer, sus labios quedaron a escasos milímetros, y ella rozaba suavemente los de él, respiraba de su aliento de macho en celo, una y otra vez llenaba sus agitados pulmones con el aire espeso y caliente que emanaba de esa boquita que la traía alzada desde hacía ya dos años.

Una voz, muy pequeña, casi ahogada, en algún recóndito rincón de su mente le decía que no, que había tiempo para detener esa locura… que aún no estaba todo perdido… pensá en Gabriel… decía… ellos son hermanos… no le podes hacer esto… sus manos ya habían liberado la ahora, arrugada camisa, y se deslizaban como serpientes hacia el rostro de Adrián, quien la abrazaba fuerte por la cintura, que rico era respirar su aliento… y de improviso, como una lanza certera y venenosa lanzó su lengua como una adolescente excitada en la boca de un Adrián que supo responder, tap, toc, tac… el ruido los paralizó a los dos, tap, tap, toc… ambos a la vez giraron sus cabezas hacia la cacerola, y se dieron cuenta que las palomitas empezaban a cocinarse toc, tac, por un segundo sus corazones se detuvieron, por un segundo se detuvo el tiempo, pero sólo un segundo, ahora volvían a su ajetreo, ya sin restricciones, poco parecía importar todo, muac, suac, los chasquidos de sus lenguas ahora desmesurados los llevaban lentamente hacia un descontrol sexual insoportable, sus genitales les quemaban, y las palomitas de maíz eran el cómplice perfecto para esconder en su alboroto los inevitables sonidos de la cópula…

Adrián no aguantó más, el pene le iba a estallar, y mientras refregaba su boca en la de ella, desabrochó su cremallera y liberó al ávido hombrecillo escondido en su bóxer. Ella lo notó, todo iba muy rápido, y ese fuego entre sus piernas había hecho desvanecer a aquella esposa sumisa que había sido durante todos estos años, su vagina ardía deseosa de una buena verga, y sus bragas vergonzosamente empapadas ya no contenían sus fluidos y un par de hilitos de néctar recorrían ahora sus piernas hacia el piso, lo que la hacía flotar de gozo. Sus manos soltaron la despeinada cabellera de Adrián y se dirigieron descaradamente a su miembro, se detuvieron por un instante, ella tomó algo de distancia para ver aquel miembro carnoso y no daba crédito a semejante monumento, no era de gran porte, pero por alguna extraña razón le parecía un pene maravilloso, la textura, la consistencia, chorreaba un líquido caliente y transparente, y aunque en más de una ocasión su esposo le pidió que se lo mamara, esta fue la primera vez que sintió el irresistible impulso de abalanzarse sobre él, tenía que comerlo…

Era necesario sentir su sabor, su olor de cerca… y era delicioso, lo introdujo de un sólo movimiento en su boca y ahora lo recorría suavemente con su lengua, delicioso… de haberlo sabido antes… pensaba Adrián ya no aguantaba más, jadeaba como un animal… apenas tenía fuerzas para mantenerse de pie, tuvo que apoyar una de sus manos en la pared para no caer, la otra ahora acariciaba tiernamente la nuca de su cuñadita quien le proporcionaba la mejor mamada de toda su vida… el verla arrodillada frente a él le provocaba un morbo insoportable, la verga le iba a estallar, en cualquier momento…

Ella seguía saboreando esa verga que parecía haber sido hecha para ella, era deliciosa, y ahora había empezado el meneo característico hacia adelante y hacia atrás, masturbándolo suavemente con sus labios, rozando su sensible piel con los dientes, muy suavemente, las contracciones de su amante le indicaban que hacía lo correcto, deseaba con todas sus fuerzas que él se corriera en su boca, era algo que le había causado asco toda su vida, pero ahora sentía la imperiosa necesidad de sentir ese líquido espeso y caliente en su boca, quería tragar su semen ya… No aguantaba más, estaba a punto de estallar, una parte de él quería advertirle que iba a correrse, muchas mujeres odian que se corran en su boca, pero por otro lado sentía un odio sexual hacia ella tal, que quería correrse en su boca y vaciar hasta la última gota de semen en su dulce boquita…

Ella parecía advertirlo y mientras se engullía su verga hasta el fondo otra vez, levantó un poco su cabeza para verlo directo a los ojos, sentía que tenía el control, sentía un poder, que nunca antes había sentido, una de sus manos fue directo a su vagina, y comenzó a masturbarse con frenética intensidad, sentía sus fluidos deslizarse por los dedos, mientras, con la otra mano ella tomó sus testículos y los masajeó con ternura con la palma de su mano, mientras con el dedo medio le rozó con áspera ternura el culo a Adrián. Este último movimiento no estaba en los planes de Adrián quien estaba convencido de aguantar unos segundos más, y explotó en un orgasmo descomunal, hizo un gesto de dolor, y mostró sus dientes con ira, pero sin dejar de mirarla a los ojos, su semen fluía con violencia, sentía como sus testículos se exprimían con dolor, como el semen corría en torrentes espesos y dolorosos atravesándole la verga.

Ella sintió el primer chorro de semen chocar y desparramarse con furia contra el fondo de su paladar, instintivamente enterró ahora su dedo medio por el ano de su amante, quien ahogó un grito de placer incontenible, ploc, ploc, el semen seguía fluyendo, y fue allí, con el tercer chorro donde ella explotó en un orgasmo satánico, que estalló en su vagina y como un rayo se trasladó por su espalda hacia todo el cuerpo, perdió el conocimiento por unos instantes mientras como una canilla inagotable, fluía de aquel pene maravilloso ahora por fuera de su boca, incontenible, los chorros algo más debilitados que embadurnaban su rostro, su cabello, el semen se le escapaba ahora por ambas comisuras de los labios, y recorrían lentamente su cuello, manchando su blusa nueva, su falda, el suelo, el semen se escapaba, y lo disfrutaba con golfa pasión, ese sabor nuevo, caliente, espeso, hediondo, salado, delicioso.

Los últimos chorros de semen seguían escapando de aquel pene ya rendido, que empezaba a perder consistencia. Ella se incorporó, y sin darle tiempo a Adrián le partió la boca con un beso francés digno de la mejor película porno, al principio sintió rechazo, pero terminó gustándole, sentir el sabor de su propio semen, en la boca de la perra que le había hecho tocar el cielo. Qué bien besa esta puta, pensaba mientras le masajeaba el culo con ambas manos sin pudor, el olor de las palomitas quemadas, se expandía por toda la casa.

Que pasa que no vien… Gabriel quedó paralizado al ver semejante escena, su hermano y su esposa chuponeando frente a él… Puedo explicarlo dijo Marta mientras unos hilos de semen se separaban lentamente de su boca y la de Adrián, puedo explicarlo gritó. Marta, Marta… Marta… Marta… despertate… es una pesadilla, dijo Gabriel algo dormido todavía, el techo de la habitación giraba y Marta no había terminado de entender que era todo un sueño, mientras repetía puedo explicarlo, puedo explicarlo…

Era un sueño, un “hermoso” sueño, pensaba Marta, empapada hasta las rodillas, hay amor que sueño horrible tuve, no sabes…

Autor: Emetescucha

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Mi hermanito es un tragón

La verdad es que Armando tenía unas nalgas de lo más apetecibles, le di un par de azotes con mi mano, me unté el dedo medio con vaselina y se lo metí hasta el fondo, que apretado y cálido culo, sin duda iba a gozar con él, después de unos minutos de estimulantes masajes venía el momento de la verdad, separé sus nalgas y le clavé toda mi tranca de un solo empujón.

Me llamo Gabriel y tengo 22 años, mi hermano Armando tiene 18 y acaba de entrar a la universidad donde yo estudio. Él y yo siempre tuvimos mucha confianza, éramos como uña y mugre, para había una faceta de él que no conocí hasta hace una semana.

Hablando con unos amigos míos me dijeron que hay un chamo (Joven) que mamaba miembro (pene, verga) por 1000 bolívares, en el baño de hombres del tercer piso, llegué más que todo por curiosidad y en efecto una larga fila de chamos de todos los cursos esperaban por entrar a uno de los cubículos, busqué a mi hermano Armando para que viniera conmigo pero no lo encontré.

Por fin llegó mi turno, me sentí algo nervioso pero excitado a la vez, entré al cubículo que en una de las paredes tenía un hoyito del grosor suficiente para introducir una verga, había visto tanto aquellos casos que se me paró de inmediato, unos dedos se asomaron por el hoyo, evidentemente pidiéndome el pago, le di los mil bolívares, inmediatamente me bajé los pantalones y los interiores hasta las rodillas, mi pene estaba completamente tieso, con sus 22 cm parecía un puñal de carne, estaba bastante grueso y unas venas se marcaban.

Introduje a mi compañero por el agujero, al cabo de unos momentos, sentí como toda su longitud quedaba inmersa en una cálida y húmeda boca, comenzó el movimiento felatorio, yo me acariciaba el pecho, al abdomen, las bolas y hasta las nalgas, en verdad ese chamo era un experto chupador, lo succionaba como si me lo fuera a arrancar, pasaron 5 minutos cuando comencé a sentir los indicios de la eyaculación, acompañado de rítmicas convulsiones expulsé a chorros toda mi leche blanca y caliente, me limpié con un poco de papel, me subí los interiores y los pantalones y salí como si nada.

En la casa vi de nuevo a Armando y le conté todo, le dije que fuéramos mañana, pero se rehusó diciéndome que tenía un compromiso, pero que me acompañaría un día de estos, en efecto fui al día siguiente y volví a entregarme al barato placer de una mamada, en los próximos días me volví casi adicto a ese agujero, cada vez que tenia un rato libre o una preocupación por un examen me desahogaba con la boca de aquel anónimo pero complaciente servidor.

Ya llevaba una semana asistiendo religiosamente al cubículo, cuando pasó algo que nunca imaginé, como siempre dos dedos se asomaron por el agujero para recibir el pago, cuando vi que uno de ellos tenía puesta una curita, de repente recordé que Armando se había cortado el dedo en la clase de mecánica y el profesor le había puesto una curita, era una tontería, no podía ser Armando, ¿pero porque nunca fue al cubículo como todos los demás? y siempre me ponía una excusa cuando lo invitaba.

Le dije que me esperara, salí y tranqué la puerta con seguro, ese día era el único que había ido, así que no había nadie más, dejé que me lo mamara y fingí arreglarme e irme, pero en realidad me oculté en el cubículo contiguo, acuclillado sobre la poceta para que no me viera, después de unos momentos oí abrirse la puerta del cubículo del mamador, oí que abría el lavamanos y se lavaba la boca y las manos, por la parte inferior de la puerta confirmé mis sospechas, eran los zapatos de Armando, mi hermano era el que había saboreado mi verga tantas veces, lo perturbador de la situación era lo que más me excitaba.

Después que Armando terminó de lavarse, se dirigió a la puerta para salir, pero yo la había trancado, intentó abrirla por la fuerza hasta que la abrió de una patada, salí del cubículo y me sentí un poco mareado al saber que en efecto era mi hermano el que me había dado tanto placer últimamente, salí y lo ví en clase de lo más normal, si no lo hubiera descubierto jamás habría imaginado que fuera él.

Nos fuimos a la casa y no le dije una solo palabra en todo el camino, en cambio él me contaba todo su día exceptuando por supuesto todas aquellas ocasiones que yo conocía de sobra, pasé varios días extrañando las chupadas a las que me había acostumbrado pero no podía volver sabiendo quien era el servicial y barato mamador, una noche entré al cuarto de Armando, acababa de salir de la ducha y estaba desnudo y mojado, necesitaba que me lo mamara como tantas veces lo había hecho sin saber, le dije que sabía todo y lo amenacé con decírselo todo a nuestro padre si no hacía todo lo que yo quisiera.

Sin pensarlo dos veces se arrodilló ante mí, en su cara se notaba la perturbación por todo lo sucedido, me bajé los interiores que apresaban mi brutal erección y él comenzó a darme una de las mamadas acostumbradas, no lo podía creer, allí estaba mi hermano mamándome el miembro como la mejor de las putas, lo tomé por los cabellos y comencé a follarme su boca sin piedad, al final lo obligué a que se tomara hasta la última gota de mi semen, fue a lavarse la boca, al verlo allí reclinado en el lavamanos con aquella enorme erección y su pequeño traserito sudado, decidí que una mamada no era suficiente para comprar mi silencio.

Me acerqué a él y me sobé mi tieso miembro con sus nalguitas, él se dio cuenta de mis intenciones y no tardó en ponerse nervioso, evidentemente nunca había pasado de una mamada, pero si él era un marica, quien mejor que su hermano para iniciarlo por el camino que él ansiaba recorrer, me rogó que no lo hiciera pero sólo lograba excitarme más, le ordené que se recostara del lavamanos no sin antes recordarle las consecuencias que sufriría si desobedeciera mis caprichos, me obedeció dejando su culito totalmente a mi disposición, no tardé en hacer valer mis derechos y le arranqué los interiores de un sólo jalón.

La verdad es que Armando tenía unas nalgas de lo más apetecibles, le di un par de azotes con mi mano, me unté el dedo medio con vaselina y se lo metí hasta el fondo, que apretado y cálido culo, sin duda iba a gozar con él, después de unos minutos de estimulantes masajes venía el momento de la verdad, separé sus nalgas y le clavé toda mi tranca de un solo empujón, pegó un grito de dolor y desesperación, pero sentí que cada vez le gustaba más todo lo que estaba pasando, me lo bombeé un buen rato hasta que refresqué el ardor de su irritado ano con mis potentes chorros de leche.

Después de eso, podía disfrutar con él cuando se me antojara, y a él también le gustaba, luego le propuse que aumentara su tarifa y brindara otros servicios por un precio más alto, por supuesto, siendo yo el promotor y el cobrador.

Autor: Gabriel

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Complaciendo caprichos

Mi pene se metió en su hambrienta conchita, Camila movía sus caderas como en circulo, eso aunado a lo rápido y profundo que le estaba metiendo y sacando la verga hicieron que solo aguantara unos cinco minutos y terminé depositando en el condón una gran cantidad de leche; afortunadamente con las ganas que tenía de verga esta mujer, Camila terminó al mismo tiempo que yo.

Siempre he creído que es mucho mejor relatar experiencias vividas porque se pueden dar muchos más detalles y hacer vivir al lector más plenamente la experiencia que cuando la historia es ficticia. En fin lo dejo a su consideración y espero comentarios favorables o adversos, todo nos ayuda a mejorar.

Por aquellos entonces trabajaba de mesero en uno de los tantos salones que hay en Cd. Juárez, Camila era cliente asidua todos los viernes y sábados y, por lo tanto nos saludábamos con cierta familiaridad, aunque yo notaba que se llevaba bien con todos los meseros, el trato conmigo era muy peculiar, cuando se acercaba para saludarme solía abrazarse a mi y durar así mucho tiempo, en muchas ocasiones se las ingeniaba para pasar muy juntito a mi y frotarme todo su trasero en mi verga, cuando me acercaba a servirles las bebidas siempre me estaba abrazando o tomándome las manos, o peor aún llegó a atreverse a manosearme el bulto.

La realidad es que esta situación me molestaba un poco porque Camila, aparte de ser como diez años mayor que yo, era casada y a mí nunca me ha gustado enrolarme con mujeres con compromiso, obvio que si lo he hecho pero procuro que sea lo menos posible. Camila no era lo que se dice una chica linda, tampoco voy a decir que fuese desagradable, lo que si le ayudaba bastante es que tenía un cuerpo de lo más espectacular, no era una modelo pero tenía buenas tetas, no estaba gorda y tenía un culo de infarto, de esos que se antojan para comérselos.

La situación cambió un día en que ella estaba con unas amigas y una de ellas, al ver la confianza con la que Camila me abrazaba le dijo, – Está lindo el meserito, a ver si lo presentas, – , Pues si estará muy lindo, pero es maricón – contestó Camila. Al ver la cara de sorpresa que pusieron las amigas yo me puse de todos colores. – ¿Como crees que va ser maricón?  Replicó otra amiga, – pues como yo ya tengo tiempo tirándole el calzón y ni un lazo me echa, yo creo que si le gusta batear de zurda. Me retiré si saber ni que decir en medio de las risas de todas ellas.

No fue sino hasta al siguiente semana cuando le reclamé a Camila su proceder, – Es que ya ni la aciertas Camila, ¿como te pones a decirle a las chicas que soy puñalón?, después ellas se lo van a decir a otras y al rato no voy a agarrar ni madres – y Camila protestó – es que tú tienes la culpa, te abrazo, te pongo las nalgas, te agarro la verga y nunca haces nada cabrón, – mira – le dije yo – si no te hago caso es por respeto a tu marido. – No mames, ese cabrón no se merece ni tu respeto ni el mío, ese tío para que veas si es maricón, se la pasa todo el día con un amigo tomando, a mi se me hace que se andan picando uno al otro, con decirte que hace más de dos meses que el pendejo no me toca ni un pelo, por más que le sobo la verga en las noches el cabrón dormido, salgo de bañarme y me ando encuerada por toda la casa a ver si se le antoja y nada de nada, con decirte que he llegado a masturbarme cuando estamos acostados para que vea que traigo ganas y ni por enterado se da, ya me tiene hasta la madre.

