La zona perversa

Sus embestidas se aceleran. Jadea, contiene la respiración. Un empujón súper potente que casi te hace doblar los brazos. Es el primer chorro. Su jadeo es tan fuerte que parece un grito. Tú también gimes. Se retira y el segundo es más fuerte aun. Luego ya se queda dentro de ti, presionando su cuerpo contra el tuyo. Pequeños espasmos recorren su cuerpo. Te debe estar regando hasta el útero.

– Mira, en eso estamos de acuerdo, nuestra vida sexual ya no es como antes…Respondes a mis quejas con cientos de explicaciones. Veo lógico que la casa, el trabajo, las letras del coche te presionen; también me pasa mí, pero eso les ocurre a todas las parejas, te contesto. A veces pienso incluso que ya ni te excitas, pero ese comentario me lo callo.Al menos accedes a salir el próximo fin de semana. Sí, como antes, coger las maletas y pasar el fin de semana en una ciudad donde nadie nos conoce, a desparramar, a corrernos una juerga de impresión. El viernes por la noche salimos de vinos. Nada de cenas formales, mejor ir de picoteo de bar en bar. Volvemos a recorrer las zonas que conocíamos. Nuestros pasos nos llevan a aquella discoteca. Te paras cerca de la entrada.

– ¿Te acuerdas cuando veníamos por aquí?

Sé por tu mirada que quieres volver a entrar.

– Aquí me proponías esas cosas… ¡Cómo te ponías de cachondo… ¡Y cómo acabábamos!…

Es cierto. Aquella discoteca de “ambiente” era nuestro templo de perversión, nuestro lugar favorito para los juegos eróticos más morbosos y atrevidos que hemos hecho.

– Aún es pronto para entrar, seguramente no haya casi ni gente.

Me sorprende que propongas ir a tomar unas copas para hacer tiempo.  No paras de recordarme qué es lo que hacíamos, a qué jugábamos…

– … Me pedías que les enseñara algo… o que me dejara tocar por algún baboso… y te ponías muy cachondo… Tú fantaseabas y me calentabas con tus cuentos… Mira ése… te mira a ti… seguro que te follaría inmediatamente… vete al baño y quítate las bragas… y me llamabas guarrilla, putita. – Sí…, nos lo pasábamos bien…- ¿Recuerdas una vez? Sí, aquel que dijo que era bisex y que se lo quería hacer con los dos. Te gustó ver cómo me tocaba las tetas…- Sí… claro que me acuerdo… y lo bien que nos lo pasábamos… Creo que ha sido la vez que más cerca hemos estado de hacerlo…

Pides la segunda copa.

– ¿Sigues pensando igual? A lo mejor ya ni te excita la idea… -insinúas desafiante.

Directamente te lo pregunto: – No sé lo que buscas, ¿Te apetece ir? ¿Qué quieres? – Yo tampoco lo sé… Supongo que salir del aburrimiento, hacer algo diferente, una gamberrada. Hacer algo que no haya hecho nunca, volver a disfrutar como antes… No sé…  que por una noche que sea algo distinto…

Ninguno de los dos dice nada. Te vas al baño. Por el meneo de tus pechos sé que te has quitado el sujetador. Ya no hay más palabras. Simplemente nos dirigimos a la discoteca. Casi ni ha cambiado. Sigue con su ambiente sórdido, apenas iluminada, la música vanguardista, extraña. El ambiente peculiar a tope. La gente tiene unas pintas rarísimas. Incluso hay un par de travestis. Y como siempre, a tope. Cuesta trabajo andar. Directamente vamos a la barra. Creo que ambos estamos buscando la dosis de alcohol necesaria.

