Me gustan los hombres

Los suaves quejidos que ambos hacíamos dejaba entrever el gran placer que estábamos teniendo, ese movimiento me permitió sentir el paso de su verga de tibia a caliente, presionó contra mi agujerito pasando primero su glande con ese ruido de sensación de rotura y luego cada centímetro de su tronco, hasta llegar nuevamente a sentir ese cosquilleo de sus vellos en mis cachetes.

Hola, tengo 25 años, soy pasivo y me gusta sentirme mujer. Antes que todo les quiero contar como me inicié. En mi adolescencia tuve sexo con mujeres y disfruté mucho de aquello, hasta que mi gran amiga lucía, se le ocurrió besarme y acariciarme el culo, sentir ese agradable cosquilleo en mi anillo de carne, es una sensación que hasta el día de hoy recuerdo con toda claridad.

Desde aquel día mis masturbaciones terminaban inapelablemente metiéndome un dedo, luego con la sensación de insatisfacción fui jugando con otros implementos, principalmente frutas y verduras; zanahoria, plátanos y mis siempre preferidos pepinos de ensalada, nunca he visto ninguna otra cosa natural que se parezca tanto a una gran verga.

En cierta ocasión, al ir de vacaciones al sur, donde mi abuelita, nos encontramos con unos tíos y primos que vivían por esos entonces en Argentina, por tal motivo, tuvimos que dormir algunos de a dos con los primos que teníamos más feeling, esa fue mi primera gran noche, como él era un poco mayor que yo, con la excusa del sueño, me fui a acostar primero, me acosté al rincón y mirando hacia la pared, me subí mis calzoncillos más hacia la cadera, simulando un calzón, para dejar más a la vista mi bien contorneado culo, teniendo la preocupación de ocupar un poco más de la mitad de la cama de plaza y media…

Así esperé como alrededor de una hora y media, con la luz apagada imaginando una y mil fantasías, hasta que llegó él, obviamente me hice el dormido simulando un leve ronquido, él prendió la luz y sentí como se desvestía, luego levantó las frazadas para acostarse y me imagino que el espectáculo que vio lo impresionó porque se demoró un poco más de lo normal, se acostó y yo no me moví y seguí simulando, al ocupar parte de su lado él se tuvo que acercar a mí para no caer, al sentirse incómodo se puso también de lado.

Con el roce de su cuerpo con el mío, sentí como su verga presionaba por salir de sus calzoncillos, esa sola sensación me producía un cosquilleo placentero en mi ano, pues bien, sin despertar todavía, me movía como acomodando su verga cerca de mi culo, noté que eso lo excitaba aún más, en ese instante hice como que me despertaba, Hola, ¿que hora es? le dije para disimular, tarde me dijo sigue durmiendo, luego agregó, Podríamos jugar un juego, ¿Cual sería? le pregunté, me dijo -¿Que tal si nos satisfacemos entre nosotros?, yo te la meto primero y luego tú me la metes. -Bueno le respondí…

En ese momento debo hacer sido el hombre-mujer más feliz, sentí la piel de sus dedos tocar mi trasero y bajar lentamente mi calzoncillo hasta dejarlo en mis rodillas, luego con saliva me untó mi orificio y al parecer también lo hizo con la punta de su verga, me dieron unas ganas de abrir con mis manos mis nalgas, pero me tuve que contener para disimular, él con un dedo dilató mi ano y luego colocó la cabeza de miembro justo en la entrada y empezó a moverlo con la mano en forma circular…

La humedad (por la saliva) y el ardor (por la calentura), producían una sensación demasiado agradable, no obstante, me mantuve quieto acusando un grado de nerviosismo, ya que mi primo me dijo, -Tranquilo lo voy a hacer despacito para que no te duela, luego de aquello él presionó poco a poco y comencé a sentir como su cabecita se iba haciendo espacio en mi culito, sentir esa sensación de rotura cuando su glande pasó mi anillo de carne para empezar a deslizar suavemente el tronco de su verga, podía sentir cada milímetro y centímetro que me iba tragando, hasta que llegar al roce de sus vellos con los cachetes de mi raja, allí empezó a sacarlo y meterlo lentamente…

Hoy todavía estoy arrepentido de no haber tenido una mayor liberación y disfrutar aún más de aquel momento, no atiné ni siquiera a moverme en forma circular nada -fui una tonta- luego él excitado comenzó a apurar el movimiento de entrada y salida, hasta que de repente tal como me pasaba a mí, cuando lo hice con mujeres, se quedó como tieso y sentí un chorro caliente recorriendo mi interior, luego lo sacó despacio y me dijo, -Te toca-, yo le respondí, -Estoy cansado, mañana te cobro la palabra-, buenas noches.

Al día siguiente, nos tocó ir a buscar en la tarde las ovejas, para guardarlas ya que es peligroso por los perros que se queden afuera del corral, nos fuimos temprano no hablábamos de nada, como si ambos quisiéramos decir algo, pero esperando que el otro hable primero, hasta que me preguntó ¿Como amanecisteis?, Bien, muy bien le respondí, luego me dijo, ¿Te gustó el jueguito?, Sí, sentí una sensación agradable le respondí, ¿Quieres repetirlo ahora?, Bueno le dije, él agrego con mucha viveza ¿Saldo tu cuenta pendiente o me sigues dando crédito?

