Mi última esperanza

Me tumbé en la mesa dejando mi culo en el filo para que me pudiera seguir follando, dejé mis duros senos a la vista, me levantó las piernas y siguió con mi clase particular, mis senos botaban por los empujones que me daba con su verga, que gusto me estaba dando. El me embistió un par de veces y entonces su semen me salpicó toda, desde mi pubis y mi ombligo hasta mis senos.

Era septiembre, casi octubre, y atrás quedaban el tiempo de las minifaldas para mí porque llevaba un buen tiempo estudiando para los exámenes de recuperación. Necesitaba la beca para no tener que trabajar los fines de semana en el bar de un familiar, un autentico castigo más que un trabajo. Mis objetivos se habían cumplido hasta que salieron las notas del último examen. ¡Un cuatro con ocho!, ¿me va a putear este por dos décimas?

Esto no quedaría así, en la revisión del examen me iba a oír, estaba segura de haber hecho bien tres de seis preguntas y algo del resto. En la revisión solo habíamos doce personas de las cuales yo era la séptima en entrar y entraban de dos en dos. Todos los que salían de la revisión decían que el profesor había sido muy estricto con las faltas ortográficas, me eché a temblar porque no me había dado tiempo repasar el examen. Efectivamente, tenía un cinco con una décima pero por las faltas de ortografía me había quitado las tres décimas. Le insistí, le dije que dos faltas ortográficas en tres folios no eran muchas, que había cosas que me había puntuado bajo y algunas cosas más, pero no hubo forma. Luego le dije que lo necesitaba para la beca, que era mi última posibilidad para conseguirla.

Supongo que lo que todos los que nos hemos visto en esa situación le decimos a un profesor, y él contesta lo que todos los profesores dicen, que no. Salí un poco enfurecida, yo tenía que aprobar esa asignatura como fuera. Decidí esperar a que todos los demás alumnos se fueran, pero esperé en un aula pensando en lo que le diría. En media hora el profesor había terminado con todos y esperaba en su despacho por si llegaba otro alumno. Iba decidida, pero antes de entrar tomé una medida desesperada, fui al servicio de chicas y me quité el jersey y el sujetador, quedándome tan solo con la camisa, no se me trasparentaban los senos pero si se notaban. El último recurso, me dije, mirándome al espejo.

No era la primera vez que usaba esta estrategia para ligar y pasar una noche con un chico, pero si era la primera vez que la usaba con un profesor. Llamé a la puerta y entré. El no era muy mayor, en torno a los treinta y cinco años, un poco mayor para mi gusto, tenía pelo negro y corto y unas gafas que le daban una pinta de empollón, mediría unos diez centímetros más que yo y estaba fuerte, seguramente iba a algún gimnasio. No tenía anillo de compromiso aunque si una foto en la mesa de una mujer.

Me quedé de pie al otro lado de la mesa mientras él intentaba deshacerse de mí inmediatamente, pero le insistía que era muy importante, que era la única solución que tenía para la beca, mientras hablaba había sorprendido más de una mirada a mis senos. Como por el diálogo no conseguí nada, pasaría al sexo. Había pensado que con calentarlo un poco bastaría, pero al final decidí terminar lo antes posible con aquello.

– Entonces, ¿no podría hacerme un favor?.- Le dije con un tono de voz dulce e inocente a la vez que me desabrochaba un botón de la camisa. Sus ojos se clavaron en mis senos y se le notó en el rubor de la cara que había conseguido lo que buscaba.- Un favor que usted me hará, ¿verdad?  Le dije mientras me quitaba otro botón. Como no llevaba sujetador los senos casi se me salían de la camisa. – Bueno po…po… dría pe…pe…nsar en algo.- Dijo tartamudeando un poco.

