Un tanto inocente

Notaba como la polla de Manuel entraba y salía. Nos la estábamos follando de forma salvaje, sin contemplaciones. A Marta le debería doler bastante, pero calló y aguantó. Puso todo de su parte para que quedásemos los dos satisfechos. No pudimos aguantar mucho más. Primero Manuel y después yo, echamos una cantidad descomunal de esperma sobre los pechos y el vientre de Marta.

Con 23 años, Marta, mi pareja desde el instituto, tenía un cuerpazo impresionante. Unas tetas grandes y flácidas, un culo respingón y unas piernas firmes y largas. Morena y con cabello largo. Una de esas chicas que no pasan desapercibidas. Siempre se quejaba que los hombres que hablaban con ella le miraban más las tetas que sus ojos. Un tanto inocente pero le gustaba coquetear.

Nuestras sesiones de sexo no eran muy frecuentes pero si muy intensas. Constantemente fantaseábamos con terceras personas, situaciones imposibles realmente excitantes. Recuerdo el día que Marta me comentó que en el trabajo tenía nuevo jefe. Un hombre de unos cincuenta años, canoso y bien conservado para su edad. Realmente era muy bueno en el trabajo, cosa que produjo cierta admiración en Marta.

A diario me comentaba las incidencias en el trabajo, de como empezaba a tener confianza en su nuevo jefe y como él la ayudaba a mejorar en el día a día. Supongo que es inevitable que en esta situación se produjera una mutua atracción que empezó con bromas, comentarios subidos de tono y confidencias de pareja.

Una tarde Marta me llamó, muy alterada para explicarme que su jefe la había acosado y que se le había insinuado. Después de calmarla un poquito, mi cabeza empezó a dar vueltas sobre el tema. Al principio estaba muy cabreado con la situación. Se me pasaron multitud de escenas por la cabeza, pensaba que Marta tendría que dejar el trabajo, denunciarlo, no se… La cuestión es que al cabo de dos horas, lo que era indignación se había convertido en excitación. No podía sacarme de la cabeza la imagen de los dos follando en las oficinas o de ella chupándole con ganas la polla.

Cuando Marta llegó a casa, le confesé mi nuevo estado de ánimo respecto a la situación. Ella también había cambiado su indignación por un cierto orgullo de poder gustar a otro hombre hasta el punto que le propusiera mantener relaciones sexuales. No tardamos ni 10 minutos en pensar una situación en la que estábamos los tres follando como locos. Con sus ojos cerrados, ella ya se estaba tragando su polla hasta los huevos, se giraba para que se la follase como una puta. Después de correrme sobre su vientre me confesó que era peligroso que fantaseásemos con estas situaciones puesto que podría pasar algo. Aunque que estaba de acuerdo con ella, no podía evitar plantearle nuevas situaciones con él cada vez que follábamos. Ella se molestaba un poco, pero en seguida entraba en situación y se mostraba ansiosa de sexo y extremadamente viciosa.

Continuamos así un par de semanas, hasta que muy seria me dijo que ya no le apetecía que metiésemos a su jefe en nuestros juegos. Y se acabó. Yo no podía entender el porqué renunciar a esas magníficas sesiones de sexo.

Los dos siguientes meses nuestro ritmo sexual cayó en picada. Ella me daba excusas, pero como ya habíamos pasado situaciones semejantes en el pasado no le di mucha importancia. Lo que no había parado ni un momento era mi imaginación, empezaba a sospechar que Marta tenía algún tipo de relación con Manuel, su jefe. Lejos que preocuparme, no hacia más que masturbarme pensando que no solo yo me follaba a Marta. Un sábado por la mañana le expuse a Marta mis sospechas. Ella lo negó, aunque me confesó que alguna vez él la había intentado besar y que en una cena de trabajo la había sacado a bailar y que le notó su erección al pegarse a él.

Le pregunté porque no se lanzaba y follaba con él. Que le sería muy fácil y que después podríamos realizar algún trío o intercambio de parejas si es que su mujer quisiera. Marta se levantó furiosa y fue tajante al decirme que no quería hablar más del tema.La verdad es que dejé el tema apartado hasta que una mañana Marta empezó a preguntarme si eran los martes que iba a jugar a fútbol sala, y que si este martes iría, y que si pasaría por casa o si iría desde el trabajo. Evidentemente sospeché que algo pasaba porque Marta nunca me interrogaba de esta manera. Era evidente que ese martes no iría a jugar a fútbol sala y tampoco iría a trabajar. Vivimos en un segundo piso, que después del principal y el entresuelo se convierte en el cuarto y último. La escalera sigue hasta la terraza. Decidí que la esperaría arriba, para comprobar que se estaba cociendo.

Desde arriba, se oía perfectamente la gente entrar por la portería. Después de dos falsas alarmas, reconocí a Marta que subía por las escaleras, sola. Entró en el piso, gritó mi nombre y al cabo de unos larguísimos 20 segundos, salió corriendo escaleras abajo. A los dos minutos Marta y un hombre subían silenciosamente las escaleras. Ella delante y el detrás, era Manuel. Al llegar al rellano de nuestro piso, vi la cara de ansiedad de Marta. También su desahogo de llegar a nuestro rellano sin que ningún vecino la viera con ese desconocido.

Cuando estaba por abrir la puerta, él puso sus manos en sus caderas y la besó el cuello. Sus manos subieron rápidamente hasta sus pechos. Con habilidad le subió el jersey y le sacó el sostén por encima. Los pechos de Marta estaban al descubierto y el los amasaba con lujuria. Ella se volteó y le dio un beso muy profundo y con mucha saliva. Introdujo su mano dentro del pantalón hasta acariciar la polla de Manuel. Mientras le decía algo imperceptible a la oreja, consiguió abrir la puerta e inmediatamente la cerró.

