Confesiones de un policía

No sé si les ha pasado que algunos días amanecen como más caliente que nunca, las pajas solo tienen un efecto momentáneo y vas por la calle caminando donde aparecen unos panas que te dejan la leche en la punta del guevo.

Como si Dios hubiese elegido colocar cada uno de esos hombres para calentarte para demostrar que él es quien manda y tu solo eres su marioneta.

¿Cuántas personas no estarán solas deseando tragarse la leche de alguien por la boca o culo? Son en esas las oportunidades donde pienso así: Yo tan caliente y a lo mejor este pana de ojos café que está comprando jugo en la panadería necesita un guevo pero no hay forma de saber o de cuadrar. Simplemente la vida es así.

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Mi orgullo merengue

Soy un tío muy tranquilo, de mi barrio y de mi gente. Tengo 35 años y calzo un buen rabo, tengo buen culo. Soy merengue de toda la vida. Y ahora que Cristiano se llevó el Balón de Oro y se lo dedicó al Madrilismo, más todavía.

Ese día me puse la camiseta del Real Madríd y la llevé con orgullo aunque hacía un frío pelón en Barcelona. Vivo en Sants, que es un barrio muy chulo, de calles estrechas y bonitas.

Volvía a casa y llevaba la camiseta y una chupa de cuero que tiene más calle que la Gran Vía. Saliendo de la Rambla del Brasil me metí por una callejuela que da a mi calle. Es una calle que da un poco de mal rollo pero que siempre está vacía. Yo la cruzo en bici a toda pastilla y jamás he visto a nadie, pero está a duras penas cementada y el año pasado un hijoputa dejó allí el cuerpo de una mujer que mató. Se llama el Carreró de les Ánimes, pa’ colmo de males. Los que conocéis Barcelona, sabréis que eso está a siete manzanas del Palau Blaugrana.

Al doblar me topé con cuatro tíos que hacían botellón contra una persiana metálica de un local cerrado. En el medio de los cuatro había unas Xibecas, que son unas cervezas de pésima calidad, meo de gato, pero muy económicas. Yo seguí a mi bola, lógicamente. Pero al verme, uno se puso de pie y abriendo los brazos chilló:

-Però però… Amb això on va?

Yo hice amague de parar y seguí andando hasta que el tío se me cruzó y me paró con el cuerpo:

-¿Cómo? -le pregunté en voz baja. Me quedé acojonado de lo rápido que se había cruzado.

-On vas?, pallasso.

Estaba borracho, se olía en el aliento y me puso el careto a un pelo del mío, mirándome con mala leche.

-A mi casa. Paso.

Y dando una zancada lo dejé detrás.

El tío me pilló de la manga de la chupa. Y yo le solté, automático:

-No me toques, tío.

-De qué vas, merengue, ¿de chulo?

Me giré para verlo y me di cuenta que los otros tres se habían puesto de pie. Me bajó toda la sangre al estómago pero tenía que controlarme. Tragué en seco y le dije:

-Suéltame, tío.

-Tú no te vas hasta que no te quites esa mierda que llevas puesta -dijo un tercero muy serio.

Lo miré a los ojos, era un tío con una cara de palurdo que se caía al suelo. Feo de cojones y chupado de cara. Seguro que si me hablaba en cualquier otra situación lo hubiera tumbado de una hostia, pero los otros dos pavos que estaban apoyados en la persiana eran muy grandes. Uno era cachas de más de cien kilos y a ese lo tenía calado porque ya lo había visto por el barrio. Era enorme y me podía moler a hostias.

-¡Que te quites esa mierda!- me chilló el más feo.

Finalmente el cachas al que tenía en el rabillo del ojo, habló. Estaba seguro que era un tío que entraría en razón y pararía esto.

-Anda, quítatela.

Cuando terminó no podía creer lo que había escuchado.

-Hace frío -les contesté con voz muy queda.

-Me la suda. Es más, ahora te quitas la chaqueta, que me la quedo yo y los pantacos. Así te quedas en bolas, por listo.

Me quedé asombrado. El otro tío que estaba al lado del cachas, igual de grande, suspiró y finalmente abrió la boca:

-Yo me piro -anunció y se perdió de vista en un segundo.

Pensé en hacer lo mismo y escapar pero los tres que estaban de pie se acercaron a mí. Me acojoné mal. Comencé a quitarme la chaqueta inmediatamente y les avisé nervioso:

-Me quito la camiseta.

Al segundo siguiente estaba en cueros. Hice de la camiseta y la chupa una bola y la apreté contra mi barriga, así no me la quitaban y no perdía las llaves de casa ni el móvil.

El feúcho se rió al verme y me dijo: “¡Ser del Madrid es ser un subnormal!”

Era el día que Cristiano le ganaba el Balón de Oro a Messi. Así que ahí estaba yo, Madrilista de pie, sin camiseta aguantando el escarnio. Hasta ahí todo me parecía normal. Lo que sucedió a continuación ya fue pasarse tres pueblos.

-Repítelo -dijo el delgado.

-¿Qué cosa?

-¡Ser del Madrid es ser subnormal!

-Tíos, basta ya. Dejadme.

Y vino lo peor. El cachas se me tiró encima, me cogió del cuello y me arrastró contra la persiana metálica. Cuando me golpeó la cabeza contra el metal, aquello resonó de mala manera.

-A ver, capullo, si nos entendemos. Si mi colega te dice que repitas que eres un subnormal, pues ¿tú que dices?

-Soy un subnormal -le solté.

-¡Joder! ¡A ver si nos entendemos!

-Quítate todo -comentó el delgado sin moverse.

El que aún no había hablado se sentó en el escalón de mármol que había al lado y volvió a la Xibeca como si nada de eso estuviera pasando. Me despeloté y me quedé en gayumbos. Me quité todo menos los mitjons. El suelo se notaba helado.

-Estás empalmado, maricón -me dijo el que estaba sentado bebiendo cerveza.

Miré hacia abajo. Yo no sé si de los nervios o porqué, pero estaba empalmado. No me lo podía creer. Si no me lo hubieran hecho notar, ni me hubiera percatado.

-¡Qué asco, macho, tápate eso! -me soltó el único que seguía bebiendo.

-Ponte la camiseta del Madrid, anda -dijo el cachas.

Me la puse. Y al sacar la cabeza por el cuello sentí encima una ola de calor. Tardé en comprender lo que estaba pasando: el tío cachas se había sacado la chorra y me estaba meando. Estaba pasmado. Flipaba. Quedaba claro que aquello no podía estar pasando. Las gotas de meo me daban contra el cuello, en los hombros y se escurrían entre los pelos del pecho. Tenía una chorra pequeña, muy pequeña. El meo, en cambio, olía un huevo.

Terminó de mear y lanzó un chorro más que cayó sobre mi pantalón, y la tela del vaquero lo absorbió dejando una marca.

-Ponte de rodillas, maricón, y límpiame la polla.

Las carcajadas del otro rebotaron contra el metal. Fue una risotada histérica y aguda, irritante. Yo no reaccionaba. Dio un paso con la chorra todavía afuera y me giró la cara de un cachetazo.

-Va -dijo el cachas.

-Por favor, tío -le supliqué.

Otro bofe y este me llevó la cabeza hacia atrás, chocando nuevamente contra la persiana.

-Venga, maricón, si sé que te gusta.

Yo me quedé helado. No podía asimilar lo que estaba sucediendo. Me gustara el tío o no, eso ya no tenía la menor importancia. Estaba siendo humillado como un perro. Olía a meo, tenía un frío de cojones y ahora, ¿tenía que comerle la polla a este capullo?

-¡Que te pongas a mamar!-. El delgado me dio un toque detrás de las rodillas y caí al suelo.

Evidentemente se aprovechaban del factor sorpresa y de mi cara de incrédulo. Me quedé quieto, allí, de rodillas en el suelo.

El tío se abrió el pantalón y se bajó los gayumbos. Luego cogió dos de sus dedos anchos y secos y, con ellos, me hizo abrir la boca. Sentí el gusto, terroso y salado, de su índice y su pulgar despellejados sobre mi lengua. Luego se metió el índice ensalivado en el prepucio y tiró hacia atrás la piel de la polla, descubriendo el glande.

Me cogió de la cabeza con las manazas y acercó el paquete a mi jeta. La polla era oscura y asquerosa y aquella maraña de pelos olía a huevos.

Los cojones le colgaban gigantes a pesar del frío mientras el hijo de puta me restregaba el bulto en la cara. La piel de sus huevos se erizaba al raspar contra mi barba. Me sobó con fuerza, como quien se limpia la mierda, y se le empezó a poner morcillona.

Introdujo nuevamente esos dos dedos, para abrirme la boca y me la encajó en to’l morro. El gusto a meo me llenó por completo. Empezaba a sentir la polla calentita y el tío empezó a follarme la cabeza mientras se le ponía cada vez más dura. No podía respirar siquiera, los hilos de baba avanzaban por el tronco del nabo o caían sobre los huevos y yo me ahogaba como un novato forzado y gilipollas.

-Mama, mariconazo.

Pude ver de sopetón que el delgado había pelado polla y se la estaba cascando a mi lado. Fue una única imagen, de un microsegundo, pero me dejó asombrado. El tío más feo del mundo tenia un pollón descomunal. De esos que se cascan con dos manos y todavía ves el vaivén de los huevos locos ir a su bola. Se rapaba la polla con cuchilla y los pelos parecían púás sobre ese pollón.

El rabo del cachas, en cambio, era muy venoso y tenía el glande terso y brillante. El tío me atrapó la cabeza entre su pubis y la persiana y por los costados me sujetó con las manos. No había salida.

-¡Come rabo, ahí!

Mientras tragaba polla, el tío empezó a gemir y sentí como el rabo le palpitaba de mala manera. Toda la mucosidad que me inundaba la boca y se escapaba hacia sus huevos, colgaba impregnándole cada pelo púbico. En ese momento el gusto agrio de la leche empezó a inundar mi garganta. Un chorro, luego otro, otro más: espesa, blanca e imposible de pasar. Como ya ni la tragaba, la lefa empezó a escaparse por las comisuras de la boca y su eyaculación parecía eterna.

-¡Sí, cabrón! -dejó escapar el pavo- ¡Así!

Finalmente se hartó de darme. Echó un paso atrás y un hilo de leche unió mis labios y esa polla que se iba. Se alejó y yo automáticamente me puse de pie, con los ojos rojos, llorosos, intentando respirar. Pegué un escupitajo tras otro mientas él se abrochaba. No quería ni mirarlo a la cara. Aún tenía el gusto de la leche de ese cabrón en cada centímetro de mi garganta. Era como llevar su tranca atravesándome todo el tiempo. Mientras escupía, medio agachado, el delgado me tiró el gayumbo hacia abajo y dijo con voz chillona: “Quiet, merengue”.

De un empujón me volvió contra la persiana, de cara al graffiti que la decoraba, con el otro tío a un lado. Sentí pánico. El cabrón se la cascaba y su pollón inmenso se acercaba a mi culo. Intenté recuperarme.

-Però, què fas? ¡Quiet, mitja merda!

Yo me quedé con el gusto de leche ahogándome, muy quieto. Sin respirar. Viendo como ese rabaco se acercaba.

-Dóna’m el cul, mariconàs -me dijo.

Yo apreté culo y se me escapó un “¡No!” cuando empezó a cascársela poniendo el rabo sobre mí hoyo. Sentía el calor del pollón sobre mis nalgas heladas. Aún cuando se la cascaba con dos manos, apenas tocaba el glande que, con cada manotazo, empezaba a chorrear sobre mi ojete.

-Asco de culo -dijo el tío que estaba sentado al ver la escena y se puso de pie, llevándose la botella.

-Què dius! No veus que li encanta?

El tío seguía pajeándose a toda pastilla pero la cabeza del glande ya estaba penetrándome y con cada embestida me la clavaba un poco más. Yo, con el culo al aire, peludo y en pompa, contra la persiana; empecé a sentir la follada. Los golpes de sus manos mientras se la sacudía me hacían temblar las nalgas de fea manera. Me apoyé con las dos manos para no caerme, lo cual me hizo abrir más el culo.

De pronto escuché un gemido que se le escapaba y noté los chorros de lefa sobre la raja, contra el ojete y cayendo por los huevos. Era una corrida de semanas de no venirse. Aquello se notaba en los grumos que me corrían por los huevos.

El pavo gemía y, sin avisar, metió la cabeza de la polla bien profundo. Creo que fue por error, sin intención, pero sentí el glande adentro, palpitando, mientras echaba los últimos trallazos de leche.

El que estaba sentado ya no estaba y el cachas, tampoco. Sólo sentí al imbécil del pollón resoplando detrás de mi oreja mientras me incorporaba. El lefazo lo llevaba dentro del culo, lo sé por que me llevé dos dedos al hoyo y lo noté pringoso y caliente.

El tío se cerró el pantalón y se fue corriendo. Yo me quedé contra la cortina, con mi camiseta del Madrid empapada, el pecho meado y el culo y la boca llenos de leche.

Suspiré. Pasaron unos minutos en los que no podía reaccionar. Hubiera deseado que alguien me rescatara de allí pero no pasaba nadie. En toda esa jodida noche, nadie. Recuperé fuerzas y vi la chupa en el suelo; mis pantalones, sobre un escalón y, contra una esquina polvorosa del otro escalón, los gayumbos. El mío y el del último colgado. Cogí todo, me vestí a toda hostia y salí pitando.

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Reencuentro por Teléfono

Hace 2 años que mantuvimos contacto pero aun así nunca nos vimos en persona, siempre hablamos mucho por teléfono y nos mandábamos esos mensajes y fotos que tanto nos gustaban y calentaban a los 2. No sé por qué dejamos de hablar pero nunca mas supe de ti hasta hace 2 meses en que una noche por un chat telefónico nos juntamos nuevamente y esta vez si quisiste venir a mi departamento aunque fueran las 3 de la mañana.
Mientras te esperaba me di una ducha para relajarme un poco ya que por fin te iba a conocer. Recuerdo cuando te vi caminar por el pasillo hacia mi puerta y desde ese momento que me gustaste mucho, te abrí la puerta y por fin pudimos estar frente a frente. Entre risas tímidas y una conversación nerviosa te invito a que subamos a la azotea del edificio .Una vez arriba y después de unos minutos te pregunto si te apetece hacer algo y tú entre risas me dices que si. Te agarro y nos damos el beso más rico que nunca antes  me habían dado jamás. Estábamos solos tú y yo dándonos un beso que no paraba nunca y que luego fueron acompañados de nuestras manos recorriendo cada centímetro de nuestros cuerpos y la calentura ya se podía notar bajo tu pantalón y el mío. Me preguntas si no había problemas en que nos vieran aquí y te digo tranquilo que no hay cámaras y a esta hora nadie nos va a ver.
En eso seguimos con los mejores besos que he probado y mis manos fueron directamente a tu polla el cuál agarraba firmemente y la sentía dura y muy grande y tú por tu parte hacías lo mismo hasta que me bajaste un poco el pantalón con el bóxer y sacaste mi polla y te la metiste a la boca haciéndome sentir tan rico que sólo agarraba tu cabeza suavemente para ayudarte con el ritmo que llevabas.
Luego te levanté y te dí un beso apasionado mientras trataba de bajarte el pantalon y poder descubrir el tremendo miembro que escondías. Al tenerlo fuera me puse de rodillas y quedando frente a tu polla me lo traté de meter todo a la boca pero no se pudo, aun así seguí intentándolo y te miré eso te puso aún mas duro y te la chupé rico hasta que me levantaste y nos seguimos besando.
Y no podía mas y te dije que bajásemos al departamento para estar mas cómodos y tu accediste pero en el ascensor bajamos besándonos y tocándonos igual que en la azotea.
Llegamos al departamento y te llevo a mi cama, no se como fue pero cuando me di cuenta ya estábamos los 2 desnudos disfrutando nuestros cuerpos y yo sobre todo ese rico y gran miembro que tienes y que cada vez que me lo metía a la boca me gustaba más y más.
Ya nos quedaba poco tiempo por que me tenía que ir a trabajar pero descubrí cual era tu punto débil y te hice una rica paja acompañado de mamadas y así acabaste muy rico llenándome de tu rica leche.
No quería que la noche se acabara, quería seguir disfrutando tu cuerpo y sobre todo de esos besos que han sido los mejores que nunca nadie me ha dado.
Ese mañana me llevaste al trabajo y fue muy triste por que no podía despedirme de ti como me hubiera gustado pero baje de tu auto y hasta el día de hoy seguimos hablando.

 

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Diario de unas vacaciones.

*Esta historia va por capitulos*
Mi nombre en Lolo, tengo 20 años. Desde siempre he sabido que era gay. Nadie lo sabe aun. Esta historia sucedió hace dos años, cuando tenia 18. Habíamos acabado la selectividad y cinco amigos (todos chicos) y yo decidimos irnos a Ibiza a pasar 8 días. Este es el diario que escribí en aquellos días inolvidables.
-Día 1:
Después de varias horas de viaje llegamos a un pequeño hostal llamado “AguaMarina”. Al entrar nos recibió amablemente un apuesto hombre de unos cincuenta años llamado Alfredo y su mujer de la misma quinta llamada Carla, eran los dueños. Alfredo nos enseñó a Pedro y a mí la habitación: era pequeña dos camas individuales y una pequeña tele, el baño era común. Enseguida me fije en el increíble cuerpo de Alfredo que muy masculino llevaba unos cortos y apretados shorts, estaba muy bien pese a su edad. Durante el resto del día nos bañamos y nos acostamos pronto pues estábamos muy cansados.

-Día 2:
El sol entraba de pleno por mi ventana así que decidí levantarme, desayunamos y nos fuimos de visita por la isla. Comimos en un pequeñoo chiringo y después a echar la siesta al hostal. Por la noche salimos despidiéndonos de Alfredo que este se acercó diciéndome que estaría toda la noche solo en recepción, por sus palabras me puse nervioso y me excite. Durante la noche solo pensaba en irme y estar con Alfredo, pero tenía dudas. ¿Serían simples imaginaciones mías o se me estaría insinuando? Tenía que saberlo y la única manera de saberlo era irme allí. Así que eso hice.
¿Queréis segunda parte y saber como acabo la noche?

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Mi aventura con Antonio.

