Mi tía Gaby

Ella ya había experimentado una rica venida a causa de mis mamadas, empecé el mete y saca con las piernas de ella en mis hombros, yo veía sus tetas moviéndose al ritmo de mis embestidas. Mi tía gritaba y gemía como una gata caliente, yo trataba de que sus gritos no fueran escuchados en la casa, pero que morbo, ella se corrió dos veces más y no me aguanté, la llené con toda mi leche caliente.

Hola me llamo Javier, cambiaré el nombre de mi tía por razones obvias, bueno yo soy un chico de 26 años, 1.85 de estatura y cuerpo de acorde a mi estatura y edad. Soy del DF México.  Comenzaré contándoles que soy asiduo lector de esta página, de ahí que mis favoritos son los filiales ya que he tenido experiencia con mis primas pero la que les platicaré fue con mi tía Gaby….

Ella es una señora hermana de mi papá, tiene como unos 50 años, ella es como la prohibida de la familia puesto que es la que proviene de una familia adinerada, y eso hace que en todas las fiestas y reuniones familiares la veamos un poco alejada de nosotros, ya que casi nunca se presenta en dichas fiestas.  Pero hace una semana que mis papás fueron padrinos en una boda invitaron a toda la familia, yo puesto que llego de trabajar algo noche (11:00pm) y la fiesta fue en viernes, me dispuse a ir a la fiesta a esa hora.

Cuando llegaba a la casa donde era la boda, me encontré a mis tíos (Gaby y Jorge) cuando los vi traté de tomarlos por sorpresa y agarré a mi tía Gaby por las caderas, ella dio un pequeño salto y volteó repentinamente mientras mi tío volteó y solo me saludó. Caminamos hacia la fiesta, yo con bien caliente por que le había agarrado las nalgas a mi tía. Estando en la fiesta mi tía se incorporó con mi madre y otras tías que estaban ya ahí… me quedé allí con ellas un momento hasta que me fui a bailar con unas chicas de mi edad.

Todo iba muy bien hasta que me incorporé de nuevo con mis tías y me sacaron a bailar, bailé con una de mis tías que se llama Fabiola, comencé a bailar con ella.

Bailando con ella me di cuenta que estaba un poco tomada, me aproveché y bailando me la repegaba y bajaba la mano para agarrarle las nalgas y me pegaba su pecho con el mío, aunque ella era un poco más grande, unos 55 años, me causaba una excitación que me causó una erección fenomenal.

Después de bailar con ella me dispuse a sacar a bailar a mi tía Gaby, ella estaba tomando unos tequilas igual que mis otras tías, mi madre se había ido a partir el pastel con los novios de la boda así es que me dispuse a bailar con mi tía.

Comenzamos a bailar y me di cuenta que ella estaba igual de tomada, así es que la repagaba a mí con grandes ganas, ella sentía mi erección.

No me despegué de ella en toda la fiesta, bailaba con ella cada vez más pegado, hasta en el baño iba con ella, porque ella me lo pedía… seguíamos la plática de los novios mientras bailábamos, pero ya en ese momento le agarraba más las nalgas y pegaba sus hermosos pechos contra los míos, sentados pasaba mi mano por sus piernas, mientras ella solo miraba si mi tío si no nos miraba….

Terminó la fiesta y nos dispusimos a ir a la casa, cuando caminábamos ella se agarró de mi brazo, yo apresuré el paso y dejamos a mis padre y tíos atrás, llegué a la casa solo con mi tía, estando ahí solo son mi tía y amarrándole la pierna y subiéndole la falda le dije, “tía usted me trae loco, siempre que la veo me tengo que hacer una paja” Para ese momento ya le tenía agarrando las nalgas, ella trató de zafarse diciendo que mi tío venía en camino, le planté un beso que ya no la dejé hablar.

