Habitación 206: Servicio de habitaciones

Ella gritó al llegar al orgasmo. Su cuerpo se contraía y se dilataba apretando aún más su culo en la poya de él que aprovechó para clavarla hasta el fondo en sus entrañas mientras ella se corría, se vio dominada por un extraño que la estaba sodomizando tal y como ella deseaba más profundamente. Ella volvió a correrse. Estaba disfrutando como nunca con el camarero dentro de ella.

Ella entró a la habitación con prisa. Alterada. Se sabía con el tiempo justo y aún tenía que prepararse para la cita con su amante. Estaba nerviosa y excitada. Hacía tiempo que no lo veía y deseaba sorprenderlo y complacerlo tal y como siempre ocurría en cada uno de sus encuentros esporádicos.

Se desnudó con prisa. Tenía un bonito cuerpo. Con unos pechos de la forma de una copa de champán y con unos pezones puntiagudos y firmes. Se recogió el pelo para entrar a la ducha. El calor de la tarde y las compras por la ciudad le habían hecho sudar. No quería que él la encontrara así.

Entró en la bañera y se dio una ducha rápida. Sacó de su bolsa de aseo un gel que acababa de comprar de olores excitantes, y al terminar sacó también una maquinilla íntima de afeitar, se echó espuma y se afeitó delicadamente su pubis. No dejó nada de vello. Era una sorpresa para él.

Al salir se echó crema por todo el cuerpo y un aceite especial para la zona genital. Se pintó los labios y se maquilló un poco para recibirlo desnuda pero sensual. No necesitaba más ropa que su desnudez y unos zapatos de tacón alto que acababa de comprarse para su cita más esperada. Sólo de recordar la cara del vendedor de la tienda cuando ella le pidió que la ayudara a elegir unos zapatos que fueran salvajes, atrevidos, que dieran ganas de follar sólo de ponérselos, se volvió a sonreír. Maliciosamente, como era ella. Él eligió los zapatos perfectos, sabía que eran los ideales, y ella le agradeció su profesionalidad permitiéndole la visión de su sexo desnudo por debajo de su falda cuando el vendedor se arrodilló a ayudarle a probárselos. Le gustaba provocar erecciones, y lo consiguió. Los dos, vendedor y clienta, quedaron satisfechos.

Los sacó de la caja y los puso sobre la silla. Disfrutó observándolos detenidamente, sentada delante de ellos, desnuda, maquillada, perfumada y depilada para su amante. Preparada para la noche de placer y pasión que siempre tenían cada vez que él tenía que pasar por la ciudad por motivos laborales.

Lentamente cogió uno de los zapatos y se lo acercó a la nariz. Le excitaba el olor a piel nueva que desprendía, y cuando comenzó a chupar la punta para saber qué sentiría su amante al probarlo tentada estuvo de follarse sus propios zapatos. Se sentía ardiendo de deseo y esos malditos zapatos la ponían a mil. Recordó la erección del vendedor. Si no hubiera tenido prisa seguro que la cosa habría acabado diferente entre ellos dos. En ese preciso momento llamaron a la puerta.

– ¿Quién es?- dijo ella precipitada. Sabía que su amante cogería las llaves en recepción, por tanto no podía ser él, aunque deseaba por lo más caliente de su cuerpo que fuera él quien llamaba a la puerta. Su cuerpo lo necesitaba.

– Servicio de habitaciones. Le traigo lo que han pedido.- le contestó la voz desde el pasillo.- Yo no he pedido nada. Se habrá equivocado.- le dijo acercándose a la puerta para no tener que abrirla. Estaba desnuda.- Tengo un pedido para la habitación 206. Hecho por el señor García. Tengo orden de entregarlo a las diez en punto.- Le contestó.

Así es como su amante reservaba la habitación siempre. Señor García. Por supuesto no era su verdadero nombre.

– Espere un momento que no estoy vestida.- le dijo mientras se fue a la cama, dejó de nuevo los dos zapatos alineados encima de la silla y se metió debajo de las sábanas, todavía desnuda y caliente.- Ya puede pasar.- le dijo al minuto.

Entró un hombre de unos treinta años, alto y atractivo. Con una bandeja con una botella de champán dentro de su cubitera, dos copas y una bandeja con fresas, cerezas y dos plátanos. El hombre no quiso mirar mucho a la chica para no avergonzarla, pues permanecía tapada hasta el cuello pero con una sábana tan fina que, aunque la tapaba lo suficiente para que no se viera nada, se ajustaba a su figura moldeándola de una forma tan excitante que casi tropieza al dejar las cosas en la mesilla junto a la cama. Se había puesto nervioso con esa magnífica visión.

