Una infidelidad consentida

hola, mi nombre es Alexandra,  y este relato es 100% real.

Conocí a un muchacho, joven, de aproximadamente 28  años .

Es mecánico se llama Diego. Iba en mi auto camino a mi casa, cuando de repente  se descompuso  justo frente al taller donde trabaja. Él y otros salieron a auxiliarme. yo traía un vestido negro largo. pero transparente, no traía bra y solo traía una tanguita de  hilo dental color purpura.

Se me quedó viendo  las tetas, no lo pudo evitar y por un momento, sentí su mirada penetrante.

Al principio pensé que eran ideas mías, pero luego tuve que  pararme porque quería decirme  lo que tenia mi auto, pero cuando me volteé para ir hacia dentro del carro, se me quedo viendo y yo hice como que no me di cuenta.

Me dijo que le iban a hacer un remedio casero al auto,  para que al menos llegara a mi casa.

Le dije que si que estaba bien y que cuanto iba a ser,  le pregunto a su patrón y le dijo que nada, que lo trajera después para componerlo.

Bien le dije a los dos que muchas gracias. me dijo vayase con cuidado y me sonrió coquetamente.

Llegue a la casa y le dije a mi esposo lo que me había pasado. y le conté lo de Diego,  ya que éll tenia la fantasía de verme con otro o incluso de un trío, y constantemente me lo pedía.

Le dije que diego me había gustado mucho, al grado de mojarme solo con su mirada.  y me dijo que si,  que por fin se le iba a hacer verme con otro. Mi marido (Edgar) le habló, con el pretexto  del carro, que si podía ir a la casa a checarlo.

Le dijo que el no iba estar. pero que yo (Alexandra) lo  iba a estar esperando, a lo cual él (Diego)  accedió.

Pasaron como 30 min. y se oyó el timbre de la casa. para esto yo ya me había arreglado con un   vestidito  pegadito,  corto al ras de las nalgas.

Vamos, que salí a abrirle como toda una puta.

Le pedí que pasara.

El carro estaba en el garaje.e l cual  tiene un  portón completamente cerrado.

Mi esposo ( edgar) estaba espiándonos en las escaleras sin que diego se diera cuenta.

Abrió el cofre para checar el auto y se me  quedaba viendo,  me le acerque  y  le pregunte

– ¿por que me miras tanto? él me contestó

– está usted guapa y luego con ese vestido con el perdon se ve usted riquisima

le dije

– ¿te gusto?

me contesto

– si desde que la vi.

– No te gustaría hacerlo aquí conmigo

y me dijo

– Pero su esposo nos puede encontrar aquí

le dije

– no, él no va a venir, tardará.  A veces no llega en todo el fin de semana y me siento solita y  además, no le vamos a decir nada o si?
– Se que él se va fuera y no me lleva a mi pero lleva a otras y tengo que aguantar así que tu dices.

Ni dos veces  lo pensó. Se me acerco de frente, me empezó a acariciar las tetas, me dijo

– tengo ganas de mamartelas ¿puedo? mmm

Yo, ya calentita, le conteste que sí. Disfrutó como 5 minutos en mis tetas  y tocandome la panochita, le di la espalda y sentí su verga dura.

Le desabroché el pantalon, le saque la verga y se la empecé a a mamar. Él lo disfrutó mucho. Luego me paré y le puse mis nalgas en su verga, me empine sobre él.

Estaba muy excitado me vio las nalgas y el culo y me dijo

– Estas muy rica, entre  gemidos de placer.

Yo ya mojada, en postura  de perrito, deseando que me la metiera, como así hizo. Me la metió como un salvaje, con muchas ganas de devorarme y me dijo

– no pensé que fueras tan putaaa. Y eso me encanta y mas que eres casada y le dije

– pues no te quedes con las ganas y metémela. Es tu oportunidad, aprovechala no me dijo nada hasta que me arrancó un gemido de placer al metermela toda y al mismo tiempo no pudo mas y se vino.
y todavía un poco mas en mis nalgas.

Terminamos y le dije que mejor se fuera que ya no revisara el auto por si llegaba mi esposo. Me dijo que ya se iba que había sido lo mejor que el había pasado hasta ahora cuando iba a reparar un auto a domicilio.

Continuará

Me gusta / No me gusta

Memoria USB perdida (II) – Sudamericano

Había pasado casi una semana de los acontecimientos narrados en el relato “Memoria USB perdida” (I) entre Sara, Isma y yo.

