Sirvienta Nigeriana

Ella levantando su pelvis me indicaba que estaba lista para ser penetrada, no la hice esperar, cogí mi verga y con ella lamí su rajita. Guadalupe estaba desesperada, me gritaba que se la metiera, continué un rato, hasta que empujé mi polla sobre su vagina, empecé a bombearla con la postura del misionero, recorría con mis manos sus nalgas y con mi boca me comía sus pechos negros.

Este relato que os cuento ahora sucedió hace bastantes años, por aquella época teníamos a una asistenta de raza negra, la cual se encargaba de arreglar todo en la casa. Ella se llamaba Guadalupe, era de Nigeria, estuvo contratada durante un año, tenía la piel muy negra, con un cuerpo muy bien formado, cabello negro azabache, labios carnosos. Ella vivía también en nuestra casa, en una de las habitaciones que estaban al otro lado de las nuestras donde nosotros pernoctábamos. Desempeñaba muy bien las tareas del hogar y al principio todo era muy normal, además mis padres estaban muy contenta con ella, pues era muy eficiente y pasaba inadvertida por la casa normalmente.

Un día, estaba viendo la televisión en el sofá, y la vi sacando brillo al suelo, estaba de espaldas a mí, con un vestido muy corto, el cual dejaba ver sus fastuosas piernas y parte de su rosita ropa interior. Ese día me excité mucho con ella, y la empecé a ver con otros ojos, cada día pensaba como hacerla mía, de una manera en la que no se diese casi ni cuenta, por las noches mientras me dormía no podía conciliar el sueño, pensando en mi negra sirvienta.

La cosa fue pasando hasta que un día se me ocurrió una idea, aprovechándome que era una chica algo ingenua, ya que era de un país alejado del mundo, y que ese fin de semana mi familia salió al campo y no volverían hasta el día siguiente. Salí de compras, en una tienda compré lencería femenina, unas medias de encaje blancas, un picardías negro algo trasparente, y unas braguitas negras también trasparentes. Llegué a mi casa, y oí el agua corriendo de la ducha, era Guadalupe, fui a mi habitación, saqué la ropa de sus paquetes y lo puse todo sobre mi cama. Esperé a que saliera y antes de que entrara en su habitación la llame, le dije que viniera un momento, contestó que se vestía e iba, pero insistí, le dije que era un momento, ella aceptó, y entró en mi habitación, estaba vestida con un albornoz color salmón, se veía hermosa, la fragancia que emanaba su piel recién bañada era celestial, esto me excitó.

Le dije que al pasar por una tienda vi esto, señalando a la cama, y que como ella se portaba tan bien, me apetecía regalárselo. Ella se quedó con la boca abierta, me dijo que era hermosa la ropa, yo le dije que quería que se la probase para ver si le quedaba bien, y ella rápidamente me dijo que enseguida iba a su cuarto y se lo probaba. En ese momento metí más presión, y le solicité que se cambiase en mi cuarto, que me daba la vuelta, que no pasaba nada y así le daba mi opinión, ella se sonrojó, bajó su mirada, vio que en mi pantalón había un bulto en la bragueta, y sin decir nada se giró, se abrió el albornoz y me pidió la ropa. Le alcancé la lencería, se quitó el albornoz, y pude observar su adorable culo duro, en ese momento tuve que hacer esfuerzos para no abalanzarme sobre ella.

Se puso el conjunto completo, se dio la vuelta, y preguntó por como le quedaba, le dije que perfecto, y ella empezó a bailarme, eso me puso loco, la traje hacia mí y sus pechos se agitaron, después me separé de ella, me bajé el orificio del pantalón, y salió mi pene. Le dije que una chupadita podía estar bien, ella se arrodilló lentamente, tomó mi verga y empezó a mamarla de manera dulce, sus gruesos labios abarcaron la cabeza de mi polla, la tragó hasta la mitad, sentí su lengua girar alrededor del glande, tomé su cara y saqué mi polla, para a continuación volverla a meter, repetí la operación varias veces, ella hacía perderse mi verga entre sus labios carnosos, Guadalupe dentro de su boca en cada envestida relamía mi pene, después de un rato, ella se retiró un poco, soltándose de mis manos, y comenzó a lamerla por los lados, subía y bajaba ricamente, hasta que en uno de esos vaivenes, agarró uno de mis testículos, y se lo metió en su boca, lo chupó enérgicamente, y me llevó al cielo, después la agarré de la nuca, y le introduje nuevamente mi polla en su boca, le guié el ritmo, poniéndole uno más fuerte y rápido, al rato se separó nuevamente, y me dijo que sabía muy rica mi picha, yo no aguantaba más, le introduje la polla otra vez, y me corrí en su boca sin avisarle, pero a ella no le importó mucho, se tragó todo, solo dando una pequeña arcada en uno de los chorreones.

