Bar de gigolos en Los Angeles

Todo empezó cuando decidí tomarme un año sabático e irme a vivir a California, a la ciudad de Los Ángeles. Fue una de las mejores experiencias de mi vida, un año entero haciendo un master en cine, surfeando casi a diario, conociendo gente interesante y viajando a sitios como San Francisco y Las Vegas.

En Junio, cuando todavía me quedaba un mes para volver a España, me había gastado ya casi todo el dinero que había ahorrado hasta la fecha y no podía trabajar porque en Estados Unidos sin una green card es casi imposible hacer nada. Era una situación complicada porque tenia que pagar el alquiler, comer, ir a fiestas, etc. Sobretodo porque comenzaba el verano y no paraban de invitarme a barbacoas, fiestas en barcos y eventos en discotecas llenas de gente guapa… Además unos amigos estaban organizando un viaje a Las Vegas al que realmente quería ir, 4 días de pool parties, una locura!

Por suerte, un amigo, Sonny, (un modelo de Dallas de origen latino, que había viajado a Los Ángeles para probar fortuna en el mundillo de Hollywood) me hablo de un sitio al que iba él cuando necesitaba el dinero. Era un pequeño bar en el zona oeste de la ciudad, donde según me contó Sonny, mujeres maduras contrataban los servicios de jóvenes guapos para complacerlas. Porque el americano medio, según palabras de mi amigo, no está entre los mejores amantes del mundo, con lo que con frecuencia esas mujeres casadas con ricos hombres de negocios se encontraban insatisfechas y para ello recurrían a jóvenes latinos.

Al principio me pareció poco creíble, un poco leyenda urbana, pero realmente quería el dinero para poder viajar de nuevo a Las Vegas, sitio al que por cierto recomiendo ir a todo el mundo que este leyendo esto :-) Con lo que cuando Sonny accedió a venir conmigo y demostrarme que era cierto, me anime a ir, no tenia nada mejor que hacer…

Me afeite todo el pelo del cuerpo, me vestí con un traje estrecho negro con corbata negra, me puse mi mejor perfume y Sonny paso a recogerme en su coche. Cuando llegamos al bar estaba medio vacío, a penas había mujeres y tan solo nosotros dos íbamos vestidos como gígolos. Con lo que empece a bromear con mi amigo sobre si se lo había inventado todo, cosa que parecía muy probable, porque además la prostitución en Los Angeles esta prohibida.

Mi amigo, para demostrarme que llevaba razón, accedió a pagar un par de rondas de copas, con el fin de que esperásemos tiempo suficiente para que apareciesen clientas. Yo accedí encantado porque al fin y al cabo estábamos en un bar, no era uno de los mejores pero siempre puede ser divertido. Nos sentamos en una pequeña mesa cerca de la barra y me tome un buen ron. Al cabo de una media hora el bar se empezó a llenar y había gente de todas las edades, pero si que era cierto que había bastantes mujeres maduras.

Una pareja, de unos cuarenta y pocos años se sentó en la mesa de al lado, al principio apenas me di cuenta porque estaba enfrascado en una discusión sobre diferentes tipos de películas con mi amigo. Al cabo de un rato, inconscientemente, me di cuenta de que no paraban de mirarnos. Ella estaba un poco rellenita pero eso no afectaba a que tuviese un cuerpo con unas curvas preciosas y una cara muy linda. Él era calvo y algo bajito pero se veía que era una persona muy feliz, todo el rato sonriendo, como muy seguro de si mismo.

Cuando mi amigo se levantó a por una tercera ronda de copas debido a que yo seguía insistiendo en que se lo había inventado todo el hombre de la pareja se acerco a hablar conmigo. Había oído mi acento y sabía que no era americano, pero no lograba adivinar de donde. Amablemente le explique era español y resultó que él y su mujer (a la que acto seguido me presentó) habían viajado hacia poco a España y les había encantado Sevilla, Marbella y Madrid. Incluso hablaban un poquito de español. Para cuando mi amigo volvió con las bebidas yo ya estaba manteniendo una conversación interesante sobre el estilo de vida en Los Ángeles y lo diferente que es en comparación con Europa. La verdad es que eran una pareja muy amigable, el tipo de gente con el que te sientes cómodo hablando desde el primer segundo.