– Bueno, eso ya cambia las cosas porque así como me platicas el torpe anda buscando que le pongan el cuerno y una chica así tan buena como tú merece que le pongan más atención – fue mi respuesta, – ¿entonces que, te animas papacito? – espérate, vámonos con calma, a mi me gusta ser yo quien busque a las mujeres, para darle sabor al asunto tu sabes, pero igual y le hacemos la lucha… si yo te pidiera que te pusieras lencería roja, porque es la que más me gusta, ¿lo harías? – ay si yo te dijera, lo que a mi más me gusta es comprarme calzones, tangas y brasieres sexy´s, me gusta ponérmelos y ver como me quedan en el espejo, me gusta ver como las tetas casi se me salen en esos brasieres de encaje y sentir como la tanga se pierde entre mis nalgas, me pongo cachonda de pensar que mi viejo al verme así me va a tirar en la cama y me va a comer todita, pero ya te dije al cabrón le vale madre como me vista ya no le gusto, ya no le excito…

– Pues a mi me gustaría ver una tanguita de esas que dices y ver ese par de nalgas que te cargas solamente cubiertas por un hilito –

Su respuesta no se hizo esperar, al día siguiente apenas llego me llamó aparte, y yéndonos a la parte de atrás de donde estaban las bocinas del sonido, sin decir ni agua va, se bajó los pantalones mostrándome una tanguita casi transparente roja, y dándose la vuelta pude ver ese par de nalgas que casi hacen que me vaya de espaldas, inmediatamente alargué mis manos para acariciar toda la firmeza y suavidad de sus nalgas, para luego repegarla a mi miembro que de inmediato se puso más duro que un bate de béisbol. – Así es como yo quería que me agarraran – dijo Camila, con ganas, con amor, con hambre. – Pues la verdad no entiendo como tu viejo viéndote así no se le antoja, estás como para culearte la noche entera – aclaré. – Y luego, ¿que esperas que no te atascas? – Por mi te daría aquí mismo, pero vamos a hacer algo mejor, le voy a decir al capitán de meseros que me siento mal, que me quiero ir a mi casa, cuando tú me veas salir me sigues y verás como nos quitamos las ganas los dos.-

Dicho y hecho, apenas me estaba despidiendo de los guardias cuando ya estaba Camila en la puerta junto a mi, me hice el disimulado y caminé hasta el estacionamiento, apenas estaba abriendo al puerta de mi carro cuando Camila se me echó encima, besándome mordiéndome, con aquellos ímpetus de mujer insatisfecha, – vámonos le dije entre jadeos – tenemos poco tiempo y no debemos desaprovecharlo – más por fuerza que por ganas se separó de mi subiéndose al carro, no bien había yo arrancado cuando comenzó a sobarme por encima del pantalón, ahí si no le dije nada y la dejé que se diera gusto y que me diera gusto a mi – sácatela mi rey – me dijo en un tono de voz que se notaba lo excitada que estaba, apenas paré en el primer semáforo y accedí a su petición liberando mi herramienta que ella procedió a chupar como si la vida se le fuera en ello tanto, así que casi me hace terminar… Afortunadamente me pude contener hasta que llegamos al motel – , me gustaría que me hicieras un strip tease para poder admirar tu cuerpo en todo su esplendor.

Hay que decir que la chava tenía talento, puse en el televisor un canal de música romántica, y al compás de “The last resort” de los “Eagles” Camila se movía con una cadencia, con una sensualidad que ya quisieran muchas teiboleras, ondulaba sus caderas ampliamente y subía y bajaba su culo en pompa, con sus manos recorría su cuerpo de arriba a abajo, las ponía en su cabello y bajaba acariciando sus hombros, enseguida tomaba sus pechos acariciándolos en toda su extensión, continuaba el recorrido por su vientre hasta posar las manos en sus caderas, luego las iba cerrando lentamente por sobre su sexo haciendo al forma del triangulo perfectamente, a continuación recorría sus piernas por dentro y por fuera hasta los tobillos, todo esto sin dejar de mirarme fijamente, con los labios entreabiertos y mirada cálida, lo mejor fue cuando se ponía de espaldas, con un azote suave pero fuerte se tomaba sus nalgas y las abría mientras se iba agachando mostrándome una espectacular vista de su trasero, y casi al terminar cuando ya se había despojado de su tanga, la vista de su rajita cubierta por unos vellos muy recortados era para morirse.

Justo al final de la canción y cuando estaba en esa posición, metió dos dedos en su vagina, notando por el sonido de los mismos, que estaba empapada, acto seguido se acercó hacia mi poniendo sus dedos cerca de mi cara, los que procedí a chupar golosamente, deleitándome con el exquisito sabor que siempre se desprende de una vagina caliente, para luego compartir con ella sus fluidos en un beso intenso. Agradecí el espectáculo con una sonrisa y una caricia en sus nalgas, – bueno – le dije – ahora me toca hacer a mi, – la recosté en al cama y poniéndole sus manos hacia arriba le dije – no quiero que bajes tus manos ni que hagas nada, déjame acariciarte y disfrútalo, pase lo que pase no actúes para nada, solo relájate y disfruta.

Me levanté y me despojé de la ropa quedándome solo con el bóxer, abrí sus piernas y me puse encima de ella, comencé besando su oreja, deslizándome por sus mejillas hasta sus labios repitiendo esto varias veces, mientras hacía esto sobaba mi miembro aun dentro del bóxer por sobre su húmeda intimidad, recorrí con mis labios y mi lengua todo su cuello, mis manos aprisionaron sus pechos tomándolos por su base, oprimiéndolos, levantándolos para luego besarlos poniendo mi lengua sobre sus pezones moviéndola en círculos, y después dejar que mis labios subieran y bajaran por esas bellas protuberancias.

Casi no podía esperar el momento de volver a saborear el sabor de sus fluidos vaginales aunque ahora directamente de la fuente de emanación, coloqué mi cara entre sus piernas y dediqué unos cuantos besos a sus labios vaginales y la cara interior de sus muslos como queriendo excitarla más aunque dudo que eso fuera posible, ya que cuando besaba su pelvis esta ya palpitaba de manera muy acelerada, y sus jugos que caían por entre sus piernas habían dejado ya una gran mancha de humedad en la cama. Con los dedos de mi mano izquierda abrí su rajita puse mi lengua en el interior de su rajita, movimiento que ella acompañó con un intenso y prologando “aaahhh”, mi lengua entraba en el interior de su conchita primero de forma lenta y luego cada vez más rápida, en un par de ocasiones bajó sus manos para apretar mi cabeza contra su pelvis olvidando la condición que le había puesto, pero que yo le recordé volviéndolas a colocar en su posición, metí mi dedos índice y medio en su conchita, una vez adentro los separé lo más que pude y comencé a mover mi mano en círculos para que los dedos a su vez acariciaran completamente las paredes de su vagina.

Camila se movía de forma incontrolable, tanto así que varias veces me hacía perder el ritmo Sus gritos y gemidos eran cada vez más fuertes, concentre el movimiento de mi lengua exclusivamente sobre su clítoris dándole pasadas rapidísimas y cuando sentí que empezó a temblar violentamente saqué mis dedos de su vagina y aprovechando lo mojados que estaban le metí el dedo índice de un solo empujón en el culo, ese fue el detonador del primero de varios orgasmos que la hicieron moverse y manotear como una posesa en la cama, así estuvo gritando y retorciéndose durante más de un minuto, ya que yo no le sacaba el dedo de su cola ni dejaba de lamerle el clítoris, hasta que no aguantó más y me empujó violentamente separándome de ella.

Me alejé un poco mientras Camila jadeaba y sudaba copiosamente limpiándome con papel higiénico el exceso de fluidos sobre mi rostro – Eres un cabrón – dijo Camila cuando se recuperó un poco – casi me dejas seca, me hiciste venirme como diez veces, y eso por que te quité si no me vengo otras diez, – ¿y que no era eso lo que querías, no que traías muchas ganas? – repelí a mi vez – es que estuvo muy intenso, muy fuerte, en pocas palabras estuvo cañón – respondió – bueno pues ahora a lo que sigue – dije avanzando hacia ella y sonriendo, – esa voz me agrada, venga mi macho – me animó Camila.

La jalé hasta que sus nalgas quedaron a al orilla de la cama, me situé en medio de ella y me puse el condón, levanté una de sus piernas colocando su tobillo en mi hombro, ella quedó un poco de lado en la cama y así en esta posición logré que la penetración fuera lo más profundo posible, mi pene se deslizó suavemente en su hambrienta conchita, la penetración fue placentera debido a lo húmedo de su cuevita y debo reconocer que a pesar de los años esta cabrona estaba bien apretadita, como decía, la penetración fue placentera, el mete y saca fue casi casi glorioso, tanto así que tuve que hacer soberanos esfuerzos para no terminar inmediatamente, y aparte de todo Camila movía sus caderas como en circulo, eso aunado a lo rápido y profundo que le estaba metiendo y sacando la verga hicieron que solo aguantara unos cinco minutos y terminé depositando en el condón una gran cantidad de leche; afortunadamente con las ganas que tenía de verga esta mujer, Camila terminó al mismo tiempo que yo y así no me vi tan mal.

Ahora si me cansé, papito – decía Camila – mientras yo tomaba el teléfono y pedía unas cervezas a la recepción, cuando colgué se levantó y se abrazó a mi felicitándome por esa acción ya que ella también tenía ganas de una cerveza, me entretuve un rato pellizcando sus pezones. Me levanté para ponerme el pantalón, no quería que cuando vinieran a entregar las cervezas me encontraran desnudo, y aproveché para ir al carro por unos cigarros y una bolsita con soda que traía, yo siempre he pensado y he visto que cuando me pongo coco tardo más tiempo en correrme, regresé a la habitación y esperé a que trajeran las cervezas mientras Camila orinaba ruidosamente en el baño, llegó la camarera con las cervezas y mientras las pagaba Camila salió del baño así encuerada como estaba y se aproximó a tomar una, la camarera ni se inmutó, imagino que habrá visto muchas veces a mujeres y hasta a hombres desnudos en ese motel, pero a mi si me pareció una total falta de pudor por parte de Camila, porque aún y cuando era otra vieja no es para andar exhibiéndose con una desconocida, total que fui al baño y aproveché para darme un buen pase…

Salí y Camila ya estaba viendo una película porno, tomé una cerveza y me senté junto a ella en la cama – ¿traes coca? – Preguntó Camila, – ¿como dices? – Respondí a mi vez intentando fingir demencia – no te hagas si hasta acá escuché los suspiros que te estabas dando en el baño, dame poquita – suplicó Camila – así que también le pones a la coca, pinché Camila quien te viera tan santita, pero si quieres un pase te va a costar, vas a tener que darme las nalgas… ¿Otra vez? si te las acabo de dar – no te hagas pendeja lo que te estoy diciendo es que quiero chiquitearte, que te quiero dar por el culo…

Ahí si como que se asustó y me dijo – no papi, por ahí no, mi viejo lo ha intentado varias veces y siempre me lastima, te hago lo que quieras pero eso no, es que de veras duele mucho. – Mira, a lo mejor tu viejo no ha sabido dilatarte bien y por eso te duele, déjame intentarlo con cariño y suavidad y si aun así te duele mucho le paramos y no hay bronca, – está bien, pero primero vamos a terminarnos estas cervezas y a lo mejor ya relajada con las cervezas lo podemos hacer, mientras tanto no te hagas  y hazte unas líneas – accedí a su petición y preparé cuatro líneas sobre la mesa dos para cada quien, nos fuimos a la cama a continuar tomando, me senté recargado en la cabecera y Camila delante de mi recargada en mi pecho… en esta posición podía abrazarla completamente y me deleitaba acariciando ese cuerpo de mujer madura, suave, firme y con un aroma muy característico.

Algún tiempo después Camila se levanto y me quito toda la ropa para volver a situarse junto a mi, me separó la piernas y se acostó poniendo su cabeza en uno de mis muslos, quedando mi pene a la altura y a la completa disposición de su golosa boca, mi miembro se encontraba en un estado de flacidez por lo que Camila se lo metía completamente a la boca, lo chupaba y jugaba con su lengua en el de una forma deliciosa, poco a poco fue adquiriendo la rigidez necesaria para seguir adelante, aproveché que Camila estaba chupándomela para irla girando poco a poco hasta quedar en un sesenta y nueve, rápidamente ya estaba otra vez excitada y yo sabiendo lo que quería mientras con mi lengua le daba gusto a su clítoris empecé a jugar con la punta de mi dedo en su ojete, apenas si me daba cuenta de que Camila en su excitación se metía toda mi verga en su boca, llegándole hasta la garganta y la verdad que se siente muy rico porque hay chicas que te la maman pero solo con los labios en la punta y no por eso deja de ser placentero, pero sentir como los labios de la mujer llegan hasta la base del pene y la punta roza la campanilla eso otro rollo.

Bueno total que yo seguía en mi asunto, ya podía meter un dedo completo con facilidad y comencé a moverlo en círculos, haciendo presión en los lados para abrirlo más, cuando sentí que estaba preparada comencé a introducir dos dedos ahí si sentí que le dolió un poco porque dejó por un momento la mamada que me estaba dando, aumenté las caricias al interior de su vagina con lo cual al incrementar su placer relajó un poco su esfínter y pude seguir metiendo mis dedos hasta tenerlos totalmente dentro de ella, separaba los dedos lo más que podía mientras los metía y los sacaba consiguiendo una dilatación considerable.

Ya estaba lista, me salí de abajo de ella dejándola así en cuatro, todavía Camila gimoteaba como intentando pedir que no se lo hiciera pero yo ya estaba fijo con esa idea y no iba a consentir que pasara esa noche sin culearla, se la metí en la vagina mientras con el dedo pulgar volví a la carga sobre su culito, le pedí que bajara su cabeza y puse mi verga en la entrada de su hoyito, Camila estaba muy tensa, ponía las nalgas muy duras y se aferraba fuertemente con las dos manos a la sábana. -tienes que relajarte – le dije – es que no puedo, yo se que me va a doler – tranquila, ya te lo dije que te lo iba a hacer poco a poco, no es la primera vez que lo hago, déjame actuar a mi y veras que tú también lo vas a disfrutar…

No muy segura pero aflojó un poco el cuerpo, bajé mi mano y comencé a acariciar su clítoris, logrando que se fuera excitando y muy pero muy lentamente empecé a meter mi verga por el anhelado esfínter anal, con la dilatación que había logrado fácilmente pude meter la punta y al seguir empujando empecé a sentir la presión de su recto, la saqué un poco y lubriqué con sus jugos vaginales que afortunadamente eran muchos y volví a la carga, durante más de 15 minutos estuve haciendo lo mismo, empujar un poco y volver a lubricar y en cada ocasión podía meter mi verga un poco más, ya casi estaba dentro la mitad cuando Camila me dijo que ya no aguantaba, que se la sacara, – tranquila le dije vamos bien, ya falta poco – si dijo ella, pero la verdad ya no aguanto, me arde y me duele mucho, ya sácala, tú me lo prometiste.

Me quedé quieto un rato mientras seguía sobando su clítoris, no estaba dispuesto a dejar que se me escapara lo que ya tenía en las manos, apenas sentí que se relajó un poquito y se la dejé ir toda de un solo empellón, Camila soltó un intenso quejido e intentó zafarse pero la detuve junto a mi sujetándola con las dos manos, solo era cuestión de esperar un minuto o dos para que se acostumbrara y el dolor pasara, poco a poco Camila dejó de luchar y yo empecé a moverme dentro de ella, ahora si que lo estaba disfrutando cada vez entraba y salía con menos dificultad, Camila también empezó a moverse al ritmo que yo le estaba marcando, y después de un rato sentí que otra vez se estaba viniendo porque apretó su culo de forma que hasta me dolió la verga…

Terminó de venirse y yo seguía bombeando ya llevábamos más de 25 minutos así (por eso me gusta ponerme coco, para aguantar más) cuando me empezó a llegar el orgasmo, le di tres fuertes embestidas y le llené el culo de leche porque ni condón me puse y es que un culito hay que disfrutarlo al natural, me salí de ella y Camila se volteó en la cama y como le faltaba poco para llegar a su orgasmo se metió no uno ni dos sino tres dedos en el culo y con la otra mano se frotó la vagina hasta que terminó gritando – “ves Gabriel lo que me haces hacer” – (Gabriel se llama el marido).

Parece mentira pero a pesar de todo apenas llevábamos tres horas en el motel, todavía podíamos estar una hora más juntos aunque la verdad ya ninguno de los dos teníamos ganas de seguir cogiendo, pedí más cervezas  y continuamos platicando…

Camila me dijo que aunque le había roto el culo le había gustado y que me iba a dejar culearla cada vez que yo quisiera, que pensaba cogerse a varios amigos más mientras su marido la siguiera teniendo en cuarentena, el chiste era empezar pero ya una vez puesto el cuerno las demás veces iban a ser más fáciles pero que ella había querido que yo fuera el primero porque era como un capricho y que ese culo iba a ser solo mío. Que a toda madre – dije yo…

Autor: Majic

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Hambrienta de sexo

Esa barra de carne durísima fue penetrando mi esfínter sin que yo pudiera evitarlo, me la hundió toda, empezó a bombear lento y profundo. Cuando pasó el dolor terrible que sentí al principio empecé a disfrutarlo. Sentía su verga entrar y salir, toda a lo largo. Mi ano quedó muy dilatado. Gabriel estuvo largo rato cogiéndome así hasta que se vació dentro de mí con un grito. Sentí que me inundaba.

Hola, me llamo Adriana y quiero contarles mi historia porque necesito un consejo. Soy una mujer ya madura, me falta poco para llegar a los 50 años. Pese a ello mantengo mi cuerpo en forma porque desde muy joven estoy acostumbrada a las dietas y al gimnasio. Mi cabello es rubio, tengo pechos que se mantienen firmes igual que mi trasero, y como entenderán, me considero atractiva.

Pues bien, la cuestión es que hace ocho meses me divorcié de mi marido por cuestiones que no vienen al caso. Todo ese tiempo no estuve con ningún hombre, y la verdad que más pasa el tiempo, más me doy cuenta de que lo necesito. Hasta que hace poco tiempo ocurrió algo que me cambió la vida. Les contaré.

Un sábado me invitaron a cenar Daniela y Carlos, un matrimonio amigo, ambos de mi edad. Fuimos a un lugar elegante, y después decidimos ir a una disco a tomar una copa antes de irnos cada uno a su casa a dormir. Hacía años que no entraba a un lugar así. Pues allí nos encontramos con Gabriel, el hijo de Daniela y Carlos. Tiene 25 años, practica rugby de modo que tiene un cuerpo fenomenal. El chico estaba triste porque se había peleado con su novia, y lo que menos quería esa noche era conversar con tres personas adultas. Pero yo suelo ser una mujer muy divertida, hice algunas bromas y le cambió el humor. Tanto que me invitó a bailar un poco.

A las risas, acepté. Esa noche yo llevaba un vestido rojo, de finos breteles, escotado y algo corto, la verdad es que me veía muy bien y poco me importó lo que pensaran quienes me observaban bailando con alguien mucho más joven que yo. Bailamos largo rato. Daniela y Carlos nos avisaron que ya era hora de irnos, porque tenían sueño, y me sorprendió escuchar a Gabriel que decía “si Adriana acepta, nos quedamos un rato más y después yo la acompaño hasta su casa”.

Por supuesto acepté encantada. Yo también necesitaba divertirme. La cuestión es que seguimos juntos toda la noche y terminamos desayunando a la madrugada en un bar muy agradable. Después me llevó en su auto hasta mi departamento. Una vez en la puerta y antes de despedirnos, Gabriel me agradeció todo lo que había hecho por él, me dijo que estaba muy mal de ánimo, se sentía solo, y que yo lo ayudé a salir de eso. Le aclaré que él también me había ayudado a mí, que yo también estaba sola. Me miró intensamente. Y me dio un beso. Yo respondí con otro. En ese momento me olvidé de que era hijo de un matrimonio amigo, me olvidé de la diferencia de edad, me olvidé de todo. Sólo pensé que él era un hombre y yo una mujer que hacía mucho tiempo no tenía sexo. Y descubrí que mis ganas de él eran muy intensas.