Tras esto, pensaba que la cosa había terminado, pero no era así, Guadalupe me miró y me dijo que ella también quería disfrutar, que hacía mucho tiempo que no mantenía relaciones, se puso ella de pie, y yo me arrodillé en su espalda, agarré sus nalgas, una con cada mano y por primera vez palpé sus firmes nalgas, puse mis dedos pulgares casi enfrentados en su raja, ella levantó su culo, aceptando mis roces y adivinando mi propósito. Gradualmente introduje los dedos en la raja, abriéndola lentamente, apartando hacia un lado sus braguitas, lo primero que vi fue su ano, para finalizar observando los labios velludos, entre los que salía una brillante humedad, debida a la excitación que tenía Guadalupe. Acerqué mi cara lentamente a sus nalgas y poniéndola sobre la raja, empecé a lamer un poco su culito, el cual era aun más negro que su piel, para continuar por sus tostados labios vaginales, que dejaban entre ver su rosada vagina.

Después de un tiempo, se giró, se quitó las bragas, y su coño quedó exactamente enfrente de mi cara, ella ya estaba metida en situación, y no iba a parar hasta el final, su coño excitado desprendía el olor característico, acentuado por lo brillante de sus labios vaginales. Puse una mano en su muslo, cerca de la ingle, y con la otra acaricié su velludo monte de venus, después ella con sus dedos abrió los labios superiores de su coño, dejando ver los morados menores, los cuales de menores tenían poco, y sobre los cuales bajaba su brillante jugo, que enlazaba con sus pelos, humedeciendo estos. Me incorporé, la cogí de la mano, la llevé a la cama, recostándola, se tumbó sobre su espalda y levantó sus rodillas hasta los hombros, quedando completamente al aire su coñito, el cual era espectacular, con negros y peludos labios vaginales, el vello enrollado en pequeños rizos cubría todo el borde, y tras separar sus labios mayores y menores con mis dedos, se mostró ante mí su clítoris, el cual estaba hinchado, y más abajo se observaba su gruta de color morado, la cual debía ser muy profunda, y que derramaba bastantes líquidos los cuales corrían hacia el carnoso ano.

Le dije que le iba a lamer su rajita, ella con desesperación me dijo que rápido, que estaba deseándolo, le desnudé y la terminé de desnudar besando cada parte de su cuerpo que quedaba descobijada, besé su cara negra, sus labios carnosos, lamí sus grandes pezones marrones, chupé con la punta de mi lengua su clítoris el cual estaba durísimo, acariciándolo repetidas veces, mientras con mis manos sobaba sus tetas, hasta llegar con mi boca a su vagina. Estaba sobre mi cama, seguía chupándole su vagina, ella daba gemidos de placer, besaba sus dulces piernas hasta llegar a su ano, ella levantando su pelvis, me indicaba que estaba lista para ser penetrada, yo no la hice esperar, cogí mi verga y con ella lamí su rajita. Guadalupe estaba desesperada, me gritaba que se la metiera, continué un rato, hasta que empujé mi polla sobre su vagina, entrando progresivamente y fácilmente, empecé a bombearla con la postura del misionero, recorría con mis manos sus nalgas y con mi boca me comía sus pechos negros.

Después me puse de pie en la cama, levanté las piernas de la zorrita tostada, hasta colocarlas en mis hombros, puse la punta de la verga entre sus labios, y la empujé, se deslizó hasta el fondo, mi blanca verga se sumergía en la cueva negra rodeada de pelitos rizados negros, se tragaba sin restricciones la dura vara, la sacaba completamente y la volvía a introducir. Las pieles contrastaban, el terso cutis moreno de Guadalupe y el bronceado de mi pálida piel.

A continuación, me pasó las piernas alrededor de la cintura, sentí sus talones en mis riñones, aproveché y se la clavé a fondo repetidas veces, después me flexioné un poco buscando sus tetas, metiéndome un pezón en la boca, chupándolo y mordiéndolo, mientras sepultaba mi verga en la babeante gruta de la puta negra, sacándola y metiéndola acompasadamente, su hueco era suave, caliente y muy jugoso, quien lo iba a decir de mi sirvienta, que era muy tímida, estaba muy excitada ya, y mirándome a los ojos se empezó a venir, me dijo que se corría, que mi verga era excelente, que la matase con mi palo. Me apretó con sus piernas, incrustándome dentro de su vagina, y se corrió, para al momento derrumbarse sobre la cama.

Yo mantuve sus piernas en mis hombros, y mi polla entraba fácilmente en el negro túnel encharcado, continué bombeándola, observaba como su dilatado coño con sus pelos mojados se comía el palo blanco, hasta que mi semen anunció su salida, la leche entró a chorros sobre su cueva, pero yo continuaba taladrando a aquella guarra, hasta que no pude más porque su vulva me aprisionaba mi polla, por lo que esta exprimía mi verga.

