Fui muy puta

Me puso a cuatro patas, sentía su capullo que jugaba en la entrada de mi chocho y yo pidiendo métemela por favor, en eso empecé a sentirla dentro, cada vez más hasta llegó en un momento que me dolía, nunca me había imaginado que todo eso cupiera dentro, no se las veces que me corrí esa noche, me penetró un montón de veces cambiando de posición, el cabrón duró toda la noche.

Hola, mi nombre es Ana, tengo 49 años me dicen que muy bien llevados, y os voy a contar lo puta que me comporté unos años atrás cuando tenía unos 25 años, yo estaba casada, con un hijo, y era muy mal tratada por mi ex-marido, dándome, palizas, insultos, bueno de eso no me gusta recordar.

Yo trabajaba en una fábrica y todo empezó cuando uno de los encargados que teníamos empezó a tirarme los tejos, era mayor, tendría unos 40 años, en una posición bastante cómoda y empezó a regalarme braguitas, bombones y yo no le hacía caso, le decía que estaba casada y no me interesaba nada, además con un marido muy celoso que no podía ni hablar casi con mis propios hermanos, se ponía furioso y no digamos con otras personas, pasó un fin de semana que fuimos a una boda de unos amigos y cuando llegamos a casa me dio una paliza que el lunes no pude asistir a trabajar.

En fin que Pedro, el encargado, no desistía en su empeño, era muy amable conmigo, seguían sus regalitos que me dejaba en la taquilla, me esperaba a la salida, hasta que un día accedí a subir en su coche para acercarme a casa, y me propuso tener relaciones con él, yo negándome, llegó a ofrecerme dinero, cosa que en casa escaseaba ya que la única que trabaja era yo, pero me resistía una y otra vez, ya un día me ofreció dinero para hacerle una paja yo nunca había estado con otro hombre que no fuera mi marido y ese día lo acepté nos fuimos lejos de la ciudad como a unos 60 km. por miedo supongo, en el coche se sacó la polla y empecé a pajearle, cuando llevaba un buen rato me la metí en la boca y terminó corriéndose en mi boca, yo solo le dejé que me tocara por encima de mis braguitas ya que nadie más que mi ex me lo había hecho.

Pasó un mes aproximadamente y mis hermanos y cuñados, o sea la familia, propusieron de ir a comer a un restaurante, cada uno pagaba su parte, y mi ex-marido me decía que no podíamos ir porque no teníamos dinero, le dije que yo a escondidas había ahorrado algo, con lo cual podíamos ir a esa comida, él se puso todo contento y que tenía una maravillosa mujer que sabía muy bien administrar y ganar la pasta ya que a él ningún trabajo le duraba. Si decía yo te voy a invitar de los cuernos que llevas, cabrón, yo ya estaba muy harta de él pero lo quería.

El caso que Pedro seguía insistiendo en vernos y la primera vez no había estado mal, había sido muy fácil ganar ese dinero. Me propuso que le comunicara que no me encontraba bien por la tarde y me daría la tarde libre, y él también la tomaría, y así lo fue, esta vez me llevó más cerca, a Sagunto, a unos 30 km. de la fábrica, igualmente solo fue una paja como la vez anterior, y él poco a poco fue retirando las bragas a un lado hasta meterme los dedos dentro, no le dejé más ya tuve un buen orgasmo comiendo su hermosa polla, con su mano que no dejaba de acariciarme. Dándome otra vez la misma cantidad de euros y mi ex seguía insultando que yo era una puta, ahora si ya lo había conseguido. Repetimos varias veces más sin nunca llagar a penetrarme yo no quería pero me gustaba cada vez más.

El tema fue que llegó el verano nos fuimos de vacaciones y cuando regresamos en septiembre la fábrica había cerrado. Y todos a la calle, nos seguimos viendo ya que hacíamos guardia en la puerta para que no se llevaran los dueños las máquinas y nos quedásemos sin cobrar. Pedro seguía insistiendo hasta llegó a ofrecerme unos cuantos euros, eran muchos, por una noche y tonta de mí no lo acepté, él me decía que ahora que pasábamos las noches de guardia me sería más fácil, pero yo no acepté. (Tonta de mí, ahora me arrepiento no haber sacado más pasta).

Tampoco él me gustaba, si en cambio acepté irme con otro compañero, una noche en su casa Manolo, un chico de 30 años, muy majo, llevaba unos meses separado, la noche era muy fría y dije que no me sentía bien, él se ofreció a llevarme a casa y nos fuimos por el camino a casa, me dijo que sabía lo mal que lo pasaba con mi ex, bueno, lo sabía todo el mundo, y me eché a llorar, paró el coche y claro le expliqué, ahora la que me espera cuando llegue a casa, me preguntará quien me ha llevado y ya tendré la bronca, con lo cual me propuso ir a su casa descansar y por la mañana podría regresar a mi casa con el bus, y me gustó la idea y acepté ir a su casa, me cuidó muy bien me ofreció unas infusiones y la verdad empecé a sentirme mucho mejor, estábamos hablando en el sofá, empezó a decirme que siempre me había admirado, que era muy guapa y palabras muy amables, la cuestión que se me había ido el frío por completo y cada momento estaba más caliente y excitada por lo que me decía y me contaba.

Sin casi darme cuenta nos estábamos besando, empezó por mi parte débil mi cuello y estaba yo como un flan, no tardé nada en ponerle la mano en su paquete y como estaba de duro, ummm cuando lo recuerdo, le bajé la cremallera y salió disparada, vaya polla, nunca antes había visto nada igual, larga y gorda, intentaba tragarla toda pero no había forma, casi no cabía en mi boca, me dio media vuelta metió su cara debajo de mi falda y a mordiscos me arrancó mis bragas, no tardamos nada en irnos los dos, yo tenía un orgasmo descomunal con su polla en mi boca y su lengua jugando con mi chocho, como nunca nadie había hecho antes conmigo, paramos un rato, nos fumamos unos pitillos, y al poco rato pasamos a la habitación.

Nos quitamos las ropas mal puestas que teníamos y me tumbó en la cama, su lengua recorría todo mi cuerpo con lo que no tardé en tener otro orgasmo, pero tenía unas ganas locas de tener esa polla dentro que se lo pedí por favor, métemela, no puedo aguantar más, me puso a cuatro patas, sentía su capullo que jugaba en la entrada de mi chocho, y yo pidiendo métemela, métemela por favor, y en eso empecé a sentirla dentro poco a poco, cada vez más hasta llegó en un momento que me dolía, nunca me había imaginado que todo eso cupiera dentro, no se las veces que me corrí esa noche, me penetró un montón de veces cambiando de posición, el cabrón duró toda la noche se corría y a los 5 minutos estaba otra vez con el cacharro en posición, nunca me lo había imaginado, cuando se corría mi ex ya no había forma y yo pensaba que todos los hombres eran iguales, que equivocada estaba, cuantas cosas me había perdido.

Y llegaron las 7 de la mañana me di una ducha me vestí y no tenía bragas ya que estaban rotas, me tuve que ir en el bus sin bragas y sin poder casi caminar, tenía el chocho como un tomate muy maduro, cuando llegué a casa le dije a mi marido que no había dormido nada, que era muy duro eso de hacer guardia toda la noche, y que me iba a descansar. A partir de ese día tenía más guardias que antes para estar con Manolo, la cosa duró tres meses dos veces por semana, hasta que Manolo regresó con su ex-mujer. Nunca lo he olvidado, fue el primero que me hizo sentir mujer y disfrutar como una perra.

Autora: Ana

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Una chica normal

Todo el tiempo pensaba que estaba totalmente desnuda debajo de la bata de trabajo, normalmente llevaba alguna ropa ligera, pero ese día sólo llevaba las bragas y mira donde habían terminado. Me excitaba de pensar que se me abriera la bata de repente y desconocidos saltaran sobre mí para follarme, fantasías por supuesto. Pero después de la experiencia que había tenido todavía quería más.

Nunca he destacado por la calle por ser una chica 10. De esas que levantan más que pasiones cuando andan por la calle. A lo más, algún que otro piropo perdido por parte de algún obrero viejo y feo, una vez que se me levantó el vestido con el viento…

No, yo soy una chica normal y corriente, tirando a bajita y morena. No estoy gorda, pero tampoco tengo un cuerpo estilizado. De cara soy normal, ni guapa ni fea, para gustos se hicieron los colores, ¿verdad? He tenido varias relaciones con varios chicos, antes de que me pasara lo que os voy a contar, pero muy normales, no creo que destacara mucho en la cama ni cosas de esas. Cuando salgo con mis amigas, tengo éxito, es cierto, pero más porque suelo caer bien a los chicos que porque sea un bellezón.

Trabajo en un supermercado en una ciudad del País Vasco, pero no voy a dar más datos, perdonadme, porque no quiero que nadie se llegue a dar cuenta de quién soy. En ese momento tenía 23 años y estaba saliendo con un antiguo compañero de instituto, nos habíamos encontrado un día en un bar de copas, nos enrollamos esa misma noche y empezamos a salir más o menos formalmente. Vamos, yo le consideraba mi novio y él me consideraba su novia. Llevábamos así más de un año. Yo acababa de terminar en la universidad, y como tampoco había destacado muchísimo en los estudios (soy así de normal), me había buscado un trabajillo donde fuera, mientras que estudiaba idiomas e informática, en fin, para completar estudios, ya sabéis…

Como ya he dicho, encontré trabajo en un pequeño supermercado, ni siquiera en un hipermercado o algo así. Me pusieron a trabajar primero de reponedora, pero finalmente, como se me daba bien la gente el jefe se decidió a ponerme de cara al público en la sección de congelados. El trabajo era sencillo y no me mataba de cansancio. Ayudar a los clientes a echarse lo que compraran en las bolsitas, pesárselo, cerrar la bolsa, ponerle una etiqueta con el precio y había terminado con ellos. También reponía lo que se acabara, hablaba con el almacén, llevaba el recuento… Vamos ese tipo de pequeñas cosas.

En general, la vida era bastante aburrida, durante el día sólo veía marujas y por la tarde-noche iba a mis clases (dos horas cada día), a veces me iba para casa y otras veces mi novio venía a buscarme, cuando podíamos echábamos un polvo rápido, a veces se la chupaba (ya se lo había hecho a otros), pero tampoco lo hacía con demasiado entusiasmo y jamás le había permitido que se corriera en mi boca. Él tampoco es que fuera una maravilla, la mayor parte de las veces terminaba, casi antes de que yo hubiera empezado. Pero como yo tampoco había tenido muchas experiencias en mi vida, casi me había acostumbrado a que fuera así. Me gustaba, pero parecía que siempre me quedaba a medias y muchas veces, después en casa tenía que masturbarme para poder dormir tranquilamente. No me hacía preguntas, ya había entrado en la rutina. No sabía que las cosas iban a dar ese giro, la verdad.

El día que empezó todo yo estaba en los congelados, como cada día, atendiendo a una señora que nunca se acababa de enterar de cómo funcionaba esta historia. Cuando un hombre llegó. Al principio ni siquiera miré hacía él. Sólo cuando el hombre tropezó con una caja le miré a los ojos… ¡qué mirada! Me miró tan fijamente que parecía que entraba dentro de mi cerebro y me leía los pensamientos, me humedecí al momento y mis pezones se pusieron duros (casualmente se día no me había puesto sujetador y se notaban a través de la bata de trabajo). Aparté mi mirada y me ruboricé, pregunté si se había hecho daño, mientras él se disculpaba por haber tirado la caja al suelo, con su ayuda la levanté y de paso pude observarle bien, me sorprendí de que un hombre así me hubiera excitado, era tan normal como yo.

