Mi vecinito Nacho

Me abrió bien las nalgas con las manos y su poderoso genital entró, esta vez, por el orificio de  atrás. La dejó toda adentro por unos segundos y tomó velocidad. Me moría de dolor y de placer. Sus testículos chocaban contra los labios de mi vagina y yo hacía fuerza para aprisionar su pija adentro mío.

Mi vida sexual es bastante aburrida. Tengo 43 años y estoy separada hace cinco años, extraño la frecuencia de sexo que tenía en otras épocas. Tengo un hijo de 18 años que decidió mudarse con el padre y trabajo en una empresa relacionada con el turismo.

Desde que mi hijo se fue, mi casa, quedó muy grande así que decidí mudarme a una casa más pequeña, a unos 5 kilómetros de la Capital Federal. En el trabajo me habían dado un mes de vacaciones y el tiempo no pasaba  más. Me aburría como nunca y mis dos amigas estaban trabajando así que tenía que arreglarme sola con la imaginación.

Frente a mi nueva casa, vivía un joven de unos 20 años, que una o dos veces por semana se iba con los amigos a jugar al fútbol. En especial este joven me gustaba mucho. Nacho, como le decían los amigos, era carilindo, 1, 70 de estatura, un físico de deportista y las pocas palabras que cruzamos siempre fueron muy correctas y tiernas.

Estaba recostada en el sillón, que tiene vista a la ventana, observando a Nacho con su short y como sobresalía su bulto en ese pantalón. Me había empezado acariciar mi cuerpo pensado en este joven hasta que la excitación me llevó a masturbarme.

En el transcurso de esa semana había tenido complicaciones con la computadora por un virus que se instaló por intermedio del correo. Aprovechando la oportunidad y la casualidad de haber visto a Nacho salir de su casa mientras entraba yo a la mía le pregunté si entendía algo de computación y lo puse al tanto de lo que le pasaba a mi PC. Quedamos en que pasaría esa misma tarde a ver si podía solucionarme el problema.

Si bien me atraía físicamente era consciente de que era un jovencito y que no estaba bien que yo tratara de saciar mi apetito sexual con él.

Sonó el timbre y lo atendí como si nada sucediera. Lo llevé donde esta la computadora y me senté al lado observando lo que hacía. -Es un virus, a mi me pasó lo mismo, lo mejor va a ser que te instale todo otra vez. Va a llevar un tiempito, me anunció. Me levanté y le dije que si podía hacerlo que lo haga porque sino no la podía utilizar para nada y fui a buscar algo fresco para tomar. Mientras se instalaba Windows nos sentamos en el living a tomar una gaseosa y charlamos de su vida.

Me levanté para ir al baño y me cuando me senté  vi que Nacho estaba apretándose el bulto sobre el pantalón. A partir de ese momento me costó sacarle la vista a su entre pierna. Volvimos a la PC  y me paré detrás de la silla donde él estaba sentado. Le apoyé mis manos en sus hombros y le agradecí sus molestias mientras lo masajeaba. Mis manos bajaron a sus pectorales. Nacho giró la cabeza e intentó besarme, pero le corrí la cara y le dije que no se equivocara.

Terminó de instalar todo y me pidió que lo disculpara por haberme querido besar. Le dije que estaba todo bien y mi mirada se fue nuevamente a su pantalón. Él se dio cuenta de mi mirada y me preguntó si no tenía tiempo para tomar una gaseosa más para aclarar el mal entendido.

Nos sentamos nuevamente en el living y noté que se estaba masajeando la entrepierna, era bastante evidente. Me levanté del sillón, acerqué mi boca a la de Nacho y lo besé. El metió su mano en mi pollera y apretó mi cola.

Le bajé el pantalón y el bóxer y comencé a besarle la cabeza de su pene, que en ese momento estaba flácido, y se fue excitando. Me gustaba tener su pene en mi boca y ver como se estremecía. Sus ojos verdes se entrecerraban y me miraban, excitado, mordiéndose el labio inferior. Su tronco era interminable y me costaba metérmela en la boca, era un pene de poco más de 20 centímetros y el ancho de unos 7, seguí chupándole los testículos mientras lo masturbaba. Nacho me masajeaba las tetas y respiraba entrecortado. Sus bolas estaban duritas y yo le seguía pasándole la lengua.