Al cabo de un rato, mientras mi amigo hablaba con el hombre, le pregunte a la mujer que como habían acabado en ese pequeño bar, y ella me contó que se lo había recomendado una amiga suya a la vez que me guiñaba un ojo. Fue algo muy natural, al poco estábamos hablando de que había ido a buscar exactamente a ese bar, que tipo de fantasías tenia, que le gustaba que pasase en la cama. Era un poco raro hablar estas cosas sabiendo que su marido estaba a un metro y que en cualquier momento podía oírlo todo, pero el no parecía estar prestando ninguna atención.

En un momento que mi amigo se fue al baño, el hombre calvo, se giro hacia su mujer mirándola, ella asintió con la cabeza y él empezó a hablar conmigo sobre que me había parecido su mujer. Yo realmente no sabia que responder, pero el hombre sin yo decir nada me ofreció 200 dólares por pasar la noche con ella, me explico que el no era gay, simplemente le gustaba mirar y quería cumplir las fantasías de su mujer. Acepte rápidamente caliente por la situación, aunque igual debería haber regateado un poco.

Nos acabamos nuestras copas y me despedí de mi amigo quien ya estaba hablando con una rubia de unos 50 años que parecía estar pasando una gran noche.

La pareja y yo nos dirigimos al coche de ellos en el parking y allí mismo empece a besar a la mujer contra el coche. El marido tranquilamente abrió la puerta y nos invito a ambos a sentarnos en el asiento trasero. Así lo hicimos y mientras el conducía yo empece a besar el cuello de su mujer, sabia que el nos estaba mirando por el espejo retrovisor pero estaba tan caliente que no me importaba, es más, me estaba encantado ser observado. Metí mis manos por debajo de su vestido y pude comprobar lo húmeda que estaba a lo que ella respondió tocando mi polla por fuera del pantalón de mi traje… Cuando vio que estaba empalmado no tardo en desabrochar mis pantalones y sacarla fuera. Yo hice lo propio con sus pechos que eran grandes y jugosos. Hablando muy cerca de mi oído hizo varios comentarios sobre cuanto le gustaba el tamaño de mi polla y me pido si podía chuparmela, lo hacia sabiendo que yo no podría negarme… Se agacho e introdujo el capullo en su boca, la cual estaba caliente y muy húmeda. Yo aparte el pelo de su cara para que su marido, desde el asiento delantero tuviese una buena perspectiva de lo que allí estaba pasando.

Llegamos a su casa, el hombre aparco el coche en un garaje enorme y mientras yo me abrochaba de nuevo los pantalones él ayudó a su mujer a salir. Me enseñaron un poco la casa, la cual era enorme y mientras ella subía a “ponerse algo mas cómodo” el me ofreció una copa que yo acepte de buen grado. Me contó que era la segunda vez que hacían algo así, que la primera había sido precisamente en España y les había encantado. Yo, como llevaba un par de copas elogié los encantos de su mujer y le pregunte que porque querían pagar si podían conseguir algo parecido gratis en cualquier club liberal o en Internet. Según me contó el hecho en si de pagar era parte de la fantasía, les daba la ilusión de poder, el dinero no era un problema para ellos y sabiendo que era alguien contratado no había celos en la pareja. La idea de que en otra ocasión pagarían a una mujer para él se me paso por la cabeza pero no quise indagar mucho más en el tema, era su fantasía y yo estaba encantado de poder cumplirla.

