Con mi tía Helena en su departamento VI

La fricción de la penetración dentro de ese ano maravilloso, me estaba exprimiendo todo el grosor del miembro venoso. No daba más. La eyaculación era inminente. La penetré al máximo agarrándome fuertemente de sus caderas. Sentí como desde la base, donde me apretaba el anillo de su ano, la vena del tronco comenzaba a bombear espesas gotas de semen dentro de su recto. Sentía que la inundaba.

Me levanté al mediodía. Mi tía me dejó una nota: habían salido con Pilar y volverían a la tarde. Aproveché para bañarme tranquilo. Como a las 14 me llamó por teléfono mi tía para comentarme que estaban demoradas y llegarían mas tarde. Me dijo que como Pilar le prestaría su departamento a su hermana, esta noche se quedaría a dormir aquí, y que por eso se estaba organizando. Finalmente regresaron a la tardecita.

Pilar era realmente hermosa, sin palabras. Jamás había tenido la oportunidad de conocer a una mujer así. Alta como de un metro ochenta, delgada, pero de esas delgadas que dejan a un hombre sin respiración cuando las ve por la calle: sus curvas eran infernales. Pelo largo, ondulado, castaño oscuro, que le caía suelto hasta la mitad de la espalda. Cara de ángel con facciones muy delicadas. Una cara más bien pequeña comparada con la complexión de su cuerpo. Resaltaban de ella unos ojos claros color miel, bellísimos, bajo unas cejas tupidas pero muy bien cuidadas, y unos labios carnosos de boca más bien grande, de sonrisa amplia con unos dientes perfectos y blancos. Su nariz recta le encajaba perfecta en su rostro, con gran personalidad. Su piel era de esa blancura color rosa, suave y con un brillo muy especial que le daba una sensualidad única. Era una diosa.

En ese momento Pilar calzaba un jeans super apretado que dibujaban sus largas piernas y realzaban su hermoso trasero, a lo que también contribuía sus sandalias con tacos de aguja, de tiras blancas, que le dejaban el empeine y los dedos desnudos. Traía puesta una remera adherida al cuerpo sin mangas, corta que le dejaba el ombligo al aire, con un escote por donde se asomaban apenas la parte superior de sus pechos, pero lo suficiente como para insinuar su belleza, su perfecta redondez, de tamaño medio comparando con los de mi tía, Sus brazos eran largos y delicados. Una cadenita adornaba sus caderas infernales.

No me detendré a detallar la vestimenta de mi tía. Tan sólo diré que lucía un vestido de verano, fresco, floreado, con el talle por sobre sus rodillas. Después de esta presentación, ellas se fueron al dormitorio de mi tía, donde Pilar acomodó las cosas. Allí estuvieron un rato. Luego mi tía nos ofreció tomar cerveza en el balcón. Hablamos de todo. Charlamos largo rato. Nuestras lenguas comenzaron a desatarse. La conversación surcó por ciertos temas generales, de reconocimiento de cada uno, hasta llegar al que nos interesaba realmente: mis relatos. Ello fue producto, por lado, de las cervezas que bebimos, y por otro, gracias a la soltura de la personalidad de Pilar y de mí tía, que contrastaba con la mía, más retraída. Ello nos permitió entrar en confianza. Pasadas unas horas ya éramos grandes amigos, en todo caso yo me sentía partícipe de la vieja amistad de mi tía y Pilar.  Mi tía dio el paso que inició una cadena de sucesos maravillosos que iré relatando a continuación.

–Ustedes tienen algo en común: ambos son unos artistas excelentes… Ambos desnudan sus sentimientos y estimulan la imaginación mediante su arte. –En qué sentido? –preguntó Pilar. –Claro– se explicó mi tía–, Marianito mediante el relato, y vos con su modelaje y dejándote fotografiar. Los dos trasmiten sentimientos al “espectador” a su manera. ¿Y cómo son esos sentimientos…, por ejemplo en tu caso? –Le preguntó Pilar -Y… sentimientos… digamos… sensuales, eróticos…

–Sí, puede ser. No sé en el caso de mis modelajes, pero los relatos de Marianito a mí también me transmitieron muchas sensaciones. –Qué sentiste? –le pregunté yo, turbado. –Es impresionante la descripción que haces del cuerpo de tu tía, que no es más que el de una mujer hermosa. Me encantaron esos detalles que una no tiene tanto en cuenta. Es sorprendente la imagen de todo. – ¿Por ejemplo…?

–No sé, las poses, las sensaciones de los masajes, el calce de la ropa… –Ah, viste –interrumpió mi tía–, eso a mí  también me pareció genial, el detalle de mi tanguitas… jaja. –Si, y sabe transmitir todo eso que él sintió en su momento.  –Te transmite su excitación… –Sí, claro… –En serio? –pregunté medio atontado–. Digo, también les transmití eso a ustedes? Porque es la mirada de un hombre sobre una mujer. –Bueno, pero también es lo que puede sentir una mujer también –aseveró Pilar.

