Su fantasía la hice mía II

Era tal la armonía de movimientos que ambos estábamos gozando intensamente. Podía sentir su verga entrar y salir desde la cabeza hasta la base de su miembro. El ruido que se producía al chocar sus testículos con mis nalgas era lo más excitante.

Agradezco a los lectores su voto a mi relato anterior lo que me ha motivado a seguir contando lo sucedido en esos tres días que estuve con Enrique.

Después de haber recibido una buena dotación de leche en mi boca, me recosté a su lado y me acurruqué en su pecho varonil; él por su parte, me abrazó de tal manera que podía sentir su satisfacción de esa primera experiencia conmigo. Nos quedamos así durante 15 minutos en los cuales le pregunté si había quedado plenamente satisfecho con la realización de su fantasía. Él me sonrió y lo que me dijo provocó que todo mi ser vibrara de emoción: “Me has dado la mejor mamada de mi vida, y derramarme en tu boca ha sido la realización de un sueño largamente esperado”.

Le di un beso amoroso y volví a tomar su verga dormida con mis manos la cuál había quedado totalmente humedecida. Ahora Enrique me preguntó a mí: “¿Y a ti? ¿Qué te ha parecido?”. Le respondí con la voz más sensual que pude imitar: “Me has hecho sentir una verdadera hembra en celo”. Como recordarán estaba vestido con lencería provocativa que me provocaba sensaciones increíbles.

Me levanté de mi lugar y caminé lo más provocativo posible, para que Enrique pudiera imaginarse en todo momento que estaba ante una real hembra. Él no resistió ante la provocación a mi forma de caminar y a la ropa que traía puesta y de un saltó me alcanzó, volvió a tomarme de la cintura atrayéndome a su cuerpo y pude sentir su verga nuevamente erecta, por lo que, sin ningún pudor, le restregué mis nalgas en su miembro. La escena era totalmente ardiente, Enrique me seguía abrazando por la espalda y acariciando mis senos, yo tomaba sus manos y le pedía que me los oprimiera fuertemente, lo que me provocó un gemido de placer y al mismo tiempo movía mis nalgas vigorosamente.

Enrique no resistió más, me condujo nuevamente a la cama y esta vez él tomó la iniciativa. Yo le dije que hiciera conmigo lo que quisiera que recordara que le había prometido ser su mujer en estos tres días que íbamos a estar juntos. Primeramente me pidió que me recostara de espaldas ya que como lo dije en el anterior relato, mi figura era totalmente femenina. Me acomodé boca abajo y Enrique se acomodó encima de mí, empezó a besar mi cuello lo que me hizo estremecer, podía sentir su lengua húmeda que recorría mi espalda por toda la espina dorsal. ¡Era una sensación increíble!

Desde ese momento, Enrique se mostró como un hombre verdaderamente complaciente dispuesto a satisfacer a la hembra en la que me había convertido. Su lengua se detuvo hasta el final de mi espalda y yo esperaba con ansias el momento en que me tomara de las nalgas y las abriera lentamente. Ayudé a Enrique parando lo más que pude mi trasero, lo que provocó una exclamación de mi amante ante lo que veía. Su voz se notaba bastante excitada cuando dijo: “En verdad pareces una mujer, tienes un trasero divino” mmmmmmm.

Mi reacción al comentario fue que levanté aún más mis nalgas lo que aprovechó Enrique para acariciarlas y separarlas. Me dijo con su voz excitada: “Mmmmmm, se ve que ese culito está más que listo para recibir una buena cogida”. Cerré los ojos en espera de sentir su miembro. Era tal mi deseo que le dije sin ningún recato: “¡Yaaaaa, por favor!… ¡Méteme tu vergaaaaaa!

Enrique me acomodó inclinado en la orilla de la cama, me pidió que abriera mis piernas y que levantara las nalgas, yo le obedecía ciegamente. Por la postura y la ropa que traía a Enrique se le ocurrió tomarme fotos, pero lamentablemente no traíamos cámara. Me imagino que esto lo puso a mil porque su verga estaba nuevamente erecta y muy rígida y esto lo comprobé al sentir, por primera vez, su verga dentro de mí. Era tal mi deseo ardiente de sentir su verga en mi culito que le dije que antes de meterla me permitiera darle una mamada para que con mi saliva pudiera estar lubricada.

Enrique caminó a un lado de la cama y, en la misma posición en la que estaba, le empecé a mamar con apasionamiento esa verga que pronto estaría muy dentro de mí. Trataba de dejarle rastros de saliva en todo su miembro, mi boca se abría de tal manera que su verga podía entrar hasta el fondo de mi garganta. Cuando me dí cuenta que ya estaba totalmente humedecida le dije a Enrique: “Hazme tu mujer”.

Él como un amante apasionado se volvió a mis nalgas y, abriéndolas lo más que pudo, me introdujo de un solo golpe su viril miembro.

El dolor que sentí fue desgarrador… a pesar de estar ensalivada la mayor parte de la verga de Enrique mi culito no estaba lubricado. Poco a poco el dolor iba cediendo ante el vaivén que su verga mantenía dentro de mi ano. El placer iba sustituyendo al dolor. Mi culo estrecho poco a poco se iba amoldando a la verga de Enrique.

Él por su parte me tomó de la cintura y empezó a cabalgarme con mayor ritmo. Empecé a moverme de atrás hacia adelante siguiendo su ritmo. Era tal la armonía de movimientos que ambos estábamos gozando intensamente. Podía sentir su verga entrar y salir desde la cabeza hasta la base de su miembro. El ruido que se producía al chocar sus testículos con mis nalgas era lo más excitante para seguir continuando con esa postura. Permanecimos así varios minutos hasta que Enrique volvió a venirse dentro de mí, ahora en mi culito…

Al sentir sus palpitaciones en mi interior yo apretaba mi culito para que dejara toda su leche que aún le quedaba. Cuando Enrique descargó todo su semen dentro de mí sacó su verga y los restos que se quedaron en ella le pedí que me los diera en la boca. Mientras lamía con mi lengua su pene flácido empecé a masturbarme y casi inmediatamente eyaculé. Tratando de imaginarme que era un orgasmo femenino. Ambos quedamos exhaustos, pero muy satisfechos pensando en lo que falta por hacer en los días restantes…

Espero sus comentarios…

Autor: Claudio_Gonzalez92

claudio_Gonzalez92@yahoo.com.mx

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