Antonio del Mar I

Antonio envolvió sus brazos a mi alrededor y pegó la parte frontal de su cuerpo con la parte trasera del mío. Sentí sus brazos alrededor de mi abdomen, su vello facial y su aliento alcohólico en mi cuello y para rematar, la totalidad de su anatomía masculina frotándose y endureciéndose justo en mi trasero sin experiencia. Sentía como la corona de vellos de su sexo se restregaba en mi cintura.

No me parece descabellado decir que todos los seres humanos admiramos apasionadamente a nuestros semejantes alguna vez. Quizás a nuestro maestro, o a nuestro tutor, incluso a nuestro mejor amigo. Siempre hay algo que buscamos en otros, algo de lo que creemos carecer, y encontrar cualidades de las que quisiéramos hacer gala en otra persona nos atrae hacía ellas, en un intento por sentirnos individuos más “completos”.

Antonio me suscitaba esto y más. Era todo lo que yo hubiese querido ser de haber podido elegir. No hablo ya del panorama físico, porque siendo yo, sería demasiado exigirle a la vida lo mismo que le regaló a él. Una sonrisa perfecta, una tez y cabello tanto suaves como brillantes, un hermoso torso alargado como el de una escultura griega o una voz muy grave y masculina. Nada de esto hubiera pedido, una vez conocida su mejor cualidad: esa increíblemente atrayente personalidad. No pretendo decir que no apreciaba y, sobre todo, deseaba su atractivo físico, pero no era este aspecto perecedero lo que me hacía querer estar cerca de él tanto como me fuera posible. Era su carisma de lo que quería contagiarme. Y aunque al fin obtuve algo bastante diferente a lo que me esperaba, pues en su astucia supo aprovechar mi condición a su antojo, no me arrepiento en lo más mínimo de haber hecho de él mi modelo a seguir. Trataré de ser más directo en los siguientes párrafos para no desalentar a nadie con detalles insignificantes.

Andrés y yo nos habíamos hecho buenos amigos poco después de comenzar la escuela secundaria. Por aquel entonces éramos compañeros de clases. Él era quizás una réplica exacta del estereotipo del adolescente rebelde y lleno de energía, algo de lo que también buscaba contagiarme, mientras que yo era un tanto más introvertido y tímido. Aún con esto, compartíamos muchas cosas. Era muy común que la gente nos relacionara automáticamente al uno con el otro con sólo mencionarles su nombre o el mío. Gustábamos de las mismas cosas, nos hacíamos las mismas preguntas e incluso vestíamos de la misma forma. Más de una persona nos decía a menudo que guardábamos cierto parecido físico, pues nuestra complexión y altura era (e incluso hasta el día de hoy es) exactamente la misma.En conclusión, Andrés era el compañero y amigo ideal, alguien irrepetible para mí. Debo muchos momentos gratificantes a él, pero mi mayor adeudo es el haberme hecho llegar al verdadero motivo de este relato: su hermano Antonio.

No llevábamos mucho tiempo de conocernos cuando fui por primera vez a casa de Andrés y conocí a su familia. Aquellas tareas de la secundaria nos parecían tan largas que para hacerlas un poco más llevaderas las hacíamos juntos, y fue una de esas tardes que nuestros profesores atiborraban de trabajo por hacer, que conocí a su hermano 5 años mayor que nosotros: Antonio. Admito que aunque, me llamó poderosamente la atención que un joven de 18 años se presentara y me tratara como alguien de su edad, incluso ofreciéndome ayuda en los temas escolares, no me sentí atraído hacia él inmediatamente.

Al ser hermanos, Andrés y Antonio eran bastante parecidos, aunque claro, obviando el tamaño dada la diferencia de edades. Por su parte, Antonio tenía una piel más bronceada y un cabello más obscuro, así como unas facciones menos aniñadas con respecto a su hermano menor, aunque supongo que esto era más que nada un atributo que el tiempo le otorgó. También lucía un lunar muy gracioso en su mejilla, y un vello facial casi tan definido como el de un adulto que en aquel entonces envidiaría cualquier chico.

Francamente no recuerdo en que momento empecé a interesarme en él. Cada vez lo buscaba con más frecuencia: fingía que necesitaba ayuda con la escuela, iba a estudiar a casa de Andrés solo para tener un pretexto para poder ver a su hermano y escuchar sus consejos. Hubo ocasiones en las que olvidé mis cuadernos a propósito con el fin de regresar a verlo otra vez.

Eventualmente dejó de ser necesario que estuviese Andrés para que pudiéramos vernos. Congeniábamos bastante bien, con o sin su hermano presente. Incluso en muchas ocasiones iba a visitarlo directamente, y procuraba su compañía al grado que me llegó a considerar, según sus palabras, más “hermano” que su propio hermano. Andrés no parecía tener ningún problema con ello. Durante los siguientes 4 años pocas cosas cambiarían. Si bien, las novias de Antonio iban y venían, y Andrés y yo teníamos el llamado “mal del adolescente” a tope, hostigándonos todo el tiempo, pero nada cambió demasiado. Ni siquiera nuestros aspectos. A grandes rasgos seguíamos siendo: Andrés, atrevido; Guillermo, tímido; Antonio, carismático.

Cursábamos ya la preparatoria, tratando de devorarnos al mundo. Antonio estaba en la universidad, a punto de graduarse. Cabe destacar que fue ahí donde conoció a una chica bastante bonita y agradable de nombre Berenice, con la que mantuvo una larga relación, hasta poco después de los incidentes que estoy por contarles. Y quizás he sido responsable de ello en cierta medida, pero he decidido tomar nota para dejar atrás por mi bienestar esos desastrosos resultados tras este viaje de placer y discordia.

Por aquel entonces Andrés y yo ya habíamos cumplido la peligrosa edad de 18 años, a la vez que Antonio no hacía mucho había cumplido sus 23 en todo su esplendor. No había cambiado gran cosa desde que lo conocí, pero su cuerpo ya se asemejaba más al de un hombre que al de un chico, con sus espaldas y hombros ensanchados. Mejor aún, conservaba su sencillez que le hacía caer bien a todos.

Como ya he dicho, tras conocernos Andrés no demoró en presentarme con su familia. Sus padres eran bastante agradables y constantemente le decían que yo era un ejemplo a seguir para él (ignorando que era a la inversa, pues yo envidiaba en Andrés todo lo que yo no era). Cada que salían de viaje me quedaba en casa de los hermanos, y cuando no era así era porque los padres nos llevaban con ellos.

Un día cerca de la semana santa me comentaron sobre sus intenciones de ir a su casa de playa por unos días, viaje al cual Berenice y yo nos encontrábamos invitados, así que no dudé en asentir y en prepararme para una turbulenta semana en el mar de Cortés (irónicamente “del Mar” es el apellido de estos hermanos).

Aunque no fuera mi objetivo, siempre trataba inconscientemente de atraer la atención de Antonio. Vestía de forma que sabía que a él le agradaría, y muy a menudo recibía elogios de su parte. En este punto de nuestra historia aún no definía claramente lo que sentía, sólo sabía que quería mejorar para ser alguien de su calibre algún día. Así pues, me dispuse a elegir cuidadosamente que bañador, que gafas de sol usaría cuando él me viera o que ropa interior ponerme cuando no estuviese en la playa, sin imaginarme que de poco me iba a servir usarla…

Partimos en mediodía de un martes de abril en la camioneta de los señores del Mar. El camino hacia la playa era, por fortuna, corto, y aún más corto nos pareció a Andrés y a mí que íbamos riéndonos de todo lo que se atravesaba frente a nosotros. Berenice y Antonio hablaban en silencio, seguramente de los temas que a los novios les gusta hablar todo el tiempo. Al cabo de una hora habíamos llegado a la amplia y elegantísima casa a orillas del mar, donde, como en todas las casas bellas, el tiempo parecía dilatarse y los días hacerse más largos.

Los señores del Mar nos sugirieron tomar las dos recámaras con baño propio a Berenice y a mí, mientras Antonio y Andrés compartirían una recámara y ellos compartirían otra. En menos de una hora estábamos todos listos para salir a bañarnos en el sol.

Así se nos fue esa primera tarde, de una forma muy distinta al resto, al menos para mí. “Andy” y yo jugando bruscamente bajo el agua. Berenice y Antonio, por su lado, se alejaban bastante de nuestra vista. Se veían felices. No entiendo por qué, por unos momentos me sentí triste al ver que Antonio no jugaba con nosotros como las últimas veces.

Unas horas más tarde, cuando el sol estaba poniéndose, los señores del Mar, que habían estado todo este tiempo sentados en la arena ante una palma, nos propusieron alistarnos para salir a hacer una fogata más tarde, y como bien sabíamos todos los presentes: fogata significaba alcohol, al menos para los hermanos. Por raro que fuera, los padres de Andrés le dejaban consumirlo sin reprocharle nada, y vaya que él aprovechaba la situación, pues tanto él como su hermano bebían bastante. 40 minutos más tarde estaba oscuro. Había un poco de luz, pero apenas la suficiente para distinguir las calles detrás de la playa. Antonio y Berenice tomaron la camioneta con el pretexto de ir al expendio más cercano a comprar bebidas, mientras nosotros nos cambiábamos de ropas.