Entonces me volví a la puerta de su despacho y la cerré por dentro. Notaba su mirada, espero que nadie venga porque si no estaremos en un buen problema. El seguía sentado detrás de su mesa aunque se había separado de ella para dejarme sitio. Yo me puse de rodillas entre sus piernas y me desabroché la camisa y me la quité. Mis senos estaban algo duros, no por la excitación sino por la vergüenza de pensar en lo que estaba haciendo.

Entonces le desabroché el pantalón y saqué su verga. No se le había puesto dura del todo y, aunque no era enorme, si era de un tamaño bueno. Sin mirarle a los ojos empecé a lamerla mientras se le ponía dura del todo.

Como quería terminar pronto, con una mano le daba un masaje en los genitales mientras que con la otra le friccionaba la verga, dejando solo para la boca el capullo de la punta. -¿Te gusta profe? Me empecé a excitar yo también, en mi labor, escuchaba los gemidos de él. – Avíseme cuando se vaya a correr profe-. Definitivamente me había puesto a 100. En todo colegio o universidad hay habladurías sobre lo que hacen algunas chicas por aprobar asignaturas difíciles, pues al final resultó que eran verdad y que era una forma muy buena de aprobar.

– Me voy a correr.- Entonces aparté mi boca y apreté su verga entre mis senos, noté el calor de su miembro, estaba mojado por la mamada que le había hecho.

Moví los senos a todo lo largo de su verga y cada vez que bajaba los senos, como la punta quedaba a mi alcance, le lamía la verga. -Yaaaaaa.- Aparté mi cara y el semen brotó en un chorro de su verga, manchando mis senos, seguí haciéndoselo con los senos hasta que termino de echar lechecita. – ¿Le gustó profe?, ¿verdad que ya tengo un cinco? – Si, lástima de que no hubieras venido antes para subir nota, pero no te preocupes que tienes un cinco.

Entonces me limpié el semen de los senos con mi pañuelo, me abroché la camisa y salí del despacho. Fui al cuarto de baño para limpiarme los senos mejor, que estaban pegajosos. En el cuarto de baño me desabroché la camisa y mojé el pañuelo para limpiarme porque el semen también me había caído en el cuello. Pero ya no había solución, estaba caliente, solo tenía en mi mente la verga del profe. Había intentado que se corriera pronto pero había tardado más de 5 minutos  con el masaje y la mamada era mucho tiempo, y si dejo que me folle, ¿será bueno? pensaba.

Entonces en lugar de ponerme el sujetador me puse la camisa y volví a su despacho. Prefiero que me folle a tener que masturbarme esta noche en mi cuarto. Llamé a la puerta y entré, se asombró de que hubiera regresado, cerré la puerta por dentro. -Profe, ¿podría darme una clase particular?  Le dije mientras apoyaba mis codos en su mesa y movía la cadera sugerentemente. El se levantó y se puso detrás de mí. Me acarició el culo y pasó su mano entre mis piernas. Luego me bajó el pantalón y el tanga.

-Fóllame profe, la necesito dentro de mi coño. Se sacó la verga y me la clavó entera en el coño, aahhhhh; que gusto me dio, estuvo follándome un buen rato. Me sujetaba por la cadera o me abría las cachas del culo, me sacaba la verga y la pasaba por toda mi raja, desde el culo hasta el clítoris y me la volvía a meter entera, eso me encanta. De tanto gemir, la baba se me caía y le manchaba exámenes que tenía en la mesa.

– Siéntate encima de la mesa y desabróchate la camisa.- dijo en el mismo tono didáctico con que daba las clases. Me tumbé en la mesa, dejando mi culo en el filo para que me pudiera seguir follando, me desabroché la camisa dejando mis duros senos a la vista.

Entonces me levantó las piernas y siguió con mi clase particular, pero más rápido y con más fuerza, mis senos botaban por los empujones que me daba con su verga, que gusto me estaba dando. -Me corro profe, Mmmmm, aahhhhh.

