El adolescente en la estación de policía

El policía volvió alumbrar mis nalgas y se detuvo más tiempo alumbrando la rotura de mi short, yo subí la pierna que había dejado caer al piso, a propósito. Mire lo que este chico tiene, le comentó suavemente poniendo sus dedos sobre la entrada y presionando un poco hacia adentro, al ver la carne del ano al rojo vivo, pidiéndoles que fuera devorado por una de sus vergas.

Tengo 18 años y he de contarles una de mis experiencias. Algunos pensarán que son fantasías porque a ellos les resulta complicado hacer amigos. Todo lo que les estoy contando es verídico y no he tenido que acudir a ningún ritual, excepto preparar bien mi trasero. Yo cuando salgo de mi casa pido que me cuide y que permita me encuentre con chicos buenos y ese pensamiento lo mantengo hasta que aparece el primero y entonces me olvido de todo y comienzo a darme.

Es viernes por la noche, el reloj público dio las 11.00 pm. El parque está lleno de árboles y de noche  las luces son débiles y muy distantes, hay algunas bancas de madera colocadas en lugares apartados, eso le da un toque de misterio romanticismo y tranquilidad invitando a disfrutar, no de lo común sino de algo más sensual, tierno y diferente.

Durante el día siempre hay parejas disfrutando su sombra y los tocamientos de ellos, en mi caso lo visito de noche. Unos minutos después de estar acostado boca abajo sobre uno de los asientos de la entrada, me di cuenta que dos policías estaban acercándose a mi asiento, colocado bajo la lámpara que menos iluminaba de las tres o cuatro que había funcionando, decidí continuar en mi misma posición.

Al llegar junto a la banca me alumbraron con su linterna desde los pies hasta la cabeza, pero se concentraron más en mis piernas desnudas y sobre todo en mis nalgas, viendo como se metía mi short en el ano, no llevaba camiseta Por la forma amigable que me trataron noté que eran buena onda y por eso no me moví…

Es un adolescente, dijo el policía que me encandilaba, ¡parece dormido!

-¿Qué haces aquí solo a estas horas?, me preguntó el otro moviéndome.

Levanté la cabeza bruscamente, pretendiendo que despertaba, sin apartar el pelo de mi cara y agarrando el short con mis dos nalgas.

-Espero a mi padre les contesté y puse mi cara de lado sobre mis manos y dejé caer una pierna al piso de cemento permitiéndome abrir mis nalgas. El policía que tenía la linterna, volvió alumbrar mis nalgas

-¿Y dónde está él? preguntó, inclinándose para apartar el pelo de mi cara. -Ahí abajo en casa de mi abuela que está enferma le contesté. -Pero aquí es peligroso estar solo a estas horas, ¿no te da miedo? -No, me sentía cansado y con sueño, mi padre prometió no tardar, porque vivimos cerca y le prometí que aquí lo esperaría.

Mientras le hablaba alcé un poco el culo y por debajo me estiré el short para que se abriera lo descocido de mi short y vieran mi hoyo en caso que volvieran alumbrarme, porque esa misma noche se me había roto

-Pero porqué andas con ese short provocativo, ¿dónde están tus pantalones? -En mi casa, por ser noche me vine así, al pasar por aquí me dio ganas de acostarme en el banco y es que los pantalones tampoco me gustan.

El policía volvió alumbrar mis nalgas y se detuvo más tiempo alumbrando la rotura de mi short y le habló al otro policía para que me viera. Yo subí la pierna que había dejado caer al piso, a propósito. Mire lo que este chico tiene, le comentó suavemente poniendo sus dedos sobre la entrada y presionando un poco hacia adentro, al ver la carne del ano al rojo vivo, pidiéndoles que fuera devorado por una de sus vergas.

-Mira muchacho, pero es que además, ¡lo llevas abierto! -Sí le contesté, es que estábamos jugando con mis amigos y se me abrió.

Entonces se inclinó y con sus dos manos abrió la rotura para verme el ano, yo hice fuerza hacia fuera para que abriera bien mi hoyo

-Vea como se ve esto mi sargento, es un hermoso culito, ¿no cree? -Es correcto! ¿Esperas a tu padre o nos estás mintiendo? Más parece que esperas a alguien para que te vea el hoyito que muestras…-No espero a nadie, sólo a mi padre, si quiere los llevo a casa de mi abuela, le contesté. -No hace falta dijeron, solo que con esto que llevas puesto enseñas todo lo que tienes adentro y se te ve delicioso. Yo los volteé a ver y me sonreí.

-Andas muy provocativo dijo uno de ellos, extraño que ningún amigo tuyo te lo haya visto y no te lo haya trasteado. -Nadie se fija en eso, ustedes son los primeros y le volví a sonreír. -Y tus amigos con los que jugabas, ¿no te lo tocaron? -Precisamente porque no me dejaba tocar se me rompió de atrás.

-¿Quiere decir que estaban jugando a tocarte el trasero? -No, pero me abrazaban por detrás y otros intentaban bajarme el short. -Dinos la verdad, parece que te gusta que te lo toquen o que te trasteen.

-Bueno, los dejé que me besaran la boca pero ellos querían los cinco al mismo tiempo. Mi papá nos veía y no les decía nada. -¡De seguro tu padre te la pone también! dijo uno sonriendo y subiendo una de sus botas a la banca tratando de pasarme su mano por mi espalda.

Los volteé a ver y me sonreí también. Habíamos agarrado confianza los tres.

-Dinos la verdad, ¿te coge tu papá? -No, nunca, pero tiene una buena verga. -¿Se la has visto alguna vez? -Muchas veces, pero él no sabe que se la he visto. -Y aquí, en serio, ¿por qué te pones en esa posición? -Porque mis amigos me buscan aquí y al encontrarme boca abajo me lo hacen en este asiento pensando que estoy dormido.

Entonces un policía me encogió un poco las piernas y se sentó. El otro policía se introdujo en el parquecito alumbrando por todos lados. Al dejarnos solos, su compañero comenzó a sobar mis piernas hasta el pegue con las nalgas, después acariciarlas intentando meter sus dedos en mi hoyo.

El policía me dijo, -¿Sabes que el sargento se ha ido excitado al verte el culo?

Yo lo miré, pero no tengo culpa le dije, no debería fijarse. El policía se había apoderado de mi hoyo y estaba metiendo sus dedos dándose cuenta que se lo abría y le permitía que me los metiera de esa forma.

-Sí dijo, pero estás bien provocativo, si tuvieras 20 años te reportaríamos al puesto de policía o aquí mismo nos hubiéramos puesto claros los tres, si te dejaras no habría problema… -¿Si me dejara en qué forma? -Parece que no entiendes, quiero decir que negociar significa que tú nos das las nalguitas y sobre todo tu culo que lo tienes delicioso, ¡lo estoy sintiendo! Y nosotros te lo pisamos para que disfrutes nuestras vergas -A mí no me importa que me hagan lo que sea en mi trasero -¿Estarías de acuerdo entonces de darte con nosotros, así no te pasaría nada? -¿Aquí en esta banca? le pregunté. Para indicarle lo decidido que estaba.

Entonces el sargento que se había retirado, le habló que fuera.

-¡Voy mi sargento!

Al dejarme solo, me bajé el short para dejar mi culo desnudo y hacérselo más fácil.

Al momento venía de regreso y me dijo, -¡Dice el sargento que vayas donde está él! No le  digas lo que me has dicho que te gusta que te hagan todo en ese culo que enseñas.

Me levanté de la banca quedando en la posición de torito, antes de poner los pies al piso me pidió que no me moviera. Abrí más mis piernas y vio mejor mi hoyo. Él se inclinó, me lo lamió unos segundos con su lengua ensalivada, sacó su verga para metérmela otros pocos segundos y yo lo dejé que me presionara. Le gritó al sargento que ya llegaba, que me estaba amarrando los tenis, mientras él me presionaba con rapidez pero lo hizo con tanta maestría que en segundos logró eyacularme su semen en mi culo. Bajé del banco todavía con semen en la entrada del ano y me subí el short.

-Corre donde el sargento dijo que te espera.

Él se apartó a orinar sobre la grama.