Era viernes y estaba en el trabajo cuando recibí un mensaje de whatsapp de Isma (chico de entre 18-19 años) en el que decía:

“Mira lo que estamos haciendo mi amigo Raúl y yo”.

Tras el mensaje, recibí una imagen en mi Smartphone en el que se veía un monitor con una de las fotos de mi novia Sara que había perdido y dos pollas erectas justo delante.

Le contesté:

“Disfrutad con mi novia chicos. Enviadme una foto cuando acabéis. ”

A los 5 minutos mi móvil sonó. Me fui a una esquina de la oficina y descargué la foto. En ella se veía la misma foto proyectada en el monitor de antes cubierta por un montón de semen y dos pollas flácidas al frente.

Al verlo, les envié un mensaje diciéndoles que estaba en el curro y que ahora no podía escribir mucho y que a ver si Isma me contaba quién era el propietario del otro miembro y qué le había parecido mi novia Sara.

Aunque no lo contesté ese día, Isma me comentó que era la de su mejor amigo Raúl, de total confianza y que pensaba que Sara era una diosa a la que había que hacer ofrendas de semen.

* * *

Ya en casa, le conté y enseñé lo ocurrido a Sara y esta se excitó enseguida.

Al día siguiente (sábado), Isma nos llamó y nos dijo que su amigo Raúl nos invitaba a tomar algo a su casa.  Sara y yo lo hablamos y accedimos.

El amigo de Isma vivía en un chalet grandecito en la periferia.

Llegamos a la casa y nos recibieron Isma y Raúl, su amigo sudamericano. Pasamos al comedor y allí estaban los padres del anfitrión. Nos presentamos como unos amigos de Isma y que más tarde nos iríamos de marcha.

Sara y yo estábamos bastantes nerviosos porque los chicos no estaban solos. ¿Qué tendrían en mente? Les propusimos ir a nuestra casa, que estaríamos solos, pero dijeron que no, y que no nos preocupáramos.

Seguimos a Isma y a Raúl por las escaleras hasta llegar al garaje, desde el que  se podía acceder a un cuarto hecho a medida que Raúl usaba para estudiar, fiestas y jugar a la consola.

Una vez dentro, Sara se quitó el abrigo y dejó a la vista de todos cómo iba vestida:

Llevaba las piernas, perfectamente depiladas al descubierto y un vestidito compuesto por una minifalda en volantes y una parte de arriba con filigranas y transparente. Todo el vestidito era negro, y el sujetador con relleno que se descubría bajo las transparencias era del mismo color.

Isma y Raúl se quedaron alucinados.

Mientras Sara les sonreía, observé aquella habitación desprovistas de ventanas y pude ver una tele de 52 pulgadas con varias consolas conectadas, un sofá, una mesita, una mesa llena de papeles con un ordenador y una pantalla de 22”, estanterías llenas de libros y una pequeña cama de 90.

Sara se sentó en el sofá cruzando las piernas. Aquel cruce le subió la falda un poco y dejó ver aquellas dos preciosas y tersas extremidades blanquecinas.

Raúl abrió un armario y dejó a la vista un nutrido mueble-bar. Todos decidimos tomarnos unas caipirinhas. Mientras Raúl las preparaba, Sara  y yo nos reíamos de las bromas que nos contaba Isma.

Nos sentamos, bastante estrechos en el sofá. En un lateral estaba yo, con Sara a mi derecha, seguida por Raúl y por Isma.

Bebíamos y reíamos hasta que sonó la puerta y se abrió de golpe. La madre de Raúl entró y nos preguntó si necesitábamos algo. Su hijo le contestó que no, que estábamos tomándonos algo para no gastar tanto cuando saliéramos. Su madre dijo que eso estaba muy bien, que ahorraran un poco y dijo que para que no nos sentara mal que nos traería algo para comer.

SARA: qué susto me he dado.

RAÚL: ahhh, no te preocupes. Ahorita nos traerá algo y nos dejará tranquilos. Ahora están viendo la tele pero a las 11 y nomás se irán a la cama.

La mujer cumplió y nos trajo unas minipizzas y otros menesteres para comer.

MADRE: ¿cariño, no pasarás frío? – le dijo a mi novia al comprobar el hecho que llevaba una camiseta transparente.

SARA: no, no se preocupe señora. Llevo un buen abrigo. Es que con tanta gente hace mucho calor en las discotecas y así es como si fuera en bikini.

MADRE: bueno, cuídate y no te resfríes.

