Crónicas Cornudas II, Elisa me cuenta sus aventuras 1

Parejas liberales, Infidelidad consentida, Hetero, Serie de Relatos. Desde hace algún tiempo comencé un juego sexual con mi esposa Elisa, primero la deje que saliera a divertirse con otros hombres, pero poco a poco fue subiendo de tono, hasta que ella me tomó la medida y ahora se acuesta con quien quiere, déjenme contarles como se dan las cosas

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Josy, una prosti auténtica Josy, me cuenta sus experiencias cap 2

Josy, una prosti auténtica
Josy, me cuenta sus experiencias cap 2

Autor: Lobo Feroz
Etiquetas: Hétero, sodomización, trio, grupal, sado, lluvia dorada, lesby, cornudo conciente.

Relatar la historia de Josy es poner en secuencia la auténtica realidad, sin concesiones y sin culpas, enfrentó la realidad con su cuerpo, exuberante y voluptuoso, placer a cambio de dinero, pero al entregarse había descubierto el difrute del sexo como nunca, variedad y cantidad conseguían llevarla a niveles de placer inéditos. En este capítulo cuenta algunas experiencias del trabajo de prosti.

Pasaron unos meses luego de aquel encuentro donde su marido me pidió que la iniciara, que me olvidara de la relación entre ambos, que adoptara el rol de un cliente, un desconocido que la buscó para tener sexo, una especie de ritual de iniciación, mostrar con la mayor realidad posible como será “hacer la calle”´.
Esta vez, también volví a visitarlos en la casa de ambos, obviamente el ambiente era mucho más relajado, la situación económica de la familia mostraba los signos del trabajo de las “carnes” de Josy, el trato más distendido y amigable. Con solo verla pude advertir que su actividad de prosti le sentaba bien, sus carnes se mantenían firmes y su forma de ser más mundana, más extrovertida, más abierta a contar de sus cosas, como que la vida le había abierto un espacio al disfrute del sexo y ayudado en la tranquilidad económica.
Las cervezas sirvieron para el diálogo y la confidencia, obviamente el morbo de saber como era esa otra vida, sobre todo contada en primera persona era por demás morbosamente excitante, casi no hizo falta que hiciera tantas preguntas, ella solita contó todo esto que recreo para ustedes.

“Jamás se me había ocurrido que podría entregar mis nalgas, pero luego de que me pusiste en el lugar de una prosti todo parecía estar en su lugar, claro una cosa es pensarlo y otra distinta es hacerlo. Primero fue que la señora que me abrió los ojos para dedicarme a vender mi cuerpo y me compró ropita adecuada, también sus consejos fueron que debía tomar conciencia de que los “señores” son fuertes y nos buscan para hacer todo aquello que no pueden hacer con sus esposas o también ejercer el domino del macho sobre la hembra, y nosotras las prostis estamos ahí para satisfacer de todo y a todo, hay que complacerlos, y sobre todo no olvidarte de que “el cliente siempre tiene la fuerza del deseo y paga por ello”. Estos y otros más sirvieron para menguar los nervios de toda novata.
Busqué un lugar donde se paran las chicas que están para “el levante”, en verdad les he gustado bastante, mis formas exuberantes les excita mucho, en los comienzos tuve tres o cuatro en la mañana y algo más por la noche, claro es algo cambiante según los días, algunos son rapiditos para venirse otros dilatan por más tiempo el acto, a todos les encanta mis grandes tetotas y mis generosas nalgas, el vientre plano y sobre todo la disposición para hacerlos gozar. Me encuentran distinta a muchas, no solo por mis formas, sino por que los beso en la boca, beso húmedo, meto mi lengua en su boca y cuando ellos meten la suya sienten que me caliento, eso debe ser lo que me hace distinta, transmitirle ese fuego que me produce hacen que les guste hacerlo conmigo. Aunque no se los diga ellos se dan cuenta como me calienta desde que comienzan a mirarme para evaluar como estoy de buena, cuando me tocan las nalgas y me las aprietan se siente rico, más aún cuando estamos en la cama hasta me vengo con ellos, por eso me sienten distinta y les gusto mucho más. Aprecian ese acto de venirme junto con ellos.
Obviamente también he accedido a mamárselas y hacer sexo sin condón, al natural y con venida dentro de la vagina, luego que se las limpie con el resto del semen que me han regado dentro. Aprendí a mamar, ellos me han ido enseñado a mamarlos de todas la formas, aprender como les gusta que se lo hagan, solo accedo a sus gustos y doy lo que me solicitan. También entrego el culo, no todos, pero sí la mayoría; dicen que muchas prosti no lo quieren entregar y tampoco les gusta mamar, será por eso que me he vuelto un objeto bien deseado.
Tengo bien en claro que el hombre busca a la prosti para hacer todo aquello que se le niega en el hogar, así me acaban en la boca y me trago su leche, le encanta ver como me la meten dentro de la boca y se vienen. Muchos de ellos les agrada el bucal, cojerme por la boca, el metisaca me lo hacen por la boca, jalando de los cabellos y me la dejan ir hasta el fondo, ahí les pelo la verga al los no circuncidados para sacarle la cabeza y mamársela, disfrutan a mil, bufando cuando llega el momento del final feliz, un “bonus track” es mostrarles su semen dentro de mi boca antes de tragárselo.
Cada hombre tiene su particular forma de disfrute, desde los suaves y tiernos hasta los que disfrutan ejercer el dominio sobre la hembra, los violentos, que nalguean fuerte y duro, algunos hasta me han dado con el cinto en las nalgas, el tipo exige, yo le doy, para eso estoy de prosti.
En este trabajo hay de todo y para todos, me han dado entre dos, es cuando el morbo de ver al compañero coger el morbo se sube a tope y se ponen súper excitados y a veces violentos, tanto como para jalarte de los cabellos por la habitación, manejándote como una perrita, disfrutan de portarse como grandes machotes posesivos y dominantes, asegurar su situación de dominio sobre mi, en general son breves momentos aunque algunos se han mostrados a sus compañeros de cojinche por diez minutos, algunos con más copas encima por mucho más tiempo, claro también depende de la resistencia de cada quien y de la cantidad de polvos que se hayan echado.
Cada encuentro es cambiante depende de cuántos tipos y de cuánto tiempo dispongan. He atendido a tipos que se mandan dos y otros cuatro, y hasta algunos pocos seis polvos me han dado, sobre todo cuando son más de un a cojerme, es cuando la excitación y la competencia potencia el deseo y el orgullos de parecer más hombre, es cuando más se han venido.