Después nos tumbamos cada uno en un lado de la cama, y empezamos a besarnos, jugueteamos un rato más hasta que ella se fue a su cuarto desnuda, mostrando su desnudo cuerpo negro, y con su nueva lencería en la mano, la putita fue por el pasillo desnuda hasta su habitación.

Autor: Fary

pabloeresmas@hotmail.com

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Mi madre la mejor

Me pidió le metiera mi verga en su vagina, y que hiciera lo que yo quisiera con ella, no lo podía creer, mi propia madre me pedía que me la cogiera,  no perdí tiempo y de una embestida le metí mi verga, ella empezó a pujar y a pedirme que me la cogiera más fuerte, al tiempo que la penetraba chupaba sus tetas  y saboreaba sus labios.

Este relato es verdadero y es basado en mi propia experiencia, actualmente tengo 31 años, padre de dos chicos, todo se remonta a hace unos cuantos años cuando inicié una relación seria con la madre de mi primer hijo, teníamos intimidad normal, pero a mí siempre me llamó mucho el morbo.

Mi mujer en ese tiempo era hermosa, pero aún así también me llamó la atención las dos hermanas menores, Flor y Guadalupe, de 19 y 18 respectivamente, la relación con mis cuñadas era normal, pero no perdía ocasión para poder dar un vistazo a sus pechos o su culito.

En una ocasión en el que la familia de mi esposa nos visitó en casa, decidimos pedir que pasara la noche con nosotros, mi suegra (que era la única que esta vez acompañaba a mis dos cuñadas), al principio se negó porque mi suegro estaba solo en casa, pero con un par de palabras cruzadas de sus hijas todo quedó hecho, para variar en ese instante, sonó el timbre de la puerta, para mi sorpresa era mi madre, que vino de visita sin avisar, al parecer por la hora que ya era (04:30 pm), tenía intenciones de quedarse esa noche en casa, por lo que no teníamos problemas puesto que la casa es grande y con suficientes habitaciones.

La reunión pareció estar bien, mi madre y mi suegra se dedicaron a hacer la cena, mientras que mi esposa en ese entonces de 21 años charlaba con sus hermanas, y se ponían al día con todo lo referente a ellas, yo estaba sentado al lado de mi esposa y como siempre no perdía la ocasión de ver las piernas y las tetitas de mis cuñadas.

Un llamado se escuchó  desde la cocina, era mi suegra llamando a mi mujer, de seguro para ayudar en algo, por lo que se levantó y me dijo encargarme de mis cuñadas para que no se aburrieran, traté de entablar una conversación, pero Flor la mayor de las dos se disculpó porque tenía que ir al tocador,  se levantó y yo inconscientemente al pasar junto a mí le dirigí la mirada para poder ver ese culito, mi sorpresa fue cuando de nuevo me incorporé y vi a Guadalupe, me corté de inmediato y no pude pronunciar palabra, ella sonrió al mismo tiempo que me dijo, pierdes tu tiempo cuñado, esa nunca te dará lugar de algo, eso terminó de enmudecerme, a lo que ella siguió y dijo esta vez, en cambio puedes tener más opciones por este lado.

Sólo una leve sonrisa pudo gestar en mi rostro, yo estaba atónito, más aún con las palabras de Guadalupe, la cual vi ponerse de pie y dar un giro, y preguntarme ¿o a caso no te gusta lo que ves?, yo sólo giré mi rostro hacia el área de la cocina para cerciorarme que no estuviese nadie cerca. Al asegurarme de eso, no vacilé en ponerme de pie y acercarme a Guadalupe, y decirle de inmediato que si me parecía lo que estaba viendo, pero que no me servía de mucho el sólo ver, Guadalupe sonrió,  y se acercó  más a mí, para este momento  mi pene ya había despertado y el bulto no se podía esconder en mis pantalones; ella sin pensarlo puso su mano en mi verga, y exclamó, uuhh, ¿todo esto se come mi hermana? Qué envidia. Esas palabras fueron suficientes para que mi erección fuese completa, ella me invitó a tocar sus ricos pechos, yo masajeé por un momento sus pezones, y luego me detuvo, diciendo aún  no es el momento, pero no pierdas esperanzas que esta noche lo será.

La cena pasó sin mayor novedad, luego todos reunidos en la sala conversábamos sobre diferentes temas, así se llegó la hora de dormir, mi suegra fue la primera en despedirse y retirarse a la recámara, luego lo hizo mi mamá, nos quedamos un instante más mi esposa, mis cuñadas y yo, luego de unos minutos Flor dijo estar cansada y se retiró también. Por lo que mi esposa mencionó que también había que descansar y le dijo a Guadalupe que fuese a su dormitorio a dormir ya, ella se despidió de mi esposa con un beso en la mejilla, luego yo me puse de pie y de igual manera se despidió de mí con un beso en la mejilla, al mismo tiempo que susurró a mi oído, que no me olvidase de ella.

