Vero, mi diosa

Vero se puso a 4 patas y comenzó a comerse su polla, me coloqué detrás y comencé a metérsela en su coñito. Aquello era una locura, mi novia a 4 patas comiéndole la polla a un compañero de clase mientras yo la follaba como una perra. Rodrigo continuaba diciéndole todo tipo de guarradas a Vero que chupaba su polla mientras movía sus caderas clavándose mi polla hasta lo más profundo.

Hola de nuevo a todos. Era el día de mi cumpleaños, un día entre semana así que nos piramos las últimas clases de la mañana y nos fuimos a tomar los vinos con algunos amigos y compañeros de clase. Tomamos bastante y cuando nos dimos cuenta estábamos algo bebidos y eran ya cerca de las 4 de la tarde. Por aquel entonces, todos nuestros compañeros ya se había ido… todos menos uno al que llamaremos Rodrigo. Rodrigo es un compañero de clase con el que tenemos una buena relación, pero sin llegar a ser lo que se dice amigos. Cuando nos quedamos solos los tres, nos propuso ir a su casa a descansar un rato y Vero y yo aceptamos. Al llegar a su casa, estábamos solos, puesto que sus compañeros de piso estaban en clase. Nos sentamos en un sillón a ver la tele y estábamos casi adormilados, así que se me ocurrió proponer una partida de cartas.

Nos pusimos a jugar a “la putada” y se me ocurrió introducir una variante… el que perdiera, se quitaría una prenda. (Supongo que es algo muy corriente, pero realmente, los juegos de cartas de este tipo son una buena excusa para calentar el ambiente cuando no se está del todo decidido).  Como era de esperar, Vero protestó un poco, pero finalmente accedió a jugar. Rodrigo, aceptó también de buen grado, esperando sin duda poder admirar alguno de los encantos de Vero que nunca había visto. Comenzamos a jugar, y la primera que perdió fue Vero. Como ella dice cuando jugamos a juegos de este tipo, parte con desventaja porque no suele llevar demasiada ropa, así que a la primera pérdida se quitó la camiseta que llevaba, bajo la cual, como siempre, no había nada más que su piel. Aquello fue delirante para todos…

Vero, por primera vez mostraba sus hermosos pechos a otra persona en mi presencia; Rodrigo babeaba ante aquella visión, y yo, por primera vez sentía ese extraño cosquilleo en el estómago… ese cosquilleo mezcla de angustia, celos reprimidos y excitación salvaje que me produce el hecho de compartir a Vero.

Las siguientes manos fueron rápidas, Rodrigo y yo estábamos semidesnudos y Vero ya no tenía nada más que quitarse; la partida llegaba a su fin… o ¿podríamos continuarla?  En ese momento, estaba excitado, y se notaba que Vero también lo estaba así que las normas eran que a partir de ahora, quien perdiera y no tuviera prendas cumpliría un deseo impuesto por otro jugador. Se repartieron cartas, Vero sonreía nerviosamente y su excitación era palpable, Rodrigo se frotaba disimuladamente su paquete mientras comía a Vero con sus ojos. El juego transcurrió, y Vero perdió de nuevo. Era mi oportunidad; así que pedí yo poner la prueba y lo que ordené fue que Vero tenía que masturbarse para nosotros durante unos minutos. Vero me miró entre sorprendida y excitada y comenzó con su show. Comenzó acariciando sus hombros, lentamente… su cuello, su cara… siguió jugando con su pelo y pasando sus dedos por los labios e introduciéndolos en su boca. Una vez humedecidos, comenzó a acariciar ligeramente sus pezones que en seguida reaccionaron endureciéndose y con su otra mano, bajó lentamente hacia su coñito.

Miré a Rodrigo que se había sacado su polla y se la meneaba frenéticamente mientras sus ojos parecían estar a punto de saltar de sus órbitas. Vero estaba ya entregada, excitada… sabía que en aquel momento había perdido toda cordura, toda resistencia. Tenía que parar… no era ese mi plan, o paraba ahora o Rodrigo se correría con su frenético meneo y arruinaría mi plan; Vero no era problema, en aquel momento ya no… Se había transformado ya en la ninfómana viciosa que es hoy.

