Mi querida criada

María había despertado en mí una incontenible necesidad de sexo y mi pasión por la autosatisfacción me pedía pajearme sin cesar, pero procuré calmarme. El agua fría de la ducha me calmó, y poco a poco me fui relajando, en menos de 24 horas había tenido dos sensacionales vivencias, las braguitas de María y, más que mi exhibicionismo, el voyerismo de Silvie, el descubrir que mi vecina gustaba de verme y que lo había disfrutado a la descarada, sin tapujos, sin inhibiciones, presenciando estoicamente, como me corría ante ella.

Este relato es verídico en todo su contenido. Sólo he cambiado los nombres para guardar la intimidad de los personajes que intervienen. Ocurre en Tenerife – Puerto de la Cruz. Entre los años 1996 y 2002.

Empezó a trabajar en mi casa cuando apenas tenía 18 años. No voy a dar su nombre verdadero pues no quiero perjudicarla, la llamaremos María. Ahora es una mujer casada, madre de 2 hijos y lamentablemente ya no trabaja para mí. Dejó de estar a mi servicio hace cuatro años. Nadie me cuidó como ella y nadie me ha dado tanto placer como ella. Nunca podré agradecerle tantas horas de lujuria como me hizo pasar.

Todo empezó cuando me divorcié de mi mujer, hace ya ocho años. Ana Rosa, que así se llama mi ex mujer, decidió separarse de mí. Hacía ya tiempo que lo nuestro no funcionaba. Hacía 17 años que me veía forzado a correrme “fuera” de ella cuando follábamos y eso fue apagando mis sentimientos de deseo hacia ella.

Yo siempre fui aficionado a masturbarme. Mi primera “paja” se pierde en los recuerdos, en mi casa de Sarriá en Barcelona. Me “pajeaba” en todas partes. En el baño, en el jardín escondido tras los grandes geranios que tan esmeradamente cuidaba mi madre, en el WC de la escuela. Pero todas las noches en mi cama. Era allí, en la intimidad de mi dormitorio donde mis fantasías se desbocaban. No soy homosexual, pero de siempre me ha gustado meterme toda clase de objetos por detrás: Plátanos, pepinos, huevos, bolas, collares, cadenas, toda clase de juguetes sexuales que pueda introducirme mientras me masturbo y últimamente me he especializado en enemas, sobre todo en los días en que estoy súper-caliente y en los que no paro, durante horas, de darme toda clase de satisfacciones sexuales que me calmen el fuego que me consume.

Me paso horas con la polla tiesa dándome gusto. Recuerdo que durante un buen tiempo de mi juventud, solía envolverme el pene con un pañuelo, me metía la almohada entre las piernas y me la follaba como loco, hasta correrme. Mis lechadas eran tan abundantes que todo el pañuelo quedaba totalmente empapado de semen. Un día la criada que teníamos me dijo: “Eres un machote, hay que ver cómo me pones los pañuelos”. Pero de ahí no pasó la cosa. Siempre he sido muy tímido a la hora de dirigirme a las mujeres. Os explico eso pues va relacionado con mi separación y todo lo que después ha ocurrido.

Como reacción a la negativa de mi mujer a que me corriera dentro, pues ella no quería tomar la píldora y yo no soporto el látex de los preservativos, comencé a masturbarme de nuevo a diario, pues me proporcionaba mayor placer una buena paja que el follar pensando que debía sacarla a tiempo para no dejar gota en su interior. Cuando mi mujer se iba a acostar, yo buscaba cualquier pretexto para quedarme “un rato más”. En cuanto me cercioraba de que ella dormía, buscaba un canal porno en la TV, me despojaba de los pantalones y a “pajearme” durante un buen rato. Me corría en el slip que luego dejaba en el cesto de la ropa sucia. Hacía años que teníamos a María como sirvienta y, supongo que María, cuando seleccionaba la ropa para lavarla encontraría bien mis corridas frescas o ya acartonadas. Mi mujer le exigía que lavara nuestra ropa íntima por separado y eso la obligaba a seleccionarla y consecuentemente a ver mis lechadas en todos y cada uno de mis slips, por lo que supondría que algo raro ocurría. (Más tarde supe que así era y que ello influía en su estado de ánimo, excitándola).

Más o menos un año antes de separarme de mi mujer y cuando por no coincidir nuestros días de trabajo, (ambos éramos autónomos y teníamos una profesión independiente), ella se iba y yo quedaba en casa, solía desayunar en la cocina cuando llegaba María, la diferencia de edad entre ambos es bastante grande. Ella me servía el desayuno y charlábamos de los hijos y de la vida en general mientras tomábamos tostadas, pastas y café con leche. Un día se me ocurrió exhibirme a María. Permanecí en bata sin nada debajo a la espera de María. Cuando llegó me senté en la cocina como de costumbre, en el lateral de la mesa que me permitía mostrarle mi polla al entreabrir las piernas, con un periódico en las manos, leyéndole una noticia de sucesos a los que era muy aficionada, mientras ella hacía el café y las tostadas.

Ella estaba de espaldas a mí manipulando en el tablero de los muebles de cocina. Cuando se giró hacia mí yo ya la estaba esperando con las rodillas separadas y la “polla” más que morcillona por el morbo que sentía. Levanté la vista para comprobar si miraba o no y pude comprobar con satisfacción que, aunque con disimulo, tenía sus ojos puestos en mi hermoso pene 17 centímetros de largo por 13 de perímetro, cuando está en plena erección. Seguí leyendo la noticia mientras separaba un poco más mis rodillas, por lo que una parte de la bata se deslizó por el lateral del muslo dejándome totalmente al descubierto. Yo fingía estar pendiente exclusivamente de la lectura, pero de refilón podía ver, por la posición de sus pies, que seguía frente a mí.

Como sin saber lo que estaba ocurriendo crucé las piernas, con la buena fortuna que, al hacerlo, todo mi “aparato”, huevos y polla quedaron sobre mis muslos por lo que esta última quedó totalmente erguida. Con gesto disimulado me tapé y ella se giró hacia el tablero para concluir la preparación del desayuno mientras me decía:

–”Que barbaridad. Hay que ver las cosas que pasan cuando una menos se lo espera”.

No sé si lo dijo refiriéndose a la espléndida visión que le ofrecí o a la noticia que le leía, la cuestión es que tomando la bandeja vino hacia la mesa. Esta era, bueno es, rectangular y algo estrecha. Uno de los extremos estaba y está adosado a la pared y yo me encontraba donde siempre y en la manera de siempre, es decir, sentado lateralmente al lateral con las piernas paralelas a este y ella se sentó en el extremo, por lo que podía seguir “viendo”, lo que yo le “enseñara”. Observé que tomaba asiento corriendo la silla, con disimulo, algo a su derecha para quedar “más encarada” a mí. Se incorporó para servirme el café con leche y al hacerlo desvió la mirada a mi regazo, pero yo estaba “cubierto”.

Mi polla estaba al máximo, palpitando y con las venas hinchadas. El capullo emergía morado e inflado entre el pliegue de piel, (no me operaron de fimosis). La bata mostraba un evidente bulto. Me acercó el azúcar y volvió a mirar y entonces adelante el busto y separé las rodillas como unos cuarenta centímetros por lo que de nuevo le ofrecí el espectáculo que sin duda la estaba excitando pues de inmediato comenzó a chocar sus rodillas y su voz se hizo temblorosa. Ya no hubo más. Me daba por satisfecho por ser la primera vez. Y así pasamos algo más de un año. Dos o tres veces por mes coincidíamos solos y yo le ofrecía un espléndido espectáculo y ella se excitaba. Por mi cabeza no pasaba nada más. Me conformaba con eso que me servía para, mientras ella recogía los platos tazas y demás del desayuno, yo me pajeara en el baño, teniendo cuidado de dejar mi “lechada” en una toallita de bidet, bien a la vista, para que no hubiera duda alguna que me había masturbado a su salud.

Me divorcié y María quedó a mi servicio, aunque mi mujer le propuso ir con ella un día a la semana, pero ella rehusó. Todo seguía igual, bata sin nada debajo, visión de mi miembro totalmente empalmado, paja en el baño y lechada en la toallita. Pero un día, al regresar de mi trabajo por la tarde. (María sólo venía por las mañanas, lunes. miércoles y viernes), me encontré con la sorpresa más agradable que jamás haya tenido y que se convirtió en el “Live Motive” de mi día a día.

Había previsto salir un rato pues era la fiesta del patrono de la urbanización donde vivo y después de ducharme, al buscar entre mis slip uno limpio que ponerme, encontré enrolladitas unas braguitas, que por supuesto no podían ser de otra persona que María. Primero pensé que se “habían colado” entre mi ropa pues quizás ella había aprovechado la colada para lavarlas. ¡Pero no! ¡No estaban enrolladas, estaban apretujadas y al extenderlas vi que en el lugar donde se posaba su coñito había una buena mancha! Me las aproximé a cara para olerlas y la maravillosa fragancia de un coño húmedo por excitación sexual, me embargó. La mancha era grande y ocupaba toda la parte de la entrepierna que estaba protegida por un tejido absorbente. La erección fue instantánea. Me llevé aquella fragante parte a la boca y comencé a chupar con fruición para sacar todos los jugos que allí se concentraban. ¡No estaban totalmente secos, aún conservaban la humedad de su coño! Mientras con la mano izquierda apretaba aquella deliciosa fruta, mi mano derecha solo tuvo tiempo de agarrar mi polla y darle cuatro manotazos que estallaba.

Mi leche salió despedida salpicando las puertas del armario ya que los movimientos de mi mano zarandeaban la inflada cabezota que no cesaba de lanzar chorros de leche a diestra y siniestra. Fue una corrida impresionante. De las mejores y más cuantiosa que he tenido en mi vida. Una eyaculación larga, a borbotones. Recuerdo que, sacándome sus bragas de la boca, bajé la cabeza tanto como pude para alcanzar alguno de ellos consiguiendo “cazar” uno al aire. No sé por qué lo hice, pues hasta entonces nunca me había “comido” mi leche, pero lo cierto es que a partir de ese día siempre me “como” mi leche sin dejar ni una sola gota.

Cuando terminé de “chorrear” se me aflojaron las rodillas y casi me caigo. Tambaleándome, con sus bragas entre los dientes, conseguí llegar al baño y me refresqué la cara. Eso me sosegó en algo aunque mi corazón seguía latiendo a un ritmo muy acelerado. Mi polla seguía dura como una piedra. Fui a la cocina y busqué una copa en el armario. Desnudo como estaba me senté en la terraza y sin dejar de chupar sus bragas, volví a masturbarme. Sentía el sabor de mi semen mezclándose con el de su coño. No tardé mucho en volverme a correr. Recogí la abundante leche, no tanta como en la paja anterior, en la copa y me la llevé a la boca mezclándola con el sabor que desprendía su braga y me lo tragué todo sin dejar ni la más mínima gota.

Momentáneamente satisfecho me vestí. Puse sus bragas entre el slip y mi polla y me fui a la fiesta. Mis vecinos eran los presidentes de la asociación de propietarios y estaban en el quiosco de las bebidas. Pedí una botella de Cava y me senté en una mesa con un par de conocidos. Sentía sus bragas mojadas contra mi pene que seguía más que morcillón. El Cava, los decibeles de la música que hacía sonar un DJ en su discoteca portátil y la excitación que sentía en todo mi cuerpo no me permitieron estar mucho rato en la fiesta. La distancia del lugar donde se celebraba y mi casa no es más allá de unos cien metros. Me despedí de la pequeña reunión apurando mi copa y me fui a casa. Mi deseo era tan grande que el trayecto me pareció demasiado largo para esperar llegar a la intimidad de mi pequeño chalet. Aún a riesgo de ser descubierto no pude resistir la necesidad de volverme a masturbar. Corrí la cremallera y mientras caminaba me saqué la polla de su apretado encierro y comencé a “pajearme” cadenciosamente.

El morbo que me proporcionaba la posibilidad de ser descubierto, aumentó mi excitación y casi me corro por el camino. Tuve el tiempo justo de cerrar la cancela del jardincillo que circunda mi casa e introducir mi pene en el slip para que sus bragas recibieran mi descarga. Permanecí un rato jadeante apoyando mi espalda en la cancela para no caerme. Luego descendí los pocos peldaños que separan la entrada con el pasillo que rodea la casa y apoyándome en la pared llegué a la puerta. Me costó abrirla y al conseguirlo entre juramentos, me dirigí sin más a mi dormitorio y tumbándome vestido como estaba en la cama me quedé profundamente dormido.

A la mañana siguiente, desperté con la polla dolorida, pero erguida. De inmediato regresó a mi mente lo vivido la tarde noche anterior y el pene tomó la más erecta de sus posiciones invitando a que le diera gusto una vez más. Busqué sus bragas y aspiré el perfume de mi semen y sus jugos. La enrollé al glande y con un sube y baja pausado y rítmico traté de satisfacer a aquel pedazo de carne endurecida y palpitante que quería volver a vomitar toda la crema que guardaba en mi interior. Sentí como se llenaba una bolsa en el interior de mi bajo vientre. Un fuego interior recorrió mis entrañas. Mi bolsa testicular se endurecía y estremecía ordeñando mis huevos. El conducto interno de mi palpitante salchichón se ensanchó para dar paso a los chorros de leche que pugnaban por salir. Dudé entre recogerlos en el cuenco de mis manos o derramarme en sus bragas que dicho sea de paso eran negras y con encajes. Opté por lo último y las empapé con mis descargas de oloroso néctar. ¡Qué corrida, qué fantástica corrida! Lenta y casi dolorosa. La leche salía espesa e intensamente perfumada.

Quedé exhausto sobre la cama mientras las últimas gotas seguían bañando sus bragas y escapaba rezumando por las arrugas de la tela, bañando mis dedos y entonces pensé en una respuesta. ¡Ella me había dejado sus bragas para que me masturbara con ellas y ahora debía hacérselo saber! María no vendría hasta el día siguiente, por lo que era necesario que recibiera sus braguitas “tan cargadas” como me fuera posible. Mi mente trabajaba a tope. Me levanté y busqué una bolsita de plástico de las que uso para guardar los congelados y las introduje en ella, cerrándola con el pliegue de contacto con que vienen preparadas y las puse en la nevera. Quería que mi leche conservara todo el frescor y aroma de recién salida y además le añadiría tanta como pudiera durante el día y la noche, Al día siguiente tenía trabajo y estaría todo el día fuera. Pude correrme tres veces más durante el día y una cuarta antes de dormirme. Cuando guardé las bragas en la nevera por última vez, estas estaban totalmente empapadas y con grandes coágulos de leche en las arrugas y pliegues.

A la mañana siguiente las saqué de la nevera y las puse entre las sábanas para que recuperasen una temperatura normal y luego las coloqué en el armario en el mismo lugar donde ella me las dejó. Pasé el día sin poderme concentrar en el trabajo. La llamé un par de veces para indicarle alguna cosa intrascendental sobre lo que me gustaría me cocinara y me contestó con toda naturalidad, no pudiendo notar en su voz algún indicio que me indicara que había encontrado las braguitas bañadas en mi leche. Pensaba que lo más seguro era que las había dejado allí en algún descuido, pero entonces, ¿Por qué se las había quitado? No era lógico que se cambiara de bragas en la casa y mucho menos que las olvidara entre mi ropa interior. A medida que iba avanzando el día se apoderó de mí la impresión de que me había equivocado y estaba deseoso de llegar para salir de la duda.

Entré en casa y temblando me dirigí al armario, las bragas no estaban allí. Fui al cuarto de baño y miré entre la ropa sucia. ¡No había ropa sucia! ¿Entonces? Sin duda había lavado pues yo había dejado ropa sucia los dos días anteriores. Bajé al jardín a comprobar si las braguitas estaban entre la ropa tendida. Eran las cuatro de la tarde y ella se habría marchado a las dos como de costumbre. La ropa estaba tendida y mojada, por lo que habría lavado a última hora, pero ni rastro de sus bragas. Subí a la casa y me desnudé en el dormitorio. Tenía necesidad de sexo. Lo sucedido el día anterior con María demostraba mi teoría de que a las mujeres también les gusta “mirar”, si se les presenta la ocasión de hacerlo pareciendo que no miran. Una fuerza superior me obligaba a exhibirme y no había mejor candidata que mi vecina alemana. Alguna vez me había “pillado” con solo una camiseta mientras yo regaba las macetas de la terraza…

Suelo ir por casa totalmente desnudo cubriéndome sólo con camisetas muy anchas, que apenas me llegan unos centímetros por debajo del pene y las nalgas, a las que les corto las mangas, para “andar más fresco”, me encanta sentir la suave brisa canaria colándose bajo el amplio vuelo de la prenda. Su jardín se encuentra a más o menos, 10 metros de mi casa y está situado en un plano inferior a mi terraza de unos tres metros, por lo que al alzar la vista puede ver sin dificultad “lo que hay” bajo la camiseta. Me anudé una toalla a la cintura poniendo cuidado en que quedara lo suficiente corta, fingiendo salir de la ducha, para que mi vecina alemana, si salía a su jardín, que, como ya he dicho, queda por debajo de la galería de mi salón, pudiera “vérmelo todo”. Sabía que estaba en su casa pues al prepararme el desayuno la había visto trasegar por la casa a través de sus abiertas ventanas de par en par. Alguna vez había tenido la suerte de verla en bragas. Salí a la terraza, era septiembre y aquella tarde lucía un sol espléndido. Tuve buen cuidado de que la toalla llegara, por detrás, justo al inicio de mis nalgas sobre los muslos y por delante, a un centímetro por debajo del glande, así parecía que estaba “tapado” y que se me “veía” por casualidad y sin yo saberlo, pero en realidad podría “vérmelo” todo a la perfección.

¡Tuve suerte! Silvie apareció de repente en su jardín portando un balde repleto de ropa lavada, el tendedero está entre su casa y la mía. Para tender la ropa debía ponerse de cara o de espaldas a mí. ¡Afortunadamente se puso de cara! No lo dudé ni un instante. Todo debía parecer casual y sobre todo que no me daba cuenta de que se “me veía todo”. Yo había descorchado una botella de Cava y tenía la copa en la mano. De la manera más natural la saludé:

-¡Hola Silvie! Alzó los ojos y me respondió con su acento alemán: -¡Hola Arturo! He iniciando una conversación añadí: -¿Cómo va todo? – -¡Bien! – Me dijo mientras recogía una prenda para tenderla. Alzó los brazos y su vestido playero dejó ver al completo sus buenos muslos.

Sentí como mi polla se endurecía e iniciaba la erección. Qué bien pensé, así me verá en plena forma. Mientras tendía la prenda me miró y pude percibir en ella un ligero estremecimiento. Terminó de colocar las pinzas y alzando un poco más los brazos se agarró a la barra que sostenía los cables del tendedero. El vestido se alzó un poco más y bajo el borde asomó el ángulo de la braga que tapaba su coño.

-¿Y a ti como te va?

Me miraba Sin dar a entender sorpresa y comprendí que deseaba alargar la situación por lo que iniciamos una conversación de vecindad sobre las cosas y el tiempo. De repente me dijo.

-Ahora vuelvo. Tengo algo en el fuego – Y salió a toda prisa hacia el interior de la casa.

Volvió a los pocos minutos tiempo que aproveché para descapullarme el glande pues normalmente lo tengo cubierto de piel. Hice que asomara hermoso e hinchado como estaba, rodeado de la fina piel morena, tostada por el sol. Voy afeitado. Por cierto que hoy compraré crema depilatoria… Se colocó donde estaba antes, apoyada de hombro a uno de los pilares de una pequeña pérgola de su jardín donde se enmaraña una tímida enredadera y dijo:

-He apagado el fuego y así estoy tranquila. Las niñas están en el Lago Martianez, pero no tardarán en venir.

Apoyé los codos en la baranda metálica de la galería y puse un pie derecho en la barra inferior por lo que al quedar la rodilla algo alzada y tener el busto adelantado, la toalla que cubría mi vientre, se separó lo suficiente para que mi pene quedara en plena libertad y totalmente visible. Ella, entonces, se volvió a coger de la barra donde se ataban las líneas del tendedero y su vestido volvió a subir y ¡Oh! ¡Se había despojado de sus braguitas! Comprobé que se depilaba como yo. Separé la rodilla alzada para liberar aún más mi polla que se estaba poniendo dura por momentos, levantando la toalla con la punta. ¡Qué rico! Pensé. ¡Mira Silvie mira que lo estoy enseñando para ti solita! ¡Disfrútalo amor! ¡Disfrútalo! Y me puse a cien. Sentía como la bolsa testicular se estremecía y al contraer el escroto el glande rozaba suavemente la rugosidad de la toalla, lo que me estaba excitando de tal manera que tuve que hacer un tremendo esfuerzo para no pajearme.