Después de aquella noche de sexo sin límites con Alfonso y sus amigos, Antonio y yo dormimos solos, yo me sentía muy cómoda y él parecía estar muy a gusto conmigo, nos levantamos al mediodía, Gonzalo y Mario ya se habían ido del departamento, Federico estaba tomando café y Alfonso se preparaba para irse.
Nos sentamos en la mesa y bebimos café mientras charlábamos de la vida, en ese momento Alfonso se acerco, me dio un beso y se despidió.
Luego del desayuno Antonio se ofreció a llevarme a mi casa, pero antes quería cumplir una fantasía, su familia se había ido de viaje por el fin de semana, entonces quería que lo acompañe a su casa para que pasáramos la tarde juntos, cómo no tenía ningún plan acepte encantada, él me pidió que vaya vestida lo más provocativa que pudiera, que eso a él lo excitaba y que cuidaría de que nadie me viera en la calle, yo dude unos instantes, pero él me termino de convencer diciéndome que su camioneta tenia vidrios polarizados y en su casa bajaría dentro del garage.
Así que me vestí con la poca ropa limpia que me quedaba, tanga negra, corpiño negro de encaje transparente, una falda negra lisa bien cortita, una pequeña musculosa roja que dejaba ver mi ombligo y unas botas de cuero negro. A pedido de Antonio me maquille con una base suave, los ojos con sombras negras y los labios de un rojo furioso y cómo fue toda la noche, estaba hecha toda una puta barata.
Cuando salí del cuarto y Antonio me vio, se quedo mirándome un rato largo, luego se acerco, me dio la vuelta y me dijo que estaba preciosa, en cambio Federico apenas me miro y siguió ordenando el departamento, debo confesar que había planeado dejar algunas prendas mías “olvidadas”, para volver a tener contacto con él, pero fue muy listo, las recogió a todas y me las entrego cuando nos despedíamos.
Salimos con Antonio, con mucho cuidado, él iba adelante mirando que no hubiese nadie por los pasillos o en el ascensor, no queríamos llamar la atención del edificio, cuando llegamos a la puerta principal, él salió y fue a buscar su camioneta mientras yo esperaba medio escondida entre las sombras, fueron unos segundos de mucho nerviosismo y adrenalina, era la primera vez que salía a la calle vestida de esa manera, cuando vi detenerse una camioneta frente a la puerta y tocar bocina dude por un segundo, pero enseguida Antonio abrió la puerta y me hizo señas de que me apurara, entonces respire profundo, abrí la puerta de la entrada principal del edificio y camine bien rápido hasta la camioneta y subí de un salto. Era una camioneta tipo utilitaria, toda cerrada con acceso desde adelante a la caja de cargas, la cual estaba equipada para viajes, ya que Antonio estaba casado y tenía tres hijas con las que solían viajar en vacaciones.
Antonio me llevo a pasear por la ciudad, le encantaba dar vueltas conmigo al lado, yo mientras conducía le acariciaba la pierna y cada tanto pasaba mi mano por su bulto, que estaba por reventar, esa situación a Antonio le excitaba demasiado, tanto que me propuso pasar por una casa de comidas rápidas y usar el “automac” para que las empleadas lo vean comprando comida con una “prostituta” al lado, yo al principio me negué, pero luego de su insistencia y estando totalmente jugada y también excitada por la situación, termine aceptando, pero antes le di un par de besos en las mejillas y en la boca para dejarle las marcas de mis labios pintados de rojo furioso, eso a Antonio lo puso cómo loco, se detuvo a hacer el pedido mientras yo me retocaba el maquillaje, la empleada del “automac” se quedo helada y nos miraba totalmente sorprendida, mientras Antonio le decía lo que queríamos comer, luego pasamos a la siguiente ventanilla a retirar el pedido y nos pusimos más mimosos, los empleados no podían creer lo que veían y nosotros jugueteábamos ya sin darle importancia, estábamos muy calientes, nos entregan el pedido de mala gana y salimos disparados del lugar.
Yo le pedía por favor a Antonio que se detuviera en cualquier lado que quería chupársela, que estaba muy caliente y deseaba saborearla, él me hizo caso y se detuvo y sin dejarlo ni siquiera apagar el motor me lance sobre él, le desabroche el pantalón, saque su verga y comencé a chupársela cómo si fuera la última verga que chuparía en mi vida, la metí toda en mi boca hasta sentir como llenaba mi garganta, eso me dio arcadas, pero no pare, seguí chupándosela, pasándole mi lengua por su cabecita, saboreando sus jugos y disfrutando de aquel momento tan caliente, ya no nos importaba nada, si nos veían o si se caía el mundo, Antonio empezó a gemir muy fuerte, lo estaba pasando muy bien, eso me excito demasiado y se la seguí chupando bien duro, hasta que me detuvo y nos pasamos a la parte trasera de la camioneta, se bajo los pantalones y se sentó en el asiento, me hizo dar vuelta, quede agachada con mi culo frente a su cara y mi cuerpo apoyado sobre el asiento delantero, me bajo la tanguita y con sus manos abrió mis nalgas y pude sentir cómo sus labios y su lengua comenzaban a besarme y lamerme mientras yo empezaba a gemir del placer, me estaba chupando el culito de una manera maravillosa, me encantaba, yo no podía parar de gemir y cada vez lo hacia mas fuerte, eso le encantaba a Antonio, que con cada gemido mío metía más adentro su lengua, hasta tenerla dentro de mi hoyito, mientras me seguía chupando el culito comenzó a deslizar su mano hacia delante hasta empezar a acariciar mi pene que estaba por explotar por tanta excitación y sin dejar de meterme su lengua en mi culito comenzó a masturbarme y yo empecé a gemir más fuerte, casi a gritar del placer, el acelero el movimiento de su mano y yo comencé temblar del placer, no podía más estaba por eyacular, entonces él sin dejar de masturbarme puso su otra mano abierta para recibir toda mi leche y acabe llenándole la mano con mi semen, exhausta me hizo sentar a su lado y me dijo “ahora te vas a tomar toda la lechita” y con la otra mano me agarro del pelo para que mirara hacia arriba y empezó a dejar caer mi propio semen, yo abrí mi boca bien grande y lo recibí muy gustosa mientras le chupaba los dedos.
Cuando termine de tomarme toda la leche y deje la mano de Antonio bien limpia me dijo “ahora me toca a mi” me hizo poner en cuatro arriba del asiento, me agarro bien fuerte de las caderas y apunto su verga en mi culito, su verga estaba por explotar, la tenía súper hinchada, con un poco de ayuda logro meterme ese pedazo de carne en mi hoyito y comenzó a cogerme bien duro, Antonio estaba tan caliente que se había convertido en un animal en celo, estaba sacadísimo, fue un mete y saca violento, yo comencé a gemir de placer y dolor al mismo tiempo que él no paraba ni un segundo, fueron unos minutos en que Antonio descargo toda su calentura en mi culito hasta que su verga estallo de placer y me lleno el hoyito de leche, se dejo caer sobre mi, me abrazo y me beso la cabeza mientras me decía que le había encantado.
Luego nos arreglamos un poco y nos fuimos directo a la casa de Antonio, cuando llegamos él me indico donde estaba el baño y pase a asearme, ya que todavía tenia su leche dentro de mi culito.
La casa de Antonio es muy linda, tiene un terreno grande, con parque y pileta en el fondo, la casa tiene dos pisos, abajo tiene un living enorme con un juego de sillones muy cómodos, un cuarto que utilizan cómo biblioteca, un baño pequeño y la cocina comedor con una barra que divide, en el piso superior están los cuartos de Antonio y Miriam su mujer, los cuartos de sus tres hijas y un baño grande con hidromasaje.
Después de que almorzáramos algo, Antonio se dispuso a contarme su fantasía, cómo tenía tres hijas adolescentes, Macarena, Magali y Lara de 22, 20 y 18 años respectivamente, su casa era visitada por las amigas de sus hijas todo el tiempo, eso a él le despertaba el morbo a full, al punto de espiarlas o buscar algún choque accidental para tocarlas y luego masturbarse pensando en aquellas situaciones. Es ahí donde entraba yo, él quería que me vistiera con ropa de sus hijas y que “jugáramos” a que era una amiga de ellas y él me seducía en su propia casa.
Entonces fuimos a los cuartos de sus hijas y empezamos a buscar lo que me pondría, él me eligió ropa interior blanca de algodón, una remera roja con el cuello ancho, que dejaba uno de mis hombros al desnudo y una falda de jean claro, yo aporte mis viejas zapatillas de lona y quede vestida cómo toda una adolescente rebelde.
Nos fuimos para el living y comenzamos el “juego”, a partir de ese momento mi nombre fue Karina y él era el Señor Antonio, la situación era la siguiente, yo llegaba a visitar a mi amiga y él estaba solo, me invitaba a pasar y tomar algo, entonces nos sentamos en un sillón grande y comenzamos a charlar, él me decía:
Antonio – “Karina, yo sé que sos la amiga de mi hija, pero me gustas mucho”
Karina – “Sr. Antonio, nunca imagine algo así, usted es un hombre muy atractivo, pero esta casado”
Antonio – “lo sé, pero no puedo dejar de pensar en vos y éste puede ser nuestro secreto”
Karina – “…”
Antonio – “no tengas miedo, lo vamos a pasar bien”
Acto seguido comenzó a acariciarme el cabello con su mano derecha, yo le acaricie la pierna y él se acerco y me beso suavemente en la boca, yo le devolví el beso y nuestras lenguas se chocaron y comenzaron a danzar dentro de nuestras bocas, mientras sus manos recorrían mi cuerpo y comenzaban a desvestirme, mis manos se posaron en su bulto que estaba enorme, comencé a acariciarle la verga por encima del pantalón y él me decía “si Karina, que rica estás”, mientras me acariciaba el culo, yo sentía su verga más dura que nunca, esa situación parecía calentarlo de sobremanera, poco a poco fui desabrochando su pantalón hasta que logre liberar su terrible verga de ese encierro, cuando la vi, no podía creerlo, parecía más grande y dura que antes, sin dejar de meterme mano en mi culo me dijo “ay Karina, dale besitos que te va a gustar, quiero sentir tu boca en mi pene”, entonces yo siguiendo con mi papel, me acerque a su verga y le di unos besos tímidos, mientras se la acariciaba, él no paraba de manosearme el culo mientras yo con cariño y timidez comenzaba a darle las primeras chupaditas a su verga, estaba roja, con sus venas hinchadas, parecía a punto de estallar, la recorrí con mi lengua, de punta a punta, luego me dedique a besarle el glande y a lamérselo, mientras él gemía y con su mano por debajo de mi ropa interior comenzaba a meterme un dedo en el hoyito, poco a poco fui introduciendo toda su verga en mi boca y comencé a chupársela con muchas ganas, él saco sus dedos de mi hoyito y me agarro de la cabeza y empezó a marcarme el ritmo de la chupada, le encantaba que metiera su verga hasta el fondo, lo que me producía arcadas, pero cómo buena puta que soy nunca me detuve y seguí chupándosela, hasta que me detuvo y se paro, me indico que me arrodillara sobre el sillón, me bajo la tanga y se puso detrás de mi y apunto su verga contra mi hoyito y comenzó a penetrarme mientras decía “Karina, que rico culito tenes”, la metió hasta el fondo, me abrazo, me beso y mordió la oreja, di vuelta mi cabeza y nos besamos mientras el empezaba a cogerme suavemente y me decía “que rica putita que sos”, poco a poco fue subiendo el ritmo de la cogida, mientras yo gemía de placer y le decía “si papito, cogeme más y más, la quiero toda adentro”, en ese momento me agarro de los hombros y comenzó a darme embestidas más duras, yo seguía gimiendo como puta, hasta que él pego un alarido y sentí cómo mi culito se llenaba de leche, me abrazó, me beso en la boca y caímos los dos en el sillón satisfechos.
Después de recuperar el aliento me levante y fui a asearme al baño, mientras Antonio descansaba en el sillón, cuando salgo del baño veo algo que me pareció extraño, él seguía sentado en el sillón, pero eso no era lo extraño, venía de un fin de semana agitado, lo extraño era que su verga todavía estaba dura como un garrote, entonces le pregunte que le pasaba y me respondió, que por miedo a no tener un buen rendimiento se había tomado un “Viagra”, por lo cual hasta que no se le pasara el efecto seguiría con la verga dura, sin pensarlo dos veces le dije “no podemos desperdiciar tu energía entonces, vamos a tu cuarto, quiero que me cojas en tu cama!” y él se levanto automáticamente y me llevo a su dormitorio.
Cuando entramos a su dormitorio él prendió una luz tenue, detrás de mi me agarro de los hombros y comenzó a besarme el cuello, mi hombro derecho y mi cara, mientras sentía como su verga dura se apoyaba sobre mi culito por encima de la pollera de jean, bajo sus manos por mi cintura y me saco la remera, luego comenzó a besarme la espalda mientras con sus manos acariciaba mi cintura y mis caderas, me hizo dar vuelta y me beso en la boca, nuestras lenguas se retorcían de placer mientras sus manos cómo pinzas se agarraban de mi culo, me saco el corpiño y me beso los pechos, con su lengua comenzó a jugar con mis pezones, que se pusieron duros al instante mientras él me los chupaba, yo simplemente me entregue al placer y deje que él hiciera todo, sin dejar de chuparme los pezones él comenzó a desabrocharme la pollera hasta lograr bajármela, después me hizo agacharme sobre la cama, me bajo la tanguita y comenzó a chuparme el culito, eso me volvió loca, su lengua en mi hoyito me provocaba un placer increíble, no podía parar de gemir del placer, me hizo acostar sobre la cama boca abajo con las piernas cruzadas y él se puso encima de mi y sentí como su verga dura se abría paso entre mis nalgas para llegar a mi hoyito y penetrarlo sin mayor resistencia, hasta llegar al fondo, en ese momento Antonio dejo caer su cuerpo sobre de mi y sentí todo el peso de su cuerpo encima de mi y su verga bien adentro y me encanto, él me besaba y mordía la oreja mientras me cogía suavemente, podía sentir cómo entraba y salía su verga sin problema, me encantaba estar sometida a su antojo sin poder siquiera moverme, después de un rato de cogerme en esa posición se detuvo, saco su verga de mi culito y me hizo acostar boca arriba, agarro mis piernas, las levanto y con un poco de esfuerzo de mi parte las puso en sus hombros, apunto su verga hacia mi culito y comenzó a penetrarme nuevamente, hasta que por primera vez en el día sentí toda su verga dentro mío, solté un gemido de dolor y placer, él se detuvo un instante y yo asentí con la cabeza para que siguiera, entonces comenzó a moverse muy suave, podía sentir cómo toda su verga llenaba mi hoyito y lo vaciaba con cada embestida, con lo cual yo gemía con mucho placer, Antonio poco a poco comenzó a subir la velocidad de las embestidas mientras yo comenzaba a gemir más fuerte y le decía “métemela toda papito, quiero sentirla toda adentro, cogeme más fuerte mi amor”, él comenzó a masturbarme mientras empezaba a darme embestidas duras y rápidas, yo comencé a gritar de placer y él me decía “tómala toda puta, acá tenes toda mi verga para vos”, yo no podía parar de gritar y pedir más, lo estaba disfrutando demasiado, intente masturbarme y él no me dejaba, acelero el ritmo de las embestidas a tal punto que el dolor y el placer se mezclaron y yo gritaba cómo loco, no podía hacer otra cosa, hasta que él empezó a gemir como un orangután totalmente sacado y sentí nuevamente cómo mi culo se llenaba de leche, que placer inmenso sentí en ese momento, sin perder el tiempo y sin sacar su verga de mi culito, él me abrazo las piernas con su brazo izquierdo y con su mano derecha busco mi pene y comenzó a masturbarme eufóricamente y sin que pasaran dos segundos yo estaba acabando y chorreando mi leche por mi abdomen, mis pechos y un poco en mi cara, cuando solté la última gota de semen, él saco su verga de mi culito y se acostó al lado mío, nos besamos y nos quedamos profundamente dormidos.
Si alguien quiere hacerme algún comentario o simplemente escribirme puede hacerlo a solange_traviesa@yahoo.com.ar
Besitos para tod@s.

