Esclava de mi placer (1)

Hola mi nombre es Andrea, estoy casada y actualmente soy Directora de una escuela secundaria. Hoy tengo 2 hermosos hijos y una niñita preciosa (de 10, 7 y 4 años respectivamente) y aunque la niñera es quien cuida de ellos casi todo el día, tengo muy buena relación con mis hijos. Soy bastante guapa, tengo una carita de modelo de revista, un cuerpo envidiable (tetas firmes y un culazo), además de buena educación y una carrera. Pero en los últimos 3 años me han sucedido cosas que jamás hubiera imaginado posibles. Empezando por darle mi culo a cualquiera casi sin el mayor problema, hasta llegar a ponerle los cuernos a mi esposo en sus narices.

Me gustaría dejar esta cita hecha por mí:

“La libertad es un derecho para todos, la esclavitud no es más que el auto engaño porque nadie gobierna sobre nosotros, solo nosotros mismos; bien o mal”.

En aquel tiempo yo daba clases de Biología en una preparatoria pública y aparentemente todo iba bien en mi casa. Pero meses después de que quedé embarazada de mi niña, el sexo con Javier (mi esposo) empezó a decaer, me alarmé porque sabía que algo andaba mal pues esto nunca nos había pasado. Deben saber que cuando yo me casé con Javier; el éxito, el dinero y la hermosa mujer que le acompañaba como esposa (yo), hicieron que él se construyera una reputación de “hombre respetable”; personalidad que yo también llegué a creer que era real, hasta que llego el día en que él debió comportarse como tal y no lo hizo.

Cuando empezó todo yo tenía 30 años, aquí les cuento todo desde el inicio de nuestros problemas…

Una noche tuvimos un encuentro sexual bastante frustrante, yo tenía las tetas casi a reventar y creí que esto podría excitar a Javier. Empezamos a besarnos, yo le restregaba mis tetas por todo el cuerpo hasta la cara, pero sin conseguir una erección de su parte. Entonces decidió penetrarme torpemente con la verga casi flácida y comenzó a moverse. Tras un par de minutos se detuvo, me beso en la boca y se echó a dormir. Tras esa noche nuestros “encuentros sexuales” tenían la misma “intensidad” así que acudimos al especialista para curar su impotencia a petición y súplicas mías.

Descubrimos que el estrés de la constructora en donde él trabajaba y la diabetes, le dificultaban a mi esposo despertar su libido. Nos recomendaron procurar adaptarnos a un estilo de vida más tranquilo para él, le hicieron cambio de dieta y yo empecé a tratarlo como rey todo el tiempo.

Después de dar a luz a mi hija los meses siguieron. A la hora de “hacer el amor” las cosas seguían igual, él se montaba y trataba de meterme su flácida verga, la cual a penas entraba y él no permanecía dentro de mí ni 2 minutos y se venía; aquello era un circo más que un acto sexual y en adelante así era como “follábamos”. Al principio sentía pena por Javier y trataba de no presionarlo, pero con el tiempo él llegó al punto de hacer como si no pasara nada, seguía llegando tarde del trabajo, comía donde fuera, no hacía ejercicio y ya ni se molestaba en regalarme un beso o una caricia, simplemente se montaba en mí para hacer el ridículo y creía que con eso ya estaba cumpliendo; y lo que más me hacia rabiar era que no me preguntaba como me sentía, solo me hablaba de lo orgulloso que estaba por lo que la gente piensa de él, de su éxito, y de su “hermosa familia”.

Una noche quise presionarlo sugiriendo que debería de dejar de estar tanto tiempo en la oficina pero solo conseguí que me rompiera el corazón, sus palabras fueron “lo siento Andrea, pero no pienso dejar la constructora”.

