Helena, naturalmente infiel y un cornudo complaciente. Cap. 2

Helena, naturalmente infiel y un cornudo complaciente. Cap. 2
Autor: Nazareno Cruz
Hétero infidelidad, cornudo, trío con dos machos, sexo en la oficina, goce y desenfreno, voyeur y bisex.

“Hay historias que revelan la naturaleza humana, algunas son un espejo demasiado cercano en el que se ve el aliento del que se mira. En el ser humano cohabitan una doble personalidad o doble moral, esas cosas que sabemos no son correctas, pero íntimamente sentimos el impulso irrefrenable de hacerlo. La mujer para ser infiel necesita justificarse, el hombre, tan solo necesita una mujer.
Esta es la ecuación de una mujer necesitada de atenciones y su compañero de oficina dispuesto para atenderla, dos necesidades, un solo deseo: sexo. Es la parte 1 de una rica y sabrosa historia de sexo e infidelidad, en la parte 2 se incorpora la tercera pata de este trío, el marido corneado, y todo comienza a girar al compás del deseo, con el morbo como invitado principal”

En el cap 1 nos habíamos quedado en que Helena regresa a su casa luego de nuestra primera vez, en la oficina y esa misma tarde repetimos en un hotel para parejas.
Hasta ese momento la infidelidad solo era un ámbito reservado a la intimidad de los dos, compañeros de oficina que de pronto se sienten atraídos y se involucran en esta aventura de cuernos. Dentro nuestro sabemos que ya nada será lo mismo.
El triángulo amoroso se completa con su marido, Iván, el corneado que ha comenzado a sospechar. De ahí en más el señor monitorea el devenir de la historia, desde la sospecha primero y desde las evidencias por inevitables errores de una relación que se extiende en tiempo.