Entramos a mi departamento besándonos y acariciándonos. Gabriel me hizo recostar sobre un sillón, me cubrió de besos todo el cuerpo, llegó a mis piernas, subió mi vestido e hizo a un lado mi tanga. Fue directo a lamer mi vagina. Uh, le agradecí con un gemido de placer. Hacía mucho que no sentía una lengua allí en mi intimidad, y me encendió hasta hacerme arder en un segundo.

Gabriel tenía una lengua maravillosa y la sabía usar. Lamió y mordisqueó mi clítoris, separó los labios de mi vagina y la introdujo dentro de mí… en síntesis, me volvió loca y me hizo tener el primer orgasmo de la noche. Grité como una desesperada mientras sentía que se mojaban hasta mis muslos.
Era mi turno. Lo tiré en el sillón, le quité rápidamente los pantalones y los bóxers, y quedó a la vista una verga maravillosa. Gruesa, de cabeza abultada, con las venas marcadas, y en la base dos huevos grandes y pesados.

La tomé con mi mano por la base y comencé a lamerla con entusiasmo. Me gusta hacerlo, y sé que lo hago bien. Los gemidos de Gabriel me confirmaban que lo estaba disfrutando muchísimo. Chupé con entusiasmo, con pasión, con ganas. Después de tanto tiempo volvía a tener un pene en mi boca y eso me ponía feliz y muy caliente. Gabriel susurró “jamás una mujer me la chupó así, es maravilloso”. Tomó mi cabeza y empezó a mover sus caderas, cogiéndome la boca hasta hacerme ahogar. “Trágala toda, que te entre toda”, decía una y otra vez.

Fuimos corriendo hasta mi dormitorio, mi vestido voló por el aire igual que su camisa y nos tiramos en la cama. Allí hicimos un 69 espectacular, me pasé su verga por toda la cara, la chupé hasta dejarla dura y brillante. Después me senté sobre ella dándole la espalda a mi amante. Fue maravillo sentir ese tronco duro y grueso deslizarse dentro de mi vagina mojada. Lo cabalgué con furia, me clavé una y otra vez su verga en la concha hasta sentir que me la hacía arder. Gabriel me sujetaba por las nalgas, las abría y cerraba y las volvía a abrir todo lo que podía.

Estábamos muy calientes los dos. Después me hizo girar hasta que quedé de frente a él y mordió mis tetas mientras yo seguía mi cabalgata enloquecida. “Sos la mejor hembra que me he cogido”, decía Gabriel. “Ya sabía yo que las veteranas son las más calientes, y ahora lo puedo comprobar”.

Fue un polvo bestial y en todas las posiciones. No sé en qué momento quedé con la mitad inferior de mi cuerpo sobre la cama y la cabeza, los brazos y las tetas apoyadas en el piso alfombrado de la habitación. Gabriel se puso detrás de mí y me penetró en esa forma. Volvió a abrir mis nalgas y me hundió un dedo en el ano que me hizo gritar.

Cuando sentí que sacaba su verga de mi vagina y la dirigía hacia mi ano le dije que esperara, que se detuviera, que no estaba preparada. No es que sea virgen de allí, he practicado mucho el sexo anal (a mi ex marido le apasionaba) pero siempre bajo ciertas condiciones que Gabriel no pensaba respetar. El chico apoyó la ancha cabeza de su pene en mi agujerito y empezó a empujar. Lancé un grito de dolor. “Gabriel, por favor no”, imploré. Pero él estaba más entusiasmado que nunca. “Te voy a hacer el culo mi amor, es mi sueño. Vas a sentirla cómo te entra milímetro a milímetro”.

Y vaya si la sentí. Esa barra de carne durísima y gruesa fue penetrando mi esfínter poco a poco, sin que yo pudiera evitarlo. Además, generalmente cuando tengo sexo anal yo pongo un tope: con mi mano apoyada en el vientre de mi pareja le digo hasta dónde puede penetrarme. Pero en esa posición agitaba mis brazos en vano, no podía alcanzar a Gabriel que estaba sobre la cama.

Conclusión: me la hundió toda. Y después empezó a bombear, lento y profundo. Cuando pasó el dolor terrible que sentí al principio empecé a disfrutarlo. Sentía su verga entrar y salir, toda a lo largo. Mi ano quedó muy dilatado. Gabriel estuvo largo rato cogiéndome así hasta que se vació dentro de mí con un grito. Sentí que me inundaba.

Fue maravilloso. Terminamos los dos abrazados en la cama, y antes de que se fuera le hice mi regalo especial, algo que reservo sólo para aquellos hombres que lo merecen: le hice una larga mamada, permití que se vaciara en mi boca y me tragué toda su leche. Eso lo volvió loco.

Desde ese día empezamos una relación intensa. Gabriel está encantado conmigo porque hacemos cosas que las chicas de su edad no se atreven. Eso permite que disfrutemos mucho, pero también se ha convertido en un problema. Les explicaré por qué.

Me he enamorado de Gabriel. Él lo sabe, y por eso me pide cada vez más cosas. Últimamente insiste en vaciarse dentro de mi vagina, pero yo no quiero porque temo que me deje preñada. Biológicamente aún puedo tener un hijo, pero no lo deseo. Él insiste, y no hay manera de convencerlo de que use un preservativo.

Dice que quiere ver mi concha inundada por su leche. Pero hay más. También dice que su fantasía es verme coger con otro hombre. Quiere mirar mientras me penetran. Hay varios de sus amigos que están dispuestos a cumplir su sueño. Y también pretende estar conmigo y con otra mujer.

Quiere presenciar una escena lésbica entre nosotras, que le mamemos la verga juntas y luego penetrarnos. Yo lo amo tanto que creo que voy a ceder a sus deseos. Me pregunto si eso es lo que debo hacer.

Autora: Upskirt

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Impensado

Gabriel salió de mí y se la puso a Roxy de una vez, cuando ella solícitamente se había puesto nuevamente en cuatro patas, sentí la lengua de mi amiga en la concha, me sentía morir, pero feliz de la vida. Acabamos las dos juntas, ella por los pijazos de Gaby y yo por sus lamidas. El salió de ella y todavía seguía al palo. Me agarró la cabeza y me hizo chuparle la pija.

Mi nombre es Natalia, tengo 35 años, odontóloga y vivo en Buenos Aires. Hace un año me encontraba muy sola y triste después de haber pasado por la experiencia traumática de una separación. Con mi ex nos divorciamos después que empezamos a tener problemas sin solución en nuestro matrimonio. La situación se estaba volviendo más que intolerante por lo que decidimos ponerle un fin lo menos traumático posible.

Una íntima amiga, Roxana, siempre fue mi cable a tierra y me apoyó en todo momento para que pudiera superar el trance. Empezamos a salir juntas, íbamos a bailar, al cine, en fin, nos divertíamos. Ella me aconsejaba para que comenzara a salir con hombres, pero yo no tenía muchas ganas de tener relaciones ocasionales y mucho menos meterme en compromisos. Me contó que estaba saliendo con un tipo, Gabriel con el que solo se veían cuando tenían ganas. Lo había conocido a través de un chat y la pasaba más que espectacular. Con él hacía todo lo que tenía ganas sin tener que pedir permiso. Ella me describía con lujo de detalles dónde, cómo y cuándo lo hacía. Es más, él la inició en el sexo anal, cosa que antes ella siempre había evitado. Se encontraban en sus departamentos o si no en algún hotel.

Él estaba bastante bien agraciado por la naturaleza y lo que es mejor, tenía una excelente capacidad de erección, cosa que a Roxy la volvía loca porque podía disfrutar de largas sesiones de sexo. Además él era muy cariñoso y siempre se preocupaba por que ella la pasara bien. A mí me alegraba que ella pudiera vivir esa experiencia, sobre todo porque se la veía muy contenta y radiante. Un sábado a la nochecita, nos fuimos las dos a tomar algo a un barcito. No podía quedarse mucho porque tenía que visitarlo a Gabriel. Cuando se estaba por ir me preguntó si quería que la acompañara. Obviamente me negué, pero ante su insistencia, decidí que lo iba a hacer, con la condición de que me avisara cuándo era el momento de retirarme.

Llegamos, tocamos el timbre y apareció él. Morocho, ojos verdes, buena figura y no muy simpático al comienzo. Tal cual como me había sido descrito. Puso cara de sorpresa cuando me vio, ya que no me esperaba, nos invitó a subir y enseguida nos pusimos todos a charlar.En todo momento me hicieron sentir muy cómoda. Pusimos música, comimos algo, bebimos champán, nos reíamos de los casos y cosas que comentábamos y consideré que ya era el momento de huir. Ya era casi medianoche y ellos ya había empezado a intercambiar caricias más que sugerentes. Cuando se los dije, él me dijo que no hacía falta que me fuera, ya que tenía una habitación libre y que ellos se iban a encerrar en otra sin hacer mucho ruido. Trabé la puerta, me saqué la ropa y me acosté con la esperanza de dormirme porque algunas burbujitas estaban haciendo efecto.

Al rato se escuchaban algunos ruiditos. Evidentemente había comenzado la función. A medida que pasaban los minutos yo me había empezado a calentar por lo que escuchaba. Me desnudé por completo y mis manos empezaron a hacer su trabajo con mi cuerpo, algo de lo que me había acostumbrado, después de tanta sequía amatoria. Estaba realmente excitada y toda mojada, me mordía los labios para no gemir muy fuerte, pero necesitaba más, quería algo más. Tuve un buen orgasmo, me chupé los deditos y me levanté. Abrí la puerta despacio.

Nunca fui voyeur, pero sentía muchas ganas de ver que ocurría en la otra habitación. Por suerte la puerta no estaba del todo cerrada. Cuando me arrimé vi a Roxy en cuatro patas y a Gabriel metiéndosela en la concha, le besaba la espalda y le franeleaba las tetas. Mi cabeza iba a mil por lo que veía y ahora sí estaba llegando al límite del éxtasis. Podía divisar los gestos de ella y la lujuria reflejada en su cara. En un movimiento quedaron de frente a la puerta. Ahí fue cuando ella me vio. Tuve una sensación de terror terrible, pero me tranquilicé inmediatamente cuando Roxy me sonrió y me hizo saber que estaba todo bien. Ahora ya más suelta me manoseé nuevamente y sentí mi nuevo orgasmo cuando ella también lo alcanzó.

Tenía los ojos cerrados cuando una mano me hizo salir del letargo. Cuando los abrí, estaba él parado delante de mí, mirándome y sonriendo, observando mi desnudez. Cuando quise hacerme a un lado, me topé con Roxy que me abrazaba por la espalda. No sabía si correr, reírme, pedir perdón. Estaba muy confundida. Eran demasiadas cosas juntas, yo ahí cuando no lo había planeado y la situación, porque era algo impensado. Ella abrió el juego.

-Mmmm traviesa, me parece que te voy a tener que prestar mi macho.

No pude responder nada. No podía pensar nada. Él me abrazó y me hundió la lengua hasta la garganta. Parecía que no quería terminar nunca ese beso. Inmediatamente se lo devolví y lo rodeé con mis brazos.

Ella nos fue empujando despacio hasta que caímos los tres en la cama. Gabriel se ubicó encima mío y seguía con su catarata de besos. Bajaba lentamente para situarse en mis tetas. Las chupaba, las mordía y yo ya estaba fuera de mí. Luego siguió su camino, me abrió totalmente las piernas y hundió su cara en mi ávida conchita. Me recorría toda con su lengua, me la metía, me daba unas estocadas que me hacían revolver sobre las sábanas. Roxy me miraba a los ojos, estaba muy excitada y ella fue quien se ocupaba ahora de mis tetas. Yo no lo podía creer. Nunca había estado con una mujer y tampoco sabía que ella hubiera tenido ese tipo de vivencias. Estaba experimentado un placer total y ya me animaba a todo, hasta para decir:

-¡Macho! ¡Por favor cógeme que no doy más!

Él no se hizo rogar. Agarró su pija durísima y me la metió toda de una vez. A mí se me dieron vuelta los ojos porque estaba un poco estrecha, pero me encantó. Me retorcía como loca. Los tres nos besábamos en la boca y nos decíamos de todo. Alcancé un potente orgasmo que me dejó casi sin sentido y tirada.

Gabriel salió de mí, todavía estaba empalmadísimo y como a mí, también se la puso a Roxy de una vez, cuando ella solícitamente se había puesto nuevamente en cuatro patas. No me había alcanzado a recuperar cuando sentí la lengua de mi amiga en la concha. Era algo increíble, me sentía morir, pero feliz de la vida. Acabamos las dos juntas, ella por los pijazos de Gaby y yo por sus lamidas. El salió de ella y todavía seguía al palo. Me agarró la cabeza y me hizo chuparle la pija. La recorría toda con mi lengua y la hacía aparecer y desaparecer en mi boca. Probé el sabor de ella y eso me animó a tomar mi primera iniciativa.

La tumbé nuevamente en la cama y me dispuse a comerla toda. Estaba hecha toda una golosa y jugueteaba con mi lengua, tragándome todos su juguitos. Gaby no perdió el tiempo y me la metió nuevamente hasta el fondo. Era un concierto de gemidos. Estábamos todos bañados en sudor y en nuestros propios fluidos. Él estaba ya dando muestras de que quería acabar porque aumentaba sus movimientos, por lo que también yo la azotaba con mi lengua a Roxy.

Sentí su leche cuando me inundaba, sentía también mi quinto orgasmo y pude beberme el de mi amiga cuando me tiraba de pelo gritando como una posesa. Caímos los tres rendidos, pero pletóricos por la noche vivida. No hubo muchas palabras. No hacían falta. Nos estábamos quedando dormidos, cuando dije:

-Muchas gracias a los dos.

Les di un beso a cada uno y nos quedamos abrazados fundiéndonos en un solo ser.
La historia continúa…

Autora: Natalia

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Al primer vistazo

Gabriel sintiendo los espasmódicos movimientos de mi pene me dijo como si estuviera poseído por un espíritu insaciable de amor, quiero tu semilla dentro de mi, sus palabras me provocaron una mayor excitación y como por arte de magia una cascada de líquido lechoso inundó el trasero de mi amante, que gemía de placer al sentir como el jabonoso líquido facilitaba el acto sexual.

Desde que lo vi entrar en aquel centro de comercio me cautivó, tuve que dejar el libro que tenía en mis manos para poderlo seguir mejor con la mirada, era un chico alto, de tez blanca, la luz de las lámparas tenues se tornaba encandiladora al chocar con sus rubios cabellos, su porte tan varonil y a la vez tan estético hizo sentirse insegura a mi tan normal sexualidad, nunca había tenido deseo por una persona de mi mismo sexo, pero mis instintos en ese momento me exigían, me imploraban dirigirme hacia aquel joven símbolo de la belleza masculina, cuyo cuerpo solo iba cubierto por unos pantalones cortos azules como sus relampagueantes ojos y una playera blanca que dejaba ver claramente su esbelta silueta.

Me dispuse a seguirlo, y a los pocos metros me pude percatar de que ningún vello, ninguna imperfección contaminaba sus inmaculadas extremidades, lo seguí algunos metros más antes de que se detuviera en la nevería a pedir una malteada, yo no resistí, mi instintivo comportamiento me condujo hasta estar justo detrás de él, al estar lo suficientemente cerca, me desplacé hacia un lado rozando mi entrepierna con su deseable trasero, haciendo parecer que todo había sido un accidente, yo también pedí una malteada al nevero, e inmediatamente después pregunté al joven su nombre mintiéndole al decirle que me parecía conocido, él me contestó con una voz casi musical a ritmo de adagio -Gabriel- más me dijo que no podíamos ser conocidos o él me recordaría. Su altivez me resultó un tanto excitante, y la tomé como un deseo de él por conservar mi charla, entonces le dije – aunque no seamos conocidos podemos charlar verdad – y él me respondió – ¡claro! -.

Nos sentamos a una mesa vacía mientras tomábamos de nuestras respectivas bebidas, después de charlar un rato, donde yo trataba de cortejarlo de la manera más sutil, me atreví a preguntarle si le gustaría acompañarme a mi casa a tomar un trago. Después de unos segundos de pensarlo, me respondió positivamente. Nos levantamos de la mesa después de que le pedí que me permitiera pagar la cuenta, lo cual también aceptó.

Mientras caminábamos hacia mi auto cada vez me convencía más de que yo no tendría ninguna posibilidad de intimar con él, pues su figura y personalidad masculina me hacían perder mis esperanzas. Al fin llegamos al auto y conduje hacia mi departamento.

En el transcurso del camino ambos fuimos presa de un silencio insoportable que me arrebataba mis últimas posibilidades de poseerlo. Al llegar a la casa, le pedí que tomara asiento en el sofá, mientras yo servía algunas copas, me senté junto a él y le di una copa, al beber de ellas, ambos nos quedamos mirándonos a los ojos, esos ojos me absorbieron, me dejaron pasmado, hipnotizado y él después de unos segundos rompió el silencio diciendo – tu mirada me ha revelado tus más íntimos y recónditos secretos, más tengo que estar seguro, necesito que me digas lo que deseas con tu propias palabras, necesito oírlo de tus labios…

Yo con el cuerpo y el pensamiento inmóvil le dije – te deseo, sinceramente desde el primer momento que te vi, tú me hiciste sentirme inseguro de mi mismo, de mi virilidad, nunca había deseado así a un hombre, o cualquier otra persona, más si algún día he de probar mi mismo sexo, he de hacerlo contigo…

El muy seguro de si mismo me confesó que él tampoco había sentido eso nunca, y que nunca había probado su mismo sexo después me dijo abiertamente – vamos a probarnos ahora mismo, no se lo que me ha sucedido, pero estoy seguro de lo que deseo -. Al escuchar estas mágicas palabras, me abalancé sobre él, dirigiendo mi boca hacia sus labios carnosos, él me aceptó apasionadamente pasando sus brazos por arriba de mis hombros, mis manos se dirigieron de su espalda a la parte posterior de sus piernas desnudas, pues no alcanzaban ni un centímetro de tela de su pantaloncillo corto. Sentí de pronto como el afecto de sus brazos se reeditaba con sus piernas, las cuales pasó cada una a un costado de mi cintura, dejando nuestros genitales en roce, solo distanciados por nuestra vestimenta. Detuve un momento mis besos frenéticos para quitarle la playera, al hacer esto, quedó frente a mi un tórax y un abdomen ejercitados y desarrollados por la actividad física, no me resistí… besé y acaricié su pecho lampiño, a lo que él respondía con gemidos suaves producidos por la excitación.

