Viaje de graduación

Como esta historia es real, me tomé la liberad de cambiar los nombres y no identificar los lugares.

Mi nombre es Laura, conocí a mi marido, Pablo, cuando vine a estudiar a Buenos Aires, soy oriunda de un país Latinoamericano y el es de acá de Bs. As. Fuimos novios casi desde que nos vimos la primera vez, terminamos la carrera juntos y decidimos viajar a que Pablo conozca mi país. Recién terminada la universidad, no disponíamos de mucho dinero así que armamos nuestras mochilas pensando en viajar un poco en transporte público (ómnibus, tren o lo que sea, todo menos avión que no estaba a nuestro alcance) y no descartamos el auto-stop.

En uno de los tantos transbordo que hicimos nos equivocamos y terminamos en un paraje solitario a horas del lugar poblado más cercano. Lo único que había eran un puesto de policía caminera y una estación de servicio. Claro en lugar así los ómnibus pasaban una vez a la semana y tampoco había mucho tránsito. Hablamos con los agentes de policía y nos dijeron que lo más seguro era que viajemos en algún camión de larga distancia porque los demás seguro que desviaban en los caminos secundarios y nos íbamos a perder del todo. Ellos nos iban a parar alguno.

Así fue, al día siguiente nos recomiendan a un camionero que viajaba hasta la ciudad, no llevaba carga, sólo unos obreros que iban en la caja del camión bajo el toldo. Ahí pensábamos ir nosotros pero el agente les pidió si no me llevaban a mi en la cabina para que no me faltasen el respeto, los otros pasajeros llevaban varias cervezas en el estómago.
El camión era enorme, de esos con cabina para dormir y todas la comodidades para viajes largos, los choferes, dos, me miraron de arriba a abajo, medio me asusté pera como tenía la recomendación de la policía igual subí, me novio se despidió y subió a la caja que cerraron con el toldo para que no traguen tanto polvo, la mitad del recorrido era camino de tierra.
Arrancamos pero antes de salir de la estación de servicio nos hace señas uno de los agentes que estaba de civil, paramos y se sube a la cabina.
-Justo empiezo el franco, me acoplo al viaje.
Me miró con toda la lujuria que se pueda imaginar, me sentí totalmente desnuda e indefensa.
Arrancamos otra vez y todo era silencio. A los pocos kilómetros el poli dice
-Supongo que les gusta el regalito que les hicimos?
-Bueno… se ve bien… vamos a ver si sirve. -Contesta el que manejaba.
-Que decís nena, cómo te vas a portar? -El milico.
Se me paró el corazón, ahí entendí que el regalito era yo…
-Se va a portar bien… no le queda otra… siempre va a estar mejor acá con nosotros que si la bajamos sola y la encuentran los negros cosecheros, cierto ricura. -y me pasa la mano por encima de hombro el otro camionero acercándome hacia él.
Forcejeo tratando de zafarme
-Soltá, están locos, si me tocan los denuncio en cuanto lleguemos, en el destacamento saben con quien viajamos, ellos nos recomendaron.
-Sí mi amor, por que pensás que estoy acá… no pienso perderme la fiesta.
-Esto es muy fácil… o te sumás a la joda por las buenas o te violamos y te bajamos sola en el monte, al gringuito de tu novio lo bajamos cuatro o cinco horas después, cuando se encuentren otra vez vos ya habrás sido la mujer de diez o veinte cosecheros, nos ponemos de acuerdo?
No tenía escapatoria, me iban a cojer, me quedé muda, las lágrimas me corrían por las mejillas pero sin un sollozo.
-Por favor no me lastimen -fue lo único que atiné a decir.
-No es la idea lastimarte sino todo lo contrario… queremos pasarla todos bien. -El milico me seca la cara con la mano y me empieza a besar.
Todo fue muy suave, no se abalanzaron como bestias… eso me descolocó… yo pensé ahora me arrancan la ropa y me destrozan toda.
No… despacio me fuero besando los dos, la boca, el cuello, las orejas, las caricias fueron apareciendo de a poco… los hombros, la espalda, el vientre…
Cuando llegaron a los pechos yo no se si estaba excitada pero si entregada, no pensaba en resistirme.
-Ves que nadie te quiere hacer daño, dale, sacate la camisa… eso es, muy bien… ahora el sostén, despacio, no hay apuro… nos calienta verte.
Me lamieron los pezones hasta que los tuve duros, jugaban con sus lenguas alrededor de mis aureolas que cobraron toda la sensibilidad posible, no se cuanto tiempo así hasta que sentí la primera mano en mi muslo, de lado interno, subiendo lento a la entrepierna. Me empece a maldecir por dentro a mi misma, por más que me resistiese me estaba calentando, -no podés ser tan puta!- me decía, no hubo remedio… me calenté… traté que no se note, que ellos no lo vean pero ahí estaban mis pezones parados y mi conchita mojándose.
-Me das los pantalones por favor -no se quien lo dijo pero yo obedecí sin chistar y quedé con mi tanga negra ya toda mojada, no había forma de disimular lo que me pasaba.
-Me parece que todos lo estamos pasando bien, verdad? -me preguntan tocando los jugos que se corrían por mi pierna. Cuando rozaron mis labios se oyó mi primer gemido.
-Ahora sí! Ya empezó la fiesta! -dijo el poli y se agachó a lamer mi conchita.
-Todavía no me dijiste como te llamás -me dice el camionero.
-Laura -le contesto entre ayes y suspiros.
-Bueno Laura, yo soy Manuel, ahora le vas a chupar la polla a Manuel -y se baja el pantalón presentándome la pija totalmente parada y latiendo, parecía que ya iba a acabar, la tomo en la mano y se movía, no era muy grande pero si dura y con la venas muy marcadas. La llevo a mi boca y la voy lamiendo de la base a la cabeza hasta que la meto y chupo con fuerza toda su pija dentro de mi boca, grita de placer y me agarra la cabeza para sacudirme haciendo entrar y salir todo su poronga hasta mi garganta, lo dejo hacer, yo estoy más concentrada en mi conchita que está siendo lamida con una dedicación que me enloquece, es como si me lo hubiera hecho desde siempre, conoce todos mis puntos sensibles, la unión de mis labios en donde tengo ese único rulito de bello que mi novio no me dejaba depilar –no quiero estar con una nena, ese pelito dejalo– me decía. Bajaba la lengua casi sin abrir esos labios y volvía a subir justo antes de llegar al culito, al subir un poquito más de presión para llegar a los labios internos y terminar en el clítoris que queda atrapado entre la lengua y los dientes, para soltarlo con un beso sonoro que me hace largar otro montón de jugos.
Con esto ni cuenta me doy que estoy chupando la pija de Manuel como la más experta de las putas, tanto que me dice
-Para que no quiero acabar antes de cojerte -y saca su pija y me da un beso en la boca con toda su lengua que sumado a la chupada que me están dando me hace acabar. Me siento horrible pero no puedo contener la excitación.
-Dásela que te la chupe Juan, es una maestra, mientras yo quiero cojerla.
-Bueno, pero vamos a la litera, igual Pedro no ve por el espejo.
Me acuestan en la litera y Manuel se mete entre mis piernas a chuparme y meterme los dedos y Juan, el poli, se desnuda y me pone la verga en la boca, no la tiene muy parada pero parece grande, el es medio indio así que tiene poco bello y la tiene oscura, con mucha piel, cuando se le pare y llene toda esta piel va a ser muy grande, pienso mientras se la pajeo con mi mano y dentro de la boca le paso la lengua. Estoy rara, ya no se si me siento violada, no me doy cuenta de que pasa, estoy gozando… Que pedazo de puta! El pobre Pablo atrás siendo cornudo por pensar en mi seguridad.
Cuando Manuel me mete un dedo en el culito ni me doy cuenta que está haciendo, con Pablo hace rato que hacemos sexo anal, pero este no es Pablo y yo ni enterada con dos o tres dedos en la conchita y uno atrás sigo chupando a Juan que sigue creciendo y yo aumento mis gemidos y jadeos, ya ni intento disimular… estoy gozando y ya!
Cuando Manuel me apoya la cabeza en los labios para entrar en mi concha ya tengo concha y culo totalmente mojados y relajados, el culito ya recibió toda su lengua y creo que hasta tres dedos, entre saliva y mis flujos todo resbala y entra sin problemas. Al sentir la pija de Manuel dentro de mi concha, aprieto los musculos de mi vagina y Manuel se enloquece
-Ay que putita sos como me agarras con esa concha, quien diría con la carita de santurrona que tenías al subir al camión -y me da adentro y afuera con todo y como yo se cerrar todos los músculos de mi vagina, a pesar de no ser una gran pija con lo dura y venosa que es me pone de la cabeza y me hamaco al mismo ritmo que él.
Con el entusiasmo de la cojida ni cuenta del tamaño que tenía la de Juan, como para para película porno, que pedazo de verga y yo en lugar de asustarme me calenté más y perdí todo control.
-Quiero que me cojas, quiero saber si puedo con toda tu poronga, nunca vi algo tan grande.
-A ver Manuel, haceme un lugarcito que me quieren adentro.
-Que te monte ella.
-Eso, vení subite.
Y allá voy yo, arriba de Juan y su cañón.
Me senté sobre esa pija despacio, tratando de que se moje y corra suave pero lo mismo me hizo temblar… no de dolor, la excitación era muy grande y yo estaba bien dilatada y lubricada, me hizo temblar el sentirme tan llena, todo estaba ocupado, me parecía ver en mi vientre el bulto de su cabezota, ni bien sentí que tocó mi fondo acabé con un grito y me arqueé primero hacia atrás para derrumbarme sobre el pecho de Juan que me abrazó y empezó a besarme y a bombear dentro mio, suave pero firme.
Así yo pegada al pecho de Juan, mi culito a disposición de Manuel que no perdió el tiempo y con los dedos bien ensalivados me dilató y se acomodó arriba para cojer mi culito.
-No, esperá que salga Juan -dije.
-Yo creo que no, que mejor si estamos los dos adentro, sino es como si estuvieras con uno solo y cojer con dos es cojer con dos, no con uno primero y otro después.
-En eso tiene razón -dice Juan.
Antes de que la pija de Manuel me toque el culito, la sola idea de tener semejante pijota en mi conchita y además otra en el culo me excitó de tal manera que tuve un orgasmo tan largo que ni sentí a Manuel entrar a mi culo. Cuando tomé conciencia nuevamente nos estábamos moviendo los tres al mismo ritmo, sentía las dos pijas entrar y salir, las cuatro manos por todo mi cuerpo, las respiraciones agitadas… volví a acabar.
-Te animas a cambiar? -dice Juan sofrenando el ritmo.
-Vos en mi culito? Sos muy grande, me lo vas a romper.
-Tengo lubricante… y por otro lado con lo que llevamos no vamos a durar mucho… un mete y saca rápido y acabamos los dos.
-Los tres querrás decir, porque la muñeca no se queda atrás.
-Jajajaj- nos reimos los tres y nos separamos despacio, yo tengo miedo de que la pija de Juan me de vuelta como a un guante.
Me siento sobre Manuel que entra fácil después del ejercicio con Juan y este me pone una buena cantidad de lubricante y con los dedos me abre el culo más de lo que había hecho Manuel. Yo me muevo despacio sobre Manuel con miedo por lo que está por venir pero como no se apuran me excito de nuevo y me aflojo. Entonces Juan aprovecha y apoya mi culito… se va abriendo de a poco y siento que entra un mundo por él… me abre los cachetes con las manos y empuja otro poco…
-Dejame entrar nena… la cabeza ya está… empujá vos… así… vamos… vamos… aflojá… ahora…-y empujó todo hasta el fondo. Sentí que me desmayaba, un dolor como si nunca lo hubiera hecho… después se aflojaron mis piernas y claro también mi culo… empieza el pone y saca, suave… está todo lubricado y me excito… me olvido del dolor… por un momento pienso en Pablo… tomamos ritmo… entran…salen…entran…salen….Aaaahhhhh!!
-Voy!
-Y yo!
Con lo chorros de ellos dentro mio voy yo también!
-Hijos de puta… que cojida que se mandaron! -grita Pedro golpeando el volante.
-Nos olvidamos de Pedro -dije mientras trataba de recuperar la respiración.
-A Pedro no le importa… le gusta mirar… y ahora en un par de kilómetros se baja Juan, yo agarro el volante y lo cojes a Pedro.
Se bajó Juan, Manuel tomó el volante y yo cojí con Pedro, no gran cosa después de lo anterior pero él estaba tan caliente que lo gozó un montón y yo… y yo también…

