Un nuevo amigo

Gerardo se arrodilló y empezó a comerme el culo, luego subió con sus mordidas por mi espalda, me abrazó por la cintura, podía escuchar su respiración sobre mi nuca. Acomodó su verga en la entrada de mi ano y empujó hasta que la cabeza de su pija entró completamente, sus manos separaban mis glúteos para facilitar la entrada de su grueso falo, empujó más y logró meter la mitad.

La mitad del año se había acabado y julio se presentaba tan pesado como los meses anteriores, mi aburrimiento aumentaba mientras trataba inútilmente de atender a la clase del viejo profesor de historia, una caricatura del sexagenario que estaba por terminar mi compañero de al lado era lo que me distraía, cuando el profesor se dio cuenta de lo que hacíamos nos regañó y mientras mis compañeros permanecían expectantes a mi reacción, estuve a punto de contestarle pero tocaron la puerta, el viejo profesor se dirigió hacia la puerta y cuando la abrió, la auxiliar de educación estaba acompañada por un muchacho de cabello negro, delgado y piel muy blanca.

Los profesores conversaron entre ellos unos segundos, luego el profesor presentó al nuevo alumno, se llamaba Zacarías, venía de un colegio del cual nunca había oído hablar el profesor le pidió que diga algo pero el muchacho se quedó callado. Parecía estar algo nervioso, solamente miraba el piso, el profesor le dijo que saludara a todos, el muchacho seguía mirando al piso. –Ho…hola-. No dijo más se veía incómodo al estar en frente de todos, el profesor le indicó su lugar, pasó a mi costado cruzamos miradas por unos segundos, se sentó un lugar detrás de mí.

La hora del descanso llegó como un alivio para mí, salí de salón para estirar las piernas y recrear la vista con los alumnos que practican gimnasia, luego del descanso regresé al aula, puede notar que Zacarías no se había movido de su sitio, estaba escribiendo sobre el cuaderno que estaba sobre la carpeta, levantó la vista me pilló observándolo, me puse rojo de la vergüenza, me senté en mi lugar rápidamente. Los días pasaron rápidamente, y Zacarías seguía sin hablar a nadie, me di cuenta que traía una pena consigo y esa era la razón de su misantropía, tenía que pensar en algo para poder conversar con él. Arturo me buscó una vez más, mientras yo estaba en la sala de redacción terminando la última columna de periódico escolar que debía ser publicado el día miércoles.

– Hola, ¿que haces? -Estoy escribiendo, ¿qué, no es obvio?-. Contesté secamente.- Si, claro-. La razón por la que trataba así a Arturo era la forma en cómo me había hablado el día siguiente de que lo hicimos, como ya les conté en uno de mis relatos anteriores.-Sigues enojado por lo que pasó-.-No, por supuesto que no, para que enojarme con alguien que no vale la pena, solo que estoy por terminar y no me gusta que me molesten mientras trabajo-.-Bien entonces te espero-. Tenía ganas de decirle que se fuera pero él lo entendería como que si me afectó lo que me dijo. –Está bien siéntate sobre esa silla y no hagas ruido-.-Ok, como ordenes-.

Mientras redactaba mi informe, no podía evitar mirar de reojo hacia donde estaba Arturo, debo reconocer que es un muchacho muy atractivo, especialmente cuando está recién afeitado, el cabello hacia atrás como se usaba antaño y la camisa blanca que era una talla menos que la de él se le ajusta muy bien al hermoso cuerpo que tiene es una fuerte distracción para cualquiera, Arturo no dejaba de moverse sobre la silla. -¿Puedes dejar de moverte, por favor?, me desconcentras-. –Sorry, es que estos asientos son muy incómodos-.-A mi me parece que están muy bien-.-Si, pero no todos estamos tan bien acolchados como tú-. Entendí su chiste y me causó gracia pero no me reí para que piense que lo que me decía no me importaba.

Arturo echaba un vistazo a las fotos y recortes de periódicos que se encontraban colgadas en una de las paredes de la oficina. Luego que de un increíble esfuerzo de mi parte logré terminar mi trabajo, deje una nota para que imprimieran el periódico, salí de la oficina con Arturo me dijo que lo siguiera y lo hice.-A donde vamos-. Le pregunté intrigado por su actitud tan cortés.- A uno de los salones antiguos, los que usan como almacén, para poder conversar en privado-. Pronto llegamos a los mencionados salones, Arturo golpeó un poco la oxidada cerradura de la puerta y extendió su mano como un ademán para que yo pasara. Cerró la puerta luego de que él pasara y encendió la luz.

-¿Y de que quieres hablar conmigo?

Le pregunté mirándolo a los ojos.-Como te dije el otro día, estuve pensando en lo que pasó entre nosotros y llegué a una conclusión-. -¿Y cuál es esa?, si se puede saber-.-Que no he dejado de pensar en ti, en tu cuerpo…-.-¿Como debo entender eso? -Quiero que lo hagamos de nuevo mañana, no, hoy si es posible-.-¿Qué?, tú dejaste muy en claro las cosas no querías saber nada de mí, por lo tanto es mejor que lo dejemos así-. No podía creer lo que estaba haciendo, estaba rechazando al chico más guapo de la escuela, pero no podía le juré a Gerardo que me entregaría solo a él.

Arturo se molestó por lo que le contesté, me sujetó muy fuerte de la muñeca y me haló hacía su cuerpo, mi cara y la suya quedaron muy juntas, puede sentir su aliento a alcohol, al parecer había estado bebiendo pero no me había dado cuenta.- ¿Qué dijiste?-. Murmuró apretando los dientes. -Suéltame que me lastimas-.-Si no quieres a las buenas vas a querer a las malas-. Llevó mi otra mano hacía su bragueta, pude notar su verga ya dura, Arturo frotaba mi mano por todo el largo de su miembro.

La puerta del lugar comenzó a sonar, Arturo y yo miramos hacia la puerta, él rápidamente me soltó y fue a esconderse tras unas cajas, yo tardé en reaccionar y me quedé en medio de la habitación, la puerta se abrió y el profesor de matemáticas y la de lenguaje entraron besándose al lugar, al verme ahí se separaron rápidamente y trataron de explicarme lo que pasaba, pero yo les interrumpí y les dije que yo ya me iba.

Pude salir de ahí y librarme de Arturo al menos por el momento, me dirigí a los baños para lavarme la cara la sentía hirviendo por lo que ocurrió, cuando estaba entrando observé a tres muchachos en círculo y a uno en el piso, reconocí a este último al instante, era Zacarías, estaba llorando, los otros eran los abusones del colegio y yo los conocía muy bien, Manuel era el líder, Gustavo y Marcelo eran su estúpidos seguidores, Manuel tenía un cuaderno entre sus manos del cual estaba leyendo, los demás reían a carcajadas, Zacarías lloraba desconsoladamente en el piso. -… Es el muchacho más guapo que he visto en mi vida, y creo que también le gusto… jajajajaja-. Me armé de valor y empujé a Manuel a un lado y me incliné para recoger a la víctima.

-Vaya, vaya se juntaron las dos maricas, esto parece una convención-. Dijo Manuel burlándose de nosotros, el otro par de monigotes volvieron a reír.-Es mejor que te calles si no quieres que cuente tu secreto-. Le contesté a Manuel retadoramente, su cara cambió completamente, Gustavo le preguntó cual era el secreto, Manuel se molestó y le lanzó un codazo en las costillas.-Cállate, no le hagan caso… larguémonos de aquí que apesta a marica-. Dieron media vuelta, Manuel lanzó el diario de Zacarías hacia nosotros y desaparecieron tras la puerta.

-¿Te encuentras bien? Le pregunté a Zacarías, él comenzó a calmarse poco a poco.- Muchas gracias por defenderme-.-No te preocupes, entre nosotros tenemos que defendernos-.-¿Los conoces? – Si tuve que lidiar con ellos un par de veces, ya te acostumbraras-. Le ayudé a levantarse y salimos del baño, en el salón seguimos conversando de nuestras vidas y nos hicimos amigos.

La hora de la salida llegó, salí disparado para mi casa, almorcé rápido y me dirigí a la casa de Gerardo, cuando llegué noté que su auto estaba afuera, él estaba adentro. Abrí la puerta con una llave que Gerardo me había dado, lo busque en la sala y no lo encontré, quizás estaba bañándose, no estaba en el baño, camine hacia su habitación, estaba ahí tumbado en la cama acariciándose suavemente la verga, estaba desnudo, en el televisor una película porno estaba proyectándose.

-Te estaba esperando-.-Que bueno que no comenzaste sin mi-.-¿Como podría si tú eres el que me excita, vamos échate aquí a mi lado-. Me quité los zapatos y me acomodé de lado a un costado de él, mientras que con una de mis manos emprendí el viaje por la tupida mata de vellos que cubría el duro pecho de mi amor, él con la suya me acariciaba la cabeza mientras que con la otra se frotaba plácidamente toda su verga, que aunque no estaba en su máxima expresión ya se veía muy grande.

Los personajes de la película estaban en lo suyo: un negro musculoso con enorme polla obscura que introducía en el rosado agujero depilado de una rubia un poco obesa. Mis dedos pronto alcanzaron su tetilla izquierda y jugaron con ella hasta ponerla dura, mi boca también fue invitada a jugar, pasé mi lengua haciendo círculos, le mordí suavemente y logré arrancar un gemido de la boca de mi amado, su verga ya había alcanzado su colosal tamaño y reclamaba mi atención, acerque mi cara hasta el glande y me lo metí a la boca y lo succioné fuerte, otro gemido emitido por Gerardo me hizo detenerme.

-Despacio que me lo vas a arrancar-.-Lo siento seré más cuidadoso-.

Nuevamente mis glándulas gustativas disfrutaron del delicioso sabor a macho que tienen sus huevas peludas, trate de meterme dos a la boca pero era imposible de lo grande que son. –dale quítate la ropa despacio-.Me levanté de la cama, me puse de espaldas a él y comencé a moverme como si bailara y lentamente me quité la ropa mientras Gerardo se daba una paja con mi espectáculo, cuando me desnudé completamente me coloqué en la posición anterior. Gerardo abordó mis nalgas separándolas y apretándolas, su boca también se aunó tratando de penetrar mi hoyito.