Salimos todos cuando no había un ápice de luz. El señor del Mar ya había dejado todo listo para la fogata que posteriormente encendió. Nos acomodamos como pudimos alrededor de ella y observamos las estrellas durante largo rato. Las recuerdo preciosas. No cabía una más en el cielo. Berenice estaba fascinada, y lo estuvo más aún al ver el tono cobrizo de la luna. Reconozco que no estaba muy centrado en ello esa noche. Andrés, y en especial, Antonio, bebieron cuanto quisieron y más, como siempre hacían. No pensaban mucho en la belleza del mar ni en nada de lo que los señores del Mar y Berenice discutían. Y yo: al margen, como siempre. Callado y sin saber si prefería ver la perfección del firmamento o a Antonio.

No pasó mucho antes de que Antonio decidiera que el alcohol se le había subido muy pronto a la cabeza, y que quería irse a recostar. Alguien tenía que acompañar a ese hombre, porque quien sabe como hubiese subido las escaleras estando solo. Para asombro mío, Berenice, que no quería dejar de ver el océano, me pidió que yo lo acompañara. En voz baja por supuesto. Antonio es orgulloso y no tolera que nadie cuide de él. Así que lo fui siguiendo hasta llegar a la casa.

-¿Vienes por algo? -me dijo al verme en la puerta junto con él. -En realidad yo también quiero acostarme ya. -¡Ja! -dijo en tono burlón- ¿te mandaron para que me ayudaras a subir? -No, y aunque fuera así, no me ibas a dejar ayudarte -contesté en el mismo tono.

No hablamos más. Abrió la puerta y ambos nos dirigimos a las escaleras. No tuvo problemas en subirlas. Quizás los habría tenido de no haber estado yo ahí, pero en su orgullo él era capaz de haber controlado la borrachera por ese momento sólo para no aceptar la ayuda. Llegamos a la planta alta y nos despedimos.

-Buenas noches. -Hasta mañana, que descanses Guille. -dijo mientras caminaba desvistiéndose hacia su cuarto.

Entré a mi pieza y me quité la camiseta, las sandalias y los pantalones cortos quedando en la ropa interior que elegí tan cuidadosamente. Retiré las sabanas y me acosté sobre la cama un par de minutos. No tenía sueño, pero tampoco deseaba salir a la fogata otra vez. Viendo algo de televisión probablemente me entrarían ganas de dormir. Me vestí de nuevo. Salí de la alcoba con la intención de bajar las escaleras hacia la sala, pero algo llamó poderosamente mi atención. El cuarto de Antonio permanecía abierto, así que probablemente el aún estaría despierto. Me alegré bastante, pues una conversación a solas con él me valía lo que mil horas de televisión, pero no había forma de saber que tan grande sería el salto que daría al entrar a la habitación. Entré apresurado creyendo que iba a encontrarme con mi ídolo tratando de dormir como lo estaba haciendo yo, pero no fue así. Y vaya que representó un giro bastante violento…

Apenas permanecí un instante en ese cuarto cuando ya estaba retrocediendo torpemente, pues me encontré con una escena que jamás hubiese esperado presenciar. Ahora caía en cuenta: quizás a causa de su abuso con el alcohol olvidó cerrar la puerta de su alcoba. Estaba tendido completamente desnudo de pies a cabeza sobre la cama aún cubierta por el edredón azul. Para darle un toque aún más dramático al cuadro representado frente a mis incrédulos ojos, su mano se encontraba bien cerrada alrededor de aquel rígido mástil que salía de su entrepierna, subiendo y bajando frenéticamente a la par que su respiración entrecortada resonaba en mis oídos.

No lo soporté. No sabía que debía hacer ni pensar, así que me resultó sencillo huir de allí. Estaba bastante confundido por lo que acababa de suceder, mas me es imposible negar que estaba también terriblemente excitado ¿por qué? ¿ver la expresión de pleno placer en el rostro de Antonio, con su cuerpo totalmente descubierto ante mi vista, con sus ojos cerrados y sus labios ligeramente abiertos mientras su mano estrangulaba con fuerza un pene con una postura muy desafiante era algo excitante?… ¿un pene? ¿De Antonio?

Simplemente era demasiado para mí. Me sentía completamente abrumado por el sentimiento que me ocupaba: era otro al que yo vi plasmado en esa escena, no podía ser el mismo que yo había estado admirando a escondidas desde hacía años ya. Y aún con toda aquella mezcla de emociones, mi curiosidad me pedía regresar. Sin temor a equivocarme puedo decir que fue en este punto donde la bomba de tiempo estalló y me di cuenta de mis deseos hacia él. Al diablo con la admiración y con desear tener todas sus cualidades, era más lo que yo ambiciaba.

Lo medité unos cuantos minutos. Existía el riesgo de que él saliese del estado de euforia en el que estaba y me descubriera espiándolo, y eso destruiría toda visión de “hermano menor” que pudiera tener hacia mí, pero era tal mi curiosidad que no dejé a ese pensamiento ocupar mi mente. Salí de mi habitación caminando sobre las puntas de mis pies, solo para notar que el resto de la familia aún no había vuelto de la playa. Una vez que me di cuenta de esto, y temiendo que el espectáculo de mi estimado se hubiera terminado, apreté el paso y crucé nuevamente la puerta aún abierta hacia el cuarto de Antonio. Y aclaro que con esta acción, no sé si por fortuna o por desgracia, no solo entré allí, sino que entré a una etapa para la cual no estaba preparado psicológicamente.

Ahí estaba, tendido boca arriba como para dejar que el aire acariciara toda la extensión de su piel, aunque desgraciadamente, todo parecía indicarme que el buen Antonio había acabado su faena, pues aunque su pene seguía parcialmente firme, él ya no se encontraba consciente. Se oprimió mi corazón. Esta situación era mucho más ventajosa para mí. Nadie me vería mientras admiraba aquel maravilloso cuerpo desnudo, ni siquiera él. Podía incluso descargar mi excitación ahí mismo enfrente suyo, y lo más seguro sería que ni siquiera se inmutara.

Una idea perversamente atractiva pasó por mi mente: si él estaba profundamente dormido, y no había nadie en la casa que pudiera entrar repentinamente y descubrirme ¿no podría también tocar ese cuerpo que tanto deseaba? a fin de cuentas, Antonio no se quejaría estando en ese estado. Durante un par de minutos más me dediqué únicamente a verlo, debatiéndome entre si era o no correcto hacer lo que estaba a punto de hacer. Y al final no pude más, pues tras estar a muy cerca de acariciar su pecho en varias ocasiones para después arrepentirme, mi erección decidió por mí y dejé caer mi mano sobre la piel tibia y bronceada de mi príncipe.

Era una sensación totalmente sublime. Había “jugado” físicamente con Antonio antes, sobre todo cuando jugábamos en forma brusca como hacen todos los chicos algunas veces, pero esta vez lo estaba tocando a otro nivel completamente nuevo. Comencé a frotar su abdomen, sus brazos, su rostro, sus cabellos. Me parecía hermoso verlo descansar justo como vino al mundo, tan perfecto y tan vulnerable ante mis perversiones. Al llegar a la parte baja de su abdomen me detuve. Lo menos que quería era ser irrespetuoso con su cuerpo, por ello me abstuve de tocar algunas zonas aún prohibidas para mí.

De pronto me percaté de que había pasado casi media hora y la familia aún no volvía. Ya era hora de dejar al pobre Antonio en paz, de lo contrario podría darse cuenta de lo que sucedía y pensaría que mi intención era aprovecharme de él. Quizás esa oportunidad no se volvería a repetir pero no me importaba: mi atracción hacia él era afectiva mucho antes que sexual, y una fantasía no valía el sacrificio de nuestra buena amistad. Justo antes de retirarme, me incliné y besé su mejilla, pasando mis labios muy cerca de su lunar que lo caracterizaba. Eché, pues, una última mirada a su entrepierna antes de irme a dormir. Quedé anonadado: el pene, que ya se encontraba flácido, volvía a tomar fuerzas tras el contacto de mi boca con su cara. Y como por arte de magia, nuevamente estaba yo a mil, así que para no cambiar de opinión abandoné la habitación lo más pronto posible para despejar mis ideas en la tranquilidad de mi almohada.