Esas palabras de nuevo me dejaron sin habla, esa noche al acostarme mi mujer dijo estar muy cansada y se durmió de inmediato, yo no podía dormir pensando mucho en aquello vivido antes, tomé mi bata, y me dirigí a la cocina a tomar un poco de agua, al regresar en la puerta de mi dormitorio me esperaba una sorpresa, era Guadalupe la cual estaba tan sólo en ropa interior, sentí como mi cuerpo temblaba al ver a ese bombón de pie esperándome, le pregunté en voz moderada ¿Qué es lo que haces?

Ella sin mediar palabra me cogió por los huevos, y me condujo a su dormitorio, entré y me dijo, sólo vine por lo que quiero, de inmediato me quitó la bata, y bajó mi interior, se arrodilló y empezó  a lamer mi aún  flácido pene, me acariciaba las bolas y sentí como mi rabo alcanzó toda su potencia, ella empezó a metérsela a la boca, yo me estremecía, busqué la orilla de la cama para poder sentarme y disfrutar mejor, sentí  como en varios intentos trató de tragarse mi verga y no pudo lograrlo, se incorporó y me dijo que estaba lista para que yo le chupara su chochita, no vacilé un instante, la tomé de la cintura y la recosté en la cama, empecé a jugar con sus labios vaginales, y a masajear su clítoris con uno de mis dedos mientras mi otra mano acariciaba uno de sus suaves pezones.

Le introduje mi lengua hasta donde pude, luego empecé a lamer su clítoris, ella se retorcía cada vez que mi lengua pasaba por su ya mojada concha, me dijo no poder más que deseaba ser penetrada por primera vez, eso fue un balde de agua fría, me cercioré y efectivamente su himen estaba intacto, sentí mi verga estallar al ver esto, le puse mi polla en su suave ranura y con un poco de dificultad sentí como se introducía; ella  empezó a pujar y cuando logré penetrarla gritó  desesperada, le tuve que tapar la boca, seguí con el ejercicio, ella empezó a lamer mi mano eso me hizo ver que su dolor se volvió placer.

La penetraba suave, ella me pidió con sus movimientos hacérselo más rápido, cuando empecé a incrementar el ritmo sentí como se retorcía, vi como sus ojos empezaron a nublarse me dijo, que su primer orgasmo había llegado, empecé a retirar despacio mi verga que aún no soltaba la descarga, le dije que la chupara de nuevo, ella me dijo que deseaba ser penetrada también por atrás, se giró y me ordenó romperle el culito. Le pasé mi lengua por todo ese hoyito, sentí como sus jugos habían descendido hasta su ano, me dispuse a penetrarla, al segundo zarpazo lo logré soltado tanto ella como yo un grito de placer, empezó a culear de inmediato, sentí que mi verga estaba a punto de estallar, se lo dije y ella empezó a pedirme que no lo hiciera aún, que deseaba le echara toda mi leche en su vagina, que deseaba todo mi semen dentro de su concha.

Eso me puso a mil, yo seguí penetrándola por su culito, ella se detuvo y me pidió volver a penetrar su concha, no me quise resistir, la penetré por su vagina, y al poco tiempo sentí como me vaciaba dentro de ella y volví a ver como ella llegaba conmigo al orgasmo, me recosté al lado de ella muy cansados los dos, me abrazó, cuando pude girarme, vi como mi madre se retiraba de la entrada de la habitación, no lo podía creer era mi fin, mi mamá espiaba de seguro desde el inicio de los acontecimientos, no sabía que pensar, me retiré a mi dormitorio ahí estaba mi mujer dormida, me metí a la cama esa noche no dormí, pensando en la última escena, (mi madre viendo como me cogía a mi cuñada Guadalupe).

A la mañana siguiente día sábado, me levanté antes que todos, me duché, y me dirigí a la cocina, yo hice el desayuno, al poco rato mi mujer bajó junto a Guadalupe, venían las dos abrazadas, yo no quise mirarlas a los ojos, pero mi mujer, me saludó como siempre con un beso, Guadalupe se sonrió y me dio los buenos días con un beso en la mejilla, diciendo al mismo tiempo, gracias estuvo rico, me congelé de nuevo, vi como mi madre se acercaba a donde estábamos, no sabía que iba a pasar. Tras de mi madre venía mi suegra y mi otra cuñada, todos saludamos, mi madre se dirigió a Guadalupe la saludó con un beso y le preguntó si había dormido bien a lo que ella contestó como un ángel, mi madre contestó, que envidia yo quisiera tener un sueño así de agradable, me miró y sonrió, no sabía que tramaba.