Seguí con las contracciones y el roce de la toalla me excitaba más y más. Presentí que me iba a correr y ¿Qué haría entonces? Silvie se estaba balanceando sostenida de la barra y su vestido se había subido un poco más dejando todo su lindo conejito al descubierto. No tenía marca de la braguita del bikini y estaba muy broceado, lo que indicaba que ella también tomaba el sol desnuda. Semi suspendida de la barra se balanceaba atrás y adelante por lo que el borde del vestido se movía en el mismo sentido chocando en el vaivén contra su vulva. Separaba y juntaba las piernas haciendo chocar sus rodillas. El clítoris apareció, rosado e hinchado, entre los labios vaginales externos. De repente un estremecimiento recorrió su cuerpo, se soltó de la barra y apartando la vista de mí me dijo:

– Bueno. A ver si termino de tender la ropa, que hablando y hablando se me va el tiempo y tengo que preparar la cena, tú ya sabes que lo alemanes cenamos muy pronto. – Y añadió. – Tu compañía y conversación es muy grata, pero lo siento debo seguir con las cosas de la casa. – Si. Claro. Cuando uno está a gusto el tiempo pasa volando.

Creí que me salvaba, pues la leche ya había iniciado su recorrido, pero no fue así pues ella mirándome y sosteniendo unas braguitas en la mano me dijo:
– Ha sido un rato muy agradable, a ver si lo repetimos como buenos vecinos que somos, la gente está falta de comunicación. Dijo mirándome fijamente.

No supe que contestar pues a mitad de su frase yo ya estaba eyaculando. El semen brotaba a borbotones. Con fuerza, como si quisiera alcanzarla. En el balanceo la toalla se había colocado sobre la caña de mi polla y el capullo estaba completamente liberado y ella podía verlo eyacular con toda claridad, estaba morado y boqueando a cada “avenida”. No pude evitarlo, mi vientre, piernas y nalgas no cesaban de dar sacudidas a cada borbotón de semen. No podía moverme mis pies estaban clavados en el suelo y mis manos se aferraban a la baranda para mantenerme en pie. Me sentía abrumado y a la vez dichoso y sumamente excitado porque mi vecina Silvie me viera en aquel trance. No podía apartar la vista de ella con el riesgo de que se armara la marimorena. Silvie se quedó absorta mientras colocaba las braguitas en la cuerda y sin dejar de mirarme se agachaba para tomar otra prenda, al levantar las manos consiguió prender el borde del vestido y me obsequió con toda su desnudez hasta la cintura, antes que este cayera volviendo a su posición normal.

Eso provocó en mi algo nunca ocurrido, sentí como un chorro de leche salía despedido con fuerza, como un surtidor, lo había hecho con mucho disimulo procurando que pareciera casual, pero no pudo ocultar la intencionalidad. Parecía decirme: “Es aquí donde deberías regar con tu leche”, y por todos los diablos eso es lo que mi polla pretendía con semejante chorro.

-Si – Le dije con voz estremecida y temblorosa por el placer mientras me corría. -Todo…s deberíamos ser más… comunicativos y mostrarnos tal como somos, sin tapujos, sin prejuicios.

Iba a desfallecer de tanta excitación. Me temblaban las piernas y tenía que agarrarme fuertemente a la baranda pues temía caerme. Mi vientre se convulsionaba al unísono de los borbotones de mi corrida. Tenía que irme o me desplomaría ante ella y despidiéndome añadí:

-Bueno adiós, yo también tengo cosas que hacer, a ver si la próxima vez tenemos ambos más tiempo.

Y dándome la vuelta entré en el salón de mi casa, dejándome caer en el sofá, jadeante y sudoroso. Todo mi cuerpo temblaba atenazado por la excitación tan intensa que sentía. Había sido algo maravilloso, extraordinario, correrme ante Silvie, mientras ella me miraba sin pestañear, absorta en mi tremendo orgasmo. Jamás hubiera pensado que mi vecina fuera de esa clase de mujeres que no se reprimen ante la oportunidad de disfrutar de algo que les proporcione gusto. ¡Qué bueno, Silvie había presenciado con indudable placer mi corrida! Lo único que yo lamentaba es haber desperdiciado aquella corrida y no haber tenido tiempo de recogerla en un vaso para bebérmela o verterla sobre las braguitas de María. Fui a la nevera y tomé un refresco que bebí de un trago. Tenía los muslos llenos de semen y mientras iba al baño para lavarme recogí las gotas que resbalaban muslos abajo y me las llevé a la boca con incontenible deseo.

María había despertado en mí una incontenible necesidad de sexo y mi pasión por la autosatisfacción me pedía pajearme sin cesar, pero procuré calmarme. El agua fría de la ducha me calmó, y poco a poco me fui relajando, en menos de 24 horas había tenido dos sensacionales vivencias, las braguitas de María y, más que mi exhibicionismo, el voyerismo de Silvie, el descubrir que mi vecina gustaba de verme y que lo había disfrutado a la descarada, sin tapujos, sin inhibiciones, presenciando estoicamente, como me corría ante ella sin ni siquiera tocarme y muy posiblemente por el estremecimiento que en ella aprecié, disfrutar de un buen orgasmo, sin como yo, masturbarse. Cené mientras visionaba una película porno y me hice una paja, tranquila y suave y la calentita crema fue el postre.

Autor: Artesco

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Mi primer oral fue con mi novio

Siguió besando y tocando, ya me estaba poniendo a mil, nos fuimos a otro lugar de la casa por si alguien se despertaba y terminamos en la lavandería, me quitó la blusa y el sostén y me empezó a apretar los pechos con urgencia, yo ya estaba muy excitada, me desabrochó el pantalón y lo bajó un poco y metió sus manos entre mis pantaletas y siguió tocando hasta llegar a mi vulva.

Soy una chica a la cual, si la ven a primera vista, dirían que de plano, soy de las niñas seriecitas, que su papá no la deja salir, es una chica de biblioteca, sabelotodo, etc. Y créanme… no se equivocan del todo.

Mi nombre es Ana, soy morenita, delgada, de 1.65 M, cara redondita, ojos color cafés y rasgados (como si fuera una chica oriental), cabello medio largo ondulado color marrón y como practico deportes conservo mi figura, 87-60-90. Generalmente escondo mis atributos (como me han dicho) con ropa holgada, pero cuando voy a fiestas ahí me luzco.

Me gusta mucho estudiar y aprender y me han dicho que parezco una niña de 17 en vez de una chica madura de 21. Mi novio Iván, es uno de los chavos populares de la universidad tiene 24 años es deportista, y muy atractivo a las mujeres, se destaca muy bien en los estudios pero de vez en cuando se lleva una materia para de plano no parecer un “nerd”. (Aunque creo que eso está mal).

En fin, Iván y yo empezamos a andar en un diciembre, todo era no más de besos abrazos y caricias. Pero poco a poco las cosas fueron cediendo de tal forma que llegábamos al punto de tocarnos y acariciarnos más íntimamente. Era una delicia las caricias que me daba y para ese entonces no pensaba que el sexo en sí fuera tan genial como creo que lo es ahora.

Un día salimos a una fiesta, me vestí muy especial para él, estuvimos ahí un rato nos divertimos, yo bebí y andaba un poco mareada, le dije que ya era hora de irnos. Como llevábamos mi auto tuve que dejarlo en su casa, en ese momento me invitó a pasar un rato mientras ya se hacía la hora de mi llegada a casa y se me pasaba lo mareada. Pasamos a la cocina para tomar algo pues andaba aún mareada de lo mucho que tomé. Quizás fue el alcohol o la situación de estar solos, me le acerqué y como en otras ocasiones empezamos a besarnos y a tocarnos. Sentía mucho placer cuando me tocaba los pechos y supongo que el también pues cuando yo le toqué su pene ya casi lo tenía erecto.

Me reí un poco y me preguntó – ¿De qué te ríes?- No nada, es que estoy un poco tomada…- Me sonrió y siguió besando y tocando ya me estaba poniendo a mil, nos fuimos a otro lugar de la casa por si alguien se despertaba y no sé cómo pero terminamos en la lavandería, ahí su manoseo fue más exigente, me quitó la blusa y el sostén y me empezó a apretar los pechos con urgencia, yo ya estaba muy excitada, me desabrochó el pantalón y lo bajó un poco y metió sus manos entre mis pantaletas y siguió tocando hasta llegar a mi vulva.

– Ahhhhh.

Cuando sentí sus dedos tocarme mis piernas temblaron al contacto, eso le gustó, y a mí también, era delicioso. Yo quería tocarlo a él, así que ahora yo le desabroché el pantalón y dejé al aire su pene, cuando lo vi me sorprendí un poco pues era grande y gordo, muy diferente a los de los libros (era la primera vez que veía uno así) la calentura se me subió a la cabeza y me le acerco al oído – ¿No quieres que te haga un oral?- ¡ni yo me reconocía la voz! – Si tú quieres… – me contestó.

Fui bajando hasta tener su cosa enfrente de mi cara y lo masturbé un ratito, no veía mucho pues estaba algo oscuro.

– Mmmm… Muy bien… que buena mano tienes…

Me daba gusto que me dijera eso aún sin saber realmente como tocarlo pero en un momento delirante de excitación lo empecé a chupar, primero por el glande, y poco a poco empecé a meterlo dentro de mi boca. – Aaggghhh, ¡que bien se siente! ¡Continúa! Su sabor no era tan raro como me habían dicho, hacía las técnicas que había visto en una peli porno y parece que daban resultados, sentía como ese pedazo de carne latía dentro de mi boca, le pasaba la lengua, le tocaba los testículos suavemente y continuaba metiéndolo y sacándolo.

– Aaggghhh – De pronto siento como él me agarra de la cabeza y me empuja hacia él y mi boca se llena de algo caliente y abundante, como succionaba con fuerza no me quedó remedio que tragarlo todo, no fue suficiente pues se me salía por las comisuras de la boca, después de que me recuperé de casi ahogarme con su leche me dijo.

– UFhhh…preciosa, que bien lo haces.  Me sentía contenta de haberlo satisfecho, yo quería llegar a más pero ya era hora de irme a casa y no tenía preservativos en ese momento. Nos pusimos de acuerdo de que la próxima vez, compraríamos algunos para estar preparados…

Ese fue el primer oral en mi vida, y la siguiente vez que nos pusimos de acuerdo en tener sexo… fue un día de clases, sus padres no estaban y… yo estaba muy excitada…

Se os contaré en la siguiente vez…

Autora: Anita La Bonita

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La mujer de un cliente

Con mi saliva y sus flujos fui dilatando su agujerito, lento, pero con paso firme fue dando de si, hasta que tres de mis dedos podían entrar y salir con cierta facilidad, el proceso había provocado un poco de dolor, pero se veía que el placer que le estaba proporcionando bien lo pagaba.

Hola, espero estén bien, de nuevo yo, Armando, por falta de tiempo he dejado de subir relatos, pero de nuevo me pongo al corriente, como recordarán los que me han leído, siento cierto fetichismo por las gorditas (gordibuenas), en especial las que no están tan gorditas, todo exceso es malo.

Les voy a contar de Ana. Anita es una mujer a la fecha de 32 años, la he conocido hace ya más de 10 años por cuestiones profesionales, le llevaba la contabilidad a su esposo, cuando la conocí, era una mujer “llenita”, al parecer siempre lo fue, pero después de tener a su primer hijo, sus carnes tomaron un aspecto formidable pues embarneció de lo más lindo, tomando sus ya de por si buenas curvas una dimensión bastante interesante…

Ana es de estura media-baja aproximadamente, 1.63 mts., cuando la conocí aproximadamente unos 75 a 80 kilos, tez blanca, cabello largo castaño, unos ojos avellanados color miel muy bonitos y una sonrisa blanca muy pícara. Aunque era un poco llenita eso no le baja la autoestima en absoluto, bien podía usar jeans, shorts, blusas de licra al talle, ombligueras y todo eso que una chica que con algo de sobrepeso evitaría para evidenciar esos kilitos de más, en ella eso no calaba y siendo sinceros a mí en lo personal hacía que la libido se me dispara al apenas haberla visto.

Hace cinco años la relación entre Ana y yo cambió de una fría, pero cortés plática, la mayoría de las veces intrascendental, sobre mi trabajo, los impuestos de su marido o sus actividades, a algo que más tarde nos llevaría a la cama.

Y es que ya me resultaba insoportable la situación de verla y no poder pasar de ahí, así que decidí dar un paso adelante y ver qué pasaba, si esto no marchaba, posiblemente perdía un cliente de años y cualquier oportunidad con Ana, pero las cosas resultaron diferente, comencé con algunos detalles para con ella, que poco a poco fueron cambiando el ambiente entre nosotros hasta un día que llegué a su casa a dejar unos papeles para “N”(mi cliente), y ella me recibió enfundada en un body de ejercicio negro que la hacía verse sen-sa-cio-nal, no me lo aguanté y sin decir agua va le dije:

-¡Anita!, en body te ves ¡simplemente buenísima!

Ella se ruborizó ante lo inesperado de mi comentario y sonrió nerviosamente, yo tenía que aventar toda la carne al asador, sentí que era el momento, la había dejado mal parada con mi comentario y si no actuaba posiblemente no habría segunda oportunidad, pues ya con la cabeza fría, podría decirme que no volviera a hacer esos comentarios o se lo diría a su esposo, no quería que se llegara a dar cualquiera de los dos casos. Así que sin esperar ni un segundo más después de mi comentario se la solté directa y sin escalas:

– Donde no me atiendas rápido, no respondo, que estoy deseando echarte un polvo aquí mismo.

Obviamente para haber hecho este comentario yo ya había trabajado un poco de confianza con ella a lo largo de dos meses y los comentarios picantes ya viajaban en una dirección y otra en varias ocasiones, pero nada así de directo, al principio ella reaccionó como si las cosas fueran como en otras, sólo un comentario picante, pero al voltear a verme y cacharme viendo su hermoso culo, vio que mis intenciones eran reales, ella dejando su sonrisa habitual, se puso seria y se me quedó viendo por unos segundos y todavía para ratificar mis palabras me inquirió:

– ¿No estarás hablando en serio?

A lo que respondí tras su pregunta:

– Nunca he hablado más en serio, me gustas desde que te conozco y si no te había dicho nada es por respeto a “N”, eres su esposa, él mi cliente y no se me hacía ético, pero tenía que decírtelo.

Ana me entregó los papeles y me despachó, su semblante era serio y me escudriñaba con su mirada como buscando algo, me despedí de ella y pensé que todo había acabado antes de comenzar. Pasaron algunos días antes de regresar a la casa de “N”, tenía que ir a dejar mi recibo de honorarios y “N” como de costumbre no estaba, así que tuve que ver nuevamente todo con Ana, contrario a lo que esperaba, ella me recibió muy jovial, alegre, coqueta; estaba cocinando y me invitó a pasar a la cocina para que ahí viéramos lo que traía, le mencioné que sólo pasaba a dejar el recibo y que tenía que retirarme, ella hizo caso omiso a mis palabras y me ofreció un vaso con agua, mi organismo lo agradeció y yo también…

Estaba haciendo un calor espantoso eran aproximadamente las dos de la tarde, Ana empezó a preguntarme sobre mi día, el calor, la salud y terminó diciendo, “lo he pensado Armando”, obviamente hasta el agua me entró “chueca”, haciéndome toser, a lo cual cuando me pude recomponer, le dije haciéndome el occiso:

– ¿Acerca de qué Ana?

Ella quedándoseme viendo con cara de “no me vengas con pavadas” me recordó:

-De lo que me dijiste el otro día, o ¿era alguna de tus bromas?, porque yo lo pensé en serio.

Me limité a contestar,

-Si Ana es en serio, sólo me agarraste en curva y no sabía a qué te referías.

Ana cambiando el semblante y tomando una de mis manos me dijo:

-Acepto, la verdad siempre he tenido la fantasía de serle infiel a mi marido, pero hacerlo con cualquiera no me daba seguridad, una nunca sabe con quién se puede meter y tú me generas esa seguridad, además se que eres un hombre limpio por tu apariencia y eres agradable y porque no decirlo, me gustas.

Para esto Ana estaba frente a mí, yo me encontraba sentado en un banco de la barra de la cocina, así que ella estaba entre mis piernas, acariciando mi pecho y mis piernas alternadamente mientras me decía lo anterior, yo la sujeté del mentón y la halé para darle un beso que siguió mientras mi manos recorrían sus hombros, brazos y seguían la línea de sus brazos para volver a subir hasta su cuello y mentón.

Ana ese día traía una falda de mezclilla corta, a media pierna, una blusa blanca de algodón muy ligera, se notaba dentro un top blanco también de esos que no tapan más que lo necesario sin tirantes, nuestros besos se hacían cada vez más ardientes y nuestras manos se movían frenéticamente tratando de acariciar todo lo que la posición nos permitía, mis manos se apoderaron de sus senos que sentían duros, grandes y ya marcaban su pezón en el top…

Las manos de Ana iban de mi pecho a mi cara, bajaban por el medio hasta perderse en medio de mis piernas, acariciaba mi pene por encima del pantalón y apretaba con sus dedos como queriendo arrancar la tela encima de él. Pronto extrañamos su blusa y top y mi camisa, la falda siguió el mismo destino de las prendas anteriores, ella quedó en una tanga deliciosa color roja que se incrustaba en toda su piel, perdiéndose entre sus nalgas y en la parte delantera un pequeño triángulo de tela apenas cubría su vulva, dejando ver un depilado perfecto en su coñito.

Me bajé del banco y ella se hizo cargo de mi pantalón y bóxer, mi polla ya acusaba cierta rigidez, se puso en cuclillas y con dedicación comenzó a darme una mamada deliciosa, mientras lo hacía no dejaba de mirarme degustando golosa mi polla, lamiendo, chupándolo, pajeándome mientras lo hacía, eso me puso a mil, pero no quería acabar aún, así que le dije que fuéramos a la recámara, ella se levantó y sin soltarme el pene nos dirigimos a ella.

Al estar ella frente a mí al entrar en la recámara, la abracé por la cintura y me pegué totalmente a ella recargando mi polla en su culo, mis manos sujetaron con fuerza sus senos, Ana solo recargó su hermoso trasero para sentir mi polla entre sus nalgas, yo le besaba y mordía su espalda, ella movía cadenciosamente sus nalgas y acompañaba mis manos con las suyas, tras unos segundos, la arrojé sobre la cama de frente y ahí tenía a mi disposición su tremendo culo totalmente ofrecido, me puse tras ella y besando y mordiendo cada palmo de su piel fui bajando por su espalda guiándome por su columna, hasta el resorte de su tanga que fui bajando conforme mi boca avanzaba por esas nalgas monumentales, retiré completamente su última prenda, mi lengua marcaba la división de esas masas de carne, su culo olía a sudor y mierda, pero poco me importó.

Abrí sus nalgas con mis manos y mi lengua fue en la búsqueda de su ano, lo lamí con total devoción, Ana estaba perdida entre suspiros, gemidos y uno que otro espasmo que le provocaba mi lengua en su ano, abrí sus piernas y mis dedos buscaban la entrada de su vagina, pronto tenía dos dedos en su conchita y mi lengua no le daba cuartel con su culo…

Ana no tardó en tener su primer orgasmo, al tenerlo, le metí un dedo también por el culo y seguía lamiendo por los laterales, mordiendo sus nalgas, no pudo apagar sus gritos de placer, lo único que hacía era gemir y revolcarse encima de la colcha de su cama, lamí delicadamente su vulva tras su orgasmo unas cuantas gotas de flujo resbalaban por sus labios hacia su clítoris que también recibió su atención tras su orgasmo.

Después de su orgasmo ella se volteó, se sentó en la cama y comenzó a pajearme para después meterla en su boca y regalarme otra mamada, cuando estuve en pie de guerra nuevamente, ella me indicó que no podía hacerlo por la vagina pues estaba en tiempo fértil, que eso le apenaba, pero que se lo hiciera por el culo, “en otra ocasión será”, me indicó, se volteó nuevamente boca abajo y me dejó hacer, le pregunté si lo había hecho por el ano y me dijo que nunca, pero por las caricias que le había prodigado sentía unas ganas terribles que se lo hiciera por ahí…

Así que con mi saliva y sus flujos fui dilatando su agujerito, lento, pero con paso firme fue dando de si, hasta que tres de mis dedos podían entrar y salir con cierta facilidad, el proceso había provocado un poco de dolor, pero se veía que el placer que le estaba proporcionando bien lo pagaba, cuando vi que era suficiente hice que me la mamara una vez más para bañar mi pene con saliva y dejé caer un poco de saliva de mi boca en su ano, esparcí la saliva con mi glande y apunté directo a su ojete.