Nacho se puso de pie, me tomó de la cintura y me levantó la pollera. Yo estaba de espaldas a él, me abrí bien de piernas y sentía como su pene trataba de hacerse lugar para entrar dentro de mí. Sentía el calor de su ancha cabezota y me introdujo poco menos de la mitad de su pene en la concha, lo sacó y con fuerza lo metió hasta el fondo. Yo no aguantaba la excitación de tener a aquel joven haciendo fuerza contra mí. Con mis manos le apretaba la cola, él tomó mucha velocidad y paró de golpe, me miró y siguió penetrándome con la misma velocidad. Mi vagina estaba bien mojada y yo completamente excitada. Nacho volvió a parar abruptamente y le grité que siguiera penetrándome. Su pene embestía con fuerza y salía. Su glande ancho me estimulaba muchísimo el clítoris.

– Estás toda mojadita, se nota que hace rato que no te cogen bien putita, ahora vas a ver lo que es sentir una buena verga en tu conchita hambrienta de carne fresca…putita…

Estaba incómoda siendo penetrada de parado, pero disfrutaba la carne dura que se hacía lugar en mis entrañas para darme el placer de un orgasmo. Mi gemido fue largo ahogado, y Nacho que me respiraba en el oído.

– Ahora te vas a tragar toda la leche putita. – Siiiii, dámela toda, que mi cueva está muy sedienta.

Me incorporé y tomé su pene con las dos manos, apenas metí su cabeza en mi boca sentí como su líquido blanco me la iba llenando a chorros, grandes chorros de esperma que empezaron a escaparse de mi boca. Le seguí chupando esa verga deliciosa hasta dejarla limpita. Su pene se había vuelto flácido, y Nacho estaba visiblemente cansado porque se le notaba sudor en la frente. Con una sonrisa me tomó de la mano y desnudos nos sentamos en el sillón.

Se inclinó en el sillón y me recosté sobre él mientras nos besábamos. Sentí como su pija iba recuperando el tamaño. De su boca bajé dándole besos a todo su cuello, luego por sus tetillas y su ombligo. Con sus manos me empujaba la cabeza para que se la chupara. Sin hacerlo esperar  me abalancé sobre su pene y le entregué mi concha para que jugueteara con sus dedos. Sentía como jugaba con mis labios y rozaba mi clítoris mientras yo le apretaba con fuerza su tronco y lo masturbaba. Pasé mi lengua por su cabeza y por todo su tronco. Me fascinaban sus testículos, su piel rugosa y con poco vello púbico me daban ganas de metérmelos todos dentro de mi boca.

-Ahora te toca por atrás, me dijo Nacho.

Yo no podía dejar de mamarle y acariciarle sus piernas duras. El se puso de pie y me acomodó. Empezó a meterme la lengua en el ano y continuó metiéndome un dedo, luego dos y luego tres. Pasaba su lengua desde mi vagina hasta mi ano.

Me abrió bien las nalgas con las manos y su poderoso genital entró, esta vez, por el orificio de  atrás. La dejó toda adentro por unos segundos y tomó velocidad. Me moría de dolor y de placer. Sus testículos chocaban contra los labios de mi vagina y yo hacía fuerza para aprisionar su pija adentro mío.

No aguanté mi excitación y gemí fuerte, las piernas no me respondían,  estaba como en el aire. En ese momento siento que su pene se queda dentro de mí y las manos de Nacho me aprietan más fuerte. Me sentí agotada, exhausta. Nacho se corrió en mi caliente culito y lo llenó con su ardiente semen, sacó su pene y de mi ano salía el esperma caliente que me había inundado.

Me besó en la boca y se recostó en el piso junto a mí.

Autora: Ana Nima

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