Arrojé la puerta y sumido en el trance olvidé colocar el seguro. Me desvestí completamente. Quería que Antonio del Mar y yo estuviéramos en igualdad de condiciones sin importarme nada más. No me interesaba si alguien más me veía desnudo, solo quería jugar con la idea en mente de que él y yo estábamos a menos de 4 metros el uno del otro, y ninguno usaba prenda alguna que lo cubriera de la mirada lujuriosa del otro… Sí… ¡qué bueno sería si me deseara como yo a él! ¡si quisiera experimentar el tacto de mi cuerpo como yo lo hice con el suyo! Comencé a masturbarme bajo la sábana antes de terminar de cubrirme con ella. Aún estando desnudo sentía cierto calor, de seguro debido a la “felicidad” de mis hormonas fuera de sus cabales. No era para menos después de haber vivido la experiencia de mi vida, así que traté de ejecutar los movimientos exactos que vi a mi príncipe hacer con su mano sobre su herramienta. Susurré su nombre en voz baja varias veces, y hablé un idioma que ni siquiera conocía, pero a medida que aumentaba el ritmo de mi lasciva tarea me imaginaba que era él quien asumía mi placer.

Es natural, cuando menos, que nadie estuviese preparado de haber estado en mi lugar para lo que ocurrió justo después de esto, pero aseguro al lector que me arrebató de golpe del plácido estado en el que estaba. Noté que alguien irrumpía en la alcoba, y horrorizado pensando que sería Andrés o peor aún, Berenice, que habían entrado tras escucharme exclamar el nombre de su hermano, o bien, de su novio respectivamente, cubrí la totalidad de mi cuerpo con la sábana y di vuelta inmediatamente hacia la ventana para dar la impresión de estar dormido. Y fue más grande mi horror cuando me di cuenta de que, quien quiera que fuese, se había sentado a mi lado. Quizás de haber salido de la sábana habría descubierto más pronto de quien se trataba, pero no quería que ese individuo se enterara de que estaba despierto, menos aún, que me hiciera preguntas sobre el por qué de mi desnudez.

Pasaron unos instantes, y esa persona no hacía más que estar sentada allí, en el borde de la cama. Temí infantilmente que se tratara de un fantasma que venía a espantarme por haber tocado a Antonio sin su consentimiento, y en mi estupidez sentí miedo de ser castigado por lo que había hecho. El “ente” comenzaba a recostarse y a colocarse en una posición idéntica a la mía. Cuando finalmente habló, me quedé más frío de lo que ya de por sí estaba:

-Hey… ¿estás despierto Guille?… -habló una grave voz.

El alcohol presente en su aliento lo delataba. Era él. Había venido a mi habitación, y me asustaba que fuera a enfrentarme por mis acciones. Sentí un nudo en la garganta y casi de inmediato la culpabilidad se hizo sentir.

-¿Me escuchas Guille?… -continuaba susurrando aletargado, a la vez que puso su mano en mi hombro. -Sí… -contesté inmóvil.

Hubo un silencio. Supuse que el no encontraba las palabras para abordar el tema así que para no hacerlo enfadar más comencé con la intención de apagar su supuesto enojo:

-…Yo… sé que me vas a pedir explicaciones. -¿Por qué? -¿Estás enojado conmigo? -Tengo frío. -¿Frío? Estás mal Toño… -dije aliviado de que no quisiera hablar del tema. -Déjame acostarme aquí contigo mientras se me pasa… Las cobijas no me calientan nada -dijo mientras asía con su mano la sábana con la que me estaba cubriendo y se cubría con ella también.

Me estremecí de nuevo. No exagero al decir que a poco más que me hubiese exaltado sufriría un colapso nervioso. Eran demasiadas emociones fuertes en menos de una hora. Literalmente estaba temblando cuando noté que no se había vestido antes de la “visita”, y actuaba como si no se diera cuenta de su desnudez ni de la mía ¿qué era lo que quería este muchacho? No sabía si estaba más asustado por él o por mí. Cualquiera que fuera su objetivo, mi cuerpo reaccionó inmediatamente a la situación: mi cuerpo me hizo una jugada de desesperación y comenzó a temblar como nunca lo habían puesto a temblar los nervios.

-¿Ves que no estoy loco? tú también tiemblas de frío. -No… No es por frío por lo que tiemblo -dije con la voz entrecortada. -¿Entonces, pues? -exclamó por primera vez con un tono de molestia. -Nada Toño, durmámonos ya.

Con esta última frase esperaba que me hiciera caso, pues Berenice y la familia debían estar por llegar y hallarnos desnudos en la cama a los dos no sería en absoluto fácil de explicar. Andrés no me dirigiría la palabra jamás, sus padres quizás hablarían con los míos y Antonio y yo no podríamos vernos más. No. Eso no podía ocurrir. Mi intención era dejar que se durmiera, vestirme y llevarlo como pudiera a su alcoba lo más pronto posible… nada más lejos de la realidad.

Antonio envolvió sus brazos a mi alrededor y pegó la parte frontal de su cuerpo con la parte trasera del mío. Sentí sus brazos largos alrededor de mi abdomen, su vello facial y su aliento alcohólico rozando mi cuello y para rematar, la totalidad de su anatomía masculina frotándose y endureciéndose justo en mi trasero sin experiencia. Sentía claramente como la corona de vellos de su sexo se restregaba en mi cintura…

-¿Qué demonios te pasa? -dije asustado por la forma en que pudiera reaccionar. -De verdad tengo mucho, mucho frío. -contestó cómo pidiendo condescendencia. -¡Pues vístete! -dije firmemente- pero no te me pegues así ¿que no te das cuenta de que estás…? -Escupe -me interrumpió acercando sus dedos medio e índice a mis labios acariciándolos levemente. -¿Perdón? -contesté sin entender el mensaje que quería darme a captar -Que escupas -repitió. -¿Y qué pretendes con ello? -Lo sabrás cuando lo hagas -añadió, adoptando de nuevo ese gesto de molestia.

Obedecí sus instrucciones sin entender, en mi inocencia, que era lo que pretendía. Su voz me dominaba. Tampoco quería escupirle, pero si se lo seguía reprochando quizás se hubiese exaltado. No deseaba sostener una discusión con él en ese estado, pues los demás se hubiesen dado cuenta de lo que estaba sucediendo. Eso me aterrorizaba tanto que no pude oponerme a su extraña petición.

-No entiendo que pretendes -dije después de escupirle abundantemente las yemas de los dedos- pero estás ahogado y deberías vestirte e irte. -¿Por qué? -exclamó burlescamente mientras, contra todo pronóstico, hurgaba debajo de las sábanas entre mis glúteos con sus dedos ensalivados- quieres lo mismo que yo vine a buscar ¿o no? -¿Qué… qué haces Toño? -mis palabras se quebraron impidiéndome hablar correctamente en el momento en el que encontró su objetivo -Shh, shh… -susurró en mi oído- tranquilo, Guillermito, no pasa nada. -A-ah… no, no, estás borracho Toño, me estás lastimando, no deberíamos estar haciendo esto. -¿Por qué? ¿Te duele lo que estoy haciendo? -dijo, por primera vez de forma preocupada. -No… Pero no quiero hacer esto… por favor. No estoy listo. -¿Por qué? -insistió.

Ya estaba hartándome de sus preguntas. Esta situación era totalmente surrealista. Definitivamente este no era Antonio del Mar, el que me aconsejaba sobre como relacionarme con las personas, sobre cómo reaccionar ante las acciones de los demás, incluso sobre sexo. Era un lado de su personalidad que no conocía, y lo peor de todo era que, a pesar de la sensación extraña de sus dedos dentro de mí, no me resultaba desagradable la forma en que me frotaba esa zona tan privada y desconocida, así que intenté tranquilizarme. Antonio ya me había alzado la voz en dos ocasiones, y si lo hacía perder la paciencia sabía a que atenerme. Pocas veces lo vi molesto antes, pero sé bien que no es alguien a quien uno quisiera enfrentar estando borracho y furioso.

Capté lo que estaba sucediendo. Si hacía nada me sentía calientísimo de solo verlo tocarse sus partes íntimas, debía sentirme aún más caliente de tenerlo en mi cama, con su cuerpo pegado al mío y acariciándome de forma, aunque no muy normal, si un tanto placentera. Aquella experiencia empezó a volverse más llevadera, incluso a ratos me agradaba la forma en que sus me frotaba lentamente por dentro haciendo círculos. Traté de disimularlo para que Antonio se diese cuenta de que quería que terminara, pero nuevamente su astucia fue superior a mí.

-¿Te das cuenta? si cooperas todo va a salir bien… -No. Pero ya es… -solo atiné a decir, antes de soltar un suspiro de gusto. -Creo que ya estás listo Guillermito -dijo retirando su dedo de mi interior. -¿Para qué debo estar listo? -pregunté, al tiempo que mi diminutivo hacía un eco de forma hipnótica en mi cerebro.

Permaneció en silencio con sus brazos aún a mi alrededor como tratando de aplicarme una llave. Separó una de sus manos y la acercó a mi boca nuevamente.

-¿Qué te parece si te los pones en tu boquita por mí? -dijo acercándome de nuevo sus dedos.

Ensalivé de nuevo temiéndome lo peor. Aunque Antonio estaba siendo menos violento con sus palabras, todo estaba saliéndose de control. Tenía que hacerlo recapacitar de alguna forma. Admito que aunque tenía miedo quería experimentarlo, pero sabía que a partir de ese momento, a menos que tuviera la suerte de que Antonio se olvidara de todo al día siguiente, nuestras vidas cambiarían drásticamente.