Yo voy delante, como abriendo paso. Al acercamos sé que alguno se rozará contigo. De forma casual o de forma intencionada. Antes eso te era indiferente, pero hoy puede ser distinto. Hoy hasta lo puedes estar buscando tú. Al salir del barullo me lo confirmas con una sonrisa: “Me han sobado el culo”. Te ríes, te gusta ser deseada. Hace tiempo que no tenías esa sensación y de nuevo te gusta. Colocas tu pelo con un inequívoco gesto de coquetería. ¿Cuánto hacía que no veía ese gesto? Me alegra. Vamos a la otra pista es más oscura. El ambiente continúa siendo trasgresor. Nosotros la bautizamos como “la zona perversa”. Aquel fue el escenario de nuestros juegos más morbosos. Hay gente de todo tipo. Gays, transexuales, heteros a la caza de un polvo rápido, mirones que babean delante del mínimo pedazo de carne…

El ambiente está muchos más cargado de humo. Hace mucho calor. En todos los sentidos. Parece que el sexo hasta se respira. Disimuladamente me señalas: – Mira en aquella dirección… ¿Ves como soban a aquella puta? ¿Te gustaría que me hicieran lo mismo? No puedo ni contestar, la música atruena.  Interpretas mi silencio como una callada aprobación. Y es verdad. Nos dejamos envolver por el ambiente. Gente bailando provocadoramente, grupos, parejas de todo tipo, tíos que se besan con tíos, tías que se besan con dos al tiempo… algunos se están pegando un lote tremendo… Sonríes. Ha mejorado el ambiente, dices irónica. Te animas tú sola mirando descaradamente a todo lo que te rodea.

Una gogó sube a bailar. Los dos la miramos con ojos de deseo. Un mini sujetador que apenas contiene los movimientos de sus tetas. Un tanga, sus nalgas moviéndose deliciosamente. Por delante se perfilan sus deliciosos labios vaginales. Está depilada, susurras. Delante de ti se coloca una pareja de lesbianas. Desde atrás, una le soba las tetas. Ninguna le quita el ojo a la gogó. Tú a ellas tampoco. Una de ellas hasta se da cuenta. Chula y provocadora te manda un beso. No te cortas, se lo devuelves aun más atrevida.

– Acércate a ver qué pasa -te susurro.

No oigo lo que decís, sólo veo que las dos te besan en los labios, un pequeño beso como de presentación. Volvéis la mirada hacia la gogó. Asientes con la cabeza sonriendo. Su mano agarra uno de tus pechos, como sopesándolo. Ni te inmutas. Luego coge la solapa de la blusa y la abre. Descarada mira dentro de tu escote. Creo que le estás enseñando tus tetas. Suelta un botón de la blusa y la abre un poco más. Su amiga casi mete su cabeza. Ni te abrochas. El canalillo de tus pechos es algo más que insinuante. La música cambia, la chica se retira y sube un chico musculoso, embadurnado en aceite. También un mini tanga que deja sus nalgas al aire. Vuelves a mi lado. No me cuentas de qué habéis hablado, simplemente coges mi mano y la llevas a tus pechos.

– Mira que pezones me han puesto esas dos guarras, y te colocas delante de mí haciendo que tu trasero se restriegue con mi paquete.

Tampoco quitas ojo al bailarín.  Menudo rabo que tiene, dices volviéndote hacia mí. El chico que está a nuestro lado te escucha y te sonríe, devuelves la sonrisa. Se ve que es gay. A los dos os gusta lo mismo. Tenéis cosas en común -te susurro en la oreja-. Menuda noche ibais a pasar con él… Atrevida le das conversación. Descarada le cuentas que no te importaría echarte un polvazo con ese semental… Ni a mí, contesta el chico riéndose. Me lo presentas. Me da la mano y acerca su cara. Me besa en la boca. Un “piquito” en los labios de saludo.

Tranquilamente habláis de cómo os gustan los penes. Los dos os lo coméis con los ojos. Reconozco que su paquete parece espectacular. No te cortas y preguntas por el suyo. Como si le conocieras de toda la vida se lo tocas. Parece que no le importa, ni se inmuta, como si no fuera con él la cosa deja que metas la mano por dentro de su bragueta. Luego tocas el mío. Los comparas. Él hace lo mismo, toca mi pene y el suyo al tiempo. El chico se vuelve a saludar a un conocido, ya has ligado me dices divertida. Nos manda un besito con la mano y se va. Nosotros volvemos a por otra copa. Brindas. Por una noche llena de pasión, dices. Los dos damos un largo trago y volvemos al mogollón. Ahora eres tú la que no esquiva los cuerpos, creo que hasta te rozas inintencionadamente. Vamos a la pista -propones. Sabes que no me gusta bailar y sabes mi respuesta. Adivino lo que estás buscando y lo que harás. Bailas, te mueves, coqueteas con todo el mundo. Te veo.