Todo transcurrió sin problemas durante el desayuno, luego mi suegra le mencionó a mi esposa que sería  bueno que ella y yo las acompañáramos a casa y pasáramos esa noche ahí; en ese mismo instante Guadalupe se refirió a mí diciendo que sería  buena idea que esa noche la pasaran en casa de sus padres, y que ella estaba dispuesta a ceder su dormitorio y ella se iría a dormir al dormitorio  de invitados, yo respondí que estaba de acuerdo, pero al mismo tiempo le recordé a mi mujer que tenía un pendiente en el trabajo y que debía solventarlo antes de poder ir a la casa de los suegros. Quedamos entonces de acuerdo, incluso mi madre dijo que se quedaría esa noche en nuestra casa para que no fuésemos con ese pesar de dejar solo nuestro lugar, parecía todo bien, pero yo sabía que todo podría pasar en esa casa, ya que ahora que Guadalupe me tuviese en sus dominios, ella quería más de lo que recibió la noche anterior, y no era bueno ya que no quería que nadie más se enterara.

Me retiré a mi trabajo a realizar la labor pendiente, eso me demoró mucho tiempo, llamé a mi esposa y le dije que las alcanzaría en casa de mis suegros, ella estuvo de acuerdo, pasaron las 04:00 de la tarde y yo aún  estaba en mi trabajo, volví a llamar esta vez a casa de mis suegros y me contestó  Guadalupe, le pedí me pasara a mi esposa, ella dijo que estaba ocupada con lo de la comida, fue entonces que le dije que aún  estaba trabajando, pero si lograba salir antes de las 05:00 llegaría a tiempo a la cena, ella aprovechó y me dijo que no le fallara porque quería una noche más de placer, le dije que yo complacido, pero debía tener precaución.

No pude salir del trabajo si no hasta las 06:30 pm, por lo que llamé a casa de los suegros y hablé con mi esposa, le pedí que me disculpara, pero se me hizo imposible asistir, ella me dijo que estaría de regreso en casa el siguiente día a  la hora del almuerzo, terminé de hablar con ella cuando estaba por llegar a casa, ingresé a casa y subí al dormitorio, mi madre parecía no estar, puesto que la llamé varias veces y no contestó, me dispuse a darme un baño, entré a la regadera, me duché, y cuando terminé me di cuenta que la toalla no estaba, me fui en pelotas  hacia mi dormitorio a buscar una toalla para secarme.

Mi sorpresa fue grande cuando me encontré de frente con mi madre, que venía subiendo, quise taparme, ella me pidió perdón que no fue su intención, que recién subía del cuarto de lavado de dejar las toallas y otra ropa, le dije que no se preocupara, de inmediato me retiré a mi dormitorio, estaba cambiando de ropa cuando ella tocó a la puerta, me puse un deportivo y le dije que podía pasar, ella me preguntó por qué razón yo no estaba en casa de mis suegros; le conté lo que pasó y ella me dijo que en un momento podía bajar a comer algo, le dije que no tenía hambre que almorcé muy tarde.

No perdí más tiempo y le dije que deseaba hablar con ella, se sentó a la cama y me preguntó que de que deseaba que charláramos,  no hallaba la forma de cómo iniciar dicha plática, mi madre al ver mi confusión, dijo que no me preocupara que ella no se extrañaba de lo de la noche anterior (yo me sorprendí mucho), ella sonrió y dijo que después del espectáculo de hace un momento, no le extrañaba lo que la noche anterior pasó, eso me confundió aún  más, ella sonrió de nuevo, y me dijo que ahora lo que sentía era envidia a lo atrevida que era Guadalupe.

Le pedí que me explicara todo porque no entendía nada, de nuevo sonrió y me dijo que mejor me enseñaría a lo que se refería, casi de inmediato se abalanzó sobre mí y me besó directamente en la boca,  traté de quitarme y sólo le pude decir que yo era su hijo, ella me dijo por cierto un gran hijo, y un gran hombre al momento que tocaba por encima de mis deportivos mis huevos, y me besó de nuevo, hijo quiero ser tan feliz como haces a tu mujer y como hiciste anoche a tu cuñadita, dale una súper noche a tu mamita.

Con sus caricias y sus palabras sentí como mi polla tomó rumbo hacia arriba, ella se sonrió y empezó a sacarla de mis deportivos, empezó a hacerme una paja, al mismo tiempo que besaba mi boca, cuello y pecho, mi verga consiguió su total erección, y luego sentí como los labios de mi madre saboreaban mi verga, no puede soportar más,  la tumbé en la cama y le desgarré la blusa y la falda que llevaba encima, le quité toda su ropa, ella empezó a pujar mientras acariciaba su concha ya bien mojada, me pidió se la chupara yo lo hice, y luego ella llevó mi verga a su boca, me pidió que le respetara su culo y que tampoco la penetrara vaginalmente.