Tardé varios años en contarle esto a Pablo, estaba planeando un viaje al África y ahí se lo conté, en África tampoco hay buenos transportes y mucho hay que hacerlo a dedo por lo que me pareció que tenía que saber lo que había pasado…

Otro día les cuento el viaje por África…

Laura

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Hice realidad mi sueño

Yo estaba más feliz que nunca y empecé…la empujé levemente sobre mi cama que es muy grande y empecé a besarle el cuello bajando poco a poco hasta su ombligo, las ropas iban desapareciendo… misteriosamente… hasta que quedamos totalmente desnudos, ese cuerpo tan lindo que solo una chica de 18 años podría tener estaba a mi completa disposición.

Mi nombre es Miguel, conocí a Marisela hace algún tiempo atrás cuando ella apenas tenía 14 añitos, tan chiquita que era…sus padres la llevaron a vivir en el oriente lejos de la capital, a los cuatro años volvió al barrio y la vi… estaba tan linda y el tiempo había formado un buen par de tetas y un culito de lo más precioso, digno de un banquete.

Por las noches me pajeaba pensando en esas tetas ricas, blancas y bien firmes y en ese culito sin estrenar, un día la vi. En la piscina con un trajecito bien chiquito cosa que mi pene se erecto enseguida y tuve que hacerme el disimulado para que no me viera el bulto debajo de mi pantaloneta.

La invitaba seguido a mi casa a ver unas películas, a las que iba sin protestar ya que yo gozaba de la confianza de su madre y nos quedábamos por horas viendo tele y conversando, al disimulo le acariciaba las tetas ricas y su culito hermoso hasta que llegó ese día esperado…

Nos encontramos en la calle y la vi. Con un Jean apretadito y me dije:

-Hoy es el día… -¡Hola! ¿A dónde vas? -A mi casa pero mi madre no está así que estoy dando una vuelta hasta que me abra la puerta. -¿Y porque no vienes a ver una película en mi casa hasta mientras? -Pero no nos demoramos…-Claro que no, solo vas a estar un ratito

(La muy boba se creyó) en el camino fuimos cogidos de la mano como si fuéramos novios.

Al entrar en mi cuarto la abracé por la cintura y la atraje hacia mí y empecé a acariciarle el vientre, le metí poco a poco las manos por debajo de la blusa y ¡maravilla! Su piel era tan suave que me excité al máximo, quería cogerle las tetas pero ella no quería al principio, poco a poco se fue excitando y me besaba tan rico que pensé que me iba a morir como los viejitos con un paro cardiaco.

Ni prendimos la tele… Solo nos acariciábamos mucho y ella también empezó a desatarse, y le dije: Quiero tirar contigo, no importa lo que pienses, quiero cogerte y hacerte gozar como nunca.

Ella algo molesta me dijo: -¿Piensas que soy una puta? -No, no claro que no le dije, solo que cada vez que te miro pienso en ti y solo te veo sin ropa, y le conté lo de la piscina.

Me dijo, que yo también le gustaba y que tenía un regalito para mí…su virginidad…

Yo estaba más feliz que nunca y empecé…la empujé levemente sobre mi cama que es muy grande y empecé a besarle el cuello bajando poco a poco hasta su ombligo, las ropas iban desapareciendo… misteriosamente… hasta que quedamos totalmente desnudos, ese cuerpo tan lindo que solo una chica de 18 años podría tener estaba a mi completa disposición, llegó el momento y me pidió que tuviera cuidado.

Le coloqué la punta de mi verga (no la tengo tan larga pero es muy gorda) y empujé suavemente, sentí como las paredes de su vagina me apretaban más y más, seguí empujando hasta que todo quedó adentro, algo se rompió, la niña ahora era mujer y era solo para mi, empecé a bombearle al principio muy despacito, conforme se iba excitando más, ella gemía y gemía, hasta gritaba de placer y dolor, yo no lo podía creer pero empezó a moverse como toda una experta y yo quería más, le dije cambiemos de postura.

-OK ¿Cómo quieres? -Ponte en cuatro patas. -¿Pero no me dolerá? -Claro que no.

Entonces se puso en cuatro toda a mi disposición le acaricié todo, no hubo rincón de ella donde mis manos no hubiesen tocado, empezamos nuevamente y parece que le gustó más que antes, me decía: cogeme papi, cogeme más, más, maaaasssssssssss

Y yo seguía, quería más, hasta que ya no aguanté y tuve el orgasmo más espectacular del mundo me corrí en su culo y ella también tenía su segundo o tercer orgasmo, era su primera vez y había sido de lo más maravilloso, se vistió y se fue a su casa.

Al poco tiempo se mudó para otra ciudad pero hablamos seguido por teléfono y quiere repetir lo que estoy dispuesto a hacerlo con mucho gusto.

Espero que les haya gustado como me cogí a una de mis mejores amigas.

Autor. Gatito bello

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Mi Demonio

Yo no quería otra cosa en el mundo de sentir esa maravilla dentro de mí y él comiéndome enterita. Me dio un beso que sonó en mi cerebro, estaba muy caliente, agarré su polla con mi mano, despacito, subía y bajaba. Él quería hacerme suya, así que decidí sentarme encima de él, me fui metiendo su verga poquito a poco, sintiéndola, llenándome enterita y mi hambrienta cuevita se la deglutió.

Me llamo Paula y vivo en una pequeña ciudad de española. Tengo el pelo negro, rizado, unos ojos azules grandes y he de decir que no soy ninguna modelo de portada, más bien normalita, pero a lo que voy.

Todo empezó hará 7 años en octubre, entré en un chat para pasar el rato y conocí a alguien, un chico bastante mayor que yo, que en ese momento me pareció un chulito engreído, pero seguimos charlando durante un periodo de tiempo, hizo que cambiara de opinión, por lo que nos dimos nuestros correos electrónicos y así conocernos, todo hay que decirlo que hoy en día, es mi gran amigo, mi confidente y, mi amante.

Las conversaciones iban subiendo de tono, siempre eróticas, las cosas que nos haríamos y demás, alguna vez que otra nos poníamos la webcam y las llamadas telefónicas aumentaban, llegó un momento en el que era una necesidad encontrarnos, vernos cara a cara, tocarnos, olernos, y ese día, después de muchas dudas por mi parte, llegó.

Esperó a que yo saliera del trabajo y quedamos en un bar, yo estaba como un flan, nerviosa, me había puesto una camiseta blanca con escote, que él decía que le gustaba (me la había visto por la cam), allá fui. Él acababa de llegar y se pidió una cerveza, yo inmediatamente después, entré, le cogí por detrás de la cintura, y me miró, no sabía ni dónde meterme, le di dos besos y me sonrió, no podía hacer otra cosa que mirar hacia el suelo, ¡qué horror, con mis 27 años y estaba muerta de vergüenza! Él lo comprendió, porque yo ya le había dicho que era tremendamente tímida.

Hablamos de banalidades y decidimos irnos a una venta que había por la carretera, más tranquila, donde tendríamos más intimidad. Nos fuimos, tomamos otra y ahí me besó en la comisura de los labios, me encantó, pero a la vez, me entró pánico, terror… me dije: “Paula, espabila”. Acabamos las consumiciones y salimos fuera, nos metimos los dos en mi coche, me dio un beso, dos, tres, hasta que yo accedí y abrí mi boca para dejarle que su lengua jugara con la mía y así pasamos un rato, hasta que él me miró y me dijo que le encantaba mi olor, era como él se había imaginado, el tacto de mi piel le volvía loco, no podía más, quería hacerme suya, pero ¿dónde podíamos ir? Uffff ¡Me quedé muerta! Como no lo hiciéramos en el coche, difícil.

