Chico para grabarnos follando

Decidí sorprender a mi novia Sara publicando el siguiente anuncio en una página de contactos liberales:

Pareja joven (menos de 30) de visita en Barcelona busca chico de entre 18 y 35 para grabarnos follando con máscaras. Nos gustaría que fuera educado, simpático y respetuoso. Si graba bien, ella se lo pagará en especias ji ji.< En el anuncio adjuntamos dos fotos sexy de Sara: una vestida, mostrando canalillo y otra en ropa interior en una postura muy provocadora. Pasados unos días teníamos el correo saturado de mensajes de tíos que habían contactado. La mayoría era muy explícito y adjuntaba fotos desnudos o primeros planos de sus penes erectos. Hice una primera criba para que mi novia eligiera. Sara se quedó muy sorprendida por mi ocurrencia y en seguida se entusiasmó con la idea. Se decidió por un chico que había enviado un e-mail muy correcto y un par de fotos que no eran muy explícitas pero que según dijo ella “daban morbo”. Le contestamos y le propusimos vernos por Webcam sólo para conocernos y ver si ambas partes estaban interesadas. Le subrayamos que la videoconferencia sería con ropa y sólo sería una toma de contacto. El chico, de nombre Jaime, nos dijo que no habría ningún problema. Así pues, un viernes por la tarde nos conectamos y enfocamos la webcam de tal forma que no se nos viera la cabeza. Jaime había hecho lo propio y apareció vestido con unos vaqueros y una camisa entallada y con un par de botones abiertos. Se deducía un buen cuerpo baja aquella ropa. Sara iba vestida bastante normal, con vaqueros y una camiseta de manga corta. Hablamos un poco de nosotros, sin mencionar explícitamente el sexo, y el chico nos pareció bastante sincero y de fiar. Nos confesó que tenía 36 años y nos preguntó si eso sería un problema. Mi novia dijo que no, y concretamos fechas para la escapada que íbamos a hacer a Barcelona para conocernos y para lo que pudiera surgir... *** Unas semanas después, llegamos al hostal de mala muerte que habíamos reservado cerca de las Ramblas. Durante el día hicimos un poco de turismo visitando los lugares típicos, y por la noche nos vimos con Jaime para ir a cenar los tres juntos. Le estábamos esperando, cuando de repente nos sorprendió viniendo por el lado contrario a donde mirábamos. Como aún no le habíamos visto la cara, no le reconocimos, pero él sí a nosotros, y nos llamó por nuestros nombres. Según nos confesó durante la cena, nos reconoció al ver el cuerpo de Sara, el cual no se había quitado de la cabeza tras la vídeo conferencia que habíamos hecho. Sara se había vestido para la ocasión de forma simple pero efectiva luciendo un top rosa a rayas que dejaba su obligo al descubierto y una mini falda también rosa. Aquel conjunto, su delgadez y poco pecho le daban un aire muy juvenil; de chiquita traviesa. Le di nuestra cámara de vídeo y le dije que grabara todo lo que quisiera, pero sin enfocarnos las caras. Jaime no perdió el tiempo e hizo una primera toma de Sara, relamiéndose al ver su esbelta y delgada figura realzada por un culito redondito y respingón y coronada con unos pechitos no muy grandes pero muy bien puestos. De camino al restaurante, los tres mantuvimos una charla divertida y Jaime nos cayó bien desde el principio. Fuimos andando hasta un restaurante que él conocía por la zona donde había reservado mesa. La cena transcurrió como si con un amigo de toda la vida estuviéramos. Aprovechando que empezaba a hacer calor, nos pedimos una sangría que vaciamos en bastante poco tiempo. Nos hicimos algunas fotos juntos y Jaime grabó algunas escenas intentando captar el mejor ángulo del escote de mi novia. Durante la cena no me di cuenta, pero días más tarde, al volver a casa y ver todo lo grabado ese día, me di cuenta que durante la cena Jaime había metido la cámara debajo de la mesa y grabado todo lo que había podido. En un par de escenas se podía ver lo que Sara escondía bajo su falda... Al terminar de cenar, no nos dejó pagar argumentando que “bastante habíamos gastado nosotros ya con venir aquí”.

Nos acompañó hasta el hostal para que “no nos perdiéramos”, y de camino nos reímos con él sobre lo cutre que era aquel sitio. Al llegar a la puerta dijo:

JAIME: tan mal me habéis hablado del sitio que me cuesta creerlo. ¿Puedo subir a ver la habitación?