Esta es el cap 2.
Nuestra imaginación nunca es inocente, desde el momento que imaginamos una historia, ésta comienza a existir. Siempre corremos el riesgo de escribir una realidad, de estar creando una realidad, creando un mundo que de momento solo vive en nuestra imaginación, pero cuando deja de ser solo una imagen mental para ser otra cosa? Por otra parte Iván sabe que hay dos cosas en la vida que son inevitables: los cuernos y la muerte.
Algo así debe de haber pasado por la mente de Iván, y que siempre los cuernos llegan antes. Durante su convalecencia de una afección cardíaca debió adaptarse al reposo y descanso obligado, obviamente también la atención de los deberes conyugales y en asistencia económica.
Ambos condimentos alteran el desarrollo de cualquier pareja, cuanto más si los efectos se suman para un mismo propósito y un solo efecto. Helena, una madura mujer joven transita esa edad ideal de la mujer, plena en cuerpo y espíritu, conociendo casi todo de la vida y con todo lo prohibido por experimentar. Helena, la heroína de esta historia, yo soy Héctor y juego de tercero en este triángulo, Iván el marido que está por jugar sus cartas en este trío.
El esposo no la cela, más aún asegura ser “un celoso de baja intensidad”, tampoco un encendido machista, quiere saber qué tan cerca está de la verdad acerca que entre nosotros existe un contacto afectivo y sexual. Para hacerle solar la lengua comenta de algunos excesos, sobre todo con mujeres casadas, no tiene rollos con la infidelidad, totalmente justificable, que llegado el caso, él “no tendría ningún problema en aceptarlo”.
Que puede entender cualquier desliz, más aún ahora que se encuentra eventualmente limitado en las atenciones sexuales, entender las necesidades de una mujer tan vital como ella. Que no le molestaría ser cornudo, lo que realmente importa es “que lo dejen de amar”, lo importante en el sentimiento, que los “cuernos” solo son un hecho inevitable y aleatorio, lo esencial es el amor.
Conoce bien esa faceta bastante morbosa, es el motor que lo impulsa a querer saber como es su vida fuera de casa, sabe que cuando toca el tema siempre actúa como excitador. El tipo disfruta esa esgrima de seducción dialéctica para seducir la confesión. Amantes desde hace cinco años, creativos en la forma de mantener esta relación con la igual intensidad de los primeros momentos.
A poco de comenzada esta relación, Iván pierde su trabajo y los beneficios de un cargo importante, de un sueldo de excelencia a quedarse sin ingresos, con el estrés al máximo y por si fuera poco, a sus cuarenta y pico de años internado con un problema en las coronarias que exigen una cirugía arterial de las que zafa de milagro.
Luego del alta médica, la recuperación, las discusiones y los problemas de pareja, inevitable pasaje al desgaste de la relación marital. Trabajos temporales no cubren los gastos familiares, la esposa se hace sostén indispensable.
Es sabido que cuando el hombre deja de ser el proveedor de ingresos, también hace mella en la provisión de sexo, en su caso ésta provisión está en suspenso hasta nuevo aviso por el problema cardíaco. La situación familiar hace agua por todos lados, la pareja transita el pozo depresivo, actividad marital de mínimo a casi cero. La terapia había conseguido superar los miedos a la muerte y a enfrentar la vida, el esposo consigue salir del pozo.
Todo ese tiempo de “hacer nada y pensar mucho” le sirvió para descifrar el enigma que representaba el comportamiento inmaculado de su esposa, fiel por donde se la mire.
El señor tenía asumido que entre su esposa y yo había “algo”. Disfruta del secreto encanto de sentirse corneado, motivador sexual de muchos maridos, pero él quiere más, la confesión, grado de excitación máxima.
En ocasión de pasar todo un día, en casa de una compañera en común. Todo un día de disfrute, comer sabroso asado a la parrilla, buen vino y retozar en la piscina. Las dos familias en pleno, momento de presentaciones y conocimiento en vivo.
En un momento de la tarde, ronda de bocadillos y cerveza, justo en el momento que Helena me alcanza la bandeja para que tome un canapé el marido nos “pesca” mirándonos de manera “distinta de dos compañeros… de trabajo”, reparamos en esa mirada controladora, cuando la miró a los ojos, bajo la mirada. Detalle sutil pero revelador que el señor había descifrado el código secreto que tienen los amantes.
Al día siguiente me contó: “Esa misma noche cuando llegamos a casa, después que durmieran los hijos, me preguntó por “esas miradas” que había interceptado. Respondí que delira, viendo fantasmas donde no los hay, que deje de tontear… Estoy segura que nada le hará creer otra cosa”.
Otras dos o tres veces nos reunirnos en ese verano, en todo momento traté de confraternizar con Iván, ofrecí darle una mano en conseguir un trabajo estable.
Según me contaba, el tipo seguía dándole vueltas al morbo, siempre con la misma respuesta: “nada pasa” solo conseguía despertar el mal humor de Helena.
Antes de terminar el verano hubo un fin de semana, solos. El marido aprovechó para hablar del pasado reciente, del momento complicado que habían vivido, ella para recordarle la soledad que le había impuesto su pozo depresivo y ese aislamiento impuesto sin motivos.
La pausa de ella sirvió para que el señor tomara el uso de la palabra y pedir que se sincerara:
– ¿Has tenido “algo” con tu compañero de trabajo?
Sorprendida, confusa por la precisión objetiva y la mirada directa.
– Sí… pero… no te hagas “la película”, no hubo sexo ni en esos momentos críticos
que me sentí tan sola. Estuve confundida, es cierto, sola y desprotegida, pero ni aún así lo hubo. Fueron momentos de mucha fragilidad y angustia, desprotección hasta que un buen día… él, ese compañero que conoces, se me acercó, contenedor y fraternal, tratando de seducirla con todos los modos posibles y también con el usual argumento de que “su mujer también le mezquina sexo”. Esto se mantuvo durante bastante tiempo, como un insistente galanteo de un hombre que se siente atraído por una mujer sin contención como yo en esos momentos. Nada pasó más allá de un abrazo afectuoso y algún beso robado, pero… nada más.
El marido se quedó convencido que sí, que lo hubo, más aún, que lo hay:
– Helena, todo esto que me contaste te lo creo, pero… hasta ahí nada más. No te cuestiono ni recrimino, solo que me “digas la posta” (la verdad). Sé, estoy seguro que hay algo o más que algo, he visto por accidente algunos mensajes de texto, también sé que la carne es débil y el amor es fuerte. Nos queremos eso solo cuenta, lo “otro” no importa. Te digo más quiero que lo invites… en verdad tengo que agradecerle su ayuda en tema laboral, y el haberte “atendido” mientras no podía.
Se estremece al contarme esa parte del relato: – De pronto sentí temor, pero su actitud franca y el vino sirven para aflojar la lengua y abrir el sentimiento. Le conté sin mayores detalles que desde un tiempo veníamos teniendo una relación contigo. Solo sexo y nada más que sexo. No se enfadó, por el contrario, quería detalles de cómo, de cuánto… y percibí como se excitaba con los detalles. Esa noche me hizo el amor como nunca después de tanto tiempo.
– Bueno, bueno, al menos hemos zafado.
– Sí, bueno… maso… Iván…Quiere… los tres juntos. –accedí por ti.
El día y hora acordado me presenté en casa de ella:
– ¡Adelante! El amigo de mi esposa, es mi amigo. Te estábamos esperando para
compartir unas cervezas… y a Helena. No fue sorpresa, se caía de maduro que había “algo” no tan difícil deducir. Soy un tipo celoso de baja intensidad, el morbo de imaginarlos juntos y teniendo relaciones es algo que me excita en grado superlativo. De mi parte, todo bien, sólo una condición: “que no sea más a escondidas, quiero saber cuándo y sobre todo cómo”. No lo sabía pero estoy disfrutando ser cornudo, me gusta y me excita, ese morbo me puede. Mi única condición, digamos… como marido engañado… y como desagravio pido, bueno… más bien exijo que por esta vez… lo hagan… lo hagamos… ¿aquí y ahora?
– Bueno… no sé qué decir… si ella… quiere… – obvio, asiente con la cabeza.
Sentados en el sofá, ella frente nuestro, accede a la orden del marido. Arrodilla delante nuestro, y comienza a desprendernos el pantalón, dejando a la vista los miembros y así poder tomar uno en cada mano para ponerlos en acción.
Nos hace juntar para masturbarnos y facilitar la mamada alternativa, primero a su marido, luego a mí. Saltar de verga en verga, notaba que ponía mayor énfasis en mi turno. Mientras nos pajea bajamos los breteles del vestido, uno cada uno, las tetas quedan a pleno para el toqueteo urgente.
Nos deshicimos de ropas, perdimos el pudor y ganamos en lujuria, los tragos previos y la calentura exacerban y excitan, el deseo es el emergente del descontrol que arrasa pudores, los gemidos contagian, la desnudez obnubila, la voluntad subordina al morbo de ver y sentir como se está gestando una fantasía vivida en tiempo real y en carne viva.