– Me tiene que firmar la comanda. ¿Está todo a su gusto? Tengo orden de preguntarle si está todo bien. Lo exigió el Señor García al hacer el pedido.- le dijo mientras le daba una nota y un bolígrafo y se giraba mirando hacia la pared contraria a la cama para que ella pudiera firmar sin ser molestada por su mirada.

Aún de espaldas a ella el espejo de la habitación le permitió poder ver cómo la chica se incorporaba para firmar la nota sobre la mesilla y la sábana se resbalaba para dejar ver sus pechos y su piel blanca y suave. Él comenzó a sudar sólo con la visión de esa espectacular mujer que estaba desnuda a un metro de él.

– Aquí tiene la nota firmada.- le dijo ella.- pero espere, que tengo que comprobar si la fruta es de mi gusto. Sólo será un momento. No se gire por favor.- le insistió educadamente.

Ella ya había entendido qué es lo que quería su amante con lo que le había enviado. Era una de las fantasías que se habían contado en sus correos electrónicos y en sus chats, así que tomó uno de los plátanos. Él pudo ver, disimuladamente por el espejo cómo ella chupaba la punta del plátano durante unos segundos y lo guardaba debajo de las sábanas. El gemido y la cara de ella maniobrando bajo las sábanas confirmaron lo que estaba sospechando. Empezó a sudar de la excitación que tenía. No se esperaba empezar la noche así.

– Este plátano está bien. Es grande y fuerte. Veamos cómo es el otro plátano.- dijo ella, con un tono de voz más apagado que anteriormente mientra cogía el otro plátano y lo volvía a meter bajo sus sábanas. – ¡Este no me sirve! Está maduro y se aplasta. ¡Necesito otro plátano! ¡Tráigalo ya! ¡Mi pareja está a punto de llegar y no me puede ver así! No sirve. Es muy importante para mí.- le dijo ella gritando disgustada. Se le notaba realmente enfadada.

Él no se atrevió a darse la vuelta mientras se disculpaba.

– Señora, lo siento mucho, de verdad que lo sentimos, pero… es que no nos quedan más plátanos. He traído lo que me han pedido y no tenemos más.- le contestó el camarero avergonzado y asustado por su reacción. – Mierda.- gritó ella e hizo una pausa larga para pensar. El camarero seguía de espaldas e inmóvil, paralizado.

– Enséñame tu plátano. Déjame ver si me sirve.- le gritó ella. Él no supo reaccionar y siguió quieto de espaldas a ella. – He dicho que te gires y me enseñes tu plátano. Mi amante está a punto de llegar y no puedo fallarle. Por favor, enséñame tu plátano. Te pagaré. Lo que haga falta- le dijo ella ahora en un tono más suplicante.

Él se giró todavía extrañado por la reacción de la joven y la vio sentada, con la sábana por la cintura, mostrando sus lindos pechos y con su pelo largo y suelto sobre su cara, suplicando que le enseñara su plátano. Y no supo negarse. Además había dejado 50 euros sobre la bandeja, así que comenzó a soltarse el cinturón y abrir su pantalón que cayó al suelo y se quedó en slips blancos ajustados. Se le notaba que estaba empalmadísimo y con un bulto más bien grande y vigoroso. Cuando se bajó el slip dejó ver una verga recia, dura y de buen tamaño. Él le mostró su sexo mientras avergonzado miraba al suelo, esperando la reacción de ella, y rezando para que en ese momento no llegara el Señor García y lo pillara enseñándole la poya a su novia. Empezó a temblar de imaginarlo. Ya se veía en la calle, despedido, y con un par de hostias por tonto…

– Sí que me sirve. Acércate, rápido. Déjame prepararla.- le dijo ella y él no pudo más que acercarse, con los slips por las rodillas y la camisa todavía puesta. Su poya indicaba el camino a seguir. En ese momento no pensaba él, lo hacía su verga, y se aproximó hasta la joven.

Ella la cogió con la mano. La observó detenidamente frente a sus ojos y se la metió en la boca. Estuvo un rato pajeándola y mamándola hasta que la notó grande y erguida dentro de su boca. En ese momento apartó la sábana y se giró poniéndose a cuatro patas y acercando el culo a su poya, con las rodillas en el borde de la cama y las piernas abiertas. El plátano seguía dentro de su coño y ella lo sujetaba con una de las manos mientras con la otra se apoyaba en la cama.