Al cabo de unos minutos la mujer bajo por las escaleras vistiendo tan solo lencería, medias negras y tacones… Su marido se sentó en un sofá y yo con ella en el sofá de enfrente. Empece a besarla por todo el cuerpo, a lamer su cuello mientras tiraba suavemente de su pelo para que echase la cabeza hacia atrás. En cuanto empece a tocar su depilado y precioso coño ella empezó a gemir de una forma que hizo que me pusiese más caliente de lo que nunca había estado. Separé sus piernas y empece a introducir uno de mis dedos en ella. Sus gemidos eran cada vez más fuertes y pude ver como eso excitaba a su marido también. Aparte su tanga hacia un lado y empece a comerle el coño fuertemente, mientras la masturbaba metiendo cada vez más dedos en su húmedo coño… Sabía excelentemente. Al cabo de un rato y de un buen par de orgasmos ella empezó a rogar por mi polla de nuevo, pero en contra de su voluntad decidí hacerla esperar por ella un poco más y seguir comiendoselo mientras introducía 4 dedos en su coño y el pulgar por su bonito culo. Estaba literalmente chorreando. Me incorpore y metí mi polla en su boca, mientras con una mano seguía tocando y humedeciendo todo su coñito. Ella comenzó a chuparmela como si le fuese la vida en ello y dado que no cabía entera en su boca empezó a auto ahogarse durante algunos segundos apretando su boca todo lo que podía contra mi polla, intentando introducírsela hasta la base, no paraba de caer saliva de su boca.

Su marido, a estas alturas estaba muy caliente tocándose mientras veía el espectáculo. Ella lo miraba de vez en cuando y le sonreía, mientras volvía a pedirme que se la metiese. Así lo hice, me puse un condón rápidamente, la tumbe sobre el sofá y empece a penetrarla. Sus chillidos tenían que poder oírse en todo el vecindario, cuanto más fuerte la cabalgaba mayores eran sus gritos y más clavaba sus uñas en mi espalda. No se ni cuanto tiempo estuve follando con ella en diferentes posturas mientras el marido nos miraba sin parar de tocarse. Ella me pedía que le dijese que era una puta, que la tratase mal, le tirase del pelo, le diese azotes, de todo! Cosas que yo cumplía gustosamente, ya que para algo era la clienta. He de reconocer que era muy buena en la cama y sabiéndolo hubiese repetido gratis sin pensarlo.

En un determinado momento, vi como su marido apuraba la marcha de sus tocamientos, a punto de correrse, así que la agarre a ella del pelo y la forcé a chuparsela a su marido, de tal forma que el acabase en su boca, le dije que se lo tragase todo y siguiese chupandosela mientras yo le daba por detrás. Ella obedeció y pude ver la cara de placer de su marido mientras ella se lo tragaba y seguía sin separar la boca de su polla.

Su marido me pidió que me la follase por el culo, lo cual intenté, pero le dolía demasiado y tuvimos que parar. Entonces fue ella cuando se puso de rodillas y me pidió que me corriese en su boca, comiéndose mi polla con todas las ganas del mundo. Estaba tan caliente que me corrí tanto que ella se atragantó y todo mi semen salió disparado de su boca cayendo por su barbilla. Ella suavemente paso un dedo por la misma y volvió a introducirlo de nuevo en su boca, chupando el dedo para no dejar ni gota.

Seguimos follando hasta el amanecer, el marido se unía a ratos pero sobretodo miraba y cuando ya no podíamos más me ofrecieron darme una ducha, me pagaron el doble de lo que me habían ofrecido diciéndome que era una propina para el taxi de vuelta a casa (que en realidad el taxi costaba como mucho unos 30 dólares desde donde estábamos) Pero se notaba que el dinero les daba igual y habían disfrutado mucho con la experiencia.

Quedaron de volver a llamarme, pero en mi viaje a las Vegas, al que si pude ir gracias a ese dinero, perdí el móvil así que no se si volvieron a llamar o no, el caso es que fue una experiencia inolvidable y por ello quería compartirla aquí con todos vosotros/as. Espero que os haya gustado, podéis escribirme cualquier comentario u opinión

Un saludo

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Las tres maravillosas noches con mi prima

Agarré mi pene y lo froté de arriba a abajo por su sexo. Estaba extremadamente empapada con sus jugos vaginales y yo empecé a moverme poco a poco, ella hizo lo mismo y así estuvimos practicando varias posiciones, tratando de no hacer ruido para no despertar a mis padres, eso nos excitaba más, hasta que al final ya a punto de venirme, sentí que se venía y entrelazó sus piernas con las mías.