El sargento me alumbró cuando iba hacia él, porque se había ocultado bien en los arbustos. Pero también me alumbraba todo el cuerpo, notando que iba con mi pene un poco erecto. Estaba de pie con sus pantalones caídos y con su pene medio erecto y se le veía un buen miembro de unos 25 cms.

-Parece que vienes excitado dijo. -Estuve mucho tiempo boca abajo sobre el asiento le contesté. -Te tocó mi compañero? -Cuando me incliné para amarrar mis zapatos, me topó un poco. -¿Y te gustó? -Bastante, porque casi la tiene igual a la suya. -Dale un besito entonces, mientras viene tu padre. -Se le ve grande…

Me incliné y se la agarré con mis dos manos y me la llevé a la boca, le hice círculos con mis labios en la punta, le recogí la piel para dejarle el glande libre y poder ensalivarlo alrededor y metérmelo en mi boca suavemente. Era una verga bien cuidada, ¡larga y gruesa!

-Qué rico lo haces dijo, sigue, no pares y siempre te vamos a dar protección…

Eso me dio confianza para seguir disfrutando su pene mientras se le iba creciendo aún más. Le acaricié sus testículos, metiéndolos en mi boca uno por uno, así lo excité con ganas. Cuando él se sentó en el asiento, yo me mantuve inclinado, dejando mi culo bien abierto al aire en caso que viniera el otro policía y quisiera continuar con mi hoyo. El policía extendió una de sus manos sobre mis espaldas y me alcanzó el culo, tratando de meterme sus dedos.

Cuando llegó su compañero y viéndonos en aquella posición, el sargento lo invitó a que me penetrara. Se desnudó pero le pidió que cambiaran de lugar, pues él sabía que hacía unos minutos me había dado su semen. Yo pensé que me la introduciría de inmediato, pero en vez se inclinó para lamerme el hoyo hasta donde le alcanzaba su lengua. Me estuvo abriendo mis nalgas con sus manos y metiendo su lengua. Pensé que notaría el semen que tenía en la entrada. Después se puso de pie, sentí el enorme miembro que comenzó a entrarme en el culo.

Yo lo volteé a ver y le sonreí. Después que me presionó el culo por unos diez minutos, me dijo -Ahora quiero que te sientes en ella. El otro policía me la sacó de la boca y se retiró de nosotros arreglando su pantalón. Yo me fui estirando el cuerpo hacia atrás y él me la puso en la entrada y luego me fui sentando en ella y se fue introduciendo toda en mi interior hasta tocar mis nalgas con sus piernas.

-Que bien, todo lo haces como un experto sin quejarte. Parece que lo disfrutas, ¿por qué no te vienes con nosotros al puesto de policía? -¡Pero es muy noche le contesté! -Mejor para todos nosotros contestó. Vas a disfrutar de mis compañeros como nunca te lo han hecho y ellos disfrutarán de tu hermoso culo, ¿te vienes? te aseguro que te vas acordar de esta noche toda tu vida.

Él terminó de meterla porque al hablar, la había retirado un poco y sólo me metía la cabeza y me la sacaba. Hizo movimientos para que se fuera toda y se acomodara bien en mi hueco. Luego me abrazó y dijo:

-¿Sabes una cosa? eres mejor que mi novia, ¡y que muchas mujeres que conozco! Supongo que permitirás que nos veamos más seguido… -Eso depende de usted, siempre que quiera, puedo venir aquí. -Ahora quiero que te inclines poco a poco hasta que toques el suelo con tu frente pero procura que no se salga, ¿entendiste? – Voy intentarlo, le contesté.

Y empecé a inclinarme dándole todo mi culo al policía hasta que puse la cabeza en el cemento y él me sostenía de mi cintura y con sus dedos gordos me separaba bien mis nalgas del hoyo.

-¡Eres admirable! ¡Puedo meterla toda y siento que todavía tienes espacio!

Entonces empezó a culear mi hambriento culo, metiéndola con sus manos y haciéndome mucha presión. Ya habían pasado varios minutos. El otro policía se nos acercó interrumpiendo nuestra intimidad y le dijo, -Vienen dos señores, ¿qué digo si preguntan por el muchacho?

-Nada, usted no ha visto nada y no los deje entrar y regrese aquí hasta que se vayan, vea esto

-¡Qué rico señor! ¡Qué bien por usted! Y por nosotros le contestó. Esto es mejor que una mujer siguió diciendo, vea todo lo que le he metido y la sacó para que viera todo lo que me entraba.

Qué hermoso hoyito, supongo que me permitirá eso mismo porque me quedé con ganas de acabar adentro.

-Por supuesto le contesto, así es, vaya antes que entren, después lo llamo.

Y el policía regresó adonde estaba y el otro volvió a meterla presionando mi culo en forma exquisita. Aquello se estaba haciendo más que delicioso y excitante pero deseaba que me presionara en otras posiciones.

-Quiero cambiar de posición… -Bien me contestó recostándose sobre mis espaldas, ¿como te gustaría?

Esta mi segunda experiencia la dividiré igualmente en varias partes porque es muy extensa. Aquí dejaré el comienzo…

Autor: Terremotus

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Camisa nueva

Sentí sus huevos golpeando entre mis piernas, su aliento caliente soplando sobre mi nuca. Comencé a masturbarme mientras me esforzaba por no perder ni una sola de aquellas nuevas sensaciones. Él empujaba su verga dentro de mí como si fuera la única cosa en el mundo, y abordamos ese tren del cual es imposible bajarse. La cresta del orgasmo nos fue llevando al borde mismo del placer.

El joven estaba recargado. Parecía no mirar a nadie ni enterarse de lo que sucedía en la atestada calle llena de transeúntes. Fumaba tranquilamente, con lentas chupadas y exhalando el humo con un placer que me hizo desear volver a tener un cigarrillo entre mis dedos.

Lo miré apenas un par de segundos, pero algo en su porte, en sus ajustados pantalones vaqueros, raídos en las rodillas me hizo girarme para darle un segundo vistazo. Creí que lo había hecho discretamente, pero sus ojos color de miel capturaron mi mirada. Se había dado cuenta de que lo miraba a él, y no el aparador de ropa que tenía delante. En vez de mirar hacia otro lado, me quedé absorto en sus mejillas hundidas y sin afeitar, en sus labios rojos, tan exquisitamente delineados como los de una mujer y en las largas pestañas por las que el humo azul parecía entretenerse.

Tal vez me excedí en mi análisis, porque el joven exhaló una nueva bocanada de humo mientras la mano que descansaba en el bolsillo de sus vaqueros hizo un imperceptible movimiento hacia su entrepierna. A lo mejor nadie más se había percatado de ese movimiento, pero yo sí. Sus dedos largos y huesudos rozaron el bulto de la entrepierna. No pude evitar mirarlo, y una sonrisa sensual y despectiva al mismo tiempo afloró en su boca al darse cuenta de que lo estaba mirando.

Los colores subieron a mi rostro. ¿Qué me estaba pasando?. Jamás había hecho algo semejante. Apreté el maletín de cuero con los papeles de mi oficina mientras entraba en la tienda de ropa, como única opción para escapar de la vergüenza de haber sido descubierto mirando el paquete de otro hombre. Dentro, una joven rubia se acerco a preguntarme si podía ayudarme. Le señalé unas camisas horribles de colores chillones que seguramente no combinarían con el severo traje gris que llevaba en ese momento. Ella no hizo ningún comentario y entro al almacén a buscarlas. Miré hacia la calle a través del aparador. El joven seguía recargado en el portal. Por si todavía me quedaba alguna duda, la sonrisa sensual y perversa aún estaba en su cara, y la mano sobaba la ahora más notoria protuberancia de su entrepierna, esta vez completamente seguro de que lo estaba mirando.

Me volteé al instante, justo cuando la vendedora regresaba con un surtido variado de camisas que bien podrían formar parte de un arco iris. Tome una al azar, tratando de discernir porque un hombre de 35 años, felizmente casado y con una vida familiar plena y feliz podía sentirse turbado ante aquel muchacho callejero.

La dependienta dio muestras de comenzar a sentirse molesta ante mi total estupidez para elegir una camisa. Yo ni siquiera miraba las prendas. Trataba de serenarme y juntar valor para mirar si el joven ya se había marchado. Una voz a mis espaldas me saco de mis infructuosos intentos.