Ahí, mi terror, floreció, me negué en rotundo, él estaba muy excitado, pero a mí me podía la razón más que el placer. Aunque nos seguimos proporcionando caricias y besos, durante un rato, a riesgo de miradas indiscretas que hacían que yo permaneciera alerta y en tensión por lo cuál, no me dejaba llevar por el roce de sus manos en mi pecho que me ponía los pelos como escarpias, de repente, paré de golpe y le dije que se fuera. Como es normal, se enfadó, me dijo que si era lo que quería, que él se iría. Fue todo un caballero.

Alrededor de una semana pasó sin tener noticias el uno del otro, hasta que él, dio el primer paso y me habló, todo volvió a la normalidad, seguimos conversando por mail, por MSN, por teléfono, hasta que un día me dijo de quedar, que tenía libre, así que me eché a las armas y le dije que sí, que haríamos parecido al otro encuentro, primero a tomar algo y después…. ya pensaría algo. Pasó una semana, y llegó el día clave, yo estaba otra vez muy nerviosa pero quería estar con él, me apetecía sentirle, me sentía protegida ¿Por qué no?

Me pasé todo el día esperando su llamada, y después de estar pendiente del móvil, llegó, yo había preparado todo, la lencería, la ropa, la depilación… todo. Llegamos al bar y la verdad que yo estaba más relajada, todavía no se por qué. Cuando acabamos las consumiciones, me dijo: “Paula, y ahora ¿qué has pensado?” Le dije:

“Sígueme con el coche y no preguntes” Nos fuimos a un paraje alejado de la ciudad como a unos 15kms donde yo sabía que las parejas iban a retozar, pero no sabía lo que nos encontraríamos puesto que eran las 7 de la tarde, así que yo iba por inercia, pero a la vez dudaba. Aparcamos en una especie de descampado y nos bajamos del coche. Me abrazó por detrás y me besó el cuello, sabía que eso me ponía cardíaca. Me agarraba con fuerza, quería que yo sintiera su respiración, me di la vuelta como buenamente pude y le di un beso, se me quedó mirando sin decir nada, sólo se limitaba a sonreír, hasta que le dije:

“Niño no me mires tanto que me da más vergüenza” ¿No tenía otra cosa que decirle? ¡Otro ataque de vergüenza!, me senté en una piedra y él vino hasta a mí, se metió entre mis piernas, a él, ya se le empezaba a abultar el pantalón que llevaba… se apretó contra mí y yo notaba cómo crecía, me encantaba… me estaba dejando llevar, nos empezamos a besar, con pasión, sin prisa pero sin pausa, me besaba el cuello, me metió las manos por debajo de mi camiseta y yo por debajo de la suya, qué suavidad. Ya estábamos los dos perdidos, así que cogí el toro por los cuernos y me lo llevé a la parte trasera de mi coche, nos sentamos, de lado, y nos empezamos otra vez a besar, dirigió sus manos a mi pantalón para desabrochármelo, siempre despacio, como pidiéndome permiso, yo sólo le hacía gestos de aprobación.

Le ayudé a quitarme el pantalón, quedándome sólo con el tanga y la camiseta, pasándome la mano por la rajita, encima de mi tanga, ¡madre mía! pensé que me iba a dar algo, me ruboricé y él se rió, estaba muy húmeda ya. Separó el tanga, y me rozaba con sus dedos, yo gemía, cerraba los ojos, qué placer. Me quitó el tanga, me agarró por la cintura colocándose entremedias de mis piernas, me asusté, no pensé que lo fuera a hacer, pero… en un tris, hundió su cabeza en mi rajita. Jamás había sentido algo así, nunca me lo habían hecho de esa manera, su lengua jugando con mi clítoris, haciéndome gemir como una descosida… de vez en cuando me besaba, haciendo que probara mis jugos, otras veces me metía uno o dos dedos en mi hoyito, luego me los daba a degustar, como si fuera una piruleta, un manjar.

Me tenía fuera de sí. Él todavía estaba vestido, así que me dispuse a quitarle el vaquero, su miembro estaba durísimo, deseable, yo no quería otra cosa en el mundo de sentir esa maravilla dentro de mí y él comiéndome enterita. Me dio un beso que sonó en mi cerebro, estaba muy caliente, agarré su polla con mi mano, despacito, subía y bajaba, ya estaba muy, pero que muy excitado. Él quería hacerme suya, así que me decidí a sentarme encima de él, de rodillas, me fui metiendo su verga poquito a poco, sintiéndola, llenándome enterita y mi hambrienta cuevita se la deglutió.

Empezó a moverme despacio, notando cómo entraba y salía, cogiendo ritmo, así nos tiramos un buen rato, sintiendo los sudores del uno y del otro. Yo estaba ensimismada cuando de pronto. ¡Un coche aparca al lado del nuestro! ¡Qué susto! Menos mal que los cristales estaban completamente empañados y no se nos veía, rápidamente me bajé de él, y en ese momento el coche se fue y él me dijo:

“No somos los únicos que vienen a hacer sus cosas, así que relájate y sigamos disfrutando de nosotros”. Y así lo hice, me hice a un lado, le cogí la polla con mi mano y la empecé a agitar, arriba y abajo, él gemía, le miraba a los ojos, porque sabía que disfrutaba.

En un momento, él cerró los ojos, y le lamí el capullo, no se lo esperaba para nada, se asustó y todo, pero yo seguía, metiéndome su verga en mi boca, chupándola cual polo helado, sin dejar de palpar sus huevos.

Me encantaba oírle gemir y suspirar. Mientras, él no estaba quieto, metiendo sus dedos entre mis piernas, me hacía perder la razón. Seguimos, disfrutando, cuando él se corrió y yo lo hice inmediatamente después. Quedamos agotados, sudorosos, nos besamos, era nuestro sabor el que teníamos en la boca. Así callados por un rato, mirándonos… y nos empezamos a vestir, él tenía que irse y yo debía volver también a casa. Salimos del coche, nos abrazamos. Me dio un beso en la frente, y nos despedimos. De esto ya han pasado casi 4 meses.

Espero que te guste Demonio.

Autora: Paula

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Aventura de una noche

Estaba a punto de venirme, él se hincó colocando mis piernas alrededor de su cuello. Que manera de coger, que rico mete su verga en mi, ya no puedo más, voy a estallar, hizo que me viniera, él se salió de mi y empezó a jalársela tan rápido y acabó en un grito viniéndose sobre mis tetas que se las junté para que mojara las dos, se vino delicioso.

Me gustaría platicarte lo que me ocurrió cuando estaba mi pareja de viaje y yo me quedé sola 2 días en casa, él vino a trabajar y bueno, con tantos viajes de trabajo que tiene que hacer creo que tenía tarde o temprano de ocurrir algo así en nuestra relación.

Nosotros somos una pareja normal por decirlo así; desde hace 5 años con una separación en nuestra relación.

El tiene 25 años y yo 23, él de repente tiene locas ideas, pero creo que soy yo quien más desenfrenada ha sido durante este tiempo, que al mismo tiempo que sostengo una relación con él, lo he hecho con otros chicos, algunas veces le he hecho participe de ellas solo contándole. A él le gusta tener una mujer como yo que es caliente por naturaleza. Entre nuestras locuras hemos hecho tríos, pero esta vez fue diferente.

En la ciudad donde vivimos actualmente no hay tantos clubs, así que es un poco difícil contactar chicos, para que participen de nuestras aventuras sexuales. En uno de los pocos clubs de la ciudad le echamos el ojo a un muchacho que no tenía la facha de ser tan depravado, ups que horror, cuando lo vimos ya de cerca resultó ser el novio de mi mejor amiga.

A mi no me terminaba de convencer así que todo quedó ahí, solo en plática, entre mi pareja y yo, imagínate si se enterara mi mejor amiga de esto, moriría de la pena. Pero pues no perdimos tiempo, platicamos con él y le propusimos que participara de nuestro trío…él aceptó, mi galán y yo siempre estamos de acuerdo con quien vamos a estar, pero esta vez mi pareja tuvo que irse de viaje de imprevisto y yo no lo pude acompañar, creí que nuestro trío terminaría… Pero al día siguiente él me llamó. Si el novio de mi amiga, que es muy amable, me dijo que podía estar con él sin importar si estaba mi novio o no, al fin que no tenía nada que hacer y que mi mejor amiga para rematar también estaba de viaje.

Mientras, mi pareja estaba de viaje algunos días. El novio de mi amiga llamó por la noche, un poco tarde, diciéndome que tenía problemas que quería platicar. Ahí me di cuenta que no le era indiferente, que solo era un pretexto, fue a mi casa, platicamos y platicamos por horas, a las tantas horas casi me besa; yo no dije nada.

Se ponía un poco complicado el asunto. A mi ya no me parecía tan indiferente, y yo también empecé a coquetearle un poco. Al día siguiente me invitó a tomar unas copas a un bar, yo estaba un poco cansada pero al final terminé aceptando y aquí empezó todo. El brindaba conmigo y me veía con un toque de malícia, un poco pícaro que a mi me estaba poniendo nerviosa. Marcy, mi amiga, creo que ni se imaginaba lo que estaba pasando a su alrededor con nosotros, ella estaba lejos, al igual que mi novio.

Así pasaron un par de horas y circularon por nuestra mesa tres botellas de vino blanco, yo ya me sentía un poco mareada, regularmente no paso de cuatro copas pero esta vez el vino era buenísimo y la compañía mejor, empezaba a sentir cierto cosquilleo por todo el cuerpo; fui al baño y ya me sentía un poco pasada de copas, así que se me ocurrió refrescarme un poco poniéndome agua helada en el cuello, cuando sonó la puerta del baño y abrí.

Era el novio de mi amiga, a quien llamaré Gabriel, que me estaba apurando para irnos, yo salí de inmediato, pero cuando estuve cerca de él bastó para que me besara; mi primera reacción fue separarme, pero enseguida lo volvió a intentar y ya fue demasiado para mis fuerzas así que le correspondí, me dijo que lo esperara en mi casa, que solo iba a dejar a su primo que estaba en el bar y regresaba.

