Una oportunidad que no dejé pasar

Ella se hundió más mi verga en sus entrañas y no pude más y me corrí, sentí como los latigazos de semen salían de mi verga, Graciela en ese momento se tensionó producto del orgasmo que le vino y clavando sus uñas en mis caderas se fregaba contra mi cuerpo de una manera deliciosa hasta que se desplomó sobre mi otra vez jadeando e intentando recuperar la respiración.

Ese día sábado estaba en casa cuando mi madre me llama y me pide que llevara unos paquetes de ropa para su amiga Graciela que vive a pocas cuadras de mi casa y sin más remedio tuve que partir en esa encomienda muy a mi pesar y gusto. Graciela es una amiga de la escuela de mi madre y como ella tiene unos 43 años, es casada con Mario, un empresario que regularmente está de viaje por negocios y de buen pasar y como casi todas las mujeres a su edad, hace esfuerzos enormes para cuidar la silueta, no tiene hijos y lo mejor que tiene es su culo grande y carnoso como a mí me gustan.

Caminé cargando el bolso las siete cuadras de distancia entre mi casa y la de ella y al llegar llamé por el portero eléctrico y me atendió la amiga de mi madre y me dice que suba a dejarle las cosas. Al llegar al piso de ella y dirigirme al apartamento veo la puerta abierta, la abro y grito “Graciela, estás ahí” y ella me responde, “Si pasa, ya voy”. Cerré la puerta y me quedé cerca de ella esperando que viniera Graciela. Cuando ella salió del cuarto y entró a la sala estaba vestida con unos pantalones viejos y rasgados de jeans que estaban cortados como un short que solo cubría su cintura, caderas y culo dejando ver sus piernas al aire, una playera tipo musculosa en la parte superior y se le notaba que no llevaba sostén.

Se acercó a mí, me saludó con un beso en la mejilla tomó el bolso diciéndome: “Espera que saco todo esto y te llevas el bolso de regreso a tu casa” y se dirigió para su habitación y en un instante se voltea y me dice, siéntate y ponte cómodo que yo ya regreso” y entró a su dormitorio dejando la puerta abierta. Yo le hice caso y me senté en el sofá a esperar y desde allí podía verla ir y venir en la habitación sacando la ropa del bolso y acomodándola en la cama o dentro del ropero. Estuvo allí unos 15 minutos y yo seguí observándola en sus movimientos. Por instantes se reclinaba sobre la cama a sacar cosas o doblándolas, acomodarlas en la cama y eso me permitía verle ese culo precioso que se quedaba ante mis ojos y de esa visión comencé a tener una erección porque mis pensamientos de inmediato se disparaban a tener sexo con esa mujer de 43 años que casi en ropas íntimas se me exhibía.

Mientras ella se mantenía absorta de lo que yo hacía en la sala, casi por instinto, comencé a acomodarme la verga bajo mis pantalones y a sobarme sobre la tela la erección que el verla me provocaba. Cuando terminó de sacar las ropas volvió con el bolso vacío y con suma gentileza me ofreció algo de tomar que yo acepté gustoso. Se fue para la cocina y yo la seguí. Se acercó a la heladera y sacó una botella de gaseosa cola fría y al dirigirse a la mesada el envase se le resbala de las manos por la humedad y cae al suelo con estruendo y rebotando un par de veces. Ella dijo: “Que torpe soy, debí sujetarla mejor” y recogiéndola del suelo la apoya en la mesada e instintivamente, la abrió para servirme la bebida. Ella giró la rosca de la tapa y, como si fuera una fuente, la efervescencia del fluido comenzó a salir en chorros para todas partes por la agitación del envase y el líquido saltó a las paredes, el mármol de la mesada y su playera mojándole el frente.

De inmediato me acerqué para ayudarle y tomando un trapo de la cocina comencé a secar todo mientras ella se sacudía el líquido de su remera blanca que ahora estaba manchada por la bebida. Cuando terminé de secar la pared y mesada me giro hacia Graciela y ella estaba ahí, parada junto a mí, su playera mojada y sus pechos transparentándose bajo la tela húmeda y pude ver la aureola de sus pezones color oscuro y como la punta se erguía bajo la tela. Le ofrecí el trapo para que se secara y ella me respondió: “No te preocupes, creo que me tengo que cambiar esto que es un espanto” y sacudiendo con la mano el frente para quitar los restos de líquido, levanto la vista y me quedo mirando. Yo ni cuenta me había dado de eso ya que mis ojos no se separaban de esos hermosos pechos y de los pezones erectos por el frío de la bebida.

La imagen era como una visión celestial, jamás había notado a Graciela como una mujer sexual, un objeto de deseo pero, ese instante era una delicia y mi cuerpo comenzó a reaccionar otra vez y mi verga comenzaba a evidenciar mi excitación creciente aumentando el tamaño del bulto bajo la tela de mi pantalón. Fue tan sólo un instante pero yo sentía como si ese momento fuera eterno, perdurable en el tiempo y dentro de mí crecían las ganas de tener a esa mujer. No sé cómo, ni me lo pregunten porque ni aun hoy puedo responder como lo hice, estiré mi mano y comencé a tocar esos pechos, me encandilaban, intentaba hacer como que quería ayudarla pero en realidad comencé a acariciarle los pechos con descaro, frotándolos con la palma de mi mano para sentir ese pezón y luego le clavé mis dedos estrujándolos. Fueron sólo segundos de eso pero los segundos más recordados de mi vida, ahí estaba acariciando las tetas a la mejor amiga de mi madre. Ella reaccionó casi de inmediato diciéndome “Paco, Pacooo, ¿que haces?, basta” y yo no podía detenerme, seguí amasando esas tetas que eran mi fascinación en ese instante.