La madre se acercó y nos dio dos besos a cada uno.

MADRE: no sé si estaremos despiertos cuando os vayáis así que pasáoslo bien y tened cuidado. Rauilito, si necesitas cualquier cosa llámanos.

RAÚL: valeeee mamita. No te preocupes. Te quiero mamita.

La mujer cerró la puerta y nos dejó solos.

Raúl puso música y nos dijo que no nos preocupáramos por el volumen, que sus padres dormían dos pisos más arriba y no se oía nada.

Pronto las caipiriñas fueron bajando en los vasos y Sara le preguntó a Raúl:

SARA: Luis ya me ha enseñado la foto que le enviasteis. ¿Os lo pasasteis bien con mis fotos?

RAÚL: estabas muy lindaaaaa.

SARA: ya vi que os gustó…

RAÚL: sí… Las fotos las hicimos frente a ese ordenador – señaló la mesa y la pantalla panorámica que reposaba encima.

SARA: ¿pensabas que sería así en persona tras ver las fotos?

RAÚL: así con ropa no sé, ¡¡pero estás padre!!

SARA: Isma antes nos ha contado que jugas al fútbol con él y que eres un crack. ¿Por qué no me enseñas las abdominales?

Sin perder tiempo, el chico obedeció y se subió en seguida la camiseta. Se podían apreciar unas abdominales muy marcadas, mejores que las que hace una semana nos enseñó Isma, en una piel morena como la madera.

Sara pasó dos de sus dedos lentamente por aquella cordillera de músculos del vientre hasta llegar al ombligo.

Sara se levantó riendo y dijo de improviso:

SARA: ¡¡¡esta canción me encanta!!!

Empezó a bailar delante de nosotros tres. Primero abrió los brazos y los fue subiendo lentamente al ritmo que movía la cadera adelante y atrás.  Se colocó una mano en la falda, y la movió arriba y abajo (casi dejando a la vista su ropa interior), mientras que levantaba por encima de la cabeza su otro brazo. Se puso de lado y empezó a contonear su cadera con los brazos levantados. Pese a no tener mucho pecho, aquel sujetador push-up le hacía parecer tener una 90. El vestido ceñido realzaba sus formas, su vientre plano y su culo respingón y de infarto.

Se dio la vuelta, y bailó de espaldas a nosotros, moviendo su culito como si le picara algo y poniéndonos a los 3 bien calientes. Levantó tanto su falda que s ele pudo apreciar un poco el culo. En un descuido hasta su tanga negro.  Volvió a bailar de frente de forma provocativa, luego de lado, y terminó el ciclo de espaldas. De frente se subió el vestido enseñándonos el ombligo. Siguió provocándonos y se subió la parte de arriba dejándonos ver su sujetador negro, que ya teníamos visto por sus transparencias.

Se dio la vuelta, subió su falda enseñándonos las rayitas de su tanga y comenzó a agacharse haciendo una sentadilla sin parar de mover aquel culito blanco y terso.

Se pasó los pulgares por los laterales del tanga y subió y bajó las manos sin parar de bailar. Nos dio la espalda, se agachó y empezó a mover el culito como si tuviera espasmos.

Se dio la vuelta mirándonos y acarició las piernas hasta llegar a los pechos. Los juntó y se inclinó hacia delante marcando un gran cañón transparentado por su parte de arriba del vestido.

De repente la puerta se abrió y apareció Nicolás, el padre de Raúl:

NICOLÁS: a ver, podéis bajar la música que estoy viendo una pelí…

El hombre, bajito, regordete y moreno, de unos cuarenta y tantos, vestido en chándal, se quedó helado al ver a Sara, al verla bailar tan sexy. Se acercó, con el ceño fruncido, al sofá, a donde estaba Sara y le dijo en voz alta casi gritando:

NICOLÁS: ¡¿cómo te atreves a comportarte así en mi casa?! ¡Esto no es una discoteca!

SARA: sólo bailaba, no se enfade. Ahora nos iremos de marcha.

NICOLÁS: ¡ha! ¿Ahorita? ¡Tú lo que hacías era poner cachondos a estos críos!

SARA: ¿no le gustaba cómo bailaba? Se ha quedado mirando fijamente unos segundos…

NICOLÁS: yo, yo…

Justo en ese momento comenzó una canción latina con mucho ritmo. Sara empezó a bailar inconscientemente. Puso una mano en el pecho de Nicolás y le empujó, haciendo que este cayera se tropezara con el sofá y se sentase donde antes se había sentado ella.