Pasamos un momento delicioso, sentí como ella se retorcía con su primer orgasmo, pero yo quería más, subí a chupar sus pechos, esos mismos que me amamantaron de bebé, ahora eran causa de mis deseos más bajos, empezó a retorcerse de nuevo, en ese momento fue cuando me pidió le metiera mi verga en su vagina, y que hiciera lo que yo quisiera con ella, no lo podía creer, mi propia madre me pedía que me la cogiera,  no perdí tiempo y de una embestida le metí mi verga, ella empezó a pujar y a pedirme que me la cogiera más fuerte, al tiempo que la penetraba chupaba sus tetas  y saboreaba sus labios, me pidió que me viniera dentro de ella, me dijo que quería sentir toda mi leche en su vagina, eso hizo que explotara mi polla, nunca había sentido mayor placer al venirme dentro de una vagina, esa  concha era la de mi madre que empezó a tener su siguiente orgasmo al sentir como mi semen se deslizaba por su vagina.

Nos quedamos abrazados por un instante, ella me agradeció por ser su hijo y ahora su hombre, de nuevo empezó a acariciarme, me dijo que no le podía quedar mal que ella sabía que a mi mujer   y también a Guadalupe las había sodomizado, y eso era lo que más deseaba en ese momento, me dijo que estaba lista para que le chupara su culito, que nunca antes había tenido una polla dentro de él, esto era increíble, bajé recorriendo su espalda con mi lengua hasta llegar a ese culo virgen, lo mojé con mis salivas más no era necesario porque mi leche y sus jugos ya lo tenían bien húmedo, empecé a meter un dedo en ese culo de mi madre, y a masajear con mi otra mano sus pechos, eso me di cuenta le fascinaba.

Cuando sentí que podía introducir el segundo dedo, le besé un poco el cuello al tiempo que seguía con el masaje a sus tetas, y luego bajé a su clítoris a lubricarlo un poco, ella me pidió en ese momento ser penetrada le dije que quería meter un dedo más para no hacerle tanto daño con mi verga, ella dijo que eso era lo que ella deseaba, que su hijito la cogiera así como estaba, le empecé a poner la punta de mi verga y a tratar de introducirla, ella soltó los primeros gritos cuando empecé a penetrarla y me pidió no parar hasta que le metiera toda mi polla, me impulsé y logré penetrarla, sentí como su culo se dilataba a la fuerza…

Me detuve en ese momento para que su orificio se acoplara y luego empecé a meter cada vez más mi verga, ella gritaba y me pedía más placer, me decía que no me detuviese hasta no tener toda mi carne dentro de ella, le apretaba las tetas mientras la penetraba, ella empezó a pasar sus dedos por su clítoris y a coger el ritmo, se deleitaba, giró un poco su cuello y conseguimos besarnos mientras seguía culeando a la perra de mi madre, le dije que estaba muy rica y que deseaba cogérmela siempre, ella me dijo que siempre sería  mi puta, que deseaba que la cogiera siempre.

Sentí  como mi verga quería expulsar toda la carga que me quedaba, ella se estremecía con cada empuje de mi verga, le dije que estaba por venirme, ella me dijo que le echara el primer chorro en su culo y luego que la sacara para poder chupármela, no pude más y con esas palabras empecé a tirar mi leche, saqué mi verga y ella de inmediato bajó y se la metió en la boca, sentí como succionaba toda mi leche. Aaaahhh, sentí como tragaba cada gota, luego pasó su lengua por toda mi verga mientras yo le empecé a mamar su concha y así se vino, esta vez tiró sus jugos en mi boca yo recibí, muy complacido sus juguitos.

Nos quedamos dormidos hasta las 10:00 am del siguiente día le dije que mi mujer estaba por llegar a la casa y ella sonrió diciéndome que aún había tiempo para que la cogiera una vez más, desde ese día cada vez que se presenta la oportunidad me culeo a mi querida madre, y de Guadalupe ni hablar, ella ahora está casada, pero siempre busca una oportunidad para que podamos saciar nuestros deseos.

Autor: Tonny

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Mi hermano me enseñó, a manejar

Su gran verga entraba y salía de mi coño, en ciertos momentos me chupaba las tetas, entregados al tremendo placer que sentíamos, él se comenzó a venir dentro de mi coño, intentó sacar su verga de mi coño en el momento en que yo comenzaba a disfrutar de un lujurioso orgasmo, le dije. No te atrevas, porque aquí te castro cabrón. Mi hermano continuó dándome verga hasta que no pude más y disfruté plenamente de ese orgasmo tan brutal.

Hola, mi nombre es Guadalupe, y la madre de aquel que me llamé Lupe, bueno después de leer varios de los relatos que encontré en esta página, pensé si hay quienes escriben de sus particulares experiencias en el sexo, porque yo no escribía sobre la mía, y se preguntaran ¿Qué tiene que ver eso, con aprender a manejar? Bueno, si leen mi relato, verán que tiene que ver mucho.

Para cuando cumplí los 18 años, ya estaba en edad de sacar la licencia de manejar, pero mi padre me puso como único requisito, que me enseñase mi hermano mayor.

El detalle era que sería mi hermano mayor quien me debía enseñar, cosa con la que yo no estaba muy de acuerdo, por las constantes peleas que él y yo manteníamos. La parte teórica, me resultó bien fácil, por lo que me expidieron la licencia provisional, y después de tres meses podía tomar el examen práctico y ya tendría mi tan deseada licencia de conducir.