Lento, pero sin detenerme fui dentro de ella, me detuve en dos momentos, el último fue a fondo, quedé acostado sobre su espalda y poco a poco fui entrando y saliendo de ella, le pedí que se pusiera en cuatro puntos, cosa que hizo de inmediato sin dejar salir nada de su culo, empezamos un mete y saca delicioso, toda su cola temblaba a cada choque con mi pelvis, cada vez más rápido…

Mis gemidos y sus gritos llenaban la habitación, estaba que me vaciaba, pero traté de retener lo más que pude, era prácticamente imposible moverme o retener, una cosa o la otra, aflojé mis músculos y me derramé totalmente dentro de su intestino, la sujeté por los senos y la levanté para meterla y sacarla rápidamente mientras uno a uno de mis chorros de leche se depositaban en su ano.

Mi leche empezaba a fluir por donde podía escapar entre mi pene y las paredes de su ano, me dejé caer junto con ella en la cama sin sacársela aún, nos volteamos de lado y así nos quedamos abrazados un rato, mi verga se salió prácticamente solita de su habitáculo (bien dicho, habita-culo), se volteó hacia mí, nos besamos y platicamos de lo sucedido, ella estaba segura que en cuanto pudiera tenía que hacerle el coñito, en ese momento podíamos hacerlo con preservativo, pero a Ana no le gusta así, le gusta al natural.

Lo hicimos una vez más, variando las posiciones, realmente Ana es una mujer muy caliente, al menos eso descubrió conmigo, pues con su esposo a veces llegaba al orgasmo, conmigo ese día tuvo tres, tras darnos un regaderazo rápido, dejé su casa y en esas anduvimos por dos años, siempre en su cama, la de “N”, nunca estaba en las tardes, y yo como perfecto contador tengo la ética de atender con atingencia a mis clientes y vaya que esta clienta era demandante.

Nuestra separación se dio porque quería dejar a “N” para irse conmigo, pero yo no estaba dispuesto a dejar a mi esposa, las cosas fueron a mal y decidí zanjar el tema, aún es mi cliente “N”, pero ahora voy a su negocio y por cierto tiene una secretaria buenísima ya les contaré de ella.

Agradezco cada uno de vuestros votos… y comentarios…Gracias…

Autor: Armando

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La madre de mi novia

María salta como una leona al ataque cuando mi dedo mayor logra penetrar su culo hasta hundir en el dos falanges. Las contracciones de sus fuertes músculos circulares van pautando la verdadera erupción caliente con que mi verga se descarga. Un rugido sordo brota de mi pecho mientras mi cuerpo se arquea levantando en el aire iluminado de relámpagos el cuerpo convulsionado de María.

Es una tarde de sábado rutinaria. Estoy sentado en un sillón en el cuarto de costura donde trabajaba incansablemente María, la madre de mi novia. Estoy esperando que Rosa termine de bañarse para salir. La espera será larga porque ella se toma mucho tiempo para bañarse, secar el largo y ensortijado pelo y maquillar sus verde ojazos. María tiene cerrada las cortinas para que el fuerte sol del verano no vuelva insoportable el pequeño cuarto. Igual hace mucho calor. La luz azulada de la pequeña y potente lámpara de la máquina de coser ilumina solo el pequeño espacio por donde una gran pieza de género para cortinas corre por debajo de la veloz aguja de la máquina. El ronroneo de la máquina, el calor, y el sopor del abundante almuerzo, me adormecen.

María ha enviudado hace tres años. La muerte del esposo ha dejado a la familia sin recursos económicos. El dinero de un pequeño seguro de vida que él tenía se ha esfumado con las cuentas pendientes del sanatorio privado en donde trataron de detener el fulminante cáncer. María, sin experiencia de trabajo, y con solo la educación de un conservador colegio de monjas católicas, se había visto en la obligación de trabajar como costurera para mantener a sus dos hijos. Yo le tengo mucho cariño. Es una mujer aún joven y enfrenta valerosamente la difícil situación. Miro su rostro prematuramente envejecido y me prometo, que apenas se concrete mi primer trabajo como ingeniero recién recibido, trataré de ayudarla en todo lo que el estricto marco de su discreción me lo permita.

La modorra ha tironeado de mi cuerpo tendido en el sillón hasta quedar casi tendido. Me doy cuenta que desde mi posición puedo contemplar, por entre el género de las cortinas que María está cosiendo, el acompasado movimiento de sus piernas. Por el calor de la soporífera tarde y buscando la posición más cómoda para trabajar, María ha apoyado sus piernas separadas sobre la plataforma que mueve la máquina y dejado que su falda se arrolle por encima de sus rodillas. El reflejo de la luz azulada resalta inquietantemente la blancura de su piel. Ella es de una constitución menuda y armoniosa y sus piernas son el rasgo físico más destacado por su proporción y perfección.

Se continúan en unas caderas de fuertes nalgas separadas por un hondo surco y una estrecha cintura. Sus pechos son pequeños y muy puntiagudos y pasan casi desapercibidos por el encorvamiento de la espalda que las largas horas ante la máquina de coser le hacen adoptar. Solo resaltan en momentos como el de ahora en que se distiende, buscando un descanso, masajeando con sus manos la cintura y estirando la cabeza hacía atrás. Mis ojos entrecerrados ocultan la excitación que me ha producido la contemplación del movimiento de sus muslos desnudos, impulsando la máquina, hasta casi poder vislumbrar el abultado rectángulo blanco de su prenda interior. La contemplación ahora de sus pequeños pechos tensando la delgada blusa, hace que mi miembro experimente un súbito e involuntario estertor. No debo hacer ningún movimiento que me delate y me prive de mi privilegiada posición. Espero que María no se percate del abultamiento de mi pantalón.

Extrañamente siento que el disfrute de las circunstancias accidentales de este placer de espiar la intimidad de su cuerpo, se acrecienta por el conocimiento de la profunda religiosidad de María. Ella siempre fue una devota católica. Devoción que se acrecentó, para mí casi desmesuradamente, desde la muerte de su esposo. Ella volcó todas sus expectativas de salir adelante en la fe y el respaldo confiado en sus creencias y prácticas religiosas que cumple escrupulosamente. Misas, rosarios, etc. jalonan todas las actividades de su ajetreado día y, sumándole los detalles de la vida de santos injustamente olvidados por la iglesia, son unos de los temas favoritos de su conversación.

Mi espíritu materialista iconoclasta se solaza extrañamente, con un leve sentimiento de culpa, que exacerba el placer de violentar secretamente con mi mirada concupiscente la carne in mancillada de esta santa mujer Pero hay un hecho que me sorprende y desconcierta. María retrocede con su cuerpo la silla y mueve el foco de la lámpara para que ilumine ahora plenamente sus piernas distendidas. Casi no puedo evitar sobresaltarme al tener ahora, para el pleno disfrute de mi golosa mirada, la imagen del bulto de su pubis cuya rojiza y abundante pelambrera se trasluce a través del delicado tejido blanco del calzón. María, con sus pálidas mejillas sonrosadas, se levanta y abre las cortinas cuando Rosa entra fragante y maquillada tras su largo baño.

Domingo de noche. Rosa ha tenido que salir por un llamado de urgencia del hospital donde hace su práctica de último año de medicina. Se ha desatado una inusualmente violenta tormenta de verano. La pequeña casa de dos plantas de madera cruje azotada por el fuerte viento y la lluvia. He cenado con María y estamos ahora mirando un insulso programa de un concurso de preguntas y respuestas por la televisión. No logro concentrarme en lo que miramos. La chillona voz del animador y el desplazamiento en la pantalla de las modelos, vestidas apenas de cortos pantaloncillos que resaltan sus siliconadas ancas, no logran hacerme olvidar el inquietante episodio de ayer en el cuarto de costura. María parece no guardar memoria de ello. Sentada sobre sus pies en el otro sillón, hilvana un vestido con los lentes en la punta de su pronunciada nariz. De vez en cuando levanta la cabeza y cómicamente trata de enfocar la pantalla levantando mucho la cabeza mientras acompasa las puntadas de sus ágiles manos a insustanciales comentarios que solo requieren de mí alguna señal de asentimiento.

Arrecia la tormenta y se produce un corte en le energía eléctrica. El apagón cubre una extensa zona de la ciudad y tras deliberar con María, acordamos que es muy peligroso que intente regresar a mi casa esta noche en estas circunstancias.

Estamos en la escalera que lleva a los dormitorios en el piso superior. María se detiene en la abundante galería de cuadros y fotografías que decoran la pared de la escalera y me cuenta la historia de cada personaje de su familia, y la de la familia de su marido, que hablan de un pasado esplendor de clase media acomodada que ya no existe más. La tormenta, el suave calor de la noche de verano, la luz de la vela, el vino que hemos bebido en la cena, hacen que nos resulte natural y consentida la cercanía de nuestros cuerpos. Está erguida levantando el candelabro, su turgente cadera casi roza mi estómago, frente a mis ojos está su pecho sin sujetador dibujado al trasluz de la blusa por la luz de la vela que sostiene en lo alto. Un tenue perfume fresco de lavanda emana de su casto cuerpo y registro que su respiración está levemente agitada y que hace esfuerzos para que su voz no tiemble.

Cambiamos las sábanas del cuarto de Julián que está ausente por el fin de semana. Siento que la situación me ha sobrepasado y que me he inclinado por perder la posibilidad de tomar una iniciativa que condense tantos mensajes implícitos que han circulado entre María y yo desde ayer. Realmente, el acontecimiento de ayer no ha hecho más que iluminar con otra luz y reinterpretar muchas pequeñas situaciones. Esta decisión razonable se ha impuesto por la pequeña inclinación de la balanza que ha provocado en mí el temor de que mi fantasía me haya hecho una mala jugada y que pueda cometer un irreparable error avanzando en un terreno tan delicado como es el de darle demasiada credibilidad a mi miembro que tiene grabado con fuego el monte de venus rojizo de María.

Prefiero, ante la duda, acostarme desnudo entre la fresca sábanas y dejar que mis ensoñaciones libidinales se internen en el recuerdo del turgente cuerpo de Rosa convulsionado por la pasión de nuestro amor. Con mis pies, buscando un poco de aire fresco, retiro la sábana que me cubre y trato de no acariciarme hasta el punto que no pueda detenerme esperando que Rosa regrese y pueda sepultar entre sus jugosos labios mi ardoroso miembro que me tiene tenso y con la piel electrificada.

Un ligero golpe en la puerta y apenas tengo tiempo para cubrirme cuando María ingresa al cuarto con el candelabro que ilumina con temblorosos reflejos su cuerpo vestido con un largo y translucido camisón. Deja el candelabro sobre la meza de luz. Dice que quiere dejar a mi alcance una manta por si la noche refresca. La saca del placard y la deja a los pies de la cama.

No he querido hablar por que no controlaría mi voz. Mi excitado miembro literalmente ha pegado un brinco cuando mis ojos se dilataron contemplando las maravillosas nalgas turgentes cuando empinaba su cuerpo para sacar la manta del placard. El deseo nubla mi razón y mando al santo carajo mis escrúpulos y temores. Dejo deliberadamente sin ocultar la pronunciada carpa que mi miembro hace con la sábana. Se inclina sobre mí para darme un beso de buenas noches. Instintivamente levanto los brazos y apoyo mis manos sobre sus casi desnudas espaldas cuya suavidad mullida me sorprende gratamente. Cuando se inclinaba sobre mí, atisbé por el escote de su camisón con admirativa expectativa que incrementaron mi deseo, las inesperadamente grandes aureolas marrón claro que circundaban casi todo el volumen de sus agudos senos pequeños.

Sus labios finos y frescos están posados y detenidos casi sobre la comisura de mis labios, un pequeño movimiento de mi cabeza y los tomo con toda mi boca. Mis manos detienen el movimiento reflejo casi involuntario que hace su cuerpo para separarse, inserto mis dedos entre su corto pelo rojizo a contengo su cabeza hasta que su boca, con un ronco gemido, se abre a mi lengua. Sin despegar mis labios de los suyos, desnudo mi cuerpo sacudiendo con mis pies nuevamente la sábana e incorporo mi torso recostando su cuerpo en la cama.

La tormenta, como un contrapunto de la pasión que ha estallado con un sordo trueno en el dormitorio, redobla su furia. María susurra un ¡no por favor Roberto!, tan apasionado, que desmienten todas sus negativas. Cubro todo su pequeño cuerpo con el mío. Mis manos aprisionan las suyas que me clavan sus uñas. Mi miembro casi agarrotado de dureza, palpita sobre el camisón que cubre su vientre. Giro mi cuerpo unido al suyo que queda ahorcajado en mis caderas. Me ayuda a desprenderla del camisón por sobre su cabeza. Sus endurecidos pezones marrones llaman a mi boca. Chupo, lamo, las gordas agujas de sus senos erizados. Mis manos con dificultad intentan abarcar todo el esplendor de la masa tensa de sus nalgas.

Me tiendo en la cama y las empujo hasta tener la mata de sus pelos vaginales en mi boca. Compruebo que es verdad que las pelirrojas tienen un fuerte aroma peculiar. El mucílago de su vulva me embriaga con su bálsamo. Todo el tiempo y la calma del mundo me acompañan cuando exploro sus gruesos labios y aprisiono entre mis labios su clítoris enhiesto. Sus caderas retoman y recuerdan el olvidado ritmo milenario de la pasión que se impone a las interminables negativas que aún balbucea. Se acompasa con fuerza rítmica buscando que mi lengua se alterne en el contacto acariciante evitando el choque violento de mis dientes con su pubis. Mis dientes que tratan de morder, mis labios y mi lengua que tratan de beber como sedientos. Su placer se va incrementando como una marea que busca desbordar los límites de todas las playas.

Ahora saboreamos juntos los néctares de su sexo en nuestras bocas mientras mi miembro ha encontrado el vértice de sus chorreantes labios. Juego prolongadamente introduciendo solamente el glande, chapoteando en el vestíbulo de su maravillosa concha empapada hasta que, en el compartido límite, se sienta sobre él incrustándolo de golpe en toda su longitud. Me cabalga como poseída por todas las huestes infernales al tiempo que grita insólitamente.

– ¡Verga, verga. ¡Que me partas en dos te pido! Su mejilla ardiente está sobre mi pecho, gime y solloza mientras los espasmos de su orgasmo interminable recorren con contracciones intermitentes mi verga aún agarrotada.

– Perdóname. ¡Qué horror!, ¡Qué vergüenza! – No María, ha sido mí culpa y Él en su infinita sabiduría, sabrá comprenderlo y nos perdonará.

Me siento como un cínico hijo de puta diciendo esto con tono consolador y con estas y otras hipócritas palabras que voy hilvanando convincentemente con el arrullo del tono más grave de mi voz. Palabras todas más propias de un cura pueblerino, que creo son las más adecuadas para mitigar la conciencia culpable de una beata como María. La falsedad de mis palabras casi me entristecen por que lo que verdaderamente deseo es no dejar sin descargar mi leche cuya contención amenaza con hacerme estallar la verga.

Por lo que no puedo abandonarme ahora a la conmiseración y tampoco dejar tiempo a que la culpa le gane a la pasión en el corazón de María. Mantengo la ondulación de mis caderas esperando que el deseo se despierte en el ahora laxo sexo de María. Este por fin salta como una leona al ataque cuando mi dedo mayor, que ha estado jugando, como subrayando mis palabras, con el humedecido botoncito de su culo, logra penetrarlo hasta hundir en el dos falanges. Las contracciones de sus fuertes músculos circulares van pautando la verdadera erupción caliente con que mi verga se descarga. Un rugido sordo brota de mi pecho mientras mi cuerpo se arquea levantando en el aire iluminado de relámpagos el cuerpo convulsionado de María.

Mi conciencia emerge como nadando en una piscina llena de algodón en cuyo fondo me ha lanzado la violencia del orgasmo. Me extraña la claridad que atraviesa mis cerrados párpados. Abro mis soñolientos ojos y me deslumbra la luz de la lámpara del techo. La energía eléctrica se ha restablecido.

A pesar del tiempo transcurrido, no se ha mitigado la imagen del brillo cegador de la luz reflejada en los dilatados ojos verdes, acristalado de lágrimas, de Rosa. Erguida en la puerta del dormitorio, caído en el piso el bolso con sus libros, su puño cerrado se incrustaba en su boca impidiendo el grito de horror que palpitaba en su garganta. Su otra mano oprimía el mojado impermeable entre sus pechos como tratando de aplacar el dolor de su corazón.

María había adivinado, sin girarse, la presencia de Rosa a su espalda y el trauma violento de la situación le había contraído su esfínter y me fue imposible retirar mi dedo de su culo tetanizado como una roca del que Rosa no podía apartar la incrédula fascinación espantada de su mirada.

Tiempo después supe que María había caído en un discreto alcoholismo del que no pudo sacarla su fe religiosa y que Rosa debió pasar años recurriendo a la ayuda de psicofármacos y analistas.

Autor: Robero276

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La curiosidad en el baño

No iba a dejar pasar la oportunidad de mamar semejante miembro, apenas cabía en mi boca… empecé lamiendo su glande como un pequeño dulce, no me importaba que terminara en mi boca, enterró su miembro en mi boca, sentí el salado sabor de su pene, no quise escupirlo, demasiado rico para perder el sabor. Me levanté y me dio un beso que estoy seguro pudo degustar de mi boca su propio semen.

Hola, ¿que tal? mi nombre es Hugo y vivo en México Distrito Federal. No es necesario entrar en muchos detalles acerca de como soy, sólo soy alguien alto y en buena forma. Lo que quiero contarles, son las aventuras que he podido vivir y más que nada disfrutar en unos baños públicos cerca de donde estudio inglés.

Hace aproximadamente 4 meses que inicié el curso de inglés, para llegar aquí es necesario atravesar casi toda la ciudad, desde mi universidad hasta la otra escuela. Por razones necesarias un día tuve que entrar a los baños de la plaza comercial, que solo tiene 3 pisos y en cada piso hay 4 baños distribuidos cerca de las escaleras de emergencia. Al principio entré sin ninguna otra intensión que satisfacer mi necesidad humana, usé el tercer cubículo que se encontraba más alejado. No me di cuenta en que momento entraron más personas al baño, lo que llamo mi atención fueron los ruidos que escuché.

Como casi todo estaba en silencio pude escuchar un ligero sonido “peculiar” similar a alguien haciéndose una paja. Al principio me pareció increíble y pensé que era producto de mi imaginación, pero no pude evitarlo y me asomé por una pequeña rendija que hay entre la pared (de mosaico) y la puerta, es obvio imaginar que el mosaico color claro reflejaría lo que pasaba afuera, alcancé a ver a dos personas.

Fue muy excitante ver que se la estaban jalando, mi pene respondió al instante y tuve una muy dura erección solo de ver las siluetas. Los ruidos comenzaron a hacerse más rápidos, señal de que alguno iba a eyacular. Yo no sabía que hacer, si salir y ayudarles o hacerme una allí mismo, yo solo. Pero, ¿porque habría de hacerlo? sí afuera podían ayudarme. No lo dudé, y subí mis bóxer y mis pantalones; abroché mi cinturón lo más rápido que pude y en ese mismo momento el inodoro se activo sólo.

Cosa que asustó a los miembros de la fiesta de afuera, dado que cuando salí solo había uno de ellos, haciéndose que orinaba, al otro ni siquiera alcancé a verlo. Tuve que echar un ojo al tipo que estaba en el mingitorio, fue sorprendente ver que tenía un pene muy bueno y muy grande. Seguí de largo y llegué a los lavabos. El tipo, que era un poco más bajo que yo, moreno y al parecer muy nalgón, vestía de blanco, hizo acto de presencia en los lavabos, con tremenda erección que era difícil disimular. Sólo nos vimos y sonrió. Mi pene reaccionaba de nuevo y también fue inevitable disimular.

No se lavó las manos, solo se acarició su gran pene y regresó al lado de los baños, era ahora o nunca… fui tras él como si algo me llamara. Y allí estaba de nuevo en los mingitorios a punto de bajar el cierre de los pantalones, acto seguido lo imité y me puse en el otro lado. Obvio, no orinaba, solo estaba allí esperando que yo me dejara ver. Se asomó un poco y de inmediato dejé que viera la tremenda erección que había provocado, el jugo pre seminal estaba saliendo de los 20 cm que tengo.