Como si fuera un helado mi lengua recorrió la extensión de su miembro, sus dedos ingresaron en mí provocando dolor mezclado con placer que se incrementaba a cada segundo.-Quiero metértela, date vuelta-. Obedecí al instante, me levanté de la cama y me apoyé mis manos sobre ella levantando el culo. Gerardo se arrodilló detrás de mí y empezó a comerme el culo, luego subió con sus mordidas por mi espalda, me abrazó por la cintura, podía escuchar su respiración sobre mi nuca. Acomodó su verga en la entrada de mi ano y empujó hasta que la cabeza de su pija entró completamente, sus manos nuevamente separaban mis glúteos para facilitar la entrada de su grueso falo, empujó más y logró meter la mitad.

En la pantalla, ya en otra escena, dos tíos follaban a una pelirroja por la boca y por el culo y sus gemidos se confundían con los nuestros, Gerardo había comenzado con su mete y saca que me hacía delirar y me preguntaba que se sentiría tener a dos Gerardos que me follaran por el culo y la boca, una embestida me trajo a la realidad, los peludos brazos de mi amante se apoyaron sobre la cama, sus caderas se movían adquiriendo un ritmo circular que yo disfrutaba al máximo.

Sacó su verga de mi y se tumbó sobre la cama quería que me sentara sobre él y así lo hice, mi culo se fue comiendo su verga de a poco hasta hacerla desaparecer entre los pliegues de mi ano, después de poco rato ya estaba cabalgando sobre él, sus manos me sujetaban de la cintura haciendo que me moviera más rápido. La pelirroja en la pantalla ya no gemía sino gritaba, sus dos acompañantes la estaban penetrando por el culo al mismo tiempo, uno de ellos sacó su pija llena de lubricante y comenzó a eyacular sobre la espalda de ella, el otro hizo lo mismo segundos después. Ella se levantó a limpiar las dos vergas, terminó la película.

Gerardo movía sus caderas más rápido su orgasmo fue inevitable, cinco chorros de caliente leche de mi macho se estrellaron contra mis intestinos, sus manos se apoderaron de mi verga y comenzó a masturbarme rápidamente, su verga palpitando en mis intestinos, su semen saliéndose de mi culo y escurriendo por su verga, el movimiento de su mano, era demasiado, casi sentí desmayarme al llegar al clímax, mi semen sobrevoló y cayó en el pecho peludo de Gerardo, sus caderas todavía se movían lentamente, nos miramos a los ojos exhaustos por el esfuerzo. Esperé a que su nabo disminuyera de tamaño para que saliera sin dolor, y eso fue un buen rato.

-¿Estás cansado? Me preguntó con una ladina sonrisa.-Un poco pero valió la pena ¿no?-.-Claro que si mi chiquito-. Se levantó, yo seguía sobre él, me abrazó y me besó.

Fuimos a las duchas donde una vez más le chupé la verga hasta que se vació en mi boca y me tragué su semen caliente. Luego de secarnos y de vestirnos me fui a casa para dormir y prepararme para otro día de estudio y para Arturo que seguramente no me iba a dejar en paz tenía que pensar en cómo evadirlo y más aun después de su ataque. También tenía una conversación pendiente con Zac de quien habría estado hablando en su diario, solo espero que no sea de uno de mis gimnastas favoritos, eso si sería un problema…

Autor: Crazyoutcontrol

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Después del concierto

Célica se esparramó encima de mi pija casi de golpe, Susana me ofreció su conchita para que la masturbara, cosa que siempre le gustaba, en cualquier lado y a cualquier hora, Sandra no perdió tiempo y se subió sobre mi cara buscando que mi lengua le hiciera sentir el deleite de una buena lamida de concha.

Nos fuimos de aquel concierto como a las 12.30 de la noche, con rumbo a lo de Susana, pensando que tal vez su hija Andrea y el novio de Sandra ya no estarían, pero al llegar vimos luz en el departamento y decidimos seguir.

Sandra era la que guiaba, mientras Susana me besaba de continuo y su madre me pajeaba en el coche, en el asiento de atrás. Célica tenía unas ganas bárbaras a pesar de su edad (72 años), y aún después de haber acabado en pleno concierto, me hacía una soberbia paja, mientras Susana se desprendía de su top, quedando en sostén y Sandra guiaba rumbo a una amueblada cuyo nombre es Éxtasis y se encuentra a las orillas de la ciudad, muy cercana a una ciudad satélite llamada Pando.

La calentura de las dos veteranas era apoteósica y Sandra las miraba por el retrovisor, mordiéndose el labio inferior. De repente Susana quitó la mano de su madre de mi pija y se agachó a chupar, en lo que era una experta. Sandra se dio cuenta y le espetó: “¡Para! No lo mames del todo si no va a estar fundido y yo quiero coger mamá!” “Y yo quiero hacer eso que haces vos que nunca he hecho” replicó Célica.

La lengua de Susana subía y bajaba por el tronco de mi verga y Sandra manejaba con una sola mano, habiéndose metido la otra entre sus piernas y se pajeaba mientras manejaba, al tiempo que su abuela ya se había despojado de toda la ropa y estaba totalmente en bolas dentro del coche magreándose las tetas, y al verla así a su nieta le dijo: “¿querés que te ayude a sacarte el bikini?” Si abu, ayúdame; bueno para en cualquier lugar y la abuela te ayuda corazón. Los vidrios polarizados no dejaban ver para el interior.

Llegamos solicitamos una habitación por el teléfono de entrada y allá fuimos; entramos al garaje y la última en subir fue Célica que iba desnuda. Sandra no bien llegamos se despojó de la ropa y le dijo a su madre: “mientras yo lo chupo un poquito vos desnúdate”. Susana no lo dudó, y al cabo de unos segundos estábamos los 4 en bolas encima de una cama de agua, y las tres dispuestas a hacerme gozar. Con el dedo índice había enganchado su bikini entre sus piernas y lo jalé hacia abajo sacándoselo por los tobillos.

Célica pidió que a ella la dejaran cabalgar primero, y se esparramó encima de mi pija casi de golpe, Susana le dijo: ¡Cuidado, despacio que te vas a lastimar la tiene muy grande mamá!” y diciendo esto me ofreció su conchita para que la masturbara, cosa que siempre le gustaba, en cualquier lado y a cualquier hora, Sandra no perdió tiempo y se subió sobre mi cara buscando que mi lengua le hiciera sentir el deleite de una buena lamida de concha.

Como negarme a aquel placer, ¡imposible!, así que mi lengua se deleitaba yendo de un extremo al otro de aquella conchita de 20 años, depilada de tal forma que sólo tenía vellos a lo largo de la raja y cortos, aunque enrulados y duros. Los pezones de la guacha eran como dos piedras, que mis manos trataban de suavizar mientras mi lengua debido a la posición entraba cada vez más adentro y la hacía gemir de gusto.

Susana estaba entregada a la paja que le estaba haciendo y no se preocupaba de nada  más, mientras Célica decía que notaba que mi verga estaba más dura, a lo que Sandra dijo: “¡Basta abuela que lo vas a hacer acabar! Célica entendió a su nieta y se detuvo unos instantes, los suficientes como para que Sandra tomara su lugar, y le dijo: “vení mijita, cógelo y que te llene de lechita”. ¡Noooo! Replicó Susana, cortando su polvo que ya le venía, ¡nnooo que capaz quedo embarazada! “¡Déjala!” ¡Ni vos ni yo podemos darle un hijo a Gerardo y se lo merece, ella puede que se lo de y será como hijo de todas!” ¿Vos querés? Preguntó Susana a su hija. ¡Síiii! ¡Quiero darle un bebe!  Cógeme Gerardo, dame tu lechita divina, así papito, así que te viene, te siento, que divino como te vas a acabarrrrr, asíiii, dámeeelaaa toddaaaaa, que me acabo para voooossss toma, tomaaaaa. Susana llegaba a un precioso orgasmo casi junto con su hija: yo tambiéeeen, yo tambiéeeenn.

Célica estaba sobre mi cara disfrutando de su primera chupada de concha y mirando como su hija y su nieta se iban en sendos polvos con el macho que le chupaba la concha a ella y tomándose de los hombros de Sandra gimió: Ahora yo, ahora yo, me viene, me vieneeee, miraaaaaa comoooo me vienee, que rico, tomate mi lechita Gerardo. ¡Tómatela todaaaa! ¡Agh! Los cuatro sumamente contentos y felices solicitamos el servicio de habitación y pedimos sándwiches calientes y una botella de vino espumante, para festejar aquella unión.

Célica estaba eufórica y Susana pidió que le explicaran, cosa que hizo Sandra: “¡mira mamá, las cosas sucedieron sin pensarlo y sin que Gerardo nos haya apurado para nada; yo lo veía contigo y me decía si todo lo que vos le contabas a tus amigas por teléfono sería cierto, que era bueno en la cama, que la tenía enorme, que te dejaba satisfecha todos los días, etc., etc., y la abuela se prendó de él a los pocos días de conocerlo y bastaba ver como lo miraba para darse cuenta que ni bien pudiera se lo cogía.

“¡Ya lo creo! ¡Una cosita de estas es como para que hasta una vieja como yo destile juguitos de nuevo!” Y diciendo esto se inclinó a darme un beso en la boca, donde aún tenía el sabor de su sexo y el de su nieta mezclados. Poco a poco la fui bajando hasta que la dejé frente a mi verga y Sandra le dijo: “¡chúpala abuela, chúpala, te garantizo que nunca en tu vida probaste algo igual, te va a gustar vas a ver!” La vieja se apoderó de aquella verga y al poco rato la tenía dura de nuevo. Susana pensando en vos alta dijo: “¿mamá en serio te la puso en la cola hoy en el concierto?” Y es claro que sí y lo gocé muchísimo, hacía años que no lo hacía por la cola y él tiene una pija verdaderamente grande como para hacerte gozar de la cogida por la cola.

¡Abuela yo quiero probar! ¡Sandra nooo! Te va a lastimar mi amor ¿no ves cómo la tiene? Si por eso pónganme un poco de vaselina en la cola y otro poco a él; Célica no se hizo esperar y tomó el pote de vaselina de la mesa de noche y untó la cola de su nieta, que a decir verdad, gozó de aquella caricia que le hizo su abuela, la que después se entretuvo untándome la verga. La mano experta de Célica con la palma hacia la cola de su nieta pasaba una y otra vez y un dedo empezó a entrar en aquel culito virgen haciendo que su dueña cerrara los ojos y gimiera de placer. Susana ayudó abriendo las nalgas de su hija para que la penetración fuera lo menos dolorosa, y se colocó para ello hincada de rodillas, pero frente a Sandra, mientras Célica guiaba mi pija al culo de su nieta, desde un costado.