Pasé mis manos por pechos, (que hermosa sensación), después llegaron todos y mi papá siguió tomando con mi tío, mi mamá le dijo a mi tía que se subiera acostar, ella lo hizo, para fortuna mía y fue directamente a mi recámara porque era la única vacía… llegué y la vi ahí recostada, esperé a que nadie subiera y entré como si nada, me recosté con ella, al principio ella me dijo, ¿qué haces aquí?, yo le dije, es mi recámara, y ella trató de salir, la agarré por las nalgas y le dije, quédese aquí, no se vaya, ella me dijo, nooooooo…

Comencé a desabotonarle la blusa y a sobarle las nalgas, ella solo decía nooooooo, esto está mal, pero yo seguía besándola por todo el cuerpo, al mismo tiempo desnudándola, cuando la tenia totalmente desnudita solo para mí bajé todas mis armas y le empecé a besar aquel triangulo que se veía maravilloso, pasaba mi lengua sobe su clítoris, y ella solo decía… mmasssss, assiii quiero másss por favoorrr, yaaaa, meeteeloooo, ya no me hagas sufrirr… poooor faaavoorrr, yyyyyaaaa.

Quiero sentirte dentro de mí, ya no me hagas sssuffriirr, pero a mí me gusta llenarme de una rica mamada al clítoris, así es que seguí mamándoselo, mientras ella gritaba que se lo metiera… cuando me acomodé para dejárselo ir…. entró muy fácilmente ya que ella ya había experimentado una rica venida a causa de mis mamadas… empecé el mete y saca con las piernas de ella en mis hombros…. yo veía sus tetas moviéndose al ritmo de mis embestidas.

Mi tía gritaba y gemía como una gata caliente, yo trataba de que sus gritos no fueran escuchados en la casa, pero ¡que morbo!, ella se corrió dos veces más y no me aguanté, la llené con toda mi leche caliente, me sacó la verga de su mojada concha y me la mamó hasta dejarla sin una sola gota, exprimiendo como si fuera una naranja, nos tumbamos en la cama, vi que se quedó dormida y me retiré, no sea que me pillara mi tío…

Ojalá les haya gustado mi relato.

Autor: Javier

Goza con un buen video, clica aquí. http://www.videosmarqueze.com/ y lo guardas en tu PC

Me gusta / No me gusta

La contadora Genoveva

Genoveva sabía cómo moverse, a pesar de haber dejado el oficio hacía quince años, el tiempo trabajando en la casa de citas no era en vano. Sabía en qué punto apretar los músculos de su vagina para aprisionar el falo de Javier y causarle la máxima excitación. Una mezcla de excitación y dolor, cada vez que él pretendía sacar su pene, ella lo mantenía adentro, como si tuviera una tercera mano que estaba dentro, muy dentro de su pelvis.

El día que entró a trabajar Javier a esa empresa tuvo una impresión particular cuando conoció a la contadora Genoveva. Cuando lo invitaron a hacer un recorrido por las oficinas para conocer a todo el personal llegó al área de contabilidad y le presentaron a la gerente, que lo miró de arriba a abajo y mientras lo miraba fijamente a los ojos dijo unas palabras que lo inquietaron:

-Hola, estoy para ser tu servidora cuando quieras. -M-mucho gusto -dijo nervioso Javier.

El gerente general rió un poco y mientras se iban de esa área dijo algo que lo preocupó:

-No sé si tienes novia, pero la Genoveva ya te puso en su mira.

Ella se encargaba de llevar la contabilidad de las dos compañías que conformaban el grupo empresarial. Ella tenía unos 40 y tantos años, y era muy atractiva para su edad, aunque se podía apreciar que de más joven había sido bastante bonita. Tenía rasgos finos y su cuerpo estaba en una forma increíble. De hecho desde el día en que Javier la había conocido no podía dejar de verle las piernas, que lucían muy bien torneadas y con un ligero bronceado que se acentuaba por una pulserita dorada en el tobillo. Pero lo que a Javier le preocupaba de la contadora Genoveva era su descarada apariencia sensual que rayaba en lo vulgar.

Ese día vestía una blusa ombliguera con escote amplio, traía una falda muy corta abierta por un costado que era la culpable de que Javier pudiera ver sus desnudas piernas, e incluso unas zapatillas de tacón descubiertas que bien podían haber salido de algún bar de table dance. No era en sí la ropa en particular sino la combinación con los enormes aretes, el dije de corazón, las 8 pulseras de sus muñecas y el tatuaje removible bajo su ombligo que la hacía verse como toda una prostituta, apariencia que desentonaba con la cuidada seriedad de los trajes sastre del personal que ella tenía a su cargo.