El marido incita al desenfreno, parece marcar el ritmo, director de escena, gusta más de mirar que actuar, se masturba mientra ordena que su mujer me la mame mientras el hace lo propio con el sexo de ella. La hace tenderse de espaldas y se arrodilla sobre su cabeza, tomado de la verga para mamarlo, que sea yo quien entre en su vagina.
– Vamos mete ese pedazo gruesote en mi chica, dale duro.
Al mismo tiempo le da su pija para mamarlo, inclina el torso sobre Helena y toma sus piernas debajo de las rodillas para franquear mi acceso a su sexo. Quiere ver, se nota en su mirada lasciva que está gozando de los gemidos que le produce mi entrada en su sexo, con su mano frota el clítoris mientras bombeo, casual o causal aprovecha para rozarme la verga en el metisaca, el morbo de la escena nos puede a los tres, sobre todo a el que no para de acomodarla y acariciar a su esposa para que sea penetrada más y mejor.
En un momento se queda junto a ella pajeándose, viendo como se la estoy cojiendo, vive cada gemido de ella con un goce especial. Vuelve a frotar el clítoris, le dice obscenidades y groserías para excitar el morbo, su boca se derrite en la dureza de los pezones enhiestos. Vuelve a gemir la mujer acosada en todas sus zonas sensibles.
Helena comienza a ver la luz en el fondo del túnel, los primeros atisbos de que se está en la génesis del orgasmo impulsan a Iván a dejar de lamer los pechos y dejarse rodar por el vientre de la hembra hasta llegarse con su boca húmeda y ardiente a lamer el clítoris. Lame con intensidad y fruición, justamente donde mi verga se desplaza en el bombeo constante.
La calentura nos puede a todos, el desmadre se generaliza, nada tiene sentido, todo está alterado y confundido. La verga es un pistón que penetra en la carne húmeda, la boca del hombre está lamiendo esa humedad compartida. Vagina y pija son una entidad, la boca del hombre se reparte por igual sobre ambos.
Los gemidos del orgasmo siembran la alcoba de lujuria, repetidos brotan y germinan hasta florecer varias y repetidas veces forzados por el bombeo intenso y las lamidas de su marido. Varios minutos dura la seguidilla de estertores de la hembra, uno intenso y los otros decreciendo levemente hasta que mis movimientos se hacen urgentes, profundos y agitados al ritmo inequívoco de una inevitable eyaculación.
Todos sabíamos que significa ese código de movimientos en el lenguaje del goce masculino, la proximidad de una acabada que estoy gozando a pleno. Siento la venida inminente, también el hombre, que vuelve a incitar a que lo haga ya mismo.
– Vamos, vamos, dale su leche, acábale dentro,
Un par de enviones profundos, agarrado con fuerza a su cintura me impulso en ella, el hombre eleva mas las piernas para abrir el camino y ver como me voy dentro de su mujer. – Ahhhh,
Fue lo más que puede decir, la boca seca y palpitando como una locomotora, me vine dentro de Helena. El latigazo del primer chorro me estremece, el segundo y el otro y el otro más se dejan llevan por las remezones del primero. El chorro primero la estremece, sacude con el golpe de verga estallando en el fondo de sus entrañas.
La vagina se contrae sobre el miembro sacando hasta la última gota de semen, es una boa constrictor sorbiendo el jugo masculino, robando toda mi leche.
Despacio, muy despacio, como para no despertar al deseo, voy saliendo de ella, mientras el señor solicito toma el miembro como ayudando a desenvainar la vara de carne que se vació en su esposa, llena su mano con los restos de la acabada, agradecido acaricia el glande.
El acto de contrición por el pecado de la carne tendido junto a la mujer, mientras el eficiente marido se pone el sayo de cornudo lamiendo de su esposa la abundante enlechada. Cada tanto levanta la vista mientras lame la acabada, hasta dejarla sin rastros de mi descarga seminal.
Un descanso, más cerveza, más sexo.
– La señora necesita más pija y más leche! Sentenció Iván. ¡Vamos a darle, es mi
turno!
Visiblemente excitado, con el miembro duro como nunca dijo, el morbo de vernos despertó su lado bisex, exultante la montó con deseo casi salvaje. La volteo, a cuatro patas y se la mandó de una, de un golpe la clavó, mientras bufa como un poseído. Se “agarra” de los cabellos de su mujer y la monta como un vaquero doma una potra, nalgueando y gritando mientras empuja en la mujer, sin medida ni prudencia.
– ¡Vamos, vamos yegua! Anda macho, dale a mamar esa pija gorda, coje su boca.
Ella accede, sus ojos dicen estar ante un tipo desconocido, acciones y modos sin registro, el tipo se pasó de la raya, exige, impone, ordena y manda. Disfruta el juego de roles, goza de someterla, de hacerla coger por nosotros, deleite por someterla.
Sonido gutural, más parecido a sollozo que gemido, estremecido sobre la grupa de la hembra sometida, movimientos pélvicos profundos indican que está eyaculando. Sacude la última descarga, quieto se deja estar sobre la espalda de la mujer totalmente ensartada por la verga que se vació dentro de la vagina.
Casi sin darle tiempo a recomponer la situación, se coloca por debajo, busca recoger su propia esperma, nuevamente lame a su mujer, esta vez su propio semen, lujuriosamente enajenado limpia la vagina de su esposa.
Ordena y manda, ahora es momento de festejar, el champán vertido en las copas y el brindis coronan un momento único. Para la segunda ronda propone:
– Ahora bebamos “a la catarata”,
Helena está de pie, me hacer verter el espumante entre las tetas para que se escurra por el vientre y lo pueda recoger entre los labios vaginales, a su turno repetimos para que él pueda beber del conejito. Cada uno le cede en la boca de Helena un poco del champán recibido en la catarata, de ese modo compartimos toda la botella.
Los juegos se suceden, caricias y lamidas nos ponen nuevamente en sintonía con el momento de lujuria, el desmadre y exceso contagia, el todo vale impera y manda.
En cierto momento del “franeleo” (frotamiento de sexos) Iván toma mi verga, juega entre los labios, para apoyarla luego en el centro del ano. Abre las nalgas para llevarla justo en el centro del aro, me impulsa a forzar la entrada.
– Vamos hombre, empuja. Dame el gusto, quiero ver como se la metes en el culo.
Quiero ver como esta pijota le abrió el culo a esta “trola” (putona) se pudo comer esta
carne gorda. La muy puta no me deja ni apoyarla y mira cuanto más delgada y contigo se dejó romper el culo. ¡Vamos, métela!
Él mismo la acomoda, a cuatro patas, la ofrenda para que me coma ese culito delicioso. Un poco de saliva del marido frotada en el esfínter y una sorpresiva mamada de mi verga sirven para que apoye justo en el centro del ano, guía con su mano el controlado disfrute de ver como su mujer será ensartada.
Sobre las ancas, asida de los cabellos, es momento de comenzar el juego de la doma, jinetearla delante del cornudo, mostrar como es sodomizada en su presencia. La monta comienza, las rodillas apretadas fuertemente contra las nalgas, comienza el acto de sodomizarla. Cojerla es un placer, mostrarle al cornudo como le abro el culito es delirante.
– Anda, muestra como le rompes el culo. Hazla gritar, vamos puta…
– Mira cornudo como le doy a tu mujer, mira como la ensarto toda. Chupa su conchita, vamos cornudo, lame esa vagina, mientras le rompo el culo. Galopa, putita, galopa…
El desenfreno nos hace perder el sentido de la prudencia, desmadre y lujuria son sinónimos de la tríada alienada, ahogados en deseo, el ariete de carne dilata el ano, el embate vibrante sacude a la hembra en una cojida salvaje.
– Deja de joderme, me duele, quiero mi leche, ¡Por favor mi leche!
– Aguanta mujer, te mereces que te empale bien fuerte, por negarme ese placer,
ahora te comes una mas gorda, ¡Dale, dale duro macho!
Me dejé ir, el shock del primer chorro lo sentí como un latigazo en los riñones, luego un segundo y otro más suave terminaron de vaciar mis testículos dentro del intestino de la hembra que sufre la más fuerte y salvaje cojida que le di por el culo.
Pidió que siga montado, sin salirme de ella, quería sentirme derrumbado sobre su espalda, que afloje la erección para no sentir el efecto “descorche” cuando se la retiro de un golpe. Ya tuvo suficiente sexo, suculentas acabadas y deliciosos orgasmos.
Una ducha colectiva completo coronaron una tarde a toda lujuria.
– Gracias chicos, excita verlos coger. Estás invitado para la próxima… en la previa
veremos el video de esta tarde loca.
Nos miramos con ella, comprendimos el mensaje del cornudo, entrampados, a buen entendedor… el mensaje era sutil y efectivo, nos tenía “enganchados” con esas imágenes robadas.
Un final abierto… abierto a las desconocidas intenciones de este hombre voyeur y cornudo.
Mientras tanto disfrutaría recibir las experiencias de otras muchas mujeres que transitaron por situaciones de infidelidad y de cuernos, estaré esperando en erdakor@yahoo.com.ar para compartir experiencias y consecuencias.
Nazareno Cruz