Tendría casi 40 tacos y se le notaba un poco la barriga, estaba afeitado y de cara era normal, supongo que de joven no se le darían las chicas ni bien ni mal, no sé por qué me imaginé que estaba casado. Sus ojos, eran marrones, tan normales como los que más y sin embargo, cuando me miró de nuevo, mis pezones volvieron a ponerse duros. Él me miró los pezones y yo, roja como un tomate, me di la vuelta un poco y le pregunté si podía ayudarle en algo, el hombre tartamudeó un poco, estaba tan nervioso como yo. Diciendo que no, me dio las gracias y se marchó. Me quedé en medio del pasillo, más caliente que una perra en celo y me puse a recoger unas cajas. No podía concentrarme, así que pensé que lo mejor era hacer como la mayoría de las veces cuando acabo con mi novio, ir al baño y masturbarme. Le pedí a un compañero que se quedara mientras iba al baño y me fui a la parte de atrás.

Mis pezones, se iban poniendo cada vez más duros sólo pensando en aquel hombre que había despertado mis instintos. Cuando estaba cerca del baño, y al estar sola, comencé a acariciarme los pezones. Y hubo un momento que puse mi mano en mi entrepierna, cuando oí un ruido, de nuevo me ruboricé, cuando vi que era uno de los repartidores. Me di la vuelta para meterme al aseo y no sé por qué lo hice, pero me desabroché en un segundo los dos botones superiores de mi bata de trabajo. Como ya he dicho, ese día no llevaba sujetador y con los pechos erectos como los tenía me acerqué al repartidor, preguntándole si quería ayuda, según andaba notaba que mi bata se abría y cerraba dándole una visión bastante buena al chico que había abierto la boca mientras me decía en voz muy bajita que no necesitaba ayuda.

– Yo creo que sí la necesitas. Y cierra la boca, que te van entrar moscas…- Le dije, con una sonrisa. El no podía apartar la vista de mis pechos.- Sólo tengo que coger esa caja-, dijo agachándose.

Me las arreglé para inclinarme lo suficiente para que él tuviera una buena visión. Su pene había comenzado a aumentar sus dimensiones. Cuando él se levantó con la caja en las manos, le roce suavemente el paquete y a él se le cayó de las manos la caja. Es que era un chico muy joven, 18 años y acababa de entrar en la empresa. Era la primera vez que yo le veía, pues no siempre venían los mismos. Le pedí perdón por haberle tocado y me respondió poniendo una de sus manos en una de mis tetas, como con miedo. Yo no hice nada, así que se animó y me cogió la otra. No me creía que pudiera estar haciendo aquello, pero todo se disparó. Comenzamos a besarnos como si fuera lo último que hacíamos en nuestras vidas. Entonces yo le saqué la polla del pantalón y me arrodillé a chupársela, como nunca había hecho en mi vida. Casi explota allí mismo, aunque me di cuenta y no quise quedarme así, teniendo que masturbarme al final… Le cogí de la camiseta y le metí en el baño. El se sentó en la taza y yo, apartándome un poco la braga me metí su polla hasta el fondo, estaba teniendo un orgasmo.

No me lo podía creer… Y seguí subiendo y bajando, pidiéndole que se aguantara. Entonces él me levantó, con fuerza, sin miramientos y me dio la vuelta, me la metió por detrás como si fuera una perra y cómo lo estaba disfrutando, gemía sin parar, sin control, hasta que el chico estalló en mí, sin control ni nada, menos mal que tomaba la píldora y ni siquiera pensé en enfermedades. Me dejó las bragas destrozadas, y le dije que se largara y que no quería verle más. Yo me lavé como pude y tiré las bragas envueltas en mil papeles a la papelera. Sólo de pensar que alguien me hubiera visto en esa situación me daba vergüenza… Volví a mi puesto de trabajo, diciéndole al jefe que no me había encontrado muy bien y que por eso había tardado tanto. Me dijo que me fuera a casa, pero no quise. Esto acababa de empezar. Todo el tiempo pensaba que estaba totalmente desnuda debajo de la bata de trabajo, normalmente llevaba alguna ropa ligera, pero ese día sólo llevaba las bragas y mira donde habían terminado…

Me excitaba de pensar que se me abriera la bata de repente y desconocidos saltaran sobre mí para follarme, fantasías por supuesto. Pero después de la experiencia que había tenido todavía quería más. Miraba mis compañeros de trabajo, pero decidí que no, luego empezaban las habladurías y no era plan… Seguí trabajando y llegó un cliente que compró dos cajas de determinado producto. Allí sólo tenía una, así que le dije que iba al almacén por la otra y él me dijo que mientras tanto pagaría. Puse las dos cajas en un carrito y le dije que se lo llevaba a su coche. El hombre, este sí que era barrigudo y viejo, me dijo que lo tenía aparcado en el garaje más próximo. El tío no me excitaba en absoluto, ni siquiera había pensado en el sexo con él, así que le acompañé. Cuando estábamos llegando, el hombre iba detrás de mí, el carro chocó un momento con una piedra de la carretera y se paró por un segundo. Eso bastó para que yo frenara en seco y el hombre chocara contra mí, mi culo tocó su paquete y durante esos dos segundos, yo se lo froté.

Pensé al momento, ¿pero qué hago? Y seguí mi camino, al entrar en la oscuridad y lo anterior, me desabroché el botón de la bata y caminé moviendo mis caderas delante del hombre. Sabía que el tío me miraba y no se lo podía creer, tendría como 60 años. Al meter las cajas en el capó del coche me incliné lo suficiente para darle una vista esplendida de mis tetas. Me estaba poniendo a cien, ya no podía parar. Al acabar, hice lo anterior, cuando iba delante me paré en seco, él chocó contra mí y yo me incliné a atar mi zapatilla, rozándole increíblemente. Su polla empezaba a crecer, era ahora o nunca. Me di la vuelta y me abrí la bata, el viejo, con los ojos fuera de las órbitas, me tocó el duro pezón con la mano y como le dejé comenzó a chupármelo mientras yo buscaba su polla. Joder, que grande la tenía el cabrón y le estaba creciendo rápido para ser tan viejo y decrepito. Se la manosee y le dije que me la metiera ya, que no podía más.

Entonces me di cuenta, en el coche había otro viejo, que acababa de abrir la puerta para ver mejor el espectáculo. Le hice señas para que se acercara y mientras le decía al otro que me la metiera mientras me ponía a cuatro patas sobre el suelo. El otro viejo llegó y comenzó a chuparme las tetas, era increíble, me estaba follando dos viejos y me estaba gustando. Le saqué la polla al otro, era más pequeña y me la metí en la boca mientras el otro me follaba sin descanso, me lo estaba pasando genial. Luego cambiaron y me puse a cabalgar sobre el viejo al que se la había chupado mientras el primero me tocaba y chupaba las tetas sin descanso.

El viejo se corrió justo en el momento en que íbamos a hacer otro cambio, pero lo hizo fuera de mí, el viejo que me chupaba las tetas, tomó rápidamente su lugar y me folló como un loco, estaba sobre mí, desenfrenado, pensé que igual le daba un ataque al corazón, ponía los ojos en blanco y se le estaba cayendo la baba y yo estaba teniendo otro orgasmo… Era increíble, con dos viejos asquerosos, hasta que también se corrió, mierda, otra vez dentro de mí, pensé que tenía que coger condones por si acaso, a este paso…

Los viejos se montaron en el coche, me dejaron una toalla para limpiarme y me dieron besos en las tetas antes de irse, prometiendo volver en un tiempo… Uno de ellos se metió la mano al bolso y sacó dos billetes de 100 euros, ¡joder con los viejos! Encima me había tomado por una puta. Y eso, sin querer hizo que me excitara. Arrancaron el coche y se marcharon, yo estaba otra vez con mi bata puesta y me dirigía a la salida, cuando me vio el vigilante, este si estaba bien, era alto y con músculos, aunque no le veía bien la cara. Estaba oscuro. Le conté que había venido ayudando a un cliente, llevaba el carro conmigo. Me dijo que muy bien, pero me dijo que no volviera a entrar sola, porque a veces entraba gente que él no controlaba y era peligroso por la oscuridad, etc. Estaba caliente otra vez y tuve la idea de buscar el peligro, algo que al momento olvidé, tampoco estaba en ese plan.

Llevaba la bata medio desabrochada, el guardia se dio cuenta y como no aparataba la vista de mis pechos, me abroché al momento, pidiéndole perdón recatadamente. El me dijo que no pidiera perdón, si a él le estaba haciendo un favor. Me reí… y sin querer le dije que podía hacerle más si él quería… ¡Joder! Pero qué me pasaba, yo nunca he sido así y ahí estaba diciéndole a un tío que me follara allí mismo, hice ademan de irme, pero el chico me cogió de un brazo. Y me beso, uf… Me puse a mil otra vez, y nos lo hicimos allí mismo, esta vez afortunadamente con condón, pero este tuvo muchísimo más aguante… Me dijo que me esperaba a la salida del supermercado, pero cuando volví adentro me lo pensé mejor, para novios ya tenía el mío, ahora quería vivir. Me cogí un paquete de condones de la estantería y le pedí a mi jefe que me dejara salir media hora antes. El día no había terminado y menos la semana.

Autora: Jade

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Con el guardia de seguridad

Me empecé a desnudar y él dijo, no es necesario que te quites toda la ropa, yo lo besaba y me quitaba todo porque quería que viera mi tanga, después me preguntó,- Estaba todo planeado, ¿verdad?, le dije,- Si lo estoy pero te encontré a ti y me estoy divirtiendo, se sentó en el wáter y me monté encima de él, hizo a un lado mi tanga y comenzó a meterme el dedo, yo solo gemía como una puta.

Me gusta ponerme hilos dentales de mujer y salir a la calle con ellos agachándome en cualquier oportunidad donde algún hombre me pueda ver, preferentemente guardias de seguridad porque me excita demasiado que un uniformado con bigote tupido me vea y me diga guarradas.

Lo he hecho durante mucho tiempo desde los 22, también lo hago cuando estoy con amigos heterosexuales, me gusta sentir el hijo partiendo mi culo sin que ellos sepan que traigo uno puesto, en especial el rojo de encaje que me queda divino.

En una ocasión me paré frente a una empresa donde estaba el seguridad, me bajé de mi coche y como sacando algo debajo de mi asiento yo por fuera de mi carro y al agacharme y estirarme la camiseta se me levantaba dejando ver toda mi tanga roja, el seguridad me estaba mirando y solo me dijo, – Ayyy tuu! En un tono como diciéndome que putitaaa, lo cual me excitó demasiado y corrí a hacerme una paja, solo por haberme visto, pero no pasaba de ahí con los guardias.

Siempre he querido que un guardia me agarre y me coja sin parar, que me diga lo puta que soy y lo bien que lo hago.

He visto guardias buenísimos, el que más me ha encantado fue un pelón musculoso con un bigote negro tupido, era un dios, pero yo por más que me agaché él no volteó a verme, lo cual de igual manera me fui a hacer mi paja imaginándome que él me había puesto una cogida memorable.

Pero un día pasé por una empresa donde vi al guardia afuera, rápido estacioné el coche unas cuadras atrás y me fui caminando hasta donde él estaba, pasé y lo vi, lo saludé  y contestó a mi saludo, y yo haciéndome pendejo le dije que necesitaba saber donde estaba un antro que mis amigos me estaban esperando, él me contestó donde estaba supuestamente,  y digo supuestamente porque me estaba mandando a otra parte de la cuidad, obviamente yo conozco mi ciudad a la perfección, me preguntó que si no era de aquí y le dije que no, él también me dijo que no era de la ciudad y comenzamos a platicar de banalidades.