Mi primer cliente, haciendo la calle… La situación fue así: Recorría la calle esperando que algún hombre me llamara para un servicio sexual, caminaba ofreciéndome solita, vestidita de prosti. De pronto un señor me llamó y preguntó por el costo de mis servicios, le gustamos, el precio y estas carnes que la naturaleza me dio. Me llevó a un hotel cercano, un señor de mediana edad, educado y amable, cosas que para ser primeriza me dieron cierta confianza. Llegados a la habitación me desnudé despacio para que la demora hiciera el efecto seductor de excitarlo, sobre todo no quería que se me notara inexperta, estaba poniendo en práctica lo que tú me habías aleccionado en los dos primeros encuentros, ahora era el momento de la prueba de fuego, actuar de cuerpo presente, como se suele decir salir a escena y saltar sin red de protección.
El señor estaba arrobado con todo lo que estaba descubriendo, la lujuria asomada en el brillo de sus ojos, el deseo latía dentro de su bragueta que se hinchaba más a cada momento. Colaboré en bajarle los pantalones y el calzón, la verga estaba caliente y lista para el asalto. Ahí mismo me arrodillé delante del señor, sin olvidar tus enseñanzas “no dejar de observar sus gestos y que note que lo estás haciendo”, tomé la verga entre las manos y realicé la primera mamada de prosti.
Luego todo se convulsionó, el tipo se excitaba mucho, me dio por delante y desde atrás por la vagina. Se vino tres veces, dos por la conchita, la primera por delante, en la postura del misionero, la segunda desde atrás, como perrita y la tercera comenzó también desde atrás y terminó viniéndose en mi boca y tragándome su leche. Me sentí diferente, por momentos descolocada, como había llegado a este momento del sexo con un hombre desconocido, fuera de la cama matrimonial, ahí estaba yo, prostituyéndome, pero debo ser honesta, sentí muy ricas y agradables sensaciones, puede decirse que en ese instante había saltado el camino sin retorno: gozaba haciendo de prostituta. No sentía culpa alguna, estaba ahí por decisión propia, con el conocimiento y permiso de mi marido, pero queda la marca en mi vida de mi primer cliente. Le conté al señor que era mi primer cliente, no se asombró demasiado, casi diría que se lo imaginaba por mi actitud y la entrega que ponía en agradarle y complacerlo, le gusté mucho, dijo que disfrutó el banquete de ser el primero en usar mis carnitas.
Ese mismo día tuve otros tres clientes, me regresé colmada de leche a la dos de la madrugada, mi marido me estaba esperando, quería saber y le conté todo, con detalles, se calentó y excitó a mil, y ahí mismo sin dejarme lavar me montó y nos echamos un rico polvo, luego vino el sueño y nos recibió abrazados y enlechados.
Otras experiencias:
Me sucedió hace poco tiempo, estando entre dos hombres a cojerme, hasta nueve polvos me han dado, cojida en todas la formas y por todos lados, hasta me han hecho doble penetración vaginal, por suerte no han intentado la misma suerte por el ano, no se si lo han pensado pero trato de que no; ante el menor indicio de que van con ese propósito se las mamo y los calmo.
Son muchos los que me dan por el culo, con mayor o menor violencia, esa forma de dominación de la hembra los excede y algunos se ponen hasta violentos, algunos con la verga bien cabezona gozan en hacerme gritar, me la meten de un solo empujón, disfrutan escucharme como voy gritando cuando me la están metiendo, otros me la dejan ir de un solo envión, grito todo de una sola vez. Cuando la pija es gordota se siente mucho más, sobre todo si no están circuncidados y cabezona me duele mucho pero también ese dolor se transforma en disfrute y termino con el culo bien dolorido pero gozado como una perra.
La encerrrona
Me han llevado a lo que los señores suelen llamar “una encerrona”, es decir cuando se tiene a una chica para varios hombres. En una ocasión he estado atendiendo a siete hombres a la vez, me daban uno a uno por el culo y de dos por la vagina. Esa vez uno de ellos, no tan grandote, más bien gordito pero fortachón y vergudo, con una pija que calculo… más de veintiséis centímetros y gordota… que no podía rodearla con la mano, necesitaba las dos para encerrarla del todo, tan gruesa que metía miedo de solo imaginarla en mi culo. Debió ser el temor pintado en mi cara que lo hizo reír y me colocó a cuatro patas y sin mayor cuidado me la fue metiendo, cada gemido de dolor más reía, hasta que la mandó toda dentro, luego se movió como poseído, jalando de mis cabellos y nalgueando fuerte, si parecía que estaba domando a una potra salvaje, mientras los otros seis tipos no paraban de alentarlo para que la mandara más al fondo… Creo que es obvio que luego de esa encerrona y por culpa de este puto cojedor, el culo me quedó bien dolorido, por más de dos días no pudieron hacer uso de él y además de sentarme de costadito por las molestias de semejante cojida.