Cuando Javier se retiró de ahí con el gerente fue la primera vez que sentía cómo la mirada de una mujer lo desnudaba y estuvo nervioso por un rato. Durante los siguientes días su adaptación a la empresa fue viento en popa, pues se encargó de hacer la propuesta de un plan de calidad para las operaciones de todo el grupo. Lo único que no iba bien fue acostumbrarse a que cada vez que se encontraba con la contadora Genoveva, lo miraba con ojos de deseo y Javier se turbaba cada vez que trataba de controlar la situación.

-Hola Jorge… ¿dormimos juntos o por qué ya no me saludas? -Perdón contadora… ¿cómo está?… buenos días… -decía Javier, nervioso. – Vas a ver que no me quieres saludar… lo voy a tomar en cuenta…

Javier no podía permitirse tener una aventura con semejante mujer, que a todas luces se veía que ya estaba en la segunda vuelta de una carrera sexual, además de que se casaría en solo 6 meses, y no quería arriesgar la relación con su mi novia. En sólo unos días la comunicación fluyó por toda la empresa a nivel de los empleados de confianza e incluso le hizo algunos comentarios la jefa de recursos humanos.

-Ay Javier, debí contratarte con el sueldo que me pedías, por aguantar a Genoveva lo valdría. -¿Qué quieres decir, Tere?…dijo él. -Ay pues todo mundo se da cuenta que te quiere llevar a su cama… y lo que busca ella lo consigue. -¿Tere cómo crees?… no vine a esta empresa a eso… vine a ejercer una profesión que… – Mira, mira, mira… tú me puedes decir lo que quieras, pero ella no te va a dejar en paz… ¿viste cómo vino vestida hoy? -Sí… sí la vi… -Pues no es casualidad… ojalá que tengas suerte…

Cuando salí de la oficina de recursos humanos la fortuna no le favoreció a Javier al encontrarse con Genoveva… y entonces se dio cuenta de que la contadora iba en serio. Ella vestía una minifalda que una vez más atrajo la mirada de Javier a las piernas de la mujer.

– Hola… buenos días -dijo, para evitar una vez más que lo pusiera en una situación difícil. -Me gustaría saborear tus huevos -dijo Genoveva, haciendo que Javier reaccionara con una inevitable erección. – tienes manchada la camisa, luego, luego se nota que desayunaste. -E… e… este… -Javier siempre eres muy serio conmigo – añadió ella. – Perdón, no es mi intención -dijo Javier, al tiempo que ponía sus manos en frente de su abultado pantalón, aunque ya era evidente lo que le había ocurrido. – Tú me dices cuándo nos vemos saliendo de aquí… hay mucho que enseñarte de lo que aprendió mami en el burdel…

Javier no pudo contestar nada… simplemente sonrió como un tonto mientras ella se alejaba del lugar… No podía creerlo… ella misma le estaba diciendo que era toda una ramera. Claro que se excitaba y muchas veces había fantaseado por conocer a una mujer así de directa… pero en la realidad tenía miedo pues no sabía qué hacer, no podía serle infiel a Gaby que era el reverso de la moneda: hija de una familia decente, participaba en las actividades de la iglesia, vestía con toda formalidad y tenía una imagen intachable en el vecindario.

-Tere… ¿qué hago? – le dijo Javier desesperadamente a la jefa de recursos humanos – me acosa todo el tiempo… – Ay Jorge… – He tenido casos de chicas acosadas por hombres, pero no de un chico acosado… Dale lo que quiere, yo no diré nada. -¿Qué quieres decir? – preguntó Javier. -Exactamente lo que dije. Que le des lo que quiere. No te va a quitar nada, se van a tranquilizar los dos y asunto arreglado… invítala a cenar después del próximo evento, la llevas a un hotel y te acuestas con ella… -¿Con esa cualquiera? -¿Qué tiene?… vas a aprender mucho de ella… -¿Cómo crees?… no puedo serle infiel a Gaby con ella… -¿Y por qué lo tiene que saber? – No sé… es tan vulgar… ¿sabías que trabajó en un burdel? -¿Y qué tiene?… -dijo Tere, muy seria. Todos tenemos defectos ¿o no? Javier no pudo contestar nada.