NICOLÁS: ¡¿Pero qué carajo haces?!

SARA: shhh – mi chica se llevó un dedo a los labios.- Le bailaré esta canción que seguro le gusta. Relájese y verá como no hago ningún mal.

El hombre se dispuso a rechistar pero en cuanto Sara le dio la espalda y comenzó a bailar moviendo al ritmo de reggaeton su culito se quedó callado y con la boca abierta.

RAÚL: ¿a que baila bien papito?

NICOLÁS: calla, calla…

Sara contoneaba su culito de espaldas, y cuando dobló la espalda su mini falda se levantó dejando a la vista sus duras nalgas y su tanga negro. Él levantó las cejas y ella sonrió al percatarse. Agitó aquel trasero y se movió ligeramente como un flan. Se pasó las manos por el culo lentamente, provocándonos a los cuatro.

Se dio la vuelta y al mirar a Nicolás, éste le sonrió levemente. Bajó la vista y pudo notar una pequeña protuberancia en el pantalón de chándal de aquel hombre maduro. Se acercó a él de frente, colocó sus manos en sus hombros y contoneó su culito. Isma se asomó un poco para ver aquel trasero, pero el resto no perdimos de vista aquella cara viciosa de labios carnosos entrecerrados y el escotazo que tenía mi novia. Aquellas dos tetitas estaban bien cerca de la cara del hombre. Sara abrazó lentamente al hombre, rozándole con los pechos el cuerpo. Cuando se incorporó, sus tetitas estaban a la altura de la lengua del hombre. Sara se puso las manos en los laterales de sus senos y empezó a juntarlos como si quisiera dar palmadas con ellos. Los ojos del padre de Raúl casi se salían de sus órbitas y no paraba de resoplar.

El hombre se estiró para besarle los pechos, pero en ese momento ella se dio la vuelta, siguió bailando lentamente de espaldas y bajando su culito. No hubiéramos sabido si se estaba restregando contra Nicolás si no hubiera sido por su interjección:

NICOLÁS: mmm, ¡qué culito más rico!

Sin previo aviso el hombre le bajó la falda dejándola en tanga. En lugar de protestar ella se rió.

SARA: ¿más tranquilo señor?

NICOLÁS: mmm. Niña, tendrás que quitarme el enfado con tus bailes.

Sara, de espaldas, apoyó sus manos en las piernas de Nicolás y contoneó su culito contra su paquete, del que ya se podía ver una gran erección bajo la ropa.

Aquel culito blanco y puro parecía casi desnudo por el pequeño tanga y se movía de arriba abajo aplastando el paquete de aquel hombre.

Nicolás se lanzó y colocó sus manos en las piernas de Sara. Fue bajando hasta tocarle el culo. Aprovechaba para apretar a la chica más contra él.

Sara se levantó y se subió encima de Nicolás, como una amazona sobre aquel hombre regordete. Le apartó las manos cuando este intentó tocarle las tetas y se quedó quieta.

SARA: ¿nos dejarás hacer lo que queramos sin rechistar?

NICOLÁS: sí sí. Pero amor, no pares.

Sara rio apoyándose con los brazos en el sofá, empezó a cabalgar al hombre. Al principio despacio, restregando lentamente su tanguita por encima de el paquete de él, pero poco a poco fue cogiendo velocidad y emitiendo gemiditos. Se podía apreciar una mancha de humedad en su tanguita. En un momento dado la camiseta del hombre se subió, y la punta de su polla salió a la luz. Ella la tocó con un dedo, se rio y cabalgó más rápido. Cuando el hombre no aguantó más, se corrió, soltando un buen chorro blanco que le impactó sobre la barriga, seguido de otros 3 que terminaron formando una laguna que se desbordaba por los lados.

Sara se paró y le dio un piquito al hombre. Éste se levantó y se fue al baño a limpiarse.

SARA: ¿qué? ¿Nos vamos de marcha?

Los 3 chicos nos miramos y tras aquella exhibición pasional contestamos con una tímida afirmación.

RÁUL: Papá, ¿qué nos podrías acercar a la disco en el auto? – preguntó a su padre nada más este salió del baño.

NICOLÁS: claro que sí hijito – dijo sonriendo – os llevaré a los 3.