Pero él… si que lo tenía más grande, puso su mano sobre mí y comenzó a subir y bajar. El calor de su mano, me erizó la piel… y estuve a punto de venirme cuando me besó. ¡Wooooow! estaba en el cielo… me susurró, no te vengas, aún no viene lo mejor. Se arrodilló ante mí y comenzó a lamer como si fuera una paleta… realmente estaba en la gloria. Pero un nuevo usuario interrumpió el acto.

Solo disimulamos un poco, y el tipo nuevo salió tal como entró. Y volvimos a lo mismo, pero esta vez fui yo quien no iba a dejar pasar la oportunidad de mamar semejante miembro, apenas cabía en mi boca… empecé lamiendo su glande como un pequeño dulce, cosa que, entre la excitación de ser atrapados, y mis succiones, lo estaban poniendo a mil.

Me dijo: -No sigas o me vendré en tu boca- La verdad es que no me importaba que terminara en mi boca, así que seguí en mi trabajo. Hasta que sumió totalmente mi boca en su miembro, sentí el agrio sabor combinado con el salado sabor de su pene… no quise escupirlo, demasiado rico para perder el sabor. Me levanté y me dio tremendo beso que estoy seguro pudo degustar de mi boca su propio semen…

Sin ser egoísta, comenzó a menear mi miembro, y en pocos segundos estaba terminando en la mano de aquel extraño. Me besó de nuevo, se limpió la mano y fue a los lavabos, mientras yo me ajustaba los pantalones. Cuando llegué al otro lado, el incógnito ya no estaba… solo quedaba su sabor en mi boca… Este, es el principio de grandes y deliciosas experiencias en los baños de la plaza. Espero que les guste y espero sus comentarios, buenos y malos todo es bueno.

Autor: Hugo

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El aumento de sueldo

Comenzó a lamer el instrumento de amor del licenciado con fruición y se lo introdujo todo de un jalón, buscó debajo de los testículos del licenciado y comenzó a acariciar la región que está dentro de las bolas y el ano de él. Su mano buscó la vagina para autosatisfacción. El licenciado comenzó a verse lleno de oleadas de placer pues la lengua de la señora Rosa se movía como si fuera una profesional.

La señora Rosa ya se había negado en dos ocasiones a la proposición que le había hecho su jefe de tener un encuentro sexual cuando ella había pedido aumento de sueldo, pero era ya muy difícil aguantar dos años sin ningún movimiento en su salario desde que estaba como secretaria del gerente, sobre todo por su reciente divorcio y el gasto que implicaba la inminente inscripción de su hija en la universidad.

Por eso había decidido intentar nuevamente solicitarle al licenciado Mendoza un aumento de sueldo. Después de un año la señora esperaba recibir un mejor trato, por lo que aprovechó un momento en el que él estaba desocupado para abordar el tema.

-Licenciado, como usted sabe, la situación está difícil, y quería solicitarle nuevamente que si es posible vea la posibilidad de hacer un ajuste a mi sueldo. El licenciado ni siquiera quitó la mirada de su computadora, en donde hacía algún proyecto.-Si quiere un aumento ya sabe que no hay otra forma más que presentarse si ropa en mi oficina a las seis de la tarde.

La señora Rosa se sonrojó, visiblemente molesta por la respuesta, y también por la vergüenza que le provocaba la insultante actitud de su jefe. Si no fuera porque necesitaba el trabajo hubiera renunciado en ese mismo momento, de hecho eso había pensado las dos veces anteriores. Lo peor de todo es que aunque había estado buscando empleo en otra empresa solamente recibía propuestas de sueldos menores, con lo que no cubriría los gastos del nivel de vida al que se había aferrado. La señora Rosa todavía insistió:

-¿Y no hay otra manera? -No – respondió tajante el licenciado.

Un portazo fue lo único que se escuchó cuando salió la señora, cosa que no inmutó al Licenciado, que siguió concentrado en su trabajo. Durante toda la tarde la señora Rosa estuvo pensando en qué estaba fallando, pues no parecía ser posible que su jefe tuviera tal actitud, si ella no daba motivos para un trato tan insolente.

Ella, a pesar de estar en sus cuarenta y tantos, todavía poseía una buena figura, y ella sabía que había varios compañeros de trabajo que se daban cuenta de ello. Incluso algunas veces había llevado vestidos cortos para mostrar sus bien torneadas piernas, y había experimentado el alboroto de los hombres cuando se ponía escotes, que aunque ella no poseía unos senos de tamaño grande, sí mostraban con generosidad el aspecto terso de la piel de su busto, cosa que agradaba a los empleados masculinos de la empresa. De hecho, era normal recibir flores, regalitos y halagos de sus más cercanos colaboradores, así como de proveedores. Sin embargo, ella consideraba que eso no era motivo para que el licenciado la viera de esa manera.

-¿Qué te pasa…? – le preguntó Sonia, otra de las secretarias de la dirección. -Nuevamente me negó el aumento el muy desgraciado -respondió Rosa. -Ay mi vida, pues ya dile que sí. Te tratará bien. Total, piensa que es un galán. Solo es un rato y en la quincena tendrás tu aumento.

El comentario de Sonia la hizo reflexionar, y se animó a pensar en la posibilidad de aceptar. Todavía estuvo dudando el resto de la semana, pero el viernes tenía que tomar una decisión. El licenciado estaría fuera dos semanas, lo que implicaba 15 días más con carencias. Así, que aunque todavía había algunos empleados, el viernes se animó a entrar a la oficina del licenciado a las seis de la tarde. El hombre seguía absorto en la computadora, como era común.

-Licenciado… -¿Sí? Dígame… -Vengo por lo del aumento… he pensado en aceptar su propuesta.

Al escuchar esto, el licenciado quitó la mirada del monitor y miró a la señora de arriba a abajo.

-Ándele pues… quítese la ropa.

La señora se sintió decepcionada de sí misma por no haber podido encontrar otra forma de conseguir lo que deseaba, y permaneció de pie, dudando todavía si debía hacerlo.

-No lo tome de esa manera – dijo el licenciado Mendoza mientras se levantaba de su asiento, y rodeaba el escritorio para llegar hasta donde estaba la señora. – Tómelo como un intercambio de favores: Usted accede a darme un trato digno del gerente, y yo le doy el aumento que usted necesita. Mírese bien, Rosa, usted ha dejado pasar dos años desde que me pidió el aumento. Con el cuerpo que usted tiene ya hubiera podido obtener ese aumento y otras cosas más, y no solamente de mí. Supe que se separó de su esposo. Si usted realmente lo desea puede lograr un patrimonio más importante si no desperdicia estas nalgas de prostituta…

-¡Licenciado! ¡Me falta al respeto! – interrumpió la señora Rosa. -Discúlpeme -dijo el licenciado, mientras se colocaba detrás de ella y la tomaba de los brazos – estoy acostumbrado a tratar con mujeres de otra clase. Sé que usted es otra cosa, y lo tomaré en cuenta, se lo prometo. La trataré como toda una dama…

Al volverse la señora Rosa, el licenciado la tomó de las manos ella se animó un poco al notar sinceridad de parte de su jefe en este último comentario.

-Está bien…- dijo la señora, al momento en que empezó a desabotonar su blusa, y una a una fueron cayendo sus prendas, hasta que quedó desnuda ante la mirada satisfecha del licenciado Mendoza, cosa que la hizo sentirse humillada y totalmente indefensa. -Me agrada que no se haya quitado los tacones – dijo el licenciado – hacen más bellas sus piernas.

La señora se sintió mejor al recibir ese comentario. Se había acostumbrado a quedarse con los tacones pues a su esposo así le gustaba verla al estar desnuda. El licenciado acarició entonces muy levemente el cuerpo de la señora, apenas tocándolo con las yemas de sus dedos, como dibujando su perfil.

-Empínese por favor – dijo el licenciado, y ella se sintió traicionada pues tenía presente el comentario de “tratarla como una dama”, sin embargo accedió apoyando sus manos en el escritorio, bajando su torso, con lo que su trasero quedó al aire y con las piernas separadas, quedando exhibido su culo y parte de su vagina.

La señora pensó con temor que el licenciado la iba a penetrar, de hecho escuchó que se bajaba el cierre del pantalón, pero no volteó, simplemente se resignó a esperar su siguiente movimiento. La señora pensó en esos momentos que aquí terminaba la historia de la última secretaria que se había negado a negociar de esta manera un aumento con el Licenciado. Había sido la más decente de todas, pero ya no más. Después de unos instantes, la señora dio un pequeño brinco cuando sintió los dedos del licenciado tocar sus labios vaginales.

-Tranquila, Rosa… todo está bien.

El licenciado separó con sus dedos pulgar y anular los labios vaginales de la señora, e introdujo el dedo medio por el orificio. Una vez con un dedo adentro de la señora, el licenciado comenzó a tomar confianza e introdujo otro dedo, tocando los pliegues más íntimos de ella, mismos que nunca habían sido tocados por otro hombre que su esposo. El licenciado parecía querer conocer todos los rincones de la señora, pues en momentos metía sus dedos hasta el fondo, queriendo tocar el útero, y también acariciaba el clítoris suavemente, cosa que relajó en gran manera a la señora Rosa. El licenciado aprovechó su otra mano para acariciar las nalgas de la señora, blancas y suaves, que aún tenían las marcas de la pantaleta que se había quitado minutos antes.

-Así la quería tener…-dijo el licenciado -se ve hermosa… -Rosa se sintió halagada, comenzó a pensar que dentro de todo el licenciado estaba siendo amable con ella, pensó en la inscripción de Gaby, su hija, y pensó que a pesar de todo no estaba tan mal, tal vez por eso comenzó a sentir húmeda su vagina.

De repente sintió en el exterior de su ano los dedos del licenciado que recorrían el orificio deslizándose gracias a que estaban impregnados de la humedad de su vagina. Doña Rosa sintió cómo se introducía suavemente un dedo por ese orificio nunca mancillado ni siquiera por su marido. Sabiendo que debía mantenerse relajada para no sentir dolor, simplemente dejó que el licenciado explorara esa región de su cuerpo. Pensó en la imagen de decencia que tenían los empleados de ella en la compañía. A partir de hoy todo cambiaría pues ya no sería más una mujer decente. Comenzó a escuchar un sonido extraño, como de algo que se frotara con algo mojado. Volteó un poco hacia atrás y vio la causa del ruido: el licenciado se había sacado el húmedo miembro y estaba masturbándose. Sabía que en pocos instantes él desearía poseerla, y en un último intento por mantener su dignidad, con sus propias manos separó sus nalgas, abriendo su ano para que él la penetrara por ahí, con la esperanza de que el licenciado no tuviera el honor de penetrarla por la vagina.

Ni tardo ni perezoso, el licenciado dirigió su instrumento hacia ese pozo apetitoso y deslizó el glande hacia adentro. La señora Rosa dio un suspiro que fue la despedida de toda su decencia. El licenciado dio otra acometida y su carne se metió hasta el fondo en varios intentos. La señora se sintió comprometida a no defraudar a su jefe. Tenía todavía el temor de no tener el aumento, si es que no agradaba con su atención. Por esta razón, comenzó a mover suavemente y en forma circular su trasero, lo que provocó en el licenciado un placer mayor. Ella por su parte, cerró los ojos, tratando de no razonar lo que estaba haciendo.

-¡Eso es mi amor!… – le dijo el licenciado, y la señora sonrió levemente, para su propia sorpresa.

¿En qué se estaba convirtiendo? El licenciado estaba ya con el cuerpo pegado a su espalda, y besaba su cuello, lamía nuca y mordía suavemente sus orejas. Pero cierto era que estaba obteniendo placer, ya que el licenciado no se había detenido con las caricias que le proporcionaba con la otra mano, y esos dedos la estaban volviendo loca, pues se introducían ya con total libertad por la vagina de la señora. Uno de ellos en ciertos ratos se concentró en dar placer al clítoris moviéndose frenéticamente, cosa que hacía que la señora aumentara su ritmo cardiaco y se le subía el color. En cierto momento ese dedo se quedó ahí dándole placer de manera insistente. Con dolor ciego del miembro del licenciado entrando y saliendo del recto, la señora se sintió profundamente excitada al olvidarse por completo de los buenos principios que había tenido anteriormente. Ese dedo la estaba volviendo loca, y la otra mano del licenciado ahora amasaba los senos de la señora.

El licenciado sacó entonces su verga del ano de la señora, que quedó abierto, y la posó en los labios vaginales, apenas tocándolos.

-Por favor… -dijo la señora, en ese momento abrió los ojos, pues había hablado sin darse cuenta, pero al mismo tiempo sabía que estaba deseosa de que él la penetrara, que la hiciera suya de una vez. Sin embargo, él se quedó ahí, inmóvil, haciéndola sufrir. -Penétreme… -suplicó ella, sin recibir más respuesta que unas ligeras caricias del glande del licenciado en la región del clítoris. -Convénceme… -susurró él.

La señora se volvió entonces, totalmente decidida, y se puso de rodillas frente al Licenciado. Era la primera vez que tenía en frente al licenciado con su miembro en total erección. El aspecto de ese falo era terso y jugoso, pues estaba lleno de jugos vaginales. Sin dudarlo, la señora se acercó a él, y dio una ligera lamida en la punta, que se veía brillante. Comenzó a lamer el instrumento de amor del licenciado con fruición, como si se tratara de un helado, o una paleta. Sin aguantarse más, se lo introdujo todo de un jalón. Mientras, la mano izquierda de la señora buscó debajo de los testículos del licenciado y comenzó a acariciar la región que está dentro de las bolas y el ano de él. Su mano derecha no quiso permanecer estática, y buscó la vagina de la señora, para autosatisfacción.

El licenciado comenzó a verse lleno de oleadas de placer pues la lengua de la señora Rosa se movía como si fuera una profesional. Y es que eso sí había practicado y aprendido bien con su ex-esposo. La señora lamía, sorbía, besaba y chupaba el miembro del licenciado, que parecía a punto de estallar.

-¡Acuéstate!…-ordenó el Licenciado, y la señora obedeció, recostándose sobre la alfombra y abriendo las piernas, con sus propios dedos abrió su vulva para mostrarse en espera de ser invadida por esa cosa.

El licenciado ensartó su sabrosa verga de un solo intento, cosa que hizo dar un pequeño grito de “¡Ayyyy!…” a la Señora.

-Todo está bien, mi amor…-la calmó el licenciado.

Los dos cuerpos parecieron estar hechos el uno para el otro, moviéndose en un ritmo alocado, fundiéndose el uno con el otro.

-¡Así papacito… así!… – decía la señora, sudando, y ya con total descaro. -¡Más… más… más!

El licenciado estaba vuelto loco, sudaba también, y las venas de su cuello estaban saltadas, como si fueran a reventar. Su piel estaba roja, encendida de placer.

-¡Ya me voy!… gritó él, y momento seguido la señora sintió una fuerte descarga de caliente esperma que inundó su vagina.

El licenciado todavía acarició el clítoris de la señora con su mano derecha. Eso la ayudó a llegar a su clímax, estallando en un orgasmo profundo.

-¡Ahhhhhhhhhhh! -gritaban los dos, y juntaban sus lenguas en húmedos besos que se volvían lamidas en la cara y el cuello.

La señora quedó inmóvil sobre la alfombra, sin fuerzas, mientras el licenciado aún movía su cuerpo y daba las últimas acometidas, hasta que se dejó caer al lado de ella, vencido por el cansancio. Así, estáticos se quedaron varios minutos, después la señora se sentó y acarició la punta del glande del licenciado con suavidad.

-¿Estuvo bien? -preguntó ella, aunque estaba convencida de que había obtenido el aumento.

El licenciado se incorporó lentamente, mientras recogía sus ropas. Se puso la trusa, después la camiseta, el pantalón, y luego la camisa.

-¿Y?… -insistió ella, sin obtener respuesta.

El licenciado se anudaba su corbata. Ella comenzó a preocuparse por la indiferencia que mostraba su jefe ahora. Y muchos pensamientos comenzaron a llegarle a la mente. ¿Había sido un engaño?… ¿Y si no le aumentaba el sueldo? No había firmado nada su jefe… ¿todo había sido un abuso?

-Quiero saber cuándo voy a tener el aumento -dijo ella, alzando la voz, en un tono más serio.

El licenciado se volvió en cuanto terminó de arreglar su corbata, y caminó hacia ella, que permanecía de pie, desnuda, con una mezcla de saliva y lápiz de labios en el rostro, y visiblemente con residuos de semen en el vello púbico. El licenciado la tomó de un brazo bruscamente, y la jaló, mientras ella con las manos trataba de que él disminuyera su fuerza.

-¿Qué pasa?… ¡ya hice lo que quería! -¡A mí no me dan órdenes!…-vociferó él – Yo sé si te doy el aumento o no.

El licenciado abrió la puerta de la oficina, y con un movimiento jaló a la señora que se resistía, para después empujarla hacia afuera, donde las miradas de Sonia y dos empleados que se habían quedado trabajando la miraban con asombro.

-¡Prostituta!… -gritó el licenciado.

El licenciado dio un portazo, dejando a la señora totalmente exhibida y suplicando la dejara entrar para recoger su ropa, mientras las lágrimas invadían sus ojos.

-Tranquilízate- le dijo Sonia – ya pasó. Mira te voy a prestar un saco.

Los dos empleados continuaban con su trabajo, tratando de disimular, aunque no podían evitar dejar de mirar la desnudez de la señora Rosa y hacer algunos comentarios en voz muy baja. Sonia le prestó un saco largo a doña Rosa, y luego la llevó a su casa en su auto compacto. Por suerte, ese día se había ido su hija Gaby al cine, por lo que no se dio cuenta del estado en el que había llegado su madre. La señora Rosa estuvo angustiada el fin de semana, pensando que había sido objeto de una gran humillación y todo había sido probablemente en vano.

Sin embargo, el lunes por la mañana se presentó como siempre a trabajar, y sobre su escritorio estaba un folder color azul claro. Al abrirlo, la señora Rosa encontró una copia de un memorando donde se especificaba el aumento de sueldo del 40%. Todas sus dudas se disiparon en ese momento, y una enorme tranquilidad se apoderó de su ser. Por fin, no tendría que preocuparse.

Ella sonrió. Se dio cuenta de que había encontrado la forma de obtener otro aumento, en un tiempo muy corto.

Autor: Susy

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Una vez de a tres

Me dijo, vamos a coger ahora, quiero que él también esté, me encantaría ser doblemente penetrada. Como estaba medio ebrio y muy caliente a esas alturas accedí sin chistar y subimos a lo nuestro, cogimos largo rato, a mi me encanta el sexo oral y me calentó mucho el que ella pasara tanto tiempo en cuatro mientras el argentino, la cogía por su concha y a mí me la lamía extasiada sin descansar.

¿Qué raro que uno cuando sale de casa como que se libera y su moral se hace un tanto más flexible, no te parece?

En uno de mis viajes a Buenos Aires salí con una amiga a la cual quería cogerme hace mucho tiempo y como tuve que ir por trabajo me aproveché de los viáticos para invitarla jeje.

Estuvimos como una semana allá, yo con bastante trabajo pero en las noches me daba el tiempo de salir a comer, bailar, etc., para empezar con mi movida. Me fue bastante simple la verdad, la segunda noche ya estábamos cogiendo como enfermos, para mi sorpresa mi amiga era demasiado caliente y yo que siempre he creído que tengo mucha experiencia, me vi un tanto sorprendido pero muy, muy contento.

Hicimos todo lo humanamente posible en nuestro primer encuentro y en el segundo, el sexo anal estuvo a la orden del día y ella gustaba de penetrarme a mi con sus dedos todas las noches, debo reconocer que al principio me fue un tanto incómodo pero luego y dada la calentura lo deje pasar siempre.

Ya en nuestros últimos días traté de desocuparme temprano para alcanzar a coger unas cuantas veces más antes de irnos ya que ella volvería a su casa con su novio cuando volviéramos de nuestra aventura. Pasé a comprar algunas cosas para encender más nuestras noches, lubricantes, cremas de masajes, etc., y para mi sorpresa cuando llego al hotel veo que en el restaurante del mismo estaba mi amiga besándose con un argentino muy descaradamente.

Debo reconocer que me dio un poco de rabia y celos pero me contuve porque la verdad no había nada exclusivo entre nosotros y fui muy tranquilamente a saludarla. Ella ni siquiera se inmuto, y rápidamente me pidió un trago, bebimos, conversamos, el tipo era muy simpático y nos llevamos bastante bien.

Más adentrada la tarde mi amiga me preguntó porque llegaba antes y yo un poco movido por el alcohol, le dije que me había desocupado antes para tener más tiempo para cogérmela y ella ante este comentario se largó a reír.