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Mi Primera Orgia 2da Parte

En mi primer relato les conté cómo Alfonso me engaño para terminar metida en mi primera orgía, ahora les voy a contar cómo siguió aquella estupenda noche.
Luego de aquella maravillosa iniciación de sexo con Alfonso y sus amigos, los deje solos y fui a darme una ducha, entre al baño con serias intenciones de masturbarme pensando en lo que había ocurrido momentos antes, me metí bajo el agua caliente que estaba riquísima y apenas unos segundos después escuche cómo se abría la puerta del baño, me asome para ver quien era y lo vi a Gonzalo que sonriendo me preguntaba si podía bañarse conmigo, lo deje pasar y comenzó a acariciarme y besarme, mientras me enjabonaba el cuerpo, nos dimos unos ricos besos de lengua, yo lo abrace y el aprovecho para enjabonarme y acariciarme la cola, pude sentir como su pene empezaba a endurecerse mientras me enjabonaba el culito y comenzaba a meterme un dedo y a moverlo muy rico, yo seguí besándolo y comencé a masturbarlo, el me detuvo y me hizo arrodillar para que se la chupara, yo bien obediente lo hice y comencé a darle besitos bien suaves en su cabecita y a lamerle desde los huevos hasta la punta de su pene, eso le encantaba, porque cada vez que lo hacia el gemía de placer, luego empecé a chupársela y meterla toda dentro de mi boca, estuvimos así un rato, hasta que me pidió que me pare, me hizo dar vuelta y empezó a frotarme su pene por mi culito, me hizo agachar un poco y sentí como empezaba a meter su pene bien despacio en mi culito, empujo hasta que sus huevos chocaron con mi cola, me agarro del cabello mojado y empezó a tirar mientras me daba una cogida de ensueño, yo estaba totalmente entregada y disfrutaba del momento, mientras el agua de la ducha daba en mi cara por momentos, luego de un rato así, me tiro fuerte del cabello, lo que me dolió pero no me importo y empezó a cogerme bien duro, sentía como sus huevos chocaban con mi cola mientras me cogía y cogía sin parar y yo gemía de placer y dolor, hasta que se detuvo y sentí como su leche caliente inundaba mi culito dolorido, saco su pene, me hizo dar vuelta, arrodillarme y limpiarle los restos de semen que habían quedado en su pene, yo se lo chupe hasta dejárselo bien limpio, él me dio un beso en la frente y salió de la ducha, entonces yo termine de asearme.
Luego de la ducha, me vestí, cómo sabía de antemano que iba a pasar toda la noche con Alfonso, había ido preparada con varios cambios de ropa, me puse una tanga y corpiño rojo, una falda negra lisa bien cortita y una blusa gris bien escotada, me seque bien el cabello y lo deje suelto, tengo el cabello largo y ondulado, lo que me da una presencia mucho más femenina y así salí al encuentro de mis nuevos amantes. Al verme no dijeron nada, pero me di cuenta como me observaban con deseo, sabiendo que aquella noche todavía deparaba mucho más sexo y placer.
Ellos habían preparado la cena y me invitaron a sentarme, me sirvieron vino, charlamos un largo rato, cenamos y nos relajamos, ellos notaron que yo estaba algo incomoda y molesta, entonces comenzaron a indagar sobre eso, yo muy vergonzosa por el asunto, les confesé que cómo era la primera vez que estaba con más de un hombre, mi culito estaba muy adolorido y eso me preocupaba, porque si seguíamos teniendo sexo, más que disfrutarlo, iba a sufrirlo. En eso momento Mario dijo tener la solución, me dijo que me quedara tranquila y salió junto a Gonzalo a buscar una farmacia.
Mientras esperábamos nos pusimos cómodos en el sillón, Federico que era realmente un tierno, me acariciaba y me decía que me quedara tranquila, que todo iba a salir bien, Alfonso decidió poner una película porno para “motivar” nuevamente la noche, Federico comenzó a besarme suavemente, yo respondí a todos sus besos, realmente estaba atontada con él, me encantaba como me trataba, yo lo acariciaba y sentí como su pene empezaba a crecer debajo del pantalón, Alfonso y Antonio ya estaban masturbándose viendo la película porno y lo que hacíamos con Federico, entonces desabroche su pantalón y saque su tremenda verga y comencé a chupársela sin pensarlo dos veces, cómo ya dije Federico tiene una verga hermosa, grande y muy sabrosa, entonces Alfonso me hizo arrodillar frente a Federico y se sentó a su lado e invito a Antonio a que también se sentara en el sillón, los tres con sus penes afuera y bien duros y yo arrodillada en frente chupándosela a cada uno, cuando me tocaba chupárselo a Alfonso que estaba en el medio, con mis manos masturbaba a Antonio y Federico al mismo tiempo, la verdad que me encantaba el papel de puta que me tocaba interpretar con esos hombres fogosos, ellos lo pasaban genial y yo disfrutaba con cada chupada que daba, lo estábamos pasando genial, cuando Mario y Gonzalo regresaron de la farmacia, ni lerdos ni perezosos se desvistieron y se sumaron al grupo, Gonzalo busco lugar entre Antonio y Alfonso y Mario se puso detrás de mí, con cuidado me bajo la tanga roja y comenzó a untarme la crema que había comprado, poco a poco fue metiendo un dedo y llenando de crema mi hoyito, rápidamente comencé a sentir como mi culito se aliviaba del dolor y las molestias desaparecían y sentí como Mario metía y sacaba uno de sus dedos y luego empezaba a meterme dos dedos en mi culo, todo esto sin que yo dejara de practicarle sexo oral a sus amigos, cuando mi culito estuvo bien lubricado por la crema, Mario saco su verga y la puso en mi agujerito y empezó a empujar suavemente y poco a poco fui sintiendo como mi culito se llenaba de verga nuevamente, Mario comenzó a moverse suavemente y a darme más placer, mientras que Alfonso, Gonzalo y Antonio se turnaban para poner sus penes en mi boca, la crema había funcionado y fue todo placer a partir de ese momento, Federico parado a un costado observaba la situación y mientras se masturbaba esperaba su turno para volver a cogerme, Mario estuvo un buen rato penetrándome, primero fue suave, después bien duro y luego suave nuevamente, entonces Federico propuso hacer un cambio de posición, se sentó en otro sillón con su verga bien dura y me hizo desvestir y sentarme sobre ella, abrí mis piernas lo mas que pude y me senté bien despacio sobre ese monumento al falo, a pesar del tamaño entro sin mayor esfuerzo en mi culito y baje hasta que casi estuvo toda adentro, me detuve un instante, pero Federico me agarro e hizo que me sentara de golpe y sentí toda su verga dentro mío, lo cual me provoco que soltara un fuerte gemido y una mezcla de placer y dolor al tener semejante verga tan dentro mío, después de unos segundos así, Federico empezó a empujarme para que empezara a moverme e hiciera que esa verga me rompiera el culo, yo hice caso y comencé suavemente con un sube y baja corto, al cual le fui agregando ritmo a medida que mi culito se acostumbraba a ese pedazo de carne, cuando vieron que empecé a agarrar confianza con la cabalgata, se acerco Alfonso y me ofreció su verga para que chupara y comencé a hacerlo mientras seguía moviendo mi culo al ritmo que ya me imponía Federico, luego se sumaron Gonzalo y Antonio y tenia que repartir mi boca entre las tres vergas, después de un rato, Federico me detuvo y me hizo parar, ahora el resto se acomodaba en los sillones y yo tenía que ir pasando, sentarme en sus vergas y cabalgarlos, todo esto mientras Federico me daba su verga para que chupe y me dirigía llevándome de un sillón a otro, una linda experiencia, primero fue Mario que estaba muy exaltado y quería que lo cabalgara fuerte y se ayudaba con las piernas para metérmela bien adentro, mientras Federico con sus fuertes brazos empujaba mi cabeza para que entrara toda su verga en mi boca, lo que en algunas embestidas me provocaba arcadas, pero ninguno de los dos se detenía en su trabajo, después fue el turno de Antonio, con la cogida que me habían dado Federico y Mario tenia el culito tan dilatado que la verga de Antonio entro con mucha facilidad, comencé a cabalgarlo con buen ritmo, mientras el me daba nalgadas con las dos manos, yo con la verga de Federico en la boca no podía quejarme, pero gemía y eso a Antonio pareció excitarlo y me agarro de las caderas y comenzó a empujar con mas fuerza y a gemir de placer, hasta que grito y sentí su leche en mi culo, en ese momento Federico me soltó y Antonio me abrazo y largo sus últimos chorros de leche mientras acariciaba mis pechos.
Después de ese rato de relax entre Antonio y yo, Federico tuvo otra idea, me llevo frente a una mesa y me hizo apoyar mi pecho con los brazos abiertos, cómo queriendo abrazarla, él tomo dos pañuelos, me los mostró e inmediatamente me di cuenta de sus intenciones, automáticamente asentí con la cabeza aprobando su idea, entonces él ato mis muñecas a las patas de la mesa y de esa manera quedo mi culito a disposición de ellos sin que yo pudiera resistirme a nada, luego comenzaron a turnarse para meterme sus vergas bien adentro, primero fue Gonzalo que acerco su verga y comenzó a pasarla por todo mi culito, de arriba a abajo, mientras con sus manos me acariciaba las caderas, la espalda y las piernas, de repente se detuvo y apunto su verga contra mi hoyito y sentí como empezaba a meterla bien suave, yo tenía mi culito bien dilatado, pero igual podía sentir su verga dentro mío, esa situación me ponía a mil, estaba muy caliente y totalmente entregada a lo que ellos quisieran hacerme, Gonzalo comenzó a moverse despacio, entraba y salía con suavidad, me encantaba cómo me estaba cogiendo, entonces Federico que ya había planeado todo me dijo “ahora te vamos a coger bien duro y vamos a ver que tan puta sos!”, eso me asusto un poco, hasta ese momento estaba todo bien, pero apenas conocía a esos hombres y no sabía que eran capaces de hacer, acto seguido me agarro del cabello con fuerza y me puso la verga en la cara, yo no me resistí y comencé a chuparla, mientras Gonzalo comenzaba a cogerme duro y poco a poco la suavidad quedaba en el pasado, fue increíble el cambio de actitud que tuvieron, comenzaron a cogerme como a la más puta y yo realmente lo disfrutaba, me encantaba el lugar que me habían dado, tantas veces había soñado con ser la puta de un macho y ahora tenía a cinco machos que me estaban convirtiendo en la más puta de las putas. Gonzalo me cogía duro y me daba nalgadas de vez en cuando, mientras Federico me tiraba del cabello y me ensartaba su verga hasta la garganta, lo que me provocaba que los ojos se me llenaran de lágrimas, era inevitable, tenía todo el maquillaje corrido y no podía hacer nada más que disfrutar del momento, luego fue el turno de que Alfonso tomara el lugar de Gonzalo y no tuvo ningún reparo en meterme toda su verga adentro de un solo golpe, yo largue otro gemido de placer y sin dejar pasar un segundo Federico volvía a meterme toda su verga en la boca, Alfonso como si fuese un animal en celo me cogía enfurecido, tanto que empezaba a correr la mese de su lugar, parecía que su meta era partirme literalmente en dos, luego se acerco Mario y tomó su lugar, acercó su verga a mi culo y la metió con cuidado y comenzó a cogerme con buen ritmo, mientras Gonzalo y Alfonso se ponían al costado de la mesa y se masturbaban, luego de un rato Federico saco su verga de mi boca y dio la vuelta a la mesa, Gonzalo aprovecho el momento y puso su verga en mi boca y comencé a chupársela hasta que sentí que Mario se sacaba su verga de mi culo y como las manos de Federico comenzaban a acariciar mi cola hasta que empecé a sentir como su verga me acariciaba la rayita y luego se posaba en mi hoyito, Gonzalo saco su verga de mi boca, sabiendo que corría peligro, yo apreté los dientes y espere el sablazo de la verga de Federico, quien no tuvo reparo y me ensarto de una, despacio pero firme, hasta el fondo, yo gemí de placer y dolor, esa verga era demasiado grande, volví a sentir dolor, la crema perdía efecto o esa verga era demasiado para mi culito, no lo sé, pero me encantaba tenerla adentro, él comenzó a moverse y yo a gemir cómo puta, era demasiado el placer que me estaba dando en ese momento, estaba como loca disfrutando de aquella verga, él me decía “cómo te gusta que te cojan puta” y yo respondía “si papito, me encanta que me cojas, la quiero toda adentro!”, entonces él me la metía bien al fondo y yo gritaba de placer y dolor, era increíble ese momento, en una de las últimas envestidas me la puso bien adentro y mientras yo gemía de placer y dolor él agarro mi verga y comenzó a masturbarme, fue muy placentero, tanto que acabe casi al instante y solté un gemido totalmente liberador, entonces Federico saco su verga de mi culo, Alfonso y Gonzalo me desataron, me hicieron arrodillar en el piso y comenzaron a masturbarse los 4, yo con la boca abierta esperaba los disparos de semen de mis amantes, primero fue Gonzalo que tras un gemido descargo toda su leche en mi cara y boca, seguido por Alfonso que me acabo en el pelo, la cara, los pechos y luego me paso la verga por la cara revolviendo el semen, luego Mario se comenzó a masturbar con fuerza y por fin logro que su verga dispare dos chorros de leche, uno dio en mi frente y el otro con mejor puntería en mi boca, por último Federico se acerco y me ofreció su verga para que le diera las últimas chupadas, lo hice con todo gusto, la metí en mi boca y él me agarro de la nuca para que entrara toda, gimió bien fuerte y comenzó a acabar llenándome la boca y la garganta de leche, tenía tanta acumulada que me empezó a chorrear la leche por la boca y mi cara, mientras yo me ahogaba con su verga toda metida en mi boca y con tanta leche que en buena parte termine tragando con mucho gusto.
Luego de semejante cogida cada cual se dio una ducha y nos fuimos a dormir cómo pudimos, Antonio me invito a dormir con él en una camita de uno de los cuartos y así se termino aquella noche de sexo y lujuria.
Espero que sea de su agrado la segunda parte de mi relato.
Si alguien quiere hacerme algún comentario o simplemente escribirme puede hacerlo a solange_traviesa@yahoo.com.ar
Besitos para tod@s.

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Mi primera Orgia

Cómo están amigos del Marqueze.net, después de años de leer los relatos de ésta página, me decidí a contarles mi primera experiencia en una orgía con Alfonso y sus amigos.
Mi nombre es Solange, tengo 31 años, soy una travestí de closet (sólo me visto de mujer en la intimidad), soy alta, gordita de piel blanca, pechos pequeños, cola redonda, pelo castaño largo con ondulaciones y muy mimosa y fogosa en la cama.
Antes de conocer a Alfonso por chat, mi experiencia sexual con hombres era limitada, sólo les había practicado sexo oral a algunos amigos en noches de borrachera y sólo uno de ellos me había penetrado.
A Alfonso lo conocí en un chat gay y nos caímos bien desde un principio, él tiene 35 años, 1,75m, tez blanca, delgado, pelo bien corto, muy caliente y simpático, está casado hace unos 10 años y siempre busca nuevas experiencias en la cama.
Empezamos cómo todos en los chat, hablando de sexo y de las fantasías que nos gustaría realizar, compartiendo nuestras fotos y terminamos dándonos cuenta que compartíamos gustos y nos atraíamos físicamente.
Él me propuso participar de una orgía junto a sus amigos, me contó que hacia tiempo buscaban una “chica” para cumplir aquella fantasía y que él pensaba que yo era la indicada. Pero le dije que no estaba segura de estar lista para algo así, que era una de mis fantasías a realizar, pero teniendo tan poca experiencia no estaba lista para darle placer a tantos hombres y le propuse encontrarnos los dos solos. Él no estaba muy contento con mi respuesta, pero acepto un encuentro los dos solos.
Arreglamos todo para un encuentro un sábado a la tarde, él diría en la casa que se iba de pesca con los amigos y tendría tiempo libre para estar conmigo hasta el domingo, nos encontramos el sábado a las 3 de la tarde en un bar, tomamos un café, charlamos, nos reímos y me sentí súper atraída y cómoda con Alfonso, luego él me comento que había conseguido que un amigo le prestara el departamento para que pudiéramos estar tranquilos sin que nadie nos molestara, lo cual me pareció genial, podría disfrutar de ese hombre toda la noche.
Llegamos al departamento y nos pusimos cómodos, yo me había llevado mis mejores ropas, quería que aquella noche fuese súper especial, me puse un corset de encaje negro con portaligas que me levanta y sujeta bien los pechos y los hace parecer más grandes, medias negras de encaje, una tanga negra bien chiquita, una pollerita escocesa bien corta, una camisa blanca onda colegiala y botas negras. Me hice dos coletas en el pelo, me hice una base de maquillaje suave y me pinte de rojo los labios.
Cuando termine de producirme salí al living y sentado en un sillón esperándome estaba Alfonso con dos copas de vino, al verme soltó un suspiro y su cara de deseo se hizo presente, me invito a sentarme a su lado y comenzamos a acariciarnos y besarnos, él me agarro de la cara y me dio un beso de lengua divino, al cual respondí de la misma manera, luego empezó a acariciarme las piernas y la cola mientras seguíamos besándonos, yo comencé a acariciarle la entrepierna y a sentir cómo su bulto crecía en mi mano, desabroche su pantalón y deje en libertad a ese pene sediento de placer y comencé a masturbarlo mientras Alfonso seguía besándome en la boca, el cuello, mis pechos, hasta que me dijo que quería sentir mi boca en su pene, entonces me arrodille sobre la alfombra en frente de él y comencé a besar suavemente el glande, a lamerlo bien suave, le pase la lengua por todo su pene, saboreé sus jugos y él me agarro de mis coletas y me hizo tragarme todo su pene de golpe, a lo cual yo no me resistí y comencé a chupárselo al ritmo que él me imponía con sus manos, estuve chupándosela un buen rato, hasta que escuchamos ruido de llaves en la puerta, se detuvo y me dijo “tengo una sorpresa para vos”, yo no entendía nada y veo que empiezan a entrar los amigos de Alfonso, me quede helada, no sabia que hacer, entraron y me vieron arrodillada frente al pene de su amigo y vestida como una prostituta, me puse roja como un tomate de la vergüenza y no sabía donde meterme, Alfonso me tranquilizo, me hizo sentar a su lado y me dijo que ellos sabían que mi fantasía era hacerlo con varios hombres, por eso habían pensado en darme esa sorpresa, yo no podía salir de mi asombro y negaba con la cabeza, pero Alfonso me explico que no tenía que tener miedo, que ellos no querían lastimarme, sino pasar un buen rato de sexo y debido a que en su mayoría estaban casados o en pareja, se les hacia muy difícil encontrar la oportunidad de participar de una orgía y que por eso no quisieron dejar pasar la oportunidad que tenían conmigo.
Yo no podía creer lo que estaba escuchando, entre la vergüenza y el miedo que tenía a salir lastimada no podía sacarme de la cabeza que lindo sería ser la única “mujer” entre esos hombres, parece que la excitación en mi fue demasiado notoria, ya que Alfonso me acaricio y dijo “se ve que te está gustando la idea” y sus amigos empezaron a reír, a hacer bromas y a decirme lo bella que estaba así vestida, cómo para ir liberando la tensión.
Alfonso se hizo cargo de la situación y comenzó a presentarme a sus amigos, empezó por Gonzalo, de 32 años, 1,78cm, robusto, pelado, muchos tatuajes y muy gracioso, luego Mario de 28 años, 1,80cm musculoso, se notaba que tenia muchas horas de gimnasio invertidas, de nariz prominente, lo que me hizo pensar que debería tener un pene grande, algo tímido, después me presento al mayor del grupo, Antonio de 45 años, 1,70cm, pelo corto castaño, tez trigueña, con buen físico para su edad y por último me presento a Federico de 38 años, 1,85cm, pelo corte militar, espalda ancha y unos brazos en los que cualquier mujer gustaría de caer rendida.
Después de una breve charla para conocernos un poco y de “convencerme”, nos empezamos a poner cómodos, tomamos un poco de vino, Alfonso puso música y me saco a bailar, mientras bailábamos me acariciaba y me besaba, me hacía moverme para que sus amigos pudieran verme, después de un rato, me dijo que me arrodillara en el piso, porque iba a empezar la “fiesta”, yo le hice caso y eso hice, él se saco el pantalón y acerco su pene a mi boca, sin pensármelo dos veces, comencé a chupárselo, sin perder el tiempo los demás empezaron a desvestirse, el primero en acercarse fue Gonzalo, que ya venia completamente desnudo y con su pene súper erecto, mientras yo se la chupaba a Alfonso, Gonzalo me acariciaba el culo y las tetas, luego se levanto y se acerco para que se la empiece a chupar a él, lo cual hice sin mostrar ninguna resistencia, luego se acercaron Mario y Antonio y formaron un circulo entre los cuatro y yo en el centro chupándosela un poco a cada uno de ellos, lo estaba pasando genial, aunque había soñado muchas veces con una situación así, nunca pensé que iba a cumplirse nunca, de pronto mientras se la estaba chupando a Antonio, siento un golpe en mi cabeza, me di vuelta y vaya que sorpresa me lleve, me encontré de frente con semejante pene, era enorme, ellos comenzaron a reír de mi cara de sorpresa, Federico no sólo era el más grande de confección física, sino que también era el del pene más grande, me quede helada un segundo, hasta que reaccione y comencé a chupar ese monumento al pene, por unos segundos me olvide del lugar donde estaba, solo pensaba en semejante falo que estaba saboreando, apenas lograba meterlo en mi boca, pero quería que entrara todo, estaba totalmente hipnotizada chupando, besando, saboreando cada centímetro de ese hermoso pene, hasta que sentí una mano que acariciaba mi cola, otras dos manos mis pechos y volví a la realidad, Gonzalo me sacaba la camisa y Alfonso se deshacía de la pollera, mientras Mario y Antonio se terminaban de desvestir.
Alfonso estaba realmente entretenido con mi culo, había corrido mi tanga y jugaba metiéndome un dedo en mi hoyito, mientras yo lo disfrutaba, se la chupaba a Gonzalo y Antonio y con cada mano masturbaba a Mario y Federico, después de un rato en aquella posición, me pidieron que me pare y me llevaron al sillón, Gonzalo me saco la tanga y me hizo arrodillar en el sillón quedando en posición de perrito con mi cara sobre el respaldo, Antonio, Mario, Alfonso y Federico se pusieron atrás del respaldo del sillón para que yo continuara chupándoselas, Gonzalo se unto los dedos con vaselina y comenzó a meterlos en mi culito, primero uno y luego dos, me lo estaba gozando cómo nunca, me sentía muy puta, pero me encantaba esa situación, seguí chupándosela a Antonio hasta que Gonzalo dijo “ahora te voy a coger putita” y sentí como sacaba los dedos y como mi culito se llenaba con su pene, en ese momento solté un suspiro de placer y él aprovecho para meterme todo su falo hasta el fondo, con lo que sentí dolor y me queje, acto seguido Antonio me agarro de la cabeza y me hizo tragar todo su pene hasta la garganta, me dieron arcadas, pero lo resistí, en ese momento empezaron a cogerme los dos, uno por la boca y el otro por el culo, al principio sentía más dolor que placer, pero me relaje y empecé a disfrutarlo, me estaban haciendo gozar cómo nunca, yo empecé a gemir como puta, realmente esa situación me encantaba, después de un rato Gonzalo salió y sentí cómo Alfonso empezaba a meter su pene en mi culito abierto, él empezó a cogerme más suave y darme nalgadas cada tanto, Mario tomo el lugar de Antonio y me ofreció su lindo pene para que chupara, estaba muy rico, muy jugoso, comencé a chupárselo mientras Alfonso aceleraba las embestidas contra mi culito, de tanto en tanto me hacia gritar de dolor, eso parece que excito de sobremanera a Mario, que después de un rato anuncio “voy a acabar”, entonces lo agarre y comencé a chupar su pene con más fuerza, hasta que sentí como su semen caliente inundaba mi boca, saco rápidamente el pene de mi boca y disparo su último chorro de leche en mi cara, eso me subió la excitación a mil, ya era toda una puta!
Sin perder tiempo Federico se acerco con una toalla y me limpio el semen de la cara, mientras Antonio cambiaba lugares con Alfonso, el más experimentado del grupo no tuvo ninguna compasión, me ensarto su pene de una y comenzó a cogerme con fuerza, estaba realmente endemoniado, por suerte Gonzalo y Alfonso habían dilatado y lubricado bien mi culito, Federico me ofrecía nuevamente su descomunal falo para que chupara, yo encantada lo acepte y comencé a chuparlo, otra vez volví a viajar al limbo, estaba encantada con el pene de Federico, era enorme y bello, trate de meterlo todo en mi boca y cada tanto me daba arcadas, pero me encantaba, tanto me gustaba que me había olvidado que Antonio me estaba dando una cogida de película, estuvimos un buen rato así, hasta que Federico dijo “ahora voy a cogerte yo y hacerte mía”, Antonio se detuvo y se corrió, Federico tomo su lugar y dijo “te va a doler un poquito”, yo sabía que me iba a doler, su pene era demasiado grande, pero igual quería tenerlo dentro, quería sentirlo, que me haga gozar, quería que me hiciera suya, entonces sentí su cabeza en la puerta de mi culito, era mucho más grande que el pene de los demás, sentí como mi culito se llenaba y se expandía con ese gran pene, pero Federico era muy cuidadoso, fue entrando despacito y dejando que mi culito se acostumbre a su pene. Mientras Gonzalo, Antonio y Alfonso se paraban delante mío para que se las siga chupando, se iban turnando para meterme sus penes en mi boca, Federico empezó bien despacio a moverse y yo sentía dolor y placer al mismo tiempo, su pene me estaba desgarrando por dentro, pero me encantaba estar siendo poseída por él, sin poder evitarlo empecé a gemir y a gozar de esa cogida, me olvide completamente del resto y solo gozaba con Federico, hasta que empecé a pedirle más y más, que me hiciera suya y que quería sentir su leche dentro mío, eso le gustó y empezó a cogerme más duro, yo sufría por el dolor, pero me encantaba como me estaba cogiendo y estaba súper excitada en aquel momento!
Alfonso, Gonzalo, Antonio y Mario, ya recuperado, se masturbaban frente mío mientras miraban la escena, yo estaba entregadísima a Federico y deseaba que nunca acabara de cogerme, lo estaba pasando realmente genial, él continúo dándome cada vez más duro, hasta que me dijo que iba a acabar, yo le suplique que me llenara el culo de leche, en ese momento Gonzalo me agarro y metió su pene en mi boca y me acabo llenándola de semen y fue ahí que recordé que no estaba sola con Federico, entonces le chupe el pene a Gonzalo sacándole toda la leche, y pude sentir cómo Federico bajaba la velocidad del bombeo y su pene se hinchaba aún más dentro de mi culo y como explotaba en placer y semen, sentí como el calor de su leche recorría mis entrañas, no podía creer el placer que estaba sintiendo en ese momento, todavía tenía su pene dentro que poco a poco se iba deshinchando y su semen que poco a poco empezaba chorrearse entre mis piernas, me encantaba, estaba satisfecha sin siquiera haber tenido un orgasmo! Pero ajenos al placer que yo estaba sintiendo en ese momento Alfonso y Antonio se acercaron para llenarme la cara de semen tan rápido que ni me dejaron chupárselas y por último Mario me acerco su pene para que se lo chupe y nuevamente llenarme la boca de leche. Federico lentamente saco su hermoso pene de mi culito adolorido y se sentó en el sofá, yo me levante toda llena de leche por todos lados y me fui al baño a asearme.
Así fue como comenzó aquella noche de lujuria y placer con mis nuevos amantes.
Espero que les haya gustado mi historia y si es así, próximamente seguiré contándoles lo que paso el resto de aquella noche.
Besitos a todos.