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Helena, naturalmente infiel y un cornudo complaciente. Cap. 1

Helena, naturalmente infiel y un cornudo complaciente. Cap. 1

Autor: Nazareno Cruz
Categoría: hétero infidelidad, cornudo, trío con dos machos, sexo en la oficina, goce y desenfreno.

“Hay historias que revelan la naturaleza humana, algunas son un espejo demasiado cercano en el que se ve el aliento del que se mira. En el ser humano cohabitan una doble personalidad o doble moral, esas cosas que sabemos no son correctas, pero íntimamente sentimos el impulso irrefrenable de hacerlo. La mujer para ser infiel necesita justificarse, el hombre, tan solo necesita una mujer.
Esta es la ecuación de una mujer necesitada de atenciones y su compañero de oficina dispuesto para atenderla, dos necesidades, un solo deseo: sexo. Es la parte 1 de una rica y sabrosa historia de sexo e infidelidad, en la parte 2 se incorpora la tercera pata de este trío, el marido corneado, y todo comienza a girar al compás del deseo, con el morbo como invitado principal”

Cap 1.
Hay historias que revelan la naturaleza humana, algunas son un espejo demasiado cercano en el que se ve el aliento del que se mira. En el ser humano cohabitan una doble personalidad o doble moral, esas cosas que sabemos no son correctas, pero íntimamente sentimos el impulso irrefrenable de hacerlo.
Me considero una persona de mente abierta, pensamiento libre, hedonista y militante incondicional del disfrute. El sexo ha sido el objetivo primordial de mis desvelos, genes de cazador y destreza para conseguir el objetivo.
Tampoco todo es tan lineal, para que se tenga éxito, es preciso que ella esté dispuesta a ser cazada, o al menos facilitarle los medios para que se deje entrampar en el sutil juego del gato y el ratón. Ser “open mind” facilita las cosa, el goce prevalece sobre todo, la relación sexual pierde es halo de misterio y ocultismo pecaminoso, dejando lugar al goce por el goce mismo, más placer y menos culpas, desmitificar el pecado de la carne considerando que la monogamia es antinatural, prohijando la filosofía de la “monogamia flexible”, mucho más a fin a mis intereses y gustos personales, esto es de algún modo la génesis de esta historia de infidelidad y un cornudo complaciente, un trío que se dejó ganar por la lujuria y la codicia voluptuosa del goce, nada importa más que el disfrute de la carne.