Ya en mi casa solo me dio tiempo de ponerme un poco cómoda: me puse algo corto, pensando de qué manera lo podía excitar más; esta vez era diferente, en un club conoces a las personas casi desnudas y esto no era así, yo ya traía un toque de más malicia; la verdad él es mucho mayor que yo, tiene 33 años y yo tengo 23. Me sentía tan excitada, era como una fantasía para mi estar con un hombre más experto…

Tocó el timbre y allí estaba él, sentí cosquillas en todo el cuerpo, por lo visto él no deseba parder tiempo, me llevó a la habitación y me tumbó en la cama, se puso sobre mi dejando caer todo su peso, yo sentía su verga y cada vez estaba más caliente, me sentía incluso impaciente por que me penetrara, seguíamos besándonos y cachondeándonos, me quitó la camisetita dejando al descubierto mis tetas, se las quería comer todas, iba de una a otra rápidamente parando mis pezones de inmediato y calentándome cada vez más.

Yo le agarraba las nalgas apretándolo contra mi, poco a poco fui desvistiéndolo él seguía recorriendo mi cuerpo, ya me había dejado desnuda, comenzó a acariciarme entre las piernas yo se las fui abriendo cada vez más; estaba tan caliente que quería estallar, me tocaba tan rico, sus dedos eran muy ágiles, hacían que me mojara más, y yo gemía de placer, quería su verga, lo quería a él dentro de mi…

Me puso boca abajo alzándome las nalgas para comenzar a chuparme, sentía su lengua por todas partes, haciéndome que yo me moviera junto con su lengua, que rico me chupó, yo seguía deseando su verga así que me senté en la orilla de la cama y lo puse frente a mi para comerme entera su verga, él se puso tan caliente, le gustaba como lo hacía, éel empujaba mi cabeza para que cada vez me la comiera más, estaba toda en mi boca, le agarraba los testiculos y las nalgas, estaba a punto de venirse en mi boca pero se contuvo.

Me empujó otra vez a la cama yo le abrí las piernas para que viera lo que tenía entre ellas, no lo pensó más y se dejó caer sobre mi para penetrarme de un jalón, yo lo sentí tan adentro, sus testiculos pegaban en mi con su entrar y salir, empecé a gemir más fuerte, él lo hacía cada vez más rápido, sentía su verga dura, grande como entraba y se clavaba más fuerte cuando regresaba, qué placer, que caliente estaba, nos comíamos a besos, yo empujaba mi cadera contra él, estaba a punto de venirme, él se hincó colocando mis piernas alrededor de su cuello…

¡Que manera de coger!, que rico mete su verga en mí, ya no puedo más, me quiero venir, voy a estallar, no pares le decía, hasta que hizo que me viniera, él se salió de mi y empezó a jalársela tan rápido y fuerte que acabó en un grito viniéndose sobre mis tetas que se las junté para que mojara las dos, se vino delicioso… Me besó otra vez mientras se vestía, me dio un beso más de despedida.

Al día siguiente recordé mi noche de copas y en lo que había terminado, sólo pensaba cómo se lo confesaría a mi pareja; no sabía qué tal le caería la noticia, para mi era como una puesta de cuernos, era la primera vez que lo hacía con otro sin él. Cuando regresó quise platicarle de inmediato lo que había sucedido, él me escuchó detenidamente y muy comprensivo, solo me dijo ¿por que no me esperaste?

Ese día hicimos el amor como locos por horas, y me decía “cuéntame la historia otra vez”…

Comprendi que podía ser una mujer muy infiel y que mi novio gozaría cada vez que yo lo hiciera cornudo…aún más que compartiendo mi cama en un trío…ser infiel es lo que más le gustaba a él…

Autora: marianita_79

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Sueño cumplido, mi suegra

Le empecé a bajar el calzón, ella dijo todavía no, entonces te arranco le dije, si…si…si viólame, culéame, méteme la lengua en esta chucha que de ahora en adelante va a ser tuya cuando quieras. Le bajé los calzones, sintiendo su braga humedecida por los jugos que había ya estado botando, y viendo como los pelitos de su coño se desparramaban por entre su calzoncito.

Me llamo Alberto y conocí a mi esposa cuando yo tenía 33 años y nos casamos cuando cumplí los 36 y ella 24 años. Vivimos algún tiempo en un apartamento rentado y por esas cosas de la vida nuestros suegros nos ofrecieron un apartamento en la casa que ellos tienen por lo que decidimos cambiarnos.

Mi suegra es una mujer de 58 años llamada Isabel, cuando la conocí me impresionó su forma de ser jovial y agradable, además de sus voluminosos pechos y su bien dotado pompas, para su edad no esta nada mal, confieso que se me vinieron ideas locas después que la vi por primera vez.

Nuestra vida transcurrió normalmente en casa de mis suegros, pero un día que tuvimos una fiesta mi suegra se pasó de copas y en un momento dado se desapareció de la reunión, al buscarla yo la encuentro en el baño sentada en el inodoro y con los pantalones abajo, ese momento que vi su coño peludo, me propuse que sería para mi ya que parece que mi suegro no le atiende en la cama y a mi me encantan las mujeres maduras.

Superado ese incidente comencé con mi plan para poder estar con mi suegra, le hacía bromas, le hablaba en un tono subido, al principio como que no le gustó, pero luego y para tranquilidad mía parece que las cosas fueron tomando otro rumbo.

En mi trabajo pedí vacaciones por un mes y cierto día después de ir a dejar a mis hijos en la escuela, regresé a casa y para mi sorpresa mi suegro y mi señora habían salido a realizar unas gestiones en un Banco de la localidad, por lo que tardarían todo el día en regresar, al subir las escaleras oigo que mi suegra estaba duchándose y yo pasé directamente a mi departamento a acostarme un rato por lo que me desvestí y me puse una salida de cama, después de un momento oigo que tocan a la puerta y al salir veo que era mi suegra que venía con el pretexto de pedirme una taza de azúcar, por lo que le hice pasar a la sala hasta conseguir lo que me había pedido.

Fui a la cocina y la observaba desde allí ya que se había puesto unos pantalones ajustados y una blusa un poco escotada por lo que se veía sexy, ella sabía lo que tenía, entonces empecé a tener una erección y no podía controlarla, al salir de la cocina creo que mi suegra vio mi situación, pero no me dijo nada y empezó a conversar diciéndome que nos habíamos quedado solos, que ella estaba acalorada por eso había tomado el baño, yo armándome de valor le dije como broma que sabiendo eso era de que me llame para yo poder enjabonarle la espalda, a lo que mi suegra se sonrió y me dijo que era un tremendo, que me estimaba mucho entonces yo le pregunté: ¿sólo me estima querida suegrita? Y me acerqué un poco más adonde estaba ella.

Ella como que se asustó, pero yo me acerqué un poco más nuestros cuerpos ya se tocaban, entonces mi suegra me dice que le pasa, que es lo que quiere, yo ya sin poder contenerme le dije, yo le quiero a usted suegrita, pero no como tal sino como mujer, siempre me ha gustado y he soñado con estar con Ud. Me contestó, Alberto eso no puede ser, Ud. sabe que yo tengo a mi esposo, aunque ya no me satisfaga, lo que Ud. me propone no puede ser, mi hija es su esposa. Yo le contesté acercándome un poco más, suegrita no se preocupe tendremos nuestros encuentros cuando usted verdaderamente pueda sin que le pueda afectar a su relación con su pareja, pero yo quiero es más deseo estar con Ud. No Alberto, me dijo casi suplicando, entonces yo acerqué mi boca a la suya y le di un beso superficial, ella cerró los ojos y yo traté de meter mi lengua en su boca a lo que ella se resistió, me empujó y exclamó no, no y no, pero yo vi que hizo eso no con una verdadera intención sino más bien, para que yo piense que se estaba portando honesta.

No te resistas, aprovechemos ahora que estamos solos le dije. No me tientes, respondió tuteándome por lo que yo pensé esto se esta componiendo. Déjate llevar por el instinto, por la pasión contesté, acercándome a ella.

Ella bajó la vista y vio que mi bulto estaba creciendo, a lo que respondió: Alberto si pasa algo entre los dos, prométeme que no lo contarás a nadie. No mi suegra linda le respondí y me abalancé sobre ella, uniendo nuestros labios desaforadamente. Empecé a besarle el cuello, las orejas, las manos mientras acariciaba sus nalgas pronunciadas, ella como que se quiso resistir al principio, pero luego metió sus manos por entre mi bata de dormir, me acarició los pechos y despacio muy despacio empezó a sobarme mi pene por encima del calzoncillo. Ya no aguanto suegrita balbuceaba ya, al tiempo que seguía besándole en la boca oyendo su respiración entrecortada y sus gemidos que cada vez se hacían más fuertes y prolongados, parecía que empezaba a excitarse de sobremanera.

Tanto tiempo sin sentir esto me dijo, sigue queriéndome cabrón, quiero ser tu zorra este día, culéame como nadie me lo ha hecho, dame verga por donde nunca he recibido repetía. Yo estaba a punto, por lo que empecé a desabrocharle la blusa, ella me abrió la bata quedándome solo en calzoncillos con la verga bien parada. Pégame una mamada de la verga le dije, ella respondió yo nunca he hecho eso, me parece asqueroso, cogí su cabeza y la hice bajar hasta que esta quedó a la altura de mi verga, métete en la boca putona y lámeme le respondí, ella con timidez al principio fue metiéndose mi tronco, después de un rato empezó una mamada genial. ¿Te gusta verdad?, dije. Si mi cabrón, decía mientras me pegaba unos lengüetazos de fuego. No que no sabías hacer esto comenté. No sabía pero tú te mereces esto y más dijo.

Ahora que no hay nadie salgamos a culear a la terraza de la casa propuse. Si mi rey, voy a traer la alfombra de la sala para tenderla y vamos a seguir culeando arriba comentó, mientras se le notaba lo excitadísima que estaba. Salió moviendo sus caderotas, luego de un momento subimos a la terraza, yo le iba abrazando por detrás y sobando mi verga en su hermoso culo. Espera ya llegamos, yo también estoy arrecha dijo.

Tendimos la alfombra, acto seguido empecé de nuevo a besarla, le saqué suavemente el sostén y empecé a mamarle las tetas, ella se retorcía de placer mientras jadeaba. Mmmmmmmm, que rico sigue papito, destrózame, introdúceme, hazme sentir lo que no me ha hecho sentir nunca el cabrón de mi marido, mijito… agggggggg, assiiiiiii, dame tu verga decía. Ya mi suegra linda, sígueme diciendo cosas bonitas, no te calles, te voy a culear como nunca te han hecho, pero no solo esta vez, quiero que seas mía siempre que yo quiera, porque tu culo me tiene loco le decía yo.