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Mi primer contacto de revista

Había fantaseado muchas veces el estar con un hombre de una revista de contactos que había comprado hace algún tiempo, incluso me masturbaba y me penetraba con mis juguetes pensando en él.

El anuncio decía así: “Joven, atractivo, 37 años, con poca experiencia, curioso y de 1.9mts de estatura. Busco chicas, para pasar momentos excitantes y disfrutar del sexo. Me encantan las mujeres morbosas. Si se atreven con lo que ven en la foto, ¿te atreves tú?”. Tenía una foto de un hombre musculoso y con una herramienta larga y depilada. Tenía un correo electrónico el anuncio y decidí escribirle.

No le conté en mis correos que era una TV, le hice creer desde un principio que era una mujer. Me escribía correos excitantes de cómo me lo haría y esas cosas. Yo le respondía con lo mismo. Un día me mandó una foto donde estaba masturbándose.  Yo le correspondí mandándole una de espalda,  traía puesto un corset rojo con una tanga roja y un letreo en una hoja pegada a mí que decía: “Tómame”. Me imagino que eso lo excitó tanto que quiso por fin conocerme, pero me confesó que era casado. Yo le respondí con otro correo que eso no importaba que le haría el amor como nunca se lo había hecho su esposa. Acordamos vernos el próximo fin de semana, y que llegaría a mi ciudad para tener intimidad en un hotel.

Se llegó el día de vernos y llegué primero al hotel.  Me vestí para él con el corset rojo, medias y arriba una tanga roja. Me puse una peluca, me pinté y me perfumé.

Al tocar la puerta supe de inmediato que era él. Cerré las cortinas, apagué la luz y fingí la voz de mujer y le dije que pasara.  Lo esperé atrás de la puerta y cuando entró lo abracé por atrás y comencé a besarle el cuello, mientras le desabotonaba la camisa. Cuando terminé con la camisa, comencé a besarle la espalda y ahora empecé a desabotonarle el pantalón. Cuando se deslizó el pantalón hacia abajo se dió la vuelta y me miró, no podía creer que era una TV. Quisó irse rápidamente y me cuestionaba por qué le había hecho creer que era una mujer. Le dije que desde hace muchos meses había fantaseado con él y que me parecía muy atractivo y que quería tener intimidad con él. Empezó a decirme que nunca había estado con un hombre y que no podía creer que hubiera gastado en un viaje para nada. Yo le dije que se relajara que no pensara precipitadamente que me dejara al menos hacerle una mamada, que de todos modos ya había hecho el viaje.

Aunque no muy decidido, aceptó. Como ya no traía puesto el pantalón el asunto sería más fácil de iniciar. Lo acosté en la cama, le comencé a besar su fuerte pecho mientras le acariciba su miembro por encima de su apretado boxer. Seguí bajando poco a poco mis besos hasta llegar a su boxer. Le besaba suavemente su rico miembro sin sacarlo de su boxer y poco a poco empezó a ponerse duro hasta que por fin estaba completamente erecto.  La tela de su boxer poco a poco se empezó a sentir mojadita y por fin llegó el momento de conocer ese pedazo de carne. Le quité el boxer para tener ante mis ojos ese pene duro y largo, me fascinó y le coloqué la mano alrededor y suavemente comencé a masturbarlo muuuuy lentamente. Era hermoso ver cómo su prepucio se movía hacia abajo. Le pasé la lengua por el hoyito de miembro, era un sabor riquísimo. No aguanté mucho y comencé a mamárselo como un becerro hambriento mientras con la mano le acariciaba los testículos.  Cuando presentí que iba a eyacular, le dejé de hacer el oral y comencé a lamberle desde los los testículos hasta la punta de si rico miembro. Cuando sentí que se le bajaba un poco lo excitado, nuevamente volví a mamárcelo, comencé lentamente y poco a poco iba acelerando mi mamada.  Trataba de tragarme todo su pene, sentía como me topaba la garganta. Así estube unos pocos minutos porque nuevamente sentí que iba a llegar a su orgasmo, poco antes de que eyaculara rápidamente me quité la tanga y me acomodé arriba de él, quería cabalgarlo. Como él ya estaba tan excitado no puso ningún reparo en sentarme arriba de él, y poco a poco me fuí metiendo ese gran miembro en mi ano. Fue algo sumamente rico,  sentía la punta llena de salibra y poco líquido preseminal. Estaba calientito y me lo fuí comiendo con mi colita. No tarde mucho en estar completamente penetrada por él. Me gustaba la rigidez y lo lubricado que estaba. Comencé a moverme hacia arriba y abajo, estaba por fin gozándome a aquel hombre con quien muchas veces me había masturbado. Yo le miraba la cara y notaba lo rico que sentía, y eso más me volvía loca. Le pregunté si le gustaba, a lo cual respondió que sí, y que no parara. Me dijo que me quería eyacular en la cara, pero no lo dejé, le dije que quería que eyaculara adentro de mí, quería sentirme toda una hembra.  Cuando sentía que iba a querer eyacular, me detenía unos segundos para evitar que se viniera, y cuando presentía que ya se calmaba un poco, volvía a moverme hacia arriba y hacia abajo muuuuy lentamente.  Así estube unos 15 minutos jugando con él hasta que me rogó pidiendo por favor que ya lo dejara terminar. Y bueno le cumplí, hasta que eyaculó adentro de mí. Entonces me detuve y traté de meterme todo miembro en mi rico ano,  lo más que pude. Sentí la contracción de su cuerpo cuando llegó al orgasmo, sentí como se contraía su pene y sentí su chorro de semen abundante y calientito.  No me bajé de él, ahora me movía nuevamente y ahora sentía más rico como se resbalaba su tronco en mi ano. Su semen se me salia de la cola y le escurría por su miembro hasta sus testículos. Por fin me quité de arriba de él, le chupé y limpié su jugoso semen de su pene.  Se me hacían como ligas de su miembro a mi lengua.

Terminé de limpiarselo y se levantó para ducharse. Solo le pedí que antes de irse me dejara verlo mañarse en la regadera.  Acerqué una silla al baño y me senté frente a él. No podia negar que esta super excitada al verlo bañarse, así que comencé a masturbarme delante de el. Me imagino que eso le gustó porque cerró a la regadera y comenzó a masturbarse delante de mi. Yo terminé primero, me brincó semen al pecho y mis medias. Cuando me vio que eyaculé, él terminó en seguida. Me hacerqué a su riquísimo pene y se lo volví a mamar para limpiarselo, me lo metí hasta la garganta.

Terminado eso, siguó bañandose. Yo me cambié y me fui del cuarto. Me fui con su aroma en mi ano, en la boca y en la cara.

Seguimos intercambiándo correos y recordando aquella cita maravillosa.

Luego les platicaré lo que hicimos en otra ocación con una prostituta.

Dejen sus comentarios.

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Dos Extraños y una Ciudad

Nos Cruzamos en un bar, eramos dos extraños, dos desconocidos en medio de aquel lugar solitario, si bien no lo era durante las horas del día, eran la 1 y media de la madrugada, y aquel bar solo esperaba que nosotros dos terminaramos nuestras copas improvisadas de algún licor venido a menos.
El camarero se nos acercó a cada uno, separados por la distancia y la desconfianza, y nos comunicó que pronto cerrarían, ambos con una mueca en la cara consumimos lo que quedaba y salimos, al parecer él también fumaba,
Permanecimos callados unos minutos mientras fumabamos interminablemente nuestros cigarros, sonreí, y empecé la conversación:
-Che, que mal que nos hayan sacado así
-Si y más que no estabamos de gratis
-Exacto, te parece si vamos a otro bar? conozco otro cerca
-Dale, mañana no laburo, y pensaba quedarme otro rato más acá en éste, pero ya fue, vamos.
Caminamos las pocas cuadras que nos separaban de aquel Mini, y en el camino se presentó, se llamaba Ale, tenía mi edad, 22 años, cuerpo de quién hizo deporte toda su vida, pero no de gimnasio, estatura media, ojos oscuros, cabello lacio mediano, pero sobresalía en su cara… sus labios, gruesos, era inevitable verlos,
Mientras, notaba como él también observaba mi cuerpo delgado, mi cabello largo, tez canela y ojos oscuros caminar a la par de la noche,
Cuando llegamos al mini y sucedió la conversación cotidiana entre dos hombres sin nada que perder, y una cosa llevó a la otra, y terminamos hablando de sexo, mientras el alcohol iba haciendo efecto, contaba que había terminado..
-… con mi novio. -Apenas dijo eso, mi cara debió haber reflejado la sorpresa que sentía, éste tipo ¿era gay?, no pareciá, sus gestos, todo eran.. distintos.
-Y cómo te sientes? – Le pregunté
-Me había sentido mal, hasta que me dijo que me dejaba porqué me había engañado con mi mejor amigo, ¿puedes creerlo?
Su actitud fuerte, poco a poco se fue desmoronando, las lagrimas fueron surgiendo a medida que contaba su historia con Diego, marcada por el engaño, marcada por el crecimiento de dos hombres que se descubrieron así mismos en medio de encuentros clandestinos en Corrientes, sin que nada supiera y ocultos excepto a sus amigos,
Pero la vida los cambió, algo cambió, en algún momento de la historia común de ambos, que aquí quedó Ale llorando enfrente mío, y yo con el mismo trago de hace 2 horas, escuchando aquella historia, distinta pero no mejor que la mía,
Sin embargo, compartía su tristeza y su sin sabor, y mientras el amanecer se acercaba, vi como él se iba calmando y nos dabamos cuenta de que eramos dos extraños y que no teniámos nada que perder,
-querés seguir en mi apartamento? está acá cerca?
-En Rosario todo está cerca ¿no? Dale, mañana no quiero saber de mi. -Una sonrisa triste apareció en el rostro de Ale, mientras mi mano se apoyó en su hombro, y señalaba el final de la velada en aquel bar.
Camino a mi apartamento, le fue contando parte de mi historia, un inmigrante de España que había quedado en Rosario huyendo al recuerdo de la felicidad que no tuvo, la memoria fugaz del amor marcó la única mueca del día en mi cara, mientras le deciá que terminaba la carrera de Medicina, vivía solo, sin más familia que un par de fotos y botellas vacías almacenas en la cocina,
Si bien el apartamento podía ser considerado un mono ambiente, era del tamaño de un apartamento más grande, tenía un solo cuarto para dormir, con una cama King Size, una sala de estar, cocina, lavanderia, y un balcón que daba cara al Boulevard que alegraba mis días los atardeceres, recordaba los pasajes Italianos que ahora son tan lejanos.
Subimos ya siendo menos extraños, le ofrecí un poco de Vino Tinto, puse algo de Velvet Underground -en algún momento indescifrable de la noche habíamos hablado de música y habiamos encontrado a ésta banda como punto común- y seguimos nuestras charlas, y nuevamente derivamos hacía el sexo:
-Alguna vez has hecho el amor durante más de dos horas? – Dijo Ale-
-Pues, lo he hecho, pero no seguido, y creo que lo más fue 3 horas, no sabría si llegaría, ¿tu si?
-Lo he intentado, pero tampoco, aparte que a veces me aburría
-¿por qué?
-Porqué siempre me tocan tipos sin imaginación – exclamó riendose.
-Si eso es un bajón!, joder, pero no sería malo intentarlo algún día-exclamé con pausa y lentitud
-Lo has hecho con extraños? – Preguntó serio,
-Me gusta el sexo con extraños, sin compromisos y sin lazos, hacer el amor con extraños.. no lo sé, habría que ver.
Una sonrisa apareció nuevamente en su rostro, mientras se acercaba y lentamente sus labios tocaron los míos, aquellos labios gruesos, profundos, decían tanto,
Y así empezó todo, poco a poco nos fuimos despojando de nuestras ropas, y caminabamos hacía el cuarto, sin prisa, con calma de dos personas que tienen el mundo por delante, cuando llegamos a la cama, me dijo en un susurro:
-4 horas? te atrevés? – Sonreí- Vamos.
Recuerdo perfectamente, el reloj marcaba las 5:12 A.M, las cortinas del cuarto impedirían que la luz se aproximara a nosotros.
Ya sin ropa, empezamos, su cuerpo semi marcado, fue recorrido por mi boca, poco a poco, con lentitud, con intento de amor por consumar, escuchaba sus jadeos, mientras me aproximaba a su miembro, y lentamente empezamos los movimientos acompasados, tenía un pene de unos 16 CM, y me cabía perfectamente, lo que permitía que mi lengua jugara con su glande mientras mi boca subiá y bajaba, mientras mis dedos iban recorriendo su cuerpo, y dieron su trasero, totalmente lampiño, muy bien formado, redondo, que se contraía con cada vez que mi boca subía y bajaba,
Pasamos 20 minutos de jadeos y mi boca jugando son su pene, hasta que mis dedos terminaron su recorrido y empezaron a hacer circulos alrededor de su agujero, hasta que un dedo se fue introduciendo y lanzó un gemido aún más fuerte, mezcla de dolor, excitación y sorpresa,
En ese momento, dejé su pene para subir hasta su boca y fundirnos nuevamente en un beso, mientras mi mano seguía su labor sobre su agujero, sin embargo no pasaba de un dedo, quería que lo disfrutara, parecía que fuese su primera vez por lo cerrado que estaba,
Estuvimos uno sobre el otro, recorriendonos mutuamente, mientras paré totalmente y exclamo:
-Tengo bañera..
Él sonrió entiendo, y nos levantamos y nos fuimos al baño, la bañera era lo suficientemente ancha para los dos, y desde atrás de él podía apreciar su trasero bien formado perfectamente, él solo verlo me excitaba sin siquiera tocarme así que reiniciamos nuestras caricias, mientras tomaba el lubricante que siempre guardaba en el baño y lo untaba en mi mano, lo voltié contra la pared y nuevamente empecé mi labor sobre su agujero mientras lo abrazaba e intensificaba los jadeos en su oído y lo besaba.
Coloqué mi otra mano libre sobre su pecho mientras lo acariciaba, seguidamente logré meter dos dedos, escuché su gemido aún más fuerte, mientras empecé a sacar y meter esos dos dedos, lentamente y después más rapidamente,
Mi mano de su pecho pasó a su boca y sentía como su lengua así presión sobre mi llema de los dedos, y mi pene en su máxima excitación hacía presión entre aquel trasero envidiable, le hacían preludio a los tres dedos que entraron a continuación, mis 18 CM bastante gruesos estaban ya preparados para entrar,
Lo voltié por última vez frente a mi, y lo empecé a besar, mientras levanté una de sus piernas, quería ver su expresión, y poco a poco empecé a pujar después de ponerme el condón y un poco más de lubricante, después de unos segundos la cabeza logró entrar suavamente, y de un tirón entró el resto, su cara se contrajo y se relajó de inmediato, mientras no me movía para esperar que se acondicionara, seguidamente empecé a bajar y subir, muy lentamente y sin sacarla, hasta que él por si mismo empezó a moverse, le estaba gustando.
Estuvimos 10 minutos en dicha posición, después nos sentamos en el piso del baño y él se fue sentando lentamente sobre mi pene, un tanto incómoda la posición, pero cuando se hubo introducido hasta el fondo mi pene, valía la pena, ahora era él quién subía rapidamente, buscando introducirlo hasta el fondo y sacarlo para volver a empezar.
Pasado otro par de minutos volvimos a cambiar de posición ésta vez él agachado con mis manos sobre su espalda y pelo, empezamos nuevamente el meta y saca ésta vez con más rapidez y violencia,
Y no estabamos ni cerca del orgasmo,
Salimos de la bañera acariciandonos y besandonos, señalando el camino hacía la cama nuevamente, ésta vez, intentamos una posición distinta,
Él boca abajo, y yo encima de él boca abajo también, con mis pies cerca de su cabeza y mi cabeza en los suyos, y mi pene directamente encima de su culo, poco a poco, fue introduciendose, hasta conseguir la posición adecuada, que intensificaba todo,
En un momento metí muy rápido y perdimos el balance cayendome sobre Él, causando unas risas apagadas por nuestros besos, nos colocamos la sábana encima y él abrió sus piernas, me puse sobre él y empezamos algo más.. íntimo
Había transcurrido aproximadamente una hora y media, y continuamos por unos 45 minutos en esa posición, metiendo y sacando lentamente, a veces aumentando al velocidad, pero con su cara en mi hombro y la mía entre su cabello, sus manos haciendo fuerza en mi culo, y las mías tocando su pecho y su pelo, mientras él a veces se masturbaba,
Entre besos, los sónidos de la cama se intensificaban, mientras empezó a gritar mi nombre, mientras los gemidos se hacían cada vez más audibles, y sin embargo no estabamos por acabar, por primera vez en la noche, estabamos haciendo el amor y no simplemente el sexo entre dos extraños,
Para la última hora, cambiamos al borde de la cama, con una pierna levantada, despueés de rodillas sobre la cama, parados, contra la pared, y precisamente contra la pared fue la mejor posición, debido a que él era un poco más bajo que yo, permitia perfectamente que mi pene subiera hasta el fondo, en un mete y saca mucho más salvaje,
Alrededor de las 9 y media, mi miembro no me dolía, pero ya empezaba a demostrar los primerios indicios de la corrido, a lo que le susurré al oído:
-Estamos cerca
Pasamos a la cama, y la sonrisa en su rostro me indicó que ya estabamos listos, un par de minutos después, mi penetración se fue intensificando, sus gemidos eran cada vez más fuertes, los míos también, su pelo era agarrado fuertemente por mis manos, mientras nos fundiamos en un beso, y así, la metí lo más fuerte, sentí como sus paredes presionaban mi pene y mi venía dentro de él, un par de segundos después su gemido y la sensación caliente sobre mi estomago me indicó que ya se había venido, exhaustos caí sobre él, así con las sábanas cobijando nuuestra desnudez, nos quedamos dormidos sabiendo que ya habíamos dejado de ser, dos extraños.