Durante toda esa noche estuve pensando qué hacer y me venían a la mente las palabras de Tere… era una situación peligrosa… pero tal vez ella tenía razón. Así que pensé que sería propio invitar a la contadora Genoveva a tomar una copa después de la cena de gala de la convención que se iba a realizar en el hotel Sheraton en fecha próxima. Así pues, llegó el día, y ella llegó a la cena de gala con un vestido más que provocativo, no llevaba sostén, por lo que sus tetas se veían apetitosas con el escote. Tenía la espalda descubierta de una manera grosera, pues la abertura terminaba dejando ver justamente en el nacimiento de sus nalgas. Javier había llegado temprano a la cena, así que se encontraba por ahí merodeando cuando llegó ella acompañada con otras dos compañeras. No intercambiaron palabras durante la cena, pero sí con las miradas mientras nos decíamos salud desde lejos con nuestras copas en la mano.

Javier trató de mantenerse ocupado charlando con los gerentes, pero cuando estaba el baile en su apogeo, se quedó en un momento solo en su mesa, refugiándose en el vaso de tequila con refresco de toronja que bebía, el cuarto de la noche. Genoveva se acercó al terminar de bailar con uno de los gerentes y extendió la mano a Javier.

-¿No me vas a invitar a bailar? -Sí… claro… -respondió Javier ante la insistente contadora.

Desde que pasaron a la pista Javier comenzó a excitarse al ver las miradas de sus compañeros sobre el cuerpo de Genoveva, que a su vez se movía de una manera más que sensual al compás de los ritmos tropicales. Javier no podía dejar imaginar cómo se vería ese cuerpo sin el vestido. Los roces de sus manos con la piel de Genoveva hacían que se siguiera elevando su temperatura. Genoveva se daba cuenta de eso e incluso lo provocaba más pegando su cuerpo al de él, y guiando las manos de Javier hacia sus partes desnudas, hombros, espalda, brazos y cuello. Sin resistir más, Javier tomó a Genoveva por la cintura y besó suavemente el cuello de Genoveva, sin importarle la mirada de la esposa de uno de los gerentes, que censuraba su actitud.

-¿Ya nos vamos? -le dijo ella, al tiempo que le levantaba la cabeza, pues él ya iba besándole la parte alta de los senos. -¡Claro!… dijo Javier, y siguió a Genoveva, que caminó hacia afuera de la pista, llevando de la mano a Javier.

Al salir del salón, Javier pudo percibir las miradas de más de dos de sus compañeros que desnudaron con la mirada a la contadora Genoveva. En eso, sintió un cierto sentimiento de inseguridad al pensar si se encontraba a algún familiar de su novia o alguna amistad. Genoveva hizo un comentario:

-Bueno ¿y por qué te has resistido tanto a acercarte a mi? – me dijo ella en un momento, mientras lo miraba fijamente a los ojos, y aunque quiso hacer lo mismo no pudo pues su mirada era atraída por las tetas de la contadora, ya que su escote casi dejaba ver sus aureolas. -No, no ha sido eso -respondió – lo que pasa es que me gusta mantener mi distancia cuando comienzo a conocer a las personas. -Pues deberías quitarte esas ideas. Tienes ya dos meses en la empresa y si tú hubieras querido desde la primera semana nuestros sexos podrían haberse conocido.  Sintió cómo su mano se posaba sobre mi abultado pene, que excitado ya se encontraba humedeciendo el pantalón.

-No desperdiciemos más el tiempo… ¿vamos a un hotel?

Javier había puesto los pies en la tierra nuevamente, y sintió miedo al estar tan cerca de ceder a las proposiciones de Genoveva. En esos momentos la veía más clara y mentalmente la comparaba con su novia.

-Está bien… pero… esta noche no puedo…- contestó, al tiempo que apretaba el botón del elevador.

Ante esta evasiva, Genoveva tomó la iniciativa nuevamente. -Ven – le indicó ella, al momento en que jalaba a Javier hacia otro de los salones, que tenía la luz apagada, lo que indicaba que estaba vacío.

En efecto, al entrar, Javier pudo alcanzar a distinguir que había sillas y mesas en acomodo tipo escuela, había sido impartido algún curso o seminario, pero ahora el salón estaba desocupado.

-Pero… es que… -decía Javier. -Estamos solos, papacito – dijo ella, sugestivamente.