La lluvia dorada
Mi primera experiencia con la lluvia dorada fue en un hotel, estando con dos hombres, en la bañera, las manos amarradas por detrás, de rodillas frente a los machos, adorando sus vergotas morcillotas, se descargaron, desde la cabeza, la cara y las tetas se me escurrían su lluvia dorada. Uno de ellos me abrió la boca para meterme su verga y largarla, obvio que la escupí pero siempre algo queda. Algunos disfrutan mucho de este juego, también de colocarse luego ellos entre mis piernas y que sea yo quien los riegue de orina sobre su cuerpo.
Como en toda profesión siempre se paga lo que se le llama “el derecho de piso”, es decir y derecho de iniciación, pasar por todo tipo de pruebas, foguearte en el arte de la prostitución, pasar de las verdes y las maduras, de lo soft a la extremo, también lo intermedio tiene sus alternativas.
Ahora estoy trabajando en un bar, atendiendo mesas, bien provocativa, en tacones bien altos, mini tanguita de hilo dental y pezoneras o sin ellas, mostrando todo y bailando para los clientes.
Al mejor postor
En una ocasión me dieron una sorpresa ¡”me rifaron”!. Al terminar de bailar, como parte de la danza sensual, había quedado totalmente desnudita y así me llegué a la mesa del ganador, bebimos una cerveza con el afortunado y después me sacó así como estaba hasta su auto y me llevó a coger. El ganador era un tipo alto fornido y cojelón, me llevó al hotel, estaba feliz, como perro con dos colas, ja!. Se sacó la calentura metiéndome su verga y soltando la leche, el primero fue rápido e intenso, luego me jaló las tetas sin parar de que se la apretara con ellas, hasta que se paró nuevamente, luego desde atrás me montó y nalgueó fuerte. Fueron dos polvos más y al final de cada uno debía lamerle la pija hasta volver a levantársela.
Bailando en el bar
Lo habitual es que con la mínima ropita o sin ella, baile para los clientes, me voltee hacia todos lados para que no se pierdan nada de ver, abro las piernitas para mostrarles el brillante rosado del interior y despertar sus deseos más primarios. Las primeras veces sentí algo de nervios, ya que nunca había estado ante tantos ojos cargados de lujuria, pero vencí el temor y superé el pudor y pude danzar al son de la música, me acerqué al “público” para que ellos me quitaran la tanga y el corpiño (brasier), seguí la danza solo en zapatos de tacón alto, bien alto. Bailo con ellos en la pista, siento sabrosito el manoseo y la codicia de hombre, puedo sentir el deseo en calor de sus manos, sudando calentura.
En esa parte descubrí el placer de excitarlos, de sentir sus miradas recorrer mi carne y encender mi fuego interior, gozaba intentando adivinar en el brillo de sus ojos inyectados de lascivia las procaces intenciones de cojerme de la forma más salvaje, hacer realidad esa fantasía que muchas mujeres tenemos en privacidad, yo hacía realidad esa fantasía tantas veces imaginada cuando los hombres se embelesaban mirándome en la calle sin atreverse a decirlo. Ahora hice realidad mi fantasía y puedo sentirlos expresarlo en total calentura del hombre sacado de sí mismo.
Tampoco pierdo por un instante mi objetivo, seguir siendo madre, mujer y esposa: solo estoy vendiendo mi cuerpo para uso y disfrute pero el alma y la conciencia no se venden.
Eventualmente llevo algún cliente a mi casa, mi maridito recibe al cliente y solo atiende como para servirle alguna copa o cerveza
En la ordeñadora
Todo depende de lo que disponga el cliente, según como les guste suelen suceder en esta particular forma de disfrute de la prostitución. Te voy a contar que en una ocasión unos tipos me llevaron a cojer al hotel, bueno hicimos lo usual de los tríos hasta que saciaron sus deseos y vaciaron el contenido de la esperma acumulada en la rutina de sus hogares, pero en el relax después de haberse agotado sus ganas de cojerme comenzaron a fantasear entre ellos. Uno de ellos me propuso: – Vendrías con nosotros a un tambo (racho lechero donde se ordeñan las vacas)? El otro dijo: – Nos gustaría verte hacer el lugar de vaca y verte colocados los chupadores en tus ubres mamacita. –Piénsalo te pagaríamos bien por esa fantasía que nos despiertan tus grandes tetotas, como ubre de una vaca.