Yo esperaba de él una mirada de culpa o algo de compasión hacia mí, en realidad solo quería atención; quería provocarlo, quería escucharlo decir que odiaba el no poder tocarme, que todo estaría bien pero lo que recibí me dejó fría y llena de rabia, sus palabras inundadas de conformidad, mediocridad y sin el mínimo interés por mí; mataron el amor que yo aun sentía por él. Esa noche recuerdo que lloré como nunca y en silencio. Realmente había dejado de amar a Javier, él no iba a cambiar y yo tendría que aceptar su indiferencia hacia mí y empezar a acostumbrarme.

Semanas después cuando regresé al colegio a dar clases, el estrés empezó a ponerme de malas todo el tiempo y lo peor era que me desquitaba con mis hijos, así que decidí mejor distraerme un poco y comencé a tomar clases de gimnasia en un salón cerca de mi casa a las cuales asistía a diario después de mis horas de clases; excepto los viernes, que me quedaba hasta tarde en el colegio. Las clases me hicieron mucho bien, conforme pasaban los meses mi cuerpo volvía a tomar forma y fueron mis propios alumnos quienes me lo hacían notar con sus piropos, sus miradas torpes y sus jueguitos traviesos; incluso varios compañeros profesores me invitaban a tomar el café, cosa que hacía tiempo no pasaba. Me di cuenta de que me desenvolvía en un mundo en donde como mujer el tener un cuerpazo valía más que cualquier cosa, hacía que los demás me mostraran su mejor cara, estaban siempre a mi disposición; y los que no, sabía que fingían por pura envidia y para llamar mi atención, lo cual era muy halagador. Siempre acepté esas invitaciones de mis compañeros, así les agradecía sus atenciones y fomentaba el ser deseada por mis compañeros; lo cual me hacía sentir muy bien, pero aquellas citas nunca pasaron a algo más que una simple comida y buena conversación.

Para cuando cumplí 34, yo ya estaba completamente enamorada de mi cuerpo, era perfecto, como siempre lo había soñado y recuerdo que ese año festejé mi cumple comprándome ropa muy ajustada, a partir de ese día vestiría diferente, más llamativa y juvenil; y aunque mi esposo parecía notarlo le daba igual, nunca dijo algo más que “te ves linda”. Yo me esmeraba por lucir mi culo, lucirlo para cualquier hombre que me pudiera ver ya que la vanidad era el único placer que podía disfrutar entonces. Usaba tacones altos, pantalones y jeans ajustados, así como vestidos muy ceñidos a la cintura lo que hacía resaltar aun más mi firme trasero; ahora que lo veo, el tomar esas clases de gimnasia ha sido la decisión más sabia y maravillosa de estos últimos años.

Continuaré en mi siguiente relato…

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Ayudando en un centro de deportes

Le quité el slip, apareció ante mí una pija maravillosa, no lo dudé y comencé a chupársela, él me miraba asombrado, pero no dijo nada, yo seguí chupando, y al cabo de unos instantes comenzó a gemir muy despacio y su cuerpo comenzó a reaccionar, por lo cual me animé a seguir cada vez con más fricción mi labor, no pudo más y soltó toda su leche caliente en mi boca.

Corría el verano en mi ciudad y en la mañana suena el timbre del departamento, yo desocupado y sin ganas de levantarme tan temprano fui a atender sin ganas, era mi amigo Ariel, que desde hace mucho no veía.

Como estaba en calzoncillos, lo invité a pasar que pronto lo atendería, lo encontré sentado en la banqueta de la cocina esperándome con cara de ansioso, luego de retarlo por la hora que era, (las 7:00 A.M.), él se disculpó, pero que valía la pena ya que me invitaba a formar parte de un programa de ayuda comunitaria, yo sin muchas ganas le dije que esos trabajos son mal pagos y que seguro no me gustarían, a lo que él me dijo, pero… ya que vos sabes algo de educación física podrías enseñar y ayudar en el C.E.N.A.R.D. (un centro donde se entrenan sólo los olímpicos del país), tanto fue su insistencia que accedí a acompañarlo esa mañana a inscribirme en el programa.