El chico gay se vuelve a poner a mi lado. La conversación es difícil con esa música tan alta. Sois un matrimonio muy raro, eso si lo escucho perfectamente mientras acaricia mi rabo. Me propone pasar un rato con él a solas, sin ti, pero lo rechazo. Se encoge de hombros como diciendo, bueno, tu te lo pierdes. Parece que no le importa, seguro que esta noche encuentra a alguien con quien pasar ese rato.

– Si cambias de opinión me buscas.

Vuelvo a mirar pero ya no estás. Desapareces. Al rato regresas.

– He ido al baño… -Tu mirada de pícara me dice que has hecho algo más.

Me quedo mirándote a los ojos y con mi mirada te lo pregunto…

–  … y me he quitado las bragas -reconoces, dices divertida.

Tal y como vas, no me extraña que me lo cuentes, antes solías hacerlo. Algunos días ni siquiera tenía que pedírtelo. Pero hay más… Lo sé…Te has metido en el de tíos, claro la típica excusa, el de mujeres siempre está muy ocupado. Bueno en este ambiente unisex tampoco es tan raro.

– Sigue guarrilla, ¿qué has hecho…? – Pues que estaba meando y abrieron la puerta. Se me quedó mirando hasta que acabé y se dio la vuelta. Dejó la puerta medio abierta y me las he quitado sin cerrarla. Había varios meando. – O sea, que te las has quitado delante de varios tíos…- Sí, supongo que me habrán visto el coño. Bueno, no pasa nada, yo a uno se la he visto entera cuando se la sacaba para mear. Así que estamos en paz.

-. Ya pero el no te ha enseñado el rabo y tú si les has enseñado tu coño… -. ¿Y quién te ha dicho a ti que no? -. ¡Qué guarra eres! ¡Cómo te gusta calentar al personal!

Te acercas a mí y me besas restregando tu cuerpo contra el mío. Imaginando la escena vuelvo a estar excitado. Sonríes… Delante de nosotros un tío soba descarado a su pareja. Te da envidia. Te picas. Quieres parecer más puta que ella. No sé que habrás hecho o qué te habrán dicho en el servicio, pero desde luego vienes muy caliente.

– Suéltame un botón de la blusa, que vean cómo me tocas las tetas.

El escote es más que generoso. Si te quito otro se te van a ver enteras. Vale, dices sin importarte. Y lo hago provocándote. Te sacas un poco la blusa de la falda. Así tiene más vuelo. Si se mueve la blusa el escote es total. Hay varias tías que están más o menos como tú, bueno alguna incluso más. Apuramos el cubata.

– ¿Otro? Espera, me toca ir a pedir a mí.

Se que tardarás. Te has estado exhibiendo delante de las fieras y ahora vas a meterte allí de cabeza. Te veo alejarte decidida, coqueta, provocadora. Regresas con un cubata en cada mano. Uno de tus pechos casi está fuera de la blusa.

– ¿Qué tal? -te pregunto poniendo la palma de la mano en tu coño. – Ummmm. Ten cuidado… que eso está que arde…. Arqueo las cejas en señal de interrogación. – Me han sobado todo lo que han querido. – Lo daba por sentado… Si es lo que ibas a buscar ¿no? – Ya, pero… ¿quieres que te lo cuente?

¡Qué cabrona…, cómo sabes excitarme!… Asiento con la cabeza. Te aproximas y disimuladamente me masturbas por encima del pantalón.

– Ufff. Ha sido demasiado. Según me iba acercando me iban metiendo mano. Había un grupo de tres tíos hablando y me metí por el medio. Uno empezó a tocarme el culo. Le sonreí. Que cómo te llamas y todo eso. Lo típico. Se presentaron y siguieron tocándome.