El me embistió un par de veces y entonces su semen me salpicó toda, desde mi pubis y mi ombligo hasta mis senos. Qué bien me lo hizo. Luego de limpiarme otra vez el semen salí de su despacho con un simple adiós. A la semana salieron las notas finales de la asignaturas y yo tenía un cinco coma uno. Ya no volví a ir al despacho.

Autora: Goddala

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Desvirgada por el culo

Al principio noté la punta de su pene intentando entrar en mi culo y luego, una vez que me había penetrado, sentí un dolor fuerte que me hizo gritar. El paró de meterme su pene pero sin sacarlo me abrió las cachas de mi culo y empujó hacia el fondo de mi ser. Yo para que no se oyera mi grito de dolor mordí el sofá mientras pensaba que lo tenía merecido por ponerle los cuernos a mi novio.

Hace un tiempo, antes de ir a estudiar a una ciudad que no era la mía, aun pensaba que casarme con mi novio siendo virgen era lo correcto, a él le había dejado que me tocara los senos pero sin desvestirme y eso que llevábamos casi un año de noviazgo. Pero el primer año de estar estudiando en un piso con tres compañeras más me abrieron los ojos y más cosas.

En la puerta de enfrente de mi piso de estudiantes vivían tres estudiantes por lo que las fiestas se hacían muy a menudo y normalmente era yo la que se iba pronto a dormir pues entre mis tres compañeras se repartían a los chicos aunque no llegaban nunca muy lejos. Una noche faltó una compañera así que uno de los chicos se quedó solo cuando yo me fui a mi piso. Pero él vino a los dos minutos a buscarme con la excusa de que estorbaba en la “fiesta”, así que nos sentamos a charlar en el sofá. Había traído la botella de Martini que era lo que a mí me gustaba y poco a poco fui entonándome y sintiendo la euforia que el alcohol te da. Pronto empecé a hablar de mi novio y de mi creencia. José, que así se llama el chico, se puso a reír y me dijo que era una tonta y empezó a hablar de sexo, del placer que provoca y de la satisfacción de una noche de lujuria.

Esto hizo que mi cuerpo se excitase y noté caliente mi sexo y como mis senos se ponían un poco más grandes. También noté un bulto en su pantalón. El describió algunas aventuras mientras se acercaba cada vez más a mí y al terminar una de ellas me besó mientras pasaba su mano por mi cadera y se inclinaba hacia mí haciendo que me tumbara en el sofá. Mi mente se sobresaltó pero mi cuerpo sintió el deseo de seguir y de dejarme llevar. El se puso sentado junto a mí, con la cara muy cerca de la mía, tan cerca que mientras hablábamos nuestros labios se tocaban excitándome más.

– Entonces ni siquiera has tocado o visto un buen pene. – No, ni he dejado que me toque ni me vean. – Pues que lástima porque poder hacerlo contigo estaría muy bien.- El fue muy directo. – Pero es que yo quiero seguir siendo virgen.- Dije ruborizándome más aun.

El empezó a besarme y deslizó su mano debajo de mi camisa, noté que intentaba meterla debajo del sujetador pero no dije nada, entre los tres o cuatro martinis y el calentón de sus historias no podía evitarlo. Después de un apasionado beso y un buen manoseo a mis senos él se incorporó del asiento y dijo.

– Mira- Y empezó a quitarse los pantalones. Tenía el pene tan duro que casi se salían de sus calzones. Esperé entusiasmada a que me lo mostrase. – Esta es mi verga.- Que calor sentí al verla la primera vez, me quedé allí tumbada mirándola. -Ahora vamos a follar. – No, quiero seguir virgen.- Le dije sobresaltada pero sin ningún convencimiento. – Seguirás virgen de tu coño, no te preocupes.

Entonces acercó su pene a mi cara, me llevó una mano mía a su pene enorme, debe medirle 18 o 19 centímetros, estaba duro y caliente.

– Ahora vas a chupármela.- No sé, me da asco.- Chúpamela tonta, si no luego te dolerá más. – ¿Qué me dolerá?  – Le pregunté mientras que tumbada le sujetaba fuerte el pene.- Cuando te la meta en tu culo debe estar bien lubricada.