La infidelidad se inicia casi siempre como un juego de atracción y desafío, dejarse llevar por la emoción y seducir por lo prohibido. La mujer suele sentir esa especie de enamoramiento por el tipo con que engaña a su pareja, no puede disociar el placer de lo afectivo, esto intensifica su culpa y acrecienta el goce. Ella necesitó justificarse como forma de lavar su pecado, yo tan solo necesitaba una mujer como ella. Ella resistirá confesar esta infidelidad por que sabe que si admite su culpa jamás se borrará del pensamiento de su marido, aunque desconoce como funciona el mecanismo masculino, que a su marido siempre le será más fácil perdonar una infidelidad que una duda, ésta perdura y se reitera en cada cosa, en cada gesto, pero esto solo fue el principio…

La tríada constituye la trama del juego, infidelidad, transgresión y pecado. Juegan fuerte en la decisión de Helena, esposa infiel y fogosa amante. Iván juega el rol de esposo, a la postre víctima de la infidelidad y cornudo consecuente.
Yo soy Héctor, vengo a ser juez y parte en este litigio de conciencia, árbitro donde la culpa y el deseo se presentan enfrentados, agregaré atrevimiento y lujuria al platillo del deseo para inclinarla a su favor.
Helena es una bella mujer, como dice Arjona, de las cuatro décadas, muy bien llevadas, dueña de una interesante personalidad y buena figura, cabellos color caoba que resaltan el marrón intenso de su mirada, gentil y eficiente en su labor profesional, cuidadosa y prolija en la presentación, de carácter reservado, tímida y pudorosa en exteriorizar sus emociones, medida y decidida en sus decisiones. En su intimidad marital es atenta y condescendiente, demasiado conservadora y hasta pasiva, apegada a la educación y formación como para dejarse llevar por el deseo y el goce más allá de que debía entender que requieren la formas de una mujer “legalmente” casada con Iván, un señor también profesional, cincuentón, alto y apto para todo servicio, gusta del sexo, de carácter fuerte, extrovertido, con sentido del humor y lo bastante crédulo como entender las pobres y endebles explicaciones de su esposa, mientras se gestaba esta escalada de seducción que a la postre terminaría en mi cama.
El matrimonio de Helena e Iván, lleva poco más de veinte años de vigencia, transitando el complicado camino de la vida marital con las contingencias y avatares de la economía en Argentina. En este devenir se agregaron dos hijos a la familia, lo que se considera una familia tipo y bien constituida; ambos profesionales, ingresos acordes para satisfacer holgadamente las necesidades, vista desde afuera, diríamos totalmente convencional. Claro, no todo lo que reluce es oro y los problemas se cocinan en casa, mientras que para el señor el sexo juega un rol primordial, para la señora no reviste tamaña consideración, el momento de intimidad ha dejado de ser lo que fue en los primeros tiempos. La fogosidad se fue cegada por la rutina, la abulia y falta de motivación de ella que termina por contagiarlo, el sexo, un obligado débito conyugal, nunca más propio el término considerando la condición de contable financiero del señor.
Es mi turno de presentación, Héctor, sí, como el héroe griego, no hubo Troya, pero sí una Helena seducida y conquistada al ayudarla a descubrir el secreto encanto de lo prohibido, mostrarle la puerta de escape de la rutina y el acceso a la infidelidad transgresora, sentir el sabor de la adrenalina del pecado y el escozor de la lujuria.
Compartimos el lugar de trabajo, este juego de seducción matiza la charla confidencial y el café en la oficina. Las charlas y las confidencias se tornaron cada vez más intimistas, casi como al descuido vamos dejando pistas que nos permitían saber más del otro. También le compartí lo anodino de mi vida marital, que por eso mismo podía entender y comprender su abulia y falta de incentivo en la intimidad con su pareja, que transitaba algo parecido, que tampoco encontraba fogosidad ni incentivo en la intimidad con mi esposa, con tres hijos y la misma edad de su marido pretendía otra cosa de un matrimonio que no me satisfacía. Ella por su parte asumía en compartir casi lo mismo que yo pretendía de la mía.
– ¿En tu caso será que no te permites ser más liberal a la hora de intimidad?
– Hmmm… puede ser…
– ¿O será que tu esposo no te ha hecho despertar esa fogosa adolescente?
– Hmmm… me parece que te acercas…
Por esas razones inexplicables la relación había adquirido cierto grado de compromiso que excedía el marco laboral, pero al mismo tiempo no percibía el permiso para avanzar hacía otros espacios de su íntima privacidad, hasta… que las contingencias económicas del país cambiaría de cuajo la ecuación económica y social tan cambiante en nuestro país, que influyó para alterar el curso de nuestra existencia.
Eran los inicios del año 2001, Iván, el esposo de Helena, con importante cargo en una multinacional, más precisamente en el área de finanzas, que fue justamente donde más fuerte pegó la devaluación y recesión económica, a consecuencias de la cual este señor quedó fuera del sistema y prácticamente en la ruina. Pero como los males no vienen solos, tampoco éste, una cuota extra de estrés devino en un serio problema cardíaco que lo tuvo al borde mismo de la muerte, zafando por milagro de acompañar a la dama de negro con guadaña en mano.
Un milagro le salvo la vida pero tampoco esto le fue dado gratis, complicada recuperación y trabajos temporales no llegaban a paliar la disminución de ingresos a que la familia se había acostumbrado, ahora más que nunca hacía falta el hombro que Helena ponía con sus ingresos. Las discusiones se tornan moneda corriente, los problemas se expanden en la familia, el pozo depresivo de Iván es algo inevitable, la falta de relaciones maritales forzadas por el problema de salud deterioran notablemente la intimidad de la pareja.
La terapia permitió al esposo sobrellevar las contingencias, pero ese tiempo empleado para sobreponerse fue también el tiempo que ella dedicó en dejarse contener por su compañero de trabajo.
El acercamiento es inevitable, apoyarla y colaborar en todo para sobrellevar la situación familiar, buscarle contactos para que su marido pueda conseguir algún trabajo acorde a sus cualidades técnicas. Helena está muy vulnerable, busca en mí esa contención y comprensión, a los problemas de relación se le suman el estado de abstinencia sexual, vuelvo a mencionar que estamos en parecidas condiciones y necesitados de intimidad.
Para facilitar el acercamiento y los momentos de intimidad había diseñado un trabajo por el cual debíamos comenzar algo más temprano de lo habitual.
– Si no le parecía mal podríamos venir más temprano que todos, como… dos horas
antes y tener todo organizado. Tan solo será un trabajo temporal y necesito tu colaboración sin la cual no resultaría.
Hacía parecer como una tarea extra que tendría recompensa económica. Solo asentía al pedido formulado.
– Ah, por el madrugón no te preocupes, yo podría desviarme un poco del recorrido y
pasar por ti… y digamos que para evitarte explicaciones… podemos fijar un lugar a un par de calles para esperarte, ¿si no te parece mal?
Trataba de que todo el discurso pareciera de lo más profesional, aunque todo eso formaba parte de una estrategia armada para conseguirme a este “caramelito”, que me consumía el sexo y el seso desde hacía un buen tiempo, ahora se me daba una buena mano en las cartas del destino y no es cosa de desaprovecharlas. En el deseo y en la guerra hacer un poco de trampa es parte del juego.
Debí haber sido bastante convincente, bajó la vista y agradecía las atenciones, confiándose mansamente que:
– Me siento lago confundida, la depresión de mi esposo nos lleva a disputas casi a
diario, me siento muy confundida, sobre todo muy sola, desprotegida (aproveché para estrecharla entre mis brazos), son momentos de mucha angustia, me siento frágil y vulnerable. Quiero a mi esposo pero esta situación me tiene muy confusa, no se de qué modo poder sobrellevar la carga emocional, no tengo en quien apoyarme, estoy como a la deriva en este momento…
– Mi chiquita… para eso estoy yo, acá está el hombro amigo, el abrazo protector
para recostar tus penas y calmar tus angustias. Para eso son los amigos, estamos cuando se nos precisa. Aquí mi pecho para esconder esas lágrimas y estos brazos para contenerte… En cierto modo somos náufragos en este mar de incomprensión, tampoco yo duermo en un lecho de rosas, mi esposa tampoco cumple con las necesidades conyugales, tanto que varias veces me voy a dormir solo para no molestarla con mis deseos insatisfechos, ya ves que no todo es lo que parece, también estoy…
El primer paso había sido dado, ahora faltaba esperar la devolución, en la mañana del día siguiente tendría la primera señal. El bip bip del celular avisaba que llegó un mensaje.
–“terminé de ducharme, salgo en 10” responder: “estoy en la esquina de…”
Todo lo demás era pasado, una nueva era comienza, canté mientras llegaba a lugar acordado…
– ¡Hola! Qué buena forma de comenzar el día… Ah… esto es para vos como
bienvenida, en este nuevo horario… (una espléndida rosa roja coronó mis dichos)
Tomó la rosa en su mano derecha, dejando como al descuido la otra, cerca de la palanca de cambios, para que también al descuido?… No perdí la invitación, – sonrió.