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Mi historia de amor parte 1

MI HISTORIA DE AMOR (1° parte)
NOTA: Si en esta historia esperas encontrar imágenes de sexo explicito, o lenguaje vulgar o cualquier cosa que parezca obscena, cierra esta ventana, porque no encontraras nada de esto, solo encontraras una historia de amor. Es lo único que les puedo ofrecer.
Para que puedan entender esta historia (100% verídica) tienen que leer y no ponerse de parte de ninguna de las personas aquí expuestas, obviamente se cambiaran algunos nombres. Mi nombre es….Leonardo Massen, y les contare algo sobre mi para que me entiendan, tengo, actualmente, 20 años y soy un poco blanco, delgado alto 1.72 no mucho pero bueno eso cuenta, y tengo ojos café obscuro soy alegre y pues digamos que nada me asusta, ante la sociedad soy educado, respetuoso y todo lo que cualquier padre desearía tener como hijo, pero pues a lo largo de la historia se darán cuenta de que no soy asi, y de que ya me canse de fingir, bueno, me salí del tema, naci allá por 1989, para ser exactos el 30 de octubre, bueno, me crie en una familia, digamos “normal”……no para nada, mi madre se caso tres veces y de ahí nacimos tres hermanos distintos, mi padre me abandonó y mi madre se fue a trabajar dejándome al cuidado de una tía, la cual quiero como mi verdadera madre,( si mantengo comunicación con mi madre), bueno desde pequeño me empecé a dar cuenta de que me gustaban los hombres y eso me hacia sentir culpable, pero bueno, con el tiempo ese sentimiento de culpa desaparece.
Bueno ay algunas anécdotas que no me gustaría relatar, jejejejej bueno adelantemos un poco más, cerca de los 9 años, me fui a vivir al extranjero con otra tía mía, pero bueno, me entro la nostalgia y acabe regresando con mi tía, la que me crió, y empecé a vivir esta historia de amor, que mas bien es un poco tormentosa, pero pues es muy raro que entre nosotros (la comunidad gay) exista un “y vivieron felices para siempre”.
Cuando regrese me entere que cerca de mi casa había llegado a vivir una familia, la cual tenía un hijo, pero tenía un papa adoptivo, solo la señora era su verdadera mama, bueno me lo encontré en la iglesia, se llama Ángel, y rápidamente se hizo mi amigo, y así empezó una serie de visitas a mi casa y yo a su casa, cuando sin querer nos dimos cuenta de que entrabamos en la adolescencia, esa etapa tan difícil de cambios y que la verdad si me hubiera dado cuenta abría sabido aprovechar el tiempo y Ángel aun estaría conmigo, bueno, me desvié del tema, jejejeje, sigamos.
Íbamos al mismo colegio pero en grados diferentes, porque yo perdí el año escolar por haberme ido, pero aun así en el receso jamás nos juntamos a comer, él jugaba futbol y yo odio el futbol, jejejeje nada compatibles, pero bueno, en ese tiempo yo tenía más bien definida mis preferencias sexuales y aunque jamás había visto desnudo a Ángel, cada día me costaba mantener mi vista fija en su cara y no en su cuerpo que poco a poco se iba desarrollando, (pero que desarrollo ufff!!!), el claro no sabía nada, o eso creía yo, en una ocasión estaba yo con una amiga mía, súper amiga que desde tercero de primaria era mi amiga, en las buenas y en las malas, en ese entonces estábamos en 5° de primaria a punto de salir, y Ángel en 6° cuando de pronto me amiga que se llama paty, la típica amiga de todos, la clase de persona que no le importa si eres drogadicto te acepta tal como eres siempre y cuando no te metas con ella, y la respetes, me dijo:
¬¬¬¬¬¬-¿Eres amigo de Ángel verdad?
-Si, porque preguntas?
-¿Nada mas amigo verdad?
-Claro!!! ¿Por qué preguntas tanto? -No sé es que me da la impresión de que andas con él.
No me lo podía creer, ella aun no sabía nada de mí, a lo cual me puse nervioso, creo que eso me delato, y decidí ignorarla, pero al final termine confesándole todo, ella me dijo que no me preocupara que ella no diría nada y que podríamos seguir siendo amigos. Así pasaron los días hasta que llego la graduación de Ángel, obviamente fui y ahí estaba el, el chico de mis sueños, el que tantas veces, jugando, me había abrazado y hecho cosquillas, mil disculpas, aun no le he dicho como es Ángel verdad? Que descuido, perdón, pues Ángel es alto, como 1,78 blanco, pero es de un blanco que parece que trae maquillaje, ojos negros, y cejas un poco grandes para el tipo de ojos que tiene, y pues en ese entonces estaba delgado y un poco marcado, ya que su obsesión era tener músculos, bueno cuando lo vi de traje negro no aguante mas las ganas y delante de todos corrí y lo abrase….
Cuando me estrecho con sus brazos fuertes, ¡¡¡¡¡no me lo podía creer!!!!! Me correspondió el abrazo, aunque estaba preocupado por el “que dirán” ahora ya no me importaba, porque estaba él, y en ese momento era mío y de nadie más, cuando por fin ese bello momento termino, yo me puse rojo de la cara y solo le dije: Discúlpame, te deseo lo mejor, eres y serás mi único amigo, siempre, por siempre.
Aunque puso cara como de: “¿Qué dices?” solo me dijo: Ok vete a sentar que la ceremonia empezara ya.
Patricia que estaba junto a mi me pregunto claramente que si andaba con él, obviamente le dije que no, y esa era la verdad, (aunque ganas no me faltaban) así transcurrió un año y nuestra amistad cada vez se iba asiendo mas y mas fuerte, y entonces cometí el más grave error de mi vida: tener un diario personal, en el cual escribía mis sentimiento por él y todo, Ángel ya no siguió estudiando, porque para ser sinceros era muy mal estudiante, pero créanme que si hubiera llevado su historial de calificaciones, aunque no es el historial perfecto, su linda y hermosa cara le hubiera ganado a esas calificaciones.

Cuando por fin entre a la secundaria el estaba trabajando en una tienda de abarrotes y cada mañana pasaba por ahí, en una mañana soleada, y muy calurosa venia de mi casa y pase por donde Ángel trabajaba y lo vi, estaba metiendo cajas de abarrotes a un almacén, y como hacía calor, se había quitado la playera quedando solamente en camiseta y aunque nunca lo había visto sin playera el solo verle en camiseta me excito demasiado, bueno, cuando pase enfrente de la tienda, y escuche que gritaron: ¡¡¡¡Papito, mmmmm que bueno estas!!!!! Obviamente se estaban dirigiendo a mí porque no había nadie más en la calle (que bueno) cuando reconocí su voz, y pues claro me hice el disimulado, cuando escuche otra vez su voz: ¡¡Ya Leo, voltea, te estoy hablando a ti!!
Me puse a platicar con el cómo una hora cuando me di cuenta de que ya no alcanzaba la ´primera clase, así que ese día me ocurrieron tres cosas dos buenas y una mala. La primer cosa buena es que vi a Ángel sin playera, le segunda cosa y fue mala, es que me reportaron por llegar tarde, y la tercera……cuando Salí de la escuela, estaba haciendo más calor y ahora no solo lo vi sin playera si no que también sin camiseta, ahora el bajo del segundo piso de la bodega y me invito una coca-cola, créanme que fue la coca más rica que he disfrutado, bueno ese día lo invite a ver una peli en mi casa y a dormir, aunque no era la primera vez que él se quedaba a dormir, bueno pero pues cada quien se da sus mañas para tener lo que quiere y pues digamos que esa noche, especialmente, me interesaba que él se fuera a quedar a dormir en mi casa, ¿Por qué? Porque precisamente llevaba meses invitándolo a mi casa, pero tenía que arreglar ciertos asuntos para poder tenerlo junto a mi, ¿Cuáles? Creo que eso lo contare en la próxima entrega, espero sus comentarios a mi correo.

Y ahora quiero ser, el que tanto quise ser, el que tanto yo soñé, el que todavía, te quería, el que tú no puedes ver, el que aun te tiene fe, el que todavía te recuerda……
Leonard Massen

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Los hermanos de mi joven esposa II

Fueron las pasadas fiestas decembrinas cuando la familia de mi esposa vinó a la casa, yo al saber que pasarían con nosotros el 24 y 25 de diciembre, estaba que no cabía de contento, tanta felicidad seguro debía de ser pecado.

Primero llego Carlos con su novia Liz, luego llegaron mis suegros, y por ultimo hizo su arribó Luis quien venía acompañado de su prometida Claudia y de sus jóvenes cuñados Cristian Alixander, Alfonso y Brighton, todos ellos de ojos azules igual que Claudia, eran delgados, de pelo semi rubio, de piel blanca, y facciones finas, y por lo visto eran bastante alegres, porque enseguida empezaron de parlanchines. Otra cosa curiosa es que todos se veían de la misma edad, lo cual me desconcertaba, pero decidí no hacer ningún comentario al respecto.

Todos habían llevado vivires para enriquecer la cena de navidad, pero él que se destacó al hacer venado al horno fue Cristian quien estudiaba para ser Chef, yo nunca había probado el venado, me agradó la carne aunque un poco recia para mi gusto, tenía un muy buen sabor;

Como era de esperarse en cuanto supimos que estudiaba Cristian para ser Chef, le pedimos que nos preparara más cosas igual de suculentas, asintió enseguida y en cuestión de horas ya tenía todos los ingredientes listos para preparar jaiba, pez espada, una sopa de mariscos y empanadas de camarón, el solo hecho de pensar que comería camarón me hizo pensar que en la noche andaríamos todos como burros en primavera; De pensar que solo había dos mujeres y 7 hombres eso sería una verdadera orgia.

Pasaron las horas y el hambre ya empezaba a ser demasiado evidente, pues en nuestras platicas el tema de conversación giraba en torno a la comida, que si alguien habían preparado tal o cual cosa, que cual era la comida más rara que habíamos degustado, etc, etc, por ello decidí ir a la cocina haber en que le podía ayudar a Cristian y aprovechar para comer algo de lo que estaba preparando, debido al calor que hace en la cocina, vi a Cristian sin camiseta, se le marcaba bien sus músculos del abdomen y su pans se le ajustaba marcándole el contorno del calzón, y dividiéndole las nalgas, no sé cuánto tiempo me quede como hipnotizado observándole, pero fue evidente, porque el, a pesar de darme la espalda, sonrió soltando una leve risa y me dijo – “¿estarás todo el tiempo observándome el culo o vendrás a ayudarme a terminar la cena?”, yo también solté una risa nerviosa por ser tan obvio, y me acerque a ayudarle, le ofrecí una disculpa, él me dijo que no había problema, que no le quitaba yo nada con verle, que ya estaba demasiado acostumbrado a que lo vieran de esa forma, por eso no le daba mucha importancia.

Continuo la cena todo normal, pero yo no podía dejar de pensar en Cristian, a mi izquierda se encontraba Diana sentada y a mi derecha se sentó Cristian. Al paso de unos minutos por debajo del mantel deslice mi mano hacia la pierna de Cristian, si él se incomodaba mi estrategia era fingir que me apoyaría para levantarme, pero no se incomodó, solo sonrió un poco, así que empecé a subir mi mano, poco a poco hasta llegar a su entrepierna, y comencé a acariciársela sobre el pans, se le empezó a poner dura, y dejo de platicar tanto como era su costumbre, ya que empezaba a tener uno que otro espasmo de excitación, sus otros hermanos se dieron cuenta del cambio de actitud de Cristian, pero decidieron no decir nada, entonces decidí desamarrar su jareta del pans y meter mi mano, así lo hice y sentí su pene a traves de una pequeña tanga, eso me indicó que el iba preparado para buscar un encuentro así, entonces metí mi mano debajo de su tanga y le toque su pene, mismo que ya había lubricado por la excitación, empecé a subir y bajar su prepucio, así hasta que, me trataba de detener con la otra mano para que no siguiera, era inminente una eyaculación, saque mi mano tome 3 servilletas y la baje otra vez, y continúe masturbándolo lentamente hasta que se vinó en mi mano, pero las servilletas lograron absorberle su eyaculación.