Desde hace mucho tiempo atrás quería escribir esto, pero no lo había hecho por ciertas razones, pero ahorita me animé y pues les voy a contar una de las cosas más excitantes que me ha pasado. Para empezar, Les comento que a mi casa llegó a vivir una prima porque en mi ciudad es donde estaba su carrera, ella es un poco bajita de estatura, no muy bonita de cara, pero eso sí, cuando yo la volví a ver (pasaron muchos años para que nos volviéramos a ver), ella estaba muy buena y aunque no hubo mucho acercamiento esa vez, me quedé con la espinita de hacer varias cosas cachondas con ella, ya que en ese tiempo contaba con unas tetas que estaban de pelos, y tenía un trasero hermoso, pero como era mi prima, yo respeté eso.

Después de varios años de llevarnos y platicar un rato cada vez que nos veíamos, nos fuimos haciendo mejores amigos, pero no pasó a más. Y ahora que llegaba a mi casa, yo tenía que salir de la ciudad, ya que yo también estudiaría en una ciudad del Norte.

La primera vez que regresé de vacaciones, ella me recibió de una forma muy cachondona (llevaba unos tragos encima), yo disimulé ya que mi mamá estaba viéndonos, pero en la noche ya solos, yo estaba navegando, cuando ella llegó y me dijo que qué estaba haciendo, abrí un video porno y le dije que eso veía , ella en vez de irse se quedó y me dijo que quería ver más, yo le mostré otros más, después de un rato, se desinteresó y se fue a su cuarto, que en sí, era el mío pero ella se quedaba en él mientras yo estudiaba fuera, así que yo también fui para allá y nos acostamos. A ella no parecía importarle nada, se metió a la cama y se durmió yo hice lo mismo, pero ya en la cama la empecé a abrazar y ella no dijo nada, después la besé, ella no quiso, después de un rato accedió y empezamos a besarnos de una forma apasionada, a cada momento nuestra excitación seguía, yo podía notar que su respiración era cada vez más profunda y le empecé a tocar las piernas y cuando ya me dirigía a su vagina me detuvo y me dijo que no, después de un rato me dijo que ya no quería nada y me dejó con una gran excitación, de mal modo acepté.

Al otro día todo trascurrió normal hasta en la noche que otra vez dormimos casi juntos ya que ella había puesto un colchón en el mismo cuarto que el mío para que mi mamá no dijera nada, ella se puso un short y llevaba una blusa que resaltaba sus tetas, yo me percaté de eso, estuvimos viendo un rato la TV y ya para dormir cerramos con llave el cuarto y le dije que en vez de dormir en el colchón, que lo hiciera conmigo, ella aceptó y nos empezamos a besar y nuevamente la empecé a tocar, y ahora tocaba todo su cuerpo, ya un poco excitados le dije que se quitara el short, ella aceptó, me sorprendí un poco ya que pensé que iba a hacer lo mismo del día anterior (mandarme a la goma), pero no fue así quedó en una tanga blanca que traía y que se le veía bien, pude contemplar sus piernas que eran hermosas, después de calentarnos un rato el uno al otro le empecé a mamar las tetas y después me quité el pantalón.

Al quedar en calzoncillos, me subí sobre ella, le empecé a tocar su vagina y le metí un dedo, pero como las veces anteriores al principio no me dejaba hasta que por fin aceptó, ya con el dedo adentro me empezó a besar de una manera apasionada, y yo entendí que era el momento para penetrarla, pero cuando le estaba quitando la tanga me detuvo y me dijo que mejor nos durmiéramos y se desentendió de mí, ya se iba a ir a su colchón, pero yo seguí besándola y dejé que tuviera más confianza lo que sucedió como una media hora después, ella estaba muy lubricada, ya que para esto yo ya le había metido dos dedos y estaba muy mojada, me subí en ella nuevamente  besándola y metiéndole los dedos.