Sara y yo nos miramos con complicidad y le dije:

LUIS: claro que sí. No te olvides de grabarlo todo por si tuviéramos que denunciar algo.

El hostal tenía el ascensor roto, y subimos hasta el tercero por las escaleras. Jaime no perdió la oportunidad de grabar con la cámara las piernas de Sara y casi casi lo que aquella subida dejaba ver de su culito.

Tras forcejear un poco con la cerradura, conseguimos entrar en la habitación. Nada más cerrar la puerta, repartí entre todos unos antifaces.

LUIS: es para que no se nos reconozca cuando grabes el cuarto.

Los tres nos reímos y Jaime empezó, como si de una inmobiliaria se tratara, a grabar todo el cuarto: la tele culona con el panel de botones roto, la cama con barrotes medio oxidados, las paredes con papel pintado y desconchado en algunos sitios, la grifería antigua por la que apenas circulaba un hilillo de agua, etc…

Sara y yo estábamos sentados en la cama, ella recostada sobre mí, mirándole. En aquella postura seguro que Jaime debería de poder ver la ropa interior de mi chica.  Empecé a morderle y besarle suavemente el cuello. Cuando miré hacia delante, Jaime estaba frente a nosotros grabándolo todo sin dejar de sonreír.

Bajó la cámara hasta la altura de la colcha y Sara abrió las piernas al darse cuenta de lo que estaba intentando filmar.

JAIME: mmm, qué tanguita blanco tan rico.

Nos besamos lentamente, con pasión, ante el objetivo de nuestro nuevo amigo.

JAIME: Sara ¿Por qué no te pones más cómoda?

SARA: ¿quieres que me ponga el pijama? – dijo con cara inocente.

JAIME: no jejeje, quiero que te desnudes, que me duelen los huevos de tanto imaginar tu cuerpo.

Sara se recostó en la cama con la cara orientada hacia la cámara de Jaime. Se acercó a tan sólo unos centímetros de la cámara y se mordió los labios provocativa. Se inclinó un poco hacia un lado y se puso la mano en su pecho derecho, apretándolo y aumentando su escote. Se bajó un poco el top dejando a la vista la parte derecha de su sujetador y su pechito apretado en su interior.

Se dio la vuelta y le toqué el culito. Al percatarse, se sentó encima de mí. Fui subiendo con mis manos por su cintura al descubierto, pasando por su top, hasta sus tetitas. Las apreté y junté para que Jaime pudiera grabar aquella belleza mejor. Saqué un pecho de su prisión y me puse a chuparle su rosado y pequeño pezón. Le quité el sujetador y el top y me amasé sus tetitas como si fueran plastilina. Nos besamos  y la levanté para quitarle la minifalda al ritmo de sus contoneos de cadera.  Le apreté el culito y Jaime se puso a mi lado para grabarlo todo bien. Colocó su mano en su culito y fue levantando lentamente su falda, dejando a la vista su tanguita.

Se colocó a cuatro patas quedando de lado a Jaime y puso su culito en pompa marcando aquella preciosidad que apuntaba al techo. Lo contoneó de tal manera como si fuera una gatita que juguetona  quisiera mover su cola. Se giró, y arrodillada frente a la cámara, colocó su mano en su ombligo desnudo y fue subiendo hacia arriba levantando su top. Paró al llegar al inicio de sus pechos y colocó sus dedos en su escote. Apretó en medio del mismo, desvelando sus dos tetitas bailando en su sujetador.

Giró sobre sí misma dándole el culo, y se subió la falda desvelando las curvas de su trasero.  Lo contoneó hacia delante y atrás, haciendo que el tanga desapareciera engullido por momentos. Se acarició lentamente sus nalgas hasta llegar a su rajita donde se entretuvo unos segundos.

SARA: ¿te ha gustado? – dijo tras sentarse en la cámara.

JAIME: Uff, me has dejado sin palabras. ¿Por qué no ayudas a que tu novio esté más cómodo?

Me tumbé boca arriba en la cama y Sara me desnudó dejándome en calzoncillos.

Sara se acercó lentamente a mí y me bajó los calzoncillos dejándome con la polla al aire. Jaime se tumbó en la cama al lado mío para grabar lo mismo que iba a ver yo. Sara empezó a hacer pasadas con su lengua sobre mi falo, hasta que lo cogió por la base y empezó a chupármelo. Me estaba haciendo una mamada increíble y pude ver que nuestro amigo no era de piedra. No sólo se le apreciaba una buena erección dentro del pantalón, sino que con la mano libre se lo acariciaba.