Los ruidos producidos por Gabriel generaron en mi una gran excitación, cuando me di cuenta, ya estaba besando su ombligo, a pocos centímetros de su pantaloncillo. No pude contenerme, puse mi rostro justo enfrente de sus genitales y con ambas manos comencé a bajar sus shorts y sus calzoncillos al mismo tiempo, esto me mostró de cara a un pene hermoso y pulcro, rodeado de escaso pero fino vello rubio al igual que su cabellera, su miembro apuntaba hacia mí en una total erección, como pidiéndome que saciara mi sed con el.

Entonces yo lo tomé con mis manos y acerqué mis labios. Al principio solo besaba la cabeza utilizando también mi lengua, pero no me pude contener a probarlo en su totalidad, introduje lo que pude en mi boca, mientras mis manos acariciaban su bello par de testículos, esto produjo un grito de placer de mi compañero y reaccionó subiendo sus piernas por encima de mis hombros. Estuve así un rato chupando y besando su miembro de momento en que lo besé cariñosamente. En ese preciso momento me percaté de algo increíble… sus rasgos varoniles y masculinos habían desaparecido, estaba con él en la misma posición con la que había estado tiempo atrás con numerosas mujeres en ese mismo sofá, y no era capaz de distinguir la diferencia, salvo que mi actual “compañera” tiene un clítoris enorme y era mucho más ardiente, cariñosa y apasionada que las demás.

Nuestros penes jugaban acariciándose como lo hacíamos nosotros, era el bien contra el mal, la inocencia contra la experiencia. No me pude contener, tomé mi pene y lo dirigí a su entrada, mi compañero se dejó caer suavemente sobre mi con un rostro de excitación incomparable, yo lo tomé por la cintura y los glúteos mientras besaba su boca, su cuello y su pecho, Gabriel subía y bajaba lentamente, saboreando al máximo cada vez.

Así estuvimos durante varios minutos hasta que el se separó de mi, se recostó en el sofá boca arriba y me dijo dulcemente – toma la iniciativa – yo deseoso de seguir poseyéndolo levanté sus hermosas piernas y acerqué mi miembro a su trasero.

Lo penetré de una sola embestida, y él gimió de placer, comencé a hacer movimientos de vaivén, mientras acariciaba su pene y su pecho; acerqué mi boca a la suya en una exhibición de gimnasia y lo besé tiernamente, estos movimientos continuaron y mientras nuestra excitación aumentaba, también aumentaba la rapidez de mis embestidas. Después de unos breves minutos comencé a sentir que venía el desenlace inevitable…

Gabriel como presintiéndolo y sintiendo los espasmódicos movimientos de mi pene me dijo casi gritando, como si estuviera poseído por un espíritu insaciable de amor – derrámate en mí, ¡quiero tu semilla dentro de mi! – sus palabras provocaron una mayor excitación en mi y como por arte de magia una cascada de líquido lechoso inundó el trasero de mi amante, que gemía de placer al sentir como el jabonoso líquido facilitaba el acto sexual.

Estuvimos así durante algunos instantes, y después no se lo que sucedió, despertamos desnudos en la cama, él con su cabeza apoyada en mi pecho. Pero esto presagiaba una continuación de este repentino romance…

Si quieren saber nuestros encuentros posteriores o si te gustó el relato dejen sus comentarios… ¡adiós!

Autor: Benjammx

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Para mi tía con amor II

Cris entre gemidos, miró al pasillo y observó a su hijita dándole sexo oral a su sobrino. Directamente me miró con cara de reproche. Mi única seña fue mandarle un beso. Ella estaba comprendiendo, su hijo no estaba teniendo sexo con ella de casualidad. Acto seguido, se tornó una yegua. Sus movimientos de cadera sobre Dani eran impresionantes; nos estaba dando un show a Jime y a mí.

Hola a todos, mi nombre es Gabriel, les voy a contar la continuación de mi relato anterior (para mi tía con amor).

La última vez que estuve en casa de mi tía, había tenido la experiencia más espectacular de mi vida. Pero como en la vida no hay que estancarse, decidí volver a su casa al otro mes, como hacia usualmente. Pero no pudo suceder como quise, debido a exámenes en la facultad, pospuse mi visita para el otro mes. Así ya habían pasado 2 meses de haber tenido sexo con mi tía y pretendía un round más.

El viernes de esa semana, salí de la facultad, llegue a mi casa y partí hacia la casa de mis primos. Sabía que esta vez no seria como la anterior; mi tío estaría allá, pero también mi primita estaría en casa; esta vez, tenía un pro y un contra. Mi prima es una joven de 19 añitos, 1,60m, rubia como su madre, de ojos marrones, unos pechos firmes y una cola de ensueño.

Luego de caminar 7 cuadras desde la estación de tren, llego a mi destino. Toqué el timbre y me recibió mi primita Jime con un fuerte abrazo, refregándome sus tetas en mi pecho. Pero enseguida llegó mi primo Dani y perdió encanto ese momento. Lo saludé y luego fui a buscar a mi tía. La saludé con una mirada picaresca; estaba tan tentado de hacer más pero estaba en presencia de mis primos. Sin más que hacer, continúe mi visita como siempre hice; pero con un plan en mente. A las 2 horas llegó mi tío del trabajo, cansado por la jornada, nos saludó a todos y subió para darse una ducha. Luego de eso, cenaríamos todos juntos.

Me decidí a poner en marcha mi plan. Cargué la videograbadora, dejé a mi primo chateando en internet y mi primita no salía de su habitación; así que proseguí yendo a cachondear a mi tía. Mientras ella cocinaba, me le acerqué desde atrás y apoyé mi bulto sobre su cola, diciéndole que necesitaba otra vez estar con ella. Me contestó que esta vez no iba a poder ser, ya que su marido estaba en casa y que debía ser más respetuoso con mis manoseos. Pero yo continuaba sobándole los pechos ahora. Me pedía que terminase. Se notaba que tenía miedo, pero en su rostro se notaba que le gustaba. Le pedí unos minutos más, que así tendría algo que recordar antes de irme a dormir.

En menos de 2 minutos después, se escucha a mi tío bajar la escalera. Rápidamente me senté y traté de ocultar la erección, mientras que mi tía se trataba de arreglar un poco. Mi tío tomó por la cintura a mi tía y le dio un gran beso, y mi tía le correspondió ese beso con otro más furioso, demostrando un poco que esa noche quería pasarla bien. Mi plan entraba en acción.

La cena fue normal y tranquila; luego todos tendríamos planes diferentes para esa noche, mi prima se iría a bailar con sus amigas, mis tíos subirían “a dormir” y con mi primo nos quedaríamos abajo jugando con el PlayStation. Antes de que mis tíos subieran, entré a su habitación, y oculté la videocámara. Pretendía grabarlos. Dejé la habitación de mis tíos, y en el medio del pasillo veo salir a mi prima de su cuarto. Vestía una minifalda de jeans, un top negro luciendo un hermoso escote y unos zapatos de taco. Infartante. Le dije que con esa vestimenta mataría a más de uno en el boliche. Ella se reía. Continúe diciéndole que era una pena que no las acompañase. Me contestó “la próxima será”, me besó en la mejilla y bajó la escalera. Entre el terror que me daba que mis tíos encontraran la cámara y la excitación que me provocaba ver a mi primita así, estaba a mil.

Mi tío llevó a mi prima a la casa de su amiga, como mi primo estaba preparando las cosas en el living (el videojuego y unos fernets), insistí con un último esfuerzo de excitar a mi tía. Volví a intentar el mismo juego, pero esta vez, sobando su montecito y dándole un beso en la boca. Fueron unos segundos, y volví al living. Pero sin antes decirle que me encantaría oírla gemir bien alto esa noche. Mi tía solo se mordía el labio.

A los 30 minutos regresó mi tío. Ellos subieron a su habitación y nosotros nos quedamos en el living matando la noche. Ya entradas un par de horas, entre el juego y el alcohol, empezamos a escuchar un par de gemidos provenientes de arriba. Le pedí hacer silencio a Dani, pero él no quería escucharlos. Dani tiene 18 años. Parecido a su padre pero con el cabello rubio, un joven alto y delgado con rasgos bien marcados. Luego de hacer un par de chistes sobre el asunto, le pregunté a Dani cuantas veces los había escuchado. Me dijo que nunca los había escuchado así. Le pregunté si alguna vez se había masturbado pensando en su madre. Me dijo que nunca, que nadie haría eso. Le insistí y me terminó admitiendo que una vez con su madre y otra con su hermana. Le comenté que su madre y su hermana estaban hechas unas mujeres infartantes y que seguramente serían unas bestias en la cama.

Continuamos riendo y pudimos escuchar como terminaban su acto allá arriba. Nos miramos con cara de asombro y dimos un pequeño aplauso felicitándolos en broma, pero no muy alto para que no nos oyeran. El tema, por esa noche, lo dejamos ahí. Pero mi plan ya había dado un nuevo paso. Ya eran las 4 am, decidí irme a dormir, había sido un día agitado. Yo fui directo a un colchón en el suelo en la habitación de Dani y él fue directo al baño. Supongo que estuvo entretenido por un rato, ya que se tardó bastante.

Al despertar, me levanto y me fijo donde estaban las personas de la casa, mi tío estaba preparando un asado, mi tía en la cocina, Dani dormía. Por lo que fui a la habitación de mis tíos, busqué la videograbadora que aun tenía batería. Rebobiné y quise ver lo que se había grabado. Eran imágenes estupendas para la ubicación donde la había dejado. Pero me distrajo la puerta entreabierta del cuarto de Jime. Ella dormía en su cama. Algo destapada y se podían ver sus hermosos y firmes pechos. No pude contenerme, entre el video y el paisaje que tenía al lado mío. Decidí pajearme delante de ella y dejar toda mi leche en su precioso rostro. No podía más conmigo mismo. Que morbosidad me generaba masturbarme frente a su carita inmutable. Descargué dos potentes ráfagas de semen, una sobre su mejilla y nariz y la otra en su frente y pelo.

Salí huyendo como una rata. No sabía como reaccionaria, y tenía el presentimiento de haberme mandado una gran cagada. Era ya pasado el medio día, y el asado ya estaba casi listo. Dani y yo estábamos en el living viendo una película, cuando Jime baja y saluda normalmente, como si nada hubiera pasado, yo en cambio estaba pasmado; temía a su reacción. Para mi suerte, el almuerzo estuvo tranquilo. La tarde estaba cayendo. Intenté continuar mi plan. Empecé a decirle a Dani que lo bien que la pasaron ayer sus padres, por como estaban de humor esa tarde. Al principio no pretendió darme comentario, pero al notar el tono gracioso de la charla entró en tema. Le pregunté que le haría si tuviera la chance de tener sexo con una mujer madura. Me confesó que él, aún, era virgen pero que si tenía la chance de tener sexo con alguien como su madre, que seguro intentaría tener sexo anal. Unos chistes más así y el tema se desvirtuó y terminó en cualquier cosa. Sabía que marchaba bien la cosa, solo era cuestión de esperar.

Mi tío estaba yéndose a ver a su equipo de futbol preferido y volvería alrededor de la media noche; mi prima se iba a la casa de una amiga. Así que mi plan fue tomando vuelo esa noche sin que lo hubiese pretendido. Conecté la videograbadora en la televisión del living y dejé preparado el video. Le dije a mi primo que me iba a bañar, y también si había visto la videograbadora, porque no la había podido encontrar desde ayer a la noche. Antes de subir al primer piso, le digo a mi tía lo bien que se la escuchó la noche anterior; y que eso sería una idea para entretenerme durante mi ducha.

Subí despreocupado y esperé a escondidas que mi primo pusiera el video. Así lo hizo. La grabación estaba en pausa, con mi tía succionando el miembro de mi tío. Dani quedó anonadado. Miraba sin pestañar prácticamente. Lentamente empezó a manosearse. Seguramente los había escuchado, pero visto nunca. Descaradamente empezaba a cascarse. Esperé a que llegara la mejor parte. Mi tío haciéndole la cola a mi tía. El sueño de Dani. Busqué donde estaba mi tía, y tratando de imitar la voz de Dani, la llamé. Cristina fue directa al living.

La imagen fue excelente. Dani masturbándose sin detenerse, sorprendido por su madre, que a su vez no podía creer que estuviera en el video del televisor. Cristina se dio media vuelta con la intención de irse, pero Dani la tomó de la cintura y le pedía que por favor no se vaya; que necesitaba estar con una mujer y que su madre era la que más necesitaba. No pude oírlos, pero mi tía estaba llorando mientras jalaba el pene de Dani. Todo tomaba vuelo. Había conseguido mi nuevo objetivo.

Cris llevó a su hijo al sillón. Dani le levantó el vestido y comenzó a lamer esa concha de penachos rubios. Ella realmente lo estaba disfrutando. Se giró y quedó con su rostro a centímetros del rojo cabezal. Se lo llevó a la boca. Podía a penas distinguirse el rostro de Dani. Estaba en su sueño. Mi visual era fantástica. Podía verlos a ambos disfrutarse el uno al otro. Mi tía se levantó y decidió que ya era hora de desvirgar a Dani. Se sentó de frente a él y lentamente lo llevó dentro de ella. Dani se entretuvo con los pechos de su madre, mientras que ella, empezaba su cabalgata, demostrando lo bien que disfrutaba el incesto con su hijo.

Yo decidí liberar a mi pene de su encierro y comenzar una paja increíble. Sin antes darme cuenta, una voz femenina me dice al oído: “¿Que estás haciendo primi?”

Jime estaba atrás mío y yo con mi verga erecta al desnudo. Jime se asomó para ver lo que estaba espiando y quedó asombrada por lo que estaba viendo. Me miró y me dijo: “¡Son Dani y mamá!”. Solo atiné a retirarla hacia atrás, le hice señas de que no hablara ni los molestara; ella entendió. Ambos nos quedamos mirando la escena. Dani ya estaba detrás de Cristina, en la posición de perrito. Los gemidos de mi tía se hacían cada vez más fuertes a medida de que la brutalidad de Dani aumentaba. No solo era inevitable que continuara masturbándome, sino que al mirar a Jime, ella también lo hacía. Decidí ayudarla, y ella actúo similarmente. Me le acerqué al oído y le dije: “Hoy te dejé un regalito. Ayer me dejaste tan calentito, que te lo merecías. Espero que te haya gustado”. Sin dejar de tocarnos, puso cara de asombrada y me dice: “¿Fuiste vos? Pensé que era papi, siempre me hace cosas así cuando no coge conmigo”.

Ahora el que estaba atónito era yo. Mi tío se cogía a su hija y hasta le lecheaba la cara mientras dormía. Y mi tía, apenas, se estaba cogiendo a mi primo por primera vez.  Jime me agarró de la cara con su otra mano, me dijo que el regalo había estado rico. Me besó y se agachó a comenzar un excelente pete, mientras ninguno de los dos quitaba los ojos de la otra escena. Que sensación increíble. Esa boquita hermosa que tiene recorriendo mi miembro desde la punta hasta casi entera. Con una mano manoseaba mis huevos y con la otra se tocaba ella. Ya no sabía que mirar.

De golpe, Jime me muerde para llamar mi atención, indicándome que vuelva a mirar a mi tía. Ella se estaba quejando de algo pero Dani la forzó un poco. El estaba por penetrar a su madre analmente. Ensalivó sus dedos y lubricó la zona. Mi tía realmente disfrutaba de eso. Cris se sentó encima de Dani nuevamente, pero de espaldas a él. Dani estaba cumpliendo todas sus fantasías.

Cris, entre gemido y gemido, miró directamente al pasillo y observó a su hijita dándole sexo oral a su sobrino. Directamente me miró con cara de reproche. Mi única seña fue mandarle un beso. Ella estaba comprendiendo, su hijo no estaba teniendo sexo con ella de casualidad. Acto seguido, se tornó una yegua. Sus movimientos de cadera sobre Dani eran impresionantes; nos estaba dando un show a Jime y a mí. Estaba a punto de correrme y Jime me dice: “Lo quiero todo, pero todo en mi boquita”. No tardé ni un segundo más; largué toda mi esencia en su boca. Jime me miró y se lo tragó todo, limpiándome los pequeños restos de semen de mi pija.

Dani ya no daba más. Tomó a su madre por la cintura y, aferrándose a ella, acabó dentro de su culo. La expresión de Cristina era increíble. Lujuria neta. Lentamente Dani retiró su pene flácido de la cola de su madre y enseguida comenzó a caer semen de ella. Sin que Dani nos viera, subimos la escalera y Jime me dice “esto lo provocaste vos. Pervertido. Da gusto tener un primito así.” y entró al baño cerrando la puerta con pasador. Fui al cuarto, miré el reloj; mi tío estaba a punto de llegar en cualquier momento.

No solo mi vida había cambiado, también la de mis tíos y mis primos. Estaba feliz.

Gracias por leer. Mis aventuras las continuaré en otro relato.

Muchas Gracias por compartir esto con Uds.

Autor: Gabriel

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Profesor atractivo de 35 años, busca…II

Sergio siguió la plática, y se serenaba y sinceraba más con cada momento que pasaba, y por fin me confesó que esa era la razón por la que se había divorciado de su mujer, ya que en su adolescencia tuvo algunos encuentros homosexuales y que esos “placenteros” recuerdos lo perseguían al punto de volverse loco.

¿Qué fuerza es lo que hace al hombre ir en diferentes direcciones y al mismo tiempo lo mantiene unido?

No podía respirar, no podía pensar, no podía hablar, me estaba retorciendo de desesperación  en mi lugar, era como estar ahogado en un horrible silencio dentro de mí mismo, por paredes castrantes invisibles que contenían mi alma en agonía, y  de pronto esa luz de nuevo, mucha luz…

Los faros de un automóvil estacionándose con las luces altas dieron directamente dentro de la casa, entrando por la ventana al lado del sofá donde me encontraba sentado, pero ahora de pie, esa molesta luz me impedía ver con claridad quién rayos era la joven mujer con la que Sergio había llegado.

La chica era hermosa, de una piel brillante y castaña cabellera, su sonrisa era abrumadora y al entrar Sergio, yo fui el primero al que la presentó, ella sonriente y muy simpática me extendió la mano y yo correspondí a su cortesía devolviéndole el saludo pero esbozando una sonrisa desconocida hasta ese entonces por mí: una sonrisa retadora y en ese instante supe que una feroz lucha por defender mi territorio iba a comenzar.

Su nombre era Lila, y había estando chateando a la par de mí con Sergio todo este tiempo, se conocieron a través de la misma página de contactos donde yo lo encontré y la verdad que nunca pensé que Sergio le ocultara una cosa así a “Gaby” pero después de todo, él solo era un hombre.