Yo me agachaba con el supuesto de que me amarraba el tenis pero él no se daba cuenta. Siguió con su plática y me preguntó que si tenía novia, contesté que no y me preguntó que por qué y yo solo contesté por qué no, y me dijo, bueno, tal vez no te gustan, ¿verdad? a lo que yo contesté no, puso una cara de sorprendido y me preguntó, ¿Te gustan los varones y solo moví la cabeza diciendo sí.

El me dijo que también le gustaban, y que se sentía muy solo ahí todas las noches haciendo guardia y le dije que si se quería divertir un rato, el todo nervioso me dijo que estaba en su trabajo que si lo veían lo corrían, yo solo le pregunté, ¿Hay cámaras aquí afuera? me respondió que no y le dije, vamos al baño de tu oficina, el cuartito donde están todos los de seguridad, no pudo decir que no y fuimos para adentro, no sin antes preguntarme-   ¿Te gusta besar?, él no era guapo pero traía uniforme de seguridad y yo andaba bien caliente ya así que contesté que si y nos metimos.

Me empecé a desnudar y él dijo, no es necesario que te quites toda la ropa, yo solo lo besaba y me quitaba todo porque quería que viera mi tanga,  cuando me tocó la cintura y sintió la tanga de encaje me dijo, ahh, traes tanga y le pregunté, – ¿Te gusta? Y contestó que si, después me preguntó,- Estaba todo planeado, ¿verdad? no estás perdido – y le dije,- Si lo estoy pero te encontré a ti y me estoy divirtiendo, se sentó en el wáter y me monté encima de él, hizo a un lado mi tanga y comenzó a meterme el dedo, yo solo gemía como una puta y quería penetrarme pero no traía condón.

Me metía el dedo fuertemente y yo continuaba gimiendo y me decía,- ¿Te gusta? Yo solo contestaba que sí. Me agaché a mamarle una verga pequeña pero cabezona y le dije, – ¡Cabezonas, como me gustan!  El gozaba como le mamaba la verga hasta que se vino en mi boca, me paré, como el baño era muy pequeño quedábamos pegaditos, mis nalgas pegaban con su panza y eso me excitaba mucho más, me sentía una puta bien hecha, él nunca se quitó su uniforme y yo estaba solo con la tanga, me dijo, – Te dejaré a solas para que te cambies! Me cambié y salí.

Le dije, -Ya me voy por que me están esperando, y me dijo espero que se repita y yo conteste que sí. Pasaron unos meses y regresé por ahí para ver si de casualidad estaba y estaba otro guardia pero no volteó para nada así que perdí otra oportunidad y me quedé pensando si lo habrían corrido por cogedor.

Y bueno ahora me voy porque voy a una empresa donde no tienen guardia de seguridad si no ¡Policía! Y eso me prende el doble, intentaré a ver si este si me da verga hasta por donde no…

Espero  les guste mi relato.

Autor: Hilodental

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Desvirgada por dos negros

Sus testículos estaban pegando con mi concha o con la verga de su amigo, sentí como mi cuerpo se acostumbraba a ese par de instrumentos separados solo por mis paredes interiores, me sentía rellena en mis dos agujeros, ellos me embestían con toda su fuerza destrozándome mis anteriores tesoros vírgenes, eso me enloqueció, me hizo gemir con más fuerza experimentando mi segundo orgasmo.

Hola a todos, mi nombre es Ana Karen y este es mi primer relato, en el cual les voy a relatar como perdí mi virginidad hace 20 días; empezaré por contarles un poco de mi, tengo 18 años, soy trigueña de ojos color miel, mido 1,65, cabello negro y me dicen que tengo un rostro angelical; con respecto a mi cuerpo se que es espectacular, no vayan  a pensar que soy convencida o algo así, lo que pasa es que a mi edad ya estoy bien desarrollada, tengo muy bonitas las nalgas redondas y bien paraditas, al igual que mis senos que son de tamaño mediano, tengo buenas piernas cadera ancha y una cinturita de avispa.

Es por eso que en el colegio los chicos me molestan y me cortejan frecuentemente, yo no les presto mayor atención ya que tengo novio hace 11 meses y no soy cachonda ni nada por el estilo, además estoy muy contenta con mi relación ya que nos la llevamos excelente, tanto él como yo somos extrovertidos y disfrutamos de nuestra mutua compañía, claro que en lo que a sexo se refiere ni con el ni con nadie nunca había tenido nada de nada ya que en mi familia mis padres son algo estrictos y siempre me han inculcado buenos valores, siempre me daban a entender que se debía llegar virgen al matrimonio y que uno solo debía tener un solo hombre en la vida sexualmente hablando, mi novio tenía eso claro y por eso nunca me a presionado ni propuesto nada al respecto.

En la prepa 7 de Guadalajara como es costumbre tengo una grupo de amigas con las cuales mantengo para arriba y para abajo, ellas son Andrea y Mónica; Andrea tiene mi misma edad o sea 18 y también es muy bonita, es blanca de ojos cafés, cabello largo y negro, de muy bonito rostro es un poco más alta que yo mide como 1.70, es delgada de bonito cuerpo aunque tiene menos cola que yo, ella no tiene novio ya que sus papás son muy jodidos y no la dejan ni asomarse a la esquina, lógicamente también era virgen hace 20 días, antes de que sucediera lo que les relataré.

Como les dije mi otra amiga es Mónica es la menos bonita de las tres ya que es algo gordita, aunque tiene bonito rostro, también es la mayor tiene casi 19 años, es blanca, rubia y algo bajita, ella es por decirlo así la lanzada del grupo, cambia de novio frecuentemente y con la mayoría ha tenido relaciones, por lo menos cuatro que yo sepa; es decir es la experimentada, la que nos cuenta cosas y detalles o sea la única que nos cuenta sobre el sexo, en especial a Andrea que le gusta oír sus experiencias, además Mónica es la que le hace cuartos a Andrea para que vacile con algunos compañeros del salón, es por ella que al menos en ese tiempo sabía lo que era besar a un hombre.

Y se llegó el día viernes, salimos a un viaje de la escuela y bien de mañana en un bus que nos trasladó a un centro vacacional a unas 3 horas para estar allí hasta el día domingo, llegamos como a eso de las 10 de la mañana, el centro vacacional era muy bonito y amplio, tenía dos alas de habitaciones a cada extremo, en una de ellas acomodaron todos los hombres y en la otra las mujeres por razones obvias, las habitaciones igual eran espectaculares de acomodación múltiple, nos tocó una para las tres Mónica, Andrea y yo, las habitaciones tenían una cama doble donde se acomodaron Mónica y Andrea, y otra sencilla donde me acomodé yo, tenía televisor, calefacción y el baño era espectacular, amplio y tenía una tina, en general todo de lujo.

Luego de acomodarnos salimos a conocer el lugar a recorrer las instalaciones y como siempre Mónica a ver que tipo bueno había por hay, quedo encantada con los celadores del lugar, nos decía que tenían muy buen cuerpo que les quedaba muy bien el uniforme, en especial uno que era un negro fornido de unos 23 años, y como siempre ella tan lanzada se le acercó y entabló conversa con él, le empezamos preguntar cosas del lugar, y Mónica empezó a coquetearle a hacerle ojitos y demás.

Luego de un rato Carlos así se llamaba guardia, le dijo a Mónica que en horas de la noche iban a llevar al grupo a la discoteca, que la estaban arreglando y que él salía de turno a las 6 de la tarde que si quería se quedaba para bailar un rato y que también si quería le decía a otros dos compañeros guardias que se quedaran para que bailaran con nosotras, Mónica como era de esperarse aceptó sin ni siquiera voltearnos a mirarnos.

Nosotras luego de despedirnos de Carlos le recriminamos, pero igual ya no había nada que hacer, el resto de la tarde la pasamos haciendo actividades de integración con el grupo, cuando terminó nos dijeron que fuéramos una rato a descansar y que nos arregláramos por que nos iban a llevar a la discoteca del centro vacacional cosa que nosotras ya sabíamos, allá estaba Mónica y Andrea arreglándose, Mónica no hacía si no hablar de Carlos que se lo iba a rumbear, y le decía a Andrea que aprovechara y disfrutara con los compañeros de él, que lograra que no estaba su papá por hay fiscalizándola, a mi no me decía nada por que sabe que yo no le jalo a esas cosas, igual terminamos de arreglarnos, Andrea y Mónica con vestido y yo me puse pantalón y blusa, y nos dirigimos hacia la discoteca.

Llegamos y en la entrada estaba Carlos con los dos compañeros, Mónica de inmediato saludó a Carlos quien nos presentó con sus amigos, el primero se llamaba Alberto, tenía unos 21 años era alto, blanco, de pelo negro, facciones finas y de buen cuerpo; el segundo era Gustavo, era mayor que todos tendría unos 27 años, era negro más alto que Carlos y bien acuerpado, entramos en la disco y tomamos una mesa de las atrás, nos dieron una breves recomendaciones por el micrófono, apagaron las luces y pusieron la música, yo permanecí más bien callada, mientras Mónica y Carlos hablaban y se reían copiosamente por otro lado Andrea hablaba fluidamente con Alberto y Gustavo.

Como dije yo permanecía más bien callada, pidieron una botella de aguardiente y gaseosas, y empezaron a salir a bailar, lo que era Mónica y Carlos, y Andrea y Alberto no se perdían una sola pieza, yo mientras más o menos le seguía la conversa a Gustavo el negro mayor y salía a bailar una que otra pieza de baile con él, así prosiguió la noche más o menos por la misma tónica, Mónica y Andrea recibían una que otra copa, yo no, ya que no me gusta.

Como a eso de la media noche Mónica ya se estaba besando con Carlos mientras Andrea y Alberto bailaban bien juntitos, en uno de los discos salimos a bailar las tres parejas y empecé a notar como mis dos amigas se dejaban meter mano, se dejaban rozar las nalgas y los senos disimuladamente, eso no me extrañó de Mónica, pero de Andrea si me extrañó, Gustavo que bailaba conmigo también lo notó y trató de hacer lo mismo, pero yo si me hice respetar y le puse distancia, así siguieron, bailando bien apretaditos, hasta que como a eso de la 1 de la madrugada prendieron las luces y anunciaron que era hora de ir a los dormitorios.

Empezamos a evacuar la disco acompañadas de ellos, quienes nos dijeron que nos fuéramos por un camino alterno, y lógicamente la razón era que por hay no había nadie, cosa que aprovecharon mis amigas y sus parejas para besarse, en especial ellos para medio sobarle las nalgas y senos a mis amigas, yo mientras me hacía la que no veía e iba adelante con Gustavo que iba calmadito pues yo no le daba chance de nada, por fin llegamos a la entrada del ala de habitaciones donde nos despedimos y nos fuimos al cuarto a dormir, pero eso si, antes de eso me acerqué a Andrea y le dije que me extrañaba su comportamiento y que no se dejara influenciar por Mónica que ella no era así.