Mi verga fue entrando y Célica dirigía: “¡Despacio, despacio, no te apures, así, así, suavecito, así no se le lastima, eso es. Ahora quietita que ya entró. ¡Quietita! Siento como que me abre en dos, pero siento rico, otro poquito, déjalo que me la ponga más abuela, así, así, me va entrando y me gusta, más, más, déjalo que me la ponga toda. Cógeme ese culo, cógeme fuerte que me gusta, así, así, fuerte, que me gusta, fuerteee. Yo la bombeaba de atrás adelante y viceversa, mientras Susana mantenía sus nalgas abiertas y Célica se arrodillaba frente a su nieta, la que irguió la cabeza y al ver las tetas de su abuela bamboleándose, las tomó entre sus manos y pidió para chuparlas.

Célica no dijo nada y se las ofreció en la palma de su mano, mientras yo tomado de las caderas de Sandra empezaba a apurar en señal de que me venía y Sandra se atragantaba con las tetas de su abuela mientras gemía de goce y dolor al metérsela hasta los huevos cuando me fui a acabar. Me dejaron descansar como una hora y luego Susana se apoderó de mi pija y dijo: “¡Es mi macho y ahora me lo cojo yo!” Nadie discutió y se subió a horcajadas para darme una cabalgata de antología. Cuando hubo acabado se bajó y chupó mi verga con sus jugos y cuando creyó que estaba pronta se puso en 4 y ordenó: “¡Ponémela en la cola!”, así sin vaselina que quiero sentirla toda cuando entre.

Sandra y Célica se miraron como diciendo, veremos si es verdad, y acto seguido comencé a sodomizarla hasta tenerla bien clavada y sangrando del culo, mientras ella gritaba: “Me mata, me mata, me parte el culo, ay, ay, ay que goce, me duele, pero gozo  aagghhh, más, más, partime al medio Gerardo, hazme tuya como a ellas, así, así mi vida, más, métela toda, así, así, fuerte que me acabo, que increíiiiibleee, me acabo por la cola miraaaa, miraaaaaaaa, aaaaayyyyyy. “Aghhhh, aghhh; aghhhh, aghhh y caímos exhaustos los dos.

Otra botella de vino y nos dormimos hasta las 8 de la mañana del otro día, cuando desperté al sentir una boca sobre mi verga: era Susana que me la chupaba mientras la abuela daba la teta a su nieta y esta recibía las caricias de su madre en la entrepierna, pero no pasó de eso, nos levantamos y nos fuimos. Al llegar Andrea dormía, el esposo de Célica estaba despierto y se le dijo que como terminó tarde, se quedó en lo de Susana y el novio de Sandra se había ido para su casa.

Yo estoy abocado a que Sandra quede embarazada y le doy verga diariamente con el consentimiento de su madre en su propia casa, y a veces cuando Andrea no está nos acostamos los tres y cogemos hasta quedar rendidos.

Autor: olimarcito

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En el gimnasio con Gerardo

Me la sacó y me pidió que me diera vuelta y me echara sobre una de las butacas, quería verme mientras me partía el culo, él nuevamente introdujo su polla en mi agujero y continuó bombeando. Cerró los ojos eso significaba que el momento de su clímax se acercaba, un bramido escapó de su boca y me llenó el culo con su leche caliente.

Hola amigos, aquí les traigo la continuación de mi relato anterior “El abogado de papá”. Me presento, me llamo c un joven estudiante blanco, de ojos marrones y de buen cuerpo, Gerardo es el nuevo abogado de mi padre que se convirtió en mi amante, él es un tipo alto como de 1.85 velludo y fornido con un porte de dios griego increíble…

Gerardo me fue a recoger al instituto, ante las miradas extrañas de algunos de mis compañeros  me subí al auto y me fui con él.- ¿a dónde vamos?-. Le pregunté.-¿Vamos al gym?-No sabía que fueras al gym-.-Que crees  que este cuerpo se hace solo-.-Pues no te ayuda mucho, allí veo una pequeña barriguita-.dije en tono de burla para ver su reacción, él se sorprendió un poco y me dijo.-a ver toca aquí si quieres para que veas que estoy “durito”-.con su mano guió la mía hasta su estómago, pero yo bajé más y empecé a tocar su verga por encima de su pantalón, y empezó a crecer, a mi mente regreso la imagen de su verga erecta y mi excitación se fue al infinito.-para o me vas a hacer chocar-.

La verdad era que no me importaba yo era feliz estando a su lado. Me agaché le bajé la bragueta saqué su miembro ya erecto y como un corderito me puse a mamar por unos instantes ya que Gerardo me apartó y me dijo que me esperara un poco, que haríamos todo lo que quisiéremos después.

Llegamos al gimnasio, era un local grande, atravesamos la puerta, una señorita simpática nos atendió Gerardo, pagó dinero extra para que yo pudiera ingresar, supuse que él ya era miembro del lugar. Subimos a la segunda planta había muchas personas distribuidas en las bicicletas estáticas y otras máquinas para ejercitarse.  De todos ellos algunos estaban buenos pero me llamó mucho la atención un tipo con músculos por todos lados con un polo negro apretado y un short pequeño, me quedé mirándolo y él al darse cuenta también lo hizo, Gerardo se dio cuenta de eso, creo que se molestó por eso pues me cogió de la mano y me llevó hacia otro lado.-Sabes, a veces puedo ser muy avaro, así que no me gusta compartir, quiero que me jures que este hermoso culito tuyo…

Me apretó las nalgas con sus manos.-…sea sólo mío-.-Si… te… juro que solo será tuyo, lo lamento-. Yo solo agaché la cabeza, me dio vergüenza pues Gerardo tenía razón a partir del momento en que me entregué  él yo era solo suyo y así me gustaba que fuera… para siempre. Me llevó a un lugar de levantamiento pesas y me explicó que teníamos que calentar antes de los ejercicios para que no se resientan los músculos.  Yo a penas podía levantar cinco kilos mientas que Gerardo levantaba el doble en cada brazo.

Después de la cuarta o quinta (Gerardo era el que llevaba la cuenta) ronda yo estaba agotado pero Gerardo seguía y seguía.-ya no puedo más, estoy muy cansado voy a bañarme-.-está bien, adelántate que después te alcanzo-. Caminé hacia los baños y mientras me acercaba logré a escuchar unos gemidos, el vapor de agua aumentaba y casi no podía ver nada pero los gemidos eran mayores. Yo caminaba por el laberinto de paredes hasta que llegué al final, los gemidos eran mucho más fuertes.

Me asomé y pude ver al tipo que había visto cuando entré, estaba encima de otro más delgado, la pija del más corpulento entraba y salía del agujero del más delgado.  El placer se dibujaba en sus rostros llenos de sudor. Mientras uno bombeaba una y otra vez el otro se la corría suavemente. Yo comencé a excitarme y mi verga palpitaba dentro del slip, se me secó la garganta.

El hombre que culeaba al otro giró su cabeza hacia el lugar en que yo me encontraba, me escondí, me pareció que no me había visto me asomé nuevamente el seguía en su labor, sus movimientos se volvían más intensos al parecer se acercaba al orgasmo su compañero no aguantó más y su semen salió disparado hasta caer sobre su estómago. El musculoso sacó su verga del hueco del otro y comenzó a frotar su pija frenéticamente, el que había sido penetrado se abalanzó sobre la verga del otro y comenzó a mamar intensamente hasta que logró su cometido: ordeñar a su acompañante, se tragó todo el semen sin dejar escapar una gota. Un gran…aaaaaaaaahhhhhhh, se escuchó por toda la habitación, el pasivo continuó con su labor y le limpió la pija hasta dejarla completamente brillante.

El tipo que había visto al principio se vistió, giró su cabeza y me miró yo me asusté, el hombre me sonrió yo regresé con Gerardo, él estaba terminado su rutina.-¿Qué pasó, no te ibas a dar un baño? No sabía que responder.-me perdí y no lo encontré-.-Gerardo dejó las pesas en el piso-.-Ven, yo te llevo-. Lo seguí aunque yo ya conocía el camino fui detrás de él.

Gerardo buscó un lugar alejado, muy cerca del lugar donde yo había estado antes. -Conoces muy bien este lugar, ¿Has traído a alguien aquí? -No pero a veces me gusta la soledad para pensar. Me acerque a él, me colgué de su cuello y lo besé. Nuestras lenguas danzaban entre ellas y nuestros penes crecían bajos nuestros pantalones. Le quité la camiseta y él la mía, pasé mi mano por su pecho velludo, chupé sus tetillas y poco a poco nos desnudamos completamente, su verga se alzaba oronda apuntando al techo, mis manos se apoderaron de ella preparándola para mi boca. Pasé mi lengua de abajo hacia arriba mientras que Gerardo gemía del placer que le daba mi lengua. Sus manos en mi cabello guiaban la felación. Mi herramienta pedía atención por lo que quité una mano del mástil de Gerardo y la guié hacia el mío.

Gerardo me levantó y continuó besándome por un rato más, me dio vuelta y comenzó a besar mi cuello y bajó poco a poco por mi espalda hasta llegar a mi cola, sus manos separaban mis nalgas y su lengua trataba de taladrarme yo me sujeté de la pared casi literalmente comencé a arañarla del placer que sentía.

Me introdujo uno de sus gordos dedos, lo metía y lo sacaba, el segundo no se hizo esperar que ayudó al primero en su labor de dilatarme, cuando lo lograron Gerardo se separó de mí, me dijo que me pusiera a cuatro patas, como perrito, le hice caso, se escupió en la mano y se lubricó la verga, luego acercó la punta de su mástil a la entrada de mi ano, hizo presión, y a pesar de ya haber tenido dentro sus dedos le costó meter el glande y a mi me dolió, él continuó con su intento que logró a la tercera estocada, su verga me atravesó como una espada. Él sabía que me dolía por eso esperó a  que mi esfínter se acostumbrara a su tamaño para poder continuar.