La oferta justificaba la invitación, y sí, me ordeñaron con los aparatos que tienen para las vacas. Me desnudaron frente a los trabajadores, ocho varones y tres mujeres, éstas me ayudaron poniendo crema en los senos para no lastimarme, luego colocaron los succionadores, uno en cada pezón y el patrón puso a funcionar la máquina… La succión del aparato me producía una sensación bien rica, jamás había imaginado semejante acto, pero lo estaba disfrutando mucho. Se quedaron asombrados mirando el excitante espectáculo de una tetona en una ordeñadora mecánica.
Una de las mujeres también ocupó mi lugar cuando me sacaron los succionadores, previo amarrada sus manos a la espalda y encendieron el aparato.
Todo por complacer al cliente
Tus enseñanzas me fueron de gran utilidad, la base e iniciación, aprendí de tu consejo que el cliente no pide ordena, no sugiere, exige, le gusta ejercer su dominio por que para eso paga, para que le obedezcan y se sometan al macho. Luego de unas pocas experiencias me di cuenta que no es posible hacer la calle sin protección, el señor que me cuida también me probó, me hizo un chequeo completo y por todos lados, “necesitaba probar mi aptitud”, ja! me probó y aprobó de todas las formas y me puso a trabajar con sus otras chicas. Me sigue cojiendo cuando se le antoja o anda caliente.
Cuando los hombres me ven en tetas, tan voluminosas y como me cuelgan me las aprietan, chuponean y mordisquean, en ocasiones hasta dejarme moretones, entiendo que es parte de la excitación que sienten cuando se ven con mis tetotas enormes y bonitas. Disfruto y disfrutan de sentir su cara apretujada en mis tetas, ni que hablar cuando les hago una paja o cubana frotando su verga entre mis tetotas hasta que les hago largar la leche a chorros que casi siempre me riegan la cara de semen.
Entre ellos también se dan
En ocasiones que me han llevado dos hombres he visto dos vergudos culeándose, es muy excitante verlos cojerse uno al otro, mirar como uno de ellos manda más, azota al enculado y lo hace gemir como a una hembra. Cuando se cojen entre ellos, uno se la mama al otro para saborear el semen, en ocasiones uno de ellos me acaba dentro y es el otro hombre que se coloca entre mis piernas para lamerme la enlechada se su compañero y tragársela. Ese momento disfruto doblemente, cuando el cojedor se viene dentro mío y nuevamente cuando el compañero me saca con su boca la acabada del otro tipo.
También bisex
Una pareja me invitó para hacer un trío con el señor y su esposa. El señor quería ver como nos comíamos las dos mujeres. Era notorio que la señora aún no había debutado en esta forma de sexo, también para mí lo era, pero haber hecho tantas cosas y saber de otras muchas me facilitó conducirla a meternos mano, nos lamimos, hicimos la tijera, un 69 hasta conseguirle un orgasmo a la señora que la dejó más que satisfecha que no paraba de gemir aún después de haber tenido un par de buenos orgasmos. Seguidamente el señor me cojió dos veces delante de su mujer.
Amarradita
Solo quien haya sido amarrada puede entender mis sensaciones, se siente muy rico estando amarrada, estar en esa situación incierta de no saber que sucederá al momento siguiente, adivinar lo que me van a hacer eleva mi excitación, el morbo de los partícipes se retroalimenta y multiplica, ellos saben para que les sirvo, tocan, lamen, aprietas mis grandes tetas, los cinturones golpean mis nalgas hasta dejarlas moradas. Estando amarradita se van turnando y me la meten por el culo, la vagina y me acaban en la boca, por momentos sentir a tres tipos ocupando mis tres agujeros a un mismo tiempo es algo inexplicable.
Otras veces me acaban en la cara y se me escurre el semen por las tetas, entonces me las levantan para que recoja con la lengua la enlechada de tetas, me encanta hacerlo, siento un placer que me excede. También creo que lo hago por el dinero que pagan, sino por todo este placer que da el sexo.
Llevando el trabajo a casa.
He llevado algunos clientes a mi casa, en todos los casos mi marido tan solo se ha quedado a observar o acercar alguna bebida, a pesar de las invitaciones para incorporarse se ha negado, lo máximo a que llegó fue en alguna ocasión a separarme las nalgas mientras el tipo metía su verga en mi culo, luego solo observar y muchas veces masturbarse de forma compulsiva.