El día sábado nos levantamos a eso de las 10 de las mañana y eso por que nos pasaron tocando las puertas, salimos, desayunamos, e hicimos dinámicas de integración con el grupo y los profesores, de vez en cuando nos cruzábamos con los celadores de la noche anterior y claro Mónica y Andrea eran risitas van risitas vienen y miraditas etc, yo los saludaba normalmente, en la tarde seguimos en lo mismo, cenamos y como la noche anterior nos reunieron para la misa, luego nos dijeron que podíamos ir a los cuartos a descansar, Mónica y Andrea se fueron inmediatamente Yo pues me quedé a recoger y organizar, no veía sino la hora de irme para el cuarto, ya que el día había estado bastante pesado, me demoré como media hora.

Al terminar me dirigí a los dormitorios, al entrar me dio mucha rabia ya que mis amigas estaban allí con Carlos, Alberto y Gustavo, inmediatamente les dije que me parecía el colmo, que ellas sabían el problema en que nos podíamos meter si nos pillaban estando con hombres en el cuarto, a lo que Carlos me respondió que me tranquilizara que solo estaban hablando y tomando unas cervezas, que nadie los había visto entrar y que ya había hablado al respecto con sus compañeros que estaban de guardia, que no me enojara con mis amigas que por eso y solo por eso ellas los habían dejado entrar.

Yo le dije que de todas maneras no estaba de acuerdo y que esperaba que se fueran rápido ya que me encontraba muy cansada y me quería acostar, acabando de decir esto me encerré en el baño y me puse a darme una ducha en la tina para relajarme y pasar el tiempo mientras se iban, estaba tan cansada que se me cerraban los ojos allí metida…

Al cabo de un rato noté que ya habían apagado la luz por lo que deduje que ya se habían ido los visitantes, me salí de la tina, me seque, me puse mi tanguita me envolví en mi toallón y me dispuse a salir del baño para ir a buscar mi pijama, como dije el cuarto estaba a oscuras por lo que fui hacia el interruptor para prender la luz.

La luz se encendió, y la escena que vi en ese momento yo creo que me marcará para toda la vida, me quedo quieta, estupefacta, como hipnotizada, viendo ese cuadro que mi mente no podía procesar… En la cama sencilla se encontraban Mónica, Carlos y el mayor Gustavo totalmente desnudos, Mónica sentada encima de Carlos, ensartada en una verga impresionantemente grande, que ni siquiera le podía entrar toda y lamiendo otro vergón el de Gustavo, que se veía brillar en toda su dimensión creo que era hasta más grande que la tranca en la que estaba sentada, medía como 25 cm, era contrastante, hasta extraño ver esos tres cuerpos uno blanco, el de mi amiga, otros dos negros, brillantes por el sudor.

Y para completar el cuadro, en la otra cama, la doble, se encontraba Alberto sentado en la orilla totalmente desnudo y a sus pies mi amiga Andrea, solo traía puesta su tanguita, estaba arrodillada entre sus piernas mamándole la verga, que aunque no era como la de sus amigos negros, se veía grande, yo seguía ahí inmóvil viendo la escena y observando la cara de placer que tenían todos en el cuarto, tanto es así que ni se inmutaron con mi presencia ni con la luz. Yo estaba quieta observando envuelta en mi toalla, sin hacer nada, inmóvil solo observando, de pronto Gustavo el negro mayor sacó su cosa de la boca de Mónica escurriéndole un hilote de saliva, se quedó observándome un momento, detectando mi turbación y yo me le quedé viendo a su enorme, largo… larguísimo y grueso pene negro, nunca había visto uno y menos de ese tamaño, empezó a venir hacia mi, con su tranca apuntándome y sobándose la saliva de mi amiga en ella, observándome de arriba abajo me rodeó y se situó atrás, creo que observando como se marcaban mis nalgas respingonas en la toalla…

Yo no me moví en lo absoluto en todo ese rato seguía fija mirando la escena, viendo a Mónica como cambiaba poses con Carlos, como ya él le metía toda su verga sin ningún problema, viendo a Andrea ya sin su tanguita, Alberto la tenía recostada en la cama y con su cara metida en medio de las piernas comiéndole su coño virgen, ella se movía de lo cachonda y emitía pequeños quejidos que demostraban el placer que estaba recibiendo, tengo que aceptar que a mi pesar a esas alturas respiraba agitadamente, que sentía mi coño mojado e hirviendo y que oía un zumbido en mis oídos que no me dejaba mover ni pensar.

Tanto es así que no me había dado cuenta que Alberto me abrazaba desde atrás sobando su vergota en mi espalda, masajeando mis senos, mis nalgas y mi coñito virgen por encima de la toalla, que intentaba desatar el nudo que tenía arriba de mis senos para que cayera mi toalla que era la última barrera que había entre su corpulento cuerpo negro, su verga enorme y el mío, cosa que yo no pude detener por mucho tiempo dejando a la vista de todos, mis juveniles encantos ahora directamente en las manos de ese negro que me chuzaba la espalda.

Yo no hice nada, seguí inmóvil sin musitar palabra, dejándome sobar por todas partes, menos ahora que puse toda mi atención viendo como Alberto se incorporaba apuntando su verga hacia el coño virgen de mi amiga Andrea, empezó a restregárselo de arriba a abajo por su rajita en medio de sus pequeños gemidos, comenzó a penetrarla un poco en primera instancia y luego de un solo empujón la ensartó por completo, Andrea pegó un pequeño grito que aplacó con sus manos, mientras Alberto empezó a bombearla lentamente, pero eso si metiéndosela siempre hasta el fondo, hasta que mi amiga empezó a gemir ya no de dolor sino de placer, a moverse a su ritmo y a pedirle más velocidad en sus embestidas.

Para esas alturas Gustavo se había pasado al frente mío, estaba arrodillado, con una mano mantenía corrida mi tanguita para poder darme lengüetazos en mi coñito, yo ya resignada le facilitaba la tarea abriendo lo que podía mis piernas para no caer, apoyando mis manos en su cabeza a la vez la hundía más y más en mi coñito buscando que su lengua entrara lo más profundo posible, moviendo mi cadera a su ritmo y emitiendo pequeños gemidos provocados por el placer que me estaba dando ese negro allí abajo y por la excitación que generaba en mi ver a mis amigas cabalgando encima de esos hombres a un ritmo desenfrenado…

De repente Gustavo se levantó, me cargó fácilmente en sus brazos, Yo no me resistí, solo quería disfrutar como lo hacían en ese instante mis amigas, me llevó hacia la cama doble y me depositó a un lado de mi amiga Andrea y empezó a quitarme mi tanguita, que era lo único que llevaba, yo no solo me dejé y más aún, apenas terminaron de rodar por mis tobillos abrí mis piernas lo más que pude, en señal de entrega y resignación, él se levantó totalmente y empezó a caminar arrodillado encima de la cama hacia mis piernas abiertas.

Fue ahí que recordé que aquel negro tenía la verga más grande de todos en el cuarto, que medía como 25 cm y que Mónica ni se la podía meter a la boca de lo ancha que era, eso me produjo un escalofrío, producido por una mezcla de miedo y excitación, apenas -él se detuvo ya en medio de mis piernas, abrí mi boca para pronunciar las primeras palabras desde que salí del baño, le dije que yo era virgen que no me fuera a desgarrar, él solo abrió los ojos más todavía, enseñó una media sonrisa y empezó a sobarme su vergota por mi rajita, la sobaba de arriba abajo, yo incorporé mi cabeza para ver que pasaba allá abajo, él se detuvo un momento, la centró y empezó a empujar lentamente, algo tranco su paso…

Él levantó su mirada, me miró fijamente y embistió decididamente, yo sentí como si un hierro gigante y caliente me partiera en dos, me hizo pegar una grito que a duras penas pude medio acallar, él sin darme respiro volvió a embestir con fuerza, me hizo gritar de nuevo me dolió en el alma, lo sentía tan adentro que pensé que me iba a desmayar ahí, yo de inmediato me incorporé un poco sosteniendo mi cuerpo con una mano atrás y la otra se la puse en su estómago para detenerlo, miré hacia mi coñito y solo la había metido hasta la mitad, entonces le dije que parara, que ya no entraba más, que le hiciera pero solo hasta ahí, entonces él empezó a meter y sacar lentamente la mitad de su verga.

Yo lo controlaba con mi mano en el estómago, al poco tiempo empecé a sentir placer, me sentía llena, totalmente copada y no podía dejar de gemir y mover mi cintura al compás de sus embestidas que cada vez eran más veloces, entonces quité mi mano de su estómago, me recosté y cerré mis ojos concentrándome solo en el gusto y el placer que me producía aquel aparato monstruoso dentro de mi, él me la metía y sacaba rápidamente, con cada embestida suya sentía un poco de dolor muy dentro, pero no era comparable con el placer que me brindaba, movía mis caderas como loca, mi cara cerrada se movía de lado a lado, mientras con mis manos apretaba la sábana de la cama, era increíble lo que sentía.

Abrí mis ojos, miré para el lado y vi que Andrea estaba en cuatro con los ojos cerrados siendo penetrada, entonces miré para el otro y vi los cuerpos abrazados, inmóviles y sudorosos de Mónica y Carlos que denotaban agotamiento, solo se dedicaban a observar el espectáculo que les estábamos dando en la otra cama, entonces poco a poco sentía como me iba ensartando su verga más y más adentro y miré hacía abajo y noté como ya increíblemente en cada embestida de Gustavo su verga desaparecía completamente en mi coñito hasta golpear sus testículos con mis nalgas haciendo un sonido de puc, puc, puc… me parecía increíble que ese instrumento gigantesco cupiera todo dentro de mi.

De pronto el negro que me tenía ensartada me abrazó y volteó haciendo que yo quedara encima de él, yo empecé a subir y bajar, metiéndomela hasta el fondo, aumentando mi ritmo y veía como miraba él su verga penetrar en mi tan profundo no lo podía creer, y me daba todo el placer que podía, cerrando mis ojos y levantando mi cabeza sintiendo que mi cabello rozaba mi espalda, experimentando repentinamente el primer orgasmo de vida, algo que casi me hace desmayar de placer.

En medio de mi excitante trance oí la voz de Mónica diciendo que se iba a dar una baño, y escuche que habría y cerraba la puerta, abrí mis ojos a ver que se había hecho Carlos, él estaba sentado en la otra cama mirándome fijamente y sobándose su negro pene, yo no le presté importancia y cerré mis ojos de nuevo y seguí cabalgando al otro negro que tenía debajo.

Seguí así por un rato concentrada en el placer, solo en el placer, hasta que un movimiento rompió mi estado, abrí mis ojos y volteé mi mirada y era Carlos que se dirigía hacia nosotros luciendo su enorme verga negra de nuevo parada, él miró el rostro del negro que estaba debajo mío y le dijo, esta preciosura tiene el culo más lindo y paradito que haya visto en mi vida, esta oportunidad no se puede dejar pasar, además me lo debes, yo te la presenté, Gustavo solo le sonrió creo que en señal de aprobación.

Entonces se puso a los pies de su amigo justo atrás mío, me empujó un poco por la espalda obligándome a adoptar casi una posición en cuatro, empezó a estrujarme mis nalgas y besarlas mientras yo seguía subiendo y bajando, eso me daba aún más placer, aunque me hacía sentir como una puta con dos hombres gozando de mí al tiempo, igual no hice nada y seguí gimiendo de lo cachonda que estaba, él empezó a meterme un dedo ensalivado por mi ano, lo hacía lentamente moviéndolo en círculos, eso me enloquecía y me hacía proferir un gemido con cada movimiento.

Levanté mi cabeza hacia atrás y vi de reojo a ese otro negro con su vergota parada trabajando en mi ano, también vi que Andrea y Alberto se habían pasado para la otra cama y descansaban, solo observaban atentamente el espectáculo, eso me excitaba también, no me pregunten la razón que no la se, poco a poco Carlos fue metiendo dos y luego tres dedos en mi ano, dilatándolo al máximo, yo ya sabía lo que se venía.

