Soy la puta de mi propio hijo II

La tía soltó un grito y empezó a jadear de placer mientras mi hijo la follaba y me miraba a los ojos con lujuria; yo empecé a besarla y comerle las tetas, mientras mi hijo cambió de agujero y se la metió en el culo. La tía ya no podía controlarse, gritando salvajemente, y pidiéndole a mi hijo que la reventara; yo le pajeaba con furia su coño con los dedos hasta que se corrió en mi mano.

Al día siguiente fui a casa de la tía. Siempre la llamamos así, es la hermana de mi marido y es sólo dos o tres años menor que yo. Ha tenido ya cuatro hijos, y eso se nota, pero aún así, se conserva estupenda.

Es alta, con grandes caderas y unos pechos estupendos, bastante grandes, aunque ya no demasiado firmes; lleva el pelo muy corto y moreno y siempre me ha resultado muy atractiva. Nos llevamos muy bien, y siempre nos hemos juntado para ir de compras o a tomar café, e incluso hemos salido con más amigas o las dos solas alguna noche a una discoteca. Una noche en su casa, está divorciada y sus hijos viven fuera de casa, no sé cómo empezó, quizá fue el alcohol que habíamos tomado, pero el caso es que empezamos a acariciarnos, las caricias llevaron a los besos, y acabamos la dos desnudas en su cama. Al día siguiente ninguna de las dos se arrepintió de lo que habíamos hecho, no era amor, sólo sexo, y decidimos repetirlo siempre que quisiéramos o pudiéramos, sin ningún complejo.

En mi casa lo hemos hecho alguna vez, pero siempre segura de que no había nadie y teníamos tiempo de sobra. Mi hijo me reveló que nos había visto acariciándonos y besándonos, debió ser algún día que creí que estaba en su habitación y no nos vería. Pero nos vio, nos espió, y ahora me había pedido, me había ordenado, que la convenciera para acostarnos los tres juntos.

Me senté junto a la tía y le expliqué lo que estaba pasando entre nosotros dos; creí que se escandalizaría, pero en su lugar noté cómo se excitaba por momentos, según le contaba cómo mi hijo me follaba cuando le apetecía. Cuando le sugerí si le gustaría unirse a nosotros y le dije que mi hijo lo había pedido, me dijo que hacía mucho que le atraía mi hijo, pero que nunca había intentado nada con él por respeto a mí, así que accedió encantada y excitadísima a hacer el trío.

Mi marido se fue al mediodía a su viaje de negocios, no volvería hasta el día siguiente. Por la tarde mi hijo me dijo que me pusiera un vestido de tirantes exageradamente corto que tengo y muy fino; mis pechos casi se salían fuera y la parte de abajo apenas tapaba nada; por supuesto me prohibió llevar ropa interior, quería que recibiera así a la tía. Cuando llegó abrí la puerta y me saludó con una sonrisa, diciéndome excitada que parecía un putón; ella llevaba una camisa, falda y tacones. Pasamos al salón y allí la saludó mi hijo. Se acercó y la besó en la boca con pasión mientras le sobaba el culo con una mano. La tía le devolvió el beso encantada, como si lo hubieran hecho siempre.

Se separó y nos dijo que nos acercáramos, quería ver cómo nos acariciábamos; nos empezamos a acariciar los pechos, sintiendo la excitación crecer poco a poco dentro de nosotras. Nos dijo que nos besáramos. No tuvo que repetirlo, lo hicimos con gusto, acercando nuestras bocas y sacando las lenguas para rozarlas. Mi hijo estaba excitadísimo, viendo cómo su propia madre y su tía se magreaban y se besaban con lujuria delante de él. Nos dijo que éramos unas putas, y mi tía le miró sonriendo sin dejar de besarme y sobarme. Mi hijo se acercó sin poder contenerse más y se unió a nosotras, acariciando nuestros culos y uniendo su lengua a la nuestra. Me sacó las tetas fuera del vestido y las apretó y sujetó para que la tía las chupara, mientras me besaba en la boca y me preguntaba si lo disfrutaba. Yo estaba como loca de placer, y acepté sin reparos que me llamara puta y zorra, e incluso que me escupiera en las tetas y en la cara, para que su tía lo lamiera.

Estuvimos así un buen rato, hasta que estuvimos completamente desnudas. Entonces nos llevó a la cama, a la mía, a la que compartía con su padre, y allí nos tumbamos y seguimos acariciándonos mientras él se desnudaba. Se acercó a nosotras y le hizo a su tía que se la chupara, luego me agarró del pelo y me unió a ella. Se la chupamos entre las dos, uniendo nuestras lenguas a la vez. Entonces me dijo que quería ver cómo una puta como yo le comía el coño a otra puta; le abrí las piernas a su tía y se lo chupé, arrancándole gemidos, mientras mi hijo le follaba la boca.

La agarraba de la cabeza y la sujetaba con su polla totalmente dentro de la boca, hasta que le daban arcadas y parecía que se iba a ahogar. Entonces la soltaba y mi tía babeaba y escupía saliva, lo repitió varias veces y yo me asusté al ver cómo la tía se atragantaba y le daban náuseas, pero cuando la liberaba le miraba sonriendo con lujuria; lo estaba disfrutando.

Yo nunca había follado de una manera tan violenta, y era mi propio hijo el que me lo estaba enseñando. Vio mi cara de curiosidad: -Tú también quieres probar, ¿verdad perra? Y me metió la polla en la boca y me hizo lo mismo que a su tía, mientras esta me comía el coño. Fue horrible y excitante a la vez. Un par de veces creí que me ahogaba de verdad, me agitaba con violencia para que me soltara, pero eso lo único que conseguía era excitarle todavía más, hasta que me soltaba cuando él decidía. Cuando terminó yo tenía la cara roja y congestionada, y se me habían saltado las lágrimas por las arcadas. Él me besó en la boca: -Lo has hecho muy bien, mamá, como una buena puta.

Me dejó que descansara mientras su tía seguía comiéndome el coño, y se colocó detrás de ella y de un solo golpe se la clavó en su coño. La tía soltó un grito y empezó a jadear de placer mientras mi hijo la follaba y me miraba a los ojos con lujuria; la tenía agarrada con fuerza de las caderas y le daba unas culeadas tremendas. Yo cambié de postura y empecé a besarla y comerle las tetas, mientras mi hijo cambió de agujero y se la metió en el culo. La tía ya no podía controlarse, gritando salvajemente, y pidiéndole a mi hijo que la reventara; mi hijo la llamaba hija de puta, zorra, y mil cosas más, y yo le pajeaba con furia su coño con los dedos hasta que se corrió en mi mano, se los hice chupar, y se los metí otra vez, al poco volvió a correrse, y mi hijo, gritando, se corrió también, llenándole el culo de semen.

Me agarró y me puso detrás de su tía para que la lamiera el culo y le chupara todo su semen. La tía gemía por el esfuerzo y el placer, yo me llenaba la boca de semen y del aroma de su culo y mi hijo nos contemplaba descansando y acariciándose la polla.

Seguimos acariciándonos y besándonos, esperando que mi hijo se recuperara, cosa que tardó muy poco, pues es muy joven, hace ejercicio y la visión de su madre y su tía desnudas besándose le calentaron en un momento. Se acercó a nosotras con la polla otra vez tiesa y nos mezclamos los tres en caricias y besos; era difícil saber dónde empezaba un cuerpo y dónde terminaba otro. Se tumbó encima de su tía y la folló, mientras yo la besaba y besaba a mi hijo; luego me agarró a mí y me folló. Nos penetraba a las dos alternativamente. -Os gusta mi polla, ¿eh putas? ¿Os gusta cómo os follo?