Como pude paré aquello, y se repartió otra mano de cartas. Durante el juego, tanto Vero como Rodrigo se tocaban sus propios cuerpos ahora ya sin disimulo. No sabría decir si fue casualidad o no; pero Vero volvió a perder. Esta vez no protestó y se dispuso a cumplir la prueba. Yo quería dar el paso, así que la prueba consistiría en que debería masturbar a Rodrigo, y dejarse tocar por él. En aquel momento, ninguno de los dos puso objeción y Vero se acercó a su polla dura y comenzó a masturbarlo lentamente mientras lo miraba. Lo hacía con calma… lentamente, mientras lo miraba como preguntando si le gustaba. Rodrigo estaba como embobado, no se movía… supongo que estaría pensando si no sería todo un sueño. Vero seguía entregada a su tarea, cuando lo miró fijamente y le dijo: – La prueba consistía también en otra cosa… ¿cuándo piensas empezar a sobarme? Aquello fue grandioso, mi Vero se había convertido en una zorra y pedía a su amante que la tocara.

Rodrigo comenzó a sobarle los pechos a jugar con sus pezones y a retorcerlos mientras Vero seguía con su tarea y comenzaba a suspirar. Entonces, sucedió algo imprevisto; Vero se abalanzó sobre su polla y se la introdujo en la boca prácticamente entera comenzando así una fascinante mamada. La partida había terminado en ese momento, ahora ya nadie podía parar aquello.

Yo estaba terriblemente excitado, pero aún conservaba un poco de cordura, así que les dije que nos fuéramos a la habitación de Rodrigo, estábamos en el salón y cualquiera de sus compañeros de piso podía venir. Nos fuimos a la habitación sobando a Vero por el camino; ella estaba entregada, estaba emputecida y deseaba más… más sexo. Nos sentamos en la cama y Rodrigo y yo nos desnudamos ante ella que contemplaba golosa nuestros miembros endurecidos.

Cogió uno en cada mano y comenzó a masturbarnos mientras nuestras 4 manos recorrían todo su cuerpo y ella se retorcía gimiendo de placer y dándonos su boca alternativamente a ambos. La tumbamos en la cama, y con su piernas bien abiertas seguimos jugando con nuestros dedos en su coñito se los metíamos alternativamente mientras con la otra mano sobábamos sus pechos, su culo y todo su cuerpo. Aplicábamos una boca a cada uno de sus pechos; succionábamos, mordíamos y chupábamos con locura mientras ella gritaba y se retorcía alcanzando su primer orgasmo. Vero había enloquecido de deseo y placer, gritaba y pedía más… que siguiéramos comiendo sus pechos, que siguiéramos sobándola entera y suplicaba por que le diéramos polla.

La hicimos incorporarse y Rodrigo y yo nos tumbamos sobre la cama mientras Vero nos comía los miembros alternativamente. Le preguntábamos si le gustaba, si le gustaba tener dos pollas para ella a lo que respondía jadeando y aumentando el frenético ritmo de sus mamadas. Rodrigo comenzó a llamarla zorra, puta y todo un sinfín de barbaridades y eso no hacía más que acentuar la calentura de Vero que gritaba diciendo que si, que lo era, que era una perra caliente y que la folláramos de una puta vez. (Yo había visto a Vero muy, muy excitada en muchas ocasiones, pero supongo que la primera vez con dos hombres era algo que superaba su excitación).

Le pedí a Rodrigo que la follara, ella lo pidió también, pero para nuestra sorpresa no quiso, (luego me contó que le daba cosa follarla delante de mí… en fin, si hoy supiera la cantidad de pollas ajenas han visitado todos sus agujeros se tiraría de los pelos por haber desperdiciado la oportunidad) así que se recostó en la cama mientras Vero se puso a 4 patas y comenzó a comerse su polla.

En esa posición, me coloqué detrás de mi perra y comencé a metérsela en su coñito. Aquello era una locura, mi novia a 4 patas comiéndole la polla a un compañero de clase mientras yo la follaba como una perra. Rodrigo estaba enloquecido y continuaba diciéndole todo tipo de guarradas a Vero que chupaba su polla con deleite mientras movía sus caderas clavándose mi polla hasta lo más profundo.

De repente Rodrigo dio un grito y se corrió en la boca de Vero que se lo tragó todo (es algo que le encanta) relamiéndose después y corriéndose ahora ella de nuevo entre gritos. En ese momento yo estaba a punto de correrme así que la saqué y se la di en la boca descargando en ella toda mi leche que Vero saboreó y tragó con gusto. Nos quedamos un rato sobre la cama fumando un cigarro, y luego Vero y yo nos vestimos y nos fuimos despidiéndonos de Rodrigo.

Aquello fue el inicio, nunca más volvimos a estar con Rodrigo, pero a partir de aquel día se abría en nuestras vidas un mundo de posibilidades inmenso que estábamos deseosos de explorar. (Pasaron unos meses antes de la siguiente experiencia, en la que por fin, Vero sintió una polla que no era la mía rellenando su coñito. Alberto, un amigo mío con el que continuamos nuestra historia y con el que hemos estado varias veces, e incluso Vero y él a solas.

Autor: Genesix

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