A mi sobrino siempre lo desee

Mi sobrino me tenía totalmente excitada, me sentía una guarrona en toda regla y eso me gustaba. Yo quería más y estaba deseando que mi sobrino se corriera en mi canalillo y así ponerlo todo pringado de semen, deseaba que su semen me salpicase por todas partes, al final llegó el justo premio y por lo que habíamos estado trabajando tanto, mi sobrino aceleró el ritmo y se corrió en las tetas.

Exhausta después de ese orgasmo tan especial que había tenido gracias a mi sobrino, me metí en la ducha para recuperarme del sofocón y refrescarme un poco dejándolo a él maravillado y viendo las estrellas de gustito sobre la cama. Desnudarme no me tenía que desnudar porque ya venía de la habitación en pelota picada y con el vestido en la mano para ponérmelo después porque afortunadamente no se había manchado de semen, ni de flujos, ni de nada.

Abrí el grifo y… joder, hacía tanto calor que el agua salía como el caldo de la tubería… este verano fue brutal. Me metí debajo del chorro de agua y empecé a ducharme. Estaba súper caliente, no podía expresar con palabras la alegría que tenía en ese preciso momento en mi cuerpo. Hacía años, no meses, sino años, que no sentía el calor de una polla en mi interior. Este que había tenido, era el primer orgasmo de verdad desde hacía muchísimo tiempo. Y solamente de pensar que era mi sobrino quien me lo había proporcionado, que estaba allí tumbado en mí cama, que lo tenía para mi sola allí en mi propia habitación y que teníamos todo el verano por delante… mmmmmmmm, se me hacía la boca agua y la situación era de un morbo sin igual.

Al final, limpia y fresquita salí de la ducha, me sequé y me volví a poner el vestido, luego abrí la puerta. Mi sobrino seguía allí tumbado en mi cama. Ese pedazo de hombretón estaba allí estirado esperándome para entrar a ducharse, y entonces… miré bien y ¡su polla estaba tiesa como una estaca! yo creo que ya hasta le debería de doler un poco. Se había corrido tres veces conmigo y la volvía a tener tiesa, ¡madre mía qué juventud y qué vigor! Para asegurarme más lo llamé para que entrase al cuarto de baño mientras yo me arreglaba el pelo frente al espejo, él se levantó y se acercó hacia mi posición; efectivamente, el chico estaba empalmado de nuevo y su verga absolutamente tiesa y apuntando al cielo. Haciendo como que no le miraba y mientras me peinaba un poco le comenté:

– Chico… (No diré su nombre y tampoco quiero dar uno falso) ¿No te duele un poco después de haberte corrido tres veces y tenerla así como la tienes? – Pues -dijo él- me molesta un poco sí, pero a ver si se me pasa… me podría correr otra vez, pero más ya no porque entonces sí que me dolería un pelín seriamente.

– ¿Te correrías ahora mismo otra vez? ¿Serías capaz? ¡Anda ya! -le dije yo extrañada. – Sí, otra vez sí, pero luego… pfffffffff, casi que sería imposible hacerlo más veces ya, me tienes hecho polvo tía (me encantó cómo dijo eso último).

– ¡Madre mía! aún le queda fuerza para una más, ¡qué tío! -exclamé- Y entonces me miró, esperó un poco y me dijo: – Si quieres comprobarlo, es muy fácil… quítate el vestido, siéntate en ese taburete, pones mi polla entre tus tetas y ya verás si puedo o no correrme una vez más…

Yo estaba absolutamente petrificada con lo que acababa de escuchar. Jamás en mi vida me habían dicho o propuesto algo así. Y digo “petrificada”, no porque me sorprendiese escuchar que existía una práctica como esa (que es de lo más normal) y tampoco porque no me gustase, es que simplemente, yo, ignorante de mi, nunca jamás había hecho eso…

Ahora ya sé que se llama “hacer una cubana” o “paja cubana”, y resulta que después de ir haciéndosela a mi sobrino varias veces durante nuestras sesiones de sexo -desde el verano hasta ahora- es una de las cosas que me encantan, ya que mientras se la hago, mientras aprisiono bien la polla de mi sobrino entre mis pechos, pues disfruto como una perrilla salida del tacto, el grosor y la calentura de su miembro en plena ebullición y en una parte de mi cuerpo diferente, es más, yo lo suelo hacer de manera que mis pezones erectos y durísimos a más no poder, queden pegaditos a su cuerpo para que así mientras él disfruta y jadea como un poseso al sentir su polla aprisionada entre mis tetas, poder yo rozar mis pezones con su cuerpo y excitarlos aún más para disfrutar como una loca…

Y además otra cosa que me ayuda en mi excitación, de esa forma también, pues le puedo mirar los ojillos de vicioso que pone mientras siente cómo su pedacito de carne dura y caliente es rodeada por mis senos y aprisionada mientras se desliza por el canalillo arriba y abajo. Desde la posición en la que sea que le haga la cubana a mi sobrino yo siempre procuro que ocurra esto…

Por supuesto os diré que desde ese día, lo de hacerle una cubana a mi sobrino suele formar parte de las cosas que habitualmente hacemos los dos en nuestros encuentros sexuales, lo mismo que la penetración, el sexo oral y demás, pero hasta ese momento nunca un hombre me lo había pedido ni yo sabía lo que era eso. Así que yo estaba, digamos que confusa y excitada a la vez, me sentía estupenda y deseosa de seguir y de no parar de sentir placer con ese jovencito.