-Me comían los pechos con los ojos. Uno ya directamente, me ha metido la mano en el coño, pero por delante, a pelo, sin cortarse. Que si estaba sola, que si quería pasar un ratito con ellos… y venga a tocarme el coño, y el otro a meterme mano en las tetas. Les dije que estaba contigo y que sólo iba a por unas copas. Me dejaron pasar. Y para pedir, para que me viera el camarero, me he subido en el posapiés. Han seguido sobándome el chochito y uno, no sé quién me ha subido la falda por detrás. Me dice: -Tranquila, ni te muevas que no nos ve nadie. Me ha hecho sentir su polla entre mis nalgas. La tenía durísima y creo que era bastante gorda. Pensé que me la iba a meter allí mismo. Y el de adelante dale que te pego. Me preguntaron que dónde estaban mis bragas que si nunca llevaba y les dije que en el bolso.

-Si me las das te invito a las copas. Vale… Y mientras el de atrás la puso en medio de las nalgas, y empezó a moverse. Yo pensé, ya, ahora me folla aquí mismo. Pero no, solo la puso entre los carrillos y en menos de un minuto el muy guarro se ha corrido…

– ¿Y tú no? – ¡Claro que me he corrido! Imagínate. Uno tocándome el coño y el otro con la polla detrás, esperando que me la metiera en cualquier momento. Menudo morbo… Me he visto follada allí mismo, delante de todo el mundo…  Si no piden las copas por mí todavía estoy en la barra…  Luego me lo han propuesto…- ¿Qué le has dicho? – Nada. Les he vuelto a decir que estaba con mi marido y se han pirado, no me ha dado tiempo ni a proponérselo…

Tu mano ya hurga descarada en mi paquete. La tengo durísima, tengo que mandarte parar, si no yo también me voy a correr.

– ¿Te sigue gustando, eh? Me soban como a una puta, han estado en un tris de follarme y tú te excitas… cornudo… ¿De verdad quieres ver cómo me tocan otros tíos? ¿Quieres ver cómo les toco las pollas, cómo me las meto en la boca?

No te contesto, se que lo vas a hacer. Hoy por primera vez en tu vida lo vas a hacer. Sé que lo vas a hacer. Estás caliente a tope. Me basta ver tu cara para saber que estás decidida, que esta noche te vas a comportar como una auténtica puta. Apenas has comenzado a jugar y ya te vuelve loca el juego.

Miras a la pista, estás buscando a tu presa, escogiendo. Te veo deambular. Miras descarada y si no te gusta te vas a por otro. Hasta que te fijas en uno. Uno concreto. Algo te dice. Salís juntos a la pista. Bailas provocándole, enseñándole los pechos, frotándote con su paquete en cuanto puedes. Tus movimientos ya no sólo son sensuales, son lascivos, obscenos. Te estás ofreciendo como una puta hambrienta. Te rodea por la cintura y te junta a su cuerpo. Sujeta por las nalgas fuerza tus movimientos para que te frotes con su polla. Sonríes. Te morrea. Te soba los pechos en mitad de la pista. La conversación no es muy larga, tampoco tiene sentido. Sé que le has contado lo que quieres, y lo que tú quieres es hacer aquello que hablamos tantas y tantas veces hace tiempo, cuando nos divertíamos a tope y no poníamos ningún freno a nuestros juegos.

Te veo venir agarrada de su mano. La blusa está prácticamente abierta. Veo tus pezones excitados. Nos presentas. Me mira algo perplejo hasta que decide preguntarme extrañado ¿De verdad que no te importa? ¿Puedo follármela? Pregúntaselo a ella, le respondo seco. Lo que diga ella. Se que mi decisión no la va a importar.

– Como siempre, son ellas la que escogen, ellas las que deciden, me dice resignado, pero contento. Sabe que tiene tu consentimiento para joderte.

Por si ha caso, me lo vuelve a preguntar, pero ahora delante de ti y sobándote las tetas. La respuesta es la misma. Se encoge de hombros y dice: Vale. Satisfecho y seguro de lo que va a hacer te agarra por la cintura. Tú pones las condiciones, yo tengo que estar delante. No le importa. Hasta a mi me sorprende tu decisión, tu seguridad.

– Un segundo, ahora vuelvo.- ¿De verdad vas a dejarte follar por él?