-Esto no es correcto… -dije en un último y vano intento de disuadirlo. -¿Por qué? -dijo, y acto seguido sentí algo caliente y firme en la entrada de mi ano. Era su herramienta que había ensalivado con mi propio flujo bucal. -Espera… no, no estoy listo ¿qué es eso? -Adivínalo -respondió sádicamente para después hundir su pene en mí de una forma abruptamente dolorosa que me puso a sollozar al instante. Introdujo profundamente aquel miembro ardiendo y quedamos en esa posición, sintiéndolo más próximo a mí que nunca. No se movía en absoluto, parecía más bien que estaba dejando un espacio para que me acostumbrara a el, aunque sin éxito, pues a pesar de su “consideración”, no dejaba de sentir ese dolor tan agudo en un sitio que apenas había descubierto que podía causar tanta molestia.

-¿Estás bien Guille? -preguntó en voz baja. -No Tono, me duele, te juro que no me lo estoy inventando, de verdad me duele… -atiné a decir, y aseguro que estaba siendo más que honesto. -No te preocupes. Sé cómo se hace. -Por favor, yo no puedo… -y dicho esto tomó mi rostro, lo volteó hacia el suyo y ahogó mis quejidos antes de que terminara con un beso muy fuerte que no supe corresponder.

Solo dejé que su lengua con gusto a cerveza hiciera lo que quisiera: llegaba hasta mi garganta  y se enroscaba alrededor de mi lengua, haciéndola moverse instintivamente. Al menos eso me servía como distracción y alivio.

-¿Qué pasa? ¿No te habían besado así antes? -me susurró mientras se incorporaba, dándose cuenta de mi evidente falta de experiencia. -N-no… -Tranquilo, todo esto es normal. No debes de estar nervioso.

Hoy que pienso en ello, no comprendo cómo un hombre borracho podía tranquilizarme en medio de una experiencia tan bizarra, pero sólo él lo hubiese logrado. Tomó, pues, mi mano e iniciamos un beso aún más intenso. Había besado a mujeres un par de veces, pero esto no podía desde ningún punto de vista asemejarse a mis anteriores experiencias. El roce de su barba de 3 días era un tanto incómodo, pero teniendo un problema mayor como el de su miembro viril abriéndose paso en mi trasero hacía que me importara más bien poco. Hasta este momento Antonio se había limitado a besarme y a acariciar mi torso con sus manos, acciones que yo no podía corresponder como me hubiese gustado. No había hecho ningún movimiento con sus caderas para evitar lastimarme.

-¿Ya? -No sé, sólo hazlo rápido -contesté resignado.

Dicho esto comenzó a ejecutar un vaivén hacia adentro y hacia afuera que me obligaba a apretar mi esfínter alrededor de su pene contra mi voluntad. El dolor que se había estado apaciguando volvió a encenderse. Antonio se dio cuenta de esto y no me permitió quejarme, pues colocando sus dedos en mi boca por tercera vez, acercó sus labios a mi cuello y al dorso de mi cara y comenzó a besarlos. Desde ahí lo único que escuchaba era su respiración enloquecida y el sonido típico de los besos sobre la piel. No dijimos una sola palabra hasta que él terminó. Pude notar que tan próxima estaba su venida porque el cálido aire que arrojaba sobre mi rostro fue acelerándose cada vez más hasta que lanzó un suspiro silencioso y muy prolongado. Había acabado y juro que estaba agradecido. No iba a hacer eso nunca más, simplemente no era para mí, no quería experimentar algo tan doloroso otra vez.

-Muchas gracias Guillecito, esto quedará entre nosotros ¿sí? no podemos decírselo a nadie o no nos podremos ver más. Que descanses… -dijo retirando su pene de mí interior para después pasar su mano cariñosamente por mis cabellos y levantarse de la cama. Se marchó de la habitación dejándola impregnada de un aroma a sexo y alcohol, mostrándome la, hasta ahora desconocida, parte trasera de su desnudo y bien formado cuerpo. Recuerdo que se notaba cierto descaro en su voz cuando se despidió.

No contesté nada. Mi pene estaba durísimo pero yo estaba cansado y molesto. Era como sí mi moral me dijera que acababa de ser usado tras cometer un error irreparable, pero mi libido me indicara que todo estaba bien y que había que disfrutar de ello. Me levanté, tomé mi ropa interior y me dirigí al baño. Por fortuna mi alcoba, al igual que la de Berenice, contaba con baño propio. Justo frente a la entrada había un espejo que me permitía verme de cuerpo completo, pero avergonzado de mí mismo por lo que acababa de suceder evité verme reflejado en el. Mientras me enjuagaba la cara me di cuenta de que tenía muy húmeda la zona baja de mi trasero y además la sentía tan caliente como una brasa de carbón al rojo vivo, y no era para menos, el pene de Antonio, sin ser enorme, era el más grande que había visto (quizás porque había sido el único) y por ello la fricción que hacía con mi culito era tremenda, además había eyaculado en mi interior sin avisarme nada ni ofrecerme ninguna disculpa, solo un descarado “gracias Guillecito”…

Y entonces me pregunté ¿no había sido mi culpa todo esto? lo más seguro era que yo lo hubiera despertado, y al estar tan alcoholizado él no podría controlar al 100% sus acciones. Yo era el responsable de lo que acababa de sucederme y seguro que si Antonio recordaba que había pasado al día siguiente podía irme olvidando de él, pues yo sería el único culpable.

Me puse los calzoncillos y salí del baño. Eché un vistazo a la sala desde la planta alta y vi que los focos de abajo estaban encendidos. Andrés y los demás ya habían llegado así que puse el seguro a la puerta y me tumbé boca arriba sobre la cama. Nunca había estado tan triste, molesto y excitado al mismo tiempo. Mi pene seguía inconforme, no le importaba un carajo como me sentía: deseaba satisfacción y punto. Y se la di. Me masturbé como lo había estado haciendo antes de que Antonio llegara a mi habitación. Me maldije a mí mismo mientras tiraba con coraje de mi miembro. Menos mal que no tardé nada en terminar, y así, agotado por esa frustración, con el vientre ensopado en mi propio néctar de vida, y escurriendo de entre mis piernas el de mi ídolo, me dejé vencer por el sueño […]

Fin de la primera parte.

Autor: Gyork

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Mis inicios

Sentía la pija como algo muy enorme que me llenaba el culo y me hacía gozar. Se empezó a mover lentamente y me hablaba ¿te gusta? ¿Querés ser mi putita? yo le contestaba con un si jadeante.  Y levantaba un poco más el culo. Me bombeó un buen rato hasta que sentí  que iba a acabar. Me dijo te voy a llenar de leche y así acabó.

Mi nombre es Guillermo, vivo en el Gran Buenos Aires. Estoy casado y, leyendo los relatos que muchos escriben y relatan sus experiencias se me ocurrió hacer lo mismo. Yo siempre he querido confiar en alguien mis experiencias que al principio me preocuparon, y hasta estuve a punto de ir a un psicólogo porque pensaba que todo era muy anormal. Pero a medida que pasó el tiempo y conocí gente  lo he ido superando.

Para no hacer la historia tan larga, concretamente de los que quiero hablar en este primer relato es de cómo me inicié en mis relaciones homosexuales.

Yo nací en una provincia argentina del oeste, en una gran finca donde mi padre tenía plantaciones de muchas verduras y frutas. Somos tres hermanos que nos llevamos poca diferencia de edad. Yo soy el menor de los tres.

Recuerdo que cuando tenía 10 años formamos un grupo de 8 pibes que nos íbamos todos juntos a bañarnos a un arroyo que estaba protegido por arboledas. Siempre nos bañábamos desnudos y jugábamos hasta el cansancio a la hora de la siesta mientras los mayores dormían.

Nos hacíamos todo tipo de bromas. Comparando el tamaño de nuestros sexos, que todos estábamos en pleno desarrollo y el mayor de nosotros tenía 14 años y todos le mirábamos cómo le crecía la pija. Y cómo se iba cubriendo de pelos muchas partes de su cuerpo.

En las noches mis hermanos y yo hacíamos comentarios al respecto y el mayor se jactaba de que su pija era igual que la de ese pibe, etc. etc. Y me decían que mi pijita no iba a crecer nunca porque yo era muy amariconado y los dos me tocaban el culo. Yo era muy delgado y mi cola se destacaba más por eso. Yo fingía que eso no me gustaba pero en el fondo lo disfrutaba un montón.

Pasaron los años, yo ya tenía 18 años y me gustaba cuando en el medio de la noche el del medio se metía en la cama sigilosamente y me apoyaba la pija en el culo y me acariciaba como si yo fuera una mina.  Cuando él empezó a eyacular, muchas veces lo hizo entre mis piernas, o en la puerta de mi culo. Muchas veces había hecho el intento de metérmela pero solo lograba poner la cabeza y ahí acababa. Igualmente yo sentía que me cogía porque él gozaba como loco, y se sentía feliz de que su leche quedara adentro mío. Pero yo sabía que lo que él quería es mandármela toda y yo lo deseaba también cada vez más.