Me abrazó por la espalda y como la última vez los vellos de su pecho me picaban pero me gustaba esa sensación de sentir toda su humanidad sobre mí y sentir su verga latir dentro mío, sus manos acariciaban mi pecho y sus caderas comenzaban a moverse lentamente, el dolor dio paso al placer, su boca mordía el lóbulo de mi oreja fuertemente haciéndome sentir dolor, un pequeño quejido se escapaba de mí, el al darse cuenta de que me había hecho daño paso su lengua como queriendo resarcir lo que sus dientes habían hecho.

Me tomó de la cintura  guiando la penetración mientras yo me dedicaba a disfrutar de la penetración y de sus estocadas que cada vez eran más intensas. Se detuvo pensé que iba a correrse pero me equivoqué, me la sacó y me pidió que me diera vuelta y me echara sobre una de las butacas, quería verme mientras me partía el culo.

Pronto mis piernas estaban sobre sus hombros, él nuevamente introdujo su enorme polla en mi pequeño agujero y continuó bombeando. Cerró los ojos eso significaba que el momento de su clímax se acercaba. Tomé mi miembro con mi mano derecha para masturbarme y terminar junto con él, pero él apartó mi mano de mi palpitante miembro, la tomó con su mano ensalivada y comenzó a recorrer mis 16.5 cm de piel. Sus embestidas eran más brutales y su mano se movía con mayor rapidez logrando que me corriera derramando mi semen sobre su mano y contrayendo las paredes de mis intestinos haciendo que presionara su verga un bramido escapó de su boca, eso le gustó y provocó que se corriera y me llenara el culo con su leche caliente.

Me dirigió la mirada y me regaló su sonrisa y me dio la sensación de que todo valía la pena, se pasó la mano por la frente quitándose el sudor.- hacerlo contigo es el mejor ejercicio-.dijo sonriendo.-Lo sé-. Le contesté con una sonrisa-. Estábamos muy agitados, su pija disminuyó de tamaño y se salió de mi interior chorreando el semen de su dueño.

Gerardo se colocó debajo de la regadera, el agua mojó su cabello haciendo que cayera sobre su frente, se dio vuelta… era una imagen espectacular su redondo culo parecía llamarme, es más parecía suplicarme que lo tocara, y yo siendo tan bondadoso como soy le hice caso me acerqué a él por detrás. Yo seguía muy caliente por lo que había visto anteriormente.

Acaricié sus nalgas blancas suavemente. –Hey, ¿que haces? Me preguntó quitando mis manos de su cuerpo.-Ahí, nunca nadie ha llegado, y quiero que continué así,  pues aún no estoy listo para eso. No le reclamé nada, quizás quería preservar lo que le quedaba de “hombría” pero mi calentura me pedía acción e hizo que me arrodillara para comerle la polla. Me la metí a la boca, mi lengua jugó con ella y comenzó a crecer, chupé y chupé, lamí y lamí, como si fuera un helado le pasaba la lengua una y otra vez, lo engullía hasta la mitad pues toda no me entraba, mordía suavemente su frenillo, eso le encantaba, mis manos jugaban con sus peludas bolas estirándolos y apretándolos suavemente. Comencé a masturbarme sintiendo que el orgasmo de mi amado estaba cerca pues su verga se hinchó más.

Al poco tiempo se corrió en mi boca con un gran alarido y su semen se fue directo a mi garganta, casi no me deja respirar pues no me avisó su corrida, como y como lava hirviendo se deslizó por mi esófago hasta el fondo de mi estómago. Mi semen terminó en el piso de la ducha para posteriormente ser arrastrado por el agua hacia las tuberías.

Terminamos de lavarnos con el agua tibia y secamos nuestros cuerpos mutuamente con las toallas, nos vestimos y salimos de los baños. Estando en la estancia del local vi al tipo musculoso de los baños conversando con dos personas muy amenamente, él al darse cuenta de mi presencia quedó mirándome, y mientras yo salía detrás de Gerardo el tipo levantó la mano como despidiéndose, no le contesté el saludo para que Gerardo no se molestara. Subimos al auto y Gerardo me llevó a mi casa.

Había sido una jornada muy agotadora, al día siguiente no podía mover los brazos, supongo, y espero, que sea solo una de las primeras veces que ocurra.

Autor: sexy Little boy

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El abogado de papá

Creo que me va a dar pena partir tu hoyito y comenzó a introducir su lengua haciendo círculos, me estaba llevando al cielo. Empezó a morder mis nalgas y me encantó. Se levantó y cogiendo la verga entre sus manos la dirigió en medio de mi raja, yo estaba preparado para que lo metiera, pero él empezó a subir y a bajar, su glande resbalaba por el líquido que botaba en abundancia.

Una canción que me era desconocida sonaba en el despertador del estéreo, eran ya las 6:30 a.m., yo aún somnoliento y frotándome los ojos luchaba contra la pereza para abrir los ojos, giré mi cabeza a un lado y contemplé el cuerpo desnudo de Arturo, una sonrisa se apoderó de mi rostro al pensar que al fin había logrado mi objetivo, después de casi tres meses de conquista ese macho “hetero”, había caído.

Estiré mi mano y toqué su pecho, bajé mi mano y toqué los músculos de su abdomen recordando el día anterior: su cuerpo encima del mío y sus caderas moviéndose frenéticamente tratando de que sus 17 cm. entraran más dentro de mí, el sudor resbalando por su pecho y cayendo sobre el mío, su semen volando por los aires y aterrizando en mi abdomen.

Arturo despertó miró el reloj, no me saludó, estaba serio, como si no hubiera pasado nada, como si yo no estuviera ahí, se le hacía tarde para su práctica de fútbol, el fútbol era su pasión y la razón de su excelente condición física, se levantó de la cama y se dirigió hacia la ducha, observé por un momento sus redondas nalgas moverse hasta entrar a la habitación, mi verga estaba al palo así que la tomé en mi mano y empecé a subir y a bajar lo más rápido que pude recordando el cuerpo de Arturo.

Llegué al orgasmo derramando mi semen escuchando el agua de la regadera apagarse. Arturo salió del baño con una toalla en la cintura, yo con la respiración aún agitada lo miré y él a mí, -vístete rápido que ya es tarde, te llevo a tu casa-. Dijo mientras dejó caer la toalla y se puso un bóxer negro y sus pantalones y una camiseta roja.- ¿Puedo darme una ducha?-le pregunté, -puedes hacerlo en tu casa- me respondió secamente.

Terminé de cambiarme, bajamos al primer piso, él delante de mí, nos despedimos de su madre, subimos al coche de su padre y nos dirigimos hacia mi casa. Durante el camino no nos dirigimos la palabra, él tenía la vista fija en el camino yo volteaba a verlo de cuando en cuando, pero él no se inmutó. Se estacionó en la puerta de mi casa y cuando estaba a punto de abrir la puerta dijo: -espera-. Yo me detuve, pero no volteé a verlo- lo que pasó ayer… no volverá a pasar y no quiero que nos vean juntos en la prepa… yo… espero que no lo sepa nadie-.-no te preocupes seré una tumba-.-Eso espero más por tu bien que por el mío-. Bajé del auto y él arrancó, entré a mi casa un poco confundido, mi madre me preguntó si había terminado el trabajo, le respondí que si y me dirigí a mi habitación, me senté sobre mi cama para poder pensar un poco sobre la actitud de Arturo quizás se sintió culpable por lo que hicimos después de todo era semental en la escuela, me sentí mal por haber estado con él.

Mi padre me llamó, bajé.  Cámbiate rápido que vamos a ir a mi trabajo, yo asentí con la cabeza. A papá se le había metido en la cabeza llevarme seguido a su hospital con la intención de que me gustara su trabajo y desistir de mi decisión de ser ingeniero, para él las únicas carreras que podía elegir era la medicina o el derecho, y aunque yo sabía que eso jamás daría resultado sólo lo hacía para complacerlo, sólo que esta vez sería diferente.

Llegamos al hospital, luego entramos a su oficina. Sabía que me daría otro sermón sobre las tradiciones familiares sobre que en su familia había abogados y médicos, por tanto, yo tenía que seguir los mismos pasos. Le repliqué que ya había tomado una decisión y que ella no cambiaría por más presión que pusiera. –Pues ya no te daré más dinero- papá solía darme algo de dinero para mis gastos personales que aunque no era mucho si me eran de ayuda. Pero papá no puedes hacerme esto, es injusto-.-Pues si quieres tomar tu propias decisiones también tendrás que ganar tu propio dinero y para que veas que no soy malo ya te conseguí el trabajo ideal que sólo ocupará la mitad de tu tiempo, -y cuál es ese trabajo le pregunté un poco intrigado.-De asistente.-Claro que no aceptaré papá, no estaré soportando todo el día que me critiques por todo lo que hago.- Papá se echó a reír. -Sabía que dirías eso, pero tranquilo que no vas a ser mi asistente sino el de mi abogado.

Yo conocía a su abogado, el señor Rolando, era un tipo gordo con la piel grasosa, realmente horrible, y me resultaba repulsivo. -No papá, me niego a aceptar, no me gusta ser el asistente de nadie. -No te estoy pidiendo tu opinión es una orden. Papá era igual de terco que yo así que sabía que era en vano seguir negándome. -Y dónde está el gordito, dije en tono de burla. -No, ese ya no es mi abogado, al otro todavía no lo conoces, es nuevo, se llama Gerardo, luego te daré su dirección para que vayas a su casa, empiezas mañana- ya me imaginaba al tipo, otro gordo, como con los que trabajan con papá, o algún otro rasgo físico desagradable a la vista.

Al día siguiente en la prepa me topé un par de veces con Arturo, pero no le dije nada, sólo traté de ignorarlo. A la salida tomé un autobús para acudir a la cita, tenía la más grande desilusión encima. Miraba las calles, se me hizo corto el camino. Bajé del bus y después de 10 minutos logré llegar a la casa, era grande de color amarillo por fuera. Toqué la puerta esperando ver al supuesto esperpento, después de unos segundos salió una mujer negra con un uniforme azul con blanco supuse seria la empleada, me presenté, ella me dijo que se llamaba Amanda, le dije a que había ido, me hizo pasar, dijo que el señor no se encontraba, pero que no tardaba en llegar.

La espera se haría más larga, yo estaba sentado en medio de la sala, observé unas fotografías sobre una repisa y me acerqué a verlas, en ella se veía a un muchacho muy guapo de cabello castaño y de ojos verdes de unos 18 ó 20 años junto a unas jovencitas muy lindas y una mujer que a lo mejor sería su madre por el parecido físico, Amanda entró a la habitación y cuando me vio junto a las fotos me comentó que eran los hijos de Gerardo: Gabriel, Catalina y Elisa, y su esposa Natalia.