Presenció cuando me estaban dando por el culo y se le paraba la verga, se masturbó de forma compulsiva sin dejar de mirar como me lo hacían, con cada gemido era una invitación a sacudirse con más urgencia.
Me la meten bien a fondo dejándome la leche y así lubricada, sin permitirme limpiarme me la vuelven a meter, total es leche sabrosa, me jalan y chuponean las tetas hasta dejarme algunas marcas moradas, en general no le piden sumarse en el encuentro, sino que disfrutan teniéndolo presente y dicen por ejemplo: – Mira que buen culo tiene tu puta mujer, mira, mira, a la piruja de tu esposa como se come mi verga, mira esta nalgona puta está buenísima, siente como grita esta perra puta de tu esposa, como la estoy abriendo con mi verga.
Carne nueva para el sexo
Haberme visto haciendo de prosti ha motivado a otras mujeres a imitarme, hasta me solicitaron consejo y que vea de que modo se pueden incorporar al servicio activo del sexo por dinero. En casi todos los casos son chicas con poca o nada de experiencia, jovencitas, casadas, noviando y también veteranas, el espectro de mujeres que buscan una salida económica vendiendo su cuerpo es de lo más variado y heterogéneo. Como son inexpertas es necesario foguearlas en ver como es esto de ser prostituta, para ello me encargo de ponerlas al corriente de qué y cómo se hace con los clientes. Las llevo a mi casa para que me vean en vivo y en directo como se hace acostándome con otros hombres, así van aprendiendo. Alguna que otra vez las traje para que mi marido hagas las veces de cliente, en una ocasión le traje una jovencita para que se entretenga, la goce y lo haga feliz, después de unas buenas cojidas la llevo para que trabaje de verdad. Nunca he forzado ni motivado para que se prostituyan, todas ellas han venido por su propio deseo o llevadas por sus madres, novios o maridos, sí aunque no lo parezca es totalmente real.
Ninguna era virgen, todas sabían por que y para que venían, todas son calenturientas y quieren sacar rédito de la putería, yo solo les muestro lo que van a tener y les gusta, se entregan con gusto a ser cojidas, no todas pero si lo he visto al Memo cuando se las tira y gritan bien sabroso ya que están preparaditas para complacerlo. He sido testigo presencial de ver como estrenó algunos culitos vírgenes, oírlas gritar en su primera vez y mi marido gozarlas a morir, claro que la segunda vez que vuelve a abrirlo ya les gusta por que saben que para eso las quieren los hombres, se hacen cargo de que para eso lo tienen, para entregárselo al que pague por usar sus nalguitas.
Memo las prepara, yo les enseño a trabajar, como soltarse, adiestradas en todo para que sean buenas prostitutas. En los ejercicios preparatorios de prosti, les encanta ver a mi esposo parado viendo como se cojían a su esposa y como me hacían gritar de placer mientras me sacuden la verga dentro mío.
Han venido maridos a pedirme convencer a sus esposas para que trabajen, siempre con resultado positivo, llevando carnes nuevas para hacer la calle. Últimamente han venido preguntando como incorporarse mujeres de casi cincuenta años, están buenas y saben tratar muy bien a los clientes tanto mejor que las jovencitas, la experiencia también tiene sus beneficios.
Todos son clientes
Trabajar en el bar es estar expuesta como mercancía en un escaparate, los visitantes son clientes, sin importar quienes sean, así fue cuando dos amigos de mi marido me vieron y uno de ellos me llevó al hotel.
Cojimos bien bonito, ni falta hacía que lo dijera, pero igualmente me hizo el cumplido de confirmar que siempre me había tenido como una fantasía el acostarse conmigo y romperme el culo. Ahora que me vio se puso como loco, era la fantasía hecha realidad, el sueño cumplido. Tres polvos me dejó, dos en la vagina y uno en mi culo, según él su secreto objeto de deseo, en todos los casos las lamidas de pija luego de las acabadas lo dejaron con ganas de volver por más. – Me hubiera gustado saberlo antes que era prostituta, cuántos polvos perdidos sin conocer mis carnes. – Bueno ahora ya lo sabes, nunca es tarde y cuando quieras ya sabes donde trabajo, ahí estaré para recibir con gusto toda tu lechita…
Las prosti no debemos hacerle asco a nada, los clientes son clientes no importa mas nada.
Terminamos las cervezas y es tiempo de volver a probar sus carnes.