Un día me invitó a andar en bici por un camino montañoso y llegamos a un paraje donde hicimos una especie de campamento.  Solo llevábamos dos bolsas de dormir y algunos elementos para alimentarnos.

Era un verano muy caluroso, y después de andar mucho por los cerros y jugar en el río se nos hizo la noche y nos preparamos para pernoctar al lado de un fogón. (Ya lo habíamos hecho otras veces con un grupo más grande) Después de comer, ya muy tarde armamos las bolsas porque en esa zona la noche siempre es muy fresca, y él dijo de unir las bolsas para abrigarnos más. Yo le seguí el juego, Y nos acostamos solo en calzoncillos.

Muy pronto empezó una  serie de caricias que me calentaron  mucho,  y me acariciaba pajeándome y apoyándome con su pija en el culo.  Yo deseaba que siga así. Me gustaba sentir la pija en el culo que ya estaba acostumbrado. Él siempre metía la punta nada más y eso estaba haciendo ahora, pero me decía quiero culearte de verdad te la voy a meter toda. Yo le decía quiero sentirla de una vez, siempre me gustó.

Así estaba con la pija en la puerta de mi culito virgen.  De pronto me dijo tengo otra idea para divertirnos más  yo lo miré y pregunté ¿Qué?  Y me dijo me la vas a chupar, y yo a vos, tu pija está cada vez más linda.

En ese momento ambos estábamos desnudos y él me hizo acostar de espaldas y se puso encima de mí dejando justo su pedazo frente a mi boca. Él se metió mi pija en la boca y yo hice lo mismo. Nunca pensé que eso se sentiría tan rico. Él se movía despacio, metiendo y sacando la pija y se tragaba la mía. Yo estaba tan caliente que  exploté y le llené la boca le leche. Eso hizo que apurara sus movimientos e hizo lo mismo conmigo.  El sabor de la leche me sorprendió, pero me gustó.  Nos quedamos un rato así y descansamos un poco.  Pero él siguió con su idea fija de cogerme y me metió un dedo en el culo. Me pasaba la lengua y luego un dedo, que entraba y salía. Después lo hizo con dos dedos y todo eso me hacía calentar más y más. Yo quería complacerlo, quería sentir su pija en mi culo y estaba dispuesto a todo.

Creo que estuvo por lo menos una hora jugando con sus dedos y dijo ahora vas a saber lo que es un macho culeándote  Yo me reí  porque me ponía nervioso, pero ya estaba decidido. Mi hermano tenía mucho dominio sobre mí porque era muy atractivo y fuerte.  A partir de este día disfrutaba de sus caricias, sentir su cabellera llena de rulos sobre mi pecho cuando me lamía las tetillas. Me fascinaba el olor de su cuerpo, cuando se apoderaba de mí para cogerme como salvaje. La pija le medía unos  20 cm. Cada vez que se le antojaba me la hacía chupar y me acababa en la boca.  Pero volviendo a aquella noche en los cerros…

Me colocó boca abajo y me hizo levantar un poco la cola. Puso un poco de aceite de oliva que teníamos para cocinar y metió otra vez los dedos. Yo sentí eso muy placentero.

Después me colocó la punta y dio un empujoncito, (eso yo ya lo conocía) Entró la cabeza de la pija y siguió empujando. Le dije me duele pero él solo se quedó quieto un poco, sin sacarla. Me besaba el cuello, pasaba las manos por mis tetillas y  me hablaba al oído. Quiero que seas una putita, para cogerte todos los días. Todo eso hizo que se pasara el dolor y él me la fue poniendo toda.

Ya la tenía toda adentro. Sentía el peso  de mi hermano todo sobre mí. Se quedó quieto y disfrutaba de lo que había conseguido. El placer que él sentía me lo trasmitía con caricias, besos y palabras dulces al oído.

Yo ya estaba totalmente relajado, ya no sentía dolor. Sentía la pija como algo muy enorme que me llenaba el culo y me hacía gozar. Se empezó a mover lentamente y me hablaba ¿te gusta? ¿Querés ser mi putita? yo le contestaba con un Siiii jadeante.  Y levantaba un poco más el culo.

Me bombeó un buen rato hasta que sentí  que iba a acabar. Me dijo te voy a llenar de leche y así acabó. Qué sensación tan especial, difícil de describir. Porque no sentía ningún dolor, solo un gran placer que me sacudía todo el cuerpo  igual que él. Era indudable que había gozado de algo muy diferente a las pajas que nos hacíamos cuando éramos chicos o a las acabadas que me daba en la puerta del orto cuando más grandes lo hacíamos frecuentemente.

Se quedó con la pija metida en el mi culo hasta que se le fue poniendo flácida. Pero no me la sacó. Se puso de costado y me agarró la pija para pajearme. Yo me sentía como flotando. Era la primera vez que sentía algo así. Me estuvo pajeando un rato y su pija se estaba poniendo dura de nuevo. Yo sentía placer en el  culo y en la pija y en todo el cuerpo, porque él me tenía abrazado.  Movía la pelvis. La pija me entraba y salía y su mano subía y bajaba por mi pija.

Sentí que iba a acabar y se lo dije. Él apuró los movimientos y movía la pelvis para acabarme también. Yo acabé con fuertes chorros que le llenaron la mano y siguió culeándome hasta que me largó otra vez la leche adentro.
Ya estábamos muy cansados y así abrazados nos abrigamos con las bolsas de dormir y nos quedamos dormidos.

Esto marcó un tiempo que tuvo después muchos matices, algunos muy buenos, otros no tanto. Hablaré en otros relatos solo de los buenos.

Autor: Guillermo

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Culeate a mi esposa

Muchas personas no logran entender todo el morbo y el placer que se encuentra en poder compartir el culo de la mujer con otros hombres, ver como otro le da una sabrosa mamada a su conchita o le empuja centímetro a centímetro de gruesa carne en la raja a lo más amado por uno y ella gritando como una zorra en celo y pidiendo ser bien culeada como no es capaz de hacerlo su cabrón esposo.

Hola, quisiera empezar este relato diferente a lo que lo hace el común de la gente, que es describiéndose, pero entiendo lo importante de hacerlo para generar algo de placer y expectativa que genere el mismo en la gente. Somos una pareja de Colombia y vivimos en Bogotá, un país que apenas despierta al movimiento swinger o de intercambio, por su puesto el tema es difícil en nuestro país y públicamente muy escondido, así que el tema de mi escrito casi que es un sacrilegio, Los cornudos, o los cuernos. Este tema empezó a inquietarme desde hace tres años por los videos, los programas internacionales, casuales, que hemos visto del mismo aquí.

Ya les he contado esta historia a muchos señores en Colombia los cuales he contactado por chat y antes por la página de contactos, después de casi dos años de rogarle a mi esposa finalmente logré convencerla para que se dejara culear de otro hombre en mi presencia. Si  a cada contacto, señores o amigos, para que se culeen a mi mujer les tengo que echar el rollo para que comprendan, primero lo que buscamos y segundo como llegamos a este delicioso mundo y lo mucho que lo hemos logrado disfrutar.

Mi esposa tiene 38 años, yo 45 y hace 17 años somos casados, tenemos dos hijos varones y una familia normal como todo el mundo, hace casi tres años tuve la oportunidad de realizar un trío con una pareja y además las muchas películas y relatos del tema me hicieron empezar a soñar con la posibilidad de ver a mi esposa clavándose la verga de otro hombre. Duré dos años largos tratando de convencerla, al principio fui tildado de loco, de enfermo y los primeros meses pensé que se me acabaría el matrimonio por esta locura, pero después de ese tiempo y de algunas estrategia como llevar revista de contactos a casa, películas, empezar a comprarle ropa cada vez más atrevida que al principio usamos para nuestras experiencias, fue tal vez logrando despertar en ella la sexualidad dormida y que ella desconocía.

No los aburriré detallando esta situación, pero les digo que después de dos años logré que mi mejor amigo empezara a culearse a mi mujer y desde entonces hemos abierto nuestro mundo sexual y nuestro matrimonio se ha convertido en un compinche para nuestros momentos placenteros compartiendo a mi esposa con otros. Debo  aclarar que a pesar de haber entrado en esta dinámica no tenemos muchas experiencias o no hemos compartido con mucha gente ya que somos tremendamente selectivos y cuidadosos por temor a los problemas sociales y a las enfermedades, por supuesto cuando encontramos una amigo o compinche ideal disfrutamos de manera amplia y abierta sin límites y con todo el morbo posible.

Empecé por llevar revista y cada que podía le ponía el tema y cuando estábamos culeando siempre intentaba decirle algo sobre verla con otro, inicialmente fracase, pero casi al año, le empecé a comprar tanguitas, calzoncitos con transparencias, en licra y ella empezó a ponérselos para complacerme y tener sexo los dos, luego le compré falditas cortas, minis,  apretaditas otras sueltas pero alticas, ligueros, blusitas con transparencias, top y todo esto accedía después de mucho molestarla a usarla solo cuando teníamos sexo los dos.