Empecé a bajarle poco a poco la tanga que llevaba puesta, ella esta vez no dijo nada y comprendí que estaba lista para ser penetrada, enseguida me quité el bóxer que llevaba y mi pene erecto buscó su vagina, y antes de metérsela, agarré mi pene y lo froté de arriba a abajo por su sexo, como vio que no me había puesto un condón, me dijo que cuando estuviera a punto de venirme me saliera, le dije que sí, pero yo ya quería penetrarla, le abrí las piernas y se la dejé ir de una sola vez, ella gimió un poco ya que el cuarto de enfrente era el de mis papás, como estaba al tanto que ya no era virgen, sabía que no le iba a doler.

Estaba extremadamente empapada con sus jugos vaginales (que me encantan), y yo empecé a moverme poco a poco, ella hizo lo mismo y así estuvimos practicando varias posiciones, tratando de no hacer ruido para no despertar a mis padres, eso nos excitaba más, hasta que al final ya a punto de venirme, sentí que se venía y entrelazó sus piernas con las mías y yo aceleré el ritmo y al venirme me salí de ella para que no hubiera algún problema, ese día terminamos exhaustos y ella se quedó conmigo en la cama hasta el amanecer.

Al otro día en la noche fue casi igual, pero esta vez no hubo tanto preámbulo, ella llevaba un pantalón que de prisa se lo quité, quedó desnuda y empezamos a besarnos, la penetré (esta vez con un condón puesto para no correr riesgos), la agarré de las piernas y las puse en mis hombros y se la metí hasta adentro, ella sólo gemía y yo al escuchar que gemía, la besé para que no se escuchara, nos empezamos a mover de una manera que mi pene se metía hasta lo más profundo mientras ella con sus movimientos me apretaba mi pene con sus músculos y esto me excitó mucho y me moví mucho más fuerte ella se vino en ese instante, después de un rato, cambiamos de posición, ella se metió mi pene y se empezó a mover locamente ya no aguanté mucho y me vine dentro, ella aceleró los movimientos e hizo lo propio. Nuevamente se durmió conmigo.

Al tercer día ya nada más la besé un poco y ella de volada se quitó la ropa y yo hice lo mismo, ese día disfrutamos mucho nuestro encuentro al final ella se quedó a dormir conmigo. Al cuarto día ella se tenía que ir a su pueblo, y ya no pudimos repetir lo que hacíamos todas las noches. Hasta la fecha sigo tirándomela, esta relación sólo la sabemos nosotros dos, pero cada vez que nos vemos y tenemos tiempo y aparte nos quedamos solos lo hacemos hasta quedar agotados.

Nos escribimos casi todos los días y las cartas son muy cachondas, y esto hace que cada vez que nos vemos las cogidas sean más excitantes.

Bueno eso es todo, tengo otras historias con mi prima, pero creo que otro día les contaré más sobre nuestras aventuras.

Autor: Gigolo

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Gigoló

Notaba su pene duro a través de la ropa, su respiración cada vez más excitada, reprimiendo su impulso de dejarse llevar por el deseo sexual. Se lanzó con toda su pasión, hambriento de mí, descontrolado, y yo, cual marioneta sólo podía sentir, gozar y abandonarme en sus brazos, gimiendo de pasión.

Allí estaba yo, una mujer madura, caminando hacia su casa desbordada por un deseo incontrolable. Ansiaba sentir sus labios sobre mi piel, sus brazos abrazando mi cuerpo y su pene duro a través de la ropa, prometiendo unos momentos de placer indescriptible.

Sólo de pensar en ello notaba el flujo humedecer mis braguitas y un estremecimiento profundo recorría todo mi cuerpo. El simple recuerdo de los momentos en que había estado con él, en que me había poseído salvajemente, encendía mi pasión y mis perversiones más ocultas.

Deseaba arrodillarme ante él, entregarme totalmente a sus deseos más salvajes y gozar de esa pasión descontrolada hasta perder el sentido de la realidad. ¡Cómo deseaba a ese hombre! Su sola presencia me anulaba totalmente, me hacía sentir el impulso de arrastrarme a sus pies e implorarle que hiciese conmigo lo que quisiese…

Ni yo me lo creía, ¿cómo podía sentir eso? ¿Qué clase de pasión arrebatadora podía doblegarme de esa manera? ¿A mí? No alcanzaba a comprenderlo, pero en el fondo me daba igual cual fuese el origen de esa pasión, sólo quería gozar con él, vivir sus deseos y sus perversiones intensamente.