JAIME: mira qué bien lo haces… ¿No te molesta la ropa?

SARA: un poco ¿por qué no me la quitas? Pero sin tocar nada, ¡eh!

Jaime dejó la cámara encima de la tele, se acercó a mi chica, y le subió el top lentamente. Sus dedos se recrearon más de lo normal al entrar en contacto con su piel. Después le desabrochó el sujetador y lo tiró al otro lado del cuarto. Ella se tumbó, y Jaime le bajó la falda sin dejar pasar la oportunidad de acariciarle el culito. Se quedó mirando el tanga, que a todas luces parecía empapado.

SARA: esto ya me lo quito yo…

Se lo quitó rápidamente y se puso con el culo en pompa volviendo a su magistral mamada.

Jaime cogió rápidamente la cámara y grabó el cuerpo de mi novia desde todos los ángulos posibles, deleitándose en su coñito pequeño y mojado.

El chico giró la pantalla de la cámara de vídeo y Sara se vio reflejada mientras me chupaba el capullo con la punta de su lengua. Se rio y se la metió en la boca haciéndome sentir en la gloria.

JAIME: ¿os importa que me quite el pantalón? Lo voy a terminar rompiendo con lo que estoy viendo.

SARA: quítate todo lo que quieras guapo.

Dicho y hecho, el chico se quedó en pelotas. Tenía la cámara casi metida entre las piernas de mi chica cuando pude comprobar que se la estaba cascando viendo la escena.

SARA: graba esto.

Sara se dio la vuelta, y dejó su culito en pompa apuntándome. Me puse de rodillas y tras apretar mis manos bien en sus nalgas se la metí lentamente. Estaba totalmente empapada, y en seguida empecé un rápido mete-saca.

Jaime estaba frente a Sara y podía ver cómo sus tetas saltaban al son de mis empujones de cadera. La cara de ella era un rictus de ojos cerrados y placer, mientras que entre embestida y embestida me pedía a gritos “más”.

SARA: cariño ¿crees que Jaime está grabando bien?

LUIS: s.. sí.

SARA: pues habrá que darle su premio ¿no?

Sin decir nada, Jaime se acercó de rodillas hasta ella.

SARA: tienes un buen pollón.

Lo agarró y empezó a masturbarlo mientras yo la penetraba desde atrás. Desde la cámara se podía ver la parte de arriba de la cabeza de mi novia  mientras masturbaba a nuestro amigo.

Jaime bajó la cámara justo en el mismo momento en el que mi novia se llevaba su polla a la boca y empezaba a chupársela. Desde aquel punto de vista más bajo se podía apreciar en la pantalla como mi chica se introducía aquel miembro hasta la mitad en la boca. Ella gemía mientras yo le follaba el coño y Jaime la boca.

Jaime se levantó y se puso al lado mío. Acercó la cámara hasta mi cintura y pude ver cómo grababa un primer plano de cómo le metía la polla dentro a mi chica.

Sara se separó y me dijo que me tumbara. Se montó encima de mí, dándome la espalda y empezó a cabalgarme como una loca. Jaime fue esta vez más directo y se puso frente a ella y puso su polla a dos centímetros de su boca.

Sara la agarró y empezó a chuparla al tiempo que me cabalgaba. Jaime primero grabó desde su punto de vista, pero luego se movió alrededor de nosotros para filmar bien la cabalgada de mi chica. En un momento dado se acercó a mí me dijo:

JAIME: déjame metérsela tío.

Se lo pregunté a Sara y ella se tumbó boca arriba.

SARA: Me da igual quién lo haga, pero ¡no paréis de follarme!

Sin dudarlo, Jaime se lanzó sobre mi chica y la cubrió con su cuerpo. Hurgó nerviosamente con su polla sobre sus labios inferiores hasta que se la metió. Empezó a follarla al tiempo que lo grababa todo desde su cámara. Me acerqué, y pude ver cómo la pantallita mostraba a mi chica con las piernas abiertas y los ojos cerrados recibiendo embestida tras embestida.

Le dije a Sara que me la chupara y lo hizo entre los gemidos agónicos de su placer.