Tu pícara y sensual mirada lo dice todo. Tu respuesta lo confirma… ¿Es lo que tu querías no?… Pues… ¿Una noche loca a ver qué tal nos lo pasamos? Aparece al minuto con una llave. – No sabía que existieran cuartos para…

Te corta en seco y te manda callar. Es un secreto. Son unos viejos almacenes. Si conoces al camarero, por una propina se los presta a determinados clientes, y él, naturalmente, conoce al camarero. Según nos dirigimos a la salida de la disco lo voy pensando. Aquello que habíamos hablado tantas veces lo voy a ver ahora. Te voy a ver follar con otro. Justo detrás de la salida de emergencia hay unas puertas que pone Privado. El cuartucho es bastante cutre. Las paredes algo sucias. Un par de cajas de refrescos vacías y estanterías llenas de polvo. Huele algo mal: a cerrado, a humedad.

Como si no estuviera allí, como si fuera una película, te veo remangándote la falda. Tu blusa ya está abierta de par en par. Te morrea, manosea tus tetas, pellizca los pezones y observa risueño cómo se te endurecen.

– Cuando tú quieras, bonita, dice con recochineo haciendo hincapié en lo de “bonita”. Creo que mentalmente te está llamando zorra. Yo por lo menos sí. Te giras y vuelves a colocar la falda. Ha caído un poco y tal vez te estorbe. Los dos miramos tus nalgas desnudas. Debajo asoman los carnosos labios de tu sexo. Le da igual que ya tengas algo de celulitis. Te va a follar y para él es suficiente. Veo envidioso como se relame de gusto. Tiene suerte. Yo nunca me he encontrado con una guarra como tú, ni en mis mejores tiempos se me han ofrecido así. Suelta el botón de su pantalón. Baja lentamente su cremallera. Pantalones y calzoncillos hasta las rodillas, y tú allí con los brazos apoyados en la pared, la falda recogida en torno a tu cintura, expuesta como una puta, preparada para recibir su polla.

Vuelves la cara, quieres ver la herramienta que te va a follar. Te entiende con la mirada y levanta los faldones de la camisa para que la veas bien. La tiene rígida, apuntándote. Se la sujeta por la base y la agita orgulloso de su aparato. Lentamente descubre su capullo retirando su piel. No está nada mal, le dices mirándola lujuriosamente. Claro que no está mal, ¡cacho puta! Es bastante más gruesa que la mía. ¿Puedo? Le preguntas con fingida timidez. Ni esperas la respuesta, te arrodillas y sujetas su polla por la base. Menudos huevazos le dices, admirándolos. Ufff… me vas a llenar el coñito… Tu lengua lasciva los lame enteros. Como una auténtica profesional subes despacio por el tronco hasta llegar al capullo. Vuelves a descubrirle por completo y dejas que sean tus labios los que jueguen con él. Intentas metértela en la boca. La abres todo lo que puedes y casi hasta consigues que se meta entera.

-Deliciosa, me dices sin dejar de acariciar sus cojones con las yemas de los dedos.- Pruébala.

No me lo sugieres, casi me lo mandas. No quieres que sólo la toque, quieres que yo también se la chupe. Que me coma la polla que te va a follar. Me pongo en cuclillas a tu lado, ni de coña me la voy a meter en la boca, pero no puedo resistir la tentación de tocarla.  Tengo que hacerlo, si no amenazas con vestirte y dejarlo. Tengo que ceder humillado. Tengo que chupar una polla para poder ver cómo me pones los cuernos. Al final de mala gana, le doy un par de lametones. Así no, dices prepotente. Me sujetas la cabeza y él la empuja dentro de mi boca. Mi boca es más grande y me entra más. Siento sus pelos en mi nariz.