Durante el trayecto el diálogo fue casi nulo, seguía embriagada con el aroma de la rosa, y como al descuido dejó que su mano se quedara encerrada en la mía, solo se la solté cuando era imperioso hacer un cambio, pero volvía a donde se la había dejado aleteando como una mariposa. Los diálogos eran los gestos que decían mucho más. Todo esto bullía en mi cerebro que elaboraba, estudiaba
y analizaba mil formas de abrazarla, por eso mismo llegamos mucho antes de lo previsto.
El tiempo juega a mi favor, las falta de personal y el factor sorpresa juegan de mi lado, ella nunca había estado en la sala de reunión que la empresa tiene en una casa lindera comunicada por un pasaje, casi oculto, que se accede desde las oficinas del segundo piso, las mismas que vamos a utilizar en este tiempo con el trabajo extraordinario que había gestionado para tenerla más cerca. El sitio y la hora extemporánea suman misterio y seducción a los planes que tengo entremanos.
Todo este armado fue casi innecesario, tan pronto llegamos a la oficina, en el ascensor tomados de la mano, no la soltaía por nada del mundo, hasta me costó abrir la puerta del coche del ascensor por no soltarla. Este gesto trivial y de adolescente debe haber sido la llave que abrió el camino a su sentimiento, la sentía latir y casi estremecer ante la inminencia de lo que previsible, pero la ansiedad por lo desconocido habita en esta mujer que ya estoy deseando de forma descarada.
Solo fue entrar a la sala de reunión, ni encender la luz, bastaba con la que se escurría de la entrada por la puerta entreabierta para que nos despojáramos de todo lo superfluo. Su cartera quedó por el camino junto con mi saco, la apreté contra el borde la mesa que hizo las veces de soporte y contención del abrazo incontenible, el beso urgente nos hizo fundir en un momento interminable y maravilloso. Urgencia y agitación era el lugar común que transitamos hasta dejarnos rodar sobre el mullido sofá, enredados en el abrazo interminable.
El deseo se manifiesta con la urgencia perentoria de un potro desbocado, en un instante nos despojamos de ropas y de pudores, los calores suben como volcán por dentro de Helena. La mujer está hecha un demonio de lujuria agita y mueve sin poderse controlar, solo se aquietó cuando mi boca fue en busca de la suya, la vertical, para saciar mi sed en su mar de deseo.
El contacto boca a boca fue como un atronador gemido, un estallido interno, la válvula de una caldera en su punto máximo, sus manos se aferran en mi nuca, me adhieren a su entrepierna como parte de sí. Cada lamida tenía el efecto de hacerla reaccionar como una descarga eléctrica que la recorriera en su maltrecha humanidad ahora entregada al abrasador efecto de la calentura sometida por mi trabajo bucal.
El orgasmo intempestivo la sorprendió en plena agitación, un vendaval de sensaciones, que la llevan y traen como a una hoja en la tormenta, se convulsiona, los músculos tensos y la respiración contenida, los labios apretados y los ojos cerrados eran síntomas inequívocos de que está transitando un orgasmo de esos que la estremecen y agitan, remezones marcadas cuando acentúo mis lamidas y acosaba el clítoris. Arquea la cintura al extremo de la elongación de los músculos tensados, subida a la cresta de su clímax se permite viajar al espacio sideral propulsada por mis lamidas, combustible vital de su mágico momento de hembra.
Nunca supo cómo ni cuántos, solo la intensidad y profundidad de las sensaciones que la dejaron flotando en un mar de sensaciones desconocidas. Protagonista de una fantasía, haciendo real el deseo tan ansiado.
Solo cuando cesaron los estertores y se hubo aquietado la tensión y algo normalizada la respiración le acerqué el miembro endurecido por tantas ganas acumuladas para recibir la deliciosa mamada que una boca tan cálida era capaz de otorgarme. Lucha tenaz para contenerme y no dejarme ir en sus mamada; chupaba de una manera que me volvía muy loco, moverme dentro de la calidez de su boca, deliciosa cojida bucal, debí prohibirme del placer de la mamada para no dejarme ir en su boca, siempre pude controlarme fácil, ahora la presión de su calentura y las ganas incontenibles podían más.
Haciendo de tripas corazón pude zafar del encierro bucal, tenía otro destino para esa leche que se gestaba dentro mío, el fin supremo de volcarla dentro de esta afiebrada hembra justificó con creces el renunciamiento de su boca degustando mi verga.
El cambio retrasa esa venida que casi se adelanta a mis deseos. Las ganas acumuladas de ambos nos cambian la perspectiva, la abstinencia de Helena y mis ganas por saber cuántas, casi nos pueden, la carne es débil cuando el deseo está al tope de la cotización de la calentura, me había propuesto que este polvo sea algo especial, algo para recordar, nos sentimos dos novios en su primera vez tan deseada.
Es el momento de darle lo que necesita, me arrodillé, orando a la virgen de mis desvelos, separando despacio las rodillas, levante la falda, coloqué la cara sobre la bombachita, necesitaba embriagarme de ese aroma de mujer caliente, saturarme de su aroma de mujer, besar sobre la tela húmeda de jugos. Las manos de Helena se enredan en mis cabellos,y me atrae hacia si, sostiene mi cara contra su sexo para ser parte de él, las bocas unidas a través de la escueta tela que cubre el acceso a la fuente de la lujuria mortal.
Guié su mano para que descorra el velo entre su “boca y mi boca”, juega con sus dedos en mi mejilla en cada lamida. Sus nalgas quedaron atrapadas en las palmas de mis manos, agito en cada envión de mi lengua en la vulva, nos apretamos, es el momento de estar “vis a vis” con el deseo, la calentura se licua en mi boca. Los gemidos reprimidos y el ahogo son inequívocas señales que dentro de ella se está gestando la épica de un orgasmo que avanza en ella y sobre ella, contracciones en el vientre y la pelvis anuncian que el gran tsunami está creando esa ola gigante, silenciosa y tensa va ganando espacio, los músculos tensos, los dedos crispados en mi nuca, vaivén intenso, muslos tensos que se vuelven tenaza en mi cabeza, todo esta llegando al instante supremo…
– ¡Ahhhh!
Gemido ahogado, venido desde las profundidades de sus entrañas, reprimido, estrangulado, mordido sobre sus labios, estalló… Luego el silencio…, apretarme fuerte, dejando de respirar, casi podía escuchar el fragor de sus latidos. Otra contracción vaginal, y otro gemido ahogado, reprimía su expresión para no despertar la quietud del mundo. Me puse a tono con sus pausas y acelerando en sus gemidos.
Mis manos se llenaron de nalgas, mi boca de jugos, el silencio de gemidos, la respiración eran estertores de alguien que entrega su vida para renacer en mi boca. Se repitió no sé cuantas veces, hasta quedar totalmente desarticulada. Se dejó caer sobre el respaldo, laxa, agotada por la exigencia de mi boca, derrotada por la ferviente chupada, entregado la vida en los épicos orgasmos.
Gloriosa derrota de la mujer casada a manos de la hembra satisfecha, renacida como el ave fénix por la magia de “su” hombre. Según sus dichos, había sabido entender sus pudores, esperar sus tiempos, escuchado sus silencios y atendido sus necesidades de hembra.
Seguía adorando a esa hermosa mujer, ojos fuertemente cerrados, labios apretados con el rictus de quien contiene dentro el tesoro del goce eterno. En ese momento sentí que Helena estaba en el nirvana, con la agitación de la paz, podría asegurar que esta mujer había entrado en el estado de gracia suprema, durante un instante había dejado el mundo mortal para entrar en el paraíso de la lujuria, de la mano del clímax hasta llegar al éxtasis de su condición de mujer.
Esta mujer tenía un potencial erótico y transmitía una fuerza de voluptuosidad y lujuria impensado, una incontenible máquina sexual, que tan solo necesitó encontrar esa llave mágica que abriera las puertas de su corazón para franquear el acceso carnal de su encendido deseo.
Mientras ella navega por ese mundo maravilloso me deshice de camisa y pantalones, para cuando volvió a nuestro mundo me encontró de pie entre sus piernas con el miembro súper erecto, levemente inclinado hacia arriba esperando el momento de hincarme entre sus piernas, penetrarla, sentirme parte de su magia.
Las manos de Helena dieron la bienvenida al “amigo”, volví a recostarla, elevar sus piernas, tomada de los tobillos, haciendo una gran V, corrió la tela de la tanga para que pueda ver el sexo a pleno, vello oscuro sin ser negro dando marco a esa abertura con labios latiendo en remezones del arrollador orgasmo. Acerco mi cuerpo, el glande justo entre los labios, húmedos, pegotodos de jugo, se pegan al glande, ser parte de esa cueva rosada. Empujar suave en la conchita, deliciosa estrechez, agradable, se ajusta al visitante, siente mi placer y sonríe.
– La tenés bien gordota… mucho mas que… Hace meses que no se usa, soy algo
estrecha… me agrada que te disfrutes. – asiento.
Me dejo ir despacio, deslizando en ella, sin prisa pero sin pausa, piel contra piel, sentir el sudor de nuestros cuerpos en la comunión de la carne. Otro envión suave y toda la verga está en ella.