Había oído algo sobre el sexo anal y de la doble penetración de boca de Mónica, y la idea me producía terror y al mismo tiempo una enorme excitación, entonces Carlos sacó sus dedos de mi ano, para colocar la cabeza de su enorme instrumento, empezando a empujar con pequeñas y no muy fuertes embestidas, igual que antes yo sentía mucho dolor, que me hacían pronunciar pequeños gritos, pero soportaba sabiendo que pronto pasaría el dolor para dar paso al placer…

Carlos siguió con sus embestidas por un rato, buscando que su enorme tranca entrara por completo en mí hasta hace un rato virgen culito, entonces empezó a aumentar la velocidad de sus embestidas y yo empecé a oír ese característico sonido de antes, puc, puc, puc… señal indiscutible que ya había metido toda su vergota en mi ano y que sus testículos estaban pegando con mi concha o con la verga de su amigo que seguía aún dentro, sentí como mi cuerpo en su interior se acostumbraba a ese par de instrumentos extraños separados solo por mis paredes interiores, me sentía rellena en mis dos agujeros, mientras ellos me embestían con toda su fuerza destrozándome mis anteriores tesoros vírgenes, eso me enloqueció, me hizo gemir con más fuerza experimentando mi segundo orgasmo que fue un poco más largo.

De pronto los dos negros se hicieron señas, entonces Carlos sacó la verga de mi ano y Gustavo me hizo señas que me desmontara de la suya también, yo obedecí y empecé a subir para que saliera, esa verga que parecía no tener fin, me tocó pararme para que saliera toda, entonces lo miré parada en la cama con las piernas abiertas y me hizo señas para que me volteara dándole la espalda, lo hice y volteé mi rostro a ver que quería que hiciera.

Él estaba con la mirada fija en mi trasero, me hizo señas que me sentara dándole la espalda otra vez en su vergota, yo obedecí y empecé a bajar cogiendo su instrumento y dirigiéndolo a mi coñito que a esas alturas ya era coñote, pero él me corrigió, cogió su pene y lo colocó en la entrada de mi dilatado ano yo seguí bajando y con mucho miedo, por que sabía que su verga era más grande que la de Carlos, y me costaba trabajo hacerla entrar, la pura cabeza de su pene hacía que me dilatara al máximo y comencé a llorar un poco del dolor.

Hasta que en medio de mis movimientos resbalé cayendo sentada en ella, y ahí si sentí un dolor tan intenso que me desgarraba por dentro, y comencé a llorar como una niña pero esto pareció excitarlos más y entonces me eché hacia atrás apoyando mis manos en la cama para así poder empezar a subir y bajar, esto hizo que poco a poco fuera cediendo el dolor.

Carlos aprovechó mi posición acercándoseme de frente y recostándome un poco más para meter su verga en mi coñito, empezando de nuevo un mete y saca mucho más fuerte y rápido, yo les pedía que pararan que no tan rápido, pero parecía que les decía lo contrario pues me daban más duro sin importar mis lágrimas y gritos que los excitaban más y esto no se por que me hizo subir al cielo, que me hizo gemir como loca, provocándome un tercer orgasmo al sentir como un líquido hirviente rellenaba las profundidades de mi ano, una vez que pararon mis espasmos le dije a Carlos que no me lo echara adentro, que no quería quedar embarazada, a lo que él me respondió que si, pero solo si me lo echaba entonces en la boca.

Yo bajé mi mirada y asentí con la cabeza, entonces él me la sacó dirigiéndola hacia mi rostro, poniéndomela en la boca, yo la abrí, y él me dijo que la mamara o si no, no se vendría, yo le dije que no sabía como y entonces empecé, me tomó del cabello y me la metió en la boca y torpemente con mi inexperiencia comencé a chuparla y a sobársela con mis manos.

Él respondió con pequeñas embestidas hasta mi garganta en el único agujero que me quedaba virgen, de pronto su verga empezó a dar saltitos en mi garganta y yo no sabía lo que pasaba y entonces empecé a sentir su semen que me ahogaba, no quedándome otra opción que tragar lo más rápido posible, pero era tanto lo que le salía que me salpicó mi cara, y me escurría por la boca, la nariz y mi cabello.

Carlos la dejó un momento dentro para luego sacarla y retirarse de mi lado, yo me quedé mirando hacia el techo descansando, sentada aún en la fláccida verga de Gustavo que reposaba en el interior de mi ano, estaba exhausta, suspiré por última vez y me levanté, observando la cara de asombro que tenían mis amigas y Alberto sentados en la otra cama, esas caras me hicieron reflexionar y recordar que un rato atrás yo era la que miraba asombrada la escena, y de cómo resultado de los acontecimientos yo había terminado siendo la estrella final, esas miradas me avergonzaban, me hacían volver en si de mi trance provocado por la lujuria y la excitación, haciéndome pensar en mis actos, yo solo atiné a correr hacía el baño encerrándome en el.

Allí adentro me senté en el inodoro y empecé a llorar tomando conciencia de lo que había hecho, de cómo acababa de defraudar a personas que me querían y confiaban en mi, mi padre, mi madre y mi novio, mi pobre novio que tanto me había respetado y comprendido, a esta tristeza se sumaba el hecho de que me sentía lastimada por dentro, me ardía mucho mi coñito y mi ano, solo me quedé allí sentada llorando y meditando, estando ahí escuché como se despedían y se iban Alberto y ese par de negros a los cuales no sabía si tenerles rabia, pena, deseo o agradecimiento.

Yo seguí por otros diez minutos más en el baño, tiempo en el cual mis amigas apagaron la luz y se acostaron, tomé fuerzas y busqué en la oscuridad mi pijama y me acosté sin decir una sola palabra, me mantuve solo pensando por unos minutos, hasta que en un ataque de rabia y de desespero le hablé a Mónica recriminándole por su coqueteo, sus jueguitos y en como había terminado todo, a lo que ella respondió tranquilamente, pero mira quien habla, precisamente la que dejó que le dieran por todos lados, yo no respondí nada, simplemente me volteé hacia el rincón, y seguí pensando, no por mucho tiempo ya que estaba re cansada, me sentía como si me hubieran dado una paliza, me dormí.

Al otro día nos levantaron, yo ni cruzaba palabra con ellas en parte por rabia y en parte por vergüenza, ni siquiera las miraba, mantenía con mi cabeza baja, caminado con dificultad ya que me dolían todas mis partes íntimas, igual afuera en las canchas y al pasar al lado de los celadores, los mismos de la noche anterior, solo esperaba que nos fuéramos rápido y llegar a mi casa, se me hizo eterno el día, pero por fin salió el bus y al llegar al paradero cerca de mi casa escasamente dije adiós.
Y eso fue todo, esa es mi historia, espero que no me juzguen, ni me recriminen por lo que hice, espero que lleguen a la misma conclusión que me consuela, que todo pasó por la lujuria y la excitación de lo que me tocó ver y sentir, que era más fuerte que yo y era imposible no flaquear.

Autora: Ana Karen

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El guardia de mi conjunto cerrado

Me recuesto sobre el pasto del potrero y él sin hacerse esperar se acuesta sobre mí. Siento su peso y no puedo moverme bajo su cuerpo. Mi verga erecta roza el pasto mientras él se mueve sobre mí. De pronto se detiene, me da un par de latigazos con su miembro, abre mis nalgas, escupe sobre mi hoyito, se lubrica su verga y sin avisar me la introduce toda de un solo empujón.

Hola a todos. Mi nombre es Andrés, tengo 29 años, y la historia que les voy a contar me ocurrió hace un año cuando vivía con unos familiares en una ciudad del sur de Colombia. Por aquel entonces habitaba en un conjunto cerrado todavía en construcción.

En una noche de luna llena cuando regresaba caminando de una reunión con unos amigos, me encontré con que habían quitado el fluido eléctrico a todo el barrio, y no se veía más que uno que otro resplandor de velas en las ventanas de las casas. Iba caminando lentamente por temor a caerme y afortunadamente la luz de la luna me permitía distinguir el camino. De pronto veo que alguien se acerca. Es el guardia del conjunto que esta haciendo su ronda. Ya lo había visto antes pero no había tenido la oportunidad de conversar con el. Es un tipo de unos 35 años, piel morena con un cuerpo bien formado que se nota a través de su uniforme. Me agrada y me excita pero trato de disimular mi turbación. Él me saluda y me pregunta que si voy para la casa. Yo le digo que si y el gentilmente se ofrece a acompañarme. En el camino me entero que se llama Elidio, es casado y tiene dos hijas.

Cuando estábamos por llegar a la casa, se me ocurre la magnifica idea de acompañarlo en una de sus rondas nocturnas, para dizque darle un vistazo al conjunto cerrado. Él acepta encantado y me lleva caminando por uno de los bordes que limita con un potrero, como me dice hace cuando le toca turno. Yo no estoy muy concentrado en lo que me dice, solo estoy esperando la oportunidad para seducirlo. El sendero no es muy fácil, hay por todos lados restos de materiales de construcción, y yo me detengo para descansar. El se detiene junto a mí.

Con la luz de la luna puedo ver su cara, respiro profundo y me atrevo a tomarle la mano. El no me rechaza como me lo esperaba, sino que me pregunta si soy de ambiente (como preguntamos por estas tierras si eres marica) y se acerca mucho más. Yo estoy a mil y lo atraigo hacia mí. Él mira para todos lados, para asegurarse que no haya testigos, acerca su boca a mis labios y me da un beso rápido pero apasionado. Yo no me hago esperar y sin recato mando mi mano a su pronunciado bulto. Para mi deleite, me encuentro con una gran verga erecta que pide a gritos salir de su prisión. Él me abraza con fuerza y me habla en la oreja.

-¿Te gusta lo que tocas? -Claro que sí. -¿Por que no te agachas y me la mamas?

Más tardó él en decírmelo que yo en obedecerlo. A partir de ese instante ya no tengo control sobre mí. Deseo ser sodomizada, usada, penetrada por todos los orificios imaginables. Me agacho y me encuentro con una verga descomunal: unos 20 cm de largo, 6 cm de diámetro, huevos grandes y no mucho vello.

Abro mi boca lo más que puedo me la introduzco poco a poco mientras con mis manos acaricio sus testículos y la entrepierna. Se la mamo con toda la pasión y experiencia que poseo. Es deliciosa y no paro de saborearla por todos sus rincones. Él jadea y con sus manos presiona mi cabeza para que me la meta mucho más. Sus líquidos preseminales empiezan a brotar y yo me los trago con avidez.

Miro hacia arriba y veo que tiene cerrados los ojos, se nota que está disfrutando.

-Te gusta, eh? -Si, papi, me gusta. -¿Te la quieres tragar? -Ahora no, papi, después. -Pues entonces levántate, putita, que quiero verte las nalgas.

Me levanto, y tan rápido como puedo me bajo los pantalones. El también termina de desvestirse.

-Que bonitas nalgas… ¿De quien son? -Solo tuyas, papi. -Ah. Entonces en cuatro, putita.

Me recuesto sobre el pasto del potrero y él sin hacerse esperar se acuesta sobre mí. Siento su peso y no puedo moverme bajo su cuerpo. Mi verga erecta roza el pasto mientras él se mueve sobre mí. De pronto se detiene, me da un par de latigazos con su miembro, abre mis nalgas, escupe sobre mi hoyito, se lubrica su verga y sin avisar me la introduce toda de un solo empujón.