Al avanzar la noche los miré desafiante y a la vez amistoso, me sentía totalmente fuera de lugar, una extraña combinación de celos con empatía, si la chica no fuera mi “rival secreta de amores” me hubiera identificado con ella, y hasta formar una bonita amistad.

Mi vaso de tequila amenazaba con terminarse, así que fui a la cocina a servirme otro poco y estando ahí un compañero de clases y de “amores” con el que tuve alguna aventura al iniciar la carrera, se me acercó sigiloso y retador, en un obvio estado de ebriedad y tomándome por los hombros me llevó contra una pared.

-He visto como lo miras cuando crees que nadie te observa- me dijo sujetándome fuertemente y sintiendo su fuerte aliento alcohólico y haciendo derramar mi vaso de tequila con jugo de toronja.

-¿Y a ti que te importa?- mascullé furioso por su no solicitado comentario -¡mucho! Pensé que tú y yo teníamos algo Gabriel, ¡además él nunca podrá ser para ti, siendo un hombre mayor y Hetero! Ja-ja-ja ¿en verdad crees que tienes oportunidad? -Eso es algo que no pienso contestarte, porque no te compete, y no, tú y yo no tenemos nada Luis, aquello fue solo un acostón de borrachera, ¿cuándo vas tú a darte cuenta?

Su respuesta fue un fuerte puñetazo contra la pared a escasos centímetros de mi cara, Luis era un chavo temperamental, además de corpulento y algo fornido ya que entrenaba en el equipo de fútbol de la escuela, y aunque acostarme con él fue uno de mis “logros” personales, desde que Sergio había llegado a mi vida no tuve interés en nadie más, es raro pero solo dos veces en mi vida me he sentido así.

-¿Estás pendejo o que? ¡Ya déjame en paz borracho!- le contesté haciéndolo a un lado y percatándome de que Lila estaba detrás de nosotros y no sabía exactamente el tiempo que llevaba ahí o que había escuchado. -¿Todo bien chicos?- nos preguntó confundida –si, Luis esta algo alucinado je-je-je creo que es mejor que se vaya a su casa- le dije viéndolo a los ojos. -Ok, me llevo estas servilletas- nos dijo regresándose a la sala con Sergio, y yo volviendo con Luis y tratando de suavizar las cosas, le dije que ya estaba muy borracho y que no sabía lo que decía, que al día siguiente no recordaría nada. -Eso crees tu Gabriel, mejor ándate con cuidado tú y tu pinche maestrito de quinta que nadie se burla de mí-

Aventándome con su mano se alejó furioso, y yo me quedé ahí pensando que lo último que necesitaba era un ex amante celoso en mi vida. Luego de eso, rápidamente se me ocurrió esperar hasta que Sergio y Lila se fueran, para pedirle de “favor” que me diera un aventón después de dejarla a ella en su casa y así tener la oportunidad de estar a solas con él y confesarle…. bueno, declararle lo que sentía. Al llegar el momento indicado, cuando Sergio y Lila empezaron a despedirse le pedí el favor a Sergio delante de Lila sabiendo que no se negaría, y él un poco desganado aceptó. Después de un incómodo silencio en el auto con ellos dos y al llegar a casa de Lila, Sergio se bajó del carro con ella y entre sombras desde el coche pude distinguir que se dieron un tierno y tímido beso, -¡ah! así que esto es lo que se siente la rabia de los celos- me dije a mí mismo en voz baja.

Sergio volvió al auto y lo arrancó, íbamos platicando de trivialidades y de pronto se me ocurrió invitarlo a un bar que quedaba cerca y poder seguir un rato más la juerga, Sergio titubeó un poco, pero al final aceptó ir conmigo y echarse unas cervezas, a final de cuentas apenas eran las 12:30 de la noche y…. mi juego comenzaba.

Llegamos al bar “33” y nos sentamos en un cómodo sillón, y a lo largo del lugar se escuchaba “Love fool” de The Cardigans, un suave viento soplaba en la terraza donde estábamos instalados y la embrujadora melodía seguía su curso: “love me love me, ¡say that you love me!”

Tomamos una cerveza y los vientos amainaron, para cuando íbamos por la tercera los ánimos y las risas treparon por nuestras felices gargantas, y todo era un ¡salud! después del otro. Para ese entonces por fin me animé a preguntar: -¿así que….tu y Lila eh? ¿llevan mucho tiempo saliendo?- no mucho- me contestó animado, -no sé en realidad si sea para mí, no tenemos mucho en común, pero bueno….he estado mucho tiempo a dieta- esbozando una maliciosa y sexy sonrisa al final de su oración.

Nada hasta este momento ni sus gestos, ni un movimiento en falso, ni siquiera alguna palabra en doble sentido, me hacían pensar que tenía alguna oportunidad con él, y mi paciencia comenzaba a terminarse. Así que mi única oportunidad era el viejo truco del alcohol.

Las rondas de cerveza no pararon, y al final estábamos junto a otro grupo de amigos brindando abrazados y saltando al ritmo de una alegre canción de fiesta, descubrí en ese momento que Sergio no era tan aburrido como él mismo pretendía aparentar, y que con unas copas de más, su lado festivo se ponía en evidencia. Sergio me abrazaba y pasando uno de sus brazos por mi nuca, yo podía sentir su aroma, era embriagante, un macho en toda su gloria. Poco a poco el otro grupo regresó a su mesa y algunos comenzaban a despedirse y nosotros volvimos a nuestros asientos a pagar la cuenta. Al final de la velada y animándome a ganar o perderlo todo me animé a ejecutar el plan B y me ofrecí a manejar y a llevarlo a su casa, la suerte estaba echada….

“Y me lanzo a la media noche como voy, hoy voy a verte voy a sentirte….hoy me decido te voy a amar….voy a dejarte huellas en la intimidad”

Eran las palabras que una noventera Thalía cantaba con chaqueta de cuero negro y pelo alborotado, las cuales nos despedían del lugar. Sergio se tambaleaba y a duras penas pudo subir al auto, se reía solo y se quedaba viendo el piso, sentado en el asiento del copiloto, mientras yo arrancaba el coche. En el camino Sergio dormitaba o despertaba de repente riéndose y diciendo que yo era un buen amigo, y de pronto posó una mano sobre mi pierna y comenzó a acariciarla. Yo sintiendo la suave brisa de verano rozando mi rostro, me armé de valor y le dije a quemarropa:

-Me he enamorado de ti, soy gay, tal vez eso ya lo sepas y sabiendo que no tengo oportunidad te lo confieso, porque ya no puedo guardármelo más-

No cabe duda que el tiempo es relativo, debieron pasar tan sólo unos segundos, pero para mí el tiempo se detuvo en una repetitiva agonía desesperante, como preparando mi alma para lo que vendría después cuando quedaría atrapado en aquella presa. Sergio no se inmutó, solo posó sobre mi una tierna mirada y sonriendo volteó su cabeza hacia la ventanilla del coche, yo sin saber reaccionar seguí conduciendo y al llegar a su casa lo ayudé a entrar y luego en su recámara a desvestirse acostado en su cama.

Mi corazón palpitaba a mil por hora al ir descubriendo lentamente cada parte de su anatomía, primero fue su camisa y pude deleitarme la vista con su pecho y axilas peludas, un abdomen peludo y marcado, y el camino que lleva a la perdición. Luego retiré los zapatos y los calcetines y sus peludos y blancos pies quedaron al descubierto, al final tragando saliva y ocultando mi erección, desabroché su pantalón de mezclilla y haciendo unas maniobras propias de un circo pude quitárselo, no sin antes dejar su ropa interior a medio bajar, por los jaloneos. Una sexy pelambrera púbica quedó al descubierto cuando sus cachondísima y muy masculina trusa negra quedó a medio bajar.

Sergio dormitaba profundamente y yo acercándome lentamente a él comencé a acariciar su peludo pecho sintiendo la tibieza de su piel. Rocé mis labios gentilmente por todo el vello de su cuerpo, sintiendo su aspereza, su suave tacto, y su aroma de hombre de campo.

Lo besé tiernamente en el cuello, pasando mi lengua a lo ancho y largo de su peludo pecho, le acariciaba suavemente sus genitales por encima de la trusa y podía sentir la calidez de sus gordos testículos, su verga comenzaba a despertar y cuando pude darme cuenta ya estaba más dura que el acero, asomándose cachondamente fuera de su ropa interior. Sergio me tomó con una de sus manos mi nuca y mi cabeza bajando suavemente hacia su ombligo, todo parecía indicar que mi maduro profesor deseaba una mamada a su verga.

Cuando estuve a tan sólo unos centímetros de su grueso pene, un aroma a macho caliente me inundó los sentidos, lo primero que hice fue saborear la piel de su peludo escroto con la punta de mi lengua, pasándola  una y otra y otra vez por sus gordas pelotas y con una mano meneando suavemente su gruesísima verga erecta, y pude sentir con la punta de mis dedos el viscoso líquido pre seminal que babeaba abundante. Sergio gemía calladamente de una manera tan masculina que pensé que yo mismo tendría un orgasmo, siempre me ha dado placer al darle placer a otros.

-Mmmm ¡así mi vida!- jadeaba frenético en un paroxismo de placer,  y mis errantes lengüetazos se volvieron más y más agresivos por todo su escroto su verga y el camino que llevaba a la raja peluda de entre sus nalgas.

Sergio mordía la almohada y relamía su bícep derecho como queriendo besar a alguien en un total estado de excitación y movía sus caderas de arriba abajo como imitando una ruda penetración, yo por mi parte succionaba con toda mi alma su ensalivada verga. Sobaba sus gordas pelotas y las lamía en su totalidad y luego volvía a su mojada verga y la mamaba con todas mis ganas saboreando el rico palo de carne.

Cuando Sergio anunció su venida me tomó por completo de sorpresa, pensé que todavía se tardaría un poco más y apenas estaba sacando mi propia verga de su encierro para poder masturbarme, cuando fuertes trallazos de leche blanca, espesa y ardiente, cayeron directamente en lo más profundo de mi garganta, aquél néctar divino sabía al mejor manjar del mundo, me devoré como loco su espesa leche cremosa y salada, y cuando mi maduro amante por fin terminó de venirse, yo aún continué un poco más lamiendo y relamiendo su vibrante masculinidad peluda, limpiando cualquier resto de su pastoso semen.

Después de esto Sergio quedó completamente dormido, relajado hasta el último de sus fuertes músculos, se desvaneció inconsciente con los brazos y piernas abiertas en su cama matrimonial. Yo me desnudé por completo y terminé de masturbarme con el sabor fuerte de su semen aún en mi boca, limpié la mancha y quise recostarme en su peludo pecho y dormité unos momentos, y esa primera sensación de su cuerpo peludo acariciado por mis manos, se quedó como una fotografía en el baúl de mis recuerdos.

Algo me despertó de pronto e incorporándome me percaté que Sergio aún dormía plácidamente, vi el reloj el cual marcaba las 5:36 de la mañana y luego de levantarme, encendí la pantalla de su computadora, para poder mandar un e-mail a mi hermano que lo checaba muy temprano en la mañana e informarle que me había quedado en casa de un amigo a dormir, para que pudiera avisarle a mis padres y estos no se preocuparan.

Pero antes, algo llamó mi atención era una carpeta llena con fotografías de culos de hombres de todo tipo: peludos y lampiños, rasurados, fuertes, musculosos, delgados, gordos y blancos. Mis ojos no daban crédito a lo que veía, ¡Sergio tenía un fetiche por culos de hombres! Y luego de la espectacular mamada que me dejó regalarle, de pronto y para mi enorme alegría puse en duda su sexualidad. Mandé el correo, apagué la pantalla y regresé a la cama y abracé nuevamente al motivo de mis desvelos y fantasías.

Cuando sonó el teléfono al otro día, el sonido me despertó bruscamente y cuando busqué mi reloj para ver la hora, no podía creer que eran ¡las 7  de la noche! Me levanté asustado y vi que Sergio ya no estaba a mi lado, me vestí rápidamente y me dirigí al baño, luego me lo llamé por toda la casa y lo vi cómodamente sentado en la sala sin camisa y con unas largas bermudas viendo un partido de fútbol.

-Hola- atiné a decir aliviado de verlo en la casa, -hola- me respondió a secas posando brevemente su mirada en mis ojos, y al instante siguiente volviendo a dirigirla hacia la televisión. -Se hizo tarde ¿eh?- volví a dirigirle la palabra, -si- contestó nuevamente sin ahondar en otros temas, -será mejor que te lleve a tu casa, tendrás cosas que hacer ¿no? ¿quieres darte un baño antes?- me preguntó por fin con una gran naturalidad.

Titubeé un torpe si, y me dirigí a su baño y me duché pensando en que decirle, si tal vez no recordaba nada de lo que habíamos hecho la noche anterior, o si estaba confundido, cuando estuve listo y totalmente limpio me presenté de nuevo ante él y ahora Sergio llevaba una camisa sin mangas de color negro dejando ver su hermosa alfombra peluda sobre su pecho y unos shorts del mismo color que contrastaban con su hermosa piel de leche.

-¿Nos vamos?- me preguntó impaciente, -si, vamos que es tarde- le dije abriendo la puerta de su casa y dirigiéndome al exterior.

La noche era estrellada y la luna se asomaba menguante de entre las nubes grises, que comenzaban a formarse, y me percaté de un halo de humedad, cuando el suave olor a tierra mojada halagaba mi sentido del olfato.

Nos subimos al auto sin hablar palabra alguna, y su silencio me estaba matando así que por fin me animé a decir:

-¿Sergio, te acuerdas de algo de lo que paso anoche? ¿qué opinas sobre eso?…. ¿recuerdas algo?…. mmmm ¿lo que sea?….contéstame por favor.

Sergio seguía manejando en silencio y cuando paró en un semáforo, no aguanté más e inclinándome a su asiento lo besé tierna y tímidamente, él sin siquiera inmutarse con su mirada perdida y su boca cerrada no me apartó, sino que avivando mi desesperación dejó que lo besara, y de pronto comenzó a corresponderme cerrando sus ojos y me quitó el aliento con un beso profundo, apasionado y tan lleno de su alma. Y casi al instante siguiente me apartó diciéndome que esto no estaba bien y que la noche anterior había tomado demasiado.

Continuó la marcha hacia mi casa y cuando llegamos a la puerta le dije que me diera otro beso que ya no podía vivir sin él y comencé a besar su cuello con desesperación chupándole levemente su masculina piel y con otra mano metiéndola por su playera sin mangas acariciando suavemente su velludo pecho. Él jadeando de placer, se dejaba hacer y yo aprovechando la situación desabroche su short y al tocar por encima de su trusa mi corazón palpitó muy agitado al comprobar que tenía una hermosa y potente erección. En eso me tomó con sus fuertes brazos por debajo de los míos e hizo sentarme encima de él, besándonos apasionadamente como si el mañana fuera un mito de leyenda.

Me quitó la playera y al descubrir mis rosados pezones los mordió fuertemente y luego los lamió delicadamente como reparando el castigo de sus dientes. Siguió lamiendo mi cuello y pezones de una manera que me hacía gemir calladamente de placer, la calle enfrente de mi casa estaba oscura y vacía y eso nos daba abrigo y el escondite perfecto.

En un hábil movimiento nos cambió al lugar del copiloto y haciéndome subir al tablero, me sentó en él e hizo que me recargara sobre mis codos y desabrochó mi pantalón bajándolo con todo y trusa hasta mis tobillos y elevando mis piernas tomándolas por las pantorrillas mi rosado ojete quedó a escasos centímetros de su cara.

Él dándome una mirada lujuriosa por unos segundos, sacó la lengua y la posó directamente en mi palpitante hoyo rosadito y lampiño, sus lengüetazos iban en aumento y mi agujerito quedaba húmedo y más abierto cada vez, yo en estos momentos gemía como loco y arañaba el tablero, el toldo y todo lo que se me pusiera enfrente, estaba en el limbo del placer.

Con una mano mantenía elevadas mis dos piernas y con la otra se jalaba el tronco de su verga furiosamente mientras que su lengua hurgaba más y más profundo la más secreta intimidad de mi agujero.

En eso me bajó a su regazo nuevamente y por unos segundos sentí la enorme cabeza de su gordo rabo tratando de penetrar mi culo y cuando siento que la punta de su gran cabeza entra borrando los pliegues de mi ano penetrándolo, Sergio mete su lengua en mi boca y por unos instantes sentí el sabor de mi propia raja del culo todavía presente en sus labios. Y así sin más habiéndome penetrado con solo la cabeza de su verga Sergio me apartó de pronto y me hizo a un lado, y vistiéndose me dijo que me bajara del carro.

Yo confundidísimo me vestí rápidamente y saliendo por la puerta del copiloto Sergio se acercó a la puerta del volante donde me había quedado y la abrió, esperando que yo saliera y cuando lo hice rocé con mi boca delicadamente su cuello, Sergio se estremeció levemente y tomando el volante arrancó inesperadamente su auto, dejándome confundido, solitario en medio de la calle y caliente.

Su extraña actitud había dejado mi mente nublada y confundida, no sabía que hacer y espere unos instantes antes de darme cuenta que tenía un leve ardor en mi culo, que comenzaba a llover, que no sabía que podía oír los latidos de mi propio corazón,  y que todos los pensamientos contradictorios de furia llegaban demasiado tarde porque estaba perdida e irrevocablemente enamorado de él.

“Esta mañana ya no es igual, hoy no soporto sin ti despertar, duele mi miedo, tu indecisión, duelen las horas sin tu amor….pídeme tiempo para pensar, pero no; no te alejes.” “atrévete a quedarte conmigo, yo te aseguro que soy tu destino….¡quédate conmigo!”

Eran las palabras de la canción “Quédate conmigo” de Janette Chao, las que me hacían abrir los ojos a la mañana siguiente después de un sueño profundo,  provenientes del despertador de mi estéreo y concordaban exactamente con el estado caótico en el que se encontraba mi mente.

Me percaté sorprendido que una gran mancha de semen seca estaba en mi ropa interior, y recordando el sueño más hermoso que he tenido con Sergio, en el cual ataviado de una playera negra ajustada y jeans azules, llegaba por mí en una espectacular motocicleta nueva, y me hacía manejar su vehículo pegado a mis nalgas y sintiendo el palpitante bulto de su verga contra éstas, me hacía venir de una manera deliciosa.

Creo que mi cuerpo reaccionó a la gran calentura que mi maduro profesor había dejado en mi al no completar la relación sexual, dejando mi cuerpo y mis ganas bramando de deseo. Todo el día de ese domingo me la pasé pensando en él, y el tiempo alternaba en secuencias de rapidez y lentitud, haciéndome perder la concentración de la tarea que debía entregar la mañana siguiente.