Caminaba lentamente, reprimiendo mi impulso de correr hacia su puerta y lanzarme en sus brazos, como si en el fondo quisiera sufrir un poco más esa distancia que me separaba de la lujuria, disfrutando en cada paso de nuestros recuerdos y regocijándome en el sufrimiento de mi propia represión.

Mi lento peregrinar acabó ante esa barrera silenciosa que escondía tras de si a esa persona, a ese hombre joven y apuesto, que había conseguido descubrir en mí, mis deseos más perversos, deseos, que ni yo conocía y que fueron fluyendo poco a poco impulsados por esa lujuria morbosa que él despertaba en mí.

Tras el sonido del timbre, unos segundos de espera y la puerta se abrió lentamente. Allí estaba, tranquilo, impasible, mirándome fijamente. Empecé a temblar. Deseé con todas mis fuerzas que no se me notara, no sé si lo conseguí, pero empecé a caminar hacia él ansiosa, expectante, sin saber cómo iba a empezar…

¡Como me gustaba ese momento de incertidumbre! Cerró la puerta despacio, alargando mi agonía, mi deseo, mi ansiedad por sentirme suya, como si él también gozase con mi propia incertidumbre. Mientras cerraba, nuestros labios se iban acercando poco a poco, cerré los ojos dejando atrás la realidad, entregándome a ese hombre que me hacía gozar como nadie.

Oí como se cerraba la puerta, notaba su aliento cerca de mis labios, muy cerca, casi rozándolos. Sus manos empezaron a acariciar mi cuerpo, despacio, sin prisa, casi sin tocarlo, hasta subir a mi rostro. Abrí los ojos y nos miramos intensamente, sin mediar palabra. Acercó sus labios a los míos, despacio, gozando cada centímetro y me besó dulcemente. Aún conociendo la relación que nos unía, sentí su cariño a flor de piel, cálido, protector.

Otra vez volvió a sorprenderme, esperaba un arrebato de pasión desenfrenada y me ofreció cariño y dulzura. Me besó despacio, dulcemente, arrancando hasta el más mínimo ápice de voluntad en mí, embriagándome con su cariño, consiguiendo que perdiera toda noción de espacio-tiempo.

Siguió besándome por la cara, en el cuello, mientras acariciaba mi espalda, hasta que, de pronto, y cómo si hubiese llegado al límite me abrazó con fuerza, dejando ya rienda suelta a su pasión. Yo estaba totalmente descontrolada, temblaba como una hoja seca a merced de una tempestad, absolutamente embriagada por el placer.

Me cogió por la mano y me llevó hacia la habitación. Una vez allí, volvió a besarme dulce y largamente, mientras sus manos iban despojándome de mis ropas. Notaba su pene duro a través de la ropa, su respiración cada vez más excitada, reprimiendo su impulso de dejarse llevar por el deseo sexual. De alguna manera, se había propuesto que aquella sesión no fuera tan desenfrenada como las anteriores y sentía como frenaba sus impulsos, hasta que le dije: “déjate llevar, cariño, lo necesito”…

Se retira un poco, nos miramos a los ojos y me dijo: “sabes que me vuelves loco”. Le sonreí y se lanzó con toda su pasión, hambriento de mí, descontrolado, y yo, cual marioneta sólo podía sentir, gozar y abandonarme en sus brazos, gimiendo de pasión.

Cada vez que nos veíamos me parecía diferente, intenso, inigualable… Hicimos el amor absolutamente entregados al placer. En cada caricia, cada beso y cada vez que me penetraba era puro fuego, sabía cómo volver loca a una mujer.

No alcazaba a comprender cómo era capaz de saber en todo momento lo que necesitaba, llegué a pensar que existía una química especial entre los dos, pero sabía que no era así, que la cruda realidad era que es el mejor en su trabajo.

La mujer que me lo recomendó supo lo que ofrecía y lo que yo necesitaba, un amante experto, un gigoló que conseguía hacer mis sueños realidad.

Autora: Elle

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