Ahí me quedé, nada sorprendido y muy, muy excitado. No sabia que hacer. Estaba muy nervioso… Estaba claro que tenía que entrar en casa y pillarlos in fraganti. La espera se me hizo larguísima pero no debieron ser más de medio minuto. Me acerqué a la puerta, preparé la llave. No quería hacer ruido… Esperaba que estuvieran en la habitación… pero al abrir la puerta… allí estaban en pleno pasillo. Manuel con los pantalones en los tobillos, Marta sin nada de ropa, de cuclillas haciéndole una mamada mientras el alargaba su mano por su espalda hasta encontrar la vagina chorreante de Marta.

La cara de los dos fue un poema al verme. A Marta se le entrecortó la respiración, se sacó la polla de la boca, se levantó y empezó a balbucear. A Manuel se le cortó la erección al instante. Estaba intentando subirse los pantalones pero no podía por los nervios. Yo sin embargo, estaba tan excitado que no oía lo que intentaba decirme Marta. Mi tranca estaba a reventar, mi mirada perdida viendo aun la situación que hacía solo unos segundos… medio aturdido me bajé los pantalones y deje al aire mi polla totalmente erecta. Estoy seguro que Marta ni la vio mientras intentaba hablarme. Suavemente le agarré la cabeza, le di un beso corto en los labios y con una ligera presión en sus hombros conseguí que volviera a la posición de cuquillas de hacía un momento. Sus labios quedaron a escasos milímetros de mi polla. Como aun no reaccionaba tuve que tranquilizarlos a los dos.

– No pasa nada… Esto es lo que hemos estado esperando…- le dije a Marta. – Manuel, tranquilo… Vamos a follarnos a esta viciosa…

Inmediatamente noté como los labios de Marta empezaban a besarme la polla, abriendo la boca se la introdujo poco a poco. Su lengua repasaba una y otra vez las rugosidades de mi miembro. Cerré los ojos, disfrutando de aquella sensación… Noté los dientes de Marta haciéndome una presión casi dolorosa. Abrí los ojos… Allí estaba Manuel, detrás de Marta, introduciéndole sus dedos e intentando hacer que levantase el culo para facilitarle el trabajo.

Mi sorpresa fue tremenda cuando vi que intentaba entrar un dedo a través del esfínter de Marta. Ella nunca me había dejado… Allí estaba, abriendo su culo para facilitarle el trabajo. A cada intento, notaba sus dientes en mi carne. Se sacó mi polla de su boca para lanzar un alarido de placer entre fuertes respiraciones. Se incorporó, nos cogió a los dos de la mano y nos dirigió al salón. Nos sentó en el sofá, los dos con una erección tremenda, y empezó a mamárnosla alternativamente. Alargué la mano hasta llegar a su culo, estaba un poco dilatado… Lo introducí lentamente, noté como Marta lo acomodaba con un suave movimiento de cadena. Lo empecé a meter y sacar.

Me levanté del sofá mientras ella seguía a lo suyo con Manuel. La hice poner de cuatro patas encima del sofá. Ella seguía enganchada a la polla de nuestro amigo. Le introduje la punta de mi polla en su ano. Ella presionó hacia mí para que se la metiera… y así lo hice… De su boca salió un alarido de placer y también de dolor… Yo estaba como loco, bombeando salvajemente aquel agujero tan deseado y hasta aquel momento prohibido.

– Ahora me toca a mí! – exclamó Manuel.

Se levantó, se puso detrás de ella y se la empezó a follar. Su vagina estaba muy dilatada, al igual que su culito. Marta ayudaba a la penetración, dando fuertes golpes de cadera que se estrellaban en la cintura de Manuel, después que su polla se introdujera en alguno de los agujeros de Marta. Cogí la cara de Marta y la dirigí a mi polla. Abrió la boca y se la metió. Inmediatamente le vino una fuerte arcada, mi polla tenía ligeros restos de heces… Pero prosiguió, limpiándola salvajemente con su lengua.

Ya limpia, me senté en el sofá. Marta se incorporó y se sentó encima de mí. Mi polla entraba y salía de su chocho con extrema facilidad. Entonces noté en mi polla, la presión de los dedos de Manuel que volvían a estar en el culo de Marta. Ya tenía los dos agujeros ocupados. A medida que Manuel metía otro dedo, la presión sobre mi polla era mayor. Le metió hasta cuatro dedos, justo antes de metérsela. Notaba como entraba y salía. Nos la estábamos follando de forma salvaje, sin contemplaciones… A Marta le debería doler bastante, pero calló y aguantó. Puso todo de su parte para que quedásemos los dos satisfechos… No pudimos aguantar mucho más. Primero Manuel y después yo, echamos una cantidad descomunal de esperma sobre los pechos y el vientre de Marta. Estaba destrozada… se levantó como pudo y fue a darse una ducha. Manuel, empezó a vestirse. Dijo un ‘hasta la próxima…’ y se fue.

Allí me quedé, en el sofá, esperando que saliera Marta … Una vez bajada la excitación, me sentía mal, no podía creer lo que había pasado … Oí a Marta llorar dentro del lavabo… estuvo hora y media. Salió rápido y se metió en la cama. Después de ducharme, entré en la habitación. Sin decir nada, me metí en el lado de la cama que estaba libre, al cabo de un buen rato me dormí.

Autor: gengiskan

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