Juntas tu cara junto a la mía. Cuando la retira de mi boca, tus labios se juntan a los míos. Me besas y haces que su capullo se ponga entre nuestras bocas. Nuestros labios, nuestras lenguas juegan con ella en medio. Tu la diriges, es lo que tu quieres. Ahora dame la tuya, me ordenas. Comienzas a chupármela, quieres que él también te vea comiéndote un rabo. Desde atrás te quita la blusa. Sin sacártela de la boca miras hacia arriba poniendo una tremenda cara de vicio, una auténtica cara de puta. Le indicas con la mano que se acerque. Sin dejar de meneármela se la agarras y directa a tu boca. A dos manos nos pajeas contemplando divertida nuestras caras de placer. Alternativamente chupas una y otra. Hasta intentas lamer las dos al tiempo.

Juntas los dos capullos, les frotas uno contra otro y los lames. Y vuelves a metértelas en la boca. Un poco cada una, aunque la de él la dejas descansar de vez en cuando. Tú me tienes que follar, le dices. No voy a aguantar mucho. Pones cara de satisfacción al saberlo. Soy el primero en correrme. Mi leche llena tu boca. Mientras me retiro, tú te estás preparando. Él se quita la camisa, tu la falda. Estás completamente desnuda. Otra vez la misma postura, pero ahora las piernas un poco más abiertas. Apuntándote con la polla soba tus nalgas. Manosea tu coño antes, incluso te mete varios dedos haciéndote gemir. A pesar del ruido de la música se escucha perfectamente su chapoteo en tu interior. Estás calada como una guarra. Tus pezones completamente de punta destacan de tus colgantes pechos. Parecen dos gotas de agua a punto de caer.

Parsimoniosamente separa los labios con los dedos y acerca su capullo. Te folla suavemente la entrada. Mueves un poco las caderas buscando una penetración más intensa. No lo hace, se limita a jugar con su capullo en tu orificio. Te está calentando aún más. Deja la cabeza de su polla descansando en tu interior. Sujeta los labios y te los abre aun más. Apenas se mueve unos milímetros. Jadeas complacida. No cabe duda, su juego te gusta. Sus manos recorren tus caderas, sus dedos se calvan en las nalgas, algún azote. Algún quejido por la sorpresa. Me guiña un ojo. Me mira algo burlón, como diciéndome, “no te lo pierdas, mira como me la voy a calzar”. Bruscamente, de un sólo golpe de pelvis, te la incrusta.

Te entra como un ariete. Tensas tu cuerpo y silencias un gemido. Un “joder…” de admiración sale de tu garganta. Lo hace una y otra vez. Te la mete hasta las bolas, luego se retira de tu coño casi hasta el final. La veo salir de ti húmeda, brillante. La veo entrar en ti poderosa, enérgica. Tu sexo se abre para recibir sus embestidas. No puedo negarlo, me fascina ver cómo te está perforando el coño. Una extraña sensación se apodera de mí. Nunca hubiera imaginado que iba a sentir eso. Ni en mis fantasías sexuales más morbosas. Cierras los ojos y abres la boca dejando escapar un prolongado suspiro. Jadeas a su ritmo. Tus pequeñas tetas bailan a su compás. Menuda escena. Yo mirando, el jodiéndote y tú acompasando tus caderas a sus embestidas.

Una fugaz mirada en mi dirección. Veo placer en tu rostro. Quieres que yo lo sepa, que tenga claro que vas a gozar con otra polla. Tus nalgas se tensan y tu respiración se acelera. Tus gemidos cada vez son más profundos. Sé que te vas a correr. Conozco perfectamente esos síntomas. Por primera vez te voy a ver gozar con un rabo distinto al mío. Un pequeño orgasmo te sacude. Él también se da cuenta. Me mira irónico, recordándome que es su polla la que te está haciendo gozar.

Sus embestidas se aceleran. Ahora el que se tensa es él. Jadea, contiene la respiración. Un empujón súper potente que casi te hace doblar los brazos. Es el primer chorro. Su jadeo es tan fuerte que parece un grito. Tú también gimes. Se retira y el segundo es más fuerte aun… Luego ya se queda dentro de ti, presionando con fuerza su cuerpo contra el tuyo. Pequeños espasmos recorren su cuerpo. Te debe estar regando hasta el útero. Me lo imagino. Sólo la saca cuando está completamente desinflada. De su pene fofo cuelga una gota… La recoge y se limpia la mano en tus nalgas. Nuestro juego apenas ha durado 15 minutos. Ya está hecho. Ha descargado sus cojonazos en tu coño. El placer ha sido breve. La experiencia muy fuerte.