Como de costumbre entre mi hermano y yo constantemente manteníamos una riña por cualquier tontería, mientras que pasaban los días y yo nada que había practicado, por lo que después de pensarlo mucho y en contra de mis deseos de mandarlo a las ventas del carajo, le pedí disculpas a mi hermano. Finalmente comenzó a darme las prácticas, de las que yo salía más confusa, ya que aparte de no tenerme paciencia, me daba unos fuertes insultos, diciéndome lo bruta y tonta que yo era para aprender a manejar. Un día, estuve a punto de decidir no sacar la licencia. Pero finalmente decidí no darme por vencida así que me puse a pensar de qué manera podía hacer que mi hermano realmente me enseñase a manejar.

La respuesta a mi pregunta llegó por accidente, por lo general yo siempre que salía con mi hermano, tenía puestos pantalones, pero ese día me había puesto una provocativa mini falda, ya que después de la práctica, pensaba salir con mi novio a una discoteca y de seguro pasaríamos la noche juntos en su apartamento. Desde que me senté tras el volante, noté que mi hermano no quitaba sus ojos de mis piernas, así que por primera vez desde que había comenzado a practicar con él me trató bastante bien. Claro que me di cuenta de que mi hermano, la mayor parte del tiempo dirigía su mirada a mis muslos. Al ver su interés en mis piernas, desde ese día buscaba ponerme alguna de mis cortas faldas para ir a las prácticas de manejo con mi hermano. A medida que practicábamos también me di cuenta que si distraídamente dejaba que él me viera las pantaletas, las prácticas eran un poco más largas. Así que comencé a sentarme tras el volante con mis piernas bien separadas. Lo que permitía que mi hermano me viera las pantaletas sin dificultad alguna.

Pero únicamente las prácticas de manejo se limitaban a las cercanías de la casa, hasta que conversando con él, le insinué que si las prácticas fueran por alguna de las carreteras que salen o llegan al pueblo, seguramente yo aprendería un poco más, y al tiempo que decía esas palabras, volví abrir mis piernas de manera distraída, mientras me acomodaba la pantaletas, que había dejado que se me enterrase superficialmente dentro de mi coño. Decir y hacer eso, trajo en consecuencia inmediata que mi hermano, abriendo sus ojos me dijera, que esperas Guadalupe, dirígete hacia la vía de la finca. La finca es una propiedad de mis padres, que por lo general nunca había nadie, en la que tenemos una casa y un sembrado de frutos menores. En el trayecto mi hermano acercó su cuerpo más al mío, y continuó diciendo, mientras colocaba su mano izquierda sobre mi rodilla derecha. El control lo tienes en esta pierna, acuérdate con ella aceleras y frena. Pero al tiempo que dijo eso su mano subió por mi muslo hasta casi llegar a mi coño, pero de inmediato la volvió a deslizar hasta mi rodilla.

No sé, pero sentir su mano deslizándose por casi toda mi pierna, me agradó. Por lo que únicamente le dirigí una picara sonrisa, durante el trayecto, me fue diciendo que cosas hacer y qué no hacer mientras manejaba, al tiempo que de cuando en cuando su mano volvía a ponerla sobre mi muslo derecho. Así estuvo haciéndolo, hasta que llegamos a la finca. Al llegar me propuso, bueno Guadalupe vamos hacer esto, yo me voy a bajar del auto y tú vas a conducir alrededor de la casa y hasta los corrales, como si estuvieras en el pueblo, acuérdate que en cada esquina hay un pare, que debes respetar, pero por cada error que cometas, para hacerlo más interesante pierdes una prenda, al escuchar su propuesta me pareció que lo único que a mi hermano le interesaba era verme desnuda.

Pero en el fondo su jueguito me gustaba, ya que deseaba ver qué cara ponía, si yo me quedaba del todo desnuda ante él. Por un buen rato conduje de verdad bien, y solo cometí un par de errores, por lo que si perdería algo serían los zapatos, por lo que mi hermano, ya cansado me dijo bueno está bien, vámonos para la casa. Pero con una seductora sonrisa, le pedí que me dejara hacerlo nuevamente. Desde el inicio, no hice otra cosa que cometer errores a propósito, y al regresar me dijo, bueno Guadalupe te va hacer falta más ropa, para poder pagar todos los errores que cometiste. Yo buscando excusarme le dije. Es que como estoy sin zapatos, se me hace difícil el controlar el freno y el acelerador. Lo que no era cierto.

Mi hermano comentó. Si desde que se inventaron las excusas, nadie queda mal, pero si tú quieres que sigamos practicando, tienes que cumplir con el trato, así que quítate toda la ropa. Por un momento pensé en pedirle que me sacase la cuenta de mis errores, pero en lugar de eso le dije, mirando alrededor de nosotros, bueno ¿Pero donde quieres que me la quite, aquí mismo? ¿Y si llega alguien y me ve así? de seguro van donde papá con el cuento. A lo que mi hermano, después de dar un corto vistazo alrededor de nosotros, me dijo. Vamos a la casa, que yo tengo las llaves.