Pasados unos minutos, Jaime y yo cambiamos posiciones. Y me follé a mi chica con fuerza.

Cuando no aguanté más, le die que se sentara, que nos íbamos a correr.

Se arrodilló frente a nosotros y empezó a chuparnos las pollas, alternando la una con la otra.

Fui el primero en correrme ante la boca abierta de Sara. Jaime lo grabó todo: un gran chorro de semen saliendo de mi polla y cruzando la cara y el antifaz de mi chica seguido de otros con menos fuerza que impactaron sobre sus tetitas.

Sara se lanzó a chupársela como una loca a Jaime hasta que éste no aguantó más. Mi chica apenas tuvo tiempo de sacársela de la boca y una bocanada de leche le salió por la comisura de los labios al tiempo que el resto de impactos le caían en la cara.

Nos fuimos a limpiar, sin que por ello Jaime dejara de grabar nada.

Nos despedimos y nos prometimos que la próxima vez vendría él a vernos y ver el vídeo…

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En la fiesta de su jefe

Al llegar a casa fue corriendo al ordenador. En la pantalla un redondel. Como las películas de cine. Una manecilla de una especie de reloj comenzaba a girar. Comencé a ver algo que me dejo helada: la casa, el salón y yo arrodillada chupándole el pene a mi marido. Si, lamiéndosele como una profesional. Con los pechos fuera, temblando. El muy hijo de puta del jefe lo había grabado todo.

A la primera oportunidad que tuvo, me agarró disimuladamente del brazo y me llevó al salón. Recuerdo que me había comprado una blusa roja de seda. Mi larga melena lisa y mi preciosa blusa. Una foto. Unos pantalones de pinzas, estaba al menos muy elegante y sugerente. Otra foto. Él me dijo, bueno todos los invitados me dijeron que estaba preciosa. Seguramente. Y me presentó a su jefe.

No me gustó nada. Tenía cara de prepotente. Me miró de arriba a abajo. No fue una mirada de esas que te desnudan, no. Fue una especie de examen visual. Asintió con la cabeza, como confirmando algo, como dándole la razón en algo que ya hubieran hablado. A lo mejor Paco le había dicho que yo era muy guapa y el otro asentía. Vete tú a saber. Con no se qué excusa me metió en un salón y nos quedamos solos.

– De prisa, zorra -Le miré atónita. Con los ojos abiertos de par en par. – Vamos, puta, abre la boca. Y sin más, me vi arrodillada, frente a su entrepierna, cara a cara con su bragueta. Un movimiento rápido y su pene, duro como nunca, estaba delante de mí. Ahora lo entendía, estaba excitadísimo. Tal vez por el morbo del que pudieran pillarnos o vernos. Sí, más bien vernos.

–  Traga zorra,  -me decía-, cómete el rabo. Vamos, puta, chupa… -repetía sin parar. No sé ni lo que me decía. Jamás me había insultado así. Jamás me había dicho esas barbaridades. Estaba como loco, fuera de sí. – Las tetas, sácate las tetas. Sácatelas, puta, me excitas más así, guarra.

Ni esperó, casi me arranca el sujetador. Me vi en el espejo. Arrodillada, con su pene incrustado en mi boca, con mis tetas bamboleándose rítmicamente, asomando por encima del sostén, balanceándose. Un pequeño ruido en la ventana. Traté de volver la cabeza, pero él me la sujetó. Y la vi a ella. A la mujer de su jefe. Una mirada de odio, de asco, de desprecio. Para ella yo era obviamente algo peor que una puta, más miserable, más despreciable. Obviamente no aprobaba lo que estábamos haciendo. Intenté decirle eso, intenté apartarme, detener aquella locura, pero no me dio ni la más pequeña oportunidad. Su mano apretó con fuerza mi nuca. Con la otra sujetó aun más fuerte mi cabeza.

Empujó. Me la incrustó entera. Ya sé que es una forma de hablar y eso pero creo que me comí hasta los huevos. Me ahogaba. Intentaba separarme con las manos, le empujaba los muslos para alejarme, pero no podía. Me asfixiaba. Me daban arcadas. La tenía en mi garganta. Y él no hacía más que empujar más fuerte.  Hasta que por fin noté cómo le daba pequeños botecitos. Un jadeo que salía de sus entrañas. De muy adentro. Y un tremendo espasmo, casi un estertor. Lo supe. Supe lo que venía a continuación. No necesitaba leer el guión.