Ella volteó y Javier entendió que se darían un beso, así fue, sus bocas se juntaron y ella inmediatamente comenzó a jugar con su lengua. Sus manos rápidamente se colocaron en la parte baja de su espalda, y Javier se estremeció cuando sintió que las bajaba hacia sus glúteos. Instintivamente la copió comenzando por su cintura y después las bajó hacia sus muslos para subir su vestido y sentir la tersa piel de sus piernas. Sus manos tocaron grandes áreas de carne, y después se dirigieron hacia su trasero, donde se sorprendió de que ella no llevara pantaletas. Genoveva no desperdició el tiempo y rápidamente se quitó el ajustado vestido en un solo movimiento, quedando de inmediato desnuda ante él a no ser por las sandalias de tacón alto que destalonadas mostraban generosamente la forma de sus pies. Era todo un agasajo ver a la mujer frente a él, y Javier tenía ya la verga completamente erecta e incluso le dolía. Ella lo sabía, y por eso liberó el miembro de Javier desabrochándole el pantalón, que cayó en sus tobillos y luego siguió la trusa.

Su pene tenía un tamaño fuera de lo común y parecía pedir a gritos penetrar inmediatamente a la mujer que lo acompañaba.

-Vamos a ver qué has estado escondiéndole a mami… -dijo Genoveva, mientras comenzaba a darle un masaje al miembro de Javier, que se encontraba ya enrojecido por el roce que había tenido contra la tela de sus prendas.

Genoveva empujó a Javier hacia una de las mesas, con lo que él quedó semi-sentado, por lo que ella fácilmente levantó la pierna como si montara un caballo y de un solo intento se introdujo la verga de Javier hasta el fondo, que no pudo decir palabra, solamente un profundo suspiro.

– Aaaaaahhhhhhh.  -¿Ya ves?… eso era todo… ya estás cogiéndote a Genoveva – afirmó ella, en tono tranquilizante, mientras comenzaba a mover sus caderas rítmicamente, causando que Javier se concentrara en observar cómo esta señora ascendía y descendía sobre su miembro en una golosa frecuencia que duró casi un minuto.

El tenía las manos en las caderas de ella, sujetándola, lo único que sabía es que no quería que ella se fuera.

-Ahhh… qué rico…-fue la expresión con la que Javier rompió su silencio al eyacular dentro de ella abundantemente.

Genoveva, sin ninguna consideración, siguió su rítmico contoneo, provocando que el miembro de Javier no lograra relajarse completamente, y poco a poco se volvían a llenar de sangre sus tejidos esponjosos. Genoveva sabía cómo moverse, a pesar de haber dejado el oficio hacía quince años, el tiempo trabajando en la casa de citas no era en vano. Sabía en qué punto apretar los músculos de su vagina para aprisionar el falo de Javier y causarle la máxima excitación. Una mezcla de excitación y dolor, cada vez que él pretendía sacar su pene, ella lo mantenía adentro, como si tuviera una tercera mano que estaba dentro, muy dentro de su pelvis. Justo cuando Javier iba a volver a eyacular, Genoveva se despegó del cuerpo de Javier.

– No sé si tú te quedaste con hambre después de la cena, pero yo sí, mi vida… -dijo, mientras se arrodillaba frente a Javier y su siguiente movimiento fue comenzar a lamerle los testículos. Qué relajante fue para él sentir las caricias de esa caliente lengua. -¿Te han comido alguna vez, mi amor? -preguntó Genoveva a Javier, y después se introdujo entero el miembro del inexperto contador. – ¡Ohhhh, oooooohhhhh! – susurró Javier, mientras a su mente venían sucios pensamientos que había contenido desde que había conocido a Genoveva.

La lengua de Genoveva se convirtió en una serpiente que se enroscaba en el glande, se deslizaba por todo lo largo del órgano, se trataba de introducir por el orificio urinario, y después los dientes de Genoveva eran un martirio al morder suavemente la delicada piel del falo, después bajaba a su escroto y chupaba sus huevos como si se trataran de jugosas frutas, incluso ella misma separó con sus manos las nalgas de Javier para introducir su lengua en el ano, para causar su estremecimiento ante esas sensaciones antes no conocidas.