Así seguimos durante un buen rato, hasta que no pudo aguantar más y nos dijo que nos colocáramos de rodillas muy juntas y él se colocó de pie sobre la cama; nos dijo que abriéramos bien las bocas y empezó a machacársela con furia encima de nosotras y entre espasmos y jadeos incontrolables nos echó chorro tras chorro sobre nuestras caras y bocas. Cuando paró nos ordenó en seguida que nos besáramos. Nuestras bocas estaban llenas de semen caliente y viscoso, que se mezclaba con nuestra saliva y nos tragábamos. La tía se separó y lamió el semen que goteaba por mi cara y mis tetas y me volvió a besar para que me lo tragara todo; luego yo hice lo mismo con ella.

Pasamos toda la noche los tres juntos en la cama, durmiendo a ratos y follando el resto del tiempo. Ahora éramos dos las putas de mi hijo, y las dos estábamos encantadas de ser sus putas.

Un día recibí una llamada del instituto de mi hijo. Es bastante buen estudiante y nunca da problemas, por eso me sorprendió la llamada, pero parece ser que hay un par de asignaturas que se le han atragantado, y su tutor quería hablar con sus padres para hablar del asunto. Como mi marido tenía que trabajar, fui yo sola al instituto. Entré en el despacho del tutor y allí me recibió un joven de poco más de treinta años, delgado, con gafas y ligeramente atractivo. Yo me había vestido elegante, con un traje de chaqueta y falda negra, medias y tacones, todo negro, y una blusa blanca semitransparente. El tutor me hizo sentar muy amable en una silla, y él se sentó en otra a mi lado; era un joven muy amable y agradable y hablamos de mi hijo y de sus problemas con las asignaturas, pero me di cuenta que desde el momento en que había entrado por la puerta le había gustado.

Durante la conversación no dejó de mirarme, con mucho disimulo, las piernas, los zapatos, y sobre todo mi escote, él pensaba que no me daba cuenta y yo me hice la ingenua; decidí quitarme la chaqueta, diciendo que tenía calor, pero en realidad quería que admirara mejor la redondez de mis pechos bajo la blusa. Empecé a notarle nervioso, haciendo esfuerzos cada vez mayores para que sus ojos no se desviaran a mi escote y mis pechos. Fumamos un cigarrillo y hablamos de muchas cosas, hasta que me levanté diciendo que era ya un poco tarde; él se levantó rápido y me ayudó a ponerme la chaqueta; me dijo que se alegraba mucho de haber conocido a una madre tan atractiva de uno de sus alumnos, y me dijo medio tartamudeando que quizá podríamos quedar otro día para seguir hablando de mi hijo y las asignaturas. Le sonreí pícara y le dije que por qué no.

Cuando se lo dije a mi hijo se mostró muy interesado, preguntándome si me había gustado su tutor, le dije que un poco, y me propuso que ya que él se había sentido tan atraído por mí, porqué no me dejaba seducir por él y que a cambio mejorara sus notas. La idea me atrajo, y como siempre, no pude resistirme al encanto de mi hijo, siempre hacía conmigo todo lo que él quería. Así que, mientras mi hijo me acariciaba y lamía, llamé a su tutor y le pregunté si le gustaría venir a mi casa para seguir hablando de mi hijo y las clases; pude sentir su excitación cuando me dijo que sería un placer, y que podía venir esa misma tarde si yo quería. Acepté.

Mi marido no llegaría hasta muy tarde del trabajo. Mi hijo me dijo que recibiera a mi tutor muy sexy, con alguna falda corta, un generoso escote y tacones, y me dijo que no nos molestaría, que no notaríamos su presencia, pero que no cerrara ninguna puerta para que pudiera espiarnos fácilmente. Llamaron a la puerta y mi hijo se fue a su habitación; abrí y el tutor me saludó muy educado, casi sin poder evitar mirarme todo el cuerpo sorprendido y excitado a la vez. Nos sentamos en el sofá, y nos pusimos a hablar de muchas cosas; me preguntó si estaba sola, y le dije que sí, que no vendría nadie hasta dentro de muchas horas. Estaba muy nervioso, mirando disimuladamente mi escote y mis piernas, y sin poderse controlar más me dijo que era muy atractiva, que mi hijo tenía mucha suerte de tener una madre tan sensual.

Yo me escandalicé inocentemente, diciéndole que cómo me decía esas cosas, pero por supuesto mi tono no sonaba en absoluto irritado, y él me rodeó con un brazo y posó una mano en mi muslo, diciéndome que me deseaba; le dije que era una mujer casada, que no podía decirme eso, pero él se echó sobre mí y empezó a besarme. Yo protesté tímidamente para seguir con mi papel, pero abrí la boca y le besé con lujuria. Sus manos buscaron con avidez mi escote, abriéndome la blusa y acariciándome los pechos. Conseguí liberar mi boca para susurrarle que fuéramos a mi habitación, me levanté y me siguió casi como un perrito, le tenía totalmente en mis manos.

Nunca vi a un hombre desnudarse tan rápido, se acercó y me desnudó sin dejar de besarme y lamerme. No le habría elegido como amante en otras circunstancias, pero tengo que reconocer que me estaba excitando, y me encontraba mojada. Me tumbó en la cama, se echó sobre mí, y casi sin preámbulos me penetró. Estaba excitadísimo y parecía que llevara mucho tiempo sin acostarse con una mujer, no quería perder tiempo, solo follarme. Pero no lo hacía mal.

Empecé a gozar de su polla entrando y saliendo de mi coño, gemía, él me masajeaba los pechos, sin dejar de decirme lo deseable que era, lo buenísima que estaba, lo maravilloso que era mi cuerpo. Abrí un momento los ojos y vi a mi hijo en el quicio de la puerta, mirándome con su sonrisa diabólica, gozando viendo cómo su madre follaba con un hombre. Yo gemí más y le sonreí, y él se tocó el paquete, me lamí los labios sensualmente, mientras a su tutor parecía que le dieran espasmos y entre jadeos se corrió, soltando una cantidad de leche enorme, supongo que reprimida durante mucho tiempo.

Se tumbó a mi lado agotado, jadeando y sudando, y se disculpó por haberse corrido tan pronto, pero mi cuerpo le había excitado tanto que no había podido controlarse. Le dije que no se preocupara, pero que debería vestirse, no fuera que volviera mi hijo, en el cual tenía ya todos mis sentidos, sin dejar de recordar su imagen acariciándose la polla con lujuria. Se vistió y me preguntó si podíamos repetirlo otro día, que le había vuelto loco; yo le acompañé desnuda hasta la puerta, evitando que tropezara, pues sus ojos no se apartaban de mi cuerpo. Le dije que me encantaría repetirlo otra vez con más tiempo, e ingenuamente le pregunté si no podría hacer algo con las notas de mi hijo. Sin apartar las manos y los ojos de mis tetas, me dijo que no volviera a preocuparme nunca más de eso, me las besó, me besó, y se fue.