Más adelante cuando empecé a comprar revistas de contactos. Ella no le gustaba mirarlas, me trataba de loco, pero yo las dejaba en casa con alguna marca para saber después si las veía y descubrí muchas veces que así fue, le compré un consolador mediano color piel, casi se va de espalda y me reprochó, pero unos meses después logré que dejara que lo usáramos en nuestra intimidad, hasta que una noche nos tomamos unos traguitos, yo lo tenía todo preparado, vimos una película y calientes, ella con liguero y unos calzoncitos rosaditos.

La familia había llevado a pasear los niños y regresarían hasta el siguiente día, estando bien calientes la empecé a penetrar ella sobre mí y sobando su huequito del culo lo unté de saliva y luego en la arrechera sobaba el consolador tratando de clavárselo, ella dijo que le dolía así que con aceite le engrasé el culito y empecé a meterle el consolador, suspiró y sin decir nada se lo dejó clavar y yo muerto de la arrechera empecé a decirle así, culeátela, comete a mi mujer, clávala bien rico, ella no comentó nada pero lo hicimos con gran pasión y largo, después ni una palabra del tema, hasta la nueva culeada.

Un día de esos que estábamos solos en casa y arrechos, ya para entonces ella había empezado a perder timidez y a vestirse algo más sexy en el diario, yo había hablado antes con algunas parejas y una quería ayudarme a convencer a mi esposa, la señora con la cual había yo hablado dos veces por teléfono, me dijo que cuando quisiera los llamara que ellos la convencían o le contaba sobre esto, que no me desanimara.  Así fue esa noche tomamos unos tragos, ella sexy con ligueritos,  rica, un putón de hembra como siempre la he considerado, digna de comerse las mejores vergas, por que una mujer con ese culote merece lo mejor. En la arrechera le dije porqué no hablaba con la pareja que comprobábamos si es o no era esto de los contactos, por supuesto se asustó, que no como se me ocurría, yo decidido marqué y puse alta voz, me contestó el señor y lo saludé, le comenté que era por el anuncio y que estaba con mi esposa, que éramos inexpertos y queríamos saber del asunto.

El me saludó y me preguntó datos básicos como quienes éramos y nuestras edades, mi esposa al lado mío me apretaba el brazo  casi pellizcándome asustada, pero ponía atención a la conversación, le comenté que como pareja queríamos intentar algo como lo que ellos planteaban en el anuncio, que la idea era mía y quería ver a mi esposa culeando con otro, ver como otro la acariciaba, cogía su culito y luego la clavaba, ella me apretaba duro como desaprobando lo que yo decía, el señor muy amable me dijo, huy rico, la verdad ya lo hemos hecho y lo disfrutamos muchísimo, ¿quiere que mi esposa se los cuente? y nos pasó a su señora, mi esposa no lo podía creer, ella nos saludó muy formal y nos dijo que era la mejor experiencia, que ella disfrutaba mucho de coger con otros hombres, que eso arrechaba a su esposo, que al principio ella tampoco quería, que le parecía una locura, pero que ahora no encontraba el momento de estar bien ensartada en una buena verga, delante de su marido. La charla duró como una hora nos dijeron de todo y al final ella le dijo a mi esposa que no fuera tonta, que aprovechara, por que pocos hombres eran tan buenos como yo que la quería complacer, quedó de que la podía llamar cuando quisiera para seguir hablando y ella contarle las vivencias de ellos.

Esa conversación fue deliciosa, yo estaba que me reventaba de la arrechera así que esa noche le chupé la raja a mi esposa, el culito, le hice la rusa, le di por todos lados, la clavé a la vez por el culo y la raja con la ayuda del consolador, mientras que gritaba, dale duro Carlos, culeátela, en fin fue delicioso, ella no decía mucho pero cogimos como dos horas esa noche, lo que de alguna manera me hizo sentir que las cosas estaban por buen camino. Los días siguientes  o las culeadas siguientes empezaron a tener el toque del trío y ella se arrechaba aunque no comentaba nada y solo gozaba mucho. Llamé a la señora y me contó que ellas habían hablado en dos ocasiones y las cosas que mi esposa le preguntaba entre ellas si era cierto y que le gustaba hacer, así que entendía por ella se arrechaba cuando culeábamos.

Para no alargar el cuento, mi esposa aceptó que lo hiciéramos con alguien más, se lo propuse a mi mejor amigo y ahí empezó el otro problema, él no lo podía creer, duré seis meses convenciéndolo hasta que lo hicimos un diciembre, debo confesar que las primeras tres veces no fue tan placentero, nos asustamos mucho y después ni comentábamos el tema con mi esposa, hasta el tercer encuentro fue que las cosas se pusieron buenas y disfrutamos realmente, ya mi esposa empezó a gritar y pedía que la claváramos, que le diéramos más duro, a pedir verga y a decir palabrotas que jamás se había atrevido a usar y en casa comentábamos de lo rico y como disfrutamos la experiencia, desde entonces supe que había logrado sacar la puta que habitaba en mi esposa, hoy ella reconoce que le gusta, y hemos logrado una empatía sexual muy rica.

Sé que muchas personas no logran entender todo el morbo y el placer que se encuentra detrás de este tipo de situaciones y juzgan a las personas que gozamos nuestra intimidad de esta manera, pues quiero contarles que somos personas comunes y corrientes, que nos atrevemos a disfrutar nuestras fantasías y que la verdad consideramos que esto ha enriquecido nuestras vidas y nuestra relación, a las parejas que  estén indecisas y quieran conocer más de nosotros o de nuestras experiencias no tengan miedo de contactarnos, así como una vez alguien nos ayudó, también queremos aportar a los demás.

Como hombre y como cornudo debo reconocer que es demasiado placentero poder compartir el culo de la mujer con otros hombres, verla acariciada, ver como otro enrolla sus calzones en sus rodillas o tobillos mientras le da una sabrosa mamada a su deliciosa y rasurada chochota o le empuja centímetro a centímetro de gruesa gorda y venosa carne en la raja a lo más amado por uno y ella gritando como una zorra en celo y pidiendo ser bien cogida como no es capaz de hacerlo su cabrón esposo.

Poderla grabar o hacerle un par de fotos culeando con otro malparido mientras ella gime y se enloquece de placer y después en la intimidad mamar las tetas que otro mamó, chupar su raja, esa misma que estuviera ensartada hace unas horas mientras ella nos cuenta como disfrutó, como se tragó esa verga y lo que le hizo sentir ese otro macho.

Solo los cornudos me entenderán y aquellos que han aprendido a disfrutar de su mujer con otros o las que disfrutan a sus maridos clavando otras putas. Nosotros vivimos en Bogotá a ella se la han comido cuatro señores, mi mejor amigo en muchas ocasiones y es con quien mantenemos mejor relación por ser el primero, porque es  bien dotado, porque nos hemos entendido y hemos logrado buena empatía, hemos aprendido juntos a tener muy buen sexo y hacer locuras.

La otra persona es un compañero de trabajo de ella, un negro muy bien dotado porque ella quería que un negro le partiera el culo a vergazos y el hombre es muy serio, de vez en cuando la clava en la oficina, mi sobrino un joven muy caliente, al principio intenso pero logramos amoldarlo sin que nos meta en problemas y por correo hemos conocido gente con los cuales hemos morboseando y esperamos formar un grupo de unos seis o siete para que ella, que ahora es la que me pide vergas, pueda saborear otras experiencias y otras vergas, yo pueda gozar mis cuernos y así todos felices.

Nos gustaría mucho poder tener amigos de Bogotá, solo señores serios, sin nada de homosexualismo, parejas o mujeres, los señores solo responderemos a quienes nos envíen sus teléfonos fijos para llamarlos, no nos gusta mostrarnos por cam, ni largos correos, solo queremos sexo real. Bogotá Colombia, somos Marisol Y Guillermo, con placer ofrezco el culazo de mi mujer, una zorra de 1,70, culona, tetas 36b, cabello largo, gordita pero putona, trigueña, la autentica come vergas colombiana. Por eso me siento feliz y caliente de poder decir con orgullo de cornudo cabrón, culeate a mi esposa.

Autor: Guillermo

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El profesor

Con un grito feroz nos corrimos juntos, mis embestidas dieron paso a mi rebosante leche, sentía como llenaba con espesa y caliente leche todo su interior, hasta lo más profundo, sin olvidar ni un solo rincón, salía semen a borbotones, en una enorme cantidad, pasé varios segundos expulsando mi leche en ella. Cuando al cabo de un minuto acabé.

Hola amigos lectores. Me llamo Guillermo y soy profesor. Mi historia comienza cuando salgo de la universidad con mi titulo, que fue hace dos años, yo contaba con 22 años, salí muy joven ya que entré con 17 años, en fin, en la delegación me enviaron a un buen colegio como comienzo, debido a mis excelentes calificaciones y mi gran rendimiento en la universidad, tenía muchas recomendaciones por parte de profesores además, tenía un gran futuro por delante. Cuando llegué supe que me iría de maravilla, era un colegio mixto y tendría asignado unos cursos de último año. Aquí es donde comienza esta historia.