Sentí algo de dolor mientras su verga se abría paso en mis entrañas, pero con la situación tan excitante que estaba viviendo el dolor se convirtió rápidamente en placer. Él metía y sacaba su verga concentrado únicamente en su propia satisfacción.

-¿La quieres toda, putita? -Si, Elidio. Más… Más… Húndamela toda… Uhm…Soy suya…. Haga lo que quiera conmigo.

Cada vez se movía con más fuerza. Entraba y salía de mi agujero como poseído. Yo disfrutaba sin necesidad de masturbarme. Mi ano se contraía y se dilataba al ritmo de sus embestidas.

-¿Así es que te gusta, Ehh, perra? -Si papito, clávemela. –Ahhhh, me vengo, putita, que culo tan rico…

Me inundó con su abundante leche y yo me corría mientras mi esfínter succionaba sin cesar aquella verga sin fin.

Terminado de eyacular, sacó su verga sin ninguna consideración. Se levantó, se limpió y me dijo que si quería repetirlo algún otro día él accedía gustoso pero tendría que pagarle. Yo sin vacilar le dije que encantado y desde esa inolvidable noche soy la amante del guardia de mi conjunto cerrado.

Espero que lo hayan disfrutado.

Autor: Stutehh.

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El guardia del trabajo II

Él sentado me tomó de las nalgas abriéndolas y me sentó, mi culo estaba dilatado y aun así me dolió un poco, me levantaba y me ensartaba rápidamente. Yo estaba encantado, me la sacaba totalmente y me la metía toda, hasta que sentí que me dio un abrazo y me la dejó adentro, sentí como se expandía y contraía su verga, sentí los latigazos de leche, aun cuando traía puesto el condón.

Espero les haya gustado el relato anterior. Debo decir que esa noche no pude conciliar el sueño, primero el sentimiento de culpa, el pensar que me delataría y mi reputación quedaría en el suelo, después esas pulsaciones en el culo que no podía estar boca arriba.

Sentía como si nuevamente me la estuvieran metiendo, así pues pasó la noche y el domingo con mi mente puesta en ese hombre, mi esposa me decía que algo me preocupaba y yo le decía que no era nada, son cosas del trabajo.

Pues llegó el lunes y estaba temeroso por la reacción que pudiera tener mi verdugo, me abrió la puerta y lo único que escuché fue “Buenos días señor” la verdad el que no mencionara lo sucedido me daba un respiro, pero es como cuando niño que cometías un error y esperabas el regaño de tus padres y este nunca llegaba. A cada día lo único que escuchaba era buenos días y hasta luego señor.

Pasaron los días y mi nivel de trabajo no disminuía, y debido a eso fue que me olvidé del tema en toda la semana, los buenos días señor y hasta luego señor no cambiaban. Llegó el fin de semana y como hace tres semanas tuve que ir a trabajar el sábado, esta vez sin la compañía de alguno de mis compañeros, pensé que mi guardia aprovecharía para ir conmigo y hablar de lo ocurrido pero pasó el día y no se apareció por la oficina, cosa que me ponía más tranquilo ya que no quería que lo sucedido se repitiera nunca más y más aun, que se supiera.

Eran las 6 de la tarde cuando por fin mis actividades habían llegado a su fin, solo tenía que llevar unas cajas de la oficina a mi carro y a su vez llevarlas a la paquetería para que fueran llevadas a las oficinas en la capital del país, me dispuse a cargarlas. Salí de la oficina y di vuelta a donde esta el estacionamiento y llegué hasta donde estaba mi carro, de pronto escuché pasos detrás de mi, era alguien que arrastraba los pies no quise voltear, me puse nervioso –¿señor le puedo ayudar?- era Roberto – no te apures yo puedo solo-, le respondí, además son solo 4 cajas.

Abrí la cajuela y metí las dos cajas que traía cargadas y me dirigí a la oficina sin voltear a ver a la cara a Roberto, me siguió y entro conmigo a la oficina, vio las cajas que estaban junto a mi escritorio y acomedido las tomo y me dijo – le ayudo-  gracias le dije tome mi portafolio y Salí detrás de él un tanto espantado y a la expectativa de lo que dijera. Cerré la puerta de la oficina con llave y lo seguí, traía puesto un pantalón blanco y una playera sin mangas, el pantalón ajustado dejaba ver perfectamente ese par de nalgas y la playera delineaba bien su espalda ambos debido al ejercicio.
Llegamos al carro y subió las cajas, cerré la cajuela y le dije – gracias nos vemos el lunes- él no respondió nada di la vuelta para verlo y se me quedo viendo, yo también lo vi, se me acercó y me dio un abrazo, escuché su respirar  y me puso a mil por hora, se me repegó al cuerpo y  me embarró su paquete, ya estaba en el cielo, había prometido decirle que nunca más habría nada entre los dos, que aquello había sido un error, pero no pude decir nada, solo seguir con ese abrazo que me estaba matando, se me repegaba a más no poder, eso me mataba, me comenzó a besar en el cuello y lo dejé, me encantaba, en menos de lo esperado estaba yo en el estacionamiento de mi trabajo desnudo (si, no supe cuando me quitó la ropa) y dejando que un hombre me llenara de caricias que me provocaban cosas que nunca había sentido.

Me recargó en el carro y fue cuando reaccioné me volteé y lo vi, se había bajado el pantalón y los calzones, se había quitado la playera, todo lo que me encantaba estaba a mi disposición, juré que no volvería a hacer nada con él pero no contenerme, me hinqué y tomé su enorme pito en mis manos, lo olí, lo lamí y terminé por metérmelo todo en la boca, mmmmmmmmmmmmm, estaba delicioso, tal como lo recordaba la semana pasada…

Estuve un rato dándole una chupada, él se retorcía del placer (creo que aprendí rápido) y lanzaba leves suspiros, me levantó y abrió la puerta de mi carro, me acomodó en el asiento trasero de mi carro de lado con mi culo abriéndose como una flor, me abrió las nalgas y comenzó a darme unas lamidas increíbles, solo que esta vez podía verlo con detalle, vi su cara decidida, él vio mi cara de placer, introducía la lengua en mi culo y después la movía con una velocidad que me enloquecía…

Así estuvo un rato hasta que se puso de pie, y se masajeó el pito, sabía lo que seguía y le pedí que se pusiera un condón alcancé mi portafolio y saqué uno, la ocasión pasada no usé protección de lo cual me arrepiento como no tienen una idea, rompí el empaque y me levanté para colocárselo yo mismo y estar seguro de que lo usaría, comencé por cubrir su cabeza la cual ya escurría de liquido, fui enrollando la cabeza y la desenrollé a lo largo del pito.

Él lo estaba gozando, su pene era grande en toda su extensión, el grosos en la cabeza era casi el mismo que el cuerpo, termine de hacer esta operación y me acosté al borde del asiento del carro boca arriba. Me levanto las piernas y coloco el pito en la entrada de mi culo, apunto y de un solo golpe me lo metió, aaaaaaaaaaaggggggggggggggghhhhh – ese dolor nuevamente se hizo presente, le dije que me lo sacara pero presionaba contra mí para no zafarse.

Se me acercó y sofocó mis gritos y peticiones de terminar esto con un tierno beso, fue diferente la sensación de besar una cara suave a una cara con bigote y barba de candado, su cercanía me excitaba, des pues de un rato y aun con su lengua hurgando mi boca comenzó a moverse, -oh que delicia- lo podía ver tomándome de las piernas y poniéndolas en mis hombros, moviendo rápidamente sus caderas haciendo unos embates mortales…

Estuvimos como 10 minutos en esa posición, vi su pecho sudando, se salió de mi y me pidió que cambiara de posición, que me pusiera boca abajo, sentí un vacío enorme y obedecí, me puse boca abajo abrí mis nalgas y de un envión me lo metía, esta vez con más gozo, me la estuvo metiendo como enloquecido, hasta que sentí que se estaba viniendo, dio un suspiro y sentí que algo caliente caía sobre mi culo y nalgas, se había quitado en condón y me hecho su leche caliente sobre mi, se acostó sobre mi un momento, yo no me moví, estaba exhausto, me dijo si me había gustado y le dije que si, todo silencio, después se levantó y me levanté, vi que su pecho tenía rastros de leche y me acomedí a lamérselo.

Le pasé la lengua por su pecho peludo y por sus pezones, eso lo hizo excitarse y noté como su verga se estaba endureciendo otra vez se sentó al filo del asiento y me dijo –siéntate- alcancé nuevamente mi portafolios y saqué un empaque lo rompí  y se lo coloqué (el condón), ahora él sentado me tomó de las nalgas abriéndolas y me sentó rápidamente, mi culo estaba dilatado y aun así me dolió un poco, me tomó de la cintura y me levantaba y me ensartaba rápidamente…

Yo estaba encantado, me la sacaba totalmente y me la metía toda de una vez, después yo me sentaba cada vez más rápido, hasta que sentí que me dio un abrazo y me la dejó adentro, sentí como se expandía y contraía su verga, sentí los latigazos de leche, aun cuando traía puesto el condón.

Me quedé un rato sentado y me paré, sentí como se fue saliendo de mi, tomé mis pantalones que estaban en mis tobillos y me los subí, busqué ni playera y me la puse, él hizo lo mismo, primero sus calzoncillos blancos, después su pantalón y su camisa, se abrochó el cinto y sin decir nada se fue al cuarto de vigilancia, yo cerré la puerta trasera, recogí los condones usados y me subí a mi carro, arranqué y me dirigí a la salida, ahí estaba esperándome para abrirme, no me dirigió la mirada, se despidió con un “hasta el lunes señor” – hasta el lunes joven- le respondí.

Arranqué rumbo a mi casa, el auto olía a sexo, lo llevé a lavar para que oliera diferente y mi esposa no se diera cuenta, me baje de mi carro y sentía que toda la gente se me quedaba viendo, me sentía culpable de aquello, lo terminaron de detallar y me fui a mi casa mi esposa no estaba, me metí a bañar y cuando me quité la ropa vi mis calzoncillos manchados de sangre, no muy abundante, los lavé, me lavé el culo, cuando me empecé a lavármelo no pude resistir la tentación de hacerme una chaqueta (masturbarme) terminé , me sequé y me vestí.

Ya de noche sentía como el culo nuevamente me latía, pero ahora si pude dormir, contento por haberme dejado coger por ese hombre.

Autor: Alberto

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Prueba de lealtad

Te introdujo un dedo, luego dos; y mientras los hacía entrar y salir cada vez más rápidamente, chupaba tu clítoris. Ver su mano manchada en tu sexo, tus vellos erizados y ensalivados mientras sus labios sorbían, chupaban y lamían tu clítoris era muy emocionante, excitante, salvajemente erótico. Tú gemías como posesa, él tragaba tus jugos… yo miraba extasiado.

“Te amo y esto no va a afectar nuestra relación –fue lo que me dijiste esa tarde. Lo que sucede es que necesito de cuando en cuando los servicios de otro macho. Una mujer tan caliente como yo requiere más de una forma de tener sexo… me estoy quemando”. Te conozco y se que es verdad. Sin embargo, ¿habría de permitirte ser infiel? ¿Cómo soportar que tengas amantes? ¡De ninguna manera! Sin embargo sentí mi pene endurecerse.

Entonces escuchamos la puerta, el guardia de seguridad que contraté para ti nos esperaba para llevarnos al compromiso de esa noche. Una mirada cómplice nos hizo darnos cuenta de que pensábamos lo mismo: no te permitiría amantes, pero podemos tener un esclavo sexual para satisfacerte bajo control. Especialmente una persona a la que tienes comiendo de tu mano con absoluta lealtad.