Natalia era una mujer muy hermosa, Amanda se sentó a mi lado para hacerme compañía, yo le pedí que por favor me hablara del señor para irme haciendo una idea de cómo era y ella empezó, pues el señor Gustavo es una maravillosa persona, trabajador aunque a veces reniega por tonterías, pero fuera de eso es una buena persona. Mientras Natalia seguía describiendo sonó la puerta, alguien estaba entrando. El entró a la habitación, yo me quedé perplejo era el hombre más bello que había visto en mi vida, era más alto que yo, aproximadamente 1.80, cabello negro ondulado y ojos color miel, una barba como de dos días que le hacían ver muy masculino, hombros anchos y un porte de dios griego impresionante, nos quedamos mirando por unos segundos, sentía algo extraño con su mirada sobre mí, sentía mi corazón latir a mil, creo que me puse rojo como siempre pasa cuando estoy nervioso.

El se acercó a mí extendió su mano y con una voz muy varonil dijo: -tú debes ser Jesús, tu padre me ha hablado mucho de ti- después de unos segundos levanté mi mano. -sí, yo soy Jesús -. Los cachetes me ardían, había sido la impresión que me causó verlo, poco a poco me fui calmando. Amanda me trajo un refresco para que me sintiera mejor.-Lo siento te debo una disculpa por mi tardanza, pero me atoré en un embotellamiento terrible…- -No se preocupe Amanda me hizo compañía mientras lo esperaba.-Bueno entonces pasemos al despacho para comenzar. Yo lo seguí abrió las puertas de la habitación y entramos.

No podía dejar de mirarlo, era hermoso, como comprenderán mi verga estaba reventándome los calzoncillos, le pedí permiso para ir al baño, estás en tu casa me dijo. Yo fui casi volando al baño para poder desahogarme, ya en el baño empecé  a masturbarme imaginando a ese macho besándome, por mi excitación sólo unos minutos fueron necesarios, eyaculé manchando mi pecho y un poco cayó en mi cara. Me limpié y regresé con Gerardo, así seguimos revisando los documentos.

El miró el reloj, se sorprendió lo tarde que era, se levantó y dijo:-creo que se nos pasó la mano- sonrió tenía una linda sonrisa. -Que te parece si te invito a cenar y luego te llevo a tu casa, espero que no me rechaces después de todo fue mi culpa-. Yo acepté sin dudarlo. Se desajustó la corbata y se desabrochó dos botones de la camisa y pude ver la mata de vellos que se escapaban por la abertura de su camisa otra vez la verga se me puso a mil, pero ya no podía ir de nuevo al baño pues se haría más tarde para la cena.

Me llevó a un restaurante muy bonito. Mientras esperábamos la cena empezamos una conversación.-Señor mientras lo esperaba vi la foto de sus hijos, luego me di cuenta que no estaban en la casa-.- Primeramente deja de decirme señor tutéame y dime Gerardo que me haces sentir viejo. Y pues mis hijos… mis hijas mayores estudian en el extranjero y Gabrielito vive con su madre, pero viene a visitarme algunas veces, desde mi separación con Natalia él se distanció mucho de mí tal vez me odie no lo sé-. Terminó un poco resignado. Al menos estaba separado eso estaba a mi favor. Llegó la comida y entre confidencias y confidencias él me preguntó si tenía novia, le contesté que no.- Que raro un chico bien parecido y alegre como tú debería de estar rodeado de muchachitas-. Yo sólo sonreí con su cumplido y me puse rojo otra vez.-y ust… tú no sales con nadie-.-No desde mi separación, quedé destrozado y sólo me dediqué a mi trabajo. Terminamos la cena y la conversación. Los siguientes días fueron casi iguales, entre nosotros había surgido una gran amistad, claro que yo lo miraba con otros ojos, una noche que habíamos terminado temprano le propuse que nos quedáramos a cocinar, el aceptó, pero me advirtió que no había cocinado en años.

Decidimos preparar tallarines por ser la comida favorita de Gerardo. Mientras cocinábamos nos lanzábamos pedacitos de zanahoria o algún otro ingrediente, se veía tan hermoso tratando de picar la cebolla. Eso me hizo llorar, pero reí y él también, me di la vuelta para lavarme los ojos y cuando giré, él estaba detrás de mí con las verduras en la mano y lo empujé. -Lo siento-.-No, fue mi culpa-. Nos agachamos a levantar lo que había caído, estiré mi mano para recoger un tomate y él hizo lo mismo, pero yo llegué antes y su mano quedó sobre la mía, nos miramos, estábamos muy cerca, sentía su respiración sobre mi cara, me perdí en sus ojos, quedé hipnotizado, poco a poco me fui acercando a él, cerré mis ojos y junté mis labios con los suyos, nos besamos, yo abracé su cuello, nuestras lenguas jugaban entre ellas, su aliento a menta me volvía loco, pero de pronto me separó de él. -Esto… fue una mala idea-. Yo lo miré, se levantó dándome la espalda y apoyándose sobre la mesa dijo: -te llevaré a tu casa-.

Subimos al auto, no dijo nada más, la escena me recordó lo que pasó con Arturo, lágrimas rodaban por mi cara, pero no podía dejar que pase lo mismo.- Tal vez debí decirte hace mucho que me gustabas, que yo era gay-. El detuvo el auto y se estacionó a un lado del camino, estaba muy oscuro, pero la luz del auto nos alumbraba. Se quedó en silencio un momento.-ya me había dado cuenta de que eras gay por tu forma de mirarme, pero… ah… no puedo corresponderte-. -También me besaste, eso significa que sientes atracción por mí-. Dije aún llorando.-debo admitir que me gustas, pero no podemos, no está bien yo podría ser tu padre-.-Pero no lo eres-. Mi llanto se incrementó.-Por favor deja de llorar no quiero verte así-. Dijo agarrándose la cabeza con las manos, volteó a verme y estiró su mano recogiendo una de mis lágrimas no sé si su mano estaba fría o si mi cara estaba ardiendo por el llanto, luego me atrajo hacia su cuerpo abrazándome mi cara quedó contra su pecho, pude sentir su perfume y su olor a macho.-Por favor entiéndeme, no podemos- se escuchaba confundido.

Yo debía aprovechar, levanté la cabeza y nos miramos, otra vez estábamos cerca el calor de nuestro cuerpos fue más fuerte que su inhibición, me besó y yo le respondí con otro beso, sus manos acariciaban mi espalda, las mías buscaban su pecho, logré desabotonar su camisa, por fin pude tocar la alfombra que tenía en el pecho, toqué sus tetillas, estaban duras debajo de mí, sentí que algo crecía en sus pantalones, dejó de besarme, me asusté, pensé que se había arrepentido.-Estás seguro de que quieres continuar-.-Nunca había estado más seguro-. Lo besé de nuevo, le quité la camisa, casi no podía ver piel, pero si un abdomen y un pecho duro, estaba cubierto por vellos por todos lados, empezó a acariciarme el culo.-Que rico culito tienes-. Bajé su bragueta y sus calzoncillos, saltó una verga de unos 19 ó 20 cm ligeramente curvada hacia su estómago, definitivamente era más grande que la de Arturo.

La metí en mi boca y empecé a chupar, tenía un olor riquísimo y un sabor un poco salado por el líquido pre seminal que tenía, me agarró de los cabellos y guiaba el ritmo yo subía y bajaba mientras su otra mano hurgaba en mi agujerito, trataba de hundir sus dedos, yo me movía.  Comencé a chupar sus peludas bolas que se habían contraído por la excitación, le daba lengüetazos.-Creo que mejor pasamos atrás para estar más cómodos dijo, se terminó de quitar los pantalones y se sentó en la parte trasera mirando hacia delante, yo terminé de desvestirme y me senté sobre él, intenté clavarme en él, pero no entraba, me dolía mucho. -Ponte en cuatro para lubricarte-dijo con la respiración agitada. Yo obedecí, el se colocó tras de mí, separó mis nalgas con sus manos, yo giré mi cabeza, lo miré, él estaba mirado mi culo como analizando lo que iba a hacer.

Creo que me va a dar pena partir tu hoyito jajajajajaja-. Acercó su cara y comenzó a introducir su lengua haciendo círculos, me estaba llevando al cielo yo arqueaba la espalda del placer. Empezó a morder mis nalgas suavemente eso nunca me lo habían hecho y me encantó. Se levantó y cogiendo la verga entre sus manos la dirigió en medio de mi raja, yo estaba preparado para que lo metiera, pero él empezó a subir y a bajar, su glande resbalaba por el líquido que botaba en abundancia. -¡Deja de jugar y métela ya!-.

El rió, puso su verga en mi agujero e hizo presión, logró entrar la cabeza, pero me dolió un poco, empujó más y poco a poco comenzó a entrar, me acariciaba la espalda suavemente, me tomó por la cintura y sin decir nada me jaló hacia él y se introdujo toda de golpe. -¡Ay! grité, él se detuvo un momento y se pegó a mí, me abrazó, besó mi cuello. Sentí todos sus vellos en mi espalda me hacía cosquillas con su barba que la pasaba por mi nuca.

Era increíble estaba en un auto en medio de la calle, tenía una macho ensartado en el culo y lo mejor, era el hombre que amaba. Gerardo empezó a mover sus caderas lentamente, lo sacaba un poco luego lo volvía a meter cada vez lo sacaba más y lo hundía más, yo estaba muy excitado sentía que mi verga explotaría en cualquier momento, Gerardo movía sus caderas rápidamente y decía cosas obscenas que me excitaban más y más. -Voy a correrme…-dijo, mientras aceleraba el ritmo de sus embestidas, sentí que la introdujo toda, se pegó a mi cuerpo, su verga se hinchó y su semen caliente refrescó mi adolorido culo. Gerardo jadeaba con fuerza, yo tomé mi pene entre las manos y me la jalé hasta que me corrí contrayendo mi esfínter, apretando la verga de Gerardo que aún estaba dura.