Eenseguida me levanté y me fui al baño, no precisamente a tirar las servilletas, más bien quería saborear sus esperma, me las metí en la boca en cuanto estuve en el baño, su esperma sabía muy dulce, me gustó mucho, luego de que tome todo lo que pude, tire las servilletas al escusado y me lave la boca, regrese a la mesa, y me incorpore a la convivencia, note que Cristian estaba algo sonrosado, quizá se sentía mal por lo que pasara unos minutos antes, entonces le puse otra vez mi mano en su entrepierna y note que no había anudado la jareta del pans, por lo que mi mano incursiono una vez más en su entrepierna, así que le toque su pene, el cual ya estaba flácido y retirándole el prepucio con un dedo empecé a sobarle el glande, creo eso lo éxito muchísimo, porque con su mano me toco también mi pene, y tuve que detenerle pues se podía dar cuenta mi esposa. Después fui a sacar colchones inflables y a extender el sillón cama para que pudieran acostarse nuestros invitados, en la recamara principal nos quedaríamos mi esposa y yo en la cama matrimonial y en un colchón con ruedas se quedarían mi cuñado Luis y su prometida Claudia, en el otro cuarto se quedarían mis suegros, en el sillón cama de la sala se quedaría mi cuñado Carlos y Liz, y en tres colchones inflables se quedarían Cristian, Alfonso y Brighton. Al otro día me levante como a eso de las 6am al baño y decidí ir a la cocina por un vaso de leche, pero volteé a la sala y gracias a que tenían prendida la luz de una pequeña lamparita, daba una luz muy tenue pero que servía para alumbrar los contornos de las personas y un poco más, vi que mi cuñado Carlos estaba en un colchón inflable junto con Brighton, y su novia Liz dormía muy profundamente, lo cual me hiso suponer que le dio pastillas para dormir, Alfonso hacia como que dormía pero estaba al pendiente de lo que pasaba con su hermano Brighton, y Cristian el me seguía con la mirada, decidí acercarme a Cristian, y en ese instante el levanto sus cobijas invitándome a meter con él, pude ver que estaba completamente desnudo, y luego le pregunte si podía llamar a sus otros hermanos, él se sorprendió, y se portó indiferente, así que me incorpore y fui a donde estaba Alfonso, lo toque, y el brinco de lo nervioso, empecé a desnudarle, podía sentir su temblor, no sé si de miedo o de excitación, luego le di un beso en su boca, y cuando lo tuve desnudo le hice sexo oral tanto en el pene como en el culito, luego le dije que se pasara al colchón de Cristian, y me fui con Carlos y Brighton, me metí en medio de los dos, y empecé a meterles mano, luego Carlos ya quería penetrarme y yo le hice la seña que fuéramos al colchón donde estaban Cristian y Alfonso, se pararon Brighton, y Carlos y nos reunimos en el colchón los 5, y empecé a penetrar a Cristian, mientras Carlos penetraba a Alfonso, y a Brighton le metí el pene de plástico de mi esposa, por lo visto esos tres hermanos eran vírgenes, nunca habían estado con un hombre o con una mujer, por eso nos fue más fácil ganarles la voluntad de que se dejaran penetrar, empezaron a gemir al poco rato, y pensé que se despertarían los demás invitados, pero creo Cristian a mis suegros y a las mujeres les había echado una especie de pastilla adormilante , el único que se despertó fue Luis, y al vernos a todos cogiendo, decidió cogerse a Brighton, así estuvimos un rato, luego nos cambiamos de hermano y cogíamos a otro, hasta que logramos cogernos cada quien a los tres hermanitos, ni se diga las veces que eyacularon al ser cogidos, luego les hicimos nos chuparan el pene, al principio no querían, pero cuestión es que se animara Cristian que los demás también lo hicieron, con un poco de asco, pero lo hicieron, se notaba su inexperiencia, porque a veces como que querían morderlo, también terminaron haciéndonos sexo oral en el culo. Ya como a eso de las 8am nos fuimos a bañar todos juntos y mi cuñado Carlos le interrogo a mi cuñado Luis si sabía que sus cuñaditos les gustaba el pene y que por eso los había invitado?, a lo que Luis respondió – “como iba yo a saberlo, yo creo ni ellos lo sabían, pero ahora que lo experimentaron, seguro les gusta el camote”, lo que no dejamos fue que ellos experimentaran que se siente penetrar, quizá porque no queríamos que se nos acabara la oportunidad de penetrarles, ya que a ellos seguro que también les gustaría penetrar, pero ese gocé simplemente se los prohibimos, cada vez que querían darnos la vuelta para saber que se siente penetrar, nosotros nos reusábamos diciendo que aún no habíamos terminado, que quizá después dejaríamos a ellos que nos lo hicieran también, pero por el momento nosotros éramos los que habíamos iniciado y los que debíamos de quedar satisfechos. Por fin a las 10am dieron señales de vida mis suegros y nuestras mujeres, parecían todos aletargados, pero se compusieron luego de echarse un buen baño, dijeron que tuvieron pesadillas, y nosotros cambiamos la conversación, no vaya a ser que se dieran cuenta que todos escucharon los mismos sonidos y que cayeran en cuenta que no habían sido pesadillas, sino que había sido real. Otra vez en la tarde del 25 me ofrecí a ayudarle a Cristian, pero esta vez todos los demás idearon que también querían ayudar y que sería mejor que se fueran a hacer las compras las mujeres y mis suegros, que según esta vez las queríamos consentir, así que debía ser sorpresa lo que prepararíamos, y les indicamos que no regresaran hasta que les llamáramos, entonces se fueron al cine a matar el tiempo, y en eso nosotros nos apuramos a hacer la comida – cena y enseguida nos desnudamos, y nos empezó a grabar con su celular mi cuñado Carlos que ya para entonces tendría unos 19 años y los cuñados de Luis tendrían unos 18 años, todos empezamos a coger y probamos nuevas posiciones, en algunas la penetración era más profunda, Luis propuso usar condón, pero nadie le hicimos caso, ya que los muchachos habían sido vírgenes y nosotros no teníamos sida ni ninguna enfermedad de tipo sexual, pues decidimos hacerlo al natural, los chicos empezaban a ser más propositivos y después también empezaron a ser parlanchines igual que lo eran cuando platicaban sobre otras cosas, eso era novedad para mí, pues cuando tenía yo sexo con mi esposa casi no hablábamos según yo para no desconcentrarme, pero esa nueva experiencia rompió ese tabú que tenía yo y mis cuñados, y entonces esa orgia fue un verdadero jolgorio . Los cuñaditos de Luis aunque no les gusta mucho la mecánica se hicieron contratar por el dueño del taller como chalanes, y pese que se supone deben de ayudar a quien sea de los mecánicos, ellos solo están conmigo. Ya también se hicieron de novias, hasta se mandan cartitas de amor, y quizá si las estimen, pero su gusto por el sexo gay sigue igual de presente en sus vidas. Además ninguno de los 6 somos afeminados, es decir no se nos nota que somos gays, o bisexuales, no es como la gente piensa que son los gays, al menos nosotros somos normales como cualquier persona, pero con nuestro gusto sexual distinto, si a veces echamos un taco de ojo con algún buen galán que veamos, pero sabemos ser discretos, normalmente no pasa de unas miradas y ya.

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Matrimonio en Merida I

Después de haber pasado todo el día caminando, paseando y realizando diferente diligencias; regresamos a la casa hospedaje cansados. Me bañe, comí y decidí ver TV mientras me daba sueño y esperaba a José Alfredo que había salido a comprar unas bebidas.

Ya eran como las 9 PM cuando regresaron papa, mi tío Julian y José Alfredo. Me emocioné cuando los sentí llegar y pude ver la mirada de José Alfredo cuando me vio, casi me invitó a subir al cuarto con su sola mirada, por supuesto le sonreí y disimule viendo la TV. José Alfredo llevó las cosas a la cocina y se fue directo a bañarse, eso dijo antes de subir.

Dejé pasar como 30 minutos y le dije a papá que iría a dormir por que mañana había que levantarse temprano. Dí las buenas noches y subí a mi habitación.

Cuando llegue ya José Alfredo estaba bañadito y acostado cubierto con una sabana desde los pies hasta su ombligo. Apenas se sentía una brisa pero no tan fuerte todavía. Me miro y sonrió y me preguntó: estás listo para esta noche? Seguro que lo estoy-le contesté-
Me desvestí y me puse mi pantalón de pijama como era mi costumbre. El me miró y dijo: así no habíamos hablado.

No hace tanto frío hoy- le respondí.

Nos miramos y me sonreí con el. Me acerqué a su cama y apagué la luz. Me desprendí del pantalón del pijama y me metí en mi sabana, cubriéndome los pies con la cobija. El me colocó su brazo sobre mi cuerpo y me susurró al oído: pusiste el seguro de la puerta? Si, lo hice-le contesté.

Sentí como buscaba la orilla de mi sabana para descubrir mi cuerpo, lo dejé que lo hiciera. Pegó su cuerpo al mío y pude sentir su cuerpo totalmente desnudo pegado al mío. Fue una sensación muy placentera y el se dio cuenta que me gusto, se recostó totalmente a mí hasta hacerme sentir su miembro recostado a mi culito … suspire y debe haberme sentido temblar, porque nuevamente me susurró al oído para decirme: no te preocupes solo pasará lo que desees que pase.

Esas palabras me tranquilizaron y debe haberlo sentido porque inmediatamente sentí su miembro duro, tratar de entrar entre mis piernas. La sensación fue realmente especial, suspiré fuerte y el me apretó contra su cuerpo y dijo: eres tan tierno vale! Déjate llevar, si?

No tuve que responder solo aflojé las piernas para que el roce fuera total. Así me gusta, te haré disfrutar al máximo, solo déjate hacer-comentó.

Me gusta –le dije- solo pide lo que deseas y eso obtendrás- comentó- tiernamente dejo un beso en mi oreja y me dijo: puedo continuar acariciando?

No te detengas vale- le dije.

El, demostrando mucha habilidad y conocimiento de lo que hacia, paso su lengua suavemente por mi oreja y la dejo desplazar hacia mi cara. Busco mis mejillas y las beso y lamió tiernamente. Busco mis labios que para ese momento estaban desesperados por ser besados.

Con su lengua abrió mi boca y me enterró su lengua hasta el fondo, aquello me llevo al clímax, nunca había sentido aquella sensación de placer. Era lo máximo. Chupé su lengua, la acaricie con mi lengua, busque sus labios para morderlos. El permitió por unos instantes que disfrutara de llevar el control. Fueron segundos, pero bastó para que me sintiera con mas confianza.

Definitivamente sabía lo que hacía. Y sabía lo que quería.

Me giró para quedar frente a el. Me guió para que me sintiera suyo. Lo estaba logrando. Ya el tenía el control que quería. Separó mis piernas y colocó las suyas dentro de las mías. Pude sentir aquel pene excitado rozando mi culito. Guaooo que sensación tan placentera. Me tenía en donde el quería y yo lo disfrutaba. Sentí sus manos buscar mis piernas y subirlas y lo deseaba. Sentí sus dedos buscar mi hoyito y no hice nada. Lo deje que actuara, no quería que dejara de acariciarme.
Quieres que continúe-preguntó-
No respondí, solo abrí más mis piernas y busque sus labios. El entendió. Dijo algo que no entendí, estiro sus manos y busco en la mesita. Ya el estaba preparado tenía allí su condón y su crema. Sentí cuando con sus dedos fríos untaba la crema en mi ya dilatado huequito. En un instante pude sentir la cabeza de su pene buscando entrada en mi pequeña abertura. Cuando la cabeza entro puje y el se retiro un poco y dijo: calma, dolerá un poco cuando entre pero luego será placer…
Me relajé y el volvió a intentarlo. Sentí una punzada cuando su enorme cabeza logró traspasar la entrada. Fue doloroso pero el se detuvo; me besó; me acarició. Dijo: relájate esto fue lo mas fuerte. Tenía miedo pero demasiados deseos. Tenía dudas pero demasiada pasión. El sabía lo que hacía, entre caricias, besos y roces; fue entrando lentamente. Deteniéndose a cada puje mío. Respetaba mis sensaciones y me gustaba como lo hacía. Poco a poco se fue apoderando de todo mi culito; llenándolo; lubricándolo con su placer y brindándome una sensación jamás sentida por mí. Ya estaba todo dentro de mí y no me había dado cuenta. Solo sabía que me gustaba lo que me hacía; me gustaban sus besos; me gustaba estar así abierto para el. El sabía que yo disfrutaba su penetración y sus besos.
Comenzó un suave mete y saca. Me llevó al cielo. Me hizo disfrutar de el y yo lo complací. Yo disfrutaba complaciéndolo. Estuvimos como media hora o más en aquel ritual de entrada y salida. No quería que terminara nunca. Ya no dolía nada solo sentía placer. Me dijo que quería terminar en mi cara. No sabía que responder. Jamás había pensado en aquello. Mi silencio lo tomó como una respuesta positiva. Salió de mí: se quitó el condón; subió su pelvis hasta mi cara y se masturbó hasta acabar. Yo solo cerré los ojos, no tuve tiempo de pensar. Sentí su néctar salpicar toda mi cara. Por dios, esa sensación me llenó por completo. Fue única; especial; grande. Cuando reaccioné sus labios ya están sobre los míos y me dice: eres único; sabes que ya me bañaste de tu leche también. Cierto, con tanto placer no me había dado cuenta que me había venido y que lo había bañado. Nos miramos, sonreímos; el me limpió con una toalla y me dijo: nos bañamos después todavía no termino contigo…
Fin de la primera parte. Se agradece sus comentarios

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Espiando a un heterosexual

Tenía 18 años cuando mis tíos me invitaron a pasar un fin de semana en su finca a las afueras de la ciudad. No era un plan que me agradara mucho puesto que mis dos primos (sus hijos) son una niña y un niño de 8 y 6 años respectivamente y, aunque los quiero, no me divertiría mucho todo un fin de semana con ellos. Ante la insistencia de mis tíos acepté finalmente la invitación.

La finca era pequeña y tenía una casa para mis tíos, sus hijos y los huéspedes, y una zona social aparte, compuesta por la piscina, un baño para quienes la usaran y, justo detrás de ese baño, una habitación y otro baño privado para el señor que cuidaba la casa.

Llegamos a la finca y nos instalamos en nuestras respectivas habitaciones. Posteriormente salí a la piscina y me cambie en el baño antes de entrar al agua con mis primitos. Mientras estábamos jugando en la piscina, vi con extrañeza a un hombre joven, de unos 23 o 24 años, que estaba limpiando la zona verde alrededor de la casa. Me fijé también en su torso, ya que él estaba sin camisa. Los músculos de su pecho, sus brazos y su abdomen estaban bastante marcados. Era delgado, atlético y no tenía ningún bello en su torso. Se notaba que llevaba ya algunas horas trabajando pues estaba bastante sudado. Desde donde estaba, él levantó la mano saludando a los niños y ellos le respondieron. Posteriormente me contaron que se trataba de Joaquín, el nuevo encargado de cuidar la finca. No le presté mucha atención al tema y seguí jugando con mis primos.

Jugamos toda la tarde hasta que mi tía nos llamo a comer. Mis primos entraron corriendo a la casa y yo me quedé en la piscina para recoger los juguetes que habíamos utilizado. Para no entrar con la pantaloneta mojada a comer, decidí secarme y cambiarme primero en el baño de la piscina, el mismo que queda detrás de la habitación de Joaquín.

Estaba ya en el baño y me había quitado la pantaloneta cuando escuché que, del otro lado de la pared, se abría el agua de una ducha. Era Joaquín quien tomaba un baño. Llegó entonces a mi mente un pensamiento extraño. Me imaginé al trabajador del torso perfecto duchándose desnudo. Se me ocurrió que debería tener unas piernas acorde con su marcado torso, también pasó por mi mente una imagen de sus partes íntimas. No se por qué llegó a mi este pensamiento. No se por qué me interesó por un momento la imagen desnuda de un hombre. Tal vez sería la oscuridad y el ambiente de la finca. Tal vez sería el cansancio de una tarde en la piscina y sus efectos en mi ahora relajado cuerpo. No lo se.

Terminé de secarme y me vestí de nuevo. Estaba ya dispuesto a salir, cuando mi mente volvió a comandar mi cuerpo y lanzó otro pensamiento: El orificio de ventilación en la pared que separaba a mi baño de la ducha de Joaquín. Era una pequeña ventana ubicada en la parte superior de la pared. Estaba muy alta, a dos metros del suelo para cumplir su función de ventilar y no interferir con la privacidad de ambos baños. Esas ideas que me llegaban, parecían producto de mi subconsciente, como si estuviera tratando de discurrir la forma de ver desnudo a Joaquín. En ese momento me quedé pensativo, un temor recorrió mi cuerpo por lo que estaba pensando. No sabia que debía hacer: salir del baño y olvidarme de todo eso o…

…con algo de debilidad en las piernas por el temor que sentía, y con una confusión que nunca había experimentado, me subí al sanitario con cuidado de no hacer ningún ruido.

Lentamente me incorporé hasta que mis ojos quedaron en el borde inferior de aquella ventana de ventilación. Lo pensé nuevamente y me decidí: en un siguiente impulso terminé de erguir mi cuerpo y de esa forma me asomé lentamente a la ducha de Joaquín.

Lo primero que vi fue su cabeza. La llave de la ducha estaba justo en la pared en la que yo me apoyaba y Joaquín estaba parado bajo el chorro de agua, mirando hacia el piso mientras pasaba sus manos por su torso. Eso ayudó a que él no pudiera verme. Mi adrenalina subía poco a poco ante el temor de ser descubierto. Hubiera podido irme ya. Ya había cumplido mi objetivo de verlo mientras se duchaba. Pero algo me detenía, no entendía por qué, pero quería ver todo su cuerpo, no solo su cabeza desde arriba.

Joaquín cerró la llave del agua y sacudió su cabello. Estuve atento a esconderme si él llegara a elevar su mirada. Retrocedió un poco y tomó la toalla. Secó primero su cabeza. En ese momento, Joaquín me dio una vista privilegiada de la parte frontal de todo su cuerpo. Tal como lo imaginaba, sus piernas eran fuertes y marcadas como su torso. Sus caderas y su cintura eran pequeñas y … me fijé en su verga, mis ojos pasaron por las partes íntimas de Joaquín y llamaron mi atención.

No era la primera vez que veía a un hombre desnudo: había visto a mis amigos de la liga y a los de mi equipo de fútbol cuando estábamos en los lockers. Pero era la primera vez que yo le imprimía un poco de malicia y morbo a la desnudez de un hombre. Además, nunca había visto un pene como el de Joaquín: era grande, sin ser de un tamaño exagerado. Estaba rodeado por pelos un poco escasos y colgaba sobre dos guevas redondas y no muy grandes. Nunca me había fijado en el pene de un hombre. Nunca había sentido deseos de observar a un hombre desnudo. Pero en ese momento, sintiendo los intensos latidos de mi corazón repicar en todo mi cuerpo, con los ojos abiertos a mas no poder y con un poco de temblor en mi cuerpo, estaba allí, viendo desnudo a un hombre mayor que yo. Un hombre fuerte, viril. Un hombre que, de haberse enterado de mi imprudencia, seguramente me hubiera atacado con sus fuertes puños. Allí estaba yo sin saber por qué y, sin darme cuenta, había retirado una de mis manos que me servía de apoyo en la pared, y estaba acariciando con ella mi pene … que estaba en erección.

Unos instantes después, sin hacer ningún ruido bajé del sanitario. Acomodé mi pene de tal forma que no se notara la erección y salí del baño hacia la casa para comer. Llevaba cierto temor por lo que acaba de hacer, estaba nervioso y confundido, pero también dispuesto a olvidar ese tema de espiar a un hombre en la ducha. Sentía vergüenza de mi mismo y algo de culpa.

Segunda Parte

Esa noche, después de la cena mi tío propuso hacer una fogata. Para ello me pidieron a mi el favor de ir hasta la habitación de Joaquín y pedirle prestado un poco de combustible, fósforos especiales para fogatas…en fin, todos los implementos necesarios.

Caminé en medio de la oscuridad de la noche hasta llegar a la habitación del trabajador. Por la ventana veía las luces emitidas por su televisor y supuse entonces que él todavía estaría despierto. Ya por mi mente no pasaban los recuerdos de lo que había hecho más temprano mientras el se duchaba, todo estaba en orden ahora en mi mente y había superado ese momento de confusión.

Me acerqué a la puerta de la forma mas natural y toqué dos veces. A los pocos segundos Joaquín corrió un poco la cortina para ver quien tocaba, le hice una seña con mi mano. Pocos instantes después se abrió la puerta.

JOAQUÍN: A la orden Joven

Joaquín estaba de pie preguntándome con la mayor naturalidad del mundo en que podía ayudarme. Yo, que trate de disimular al máximo, no pude contener una expresión de asombro que volvió a confundirme, al ver a ese hombre luciendo solamente unos pequeños pantaloncillos que bordeaban sus caderas y bajaban para abrazar su verga y formar un bulto bastante pronunciado. Su torso fuerte estaba ahora frente a mi. Pasé la mirada rápidamente por sus pantaloncillos y por sus piernas, volviéndola a subir a sus ojos que esperaban atentos mis instrucciones. Pero, al parecer, Joaquín notó mi gesto de sorpresa y se avergonzó un poco.