Estoy esperándote en luganes83@yahoo.com.ar para conocer la tuya, saber qué te motivo a serlo y cómo disfrutas del sexo y haces de él una forma de vida. Deja los pudores a un lado y cuéntame.

Lobo Feroz

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Mi mujer entre dos fuegos

Hace ya varias noches, mi mujer y yo nos quedamos solos en casa, habíamos llevado a los críos a pasar la noche en casa de la abuela, lo que nos dejaba una linda noche solo para los dos… o al menos eso pensamos.

Le propuse salir a caminar:

– Quiero que te pongas muy sexy, te quiero lucir esta noche, pero no te vayas a poner brassiere.

Mi mujer mide 1:60, está un poco llenita pero conserva sus formas, sobre todo su redondo culito y un hermoso par de tetas que hace que los hombres desvíen su mirada cuando ella pasa. Por lo general se viste de manera recatada, pero desde hace un par de meses se dejó convencer de llevar escotes un poco más reveladores.

Ya algunas noches, durante nuestros encuentros sexuales, había podido descubrir un poco su faceta exhibicionista. Le excitaba mucho la idea de que la manoseara en la calle, el cine, el autobus; la posibilidad de que la vean excitada. Incluso un par de veces aceptó que le descubriera las tetas cuando estábamos en nuestra casa con las cortinas descorridas, con la posibilidad de que los vecinos se las vieran. Y una noche le apreté las tetas desnudas contra la puerta de vidrio que da para la calle, y cualquiera que pasaba la podía ver con mucha claridad.

Así que cuando le sugerí no llevar brassiere esa noche, me respondió únicamente con una sonrisa pícara.

Se arregló muy bien, se puso una linda blusa escotada que dejaba ver buena parte del canalillo entre sus tetas, un pantalón ligeramente ajustado que delineaba muy bien su culito, y… sin brassiere!

Caminamos por casi 20 minutos, conversando de cualquier cosa; yo buscaba llegar a la zona donde hay menos luz.