– No creo que eso combine con tu guardarropa – dijo una voz ronca. Una voz de fumador, sin duda.

Me di la vuelta sabiendo a quien pertenecía aquella voz. Había dejado el cigarrillo afuera, pero el aroma del tabaco parecía envolverlo como un perfume. Sin pensarlo aspiré el aire como si pudiera aspirarlo a él al mismo tiempo.

– Su amigo tiene razón, -señaló la señorita – porque no me deja mostrarle algo más, ¿conservador?

Seguramente tomó mi estúpido silencio como una respuesta, pues dio media vuelta y desapareció nuevamente. Me quedé a solas con mi nuevo amigo. No supe que decirle. Sus ojos miel y su media sonrisa aun tenían el poder de adormecer mi inteligencia. El se dio media vuelta, mirando los artículos. Mis ojos le siguieron como un perro hambriento. Los desgastados jeans se ajustaban a su cuerpo delgado como una piel azul y desteñida. Llevaba una playera que había tenido sus buenos tiempos, pero que ahora solo dejaba transparentar las paletas de su espalda, por la que irremediablemente mi vista resbaló hasta su trasero. Debo reconocer que sin el poder de su mirada analizándome pude disfrutar de la vista de su cuerpo estilizado y fuerte al mismo tiempo. Se giró de repente, y de nuevo me sentí descubierto como un niño pequeño que hace una travesura. Otra vez, no pude abrir la boca, y su sonrisa, algo burlona, me llenó de vergüenza.

La mujer salió de atrás con media docena de camisas. Esta vez de colores muy tenues o blancas, y antes de que pudiera entregármelas, el muchacho las tomó.

– Necesitamos probarlas para ver como combinan – le informó, y ella nos señaló los vestidores.

El joven me indicó el camino y yo le seguí mansamente. El probador era amplio, y entré esperando que el joven me entregara las camisas. En vez de eso entró conmigo y cerró la puerta. El sonido del pestillo al correrse me hizo temblar. No entendía como podía sentirme así por la presencia de aquel joven. El, por el contrario estaba de lo más tranquilo, en completo control de la situación.

Tomó mi saco y me lo quitó. Aflojó mi corbata, mientras yo aspiraba su aroma al tenerlo tan cerca de mí. Me desabotonó la camisa con sus manos largas y finas. Vi que tenía los antebrazos cubiertos por un fino vello oscuro. Sacó los faldones de mi camisa jalándolos para liberarlos de mis pantalones, y abrió mi camisa. Pensé que me la quitaría, pero en vez de eso se inclinó y besó mis tetillas. Me sorprendió. No había siquiera imaginado lo que sucedería allí dentro cuando lo seguí, pero sentir sus labios en mi pecho me hizo sentir una oleada salvaje de calor que me recorrió todo el cuerpo y borró cualquier sentido de coherencia que aun me quedara.

Lamió mis pezones suavemente, y de pronto los mordió. Casi grito. Primero de dolor y luego de sorpresa. El me sonrió con esos labios sensuales, llenos como los de una mujer, pero masculinos por estar rodeados de duro vello sin afeitar. Me empujó contra la pared del vestidor y me acarició los pechos como si fueran los de una mujer, masajeando la carne como si pudiera exprimirlos y una mirada de deseo febril opacó sus ojos. Sus labios se acercaron a los míos y me metió la lengua en la boca de forma imperiosa y salvaje. Mi primer beso con otro hombre, pensé, al tiempo que él me quitaba la camisa y la arrojaba al piso.

Sus manos descendieron hasta mi trasero, y aun sobre la tela de los pantalones sentí la demanda de su caricia.

– Quítatelos – me dijo en un susurro.

Por supuesto que no me moví. Llevaba ya media hora bajo su hechizo y las cosas no estaban precisamente bajo mi control. El lo hizo por mí. Desabrochó mi cinturón y yo solo miré sus manos. Desabrochó mi pantalón y yo solo miré su rostro sin afeitar. Bajó el zíper y yo solo miré su boca, entreabierta y húmeda. Me bajó los pantalones hasta los tobillos, y yo solo sentí ahogarme en aquel pequeño cubículo demasiado pequeño ahora para contenernos a los dos.

Fui consciente de que mi ropa interior no ocultaba mi grado de excitación. Mis conservadores bóxers blancos mostraban una enorme protuberancia, y el joven se inclinó para deshacerse de ellos. Mi pene saltó como un resorte, gordo y tieso, con la punta roja e hinchada como en las mejores épocas de mi adolescencia. El joven tomó mi verga con una mano, mientras con la otra me mantenía pegado a la pared. De cuclillas, aproximó su rostro a mi verga. Restregó sus mejillas ásperas y rasposas contra la sensible piel del glande. La caricia pareció recorrer un camino incendiado hasta mi cerebro. Ahogué un quejido, consciente de que afuera estaba la vendedora, y me mordí los labios cuando la mano descendió hasta mis testículos y los apretó con fuerza. Mi pene pareció crecer aun más con el ataque de aquella caricia. Una gota transparente asomó por la punta y la lengua del joven asomó para lamerla. El aleteo de su lengua, apenas percibido, fue suficiente para hacerme temblar de excitación. Su boca se abrió como una cueva y me engulló por completo.

Ya antes me habían mamado la verga, pero fue como si fuera la primera vez. Tomé su cabeza con mis manos y lo empujé hacia mi entrepierna, enterrando sus ojos entre los rizos rubios de mi pubis. El mantuvo el control y mi verga salió, mojada con su saliva. Me chupó un par de minutos más y se apartó.

– Tu turno – me informó, poniéndose de pie y desabotonando sus jeans.

Me quedé tieso como una piedra. En mi inexperiencia jamás había llegado a pensar que las cosas llegarían hasta aquel punto. No me dio tiempo de pensarlo. Me obligó a inclinarme y terminó de abrir su bragueta. En apenas unos segundos el glande color melocotón estuvo frente a mi boca. El pene, a diferencia del mío, era delgado y largo. El bulbo de su cabeza goteaba también, y el característico olor del semen inundó mis fosas nasales. El vello púbico era oscuro, como el de sus brazos, y ascendía hasta su ombligo, afinándose en el camino. No quiso esperar más y guió su verga hasta mi boca. Lo acogí con una extraña mezcla de asco y placer. Aquella cosa parecía estar viva. Latía entre mis labios y entraba y salía al ritmo de su deseo. Mi boca se hizo agua y el sonido de chapoteo me pareció que podía llenar toda la tienda. Me aparté, apenas consciente del deseo que ahora nos embargaba a ambos.

Traté de incorporarme, pero él me mantuvo donde estaba. Empujó mi cabeza hasta hacer que mi frente tocara el piso. Con los pantalones arrollados en mis tobillos poco pude hacer para impedirlo. Su mano acarició mi espalda, mis riñones y llegó hasta mis nalgas separadas. En aquella posición, mi culo estaba expuesto y abierto. Sus dedos llegaron hasta aquel lugar privado y lo asaltaron sin aviso. Un rayo de sensaciones recorrió mi espina dorsal, cuando la sensible zona anal se vio de repente acariciada por sus dedos.

Nuevamente, hubo poco tiempo para analizarlo. Se posicionó detrás de mí y enfiló su verga, delgada y tiesa, al agujero de mi culo. Supe que me penetraría y una parte de mí pensó en revelarse ante lo que se avecinaba, pero otra parte, mucho más aventurera, quería probar cómo era aquello, y dejé que las cosas siguieran su curso. Con un poco de saliva, mojó mi ano, y poco después lo sentí posicionarse. La cabeza de su verga presionó el esfínter y a pesar de ser mi primera vez, pude sentirlo entrar sin dificultad. Fue mucho más sencillo de lo que esperé. Tal vez se debió a mi calentura, o a que él sabía hacerlo muy bien, pero el caso es que casi no me dolió, apenas una ligera incomodidad en un principio, y luego, la magia de saberlo y sentirlo dentro de mí, me hizo sentir que era capaz de muchas otras cosas.