JOAQUÍN: Joven que pena con Usted…es que salí rápido a abrirle y pues como no vi a la señora sino solo a usted entonces no me cubrí mas.

YO: No tranquilo Joaquín, no hay problema – le dije recuperándome un poco de mi asombro – vengo porque vamos a hacer una fogata y necesitamos que por favor nos prestes los fósforos, el combustible y lo demás.

JOAQUÍN: Si Joven, pase y siéntese mientras yo le alisto todo.

Entre en su habitación y me acomodé en una silla que estaba en una esquina y que él mismo Joaquín me ofreció. Inmediatamente él se puso a buscar los materiales por todo el recinto y yo lo seguí disimuladamente con mi mirada.

No entendía que me pasaba. Yo que tenía una novia. Yo que desde que tengo uso de razón deseaba con todos los órganos de mi cuerpo a las mujeres. Yo que era tan seguro de todos los aspectos de mi vida, me sentía ahora un poco interesado en ver a un hombre en pantaloncillos. Pero lo que más me llamaba la atención era el bulto que formaba aquella verga que había visto más temprano. Se veía grande, no era nada al lado del bulto normal de mis amigos. Algo me pasaba conmigo. Decidí entonces iniciar una charla con Joaquín.

YO: ¿Practicas algún deporte Joaquín? – pregunté aparentando poco interés en el tema.

JOAQUÍN: No Joven, ¿por qué lo pregunta?

JOAQUÍN: Lo digo porque tienes todos los músculos del cuerpo marcados, como si fueras atleta, o como si lo hubieras sido antes.

JOAQUÍN: No joven, en realidad es el trabajo de aquí de la finca el que lo mantiene a uno en forma.

Joaquín no prestaba mucha atención, seguía recorriendo su habitación en busca de lo que yo necesitaba para la fogata. A los pocos segundos preguntó:

JOAQUÍN: ¿Y usted joven? ¿Es deportista?

YO: Si, practico fútbol todo el día.

JOAQUÍN: ¿Y cuantos años tiene Joven?

YO: 18 ¿y tu?

JOAQUÍN: 23

Joaquín seguía caminando por la habitación en sus sexy pantaloncillos.

YO: Bueno Joaquín ¿y no te aburres aquí todo el tiempo?

JOAQUÍN: Pues…más o menos… a veces entre semana voy al pueblo, pero mientras están aquí los patrones me toca quedarme.

YO: ¿Y tienes novia en el pueblo?

JOAQUÍN: Si, tengo una noviecita, la veo una vez por semana.

YO: ¿Solo una vez por semana? ¿Y el resto de la semana…?

JOAQUÍN: Pues nada Joven, toca aguantarse jaja.

YO: Ya me vas a decir que te aguantas toda una semana, no te creo, me imagino que además traes amiguitas aquí. ¿o no?

JOAQUÍN: Jajaj bueno…pues…no le cuente a sus tíos eso, pero si jaja, si he traído algunas amiguitas. Es que usted sabe…a veces hace falta darse un gustito.

YO: Jaja, si yo entiendo…y no te debe ir mal con las niñas ¿no? Lo digo porque eres alto y tienes los músculos marcados, como te decía ahora…

JOAQUÍN: Jaja Joven, pues ahí trato de conseguir lo que se pueda.

A mi me estaba empezando a gustar el tono de la conversación y hubiera querido prolongarla pero Joaquín termino rápidamente de recoger los elementos necesarios y se acercó donde yo estaba entregándome una bolsa con todo.

Depositó la bolsa en el suelo frente a mi y se sentó en una orilla de la cama, como queriendo continuar la charla.

YO: Oye Joaquín, y aquí en confianza…cuéntame ¿por que no traes a tu novia en lugar de traer a las otras amigas?

JOAQUÍN: Buano…pues si quiere la verdad Joven, usted sabe…las mujeres no son iguales todas y pues…algunas prefieren hacer unas cosas y otras no se dejan.

YO: Como así Joaquín, no entiendo – en realidad estaba confundido

JOAQUÍN: Joven, me da pena contarle esas cosas…jaja – Joaquín sonreía tímidamente.

YO: No para nada Joaquín, dale, dime con confianza que yo no soy un santo…

JOAQUÍN: Bueno… es que a mi me gusta mucho… con las mujeres… algunas poses más que otras … usted sabe – y Joaquín se quedó un momento en silencio, algo avergonzado, como esperando mi reacción.

YO: Y como cuales…si te puedo preguntar.

JOAQUÍN: Joven…usted alguna vez ha estado con una mujer y…le ha dado por atrás?

YO: ¿Es eso lo que te gusta?…entonces tu novia…

JOAQUÍN:: …mi novia no me deja hacer eso – respondió Joaquín

YO: Jaja, entiendo, entiendo Joaquín. Entonces calmas tus ganas con tus amigas jaja.

JOAQUÍN: Claro Joven! – respondió Joaquín algo mas tranquilo ahora que yo había reaccionado amablemente a su comentario – usted no se las imagina

YO: Jaja, ¿les gusta mucho?

JOAQUÍN: Les encanta – respondió Joaquín interesándose por el tema – les tiene que doler porque se quejan cuando les doy por atrás. pero les gusta porque aquí vuelven jaja.

Me gustaba mucho el rumbo que había tomado la conversación. Joaquín ya estaba hablando como el macho que era, el tipo que le gusta someter a las mujeres. Esa forma de hablar iba muy bien con su viril apariencia. Además, verlo sentado frente a mi, en sus pequeños pantaloncillos y hablando de sexo, estaba logrando en mi sensaciones intensas.

Me preguntaba porque me había contado algo tan intimo, es cierto que yo indagué bastante, pero no pensé que fuera a revelar sus secretos sexuales. Imaginé entonces que, dada su soledad, le era bastante placentero encontrar en mi a un amigo con quien conversar un rato.

Las cosas se estaban poniendo muy interesantes, pero en ese momento (y para mi pesar) escuché el grito de mi tío desde la casa, quien me llamaba para que me apresurara.

YO: Ah! Ahí está mi tío gritándome – le dije a Joaquín mientras me ponía de pie – luego seguimos la conversación Joaquín, me tienes que presentar algunas de esas amigas jeje – y me dirigí hacia la puerta pensando que era mejor salir de allí y no despertar alguna sospecha en Joaquín con mis preguntas indiscretas.

Cuando estuve a punto de abrir la puerta de la habitación, Joaquín se puso de pie:

JOAQUÍN: ¡Espere un momento Joven!, es que se me olvidó darle los fósforos para la fogata. Deme un segundo ya se los traigo, los tengo aquí en el baño.

Y Joaquín entro rápidamente al baño para buscarlos. Yo me quede esperándolo donde estaba. Tras unos instantes, se asomó a la puerta del baño y me dijo:

JOAQUÍN: Joven, puede venir un momento, es que las cajas de los fósforos están escritas en ingles y no se cuales son los de fogatas.

Caminé entonces para entrar la baño y escoger los fósforos. Joaquín se quedo de pie bajo el marco de la puerta del baño y con su mano me indicó que siguiera yo primero. Pasé por su lado, la entrada del baño era algo estrecha y nuestros cuerpos se rozaron un poco. Sentí claramente como una de mis piernas rozó el enorme bulto de Joaquín y sentí su calor y su respiración casi sobre mi. Incluso me pareció como si él mismo hubiera propiciado ese encuentro bajo el marco de la puerta, pero decidí no mencionar nada al respecto y pregunte:

YO: ¿Donde están los fósforos?

JOAQUÍN: Allí joven – respondió Joaquín señalando un armario en una esquina del baño. El se quedó de pie bajo de la puerta.

Me acerqué al armario. Estaba de espaldas a Joaquín pero sentía que él me observaba. Rápidamente encontré los fósforos que necesitaba. Camine de nuevo hacia la puerta y me pareció extraño que Joaquín siguiera allí, inmóvil. Decidí no darle importancia y volví a pasar al lado suyo para salir.

En ese momento volvió a darse otro roce como el anterior. Pero esta vez, fue evidente que Joaquín empujó su cuerpo y su bulto hacia mi cuerpo, por mucho que lo hubiera disimulado.

No tuve tiempo de reaccionar cuando sentí su pesada mano en mi hombro, deteniendo mi paso.

JOAQUÍN: Que pena joven – se disculpó Joaquín en un tono nada convincente y mirándome a los ojos. Yo, en cambio, dirigí mi mirada hacia el frente, todo se me hacia muy raro, sentía temor.

YO: Tranquilo Joaquín – respondí para olvidar lo sucedido

Traté de seguir pero él no soltó mi hombro. Volteé a mirarlo como reclamándole mirada y Joaquín me observaba totalmente serio.

JOAQUÍN: Joven, ¿le puedo hacer una pregunta? – sin darme tiempo a responder prosiguió – ¿por que me estaba mirando cuando yo estaba en la ducha más temprano?

En ese momento me puse pálido del miedo y él debió notarlo. Me quedé inmóvil y no fui capaz de mirarlo a los ojos. Joaquín me había descubierto.

JOAQUÍN: Pero tranquilo Joven – se apresuró a decir, aunque en un tono casi de burla.

Después de un breve silencio, y sin soltar todavía mi hombro, me preguntó en voz baja, acercando un poco su boca a mi oído.

JOAQUÍN: ¿que es lo que quería ver?

Ante mi silencio, producto de mi temor, Joaquín tomo mi mano derecha llevándola a su pronunciado bulto y oprimiéndola fuertemente contra este, al tiempo que me preguntaba en un tono algo amenazante.

JOAQUÍN: ¿Esto es lo que quería verme joven?, ¿Ah? – yo permanecía en silencio – Pues ya lo vio… además lo está sintiendo…¿que le parece? – Joaquín me hablaba a mi oído, en un tono bajo, pero firme – Pero contésteme joven, o es que le tiene miedo de los hombres de verdad, ¿como yo?

Me sentía extraño, debo admitir que había un poco de excitación en mi cuerpo, tenía mi mano sobre la gran verga de Joaquín, no estaba en erección pero se notaba algo despierta. El me hablaba al oído con rudeza y sentía su gran cuerpo casi sobre el mio. Pero también sentía mucho, mucho temor y confusión. Reaccioné con un poco de ira quitándome de encima su brazo y alejándome de él.

YO: Yo mejor me voy Joaquín, yo no se de que estas hablando.

Y Joaquín respondió con absoluta tranquilidad.

JOAQUÍN: Por qué no me espera joven, vamos juntos donde sus tíos y yo les cuento que su sobrino me estaba espiando – y entonces adopto un tono amenazante – Que el sobrino que tienen es un mariconcito de primera. Que además se le olvido apagar la luz mientras me espiaba y yo me di cuenta de todo.

YO: ¡A mi no me dices marica! – le respondí en un tono severo.

JOAQUÍN: Eso dígaselo a ellos joven.

Joaquín me estaba amenazando, no sabia que responderle.

YO: Y que quieres entonces que haga Joaquín, discúlpame…fue algo involuntario…yo no…

JOAQUÍN: Tranquilícese joven – me interrumpió – mejor no hablemos ahora de eso. Vaya, haga la fogata con sus tíos que lo están esperando y cuando terminen y se vayan a dormir usted se viene para acá sin que nadie se de cuenta. Yo aquí lo voy a estar esperando y hablamos del asunto mientras nos tomamos unos tragos.

Tercera Parte

Esa noche, después de la fogata, mientras estaba acostado en la cama del cuarto de huéspedes pensaba que yo era el único que debería estar despierto. Lo que había vivido aquel día no era algo normal. Sentía miedo de ir a encontrarme con Joaquín. Me sentía sucio por haber querido ver a un hombre desnudo, por haber permitido que él pusiera mi mano en su pene. Estuve a punto de renunciar al pacto que tenía con Joaquín, pero no sabia que les diría al día siguiente a mis tíos, cuando él les contara lo que yo hice.

Me decidí. Me puse mis tenis y salí del cuarto de huéspedes con mi ropa de dormir: unos boxers y una camiseta. Salí de la casa sin hacer ningún ruido y empecé a caminar hacia la habitación del trabajador. ¿Que iba hacer? no lo sabia.

Estuve a punto de devolverme mil veces mientras caminaba, pero finalmente llegué. Pudo mas el miedo a lo que él pudiera decir. Toqué en la puerta y él me abrió sin decir nada. En su mano tenía una botella de ron casi por la mitad. Entré nuevamente en esa habitación con muchos nervios pero, al verlo nuevamente en sus pantaloncillos, volví a sentir una leve curiosidad.

JOAQUÍN: Que bien Joven, que bueno que vino – saludo Joaquín de forma natural – pero lo noto nervioso, venga, tome un poco de ron para que se relaje.

YO: No gracias, no bebo. Dime que es lo que quieres Joaquín – pregunté bastante serio.

JOAQUÍN: Que lástima, porque a mi si me gusta beber mucho – y tomó otro trago.

YO: ¿Me vas a decir que es lo que quieres?

JOAQUÍN: Primero tranquilícese joven – y Joaquín me miro de pies a cabeza mientras puso la botella en el piso – ¿esa es su ropa de dormir Joven?

YO: Si, ¿por qué?

Joaquín dedico unos momentos a observarme de arriba abajo.

JOAQUÍN: ¿Me dice que entrena fútbol joven?

YO: Si

JOAQUÍN: Se nota, tiene las piernas fuertes… ¿se las afeita?

YO: No, solo que me salen pocos pelos.

JOAQUÍN: ¿Arriba tampoco le salen? ¿En la parte de arriba de sus muslos?

YO: No tampoco, ¿porque preguntas?…

JOAQUÍN: Por que no me deja ver – me interrumpió Joaquín – súbase un poco sus boxers, déjeme ver sus piernas.

YO: Pero Joaquín, que es lo que…

JOAQUÍN: Tranquilo Joven – volvió a interrumpirme – hágalo tranquilo.

Me quedé en silencio y después obedecí subiendo mis boxers para que todas mis piernas quedaran descubiertas.

JOAQUÍN: Y por qué mejor no se los quita – Abrí mis ojos sorprendido – si joven, quítese la ropa, usted ya me vio desnudo pero yo a usted no. No creo que le incomode mucho… los dos somos hombres…y usted es bien machito. – Joaquín estaba algo ebrio, era claro.

Y tras decir esto, Joaquín tomo sus pantaloncillos y los deslizó por sus piernas quedando totalmente desnudo frente a mi, mostrándome de nuevo su enorme verga, en estado de relajación, que aun así se veía muy grande.

JOAQUÍN: Otra vez me ve desnudo joven…a ver, lo estoy esperando a Usted, no me diga que le da pena.

Tímidamente me quité los tenis y la camiseta, me iba a quitar los boxers pero me detuve en ese momento, me avergoncé. Joaquín dijo entonces:

JOAQUÍN: Déjeme ayudarle joven si no puede.

Joaquín camino rápidamente hasta pararse tras de mi. Retiró mis manos que aun sujetaban el resorte de mis boxers y las suyas tomaron ese lugar. Posteriormente los deslizó bruscamente y en un solo movimiento por mis piernas descubriendo, ante si, todo mi culo.

JOAQUÍN: Es cierto joven, casi no tiene pelos en su cuerpo… – guardé silencio, sentía muchos nervios.

Joaquín se arrodilló tras de mi. Puso una mano en cada una de mis piernas y, tras acariciarlas rápida y bruscamente las subió hasta mi culo. No sabia que me pasaba, primero no quería encontrarme con él y ahora, debía admitir que sus bruscas caricias me empezaban a excitar. Tomó mis nalgas con firmeza mientras yo sentí que mi verga empezó a reaccionar. Posteriormente, separó mis nalgas abriendo mi culo mientras decía en voz baja:

JOAQUÍN: Este culito se parece a muchos de los que he comido: blanco, pequeño, durito, redondo…¿sabe cual es la diferencia joven? Que nunca me he comido el culito de un hombre.

Joaquín seguía arrodillado masajeando mis nalgas y abriéndolas de vez en cuando.

JOAQUÍN: ¿Y usted joven? A usted que sí le gustan los hombres, ¿alguna vez ha tenido sexo con uno?

YO: No me gustan – respondí secamente, con un evidente temblor en mi voz fruto de la excitación que empezaba a crecer en mi. Que ironía, aparentando virilidad al tiempo que mi verga se ponía dura de placer con ese hombre.

JOAQUÍN: Yo tampoco…y nunca pensé hacerlo… pero usted me trajo la oportunidad. No me gustan los hombres…pero me gusta el sexo, y más cuando he bebido.

Joaquín se puso de pie.

JOAQUÍN: Voltéese joven, quiero verlo de frente.

Tímidamente me di vuelta y me encontré cara a cara con Joaquín. Ambos estábamos en la misma situación: desnudos, mirando nuestros cuerpos, con una semi erección en nuestros penes. El mío era normal pero el de Joaquín se veía ya bastante grande.

JOAQUÍN: A ver joven, veamos con que se defiende usted – y dicho esto Joaquín tomó mi verga con su mano y empezó a sobarla bruscamente. Alternaba las caricias en mi verga con unos leves apretones en mis guevas

JOAQUÍN: ¿que siente joven? Yo veo que le está creciendo – siguieron unos segundos de silencio – ¿y por qué no me hace lo mismo joven? Coja mi verga. Tenga el honor de ser el primer hombre que me la toca.

Esas palabras quedaron retumbando en mi mente. También era la primera vez que un hombre me tocaba. Entendí que era mi oportunidad de experimentar con hombres. Tome su verga con firmeza y brusquedad, tal como él lo hacía con la mía. Joaquín emitió un suspiro que no disimuló y cerró sus ojos.

JOAQUÍN: No se siente nada mal, usted tiene buena fuerza en la mano. – su verga empezó a crecer poco a poco. Tras unos segundos quedó totalmente dura, yo no la podía abarcar en mi mano. La mía había alcanzado ese estado también.

Pasaron unos instantes de silencio en los que nuestras caricias bruscas se transformaron en francas masturbaciones que iban bastante rápido. Yo recorría toda su verga con mi mano, me impresionaba el tamaño. Al mismo tiempo sentía como el apretaba cada vez mas fuerte la mía, era como si quisiera exprimirla. A juzgar por sus gestos y el tamaño de su verga, su excitación estaba llegando al máximo.

Se detuvo entonces. Soltó mi verga y retrocedió para que yo soltara la suya.

JOAQUÍN: Lo veo ya más tranquilo Joven – era cierto, no solamente tranquilo sino decidido a dejarme llevar por él – Voltéese otra vez joven, deme la espalda – obedecí, él aproximó su cuerpo al mío – abra un poco las piernas joven – y tomando con fuerza mis nalgas, las abrió – déjeme sobarle mi verga por su culo joven, a ver que se siente – y dando cortos pasos hacia mi cuerpo, acomodó su dura verga entre mis glúteos.