Poco a poco muestras pijas disminuyeron su tamaño, estábamos exhaustos, pero felices, mientras nos vestíamos oímos el sonido de una patrulla de la policía, nos terminamos de vestir rápidamente y nos ubicamos en nuestros respectivos asientos, el policía tocó la ventana del auto, Gerardo bajó la ventana, era un policía moreno y simpático. Alumbró a Gerardo con una linterna.- que hacen aquí, hace rato que este auto está estacionado y me pareció sospechoso-.-Lo siento oficial, pero mi hijo y yo discutíamos y por eso nos demoramos-. El oficial me alumbró a mí. -Eso es cierto muchacho-.- Cierto oficial-.respondí quedadamente, estaba un poco asustado, tenía miedo de que se diera cuenta del olor a sexo que había en el carro.- Siendo así sólo tengo que decirles que tengan cuidado, por aquí es una zona peligrosa especialmente de noche-.-Gracias oficial-. Gerardo encendió el auto y nos dirigimos hacia mi casa riendo.-Por poco y nos descubre eh-.dijo aliviado. -Si papá-.dije yo, él rió.-Fue maravilloso hace mucho no gozaba tanto-. Y le contesté.-pues tú tampoco estuviste mal, jajaja, era broma fue increíble-.Nos tomamos de la mano hasta llegar a mi casa.

Cuando llegamos se estacionó cerca, nos miramos y le dije: -tú ¿te arrepientes de lo que hicimos?-.-No, claro que no-. -Yo tampoco-. -Te quiero mucho-. -Te amo. Me ofreció una sonrisa y nos unimos en un beso apasionado. -Déjame tocar tu pecho una vez más antes de irme-. El se desabrochó la camisa y toqué su pecho peludo sus tetillas. -Para por favor o no podré detenerme-.-Eso es lo que quiero-reímos, quité mi mano y cuando salía del auto me pellizcó el trasero y reímos una vez más. El arrancó, no me lo podía creer, por fin había estado con Gerardo era el día más feliz de mi vida, entré a mi casa, subí a mi cuarto, me quedé mirando el techo por horas pensando en lo que había pasado. Logré quedarme dormido.

Al día siguiente en la escuela mientras estaba en el recreo dibujando a los deportistas para distraerme un poco, se me acercó Arturo.-Hola-. Me dijo. -Pensé que no querías que nos vieran juntos-. -Eso fue antes-. -Y qué te hizo cambiar de opinión-.-No lo sé, estuve pensando en lo que pasó y…-.- ¿Y?- Pues yo creo que me precipité en decirte esas cosas y ni siquiera sé porqué las dije-.-Si me di cuenta de eso-.-¿Estás enojado? -No, no tengo motivos para estarlo. Tu novia vino a buscarte-le dije, indicándole la dirección en que se encontraba Bárbara, la porrista, era la novia de Arturo. -¡Diablos!, esta conversación no ha terminado, ¿ok? -Si como digas-. La verdad era que ya no me interesaba Arturo ni siquiera como amigo aunque eso nunca lo fue. En la salida estaba Gerardo esperándome en la puerta con su auto, yo me emocioné al verlo, me subí al auto y me fui con él.

Autor: sexy little boy

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Profesor atractivo de 35 años, busca… III

Con cada rebote por una piedra, la verga de Sergio se hundía más en mi culo, mi amante gemía calladamente porque mi apretado culo le estaba provocando fuertes y placenteras sensaciones e inclinándose nuevamente hacia mi oreja me susurró que exprimiera su verga con el culo, ya que pronto me llenaría el culo de leche.

¿Qué fuerza es lo que hace al hombre ir en diferentes direcciones y al mismo tiempo lo mantiene unido? Eso, eso es la fuerza de…

Ocurrió poco después de cumplir los 11 años, mis padres debieron descuidarse y no se percataron cuando resbalé y caí en la parte profunda de una alberca en ese balneario de la ciudad de Monterrey, al que habíamos ido de vacaciones.

Recuerdo estar sumergido y tocar el fondo con mis pies y tratando inútilmente de aferrarme a algo que pudiera sacarme a flote, cuando de pronto unos brazos cálidos me sujetaron fuertemente y me jalaron hacia ellos, y al sacarme a la superficie, mis pulmones inhalaron abruptamente el aire que se les había negado, confortando súbitamente mi atormentada alma. Debieron pasar tan solo unos segundos, pero me pareció una eternidad, mi entera y corta vida pasaron ante mis ojos por unos segundos, y cuando alcé la mirada lo primero con lo que me topé fue con la sonrisa y los ojos alegres de un guapo joven de veintitantos años con un pequeño lunar debajo de uno de sus ojos.

Cuando me incorporé al lado de la piscina donde este joven me había rescatado, no pude evitar contemplar absorto la fina capa de vello que su incipiente juventud le regalaba en el pecho a este bello ejemplar masculino. Y casi inmediatamente descubrí en ese momento que yo no era un chico como cualquier otro….yo era….bueno, diferente.

Mi madre corrió en llanto a abrazarme, haciendo que una pila de gente se amontonara curiosa alrededor nuestro, y mi padre le daba las gracias a este taciturno pero bello joven que me había rescatado. Al poco rato y en motivo de agradecimiento, mis padres invitaron a comer a este chico en un puesto de comida rápida del balneario, y por insistencia de mi madre al terminar la comida, le pidió al joven dejarse retratar con ellos y conmigo en uno de los puestos de recuerdos que había en el lugar, mi progenitora mandó hacer dos copias y le entregó una de las fotos al joven, enmarcada en un cursi llavero con forma de corazón.

Creo que fue el momento más embarazoso de mi vida.

Es curioso las cosas que vienen a tu mente en momentos de crisis, y éste sin duda era uno de ellos, porque no podía sentir mis manos del frío que me rodeaba, y mis pies comenzaron a entumirse y sólo unos segundos antes de perder la conciencia y dejar de luchar, los brazos que me sacaron de aquella piscina, parecían ser los mismos que ahora me sacaban del auto inundado, y esa blanca e intensa luz se encendió de pronto….

-¡Enciende la luz Saúl!- le gritó el hombre que me tenía amagado con su mano sobre mi boca y con su otra mano sobre mi pecho presionándolo, a otro chico que se encontraba en una alejada recámara de la casa donde festejaba mi cumpleaños.

Y cuando esa intensa luz se encendió obligándome a entrecerrar por un momento mis ojos, pude girar la cabeza un poco y darme cuenta que el tipo que me sujetaba era Luis, mi celoso ex – amante. Luis me empujó frente a la cama donde se encontraba su amigo Saúl semidesnudo, y éste me sujetó rápidamente de nuevo, mientras Luis comenzaba a desnudarse.

-Sé lo que intentan hacer, pero no creo que su plan les funcione, ¡estamos en la casa de Gera, mi mejor amigo! ¿en verdad creen que me van a obligar a tener sexo con ustedes en la casa de mi mejor amigo sin que él se entere y venga a ayudarme?- les dije con un aire retador muy seguro de mis palabras. -Es que nadie piensa obligarte a tener nada que tú no quieras putito, sé que te encanta mi verga- respondió Luis sacándose su erecto y peludo miembro del pantalón.

E inmediatamente su amigo acercó una botellita de Poppers a mi nariz, haciendo que un inusual y rápido efecto se apoderara de mí, poniéndome muy caliente. Me hizo inclinarme ante él y acercó mi cabeza con una de sus manos a su entrepierna y un aroma a macho sudado penetró mi olfato, Luis era testosterona pura. Alcancé a sacar mi lengua y lamí un peludo y gordo testículo y Luis dejó escapar un fuerte gemido de placer. Mí lengua recorría golosa aquellos dos gordos y peludos testículos cuando de pronto la puerta se abrió.

-¿Qué hacen aquí?- preguntó Gera mi mejor amigo, al darse cuenta que mis agresores se vestían rápidamente.

Yo intenté incorporarme pero resbalé y Gerardo me tomó por los brazos ayudándome a ponerme de pie. Mi amigo al comprender la escena de pronto les dijo: -Ustedes no tienen invitación cabrones, ¡lárguense de aquí o le hablo a la policía! Los dos tipos ya listos salieron por la puerta, pero antes Luis se detuvo y me dijo, que esto todavía no acababa, que ya me las arreglaría con él mas tarde, a final de cuentas no estaría por siempre en la casa“del mariquitas” de mi amigo.

Y al final Luis espetó: -No te hagas el que no te gusta pinche putito, mi verga te fascina, ya nos veremos después-

Gera intentó preguntarme que había pasado pero sin dejarlo hablar tan solo pregunté: -Sergio, ¿dónde esta Sergio?- mmm está en el jardín platicando con los del salón, ¿quieres que….?- no alcanzó a terminar su frase, cuando yo saliendo por la puerta, me dirigí a buscar desesperado al dueño de mis desvelos.

Me acicalé un poco en el baño y después lo llamé al salir al jardín. Él percatándose de mi presencia, al salir por la puerta trasera, me sonrió tímidamente, pero aún siendo indiferente y estoica su sonrisa, hizo entibiecer mi interior, y un hondo suspiro salió de lo profundo de mi garganta. Estaba a punto de hablar pero mi profesor me interrumpió: -¡Felicidades Gabrielito! ¡muchos días de estos! terminó de decirme dándome un fuerte y cálido abrazo. Algo en su abrazo me intrigó, no era el Sergio de antes, sin embargo tampoco era diferente. Y en ese momento mi mente divagó pensando que mientras más cambian las cosas, más siguen igual.

-Este…. mmm…yo quiero decirte que….

Ambos estábamos ansiosos y nerviosos, y Sergio notando que yo tenía menos vulnerabilidad que él ante la adversidad de poder enfrentar el declararme gay  abiertamente, él aún no sinceraba sus sentimientos, así que interrumpiéndome secamente mi amado profesor me dijo: -¿Quieres ir a montar en bicicleta mañana?-

-Claro- contesté cambiando mi sonrisa a una serena y llena de alegría.

La fiesta siguió su curso normal llena de risas tímidas y secretas, señales recíprocas de ternura  y miradas que lo decían todo, y por un momento olvidé el mal rato que me había hecho pasar Luis y su amigo Saúl, o eso trataba de convencerme a mí mismo….¿en realidad ya no deseaba a Luis y su masculina presencia? El haber saboreado el aroma intimo de las peludas bolas de Luis me decía otra cosa.

Al día siguiente con un cielo nublado y melancólico sobre nuestras cabezas, Sergio y yo emprendimos la marcha hacia las llanas praderas que conducen a la cuenca de un río, para ejercitarnos un poco en bicicleta y admirar el bello paisaje. Ninguno de los dos quería tocar el esquivo tema que ambos sabíamos tendríamos que hablar tarde o temprano, y el camino de terracería, plantas y pequeños animales salvajes eran testigos de nuestro silencio.