Si mi culeón, me he estado perdiendo algo increíble, ya se me iba a cerrar el chocho, porque no me dijiste antes que querías este cuerpo, de ahora en adelante cuando yo quiera esa verga va a venir a perforar esta concha, balbuceaba.

Le empecé a bajar el calzón, ella dijo todavía no, entonces te arranco le dije, si…si…si viólame, culéame, méteme la lengua en esta chucha que de ahora en adelante va a ser tuya cuando quieras. Le bajé los calzones, sintiendo su braga humedecida por los jugos que había ya estado botando, y viendo como los pelitos de su coño se desparramaban por entre su calzoncito.

De un tirón rompí sus bragas, eso le excitó más porque empezó a jadear más fuertemente mientras decía quiero esa verga dentro de mi, dámela no me hagas sufrir, introducemelaaaaaaaaaaaaaaaaaa. Yo bajé pasándole mi lengua por su boca, sus pechos, su ombligo, su mata de vellos hasta llegar a su “hueco” el cual estaba mojadísimo, procediendo a introducirle mi lengua oyendo un chillido de placer de mi suegra que me decía asiiiiiiii papito, que rico, sigueeeeeeeeeee dame mássssss, no te detengas, me esta saliendo un líquido por la concha que es eso, explícame, pero sigueeeeeeeee hazle bailar a esa lengüita rica rica en mi cuca, aggggggg… mmmmmmm… que ricura.

Eso que te está saliendo es porque es la primera vez que estás gozando como es debido, mueva un poco su culito para que mi lengua juegue más en su concha le dije. Si mi amor pero siga, yo también quiero mamarte me dijo. Entonces yo me di la vuelta, poniendo a la altura de su cara mi pene, ella me sacó los calzoncillos y empezó a introducirse la verga en su boca. Me vengo le dije, agggggggggg que rico que has sabido mamar, suegra zorra, sigue mamando así, mmmmmmmm y le solté la leche en su boca. Ella empezó a lamerme y quitó de mi pene todo vestigio de leche, siguió en la mamada y mi verga empezó a recobrar su dureza.

Ahora méteme mijo, soy toda tuya decía, dame ya esa rica verga, dale a tu suegrita, entonces yo me acosté y ella como una experta puta se ensartó la verga en su chocho y empezó a cabalgarme. Agggggggg. Asiiiiiiiiiiiiiiiiii, sigue, dame más no pares, méteme hasta el fondo mmmmmmmm, quiero mássssssssssssss chillaba mientras se retorcía de placer. Si mi suegra linda te voy a culear todos los días pero sigue culeando, mássssssss, mmmmmmmmmmmmmm, ohhhhhhhhhhhhh, gemía yo mientras ella seguía metiéndose mi verga.

Me voooooooyyyyyyyyyyyyyyy dijo, agggggggggggggggggg, que rico gritaba quiero más vergaaaaaaaa, ahhhhhhhhhhhhhhhh y me chorreó con todos sus líquidos en mis piernas. Yo también en ese momento terminé abrazándonos y chillando juntos como si nunca hubiéramos tenido sexo.

Estuvo genial dijo, ahora si vistámonos antes que venga alguien, yo le dije nooooo, quiero seguir haciéndote el amor ahora que estamos solos, a lo que contestó golosoa y de nuevo empezó a chupetearme el pene. Esa es otra historia que pronto les contaré, como aquella otra en la que dejó el local que tiene ella al cuidado de su marido mientras nosotros dábamos rienda suelta a nuestra lujuria. En un motel, que por cierto era la primera vez que conocía mi suegra.

Autor: Soñador

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La directora comercial

Me lancé a sus brazos y lo empecé a besar, estaba muy excitada, él respondió mis caricias y poco a poco se fue calentando tanto como yo. Le desabroché el pantalón y me senté en el escritorio, lo jalé hacia mí y sacó su pene, al acercarlo a mi maraña de pelos, entró muy fácilmente ya que estaba muy mojada por tanta excitación y me desvirgó de un tirón, yo al sentir tremenda embestida sólo pude morderle fuertemente su hombro.

Cambiaré nombres para evitar problemas con la persona a la que quiero…

Soy Laura, trabajo como directora en una proveedora de capacitación empresarial, tengo 36 años y soy soltera, nunca me he casado… soy de cuerpo promedio, de cabello negro, piel blanca y originaria de Coahuila.

Todo comenzó cuando él llegó a trabajar aquí, Carlos “mi niño”, como lo llamo, tiene 29 años, es casado, fiel a su esposa y es un chico muy lindo y tierno, varonil y con un intelecto envidiable, mide aproximadamente 1.75, pesa como 78 kg, atlético, ojos verdes y cabello castaño claro. El me apoya en las labores de mi dirección y le tengo mucha confianza, yo he triunfado gracias a él y al apoyo que siempre me brinda…

Cierto día yo estaba triste porque ya soy mayor que él, y no estoy casada… él llegó para entregarme un reporte que le había pedido el día anterior… entró a mi oficina en su traje azul naval, camisa blanca, corbata oscura y su cabello corto, muy bien arreglado… yo iba con mi blusa café de cuello alto y mi pantalón de traje sastre color café claro…

Ese día pasó por mi mente el seducirlo e intentar algo más…

Al salir de mi oficina cerré la puerta y me quité el sostén, y mi panti, me volví a colocar la blusa y mi pantalón y lo llamé para que me ayudara en algo que nos había solicitado el director…

Entró y le dije: “ponte cómodo porque esto va para largo…” se sentó y como un caballero me escuchó el plan de mercado que estaba inventando… yo me le acercaba mucho hasta que notó que no traía sostén… se sacó de onda, me levanté para sacar una pluma del cajón e hice que notara que no traía panti… se puso nervioso y empecé a notar que se le hacía un bulto en la entrepierna… para mi mala suerte me llegó una llamada de una amiga y él respetuosamente me dijo que regresaba para que pudiera hablar… “chin, ya se me cebó”… pensé.

Ese día ya no intenté nada, me frustré, al día siguiente yo fui a trabajar con una blusa azul y ahora si se notaba más mi escote… siempre la ajusto con un segurito para evitar que se abra y se vea mi sostén… ese día llegué a la oficina como a las 9:30, entré y me quité el sostén y el segurito… le mandé a hablar y llegó… nos pusimos a revisar y le dije que me ayudara porque mi computadora estaba fallando, él se acercó por mi espalda y como estaba sentada y mi escote muy abierto estoy segura que él me vio hasta los pezones, hecho que me empezó a excitar…

Me levanté y le rocé su paquete, creo que lo puse a mil… se sentó en mi lugar y yo lo tomé de los hombros y me inclinaba para ver lo que estaba haciendo, sentí cómo se ponía nervioso cuando de reojo miró mis pechos blancos… y su pene creció y creció…

Como no decía nada me separé de él, salí de la oficina y le dije a mi secretaria que no estaba para nadie que iba a ver unas cosas con “Carlos” en la oficina, que hiciera como si no estaba…

Entonces volví a la oficina y cerré al puerta con llave… caminé por detrás de él y me desabroché toda la blusa… él no se percató porque estaba metido en la computadora… me desvestí por completo y cuando él volteó peló sus hermosos ojos verdes y me miró, se levantó rápidamente y tartamudeante me dijo… pero Laura…

No lo dejé terminar, me lancé a sus brazos y lo empecé a besar… yo estaba muy excitada… él respondió mis caricias y poco a poco se fue calentando tanto como yo… le desabroché el pantalón y me senté en el escritorio, lo jalé hacia mí y sacó su pene… blanco, largo y gordo… con los vellos recortaditos…

Al acercarlo a mi maraña de pelos, entró muy fácilmente ya que estaba muy mojada por tanta excitación…. me desvirgó de un tirón, yo al sentir tremenda embestida sólo pude morderle fuertemente su hombro…

Comenzó el jaleo y yo me mordía los labios para no gritar de excitación…

Mi cueva del amor recibía muy caliente y húmeda cada entrada y salida de ese increíble trozo de carne palpitante que le daba tanto placer, notaba cada arruga de su piel como recorría todo mi túnel, los años que me había perdido de algo tan maravilloso, me corrí dos veces con la verga de mi niño, quería, necesitaba ese placentero desahogo, su vitalidad me incitaba a correrme de nuevo, y lo logramos los dos juntos…

Fue algo muy hermoso, nunca creí que llegaría a gozar tanto…Por supuesto que seguimos en el tiempo con nuestros “encuentros” a escondidas de su mujer, en uno de ellos lo hice tremendamente feliz cuando le di mi culito, también virgen, lo merecía…

Autora: Laura

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Doña Adriana

La mujer se montó en mí y se empaló en mi verga comenzando un movimiento que me volvió loco. Ella subía y bajaba en toda la longitud de mi pene y en muy poco tiempo llegó a un segundo orgasmo que la sacudió, no se detuvo y siguió en su movimiento buscando provocar mi culminación, antes de conseguirlo, fue ella misma la que alcanzó un tercer orgasmo, que la dejó realmente sorprendida.

Hola. Soy Amadeo otra vez. ¿Me recuerdan? Ya les conté la historia de mi desvirgada en brazos de mi vecina, mi aventura con una turista a la que conocí en la Oficina de Correos, y la fechoría que cometí con la esposa de un anciano vecino. Ahora les contaré algo más.

Doña Adriana era la hermana de doña Margarita. Era una mujer de 58 años, más alta que su hermana, un poco más delgada y, ¿por qué no decirlo?, mejor formada. Ella también era amiga de mi abuela y frecuentaba mucho a su hermana. Después de unos días, doña Adriana comenzó a acercarse más a mí y a mirarme de manera insinuante.

Ignoro lo sucedido, pero me imagino que entre las dos hermanas se habrían hecho alguna clase de confidencias. Por ello, no me sorprendió cuando doña Adriana habló con mi abuela y le dijo que estaba dispuesta a pagarme para que yo la ayudara a pintar la sala de su casa. Instantáneamente, tuve la corazonada de que aquello no sería solamente una sesión de brocha gorda y me sentí encantado cuando mi abuela accedió.