Consciente de que ese momento no tenía retorno, tomé coraje y me acerqué pegando mi cuerpo al de ella y presionándola contra la mesada de la cocina mientras ella intentaba zafarse hacia un lado y yo la seguía y cuando no pudo moverse por el mobiliario mi boca buscó su boca con desesperación. Mi boca abierta presionaba en sus labios mientras mi lengua buscaba meterse dentro para besarla y ella con sus dos manos en mi pecho intentaba alejarme para escabullirse y yo presionaba más con mis piernas y manos jalándola hacia mí. Ese movimiento me estaba volviendo loco, pues mi verga ya estaba apoyada a su vientre y con el forcejeo aumentaba el roce y mi excitación terminando en provocarme una erección descomunal como jamás había tenido. Ahí estábamos en su cocina, mi mano derecha aferrando su pecho, mi mano izquierda jalándola de la cadera para pegarla a mí y mi boca succionando sus labios mientras ella se resistía y de un momento para el siguiente, su boca se abrió (creo que para decir algo) y mi lengua tuvo acceso a su boca y las lengua se juntaron.

Comencé a succionarle la lengua, a jugar con ella mientras ella seguía resistiendo con sus manos en mi pecho tratando de alejarme y yo resistí continuando con las caricias y el beso. Mordía sus labios dulcemente, metía la lengua en su boca y fregaba mi verga en su pelvis y por casi un minuto, tal vez dos, mantuvimos esa batalla yo intentando iniciar una relación y ella resistiendo mis embates hasta que fue cediendo. Primero fueron sus manos las que dejaron de empujar, dejándolas quietas en mi pecho y permaneciendo inmóvil, sentí como su cuerpo se detenía en aquella batalla y claudicaba a mis intentos y, lo mejor de todo, comenzó ella a mover su lengua disfrutando del beso que yo le estaba dando y ahora era ella la que comía mi boca en lugar de ser yo el que lo intentaba. Un instante después, sus manos se deslizaron hacia abajo y meciéndolas con esfuerzo entre nuestros cuerpos tomó mi verga por sobre el pantalón y comenzó ella a acariciarme de arriba abajo.

Jugó con mi miembro por unos cinco minutos mientras yo seguía besando su boca, su cuello y luego intentando comerle las tetas mientras estábamos parados en la cocina junto a la heladera. Ella me alejó un instante de su cuerpo y me dijo: “Está bien Paco, tú ganas” “Ahora soy yo la que tiene ganas de ti” y se arrodilló frente a mi haciéndome apoyar en la mesada, abrió mis pantalones, los bajó con ambas manos junto a mis calzoncillos y tomando mi verga con su mano comenzó a pajearla frente a su rostro mientras yo absorto la miraba disfrutando de ese instante. Ella escupió en el glande una buena cantidad de saliva y mirándome a los ojos dijo: “Te la voy a chupar como nunca te mamaron Paco” y acto seguido se la introdujo por completo en su boca llegando hasta su garganta y cuando la tuvo toda adentro comenzó a mover de lado su cabeza como queriendo que le entrara más hondo.

Mis 19 centímetros de verga estaban en toda su boca y sentía su lengua y garganta apretármela y succionarla con fuerza y comenzó a retirarla lento, aumentando la presión de la succión hasta que la quitó toda de su boca con un sonora “Plop” y la volvió a engullir otra vez para comenzar a lamer el glande mientras con sus manos jugaba en mis huevos y me hacia una paja subiendo y bajando con un ritmo pausado, lento y muy placentero. Mis manos tomaban la cabeza de ella presionando a cada penetración en su boca porque quería hundirle mi verga hasta las entrañas y ella con toda su experiencia, abría su boca y garganta dejándola entrar toda íntegra en su interior y la sacaba como si literalmente me la estuviera cogiendo por la boca.

Tras tres o cinco minutos en esa posición mamando mi verga, ella sola se retiró y me dijo: “No quiero que aún termines, ven cómeme la concha ahora” y comenzó a quitarse la ropa. Arrojó su playera sucia al suelo dejando esos hermosos pechos frente a mis ojos. No eran grandes pero tenían un pezón oscuro que resaltaba bajo la piel blanca de las tetas. Con un movimiento rápido, dejó caer el short de jeans que llevaba puesto y quedó con sus calzones color azul oscuro frente a mí. Dio dos pasos para atrás y se acostó en la mesa de la cocina y abriendo sus piernas para mí me dijo: “Vamos, que esperas, es mi turno Paco”.

Yo me acerqué, tomé la tela de sus calzones y la hice a un lado para dejar su concha completamente depilada frente a mis ojos y abriéndola en dos con mis dedos hundí mi lengua penetrando el orificio de entrada en un solo movimiento. Ella soltó un gemido fuerte que seguro sonó en todo el apartamento y yo comencé a comerle su concha con total devoción. El sabor era agridulce, riquísimo, sus fluidos ya eran abundantes y me llenaban la boca a cada succión que le daba. Mi lengua entraba y salía suave de su vagina bien en punta y tras repetir ese movimiento varias veces me alejé un poquito y con la punta de la lengua le recorrí toda la concha subiendo hasta encontrar el clítoris. Al verlo era enorme, sobresalía de los labios vaginales como dos centímetros como una montaña en la llanura y lo comencé a tocar con la punta de la lengua, suave, en círculos, rozándolo permanentemente para aumentar el éxtasis y placer de ella a cada instante.