Sentí en mis nalgas la caricia de su vientre velludo, sus huevos golpeando entre mis piernas, y su aliento caliente soplando sobre mi espalda. Comencé a masturbarme mientras me esforzaba por no perder ni una sola de aquellas nuevas sensaciones. Él empujaba su verga dentro de mí como si fuera la única cosa importante en el mundo, y pronto abordamos ese tren del cual es imposible bajarse. La cresta del orgasmo nos fue llevando al borde mismo del placer, y ni caso hicimos de la vendedora, que desde fuera preguntaba si todo estaba bien…Y todo estaba muy bien.

Sentí como se venía dentro de mí. Los espasmos de su pene arrojando su semen en mi interior. Los espasmos del mío llenando de semen mi camisa arrugada y tirada en el piso. Caímos desmadejados y exhaustos. Y aun con su pito en el culo, pude por fin presentarme.

– Hola, me llamo Andrés – le dije mirándolo a través del espejo del vestidor. – Yo soy Mark, o al menos así me conocen mis amigos – dijo, mientras su pene se removía en mi interior.

El pene de Mark salió de mi culo, y yo me apresuré a salir de aquel vestidor.

– ¿Encontró algo de su agrado? – preguntó la señorita al vernos salir, y como azorado y sudoroso no le respondí, agregó- si, ya veo que si – dijo al ver que llevaba puesta una de las camisas de la tienda, pues la mía estaba por el momento inservible.

Pagué la camisa y salí rápido de la tienda, al tiempo que le daba un apretón de manos a Mark, tratando de grabar en mi memoria su enigmática sonrisa. Eché a andar y no pude evitar mirar atrás. Había prendido un cigarrillo, y me hizo una señal de despedida con la mano al tiempo que se acariciaba el paquete con la otra. Le sonreí, contestándole el saludo.

Tres semanas después mi esposa me encontró rebuscando en mi guardarropa.

– Qué tanto buscas, ¿amor? – preguntó en ese tono que solo una esposa sabe desarrollar, al tiempo que continuaba atenta con su maquillaje, preparándose para irse a trabajar. – Nada – contesté estudiadamente distraído- estoy revisando mi ropa. – ¿Buscas algo en especial? – preguntó aun sin voltear a verme. – No. Creo que me hace falta renovar algunas camisas.

Ella delineaba sus labios delicadamente con un labial rojo, mientras yo estaba ya pensando en dónde iría a comprar mi nueva camisa.

Si te gustó, házmelo saber.

Autor: Altair7

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Contar el pan frente a los hambrientos

En cuanto tuvimos otra erección nos pidió que le hiciéramos lo que ella consideraba le podría dar el mayor placer que era el tenernos a los dos adentro al mismo tiempo, Armando se tendió en la cama boca arriba Jazmín lo montó y se introdujo el miembro y después de lubricar el mío la penetré en el ano, antes de que Armando y yo termináramos, ella al menos tuvo dos orgasmos.

Después de terminar un noviazgo de más de tres años con mi novia Mónica, me encontraba un poco deprimido por lo que pensé que un crucero por el Caribe serviría para reponerme de la depresión. Sin embargo al regresar del mismo seguía en las mismas condiciones así que llamé a mi mejor amigo, Armando, para tomarnos un par de botellas de ron caribeño que había traído del viaje, le encantó la idea, pero me invitó a tomárnoslas en casa de su novia Jazmín ya que los padres de ella se encontraban de viaje por lo que estaríamos los tres solos y según él me ayudarían a eliminar la depresión.

Así que arribé a casa de Jazmín con la idea de pasar un buen rato, pero no tan bueno como el que en realidad pasó. Vale la pena decir que si bien Jazmín es una mujer menuda y delgada es sumamente sensual con cabello rubio, piernas torneadas unas caderas fantásticas y unos senos pequeños, pero firmes que le permiten andar siempre sin sostén. Ese día en especial vestía unos jeans entallados y una camiseta blanca que resaltaban su cuerpo.

Después de la comida que nos preparó ella, con un ambiente amenizado con música de Sade y Soda Estéreo, y cuando me disponía a abrir la segunda botella de ron veo a Armando y Jazmín abrazándose y besándose con gran pasión en uno de los sofás y les menciono que no deberían contar el pan enfrente de los hambrientos, comentario que les dio mucha risa por lo que Jazmín se acercó a mí diciendo:  “Así que tienes mucha hambre, pues come” y acto seguido me besó, me abrazó de la misma forma que un momento anterior estaba haciéndolo con Armando, el cual por su parte se veía sumamente complacido con lo que hacíamos.

Después Armando volvió a tomar a Jazmín y empezamos a bailar los tres juntos y al ritmo de la música le desabrochó y quitó la camiseta dejando libres sus pechos y ella me preguntó si me gustaban ya que a diferencia de los de Mónica (Copa C y talla 36), los suyos eran pequeños, le dije que eran perfectos para su figura, complacida me dijo que si quería ver completa su figura y procedió a quitarse los jeans y las pantaletas por lo que quedó completamente desnuda para los dos y nos mostró su cuerpo recorriéndolo con sus manos.

Obviamente Armando y yo teníamos unas erecciones más que visibles en nuestros pantalones y viéndonos de esta forma dijo que no era justo que ella estuviera desnuda y nosotros no, por lo que en un segundo los dos nos desnudamos. Empezamos a bailar con ella en medio de los dos y al terminar la música tomó nuestros miembros en sus manos y dijo que era tiempo de irnos a comer más pan a su recámara.

En cuanto llegamos a ella se tiró de espaldas en la cama y Armando la penetró y empezaron a hacer el amor mientras yo de pie frente a su cara dirigía mi miembro a su boca y empezó a succionármelo, en un momento Armando descargó dentro de ella, justo cuando ella tenía su primer orgasmo por lo que pidió de inmediato que yo sustituyera a Armando en su vagina para seguir gozando, después los dos tuvimos un orgasmo al mismo tiempo.

En lo que nos reponíamos de este primer episodio los dos nos contaron que siempre habían tenido esta fantasía incluso que alguna vez estuvieron a punto de proponérnoslo a Mónica y a mí, pero no se dio en forma natural como ahora y Jazmín dijo que las cosas habían resultado mejor para ella puesto que así no tendría que compartirnos con otra mujer y empezó a besar nuestros miembros alternadamente hasta que ambos tuvimos otra erección y nos pidió que le hiciéramos lo que ella consideraba le podría dar el mayor placer que era el tenernos a los dos adentro al mismo tiempo…

Armando se tendió en la cama boca arriba Jazmín lo montó y se introdujo el miembro dentro de ella y yo después de lubricar el mío la penetré en el ano, nos costó un pequeño trabajo estar a ritmo, pero una vez que lo logramos fue fabuloso y antes de que Armando y yo termináramos, ella al menos tuvo dos orgasmos. En el relax posterior Jazmín me preguntó si el hambriento había comido suficiente y le contesté que no sólo suficiente sino de la mejor calidad sellando este comentario con un cálido beso.

Y de esta forma empezó una relación maravillosa durante aproximadamente un año y medio en el cual hacíamos el amor de mil y una manera, tales como mientras uno manejaba el auto en la carretera a toda velocidad, Jazmín y el otro hacían el amor en el asiento trasero, incluso ella llegó a succionar mi miembro estando yo manejando y Armando poseyéndola por atrás, streap tease privados para nosotros, póker de prendas y castigos sexuales, sexo en público mientras el otro vigilaba que la gente no se diera cuenta, etc. Sin embargo todo término cuando Jazmín fue a estudiar a Europa casándose y quedándose a vivir allá y desafortunadamente las posteriores novias de Armando y mías, no les atraía este tipo de relación (no saben lo que se pierden).

En otra ocasión les contaré más historias de ese año fantástico.

Saludos de su amigo de la Cd. de México.

Autor: Telpich7

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El hermano de María

Comenzó a cogerme suavemente al principio mientras me pajeaba, para luego acelerar gimiendo y diciendo ¡qué rico culito, me encanta sentir mi pene dentro de ti! ¡Voy a inundar tu culo hambriento con mi leche! Su agitación se hizo más notoria y pude sentir su verga aún más dura dentro de mí y acabó derramando todo su semen en mi interior, dando gritos de placer.

Estando en mi trabajo realizando mis labores habituales, un compañero me dice que hay una persona en la sala de espera que desea hablar conmigo. Enseguida fui, encontrándome con un chico como de 1.80, de excelente cuerpo, que se notaba trabajado, como de unos 20 años.