Fue la pausa que prologa la tormenta, la nalgas de ella nuevamente en mis palmas, la elevo y atraigo hacia mí, más juntos, pegados en sudor y en el fragor de sus jugos. El movimiento intenso, profundo y por momentos casi furiosos nos pierden, el sofá se conmueve, nos agitamos en un terremoto de pasiones, conjugamos el verbo deseo en todos sus tiempos y modos, cada pausa deviene en envión profundo. Helena vuelve a ser protagonista, gemidos más seguidos y notorios, se deja conducir por el serpenteante camino del sexo urgente, afiebrado, con la prisa de la primera vez.
Imposible contener la pasión, rebasa el deseo, el semen se acumula, espera el momento del desborde, avanza y se acerca al momento supremo. La pausa es la pregunta obligada de la sensatez responsable…
– Sí, sí… podes venirte dentro mío… No hay problema, hacémela sentir…
La música de sus palabras atronaron mis oídos, ya no fui capaz de escuchar sus gemidos, el orgasmo golpeo sus entrañas. Estaba concentrado, sintiendo mi propia música celestial que acompañaba los momentos previos a mi propio orgasmo, el producto de la calentura de tanto tiempo va en camino de lograr el triunfo, derramarse dentro de su sexo. El semen se hace leche, la leche pasión y ardor en su carne.
– Ahhhhhhhh… fue lo más que pude decir
Nunca tan pocas palabras significaron tanto. Sentía esa sensación de escozor previa al primer chorro de semen, se dilata el “ojito” del glande y lanza esa llamarada de esperma, luego otro y otro y… ya no sé cuántos, hasta sentir como se me va la vida en esa enlechada brutal, sentirme vacío es dejar espacio para una vida nueva
– ¡No te salgas! ¡Quédate dentro mío!, déjame sentirte…, como sigue latiendo. Necesito sentirte así, dentro, disfrutar el calorcito de la leche que mi hombre hizo para mí.
– Sentí que me salía mucha, ¿Sí?
– Me parece que te salió un montón, la puedo sentir toda, calentita. La tengo todita.
Todo tiene su tiempo, también de salirse del estuche mágico, dejar la calidez de la cueva, incorporarme con la pija aun erecta como para un segundo round.
Helena siente que la leche está asomando por la raja, gruesos hilos de esperma apuran por mostrarse. La palma de la mano justo a tiempo evita que se derrame sobre el sofá, conteniendo la leche se llega hasta el baño para lavarse. Extiende su palma, la leche en el centro de la palma.
– Es tuya, la tenía en mí, ¡Me gusta verte así en mi mano, es “mi” leche!
Mi hombro le sirvió de apoyo para sacarse la tanga, aproveché para quitársela de la mano y frotarla en su sexo.
– ¡Devuélveme la tanga!
– ¡No!, se queda conmigo!
– ¿Trofeo de guerra?
– ¡No! Recuerdo de este encuentro. ¡Ahora es mía!
Mujer previsora, seguro adivinó mis intenciones… Sonríe con mucha ternura, buscó otra de la cartera y se la colocó.
– Sabía que pasaría… como si hubiera leído tus pensamientos. ¡Me gustó!
Un beso con más ternura que humedad coronó sus dichos, acomodados nuestro aspecto para que no se noten los estragos de tamaña calentura.
El acto no duró tanto como hace suponer el relato, demoré más tiempo en escribirlo que nosotros en hacerlo, pero la intensidad de los momentos vividos y sentidos no permiten una visualización real de la situación, cada segundo se multiplica en la memoria, el goce perdura y multiplica las sensaciones, todo este hecho está inserto dentro de la perspectiva de la pasión, la subjetividad del deseo pierde el contexto de la realidad. Estos actos cuando se producen entre dos personas que conviven a diario en la misma oficina pueden exceder el marco del acto sexual para ser algo más y cuando así suceden la realidad no será tal cual como sucedió, sino como la recordamos para contarla, pero para ser sincero los hechos tuvieron mayor intensidad de lo que pude escribir, no encontré palabras para explicar esas sensaciones que nos exceden…
Luego… el reconfortante café matinal, pero ya nada sería lo mismo.
Momentos más tarde la situación se encauzó dentro de los parámetros de la rutina oficinista, la llegada del resto del personal, lo sucedido se mimetizó con la rutina, hasta parecer casi normales.
Pero nada de eso era tan así, dentro nuestro habían quedado ganas enredadas en los entresijos de la urgencia por consumar “in extenso” ese acto de urgencia pasional.
El reloj no marcha tan de prisa como el ansía de la hora de salida, faltado un par de horas para el fin de la jornada laboral, la ansiedad puede sobre la prudencia, el deseo sobre la responsabilidad y todo junto se desliza por el tobogán de la calentura. La hago llamar por el cadete de la oficina.
– Helena, usted podría hacer el favor de realizar esta gestión (entrego un sobre) –
ahí están las instrucciones. ¡Gracias!
El trato totalmente acorde al ámbito laboral, entendió el mensaje, dentro del sobre había solo unas líneas que decían: “espérame en el bar… te alcanzo en un rato”. En su mirada entendí que también ella se había quedado con sabor a poco.
Me desentendí de las tareas aduciendo una excusa de circunstancia, por mensaje de texto adelantaba que me esperara, fuera del bar. Ni falta que hizo explicar más, el albergue transitorio (hotel para parejas) que está en camino a su casa, ámbito que dio cobijo al encuentro para atenuar el sabor a poco del “mañanero”.
Levanté la falda, mis dedos reptaron hacia arriba, escurriéndose hacia el despertar de sus muslos, donde la piel empalidece por robarle tiempo a las lamidas del sol, cubrí el abultamiento del pubis en el cuenco de mi mano. Ese gesto abrió el camino para que mi boca fuera en busca de la humedad que se desliza por tus muslos, buscar el origen de la vida, donde late el deseo, donde la saciedad es imposible, donde siempre queda el sabor poco.
El tratamiento bucal la puso a mil, la subía a la cima del placer, los gemidos y la tensión muscular la llevan hasta las fronteras del deseo, comienzan a recorrerla, estremece entre mis brazos, se debate en la intensidad de las convulsiones propias del cuerpo alcanzando el nirvana de la carne, está llegando al momento mágico de la plenitud y la liberación volcánica como remate de la tremenda excitación sexual prodigada por mi.
Las manos astrujan la ropa de cama, la fiebre interna secó su garganta y ahogó su voz, el gesto crispado y los ojos cerrados para sentir por dentro ese placer que se derrama como fiebre dentro suyo, se hace jugo en su vagina el fragor acuciante del orgasmo que la atraviesa y convulsiona, tensa músculos y tendones, arquea su cuerpo como mimbre, vibra y agita en la cuasi dolorosa tensión del orgasmo que la invade.
Reciprocidad de atenciones, se dejó rodar sobre el lecho, buscó mi sexo para saborear el arma letal de su placer, demostrar en tiempo y forma sus calidades y cualidades para hacer sentir al hombre el súper macho, elevarlo a la categoría de dios pagano cuando prodiga esas caricias bucales inigualables, por calidez y auténtico de sus ganas. Maestra consumada en manejar las sensaciones del hombre, puede con mi calentura. Se deja coger por la boca, disfruta ser tomada de los cabellos y apretada con el miembro del hombre que se está comiendo, saborea, disfruta y se hace disfrutar en cada lamida, sabe donde y como acosar a la cabeza de la pija, robarle sus jugos primarios, sabe interpretar movimientos y contracciones, la presión de mis manos sobre su cabeza, la fuerza con que me impulso dentro de su boca, todo es tomado como marco referencial para el tratamiento maravilloso. Sus caricias bucales exceden la capacidad de resistencia y concentración, la mías se han perdido en las curvas del deseo.
– ¡Para! ¡Para! – alcancé a decir con un hilo de voz
Gesticuló con la cabeza negando, más aún, apuró el tratamiento y la paja al tronco del miembro se hizo más acuciante, más veloz, decidida a que me perdiera en el calor de su boca, derramarme en ella.
– ¡No! ¡No!, venite dentro, te quiero dentro, quiero sentir esa leche que me
pertenece…
Todo dicho a media lengua, sin sacarme del todo de su boca, la pausa de mirarse en mis ojos para ver como el hombre se deja ir manso, entregado a su hembra. Agita con seguridad y firmeza, lame y chupa intenso, acelera y apura el momento, siente y sabe que estoy llegando, la rigidez muscular le anticipa la proximidad de la venida, se la lleva dentro de la boca y sacude con fragor y velocidad, sacarme hasta la última gota de semen. El final feliz está en su tramo final, mis manos la empujan más adentro cuando el primer chorro estalla en su boca, el segundo y otros más, regula la fricción, sabe que luego del disparo importante debe suavizar las sacudidas, solo acompañar a vaciar toda la leche que ha conseguido con el sudor de su calentura. El final feliz…, libera la cabezota, abre la boca y muestra mi enlechada.
– Ahhh – señala el semen acumulado bajo su lengua. Muestra como lo traga y se
relame los labios para no permitirse ni una sola gota de mi fuera de su boca.
Me ha dejado las piernas temblando, por la emoción y la pasión puesta en este polvo que me fue robado en un alarde de poder, de querer tenerme dentro de ella.
Pedí unas cocas con hielo, obvio, prefería no llegar con aliento alcohólico, para no despertar sospechas. Las gaseosa sirven para bajar el semen que ha tragado y como interludio para la segunda parte del momento sexual que estamos disfrutando.
Volvimos a los mimos y las caricias, era tiempo de corregir la imperdonable omisión de rendir tributo a esas dos maravillas de carne latente, coronadas de pezones rosados, la octava maravilla hecha carne. Me acerco a ella para acariciar su oído con las palabras carnívoras que desatan la locura hormonal se su cuerpo, anunciando que el momento del goce está llegando. Mis manos hacen rapiña de las carnes turgentes de sus pechos, insolentes senos que estimulan la malicia, enhiestos, apuntando al cielo con sus picas de cereza, desafiando ser mamados con la fruición y el deseo de un glotón.
