El amuleto

Le clavé mi verga en el culo y logramos un ritmo delicioso, ella sintió el volcán de mi pija, se desensartó y media vuelta se apoderó con su boca de mi mástil. Lo chupó como desesperada y me hizo venir en su boca. Se tragó toda mi leche. No dejaba escapar gota alguna.

Hola todos. Quiero compartir con Uds. una experiencia personal que sucedió hace un año aproximadamente. Soy un tipo de contextura normal 1,70 de estatura, voy al gym todas las semanas, tengo cabello negro ondulado, ojos café y piel blanca, en lo que a mi respecta, un hombre bien dotado por la naturaleza (me lo han dicho varias mujeres).

Trabajo para una empresa de seguros y en cierta oportunidad mi jefa, una mujer que bordea los 40 con un cuerpo muy bien formado, cabellos largos color castaño, y una mirada a veces fría pero firme; una ejecutiva muy seria y respetada en mi empresa, me informó que debíamos viajar a una ciudad del interior del país a gestionar un seguro para una pequeña compañía.

Leonor, ese es su nombre, me había indicado que nos reuniríamos en el aeropuerto muy temprano por la mañana. Así lo hice, a las 8 a.m. me encontraba esperándola y un poco nervioso, pues era la primera vez que salía fuera de la ciudad con mi jefa a un asunto de trabajo y más aun solos. Me sorprendió verla esa mañana muy sonriente y su carácter distinto al que usualmente tiene en la oficina. Me saludó con un beso en la mejilla y me dijo, con un grado inusual de confianza:

-Espero que este viaje sea muy productivo para los dos.

No me pareció nada raro aquel deseo de ella, así que no le puse mucho asunto en esa frase. Cabe mencionar que en realidad nunca le había puesto mucho interés a mi jefa, me refiero como mujer, ya que en la oficina es muy seria, es gritona y mandona. Pero ese día ella tenía un algo muy especial. Diría que a propósito se desenvolvía muy sensual, algo por cierto inusual en ella.

Al acercarnos al counter de la aerolínea para registrar nuestros tickets, ella pidió que nos ubicaran juntos. Hasta aquí todo normal. Llegó el momento del abordaje y nos dirigimos al avión. Una vez dentro me pidió que le ayudara a abrochar su cinturón de seguridad. Lo cual me dispuse a hacerlo eficientemente, más al momento de acercarme a ella no pude evitar lanzar una mirada a su blusa tipo sastre, con abotonadura que permitía mostrar las líneas redondas de sus pechos. Pude observar un par de tetas magníficas que se sumaban al aroma exquisito de su perfume que embriagaba mis sentidos. Me retiré discretamente a mi asiento pero no pude dejar de pensar en esos trozos de carne suave, sensual y exquisita y esas dos piernas que me imaginaba eran tan suaves como el sonido de su voz.

Llegamos a nuestro destino e inmediatamente nos dirigimos al hotel, que por cierto fue escogido por ella. Ya en la recepción del hotel pidió que nos ubiquen en habitaciones contiguas. Realmente no me pareció nada extraño pues íbamos a realizar un negocio muy importante y la idea era trabajar en equipo para lograr ese negocio a como diera lugar. El día fue muy agotador y finalmente logramos lo que queríamos. Cerramos el negocio y Leonor se puso muy contenta. Tanto fue su satisfacción que me dijo:

-Esta noche tengo ganas de celebrar “mi” triunfo.

Le sugerí ir al hotel y cambiarnos para salir a cenar. Ella inmediatamente asintió pero esta vez me lanzó una mirada extremadamente coqueta que me provocó decirle:

-Estuvo muy bien. La felicito, logró convencerlos. Ella a cambio me contestó:-Es que traje mi amuleto de la suerte, ¡Tú! Su comentario provocó que me ruborizara pero inmediatamente le repuse: -Una mujer bella como Ud. no necesita amuletos. Su capacidad y experiencia son suficientes.

Me miró fijamente a los ojos y sin decir nada me dio un cálido, pero sensual, beso en la mejilla, muy cerca de la comisura de mi boca, y con su mano derecha me acarició la mejilla  izquierda. Subimos al taxi y nos dirigimos al hotel. Una vez allí subimos a nuestras habitaciones. Antes de entrar a su habitación me dijo:

– Nos vemos en 20 minutos, o antes y sonrió.

Entré a mi habitación y no transcurrieron 10 minutos y alguien llama a mi puerta. Abro y es mi jefa. Y me pide:

– ¿Me puedes ayudar con algo? – Por supuesto. Que puedo hacer por Ud. – Respondo. – La llave de la ducha parece que no funciona. – Vamos a revisar. Le dije.

En ese momento me di cuenta que ella se encontraba vestida con una salida de baño. Yo me había quedado en mi bóxer y un polo blanco. Una vez en su habitación me dirigí al baño y efectivamente la llave de la ducha estaba atascada. Me dice:

– Agarra con fuerza y gírala.

Se aproxima a mí, se coloca junto a mí y procede a ayudarme, su cuerpo rozaba con el mío. Esto me puso a mil. Mi erección fue inevitable e imposible de ocultar. Mi bóxer no era lo suficientemente elástico como para resistir mi verga a punto de estallar. Como si todo fuera normal, se acerca aun más y se dispone a girar la llave y sus manos sobre las mías, supuestamente ayudándome a abrir la llave. Se metió a la tina de baño y logramos abrir la ducha pero a causa de ello nos mojamos los dos. Se rió a carcajadas por el evento y haciendo un movimiento de su cabellera, hacia atrás, muy sensual dice:

-Ya ves, hiciste que me mojara.