Por fin el hielo se rompió gracias a una pequeña piedra que no vi y me hizo caer de la bicicleta de montaña, provocando unos raspones sin importancia, pero un gran hoyo en la parte trasera de mi licra de ejercicio, y cuando me levanté dándole la espalda a Sergio éste rió al darse cuenta que debajo de la descosida tela no traía ropa interior, así que lo primero que vio fue la raja de mi culo en todo su esplendor.

-Jajaja ¿no usas ropa interior, o sólo querías provocarme?- Sergio rió de buena gana al comprobar que estaba yo desnudo bajo la delgada capa de tela de la licra.

Yo ruborizándome no le di importancia al suceso subiéndome de nuevo a la bicicleta, y me di cuenta que por primera vez y sin tener la mínima intención de provocar a un hombre, me había apenado de enseñar mi bien formado trasero y la raja de en medio. El camino se hizo entonces placentero, delicioso y tremendamente disfrutable, y yo gozaba y reía plenamente de cada comentario o chiste de Sergio y sentía que un hermoso vínculo amenazaba en formarse.

Y entonces venida de lejos, anunciando a la pradera su refrescante caricia, la lluvia bajó suavemente hacia nosotros, y aumentando su potencia, nos obligó a refugiarnos bajo las protectoras y verdes ramas de un hermoso y antiguo árbol. Un fuerte e impetuoso viento nos golpeó proveniente del norte, el frondoso árbol no era suficiente abrigo para enfrentar el violento temporal, así que Sergio me abrazó fuertemente y al sentir la calidez de su cuerpo, el vacilante dejo de su masculina loción y el roce de su delicioso aliento sobre mi cuello, me sentí libre, protegido, y lleno de un intenso afecto que emanaba de cada fragmento enamorado de mi piel.

Y así como llegó, el temporal comenzó a amainar repentinamente, y al descubrir que el peligro había pasado, ambos quedamos sorprendidos, por un extraño y reconfortante sentimiento que impedía que nos separáramos. Sergio me miró a los ojos alejando su varonil rostro del mío y me dijo suavemente en medio de la serena y verde pradera, y el taciturno cielo triste y gris:

-Es algo indescriptible, pero siento que ya nos conocíamos de otra vida o… algún otro lugar, y no quiero que esta paz y ternura que brindas a mi alma desaparezca nunca…-Tienes una sonrisa que me recuerda memorias de mi infancia, donde todo era brillante como el más azul de los cielos, y desde que te conocí y miré tus ojos por primera vez, me recordaron a mi mejor amigo de cuando tenía 12 años y corríamos a ese lugar especial, una ranura en el tronco de un árbol enorme, donde solíamos escondernos y protegernos en días malos como éste, o cuando nuestros padres nos reprendían y huíamos de casa.

-Él era menor que yo, y sus padres lo trataban muy mal, yo sólo quería protegerlo….como sólo quiero protegerte a ti…esa necesidad me trasmites, y yo…yo quiero hacerlo, quiero que….me dejes cuidarte, o tan sólo…déjame estar contigo, por favor bonito…-

Sus hermosas palabras hicieron delirar con un fuerte temblor hasta el mas recóndito de mis huesos, y mis ojos se humedecieron de una inmensa felicidad, mi corazón desbordaba amor, un fuerte, grande y sincero amor. Volvimos a abrazarnos pero ambos sabíamos que al soltarnos, no volveríamos a ser los mismos nunca más. La lluvia comenzó a tomar fuerza nuevamente, y decidimos jugárnosla y correr hasta la carretera, tomando nuestras bicicletas con una mano y con la otra cubriéndonos con unas ramas secas nuestras cabezas.

Era muy peligroso montarnos en las bicicletas y pedalear hasta la ciudad, así que protegiéndonos bajo otro árbol que estaba al lado de la carretera, hacíamos la señal de “aventón” a cada auto que pasaba, con la esperanza de que pudieran llevarnos de regreso. Luego de varios intentos por fin una camioneta grande de dos cabinas y con la parte trasera llena de cosas como bicicletas, kayaks, remos, casas de campaña y artículos de cocina se detuvo y el conductor un joven como de veintitantos años, se ofreció a llevarnos.

Sergio y yo subimos nuestras bicicletas en la parte trasera de la camioneta haciéndoles espacio entre tantas cosas, y al intentar subirnos en los asientos traseros de la camioneta descubrimos que había muchísimas cosas mas, dejando libre tan sólo un asiento, por lo que tuve que sentarme y viajar encima de las piernas de Sergio. En la cabina había dos chicos jóvenes, más el conductor, que según nos dijeron venían recorriendo México, acampando en cada bonito lugar que encontraban, estaban algo amontonados, pero muy alegres, y al quedar claro el lugar donde nos bajaríamos, que estaba a mas de una hora de distancia (y por el temporal, sería un poco mas largo) los chicos volvieron a subir el volumen de su música y a ocuparse de sus asuntos.

De pronto siento los dedos de Sergio acariciando suavemente la raja de mi desnudo culo a través del agujero que tenía en mis shorts de ejercicio, arrancándome un leve suspiro y haciendo apretar mis dientes. Continuó disimuladamente masajeando mi culo, hasta ir cada vez más adentro, deteniéndose solo para ensalivar discretamente sus dedos, y vigilando que los chicos siguieran en su rollo.

La parte trasera de la camioneta estaba algo oscura y las cosas que teníamos al lado por montones ayudaban a darnos refugio para el excitante encuentro sexual que Sergio y yo íbamos a vivir por primera vez. En un hábil movimiento Sergio bajo su licra hasta los tobillos y pude sentir la tibieza de su gruesa verga palpitar dura como piedra por entre mis desnudas nalgas. Pude sentir también la maraña de necios y abundantes pelos negros de su pubis que cosquilleaban en mi trasero.

Sergio frotaba callada y disimuladamente su verga por mi raja, fingiendo mirar distraído por la ventanilla, y yo haciendo mi parte vigilaba que los chicos no se dieran cuenta de nuestras acrobacias sexuales. Mi maduro amante encontró una botellita de aceite para bebé entre las cosas de los vacacionistas, y humedeció su palpitante y peludo pene erecto. Se inclinó suavemente en mi oreja derecha y susurró apenas con un sonido perceptible:

-¿Quieres que te la meta aquí delante de estos chavos bebé?- mi respuesta fue un callado gemido que traducido del idioma del deseo, podría interpretarse como un sonoro y desesperado ¡sí!

Sentí la punta de sus dedos lubricar con el aceite de bebé mi culo,  e introduciéndolos uno por uno me hacía casi llorar de placer, un muy reprimido gemido anunció de pronto la punta de su gruesa cabeza penetrar mi dilatado culo.

-¿Todo bien, chavos? Ya falta poco más de media hora para llegar- preguntó girando la cabeza uno de los chicos que venían en la cabina, y yo ahogando un fuerte gemido, con mi cara roja y mi mirada perdida, contesté un tímido “si, gracias”, y volviendo a girar su cabeza a su lugar el joven regresó a su música con sus amigos, sin imaginarse que yo estaba totalmente penetrado por la gruesa verga de mi maduro compañero.

Con cada rebote por una piedra o un tope del camino, la verga de Sergio se hundía cada vez más en mi atormentado culo, y mi amante ayudaba a esto con sus suaves pero firmes movimientos de pelvis que me tenían en la gloria.

Sergio gemía calladamente porque mi apretado culo le estaba provocando fuertes y placenteras sensaciones e inclinándose nuevamente hacia mi oreja me susurró que exprimiera su verga con el culo, ya que pronto me llenaría el culo de leche. Mi amante se había transformado en una fiera salvaje, que solo vociferaba palabras cachondas y un sin número de ¿te gusta nene? ¿te gusta mi vergota en tu culo verdad? Y yo solo podía disimular cuanto podía, ya que el nerviosismo de ser descubiertos me tenía algo preocupado, pero totalmente caliente.

-Uh ¿hace calor no chicos?- preguntó Sergio de pronto a nuestros compañeros, quitándose la camisa y dejar al descubierto el rebele vello de su masculino pecho. -Si, es por el bochorno de la lluvia- contestó uno de ellos con cara de interrogación.

Ahora Sergio estaba totalmente desnudo en la parte de atrás, y recargando uno de sus brazos por encima del asiento, pude sentir el aroma masculino de su axila transpirada. Los vellos de su pecho me hacían cosquillas en mi espalda desnuda, ya que Sergio también disimuladamente me había levantado la parte trasera de mi playera, y su verga erecta no perdía un ápice de dureza, mientras seguía taladrando mi culo, y el poseedor de semejante herramienta para coger, miraba distraído por la ventana, como si nada estuviera sucediendo.

Los chicos se detuvieron en un mini súper a comprar bebidas y nos preguntaron que si queríamos algo, a lo cual contestamos que no, y bajando ellos tres de la camioneta, estoy seguro que se extrañaron de que no hubiéramos querido bajar y estirar las piernas, viendo que también estábamos “misteriosamente” llenos de sudor.

En cuanto se bajaron de la camioneta, y aprovechando que la lluvia seguía cubriendo nuestra excitante sesión sexual en medio de extraños, Sergio giró mi cabeza y me besó apasionadamente al tiempo que con sus manos abría más mis piernas y aceleraba sus movimientos. Yo echando mi cuerpo y mi cabeza hacia atrás del asiento, comencé a tener un orgasmo, y mi semen escapaba filtrándose a través de la delgada tela de mi licra, y en ese momento mi maduro amante, vació toda su leche en mi interior con un fuerte y gutural gemido, al tiempo que mordía ferozmente mi cuello, dejándome la marca de sus dientes.

Estábamos respirando agitadamente, cuando los chicos regresaron riendo, y pararon en seco sus risas, al comprobar que un olor a sexo estaba en el ambiente y viendo nuestros rostros ruborizados y sudorosos, hicieron el esfuerzo por continuar como si nada, no sin antes percatarme de que uno de ellos le decía a otro cosas en secreto. Llevábamos poco de estar nuevamente viajando en carretera cuando siento que la verga de Sergio perdía dureza y se encogía, saliendo de mi adolorido culo que comenzaba a estrecharse de nuevo.