Me pareció extraño que me buscara porque no le conocía. Le saludé, dijo llamarse Andrés y muy nervioso me dijo que si podía ir la cafetería que ahí me explicaría. Estando allí me dijo que era hermano de mi amiga María, la pediatra del centro médico, una mujer un poco callada, que no le conocía amigos. Por lo mismo él me dijo que ella le había hablado en varias oportunidades de mí. Continuó diciendo que ese día era el cumpleaños de ella y que él junto con su sobrina (hija de María), deseaban darle una sorpresa en la cena y que para eso había ido para invitarme como su único amigo. Enseguida le dije que si y me dijo a la salida le distrajera un poco para que ellos tuvieran tiempo de preparar todo y que por supuesto después le fuera dejar a la casa como si nada.

El día transcurrió muy agitado como normalmente es en un servicio médico. Por la tarde como a las 7 de la tarde le dije a María que le invitaba a tomar una copa a un bar que está cerca del trabajo. Salimos en dirección al bar y pasamos por una florería y le regalé un ramo de rosas y ella me dijo que si había algún motivo para ello. Pero le dije que no, que solo era por amistad. Después de beber una copa nos fuimos a su casa, en un principio se negó a que le fuera dejar pero, finalmente accedió y cuando llegamos puso la llave en la cerradura de su departamento y desde adentro se escuchó la voz de Andrés y María su hija. ¡Sorpresa, Feliz Cumpleaños! La casa estaba toda adornada con globos y serpentinas. Ella se emocionó mucho y me dio un par de palmadas por ser cómplice de ellos.

Después de tomar champán nos sentamos a la mesa a cenar y tomar un exquisito vino. La alegría de mi amiga se le notaba y yo estaba contento por ella, ya que desde que se separó de su marido hacía unos 2 años que no le veía tan alegre.

Luego nos sentamos en la sala a tomar unos tragos mientras conversábamos y nos reíamos de los chistes que contaba su hermano.

Cuando ya eran cerca de las 2 de la madrugada les dije que me retiraba pero, todos en coro me dijeron que porque no me quedaba. No tuvieron que insistir mucho y seguimos bebiendo y conversando, hasta que María dijo que era hora de acostarse, porque tenía que ir a trabajar al día siguiente y su hija, al colegio.

Inmediatamente Andrés dijo que yo durmiera con él en su habitación. Todos se fueron a dormir y yo me fui al baño para posteriormente ir a la habitación de Andrés.

Me sentía un poco nervioso al saber que estaría tan cerca de ese magnifico ejemplar masculino. Mi sorpresa fue mayúscula cuando al entrar en la habitación veo que solo hay una cama. Entonces Andrés que estaba bastante mareado, dijo no te preocupes que los dos nos acomodamos perfectamente aquí. Aún más nervioso me quité la ropa, quedado solo en calzoncillos. Noté que él me miraba con ojos de lobo esperando su presa.

Le ignoré y me metí en la cama dándole la espalda enseguida. Por un par de minutos solo sentía su respiración hasta que de pronto siento que posa una de sus piernas musculosas, sobre la mía. Comenzó luego a acariciarme la pierna para luego aproximarse hasta mi paquete, que para entonces ya estaba que reventaba. ¿Porque eres tan serio? sácate los calzoncillos, haz como yo y tomando mi mano hace que le toque su desnudez. Llegando hasta su tranca que estaba dura como palo con evidente grado de excitación.

Enseguida tomé más confianza y me saqué el calzoncillo y me lancé a mamarle la verga, que debía medir unos 18 centímetros y algo gruesa, en especial la cabeza rosada que succioné con avidez, mientras él se retorcía de placer. Después de un rato me dijo que hiciéramos un 69. Me encantó como me la chupaba, era tan delicado y eso me hacía tener más espasmos en mi cuerpo y él se daba cuenta porque me mordisqueaba con verdadera malicia la cabeza de mi pene.

Luego me dijo que deseaba penetrarme, que esta sería su primera vez, ya que solamente había tenido un par de encuentros con un compañero de universidad, sin penetración es solamente toqueteos, mamadas y pajas mutuas. Le pregunté que como deseaba penetrarme, y me dijo que me pusiera de lado y alzándome una pierna intentó penetrarme, le dije que esperara un momento y me ensalivé un poco el culo y luego su verga.

Me la metió suavemente, podía sentir su tranca abriendo mi esfínter suavemente hasta que sus huevos chocaron con mis nalgas y comenzó a cogerme suavemente al principio mientras me pajeaba, para luego acelerar gimiendo y diciendo ¡qué rico culito, me encanta sentir mi pene dentro de ti! ¡Voy a inundar tu culo hambriento con mi leche!

Su agitación se hizo más notoria y pude sentir su verga aún más dura dentro de mí y acabó derramando todo su semen en mi interior, dando gritos de placer. Retira su pene de mi culo que había dejado lleno de su leche y me dijo ¡Quiero que me desvirgues! Enseguida le hice que se acostara boca abajo y comencé a mamarle el culo que estaba para comérselo a pedazos.

Cada pasada de mi lengua por su raja hacía que saltara de gusto, a la vez que apretaba tratando de retener mi lengua. Luego le comencé a meter un dedo sin dejar de mamarle el culo, llegando a meter 3 y se quejó un poco, pero decía que le encantaba. Finalmente me decidí y puse mi verga en la entrada de ese túnel oscuro que iba a taladrar. Le introduje la cabeza y le sentí estremecerse pero, me dijo ¡continúa papito que se siente rico! Luego le introduje un par de centímetros más y me dijo, ¡hazlo de una vez que no aguanto más!

Le hice caso y le penetré de una vez haciendo que gritara de dolor y placer a la vez. Como mi calentura era mucha no pude contenerme y le cabalgué rápidamente, llegando a eyacular dentro de su culo recién desvirgado un torrente de leche que él recibió con un gracias “mi amor”. Esa noche lo hicimos una vez más pero fui yo quien cogió en todas las poses que pude y él gozó cada una de ellas.

Lo que pasó después de ese día se los contaré en otro relato.

Autor: gustavofigueroa

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Un culo hambriento

Jaki empieza a desabrocharme el pantalón para sacar mi pene, lo acaricia y lo empieza a mamar, en esos momentos dejó mi verga y llamó a Samuel, este se acercó con su miembro en la mano y ella le pidió que la cogiera, ni un segundo tardó en ensartarle su pene en el hambriento culito. Jaki pegó un alarido y me pidió que se lo metiera por la concha, con los dos penes dentro Jaki se volvió una loca.

Hola soy Tino y lo que a continuación les voy a narrar es verdadero, los hechos sucedieron hace algún tiempo atrás, con la participación de mí ex esposa Jaki la cual esta de acuerdo en mandar nuestra historia ya que seguimos siendo muy amigos y a veces nos damos nuestros encuentros, aún teniendo compromisos los dos.

Jaki y yo, nos conocimos muy jóvenes en los 90, a los 18 y 19 años respectivamente, ella siempre fue rellenita, tiene un buen culo, pero lo que sobresale de ella son sus pechos que son grandes y siempre atrae las miradas, nunca imaginé que en su interior había escondida una hembra muy cachonda que estaba dispuesta que mis fantasías se realicen con el solo hecho de estar bien conmigo.

Bueno todo comenzó cuando después de estar alejado tres meses de ella, un cierto día de junio llego a visitarla, para sorpresa mía, me abre la puerta de su casa teniendo una toalla puesta alrededor de su cuerpo, me explicó que había terminado de bañarse lo cual me sacó un poco de sitito, ya que era la primera vez que sucedía y me comentó que no se encontraba nadie en su casa…

Me hizo pasar a la sala yo me sentía un poco incómodo por la situación de lo que ella se percató, comentando que no tenía que estar nervioso, que acaso nunca había visto a una mujer en toalla, le comenté que si, pero en otras circunstancias además tenía temor que vinieran sus padres o hermano que era amigo mío, me dijo que no vendría nadie hasta muy tarde y que me relajara.

En esos momentos se acerca a mí y comienza a besarme apasionadamente, mi reacción fue inmediata, le besaba los labios bajaba por todo su cuello hasta que por primera vez besaba sus pechos que en ese momento eran mi obsesión, lo máximo llegó cuando mi mano encontró su monte de Venus, lo acariciaba le introducía primero un dedo luego dos.