En ese momento me doy cuenta que no llevaba ropa interior pues se le abrió la bata de baño más allá de la entrepierna, dejando ver sus vellos que adornaban su vagina. Entonces la miré fijamente y ella se me lanzó a mi cuello y me besó con fuerza, y me dijo:

-No sabes cuanto esperé este momento. Me has gustado desde que entraste a trabajar a la empresa. He soñado con este momento y hoy quiero que mis sueños se hagan realidad. Hoy quiero que me hagas tuya. Quiero sentirte por todo mi cuerpo.

¡Al sordo le han dicho! No bien terminó de contarme sus intenciones empecé a besarla entrelazando mi lengua con la suya. Hubieran visto, era una lucha despiadada de poder entre nuestras lenguas y labios. Su saliva que humedecía con frescura su lengua y sus labios le daba un sabor a deseo a todo el ambiente que nos rodeaba. Sus labios tenían un sabor a durazno a almíbar y claro a sexo.

Mis manos recorrían ya su cintura, entonces le quité la bata que se encontraba totalmente empapada y Leonor empelotada frente a mí, con sus manos acariciando su trasero, luego sus tetas y finalmente su vagina, me advirtió:

-Todo esto va a ser tuyo, prepárate papito rico.

Inicié un juego delicioso con sus tetas las que, por cierto, eran dos melones suaves de carne blanca y dura que apenas podía rodearlas con mis manos. Sus pezones estaban duros por la excitación del momento y su aliento agitado.

Mi mano empezó a acariciar su entrepierna. Mi dedo buscaba sus labios vaginales, calientes, jugosos, glotones ávidos por ser poseídos. Estaba totalmente dispuesta. No esperó más. Se arrodilló frente a mí y me bajó el bóxer y en sus manos agarró, extendida en toda su expresión, mi verga firme y dispuesta a dar lucha donde sea y por donde sea. Al percatarse del tamaño de mi falo solo atinó a decir:

-Te he imaginado desnudo muchas veces pero nunca pensé que tendrías un aparato tan grande. Creo que es digno de un premio. Hoy quiero que me desvirgues mi culo. Nadie antes me lo ha hecho. Hoy seré una puta para ti.

Acto seguido inició a chupar mi verga. Tenía una lengua deliciosa, en cada embestida que me daba con su boca me hacía gemir de placer. Con su lengua recorría los bordes de la cabeza de mi pene y lo único que me permitía hacer era estremecerme de placer.

La distancia inicial que había entre el subalterno y la jefa se fue al carajo, así es que empecé a tratarla como a la puta arrecha que se encontraba frente a mí devorando mi machete de carne, y le decía:

-Vamos perra, eso es lo que querías. Trágatela toda. Chupa esta verga que tanto has deseado.

El sentimiento de poder que me embargaba en ese momento me excitaba aun más. Recordarán que aun estábamos en la bañera, yo de pie y ella arrodillada propinándome una mamada de sueño. Luego la agarré de su mano y le di la vuelta. Ella pegó su trasero a mi verga y empezó a sobarlo. Le dije:

-Hoy tu culo deja de ser virgen. Vas a probar la verdadera verga de un hombre.

Respondió:

-¿Que esperas papito? Eres mi cabrón. Desvírgame el culo.

La doblé y con mi dedo empecé a masajearle el ano, luego le introduje otro más y uno más. Para ser primeriza lo estaba recibiendo muy bien, me imagino era por lo excitada que estaba. Una vez acondicionado su ano acerqué la cabeza de mi verga a la entrada de su culo y empecé a introducirla lentamente. Al principio me rogó:

-Por favor hazlo despacio no quiero que me lastimes, recuerda que es mi primera vez.

Una vez adentro logramos un ritmo delicioso acompañado de guarradas que tanto yo como ella nos decíamos:

-¿Te gusta mi verga putita?, le preguntaba y ella contestaba -Me encanta sentirte dentro. Vamos cógeme por el culo es todo tuyo papito. Rómpemelo, hazme gritar de placer. Ahhhhhhh! Que rico Siiiiiiiii!! Bombea más fuerte, – ella pedía.

Sentí que galones de semen se agolpaban en mi falo.  Ella, sintiendo la inminente erupción del volcán en que se había convertido mi tronco, se desensartó y media vuelta se apoderó con su boca de mi mástil. Lo chupó como desesperada y me hizo venir en su boca.

Se tragó toda mi leche. No dejaba escapar gota alguna. Miraba fijamente a mis ojos y cuando terminó de tragar mis jugos seminales me advirtió:

– Es un buen inicio. Esta noche te saco hasta la última gota de leche. Desde hoy eres mío.

Que decir de lo que me esperaba. Yo estaba agotado de este primer round de sexo. Ella se puso de pie y fue entonces que cuando salía de la bañera recién pude apreciar el calibre de hembra que me había tirado. Una mujer con un cuerpo escultural que había decidido perder su virginidad anal esa noche conmigo.

Este relato no termina aquí por que luego les contaré en donde lo hicimos luego de la habitación del hotel.

Autor: Gman

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