Sostenía y estrujaba esas blancas carnes ansiosas de ser honradas, rendirles pleitesía y mamarlas con la intensidad de un vagabundo en el desierto al llegar a este oasis pletóricos de lujuria, sus manos me llevan contra ellas, esconder mi lujuria en el valle de sus senos.
– ¡Despacio bebe, despacio!. No me dejes marcas imposibles de explicar. Mama y
chupa y todo , me gusta sentirte engolosinado con mis pechos. – exprime uno y me da a mamar. – Así, así, chupe goloso mío, ¡chupe la tetita de su mami…
Mis dedos lujuriosos empiezan su labor entre gemidos y suspiros entrando en su vagina. Ataco el punto mágico, el clítoris, sin pausa, dulcemente, sus gemidos traducen el tímido lenguaje del deseo, toma mis manos y conduce los dedos dentro de su sexo, pide que mueva, rápido, fuerte y profundo.
Su mano busca mi pene, caricia suave al principio, en unos segundos pasa de la más absoluta dulzura a la más absoluta locura, agita de un modo increíble, desenfrenado, sacude de arriba a bajo buscando llevarlo hasta máxima erección.
Es tiempo de besarla en el centro de la cueva, lamer entre los labios ardientes, buscar el jugo divino de la pasión abrasadora, mi lengua roza el clítoris, lo desaparezco entre mis labios, mi lengua centelleante se mueve más que nunca hasta que me urge a ir por más…
– ¡Por Dios!, ¡métela!, no aguanto más… ¡Porfa! Métela ¡YA!…
Con todas mis fuerzas me introduzco en ella y la saco, la meto y vuelvo a sacarlo. Nuestros cuerpos se juntan y se separan, mi piel, su piel, mis labios se comen los suyos. La locura se sirve dentro de su conchita, puedo sentir como su vagina estrecha mi verga con la fuerza de la contracción de los labios. La cueva está más caliente, más lasciva su mirada, más húmeda su saliva, más agitada la respiración, busca el abrazo cuando siente que se acerca al punto crítico, al borde del abismo, sin retorno. El final se acerca, sus gritos espantan los míos, mi sudor resbala por su cuerpo. Se está corriendo, un orgasmo a toda orquesta.
Respeté su silencio, podía sentir sus latidos que multiplican y repican el orgasmo, una y otra vez hasta perderse en la maraña de contracciones, viaje sin escalas al relax, sencillamente maravilloso.
Tendidos de lado, “haciendo cucharita” la mi cabeza en su cueva, latiendo deseo, el vaivén suave de su hombre que no abandona el lugar donde se origina el fuego.
– Bip, bip, bip… ¡Shhhhh!… Hola, sí, si… en poco más de una hora… (cubre el
teléfono con la mano) – shhh no te muevas tanto que agitas y se puede notar…
– Ah, ah, claro, si… sí claro.
– Bueno amor, un beso… Era mi esposo…, y… se me está haciendo tarde. Pero…
aun no te has venido.. Ahora es tu turno y la seguimos… ¿Mañana? pero ahora vamos a terminar este polvo ¿si? Vamos dame esa lechita que me he ganado… creo..
– Seguro, y bien ganado lo tienes. Vamos a lo nuestro…
En posición de perrita, montarme sobre ella, y continuar el delicioso tránsito hacia ese final prometedor de todos los placeres. Pero… las demoras por el cambio de posiciones, sumado a esa venida tan intensa en su boca hacían que demorara más de lo usual.
– Sabes… estoy tan caliente, que me está costando acabar.
– Sí, te siento bien duro, está más rígida que antes, me gusta como se siente, pero…
urge regresar a tiempo, es mejor no despertar sospechas, sobre todo ahora que esto recién comienza… Sé que lo insinuaste con el roce de tus dedos. No sé como será sentirte por atrás, la tienes bien gorda… Me asusta un poco, pero… confío en vos… Para que lo hagas pronto… ah, solo si eres tan cuidados y sin brusquedades te dejo… Ni falta hacía explicarme más, la invitación está vigente. En el mientras tanto secó su conchita con la toalla para ver si el exceso de fluido era lo que demoraba mi orgasmo.
– ¡Dame, dame más!…
El metisaca se hacía mas sensitivo, más grato en el roce de las carnes pero la calentura era tal que me costaba venirme. Son esas veces que la intensa excitación y el cambio de posiciones suele quedarse bien dura pero demora el final. Otra vez el:
– Ring ring ring, esta vez el teléfono de la habitación: – En 15 minutos termina su
Turno…
– Te das cuenta, otro más que nos avisa que debemos volver a la realidad. Ven por
atrás, ¡por favor suave eh!
La verga untada en sus jugos, fui por atrás. De rodillas, tendida, las nalgas bien empinadas, ofreciendo el hoyo virgen. Bien afirmado, la tomé con firmeza de los caderas, apoyé la cabeza en el centro del esfínter. Colabora moviéndose hacia atrás y a los costados, ayuda a que entre más fácil, mi calentura y el tiempo apremian, su deseo también colabora en dejarse hacer.
Entró casi toda la cabeza, sosteniendo la presencia para hacerme lugar en el esfínter, al primer empujón, mas jugos y más saliva permiten entrarle la cabeza y detenerme, avance y suspenso, casi toda está dentro del canal. Una palmada en el glúteo, más ruido que rigor, la desconcentra, envión preciso, todo el miembro dentro del ano. Un instante para sentir la calidez del estuche y comienza el vaivén.
El tiempo apremia, la calentura exige, Helena es consecuente con mi pedido de abrirse y cerrarse sobre el miembro, responde al tratamiento de sodomizado, se deja subir al carro del desenfreno. El dúo dinámico en acción, el tropel desbocado y alienado de dos seres perdidos en los laberintos de la lujuria buscando ese final feliz que se hace anunciar en las contracciones de mis testículos.
La calentura que vive en ella disimuló la molestia del dolor inicial trocando en tolerable excitación, sobrealimentada por mis expresiones de goce y la atroz calentura que me produce.
– ¡Por favor! ¡Qué deliciosa sensación!, qué bueno es sentime así gozando dentro
tuyo.
– Sí, sí…gue ¡por favor, no te detengas!, ¡si…gue, me está gustando!. Te siento tan
feliz que el dolor de esa vergota ya ni me importa. ¡Dámela, dámela toda!. ¡Quiero mi leche!
Nunca tan pocas palabras pudieron tanto, volcado sobre su espalda, montado en ella, me sentía el mejor y más feliz de los mortales, domando a esta yegua. Asido de sus hombros, tomada desde abajo con mis manos, convertidas en tenazas que sostenían con fuerza el cuerpo de Helena, hasta parecer un solo cuerpo, penetrada hasta más allá de lo posible. Se la saco hasta la puertita y me voy hasta el fondo, movimiento continuado, sin prisa pero sin pausa.
Metí mi boca bajo sus cabellos, justo ahí donde comienzan, ahí donde el moretón de la mordida no es visible, el lugar preciso para que el macho deje su marca en la yegua sodomizada, el momento salvaje de la dominación, el estado de gracia del macho posesivo.
– No me muerdas, no me dejes marcas, por favor –conserva un resto de lucidez en
medio de la zozobra que le produce todo este zarandeo.
– No hay cuidado princesa, no se notará nada. Solo es dejarte la marca de tu dueño.
– ¡Sí amo!
En plena cojida tenía tiempo para el mimo, en verdad sentía que era una gran mujer y mejor hembra. Me muevo en silencio, movimientos afiebrados y espasmódicos se replican a cada instante, el final feliz está en ciernes, todo está dado para que en un instante más sea el de llegar a la meta.
– ¡Shhhhhh, shhhhhhh, meee… meee eeestoyyy… llegando amor…!
El primer chorro me salía desde lo profundo de mis riñones, sentía como que se desprendía una parte de mí, el prolongado juego sexual y la demora habían conseguido acumular la tensión que ahora encontraba la vía de escape en regarla con la esperma que brota de mi ser como fin de una fiesta inolvidable.
Quedé dentro de ella, no querías sentir el dolor de la salida hasta que hubiera perdido algo de la dureza, también disfrutar esos latidos intensivos de la pija en el relax pos eyaculación.
Luego, retornar a la realidad, la urgencia solo permitió una rápida higiene de las partes en conflicto, la bombacha tendrá que retener la venida en su ano. Ambos disfrutamos ese regalo, llevarse la eyaculación dentro de su intestino.
Dentro nuestro sabemos que ya nada será lo mismo, entramos de la mano en ese tránsito a ese triángulo amoroso que habitaremos hasta que algo o alguien nos lleve a la salida del cual no queremos salirnos por un buen rato. Disfrutarnos y hacernos disfrutar es el horizonte próximo.
La historia no está cerrada, aun queda bastante por transitar en esta relación, que nos llenó de sorpresas y de placer.

En el mientras tanto de la continuación nos gustaría recibir las experiencias de otras muchas mujeres que transitaron por este delicioso momento de infidelidad y de cuernos, las estaré esperando en erdakor@yahoo.com.ar para compartir esos momentos. El próximo capítulo será cuando su esposo descubra este desliz de su esposa y nos sorprenda haciéndose parte de un trío tan impredecible como inesperado

Unidos en alma mente y cuerpo permaneceremos hasta que las estrellas se apaguen,

Para la segunda parte, el trio
Nuestra imaginación nunca es inocente, desde el momento que imaginamos una historia, ésta comienza a existir. Siempre corremos el riesgo de escribir una realidad, de estar creando una realidad, creando un mundo que de momento solo vive en nuestra imaginación, pero cuando deja de ser solo una imagen mental para ser otra cosa? Es una respuesta que no tengo aún…

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