Fui con una remera y un jogging gris claro, para estar a tono con el lugar y su gente. En cuanto entramos, el aire era distinto, todo mundo haciendo ejercicios, corriendo, alongando, lo cual fue un poco volver a lo mío. Mi amigo me llevó a presentarme a las autoridades para inscribirme y luego a una oficina donde me darían la tareas a seguir, la mujer de la ventanilla me interrogó sobre lo que sabía y mi experiencia y luego de unos minutos de espera volvió con una planilla y una nota donde decía a donde había sido asignado, me entregó el papel y yo todavía con sueño sin leer el papel, acompañé a mi amigo que si lo leyó y nos fuimos al gimnasio inmenso que está al fondo del predio. Al llegar me presenta con unas personas de edad que me estrechan su mano firmemente y me prometen ayudarme en lo que necesitaré, luego de estas presentaciones me fui despertando y al rato le pregunté a mi amigo quienes eran:

¿Quiénes son estas personas que vimos y que estamos esperando? –dije.  Son los ayudante que junto con otro que todavía no vino. Uds. lo reemplazarán en las tareas de ayuda al equipo de gimnasia deportiva y al de natación- no vas a tener problemas son gente muy disciplinada que siguen al pie de la letra todo lo que les indicas- dijo él.

A los 10 minutos aparece un chico alto, de cuerpo bien fibroso, pelo negro al ras y ojos celestes, se presenta, como Marcelo, profesor de Educación física, luego de estrecharme la mano, se quedó conversando con mi amigo y noté que tenía unos pantaloncitos de algodón medio ajustados que le marcaban bien el bulto que tenía, la pija la tenía de costado y de tan fina que era la tela se le notaba el pliegue donde comienza la cabeza de la pija, además de los huevos bien grande y redondos, unas piernas algo velludas, pero muy fuertes, eso me calentó, pero preferí dejarlo pasar ya que íbamos a ser compañeros de trabajo y con mi amigo de por medio podría ser perjudicial para mí. Es así que Ariel se retiró y nos dejó solos para que combináramos alguna estrategia o plan de trabajo con los equipos.

¡Mira, podríamos empezar con mucha actividad para ver que resistencia aeróbica tienen, después ver la respuesta muscular de cada uno y luego de eso empezar con cada caso en especial los cuales nos repartiríamos para hacerlo más personalizado, yo, casualmente tengo una planilla de entrenamiento donde podemos empezar!  Dijo Marcelo muy enfocado en la tarea a seguir. No tengo ningún problema, empecemos con eso- dije.

Fueron apareciendo algunos de los integrantes del equipo de gimnasia, todos con pantaloncitos cortos, bien ajustados, de algodón, color celeste, y una remera ajustada de color blanco, todos tenían unos cuerpos espectaculares, una vez todos presentes, nos presentamos, ellos eran adolescentes de hasta 21 años, que nos atendían y asentían a todo lo que referíamos, luego de la charla nos separamos en grupos y me llevé a mi equipo al otro lado del gimnasio separado por un campo de básquet y unos tabiques de madera bien altos, donde había una oficina para poder llenar las planillas, en camino a la oficina comencé a leer de que se trataban los datos a llenar y con sorpresa veo:

– estatura
– peso
– diámetro brazos
– diámetro piernas
– diámetro cintura
– diámetro pecho
– densidad y composición de musculatura
– Operaciones anteriores
– Hernias.

Me quedé perplejo al ver todo lo que tenía que hacer, la perplejidad dio paso a la calentura que me dio al ver esos culos bien marcados y musculosos de los muchachos, así que antes de llegar a la oficina, les comenté los que íbamos a hacer y que mientras llame a uno, los otros se quedarían alongando y practicando hasta terminar la rutina, contestaron a la vez, ¡si señor!  Todo fue de maravillas midiendo y respetando a raja tablas lo que la planilla pedía, trataba de concentrarme profesionalmente dejando de lado el hecho de tocar esos cuerpos perfectos y firmes, de jóvenes que no oponían resistencia a cualquier pedido mío. Hasta que finalmente llamé a Juan Miguel, de verlo entrar me impactó, 1.80, morocho, pelo enrulado, ojos negros, me quedé impresionado por su belleza y su masculinidad, al escucharlo hablar, le pregunté de donde era. ¡Soy venezolano, y estoy aquí, por intercambio, así que debo esforzarme mucho para lograr buenas marcas, es por eso que estoy a su disposición total para lo que necesite!