Me tenía excitada como a una colegiala. En ese mismo momento hubiese hecho cualquier cosa que me hubiese pedido y como explicó aquello de esa manera tan deliciosa, me entraron unas ganas de hacerlo inmensas. Aunque claro, me acababa de duchar, pero… es que tenía ganas inmensas de probar aquello y había acumulado tato deseo de jovencito que ya no sabía como parar; y como nunca lo había hecho, pues sentía una curiosidad del estilo de la que sienten los críos el día de abrir sus regalos de navidad: necesitaba hacerlo ahí, en ese momento y enseguida. Lo deseaba.

Miré a mi sobrino por unos instantes y ni corta ni perezosa, separé mis tirantes, dejé caer al suelo el vestido y me dispuse a sentarme en el taburete. Lo miré y le dije:

– Ven aquí, a ver cómo dices que es eso de la polla en las tetas que no lo he hecho nunca -le dije a mi sobrino. – ¿Nunca has hecho “una cubana”? -me preguntó. – Vaya -contesté yo- así que además tiene nombre… ¡sí que tienes una tía anticuada! y yo sin saber lo que es, anda cariño enséñamelo de una vez que suena muy bien como lo has explicado antes.

– Pues mira -me empezó a decir él-, a esto todo el mundo lo llama “cubana” o “paja cubana” y más o menos la cosa consiste en meter la polla entre las tetas de una mujer… – ¿Meterla entre las tetas…? pues… tendrá que ser por aquí por el canalillo ¿no? -le pregunté, deduciendo ya por dónde iban los tiros. – Sí claro, por ahí, por el canalillo, exacto… ¿a que parece que el canalillo ha sido diseñado expresamente para esto? ja, ja, ja -me dijo con una sonrisa a la que yo correspondí- y entonces lo siguiente ya sería que mientras que tú te aseguras de no dejarla escapar de ahí dentro, pues moverme deprisa para que la polla vaya arriba y abajo y así hacer como si te follase las tetas.

– O sea -dije yo concluyendo- que es como hacerte una paja, pero en lugar de hacértela tú mismo o yo con la mano, quien te la hace y con lo que te frotas es con mis tetas, ¿no es eso? – Sí, supongo que por eso le llamarán “paja cubana”, porque es como una paja ¿no…?, pero yo -me dijo- lo de la “paja” lo entiendo porque es una paja, ahora, lo de “cubana” no lo acabo de pillar… porque que yo sepa y por las fotos que he visto así en general, las cubanas no es que tengan por así decirlo unas tetas tan grandes como para hacer esto. Las caribeñas en general son guapísimas y tienen unos cuerpos geniales pero eso de tener pecho, lo que se dice pecho, no es que tengan mucho ¿no…? A no ser que sean unas gordas de escándalo o así, digo yo.

– Joder -le dije yo a mi sobrino después de oir su reflexión-, pues tienes razón ¿por qué lo llamarán así entonces?, igual es que lo empezó todo la madre de Fidel Castro y resulta que era una gorda de cuidado o algo así… ¡vete tú a saber! ja, ja, ja, ja -nos reímos los dos- pero bueno, que le den por saco a Castro que lo importante es que ahora tú y yo esto lo tenemos que probar ya mismo porque suena muy bien… ¡venga vamos!

Mi sobrino entonces se acercó a mí con su verga empalmada. Yo estaba sentada en el taburete y con unas ganas terribles de hacerle eso a su polla… se acercó y colocó su polla frente a mi canalillo. Para ayudarle en su propósito y meterle mano a la vez, puse mis manos alrededor de su culete y lo apreté contra mí mientras él colocaba su polla entre mis tetas.

Después de unos breves instantes de excitación y de impaciencia tanto suya como mía por culminar la acción, la polla de mi sobrino encajó en mi canalillo como un guante. Cuando la vi allí metidita sentí algo especial y recordé lo que él había dicho antes y que nos había hecho sonreír hace un momento, aquello sobre que parecía que el canalillo de las mujeres había sido diseñado para esto… pues fuera las tonterías y frasecillas bobas típicas de la situación la cosa era totalmente cierta.