Luego de esto Sergio me pidió secretamente que me levantara un poco para subirse de nuevo el short de licra y regresamos a la normalidad, pero ahora reíamos en secreto de nuestra desquiciada y excitante aventura sexual que habíamos compartido.

Al llegar a nuestro destino, Sergio fue el primero en bajar y yo esperé unos segundos para que se pusiera de nuevo la playera y al ir Checo a la parte trasera de la camioneta a buscar nuestras bicicletas, uno de los chicos se volteó hacia mi desde su asiento y me dijo antes de que yo bajara:

-¡Que palote se aventaron! ¿eh cabrones?, me tenían con la verga dura como de piedra y ¡tuve que jalármela y vaciarme en el baño del mini súper!-

Y en eso el chico de al lado lo besó sensualmente y me dieron su tarjeta, despidiéndose y diciéndome que les encantaría que algún día los acompañáramos de campamento. Yo salí con la tarjeta de la camioneta en shock, y cuando arrancaron, le conté todo a Sergio y éste sin más se echó a carcajadas como un chico de secundaria.

Esa noche Sergio me invitó a quedarme en su casa, y pasamos la noche juntos y abrazados después de haber hecho el amor dos veces más, una en el baño y la otra sobre la alfombra de su sala. La suave y fresca brisa, arrulló mi mente, sintiendo la suave fragancia que emanaba del velludo y cálido cuerpo de mi amante que se confundía y mezclaba con el nostálgico aroma a tierra mojada.

Poco después me enteré de que mis padres se iban un mes entero a visitar una tía hermana de mi madre que estaba en el Paso Texas, por lo que me quedaría solo en casa, y  Sergio se le ocurrió que podría pasar ese tiempo viviendo en su casa, así que tomé mudas de ropa y mi lap top y me instalé feliz en la residencia de mi amado novio. Pasamos un verano de lujo, visitando antros, fiestas y reuniones con amigos, comimos del deseo que provocaban nuestros cuerpos desnudos en las noches calurosas y bebimos de la alegría de nuestros corazones recién comprometidos.

La noche de ese viernes, el fin de semana anterior al re-inicio de clases y después de hacer violenta y apasionadamente el amor,  Sergio se pasó largo rato acariciando mi desnudez y yo dormido sobre casi todo su cuerpo, me sentía en el paraíso. Sentí que se incorporó después de un rato al baño, y luego de eso me quedé profundamente dormido, no abrí los ojos sino hasta la mañana siguiente.

Lo primero que recuerdo al abrir mis ojos fue una nota amarilla pegada al monitor de mi computadora, mi somnolencia fue desapareciendo al ir descubriendo señales de que Sergio se había ido para siempre: su closet vacío sin ninguna maleta, su celular apagado y en la cocina el refrigerador sin alimento alguno.

Regresé a la recámara y al leer sus palabras dejadas en esa nota, mi respiración se volvió agitada y mi vista amenazó con nublarse, mi cabeza estallaba en una fuerte migraña de la cual deseaba no salir jamás…

Continuará...

Autor: BABYBOY

israboston@hotmail.com

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Un buen polvo

Sus gemidos se debían de sentir de media cuadra, pero no importaba, saqué mi pija y la tomó con ganas y me empezó a pajear al mismo ritmo que yo a ella, acto seguido se sentó en mi falda de frente a mí se encajó mis 23 cms. hasta las bolas y gozó de una buena pija y de un polvo dentro de su concha que la hizo retorcerse y gritar.

Hace muchos años que me dedico a las ventas, y por tal motivo he viajado y viajo mucho por todo el país. Esto que les contaré es un hecho reciente que sucede en la actualidad y que paso a relatarles.

Conocí muchos clientes en todos estos años de ambos sexos y aún alguno del tercer sexo (homo). Estaba yo recorriendo las ciudades del Interior cuando al llegar a una de ellas me entero que a mi clienta Elvira el marido la había dejado hace como 3 meses. Es una mujer bien parecida de un cuerpo firme y de curvas llenas, rubia de 1. 70 más o menos, y dueña de una cola que es la locura de cuanto macho la conoce.

Más de una vez en rueda de bar con otros vendedores de la zona habíamos comentado de lo seria que era y de lo buena que estaba, y más de uno se preguntó si no estaría “cogiendo para afuera”(léase “guampeando” al marido) lo que de hecho era descartado por otros que conocían el paño. Yo llegué como si tal cosa a ofrecer mi “merca” como siempre y traté de que la conversación se fuera dilatando, y llevándola al terreno que yo quería.

Fue así que su hija, que la ayudaba en su labor, Verónica, me comenta, que esa noche había baile en un pueblo vecino, y ni lento ni perezoso le respondí que a esta altura del partido (tenía 49 años) se iba a un baile acompañado o no se iba y menos a un lugar que no conocía.

Entonces con todo desenfado me dijo:”invítala a mamá y ya tenés pareja”. ¡No pará un poquito, vos querés que tu padre me meta una bala, sos loca!  “Mi padre ya no tiene nada que ver ¿o no sabes que se separaron hace 4 meses?”  Estás loca, ¿no me estás jodiendo no? “pregúntale a ella”. – Entonces miré a Elvira y me dijo:” es cierto, estoy separada y no hay marcha atrás”. Entonces formalizo la invitación, no hay dudas. “Bueno, pero no sé si aceptaré, vení luego de tarde que te contesto”.

Con el tiempo me enteré que la hija le dijo ese día que se dejara de sonseras, que saliera a bailar y que si se calentaba conmigo a nadie le importaría que se hiciera coger. “Hay un problema dice que dijo ella” ¿Cuál? respondió Verónica. Que soy una “tarada”, pues ese hombre me gusta desde hace años, y por respetar a tu padre nunca lo miré, pero con la de ahora no sé cuantas veces van que lo veo y me mojo toda.

“Mamá, ¿no me dirás que ahora estás mojada?”  ¡No quieras saber cómo!  “Entonces ni que hablar que salís con él esta noche y si se tira encima cógetelo con mi permiso, que falta te hace y lo tenés merecido”. Voy a ver.

Cuando llegué por la tarde me dio el sí, y a la noche pasé a buscarla. Estaba con una pollera tubo negra que parecía que se la había puesto con talco de tan ajustada que era, pero que le marcaba el precioso orto, y aquellas piernas que me enloquecían y todavía se le marcaba la tanga que llevaba puesta lo que unido al escote de su blusa que mostraban sus excelentes pezones, hacía un conjunto merecedor de una paja por lo menos. ¡Estaba infartarte!

Nos fuimos y comenzó el baile; primero normal luego de unos vinos, más calentito, y cuando llegaron los “lentos”(así le llamamos a la música de boleros), la estaba apretando bien y ella respondía pegándose de abajo lo que me tenía con la pija dura como tantas otras veces y la punteaba sin cuidarme de nada.

No más de media hora y le dije al oído: vamos pues no aguanto más, quiero besarte y acariciarte, y sin decir palabra nos dirigimos a la salida ella colorada de cara y ojerosa (se había acabado dos veces según me dijo después) y yo con la pija como “pa´ garrotear poroto” y ya adentro del coche la abracé y la besé con furia, con pasión ardiendo de deseo por aquella mina que hace años miraba sin poder tocar. No bien pude acaricié sus senos, ¡estaban duros como los de una piba de 20 ó más!

Que delicia metí mi lengua en su boca y se empezó a aflojar, fui desprendiendo su blusa hasta apoderarme de uno de sus senos, y luego de pellizcar los pezones con el índice y pulgar y que ella comenzó a gozar y a emitir gemidos, me dediqué a mamárselo y eso la perdió por completo:”divino, divino, seguí, seguí, ¡por favorrr!

Mi lengua recorría todo su pecho, iba venía, se detenía en los pezones y los lamía suave, lento, fuerte, rápido, hasta que me dijo:

“Por favor que me matas, me voy a venir, Gerardo, ¡que me haces me vengoooo!  Entonces metí una mano por debajo de su pollera y llegué a su conchita que era un mar de jugos, logrando que me abrazara y separara sus piernas, lo que me dijo que necesitaba de una paja urgente, y así lo hice, sus gemidos se debían de sentir de media cuadra, pero no importaba, saqué mi pija y la tomó con ganas y me empezó a pajear al mismo ritmo que yo a ella:

“Mi vida cuanto tiempo deseando esto, cuanto tiempo, años que quería coger contigo y por estar casada con el borracho de mi marido no lo había hecho, que divino, así te soñé, así aaaaaaayyyyy que me vieneee, miraaaaaa como, ¡miraaaaa, aaaaagghhhh!

Se volvió a acabar y no lo dudé, le bajé la tanga recosté el asiento separé sus piernas y caí encima de su concha, con mi lengua buscando su raja y sus jugos.

“¡Nnnooo! No hagas eso. Tú cállate y disfruta o ¿acaso tu marido nunca te lo hizo?” Jamás” bueno dile que no sabe lo que se perdió y lo que te hizo perder:

” ¡Gerardo no seas degenerado, para, para, paarrraaa, paaaarrrraaaaa! o rico, divino, ¿te gusta? “Nunca pensé que fuera tan lindo” ¿quieres más? “Ssssiiii por favor sigue, y desde hoy quiero esto siempre, siempreeeeee, que divino, como siento tu lengua, más, más aaaayyyy, me voy a acabar de nuevo mira, mira, miraaaaaaa.

Acto seguido se sentó en mi falda de frente a mí se encajó mis 23 cms. hasta las bolas y gozó de una buena pija y de un polvo dentro de su concha que la hizo retorcerse y gritar.

Nos fuimos para su casa, me quedé con ella esa noche y comprobé que hacía meses no cogía, no sabía mamar y la había mamado yo por primera vez. Al otro día me presentó a su nieto que tenía 18 años un gordito precioso, llamado Manuel, con cierto aire de homosexual, y a su otra hija, Norma, la madre de Manuel, que estaba muy rica y era como su hermana muy simpática, y conversadora.

Poco a poco me fui metiendo con Elvira, pero desde hace un tiempo su nieto me acosa y me tira “verdes” como para que yo le diga algo o tome una iniciativa, pero le estaba dando cuerda y el otro día sin querer lo besé casi en los labios y de noche me besó el igual, entonces no aguanté más me fui a su cuarto y estaba acostado, me acerqué a su cama lo abracé y besé en la boca a lo que él respondió, pero eso será la continuación de este relato.

Autor: El Viajero

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