– Vamos, por allá casi no hay luz, quiero meterte mano aquí mismo.

Cuando le dije eso, suspiró profundamente y me dijo:

– Vamos, quiero que me estrujes las tetas!

Ella es una mujer muy excitable, pero su punto más sensible son sus tetas, podría tener orgasmo tras orgasmo sin penetración, solo de chuparle y estrujarle las tetas.

Cuando llegamos a la zona con menos iluminación, revisamos que no estuviera pasando gente, la empecé a besar apasionadamente, ella respondía. Le acariciaba la cintura, las caderas, mis manos iban subiendo suavemente por los costados. Poco a poco iba empezando a sentir la redondez de sus pechos. Cuando ella sintió mi mano rozándolos, dejó escapar un ligero gemido y dijo:

– Ay, amor! son tuyas, tómalas y hazme gozar.

No me hice de rogar, empecé a masajearlas por encima de la ropa, teniendo cuidado de no ser vistos por algún transeunte o algún vecino fisgón. Ella aceleraba su respiración y apretaba sus muslos, dándole gusto a su clítoris. Sus pezones se ponían durísimos y se veían claramente a través de la suave tela de su blusa, a pesar de la poca luz. Cogí un pezón entre mis dedos y lo empecé a pellizcar levemente, ella se retorcía de placer; le excitaba sobre todo la posibilidad de ser vista por cualquiera en ese estado.

Durante varios minutos seguí dándole a sus tetas por encima de la tela, cuando ella con una mirada libidinosa que no le había visto antes, se entreabrió la blusa y dejó una teta completamente expuesta.

– Cómela, mi vida! necesito que te la comas ahora!

Obedecí, me llevé el pezón a la boca, lamiendo suavemente y mordisqueando de vez en cuando. Mientras tanto ella se levantaba la otra teta, y se pellizcaba el pezón. Eso me excitaba aún más.

Así estuvimos por varios minutos. Y hubiésemos seguido si no hubiese sido porque… llegó la policía. Algún vecino les habría llamado. Eran tres agentes.

– Qué están haciendo aquí? esto es la vía pública, tienen que acompañarnos.

Nos hablaban a los dos, pero solo miraban a mi mujer y a sus hermosas tetas, visíblemente excitadas.

Traté de negociar con ellos, pero fue imposible. Le dije a mi mujer:

– Tendremos que acompañarlos, ni modo.

Ella contestó:

– Pero que sea rápido, ya no puedo más, necesito más… mucho más!

Me sorprendió, en lugar de estar asustada o preocupada, estaba más excitada.

Uno subió por una puerta del lado de atrás, otro hizo subir a mi mujer del otro lado. Cuando iba a subir yo detrás de ella, él me envió adelante y cerró la puerta para luego subir atrás con mi mujer y el oto agente. Era obvio lo que querían. Volteé a ver a mi mujer… tenía una interrogante en el rostro, pero se le veía al mismo tiempo muy caliente aún.

El otro agente, el que conducía me dijo:

– Tranquilos, colaboren y esto terminará bien, para todos.

Y me sonrió.

La patrulla se dirigía ahora a una zona aún más oscura. Yo oía ruidos leves atrás, pero no volteaba. El que conducía, al verme, me dijo:

– Voltee si quiere, pero no haga nada, ya sabe, solo colabore.

Cuando me di vuelta, mi mujer estaba con la blusa levantada con las tetas al aire, mientras los dos agentes le mamaban una cada uno. Ella estaba con los ojos en blanco, con las manos en las piernas y aprentando sus muslos para estimular su clítoris.

El que estaba detrás mío dejó de mamarla y se echó un poco para atrás, se abrió el pantalón, se bajó el boxer y puso la mano de mi esposa en su pene. Ella al principio no hizo nada, solo la dejó ahí. Pero cuando él empezó nuevamente a mamarle la teta, ella se la apretó, la acariciaba, se la estaba pajeando. El otro, al ver eso, hizo lo mismo. Ahora ella tenía a dos tipos mamándole las tetas mientras los pajeaba. Lejos de sentirme mal por eso, me excitó mucho, tanto que tuve una notoria erección.

El que estaba detrás del conductor le empezó a desabrochar el pantalón, ella no oponía resistencia. Cuando lo hubo soltado, ella levantó el culito para que se lo pudieran bajar, quedando en tanga. Le empezó a acariciar las piernas, subiendo hasta meter su mano bajo la tanga, tocando su humeda concha.