Al otro día al terminar las clases me decidí a enfrentarlo, venía caminando por un solitario pasillo, y al verme parado en el aula vacía pasó de largo sin saludarme y yo decidido le hable: -¡sé que sientes algo por mí! Ayer lo sentí en ese beso que me diste, ¿por qué te empeñas en negar tu sexualidad? ¿por qué la reprimes?-  Sergio se detuvo en seco y continuó dándome la espalda por unos instantes.

Se volvió hacia mí y furioso me tomó de una de mis muñecas y sujetándome fuertemente me dijo: -¡porque esto no está bien! ¡soy tu profesor, cabrón! ¡con una chingada! ¿no puedes simplemente dejar las cosas así? ¡me puedes meter en muchos problemas! -¿eso es todo lo que te importa? ¿los problemas que puedas tener? ¿y por eso vas a reprimirte? El sábado correspondiste a mis besos de una manera tan sincera que supe en ese momento que nunca te he sido indiferente ¡que también me deseas! -te recuerdo que soy mayor de edad, que nadie se tiene que enterar de esto, que tal vez podamos llegar a… – me frenó en ese momento mis palabras y de pronto me dijo: -¿llegar a que? No sueñes niño, esto fue un error y no volverá a repetirse, ¡nunca pasó! ¿ok? Ahora déjame tranquilo y sigamos con la relación alumno-profesor como si nada ¿de acuerdo?- me dijo en un tono tan sincero y firme que reprimió la salida de una de mis lagrimas.

-¿De acuerdo?- insistió ahora de una manera más serena, con una angustia reflejada en su guapo rostro- de acuerdo- le contesté dándome la media vuelta y regresando a mi aula escuché sus pasos alejarse.

Pasaron los días y las semanas y Sergio llegaba a su clase y la impartía como si nada, pero de vez en vez cuando nos dictaba algún tema y yo agachaba la cabeza para transcribir sus palabras en mi laptop sentía su mirada taladrándome el alma. Una tarde mientras escuchaba “Me cuesta tanto olvidarte” del grupo Mecano, en mi computadora, súbitamente recordé a mi alias olvidado “Gaby” y a la cuenta de Hotmail que creé con el propósito de enamorar a mi profesor, y cuando ingresé, mi sorpresa sería enorme al descubrir varios correos de Sergio sin leer.

Los abrí uno a uno rápidamente en el orden en el que llegaron y los devoré ansioso, y mi corazón latió fuertemente al leer en el último correo que extrañaba chatear conmigo y que cuando viera esto me conectara, ya que tenía que contarme algunas cosas de su vida y no sabía con quién desahogarse. Esa noche me conecté usando el alias de “Gaby” y al poco rato lo hizo también mi amado profesor de Física.

La plática comenzó con los típicos ¿cómo estás?  y te extrañe mucho, cuando Sergio se puso serio y me dijo que ojalá no me decepcionara por lo que iba a contarme, pero que había tenido un encuentro sexual con un chico menor que él, que se sentía confundido, que le costaba tanto decirme esto, pero que era una experiencia que lo había marcado.

Yo me quedé atónito a lo que estaban leyendo mis ojos, ¡mi corazón sentía que después de todo tal vez tendría una oportunidad con él! Y haciendo uso de mis mejores consejos psicológicos que mis 19 años podían permitirme hacer, lo escuché pacientemente, lo dejé desahogarse y por fin le dije que, si bien me sorprendía en gran manera, no era yo “la indicada” para juzgarlo y que lo mejor que podía hacer era hablar con “el chico” y hacer un esfuerzo por sincerarse con él mismo y definir su situación, a nadie le gustan las “ambigüedades”

Sergio siguió la plática, y se serenaba y sinceraba más con cada momento que pasaba, y por fin me confesó que esa era la razón por la que se había divorciado de su mujer, ya que en su adolescencia tuvo algunos encuentros homosexuales y que esos “placenteros” recuerdos lo perseguían al punto de volverse loco.

+Ella por supuesto no lo perdonó, y lo abandonó hace años, y que ya siendo soltero no se animó nunca a volver a tener nada con otro hombre hasta que conoció a mi “tocayo” Gabriel.

También le contó que recientemente salía con una mujer llamada Lila, y que no sabía porqué diablos trataba de enmendar su camino con ella, si sabía perfectamente que aunque le atraía sexualmente también lo hacían los hombres y que no podía soportar el hecho de que estaría muy tentado a engañarla con alguno si su relación se formalizaba, así que había decidido hablar con ella y terminar su romance. Yo comportándome como “una buena amiga” lo dejé hablar por horas hasta que las 4 de la mañana nos sorprendieron y al despedirnos nos fuimos a dormir, yo con una enorme sonrisa en mi rostro.

El final del ciclo escolar al igual que mi cumpleaños se acercaban, y decidí organizar con unos amigos una fiesta para celebrar mi onomástico y el final de cursos. Dos días antes de que finalizara el semestre, llegué al escritorio donde estaba Sergio sentado revisando unos exámenes y sin decirle nada le dejé una invitación para ese fin de semana con motivo de mi fiesta, él sorprendido la tomó en sus manos y yo con una sonrisa le dije que esperaba que fuera y salí del salón. Junto con unos buenos amigos organizamos mi fiesta en casa de uno de ellos y ese día ultimando detalles, inflábamos globos y acomodábamos los snacks en las mesas.

“Give it to me” de Madonna retumbaba en toda la casa, cuando los invitados comenzaban a llegar.

Sinceramente jamás imaginé que Sergio fuera a ir a mi fiesta, una cosa era lo que le había contado  a “Gaby” y otra muy diferente que algún día se animara a hacerlo, así que traté de divertirme sin la sombra de su recuerdo por una noche. Y de pronto cruzando la puerta del jardín llegó corriendo con un regalo en sus manos y usándolo como protección para los aspersores de agua que en ese momento se encendieron mojándolo suavemente.

La escena la viví como en cámara lenta, viendo la totalidad de este hombre representando para mi la perfección masculina. Sonriendo llegó apenas mojado y riendo ambos nerviosos sin saber que decir, tan sólo atinó a regalarme el más increíble de los abrazos, enloqueciendo mis sentidos, y atesorando ese bello momento hasta el final de mis días. Y así como así, le gente iba y venía al ritmo eterno de la música, los tragos, las risas y cuando Sergio me regaló la más hermosa de las sonrisas desde la mesa de bocadillos donde platicaba con unos alumnos, pensé que la vida no podía ser mejor, viví uno de los mejores cumpleaños de mi vida.

Estaba a punto de ir a su lado y tal vez poder platicar sobre nosotros cuando la presión de una fuerte mano contra mi boca y otra contra mi cuello sujetándome, hizo desorbitar mis ojos de miedo, cuando comenzó a empujarme hacia un cuarto alejado del resto de la casa y un atemorizante shhhhh me indicaba que esto no era una broma…..

Continuará…

Autor: BABYBOY

israboston@hotmail.com

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Profesor atractivo de 35 años, busca…

Yo lo miraba extasiado y cuando descubría alguna mirada incómoda de su parte, me disculpaba diciendo que estaba cansado, nunca noté ninguna tendencia gay en su persona y me sentía desesperado porque mis esfuerzos por conquistarlo, como los detalles que le regalaba de vez en cuando o mi rápido e “inusual” aprovechamiento en clase, resultaban fallidos.

¿Qué fuerza es lo que hace al hombre ir en diferentes direcciones?

La confusa carretera de mis emociones lucía devastada,  el sinuoso y mojado camino por el que venía conduciendo frente a mí, hacía juego con mi corazón marchito. La tarde era lluviosa y gris, a mi derecha: una verde pradera, coronada por majestuosas montañas de color azul distante, un paisaje hermoso dibujado por maestras pinceladas, a mi izquierda: una frágil presa a medio construir, y frente a mí: mis desolados pensamientos, el viejo camino y melancolía.

Las gotas de lluvia en mi parabrisas me impedían ver con claridad, y mis lágrimas tampoco eran de gran ayuda, y cuando alcé la vista un irradiante y multicolor arcoíris como pintado a mano sobre el cielo taciturno, iluminó brevemente mi interior, como un faro encendido a lo lejos en una noche de tormenta.Y entonces al igual que ese pacto divino para con los hombres que es el arcoíris, recordé la promesa que nos hicimos alguna vez, de no separarnos jamás.

Dos caminos se distinguen en la distancia, el de la derecha me lleva a una vida diferente lejos del amor frustrado de mi vida, y el de la izquierda de regreso a él, ¿qué camino debo tomar? Giré el volante en la dirección correcta, cuando de pronto un estruendo enorme abrumó el ambiente, rocas cayendo sobre mi auto, agua; muchísima agua entrando, ¡estoy asustado! ¡No puedo salir! Un golpe en mi cabeza, y de la nada, una extraña luz mucha luz….

-¿Podrías apagar esa luz por favor?- le dije a mi pareja molesto porque a la mañana siguiente debía presentar mi examen final y la luz de la computadora no me estaba ayudando a conciliar el sueño. -Claro que sí nene, no es mi intención molestarte- me respondió mi maduro amante.

Su nombre era Sergio, y había sido mi profesor de física en la universidad, era un hombre maduro, alto e interesante, con unas incipientes entradas en su frente que lo obligaban a traer el pelo casi a rapa, pero el cual le otorgaba un look, arrollador, varonil y terriblemente sexy, una hermosa piel bronceada, que recordaba el tipo de hombre italiano, su barba cerrada, unos ojos color miel, grandes y expresivos coronados por unas cejas pobladas, una boca pequeña, con un lunar debajo de su ojo izquierdo que le daba un toque inocente, y su cuerpo….no hay palabras para describir ese cuerpo que tantas noches me hizo enloquecer en la intimidad, peludo hasta los huevos, dotado de un pene más pequeño que el largo normal, tal vez de 15 cms., pero tan grueso que lo hacía lucir enorme, unos brazos marcados y un par de piernas de ciclista, con un trasero firme y socarrón, y una sonrisa burlona y retadora.

No fue nada fácil hacer mi sueño realidad de dormir cada noche abrazado a su peludo pecho, ya que él alguna vez caminó por la vida como un hombre heterosexual, pero esta historia al igual que el que pensé que era el final de mi vida, no comienza aquí.

Nunca en mi existencia había sentido tal pasión por alguien, como la que sentí por Sergio en cuanto lo vi cruzar la puerta del aula de clases, la mañana de ese lunes de abril. Llegó puntual y pulcro, con unos jeans oscuros y una camisa de vestir azul celeste, y el aroma fresco a recién bañado de su elegante loción inundó mis sentidos.

Sergio había llegado de la ciudad de Monterrey Nuevo León, México a impartir la materia de Física II en mi universidad, luego de presentarse y amenizar con unos cuantos chistes nuestra primera clase, mi nuevo profesor impartió su materia, y en el transcurso de esa hora, tan sólo pude concentrarme unos minutos, porque mi mente se la pasó divagando imaginándolo desnudo. Yo era un chico de 19 años atractivo a mi manera, me llamo Gabriel, y mi fama de rompecorazones con los chicos gay, se vio destruida porque en cuanto supe de la existencia de este adonis, jamás pude ser el mismo.

Recuerdo que por aquella época no tenía definido casi ningún rasgo de mi personalidad, era inestable, rebelde e irrespetuoso, me gustaban las chicas que parecían chicos, y los chicos que parecían chicas, nada llenaba el vacío de mi interior, pero cualquier duda e inseguridad se disipaba cuando mi guapo profesor llegaba a su clase.

Las chicas de mi salón morían por él, y cuando veían entrar al “peloncito guapo” al aula, un silencio se creaba en el ambiente, varias veces las escuché decir que muchas se calentaban con él y que se imaginaban tenerlo en la cama. Yo inteligente y astuto para conseguir lo que quería, ideé un plan para estar a solas con Sergio algunas horas extras a la semana, fingiendo no entender los problemas de su clase, y él pacientemente me explicaba una y otra vez a la salida de la escuela.

Yo lo miraba extasiado y cuando descubría alguna mirada incómoda de su parte, me disculpaba diciendo que estaba cansado, nunca noté ninguna tendencia gay en su persona y me sentía desesperado porque mis esfuerzos por conquistarlo, como los detalles que le regalaba de vez en cuando o mi rápido e “inusual” aprovechamiento en clase, resultaban fallidos.

Había algo en su arrasadora personalidad que me hacía querer ser mejor persona, y pronto olvidé mis borracheras de fines de semana y comencé a tomar con más constancia mis estudios, y mi pasión más grande: el ciclismo de montaña, el cual después de llevarme la grata sorpresa de que Sergio también disfrutaba grandemente esta actividad, la realizaba con más entusiasmo.

Le dije a mi profesor que yo practicaba este deporte, por un hermoso camino en medio de un bosque pequeño y un río en mi comunidad y que estaba cordialmente invitado a acompañarme los fines de semana y él aceptó gustoso mi invitación, por lo que cada sábado en la mañana, tomábamos nuestras bicicletas y emprendíamos el camino de dos horas y media de ida y de regreso.

Por ese tiempo conocí que era divorciado y que no tenía hijos, que le gustaba la natación la caminata y el ciclismo, que nunca había sido muy noviero en su juventud, que le fascinaba el helado de chocolate con nuez y que uno de sus placeres ocultos era hacer bolitas sus mocos y aventarlos contra la ventana. Su sencillez, su imponente presencia, su sentido del humor y su elocuencia, me tenían totalmente enamorado de él, y cada noche le dedicaba una deliciosa puñeta en la soledad de mi recámara.

En una ocasión lo vi orinando detrás de un árbol y al salir de éste pude ver por unos instantes la gorda y circuncidada cabeza de su pene, de un color rosa pálido, con una mata de pelo rebelde y sensual, y cuando se subió su short el impactante bulto de su verga y sus gordas pelotas resaltaba mucho detrás de la prenda de licra para ciclista. Pero cada vez que tocaba algún tema homosexual, Sergio parecía incomodarse con la platica y rápidamente cambiaba el asunto y se las ingeniaba para convertirlo en un chiste, esta situación me confundía en ocasiones y en otras me dejaba dudando de su condición. Así seguían mis días añorando su presencia por las tardes, y anhelando que el fin de semana llegara para poder verlo en su ajustada ropa de deporte, y la visión de su pene mientras orinaba me volvía loco y seguía fresca en mi memoria.

Luego de un tiempo de conocerlo y por azares del destino, una tarde me puse a navegar por internet, en una página de contactos personales para encontrar pareja, me gustaba leer los perfiles de hombres heterosexuales guapos, y de pronto encontré uno que me pareció muy familiar y que decía: Profesor atractivo de 35 años, tranquilo y sin vicios, amante del chocolate con nuez, del ciclismo y la vida al aire libre, busca mujer de 25 a 34 años para relación estable. No tenía fotografía, pero con esa descripción estaba casi seguro que se trataba de mi profesor de Física, y de pronto tuve la idea de hacerme pasar por una mujer y escribirle al correo que dejaba en su perfil.

Esa noche de sábado, agregué a mi mensajero la dirección de este hombre esperando que fuera mi profesor, y así poder seducirlo chateando con él haciéndome pasar por una joven mujer, conseguí fotografías de una chica común pero linda y me inventé una nueva vida afín a la de mi maduro y atractivo amor platónico. Estaba a punto de retirarme y apagar la computadora, cuando el misterioso hombre ingresó a internet, y después de presentarme y explicarle que había tomado su correo electrónico en respuesta de su anuncio, mi nuevo contacto puso su fotografía en la ventana del chat y mi corazón dio un vuelco de alegría: efectivamente se trataba de Sergio. Luego de una interminable plática, salpicada de risas, chistes y profundos temas personales y de la vida, el amanecer nos sorprendió conectados a la computadora y antes de irnos a tomar un descanso, Sergio me dijo que yo era “una mujer bella, con bonitos sentimientos, inteligente y muy agradable”

Pasaron los días y las semanas y casi todas las noches “Gaby” mi seudónimo femenino, tomaba vida y chateaba con Sergio de mil cosas y cada vez sentíamos que había mucha química entre nosotros, y cuando mi profesor y yo salíamos a hacer deporte los fines de semana, me contaba sobre Gaby y de lo bien que se sentía platicando con ella, y yo sólo podía sonreír secretamente. Una noche de verano, después de platicar algunos temas superficiales, la plática con Sergio comenzó a ponerse picante, e inocentemente yo le hacía preguntas como: -¿cómo un hombre tan viril y atractivo como tu, esta solo? me encantaría enamorarme de alguien como tu para cumplir sus fantasías más secretas cada noche en la cama-

Sergio comenzaba a excitarse, cayendo en mi trampa de mujer inocente y sumisa, cuando la plática llegó al punto de que Sergio me pregunto si tenía web cam, a lo cual respondí que no pero que si le gustaría ver unas fotos atrevidas mías. Mi maduro cyber-amante contesto que sí, y que si no me molestaba lo que íbamos a hacer, él pondría su web cam para poder masturbarse frente a mí. Afortunadamente encontré muchas fotos de la misma chica pero desnuda por la que me hacía pasar, en un blog que encontré de esta joven que vivía en otro estado de la república Mexicana. Cuando Sergio encendió su cámara, lo primero que vi fue su peludo pecho desnudo, y su fuerte y varonil mano acariciándose sensualmente, llevaba un short corto de color amarillo, que dejaba ver su verga erecta y sus peludas y musculosas piernas.

-¡Oh, mi amor! Me excité inmediatamente al verte con tu pecho desnudo, me sentí toda húmeda de mi cuevita- le escribí comenzando a sobar mi propia y erecta verga. -Envíame una foto sexy tuya mi reina, que quiero ver esa vaginita y tus hermosos pechitos de nena-  me ordenó mi profesor, y enseguida le mandé una foto donde aparecía esta chica desnuda de la cintura para arriba mostrando sus senos y sus rosados pezones, muy sonriente sentada con las piernas cruzadas sobre su cama.

-Ahhhh, ¡cosita linda! ¡Mira nada más que ricas tetitas!- fue su respuesta después de ver la fotografía, frotándose fuertemente su hinchado bulto. -¿Te gusta papi? Tengo muchísimas fotos más y más atrevidas que puedo mostrarte pero a mi también me gustaría ver más de ti- le dije adivinando que su respuesta sería quitarse su short y enseñarme por fin esa verga en total estado de erección, que tanto anhelaba ver.

Pero estaba muy equivocado ya que mi guapo profesor no solo no descubrió su paquete sino que se anudó una toalla a la cintura como esperando ver cual sería mi reacción. Yo sin dudarlo un segundo le pregunté de la manera más cachonda que pude: -¿qué haces papito? Pensé que te quitarías ese short para poder ver tus atributos de macho. Y enseguida se puso de pie y sin sacarse su toalla se quitó los shorts amarillos por debajo y con una sonrisa me los mostró por la web cam.