Debo confesarte que no me gusta que tenga más lealtad a ti que a mí… Mientras terminabas de maquillarte, me apoyé a tu espalda sobando tus pechos por encima del vestido, ese vestido negro entallado de amplio escote que cierras sólo con un broche en círculos y que usas sin sostén. Te hablé al oído: “te ves maravillosa… pero… ¿estás pensando lo mismo que yo?”  Tu pícara sonrisa y ojos coquetos respondieron sin palabras.  Dos horas después terminamos la cita de trabajo. La noche aún podía seguir.

“Señor –dijiste al guardia. ¿Podemos contar con su absoluta confidencialidad? ¿Puede guardar secretos íntimos?” Te respondió con decisión inmediata: “yo daría mi vida por ustedes; vivo para servirles. Pídame lo que guste”. “Esta noche pondremos a prueba su respuesta –añadí. Veremos hasta dónde está usted dispuesto a servirnos.” “Sí señor”. Acto seguido vinieron las indicaciones: “diríjase hacia fuera de la ciudad; por la zona sur.” Y enfilando hacia cierto hotel que tú ya conocías por haberte quedado en él en alguna ocasión, nos hicimos a la carretera.

Mientras tanto nos acariciamos, al principio con cierto cuidado, pero luego sin decoro alguno. Tu precioso vestido era ahora un terrible obstáculo. Sólo alcanzaba a masajear tus nalgas enmarcadas en ese tanga blanco con rosa, ¿recuerdas? El que tiene un pequeño moño azul y rosa. Pero como no faltaba mucho para llegar no podía desvestirte todavía. Llegamos al hotel, el guardia bajó para hacer los trámites de la habitación. Preguntaste: “¿estás seguro?” “No –respondí. Estoy caliente”. “Yo también”. Después de segundos eternos, regresó el guardia de seguridad dando informes de haber hecho lo que se le ordenó con discreción. Dinero en efectivo, ninguna tarjeta. Sin detalles.
Estacionamos casi enfrente de la habitación y nerviosos nos dirigimos a ella: “acompáñenos, es una orden”.

Entrando en el cuarto, con la respiración agitada, te fuiste al baño. Entretanto di algunas indicaciones: “esta vez necesitamos sus servicios en forma más explícita y privada. La señora y yo nos hemos puesto de acuerdo para proveerle ciertos favores, usted ha visto como yo no le niego nada. Además me encanta hacerla feliz. Por ello, esta noche usted fungirá como un prestador de servicios sexuales. Sin embargo, nunca se volverá a hablar de esto y tampoco le da derecho alguno sobre nosotros. ¿Pondría su cuerpo para una bala en el lugar de la señora?”  “Absolutamente y e…” –respondió queriendo hablar más, lo que no permití.

“Pues entonces, -continué. No prestará su cuerpo a una bala, sino a una diosa sexual; y va a hacer todo lo que ella diga esforzándose al máximo. Saliendo de aquí seguirá siendo una distinguida dama y usted un caballero sin memoria.”  “Sí señor, será un placer” –no pudo esconder su alegría y excitación. De hecho, el miembro erecto se dibujaba protuberante bajo el pantalón.

Escuché tu voz: “vienes por favor”. Entré al baño contigo: “ayúdame a quitarme el vestido por favor. La próxima vez debemos escoger algo más fácil de quitar”. Y subiendo las manos lo saqué por encima de ti. Nos besamos apasionadamente y te acaricié las nalgas mientras mamaba tus pezones. Te subí al lavabo y comencé un mete y saca… nos besamos apasionadamente uniendo nuestras lenguas, pero me detuviste: “todavía no, quiero que dure más. Además, hoy haremos realidad nuestra fantasía, ¿verdad?”

Así que salí del baño y te dejé prepararte. No tardaste mucho en salir… ¡Wow! ¡Increíble! Sólo llevando tu tanga y cubriendo con las manos tus hermosos pezones, negros, grandes, de hembra verdadera.  “¿Pero que esperan que no se desnudan?” –dijiste mientras te lanzabas sobre la cama rodando y exhibiendo tu maravilloso cuerpo. No duramos nada en tirar la ropa. Me sentí orgulloso de tener una verga ligeramente más larga, pero me dolió que la del guardia fuera más gruesa. Traté de hacerte sexo oral… pero detuviste mi rostro: “no, para eso lo tenemos a él”.  “¿Qué quiere que haga mi señora?” –era un esclavo, tu esclavo.  “Primero –respondiste. Que las veces que requiera sus servicios no me trate como a una dama, sino como a una puta… aunque yo sigo mandando. Y no hable de esa forma, sino como solía hacerlo en el ejercito”.  “Si señora… perdón… este… lo que mande mi perra, pero le voy a dejar adolorido el culo” –se soltó. Era irreconocible.

Debo admitir que de momento no me gustó el asunto, me dio miedo que las cosas se salieran de control. Pero al verte extendida con las piernas abiertas mientras él te chupaba la vagina y lengüeteaba tu vulva, turbé mis pensamientos. Te introdujo un dedo, luego dos; y mientras los hacía entrar y salir cada vez más rápidamente, chupaba tu clítoris. Ver su mano manchada en tu sexo, tus vellos erizados y ensalivados mientras sus labios sorbían, chupaban y lamían tu clítoris era muy emocionante, excitante, salvajemente erótico. Tú gemías como posesa, él tragaba tus jugos… yo miraba extasiado.

Volteaste hacia mí y me invitaste a acercarme con tus manos, así que me lancé sobre tus senos para masajearlos con cierta violencia mientras lamías mis testículos y tus manos se posaban en mis nalgas. Allí fue donde arqueaste tu espalda con un orgasmo increíble, el primero de la noche. Te pusimos en cuatro y mientras él te la metía en la vagina por detrás, que por cierto me sorprendió la rapidez con la que guiaste su pene con tu mano a tu interior, yo de frente a ti seguía acariciándote los pechos y a tres dedos estiraba tus pezones. Comenzaste a mamarme la verga. Nunca lo habías hecho así, urgente, total, la metías casi toda a la boca y soportabas sin arcadas. Mientras tanto él te bombeaba embistiéndote como un verdadero animal; al ritmo que te la metía y sacaba tú me mamabas a mí.

Ambos entrábamos, ambos salíamos. Te empujaba y te hacía entrar mi verga a tu boca, se retraía y salía mi verga de ti. La saliva se escapó por tu barbilla. Te cogíamos al mismo tiempo. Pensé que te partiríamos en dos. Te tomó de tus caderas con tal fuerza que dejó las marcas de sus dedos en tu piel; incluso te nalgueó un par de ocasiones, quizás tres o cuatro y tú respondiste con gemidos. Movías el culo hacia atrás como queriendo tenerlo más adentro y hacías pequeños círculos entre breves espasmos inconscientes.

Ante semejante espectáculo y la tremenda mamada que me diste, comencé a eyacular en tu boca. Me sorprendió que no te retiraras; fue realmente excitante y placentero que siguieras mamando y tragando sin mostrar asco alguno. Jamás había tenido un orgasmo así. Impresionante. El escolta todavía no terminaba. Gemía como bestia herida, bufaba como toro embistiendo. Te hablaba con fuego: “Toma puta, sueño contigo cada noche; aaagh… te veo en todas partes… ggs… y si no pienso en ti no puedo hacerle el amor a mi vieja… recibe toda mi verga… Eres la perra más caliente que me he cogido y la más buena… aaahg…”

“Dámelo macho –dijiste. Cógeme fueerte… mmm… así, aaah, mmm… ¡Cógeme! ¡Dale cabrón que para eso te pago! Mmm… ¡Párteme con tu verga!  Eras otra. Y Me gustó mirarte. Luego dirigiste a mi tus palabras: “¿Te gusta papi lo que ves? Mmm… ¿Eh te gusta? Siempre seré tuya me coja quien me coja…” “Me vengo… ¡te voy a llenar de leche cabrona…! –dijo él. “Ni se te ocurra salirte, échamela adentro… así… aasí… dentro… mmn…”.

Y entre gemidos animales y sudor, así como un terrible golpeteo de la cama, eyaculó en tu interior mientras yo te acariciaba la espalda por la columna, de la nuca a la cintura. Semejante visión recuperó mi vigor y mi miembro volvió a endurecerse. “Límpiate, -ordené. Porque voy a entrar en ti”.  Y tomando el calzón del guardia procuraste secar el semen y tus jugos que se escurrían por tu entrepierna. Trataste de atraerme a ti, pero me negué. Lo siento. No puedo pasar ese límite. Así que fuiste al baño y tomaste una ducha. Al salir estábamos listos para otra ronda… pero eso es cuento para otra ocasión.

Autor: set

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Jugando nos quemamos

Miguel entró con ella y la folló salvajemente en el interior, me contó como le llenó su culo de leche, me puse tan caliente que mientras comprobaba que era así y pude ver que no llevaba las bragas puestas y sus muslos chorreaban leche, me contó que se había limpiado la corrida con su bragas que llevaba en el bolso, tras sacarlas y dejármelas oler no puede resistir y me la follé ahí mismo.

Hola amigos, mi nombre es Jorge y el de mi esposa Susana, hace ya varios años que leo en esta página los relatos que en ella se publican y nunca creí que un día sería yo quien iba a protagonizar una de las historias que en ella aparecen, y que por supuesto no hemos podido evitar el compartir con vosotros, ya que la experiencia ha relanzado nuevamente la pasión en nuestro matrimonio.

Nos casamos hace 12 años, yo tengo 37 y Susana 38, tenemos un hijo de 11 años, mi esposa desde su nacimiento no trabaja y se dedica a su educación y labores domesticas, yo trabajo como ejecutivo en una empresa de informática y económicamente nos va bastante bien, ya que hicimos buenas inversiones inmobiliarias hace unos años y la verdad ahora gozamos de un nivel de vida muy acomodado. Vivimos en una urbanización a las afueras de la ciudad, en una casa independiente con Piscina y Jardín Privados, donde a veces invitamos a parejas de amigos y realizamos barbacoas y demás.

Uno de esos amigos, Miguel, que trabaja conmigo en la empresa, está casado con una de las mejores amigas de Susana, y nos suelen visitar con bastante frecuencia, tanto en pareja como por separado, ya que la esposa de Miguel que es médico, cuando no trabaja o sale de una de sus guardias, se pasa por casa y hace compañía a Susana, se van de compras juntas Etc.

Miguel también suele acompañarme a casa muchas veces, ya que por el horario de trabajo de su esposa, cuando hace esas guardias de 24 horas, aprovecha y viene a comer o cenar con nosotros y así evita tener que hacerlo solo o en alguno de los bares de la ciudad.

Pues bien el pasado mes de julio, uno de esos días calurosos y estresantes en el trabajo, aprovechando que esa tarde no tendríamos que volver por la oficina, ya que todo nuestro trabajo quedó finalizado sobre las 2 de la tarde, pregunté a Miguel si estaba solo para comer y él me contestó que si, que su esposa no volvería del hospital hasta la noche, por lo que le propuse que viniese a comer a casa, que estábamos Susana y yo solos, que el niño estaba de colonias y así nos podría acompañar en la comida, él por supuesto aceptó, ya que así no se quedaba tirado toda la tarde y así disfrutaría de una buena comida, tan acostumbrado a comer fuera de casa,  así yo avisé a Susana y le informé de la visita de nuestro amigo para que estuviese preparada.