Ella aumentó sus gemidos que ya parecían aullidos, jadeaba y repetía “Ahhh, Ajjjj Si Así, Dame Paco, Asii, Massss, Ajjjjhhh” y yo no cesaba de comerle el clítoris con voracidad, mordía suavemente ese punto, lo amasaba en mis labios y lo golpeaba con la punta de mi lengua aumentando el ritmo a cada instante. Levantando mi vista pude observar como ella mojaba sus dedos y comenzaba a pellizcar con ellos sus pezones humedeciéndolos y estirándolos para aumentar su placer y yo aproveché para untar mis dedos de sus jugos y dirigirme a acariciarle el culo. Hice a un lado el resto de tela de sus bragas que se le metía en la raja del culo y con la yema de mi dedo índice comencé a acariciarle en círculos mientras con mi boca no cesaba de comerle el clítoris y ella respondió de inmediato relajando su esfínter y dejando que una falange de mi dedo entrara sin mayor problema. Seguía succionando ese clítoris mientras mi dedo ya estaba adentro de ese culo y comencé a mover el dedo en forma de penetración suave, adentro, afuera, adentro, fuera y seguía y a cada movimiento notaba como se le hundía más y más hasta que todo estaba adentro y el movimiento era largo y profundo.

Ella se soltó los pezones y jalando mis cabellos me pegó a su concha y comenzó a gritarme “Sii, así Paco, hacéme acabar bebe, cómeme toda mi amor” y yo aumenté el ritmo en su clítoris y mi dedo hasta que estalló en un orgasmo gigantesco. Me apretaba con las piernas flexionadas mi cara contra su cuerpo, pujaba con su pelvis para que mi boca comiera más su clítoris y sentí la tensión de su culo aprisionando mi dedo que le llegaba bien adentro hasta que un minuto después se relajó por completo. Cuando Graciela se recompuso de su orgasmo se levantó de la mesa de la cocina, me ayudó a quitarme la ropa y tomándome de la mano me llevó a su cuarto. Sin soltarme sacó todo lo que estaba sobre la cama airándolo al piso y me arrojó de espaldas sobre el colchón y diciendo “Vas a acabar lo que empezaste” se arrojó sobre mí y me comenzó a besar mi boca. Ahí me tenía, yo abajo casi inmóvil por el peso de su cuerpo, ella reclinada sobre mi pecho besándome, mis manos aferrándole las nalgas y su boca comiéndose la mía y sin vacilar su mano buscó mi verga que estaba a la entrada de su sexo y guiándola se la fue introduciendo dejándose caer por completo sobre ella hasta que le hizo tope bien adentro.

Se soltó de mi e irguiéndose sentada sobre mi pelvis sentí como mi verga entraba un par de centímetros más en su concha mientras ella hacía fuerza hacia abajo clavándose por completo mi miembro en sus entrañas mientras se apoyaba con ambas manos n mis caderas para sostenerse. Mis manos buscaron aferrarse a sus tetas y ella comenzó a cabalgarme como una endemoniada, literalmente saltaba sobre mi verga subiendo casi hasta sacársela y dejándose caer con fuerza hasta enterrársela otra vez y lo volvía a repetir. Graciela gemía, jadeaba y como si estuviera posesa me repetía:

“Si bebé. Si mi amor. Hace cuanto que no me cogían así. Dame más” Yo solté sus pechos y tomándola de las nalgas comencé a acompañar sus movimientos de sube y baja empujando con las caderas para arriba cuando ella se dejaba caer sobre mi verga. Me sentía en el cielo y mi excitación había llegado a su límite y le dije que me estaba por correr: “Ufff, Graciela, ahhh, no aguanto, me vengo, me vengo” y ella se hundió más mi verga en sus entrañas y fregándose con todo adentro moviendo las caderas adelante y atrás me dijo: “Dame esa leche bebé, la quiero toda aquí adentro” y no pude más y me corrí.

Sentí como los latigazos de semen salían de mi verga, uno, dos, tres y un último espasmo que tensionó mi cuerpo de una manera que parecía una vara bajo el cuerpo de ella y Graciela en ese momento se tensionó producto del orgasmo que le vino y clavando sus uñas en mis caderas se fregaba contra mi cuerpo de una manera deliciosa hasta que se desplomó sobre mi otra vez jadeando e intentando recuperar la respiración. Unos minutos después, recobrando la respiración y la calma, levantó su rostro y mirándome a la cara me dice: “Paco, ha sido genial. Nunca había tenido una verga de este tamaño antes y me encantó” y de inmediato me volvió a besar pero ahora con dulzura y pasión.

Mi verga comenzaba a descender y sola se salió de su vagina mientras nuestros flujos chorreaban sobre mi pelvis y cuando dejamos de besarnos me dice: “Quieres darte una ducha. Ven” y me llevó a su baño donde nos bañamos juntos. Mientras el agua y el jabón recorrían nuestros cuerpos no dejábamos de acariciarnos o besarnos y todo eso volvió a provocarme una erección y sin salir de la ducha ella se arrodilló y me la volvió a mamar otra vez. Fue una sensación tan agradable que hoy cada vez que puedo intento repetir eso, el calor del agua chorreando y golpeando tu cuerpo mientras una boca cálida succiona tu pene intentando dejarlo seco por dentro.

No necesitó mucho tiempo para que realmente estuviera excitado otra vez y deseara correrme y se lo dije. Sin pensarlo dos veces nos salimos del agua y nuevamente fuimos al cuarto pero esta vez yo la eché a ella sobre la cama y comencé a devolverle las caricias con mi boca, comí sus pezones y bajé a comer su vagina otra vez. Estaba comiéndole el clítoris cuando decidí bajar para lamer su culo, le subí las piernas todo lo que pude y con esfuerzo comencé a pasarle mi lengua alrededor del ano mientras ella con sus dedos acariciaba su clítoris.

Como me era algo incómodo, le di la vuelta y abriendo sus nalgas volví a comerle el culo intentando meter mi lengua en él y ella con su mano por debajo de su cuerpo no dejaba de jugar en su sexo, primero tocaba el clítoris, luego metía un dedo a su vagina y sacándolo todo mojado volvía a acariciar su clítoris con fuerza. Saqué mi rostro de entre sus nalgas y arrodillándome entre sus piernas la tomé de las caderas poniéndola en cuatro patas y le dije: “¿Alguna vez te cogieron por el culo Graciela?” y ella me respondió: “Sí Paco, partime el culo amor” y dicho y hecho, se la clavé por el culo sin más.