Al escucharlo me dio un temblequeo interior que no podía controlar, pero sabía que si lo hacía bien íbamos a quedar satisfechos ambos y le dije: Como sabrás este es un día muy especial para ti, si sigues mis instrucciones al pie de la letra podrás formar parte del equipo de lo contrario…  Juan Miguel interrumpe diciendo: ¡Por favor no piense eso haré todo lo que Ud. me pida para pasar exitosamente las pruebas, realmente estoy obsesionado por aprender sus métodos de enseñanza, ya que yo no tengo idea de cómo se inician las prácticas, ni de cómo hacer los ejercicios, así que le haré caso en todo.-dijo incrédulamente. Realmente le tengo que sacar jugo a esta situación, este chico está muy sumiso a mí. Pensé…

Comenzamos las pruebas, estatura, le indiqué donde estaba la báscula donde también hay un centímetro, lo apoyé en su cabeza, le tomé el pecho y le dije más erguido, por favor…- ¿así está bien señor?-preguntó… -Si, así está bien-con voz firme, dije. Vamos a ver el peso. Como lo había colocado mirando hacia la pared, noté que las pesas de la balanza estaban justo en frente de su increíble bulto, se notaba su verga en reposo gruesa, mirando hacia un costado y abajo, y las bolas bien redondas y contorneadas, de buen tamaño, sus piernas musculosas y anchas y sin vellos y su estrecha cintura, un cuerpo espléndido… estuve como dos minutos observándole el bulto, midiéndole la pija, o que tamaño tendrías sus huevos, realmente eran enormes…  Empecé a mover las pesas y rozaba mi mano en su bulto con cada movimiento que hacía de las manos, lo tocaba o rozaba, él seguía con la vista arriba y al frente como se lo había indicado, tenía el paquete en reposo, y eso me gustaba…

Acuéstate en la camilla boca arriba que te voy a medir las extremidades- dije. Si señor- contestó y se subió a la camilla con las manos a los costados y cerró los ojos… le tomé un brazo (fuerte y musculoso), se lo medí, mientras giraba hacia el otro lado de la camilla para medirle el otro brazo, puse mi mano entre el elástico de la cintura y el bulto de su pija, ahí noté aún más el grosor de su pija al sentirla en la palma de la mano, mientras doblaba hacia el otro lado, él instintivamente abrió sus piernas, era un acto reflejo, nada deliberado, observé, le medí el otro brazo y le tomé la pierna y se la separé algo del centro, noté que su short se abrió algo por debajo, dejando ver el bulto de sus huevos a través de un slip blanco, le medí la pierna, la otra y al abrirle la pierna, el short se abrió y por debajo pude ver el bulto de su verga que sobresalía del slip. ¡A ver la cintura! dije autoritariamente…

Él levantó la cola hacia arriba y como estaba boca arriba aún, mientras estaba así, puse mis labios un su verga, aprovechando que seguía con los ojos cerrados, tomé la cinta de medir, la pasé por debajo y a la altura del ombligo uní las dos puntas de la cinta, lo mismo hice con su pecho, sus tetillas estaban erectas, quizás por el roce, lo que me enloquecía… Yo casi no hablaba… tragaba saliva a cada rato… empezaría la densidad muscular. ¡Sácate la remera! -le ordené… y empecé a tocar todos los músculos de su pecho, sus brazos, su cuello, todos ellos estaban fuertes y desarrollados, su estómago bien marcado por la gimnasia dejaba ver el tenue vello púbico que se perdía por entre el elástico del short, con la palma de la mano comencé a tallar cada músculo de su estómago cada tanto mi mano se chocaba con el short y entonces comencé a meter la mano por debajo de elástico, lo levanto algo y me quedé disfrutando como sus vellos se sentían al tacto, lograba sentir el elástico superior del slip, abrí sólo un poco más el short para ver que había… y me encontré con el bulto más hermoso que había visto, la pija bien gruesa y en reposo y atrás las bolas bien redondas que ocupaban toda su entrepierna y se perdían por entre ellas…