– Vamos, rápido. No pierdas el tiempo. Métemela por el culo. Ya. Está a punto de llegar.- le dijo ella.

Él no tuvo tiempo para pensar si lo que hacía era lo correcto y mientras ella jugaba con el plátano en su coño jadeando y gimiendo de placer, él apuntó con su verga a la entrada del culo de ella. No sabía cómo lo iba a recibir, pero las órdenes eran precisas así que escupió en su entrada mientras metía un dedo mojado en su saliva para dilatarlo. Ya lo había hecho otras veces. Notó cómo su culo succionaba su dedo con maestría. Iba a ser fácil. Era un culo entrenado. Así que con un poco de fuerza al principio y poco a poco fue metiéndola hasta la mitad y paró esperando a que se armonizaran los dos cuerpos.

Ella gritó al llegar al orgasmo. Su cuerpo se contraía y se dilataba apretando aún más su culo en la poya de él que aprovechó para clavarla hasta el fondo en sus entrañas mientras ella se corría en sucesivos y largos espasmos. Él sintió que no iba a tardar mucho en correrse también y se agarró más fuerte a sus caderas, clavando sus uñas en su piel suave mientras golpeaba el culo de ella con la otra mano. Eso pareció gustarle aún más a ella que tras el primer orgasmo sintió que le llegaba otro cuando se vio dominada por un extraño que la estaba sodomizando tal y como ella deseaba más profundamente. Tuvo que sujetarse con las dos manos a la cama por las fuertes embestidas del chico. El plátano cayó a la cama mojado en sus fluidos cuando quedó libre de su prisión. Ella abrió los ojos y vio que tenía frente a ella sus preciosos zapatos y sin dejar de mirarlos volvió a correrse. Estaba disfrutando como nunca con el camarero dentro de ella. Y se dejaba hacer.

Él sintió que iba a correrse y se salió del culo. Ella se dio cuenta y se giró para recibir su semen sobre ella. Le gustaba bañarse en ese delicioso néctar. El camarero no pudo más que lanzar su generosa corrida por donde pudo y la baño en el pelo, en la cara, el cuello, las tetas… Ella se relamió para saborear los restos que quedaban junto a sus labios y se dejó caer sobre la cama, rendida, complacida.

El camarero se acercó a la mesilla y sacó la botella de la cubitera. Su poya todavía goteaba restos de su faena sobre el suelo, cansada y abatida. Descorchó la botella y sirvió con maestría las dos copas. Tomó una de las fresas en una mano y la copa en la otra. Se acercó a la cama y se sentó junto a ella, con las dos manos ocupadas. Mojó la fresa en los restos de su semen que aún resbalaban por los pechos de ella y se la dio a probar. Ella abrió la boca para recibir la fresa en sus labios y la saboreó lentamente antes de morderla. Luego tomó la copa de champán de su mano mientras él se incorporaba de nuevo para buscar la otra copa.

– Muchas felicidades, cariño.- le dijo él a ella.- hoy nos hemos superado. Ha sido la ostia.- volvió a decirle mientras la besaba en los pezones, todavía de punta, y bañados por él. Chocó su copa con la de ella. – Gracias, Señor García, siempre me asombras con tus sorpresas. No te esperaba llegar vestido de camarero…Cómo me has puesto nada más verte… estoy exhausta… Vaya polvo que me has pegado. Me duele todo.

– Por cierto, me gustan esos zapatos que hay sobre la silla, ¿son para mí?- le dijo él. – Por supuesto, cariño. Los he comprado para nosotros. Por eso me gustas, porque tenemos el mismo pie.- le dijo ella.

– Pues prepárate que ahora mismo me los pongo y volvemos a comenzar. Ahora te toca a ti entrar a la habitación y pillarme con tu delicada ropa interior puesta y estos maravillosos zapatos en mis pies. Como he sido malo me tienes que castigar…- Vale, dame otra fresa, termino la copa y volvemos a empezar.

En la habitación 206 han ocurrido muchas historias como ésta. Si quieres saber más sobre mí puedes visitar mi blog:

www.narradortristan.blogspot.com

Agradeceré cualquier mensaje que me enviéis a mi correo personal prometo contestarlos todos.

Muchas gracias por leerme y…

Felices experiencias…

Autor: narradortristan

narradortristan@yahoo.es

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