Dentro de mis alumnos estaba Alexia, una alumna muy atractiva, si, para que negarlo, no soy de piedra, además es ya toda una mujer, ella es morocha, de piel blanca, ojos pardos y un rostro algo infantil pero encantador, no se imaginan cuanto, y unas curvas desproporcionadas. A mí por suerte la calentura me la he podido controlar hasta en mis más bajos instintos, pero esta niña invitaba al pecado. No es que siempre prefiera a las mujeres con pechos grandes pero era innegable que aquella chica resaltaba y era centro de las miradas por ellas, además de ser algo alta y un cuerpo completo (me refiero a que no era gordita, sino bien ancha, no se si entendéis, no era flaca tampoco, y no le sobraban carnes, solo era rellenita) y una cintura y cadera que le hacían juego.

Obviamente que con esta descripción quien no se iba a fijar en ella, pero yo nunca llegué a pensar que podría suceder algo con ella, me refiero a que era algo lejano para mi, era muy linda como para fijarse en hombres como yo, adultos y profesor, que no ganamos nada. Pero no soy un despilfarro, soy un adulto joven bien hecho, soy algo atractivo, pelo negro, piel morena, ojos castaños y un cuerpo conservado por mis ejercicios, saben, al principio creí que era de petulantes ir al gimnasio pero luego me di cuenta de que con un buen físico uno puede atraer más mujeres, y el sacrificio lo vale, además yo no soy delgado por naturaleza, ya que como bastante y con mucho a ejercicio me mantengo en mi buena forma llamando siempre una que otra mirada, pero no soy vanidoso, aun que a quien no le gusta serlo un poco?

Continuando, Una de las clases daba explicaciones para que hicieran grupos, ya que haríamos un trabajo, y me di cuenta de que ella no estaba en la sala, pasada una media hora y llega ella, diciendo que estaba con un problema y tuvo que quedarse en el baño, yo comprendí a lo que se refería y la hice pasar. El problema fue que ya se había quedado sin grupo, ya que estaban todos hechos, yo sabía que más un grupo la aceptaba, ya que no era una chica desordenada, es más, muy inteligente, y si no encontraba por esa forma, algún grupo de chicos aun que sea por calentura la iba aceptar en su grupo, pero grande fue mi sorpresa al notar que nadie la quería en su grupo, alegando de que estaban copados, en ese caso le dije que después arreglaríamos y que fuera después a conversar conmigo.

Yo siempre he tratado de ser un buen profesor, tratarme de hacerme amigos de mis alumnos, como a mi me hubiera gustado que fueran mis profesores, pero siempre manteniendo la distancia y el respeto que se merece uno como profesor y persona adulta, y por suerte siempre lo he conseguido. Los alumnos me cuentan sus actividades, uno que otros pequeño problema y ahora no más unos problemas serios que han tenido algunos, obviamente que como solo era mi primer año me sentía afortunado de hacerlo bien desde un comienzo.

En fin, más tarde cuando estaba en la sala de profesores llegó Alexia, tan atractiva como siempre, a mi se me había olvidado que vendría y le dije que en un segundo la atendía, cuando me desocupé conversamos de su problema, le dije que no había molestia en que ella lo Yo claro no saqué ventaja de la escena anterior, como creen, yo puedo ser un calentón, pero hay límites, y ella antes que mujer, era una alumna con problemas.

Bien. Así nuestra relación pasó a amistad. Alexia siempre hablaba conmigo, ya que no tenía amigos trataba de pasar el mayor tiempo conmigo, cosa que me causó muchos problemas, ya que habían otros profesores (hombres claro) que le dijeron al director que yo la podría estar acosando, con ese incidente algo grave en el colegio pero que se mantuvo en silencio pude salir adelante, en una reunión, tuvo que ir Alexia y aclarar todo el asunto, y explicar del porque pasaba tiempo conmigo, y de que no tenía mucha sociabilidad, cosa que era lo que menos quería. Ok, cuando solucionamos todo esto, volvimos a la normalidad.

Sin embargo mis sentimientos hacia ella habían cambiado, era inevitable fijarme en ella como mujer con sus 18 años. El gran día llegó, fue una vez, que tuve que ir a su casa para hablar con sus padres, se imaginarán por que… no, no era para pedirle la mano, solo que era suficiente, estaba mal lo que pasaba por mi cabeza y tarde o temprano me echaría encima a Alexia, obviamente no le iba a decir eso a sus padres pero con comentarles de que ella tenía que buscar amigos de su edad o que en un caso más extremo cambiarla de colegio.

Cuando llegué no me extrañó que viviera en un zona de gente algo adinerada, no digamos unos ricachones, pero ganaban un buen sustento aparentemente, cuando toqué el timbre, me contestaron con esas máquinas que hablan por el timbre, era la voz de Alexia, preguntó quien era, le dije que era yo y con su dulce voz dijo que de inmediato me abriría, sin dejarme explicar para que era mi visita. La puerta de abrió electrónicamente y escuché un grito desde dentro de la casa invitándome a entrar, entré y lo primero que había era un pequeño jardín, muy verde y bonito, toqué la otra puerta la de su casa interior y salió ella.

¡Cielos! Ni en mi más viles sueños me la imaginaba tan atractiva, llevaba unos pantalones de seda blancos con manchas de muchos colores suaves, que dejaba resaltar su lindo trasero, y arriba una camisa de esa sin mangas y muy delgada dejando un descarado escote que era imposible de no mirar por sus grandes pechos. Ella sonriente me dijo pase, profesor.

– Alexia, vine a hablar con tus padres.- No están, salieron donde unos tíos, hasta mañana, el esposo de mi tía perdió a sus padres, y como mis papás están muy unidos a ellos fueron hasta allá. (No quiero decir ciudades ni nada que me complique, cuestión de seguridad)

– Que pena, tendré que volver mañana, fue un gusto verte Alexia – y ya me estaba yendo cuando ella se puso delante de mí evitando la salida.- Vamos, profesor, quédese un rato, no quiero pasar el día sola, hágame compañía.- No creo que sería adecuado, que tal si me ven aquí, ya sabes del problema que tuvimos, no quiero que se repita.- No se repetirá, además, no hay nadie, quédese un ratito, le traeré una bebida.- Está bien, pero un ratito – y cuando ella sonriendo se iba en pequeños brincos hacia adentro dije en voz baja – por que si no te cogeré y te reventaré a mete y saca.

Cuando llegó con la bebida la tomé sin mirar lo que era y grande fue mi sorpresa al notar que era tequila.

– Pero, ¿que es esto? Es alcohol.- Si, usted ya es adulto, que, ¿no toma?- Bueno, si… pero, no está bien que lo haga contigo.- No se preocupe, yo no tomaré.- Alexia, es lo mismo, no debo. Lo siento.- Ok – ella agachó la mirada algo apenada.- Vamos, no te pongas así, no quiero ser pesado, solo que no debo.- Si, lo se… Sabe profesor, tengo un problema – y se acercó y sentó junto a mí en el sillón.

Ella empezó a juguetear con sus manos por su escote, yo me puse a mil y traté de no fijar mi mirada en aquello. Supongo que lo habrá notado por que empezó inclinarse diciendo que el piso estaba algo sucio y dejando que sus pechos colgaran sostenidos solo por esa pequeña camisa. Yo tenía las manos tensas, ya saben, no quería caer en la debilidad, podía perder mi trabajo si tenía relaciones con una alumna y si se sabía, pero notaba cuales eran sus intenciones. Cuando estuvo a mi lado dijo algo que apenas alcanzó a murmurar y con su hermoso cuerpo se abalanzó encima de mí dándome un beso. Vaya, que dulces y tiernos eran sus labios, aun que lo hizo algo torpemente.

– ¿Pero que haces? – le dije tratando aun de conservar la calma.- ¿No le gusta? – me dijo tratando de aparentar segura de lo que hacía.- Bueno, no es que no me guste, está mal esto Alexia.- Vamos, dígame que no quiere y lo dejaré.- Óyeme, yo soy el que maneja esta situación, tendré que decirle de esto a tus padres.

Supe que en ella causó un efecto mis palabras, se dejó caer en el sillón y dijo.

– No se los diga a mis padres, profesor – y soltó una lágrimas – no quiero causarle más problemas.- No – me compadecí de ella, aun que tampoco tenía planeado hacerlo, se veía tan mal – no lo haré, pero, ¿por que lo hiciste?- Sabe, siempre he estado sola y desde que usted se acercó he sentido una atracción por usted.- Vamos, no bromees con eso ahora – le dije sin dar crédito a lo que me decía.- Es verdad, profesor… Guillermo, Yo te quiero, y quiero estar contigo.