Me dijo, -vamos a coger ahora- y yo le dije que fuéramos, me despedí de su amigo y mientras lo hacía me dijo, -quiero que él también esté, me encantaría ser doblemente penetrada-. Como estaba medio ebrio y muy caliente a esas alturas accedí sin chistar y subimos a lo nuestro, cogimos largo rato, a mi me encanta el sexo oral y me calentó mucho el que ella pasara tanto tiempo en cuatro mientras el argentino, cuyo nombre no recuerdo, la cogía por su concha y a mí me la lamía extasiada sin descansar.

Fue tanta la excitación que debo reconocer que acabé un poco más rápido de lo normal, y vi como ella se volvía loca tragándose todo mi semen mientras su amigo seguía embistiéndola fuertemente. Ella se vino al mismo tiempo que yo y su amigo el argentino paraba de embestirla una y otra vez sin acabar, debo reconocer que me sentí un poco apenado por acabar antes que él, pero todo quedo en nada cuando muy rápidamente comencé a recuperar mi vigor. Ella no lo podía creer, estaba en otro mundo con todos nuestros juegos, hasta que llegó el momento más freak de todo mi viaje.

Estaba mi amiga tendida en un sofá muy grande y yo estaba felizmente devolviéndole el favor comiéndome su concha como un animal, lamí todo su sexo mil veces, estaba muy mojada (me encanta tragarme los jugos que salen de una concha caliente siempre, no se por qué, es como mi fetiche). Estaba en 4 en el suelo yo más por accidente que a propósito, y mientras mi lengua se introducía en la vagina de mi amiga siento que alguien me toma la cadera y siento pasar una verga por mis nalgas. Por supuesto que salté pidiendo explicaciones más intrigado que enojado, pero actuando un nivel de enojo mayor.

Mi amiga dijo muy estricta –ya córtala, atrévete a probar cosas nuevas, ¿no te gustó romperme el culo? Es tu turno, si aceptás podrás seguir haciéndome eso a mi, cuando quieras de vuelta de nuestro viaje- Dudé mucho, mucho rato, debo reconocer que mis ganas de seguir jugando cesaron de sopetón, mi verga se puso lacia y dije, -ok, lo haré-, volví a lamer a mi amiga que estaba más mojada que antes, lo que ayudó a que me volviera loco y se me parara inmediatamente, hasta que sentí de nuevo esas manos en mis nalgas.

Fue muy incómodo, muy raro, estaba bastante asustado pero seguí concentrado en la felación a mi amiga más que en otra cosa y de repente lo sentí. Algo abría con violencia mis nalgas y se introducía en mi ano con vigor, el dolor lo sentí de inmediato, atravesó todo mi cuerpo, se me recogieron las piernas tanto que incluso tuve que calmarme para no aplastar mis bolas con mis propias piernas. Sentí el glande de este tipo introducirse completamente y con ello bajó la intensidad del dolor muchísimo, así pude volver a lo mío.

Fue mucho rato, estar en cuatro con una verga entre las nalgas es algo muy raro, duele, pero al final calienta mucho… hicimos muchas posiciones así, él me penetraba a mi, yo a ella, mientras más duro me la metía él más duro se la metía yo a ella. Lo único que no me gustó es que él acabara dentro mío, su verga se hinchó muchísimo, su glande parecía que iba a explotar lo que me causó demasiado dolor para ser verdad, fue muchísimo en verdad, casi inaguantable y la sensación de tener semen caliente dentro del culo es muy incómodo, pero bueno.

Acabé yo un par de veces más, ya lo había hecho en la boca de mi amiga, y lo hice una vez más en su ano como venganza y seguí moviéndome hasta que se me volvió a parar y volví acabar dentro de ella. Después la noté que no se podía sentar, lo que me dio mucha satisfacción  como venganza lo que me había hecho…

Aun me dice en broma cuando nos vemos, -sigue saliendo tu leche de mi culo-. Yo solo me río no más, pero no me he vuelto a reunir con ella nunca, y del argentino no supe nunca más.

Autor: clau_webcam

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Mi linda cuñada

Era impresionante el trabajo de sus músculos vaginales, literalmente me estaba ordeñando, luego cuando su vulva se acostumbró al tamaño del invasor comencé el clásico mete y saca masculinos, mi barra presionaba con fuerza su clítoris, lo sacaba solo para volvérselo a meter, a esas alturas había ella tenido tantos orgasmos que los líquidos formaban un camino que le llegaban hasta su culito.

Desde que mi cuñada llegó a casa proveniente de su ciudad natal y debido a serios problemas económicos de mis suegros, mi vida cambió radicalmente. Ángela vino al mundo producto de un desliz de mi suegro con una muchacha del servicio doméstico, quien desapareció, una vez dio luz, dejándola en casa de mi suegro. Acogimos a mi cuñada en casa sin ningún problema dado que nuestra situación económica es boyante, tengo mi propia empresa, 50 años, mi vida definida, dos hijos independientes que viven fuera del país, mi esposa, 48 años, médica de una prestigiosa clínica privada. Mi vida sexual se restringe a una relación cada tres meses, si acaso, lo cual no me molesta porque mis tiempos de mustang ya pasaron.

Ángela, mi cuñada es una adolescente de 18 años recién cumplidos, de 1.55 metros de estatura, unos 51 kilos, cabello corto de color rojizo, ojos color miel y medidas 80-56-87 cm, según le escuché a la modista cuando le mandamos a hacer ropa a medida, muy hermosa y con un culo muy respingadito, bien formado y firme, y un detalle excitante: unos gruesos labios vaginales, más grueso de lo común, más gruesos de lo que lo podían tener las muchachitas de su edad. Más perturbador resultaban las mañanas de domingo, las cuales siempre paso en casa, y la veía levantarse en unas cortas pijamas de algodón, y los labios se marcaban completamente sobre la tela y algún pedacito de tela se introducía en su fenomenal rajita vaginal, dejando gruesos rebanadas de labios a cada lado de la línea de tela introducida en su rajita. Es una chica muy vivaz, alegre, extrovertida y juguetona. Entramos en confianza al poco tiempo, quise tratarla como mi hija, pero lo cierto es que su coñito me perturbaba, pero a los 50 años esas cosas se manejan muy bien. Viste muy sexy de jeans descaderados o talle bajísimo, la rajita le queda a pocos centímetros del talle del jeans, y con esos labios vaginales nunca pasa desapercibida y le llueven piropos y pretendientes. Por más que lo intenté ella se daba cuenta.

Yo, de joven, tuve suerte con las chicas, por eso no extraño nada de sexo a esta edad, la naturaleza me premió con buenas facciones y un buen miembro de 25 cm, grueso algo así como 5 cm, mi esposa nunca pudo meter a su boca no más que el glande y algún pedacito de todo lo que tengo.

El día que la desvirgué fue un día de junio, hacía algo frío y llovía abundantemente, estábamos en nuestra casa campestre, mi esposa estaba en un congreso de médicos: La casa tiene varias canaletas para recoger el agua del tejado y ella se estaba bañando debajo de una de ellas, tenía una tanga tan pequeña que gran parte de sus labios vaginales se veían a ambos lados del diminuto panty, por detrás desaparecía lo que pretendía ser un panty, pues una delgada franja de tela desaparecía entre sus firmes nalgas, y arriba sobre ellas, quedaba un pequeño triángulo de tela, con menos tela que una estampilla; sus pequeños senos se dibujaban a través de la suave camiseta de algodón que llevaba puesta y la cual llegaba hasta justo debajo de sus senos, los pezones erguidos, tal vez por el frío, ¿sería?

La verdad no tengo muchas erecciones desde hace buen rato, y las que tengo con mi esposa son más por costumbre que por libido o deseo. Un domingo en pantalones cortos, de lino, en casa para mi es la gloria, me encanta hacer el desayuno, y de un tiempo para acá me acompaña mi cuñada en una de esas sesiones y sin más me dio una nalgada diciendo “cuña tienes buenas nalgas)” y sonrió con una sonrisa de cristal, aquello me excitó mucho, y no fue el golpe en las nalgas, sino al pensar que mi cuñadita era una niña desinhibida, liberal, muy de este siglo, coqueta y algo calentadora, sobre todo si a esto le sumamos una licra descaderada, a través de la cual se le veían la inconfundible diminuta tanga, los enormes labios vaginales y arriba, un delgado y pequeño top. Mi erección fue tremenda, esta vez de deseo, de libido, de lujuria, me avergoncé por ello y en forma culpable cubrí mi erección como lo sabemos hacer nosotros, pero al tenerlo yo tan grande ella lo notó, no dijo mayor cosa, pero se sonrió y sus mejillas se encendieron tanto que el rojo de una manzana palidecería ante esta subida de colores; al tratar de tomar la salsa de vinagre, tenía que pasar por detrás de ella y entonces ella dijo:”cuidado me rayas con ese lápiz” y yo le dije porqué? Y me contestó “es que nadie lo ha rayado”, y me miró el miembro y dijo, proyectando hacia delante sus caderas, y colocando las manos sobre sus muslos y a lado y lado de su raja mientras se la miraba: “y ese lápiz es demasiado grande y grueso para esta pizarra” y se fue a la sala. Esa noche me masturbé.

El miércoles de esa semana llegué a la hora usual, mi esposa salió a jugar bridge y yo al estudio a leer, para llegar debo pasar por su cuarto, que queda junto a él, y entonces escuché ruiditos, gorgoteos, como gemidos y suspiros muy quedos, como reprimidos para que no se escucharan. Se está masturbando pensé, un deseo sobrenatural de observarla me invadió, pero la puerta estaba cerrada, así que entré al estudio, me subí en la escalera que uso para alcanzar los libros y zafé la rejilla del ducto del aire acondicionado con mucho cuidado y sin ruido, ¡y allí estaba! Acostada boca arriba las piernas recogidas y los muslos abiertos, sus grandes labios brillantes por su humedad, su vulva depilada, los ojos cerrados y un dedo, el pulgar, sobre su clítoris, el cual movía en círculos cortos, ella gemía y volvía frotar su clítoris, su dedo medio se metía suavemente, sin violencia, entre los labios vaginales, pero sin penetrarse, tal vez cuidaba su virginidad, su himen, y luego hacía el recorrido inverso hacia arriba, abajo, arriba.

Su otra mano frotaba sus senos, uno a la vez, de la base al pezón, el cual era pellizcado, humedecido con saliva, y acariciado como cuando uno toma sal con la punta de los dedos, los pezones, tradicionalmente pequeños, como granos de maíz, estaban completamente, salvajemente erectos, tal vez del tamaño de la mitad de un filtro de cigarrillo, muy rojos, rojo intenso, las aureolas eran pequeñas y estaban completamente recogidas sobre sus pezones. Su excitación crecía, los líquidos eran abundantes, los movimientos de su mano en su raja se hicieron raudos, veloces, intensos, entonces abrió completamente las piernas y se introdujo como la mitad del dedo, se dio la vuelta y quedó boca abajo, se continuó masturbando, más rápido, más fuerte, sus caderas rotaban en círculos cerrados, gemía calladito, luego sólo sus caderas, sólo sus caderas se movían arriba, abajo, igual al movimiento clásico que hacemos los hombres al penetrar a una mujer, pero no había pene, sólo su dedo, sus gemidos pasaron a ser jadeos, los movimientos verticales eran más penetrantes…se vino. Se vino violentamente, tal vez duró un minuto viniéndose. El aire acondicionado me trajo su olor, el olor de una niña-mujer satisfecha. Tenía el miembro tan duro que me dolía…me volví a masturbar.

En el portal de la casa campestre yo la observaba mientras ella se bañaba, fumaba un cigarrillo y tomaba un café, ella jugaba con el chorro de agua, elevaba sus nalguitas, erguía su senos y entonces me vio y me llamó: -cuña, ven el agua está deliciosa, como hipnotizado sin voluntad y a sabiendas que el agua lluvia nunca me ha caído bien, fui hasta ella. -Pero que haces, cuña, debes quitarte la ropa, estás vestido, y se rió, -qué tonto soy pensé, estaba sin voluntad y ella me dijo -ven te ayudo, me quitó la camisa, zafó mi cinturón, bajó el cierre y soltó el botón, le dije -no tengo bañador, sólo unos bóxer, ella dijo -¿importa?, dije -no. Ella me miraba fijo hacia el miembro, expectante, como una caja de Pandora, trémula, sin saber o sabiendo qué iba a ver, era inevitable, yo lo tenía erecto, erecto como cuando tenía 15 y me masturbaba, erecto como cuando la vi masturbarse, cuando me bajó los pantalones, hasta las rodillas, mi miembro se dibujó sobre el bóxer, que parecía un paracaídas, latía y se movía, inquieto, con vida propia, ella lo miró fijamente, con deseo en su carita de ángel, sus mejillas muy rojas, como la vez que me lo detectó en la cocina. Me terminé de quitar el pantalón y ella con los labios entreabiertos, sin dejar de verlo, como sin dar crédito a lo que veía, dijo, Cuña, ¿qué es eso?, ¡que tremendo lápiz!, es enorme, lo que hizo luego casi me hace perder el sentido…

Extendió su mano hacia mi bóxer y comenzó a acariciarme el miembro por sobre el interior, lo frotaba y le daba suaves apretoncitos, lo recorría suavemente con su mano, desde la base hasta el glande, en un acto reflejo sus pezones salieron a flote por sobre el top, sin preguntarme, tomó con la mano derecha y bajó mi bóxer y con la izquierda sostuvo el miembro, que seguía latiendo de pasión, deseo, lujuria, de todo y por todo, su manita no pudo cerrarse en torno a mi pene, me comenzó a masturbar con su mano izquierda, mientras acercaba sus caderas, yo soy más alto, por lo que giró y subió al andén del pórtico, me continuaba masturbando, comenzó a jadear pero no decía nada, entonces su gran coño hizo contacto con mi miembro, me estremecí, comenzó a frotarlo sobre su vulva, de arriba, abajo -ummm, es enorme, cuña…, lo soltó pero recostó completamente sus caderas en mi y su raja sobre mi falo, y entonces empezó una danza excitante, sus caderas se movían en círculos pequeños, y luego adelante, atrás, sin despegar nunca su vulva de mi pene, sus manos estaban sobre mi cintura, las quitó y entonces se quitó el top, me tomó de la nuca con su mano derecha y con la izquierda se tomó el seno y me lo ofreció…

La ventaja de tener sexo a los 50 es la paciencia, el disfrute y el goce, solo tenemos un disparo y tratamos de sacar el mayor provecho, se lo chupé despacio, rodeándolo con la lengua, mordiéndolo, succionando como un bebé hambriento, mis manos fueron a su trasero, lo acaricie, lo apretaba, ella me quitó el pezón y me dio un beso espectacular, su lengua se movía dentro de mi boca como el cascabel de una serpiente, acariciaba sus caderas, y volvía sin prisa, a sus nalgas, a sus piernas, su caderas se aprisionaban más a mi, su vulva se pegaba más, más, mas…, se despegó de mi, se retiró unos centímetro y entonces me miró, miró mi miembro, y se arrodilló, me lo comenzó a chupar como un helado, no le cabía dentro de la boca, me masturbaba y chupaba mi glande, tomaba mis líquidos y los tragaba, solo me importaba ese disfrute, al final de cuentas estábamos solos.

Me colocó su mano en mi frente y me dijo “…por favor penétrame, hazme tuya, toma mi himen…”, ella abrió las piernas, posó ambos pies en el suelo, acostaba boca arriba, no quitaba los ojos de mi miembro, y dijo “pasará mucho tiempo antes que vuelva a ver un miembro como ese”, me incorporé y tomé mi pene de la base, apunté hacia su exuberante canal, y entonces me volvió a sorprender, me retiro mi mano y ella misma tomó el pene, se apoyó en el codo libre.

“Quiero ver cuando me penetres”, dijo, lo dirigió hacia su gruta de placer, abrió más las piernas, lo deslizó varias veces a lo largo de su vulva antes de ordenarme: “rómpeme”, al contrario de lo que yo pensaba que iba a tener problemas en penetrarla, es decir, que no le iba a entrar o doler demasiado, por el tamaño, fue lo contrario, se comenzó a deslizar, a entrar sin dificultad, el motivo: estaba bien lubricada, y bien dilatada…

Mi glande comenzó a desaparecer en esa bien formada vulva, que comenzó a devorarlo pedazo a pedazo, al poco rato sentí una leve obstrucción, “su himen”, pensé, continué mi conquista del trono virginal y….”zasss, la rompí”, ella gimió y apretó mi pene con sus músculos vaginales, como tratando de cobrar venganza por la invasión, me atrajo hacia ella y levantó las caderas del suelo, hacia mí…

“Métemelo todo cuña, todo, todo, todito, si por favor no dejes nada fuera, lo quiero todo, todo, dentro mi, bien dentro de mi”… y entonces se lo metí todo, había desvirgado a mi cuñada.

Durante Un tiempo no me moví, pero ella si movía en círculos sus caderas, las despegaba del suelo, giraba, y meneaba las caderas, suspiraba, gemía fuerte y gritaba “ahhhh, ahhhh, ooohh”

Era impresionante el trabajo de sus músculos vaginales, literalmente me estaba ordeñando, luego cuando su vulva se acostumbró al tamaño del invasor comencé el clásico mete y saca masculinos, mi barra presionaba con fuerza su clítoris, lo sacaba completamente solo para volvérselo a meter hasta la empuñadura, a esas alturas había ella tenido tantos orgasmos que los líquidos formaban un camino que le llegaban hasta su culito.

Estaba a punto de venirme, no habíamos tomado precauciones, así que lo mejor era el “coitus interruptus” en español eyacular afuera y así lo hice, le saqué mi pene y solo unos instantes después le estaba mojando su vientre, sus senos, sus muslos, y finalmente ella se incorporó y me lo terminó de sacar con su boca, me la chupó hasta que quedé completamente seco.

Qué cuñada.

Autor: colombia1000

Me gusta / No me gusta

Me gustan los hombres

Los suaves quejidos que ambos hacíamos dejaba entrever el gran placer que estábamos teniendo, ese movimiento me permitió sentir el paso de su verga de tibia a caliente, presionó contra mi agujerito pasando primero su glande con ese ruido de sensación de rotura y luego cada centímetro de su tronco, hasta llegar nuevamente a sentir ese cosquilleo de sus vellos en mis cachetes.

Hola, tengo 25 años, soy pasivo y me gusta sentirme mujer. Antes que todo les quiero contar como me inicié. En mi adolescencia tuve sexo con mujeres y disfruté mucho de aquello, hasta que mi gran amiga lucía, se le ocurrió besarme y acariciarme el culo, sentir ese agradable cosquilleo en mi anillo de carne, es una sensación que hasta el día de hoy recuerdo con toda claridad.

Desde aquel día mis masturbaciones terminaban inapelablemente metiéndome un dedo, luego con la sensación de insatisfacción fui jugando con otros implementos, principalmente frutas y verduras; zanahoria, plátanos y mis siempre preferidos pepinos de ensalada, nunca he visto ninguna otra cosa natural que se parezca tanto a una gran verga.

En cierta ocasión, al ir de vacaciones al sur, donde mi abuelita, nos encontramos con unos tíos y primos que vivían por esos entonces en Argentina, por tal motivo, tuvimos que dormir algunos de a dos con los primos que teníamos más feeling, esa fue mi primera gran noche, como él era un poco mayor que yo, con la excusa del sueño, me fui a acostar primero, me acosté al rincón y mirando hacia la pared, me subí mis calzoncillos más hacia la cadera, simulando un calzón, para dejar más a la vista mi bien contorneado culo, teniendo la preocupación de ocupar un poco más de la mitad de la cama de plaza y media…

Así esperé como alrededor de una hora y media, con la luz apagada imaginando una y mil fantasías, hasta que llegó él, obviamente me hice el dormido simulando un leve ronquido, él prendió la luz y sentí como se desvestía, luego levantó las frazadas para acostarse y me imagino que el espectáculo que vio lo impresionó porque se demoró un poco más de lo normal, se acostó y yo no me moví y seguí simulando, al ocupar parte de su lado él se tuvo que acercar a mí para no caer, al sentirse incómodo se puso también de lado.