-¡Eso es jugar sucio mi amor!- le contesté muy caliente, y de este lado mi verga estaba a punto de estallar de deseo.

Volvió a sentarse sobando su hinchado paquete por encima de la toalla y de vez en vez me hacía sufrir subiendo un poco la toalla y dejándome ver sus peludos y musculosos muslos. Como no hacía nada más que sonreír, rápidamente busqué una fotografía más reveladora, donde la chica está de espaldas con sus brazos cruzados totalmente desnuda y mostrando su gran culo.

Se la envié y él al recibirla sonrió aun más complacido, y me dijo que me estaba portando muy bien y que ahora podría enseñarme un poco más de su anatomía. Ahora subió un poco más su toalla y una gorda pelota peluda se asomó por unos instantes, yo estaba que reventaba de placer masturbándome frenéticamente, y luego de volver a taparse con la toalla me dijo que tendría que enviar fotos más comprometedoras. No pude más y le envíe la foto de esta chica totalmente desnuda sentada sobre su cama con la cabeza echada hacia atrás y sus piernas abiertas mostrando en todo su esplendor la raja depilada.

Su respuesta fue un marcado ¡uff! Y después de esto se quitó lentamente la toalla y al quedar su gordo palo peludo al descubierto puso sus manos en la cintura y sonriendo me preguntó que qué me parecía. ¡No podía creer lo que estaba viendo! ¡Mi guapo profesor mostrándome su peludo cuerpo frente a mi monitor! Yo casi al punto del orgasmo comencé a tomar fotografías de tan placentero espectáculo con un programa que tengo de computadora, para poder guardar la visión de mi profesor totalmente desnudo con su verga y gordos testículos al descubierto.

-¿Es lo que esperabas mi reina? Quiero saber si te la tragarías entera por esa vaginita de nena puta insaciable que tienes-

Tan solo pude responder un larguísimo –siiiiiiiiiiiiiii- y luego sobándose sus peludos testículos se puso otra vez de pie y se puso de espaldas dejándome ver su trasero peludo y blanco, se notaba que se había bronceado ya que el color claro de sus nalgas resaltaban muchísimo más del resto de su cuerpo bronceado. Luego subió una pierna a su silla y comenzó a masturbarse, yo veía sus gordos huevos colgando entre sus piernas debajo de su hermoso culo de macho dominante. Sus bolas se tambaleaban por aquí y por allá mientras jalaba el capullo de su chica pero gruesísima verga erecta.

Yo le lanzaba frases como: -¡Estoy toda empapada de mi cuevita papito! Me estoy metiendo unos deditos en mi raja pensando que me haces el amor con esa tranca de macho que tienes mi rey… Luego de un rato bajó su pierna y volvió a ponerse de frente, y acercando mucho su verga a la cam pude ver todos los detalles de ésta, peludísima, su tronco gordo del ancho más grueso que haya visto, bolas peludas y de color rosita, era un dios griego este rico macho.

Cuando se volvió a sentar masturbándose su gordo palo, le pedí que si era posible pusiera un brazo detrás de su nuca, y que lamiera un poco su axila mientras seguía jalándose su capullo, no pareció importarle y pronto adoptó la posición solicitada tocando con la punta de su lengua los pelos de su sobaco, con los ojos cerrados y con un largo ahhhhhh anuncié mi orgasmo, los trallazos de mi leche llegaron hasta el monitor y el escritorio, me llené hasta el cabello, con tan abundante corrida.

-Papitooooooo no puedo más ayyy, mi vida ohhhhh si papito me vengo mi vida ¡me vengo!- le escribí fingiendo un orgasmo femenino y diciéndole que mis pezones estaban durísimos y que había tenido un múltiple orgasmo. Él apresurando sus movimientos tuvo una corrida increíble, llenando sus huevos, su vientre y su peludo pecho de su blanca leche de macho. Se quedó exhausto con los brazos detrás de su nuca y con una amplia sonrisa en su rostro, respirando agitadamente, y luego embarrando su leche con la mano, la esparció en todo su pecho. Me dijo que debía limpiarse y que regresaba en un momento, yo lo esperé igual de relajado sin creer todavía lo que acababan de ver mis ojos.

Cuando regresó se había puesto su mismo short amarillo y ya limpio seguimos platicando de lo bien que la habíamos pasado y de que sería maravilloso hacerlo en la vida real y conocernos. Yo por supuesto pensando en que eso tenía un pequeño inconveniente ya que no era quien decía ser.

En esos días seguíamos chateando y haciendo el cyber sexo de vez en cuando, y todas eran unas sesiones fantásticas, aunque debo confesar que lo que más me gustaba eran esas noches de sábado, cuando platicábamos trivialidades y cosas de la vida, haciéndonos preguntas indiscretas y riendo de chistes tontos sin sentido, nos estábamos convirtiendo en amigos muy cercanos y cómplices de sexo cibernético.

Pero al pasar el tiempo comencé a sentir celos de mi propia versión femenina ya que lo que más anhelaba no era platicar con él como “Gaby” sino como Gabriel.

A estas alturas yo ya sabía demasiadas cosas íntimas de mi maduro profesor, sabía que le gustaba y que le disgustaba, cuales eran algunos de sus planes, sobre su familia y alumnos, amigos cercanos y demás y todo esto me parecía una información demasiada valiosa para ser desperdiciada en “Gaby” así que debía aprovecharla y comenzar a acercarme más como Gabriel a mi amado profesor de física.

También me di cuenta que yo era bastante honesto en mis gustos y aficiones con él, mis conversaciones eran abiertas y sinceras, y por un momento me hizo sentir que en realidad lo que más le gustaba de mí era lo que pensaba y no tanto mi cuerpo ficticio. Por esas fechas cuando salíamos a hacer deporte en bicicleta los sábados por la mañana, y me contaba de “Gaby” mi corazón se debatía entre la tristeza y la alegría, porque el hombre que más deseaba en el planeta estaba al mismo tiempo cerca y a millones de kilómetros de distancia.

Esa era mi triste realidad, no me atrevía a confesarle mi osadía que yo en realidad era esa “mujer” de la que se estaba enamorando y compartía sus secretos y fantasías y me conformé a sentirlo mío por las noches a través de un monitor de computadora.

Una noche como cualquiera y después de tener sexo cibernético de nuevo, Sergio me pidió que necesitaba conocerme y que el viernes entrante había una reunión con sus compañeros de trabajo y alumnos y que le encantaría que lo acompañara. Yo inventando mil pretextos para no ir, me disculpé y él un poco triste me dijo que era una pena y que ojalá muy pronto pudiéramos conocernos. Esa semana noté en las clases, que mi amado profesor se encontraba algo cabizbajo y adiviné enseguida que era por culpa de mi ficticio rival de amores “Gaby”.

Como un agente secreto con súper poderes de una vida paralela, deseé tomar el lugar y el cuerpo de mi adorado y a la vez odiado seudónimo, y así poder enamorar personalmente a mi delirio masculino….creo que leo muchas historietas de cómics.

Dos noches antes del viernes día de la reunión, Sergio estaba algo serio y distante, no era el mismo de todas las madrugadas y algo notaba raro en él, chateamos menos que lo acostumbrado y al día siguiente no se conectó, lo esperé como siempre pero nunca llegó.

El viernes en la mañana no nos tocaba clases con él por lo que no podría verlo sino hasta la noche en la fiesta.

El momento de irme a la fiesta llegaba y me arreglé como nunca, con unos jeans que me quedaban a la perfección y resaltaban mucho mi trasero, una playera de moda y unos tenis convers, ansiaba llegar al lugar y ver a Sergio porque me había decidido a decirle quién era yo y que hiciera el esfuerzo por corresponderme, que no había sido mi intención engañarlo así, pero que se diera cuenta de que él sentía algo por mi por la manera en que me hablaba incluso sin ver la foto falsa de “Gaby”

Llegué al lugar de la reunión y saludé a varios amigos y profesores que estaban pasando un buen rato, me senté en uno de los sillones frente a una ventana que daba hacia fuera para ver la llegada de Sergio, y cuando vi pasar su coche mi corazón comenzó a latir muchísimo, necesitaba armarme de valor y tomándome varios “caballitos” de tequila,  esperé que entrara para decirle que necesitaba hablar a solas con él.

La puerta se abrió y un muy sonriente y animado Sergio entró, pero en vez de salir corriendo a su presencia, sentí una rabia espantosa, me levanté inmediatamente de mi asiento con cara de pocos amigos al ver que su tímida pero gran sonrisa de oreja a oreja se debía a otro motivo….

Continuará….

Autor: BABYBOY

israboston@hotmail.com

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Una tarde de cine

Poco después pegó su cara a mí, dándome unos furiosos mordiscos en la nuca, que me produjo un breve estremecimiento y me hizo sentir una agitación especial por el efecto de una corriente que recorrió mi médula espinal. El siguió soltando resoplidos amortiguados para no ser oído por el público de la sala hasta que noté los latidos de su polla, señal cierta de la descarga de su orgasmo.

Habían puesto en los cines de la ciudad una película muy exitosa, de tema atrevido y rompedor, que además había conseguido algún premio importante, por lo que todo el mundo recomendaba no perdérsela. Lorena, una de mis buenas amigas,  me propuso ir a verla cualquier  tarde después de salir del trabajo. Como me encanta el cine, tanto para verlo en casa como en una buena sala, acepté la idea y quedamos para ir juntas a una sala de reciente apertura, equipada con los sistemas más avanzados de sonido y visión.

El día concertado, salí de mi trabajo, fui directamente al cine, llegando a nuestra cita unos minutos antes de las 8:00 la hora de inicio. El tiempo pasaba y Lorena sin aparecer, comencé a ponerme nerviosa, menos mal que ese día era jueves y no había mucha gente en las taquillas. En esto, me suena el teléfono dentro del bolso, y al abrirlo veo que era ella.

Me llamaba para avisarme de que se le había complicado el trabajo, lo sentía mucho por mí pero su jefe había  montado una reunión inesperadamente y no podría salir hasta que terminara. Confiaba en acabar pronto pero me aconsejó que entrara en la sala y me ubicara a la derecha los más atrás posible, cerca de la puerta de entrada. Ella intentaría venir lo antes posible y reunirse conmigo en el cine, pero si en media hora no llegaba, podía hacer mi marcha sin contar con ella, ya que tan tarde ya no le valía la pena venir.

Entonces, me apuré para tomar una entrada y meterme en la sala, ocupando un asiento en la última fila de la derecha, tal como había convenido con Lorena. No se por que razón, sería por el día de la semana o por la hora, pero la sala estaba poco concurrida; así, los pocos asistentes se habían colocado en las butacas del centro. Yo atrás en la última fila, en mi asiento, me sentí desubicada por  tan alejada de los demás, estuve a punto de cambiarme y agruparme con el resto de la gente, pero tenía que respetar el lugar en que Lorena podría encontrarme fácil si entraba a oscuras.

Yo no tengo la costumbre de ir al cine sola, como otras gentes que si suelen hacerlo; siempre había ido a ver cine acompañada de amigas o de algún hombre. Por eso, me encontraba un poco rara, allí sola en un asiento apartado. Era la hora en punto y pronto apagarían las luces, estuve mirando hacia la puerta esperando que Lorena entrara de un momento a otro y nada.

En vez de mi amiga, en la misma puerta había un tipo de unos cuarenta y tantos años, con el cabello entrecano y abundante, vestido informalmente pero con cierta clase. Nada más reparar en mi, me miró como sorprendido de mi presencia en un rincón solitario de la sala. Luego, su mirada se hizo invasiva, me estuvo retratando con todo detalle. Me sentí aturdida por el acoso visual del caballero, comencé a mirar a la puerta insistentemente como dando a entender que esperaba a alguien, aunque rehuyendo su mirada.

Seguramente el hombre estaba intrigado imaginando quien podía ser la joven solitaria, que, aún sentada como estaba, dejaba ver sus hermosas piernas, apenas tapadas en una cuarta parte por una minifalda negra, además de la melena rizada que descansaba abundante sobre sus hombros redondos y bien torneados, bien al descubierto por una escasa camiseta de tirantes y de generoso escote. Lo más probable es que en medio de la desértica sala al hombre le llamara la atención  esa chica de buen ver, con su cabellera copiosa y de buen estilo que enmarcaba su cara,  adornándola y añadiéndole un toque de sensualidad.

Avanzó unos pasos lentamente, y se sentó en la misma fila que estaba yo, en el centro de la sala un poco detrás del resto del público. Se redujo la iluminación y comenzó un pase de trailers de películas de próximo estreno, que duró unos diez minutos. Después se encendieron las luces de nuevo, el tipo siguió mirándome descaradamente, se levantó y salió al vestíbulo donde estaba el servicio de bar. Yo seguía allí agazapada sin saber cual era mi papel de espectadora perdida entre los asientos de la amplia sala y a todo esto,  Lorena sin llegar…!

Estaba yo volteando la cabeza para mirar la entrada cuando entró de nuevo, sin que pudiera evitar que nuestras miradas se cruzaran. En lugar de ocupar su puesto, se dirigió adonde yo estaba con una sonrisa leve y misteriosa, se quedó parado junto a mí y me habló lo siguiente:

-Hola, ¿que haces aquí tan arrinconada…? Parece que te gusta la soledad.

Su forma de abordarme fue tan educada y natural que me pareció innecesario estar defensiva, aunque reaccioné mirándole de lado como sorprendida por nuestra conversación un tanto injustificada. Le contesté segura.

-No, es que estoy esperando a alguien, que se ha  demorado. -Ah..! pues muy mal hecho por ese alguien, no es lo que merece una belleza como tú.

Yo le respondí con una sonrisa de circunstancias, aunque pensé que el tipo tenía buena pinta a pesar de ser algo entrometido. Él  se dio la vuelta y se fue a sentar en la misma fila pero esta vez más cerca de mí, dejando una distancia de cuatro o cinco butacas.

Se hizo oscuro en la sala y comenzó la película, a poco, en las primeras escenas aparecen dos adolescentes en bolas, la jovencita le chupa con gran dedicación la verga a su joven amante en la camita de la chica. El tío se giró hacia mí, como si la pantalla del cine estuviera en mi cara. Mientras hubiera distancia y oscuridad en la sala yo podía seguir allí refugiada en mi asiento, pasando del tipo que no me perdía de vista ni me dejaba tranquila. Sólo él y yo éramos conscientes de nuestra presencia en el cine, el resto de los espectadores seguían apelotonados en el centro del local ignorando nuestra existencia tan cerca de ellos.

Habría transcurrido un cuarto de hora, cuando pude observar que se movía de su asiento y se estaba aproximando a mí. Silenciosamente llegó y se sentó a mi lado. Le miré indiferente, con desaprobación. Él se escoró contra mi asiento, inclinando su cabeza para hablarme en susurros y evitar ser oído o molestar al público.

-Perdona que insista pero ese acompañante que esperas te ha fallado. Me cuesta creer que alguien te haya dado un plantón  tan imperdonable. –dijo. -No es problema suyo si viene tarde o no viene mi amiga. Y ahora, quiere dejarme a solas, ¿por favor? – le contesté defensivamente. -Ni pensarlo…no voy a dejarte aquí aburrida y desatendida. -Estoy bien así, ¡no necesito nada! -Esta película es demasiado truculenta para disfrutarla a solas. -Hay muchos asientos libres en la sala, no tiene porqué sentarse a mi lado, y estar haciendo comentarios que estorban mi atención y no me interesan. -Si, pero mi entrada me da derecho a ocupar un asiento vacío y este lo está.

Había pasado ya el tiempo razonable para que Lorena hubiera llegado. Seguro que se le hizo tan tarde que se marchó a casa desde su oficina. Mi asunto ahora era que hacer con este seguidor impenitente, que tenía en el asiento de al lado, escorado hacia mi y cuchicheando a mis oídos, sin dejarme concentrar en la película. No sabía que hacer…las alternativas que tenía ante mí eran cambiarme de asiento, pero él se cambiaría también, levantarme  y quejarme de abuso a los empleados del cine, con lo que se iba a armar  buen escándalo o marcharme a casa de inmediato. Todo eso pasó por mi mente en unos segundos, para terminar pensando que me iba a quedar en mi sitio, tomándolo por el lado bueno y ver la película, sin darle más importancia.

A partir de entonces, depuse mi actitud hostil y comencé a contestar a sus comentarios de forma amistosa, como si fuéramos dos conocidos. La película era un tema dramático pero tenía intercaladas muchas acciones de sexo. Esto le daba pie a comentarios más o menos osados y escabrosos.

-Oye… ¿a ti no te pone lo que estás viendo en la peli?- me preguntó. -No, al fin y al cabo es ficción, es cine.-le dije indiferente. -Pues a mi me tiene al rojo vivo, te lo digo. –concluyó él.

Algo de eso debía de estar ocurriendo, porque por momentos se iba poniendo muy pegajoso, se revolvía en su asiento,  me tocaba el brazo con su mano, sus labios rozaban mi oído al hablarme, su aliento cálido inundaba mi cuello y su respiración era cada vez más fuerte.

-¿Me puedes decir como te llamas, princesa? –siguió. -¿No es necesario que lo sepa! – respondí evitando el tuteo.  -¿Que mal tiene que seamos amables entre nosotros? Yo me llamo Gabriel.

De mala gana le dije mi nombre. Se alegró de mi confidencia y me dijo:

-Tienes que ser encantadora, Rocío… Un exquisito bombón desaprovechado, si …! -Oiga, ¿por qué no se calla y vemos la película? ¡Nos van a llamar la atención por su culpa! -Si, si…tienes razón nena, pero desde que te he visto a ti,  ha dejado de interesarme esa historia. Si quieres tú miras el cine y yo me dedico a ti entretanto, sin molestarte…! -A ver si es verdad y  deja de distraerme, por favor. -Es que no me explico como se puede dejar una joyita como tu abandonada. -Yo te puedo dar ciertas  atenciones  que de seguro te mereces, niña Rocío. –seguía. -Solo tienes que ser comprensiva y amable conmigo y ya veras…!

En ese momento en la pantalla estaba sucediendo algo muy fuerte, suficiente para remover nuestra adrenalina. Se trataba de una escena de alto contenido erótico, donde una señora iniciaba a un adolescente en el sexo oral. Al mismo tiempo que me decía esto apoyó su mano abierta  sobre mi muslo, quedándose inmóvil a la espera de mi reacción. Inmediatamente yo le agarré la mano con firmeza y la separé de mi pierna, pero el aprovechó para atrapar mi mano con la suya y mantenerme con fuerza aprisionada. Intenté forcejear, pero era imposible soltarme.