Estaba en una disputa con mis principios. Yo era un profesor, una persona en que las demás podían confiar, pero soy un ser humano y como tal tengo un instinto, y por mi suerte, en aquel momento fue el que me logro dominar. Ella agachó la cabeza e hizo un gesto como si quisiera que me fuera. Yo le tomé una mano y dije.

– ¿Tú me prometes que nadie se va enterar?

Vi como levantaba la cabeza y una dulce sonrisa salía de su boca.

– ¡Si! ¡Se lo juro! Solo quiero hacerlo profesor, con usted. Vamos, que no me he conservado así para nada.- ¡No me digas que eres virgen!- Pues si profesor, soy una niña aun, pero quiero que usted me haga mujer.- Si – dije mirando su cuerpo voluptuoso – pero tú no eres una niña, ni tampoco una mujer, eres una hembra.- Si, venga, estoy seguro que le gusto – y se pasaba sus dedos por el escote tocándose por encima de los melones.

Yo me abalancé sobre ella y nos recostamos en el sillón, la besé apasionadamente y ella conmigo, parecía que era su primera vez en todo, no lo podía creer, mis más bajos instintos se hicieron presentes, y mis manos se fueron de inmediato a sus grandes pechos, ¡cielos! Uno no podía entrar en la palma de mi mano, eran enormes, ella gemía mientras le besaba el cuello y ahora pasaba a apretar su hermoso culo, liviano y suave. Ella me sacó la camisa y me besó el pecho, con tal ternura que me empezaba a calmar, me daba cuenta que era su primera vez, y que esto seria especial para ella, así dejé de hacer cosas animalescas y me puse algo más romántico.

La cogí entre mis brazos y le pregunté que donde quedaba su habitación, me indicó y fuimos hacia allá, era una habitación algo grande, con una cama de dos plazas, llena de peluches, la dejé parada al lado de ella y me senté en la cama comenzando a sacarme los pantalones.

Cuando terminé ella me miró y dijo que esto era lo que más deseaba. Poco a poco se sacó esa apretada camiseta y dejó sus melones al aire, era la mujer más atractiva que conocía, me dije que a esta me la termino en 20 minutos con lo caliente que estaba. (Ah, me olvidaba comentarles, una de mis grandes cualidades, (no es un gran pene, pero no despreciable, tiene 18 o 20 cms.) es que soy todo un camello en la cama, aguanto bastante tiempo, cosa que me ha dado gran popularidad cuando estaba en la universidad, y por supuesto muchas chicas querían comprobarlo, mi tiempo record había sido de casi una hora, normalmente duro 25 o 30 minutos…

Así salieron unos pechos grandes, perfectamente redondos, con unas aureolas rosadas algo grandes y que le hacían un juego perfecto, ella se acercó a mi y comencé a besarle sus pechos, eran una delicia, yo estaba embobado, ella gemía y soltaba pequeños grititos con mis lengüetadas, besos, mordiscos y manoseadas que le daba, estaba algo nerviosa pero muy excitada, me acariciaba el cabello con ternura y solo decía que continuara.

Pronto puse una de mis manos en su trasero y luego la otra y mientras seguía besando sus sandias apretaba su trasero, y terminé por sacarle los pantalones de seda que también se le veían. Por fin quedó desnuda y me levanté para observarla. Solo el cielo sabe que diosa estaba observando, yo era quien iba hacer mujer a esta niña. Me quité mis bóxers y mi herramienta salió sin demora, más empinada que nunca, gruesa, dura, caliente. Ella abrió unos enormes ojos y me preguntó si podía tocarla.

– Adelante – le dije.- A ver – tímidamente ella puso una de sus manos y poco a poco la agarró con ella – está bastante grande, es la primera vez que veo una en vivo y en directo.- ¿Te gusta?- ¡Si! Cielos – y la apretó un poco más – está tan dura, me gusta que te provoque eso, me excita, y está tan caliente, ¿no te duele? – me dijo con inocencia.- Bueno, solo un poco, pero tu puedes aliviar esa tensión Alexia, vamos, recuéstate en la cama.

Y así lo hizo. Yo me puse sobre ella y le dije que la penetraría. Ella me dijo que esperara, abrió las sábanas y me dijo que nos metiéramos adentro “Quiero que quede esto en mi cama” dijo. Así lo hicimos, ella se arregló un poco el cabello y con un suspiro dijo que estaba lista, que lo hiciera suave. Yo le correspondí y muy despacio comencé. Abrí sus piernas y su conejito estaba ante mí, sin casi nada de pelo, muy mojadito esperándome, sin esperar más y con sus súplicas se le metí lentamente, toda adentro. Ella soltó un grito de placer muy fuerte, y no conteniéndome continué mi faena de mete y saca.

Era increíble, me podía ver como me montaba a mi alumna en mi mente, yo, arriba de una chica de 18 años, era increíble, con un cuerpo de diosa que estaba calentándome cada vez más y más. La besaba por todas partes y mis manos recorrían todo su suave cuerpo, ella con sus manos apretaba mis nalgas y espalda, y con sus piernas me empujaba más adentro, vi como un pequeño hilito de sangre salía de su rajita excitándome aun más. Los movimientos se hicieron más bruscos en medida que ella gritaba más.

– Ahh!! Ahhh! Que delicia!! Siii! Así profe! Deme ase, así! – gritaba sin cesar Alexia.- Oh, que buena estas, ¡toma! Toma! ¿Te gusta? ¿Verdad?!- ¡Si! ¡Si!, no pares amor, ¡no pares! ¡Esto es lo mejor que me ha pasado!

Y agarrándome se sus melones y trasero empujaba más y más por sus suplicas, ella lo disfrutaba y yo mas, comenzaba a sentir como ella estaba apunto de correrse y esperaba ansioso sus gritos de placer.

– ¡Aaaahhh!, ¡aahhh!, ¿que es esto? Ahhh, que rico, Que rico…Me matas… Me matas Guillermo! No pares! No pares! Sigue ¡Sigue! Aaahhhhhhhhh! Es increíble!

Con su pies totalmente cruzados empujándome a lo más adentro de su ser y sus uñas incrustadas en mi espalda, ella se corrió y pude sentir como nunca ella botaba líquidos en su interior, no podía dejar de gritar y yo con mi calentura también solté algunos, pero mi tarea recién comenzaba.

Con su corrida mi excitación solo creció y mis manos pasaron a sus pechos apretándolos desconsideradamente, no me importaba si les dolían o no pero yo tenía que apretarlos, eran tan blandos que parecían de hule, yo estaba más caliente que nunca y mis movimientos eran cada vez más rápidos, tanto que llegaba a penetrarla tres veces por segundo, las tablas de la cama rechinaban como nunca y los crujidos del piso hacían en conjunto con sus gritos de pasión una orquesta de placer a todo volumen, ella ya solo dejaba sus piernas totalmente extendidas y pedía más sin dejar que parase y besándome cada vez que podía, a los 15 minutos ella tuvo otro orgasmo tan intenso como el anterior gritándome al oído puras barbaridades calentándome aun más.

– Cielos! Que bueno! Que rico estas! Dame ¡Asiiiii! Siiiiiii, cielos esto de nuevo! De nuevo! Ahhhhhh! Aaaaaahhhh! Ahhhhhhhhhhhh! Que puta me siento! Que puta soy! Esto es lo que quiero ser! ¡Una maldita puta! Que rico se siente! Aahahhh!.

Ella me miraba  con sus ojos desorbitados preguntándome como lo hacia, yo solo sonreí y apresure aun más mis embestidas que ya eran salvajes. Justamente, ya como lo predije alrededor de los 20 minutos me estaba viniendo, yo ya no podía más.

– Ahhh!- gritaba yo – Aahh! Ahora me toca a mí, mi amor, vas a ver algo maravilloso!- Si! Siii! Vamos! Dámelo todo Guillermo! Dámelo que me viene otra vez! Ahhhh! No puedo ni hablar! que puta soy!
– Si ¡Que puta eres! Mira como te cojo! Estas tan rica, Rica, Te doy como caja, Toma! Toma!- Ahhh, Ahhhh! Si, Siiiiiii, Dame, Empuja, Ahhh, Que esta vez sea el fin ya! No aguanto más! Ahhh!- Toma tetona! Toma mi hembra!- Ahhh! ¡Soy una mujer! ¡Soy una hembra! ¡Ahhh! Aaaaahhhhhhh.- Aaahhhhhhhhh!

Y con un grito feroz nos corrimos juntos, mis embestidas dieron paso a mi rebosante leche, candente, más que nuca. Sentía como llenaba con espesa y caliente leche todo su interior, hasta lo más profundo, sin olvidar ni un solo rincón, salía semen a borbotones, en una enorme cantidad, pasé varios segundos expulsando mi leche en ella. Cuando al cabo de un minuto acabé.

Exhausto caí rendido encima de ella acostando mi cabeza en sus “dos cojines” tan ansiados por mi y que besaba sacando la calentura que me quedaba. Así fue mi primera experiencia con ella, pero luego, incluso ese mismo día, vendrían muchas más, muchas más.
Autor: Guillermo

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