Fui rápido a la habitación de mi hijo, que me esperaba desnudo en su cama, con la polla tiesa. – ¿Y bien, puta? –Está loco por mí, no tienes que preocuparte por tus notas. –Muy bien, zorra, ¿has disfrutado? Me tumbé a su lado y le acaricié su maravilloso miembro. –Sí, mi amor, pero estaba deseando que terminara para venir contigo. Empecé a chupársela; cuando estuvo bien mojada de saliva me agarró con fuerza, me puso boca arriba, se tumbó encima y de un solo golpe me la clavó. Aún tenía el coño lleno de semen, y se deslizó fácil y rápida hasta el fondo.

Solté un grito de placer y empezó a follarme como sólo él sabe hacerlo. Me estaban follando dos veces seguidas de la misma manera, pero la diferencia era gigantesca; su tutor me había follado bien, pero mi hijo… mi hijo era maravilloso, su fuerza, su energía, el dominio de su cuerpo y del mío, y su trato hacia mí, todo se juntaba para llevarme a un orgasmo tras otro siempre que me follaba. La cama crujía, mis piernas rodeándole cruzadas empujando para sentirle más dentro si eso era posible. Me estaba follando como nunca, era un polvo increíble, y en ese momento…

…oímos la puerta. Mi marido. Me quedé paralizada, era la primera vez en años que llegaba del trabajo horas antes de lo previsto. Pero mi hijo seguía empujando, y yo estaba a punto de llegar al clímax, no podía parar ahora. Oía a mi marido entrar en la cocina. Mi hijo se inclinó sobre mí y me susurró puta varias veces. Oímos como su padre se servía una cerveza. La cama seguía crujiendo. Ya no podíamos parar, era imposible. Mi marido avanzaba por el pasillo. Mi hijo me susurró lujurioso que nos iba a descubrir, que iba a pillar a la puta de su mujer follando con su propio hijo, que era una zorra que se acostaba con cualquiera; disfrutaba con mi terror y mi excitación. Me corrí. Mi marido se acercaba, oíamos sus pisadas acercándose más y más.

Me mordí los labios con fuerza para no gemir ni gritar. Mi hijo seguía empujando violentamente mientras mi coño se empapaba de mis fluidos. Su padre estaba casi al lado de la habitación de nuestro hijo, se paró. Mi hijo sonreía lujurioso. Se alejó. Entró en nuestra habitación. Debía de estar cambiándose. Por un lado rezaba porque mi hijo se corriera y me soltara y se acabara esa pesadilla, pero por otro lado deseaba que siguiera eternamente, sentía tanto placer que me daba exactamente igual que mi marido nos descubriera. Le oímos salir del dormitorio y alejarse hacia su despacho. Mi hijo me obligó a abrir la boca, y empujó violentamente para obligarme a gemir, jadear, gritar; él también soltó un grito y se corrió salvajemente dentro de mi coño.

Cayó sudando y exhausto sobre mí, besándome y lamiéndome la cara. –Te quiero, mamá. Eres mi puta. Mi perra. –Sí, hijo mío, lo soy, soy tu puta, tu zorra, te adoro, te quiero. Estábamos llenos de adrenalina, jadeando y respirando agitadamente, hasta que poco a poco nos fuimos relajando. Se echó a mi lado, le besé tiernamente en los labios y le dejé descansar. Salí desnuda, comprobando que no estuviera cerca mi marido. Entré en nuestra habitación sin hacer ruido, me vestí, y fui a la puerta de salida, asegurándome que mi marido estaba encerrado en su despacho.

Abrí y cerré la puerta con ruido, y simulé que llegaba de la calle en ese momento. Saludé a mi marido y me fui corriendo al baño. Me temblaba todo el cuerpo, pero todo había salido bien, mi marido no sospechaba nada, había oído ruidos en la habitación de nuestro hijo, pero pensó que estaría viendo alguna película en su ordenador y no quiso interrumpirle. El morbo, la excitación y la adrenalina iban desapareciendo. Esa noche volvería a pasarme por la habitación de mi hijo.

Autor: Galufo

Me gusta / No me gusta

Soy la puta de mi propio hijo I

Me metió los dedos en el coño para mojármelo y preparármelo, se agachó y continuó con su lengua. Lo hacía de maravilla, me pregunté dónde habría aprendido a satisfacer a una mujer de esa manera, siendo tan joven. Cuando decidió que era suficiente, se tumbó encima de mí y de un solo golpe me la clavó. Ahogué un grito de placer, y me dejé follar por mi hijo.

Tengo 46 años y estoy casada, aunque no felizmente, pues hace tiempo que mi marido perdió el interés por mí. Y no es porque sea fea o mi cuerpo no sea atractivo, al contrario, pero mi marido sospecho que prefiere chicas jovencitas, estoy segura, hay secretarias muy monas y jóvenes en su empresa. Me considero bastante atractiva para mi edad, soy rubia, alta, tengo piernas largas, y aunque mis caderas empiezan a estar un poco anchas, mis pechos son bastante grandes, aunque ya no tan firmes como los de una jovencita. Me gusta vestir elegante, con clase, y reconozco que los hombres me siguen mirando interesados.

Pero me aburro, mi marido ya solo me hace el amor de vez en cuando y de manera muy mecánica y rutinaria, y yo necesitaba algo, un cambio, nuevas experiencias. Por eso acepté con gusto, aunque con reparos, lo que me pasó una noche. Tenemos un hijo adolescente. Es muy guapo, un poco más bajo que yo, y hace mucho deporte, así que su cuerpo está muy bien formado, tiene la piel suave y con muy poco pelo. Yo nunca me había fijado en el de otra manera más que para admirarlo como hijo mío, por supuesto, pero qué poco sospechaba que él a mí si me miraba de manera diferente a como un hijo casto miraría a su madre. Después me contaría muchas cosas que relataré en su momento.

Todo empezó una noche. Mi marido no estaba en casa, había salido de la ciudad para una reunión importante y pasaría la noche fuera. Vi la tele con mi hijo, sentados en el sofá, sin ser consciente de cómo miraba de reojo mi cuerpo. Yo llevaba solo un camisón, pues me pensaba ir a la cama en breve, y como digo, no era consciente de cómo mi hijo miraba de reojo mis piernas, mi escote. Dicen que una madre se da cuenta de estas cosas, pero yo era totalmente ignorante de los sentimientos de mi hijo hacia mí. Le di dos besos como siempre y me fui a acostar. Debería haberme dado cuenta del tremendo bulto que asomaba bajo su pantalón, pero no lo hice.

Me desperté de golpe. La habitación estaba oscura, no sabía qué hora era, pero algo me había despertado. Entonces noté una presencia en la habitación y una mano acariciándome el culo. Hacía calor y no me había tapado con las sábanas y mi camisón se había subido mostrando mi culo y mis bragas metidas un poco dentro de la raja. Me quedé inmóvil, casi sin respirar, era mi hijo, mi propio hijo estaba acariciándome el culo, no me lo podía creer. Reaccioné y me di la vuelta escandalizada, dispuesta a gritarle, y le vi de rodillas en la cama, junto a mí, completamente desnudo y con su polla en la mano. No sé qué me pasó, no le grité ni le dije nada, me quedé contemplando su cuerpo con una mezcla de sensaciones. Él se tumbó junto a mí y acercó su cara a la mía. Su mano empezó a acariciar mis pechos. No, hijo, por favor, no hagas esto, le dije angustiada. Te deseo, mamá. Vete ahora mismo y olvidaré lo que ha pasado, haremos como si no hubiera pasado nada. Pero mi voz no sonaba tan autoritaria como debería y él lo notó y se aprovechó de eso.