Apoyé el glande en el ano y para mi sorpresa fue ella la que empujando para atrás se fue introduciendo mi verga poco a poco soltando tremendos gritos de placer. Se reclinó sobre sus manos quedando con el culo empinado y mientras mordía las sábanas, gemía y gritaba diciendo “Más fuerte, Más fuerte mi amor” yo comencé el mete y saca jalándola de las caderas.

Era mi primera vez que le daba por el culo a una mujer y no podía creer lo lindo que sentía la estrechez de sus músculos tragándose mi verga, aprisionándola a cada penetración y como lo estaba gozando esa puta de la amiga de mi madre. Fue tanta la excitación que no me resistí mucho y tras varias veces de meterlo y sacarlo comencé a vaciarme en su culo soltando torrentes de mi leche caliente y cuando ella lo notó se ayudó con la mano en su clítoris y terminó en un orgasmo estruendoso, dando verdaderos gritos de placer, gritando que gozaba y pidiendo más leche y más.

Exhaustos como estábamos, sudorosos de tanta actividad nos desplomamos en la cama mi cuerpo sobre ella y los dos jadeando sin poder respirar con comodidad por varios minutos hasta que mi verga se salió de su culo sola al perder la erección.

Después de varios minutos relajados en la cama cambiando caricias, besos y palabras dulces me di cuenta que habían pasado más de dos horas desde que había llegado y en ese momento suena el teléfono. Era mi madre preocupada por mí que llamaba para ver si aún estaba por ahí y Graciela le dijo:

“Si acá está y como todo un hombre que es me ha ayudado con unas cosas y ya va para tu casa”. Me levanté, me higienicé, vestí y me despedí de Graciela para volver rápidamente a casa y ella sólo se calzó una bata y al saludarme me dijo: “Paco, sabes que me voy de viaje por vacaciones 15 días pero, a mi regreso, quiero que vengas a buscar la ropa de tu madre que me prestó y repetir esto otra vez mi niño” y yo le dije: “Seguro Graciela, estaré esperando ese día ansioso desde hoy” y me marché.

Poco más de dos semanas desde ese día, sonó en casa el teléfono, atendió mi madre y saludando a Graciela oigo que le dice: “Si, Si Gracielita, ya te lo mando para allá a buscar mis cosas y mañana te espero para que me cuentes de todo lo que has hecho” y cinco minutos después estaba yo camino a mi segundo encuentro con Graciela pero para leerlo deberán esperar otra entrega. Saludos a todos los lectores y espero que lo disfrutaran como yo cuando estuve con ella.

Autor: Pacogerte

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Incesto descomunal

Me hacía explotar de placer, succionaba mis labios vaginales y el clítoris. Recorría con la lengua mi conchita y llegaba a la puerta del ano e insinuaba una leve penetración con la lengua. Estaba por explotar de placer cuando levanto la mirada y veo a mi tía y a mi prima arrodilladas chupando la pija de mi padre, eso bastó para hacerme acabar y dejar todo mis jugos en la boca de Pedro.

¡Hola! La historia que contaré es 100% real, sólo modificaré los nombres de los protagonistas para reservar el anonimato. Mi nombre es Laura y vivo en Argentina, Buenos Aires. Tengo 27 años. Soy alta, morocha, ojos verdes, buenas tetas y culo y soy gordita (no se los voy a ocultar pues nunca me acomplejó ni me limitó en conseguir lo que quería). Quienes me conocen dicen que soy muy sensual y me considero ser buena en la cama ya que conté con muy buena experiencia. La historia que pasaré a contar ocurrió 7 años atrás cuando yo tenía 20 años.

Mi madre nos abandonó a mí y a mi padre (Andrés) cuando yo tenía 13 años y él 39 años. Como mi padre trabajaba durante el día y no tenía quien me cuide nos fuimos a vivir con mi tía Graciela, hermana de mi papá. Mi tía vivía con su pareja (Pedro) ya que se había divorciado de mi tío y vuelto a formar familia, con su hija (mi prima Soledad) unos meses menor que yo y con el hijo de su pareja (Claudio) 5 años mayor.

La relación con mi prima Soledad es muy linda, somos muy unidas incluso es mi mejor amiga (la hermana que nunca tuve) mientras transitábamos la adolescencia y el despertar sexual hablábamos mucho de sexo y chicos, cosa que pasa habitualmente entre amigas. Practicamos nuestros primeros besos entre nosotras, nos masturbábamos juntas y “jugábamos” con Claudio (le pedíamos que se masturbara frente a nosotras, que nos hiciera sexo oral, nosotras se lo hacíamos a él y no más que eso).

Teniendo ya 18 años, planificamos pasar un fin de semana en una quinta que tiene Pedro. Fuimos mi prima, mi tía, mi papá, Pedro y yo. Claudio aprovechó a quedarse con la casa a solas para él por lo cual no fue a la quinta.

Llegamos y Soledad y yo nos internamos en la pileta, mientras que los demás acomodaban todas las cosas. Mi papá comenzó a preparar el asado, mi tía se recostó a tomar sol y Pedro se metió al agua con nosotras. Comenzamos a jugar entre nosotros y al rato se sumó mi padre. Estábamos los 4 jugando y empecé a sentir manoseos raros. No eran sólo roces, sentía las manos de Pedro y de mi padre que disimuladamente se posaban en mis senos o en mis nalgas. Ellos no parecían darse cuenta de nada (o eso querían hacer parecer) pero Soledad notó lo mismo que yo porque cruzamos miradas alarmantes. Si bien esto me sorprendió debo admitir que me calentó la situación e incluso me descubrí buscando esas manos o apoyando mi culito en los bultos de Pedro y mi padre que ya se notaban “despiertos”.