Yo estaba gratamente asombrada de cómo encajaba perfectamente la forma de la polla de mi sobrino con la forma de mi canalillo y lo bien que mis tetas quedaban rodeando su pedazo de pollón. La perfección y el diseño del cuerpo humano son increíbles, me decía yo a mi misma, mientras sentía su caliente verga entre mis tetas. Es que era soberbio cómo mi sobrino encajaba en mi como el zapatito de Cenicienta en su pie. Era como si desde el principio de los tiempos esta práctica sexual estuviese ya preestablecida para el disfrute y gozo de la humanidad. Mi sobrino entonces y al ver su polla en posición dijo:

– ¿Ves? ya está, pues ahora ya voy haciendo así y tú sujetas tus tetas para que no se salga, claro -me dijo mientras iniciaba con su polla el recorrido ascendente por mi canalillo…

Lo que ocurría es que tanto él como yo veíamos que la cosa costaba un poquito por el roce con la piel y después de tres corridas que él había tenido y después de haberme duchado yo… pues mi piel estaba muy suave pero seca y a su polla le costaba subir y bajar. Con lo cual a ambos no vino enseguida la idea de cómo facilitar el asunto:

– Me parece que esto hay que hacerlo con la zona humedecida -le dije a mi sobrino- – Sí -dijo él- es lo que te iba a decir ahora mismo.

Ni corta ni perezosa comencé a rozar mi lengua con mis dientes produciendo grandes cantidades de saliva hasta que noté que ya sería suficiente. Entonces la deposité despacito sobre la cabecita de su polla que asomaba por entre mi canalillo cubriéndola por completo. Él comenzó con el descenso de forma que la gran cantidad de saliva fue bajando con él y entonces, como lo hacía muy despacito, yo deposité el resto de saliva de mi boca en el hueco y agujerito que a modo de cuenco o mini vasito había surgido al bajar él su polla y tener yo sujetas mis tetas de esa manera que las tenía.

Él además había hecho lo mismo que yo y cuando yo terminé de depositar mi saliva, él me retiró la cabeza y en ese momento y desde arriba depositó en el mismo hueco la suya. Ni que decir tiene que el hueco en cuestión se llenó por completo y al subir él con su polla todo se lubricó como si de una máquina de precisión se hubiese tratado: mi canalillo entero se llenó de nuestra saliva, la polla de mi sobrino se bañó en su totalidad en nuestros jugos bucales y evidentemente, el resto del maravilloso líquido lubricante salivar rebosó por todas partes pringando todo mi escote, sus huevos y todo lo que encontró por su camino, lo cual no solamente nos daba lo mismo sino que nos excitó sobremanera a los dos.

Ahora sí que aquello era lo que tenía que ser. Mi sobrino estaba muy excitado y movía su polla por mi canalillo a toda velocidad. Habíamos cogido la mejor postura, su verga estaba bien aprisionada y no se salía de su autopista y gracias a la saliva la circulación era de altísima velocidad lo mismo que la excitación. En el movimiento de sube y baja yo descubrí que mis pezones al rozarse con mi sobrino se excitaban tanto como cuando yo me los pellizcaba en mis sesiones masturbatorias privadas… o incluso más, por ser la piel de un jovencito la que estaba en contacto con ellos… o más todavía por el morbo que me daba el que ese jovencito fuese mi propio sobrino… o… muchísimo más aun por sentir a la vez cómo ese pedazo de pollón de mi joven y vigoroso sobrino, caliente y duro como una piedra, me recorría el canalillo excitándose y jadeando…

Para sentirlo mejor todavía, me incorporé sin soltar mis tetas para así que no se saliese la polla y me acerqué más a él, que sintiendo lo que yo quería hacer y al tener las manos libres me apretujó contra su polla de manera que mis pezones entraron en contacto ya totalmente con su piel. Sus manos estaban sobre mis hombros, él me follaba las tetas, mis pezones estaban siendo excitados a tope y además la humedad de la zona era de sobras la que necesitaba.

Mi sobrino me tenía totalmente excitada… el taburetito hace tiempo que era ya un charquito pequeño debido al flujo que rebosaba de mi coñito y que resbalaba por mis muslos. Me sentía una mujer salvaje, libre, felina, una guarrona en toda regla y eso me gustaba. Yo quería más y más y estaba deseando que mi sobrino se corriera en mi canalillo y así ponerlo todo pringado de semen y saliva. Estaba deseando que en su corrida el semen me salpicase por todas partes: a mi cara, a mi pelo, a mis tetas, al suelo del baño, a la pared…

Y al final llegó el justo premio y por lo que habíamos estado trabajando tanto rato, mi sobrino aceleró el ritmo y se me corrió en las tetas. Fue algo maravilloso y memorable. No salpicó todo lo que yo hubiese querido porque se quedó casi todo en mis tetas y mi canalillo, pero estuvo fenomenal.

Por esa tarde ya había sido suficiente. Mientras él, completamente hecho polvo, se duchaba yo limpié lo poquito que habíamos dejado en el suelo y la superficie del taburete. Ni que decir tiene que a partir de entonces y durante lo que durase nuestro verano, tendríamos sexo apasionado, sin tabúes ni problemas de ninguna clase y que desde esa misma noche y en lo sucesivo, siempre que pudiésemos, dormiríamos juntos los dos.

Autora: Pili

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