Cogió mi mano y la apoyó en su polla. Esto no está bien, hijo mío, soy tu madre, casi le supliqué, aquello era horrible, no podíamos hacer eso, pero inconcebiblemente mantuve la mano sobre su polla. Era muy grande, suave y estaba caliente. Se arrimó y sus labios rozaron los míos. Hace mucho que me masturbo pensando en ti, y su lengua empezó a lamer mis labios; sin saber lo que hacía abrí la boca para dejar pasar su lengua y me besó con lujuria. Sus manos tocaban todo mi cuerpo, mis pechos, mi raja. Mi mano seguía apretando su polla, dura y tiesa y enorme.

Chúpamela, me susurró, sé que lo estás deseando. Le dije que no podía hacer eso, que esto estaba yendo demasiado lejos, pero él insistía, y yo cada vez tenía menos fuerzas para resistirme. Aquella situación superaba cualquier fantasía que hubiera tenido en los últimos tiempos. Mi cabeza era un caos de sensaciones y sentimientos: por un lado era mi propio hijo quien estaba desnudo en mi cama, acariciando mi cuerpo, era incesto, era un pecado, pero por otro lado su cuerpo era maravilloso y yo estaba muy excitada. Sin pensarlo más me dejé guiar por sus manos y apoyé mi boca en su miembro, la abrí, y empecé a chuparlo.

Mi hijo estaba excitadísimo, y me contó cómo me deseaba desde hacía mucho tiempo, cómo me miraba de reojo el cuerpo en casa a todas horas, cómo se encerraba en su habitación o en el baño para masturbarse pensando en mí, cómo me espiaba a escondidas para verme desnuda cuando me cambiaba de ropa o me duchaba, cómo me había cogido ropa interior que guardaba en su habitación para masturbarse con ella, medias y bragas. Me decía todo esto cada vez más excitado, y a mí empezó a excitarme también y cuando sus dedos se introdujeron en mi coño y me masturbaron dejó de importarme y preocuparme todo, solo quería sentir placer. Me corrí en sus dedos, ahogando gemidos de placer al tener su polla en mi boca.

¿Te gusta, puta? me sorprendió mucho que me llamara de esa manera, pero lo achaqué a la excitación. ¡Me voy a correr, me corro, trágatelo todo, puta! Y me soltó su leche, caliente, espesa, un río entero me llenó la boca. Cuando pararon sus convulsiones me limpié un poco la boca y me tumbé a su lado. Tienes una boca increíble, mamá. Lo que hemos hecho hoy no podemos repetirlo nunca más, será nuestro pequeño secreto, y haremos como si no hubiera pasado nada, ¿de acuerdo cariño? Reconoce que te ha gustado mi polla. Sí, pero… Te ha gustado mi leche, ¿verdad, puta? ¡No puedes llamarme así, soy tu madre! A partir de ahora serás algo más que mi madre, y se levantó para irse. Te espero mañana por la noche en mi habitación, y se fue.

Me quedé toda la noche despierta, dándole vueltas a lo que había pasado, llena de sentimientos contrapuestos de culpa y satisfacción; además siempre había considerado a mi hijo dulce y amable, pero ahora me daba cuenta que con una mujer era dominante y duro; claro, que hasta ahora nunca había pensado en mi hijo follando con una mujer; me había presentado a alguna novia suya, pero no había pensado en cómo follaría. Su rudeza me excitó.

Al día siguiente nos comportamos normalmente, él se fue pronto y nos vimos poco. Vino mi marido. Por la noche nos acostamos como siempre. Estaba muy angustiada, no sabía qué hacer. Cuando oí que mi marido dormía, no resistí más, me levanté sin hacer ruido y fui a la habitación de mi hijo. Entré, cerré la puerta y me metí en su cama. Sabía que vendrías, mamá, como una puta en busca de rabo. Nos abrazamos y nos besamos, mientras sus manos tocaban con avidez todo mi cuerpo. Me metió los dedos en el coño para mojármelo y preparármelo, se agachó y continuó con su lengua. Lo hacía de maravilla, me pregunté dónde habría aprendido a satisfacer a una mujer de esa manera, siendo tan joven. Cuando decidió que era suficiente, se tumbó encima de mí y de un solo golpe me la clavó. Ahogué un grito de placer, y me dejé follar por mi hijo.

Me folló con fuerza, casi con violencia, como hacía años que nadie me follaba. La cama crujía, y me asusté de que el ruido y nuestros jadeos pudieran despertar a su padre, pero ya nada podía detenerme, estaba fuera de mí, loca de excitación, oyendo cómo mi hijo me llamaba puta y me preguntaba si me gustaba, y que se lo dijera, y que le dijera que me follara, alto, más alto. Al final, entre jadeos incontrolados y convulsiones se corrió dentro de mí, llenando mi coño con su semen. Era el mejor polvo que me habían echado en años. Se tumbó a mi lado sudando y jadeando, me apretó con fuerza un pecho y me dijo: A partir de ahora vas a ser mi puta, ¿me oyes? Sí…sí… yo estaba demasiado satisfecha y excitada para negarme a lo que él quería. A partir de hoy vas a estar en casa siempre sin ropa interior para que pueda meterte mano y follarte siempre que quiera.

Y papá no sabrá nunca nada de esto, serás su mujer y mi puta. Yo asentía, loca de excitación, sin darme cuenta ni pensar en las consecuencias de esta situación. Tengo muchos planes para ti, ¿sabes? Tengo amigos que están deseando follarte ¿Qué? ¿Tus amigos?, pregunté escandalizada. Sí, los voy a traer a casa para que te follen. Y ya hablaremos de la tía, sé lo que hacías con ella y estoy deseando follaros a las dos juntas. Ese era mi gran secreto, y lo sabía, sabía que en un par de ocasiones me había tocado y acariciado con su tía, nos debió ver a escondidas alguna de esas veces.

Vio mi cara de horror ante todo lo que me decía, y eso le excitó más si cabe, se arrimó y me besó en la boca. Al final me levanté para volver a mi habitación; él se levantó y se acercó; me agarró el culo con fuerza y me susurró: Recuerda, ahora eres mi puta. Volví a mi habitación, a mi cama, donde mi marido seguía durmiendo y me acosté horrorizada, escandalizada, y excitada.

Desde el día en que me metí en la cama de mi hijo y me folló salvajemente, todo cambió. Me dejó claro que había decidido convertirme en su puta particular, y yo me sentía tan subyugada por él que no pude negarme, accedí a todos sus caprichos. Dejé de llevar ropa interior en casa. Y vestía con faldas muy cortas, camisas un poco abiertas o camisetas de tirantes, o batas que pudiera desabrochar rápido. Y él, desde aquel día, disfrutaba metiéndome mano y follándome siempre que le apetecía. Andaba todo el día excitadísima, imaginando y deseando sentir sus manos en mi cuerpo. Me paraba en el pasillo y me pegaba a la pared, me abría la camisa y me sacaba las tetas, me las sobaba y lamía, me metía la mano bajo la falda y me masturbaba el coño hasta que me corría, dándome luego a chupar los dedos empapados de mis propios fluidos.

Estaba empezando a disfrutar comportándome como una puta. Aprovechaba cualquier ocasión para acercarse por detrás, apretarme las tetas o levantarme la falda para sobarme o follarme. Y le excitaba el riesgo, lo hacía estando su padre en casa, siempre con el miedo de que pudieras descubrirnos. A mí me aterraba la situación, pero no podía resistirme a mi hijo, a su polla, y al dominio total que ejercía sobre mí. Como digo, cuando su padre estaba en casa lo hacía con disimulo, pero lo hacía.