Un sabor intenso. Fuerte, demasiado fuerte. En cierto modo raspaba mi garganta. Su textura era suave, viscosa, casi como cremosa, pero su sabor tan ácido arañaba mi paladar. Mi marido se estaba corriendo por primera vez en mi vida, y por primera vez en su vida, en mi boca. No en mi boca, no. Dentro de mi boca. No dejó que cayera ni una sola gota. Tuve que tragarme todo. Casi vomito de asco. ¡Qué contradicción! ¡El clítoris estaba a punto de estallar y los pezones parecían dos flechas!

– Vístete zorra.

Una sonrisa fanfarrona y un gesto de indiferencia al subirse la bragueta. Paco me dejó sola mientras me arreglaba. Ni me habló. Sabía que la mujer del jefe había visto todo, y que él lo sabía.  Al entrar en la sala estaban todos hablando normalmente y la busqué con la mirada, sí, a ella, a la mujer del jefe. Lo que me temía. Estaba hablando con su marido. No tenía precisamente cara de estar contenta. Los dos miraron en mi dirección. Al poco el jefe se acercó a mi marido y no sé qué le dijo. Mi esposo asintió con la cabeza y sonrió como por cumplir a su esposa. El jefe disimuladamente se acercó a mí. No hizo falta más. Estaba colorada como un tomate.

– Lamento mucho que tengan que irse, su Paco me ha dicho que por un imprevisto familiar, espero que no sea nada grave.

Educadamente me estaba echando de su casa. Paco se fue a buscar los abrigos. Susurrando me dijo que era una lástima que tuviera que irme tan pronto, que era una mujer muy guapa y que sin mí, la fiesta decaería. ¡Qué cínico! Pensé. Y como quien no quiere la cosa me sobó el culo y me preguntó si me había gustado la alfombra del salón. ¡Qué hijo de puta!, pensé, pero bueno, si sabía lo que acababa de hacer, qué iba a pensar de mí. Normal. Lo que hubiera pensado cualquiera. Que era una puta y una guarra.

Todo el camino lo pasamos sin dirigirnos la palabra. En silencio. Yo gimoteando, llorando de vergüenza. A Paco parecía que no le importaba nada. Como que le daba igual. Al llegar a casa, loco de excitación fue corriendo al ordenador. Miró el reloj. Los ojos se le salían de las órbitas. Ni oía lo que le estaba diciendo. En la pantalla un redondel. Como las películas de cine. Una manecilla de una especie de reloj comenzaba a girar. Una cuenta a tras, cuatros, tres, dos uno…  Alucinante.

Comencé a ver algo que me dejo helada: la casa, el salón. Y yo arrodillada chupándole el pene a mi marido. Si, lamiéndosele como una profesional. Con los pechos fuera, temblando. Moviendo mi cabeza al compás que él me marcaba. ¡El muy hijo de puta del jefe lo había grabado todo!, ¡Estaban de acuerdo!, ¡Lo habían planeado! No sé si la mujer lo sabía, pero ellos desde luego estaban de acuerdo.

– ¿Pero, Paco, te gusta que me vean haciendo eso? – ¡Cállate la boca, zorra! ¡Ven aquí, so puta!

Me negué. Pero a Paco le dio igual. Parsimoniosamente encendió un interruptor. En la pantalla del ordenador aparecieron varias ventanitas. Era nuestra casa. El muy cabrón había puesto cámaras por toda la casa. Literalmente Paco me arrancó toda la ropa. La rompió en mil pedazos. Y me poseyó como hacía tiempo que no hacía.

Comprendí muchas cosas. Aquel hijo de puta no solo era su jefe, a lo mejor si, hasta puede que fuera verdad. Pero fijo que era algo más que su jefe. Si, seguro que también era su compañero de vicios. Y lo supe sin que me dijera nada. Estaba claro que no sólo me iba a exhibir. Eso ya lo había hecho. Seguramente más veces de las que yo creía. Me iba a entregar. Mis peores o mis mejores temores se iban a confirmar. Y lo peor de todo es que no me desagradaba la idea. Hasta cierto punto lo intuía y lo esperaba. Algunas noches, cuando Paco no me hacía nada, cuando se pasaba horas muertas meneándosela frente a la pantalla del ordenador, hasta lo deseaba. Sólo era cuestión de tiempo. Sabía perfectamente que sólo era cuestión de tiempo…

Autor: A.E.C.

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