¡Boca abajo! Ordené. Así lo hizo inmediatamente y toqué toda su fuerte espalda, llegué a la cintura y comencé a delinear su cola, perfecta, le bajé el short y por debajo del elástico de las piernas del slip comencé a tocarle los cachetes del culo, le abrí algo más las piernas y comencé a tocarle donde terminaban las bolas y empezaba la raya del culo, corrí el elástico del slip y le vi el agujerito del culo, con casi nada de vellos, le abrí los cachetes y empecé a acariciarle la entrada del ano con el dedo índice, traté de meterle un dedo, pero se cerró inmediatamente, con lo que deduje que era virgen, me mojé con saliva el dedo mayor deposité esa saliva en ese agujerito y comencé a girar el dedo, lo dejé… subí el short y le dije: ¡boca arriba!… Entonces le pregunté de sus operaciones anteriores, ya notando que su pija estaba más gorda…

Comencé a buscarle posibles hernias… apreté su estómago con tres dedos, por encima y debajo del ombligo, entonces tragué saliva, respiré hondo y fui metiendo la mano suavemente, por debajo del elástico del short en dirección a su ingle, de camino me topé con el bulto de su verga, la cual dio un respingo, comencé a presionar la ingle y con cada vez que apretaba me adentraba más dentro de su slip. Comencé a palpar por encima de mis dedos en esa zona, el peso de su verga, mientras presionaba esa zona abría algo más los dedos entre sí para encerrar su pija entre ellos, comencé a usar más dedos en la zona, sus huevos no me cabían en una mano y parecían inflados de leche, los masajeaba, me di vuelta y vi su rostro… ojos cerrados y comiéndose el labio superior, su pija estaba ya, fuera de cualquier reposo, le bajé el short hasta media pierna y después él se lo bajó hasta los tobillos, comencé a masajear toda la tela del slip y a seguir toda la extensión.

Lo vi tan delicioso que me lancé, le quité el slip, apareció ante mí una pija maravillosa, no lo dudé y comencé a chupársela, él me miraba asombrado, pero no dijo nada, yo seguí chupando, y al cabo de unos instantes comenzó a gemir muy despacio y su cuerpo comenzó a reaccionar, por lo cual me animé a seguir cada vez con más fricción mi labor, él no pudo más y soltó toda su leche caliente en mi boca, que sin desperdiciar una gota, la bebí toda, hasta dejarlo totalmente limpio.  Yo quería más, pero ya habíamos pasado mucho tiempo a solas y debía atender a los otros jóvenes, así que le dije que no habíamos terminado, que deseaba tener esa pija, que nos veríamos al salir del lugar, en donde nadie pudiera notar lo que pasaría entre nosotros y pudiéramos disfrutar a pleno de nuestros cuerpos.

Lo que sigue, lo relataré en otro momento…

Saludos.

Autor: El asistente

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Corriendo me alcanzó

Muy pronto comenzó a acabar, la puse en cuatro patas en el borde la cama, y empecé a metérsela. La tomaba de su cintura y la atraía hacia mi cuerpo, que grande está, me decía. Y cada vez con más fuerza, la quería partir, metí dos dedos en el culo y me pidió por favor, me los mojé con la saliva y se los volví a meter. Estábamos a mil los dos, llegamos a otro gran orgasmo gritando de placer.

Esta es la historia con una señora que conocí mientras corría por Palermo; era la mañana de un domingo y estaba por Avenida del Libertador y Austria, dando vueltas a la plaza y me crucé con una señora, menuda, rubia, de ojos claros, 1.60 mts de altura, y tetas paraditas, (como buena argentina). Estaba acompañada de un perrito blanco, casi una pompa de algodón, creí en principio que habíamos cruzado miradas, pero no supe como comenzar una conversación, hasta que de pronto no la volví a ver.