Bueno ya estás follada por otro, ya eres toda una puta. Tu coño ya conoce el rabo de un extraño, alguien al que no volverás a ver en tu vida. Para él será un polvo más, una noche de suerte, algo increíble que contar a sus colegas. Para mí te habrás convertido en toda una puta. Un buen azote en el culo. Vístete -te dice. Abrimos la puerta del cuartito y vamos a la barra. Dice que va a devolver la llave al camarero, que ahora viene, aunque los dos sabemos que se va a pirar. Para qué quiere más. Ya te ha jodido y está satisfecho. Tranquilamente nos tomamos una copa.

– ¿Qué tal?, te pregunto.- No ha estado mal -me contestas un poco indiferente.- No parece que te haya hecho mucha ilusión.

Bebes distraída.

– Hombre… Tenía un buen rabo. No sé que decirte… Desde luego me ha perforado el coñito a conciencia, eso sí, pero ha sido un orgasmo pequeñito… Esperaba más… En fin, para ser la primera vez…”La primera vez” -resuena el eco de tu frase en mi cabeza…

Dudas. Bebes un trago y dices: aprobado, sólo aprobado.A nuestro lado se ha puesto un tío. Es grande, bastante más alto que yo. Nos mira, bueno más bien trata de mirarte. Seguramente nos ha oído todo.

-¿Y tú qué tal? ¿Te ha gustado?- Me ha excitado, tengo que confesarlo.- ¿Qué es lo que te ha excitado? ¿El ver cómo me tocaba, cómo me follaba?- Todo… aunque lo que más… ver con qué ganas te comías su rabo… eso me ha puesto a mil… ¿Y a ti?

Sonríes con picardía -Sí… el comerle la polla delante de ti ha sido muy morboso…  pero lo que más me ha puesto ha sido la forma tan brutal de taladrarme el coño. ¡Uff!… me la metía a tope, sentía como me pegaban debajo esos huevazos… Eso me ha puesto muy cachonda… pero ya te digo, sólo me he corrido un poquito… No te digo nada aunque sé que te has quedado con ganas de más.

Mientras sigues bebiendo la copa, insistes en que esperabas más, que hasta cierto punto te ha defraudado.  Pero yo sé que has sentido placer. Y lo has sentido desde la primera vez que has follado con otro. Ahora sé que te follarán, que te dejarás follar cuando te apetezca. Ahora sé que tu boca volverá a chupar pollas que no son la mía. Tu cuerpo ya no me pertenece en exclusiva. El de atrás se roza contigo. Disimuladamente, pero te ha rozado el culo. Vuelves la mirada coqueta, provocadora.  Se nota que aún estás algo cachonda, aunque lo único que te preocupe sea que tienes tu coño lleno de leche, que como tú dices, casi la sientes escurrir entre los muslos. Y sé que eso te excita aún más. Y mientras pedimos otra copa me lo confirmas, podemos repetir… cuando tú quieras, claro, dices como tratando de no enfadarme. Tu mirada suplicante me lo está pidiendo.

Jamás hubiera sospechado que serías capaz de hacer todo esto. No sé que pensar. De momento, mi polla está reviviendo. Sé que si volvemos a esta discoteca serás más atrevida y lanzada. Puede que dentro de nada te vea en una orgía. Puede que sea testigo de cómo algún súper dotado te destroce el coño. Puede que hasta el culo. Te oiré gemir, te oiré gritar mientras a lo mejor yo me cepillo a otra tía tan puta como tú. No puedo dejar de pensarlo mientras duermes a mi lado. Y eso que es nuestro primer día… La primera vez…

Nota: Esta historia es casi real. Está escrita por “encargo”. Unos e-mail, unas charlas por MSN y accedimos a escribir su experiencia. La corregimos entre O.M.F. y V.T. Luego nos dieron el Ok y os la enviamos. Que os guste. Y si alguien más se anima, aceptamos encargos, francamente ha sido muy divertido y morboso escribir este… ¿cuento?

Autor: a.e.c.

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