Ella de igual manera desabrochó mis pantalones y dejó libre mi pene que ya me dolía por lo apretado que estaba, ella lo acariciaba delicadamente para luego empezar a ir de arriba a bajo rítmicamente, estuvimos así un buen rato hasta que ella no aguantó más y me condujo a su cuarto, sabía que era la primera vez que iba estar con un hombre, yo no era un experto, pero ya había tenido relaciones.

Ella se encontraba desnuda, yo con el pantalón arrastrándolo, me pedía que la hiciera suya para siempre, que ella estaba esperando este momento para entregarse a mí y ser yo su macho, su primer hombre, yo estaba como loco no dejaba de besar sus pechos, ella no resistía más deseaba que la penetrara de una vez, así que la yo estaba encima de ella frotándole el clítoris con mi pene ya había tenido su primer orgasmo.

En ese momento ella me la agarra y se lo introduce diciéndome que le dolía pero que le gustaba, así que yo empecé con lo mío acompasadamente sacaba y lo metía poco a poco hasta lograr llegar a desflorarla, ella se quejaba pero al sentir todo dentro de ella el dolor fue a pasar a un placer increible…

Desde ese día tuvimos “encuentros” espectaculares ya que subíamos a la azotea o en el sofá de la sala, Jaki se volvía más cachonda, ya que mirábamos películas pornográficas juntos así fue que ella aprendió a dar unas mamadas de pene como toda una experta, hasta ahora hace maravillas con esa boca.

Pasaron los años y nos casamos, tuvimos a nuestro único hijo, como que la acción se fue perdiendo un poco ya que no podíamos hacer lo que queríamos por que vivíamos en la casa de sus padres, hasta que llegó el momento de mudarnos a nuestra propia casa que alquilamos en una quinta…

Ocupábamos el tercer piso, los primeros días hicimos todo lo que no podíamos hacer en la casa de sus padres, fue en una de esa noches que ella estaba tan excitada que me dejó que le rompiera el culo como era la primera vez le dolió un poco, pero luego le gustó tanto que no había noche que no le diera por el culo creo que más le gustaba por el culo que por la concha.

Fue pasando el tiempo y todo se tranquilizó con la rutina, hasta que cierto día Jaki me comentó acerca de un sueño que había tenido se avergonzaba de contármelo por que yo pensaría mal de ella, pero le dije que no me molestaría, que me lo contara empezó a narrar su sueño y no me creía, soñó que un amigo cercano a nosotros se la tiraba, pero lo alucinante era que me encontraba presente observándolos para luego ella pedirme que me uniera a ellos.

Bueno me molestó un poco, pero no se lo hice saber, al contrario dejó en mi una extraña sensación que rondó por mi cabeza unas semanas, hasta que sin decirle nada ideé la forma para hacer realidad su sueño, pero no que el amigo que había soñado sino con otro que sabía que la miraba cada vez que estábamos reunidos a parte de ser mi mejor amigo al cual tampoco le dije nada.

Pasaron los días hasta que un sábado que me encontré con Samuel en la puerta de su casa me invitó unos tragos y fue en esos momentos que empecé a poner en marcha mi plan, ya nos encontrábamos un poco picados cuando le dije que fuéramos a mi casa que tenía una botella de bacardí limón que quería tomar con él sin pensarlo aceptó.

Ya en mi casa nos acomodamos en la sala con un vaso cada uno charlábamos, Jaki se encontraba durmiendo, pero creo al escuchar nuestras voces en la sala se levantó, nos encontró en la sala saludó y también nos acompañó con un trago, mi plan iba todo bien, pasaron las horas entonces ideé la forma de dejarlos solos, empecé a ir al baño o les decía que iba al cuarto para sacar algo.

Al regresar los dos se quedaban callados, pregunté por que esa aptitud, Jaki me llevó a la cocina empezó a explicarme que Samuel la estaba fastidiando, diciéndole que le muestre los pechos o acercándose a ella para tocarla, entonces le dije a Jaki que había planeado todo para hacer realidad su sueño, ella quedó sorprendida, me dijo que ni loca lo haría, pero la convencí, le dije que me dejara todo a mi desde ese momento, regresamos a la sala como si nada hubiera pasado retomamos la charla.

En un momento le digo a Jaki que se sentara junto a mí, entonces la empiezo a tocar y a besar apasionadamente sin dejar de mirar a Samuel el cual se sorprende de mi acción, Jaki empieza a sobarme el pene encima del pantalón sin dejar de besarme, le subo el polo para besarle los pechos por largo rato con la mirada atónita de Samuel sin saber que hacer.

Jaki empieza a desabrocharme el pantalón para sacar mi pene que estaba como una roca, lo acaricia suavemente hasta que lo empieza a mamar, en esos momentos dejó mi verga y llamó a Samuel, este se acercó con su miembro en la mano y ella le pidió que la cogiera, ni un segundo tardó en ensartarle su pene en el hambriento culito.

Jaki pegó un alarido y empujó para atrás, me pidió que también se lo metiera por la concha a lo que accedí, con los dos penes dentro de ella Jaki se volvió una loca pedía más y más, cambiamos de posición ahora yo estaba echado mientras ella se lo introducía dándome la espalda entonces le pide a Samuel que se lo meta, quería sentirnos a los dos juntos, estuvimos así hasta que ella se dio cuenta que íbamos acabar, se arrodilló frente a nosotros y con su boca nos hizo explotar embarrándola de leche los pechos y la cara.

Nos quedamos dormidos abrazados a ella, en la mañana Samuel se retiró agradeciéndonos la noche que pasó con nosotros. Ese fue el comienzo de otros encuentros que ya les contaré más adelante.

Autores: Tino y Jaqui

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Un trío con una princesa

Empezó el vaivén placentero mientras yo manoseaba a nuestra hembra. Alberto le trabajó a gusto y paladar hasta llenarle de leche su conchita hambrienta. Princesa, agradecida aun no satisfecha y deseosa de complacerme, me empezó a chupar con maestría la pija hasta hacerme terminar exhausto y satisfecho por el caliente trío con una hembra casada y otro macho hambriento como yo.

Aún cuando sea casado pero tengo compañera de trabajo, Princesa, una morocha de hermosos ojos negros y de figura escultural muy propio de las morenas de mi tierra. Ella vive con una persona que no la valoriza en su justa medida sin saber la princesa que tiene al lado, haciéndole la vida imposible pues a menudo debe viajar con nosotros por razones laborales.

En comentarios de intimidad que  suele pasar en  el ambiente laboral, le he estado trabajando hasta convencerla de la posibilidad de un trío  de ella con  Alberto, otro  compañero de trabajo, Y en conversaciones  y en contactos  en chat  que  cada vez se fueron haciendo más  calientes.

Un fin de semana, viernes, por razones laborales tuvimos que viajar los 3 más otras personas a una ciudad cercana. Como tanto Alberto como yo, en su momento habíamos colaborado para que ella tuviera la pareja que tiene ahora, (le facilité su mudanza a una sucursal de la empresa donde vivía su novio), ella nos había prometido pagarnos esta deuda, con creces.

Siempre acostumbramos a cargarla que nos debía uno y esta vez no fue la excepción. Ella ya había aceptado lo del trío pero no tuve la oportunidad de decirle claramente a Alberto sobre ello, por temor a como lo pudiera tomar o que lo pudiera comentar con terceros y eso no era conveniente para nadie…

En cierto momento a la vuelta del viaje se lo comenté a Alberto que ella estaba dispuesta a cumplir con su promesa en un encuentro a todo juego y sin límites. Él no me creyó y preguntó incrédulo si cuando sería y como. Princesa había ya anticipado su vuelta la noche antes, entonces le envié un mensaje expresándole que ya le había dicho a Alberto con claridad lo de su oferta y la contestación de ella no se hizo esperar: No puedo poner fecha ni lugar, solo espero que surja y pronto…

Al día siguiente, sábado me volvió a preguntar Alberto sobre la oferta, para evitar dudas le mostré el celular, todavía con el mensaje guardado, quien incrédulo lo leyó quedando muy impactado… Era la primera vez que haría un trío HMH con una hermosa y muy valorada mujer igual que yo…

Hasta que  la ocasión se presentó: Teníamos previsto un viaje al interior del país para celebrar un acontecimiento  social. Como siempre preparamos el equipo de viaje: tres muchachos para los trabajos de preparación, Princesa, como maestra de ceremonia y Alberto y  yo como representantes de la empresa. Debíamos estar  2 días en esa ciudad  lo que no permitió  pernoctar en un  hotel campestre a orillas del río. A la noche nos  sacamos unas fotos. Yo forzaba al sacar a Princesa y Alberto que estén lo más cerca posible y abrazados. Ya había acordado con ella que  a la noche abandonaría  su habitación y me vendría a visitar, pero los muchachos no pegaron el ojo en toda la noche por lo que  le fue  imposible a ella hacer lo previsto.