Los hombres salieron del agua para seguir cocinando y con mi prima nos quedamos en la pileta hablando de lo que había pasado, ella coincidía conmigo en que hubo unos toqueteos raros y que ella también había quedado excitada.

Salimos del agua y nos fuimos al cuarto con la excusa de prepararnos para el almuerzo. En vez de ello nos dispusimos, como era de costumbre, a masturbarnos pues habíamos quedado muy calientes. Siempre nos masturbábamos de la misma manera, nos encerrábamos en nuestro cuarto (pues lo compartíamos) y cada una se masturbaba desde su cama mientras miraba como se masturbaba la otra, nunca habíamos tenido contacto alguno mientras lo hacíamos. Pero esta ocasión fue distinta. En la habitación sólo había una cama de 2 plazas por lo cual teníamos que compartirla,  nos pusimos una al lado de la otra rozándonos. Esta situación nos calentaba mucho más y a pesar que jamás habíamos tenido fantasías la una con la otra era notable el grado de excitación.

Ahí estábamos las dos, frotándonos los clítoris, con la respiración agitada. Miraba a Soledad a la cara y la veía como mordisqueaba su labio inferior de placer, no se si fue por impulso o que pero no pude resistirme y la besé. Soledad respondió y nos fundimos en un beso muy apasionado, sentía su lengua recorrer la mía me mordisqueaba los labios y yo los de ella. De pronto sentí su mano corriéndome la parte de mi malla para dejar al descubierto uno de mis senos, bajó recorriendo con sus labios mi cuello y comenzó a succionarlos con fuerza y mordía el pezón que para entonces estaba duro como roca. Levantó la cara en busca de mi boca y volvimos a besarnos, sentí su mano entre mis piernas e instintivamente las abrí para que llegara a mi vagina. Pasó sus dedos por mi rajita, los cuales se embebieron en mis líquidos y se chupó los dedos con todos mis “juguitos”.

Estábamos a punto de vivir una de las experiencias más maravillosas cuando nos interrumpió el ruido de la puerta al abrirse. Era mi tía.

Soledad y yo nos quedamos petrificadas, no reaccionábamos. Comenzamos a dar explicaciones (sobre que era la primera vez, que era un juego, etc.). Graciela trabó la puerta, se acercó y se sentó en la cama; nosotras muertas de vergüenza esperábamos que comenzara a retarnos. Pero no parecía disgustada. Por el contrario, nos sonrió y nos dijo que no nos disculpáramos, que era normal lo que hacíamos, que siempre es bueno tener una amiga con quien experimentar el sexo para que después, llegado el momento, saber como actuar. Nos contó que ella hizo lo mismo y que la había ayudado mucho.

Comenzábamos a tranquilizarnos cuando arremetió diciendo que iba a ser un secreto entre nosotras, que podíamos confiar en ella y que incluso ella nos podía enseñar más cosas. Al decir esto tomó una de las manos de Soledad y la apoyó sobre uno de mis pechos mientras que ella me tomó el otro. Tanto mi prima como yo no caíamos en cuenta de lo que estaba pasando, mi  tía le dice a Soledad que iba a enseñarle como chupar un seno y comienza a pasarme la lengua alrededor del pezón. Si bien era una situación sumamente extraña, comencé a excitarme y mis pezones volvieron a ponerse duros. Soledad, que observaba como su madre lamía y mordisqueaba mi pezón, comenzó a sobarme el otro pecho suavemente y continuó chupándomelo.

Mi tía levanta su cara y busca mis labios, nos besamos dulcemente, con una mano levanta la cara de Soledad y la besa también a ella. Jamás había imaginado ver a una madre y a su hija besándose pero debo admitir que era muy excitante. Graciela se levantó el corpiño de la bikini y expuso sus pechos para que se los chupáramos, eso hicimos.

Mi tía se para, se arrodilla a los pies de la cama y me pide que me acerque, que me recuesta y abra mis piernas dejando a centímetros de su cara mi conchita que para esa altura estaba empapadísima. Le dice a Soledad que se ponga a su lado que le iba a enseñar el sexo oral. Siento los dedos de mi tía abriéndome los labios de mi vagina y exponiendo mi clítoris que estaba a punto de estallar. Sentir su lengua recorrer mi conchita me hacía explotar de placer y debía contenerme para no gritar por miedo a que mi padre y Pedro escucharan. Graciela comenzó a penetrarme con los dedos (no sabría decir con cuantos, pero más de uno eran) y le deja lugar a mi prima para que comience a lamerme la conchita. No aguanté mucho más y llegué a un orgasmo indescriptible y ambas empezaron a beber mis jugos entremezclando sus lenguas.

Luego fue el turno de Soledad, quien se recostó en la cama y abrió sus piernas para que comiéramos su coño. Primero lo hizo su madre mientras yo lamía sus pechos y luego ella se sienta sobre la cara de su hija para que sea ella quien chupara su conchita. Yo me dispuse a chupársela a mi prima hasta que sentí la contracción de sus músculos y como llenaba mi boca con los jugos de su orgasmo. Graciela se recuesta en la cama y nosotras nos colocamos a cada uno de los lados, nos pide que le comamos las tetas mientras ella se masturba hasta acabar. Nos besa en los labios y se marcha a su habitación prometiendo que lo repetiríamos. Soledad y yo quedamos por unos minutos tendidas en la cama tratando de entender que había pasado, sin mostrarnos arrepentidas en absoluto. Nos fuimos a bañar para quitarnos el olor a sexo y bajamos a almorzar.