Con el roce de su cuerpo con el mío, sentí como su verga presionaba por salir de sus calzoncillos, esa sola sensación me producía un cosquilleo placentero en mi ano, pues bien, sin despertar todavía, me movía como acomodando su verga cerca de mi culo, noté que eso lo excitaba aún más, en ese instante hice como que me despertaba, Hola, ¿que hora es? le dije para disimular, tarde me dijo sigue durmiendo, luego agregó, Podríamos jugar un juego, ¿Cual sería? le pregunté, me dijo -¿Que tal si nos satisfacemos entre nosotros?, yo te la meto primero y luego tú me la metes. -Bueno le respondí…

En ese momento debo hacer sido el hombre-mujer más feliz, sentí la piel de sus dedos tocar mi trasero y bajar lentamente mi calzoncillo hasta dejarlo en mis rodillas, luego con saliva me untó mi orificio y al parecer también lo hizo con la punta de su verga, me dieron unas ganas de abrir con mis manos mis nalgas, pero me tuve que contener para disimular, él con un dedo dilató mi ano y luego colocó la cabeza de miembro justo en la entrada y empezó a moverlo con la mano en forma circular…

La humedad (por la saliva) y el ardor (por la calentura), producían una sensación demasiado agradable, no obstante, me mantuve quieto acusando un grado de nerviosismo, ya que mi primo me dijo, -Tranquilo lo voy a hacer despacito para que no te duela, luego de aquello él presionó poco a poco y comencé a sentir como su cabecita se iba haciendo espacio en mi culito, sentir esa sensación de rotura cuando su glande pasó mi anillo de carne para empezar a deslizar suavemente el tronco de su verga, podía sentir cada milímetro y centímetro que me iba tragando, hasta que llegar al roce de sus vellos con los cachetes de mi raja, allí empezó a sacarlo y meterlo lentamente…

Hoy todavía estoy arrepentido de no haber tenido una mayor liberación y disfrutar aún más de aquel momento, no atiné ni siquiera a moverme en forma circular nada -fui una tonta- luego él excitado comenzó a apurar el movimiento de entrada y salida, hasta que de repente tal como me pasaba a mí, cuando lo hice con mujeres, se quedó como tieso y sentí un chorro caliente recorriendo mi interior, luego lo sacó despacio y me dijo, -Te toca-, yo le respondí, -Estoy cansado, mañana te cobro la palabra-, buenas noches.

Al día siguiente, nos tocó ir a buscar en la tarde las ovejas, para guardarlas ya que es peligroso por los perros que se queden afuera del corral, nos fuimos temprano no hablábamos de nada, como si ambos quisiéramos decir algo, pero esperando que el otro hable primero, hasta que me preguntó ¿Como amanecisteis?, Bien, muy bien le respondí, luego me dijo, ¿Te gustó el jueguito?, Sí, sentí una sensación agradable le respondí, ¿Quieres repetirlo ahora?, Bueno le dije, él agrego con mucha viveza ¿Saldo tu cuenta pendiente o me sigues dando crédito?

En ese instante me di cuenta que era el momento de la verdad, y socarronamente le contesté, ¿Como no le voy a dar crédito a mi primo?, él inmediatamente entendió el mensaje, nos introdujimos por el monte hacia unos matorrales, allí me desabroché mis jeans y conjuntamente con mis calzoncillos los bajé hasta la rodilla y me puse de cuatro patas, separando bien mis piernas, levantando mi cola, arqueando mi espalda, colocando mi cara y mis manos contra el pasto, esperando su ataque, él repitió celosamente cada paso del día anterior, untó sus dedos con saliva y los pasó por mi agujero…

Pero yo a diferencia de mi nula participación de esa noche, tomé con mis dos manos mis cachetes y los abrí con fuerza y comencé a mover mi cola en forma circular para sentir por todas mi zonas sensibles esos dedos que me acariciaban, luego él desabrochó sus jeans y bajó sus calzoncillos, de reojo pude ratificar que también se pasó saliva por el glande, lo tomó con su mano derecha y lo puso en la entrada de mi anillo de carne, allí me entregué a mi misma, y empecé a mover nuevamente mi cola como quien está redondeando aún más esa gran cabeza…

Los suaves quejidos que ambos hacíamos dejaba entrever el gran placer que estábamos teniendo, ese movimiento me permitió sentir el paso de su verga de tibia a caliente o más dicho ardiendo, situación que lo llevó a presionar contra mi agujerito pasando primero su glande con ese ruido de sensación de rotura que les había comentado anteriormente, y luego cada centímetro de su tronco, hasta llegar nuevamente a sentir ese cosquilleo de sus vellos en mis cachetes…

En ese momento, me vinieron unos deseos de sentirlo aún más adentro y con mis manos tomé sus caderas y las presioné contra mí, cuando existía la certeza que más adentro no podía estar nos quedamos como dos o tres segundos quietos como disfrutando de tal alcance, luego me puso las manos en mi cintura y comenzó a galopar, luego le pedí que no se fuera todavía y que se quedara quieto un momento y dejara la cabeza del glande justo en la entrada de mi culo, allí comencé a satisfacerme…

Moví mi cola en forma circular y descubrí como mi anillo de carne, se convertía en verdaderos labios, ya que se iban tragando en cada movimiento un poco más de ese pedazo de carne tan maravilloso, luego él nuevamente me empezó a clavar con gran fuerza hasta que sentí que se corrió dentro de mí. Nos subimos los calzoncillos y los jeans y nos tendimos de espalda…

Nos quedamos alrededor de dos o tres minutos de espalda sin decirnos nada, luego con gran decisión y osadía le pregunté ¿quieres que te de más placer?, él me respondió que bueno, entonces recordando lo que me habían hecho algunas mujeres, sin mirarlo le subí la polera y le besé las tetillas y descendí hasta su ombligo, desabroché el cinturón de su jeans, le bajé el cierre y se los tiré hasta la rodilla, quedó su calzoncillo con una verga estimulada pero sin llegar a su total erección, le di un suave mordisco por sobre su slip, porque se que produce mucho placer, le pasé la lengua por su pelvis, por entremedio de su nariz y labios, se la saqué y la metí en mi boca…

Allí me vino por unos segundos una sensación de ahogo pero que manteniendo la respiración lo superé con facilidad, no hay nada que le gusta más a un hombre, que sentir que su mujer se lo ha tragado toda, que la tiene toda la verga dentro de su garganta, luego comencé un movimiento de subir y bajar, al llegar arriba le pasaba la lengua por su cabecita en forma circular como sacándole brillo, ahí empecé a sentir como se le iban hinchando las venas y el calor de su trozo de carne que pasaba nuevamente de tibio a caliente, colocando colorada mi cara y haciéndome transpirar…

En ese momento lo tomé fuertemente con una mano, de su base, como para no dejarlo escapar y no lo solté hasta que él efectuó unos movimientos similares a los de espasmos, allí rápidamente lo saqué dejando la boca abierta y la lengua afuera, otra cosa que le gusta a los hombres es moquear a sus mujeres, sentí como me tiró toda su leche, en la lengua y en la cara, luego como recordando aquellas famosas películas pornográficas, con su mismo miembro me limpiaba la cara y nuevamente me lo tragaba, hasta dejarlo limpiecito…

Luego le di un simpático besito en el agujerito de su glande, hoy por hoy, debo reconocer que me gusta la leche acumulada de varios días, sale a borbollones y viene como granulada, luego él sólo atinó a decir -primo te pasaste, fue maravilloso, nunca había sentido algo tan agradable, yo le respondí -que tampoco, ya que nunca lo había hecho antes, pero que le daba las gracias por haberme dejado hacer realidad mi orientación sexual.

Ese verano fue maravilloso.

Otro día les cuento como empecé a vestirme y comportarme como una mujer.

Dame tu leche

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Glazo me llevó a La Plata

Glazo se dispuso a gozar, tomé su verga la cual estaba completamente humedecida por el gel y me fui agachando para ir sintiendo su contacto con mi expectante esfínter. Mi rosa cuando el glande rozó su entrada y por suerte iba a disfrutar con un gran trozo de carne sin la molestia del condón que casi siempre les coloco a mis partenaires antes de la tan ansiada introducción de sus miembros en mi ser.

En mi relato anterior narré como había descubierto al marido de mi sobrina con un travestí en los bosques de Palermo y lo que había sucedido en el telo que nos llevó.

Eso sucedió el viernes 27 de diciembre, aunque creí que sería por única vez dadas las circunstancias en que todo sucedió vertiginosamente luego de  haberlo descubierto en esa postura tan insólita, pero por suerte para mí placer la aventurilla volvió a repetirse a menos de 48 horas de haber disfrutado la primera.

Yo había planeado ir el domingo 29 hasta Luján paras saludar a mis amigas las cuidadoras de los museos, pero mi sino tenía otros planes para mi día dominical.

El sábado me llamó mi sobrina diciéndome que ese día iban a pasarlo en la casa de sus suegros en la ciudad de La Plata y como yo conocía muy poco esa ciudad me llamaba para invitarme a ir con ellos.

Pensé en no aceptar porque para que iba a tener que aguantar la tortura de estar todo el día cerca de Glazo sin siquiera poder probar su hermosa verga nuevamente, pero ante la insistencia de mi sobrina terminé aceptando.

Antes de ese fatídico viernes en los bosques de Palermo, lo deseaba pero no pasaba más que eso, ni esperanzas tenía de poseerlo pero después de que sabía que le iban otras cosas además de su mujer quería rehuirle para evitarme más sufrimientos.

Aunque en La Plata tengo dos conocidos no pude ir a ver a ninguno de ellos porque uno es el hermano de mi amigo Roberto del cual hablé en el relato “El portero de Roberto”, no fui porque sabía que estaba en Montevideo con su familia y al otro que se llama Tulio no pude ir a visitarlo  porque no tenía su teléfono ya que estaba en mi casa dentro de mi PC..

Aunque mi recto estaba dolorido y había sangrado un poco igualmente llevé entre mis cosas una  crema dilatadora por las dudas de que se me presentase la  ocasión de disfrutar nuevamente con el arma de reglamento que Glazo ocultaba entre sus piernas,  pero ni idea tenía de sí tal encuentro a solas se iba a concretar.

Almorzamos un asado que hizo el suegro de mi sobrina y a media tarde ella le dijo a su marido que me llevase a  conocer la ciudad y cuando él nos dijo que iba a buscar el auto que lo esperásemos en la puerta ella le contestó que hacía mucho sol para el bebé.

No todos tienen una sobrina tan “canchera” que te dan el marido ¡en bandeja!

Inmediatamente fui a buscar mi bolso con la cámara fotográfica, pero mi sobrina no podía saber mis intenciones y que además de la cámara allí estaba la crema que pensaba usar para embadurnar la verga de su marido si este me daba la oportunidad de disfrutarla nuevamente.

Y todo se dio naturalmente ya que dentro del coche Glazo me dijo:

-¡Que calentura que me agarré el viernes contigo y la travestí! Cuando llegué a casa mi mujer me tuvo que pajear dos veces para poder lograr que la verga se me calmase! -¡Lamento que esa leche no fue para mi! Me rompiste el orto  porque tu pija  es muy grande, pero el gozo que me diste fue tremendo hasta para superar la fisura y la sangre que me salió por el  recto. -Lo siento. ¿Estás muy lastimado?
-Un poco… pero si querés podemos hacerlo de vuelta, mira como se me puso la pija!

Y bajándome el short extraje mi verga con mi mano para que viese en que estado estaba.

-¡Guardá eso! Por esta zona las  calles son muy estrechas y pueden verte. Mejor vamos a buscar un sitio tranquilo..

Fuimos hasta la autopista, por allí condujo hasta un hotel que él conocía, pidió una habitación sin importarle que el pistero viese que iban dos hombres y ninguna mujer dentro del coche.

Dentro de la habitación nos desnudamos completamente y Glazo se montó la cama donde me practicó una mamada deliciosa acomodándose sobre mí  apoyando sus bolas sobre mi boca haciéndome sentir lo pesadas que estaban y ofreciéndome su orto para que se lo lamiese.

Primero me dediqué a contemplarlo, luego le pasé un dedo humedecido en saliva tocando con él la pelusilla color tabaco que coronaba su apretado hoyito y finalmente acerqué mi lengua para disfrutar inmensamente a la vez que sentía los labios suyos apretando la base de mi pija.

Esa práctica seguramente lo excitó mucho porque sus bolas latían apresuradamente sobre mi nariz y su verga no se quedaba atrás corcoveando al unísono con cada milímetro de mi lengua que entraba en su cuevita húmeda.

Ni sé cuantas minutos estuvimos en esa posición porque cuando reaccioné del éxtasis placentero que me había producido pude sentir la lengua de Glazo humedeciendo mi ano y con sus dedos tratando de distenderlo para lo que vendría a continuación.

Luego de unos instantes deliciosos abandonó la dilatación que estaba efectuando y me dijo que quería metérmela porque no aguantaba más la calentura.

Le pedí que se acostara porque quería cabalgarlo y cuando lo hubo hecho le di otros chupetazos a su enhiesta vara antes de lubricarla con el gel dilatador.

Glazo puso sus manos sobre la almohada apoyando sobre ellas su cabeza disponiéndose a gozar lo más intensamente que pudiese mientras yo me deleitaba mirándolo tomé con una mano su verga la cual estaba completamente humedecida por el gel y muy lentamente me fui agachando para ir sintiendo su contacto con mi expectante esfínter.

Mi rosa se abrió magníficamente cuando el glande rozó su entrada y por suerte iba a disfrutar con un gran trozo de carne sin la molestia del condón que casi siempre les coloco a mis partenaires antes de la tan ansiada introducción de sus miembros en mi ser.

Con la mirada de Glazo sobre mi cara fui bajando cada vez más hasta que su tarugo no hubo desparecido no detuve mi  bajada sobre él, luego le apreté los muslos  con mis rodillas para comenzar una frenética e interminable variedad de movimientos los cuales hicieron que mi sobrino político emitiese unos sonoros ayes de placer.

Él se dejaba hacer no colaboraba para nada, me dejaba cabalgar a mi antojo mientras veía que mi verga cada vez estaba más rojiza y congestionada por la paja que me estaba haciendo clavado en su estaca..

Cuando vi que tenía los ojos entre cerrados lamiéndose los labios me incliné hacia adelante par comenzar una serie de chupadas y lamidas de sus labios hasta que estos  finalmente cedieron el paso dejando que mi lengua buscase la suya con la cual tuve unos increíbles intercambios salivales.

Estábamos en el cielo de tanto goce, pero como él no pudo soportar más tanta excitación sacó sus manos de debajo de su nuca para comenzar a abrazarme y al tanteo buscó mis nalgas para meterme un dedo entre su pija y mi esfínter.

Con la otra mano me apretó haciéndome descender un milímetro más sobre su reata y así ensartado pude sentir como su verga estaba por reventar, cosa que hizo vaciándose dentro de mí con una interminable cantidad de leche hirviente la cual pude sentir pegándome en las paredes posteriores mi próstata.

Con mi mano  seguía apretando mi pija y al sentir el placer infinito que me estaba dando esa leche golpeando mi próstata me derramé sobre su pecho mojándole toda su pelusilla dorada.

Cuando cesó de manar leche de su verga Glazo quedó inerte sobre  la cama como en trance mientras yo le limpiaba su pecho con mi lengua dado que mi enorme acabada comenzaba  a diluirse.

Luego de unos interminables instantes de silencio y de descanso Glazo me dijo:

-¡La puta que te parió! Cada día me haces gozar más.

Sonreí mientras me lamía los labios extrayendo la última gota del néctar que había extraído de su pecho, mientras su verga aun seguía clavada en mi interior molestándome porque estaba pesada porque había perdido la rigidez que la mantenía apoyada en mi próstata.

-De veras,  Omar. Ninguno de esos travestís me hizo gozar tanto como lo hacés vos. Soy de acabar mucho… pero así tan desenfrenadamente como lo lográs vos no!!

Cuando su verga salió de mi interior lo hizo con un ¡Plop! Muy sonoro, el cual nos hizo reír y llorar al mismo tiempo.

Me puse en cuatro patas sobre la cama mostrándole mi orto para que me dijese como había quedado.

Lo examinó con sus manos y con sus ojos y luego sin decirme su opinión me dio un beso allí dejándome excitado nuevamente.

-¡Lo tenés muy lindo! Muy abierto y comienza a salir mí leche por allí.

Reímos nuevamente y nos levantamos para ir a bañarnos porque el aroma a sexo era impresionante.

En la ducha nos besamos otra vez  mientras Glazo hurgaba en mi recto metiéndome sus dedos cosa que hizo que mi verga se pusiese dura, le pedí que me la chupase, no quiso hacerlo allí, pero aceptó hacer un 69 sobre la cama porque todavía le habían quedado ganas.

Acostado a su lado miré como apretaba su verga tratando de que la erección finalizase pero para que estuviera yo allí… me la introduje en mi boca y con unas buenas succiones logré el objetivo que sus manos no lograban.

Abandoné su vega para lamer, besar, chupar, apretar y no sé cuantas cosa más le hice por todo su cuerpo dejándolo excitado al máximo, por eso me puso sobre  él para darme una buena lamida en mi orto él cual había perdido la sensibilidad por lo dilatado que había quedado después de tanto rato de ser agredido con ese duro garrote.

Concentré todas mis fuerzas en hacer lo que más me gusta: Una buena mamada de verga para dejar a mis compañeros de lecho al borde del desmayo por el placer que me gusta darles en esa zona.

Saboreé todo  su balano, introduciendo mi lengua en su uretra, sopesé sus bolas con mi mano las lamí una detrás de otra, lamí su ano y  cuando sentí que Glazo había dejado de juguetear con mi esfínter para concentrar sus succiones en mi verga comencé a hacerle una frenética paja con mi lengua y con mi boca.

Entre chupadas me dijo:

-Me va a dejar de cama, no voy a poder manejar hasta Buenos Aires y Sunny se va a dar cuenta de que algo sucedió…

Mientras mi verga golpeaba su úvula, sus dedos entraban y salían muy cómodamente de mi recto yo pensaba “Glazo siempre fue bisexual porque a pesar de que lo había sorprendido con una travestí las cosas que me estaba haciendo a mi no se hacen de un día para otro…

Él estaba dando rienda suelta a sus deseos, quizás reprimidos por mucho tiempo y conmigo sabía que no tenía que tener temor porque no podía  decirle a mi sobrina las preferencias de su marido..

Empezó el vaivén y su verga me hacía delicias en mi boca y ni que decir del placer que me daban sus dedos por eso en cuanto sacó su verga de mi boca le dije:

-Séntate sobre mi boca así te meto la lengua en el culo mientras te pajeo así acabás de una forma diferente

No se hizo rogar y así lo hicimos mientras mi mano recorría todo el largo de su verga mientras mi lengua trataba de entrar por esa entrada virgen porque ninguna pija había horadado por allí pero de lengua al menos me constaba que ya no era virgen porque  la mía había visitado ese recinto haciéndolo gozar con menos intensidad que en estos momentos.

Seguramente tenía los ojos cerrado por el placer que experimentaba,  me decía lo bien que lo estaba pasando con lo que se sentía, y abandonando la lamida yo le contestaba  es “todo para ti”, en ese momento éramos uno solo, él era mío y yo era suyo, mi lengua en su ano pasaba de movimientos suaves a fuertes, me imaginaba sus ojos llenos de lujuria pero a la vez con rabia por haberse abandonado a los placer homosexuales que tal vez el siempre había ocultado pero su verga entre mis manos lo hacia gemir  de placer haciéndonos más disfrutables esos instantes.

Duramos mucho rato así aunque yo quería que se terminase porque realmente no aguantaba más el peso de Glazo sobre mi boca, pero como toda buena culminación de una gran  excitación el final se acercó pero como fue tan intenso y mi mano no le bastó para hacerlo eyacular, Glazo la apretó con la suya logrando en muy pocos segundos con toda la  velocidad que le dio a esos movimientos finalizando entre bufidos expulsando otra generosa ración láctea la cual fue a estrellarse sobre mis pendejos y mi pene erecto.

Él  ya había terminado cuando vio que mi verga seguía dura expulsando precum sin que nadie la atendiese por eso se acercó para lamerla y con su lengua limpió  su semen  que chorreaba por gran parte de mi prepucio.

Su culo seguía plácidamente alojado sobre mi boca, como no tenía nada que hacer continúe lamiéndolo hasta que Glazo aceleró los movimientos  de su mano sobre mi verga y sin que él esperase que me clímax fuese tan violento este se produjo vertiginosamente sin ninguna clase de control por eso una gran cantidad del líquido blanquecino se estrelló sobre su cara empapándole los ojos.

Finalizada mi eyaculacción nos besamos y acariciamos sin cesar, cerré mis piernas alrededor de sus caderas y me aferré a él con pasión, pasados  unos minutos de letargo nos repusimos de tan agotadora doble sección de sexo, nos bañamos nuevamente porque nuestros cuerpos habían quedado barnizados de leche y ni que decir que de mi culo aun salían vestigios de la primera lechada que se había mandado Glazo.