***

En el coche no ocurrió nada digno de mención. Llegamos a un pub de mala muerte bastante pequeño que solían visitar Raúl e Isma. Estaba bastante lleno por chicos de su edad, y tanto la música como las personas eran claramente latinas. Nos quitamos los abrigos y nos dirigimos al otro extremo de la puerta para poder dejarlos apoyados en una barra llena de ropa.

En cuanto Sara dejó a la luz sus suaves piernas acabadas en minifalda y su camiseta transparente que era una ventana hacia su sujetador, los chicos del lugar centraron su vista en ella como si sus miradas fueran arpones.

Isma propuso invitarnos a unos chupitos, y nos dirigimos abriéndonos paso hasta la barra. Yo iba justo detrás de Sara. Pude ver cómo muchos chicos más que apartarse un poco para dejarle paso hacían justo lo contrario para rozarse y acercarse más. Otros tantos le dedicaban piropos o la animaban a que se fuera con ellos.

Nos resguardamos en una parte de la barra que quedaba un poco solitaria al tener una columna por medio. Tomamos nuestros chupitos y aprovechamos el espacio libre para bailar un poco.

Sara bailaba extremadamente sexy. Sólo nosotros tres la separábamos del mar de tiburones que intentarían comérsela a la mínima ocasión. Éramos sus protectores, pero nosotros, y más tras el espectáculo acontecido en casa de Raúl, también éramos escualos.

LUIS: cariño, porqué no te quitas esa camiseta, que total el efecto será el mismo – le dije bromeando.

En lugar de burlarse de mi broma, se puso a reír y se quitó la camiseta, quedándose en sujetador. Sus tetitas botaban con su baile dentro de aquel constringente sujetador.

Mientras Sara bailaba aquella música latina, Raúl se le acercó animado. La cogió por la cintura y se pusieron a bailar cada vez más pegados. Ella giró y siguió bailando de espaldas. Su culito se movía como la rueda de un coche, y en cada vuelta rozaba el paquete de Raúl. En un momento determinado ella dio un giro, y todos pudimos apreciar la imponente erección que tenía el chico. Se volvieron a pegar y Raúl la agarró de la cintura juntándola bien contra sí.

Su baile era cada vez más caliente hasta que Sara se separó y se acercó a Isma, que estaba sentado en un taburete. Le beso lentamente en los labios, y se arrejuntó los pechos en el sujetador frente a la cara del chico. Éste, hundió su cabeza entre aquellas dos tetas, no muy grandes, pero bien turgentes.

Raúl se acercó a Sara por la espalda y se pegó a su culito diciéndole.

SARA: nos has puesto muy cachondos en mi casa. Al chófer ya le diste lo suyo, ahora nos toca a nosotros.

Raúl se apretó más a ella  y le colocó sus manos en la cintura. Sin parsimonias, subió rápidamente hasta llegar a los pechos y los apretó hacia arriba. Le acarició las piernas y fue ascendió hasta subirle la falda lo suficiente para dejar al descubierto su tanguita. Sin delicadeza, le desabrochó el sujetador y le estrujó las tetitas mientras que ella no dejaba de besarse con Isma.

Mientras Raúl seguía magreándola, Sara le bajó la bragueta de los vaqueros a Isma y sacó su polla al aire libre. Empezó a masturbarle al son de la música sin dejar de mirarle.

El chico se levantó del taburete y ayudó a sentarse a ella. Inmediatamente, acercó su tranca a la cara de Sara, y ésta empezó a darle lametones al prepucio.

ISMA: sí nena, cómetela.

Ella, obediente, se metió aquel miembro erecto en la boca y empezó a chupársela. Raúl también había desenfundado y se la cascaba justo al lado. El joven acercó su miembro a la cara de Sara, y esta, en un rápido movimiento, cogió aquella cola por la base y empezó a chuparla. Su cabeza se movía con rapidez mientras mamaba alternativamente aquellas dos pollas.

Se bajó de la silla y se puso en cuclillas en el suelo para chupar aquellas pollas mejor. Sus pechos botaban por el ritmo de sus succiones. Juntó los dos capullos y se los metió a la vez en la boca.

Los mirones se arremolinaban entorno a nosotros cuatro y mantenían las distancias.

RAÚL: así así, putita, así. Chúpatela toda. Toda la pija…

Ella aumentó el ritmo sin dejar de mirarle.

RAÚL: ¿te gusta?

SARA: mmmm, sí, mmm.

Me senté en el taburete y empecé a cascármela yo también. Raúl ayudó a mi chica a levantarse y tras meter una mano bajo su falda empezó a masturbarla.