En ese instante me di cuenta que era el momento de la verdad, y socarronamente le contesté, ¿Como no le voy a dar crédito a mi primo?, él inmediatamente entendió el mensaje, nos introdujimos por el monte hacia unos matorrales, allí me desabroché mis jeans y conjuntamente con mis calzoncillos los bajé hasta la rodilla y me puse de cuatro patas, separando bien mis piernas, levantando mi cola, arqueando mi espalda, colocando mi cara y mis manos contra el pasto, esperando su ataque, él repitió celosamente cada paso del día anterior, untó sus dedos con saliva y los pasó por mi agujero…

Pero yo a diferencia de mi nula participación de esa noche, tomé con mis dos manos mis cachetes y los abrí con fuerza y comencé a mover mi cola en forma circular para sentir por todas mi zonas sensibles esos dedos que me acariciaban, luego él desabrochó sus jeans y bajó sus calzoncillos, de reojo pude ratificar que también se pasó saliva por el glande, lo tomó con su mano derecha y lo puso en la entrada de mi anillo de carne, allí me entregué a mi misma, y empecé a mover nuevamente mi cola como quien está redondeando aún más esa gran cabeza…

Los suaves quejidos que ambos hacíamos dejaba entrever el gran placer que estábamos teniendo, ese movimiento me permitió sentir el paso de su verga de tibia a caliente o más dicho ardiendo, situación que lo llevó a presionar contra mi agujerito pasando primero su glande con ese ruido de sensación de rotura que les había comentado anteriormente, y luego cada centímetro de su tronco, hasta llegar nuevamente a sentir ese cosquilleo de sus vellos en mis cachetes…

En ese momento, me vinieron unos deseos de sentirlo aún más adentro y con mis manos tomé sus caderas y las presioné contra mí, cuando existía la certeza que más adentro no podía estar nos quedamos como dos o tres segundos quietos como disfrutando de tal alcance, luego me puso las manos en mi cintura y comenzó a galopar, luego le pedí que no se fuera todavía y que se quedara quieto un momento y dejara la cabeza del glande justo en la entrada de mi culo, allí comencé a satisfacerme…

Moví mi cola en forma circular y descubrí como mi anillo de carne, se convertía en verdaderos labios, ya que se iban tragando en cada movimiento un poco más de ese pedazo de carne tan maravilloso, luego él nuevamente me empezó a clavar con gran fuerza hasta que sentí que se corrió dentro de mí. Nos subimos los calzoncillos y los jeans y nos tendimos de espalda…

Nos quedamos alrededor de dos o tres minutos de espalda sin decirnos nada, luego con gran decisión y osadía le pregunté ¿quieres que te de más placer?, él me respondió que bueno, entonces recordando lo que me habían hecho algunas mujeres, sin mirarlo le subí la polera y le besé las tetillas y descendí hasta su ombligo, desabroché el cinturón de su jeans, le bajé el cierre y se los tiré hasta la rodilla, quedó su calzoncillo con una verga estimulada pero sin llegar a su total erección, le di un suave mordisco por sobre su slip, porque se que produce mucho placer, le pasé la lengua por su pelvis, por entremedio de su nariz y labios, se la saqué y la metí en mi boca…

Allí me vino por unos segundos una sensación de ahogo pero que manteniendo la respiración lo superé con facilidad, no hay nada que le gusta más a un hombre, que sentir que su mujer se lo ha tragado toda, que la tiene toda la verga dentro de su garganta, luego comencé un movimiento de subir y bajar, al llegar arriba le pasaba la lengua por su cabecita en forma circular como sacándole brillo, ahí empecé a sentir como se le iban hinchando las venas y el calor de su trozo de carne que pasaba nuevamente de tibio a caliente, colocando colorada mi cara y haciéndome transpirar…

En ese momento lo tomé fuertemente con una mano, de su base, como para no dejarlo escapar y no lo solté hasta que él efectuó unos movimientos similares a los de espasmos, allí rápidamente lo saqué dejando la boca abierta y la lengua afuera, otra cosa que le gusta a los hombres es moquear a sus mujeres, sentí como me tiró toda su leche, en la lengua y en la cara, luego como recordando aquellas famosas películas pornográficas, con su mismo miembro me limpiaba la cara y nuevamente me lo tragaba, hasta dejarlo limpiecito…

Luego le di un simpático besito en el agujerito de su glande, hoy por hoy, debo reconocer que me gusta la leche acumulada de varios días, sale a borbollones y viene como granulada, luego él sólo atinó a decir -primo te pasaste, fue maravilloso, nunca había sentido algo tan agradable, yo le respondí -que tampoco, ya que nunca lo había hecho antes, pero que le daba las gracias por haberme dejado hacer realidad mi orientación sexual.

Ese verano fue maravilloso.

Otro día les cuento como empecé a vestirme y comportarme como una mujer.

Dame tu leche

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