-Mira….la gatita quiere pelea, ¿si..?  -Venga, suélteme de una vez…Gabriel, ¡si es que se llama así! -Jaja…para ti seré Gaby. Tu esclavo y humilde servidor. -Tienes unas manitas divinas, Rocío. ¡Cuantas cosas se podrían hacer con ellas! -Si te portas bien y me dejas llevarte todo irá mejor, nena. -Veamos la pantalla ahora, mira que mamada tan genial le está haciendo al muchacho! -¿Qué me dices ahora…¿no te gustan esos ejercicios? – él seguía con su monólogo.

Me dediqué a mirar a otro lado, pero empecé a sentirme vulnerable, con mi mano entre la suya. Entre el acoso de este inesperado admirador y el cuadro de la pantalla, me quedé aturdida, sin capacidad de reacción. Este hombre porfiado, de buena presencia y maneras educadas no se qué se había propuesto conmigo, pero la realidad es que me tenía enredada como si fuera lo más natural del mundo, condenada a no levantar la voz ni dar lugar a una bronca que alarmara a los espectadores. Me di cuenta entonces que me estaba enrollando con él poco a poco como si le conociera de siempre. Y a  este tipo  no lo había visto nunca.

Por fin me soltó la mano, respiré con alivio, pero sin mediar palabra extendió su brazo atenazándome por la espalda para atraerme más a su lado, sujetándome para acercar su cara a la mía. Comenzó a besarme las mejillas y el cuello. Estiré el cuerpo intentando apartarme, impidiendo que él siguiera  adelante.

-Perdona, no quería forzarte…me he dejado llevar por lo que estaba viendo. -Gracias…eres un caballero. –le dije sin saber bien por qué.

El hombre se estiró en su asiento, con las piernas abiertas, tocándose en su zona  genital por encima de la ropa.

-Pero, ¿es que no te dan envidia estos niñatos de la película? –inquirió incrédulo. -No se porqué, ellos tienen que hacer su papel y punto. –le contesté -Pues ya ves…ellos se la están pasando tan bien,  mientras tú y yo sufrimos aquí en la butaca como dos tontos…insistió. -¿Sabes…? creo que nosotros también tenemos nuestro papel aquí y ahora.

Al decirme esto, pegó tanto su boca a mi oreja que pudo lamer mi lobulillo varias veces, y sin detenerse bajó su cara hasta mi hombro para  mordisquearlo suavemente.

-Hummmmm…sabes que tu cuerpo huele a gloria, despides un de aroma delicioso…¿que perfume usas, corazón?

Yo me había quedado sin habla, había perdido el control de la situación, me había despistado del hilo de la historia de la pantalla, me sentía sometida a los peligrosos escarceos de mi vecino de asiento; tenía un infierno en la  butaca de al lado. Él, seguía ajeno a la película, se había desentendido del entorno para dedicarse a mí, tal vez había notado mi acaloramiento y se lanzó a aprovecharlo sin dejar que me enfriara.

Sin perder más tiempo me tomó por el cuello, haciendo ademán de besarme en la boca. Había conseguido meterme en su juego, contagiándome su fuerte deseo, y siendo que nadie nos iba a ver, sorprendiéndome a mi misma, le ofrecí mis labios, dejándole hacer complaciente al principio; poco a poco fui liberando mis remilgos, correspondiéndole a su beso con entrega y pasión, facilitando que su lengua ardiente entrara a jugar con la mía, y relamiera mis cálidos labios, saboreándolos a placer. El beso había sido largo e intenso, húmedo e impregnado de fuerte carga química y de emoción.

Al acabar, me abrazó extendiendo sus brazos por debajo de mis axilas, apretando mi pecho con su mano, hundiendo su cara en mi desprotegido escote para llenarlo de besos. Liberó una de sus manos, con la que me subió la camiseta, buscando mi ajustado y repleto brasier. En seguida, con habilidad, logró soltarme el prendedor por la espalda, dejando al descubierto la turgencia suave de mis senos a merced de su boca, lengua y manos.

Me palpaba ansiosamente, amasando mis dos tetas  con delicadeza, después su lengua inició un delicioso recorrido terminando en una caricia aspirante, pues sus labios como si fueran dos potentes ventosas, me chupaban los pezones con exagerada avidez.

Mi pecho comenzó a agitarse, moviéndose al compás de mi respiración acelerada. El resto del mundo había dejado de existir para nosotros, estábamos cegados por la galopante excitación. Él se mostraba desesperado por gozar, más que cachondo, hambriento de sexo y de avances más atrevidos.

Estábamos hacia la mitad de la  proyección de la cinta, la sala en penumbra, nadie cerca, nadie a la vista y nosotros rodando nuestra propia película, ebrios de lascivia y de lujurioso placer.

Mi acompañante, seguro de haber vencido mis reservas defensivas, se sentía dueño del territorio y  seguía besando mis pechos, chupando y lamiendo con fruición insaciable. A continuación, bajó una mano hacia mis muslos, acariciándolos minuciosamente, abriéndolos un poco para deslizar una mano por debajo de la falda, rozando mi sexo con sus dedos por encima de mi ropa íntima, luego apartó la braguita para frotar tiernamente mis labios en carne viva,  tocándome  con ansia y suavidad mi portal del placer, ya caliente y húmedo, después de haber restregado hábilmente las yemas de sus dedos sobre mi vibrante clítoris.

Mi estado era tan febril que mi cuerpo se removía agitado en la butaca. Él se dio cuenta de mi trance de calentura e intentó desbordarme y rematarme haciéndome estallar de gusto. Me levantó la falda y se inclinó para poder apagar el fuego mi sexo con su lengua, pero el respaldo del asiento le impedía alcanzar bien su objetivo. Así y todo, apoyando una de sus rodillas en el suelo en un ejercicio casi acrobático, consiguió hacerme sentir sus esforzados lamidos, explorando largamente mi concha y el endurecimiento de mi clítoris. La persistencia de su lengua, durante unos minutos, me fue extasiando, avivando el rico ardor de mi coño, arrancándome mis primeros suspiros de placer, mientras yo me agarraba fuertemente a su cabeza para dirigir sus succiones. Por un momento, creí que me venía en un subidón de gusto. Quise evitar correrme estando su boca en mi sexo y  le aparté la cabeza hacia arriba.

Él, al ver que yo boqueaba ávida de oxígeno y de algo más, metió su dedo pulgar en mi coño, lo untó de mis jugos y luego lo introdujo en mi boca,  invitándome a chuparlo con entusiasmo y fruición, haciéndome disfrutar de mi propio sabor.

Mientras chupaba su dedo con gran deleite, yo miraba de reojo hacia el resto de la gente en la sala, que seguía ignorando nuestra presencia. Él, notando mis recelosas miradas alrededor me dijo:

-¡Relájate preciosa mía, que nadie nos ve! –me tranquilizaba dándome dulces besos en la cara. -Se van a dar cuenta…¡esto es demasiado! –protesté.

De repente, me tomó una mano y la guió con firmeza hacia su cuerpo, obligándome a posarla sobre su entrepierna. Por encima de la ropa pude notar  la esplendidez de su dotación, ya en plena erección. Le hice un tímido frotamiento exacerbando aún más su dureza. Él seguía manteniendo el dedo de la otra mano en mi boca, disfrutando de la sensualidad de mis interminables  chupadas, premonitorias de lo que se adivinaba a venir.

En la zona sur de nuestra guerra particular, él se abrió discretamente la cremallera y puso en mis manos su crecida verga, totalmente parada y a punto de arder.

-¡Ooohh…! ¡Madre mía!-exclamé sorprendida al contacto de su carne suave y caliente.

Comencé a acariciarla, masajeándola suavemente. Entonces él sacó su dedo de mi boca y sujetando mi cabeza, doblegó mi cuerpo sobre el suyo poniéndome su enorme polla entre los labios. Con la voz entrecortada por la excitación aún pudo decirme algo.

-Tómala  nena, es toda para ti, lo estás deseando… ¡te va a saber a gloria…!

El efecto sensorial de chuparle el dedo anteriormente, me había predispuesto  a disfrutar de una verdadera succión, pero no imaginaba que iba a ser la de aquel pene glorioso y desconocido. Por eso, le propiné una mamada insaciable, voraz e intensa, alternando chupadas y lametones a lo largo de todo el tallo. Se puso tan rígido que empezamos a temer una avenida explosiva e incontrolada. Sacó su verga de mi boca y  metiendo las manos por debajo de mi falda me retiró la braguita jalándola hasta las rodillas.

-Quítatela del todo y guárdala en el bolso, ¡cari! –me espetó con tono autoritario. -Pero… ¿de qué vas hombre? ¡Ya hay bastante! -Tenemos que terminar la fiesta antes de que acabe la película. -Noo, no podemos hacerlo aquí. ¡Es una locura! -Si, será la locura más hermosa de nuestra vida.

Sin esperar mi acuerdo, sacó la braguita por mis pies.

-Me voy a quedar con ella como recuerdo de tus encantos. –me dijo mientras se la guardaba en un bolsillo.

Acto seguido, me agarró por la cintura con las dos manos, levantándome de mi asiento y colocándome sobre  él, quedando su  rígido mástil entre mis muslos.

-Espera….no me penetres todavía, ponte esto. – le pedí al tiempo que extraía un pequeño envoltorio redondo de mi bolso.

Él, lo abrió y enfundando su pene con el adminículo de látex, apuntó entre mis labios vaginales, hundiéndolo en mi sexo en toda su longitud. Yo estaba sentada sobre sus piernas, de espaldas, dejando que él me ensartara desde atrás con su polla, mientras se agarraba a mis pechos con ambas manos. Luego tomándome por la cintura, me hizo mover el cuerpo de arriba abajo, para aumentar el efecto de sus embestidas, metiendo y sacando frenéticamente su verga de mi vagina durante unos minutos.

Poco después, pegó su cara a mí, dándome unos furiosos mordiscos en la nuca, me estaba haciendo daño con sus dentelladas, pero a la vez me produjo un breve estremecimiento, que  me hizo sentir una agitación especial, por el efecto de una fulgurante corriente que recorrió mi médula espinal. El siguió soltando resoplidos amortiguados, para no ser oído por el público de la sala,  hasta que noté sus convulsiones y los latidos de su polla, señal cierta de la descarga de su orgasmo.

Me liberó de su abrazo, sacando su polla y retirando el preservativo. Se subió los pantalones, arreglando su ropa. Yo hice lo propio, reajustándome el sujetador y bajándome la camiseta. Se acercó a mí y me dio un beso prolongado y cálido.

-Gracias…Rocío, perdona por asediarte de esta forma, pero era una tentación irresistible tenerte ahí abandonada mientras nos mostraban en la película el camino a seguir.            -Hemos rodado una bonita película, muy nuestra, superando en mucho a los actores de la pantalla.. -Contéstame… ¿has podido disfrutarlo como yo, mi preciosa?

Yo por toda respuesta le miré a los ojos fijamente, moviendo la cabeza en la oscuridad. –Nunca pensé, ni en sueños, tener un encuentro como éste, ¿lástima que no pueda repetirlo…! Ha sido de cine, nunca mejor dicho.-me dijo por toda despedida.

Rápidamente se levantó y desapareció por la puerta sin esperar a que terminara la proyección. Yo me quedé ensimismada, flipando, preguntándome si aquello había ocurrido así o si había sido un sueño, o una fantasía calenturienta por las emociones de la película.

Terminó la sesión, se encendieron las luces, salí a la calle mirando alrededor sin que pudiera ver a mi vecino de butaca, al desconocido Gabriel, ni a nadie que hubiera sido testigo del evento excitante y extraordinario que acababa de vivir. Me fui a casa con la carga de las recientes sensaciones, con un cierto regusto placentero, dedicándole un pensamiento a mi amiga Lorena, que gracias a su oportuno contratiempo me dejó a solas. Si me preguntaba alguna vez por el argumento de lo que había visto en el cine, tendría problemas para contarle, pues apenas me enteré de la película. La historia que yo me sabía era otra menos confesable.

Autora: Poppy

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Mi hermanito es un tragón

Armandito tenía unas nalgas de lo más apetecibles, separé sus nalgas y le clavé toda mi tranca de un solo empujón, pegó un grito de dolor y desesperación, pero sentí que cada vez le gustaba más todo lo que estaba pasando, me lo bombeé un buen rato hasta que refresqué el ardor de su irritado ano con mis potentes chorros de leche.

Me llamo Gabriel y tengo 22 años, mi hermano Armando tiene 18 y acaba de entrar a la universidad donde yo estudio. Él y yo siempre tuvimos mucha confianza, éramos como uña y mugre, para había una faceta de él que no conocí hasta hace una semana.

Hablando con unos amigos míos me dijeron que hay un chamo que mamaba rabo por 1000 bolívares, en el baño de hombres del tercer piso, llegué más que todo por curiosidad y en efecto una larga fila de chamos de todos los cursos esperaban por entrar a uno de los cubículos, busqué a mi hermano Armando para que viniera conmigo pero no lo encontré.

Por fin llegó mi turno, me sentí algo nervioso pero excitado a la vez, entré al cubículo que en una de las paredes tenía un hoyito del grosor suficiente para introducir un rabo, había visto tanto aquellos casos que se me paró de inmediato, unos dedos se asomaron por el hoyo, evidentemente pidiéndome el pago, le di los mil bolívares e inmediatamente me bajé los pantalones y los interiores hasta las rodillas, mi pipe estaba completamente tieso, con sus 22 cm parecía un puñal de carne, estaba bastante grueso y unas venas se marcaban.

Introduje a mi compañero por el agujero, al cabo de unos momentos, sentí como toda su longitud quedaba inmersa en una cálida y húmeda boca, comenzó el movimiento felatorio, yo me acariciaba el pecho, al abdomen, las bolas y hasta las nalgas, en verdad ese chamo era un experto chupador, lo succionaba como si me lo fuera a arrancar, pasaron 5 minutos cuando comencé a sentir los indicios de la eyaculación, acompañado de rítmicas convulsiones expulsé a chorros toda mi leche blanca y caliente, me limpié con un poco de papel, me subí los interiores y los pantalones y salí como si nada.
En la casa vi de nuevo a Armando y le conté todo, le dije que fuéramos mañana, pero se rehusó diciéndome que tenía un compromiso, pero que me acompañaría un día de estos, en efecto fui al día siguiente y volví a entregarme al barato placer de una mamada, en los próximos días me volví casi adicto a ese agujero, cada vez que tenia un rato libre o una preocupación por un examen me desahogaba con la boca de aquel anónimo pero complaciente servidor.

Ya llevaba una semana asistiendo religiosamente al cubículo, cuando pasó algo que nunca imaginé, como siempre dos dedos se asomaron por el agujero para recibir el pago, cuando vi que uno de ellos tenía puesta una curita, de repente recordé que Armando se había cortado el dedo en la clase de Mecánica y el profesor le había puesto una curita, era una tontería, no podía ser Armando, ¿pero porque nunca fue al cubículo como todos los demás? y siempre me ponía una excusa cuando lo invitaba.

Le dije que me esperara, salí y tranqué la puerta con seguro, ese día era el único que había ido, así que no había nadie mas, dejé que me lo mamara y fingí arreglarme e irme, pero en realidad me oculté en el cubículo contiguo, acuclillado sobre la poceta para que no me viera, después de unos momentos oí abrirse la puerta del cubículo del mamador, oí que abría el lavamanos y se lavaba la boca y las manos, por la parte inferior de la puerta confirmé mis sospechas, eran los zapatos de Armando, mi hermanito era el que había saboreado mi verga tantas veces, lo perturbador de la situación era lo que más me excitaba.

Después que Armando terminó de lavarse, se dirigió a la puerta para salir, pero yo la había trancado, intentó abrirla por la fuerza hasta que la abrió de una patada, salí del cubículo y me sentí un poco mareado al saber que en efecto era mi hermanito el que me había dado tanto placer últimamente, salí y lo vi en clase de lo más normal, si no lo hubiera descubierto jamás habría imaginado que fuera él.

Nos fuimos a la casa y no le dije una sola palabra en todo el camino, en cambio él me contaba todo su día, exceptuando por supuesto, todas aquellas ocasiones que yo conocía de sobra, pasé varios días extrañando las chupadas a las que me había acostumbrado pero no podía volver sabiendo quien era el servicial y barato mamador, una noche entré al cuarto de Armando, acababa de salir de la ducha y estaba desnudo y mojado, necesitaba que me lo mamara como tantas veces lo había hecho sin saber, le dije que sabía todo y lo amenacé con decírselo todo a nuestro padre si no hacía todo lo que yo quisiera.

Sin pensarlo dos veces se arrodilló ante mí, en su cara se notaba la perturbación por todo lo sucedido, me bajé los interiores que apresaban mi brutal erección y él comenzó a darme una de las mamadas acostumbradas, no lo podía creer, allí estaba mi hermanito mamándome el rabo como la mejor de la putas, lo tomé por los cabellos y comencé a follarme su boca sin piedad…

Al final lo obligué a que se tomara hasta la última gota de mi semen, fue a lavarse la boca, al verlo allí reclinado en el lavamanos con aquella enorme erección y su pequeño traserito sudado, decidí que una mamada no era suficiente para comprar mi silencio.

Me acerqué a él y me sobé mi tieso rabo con sus nalguitas, él se dio cuenta de mis intenciones y no tardó en ponerse nervioso, evidentemente nunca había pasado de una mamada, pero si él era un marica, quien mejor que su hermano para iniciarlo por el camino que él ansiaba recorrer, me rogó que no lo hiciera pero sólo lograba excitarme más, le ordené que se recostara del lavamanos no sin antes recordarle las consecuencias que sufriría si desobedeciera mis caprichos, me obedeció dejando su culito totalmente a mi disposición, no tardé en hacer valer mis derechos y le arranqué los interiores de un sólo jalón.

La verdad es que Armandito tenía unas nalgas de lo más apetecibles, le di un par de azotes con mi mano, me unté el dedo medio con vaselina y se lo metí hasta el fondo, que apretado y cálido culo, sin duda iba a gozar con él, después de unos minutos de estimulantes masajes venía el momento de la verdad, separé sus nalgas y le clavé toda mi tranca de un solo empujón, pegó un grito de dolor y desesperación, pero sentí que cada vez le gustaba más todo lo que estaba pasando, me lo bombeé un buen rato hasta que refresqué el ardor de su irritado ano con mis potentes chorros de leche.

Después de eso, podía disfrutar con él cuando se me antojara, y a él también le gustaba, luego le propuse que aumentara su tarifa y brindara otros servicios por un precio más alto, por supuesto, siendo yo el promotor y el cobrador.

Autor: Gabriel

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