– Esta tía está que se corre, hay que darle ya antes de que nos deje atrás a todos.

La patrulla se estacionó detrás de lo que parecía una caseta de monitoreo. Bajamos todos, mi mujer en tanga y con las tetas al aire.

El conductor me llevó delante de la patrulla y me dijo:

– Párate ahí, disfruta del show o participa si quieres.

Los dos que habían viajado con mi mujer atrás se habían sacado ya los pantalones quedándose con las bolas al aire. El conductor procedió a hacer lo mismo.

Mi mujer se estrujaba las tetas furiosamente mientas nos miraba a todos.

Uno se le acercó y la empezó a besar mientras le acariciaba las tetas, el otro se agachó detrás de ella y le bajó la tanga para empezar a comerle el culo. Ella gemía de gusto! El otro fue a la cajuela y sacó una alfombra un poco sucia y la tendió en el piso delante mío. Luego se tendió boca arriba, con su pene apuntando al cielo.

– Ven – le dijo a mi mujer –  siéntate aquí y entiérratelo hasta el fondo.

Ella, obediente, caminó hasta la alfombra, se agachó, cogió el pene como midiéndolo, lo pajeó suavemente un rato, y luego se colocó sobre él, apuntándolo a su entrada para luego descender suavemente. Un gemido escapó de sus labios al sentirlo adentro. Los otros dos se pusieron a su lado, dándole sus penes para que se los mamara. Ella se los metía alternadamente en la boca, mientras seguía cabalgando al que estaba debajo de ella.

Luego, uno de los que estaban de pie se arrodilló detrás de ella y empezó a acariciarle el culo, empapando su pulgar con saliva y deslizándolo a lo largo de su raya, apretando suavemente el ano.

Ella adivinó lo que quería, nunca había tenido dos penes al mismo tiempo, y estar así, expuesta, la hacía desearlo más que nunca. Se quedó quieta un rato, para darle oportunidad al otro de colocarle el glande en la entrada de su culo. El de atrás fue empujando lentamente, suavemente, hasta que empezó a entrar poco a poco. Ella respiraba profundo, mientras su culo engullía centímetro tras centímetro ese otro pene que la estaba penetrando. Cuando lo tuvo dentro, empezó nuevamente a moverse, a ritmo para sentir los dos entrando y saliendo.

En eso ella se percató de que yo la miraba mientras sostenía mi propio pene completamente erecto cerca de su boca. Ella lo engullió, me hizo la mejor mamada que me haya hecho jamás! El tercer oficial se las arreglaba para masajearle las tetas desde un costado. Ella estaba en la gloria, tenía dos penes clavados, el mío en su boca y sus tetas estaban siendo estrujadas por otro al mismo tiempo. Todos sus puntos de placer estaban siendo atendidos en simultáneo.

En pocos minutos, el que estaba dándole por el culo la llenó de esperma. Esto hizo que ella tuviese un fuerte orgasmo al sentirlo vaciarse dentro de ella. El que estaba abajo estaba a punto de explotar, pero tanbién quería hacerle el culo, así que dijo al que quedaba de pie que se cambiara con él. Así que mi mujer se montó al tercer oficial mientras que el que estuvo abajo ahora se la clavaba por detrás. Estuvo así por cerca de 15 minutos más, hasta que los dos explotaron dentro de ella. Ella tuvo otro orgasmo y yo no resistí más y exploté, mas no se lo tiré en la cara, quise derramárselo en las tetas. Ella se las restegaba con mi semen, mientras se sobaba el culo sintiendo el semen de los otros dos que se habían corrido en su ano.

Todos terminamos agotados y sudorosos. Ella quedó tendida en la alfombra, desnuda y al aire libre.

– Si desean, en la caseta hay un baño donde pueden asearse lo básico. Ya vieron? todo salió bien, gracias por su colaboración, esperamos volverles a encontrar en otra ocasión.

Se vistieron, se subieron a la patrulla y se fueron. Nosotros nos levantamos, entramos a la caseta y nos lavamos… en silencio.

Cuando terminamos y nos vestimos, empezamos a caminar de regreso para encontrar alguna ruta conocida para tomar un bus o un taxi de regreso.

– Qué locura, no? – me dijo ella

– Si, pero, estás bien?

– Si, estoy muy bien.

– Bueno, hay que tener más cuidado para la próxima entonces.

– Si, definitivamente… porque definitivamente… quiero repetirlo!

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