Al día siguiente como teníamos actividad recién a la noche los muchachos se adelantaron para preparar la ceremonia ya a la mañana. También insté a nuestro chofer que les acompañara para ayudarles quedando en el hotel, Princesa, Alberto y  yo. Luego del desayuno ella se retiro a su habitación y yo le seguí para preguntarle si estaba preparada para el acontecimiento, ella expresó que estaba dispuesta. Le comuniqué la decisión a Alberto quien también estuvo de acuerdo. Volví a la habitación de Princesa y le llevé a mi habitación, en minutos llegó Alberto. Ella nerviosa se refugió en mis brazos como pidiendo auxilio por algo inminente que estaba por acontecer, del que yo no le podía salvar ni quería hacerlo.

Le insté a ella darle la bienvenida al amigo con un beso y le ayudé a despojarse del vaquero que llevaba puesto y de la blusa quedando en ropas interiores frente a las lascivas miradas de Alberto y de las mías. También nos despojamos de nuestras ropas y le invitamos a acostarse en medio nuestro. El ambiente estaba caliente a más no poder. La hembra comenzó a relajarse, más cuando empezaron a besarse con Alberto seguido de un sexo oral de bienvenida que ella le dio con maestría. Después el empezó a trabajarle la conchita depilada chupándole hasta la última gota de su sexo que estaba en brasas y bien mojadita, mientras ella y yo nos besábamos.

Alberto le chupó la concha a gusto y paladar produciendo en Princesa varios orgasmos sucesivos.

Después le insté a que se cogiera a la hermosa hembra que teníamos disponible al lado. Alberto no se hizo espera y de un golpe se la metió en la concha hasta el fondo produciendo gemidos de placer en nuestra hembra.

Y empezó el vaivén placentero mientras yo manoseaba a mi gusto a nuestra hembra. Alberto le trabajó a gusto y paladar hasta llenarle de leche su deliciosa conchita hambrienta. Princesa, agradecida aun no satisfecha y deseosa de complacerme por el inesperado regalo, me empezó a chupar con maestría la pija hasta hacerme terminar exhausto y satisfecho por el caliente trío con una hembra casada y otro macho hambriento como yo.

Terminada la faena. Le dijimos que ya había pagado el 5% de la deuda contraída con nosotros y necesitaba aún otros 19 encuentros para cancelar su compromiso. Preguntó si acaso el encuentro no había sido bueno para nosotros por eso el porcentaje era tan pequeño. Le respondí que fue bueno en demasía y era por eso que debíamos repetirlo varias veces más. Estamos esperando la oportunidad de llegar al 10%…

Espero comentarios de las amigas y amigos en especial de mujeres casadas.

Un fuerte abrazo.

Autor: Jimmi

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Las aventuras en la cabaña

M le hizo señas a P para que se acercara a la cara de Y, quien no dudó en ponerse ese pedazo de verga en su boca mientras era embestida por M desde atrás, el pescador no demoró en acabar litros de semen que Y degustó con sumo placer. A su vez M tuvo un orgasmo mortal, viendo por el espejo de la pieza la cara de gozo de Y ante semejante fiesta y por haber alcanzado innumerables orgasmos.

Y y M compartían encuentros esporádicos pero sí muy apasionados, en los que disfrutaban de la fuerte atracción física que se tenían, de lo bien que se caían en todo sentido y de los mucho que les gustaba estar juntos. Y el sexo en sí, era gozado en forma colosal.

Esta vez habían decidido pasar unos días a solas en un complejo de cabañas a la vera del río. Salieron a la tarde y ya de entrada, en el viaje en auto, todo empezó muy sensualmente. Ambos arrancaban muy excitados sabiendo que pasarían unos momentos inolvidables, llenos de placer y erotismo. Estaban dispuestos a excitarse mutuamente, a hacer el amor alocadamente, besarse, tocarse, mimarse, a concretar algunos jueguitos muy eróticos, fantasías, ratonearse, exhibirse y llegado el caso compartir la cama con alguien más. ¿Fuerte no? Un poco.

Esto último la intimidaba un poco a Y, pues si bien ella tenía muchas fantasías de este tipo, se reprimía un tanto, pero a la vez sus fibras íntimas le pedían no detenerse. M estaba más experimentado en este terreno y sabía de las fantasías de Y. Añoraba poder satisfacerla plenamente cumpliéndoselas y viéndola gozar completamente como mujer, sacando toda la perra y diabla que todas las mujeres llevan adentro. Claro, la mayoría no se anima a tener estas aventuras, pero las que sí lo hacen, disfrutan y viven situaciones muy emocionantes… Es solo cuestión de decidirse y organizarlo bien… Y no esperar a tener 80 años para hacerlo, ya será muy tarde…

Al parar en la ruta a cargar nafta, M le propuso el primer jueguito a Y, quien se levantó un poco más su minifalda para que el muchacho que les limpiaba el parabrisa pudiera ver sus bellas y tostadas piernas. En ese momento y simulando que no se habían percatado de la presencia del estacionero, pues Y cerraba sus ojitos disfrutando la escena, M empezó a besarla y le acariciaba suavemente sus piernas, levantando la mini y mostrando sutilmente la bombachita blanca de Y. El tipo no podía creer lo que veía, estaba boquiabierto. Como el surtidor estaba del lado del acompañante, Y le pagó, insinuando sus hermosos pechos en esa musculosa ajustada que tenía puesta. Luego de pagar siguieron camino. Había sido solo un jueguito, pero les había levantado mucho la temperatura a ambos.

Al llegar al complejo se instalaron en una de las cabañas con vista al río por un lado y a la pileta por el otro. La noche ya había llegado y se vistieron para ir a cenar. Fueron a comer al hall del complejo. Y se había vestido muy sugestiva, con un pantalón blanco ajustado y una remerita negra al cuerpo, atrevidamente escotada: muy elegante y sexy al mismo tiempo, lo que ocasionó que todos la miraran anonadados en el comedor al entrar. Estaba deslumbrante y su carita bonita resplandecía de belleza.
Había algunas parejitas que también habían ido a pasar unos días al complejo, y otras mesas de pescadores del lugar, rudos y toscos, a los que se los veía un tanto ebrios y excitados de ver ese bombón en aquel paraje tan lejano de la ciudad.

Luego de una rica cena y una charla muy amena, las luces bajaron su intensidad y pusieron música, por lo que algunos comenzaron a bailar. Y se meneaba muy sugerente y el juego era que los pescadores la vean y divertirse con la calentura de los lugareños. Posteriormente, sonó música suave y las luces se atenuaron aún más. M y Y se besaron apasionadamente en un rincón, ahora lejos de las miradas de los demás. Sus lenguas se buscaban con deseo. M la apretaba a Y contra la pared, quitándole la respiración.

Estaban al mango y regresaron raudamente a la habitación, Como estaban muy calientes, pues hacía unos cuantos días que no estaban juntos, se pasaron horas haciéndose el amor. Por momentos de una forma muy dulce y romántica, en otros de una manera muy salvaje y pervertida. No quedó ningún centímetro de sus cuerpos sin ser explorados ni franeleados. Sus lenguas tocaban todas las partes sensoriales del otro, en un entretenimiento que les llevaba al infierno. Hicieron sexo oral y M la penetró varias veces y por todos lados a Y, quien gemía de placer. Llegaron varias veces al climax y en una de ellas M le esparció todo su líquido en las tetas de Y que tanto lo provocaban. Al terminar, exhaustos, se quedaron abrazados, acariciándose suavemente, y se quedaron dormidos luego de un día agotador.