Genoveva comenzó a chupar frenéticamente la verga de Javier. Una y otra vez la introducía en su boca, su lengua parecía estar hecha para darle placer. Sus labios eran una prisión inclemente. Una vez más hizo que Javier eyaculara, ésta vez dentro de la boca de Genoveva, cuyos labios no se abrieron. Así, se elevó hasta alcanzar el rostro del hombre, que abrió su boca en espera de un jugoso beso. Comenzó a sentir la lengua de Genoveva en la suya, y luego un buche del esperma que Genoveva no se tragó, y aunque Javier intentó zafarse, las dos manos de Genoveva se aferraron a sus mejillas para no separarse.

-¿Qué haces?… reclamó Javier. -Sello nuestras bocas con semen, mi amor. ¿Qué diría tu futura esposa si nos viera?

Javier de repente reaccionó ante las palabras que acababa de escuchar. ¿Cómo era posible que estuviera siéndole infiel a Gaby?  A su mente llegó la imagen de Gaby, bien arreglada, bien peinada, con los labios pintados de carmín y su discretamente maquillado rostro, que contrastaba con la imagen que tenía enfrente: Genoveva, ya despeinada, con el lápiz labial corrido, con semen escurriendo por sus labios, y una expresión de lujuria que no podía esconder. ¿Iba Javier a seguir con esto a tan solo unos meses de su boda? El se levantó bruscamente, tomó a Genoveva por la cintura, y la volteó, para hacerla quedar en cuatro patas encima de una de las mesas del salón. Dirigió su miembro hacia el ano de Genoveva, y lo introdujo, para fundir sus cuerpos una vez más.

-Genoveva… siempre te he deseado… ¡estás buenísima, quiero cogerte siempre! – dijo, mientras bombeaba el trasero de la cuarentona.  -¡Uuuuuuffffffff! – el nuevo orgasmo de Javier lo dejó totalmente sin fuerzas, para caer sobre la alfombra rendido.

Nunca habría podido imaginar el placer que obtendría de la gerente, que una vez más se apoderó de su verga, que poco a poco comenzaba a recuperar la erección.

– ¿Ya ves?… -dijo Genoveva – te dije que estaba para servirte. Javier, aún exhausto, respondió:
-Creo que a partir del lunes tendremos que revisar bien la contabilidad y probablemente nos tengamos que quedar horas extras.

Posteriormente, Javier hizo realidad una de sus más anheladas fantasías: comenzó a comerle el sexo a Genoveva. Siempre había querido conocer el sabor de unos labios vaginales, y en esta ocasión pudo saborear cada uno de los pliegues, cada detalle del pozo de lujuria que le regalaba Genoveva. Al comenzar a lamer el clítoris pudo notar la evidente excitación de ella.

-¡Ahhhh!… así mi amor… así… rápido… -imploraba ella, a lo que Javier respondió con más lengüetazos intensos. -Aaaaahhhhhhh – gritó Genoveva, y después se mordía los labios para contener sus gemidos ante un genuino y profundo orgasmo.

Seis meses después, Javier llegaba a la recepción de su boda, y después de recibir abrazos de familiares y amigos se encontró de pronto con Genoveva, que vestía un conjunto con una falda negra que le llegaba apenas abajo de las nalgas.

-Muchas felicidades, Javier. Espero que ahora que estás casado continúes siendo igual de trabajador como lo has sido conmigo los últimos meses…

Los ojos de Gaby miraron con desconfianza el cálido abrazo que dio Genoveva a Javier.

– Muchas felicidades -añadió Genoveva al dirigirse a Gaby – Genoveva Cuarón, soy gerente del área donde trabaja Javier… no nos habían presentado, pero tal vez podríamos salir un día los tres y conocernos ¿qué te parece?

Las miradas de los tres se cruzaron. Javier se puso algo nervioso, pero el abrazo del siguiente invitado los interrumpió. Los ojos de Javier siguieron la trayectoria de Genoveva. Javier renunció a su empleo al regresar de su luna de miel, y en la semana siguiente tuvo varias ofertas. Al ir a su primera entrevista para entrar a un reconocido despacho de contadores, se presentó ante la directora.

-¿Qué tal? soy Javier Falcón.

La licenciada Martínez, le devolvió el saludo, mientras se ponía de pie, Javier no pudo evitar mirar hacia las piernas de la Licenciada, que se mostraban generosamente por medio de una entallada falda corta.

-Mucho gusto, Sonia Murillo, estoy para servirte… cuando gustes.

Autora: Susy

Me gusta / No me gusta