El almuerzo fue muy distendido, al comienzo Soledad y yo estábamos nerviosas pero las miradas cómplices de Graciela nos relajaron. Luego de hacer la sobremesa mi prima y yo nos fuimos a tomar sol mientras los demás se quedaron charlando y recogiendo la mesa.

Al rato salen los 3 y se meten en la pileta, nos invitan a acompañarlos pero sólo Soledad va con ellos, yo seguí tomando sol. Los observaba jugar y volví a ver esos toqueteos que había notado antes. La situación volvió a excitarme por lo que decidí sumarme a ellos. Siguiendo con el juego y el manoseo “sin intención” mi tía se quita la parte superior del bikini aludiendo a que no quería que el sol le dejara las marcas por lo cual nos aconseja a Soledad y a mí que hiciéramos lo mismo. Como dudábamos, se acerca mi padre por detrás de mí y me desata el corpiño diciéndome que no tenga vergüenza, que estábamos en familia. Al ver que quedé con los senos al descubierto mi prima se lo quita también y continuamos disfrutando de la pileta.

Mientras jugábamos buscaba el cuerpo y las manos de Pedro, sentir su bulto apoyado en mi cola me ponía a mil. Las manos de Pedro recorrían mi cuerpo ya sin disimulo. Masajeaba mi cola y tocaba mis pechos recorriendo con sus dedos pulgares mis pezones mientras yo sobaba su miembro. Estábamos los cinco muy juntos y se mezclaban nuestras manos y era tal la excitación que se había generado que nadie podía plantearse si era o no correcta la situación. Pedro que estaba detrás de mí apoyándome, me toma de la cintura, me da vuelta hasta poner frente a él y comienza a besarme apasionadamente y a apretar mis pechos.

Me llevó en alzas hasta el borde de la pileta, me sentó en el mismo y quitó el resto del bikini. Separó mis piernas y comenzó a lamer mi rajita mientras que con una de sus manos me estrujaba uno de mis pechos, que si bien me generaba un poco de dolor, me generaba mucho más placer.

Me hacía explotar de placer, succionaba mis labios vaginales y el clítoris. Con sus dedos masajeaba la zona que está entre el ano y la vagina. Recorría con la lengua toda mi conchita y llegaba a la puerta del ano e insinuaba una leve penetración con la lengua en el culito. Estaba por explotar de placer cuando levanto la mirada buscando al resto de la familia y veo a mi tía y a mi prima arrodilladas chupando la pija de mi padre, eso bastó para hacerme acabar y dejar todo mis jugos en la boca de Pedro.

Salimos del agua y nos unimos al resto. Pedro fue a buscar unas colchonetas para formar una gran cama en el jardín. Mi padre me tomó de la mano y me acercó hacia él para besarme, al principio la situación me resultó extraña y se puede decir que hasta intenté esquivarlo pero la excitación fue más fuerte y de pronto me encontré besando a mi propio padre.

Soledad me separó las piernas y arrodillada ante mí comenzó a chuparme la rajita, mi tía seguía tragando la pija de papá (su propio hermano) y mi papá succionaba mis pechos como si fuera el mayor de los néctares.

Pedro nos tomó a Soledad y a mí y nos llevó a las colchonetas, se recostó boca arriba y entre las dos comenzamos a chuparle la pija. Se la recorríamos entera y uníamos nuestras lenguas a la vez. Comencé a sentir dedos húmedos en mi conchita, era mi padre. Me hizo poner en cuatro para dejarle mi culo en primer plano y poder lamerlo. Lo recorría entero y escupía saliva en la entrada del ano para luego quitarla con la lengua.

Graciela se sentó sobre la boca de Pedro para que él le chupara el coño. Mi padre se arrodilló detrás  mío y apoyó la cabeza de su pija sobre mi ano haciendo leves empujoncitos pero sin buscar penetrar. Al ver que yo le respondí con movimientos de cadera no dudó en penetrarme por la conchita. Lo hizo despacio para que no sintiera dolor (por más de que él sabía que yo no era virgen) y luego empezó con el bombeo.

Mi tía y Soledad comenzaron un 69 espectacular y Pedro colocó su pija en mi boca para que la chupara. Las embestidas de mi padre se volvieron más intensas y toda la situación hizo que llegara a mi segundo orgasmo. Cuando mi padre estuvo a punto de correrse sacó el pene de mi vagina y volcó su leche sobre mi colita. Sentía su líquido caliente chorrear por mi cola hasta que, inesperadamente, Pedro se dirigió hacia mi cola y se dispuso a limpiarla con la lengua, tomó entre sus manos la pija de papá y también comenzó a chuparla para quitarle todo rastro de semen. Las sorpresas no acababan, Pedro estaba chupándole la pija a mi papá y éste tenía una cara de placer increíble. Ver eso me calentó como nunca y me uní a Pedro para chuparle la pija a mi padre.

Pedro me preguntó si alguna vez había tenido sexo anal a lo que respondí que no. Me dice que él y papá me lo iban a hacer probar. Me hicieron poner en 4 y entre los dos lamían mi ano, giraba mi cabeza para observarlos y veía que entre lamida y lamida se besaban lo que me dio la pauta de que éste no era su primer encuentro.

Pedro comenzó a meterme primero un dedo y después otro. Mi padre se puso de rodillas y apoyó la cabeza de su pija en mi ano y empezó empujar suavemente mientras Pedro lubricaba la zona con saliva (incluso chupando la pija de mi padre). Logró meter la cabeza pero me generaba mucho dolor ya que la pija de mi padre es bastante gruesa, trató de hacer movimientos de bombeo pero el dolor me era insoportable. Decidió entonces dejar intentar a Pedro ya que la de él era más fina. Pedro me penetraba y se movía muy despacio, porque yo me seguía quejando del dolor. mientras le chupaba la pija a mi papá que estaba parado a su lado.