Tuve que esperar hasta el domingo siguiente y volvió aparecer un poco más tarde, volví a tener la sensación que cruzábamos miradas y en la siguiente vuelta la saludé, contestando ella lo mismo. Ahora decidido en la siguiente vuelta me frené anticipadamente y me fui encarando con la mirada fija en ella, ella sonrió y nos pusimos a conversar.

Primero nos dijimos nuestros nombres, se llamaba Adriana y yo Michingo, me comentó que le encantaba correr y lo había hecho hasta hace unos años, pero ahora iba al gimnasio casi todos los días. Tenía una agradable conversación y unos ojos celestes divinos, cuando me quise dar cuenta la estaba acompañando hasta la puerta de su casa, un muy buen edificio de departamentos sobre la avenida. Me saludó con un beso en la mejilla; yo ya estaba pensando en que había buena onda, y como lograría llevarla a la cama, teníamos más de 30 años de diferencia, pero Adriana tenía un cuerpo delicioso…

Pasé la semana esperando ese domingo, llegué antes y al mediodía la encontré; primero saludando de lejos con la mano y luego con un lindo besito en la mejilla, pero dejándome oler la fragancia de su perfume. Charlamos de temas corrientes, me contó de sus viajes, y las coincidencias de algunos destinos, había recorrido muchos países varias veces, y manejaba cuatro idiomas.

Lo más lindo era la narrativa como contaba las cosas, y sus lindos ojos, la veía caminar y su cuerpo era delicado, y sus pechos paraditos. Esta vez solo dio una vuelta a la plaza, y fuimos para su departamento, me invitó a subir a tomar algo fresco y por supuesto acepté. En el ascensor me miraba con una media sonrisa, pero también era un desafío entre lo que uno deseaba.

Llegamos al ante último piso, con un living con un gran ventanal, todo era luz, dos sofás blancos de tres cuerpos, un inmenso cuadro en la pared, con unos colores vibrantes, pocos muebles en un ambiente con prevalecencia blanca. La acompañé por el pasillo hacia su cocina, le quitamos la correa al perrito y le servimos agua, y preparó una bandeja con una jarra para volver al living.

Se sentó en mi mismo sillón, extendiéndose cómodamente en una de los extremos o cabeceras. Seguía sonriendo, estaba en la seguridad de su departamento, aun cuando solo estábamos los dos.

En un momento dado, charlando nos tomamos de la mano naturalmente, y los dos miramos lo que estábamos haciendo, sonriendo a nuestros ojos y me acerqué a su boca, seguro que lo deseábamos los dos.

Un beso corto en su boca acercó nuestras lenguas, nos separamos un poco y me sonrió, era una clara aceptación, y seguimos con besos más profundos, mis manos recorriendo su nuca y seguí jugando con pequeños besitos por su cuello y bajo su orejita, me dijo…-Esto me encanta, qué dulce sos.

Bajaba mis manos tocando sus pechos y ella me masajeaba mi espalda, subí su remera hasta el cuello y saqué un pecho de su corpiño y me dediqué a besarlo y comerlo. -Ay mi amor, seguí… me decía,  se sacó la remera y aproveché a desprender su corpiño.

Seguí por sus pechos, y ella bajó su mano hasta mi pene que estaba a mil, como tenía un pantalón deportivo se notaba notablemente mi excitación. Estuvimos veinte minutos meta franela, y ella me dice. – Seguime al cuarto… Fuimos caminando apoyando su culito en mi pija hasta ese dormitorio, blanco, inmenso, con una cama súper King, desde su ventana se veía hasta el río.

Se sacó las zapatillas y se bajó el pantalón de jogging mientras me desvestía, siempre llevaba unos preservativos en mi riñonera. Ella se quedó con una mini tanga, casi un hilo dental, este encuentro estaba totalmente predeterminado, me estaba esperando y yo no pensaba dejarla pasar.