Una tarde después de comer entré en la cocina para fregar los platos, dejando a mi marido en el salón viendo la tele. Al poco entró mi hijo, cerró la puerta, me echó de bruces sobre la mesa, me levantó la falda y me folló el coño. Su padre podría haber entrado en cualquier momento y no quiero ni pensar lo que habría podido pasar, pero ninguno de los dos podía parar, la excitación y el morbo eran demasiado grandes.

Cuando mi marido no estaba en casa y nos encontrábamos los dos solos, ya no era necesario disimular. Entonces, muchas veces me pedía que estuviera totalmente desnuda, haciendo las cosas de la casa, mientras él veía la tele o cualquier otra cosa, y se deleitaba con mi cuerpo desnudo. Yo le veía en el sofá, acariciándose su maravillosa polla mientras yo caminaba descalza por la casa y hacía las tareas del hogar completamente desnuda, esperando el momento en que a él le apeteciera acercarse para sobarme o follarme. Solo cuando oíamos que llegaba su padre me dejaba ir a ponerme algo de ropa. Pero nunca demasiado, lo justo para estar vestida, y por supuesto sin ropa interior. Mi marido no sospechaba nada, si me notaba nerviosa nunca me dijo nada, y si se dio cuenta de que vestía más provocativa de lo normal debió pensar que lo hacía por él, para intentar atraerle.

Un día estaba en mi despacho trabajando, cuando se abrió la puerta y apareció mi hijo. Me quedé helada. Él había ido varias veces a mi oficina, y los empleados le conocían y les gustaba mucho, le veían como un chico muy simpático y divertido, y le hacían pasar a mi despacho sin ningún problema, sabiendo que tendría algún problema del colegio que consultarme, cosas de niños. Pero esa vez sabía que era diferente. Cerró la puerta y se acercó a mí. Su mirada lo decía todo. En sus ojos había deseo y lujuria.

Me levantó de la silla y me apoyó en la mesa. Me besó y me acarició los pechos. Le dije que si se había vuelto loco, que no podía hacer eso allí, que cualquier empleado podía entrar en cualquier momento, y las consecuencias serían horribles. Me ordenó que me callara y para demostrarme quién mandaba allí y para ponerme más nerviosa todavía, me desabrochó la camisa y me sacó las tetas fuera del sujetador con violencia. Me dio la vuelta, me levantó la falda y me bajó las bragas.

Apoyé las manos en la mesa, angustiada como nunca lo había estado en la vida, con una mezcla de terror y de lujuria, cuando su polla empezó a introducirse en mi coño. Aguanté como pude sin gemir ni gritar, evitando todo ruido sospechoso que pudiera oírse fuera y me dejé follar por mi hijo. Cuando terminó me dijo que le diera las bragas y se limpió la polla con ellas, luego me dijo que me las pusiera, pero que era la última vez que salía a la calle con ropa interior, a menos que él me diera permiso. Salió del despacho sonriendo como si tal cosa, despidiéndose muy amable de todos los empleados.

Me arreglé la ropa rápidamente y me senté para tranquilizarme, sintiendo las bragas mojadas de su semen. Había llegado a aceptar que me tratara como a una puta en nuestra propia casa, pero ahora me daba cuenta que quería dominarme totalmente en todos los aspectos de mi vida. Según pensaba esto me invadieron escalofríos, y no supe distinguir si eran de pánico o de excitación.

Esa noche volví a ir a su habitación. Me desnudé al entrar y me metí en su cama. Me besó, me acarició, me lamió. Lo hacía de maravilla. Y le pedí que me hiciera algo que hacía muchísimo que no me hacían, pues a mi marido no le gusta. Él supo en seguida a lo que me refería. –Quieres que te folle el culo, ¿verdad, mamá? Le dije que lo deseaba. –Pues voy a darte ese placer, puta, ponte a cuatro patas.

Me puse como me dijo, se colocó de rodillas detrás de mí, me dio sus dedos a chupar y me los metió en el culo para dilatármelo. Me metió con fuerza dos dedos y los movió dentro de mí. Ahogué un gemido cuando los introdujo dentro de mí. No me lo podía creer, mi hijo me estaba hurgando el culo y en unos momentos me lo iba a follar; aunque ya empezaba a acostumbrarme a que fuera mi hijo el que me diera tanto placer. Sacó los dedos y me los metió en la boca. -¡Chúpalos, puta, saborea tu propio culo! Se los lamí con placer. El se agachó y me metió la lengua.

Nunca me lo habían hecho, y fue increíble. Ya no pude controlarme más y empecé a gemir y jadear. Me lamía por dentro, era una sensación fantástica, pero no duró eternamente, me la sacó y me dio un azote muy fuerte en las nalgas; ahogué como pude un grito. Luego me dio otro, y otro, y otro más. Estaba a punto de decirle que por favor lo dejara ya, que me dolía mucho, cuando noté algo grande y duro en la entrada de mi ano. Empezó a presionar y me puse muy nerviosa, tenía el culo bastante cerrado y sabía que me iba a doler mucho. Su polla se fue introduciendo poco a poco.

Me preguntó si me dolía, le dije que sí, y entonces dio un golpe muy fuerte y me la metió entera. Di un grito espantoso. El dolor había sido terrible. Le dije que parara, que lo dejara, que me dolía mucho y que no quería seguir, pero era como si todo eso le excitara todavía más. Me insultó, me llamó cosas horribles, y empezó a meter y sacar su polla, follándome de forma salvaje. Mi grito me había asustado mucho, era probable que hubiera despertado a mi marido, pero ya no podíamos parar, no me importaba nada, solo quería seguir sintiendo esa polla rompiéndome el culo.

El dolor seguía siendo inmenso, pero ahora el placer se añadía a esa sensación, y yo jadeaba y gemía sin control, mientras mi hijo me follaba y me llamaba puta, zorra, perra, y mil cosas más. Volvió a azotarme el culo, con fuerza. –Te gusta, ¿eh, puta? ¿Te gusta cómo te reviento el culo? Te gusta que te azoten, ¿eh, hija de puta? Papá no te folla así, ¿eh? Estaba como loca, le decía que siguiera, que me diera más, que me reventara, que su padre no me follaba así, y que era su puta. Al final se corrió jadeando sin control, llenándome el culo con su semen. Se levantó y cogió mi camisón, que había dejado en el suelo al entrar, y se limpió con él; luego lo mojó en el semen que goteaba de mi culo, y me dijo que me lo pusiera.

Si mi marido me preguntaba porqué estaba mojado, tendría que inventar algo. Antes de irme, me dijo que como al día siguiente su padre se iba a otro de sus viajes de negocios, quería que llamara a la tía, y que viniera a casa, que quería follarnos a las dos juntas. Le dije que estaba loco, que no podía hacer eso, pero me dio una bofetada y me dijo que me callara, que nos había visto tocándonos y besándonos, y que se había excitado muchísimo viéndonos, y ahora nos quería a las dos en la misma cama. Lo que no podía reconocerle tan rápido, era que la idea me excitaba, así que le prometí que la llamaría al día siguiente.