No era un penetración, Joaquín solo puso su verga entre mis glúteos y empezó a mover sus caderas para frotarla, al tiempo que me abrazaba con fuerza. Se acercó a mi oído y me preguntó en voz baja.

JOAQUÍN: ¿Alguna vez le habían pasado una verga así por su culito joven?

YO: No – respondí en medio de un suspiro.

JOAQUÍN: Los culitos como el suyo son los que me gustan joven, así duritos, y vírgenes…le gusta como la muevo? – permanecí en silencio – responda joven, le gusta? – Asentí con mi cabeza – Ya es hora de estrenar este culito, lo quiero ver quejándose y sudando como las amigas que traigo aquí – seguía sobando su verga – pero tranquilo, que también va a disfrutar mucho.

Tras unos instantes de frotar su verga entre mis glúteos, Joaquín tomó firmemente mi verga, con su rudeza propia de un trabajador del campo, y empezó a masturbarme rápidamente sin apasionamientos. Alejó su verga de mi culo y en reemplazo llevo su mano a sobar mis nalgas, a abrirlas y a sobar mi ano que se contraía cuando sentía sus caricias.

JOAQUÍN: Relájese joven – me decía en medio de suspiros

Sin mas preámbulos detuvo sus caricias a mi culo y acerco la punta de uno de sus dedos a mi ano. Apretó mas fuerte mi verga y metió su dedo en mi culo un solo impulso. Sentí gran placer en mi verga, pero también un dolor agudo y me queje queriéndome soltar. Él me dominó y me sostuvo firme hasta que fue pasando el dolor. Seguía sintiendo su mano masturbándome y su dedo en el fondo de mi ano masajeando mis entrañas. Nunca había sentido mi propia verga crecer tanto como en ese momento.

Joaquín acerco un segundo dedo y nuevamente, sin anunciar, lo metió acompañando al primero y causando en mí más dolor.

JOAQUÍN: tranquilo joven, eso duele solo al principio.

Y tenía razón, en pocos segundos estaba sintiendo nuevamente placer, de mi verga y de mi ano. Joaquín estaba ahora masajeándome con sus dedos. Hacía círculos en mi ano como tratando de expandirlo. No dejaba de acariciar mi verga, algunas veces rápido y duro, otras veces suave para que mi excitación fuera gradual y no llegara al orgasmo todavía.

JOAQUÍN: que culito tan rico joven, esta bien durito, nuevecito. ¿Ya no le duele cierto? – asentí con mi cabeza – bien, está portándose bien joven, le gusta todo lo que siente? – volví a asentir en medio de los gestos de malestar y placer de mi cara.

Joaquín siguió trabajando en mi verga y en mi ano, al mismo tiempo que acercaba su cuerpo para sobarlo en el mío, para frotar también su verga que pedía a gritos algo de placer.

Seguimos en la misma posición por unos minutos hasta que Joaquín soltó mi verga. Posteriormente separo mis nalgas con una mano y retiro lentamente los dos dedos con los que me estaba penetrando. Suspire cuando me sentí liberado de sus manos…

JOAQUÍN: Ahora ya está listo joven, venga, acuéstese – dijo Joaquín señalando la cama.

No dije nada, Joaquín me tomó de un hombro y me guió a acostarme en su cama. Yo lo hice un poco nervioso. Posteriormente, el se subió a la cama y se acostó al lado mío.

JOAQUÍN: Acuéstese de lado Joven, dándome su espalda.

Obedecí las instrucciones de Joaquín, gire mi cuerpo hacia un lado dándole la espalda al cuerpo del trabajador y esperé paciente lo que vendría a continuación.

Bruscamente, como todos sus movimientos, Joaquín tomo mis piernas y las separó llevando una hacia adelante y abriendo de esa forma mi culo. Llevó entonces su mano nuevamente entre mis glúteos y empezó a masajear, rozando mi ano en todo momento.

JOAQUÍN: ¿Le gusta joven?…Tiene que relajarse…piense en el placer y no vaya a pensar en el dolor.

Todo esto me decía Joaquín mientras me abrazaba contra sí. Tras unos instantes, levantó una de sus pesadas piernas y la puso sobre las mías. En ese momento sentí como su dura verga empezó a tomar posición cerca de mi culo.

Una vez estuvo acomodado sobre mi cuerpo, el trabajador tomó su pene con su mano y lo dirigió hacia mi ano.

Joaquín: Cierre los ojos joven y relájese – me dijo en voz baja mientras recargaba todo su peso en mi para dominarme.

Cerré mis ojos y las sensaciones se volvieron mas intensas. Lo siguiente fue sentir la cabeza de su enorme verga, algo húmeda por su excitación, tocando mi ano. Después, sin más esperas, Joaquín empujó con sus caderas sus enorme verga y, tomándola con su mano, empezó a abrirse camino por mi culo.

Sentí un dolor intenso, peor aun que el que sentí con los dedos de Joaquín. Quise levantarme y salir corriendo. Pero la posición en la que estábamos, donde su pesado cuerpo estaba casi encima del mío, me impidió cualquier movimiento. Estaba atrapado, sometido, no podía hacer nada más que esperar y tratar de relajarme.

Joaquín metió un poco de su enorme verga a mi culo al mismo tiempo que suspiraba. Se detuvo entonces y movió un poco sus caderas, tratando de sentir placer.

JOAQUÍN: Si joven, que rico como se va abriendo su culito – me decía el trabajador en medio de suspiros.

Poco a poco me estaba acostumbrando al dolor hasta que, en otro impulso, Joaquín empujo nuevamente sus caderas y profundizó su verga en mi ano.

El dolor fue intenso. Por unos instantes sentí que su verga no paró de entrar en mi ano. La sentía enorme, era como si estuviera invadiendo todo mi cuerpo. Yo trataba de acostumbrarme rápidamente a la sensación aunque no era fácil.

JOAQUÍN: Muy bien Joven, vamos muy bien – suspiraba Joaquín en medio de su excitación.

Cuando terminó de poner toda su verga en mi culo, se detuvo para darme tiempo de reponerme. Tras unos segundos de “descanso” empezó a mover sus caderas.

Primero los movimientos fueron suaves y mi cuerpo se fue acostumbrando a sentirlos. Los dos gemíamos y suspirábamos. El placer estaba empezando a surgir en nuestros genitales y a irradiarse a todo nuestro cuerpo.

JOAQUÍN: ¿le gusta joven? – preguntaba Joaquín en voz baja.

YO: si – respondía yo en medio de suspiros.

JOAQUÍN: ¿más rápido?

YO: si

Mi cuerpo me pedía mas acción y el lo sabía, por eso me había preguntado si quería acelerar la penetración. Empezó a mover sus caderas con un mayor ritmo y el placer empezó a invadirnos a los dos. Nuestros gemidos se transformaban ahora en leves gritos que tratábamos de ahogar. Sus manos bruscas recorriendo mi delgado cuerpo presionándome cada vez mas contra el suyo, sus piernas dominaban las mías, era como si el quisiera penetrar todo mi cuerpo, meterse en mi cuerpo.

JOAQUÍN: Si Joven, que rico – suspiraba el trabajador – aaahhh

El placer en mi cuerpo era indescriptible. Nunca me imaginé que ser penetrado pudiera ser tan intenso. Mi verga estaba a punto de estallar por la erección que tenía. Liberando una de mis manos la deslicé por mi abdomen hasta llevarla entre mis piernas, donde mi verga pedía a gritos algunas caricias.

Tan pronto como pude alcanzarla, empecé a masturbar mi verga de una forma frenética, con la misma velocidad con la que Joaquín penetraba mi dilatado ano. Con cada movimiento Joaquín descargaba todo el peso de su cuerpo en el mío. Suspiraba y gemía como debería hacerlo cuando penetraba uno de los culitos que tanto le gustaban. Yo me masturbaba tratando de liberar toda la tensión y todo el deseo contenido de ese día.

JOAQUÍN: Ya casi joven – me dijo Joaquín en medio de suspiros.

Joaquín gemía y respiraba ahora mas rápido, con mas agitación. Pocos instantes después, Joaquín arremetió contra mi cuerpo con todas sus fuerzas. En un solo movimiento hundió su verga hasta el fondo de mi ano y, abrazándome fuerte, la dejo enterrada mientras emitía un leve grito.

En ese momento empecé a sentir como mi cuerpo era invadido por el torrente de su leche caliente. Sentí su verga palpitar en mi interior y su semen inundar mi ano con el calor de sus entrañas.

Joaquín seguía suspirando y movía lentamente su verga para prolongar su orgasmo. Yo había detenido mi masturbación pues, en su abrazo, Joaquín inmovilizó todo mi cuerpo. Aunque mi verga pedía a gritos un orgasmo, no podía proporcionarle más placer. Estaba dedicado completamente a sentir el orgasmo de Joaquín en mi ano.

JOAQUÍN: ahh joven sii – suspiraba Joaquín mientras llegaba a los últimos momentos de su clímax.

Su verga no dejo de palpitar en ningún momento y todo el tiempo sentí que mas y mas semen invadía mi culo. Joaquín me había convertido en su juguete de esa noche y lo había disfrutado. Yo había sido penetrado por un hombre heterosexual y necesitaba desesperadamente descargar mi verga por todo el placer que había sentido.

Poco a poco, el abrazo de Joaquín empezó a perder fuerza y su cuerpo se fue relajando. Después de unos instantes de silencio, llevó una mano a mi culo y separo mis nalgas al tiempo que empezó a retirar su verga. Sentí como su enorme pene iba dejando un vació en mi ano y me hacia retorcer del placer en su retirada.

El sudor había invadido nuestros cuerpos. Estábamos impregnados del olor del otro, nos habíamos entregado íntimamente. Joaquín me soltó definitivamente y, girando su cuerpo, quedo acostado boca arriba, extenuado. Su verga empezó a perder tamaño.

Me acosté boca arriba al lado de Joaquín y, sin perder tiempo, llevé mi mano a mi verga que estaba a punto de explotar. Empecé a masturbarme frenéticamente, mi cuerpo era ayudado por las sensaciones que conservaba, y mi mente cooperaba con las imágenes de aquel día. Joaquín suspiraba a mi lado. Joaquín, el hombre grande y macho estaba descansando de su orgasmo mientras yo estaba a punto de llegar al mío.

Quería hacerlo participe, quería reconocerle a Joaquín el placer tan intenso que estaba sintiendo en ese momento.

Me arrodillé en la cama de frente a Joaquín y seguí masturbándome sin parar, no podía hacerlo era una exigencia de mi cuerpo. Torpemente, sin cambiar su posición, Joaquín llevó su mano a mi verga alejando la mía. Tomó mi verga con toda su fuerza. La sensación fue increíble para mi. Joaquín solo tuvo que agitar mi verga pocas veces y yo, tras un suspiro y una contracción de todos los músculos de mi pecho, empecé a disparar semen contra el.

Su abdomen, su costado, su mano y su brazo. Todo quedo bañado en el semen que yo descargaba producto de la mayor excitación de mi vida. Fueron momentos intensos al sentir la dura mano del trabajador halando mi verga para descargar en su cuerpo el producto de toda mi excitación.

No se cuanto tiempo duró mi orgasmo pero me pareció infinito. Joaquín nunca dejó de masturbarme hasta que mi verga empezó a perder tamaño, yo sentía ya más dolor que placer. Finalmente retiró entonces su mano de mi verga y volví a recostarme en la cama.

Tras unos instantes de reposo, Joaquín se levantó y buscó la botella de ron. Tras beber un gran trago se encerró en el baño. Pocos segundos después escuché el agua de la ducha (la misma ducha donde había lo había espiado). Entendí que ya todo había terminado, al menos por esa noche y me senté en la orilla de la cama, tomando mi ropa para vestirme nuevamente.

Decidí irme antes que Joaquín saliera nuevamente. Y mientras caminaba bajo la oscuridad, tras un intenso orgasmo y con la sensación de haberle entregado mi cuerpo a un hombre, enfrentaba sentimientos de culpa con confusión y algo de excitación pues ese día había descubierto una nueva faceta del placer sexual.

Solo pensaba en la forma en que le hablaría a Joaquín el día siguiente. Debo admitir también, que ya deseaba volver a verlo.

Fin

Les agradezco por haber leído mi relato y me gustaría conocer sus comentarios, los pueden enviar al correo que ven en mi perfil o simplemente escribirlos aquí. Gracias,

Esteban

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Luciano, mi alumno

La metía toda hasta el fondo, se movía en círculos (eso me alucina) y la sacaba para volver a meterla una vez más. Sus fuertes manos me tomaban de la cintura y presionaban hacia él. Sin decirme nada noté como se vaciaba dentro de mí. Lo dejé, la sensación de su derrame en mi interior era fantástica. Su pija aún seguía dura, entonces él siguió bombeando hasta que se corrió nuevamente.

Habían pasado más de dos años que yo no daba clases en esa escuela, por razones económicas me había ido a trabajar a una más alejada. El último curso que tuve allí fue un quinto año mixto, allí conocí a Luciano.

Él tenía 18 años y realmente era hermoso. Tenía un aire árabe que me enloquecía cada vez que lo miraba, medía cerca de un metro ochenta y tenía un cuerpo trabajado que hacía imposible no mirarlo. Mientras fue mi alumno sólo teníamos un trato formal. Al final de ese año me marché del colegio y no lo volví a ver hasta tres años después. Estaba yo en el tren rumbo a la universidad donde trabajo actualmente y se me acerca un chico precioso: “Hola, profe”. Era Luciano. No lo podía creer, estaba mejor que antes. Empezamos a hablar y me comentó que estaba estudiando matemáticas en la universidad donde yo trabajaba, así que compartimos todo el viaje y arreglamos para volver juntos.

Las horas de trabajo ese día se me hicieron eternas, cuando por fin me iba, en la estación estaba Luciano esperándome. Llegó el tren y nos sentamos juntos y empezamos a platicar. Pregunté sobre sus estudios, sus ex compañeros, y por fin, sobre sus novias. Me comentó que hacía unos días que estaba distanciado de su chica, porque había descubierto que ella le había sido infiel. Yo pensaba cómo alguien podía traicionar a semejante bombón. Llegamos por fin a la estación donde debíamos bajarnos y le ofrecí venir a cenar a mi casa. Aceptó encantado.

Llegamos a mi casa y mientras yo preparaba la cena él miraba televisión sentado en la cocina. La cena fue tranquila, hablamos mucho de todo, hasta que en el café, le comenté que había comenzado a escribir un libro sobre mi vida, basándome principalmente en todas las experiencias sexuales que había tenido.

Él se sonrió y me dijo que no sabía que yo tenía una vida sexual tan activa, a lo que yo me reí y le dije que estaba equivocado, ya que por lo general mi vida sexual fue como pasivo. Él se quedó mudo, congelado. Entonces le confesé que era gay, y que realmente tuve muy buenas experiencias. Luciano se aflojó un poco y me empezó a preguntar cosas sobre mi vida, ya estábamos en confianza.

Le confesé que escribo relatos eróticos para publicar en Internet, y se rió muchísimo, entonces le ofrecí pasar a mi habitación, donde estaba la PC, para que leyera alguno si así lo deseaba. Aceptó de buen grado. Inmediatamente fuimos a la habitación y ya en la computadora se puso a leer uno de mis relatos. Mientras leía una sonrisa se dibujaba en su hermosa cara, y un bulto impresionante en su pantalón.

Yo, sentado a su lado, le hice notar que se estaba excitando. Él se miró, y tocándose la verga sobre la tela del pantalón me dijo: la verdad…profe… es que escribís como para calentar a cualquiera. Esa insinuación fue lo que estaba esperando para hacerlo mío. Sin decirle nada, mientras él seguía leyendo, le bajé la cremallera y metí mi mano dentro de su pantalón. ¡No tenía ropa interior! Eso me calentó muchísimo, saqué su verga y la observé unos instantes, era bellísima, bien gorda y venosa, y de unos 18 centímetros de largo. De un color cacao que era de admirar, y un glande que por la circuncisión estaba al aire y algo mojado.

Me arrodillé a su lado, y mientras él continuaba leyendo, me fui introduciendo esa pija en la boca, tratando de tragarla toda. Dejó de leer, gozaba como loco, me separó y le puse mi culo a su entera disposición. Separó las nalgas con sus manos y me metió la lengua de tal forma que creí que acababa ahí mismo. Era impresionante la chupada de orto que me estaba dando. Jugaba con su lengua en mi interior.

Cambié de posición y su pija quedó al alcance de mi boca nuevamente. Le pedí que se saque la remera, y casi me muero al ver ese abdomen trabajado por la gimnasia y las pesas. Le chupé todo: tetillas, cuellos, pecho, ombligo, y por supuesto, los huevos y la pija, que estaba durísima. La lengua de él seguí taladrándome y llenándome de saliva el culo, pero algo nuevo estaba pasando, ahora Luciano estaba metiéndome los dedos. La sensación era maravillosa.

Cuando me sentí totalmente dilatado, lo empujé dejándolo boca arriba y me monté sobre él. Poco a poco me fui ensartando en su mástil, era tan grueso que me costaba mucho, pero el dolor que sentía no sería nada comparado con el placer que esa pija me proporcionaría luego.

Finalmente, empujé y entró todo lo que faltaba de golpe, lo peor ya había pasado, ahora venía mi premio. Empecé a moverme suavemente, mientras veía como el chico se entregaba al placer entrecerrando los ojos. Sus manos me tomaron de la cintura y ayudaban a mi cabalgata.

Así estuve subiendo y bajando por esa pija como diez minutos. Sin sacarme de él, Luciano me giró dejándome en “perrito” y me empezó a coger con fuerza. La metía toda hasta el fondo, se movía en círculos (eso me alucina) y la sacaba para volver a meterla una vez más. Sus fuertes manos me tomaban de la cintura y presionaban hacia él.

Sin decirme nada noté como se vaciaba dentro de mí. Lo dejé, la sensación de su derrame en mi interior era fantástica. Su pija aún seguía dura, entonces él siguió bombeando hasta que se corrió nuevamente. Luego la sacó, y se tiró exhausto a mi lado.

Yo empecé a masturbarme, pero él me dijo que no lo hiciera, que él no era tan egoísta como para dejar que me masturbe, y me empezó a chupar la pija, no lo hacía muy bien, se notaba su falta total de experiencia, pero con algunos consejos de mi parte, fue haciéndolo cada vez mejor, hasta que finalmente me vine en su boca. Luego lo besé, sellando con ese beso el momento de placer que mi alumnito me había brindado.

Nos quedamos desnudos un buen rato conversando sobre mis relatos, y me hizo prometerle que haría uno sobre él. Pues bien, Luciano, acá está el relato, y la calificación: 10 (diez).-

Autor: El Gato

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