Ya dentro de la casa, cerró la puerta por dentro, y mientras me veía con un raro brillo en sus ojos, me dijo bueno ahora sí, quítate toda la ropa, yo lentamente me fui despojando de mis medias, de manera coqueta después de mi blusa, y acto seguido me desprendí la corta falda que estaba usando en esos momentos, mientras que mi hermano, tomaba asiento en el sofá de la casa, observándome sin perder de vista ninguno de mis movimientos, ya únicamente estaba en sostén y pantis, cuando él algo ansioso me dijo, bueno que esperas para quitarte el resto. A lo que con otra sonrisa coqueta le respondí, si no tienes paciencia, mejor me visto y nos vamos a casa. Al escucharme decir eso, se tranquilizó un poco mientras que yo comencé a retirar mi sostén, y quedar con mis senos al aire, moviéndome como había visto a una que otra chica que lo hacía en las películas porno, que mi novio y yo veíamos antes de comenzar a tener sexo.

Finalmente comencé a deslizar mis pantis hasta el piso de la sala, mientras mi hermano seguía mirándome pero ya con mayor insistencia. En ese momento se me ocurrió hacerle una pequeña maldad, y mientras tomaba asiento en la butaca frente a él, separé mis piernas y dirigiendo mis dedos dentro de mi coño comencé a introducirlos lentamente, mientras que él con la boca abierta seguía observándome, mientras que sus manos comenzaron a bajar el cierre de su pantalón, hasta ese momento pensaba en tomar mi ropa y dejarlo con las ganas de seguirme viendo. Pero cuando lo tuvo fuera, ya completamente erecto, me sorprendí al ver que su verga era más grande y gruesa que la de mi novio. Algo dentro de mí, me hizo levantarme de la butaca donde estaba sentada, y gateando desnuda por el piso, me fui acercando a mi hermano, quien no dejaba de verme y de manipular su verga entre sus dedos.

No lo podía creer, estaba deseando locamente acostarme con mi hermano mayor, y lo mejor de todo es que la sola idea me excitaba tremendamente. Él por su parte cuando mi cara quedó a la altura de su verga, mi hermano colocó sus manos sobre mi cabeza, guiándola directamente a su verga la que apenas tuve al alcance de mi boca, comencé a lamer lentamente, hasta que poco a poco la introduje dentro de mi boca, y comencé a chupársela lentamente. Por un buen rato sus manos dirigían mi cabeza, pero de momento comenzó a acariciar mis tetas, y apretar deliciosamente mis pezones hasta que separó mi boca de su verga, la que al yo mamar me parecía mucho más grande aún.

Sin perder tiempo, me recosté sobre el sofá abriendo del todo mis piernas, mientras que mi hermano dirigía su verga directamente a mi coño. Comencé a sentir como lentamente todo mi coño era invadido por su grueso y largo pedazo de carne, me encontraba tan excitada, por el hecho de estar acostándome con mi propio hermano mayor, que sentía que toda mi vulva estaba bien húmeda, y caliente. Sus manos me sujetaban con fuerza por mis caderas, al tiempo que lo único que el muy tonto alcanzaba a decirme era. Qué rica estás hermanita.

Su gran verga entraba y salía una y otra vez de mi coño, lo que a medida que pasaba yo movía con mayor fuerza mis caderas, en ciertos momentos me chupaba las tetas, cuando no me besaba como loco en la boca. Así los dos entregados al tremendo placer que sentíamos continuamos por un buen rato, hasta que él se comenzó a venir dentro de mi coño, pero como que intentó sacar su verga de mi coño en el preciso momento en que yo comenzaba a disfrutar de un lujurioso orgasmo, por lo que apretando sus bolas y a punto de enterrarle las uñas, le dije. No te atrevas hacerme eso, porque aquí te castro cabrón. Mi hermano continuó dándome verga hasta que no pude más y disfruté plenamente de ese orgasmo tan brutal.

Al terminar los dos, quedamos algo agotados, y por un buen rato no dijimos nada. Hasta que él me dijo. ¿Te volviste loca?, ¿y si te dejo preñada, qué vamos hacer? Yo más tranquila que él, mientras me reía, le dije. No te preocupes, que estoy tomando las anticonceptivas, además con lavarme bien el coño con agua oxigenada tengo.

Después de eso me acerqué a su boca y lo volví a besar. Quizás por el hecho de ser mi hermano, eso me excita tanto, es algo que no podemos evitar y en cada ocasión que se nos presenta lo hacemos. Ha se me olvidaba, lo de la licencia de conducir, la saqué con muy buena puntuación, ya que le di tremenda mamada de verga al examinador.

Autor: Narrador

narrador@hotmail.com

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