Autor: Galufo

Me gusta / No me gusta

Fin de semana con mamá

Se puso a cuatro patas en la cama y yo me coloqué de rodillas tras ella y le fui abriendo el chochete poco a poco con mis dedos. Luego acerqué la punta de mi polla a la entrada del coño. Al principio pensé que no quería verme la cara mientras lo hacíamos, pero me confesó que es una de las posturas que más le gustan.

Hola de nuevo a todos. El siguiente relato me lo mandó un amigo de este tipo de relatos. Para empezar diré que me llamo Jorge. Tengo 25 años y desde hace uno me he independizado de mis padres, puesto que terminé la carrera de Ingeniería Industrial y la verdad es que tuve suerte con el trabajo. Soy de estatura normal, 1,71 metros, moreno hago deporte con regularidad, sin ser un obseso de la figura y me gusta salir los fines de semana a conocer los alrededores de Madrid, ciudad en la que vivo. Por cierto, soy hijo único.

Como he dicho hace 13 meses me fui de casa. Desde entonces las cosas cambiaron allí. A los cuatro meses de haberme ido mis padres me comunicaron que se iban a separar, cosa que no me sorprendió lo más mínimo, ya que si bien no se les veía discutir no estaban de acuerdo en nada y se puede decir que cada uno hacía la vida por su lado. Entre los acuerdos de separación mi padre se quedaría con el piso de Madrid y mi madre con el chalet de la sierra y el apartamento que tienen en Roquetas, en la playa. De todas formas mi madre decidió buscar algo en Madrid, que le quedase más cerca de su trabajo (es profesora de Historia en una Universidad). Al final se decidió por un apartamento de un solo dormitorio, pero muy bien estructurado. Además, no quedaba muy lejos de donde yo tenía mi piso.

Mi madre se llama Laura, es un poco más baja que yo, morena, con una piel igualmente morena, buen cuerpo, ya que se cuida (no hace deporte ni nada de eso, pero controla mucho la comida). Lo que más llama la atención de ella son las tetas, maravillosas. Acaba de cumplir los 51, pero la verdad es que parece tener unos cuantos menos. La cosa es que al principio mi madre estaba bastante deprimida, por lo que pasaba mucho por su casa a ver que tal estaba, procurando sacarla para que no se aburriese y se le viniese el mundo encima como suele suceder en estos casos. Salíamos a comer, cenar, al cine o al teatro.

Al final esto se convirtió en una costumbre. Hasta que mi madre dijo que si bien estaba enormemente agradecida por lo que estaba haciendo, ella sabía que a mi los fines de semana me gustaba salir de Madrid y eso. Yo le dije que no se preocupara, que la verdad es que me lo pasaba muy bien con ella, que además estaba viendo cine, cosa que me encanta y teatro (que le gusta más a mi madre, cosa que no le dije). Al final me dijo, que como ya estaba empezando a hacer bueno, podríamos aprovechar de vez en cuando la casa de la sierra, ya que es un chalet con piscina, en una zona bastante tranquila a una hora de donde vivía. Y que por supuesto también me podría ir los fines de semana por ahí si quería, que por favor no hiciera mis planes pensando en ella. Le dije que no se preocupara.

Quiero decir que otra cosa importante es que poco antes de la separación de mis padres yo había terminado una relación de casi dos años, por lo que estuve un poco mal. El poder ayudar a mi madre, me elevó el ánimo muchísimo.

Quiero decir que sepamos tanto mi madre como yo que el motivo de su separación fue el que no se entendían y no tenían cosas en común, ya que mi padre no tiene amantes ni nada de eso, está demasiado preocupado por su trabajo.

Un fin de semana que no había obra de teatro que nos gustase y que los estrenos de cine eran bastante malos decidimos ir al chalet de la sierra, ya que habían dado sol para todo el fin de semana y con buenas temperaturas. Pasé a recoger a mi madre en mi coche y nos fuimos al chalet el viernes por la tarde, a primera hora para evitar los atascos típicos del fin de semana. Decidimos volver el lunes por la mañana, directamente a trabajar. Al llegar fuimos a comprar víveres y lo necesario para hacer una barbacoa, que es una de las comidas que más me gustan y además las preparo yo, cosa que, modestia aparte, me sale muy bien. Como digo, ese noche cenamos en el jardín carne a la parrilla, muy buena, hablamos un rato y nos fuimos a dormir.

Al día siguiente nos levantamos tarde, como no podía ser menos en un sábado en el que no tienes que hacer nada, desayunamos y nos fuimos a la piscina a tomar un poco el sol. Mi madre me pidió si le podía poner crema en la espalda, ya que era el primer día que tomaba sol y no quería quemarse. Para ello se puso boca abajo y se soltó las tiras del bikini. Le puse crema en la espalda, luego ella me la puso a mí y estuvimos un rato tomando el sol.

-Jorge, si no te importa me voy a quitar la parte de arriba del bikini. Antes con tu padre y tanta gente siempre aquí, no podía hacer topless, pero si no te parece mal… -Por mi haz lo que quieras, claro que no me importa.

Se dio la vuelta y se quitó la parte de arriba del bikini, mostrando las tetas. No recordaba haberla visto nunca así. La reacción inmediata fue que tuve una erección importante. Menos mal que en ese momento estaba boca abajo en la hamaca. La cosa llegó a su máximo extremo cuando cogió el bote de protector solar y empezó a extenderlo por sus bien formadas tetas.

Al cabo de un rato nos retiramos al interior de la casa. Ese día estuvimos a ratos en la piscina (mi madre en topless) y a ratos en la casa, ya que para un primer día de sol no conviene abusar.

Esa noche la pasé de lo más inquieto. Tuve que hacerme una paja al tiempo que se me venían a la cabeza las imágenes de las tetas de mi madre, al tiempo que pensaba. coño, la verdad es que mamá tiene unas buenas peras. Fue la primera vez que vi a mi madre con otros ojos, al tiempo que imaginaba que si no fuera mi madre le pegaba un polvo de campeonato Esos fines de semana en la casa de la sierra se fueron sucediendo. La confianza que había entre mi madre y yo era total. Incluso pasó de llevar un bikini vamos a decir que normal a llevar un tanga de esos que quita el hipo. Un día se lo dije.

-La verdad, mamá, es que un poco más y te quedas en pelotas. -Ya lo se. Ahora me siento más libre. Con tu padre era diferente, sabes que para él el topless es de putas. Pero como tú me has dicho que a ti no te importa… -A mí, que va. Ya te lo dije. Por mí como si te pones en bolas…

Esto último lo dejé caer para ver su reacción, pero no dijo nada. Sin embargo después de comer fui un momento al aseo. Al volver me encontré a mi madre totalmente desnuda tomando el sol en una de las hamacas de la piscina.

-Jorge, cielo, me he tomado en serio eso de que no te importaba. Si no es así, dímelo y me pongo las braguitas. -No, no, por mi no te preocupes. Toma el sol como quieras. -Si tú también te quieres poner en bolas, por mi sabes que no hay problema. -Pero por mi sí. Tengo el culo muy blanco y a lo mejor me quemo. -Pues te pones un poco de crema y listo. En unos días estarás bien. -Vale…

Así estuvimos ese sábado. Sin más importante que relatar, salvo que mí madre y yo tomábamos el sol desnudos en la piscina.

El lunes me llama mi madre y me comenta que el próximo fin de semana hay una exposición de no se qué de arte antiguo en Toledo y que le gustaría ir. Me lo decía por una parte por si quería acompañarla y por otro, por si no era así, que hiciera mis planes, ya que en principio habíamos quedado en volver a la casa de la sierra. Le dije que por mi parte no tenía problemas en acompañarla, que además Toledo es una ciudad que me gusta mucho, ya que he estado muchas veces allí. Me dijo que fantástico, ya que ella apenas había estado un par de veces y no la conocía bien, salvo los monumentos y esas cosas.