Esto hizo que me sobresaltase, le solté el pene y estaba a punto de ponerme de pie pero entonces él me puso una mano en el pecho impidiéndolo y acercó el pene a mi cara.

– Cómetela entera.- Me exigió.

Estaba un poco asustada, no sabía si gritar y salir corriendo o hacerle caso. Pero aun notaba mi sexo húmedo así que acerqué mi boca a su pene. Entonces él empujó mi cabeza hacia su cuerpo y me la metió en la boca, estuve a punto de atragantarme pero aguanté y la saboreé. El movía su pene dentro y fuera mientras me estrujaba los senos. Que caliente estaba, sentía mis braguitas mojadas y mis pezones duros.

– Ahora vas a desnudarte mientras voy a la cocina, si no lo haces será peor para ti. No me atreví a desnudarme, aunque me quedé en ropa interior sentada en el sofá. El apareció de la cocina con la botella de aceite. -Esto servirá.- dijo mostrándome la botella.- ¿Aun no te desnudaste? – ¿Qué vas a hacerme? – Algo que no olvidaras, ponte a gatas. Obedecí mirando su pene, él se dio cuenta. – Te gusta mi verga ¿verdad?, no te preocupes pronto estará en tu culo.

El se puso detrás de mí y aparto mis braguitas sin quitármelas.

-¿Soy el primer hombre que te ve el coño? – Si. – ¿Y soy el primero en tocarte el coño?. –dijo mientras me acariciaba mi sexo caliente y mojado. – Sii…iii..iii- le dije entre gemido y gemido. -Empecemos.

Entonces empezó a echarme aceite en mi culo.- Primero un dedo. Y noté como algo me entraba en el culo, sentí un escalofrío por todo el cuerpo. – Relájate y te gustara más, ¿te gusta verdad? Pues ahora te meteré otro dedo y luego te irá mi verga. Entonces mientras que me metía y sacaba un dedo, noté que me introducía otro, eso me dolió un poco pero no me quejé porque a la vez que hacía esto me acariciaba mi sexo.

-Di que quieres que te folle. Pero yo no podía porque estaba gimiendo.-No lo dices, di que quieres que te folle el culo. -Házmelo.- Conseguí a decir. -O dices que quieres que te meta mi verga en el culo o paro. – No, no pares. No podía creer lo que iba a decir. – Fóllame el culo con tu verga.

Entonces me echó más aceite en mi culo. Al principio noté la punta de su pene intentando entrar en mi culo y luego, una vez que me había penetrado, sentí un dolor fuerte que me hizo gritar. El paró de meterme su pene pero sin sacarlo me abrió las cachas de mi culo y empujó hacia el fondo de mi ser. Yo para que no se oyera mi grito de dolor mordí el sofá mientras pensaba que lo tenía merecido por ponerle los cuernos a mi novio.

-A partir de ahora te dolerá menos.- Me dijo José mientras que movía su pene dentro y fuera de mi culo, lo hacía con suavidad y pronto el dolor se convirtió en placer ayudado por el masaje que me daba en mi sexo húmedo.

– Prepárate que me voy a correr dentro de tu culo.

Empezó a moverse más rápido, me estaba destrozando el culo, gemía más fuerte y de repente soltó un gran suspiro al tiempo que me metía su pene con gran fuera hasta dentro de mí ser. Se había corrido dentro, pero siguió con el masaje en mi sexo hasta que yo también me corrí.

Desde esa noche habían pasado cinco días, entonces me crucé en la escalera con sus dos compañeros de piso. Sabiendo que él estaba solo llamé a su puerta. Para mi satisfacción él la abrió y yo sin decir nada entré en su piso, me arrodillé delante de el, le saqué su pene y empecé a besárselo. El tuvo mi culo durante un mes hasta que mi novio me hizo perder la virginidad, aunque esa es otra historia.

Autora: goddala

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