En eso me vence el dolor y pierdo la fuerza en los brazos por lo que caigo sobre la colchoneta, mi padre me da vuelta, me separa las piernas y comienza a chuparme la concha. Sentir la lengua de mi padre recorriendo mi rajita hizo que me olvidara del dolor. Pedro se pone detrás de mi padre y le pide que le ofrezca la cola. Comienza a chupársela y entonces veo como Pedro se arrodilla y lo penetra de una embestida y empieza a bombearlo frenéticamente mientras que le decía –Cómo me gusta que seas mi putita! Era tan excitante ver y oír todo eso, conocer la faceta pervertida de mi padre y del resto que no tardé en llegar al orgasmo y esta vez no reprimí el grito de placer. Tampoco lo reprimió Soledad que al verla, veo como su madre le chupaba la concha mientras le metía dos dedos en el culo.

Extenuada (pero aún excitada) tras tres orgasmos seguidos me hago a un lado para ver como Pedro seguía cogiendo a mi papá ya que me calentaba mucho la situación. Soledad se acerca a mi lado y empezamos a acariciarnos y a besarnos. Mi prima me susurraba al oído que nunca se había sentido tan feliz y que le encantaba todo lo que estábamos viviendo. Yo pensaba lo mismo.

Mi padre se acostó sobre las colchonetas, mi tía lo cabalgó tragándole la pija dentro de su conchita y Pedro la penetró por detrás. La cara de placer de Graciela era maravillosa y si bien yo no había tenido una buena experiencia con el sexo anal momentos antes, ya fantaseaba con la idea de la doble penetración. Mi tía llegó al orgasmo y lo gritó fuertísimo, Al escucharla Pedro se excitó tanto que salió del culo de mi tía para correrse en nuestras bocas. Con Soledad tomamos toda su leche. Mi papá que estaba llegando a su segundo orgasmo volcó toda su leche en las tetas de su hermana y después hizo que Soledad y yo se la limpiáramos.

Quedamos los cinco tirados al sol, exhaustos de tanto placer. Pero luego de un descanso volvimos a la acción y ese fin de semana fue muy sexual. Exploramos el sexo como jamás lo había hecho, incluso terminé disfrutando de los placeres del sexo anal (y la doble penetración obviamente). Descubrimos una faceta escondida de mi familia ya que luego nos confesaron que eran frecuentes los encuentros sexuales entre ellos tres y que de ahora en más estarían felices de que nosotras participáramos.

También nos confesaron que mientras tomábamos sol con mi prima, Graciela les contó sobre lo que había pasado entre nosotras tres antes del almuerzo y que por eso decidieron planificar la “fiestita” Mantuvimos ese tipo de encuentros durante muchos años, después se incorporó Claudio (el hijo de Pedro) y armábamos, cada vez que se podía, esas fabulosas orgías o íbamos concretando encuentros entre nosotros (incluso he tenido sexo a sola con mi padre y no me avergüenza, lo disfruté y se que no le hice mal a nadie).

El tiempo pasó y fuimos tomando caminos diferentes. Claudio se fue a vivir a otro país, mi padre formó pareja y se mudó de la casa de mi tía, Soledad se casó y tiene una hija y yo estoy viviendo en pareja. Pero muy esporádicamente aunque sea y ocultándonos de terceros nos juntamos a disfrutar como lo hacíamos antes. Hemos incorporado otras personas y tengo muchas anécdotas más. Así que si es que quieren saber de otras aventuras me avisan y con gusto se las contaré.

Perdón si lo hice muy largo, pero no quería obviar ningún detalle para que quienes entiendan y compartan la vida incestuosa puedan disfrutar de este relato tanto como yo disfruté todas mis experiencias.

Besos a todos.

Autora: Laura

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Una madre de altos vuelos

Diego sentía las manos de su madre amasar su verga y bolas. Las manos de Graciela se alineaba arriba y abajo del eje grueso de su hijo, tirando y ordeñando del pene de tal modo que no tardó en ponerse ya muy parado. Los labios de Graciela se reclinaban contra las bolas de su bebé, entonces ella comenzó a alternar entre sus bolas y su pene.

Los Wilson estaba viajando a Australia para las vacaciones anuales de la familia. Graciela y su marido, Juan, eran padres orgullosos de tres hijos adolescentes. Había allí un hijo llamado Diego, de 18 años, y sus hijas gemelas, Karina y Juliana de 16 años. La familia estaría pasando las doce horas próximas en un avión y como Juan era un hombre muy rico, él voló siempre en primera clase con su familia. Alcanzado todos sus asientos, Graciela dio vuelta hacia su marido y con una sonrisa cariñosa le dijo:

– Juan, porqué no le haces compañía a las muchachas en esta fila y yo me siento mejor en la parte posterior con Diego. Usted sabe que el vuelo lo pone nervioso.- -Buena idea.- Dijo Juan.

A los 39 años, Graciela era una mujer llamativa, con el pelo del marrón largo hasta el hombro y las piernas delgadas. Su hijo, tal como siempre hacía cuando hacían un vuelo de tantas horas, dormitaba en su regazo.

La azafata en su recorrido se acercó sonriente al ver la escena, Graciela le comenta que su hijo, Diego, siente cada vez que vuela cierto temor, por lo que es normal que se acurruque entre sus brazos…tal comentario hace que la azafata le responda:

– Es aceptable, yo tengo un muchacho de su edad que siente lo mismo cuando vuela. Como usted, señalándolo a él, aparte no hay ningún lugar más seguro que los brazos de su madre.-

Graciela y la azafata comparten una sonrisa significativa. Ambas entienden el deber sagrado de una madre a su hijo. Ambas entienden el enlace del secreto que solamente una madre y un hijo pueden compartir.