Me dijo que ella se encargaba de reservar las habitaciones para los dos. Al día siguiente me llamó para decirme que había llamado a todos los hoteles y que lo único que había conseguido era una habitación en un hotel de cinco estrellas, ya que debido a esa exposición todo estaba a tope. Me preguntó que si seguía queriendo ir y le dije que por mi parte no había problema. Así quedamos en que el viernes, al salir de trabajar me pasaría por su casa a recogerla y llevarla a Toledo.

Al llegar al hotel fuimos a la habitación que la verdad era maravillosa, con unas vistas de Toledo impresionantes, desde una de los famosos cigarrales de la zona. La verdad es que se notaba la categoría del hotel. La cama era una king size, es decir, de esas enormes, en las que podrían dormir hasta cuatro personas sin problema. Sacamos las cosas de la bolsa de viaje y fuimos a ver la exposición que tanto llamaba la atención a mi madre. La verdad es que la exposición estaba bastante bien, incluso para alguien como yo, que eso de la historia le gusta a medias (es decir, unas cosas si y otras no, como por ejemplo el arte, es lo que menos me gusta de la historia).

Mi madre estaba extasiada, y me daba las gracias continuamente por llevarla. Le dije que en realidad había sido ella la que se había ocupado de todo, y yo solo había puesto el coche. Me dijo que no era así, y que por ejemplo mi padre en todos los años que estuvieron casados jamás la había acompañado a nada. Después de casi tres horas viendo la exposición volvimos al hotel y eso que nos fuimos porque cerraban, que si no nos habríamos quedado otro rato. Eso sí, a mi madre le valía de excusa para volver al día siguiente a ver lo que le quedaba por la falta de tiempo.

Cenamos en el restaurante del hotel con unas vistas magníficas a la ciudad de Toledo iluminada y nos fuimos a dormir. Con eso del viaje y las vueltas por la exposición caímos en pocos minutos. Al día siguiente nos levantamos temprano para estar en la exposición desde la apertura. Vimos todo lo que faltaba.

Mi madre estaba como un niño con zapatos nuevos, encantada. Al terminar decidimos comer por el centro de Toledo y dar una vuelta en la zona. Por la tarde volvimos al hotel a darnos una ducha para salir a cenar y a tomar algo. Fuimos a un asador y para redondear el día la comida allí era excelente. Al terminar mi madre me dijo que si ligaba por ella no habría inconveniente en retirarse sola. Le dije que si estaba de broma o que. Había ido con ella y con ella volvería, y que además parecía más mi novia que mi madre. Se rió, me dio las gracias y un beso en la mejilla que hizo que me pusiera un poco rojo.

Nos metimos por la zona de ambiente y nos tomamos un par de cañas, para ir entonando, junto con el vino de la cena. Luego nos fuimos a un disco-pub, donde ya pedimos unos cubatas. Nos fuimos a bailar a la pista. En total nos tomaríamos unos tres cubatas, no para estar completamente borrachos, pero si para estar alegres. Además de la alegría de la bebida estaba contento por ver alegre a mi madre después de la mala racha que había pasado.

Sobre las dos y media pusieron canciones de esas un poco insinuantes y para mi sorpresa mi madre empieza a bailar como si yo fuera una barra de esas de stripers, subiendo y bajando pegada a mi cuerpo. Realmente me estaba poniendo malo. Me dije, que si quería guerra, pues la tendría. La cogí por la cintura y me pegué más a su cuerpo. Ella se frotaba contra mí. Tuvo que notar que estaba empalmado como un animal. Cuando terminó unas las canciones me dio un pico y me dijo…

-¿Nos vamos al hotel?

No sabía si aquello era una proposición o es que quería irse. El problema es que no quería lanzarme a una piscina sin agua y estropear algo bonito. Se agarró a mi brazo y salimos a buscar un taxi. Llegamos al hotel y seguía agarrada a mí. Tras entrar en la habitación y dejar el bolso en una mesa vino a donde yo estaba y me dio un beso, un poco más largo que el pico de la disco, pero sin llegar a ser un muerdo con lengua.

-Gracias por darme uno de los más maravillosos fines de semana de mi vida. -Pero si no he hecho nada… -Como que nada…le has devuelto la vida y la ilusión a esta vieja. -De vieja nada. Estás el doble de buena que la mayoría de chicas con la mitad de años que tú. -Adulador…lo dices por decir… -Lo digo totalmente en serio. La mayoría de mis compañeras de trabajo ni son tan guapas como tú, ni tienen el culo y las tetas tan bien puestos como tú. -¿En serio? -Si quieres te llevo un día al trabajo y te lo muestro… -No, si me fio de ti. Además, creo que no me mientes.

Señaló el bulto que había en mi pantalón.

-Es que uno no es de piedra, mami. -¿Y si esta noche soy Laura?… -¿Qué?… -Si no te parece bien… -Me parece genial. -Entonces vamos a la cama…

La ayudé a quitarse el traje y ver ese cuerpo que tanto había visto en los últimos tiempos, y que ahora tanto deseaba. Me quité la ropa en menos de un segundo y fui a la cama con –Laura-. Juntamos los labios, suavemente al principio. Luego las lenguas se fueron abriendo paso para darnos unos besos apasionados. Con mis manos le masajeaba las tetas, le pellizcaba los pezones, le acariciaba el monte de Venus e incluso le metía algún dedo en su coñito.

-Jorge, déjame que te coma un poco la polla. Me gusta tanto…desde que te vi en la piscina me gustó. Quería una para mí… -Pues es toda para ti, Laura… -¡Hummm!

Era increíble como me pasaba la lengua por el glande, seguía por el resto de la polla y terminaba metiéndose los cojones en la boca, con glotonería. Se notaba que hacía tiempo que no estaba con un hombre.

-¡Que bueno! Hacía mucho que no me comía nada tan rico… -Laura, vas a hacer que me corra en un segundo si sigues así… -¿Solo tienes una bala en el cargador? -Que va, es de cargador de gran capacidad… -Vamos a ver si es verdad…

Al tiempo que me mamaba la polla me puse en posición de comerle el cojones chumino. La primera pasada de mi lengua fue como una descarga eléctrica.

-¡Joder, que bueno! que sensación. Casi no me acordaba como era esto. -Pues no se por qué. Con lo buena que estás, cualquiera querría estar contigo. -Pues últimamente el único que ha querido estar conmigo se llama don polla de goma, y va a pilas.-Y yo. -Ya, pero eso no podía saberlo, hasta ahora.

Seguimos con la sesión hasta que no aguanté más y me corrí…

-Laura, me corro, me corro… -Si, ¡Siiiiiiiiiiiii!

La verdad es que me corrí como nunca lo había hecho. Mi madre tenía la cara llena de semen, a pesar de haberse tragado una buena cantidad del mismo. Se levantó y fue a lavarse la cara. Al llegar se acostó a mi lado y me besó largamente.