El siguiente sábado, llegué a la casa de doña Adriana y me llevé tamaña sorpresa al ver que la sala de su casa estaba recién pintada. Aún se sentía el penetrante olor de la pintura por la habitación.

– Parece que ya el trabajo está hecho -le dije. – Le pagué a un pintor para que lo hiciera -me respondió-. De ese modo, tú y yo podremos aprovechar mejor el tiempo. Pero no te preocupes -agregó-, te pagaré lo convenido.

Doña Adriana me tomó de la mano y me llevó hasta su habitación. Caminó unos pasos de espaldas a mí y luego se dio vuelta. Tenía la blusa abierta, el sostén zafado y me mostraba libremente sus pechos, grandes, algo caídos y flácidos con unos impresionantes pezones en la punta.

– En realidad lo que yo quiero -dijo vacilante-, es que me hagas el amor… como se lo hiciste a mi hermana.

Yo quedé desconcertado, ya que no esperaba tanta franqueza. Sin esperar mi contestación, se acercó a mí y me besó en los labios. Estaba enfebrecida. Yo le devolví el beso, primero con suavidad, pero luego me dejé contagiar por su pasión. Nos besamos con furia y sin esperar su permiso, la agarré de los pechos y se los acaricié. Doña Adriana retrocedió hasta la cama y se dejó caer de espaldas. Yo caí encima de ella y la besé nuevamente en la boca y luego bajé a su cuello y sus hombros, para finalmente entretenerme largamente besando y chupando sus senos y pezones.

Me sentía preso de la fiebre y bajé en mis caricias hacia su vientre. Después de despojarla de su ropa interior, no pude resistir la tentación de centrar mi atención en su monte de Venus. Lo besé con pasión y metí mi cara profundamente entre sus muslos, para dedicarme a lamer su vulva con ansiedad. De pronto, no resistí más y suspendiendo mi labor, me desnudé con rapidez, dejando libre mi pene, que ya estaba duro como un garrote.

Al regresar a ella, dejé de lado los preliminares. Apunté mi verga dura y ansiosa hacia la entrada de su vagina que se encontraba completamente húmeda y, empujando con fuerza, logré penetrarla en su totalidad.

Doña Adriana gimió de placer al sentir que yo estaba totalmente adentro de ella y sin vacilaciones comenzó a moverse con rapidez. Yo me sentí en la gloria y me acoplé al movimiento que ella hacía. En muy poco tiempo los dos estábamos al borde de la culminación. Ella empezó a moverse descontroladamente, al tiempo que gemía y resoplaba.

Con mi verga totalmente adentro me movía buscando el máximo placer para ambos. Tendido sobre ella, en medio de sus piernas, apoyándome en ambos brazos, mi verga entraba y salía de su vagina como un émbolo de carne. La temperatura en ambos iba en aumento y, por su respiración entrecortada, pude adivinar que su final estaba cerca.

– ¡Ya! ¡Ya! ¡Yaaaaaaaaa! -gritó en el momento de su orgasmo, que disfrutó como una yegua en celo.

Yo no me detuve ni un segundo y seguí en mi delicioso “mete-saca” sin interrupción, hasta que unos quince segundos más tarde me vine también, de una manera bestial.

Me derrumbé sobre ella resoplando, al tiempo acezaba como si hubiera corrido varios kilómetros. Doña Adriana me besó tiernamente y con sus manos me sobaba suavemente le espalda. Me di vuelta en la cama, a su lado, y nuestros cuerpos se desconectaron. Ella me miró con ternura y me dijo palabritas dulces al oído. Apoyó su cabeza en mi hombro y comenzó a decirme lo mucho que yo siempre le había gustado.

– Sin embargo -me dijo-, desde que mi hermana me confesó su aventura contigo, te convertiste en una obsesión para mí.

Luego me contó que ella había sido una mujer bastante fogosa en su juventud y que había visto frustrados sus deseos por un marido que rara vez la hizo llegar al orgasmo. Y luego vino la viudez, que la había obligado a una total abstinencia carnal.

– Siempre que lo desee, yo estoy aquí para complacerla -le dije-. Y no es necesario que me pague -agregué.

Doña Adriana me miró con ternura y comenzó a besarme, logrando que mi pene mostrara una nueva e incipiente erección. Me acarició el glande con la mano y luego lo introdujo en su boca, iniciando una serie de caricias orales que me pusieron totalmente duro y deseoso de disfrutar del placer una vez más. Y se lo dije francamente.

La mujer se puso en cuatro patas y se empaló en mi verga erecta, comenzando un movimiento de atrás adelante que en poco tiempo me volvió loco. Creo que sólo por el reciente orgasmo pude aguantar. Ella se deglutía en toda la longitud de mi pene y en muy poco tiempo llegó a un segundo orgasmo que la sacudió con potencia. Sin embargo, no se detuvo y siguió en su movimiento buscando provocar mi culminación.

Sin embargo, antes de conseguirlo, fue ella misma la que alcanzó un tercer orgasmo, que la dejó realmente sorprendida. Poco tiempo después, yo fui el que culminé con gran furia y placer.

Desde ese día, doña Adriana siempre buscaba algún pretexto para que yo llegara a su casa, con el consentimiento de mi abuela, que nunca sospechó nada. Y de más está decir, que para mí eran francamente especiales aquellas largas sesiones de amor y placer.

Autor: AMADEO

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Gozando con mamá

Se metió el glande entre sus labios acariciándolo con la punta de la lengua, de improviso se lo introdujo completo en su boca iniciando una mamada infernal lo que hizo que mi polla soltara un verdadero torrente de leche. Ella siguió con mi nabo en su boca, entonces la cogí delicadamente, le abrí sus adorables piernas y ella se encargó de introducírselo enterito en su conchita.

Mi nombre es Ángel y lo que me pasó nunca podré olvidarlo: soy miembro único de una familia acomodada lo cual me permite unas ciertas libertades amén de lo libertino y un poco obseso que yo soy.

Tengo 18 años, mido 1,78 de altura y soy bastante atlético pues practico bastante el fútbol además que se me da muy bien no obstante lo que más destaca de mi anatomía es mi no despreciable pene pues el angelito mide así como 22 cm. de largo y 4,5 de diámetro. (Mis amigas están encantadas).

Actualmente mi familia más directa la compone mi madre y yo pues mi papá murió de un infarto hace 14 meses.

Mi mamá actualmente cuenta con 38 años es alta mide 1,74 y con unas medidas de vértigo, calculo que aproximadamente tendrá 100 – 64 – 96. Tendré que medirla para saberlo con exactitud.

Es morena con un pelo color caoba y unos ojos azules que hace un contraste impresionante con lo moreno de su piel al mismo tiempo su mirada es muy penetrante e intimida a quien no la conoce, es así como consigue espantar a los moscones que de vez en cuando se le acercan, pues como procede de una familia extremadamente conservadora, al igual que la de mi difunto padre, todos verían muy mal que su hija y todavía nuera, se liara con alguien. La pobre está condenada a morir viuda.
De su anatomía es necesario destacar sus hermosos pechos. Son además de grandes muy duros como para enloquecer a cualquiera. Tiene un culo que sólo verlo marea y cuando va caminando es imposible despegar la vista de él. Sus piernas son largas y muy torneadas. Como se dice vulgarmente “Propicias para el manoseo”.

Pero vamos a la historia: Lo que ocurrió me lo creo porque lo estoy viviendo. Es una historia alucinante. Una tarde que tenía previsto jugar un partido de fútbol este se suspendió y como no tenía otra cosa que hacer regresé a casa para aprovechar y hacer unos ejercicios del Instituto que tenía pendientes.

Entré por la puerta trasera y me encontré la casa en un silencio total. Pensé que mi mamá habría salido, como me apetecía darme una ducha y el cuarto de la lavadora estaba abajo me desnudé, dejé mi ropa en el cuarto y en pelotas subí a mi habitación, pero al pasar por delante de la habitación de mi madre me pareció oír un gemido por lo que me paré en seco y me puse a escuchar qué es lo que estaba pasando.

La puerta de la habitación estaba medio abierta por lo que, con cuidado, me asomé un poco pero no veía nada, escuché de nuevo un gemido muy tenue y sentí miedo de si había pasado algo o alguien que no fuese mi madre estuviera dentro o, todavía peor, que alguien estuviese haciéndole algo malo a mi madre por lo que y sin pensar que estaba en pelotas con cuidado fui entrando en la habitación y en cuanto me acostumbré a la oscuridad lo que vi me dejó alucinado.

Mi madre se estaba haciendo una paja fenomenal, ella estaba espatarrada sobre la cama en pelotas y con un consolador de buen tamaño incrustado en su chocho. Con los ojos cerrados y con una mano dándole al consolador mientras con la otra se estrujaba las tetas estaba a punto de tener un orgasmo.

Yo al ver aquello me puse a mil y cogí mi polla sin pensarlo me hice una paja monumental que me corrí antes que ella yendo mi semen a parar al suelo. Cuando me di cuenta y ante la imposibilidad de limpiarlo pues me descubriría salí con cuidado de su habitación y me fui a la mía totalmente preocupado por lo que pasaría pues a mi madre le tenía un respeto infinito incluso algo de miedo y eso que siempre fue muy buena y cariñosa conmigo.

Me di un baño, me coloqué una bata y me puse a hacer mis deberes y como a las dos horas mi madre llamó a la puerta de la habitación si podía pasar que quería hablar conmigo yo preocupadísimo le dije que sí, ella entró y me preguntó que cuánto tiempo hacía que había llegado a casa, yo le contesté que como unas dos horas.

Me preguntó si había estado en su habitación y yo sin poder contenerme empecé a llorar, mamá muy cariñosa me abrazó y me pidió que me calmara pero yo seguía llorando, ella inconscientemente colocó mi cabeza entre sus tetas acariciándome con ternura pero yo también y muy conscientemente me di cuenta que sólo tenía la bata puesta y el recuerdo anterior saltó a mi mente como un tueno y mi instrumento comenzó a dispararse de una forma descontrolada.