Cuando llegamos a casa después de 1 hora, Susana nos recibió con la mesa preparada y uno de nuestros platos favoritos sobre la misma, lo había preparado todo en la mesa exterior del porche, tras saludarnos invité a Miguel a entrar en el interior y le presté uno de mis bañadores y una camiseta,  para que se pusiese cómodo, ya que hacia calor y la ropa que llevábamos no era la más adecuada. Pues bien pasados unos minutos, los tres nos sentamos a la mesa y charlamos de diversos temas, como tantas otras veces, pero esa tarde y no se muy bien por que, el calor las copas de vino, la confianza que existía ya entre los tres, Miguel que es un Don Juan y muy extrovertido, siempre bromea con lo relativo al sexo, la verdad es que esa tarde como os decía casi todos los temas eran sexuales. Que si teníamos suerte de tener esta casa, que si lo habíamos hecho alguna vez en la piscina, en fin esas cosas que en los matrimonios de algunos años se toman un poco a pitorreo, pero  que en el fondo nos remueve un poquito por dentro por que no decirlo, y viendo como se lo tomaba mi esposa que parecía muy desinhibida y nos seguía la corriente, he de confesar que me excitó la situación.

De momento ahí quedó la cosa, pero digo ahí por que pasados unos minutos, mi esposa se disculpó con nosotros y entró en casa para cambiarse, ya que nos dijo que le apetecía tomar un poco el sol antes de que bajase, ya que eran ya las 5 de la tarde, nosotros seguimos charlando de temas laborales por supuesto, hasta que pudimos ver a Susana salir al exterior metida en un súper- mini bikini, yo no lo había visto antes, que nos dejó a ambos sin palabras, yo disimulé un poco no dándole importancia, pero Miguel, que ya os he dicho que es un poco Don Juan, no se pudo resistir y exclamó, “que suerte tienen algunos”, eso es una mujer y lo demás son tonterías”, Susana se echó a reír y haciéndose un poco la avergonzada, se colocó delante de nosotros y muy inocentemente mientras se daba la vuelta y sujetaba con las manos su culo, nos dijo, ¿No os parece que me he engordado un poco?. Como que un poco, pensé, si estaba tremenda exhibiéndose ante nosotros, con un mini tanga que se perdía en su hermoso culo, Yo la verdad no supe reaccionar pero si a mi me impresionó verla así, imagino lo que debía de pensar Miguel, con aquella hembra delante preguntando si estaba gorda, yo soy hombre y sabía perfectamente lo que pasaba por su cabeza.

Tras esta pequeña exhibición ella salió del porche donde daba la sombra y se colocó en la tumbona tendida boca abajo, quedando de espaldas a nosotros, por lo que la panorámica era espléndida, ese precioso trasero, partido por el minúsculo bikini, quedaba expuesto a  nuestra mirada, cosa que en un principio me incomodaba, ya que veía que mi amigo no desaprovechaba ninguna ocasión para mirar a mi esposa. En ese momento y para salir un poco de la misma, me puse de pie y me excusé para ir al baño, ya que después de comer y a esas horas soy un reloj biológico. Mi esposa bromeó con lo de ir al baño, ya que suelo aprovechar para leer el periódico sentado en la taza, pero que le vamos a hacer cada uno tiene sus manías.

Pues bien cuando entro en la casa y antes de ir al baño, voy primero al salón para tomar uno de los periódicos que allí había dejado y a través de los vidrios del mismo que dan al porche, veo como mi amigo aprovechado mi ausencia, cosa lógica por otra parte, mira fijamente el culo de mi esposa. He de confesar que ese espionaje furtivo me calentó y en lugar de ir al lavabo seguí observado desde el interior mientras me acerqué hasta situarme casi detrás de mi amigo, él por supuesto no podía verme, desde donde tenía la misma visión que el de mi esposa. Puede ver como él se movía ligeramente hacia un lado para verla mejor, yo no pude evitarlo y sin saber muy bien por que metí mi mano en el interior del bañador y comencé a sobarme la polla, mientras miraba como mi amigo se recreaba con mi esposa que no se daba cuenta de nada.

Pero mi sorpresa llegó cuando veo que mi amigo tiene la misma ocurrencia y sentado como estaba, también mete su mano bajo el bañador y comienza a masturbarse aceleradamente, no lo podía creer, se estaba haciendo una paja mientras le miraba el culo a mi esposa, yo no pude más y me corrí de inmediato, soltando grandes chorros de leche que llegaron al vidrio que nos separaba, pero casi de inmediato y mientras degustaba los últimos espasmos, pude ver como mi amigo sacó la punta de su polla por encima del elástico del bañador y se corrió en su propia barriga, tapando con su camiseta todo ese río que había soltado, fue la ostia, tanto es así que observando que mi polla seguía dura aún continué sacudiéndola, hasta tener otro orgasmo consecutivo, eso no me pasaba desde hace 10 años, fue la experiencia que más cachondo me ha puesto hasta la fecha.

Pero como todos los buenos comienzos, estos tienen mejores finales, lo que sucedió a partir de ese momento, forma parte y lo seguirá haciendo durante muchos años, de nuestras mejores tardes en este mundo.

Yo me dirigí hasta el baño y recompuse un poco mi aspecto, pasados unos 10 minutos salí de nuevo al porche, me senté frente a mi amigo que no perdió tiempo en excusarse y marcharse al aseo, Yo sabía que iba a lavarse esa corrida que escondía bajo la camiseta y mi esposa que seguía sin darse cuenta de nada tomando el sol. Yo rápidamente me levanto de la silla y corro a explicar a mi esposa lo que había sucedido, ella puso cara de sorpresa, pero después de unos segundo sonrió y dijo, que pena y yo me lo he perdido, en ese momento y no me preguntéis por que, en lugar de aparecer en mí los habituales celos, le seguí la broma y le dije, que te parece si lo vuelvo a dejar solo, a ver que hace y luego te cuento.

Ella no muy satisfecha, ya que no vería nada, aceptó, ya que le gustó la idea de haber puesto tan caliente a nuestro amigo, tanto que había llegado al extremo de arriesgar tanto. Pues bien, el plan se puso en marcha de nuevo, pero esta vez la cosa fue un poco diferente, ya que después de la vuelta de mi amigo, mi esposa debió de pensar que ya que se había corrido una vez, estaría un poco bajo de moral, por lo que nos obsequió con un top-less (no lo había hecho nunca ante desconocidos), con la excusa de tomar el sol y que no le quedasen marcas, por supuesto de nuevo la miramos como dos perros en celo mientras de tumbaba de nuevo boca abajo.

En ese momento y pensando que era el idóneo me volví a excusar para ir al lavabo y entrar de nuevo en el comedor a ver que sucedía, y no fue otra cosa, que ver como Miguel de nuevo sacaba su polla del bañador y comenzaba una nueva paja, al igual que yo, pero con lo que no contaba fue con el efecto que en nuestro amigo había hecho el cuerpo de mi esposa, desnudo ante él, y pude asistir a la mejor visión que un hombre creo que puede tener en esta vida, lo digo de verdad, si alguien lo ha experimentado me entenderá, vi como mi mejor amigo, se bajó el bañador, se sacó la camiseta y quedó desnudo en la silla, a dos metros de mi esposa haciéndose una paja descomunal, se la iba a arrancar, imagino la excitación que sentía de ser sorprendido, pero lo que vino a continuación culminó ya todas las mejores expectativas, ya que mi esposa sabiéndose observada y pensando que tenía que calentar algo más (no sabía como le tenía ya), hizo un gesto con ambas manos y metió la braguita del bikini en los cachetes de su culo, lo que desde donde la mirábamos parecía estar ya completamente desnuda, esto hizo que mi amigo ya poseído de lujuria, se levantase de la silla y se colocase justo detrás de ella, haciéndose la paja justo detrás de su culo.

Yo no lo podía creer, era inminente que ella lo iba a descubrir, y así sucedió, cuando se dio cuenta de su presencia sobre ella se giró sobre si misma en la tumbona y quedó bajo el, Miguel no hizo nada, aceleró el ritmo y pude ver como mi esposa quedó un momento parada y sorprendida viendo el espectáculo a escasos 30 centímetros de su cara. Yo desde mi posición solo veía a Miguel de espaldas y no sabía que hacía mi esposa, hasta que mi amigo cayó hacia delante y vi las piernas de mi esposa aparecer en el aire una a cada lado de mi amigo, lo que era evidente que sucedió, abrió las piernas de mi mujer apartó a un lado su diminuto tanga y la empaló contra la tumbona salvajemente. En ese momento no pude más y me corrí nuevamente contra el cristal de la vidriera, viendo como mi mejor amigo se follaba a mi esposa en mi jardín. Fueron 20 minutos de locura, me hice dos pajas en ese tiempo, pude ver como la folló por todas partes, coño, culo, boca, fue tremendo, sobre todo ver la cara de perra que tenía mi esposa mientras miraba furtivamente hacia mi posición.

Yo por supuesto no supe que hacer y para guardar las formas esperé a que terminaran, supongo que Miguel supo perfectamente que yo lo había visto todo, pero tampoco dijo nada, los tres esa tarde hicimos como si allí no hubiese sucedido nada.

Cuando mi amigo nos dejó, mi esposa vino a mi rápidamente y me pidió perdón, me dijo, que no supo que hacer cuando se dio la vuelta y le vio allí con esa enorme polla en la mano, que estaba tan caliente pensando que se estaba masturbando mientras la miraba, que ya no pudo reaccionar, incluso me confesó que estuvo esperando a que yo me uniese a ellos para ser follada por los dos, pero que entendió que me quedase dentro para guardar las formas. Incluso se ofreció a hacerlo otro día con una chica para compensarme de lo ocurrido, pero con lo que no contó mi esposa, fue con mi reacción, y no fue otra que decirle, que era lo más caliente y cachondo que me había ocurrido en la vida, ella ante tal confesión sonrió y con una cara muy viciosa me dijo, pues cuando quieras lo repetimos, y vaya si lo repetimos.

Para empezar esa misma semana dejé que mi esposa acompañase a Miguel de compras, como si ellos fuesen pareja, y a la vuelta ella me contó lo que habían hecho en los probadores de una tienda de ropa.

Me confesó que durante un rato se exhibió ante él con todo tipo de modelitos y cuando pudieron aprovechar la ocasión Miguel entró con ella y la folló salvajemente en el interior, me contó como le llenó su culo de leche, en ese momento me puse tan caliente, que mientras comprobaba que efectivamente era así, levanté su falda y pude ver que no llevaba las bragas puestas y sus muslos chorreaban leche seca, me contó mientras la desnudaba que se había limpiado la corrida con su bragas las cuales llevaba en el bolso, y tras sacarlas y dejármelas oler, no puede resistir más y me la follé ahí mismo.

Me puso tan caliente que lo primero que hice fue como un perro, lamer y chupar su culo recién follado, el cual tras lubricar, volví a follar como un poseso, he de confesar que me estaba enganchado a que mi esposa fuese la puta de otro, pero como os he dicho entes esa sensación es única.

De ahora en adelante solo pienso en la siguiente vez que venga y me cuente lo que ha hecho con alguno de sus conocidos, aunque también he de confesar que me da un poco de miedo si abre la veda en su gimnasio, ya que son muchos los hombres que me ha confesado que la cortejan y que a ella le ponen.

Me imagino que ahí tendremos otras historias que contar en un futuro, lo estoy deseando. Os imagináis lo que pueden llegarle a hacer en la sauna del GIM, no puedo más os dejo para hacerme una paja.

Hasta pronto.

Autor: Jorge

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