– El capitán me llama voy a dar vuelta por la cabina, ¿puedo yo conseguirle una manta?- Dijo la azafata. – Por favor y gracias.- Graciela respondió.

En algunos minutos las luces se apagaron, casi obscureciendo la cabina de primera clase. La fila de Graciela y de Diego ahora era una esquina privada oscura, detrás de un mar de todo los asientos vacíos. La azafata volvió con una manta y un montón de almohadillas. Ella las colocó en el asiento vacío de la fila. Graciela levanta sus piernas en el asiento y se reclina entre las piernas de su hijo. Ella podría sentir su erección con sus pantalones débiles, podría sentir el palpitar, pulsando contra su estómago. Ella sabía la sensación de sus pechos suaves aplanados contra el pecho de su hijo.

Ella le pregunta a la azafata si puede verficar como está  el resto de la familia, la misma le responde, voy a por ello.

Graciela esperó cerca de diez minutos antes de que llegara su informante. La azafata se esforzó para ver en la oscuridad, la fila de Graciela y de Diego, era como una ensenada secreta oscura, oculta del resto del mundo. Ella sonrió cuando descubrió a la madre y el hijo junto, como amantes en su propia cucheta privada. Mira al marido de Graciela y después se mueve hacia el bunker de Graciela. Y dijo:

– Su marido está dormido, sus hijas también. ¿Usted está bien?- Graciela sonrió y la azafata se fue para adelante.

Graciela desplaza las manos debajo de la camisa de su hijo a través de su pecho muscular. Rasguñó ligeramente sus pezones con sus uñas y escuchó su respiración pesada. Diego estaba nervioso y excitado pues él se encontró debajo de las mantas bajo el control de una belleza que era su mamá. Él podría sentirla desprendiendo de su camisa, exponiendo su pecho pelado. Graciela entonces se movió separando los botones de su blusa hasta que su pecho cubierto por el corpiño fue expuesto. Esto ocurría debajo de la manta, por supuesto, en un pequeño espacio oscuro, un ámbito privado para una madre y su hijo.

Graciela resbaló encima del pecho de su hijo, tirando de la manta sobre sus cabezas mientras que ella acerca los labios a su oído.

– Desbrocha mi corpiño.- Ella susurró.

Diego obedeció sin hablar y sintió los pechos de su madre sobre su pecho. Graciela tira su corpiño sobre el piso, desplazando las piernas sobre su hijo montándose a horcajadas. Con una pierna ahora un cada lado de él, ella podría sentir su sexo que se reclinaba contra ella. Le masajeó con sus manos sobre sus pantalones encontrando su blanco sustancioso. Diego mordió su labio mientras que él sentía las manos delicadas de su madre amasar su verga y bolas. Las manos de Graciela se alineaba arriba y abajo del eje grueso de su hijo, tirando y ordeñando del pene de tal modo que no tardó en ponerse ya muy parado.

Los labios de Graciela se reclinaban contra las bolas de su bebé, entonces ella comenzó a alternar entre sus bolas y su pene. Diego no podía creer su suerte, mientras que sentía los labios de su propia madre deslizarse arriba y abajo de su miembro hinchado, alguien le rozaba con una mano su pie. Él tiró de la manta para abajo descubriendo su cabeza y vio a la azafata que lo saludó con una sonrisa.

– ¿Cómo está usted? – Ella murmura.- Bien – exclamó un poco asustado por la situación.

La azafata ve la cabeza de la madre que se meneaba claramente hacia arriba y hacia abajo debajo de la manta y sabía todo sobre el especial amor entre la madre y el hijo, por tener uno de la misma edad que Diego.

– ¡Voy a acabar! – Diego murmuró.

Graciela trabajó con sus labios más rápidos y más apretado y la azafata le colocó a Diego un pedazo de plástico duro en su boca.

– Muerda esto amor, así. – Uuuummm madre sigue, sigueeee que ya acaboo. – Sí diego dale a tu madre toda la leche que está ansiosa. – Ahhh – exclamó mordiendo el plástico mientras veía que la azafata gozaba con lo que pasa bajo la manta.

Habiendo gozado del show que les dieron madre e hijo se retira para atender el resto de los pasajeros. La madre y el hijo gozaron solamente en una hora de su vuelo. Diego tenía la clase de verga que podría ir toda la noche y en cuanto a Graciela, ella sentía los labios mojados de su gatito temblar.

– Ábrelos, bebe. – le dice su madre llevándole su mano a los labios súper mojados.- Madre, que placer me estás dando – exclamó Diego. Tanto madre e hijo comenzaron besarse como jóvenes amantes.

Ella se monta desesperadamente arriba de su hijo y con su mano lleva el mástil más hermoso que tuvo en su vida hacia el lugar más secreto de una madre.

– Goza hijo que tu madre te va a dar todo de ella – dijo entre gemidos. – Si mami, es hermoso, es como tocar el cielo con las manos… – Dale Diego, llega conmigo, que estoy por acabar…acelerando los movimientos, que para ese entonces ya eran evidentes… – Si madre ya me voy, estoy acabando yaaaa…- Aay bebe que placer me estás dando, seguii, seguí, por favor. – Diego sentía su pene contra la matriz de su madre.

Aceleran sus cuerpo y se ponen a acabar simultáneamente, intercambiándose besos que nada eran de una madre y un hijo.

– Fue maravilloso hijo. – Si mami, fue lo más lindo de mi vida. – dijo Diego.

Luego de la excitante aventura se arreglan las ropas y caen en las manos de morfeo con una leve sonrisa en sus rostros. Al rato paso la azafata y ve a los dos en un sueño profundo, notando en él que estaba agradecido tener una madre de alto vuelo.

Este relato me lo relató un amigo (Diego) que no se animaba a publicarlo.

Autor: Loquisex

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