Me convertí en un salido

Ella estaba como loca, me levantó y empezó a comerme la polla, los huevos y hasta a chuparme el culo, me estaba volviendo loco, se metía mis huevos en la boca y me pajeaba salvajemente. Metió mi polla hasta su garganta y me corrí como un animal, ella se tragó hasta la última gota de mi corrida, y se pasó la lengua por los labios y me miró con cara de satisfecha, cada día me gusta más.

Hola amigos:

Soy un hombre de 33 años, casado, y desde hace unos meses, he descubierto el placer de la infidelidad y mucho que tiene que ofrecer una mujer madurita.

Como ya conté aquí hace un tiempo, casi sin pretenderlo, descubrí el fuego que mi vecina lleva dentro… Ella tiene 51 años, unas tetas fantásticas y sugerentes; unas caderas y un culo muy… apetitoso.  Desde el día en que pasé a arreglarle el ordenador, la cosa ha ido a más. Follamos en su casa, en el trastero y en cualquier sitio que surge, no todo lo que querríamos ya que los dos estamos casados pero nos las arreglamos…

Una amiga me anima a seguir contando mis experiencias con ella, así que sigo contándolas. Soy un hombre muy morboso e imaginativo, y con ella he descubierto una nueva dimensión, pues se pliega a todas mis fantasías y peticiones. Hace un tiempo tuve que ir a sacar unos billetes de tren a la estación de Delicias. Quedé allí con ella porque no estaba en su casa.

Le dije que viniese muy ligera de ropa y con abrigo. Cuando la vi venir, estaba sugerente, como siempre. Es alta, esbelta y muy apetecible. Llevaba el abrigo abrochado hasta el cuello, por lo que me la imaginé semidesnuda debajo del abrigo.

Le di un discreto beso en la mejilla (podía reconocernos alguien) y le dije susurrándole al oído que me dijera que no llevaba nada debajo. Me contestó que ni loca, y que dónde iba a habérselo quitado.  Así que le dije:

– Acompáñame…

Fuimos al parking donde tenía aparcado el coche, subimos y empecé a besarla y a comerle el cuello y las orejas, y cuando estaba empezando a calentarse le dije que se quitase la ropa…

Ella ardía de deseo… así que obedeció, mirando por las ventanillas por si venía alguien… se quitó el abrigo y rápidamente casi toda la ropa que tenía puesta, todo menos el tanga blanco que llevaba.  Cuando estaba preciosamente desnuda le hice ponerse el abrigo y salí del coche…, abrí su puerta… (Llevaba tanga y botas hasta la rodilla y el abrigo cubría casi todas sus piernas) y le dije que viniese conmigo…

Fuimos hacia el hall de la estación de nuevo, ella me dijo que le daba corte ir así, pero la tranquilicé agarrándola por la cintura y diciéndole que estuviese tranquila… que parecíamos un matrimonio normal…

Nos cruzamos con una pareja y luego con unos obreros de mantenimiento, y me volví loco imaginándome sus grandes tetas desnudas bajo su abrigo, a estas alturas ya mi herramienta estaba durísima. Ella estaba avergonzada pero excitada… Nos acercamos a unos lavabos y la hice entrar en uno de los reservados para minusválidos… (Supuse que estaría más limpio)… El baño era bastante amplio y limpio.

Sin medias palabras empujé su espalda hacia la pared y abrí su abrigo… ¡que hermoso espectáculo se abrió a mis ojos!…, empecé a besar su cuello, su pecho, sus tetas… su respiración se aceleró… sus pezones subían y bajaban al ritmo del deseo… se los mordía una y otra vez

Empecé a comerme sus tetas, a morder sus duros pezones, mientras con la mano echaba su abrigo hacia atrás y bajaba hasta su culo… seguí bajando hacia su ombligo, a su sexo depiladito… Ella estaba como loca, le bajé el tanga y metí mi cabeza entre sus piernas… Deseaba comerme su sexo, beber sus jugos… beber la leche de sus pechos…

Ella abría mucho las piernas para que yo pudiese meter bien mi lengua… le comía el sexo y el culo… metía mi lengua indistintamente por sus dos agujeros… estaba como loca… totalmente salida… empezó a gemir y le hice bajar la voz.

Ella estaba como loca…, me levantó y se arrodilló delante de mí…  empezó a comerme la polla, los huevos y hasta a chuparme el culo, me estaba volviendo loco, se metía mis huevos en la boca y me pajeaba salvajemente… Metió mi polla hasta su garganta y me corrí como un animal… ella se tragó hasta la última gota de mi corrida, y se pasó la lengua por los labios y me miró con cara de satisfecha…

Me vestí, se puso el abrigo y volvimos al coche donde volvimos a besarnos apasionadamente. Luego se maquilló, vistió y volvimos juntos a casa, ella con una mano sobre mi paquete mientras decía bajito, cada día me gusta más.

Cuando salimos del ascensor nos despedimos como si acabáramos de vernos en el portal, como dos vecinos que en realidad lo somos.

En casa, besé a mi mujer, mientras iba a ducharme, porque estaba muy sudado, le dije que había muchísima gente en la estación sacando billetes. La infidelidad me ha convertido en un salido.

Autor: Casado Joven

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