-Ha sido increíble. Hasta ahora nunca lo había hecho. -¿El qué? ¿Chupar una polla?… -No hombre, no. Eso si lo había hecho, pero tampoco te creas que mucho. Me refiero a tragarme la leche. La verdad es que me ha gustado… -Pues cualquiera diría que tienes poca experiencia… -Ya ves. A tu padre casi no se lo podía hacer porque es de los que se vienen en seguida, por lo que si se la mamas un rato, adiós polvo y luego a un compañero de la Universidad si que se la chupaba, pero nunca me tragué la lefa…

-¿Quéeee? Jamás pensé que fueras infiel… -Hombre, ya terminó, porque el está casado y eso. Fue como un año antes de separarnos. Hacía otro que tu padre y yo no estábamos juntos… ya me entiendes. -¿Y como aguantabas? -Pues ya ves, con muchas ganas y una buena colección de consoladores… -Y que prefieres, ¿las pollas de verdad o las de plástico? ¿Tú que crees?…las de verdad…no necesitan pilas… ¡ja, ja, ja! -Entonces, ¿qué hacemos con ésta?

Le señalaba mi polla que estaba otra vez en condiciones de ser usada…

-¡Joder, que alegría! Como sois los jóvenes, siempre con el arma a punto… -Siempre… -Ya veo… -¿Entonces, Laura? -Quiero ese tesoro dentro de mí. Quiero que me folles el coño hasta reventarlo. Me pondré a cuatro patas y me joderás hasta que me corra como una perra. Quiero sentirme sucia, quiero ser una puta y saciar mi necesidad de polla.

Se puso a cuatro patas en la cama y yo me coloqué de rodillas tras ella y le fui abriendo el chochete poco a poco con mis dedos. Luego acerqué la punta de mi polla a la entrada del coño. Al principio pensé que no quería verme la cara mientras lo hacíamos, pero me confesó que es una de las posturas que más le gustan.

-Despacio, mi amor. -Iré todo lo lento que me pidas, Laura. -Así…ummm. Deja que me acostumbre a tu polla…que rico…hacía tanto tiempo… -Siiii… -Sigue así, muy despacio, quiero gozar cada segundo de este momento. -Que bueno, que rico tienes el coño, Laura… -Si, oh, que bueno, empuja, un poco más…cógeme las tetas,…así, sigue, si amor… -Que gusto, me matas de gusto…

-Ahora mi vida, empuja más, más… -Toma, así, así… -Rómpeme el coño, sigue, sigue. -Ummm,-¡Siii!, sigue, así, así, así…me corro, me corro. -Y yo… -Así, así, dámela, dámela toda…-¡Toda! -¡Lléname el coño!… -¡Me voy! -Y yo, ¡córrete en mi coño!…siiiiiii. -¡Ufffffff!

Había sido apoteósico. Luego pensé en el ruido que habíamos armado… pero afortunadamente nadie se quejó. Quedamos extenuados en la cama, sudorosos y jadeantes.

-Ha sido increíble, Jorge. Ha sido el mejor orgasmo de mi vida. -Ya lo creo. -Bueno, orgasmos, porque me he corrido unas cuantas veces… -¿Si? -Con las ganas que tenía, lo cachonda que estaba y lo bien que lo has hecho, pues si, he disfrutado como una puta…

La verdad es que era raro oír hablar así a mi madre…pero claro tampoco era habitual estar juntos desnudos en una cama después de haber echado un polvo memorable. Fui al minibar a coger una cerveza. Necesitaba hidratación. Mi madre me la cogió y le dio un buen sorbo.

-Lo de esta noche ha sido increíble, Jorge. -Pero… ¿es que ya hemos terminado? -¡No me digas que todavía puedes más! -Te dije que tenía un cargador de gran capacidad… -Pues si que es verdad… ¡ja, ja!

Esta vez fui yo el que decidió la postura, por así decirlo. Nos besamos, sintiendo una excitación que no creo haber sentido ni con el primer beso de mi vida. Estábamos sentados sobre la cama, ella sobre mí, por lo que mi polla quedaba muy cerca de la entrada de su coño.

La verdad es que me había dado cuento del pedazo de mujer que era mi madre. Como dije al principio esta delgada por control estricto de lo que come (es un poco obsesiva con eso) y no debe pesar más de 50 o 52 kilos. Pero como reseñé lo que más me gusta de mi madre son sus tetas. Ahora están muy morenas, por eso de tomar el sol sin tela, con unos pezones que son una debilidad especial, grandes, como de unos 3 cm. de largo y bastante gordos, como un garbanzo grande. Además la primera vez que los vi eran sonrosados y ahora son color café, también debido a la luz del sol.

Por último los pelos del coño se los había depilado dejando un mini triángulo perfecto, de pelos negros. Me fui hasta el borde de la cama donde me puse de pie. Mi madre estaba agarrada a mí. Sus brazos rodeaban mi cuello y sus piernas mi cintura. Poco a poco puse mi polla en posición para dejar caer a mi madre y ensartarla con mi herramienta. Inicié la penetración en el conejo de mi madre, por segunda vez en esa noche. Le pasó como la primera vez que le lamí el coño: dio un respingo como si le acabase de dar un corrientazo.

-¡Oh!, que bueno. No había follado nunca así… -¿Te gusta, Laura? -Siiii, me siento completamente llena…argggg -Me gusta llenarte… -Siiii, así, así, llena… -Siiii…

Estaba en una nube. Me follaba a mi madre viendo como mi objeto de adoración, o sea, sus tetas subían y bajaban frente a mis ojos. Estuvimos un rato follando viendo como la mirada de mi madre era cada vez más lujuriosa, con la vista perdida, pasándose la lengua por los labios y con una respiración cada vez más entrecortada, preludio de un nuevo orgasmo.

-Un poco más Laura, un poco más y me voy… -Y yo, me voy contigo… -Asiii… -Espérame, mi amor, que me vengo. -Siiii… ¡aarrgg! -¡Ahhh!

La verdad es que había sido increíble. Me había corrido tres veces esa noche. Una en la boca y dos en el coño de mi propia madre. Nos duchamos y dormimos, desnudos y abrazados. Cuando desperté mi madre ya estaba en pie, con una bata. Yo me puse unos calzoncillos.

-Buenos días, Jorge.

Estaba un poco seria.

-Buenos días, mamá. -Quiero hablar sobre lo de anoche… -Si, dime. -No se que pasó realmente, si fue un error o que… -¿Tú crees que fue un error? -No, yo no digo eso. Quiero saber si estás molesto conmigo por lo que pasó. Es algo que no ocurre entre madres e hijos… -Bueno, a veces si, ¿no crees? -Ya, ya…déjate de bromas…es algo muy serio. Estoy confundida… -¿Por qué? -Porque no se si lo que hemos hecho está bien… -¿Tú que piensas?

-Hombre…no le hemos hecho daño a nadie y somos los dos adultos… -Eso mismo pienso yo… -Entonces ¿no estás enfadado conmigo…? -Como voy a estar enfadado con la madre más maravillosa del mundo, además de una de las más buenas que conozco… -¿Entonces? -Que por mí… ¡cuando quieras! -¿Siiii? -Claro que si. Ya te lo he dicho y es en serio que estás buenísima.

No besamos.

En el trayecto a Madrid decidimos que lo mejor era, por un tiempo que cada uno siguiese con su casa y si todo iba bien, mi madre se mudaría a la mía, ya que era más grande y la suya la alquilaría. Seguimos con nuestros fines de semana maravillosos, pero ahora había más días. Además las vacaciones estaban a la vuelta de la esquina y teníamos una casa en la playa…

Eso si quieren será otro día…

Autor: Galufo

Me gusta / No me gusta