Una hora larga después de haber entrado allí  por suerte aún era de día debido a los cambios del huso horario que se acostumbra a hacer por esta zona de Sudamérica, él me llevó a recorrer su ciudad donde pude tomar unas hermosas fotografías del Parque San Martín y del Paseo del Bosque.

Finalizamos nuestra recorrida a 14 Km. de allí en un sitio llamado Punta Lara donde vi la puesta de sol del otro lado del Río de la Plata, dije bien finalizamos porque entre unos árboles que había por allí le di los últimos lengüetazos a esa verga que me tenía loco desde hacía dos días.

Cuando volvimos a buscar a mi sobrina le dijimos hasta dónde habíamos ido, con esa excusa justificamos nuestra ausencia de casi toda la tarde y como vio las fotografías en mi cámara digital no tuvo ninguna sospecha de que habíamos estado haciendo otras cosas aparte de que recorrer la ciudad.

Volví a Montevideo e inmediatamente partí hacia Punta Ballena  a pasar el Fin de Año con  la otra parte de mi familia.

Cuando le conté a mí hermano Leo lo que me había sucedido con Glazo me preguntó:

-¿Tanto te gusta la verga que no dejás tranquilo ni a tu sobrino político?

Me reí sin contestarle nada porque todo lo que habíamos gozado no se lo podía describir y además le hice un favor a Glazo porque con la cuarentena de su mujer realmente la estaba pasando mal porque necesitaba expulsar de dentro de su organismo esas cantidades impresionantes  de semen acompañadas por sus gemidos, bufidos…

Autor: OMAR

PD: Espero que les hayan gustado mis relatos y que me escriban enviándome fotos y comentarios.

omarkiwi@yahoo.com

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Somos pareja con mi hermana

Mi hermana jadeaba y temblaba de placer, yo estaba feliz de verla así. Me levanté y acerqué mi polla a la cara de Marta que de inmediato se la introdujo en la boca y empezó jugar con la lengua en mi glande obligándome a gritar de placer, ella a su vez estaba siendo follada por los dedos de mi hermana y gemía nasalmente con mi falo en su garganta.

Calítulo I – Problema localizado

Me llamo Xavi tengo 36 años y hoy hace dos que mi mujer fue a vivir con un informático gordito con aspecto inofensivo. El muy mosquita muerta vino a casa a explicarle un programa de banca electrónica y se la tiró ahí mismo, en mi casa, en la mesa de mi ordenador y con mi perro mirando. Cuando mi mujer me dejó no pude afrontar solo el pago del alquiler, así que le propuse a mi hermana Lourdes que se viniera a vivir conmigo.

Ella vivía sola y le costaba mucho llegar a fin de mes, así que aceptó y en unos días la tenía instalada en casa. La verdad es que era maravilloso volver a vivir con alguien, además ella siempre había sido un terremoto no paraba de hablar, de poner música, de hacer ruido. Era fantástico sentir vida en casa otra vez, definitivamente era la distracción que necesitaba. Ella a sus 32 años de entonces no había tenido una vida fácil. Había estado liada con un hombre casado desde muy jovencita. El individuo era conserje de unos edificios de oficinas y hacía un año que había dejado tirada a su mujer y a mi hermana por una administrativa rubita muy mona.

Nuestra vida empezó a encauzarse y se hacía muy amena. Yo la recogía en mi moto a la salida de su trabajo, hacíamos la cena, veíamos crónicas, un poco de Internet y a dormir. Los fines de semana siempre venían amigos a casa o íbamos nosotros a la suya. Nos comportábamos como una pareja normal pero sin discusiones ni enfados. Era perfecto.

Fueron pasando los meses y un buen día viendo una película, una escena de sexo dio pie a que surgiera una conversación que iba a cambiar nuestras vidas.

– Xavi, ¿puedo hacerte una pregunta personal? – Claro, dime. Le contesté extrañado y apenado por perderme la mamada que estaban poniendo en la tele.

– ¿Cuánto hace que no tienes relaciones? Yo al escuchar aquello me quedé pálido. Realmente era un tema que me preocupaba pues desde que mi mujer me había dejado plantado me había tenido que conformar con mis pajas (que no eran pocas).

– Pues mira, contesté yo, cuando la luchi me dejó ya llevábamos un par de meses sin nada, así que si los sumas a los cuatro que llevo separado hacen medio añito. Nada menos. – Yo estoy casi igual, mañana hace cinco meses de mi último casquete y por encima no fue gran cosa.

Me resultaba extraño hablar con mi hermana de estos temas pero la verdad es que necesitaba desahogarme, y saber que ella estaba en mi misma situación hacía que estuviera seguro de que me comprendía y de que se hacía cargo de la gravedad del problema.

Estuvimos dándole vueltas al tema y llegamos a la conclusión de que teníamos que ayudarnos. Ninguno de los dos quería empezar una relación, simplemente queríamos sexo. Tal como nos habíamos organizado la vida no podría surgir nada. Solo salíamos al cine, a casa de algunos amigos o a cenar alguna noche. Si a eso le sumas la de ir siempre juntos, estábamos destinados a fracasar.

Por otro lado los dos nos cuidábamos mucho, teníamos buen tipo y a mi hermana le encantaba vestir sexy resaltando sus formas que aún siendo mi hermana les diré que pueden quitarle el hipo a cualquiera, con lo que no tendría por que ser difícil que triunfáramos alguna noche.

Capítulo II – Nos vamos de copas

Tomamos la decisión de salir ese sábado a quemar Barcelona, como cuando teníamos veinte años.

A eso de las 10 de la noche yo ya estaba vestido para la faena, me había puesto la ropa más juvenil que encontré, me enfundé una camiseta blanca ajustada que resaltaba mi bronceado y unos pantalones de bolsillos ajustados metidos por dentro de unas botas altas tipo militar. Bajé a esperar a Lourdes a la calle mientras me fumaba un cigarrillo, me sentía atractivo, joven y también muy nervioso. Hacía años que no notaba algo como eso, como cuando esperas a tu chica a la todavía no te has tirado y no sabes si hoy será el gran día.

Cuando ella salió por el portal me quedé de piedra, llevaba una camiseta de tirantes muy ajustada que hacía que sus pezones se notaran con absoluta precisión y un pantalón blanco de lycra que dibujaba su pequeño tanga de hilo delante y lo hacía desaparecer en medio de sus culos, y digo culos porque tratarlo en singular sería un desprecio.

Se río un poco de mi aspecto y me preguntó que si pretendía ligar con chicos o con chicas. Su comentario no me hizo gracia y ella lo notó y rectificó diciéndome que si no fuera su hermano me comería allí mismo.

Nos fuimos a cenar a una terraza al Besós y después al Maremagnun donde decidimos separarnos pero no perdernos de vista. Me acerqué a pedir una copa a la barra y me quedé allí posando esperando que un rebaño de chicas hambrientas viniera a suplicarme piedad y un poco de sexo. Cuando llevaba 5 copas sin moverme de mi barra y lo único que había conseguido era que un rebaño de japonesitas me pidiera que les hiciera una foto, empecé a pensar que ese tipo de cosas solo pasaban en las películas X del canal satélite pirateado que tanto me ayudaban en mis tareas onanísticas.

Eché un vistazo a mi hermana y allí estaba preciosa y súper entretenida con una manada de mormones que no paraban de hablar mezclando el inglés de Olot con el catalán de Ohio.

La noche se resumió en un dineral en copas, un curso de fotografía y encuentro en la tercera fase de mi hermana. La guinda la puso la guardia urbana de vuelta a casa cuando me pusieron el alcoholímetro en los morros y me dijeron que iba a circular en metro una temporada.

En fin, cuando íbamos juntos parecíamos una pareja y separados estábamos demasiado solos para atraer a alguien.

Capítulo III – El hallazgo de Lourdes

Pasamos un par de semanas sin sacar el tema hasta que una noche sucedió algo. Mi hermana estaba en Internet y yo estaba viendo como se insultaban unos tarados en la tele. Ella se acercó con una hoja en la mano, apagó la tele y se sentó a mi lado. Yo estaba alucinado, sus ojos estaban brillantes y muy abiertos y su sonrisa picarona me terminó de desconcertar.

– He estado navegando y he encontrado una web de parejas liberales, – ¿Y?… – Que he visto como funcionan los locales de intercambio, hizo otra pausa como queriendo que yo comprendiera sus intenciones pero mi cara de atontado le hizo continuar, y he pensado que si todo el mundo cree que somos pareja cuando salimos, quizás lo que necesitemos sea un intercambio de parejas.

Realmente mi hermanita había dado en el clavo. Me pareció algo descabellado a primera vista, pero por más vueltas que le di no encontré nada perjudicial ni dañino ni inmoral, nada que me hiciera creer que lo que ella proponía iba a perjudicar a alguien aunque tuviéramos que valernos de un engaño para llevarlo a cabo.

Después de pensarlo en silencio, tomé la hoja donde ella había seleccionado unos cuantos locales de la ciudad y le dije:

-¿A cual vamos?

Ella me abrazó y me dio un besazo en los labios que me dejó helado, pero riéndose me dijo:

-Tendremos que parecer una pareja de verdad, así que vete acostumbrando.-

Por fin llegó el viernes, la recogí en su trabajo y nos fuimos en metro a casa (los urbanos aún tenían mi carné), a prepararnos. En la ducha me rasuré el vello púbico como los actores de mis películas favoritas y después me vestí normalmente, no me interesaba dar un aspecto joven ni informal, así que me decidí por una camisa blanca y un pantalón de pinzas negro.

Ella tardó bastante en arreglarse y salió de su habitación con una blusa transparente negra con una chaqueta roja por encima y una falda de tablillas a juego que le llegaba a medio muslo.

Pedimos un taxi y de camino al centro me comentó que no se había puesto ropa interior y yo le confesé que me había rasurado. Aquella situación estaba empezando a afectarme, mi pene ya había reaccionado y cuando se inclinó a coger el bolso para pagar el taxi no pude evitar fijarme en sus pechos totalmente a la vista bajo su blusa de rejilla.

Salí del taxi y me quedé sujetando la puerta mientras ella se deslizaba por el asiento para salir, no sé si fue un descuido o estaba jugando conmigo pero cuando iba salir del coche abrió las piernas ofreciéndome un gran primer plano de su vulva completamente afeitada. Me cogió el brazo y empezamos a caminar hacia la puerta del local, yo iba con el mástil erguido debido al espectáculo del coñito de mi hermana y no se me ocurrió otra cosa que mencionarle que había hecho un gran trabajo con la maquinilla. Ella se rió y girándose hacia mí me besó en los labios, dejando esta vez que nuestras lenguas se tocaran. Si mi mástil ya iba erguido ahora estaba a punto de reventar.

Capítulo IV – Local de parejas

Por fin llegamos a la puerta, el portero nos hizo pasar y un camarero nos recibió haciendo de anfitrión y explicándonos las normas de la casa. Había varios ambientes, saunas, discoteca, reservados y por fin una cafetería-bar con mesas redondas de cuatro plazas. Nos pareció bien a los dos sentarnos en una que estaba vacía para tomar una copa y observar tranquilamente. Era como estar en otro planeta, en la mesa de enfrente estaban jugando un strip-póquer, al lado dos tías se comían las tetas mientras sus parejas se la meneaban mutuamente.

A pesar de esa primera impresión nos sentíamos cómodos en ese ambiente, no sabía como colocar la polla para que no me doliera y al bajar la segunda copa me la saqué allí mismo. Mi hermana que por sus continuos cambios de postura y movimientos de piernas, debía de estar muy caliente, no me sacaba los ojos de la polla. Eso me encantó y me valía como venganza por lo del taxi.

Mientras conversábamos me la empecé a menear y ella cortó la conversación y me dijo que le encantaría ver como me corría. Eso hizo que mi excitación subiera y en unos segundos estaba chorreando el mantel ante la atenta mirada de Lourdes que era incapaz de ocultar su estado y abriendo las piernas se subió la falda y comenzó a acariciarse el clítoris.

En esas estábamos cuando se nos acerca una pareja y nos piden permiso para sentarse con nosotros. Yo por pudor innato me la guardo y trato de ocultar la evidente mancha de semen en el mantel, mi hermana se cubre con la falda, pero deja su mano debajo. Ellos permanecieron de pie sonrientes esperando a que les invitáramos a ocupar las dos sillas libres. Por fin levanté la cabeza y vi a una pareja de unos cuarenta años, muy bien vestidos y con aspecto saludable, a los que automáticamente invité a que se unieran a nosotros. Pidieron unas copas y empezamos a charlar. él se llamaba Carlos y ella Marta tenían 43 y 40 años, eran de Coruña y estaban de paso, solo se quedarían esta noche.

Carlos era alto y fuerte, piel morena, pelo oscuro con alguna cana y ojos negros, vestía un traje sin corbata y Marta era alta también, pero muy delgada, piel blanca, pelo castaño y unos inolvidables ojos verdes. Marta llevaba un vestido de lycra corto azul celeste que no dejaba dudas de la ausencia de sujetador y revelaba una cuidada figura y sobre todo unos apetecibles aunque pequeños pechos. Sus piernas que gracias a que se sentó un poco apartada de la mesa, podía contemplar desde su nacimiento eran largas y delgadas y la ausencia de medias le permitía lucir un bonito bronceado y dar un aspecto apetecible de suavidad y calor.

Capítulo V – Orgía final

Mi pene que tiene vida propia, no respeta treguas y volvió a reaccionar esta vez motivado por la visión de que bajo la falda de Lourdes no hay una mano sino dos. Marta había tenido un arrebato de curiosidad por los movimientos de mi hermanita bajo su falda y había decidido comprobar lo que pasaba. Lourdes reaccionó subiéndose nuevamente la falda y ofreciéndonos la visión de la mano de Marta acariciando sin tapujos su coñito.

Marta halagó el afeitado de Lourdes e invitó a su marido a comprobar lo suave que le había quedado. Carlos estiró su mano derecha hacia la vulva de mi hermana y poniendo cara de satisfacción empezó a masturbarla.

Yo noté una mano abriéndose camino por el hueco de mi bragueta y con dificultad, pero demostrando mucha práctica Marta extrajo mi verga que aún tenía fluidos de mi anterior corrida y ya estaba de nuevo con el glande húmedo. Empezó un lento masaje arriba y abajo, parándose de vez en cuando para acariciar los huevos que también habían salido de su escondite para refrigerar y no perderse detalle. Marta de nuevo sacó el tema del afeitado y mientras su marido ocupaba sus manos con mi hermana que ya se había quitado su chaqueta para permitir un fácil acceso a sus tetas, ella le comentó que se lo iba a afeitar totalmente, que le gustaba el tacto sin ningún pelo. Su marido asentía mientras le comía las tetas a Lourdes a través de la blusa de rejilla.

Yo me ofrecí a Marta para aconsejarle el tipo de rasurado que le favorecería más y ella me soltó la polla, se incorporó un poco para subirse el vestido hasta la cintura y volviéndose a sentar con las piernas abiertas me ofreció el espectáculo de su apetecible coño afeitado y decorado con una pequeña y estrecha tira de pelo castaño en su monte de venus. Ella retomó sus masajes y yo la acompañé frotando e introduciendo un dedo de vez en cuando en su vagina. Mi mano chocó con la mano de mi hermana que también estaba explorando el coñito de Marta mientras su marido estaba en el suelo comiéndole el clítoris.

Mi hermana jadeaba y temblaba de placer, yo estaba feliz de verla así. Me levanté y acerqué mi polla a la cara de Marta que de inmediato se la introdujo en la boca y empezó a jugar con la lengua en mi glande obligándome a gritar de placer, ella a su vez estaba siendo follada por los dedos de mi hermana y gemía nasalmente con mi falo en su garganta. No pude aguantar mucho más y sin pensarlo procedí a descargar mi hombría en aquella boca, debajo de aquellos ojazos verdes que me volvían loco. Cuando Marta rebosaba mi semen por sus labios se acercó a mi hermana y fundieron sus bocas con una pasión tal que mi hermana se corrió instantáneamente en la boca de Carlos.

Mientras ellas seguían jugando con sus lenguas me senté en el suelo y hundí mi cara en el sexo de Marta introduciendo mi lengua por todos los orificios que me encontré, ella se retorcía y cerraba las piernas rodeando mi cabeza y apretándola.

Por el rabillo del ojo pude ver a Carlos corriéndose en la cara de mi hermana, esforzándose ella por recoger la mayor cantidad posible de fluido con su lengua.

Yo seguía concentrado en Marta que ya se había corrido en mi boca y estaba a punto de hacerlo por segunda vez con mi lengua entrando y saliendo de su ano cuando ocurrió algo que me desconcertó, me estaban mamando la polla. Solo había dos posibilidades y cualquiera de las dos me turbaba. Si era Carlos el que me la estaba comiendo todos mis principios heterosexuales se iban al carajo pues me estaba dando un placer terrible, pero si no era él solo podía ser mi hermana.

No me atreví a mirar, el morbo de la situación me estaba colocando al borde de un desmayo y a su vez se lo estaba transmitiendo a Marta que enlazaba un orgasmo tras otro en mi boca hasta el punto que se estaba orinando en mi cara, en mi boca, en mi pelo y yo seguía lamiendo absorto en una realidad y un estado mental desconocido para mí hasta la fecha.

No me hizo falta mirar para saber quien me la estaba mamando, noté como mi hermana frotaba sus pechos sin ropa contra mi pene y comenzaba a pajearme con sus tetas. Me incorporé y lo vi, se había despojado de su blusa y tenía la falda enrollada en la cintura, estaba a cuatro patas y Carlos se la estaba follando con fuerza mientras ella volvía a introducirse mi polla en la boca.

Mientras Marta se levantaba para quitarse el vestido, agarraba la mesa para tenerse en pie pues sus piernas temblaban, me dediqué a acariciar las tetas de mi hermana que seguía mamándomela con furia.

Marta se recostó en la mesa boca arriba dejando su culo al borde. Lo entendí enseguida, me incorporé, tuve que hacer fuerza para que mi hermana me soltara el cipote, y apoyando las piernas de Marta en mis hombros se la metí hasta el fondo y la saqué y otra embestida y así hasta que empezó a gritar de placer, momento en el cual se la introduje en su ano que aún goteaba saliva, empezó a estremecerse, no se si de placer de dolor o de ambas cosas. De vez en cuando soltaba pequeños chorros de orina que golpeaban mi vientre y provocaban que se acercara el momento de correrme.

Mi hermana se subió a la mesa, boca arriba también pero justo en sentido contrario a Marta, de forma que su cabeza quedó a al altura de mi polla y Carlos enfrente introducía su cipote, más grande y ancho que el mío, hasta el fondo del culo de mi hermana.

Esta visión me superó y sacando la polla del ano de Marta se la introduje a mi hermana en la boca y descargué nuestro común material genético en su garganta. Carlos casi al mismo tiempo se corría entre convulsiones dentro de su culo y la cara de mi hermana mostraba una gran felicidad que provocó en mi un sentimiento de ternura hacia ella.

En el local nos proporcionaron toallas y nos dirigimos a las duchas, curiosamente no eran mixtas. Nos arreglamos la ropa pagamos las consumiciones y nos dirigimos a casa en silencio pero sonrientes.

Me desnudé y me metí en cama, estaba rendido, cuando iba a apagar la luz aparece Lourdes desnuda y se mete en mi cama. Otra vez me quedo helado, nunca dejará de sorprenderme.

– A partir de hoy esta será mi cama también. He disfrutado muchísimo esta noche y quiero que se repita pero sin mentiras, quiero que vayamos a locales de parejas pero como pareja. Hoy has perdido a tu hermana, mañana cuando te levantes habrás dormido con tu pareja.

Después de escuchar eso no pude hacer más que darle un tierno beso en los labios y dormirme feliz.

Autor: Carluchi

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Ligando vergas

Recorría con mi lengua su glande, procuraba exprimirlo para tomar sus jugos y también su tronco, toqué con mi lengua sus huevos y lo hice gemir, hasta que ya no hubo marcha atrás y estaba teniendo las contracciones de su orgasmo, que recibí en el fondo de mi garganta.

Hola amigos, esto me pasó cuando tenía 18 años (ahora tengo 23), es cuando aún no sabía en donde podía ligar o coger con otros chicos, unos amigos me habían comentado en la Alameda Central de la Ciudad de México, en la noche, se podía ligar, de hecho en Av. Hidalgo se paran muchos jóvenes que son recogidos por hombres muy calientes en sus coches.

En un sábado y me lancé a ese lugar, que de día está transitado, por la noche es muy raro que pase gente. Me senté en la fuente que está cerca de los sanitarios, empecé a ver el gran jolgorio que allí había.