Ella en principio no se dio cuenta y yo aprovechando la situación pues ya no pensaba en otra cosa como sin querer con la nariz separé su bata yendo a apoyarse directamente sobre sus tetas como quien no quiere la cosa y todavía llorando cogí con mi boca uno de sus pezones, ella dio un respingo y el primer impulso fue de separarse, pero como yo la tenía cogida de la cintura no consiguió desprenderse…

Al mismo tiempo el efecto de mi boca sobre su pezón y la sesión que había tenido anteriormente que todavía la mantenía caliente se dejó hacer, y siguió acariciándome la cabeza la cual cada vez apretaba más sobre su teta, yo poquito a poco fui bajando una de mis manos a lo largo de su espalda y cuando llegué a su culo comencé una suave caricia sobre sus nalgas.

Como ella se dejaba hacer osadamente y sin pensar en consecuencias deslicé mi mano bajo su bata inicié un suave frotamiento por el interior de sus muslos los cuales inconscientemente comenzó a separar hasta que mi mano entró en contacto con sus braguitas las cuales tenía ya muy mojadas.

En todo esto yo había dejado de llorar y ella gemía constantemente. No nos dijimos ni una palabra, solté totalmente su bata y mi boca inició un recorrido suave y continuo hacia abajo.

Cuando mi lengua llegó al elástico de sus braguitas, con los dientes se las fui bajando muy lentamente con el temor de que ella reaccionara y me diera de bofetadas pero eso no ocurrió.

Como ella estaba de espaldas a mi cama suavemente la recosté sobre ella le saqué totalmente las bragas y mi boca se apoderó de su chochito que en ese momento era un verdadero manantial, su olor era exquisito, su tacto suave y aterciopelado, el clítoris parecía como el pico de un gorrión pero de un color rojo intenso, duro y maravilloso, el pelo de su pubis rizadito y muy suave. Aquello no era un coño aquello era una obra de arte.

Con mis labios comencé a darle pequeñas chupaditas a su clítoris el cual cada vez se ponía más duro, deslicé uno, dos dedos en su agujerito entrando y saliendo a una marcha frenética con lo cual ella tuvo un orgasmo monumental.

Ella reaccionó y dijo… Pero hijo ¿qué estamos haciendo? A lo que yo contesté: mamá esto no es más que la relación de un hombre y una mujer maravillosa que esta condenada en vida por su familia.

Ella dándose cuenta de que su hijo tenía toda la razón del mundo dijo… Ven hijo mío que tú también tienes derecho a disfrutar, me quitó la bata que todavía tenía puesta y al ver mi pene casi se le salen los ojos de las órbitas ¡Caramba, hijo mío menudo monumento que portas entre tus piernas! Y yo todo este tiempo sin enterarme, se me abalanzó sobre el aparato y lo que hizo es para no olvidar jamás.

Comenzó un suave vaivén con sus manos de adelante atrás y al mismo tiempo se introducía el glande entre sus labios acariciándolo con la punta de la lengua, después de un buen rato y de improviso se lo introdujo casi completo en su boca iniciando una mamada infernal lo que hizo que mi polla soltara un verdadero torrente de leche.

Ella siguió con mi nabo en su boca y éste no perdió la potencia en absoluto, seguía de empalmado igual que antes, entonces la cogí delicadamente, le abrí sus adorables piernas y ella se encargó de introducírselo enterito en su conchita.

Empezamos un ritmo cadencioso de mete y saca, los dos comenzamos a acelerar paulatinamente los movimientos, mamá empezó a gemir y a gritar, yo bufaba igual que un toro y en una estocada suprema mamá y yo nos corrimos hasta el infinito, fue el orgasmo más maravilloso que ambos habíamos tenido jamás.

Desde ese día mamá sigue igual de recatada y viuda como siempre, pero todo el mundo le dice que cada día se pone más hermosa, nosotros en el exterior somos madre e hijo en casa somos marido y mujer. La lástima es no poder tener hijos.

Autor: Amateur

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Cecilia, mi madura vecina

Me pidió que se lo metiera por el culo que quería sentir mi leche en el culo. Así lo hice me dolió un poco pero era mi primer culo, comencé a respirar más profundo iba a acabarle en el culo. Ella se bajó, me lo agarró y comenzó a mamarlo y le acabé en la boca, tomó una copa y escupió mi leche en la copa, me dijo que había gozado como nunca con la copa en mano me dijo salud y se la tomó toda.

Este relato que voy a compartir con Ustedes es completamente real y me sucedió hace 10 años. Leyendo esta página de relatos, me animé a compartirlo con Ustedes. Todo comenzó cuando tenía 18 años, en ese momento y actualmente me encantan las mujeres maduras, pero en esa oportunidad fue con una vecina que me volvía loco, buscaba cualquier excusa para verla o me la encontraba en los pasillos del edificio, la obsesión era tal que sabia las horas de sus salidas y llegadas y siempre salía a su encuentro pero siempre era un simple ” Hola, ¿como estás?”, y yo me volvía loco nada más de verla.

Era una mujer impresionante y a pesar de tener dos hijos estaba buenísima todo lo tenía en su lugar y lo que más me gustaba era como se vestía, siempre andaba muy sexy, todo lo que se ponía lo combinaba con zapatos de tacón alto y eso me excitaba demasiado (aún me encantan esos zapatos). Solamente veía sus zapatos y se me paraba y eso era motivo de hacerme una paja con locura, imaginando que ella me violaba.

Un día en el edificio hicieron una reunión para rifar un puesto de estacionamiento para un carro y como en mi casa no podía ir nadie yo fui, esa noche estando en la reunión entró mi vecina, disculpen se llamaba Cecilia, por supuesto ella se veía recién bañada, tenía el cabello mojado y un vestido negro pegado al cuerpo y por supuesto unos zapatos negros de tacón alto, para mi suerte se iba a sentar al frente de mi.

Comenzó todo el mundo a hablar y yo pendiente de que se sentara para ver si podía verle sus pantaletas o algo para hacerme una paja esa noche, terminó de hablar con otra vecina y se sentó al momento cerró las piernas bien y no pude ver nada, pero en ese momento ella notó que la miraba y me dio pena, no podía verle la cara de la pena pero mis deseos eran más grandes que mis penas y decidí seguir viendo, en el momento que le tocó su número separó las piernas y se veía oscuro hacia adentro, imaginé que tenía ropa interior negra, pero al rato las volvió a cruzar y me miró, siguieron dando los números y cuando me tocó el mío lo agarré y volteé a verla y mi sorpresa fue que estaba hablando con el de al lado y tenía las piernas semi abiertas y logré ver que no tenía nada abajo.

Se le veía la conchita rica y se me paró al instante, ella volteó y me miró, mi cara era tal que ella sonrió y comenzó a jugar con sus piernas para que yo la viera, eso me puso a mil y ella lo que hacía era poner cara de picara y seguir enseñándome todo. En lo que terminó la reunión se paró todo el mundo y yo estaba tan excitado que no me podía parar me quedé sentado y ella se me acercó y me dijo en el oído que era un mirón y que le había encantado, que se imaginaba lo que yo iba a hacer esa noche. Me dio un besito en la mejilla y se fue, esa noche me masturbé con locura.

Esos días la veía pasar y ella se me acercaba y me daba un besito y me preguntaba como estaba y me preguntó que desde cuando la miraba y yo le dije que siempre porque era una mujer espectacular y que me encantaba verla, ella me dijo que el día de la fiesta se vestiría para mi, (a pocos días teníamos una fiesta en el edificio, en el salón de fiestas)

Llegó el día y llegué primero a la fiesta, no quería perderme su entrada, yo estaba con mi familia completa (papá, mamá y hermano) y ella llegó con su esposo e hijos, su entrada fue impactante todo el mundo la vio, al entrar me miró seriamente y pasó por el frente de nuestra mesa para que la viera y se pararon a saludar a mis padres y a nosotros, siguieron y se sentaron en la mesa de al lado y ella su ubicó donde yo la viera, tenía un vestido con un cierre en todo el medio, le llegaba a las rodillas y unos tacones altísimos todo era rojo.

Al sentarse metió las piernas debajo de la mesa y volteo a verme y se sonrió como diciendo hoy no podemos jugar, pero al pasar la noche entre tragos y música se alborotó la fiesta y me atreví a sacarla a bailar, le pedí permiso a su esposo y él me dijo que no había problema, bailando con ella estaba a millón y ella me dijo al oído que en un rato iba a comenzar el show, se acabó la canción y nos fuimos a sentar, la dejé en su mesa y yo me fui a la mía, en ese momento ella se sentó como acalorada y remangó su vestido y puso las piernas hacia fuera de la mesa para darme el show.

Comenzó a enseñarme su pantaletas también eran rojas y yo estaba emocionado al rato ella se paró y fue al baño, a su regreso se sentó igual pero en lo que abrió las piernas no tenia nada abajo y yo le veía su cuquita y los tacones y me quería masturbar allí mismo ella se reía y comenzó a jugar con unos hielos se los chupaba y se los pasaba por su cuello al rato me mandó una nota con su hija que decía, quiero verte el pene, sácatelo, así lo hice ella metió la mano debajo del vestido y comenzó a masturbarse viéndome mi miembro bien parado, eso me encantó, pero me daba miedo que me vieran pero estaba pilas para que nadie se percatara de lo que estaba pasando.

Comenzó a ponerse caliente y yo igual viéndola y haciéndome una paja, parecía un sueño verla en esas cosas pero era real, al rato acabé y ella comenzó a sonreírme, me limpié y guardé mi pene y ella se sacó la mano de su conchita, estaba enloquecido, ella se levantó y me sacó a bailar, era un merengue bien rico y comenzó a decirme al oído lo rico que había estado todo y que se moría de ganas porque la violara en el medio de esa pista ya que estaba muy caliente.

La fiesta estaba terminando y ya se había ido mucha gente, en mi mesa quedábamos solo mi hermano y yo, al rato se levantó su esposo cargó a una de sus hijas y ella agarró a la otra, pasaron por la mesa y se despidieron, ella me dijo en voz alta y delante de su marido, estamos pendientes, bailas muy rico te felicito, sueña bonito. Al rato ya me iba y ella regresó la vi entrar y me senté, pasó y me dijo que venia a buscar la chaqueta de la hija, de regreso se acercó a la mesa y al oído me dio las gracias por la masturbada y me dijo que se iba a violar a su esposo porque estaba muy caliente, que él la estaba esperando pero que se iba a imaginar que era yo, y me pidió que me masturbara pensando en ella que me quedara tranquilo porque lo de esta noche no se quedaba así.