Nos metimos en la cama, la seguí besando, me entretenía en sus pechos y bajé mi mano hacia su conchita, encontré sus labios vaginales y una gran humedad, seguí bajando mis besos por su cuerpo, moví su bombachita y metí mi boca entre sus piernas, mi lengua empezó a hacer un gran trabajo, encontré sus clítoris, lo besé y chupé, lo recorría haciendo girar con fuerza mi lengua, y ella empezó a dar suspiros cada vez más fuertes…

Metí mi dedo unos tres o cuatro centímetros presionando sus paredes, buscando ese punto G, que conseguí encontrar, y con un grito me lo hizo saber, así seguí unos diez minutos, hasta que sentí que venían unos espasmos desde su vientre y comenzó a moverse muy rápido, y a gritar hasta que llegó su primer orgasmos que los tomé en mi lengua, estaba delicioso, pero seguí jugando, y en unos minutos vino el siguiente, empezó a pedirme que se la metiera.

Me levanté y abrí sus piernas y las coloqué en mis hombros, me pidió que se la pusiera despacio por que hacía mucho que no cogía. Entraba bien y comencé a meterla de a poco, suave y con besos en su cara, y por fin llegué hasta el fondo, le encantó, y comencé a tomar de a poco velocidad hasta llegar a un meta y saca, y ella comenzó a acabar, las paredes de su vagina se contraían, lo cual me calentaba mucho más, pegó un hermoso grito y clavó sus uñas en mi espalda, yo seguía caliente, y mi pija moviéndose; entonces se levantó y se puso en cuclillas apoyándose sobre mis rodillas, y comenzó a subir y bajar, metiendo mi pija en su concha, ahora ella quería manejar los tiempos.

Esta posición me favorecía para aguantar un tiempo más, subía y bajaba y gritaba, se tomaba los pelos y me miraba a los ojos con tanto deseo, yo le manoseaba los pechos y apretaba sus pezones, duró unos quince minutos hasta que de vuelta sentí sus convulsiones, y yo también empecé a acabar, los dos gritábamos de placer, y terminamos abrazados, sudados de tanto coger y besándonos a lengua abierta.

-Querido, que hermoso fue esto, hace tanto que lo necesitaba…

Nos quedamos descansando y tocándonos, se levantó fue al baño a lavarse y buscar algo para tomar en la cocina. Volvió moviendo su cadera, me ofreció una copa y brindamos, y volvimos a besarnos, se estaba reponiendo y comenzó a tocarme, con su mano tomó mi pija, sacó el preservativo, y bajó su boca, me lo limpió y siguió, yo mientras tanto empecé a meter una mano por su conchita, tocándola suavemente y con la otra manos jugaba con sus pechos.

Poco a poco fue levantando a mi pija, que delicia era su lengua jugando con mi cabecita, besándola, y metiéndosela de a poco y suavemente hasta el fondo, realmente sabía y gozaba lo que hacía. Me corrí entre sus piernas y continuábamos en un 69, era tan bueno esto, y comencé a jugar con unos de mis dedos por la entrada de su culito, despacito por favor, me decía.

Muy pronto comenzó a acabar y después de eso me levanté, la puse en cuatro patas en el borde la cama, y yo parado empecé de a poco a metérsela. La tomaba de su cintura y la atraía hacia mi cuerpo. -¡Que grande está!…Cómo la siento… me decía. Y cada vez con más fuerza, la quería partir, metí dos dedos en el culo y me pidió por favor, me los mojé con la saliva y se los volví a meter. Estábamos a mil los dos, y llegamos a otro gran orgasmo gritando de placer.

Qué mujer era Adriana, que mañana me regaló con dulzura y placer, y sabiendo lo que es coger. Esto fue el comienzo de muchos encuentros divinos, que ya volveremos a recorrer juntos, ya que nos permitimos todo lo que puedas imaginar.

Autor: Michingo

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