Estaban dos chicos masturbándose mutuamente, como estaba un poco oscuro, no alcancé a ver sus vergas, al ver esa escena me excité demasiado y mi verga estaba deseosa de salir de mi bóxer y ser acariciada y mamada por otra boca o por otras manos.

Me empecé a acercar poco a poco, y cuando estaba enfrente de ellos, me quedé atónito, uno de ellos se la estaba mamando al otro… No lo podía creer!

En plena vía pública con el temor de que llegaran los policías, pero esas circunstancias eran realmente excitantes, me senté junto con ellos y el que estaba siendo mamado, al verme sentarme junto a él, me comenzó a besar muy apasionadamente y tocándome mi pene sobre el pantalón, que ya estaba empapado de mis líquidos preseminales…

Este chico, que se llama Pepe, me bajó la cremallera y sacó mi verga, que estaba ansiosa de ser mamada, la engulló y me la empezó a mamar, aunque torpemente, pero mi calentura era demasiada que no me importó y disfruté el momento.

Entonces el otro chico, que se llama Chava, nos besamos apasionadamente y toqué su verga y prometía ser algo realmente delicioso. Era tanta la intensidad de la mamada de José que a los pocos segundos que me la estaba chupando, no pude más y solté mi chorro caliente de leche y Pepe no dejó ir ninguna gota de mi semilla, estaba en las nubes.

No se me bajaba la excitación y entonces Chava me dirigió a su verga y cuando la vi, era algo delicioso, una verga no muy grande como de unos 13 cms. pero era perfecta, sin ninguna curvatura y un glande moreno y con las gotas de la excitación de vernos a Pepe y a mi…

Me la metí a la boca y empecé a mamarla con todas las fuerzas de mi excitación y Chava no se contuvo y de inmediato salió un chorro espeso de líquido blanco que me llegó hasta la garganta… Nos besamos los 3 y Pepe y Chava se fueron.

Esa experiencia fue muy excitante, pero me había quedado con las ganas de seguir, así que seguí en la espera de otra víctima. Como a los 5 minutos, otro chico que se llama Benjamín, se acercó parando junto a mi y se empezó a frotar su verga sobre su pantalón, eso me excitó mucho y poco a poco se acercó junto donde estaba y al ver que lo estaba mirando, se sacó la polla y se la empecé a mamar…

La verga de Benja me pareció más rica que la de Chava, porque era un poco más grande y con un olor más penetrante, de macho sudado muy rico, así estuve recorriendo con mi lengua su glande, que procuraba exprimirlo para tomar sus jugos y también su tronco, toqué con mi lengua sus huevos y lo hice gemir, así lo hice un par de veces más hasta que ya no hubo marcha atrás y estaba teniendo las contracciones de su orgasmo, que lo volví a recibir en el fondo de mi garganta…

El cabrón estaba muy relajado, así que no me costó nada penetrarlo hasta el fondo y empezó a cabalgar, al sentir mi pene caliente penetrando ese túnel caliente y hambriento de palo, subía y bajaba sin parar, después se sentó sobre ella y montaba como si se tratara que estuviera trepado en un corcel salvaje…

No me contuve más y le pedí que apretara el culo para recibir mi leche recién ordeñada de su macho, al ser eso vino un orgasmo grandioso que duró cerca de 30 segundos, sin dejar de soltar los chorros de mi semen. Benja me limpió la verga con su boca hasta que no quedó ningún rastro de mi semen.

Le pedí a Benja que se viniera en mi cara… empezó a masturbarse y a los pocos minutos vi que su glande se puso rojo y lanzó un chorro de espesa leche en mi pecho y junto a la comisura de mis labios… Acabamos y quedamos de vernos para repetir esa experiencia…

Espero que les haya gustado mi relato.

Autor: Activoxxx

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SALIENDO DE LA HACIENDA DE LOS MORALES

Historias de nosotros. Febrero 2002

Esta historia la cuento yo, porque nadie mas la sabe ya que los otros dos individuos no solo son extranjeros pero no viven en México, por lo que lo que sucedió en esa noche en el Marquis negro solo lo saben cuatro personas: Paúl, Martha, el chofer y yo.

Querido Manuel, si recuerdas esa noche que llegue tarde a casa y tu quedaste un poco sorprendido, por mi actitud? Pues la verdad yo estaba mucho más sorprendida que tu??
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Como sabes ese día tenia una presentación en el restaurante La Hacienda de los Morales de la ciudad de México que terminaría algo tarde con un coctail.

Por la mañana me puse un vestido que me gusta mucho, verde con negro de cuello de tortuga, unas medias negras, el wonder bra negro, y unos zapatos de tacón también negros.

El pelo lo tenia bastante bien porque era martes y el lunes temprano, me había ido a cortar el pelo con Jymmie, que por cierto me tardo un chorro de tiempo, contándome de sus novios, y de un sin fin de joterias, como siempre.

La presentación y el coctail fueron un éxito y los extranjeros que vinieron por parte de nuestro cliente que era un evento de belleza, estaban encantados, con el trabajo realizado por el grupo de México, por la presentación, y por la gran pachanga que habíamos organizado en la Hacienda de los Morales.

En esas fechas como sabes yo tenia mi pequeño??? Affaire. Alfredo que durante la fiesta dos veces se me acerco con el comentario de que Paúl me miraba y se acercaba a mí con demasiada intimidad!!!!!!!……Y quien eres tú para andarme cuidando de esas cosas?? Jajajajja …será que estas celoso tu? ……no lo puedo creer.

Mira Alfredo ese cuate es más grande tendrá máximo unos 50, pero es de buen ver, además esta casado y por lo que me he dado cuenta en estos tres días de trabajo, si se va a acostar con alguien es con Martha, la directora de marketing del evento, mas no conmigo, ……..a pesar de que yo si me echaba un rapidin con el…. si se dejara!!!!!!! Jajajajjajaajaj….

Esto ultimo solo se lo dije a mi jefe para molestarlo, porque por primera vez después de lo de David que ya había pasado hace unos años lo veía medio celoso? Y además a el!!! Que varias en la empresa sabíamos que no andaba nada más conmigo.

Pues te equivocas querida Verónica, pero con ella si que no se acuesta, porque en mi viaje en agosto para negociar este evento de belleza, me dijeron que se divorció, porque su marido la cacho!!!!!¿……Cómo cuéntamelo todo? Con quien la cacho?

Pues ella debe de tener como unos 43 años se divorció hace como 10 y su marido la cacho con su mejor amiga, en su casa una mañana mientras los niños estaban en la escuela.

La tal Martha es lesbiana, mi querida, con ella si que no se va a la cama!!!!……..Nunca me lo imaginaria no se le nota nada, y además me cayeron muy bien?? ¿……..Quién te lo dijo, mi gran chismoso??………No lo sé pero es algo que se habla en su empresa.

Los tequilas se fueron sucediendo a los canapés, y como todo había salido muy bien, los ánimos estaban en alto. Cómo a las 9.00 PM, algunas personas ya se estaban retirando, otros decidieron seguir la fiesta en un antro de la Zona Rosa, muy cerca de nuestras anteriores oficinas, pero yo estaba cansada por la preparación del evento, decidí quedarme con buena parte del grupo a tomar un café, antes de ir a la casa, pero para mi sorpresa Paúl y Martha decidieron quedarse y no ir de pachanga alegando que su vuelo el miércoles salía muy temprano!!!

Entonces por primera vez pensé que Alfredo podía tener algo de razón, porque mientras estábamos en el café, se acerco a mí y me platico de varias cosas personales, como familia e hijos, trabajo y sus metas, etc etc, la platica era divertida e interesante, pero me agarraba demasiado mi brazo izquierdo, hasta que se atrevió a poner su mano en mi rodill

a, mientras seguía platicando como si nada pasara. En una de esas para acercarme a la mesa a tomar mi café, medio me resbalo y me detiene mi brazo izquierdo, como ayudándome pero no quitó su mano, por lo que al sentarme me tocó ligeramente y por debajo del brazo el pecho, que me hizo de inmediato sentir cosquillitas en el vientre, seña inequívoca de que en el fondo, no me desagradaba tanto la situación. No le di gran importancia seguí platicando y entonces ya cada que me agarraba el brazo lo hacia de tal forma que me tocaba como quien no quiere la cosa el perfil de mi pecho izquierdo, y yo encantada.!!!!!

En eso me voy al baño y de regreso encuentro a Alfredo esperándome en la puerta, y me dice:………ese pinche Paúl quiere contigo, ya te diste cuenta verdad?……Claro que no, estas loco, me cae muy bien y tiene una platica muy interesante, pero si me voy a la cama con el no te preocupes, te lo voy a contar tal y como tu me cuentas tus conquistas!!!!jajajajajja, además nunca lo he hecho con un hombre de mas de 50, aunque ya he estado cerca…….

Todo eso se lo dije para prenderlo, mas de lo que ya estaba, y dio resultado porque de regreso al bar, me dio una nalgada, y me dijo………..cabrona caliente!!!!!!..Quien?..A lo que no le hice caso alguno.

La calentura iba en aumento y la platica cada vez más cercana a los temas de sexo, y de infidelidades, me fui dejando llevar, y mi prospera imaginación ya andaba medio volando, hasta como para utilizar la situación para aprovechar y demostrarle a mi jefe que no me traía tan de nalgas como él creía, era mas sexo y erotismo que otra cosa, pero el insistía que no!

Como a las 10.30 termine mi café y pedimos la cuenta, ya nos íbamos cada quien a su casa, llamamos al chofer de Paúl que los llevaría al hotel Maria Isabel Sheraton.

Pero….. y mi coche???? Se había quedado en la compañía, se me olvido que desde la mañana me trajo Alfredo para enseñarme su nuevo VW negro.

Que burra….. en eso Paúl, me dice que me daba un aventón porque el hotel estaba cerca de las oficinas, que mi jefe ya se fuera a su casa porque además vivía muy cerca del restaurante!!!!! En eso Alfredo dice que él me llevaría, pero yo aproveche la oportunidad, para molestarlo un todavía un poquito mas????……..No no, que me lleven ellos, nos vemos mañana en la oficina.

Para esto no sabia que me pasaba pero estaba inexplicablemente demasiado caliente?

Entro al asiento trasero después se subió Martha y finalmente se metió Paúl por el otro lado. O sea que me quede en medio de los dos?????

Salimos de Polanco rumbo a la Reforma, era de noche y ya no había tanto trafico, y la platica normal de que todo funcionó a las 1000 maravillas, que agradecían mucho mi apoyo, en eso Paúl me abraza por un buen rato hasta que nos separamos ligeramente y me planta un beso en los labios. Todavía antes de poder reponerme de la sorpresa, y sin saber cual seria mi reacción, me vuelve a abrazar fuerte cuando siento que las manos de Martha suavemente acariciaban mi cuerpo empezando por las piernas, glúteos, senos hasta llegar a mi cuello.

La verdad estaba mas caliente que lo normal para mí, que siempre que quiero me logro escapar de estas situaciones cuando no son lo que quiero. No tuve mucho tiempo para pensar si me gustaba o no porque de inmediato Paúl me da un delicioso beso en la boca que me permitía sentir su lengua recorrer la mía, los dientes, mi garganta, con una enorme colaboración de mi parte ya que mi lengua buscaba la suya en todo momento.

Las manos de Martha vuelven al ataque, de esta vez con mucha mas iniciativa que antes, las pude sentir mecerse debajo de mi pegado vestido verde con negro, recoger mis nalgas rápidamente, para pasar a acariciar mi vientre, mientras el vestido se subía mas, y mas, hasta que las siento llegar a mis senos buscando rápidamente encontrar el broche trasero para dejar que mis pechos saltaran de adentro del wonder bra negro.

En ese momento pienso dos segundos lo que estaba haciendo y decido que la calentura ya iba demasiado lejos, por lo que ya era hora de frenar todo y regresar a la realidad.

Pero tenia razón…… ya iba demasiado lejos…… en el momento que trato de salirme de esa erótica pero comprometedora situación, los fuertes brazos del hombre me detienen con tal fuerza que sin darme cuenta ya tenia el bra totalmente suelto, y las manos de los dos jugueteaban con mis senos totalmente libres y expuestos a quien se aproximara del vehículo, y ya ni hablo del chofer que po

r el espejo retrovisor estaba en primera fila observando mi desnudo cuerpo en manos de estos dos raros personajes que no llevaba mas de una semana de conocerlos.

No tenia otra opción, además no sé bien si quería tener una salida a esto, o más bien estaba dispuesta a lo que viniera?? Pero mi calentura cada vez era mas fuerte, podía sentir el olor a sexo que ya despedía mi cuerpo, y sentía una fuerte humedad en mi ropa interior aunque todavía tenia puestas las pantimedias y calzones, no tenia ni la menor duda que no durarían mucho sin que salieran volando. Dicho y echo, me acomodan de nuevo sentada en medio de los dos, la boca lengua y manos de Paúl se encargan de mis pechos, cuyos pezones demostraban claramente que no me estaba para nada desagradando la situación, pues estaban exageradamente parados y duros!!!! Mientras que las manos de Martha se acercaban al resorte de mis pantimedias, hábilmente se meten a mi cuerpo me las las jalan hacia abajo, con mi ayuda ya que levante las pompas para permitirle mas fácilmente quitarme los calzones negros Secrets que acababa de estrenar en ese día.

Mi vestido era de cuello de tortuga lo que no ayudaba para nada, y el ziper en la parte de arriba, pero para ese instante ya lo tenia todo enredado alrededor del cuello, de tal forma que no me lo quitaría nunca, sin antes volver a acomodármelo todo y quitármelo como gente decente, pero la calentura de los tres ya no estaba para grandes inventos así que seguiríamos como estábamos nuestro jueguito de quinceañeros haciendo el amor en la parte trasera de un coche!!!!

Me tocaba a mi actuar, por lo que sin ninguna pena aflojo los pantalones de Paúl, le abro el ziper, y meto mi mano derecha adentro de sus calzones, sintiendo ya su pene parado y mojado de la parte superior. ……Pero ahora si sorpresota, era enorme!!!!! No me gusta presumir, pero la de mi marido es de buen tamaño, y la verdad con los otros hombres con que he estado, no la tienen más grande que Manuel, pero esta si era lo más grande que había tenido en mis manos, no solo lo larga, pero lo ancho!!!!! Era gordísima……..Confieso que me dio miedo, porque sabia que en pocos minutos la tendría toda adentro de mi “casta” y “pura” vagina, pero sinceramente me moría de ganas de probar un pene de ese calibre?

Se la saco de los chones y me acuesto sobre sus piernas y me la como toda?? No toda, la verdad lo que pude fue solamente hasta la mitad, y haciendo algo de esfuerzo por mantener la boca lo mas abierta posible, tratando de dejarla lo mas ensalivada posible antes de que ese monstruo de carne me fuera a penetrar. Mientras jugueteaba con esta enorme novedad para mí sentía que las hábiles manos y dedos de Martha me estimulaban el clítoris dándome un sorpresivo pero enorme placer. No podía ser?? Estaba yo sintiendo rico lo que me hacia una mujer???? Totalmente fuera de contexto, pero verídico.

Paúl le hace unas señas Martha, se sienta, y entre los dos me acomodan sobre las piernas de el viendo para el frente en medio del coche. Solamente en ese momento pude ver que ella ya tenia la blusa abierta y como no tenia brasier, sus grandes pero bonitos senos de típica gringa se acercaban a los míos hasta que se juntaron en un abrazo donde nuestros pezones se conocieron mutuamente hasta él ultimo detalle.

No soy ni me siento lesbiana, pero esa noche admito que el jueguito me gusto y me calentó, fue diferente, y me intrigaba la idea de que algún día se lo contaría a Manuel, se volvería loco, de la envidia, y de no haber podido ser…. por ejemplo el chofer??

En eso siento lo inevitable? Los dedos de Paúl abriendo al máximo mis labios vaginales y el enorme glande, entrando despacio en mi sexo!!!! El dolor existió por unos segundos, pero el placer fue tan intenso, que valió la pena, no dio ni tres embestidas, no había llegado al fondo, pero por el gordo del pene tuve un enorme y ruidoso orgasmo, viendo a los ojos del chofer que en un semáforo de Polanco aprovecho para voltear y ver con detalle lo que sucedía en la parte trasera del coche, mientras que con sus manos, lengua y saliva Martha hacia todo lo que sabia para abrir mi vagina para que su amigo me pudiera penetrar a lo mas profundo de mi cuerpo.

Los movimientos de sube y baja se incrementan, mis senos masajeados por las fuertes manos del hombre, y besados por esta mujer que sabia a la perfección como satisfacer las necesidades sexuales femeninas???? Las expertas manos, y lengua, me encantaron hasta que Paúl y yo explotamos en un orgas

mo simultaneo, con todo lo que eso representa!!! Termine mareada, ella me ayuda a retirarme de ese fantástico pené, y los tres, ella el chofer y yo miramos a los borbotones de blanco semen que escurrían, y salían como una cascada por mi sexo y piernas, mientras su pene todavía me untaba el vientre y ombligo de todo lo que salía de adentro de mí. Pero Martha rápidamente aprovechando que mis piernas se encontraban totalmente abiertas, metió su cabeza en medio de ellas, me chupo, y lamió, limpiando todos los residuos que pudo, produciéndome al final algo de cosquilleo que acabo en una gran risa del chofer y yo viéndonos de nuevo fijamente a las caras!

Como no podía dejar de ser también me bese con Martha en la boca, sus senos, y su sexo,

pero no voy a entrar en detalles porque no debería haberme gustado? Pero me gusto!!!!! Y nadie me obligo a hacerlo. Lo hice porque quise y se me antojo sentir un cuerpo femenino en mi.

Para entonces el chofer nos dijo:…….Pendonéeme molestarlos pero estamos ya a tres minutos de nuestro destino, quieren que de una vuelta mas???? Te juro, Manuel que lo pensé? Pero ya era demasiada gula, y conteste: …..No no, ya déjeme en mi oficina y lleve a los Sres. a su hotel y así fue.

Tuvimos apenas el tiempo para medio acomodarnos las ropas, y vestirnos, nunca me puse los calzones, los metí a la bolsa, me despedí de ellos en el coche, ya que no estaban todavía en condiciones de salir a la calle, salgo del Marquis negro le doy la mano al chofer que me acababa de abrir la puerta, de doy las gracias, y nos cruzamos una simpática y picara sonrisa entre ambos, ya que estoy segura que quien mejor pudo ver toda mi desnudez fue sin duda alguna el.

Voy a la oficina, no había nadie, el policía de recepción, me pregunto como me había ido, y que me fuera a la casa con cuidado, porque me veía algo cansada y ojerosa, que el día debía haber sido muy pesado!!!!

Llegue a la casa no tan tarde, pero si sorprendida de mi actitud, hasta me di cuenta que notaste algo raro en mi, pero no le dimos gran importancia, y nos dormimos, yo con algo de miedo de que notaras algún vestigio de mis calenturas, pero estaba casi segura de que me había limpiado bien en el baño de la oficina, y así fue.

El día siguiente a las 9.00 AM me llama mi jefe a la oficina, pues me conocía bien y sabia que seguramente algo había pasado, y le conté hasta él ultimo detalle dejándolo calentísimo!!!!, Pero yo no estaba para otros jueguitos en esa mañana.

Le comente que lo que más extrañe fue mi calentura de esa noche que ni yo me la podía explicar????? …….Entonces me dijo algo que solo yo entendí, pero me quede con una duda hasta el día de hoy y la tendré para siempre porque a estos dos locos gringos nunca mas los volví a ver, y dudo que los vea algún día?

Al parecer las dos veces que me levante al baño en la Hacienda de los Morales, Martha me ponía Canderel?, En mi café, y Alfredo sabia que por las dietas yo tomaba café sin nada!!, Y se le hizo medio raro que fuera ella la que me ponía el azúcar???? Seria azúcar?……

Ahora lo dudo, y más por como todo sucedió, en la forma en que me fui dejando hacer, e hice, participando en todo lo que aquellos dos raros personajes altamente eróticos me llevaron a hacer todo lo que ellos quisieron, sin embargo me gusto y mucho, y talvez me gustaría volver a hacer algo parecido con la presencia de mi marido, debe ser todavía mucho mas erótico?

Pero me quede con una duda, que hasta no probar nunca la podré resolver????

Será que sin el “azúcar” hubiera hecho exactamente lo mismo????????

Sé querido Manuel que te hubiera encantado participar en este trío, e infidelidad!!!

Miranda Febrero 2002

Me gustaría recibir comentarios: mirandamig (arroba) yahoo.com

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