Al amanecer, y como estaban aún muy calientes, repitieron nuevamente la sesión de sexo, previo a ir a desayunar. Lo que no se dieron cuenta esta vez, era que el sol de la mañana ya iluminaba la pieza y la cortina descorrida permitía ver su show desde afuera. Un joven jardinero, observaba azorado esa escena extraída de una película porno. M y Y se dieron cuenta de la presencia del muchacho y continuaron como si nada, lo que excitaba sobremanera a ella al verse así observada. Al terminar, y totalmente desnuda, Y fue a cerrar la cortina, demorando un rato lo suficientemente prolongado para que el jardinero pudiera ver su escultural silueta desnuda.

La pareja fue a desayunar y luego pasearon por los alrededores. Al regresar, cerca del mediodía, se toparon con el jardinero, un chico joven y muy agradable, quien los saludó cordialmente, sin evitar echarle una mirada profunda y libidinosa a Y. Al alejarse, conversaban:

M: Eh Y, ¿viste cómo te miró el jardinero? ¿Es ese el que nos vió esta mañana? Y: Sí es él. Me da un poco de vergüenza. Pero es lindo. M: No temas, acá no nos conoce nadie y creo que nunca más volveremos. Así que podemos jugar un poquito. Es una buena oportunidad. ¿Crees que le gustas? ¿Por qué no le preguntamos? Y: No, por favor, dejá M que me pongo roja de la vergüenza…

Pero la idea de seducir al jardinero le revoloteaba a Y en su cabeza y no podía evitar sentirse mojadita en su bombachita. Quedaba la mecha prendida para más adelante. Era común en ella esa confusión entre su deseo por un lado y su negación por el otro. Aunque esta vez iba a ser distinto…

Almorzaron frugalmente y tomaron sol en la pileta. Había otras parejitas también. M no paraba de mirar a una rubiecita con una bikini, con un físico armónico y muy proporcionado, muy atractiva y extremadamente sexy. Ella, en forma disimulada, también lo miraba a él. Sin dudas había química. Ya habría tiempo de charlar con ella y su novio. ¿Y si le proponían estar los 4 juntos en la cama? Un poco loco, pues no sabían qué onda tenían los chicos, pero los ratones a esa altura desbordaban a M.
Y tenía una bikini blanca muy pequeñita, con un cola less infartante, que apenas le tapaba mínimamente su colita paradita y broceada. Ella sentía la mirada de los hombres posarse en su cuerpazo. M le pasó bronceador por todo su cuerpo, dándose cuenta de la envidia que los otros hombres sentían de él en ese momento.

Al rato se fueron a descansar un rato, pero pasaron cerca de los pescadores que dejaron lo que estaban haciendo para deleitarse ante el paso de Y, quien caminaba despacio y moviéndose muy sutilmente, solo con su bikini y con zapatillas. Además paraba mucho la colita para excitarlos un poco más. A algunos se les escaparon unos piropos, algunos medio zarpados y muy fuertes. M simuló no escuchar, pero era notorio el efecto que ello ocasionaba en Y, que se sentía desnudada por la mirada. Y esas cosas puercas que gritaban los tipos le alteraban su mente.

En la habitación M le propuso a Y que se cambiara de ropa y que fueran a ver cómo pescaba la gente en al orilla del río. Uy, el jueguito sería provocar un poco más a los pescadores y volverse a la pieza exaltados a hacer el amor sin parar.

Y se vistió para matar: un shorcito minúsculo que permitía mostrar sus hermosas y torneadas piernas, tan ajustado que se le marcaba todo su sapito y le hacía una colita perfecta, zapatillas altas que la estilizaban aún más y una musculosa sin corpiño que dejaban ver sus pezones que sin dudas se pararían mucho ante la presencia de aquellos machos hambrientos. Si bien no eran muy jóvenes, algunos de ellos eran fuertes y muy rudos. Y parecían excesivamente necesitados…

Caminaron por el complejo y luego se acercaron a los pescadores. Claro, los tipos del lugar no estaban acostumbrados a ver una mina así, que se les acerque tan simpáticamente y se les ponga a hablar. Sin dudas era una hembra infernal, entregada al juego, con un poco de pudor si, pero con sus sentidos disfrutando esas “locuritas” que ambos estaban dispuestos a compartir.

Luego de conversar animosamente con los pescadores, ellos les enseñaron cómo pescar y hasta Y se animó a tirar la caña. Los pescadores con gusto le mostraban cómo hacer y a veces la rozaban y tocaban sin querer (queriendo). M temía que la cosa se pusiera más picante y se descontrolara, y con el fin de proteger a Y y que nada le pasara (nada malo) decidieron volver a la habitación a coger. Ambos volaban de la calentura que dicha situación les ocasionaba.

En la pieza, M le propuso hacer el amor con la cortina descorrida, justo en la ventana que daba al río y se veía a los pescadores, no muy cerca, pero sí lo suficiente como para que ellos pudieran verlos. Y se dirigió insinuante a la ventana, descorrió la cortina y se sacó la musculosa delante de los tipos, exhibiendo sus pechos de ensueño. Sus pezones ya los tenía muy erectos y deseosos de una boca que los mordisqueara, de unos dedos que los apretaran y manosearan bestialmente. Se dio vuelta, mostrando su espalda a la ventana y se agachó insinuante a levantar una toalla tirada del piso…

M y Y comenzaron a besarse y tocarse, pero al ratito uno de los pescadores se había acercado a la cabaña y golpeó la puerta. Al pánico inicial, le siguió la compostura. Y se vistió y lo hicieron pasar. Era el más joven y apuesto de ellos y el que había despertado algunas “sensaciones” en Y. El tipo quería un vaso de agua y pidió si podía quedarse un rato sentado allí bajo techo que estaba fresco. M y Y se miraron cómplices y le preguntaron si quería disfrutar del show…

El pescador (Pedro se llamaba) asintió agradecido (era eso a lo que había ido) pero le hicieron prometer que solo podía observar y hacer únicamente lo que ellos le permitieran. Y inició un baile erótico en el que comenzó a sacarse la ropa y quedó solo con la lencería de encaje que tenía debajo, muy sensual, de color negro, que M le había regalado en otra oportunidad y que habían disfrutado juntos en otras oportunidades. Luego se abrazó a M y se empezaron a sobar sus cuerpos, hasta que se fusionaron en uno solo cuando M la penetró brutalmente. El tipo miraba y se le caía la baba. Su bulto había crecido enormemente y su miembro ya no cabía en su pantalón.

M: ¿No querés que le dejemos a P que se desabroche el cinturón? Está incómodo. Y: Bueno, pero que no me toque, solo puede mirar.

P se bajó el pantalón, dejando a la luz su enorme verga, venosa y totalmente erecta. Se la veía muy hinchada. Eso descolocó a Y quien no esperaba ver algo tan descomunal y apetitoso y los líquidos de su vagina chorreaban.

M: ¿Por qué no le mostrás a P tu conchita depiladita, sin un mínimo pelito? Y parale la colita a ver qué dice, así nos dice si estás buena o no. Y: Ay, no sé, ¿creés que le gustaré a P? No sé. ¿Te parece P que tengo buen lomo? A lo mejor no te excito… A ver, decime qué te parezco…

El tipo estaba al límite de la excitación, viéndola así a Y empezó a masturbarse con su imagen. M, quien estaba muy caliente con el juego, volteó ferozmente a Y, la puso en cuatro patas y la partió desde atrás, agarrándola del pelo con furia. Y gozaba como un animal en celo.

M le hizo señas a P para que se acercara a la cara de Y, quien no dudó un segundo en ponerse ese pedazo de verga en su boca, mientras era embestida con violencia por M desde atrás. Lógico, el pescador no demoró mucho en acabar litros y litros de semen que Y degustó con sumo placer. A su vez M tuvo un orgasmo mortal, viendo por el espejo de la pieza la cara de gozo de Y ante semejante fiesta y por haber alcanzado innumerables orgasmos.

… Falta otra parte con la aparición del jardinero, los juegos sexuales con la parejita de la pileta (¿recuerdan?) y más historias y juegos entre M y Y solos los dos, antes de volver a la ciudad…

Continuará…

Autor: Narciso

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