RAÚL: no hace falta mucho… qué mojadita está…

Le subió la falda y tras apartar el tanga a un lado, fue buscando con la punta de su lanza su coñito.  Sara se apoyó en mí para no caerse. Nos sonreímos y su cara se transformó cuando nuestro nuevo amigo se la metió de golpe.

Se la estaba follando con golpes secos, y ella me miraba con un gesto agónico de placer. A los pocos minutos, me miró con cara traviesa, y tras coger mi miembro empezó a chupármela.

RAÚL: mmmm, qué culito tienes, mmmm. – Decía mientras le agarraba el culo al ritmo de sus penetraciones.

SARA: sí… Isma.. ahora tú guapetón… Métemela…

Sonriente, el aludido pidió turno y se colocó detrás de Sara. Le acarició la espalda y empezó a penetrarla muy lentamente. Ella quería más, pero él disfrutaba cada introducción con deleite. Pegó su cuerpo al de ella y le susurró al oído:

ISMA: voy a correrme dentro de ti, como he estado haciendo a diario en mi imaginación mientras me la cascaba.

El chico aumentó el ritmo hasta que su voz se elevó por encima de la música y empezó a correrse dentro de mi chica. Se apartó a un lado, y sin dar tiempo a que Sara se limpiase, Raúl ocupó su lugar y empezó a follársela con fuerza.

Los mirones se habían envalentonado y un par de chicos acariciaban a Sara. Poco a poco se fueron soltando más, y uno le estrujaba las tetas mientras que otras tantas manos anónimas la toqueteaban por todos lados.

Aquello se nos estaba yendo de las manos. Pude ver cómo Isma llamaba desde el móvil de Raúl con cara seria. Raúl no tardó en correrse. Se separó y chorreones de semen cayeron por las piernas de mi chicas. Un desconocido intentó penetrarla, pero Sara se pegó a mí y le rechazó.

LUIS: chicos, hay que irse. Coged la ropa y abridme paso.

Cogí a Sara en brazos y seguí a Raúl e Isma que se abrían paso entre la multitud. Al salir a la calle, el padre de Raúl nos esperaba con la puerta abierta.

NICOLÁS: ¡vamos, vamos, a dentro!

***

Nos metimos a toda velocidad, con Sara casi desnuda dentro del coche y conducimos hacia casa de Raúl.

NICOLÁS: Isma ya me lo ha contado todo. No os preocupéis,  no pasa nada.

De repente Sara cortó la tensión riéndose a carcajadas.

SARA: eso, no ha pasado nada. Sólo que casi me follo a todo el pub.

Todos nos reímos. Mientras hablaba, se iba vistiendo.

SARA: a todos menos al más importante…

Isma y Raúl se bajaron al llegar a su casa y su padre nos acompañó hasta nuestra casa. Entró por el parking y una vez paró el coche Sara le dijo:

SARA: gracias por todo Nicolás. Es usted un caballero.

NICOLÁS: faltaría más.

SARA: fíjese que mi novio se ha quedado sin disfrutar esta noche. Iba a recompensarle en el coche, pero por respeto a usted no lo he hecho.

NICOLÁS: no pasa nada…

Sara metió la cabeza entre los asientos delanteros y le dio un beso en la mejilla a Nicolás. El hombre rio, y no me di cuenta de por qué hasta que me pude dar cuenta que Sara le estaba acariciando el paquete. En un santiamén le sacó la polla y empezó a pajearle.

Yo hice lo propio y cuando Sara se dio cuenta, se acercó a mí de espaldas y levantó la falda. Apartó su tanga a un lado. Y se agachó hasta meterse mi polla. La luz del parking se apagó dejándonos a oscuras. Aún estaba empapada por dentro. Empezó a cabalgarme y yo apenas sólo podía ver su culito saltando y su espalda. Se reclinó un poco más hacia detrás y pude ver a nuestro conductor entre los dos asientos con la polla en ristre. Ella volvió a inclinarse hacia delante, y me imaginé que los gemidos que oía debían de provenir de la satisfacción de Nicolás mientras mi chica se la chupaba.

El hombre no aguantó mucho y al poco tiempo se corrió. Sara se levantó y dio la vuelta. Pude ver cómo tenía la cara y el cuello llenos de semen. Empezó a cabalgarme de frente hasta que me corrí dentro de su coñito.

Nos limpiamos con clínex y recompusimos, listos para volver a casa.

FIN.

Me gusta / No me gusta