De despedida me dio un beso en la boca sin que nadie nos viera. Así lo hice me fui y me masturbé pensando en ella en lo que me había calentado y en la imagen que tenia de sus piernas, cuca y zapatos de tacón que me matan.

A los pocos días en el estacionamiento vi al esposo de mi vecina arreglando el carro y me acerqué para prestarle ayuda y aceptó porque solo no podía, me puso a agarrar unas piezas mientras él las ajustaba y allí estuve como 2 horas ayudándolo hasta que el carro encendió y me dio las gracias por mi ayuda y como estábamos full de grasa sacó una crema para quitar la grasa pero se la acabó y no alcanzó para mi, pero le dije que no importaba que yo iba a mi casa y ahí me bañaba, él me dijo que me iba a costar mucho quitármela con jabón y me pidió que subiera a su apartamento a buscar otro pote de crema, que le tocara a Cecilia y se la pidiera que le dijera que estaba en su estudio, que la usará y se la regresara.

Me pidió también que le dijera a ella que él iba a salir a probar el carro y luego lo iba a llevar a hacerle el lavado y engrase, así lo hice subí en el ascensor y toqué el timbre, ella me abrió y me saludó con mucho cariño pero asustada, estaba con un camisón y descalza pero bella como siempre, me preguntó que haces acá y así todo lleno de grasa, le eché el cuento y le di su recado, me dijo pasa, adelante, y te busco la crema, y no hagas mucho ruido porque las niñas están dormidas.

Entró hacia los cuartos y vi cuando cerró las puertas de los cuartos, salió se me acercó diciéndome que iba a buscar las llaves del estudio que estaba cerrado, al ratito salió con el mismo camisón pero con unos zapatos de tacón alto negros, al verme la cara sonrió y me dio un beso y me dijo que sabía que me encantaban esos zapatos y por eso se los puso para que me deleitara.

Me pidió que la siguiera al estudio, lo abrió y comenzó a buscar la crema hasta que la consiguió, comenzó a limpiarme y me preguntó si vi a su esposo salir con el carro, le dije que si, siguió limpiándome y yo no le quitaba la vista de sus piernas y de los tacones, me dijo, ¿te encantan mis tacones?, le dije que si y me besó con mucha pasión, me empujó contra el escritorio me bajó el short y comenzó a comerse mi miembro que estaba parado desde que salió con los tacones.

Al rato me sacó del escritorio y se sentó, ella abrió las piernas y apoyó los tacones encima del escritorio, que vista tenía tan rica, veía sus tacones, piernas y su hermosa concha, me dijo que se la mamara, que me iba a enseñar a hacerlo, porque eso era lo más rico del mundo, una buena mamada de concha, así lo hice me agaché y comencé a mamarle la conchita siguiendo sus instrucciones, me pedía que le mordiera el clítoris y que le metiera tres dedos y se los moviera adentro, eso estaba divino.

Comencé a sentir un jugo saliendo de su cuca y ella me pegaba en la cabeza y me halaba los pelos y se quitó el camisón, sus tetas eran perfectas duritas y subí a chupárselas y le dije que eran bellísimas, me contestó son operadas, mámalas, me encanta y mientras las mamas metémelo todo, dale mételo ya, abrí bien sus piernas y lo metí estaba caliente y húmeda comenzamos a gemir pero callados.

Ella me mordía el cuello y me rasguñaba que placer y decía cógeme y veme los zapatos cogeme papi cogeme, siénteme tuya que rico tienes el nabo, de pronto me apartó y se bajó del escritorio se volteó y se lo metí parada en su conchita que estaba hirviendo…

Ella volteaba y me besaba, yo le mordía la oreja y se la chupaba, también su cuello y espalda, mientras la penetraba, me puse derecho para verle los tacones, esas piernas con esos tacones me pusieron a mil…

De arriba le abrí las nalgas y la incliné un poco más y me pidió que le escupiera el culito y me mojara un 1 dedo y se lo metiera poco a poco y siguiera cogiendo.

Comenzó a gritar y con la otra mano le tapé la boca y me mordía, sentía que mis bolas iban a explotar, el culito estaba rico y en eso me pidió que se lo metiera por el culo que quería sentir mi leche en el culo.

Así lo hice me dolió un poco pero era mi primer culo, ¡que delicia! y de la mujer de mis sueños, me decía dame duro papi, dame duro reviéntame, hazme sentir mujer, si rico, rico, rico, comencé a respirar más profundo iba a acabarle en el culo.

Ella se separó y se bajó, me lo agarró y comenzó a mamarlo hasta que le acabé en la boca y le llené toda su boca, agarró una copa que estaba en la biblioteca y escupió mi leche en la copa, se me acercó y me dio un beso y me dijo que había gozado como nunca con la copa en mano me dijo salud y se la tomó toda, eso me enloqueció y la agarré y besé con pasión…

Nos dimos un abrazo y me apuró para que me fuera que se iba a bañar y que podía llegar su esposo, me dio la crema quita grasa y me pidió que se la llevara cuando su marido no estuviera que ella me avisaba.

Así que esperé y me avisó a los tres días y de allí en adelante me convertí en su amante, cada vez que quería que la cogiera me llamaba y siempre inventábamos algo nuevo…

Luego les cuento uno de esos inventos.

Autor: Chinomaduras

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El conscripto y la esposa del coronel

Me puse encima de ella y la penetré, su vagina estaba caliente, me moví sobre ella, ella solo se quejaba, la di vuelta y la penetré por el culo, ella gritó, pero se notaba que ese terreno no era virgen. Estuvimos esa posición culeando, gozando, ella pedía más y más, apretaba sus pechos grandes que bailaban cuando yo la penetraba, hasta que acabé y le dejé el culo lleno de mi leche.

Primero que nada me presento, me llamo Aldo tengo 20 años, soy de Chile, mi historia ocurrió hace un año atrás, cuando estaba haciendo el servicio militar, en el norte de mi país, más específicamente en Iquique.

Llegué a cumplir con mi deber militar, casi comenzando el año, en pleno verano y en el norte de Chile, hace demasiado calor, éramos alrededor de 20 los conscriptos que haríamos nuestra instrucción militar en ese lugar, todos jóvenes entre 19 y 21 años.

No me había descrito, soy alto, delgado, lampiño, buen cuerpo, que en el servicio saque más músculos, debido a los constantes y extremos ejercicios que realizábamos.

Pero mi historia va por otro lado, mi superior directo era el coronel Almarza, era respetado en el regimiento, autoritario, terco y mandón, todos le temíamos, hasta que un día me dijo:

–Quiero que vayas a mi casa a hacerme unos trabajitos…

Quedé preocupado, no sabía que tipo de trabajo me mandaría a hacer, yo le respondí:

– Lo que usted diga mi coronel, – Me parece perfecto-exclamó él.

Me dijo que pasaría a buscarme en la noche del viernes para irme a su casa…

– ¿De que se trata?- le pregunté. – Cuando lleguemos a la casa verás que tienes que hacer-. Quedé más preocupado, no me aclaró nada.

Llegó la noche del viernes y el coronel me retiró del regimiento y me llevó a su casa, no habló nada por el camino, hasta que llegamos, era una casa enorme, con un gran patio, piscina y terraza, era una casa maravillosa, no veía ningún arreglo por hacer.

Entramos y me dijo:

-Ven, vamos adentro, ahí te digo lo que debes hacer…

Yo muy tenso no sabía nada, en eso aparece su esposa la señora Teresa, era gordita, con pechos grandes, rubia de pelo corto teñido, como de 49 años…

Lo que más me llamó la atención era que venía en una bata de seda negra y en ropa interior, no era el tipo de mujer que me gustaba, pero así con ropa sexy y gordita que era me calentó.

La miré de pies a cabeza y el coronel me preguntó:

– ¿Te calienta mi mujer? -, yo quedé sorprendido por la pregunta, – Si mi coronel, su señora me calienta-, le dije temblando, – Entonces culeátela- me dijo, yo quedé impávido, no esperaba esa orden.

El coronel me decía que era impotente hace tres años, por tal motivo, él le llevaba conscriptos para que la hicieran gozar, así no le dolería tanto si su mujer lo engañaba y que me había elegido a mí para acostarme con su gordita señora,

– Yo feliz coronel- le respondí. Me dijo que se iba y que me dejaba a su mujer para que le hiciera de todo.

El coronel se fue y me quedé solo con su esposa…

Me tomó de la mano y me llevó a su dormitorio, ahí nos besamos y nos desnudamos, mamaba sus pechos como un niño recién nacido, eran enormes, nunca había culeado con una madura y menos de pechos tan grandes, ella me acariciaba el pene, lo apretaba y gemía, bajé poco a poco, llegué a su sexo y lo lamí…

El olor a hembra en celo que salía de su vagina me volvió loco, lamía y mordisqueaba su clítoris, lo que a la señora Teresa la volvía loca de placer, gemía y despeinaba mi pelo.

Nos revolcamos en la cama, la señora sudaba y sudaba, yo la besaba, hasta que bajó a mi pene, lo miró y se lo llevó a la boca, era una maestra para chuparlo, lo lamía desde la cabeza al final, se lo comía todo, dejó de chuparlo me miró y me dijo:

-Métemela…

Me puse encima de ella y la penetré, su vagina estaba caliente,

me moví sobre ella, ella solo se quejaba, se lo metí un buen rato, después la di vuelta y la penetré por el culo, ella gritó,  pero se notaba que ese terreno no era virgen.

Estuvimos mucho rato en esa posición culeando, gozando, ella pedía más y más, apretaba sus pechos grandes que bailaban cuando yo la penetraba, hasta que acabé y le dejé el culo lleno de mi leche…
La besé y me acosté a su lado, ella apoyó su cabeza en mi pecho y lo besó, quedamos rendidos después de esa agotadora sesión de sexo.

Esa noche culeamos tres veces más, era una mujer muy ardiente, nunca se llenaba…

Con razón el coronel tenía que complacerla, le fascinaba el sexo y él ya no se la podía, me vestí y volví al regimiento…

Yo ya sabía que todos los viernes me esperaba la esposa del coronel, para acostarme y culear con ella toda la noche.

Autor: Aldo

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