Se produjo un silencio donde se cruzaron nuestras miradas. Después de unos minutos, dijo mi tía.

–Si les parece podríamos experimentarlo ahora mismo. –Qué estás insinuando? –le preguntó Pilar.  –Nada, eso. Qué no estaría mal verlos “actuar”, digamos, en lo suyo. –Cómo sería eso? –pregunté confuso. –Y claro, vos por ejemplo nos podrías deleitar con la lectura del relato faltante…. –Pero si ya leímos todos. –dijo Pilar. –No, falta uno, aparentemente uno de los que más le gustó escribir, y que contiene según él un alto grande de erotismo. –Ah, mirá vos, lo tenía oculto. –Aparentemente sí.–Vos sugerís que les lea el relato? –le pregunté a mi tía. –Sí, por qué no? –Me encantaría escuchar este relato –dijo Pilar. Pero acaso es también referente a ustedes?

–Sí, agregué, es la última parte que escribí, sobre el último encuentro…–Ah, con más razón, me encantaría escucharla. –Bueno, está bien. Creo que podría hacerlo. Pero tía, y Pilar? –Qué pasa? Que yo “actúo” leyendo mi relato, y ella? –¡Y ella puede actuar con su cuerpo! –De qué forma? –preguntó inocentemente Pilar, con un dejo de sorpresa. –Y cómo decía, como cuando te sacan fotos, modelando. –Ah, lo tenías pensado zorrita –le dijo Pilar. –Con razón fuimos al estudio a buscar eso… –Qué buscaron? Qué es eso? –indagué totalmente desorientado, pero ansioso. –Ropa –dijo mi tía. –Ropita –aclaró Pilar.

–Y cómo será? –pregunté con gran ansiedad. –No sé, cómo ella quiera. Yo me imagino que puede ser como cuándo se saca fotos en el estudio… –Pero acaso alguien va a sacar fotos? –preguntó Pilar riéndose. –No tontita. (Aunque no lo pensé y no sería mala idea). Yo digo como si estuvieras modelando para una sesión de fotos…–Claro, pero no habrá fotógrafo sino ustedes. No habrá cámara de fotos sino sus miradas. –Eso mismo. Nosotros seremos tus espectadores, pero en vez de serlo viendo tus fotos, lo seremos directamente… –Una foto viviente… –Se reía Pilar– Extraño, nunca lo hice ni se me cruzó jamás por la cabeza. –Pero no está mal! –No, claro que no.

–Y qué tipo de sesión de fotos participás generalmente? –pregunté, como para imaginarme de qué manera venía la cosa. –Y de todo tipo: de ropa de invierno, de verano, de fiesta, de… –Ropa interior, bikinis –agregó mi tía. –Si, también. –Aclaro porque me parece que Mariano pregunta para saber que sesión vas a representar.

Yo enrojecí porque mi tía leía mi mente como si me conociera de toda la vida.

–Ah, claro. Y no sé, por la ropa que fuimos a buscar… –Será una sorpresa –interrumpió mi tía. –Vaya sorpresa! –agregó Pilar.

Con este último comentario, mi ansiedad ascendía a la cumbre más alta de mi imaginación. Deseaba ya haber terminado con mi lectura para pasar a la actuación de Pilar. Se me ocurrió agregar:

–Entonces creo que corremos con desventaja tía, o al menos yo con mi relato. –Por qué? –Porque en mis relatos, y en el que voy a leer particularmente, aparecemos desnudos y en escenas… –En escenas…? –preguntó Pilar. –Digamos que en escenas sensuales, eróticas. –dijo mi tía salvándome del nudo que se me había hecho en la garganta. –Y qué querés decir? –preguntó Pilar expectante. –No, nada… –no supe qué decir. –Es que Mariano compara con tu actuación, y piensa que… –Bueno, pero cada uno lo hace a su manera. Esa ropita no es poco… –No se adelanten, por favor –medió mi tía.

Las miradas se cruzaron entre los tres. La tía había organizado algo en su cabeza que nos sorprendía a Pilar y a mí.

–Entonces? –preguntó Pilar. –Si les parece, podríamos empezar con Mariano, con la lectura del relato, ya que sólo es lectura, como para entrar en clima, y después seguimos con Pilar…. Les parece bien? Yo asentí, más que nada por lo ansioso que estaba por ver la “actuación” de Pilar. –Bueno –dijo Pilar–, acepto yo también la propuesta. Aunque dejemos que todo devenga… Suena divertido… –Claro que nos divertiremos! –resaltó mi tía–. Ya lo verán… De hecho también estoy yo en el relato, siendo una de las protagonistas. Así que todos nos veremos desnudos…

Mi  tía propuso que pasemos al living. Mientras yo encendía la notebook que estaba apoyada sobre la mesa ratona, mi tía fue a la cocina y volvió con una bandeja con una botella de vino blanco helado, tres copas y algo para picar.

–Qué rico, un vinito blanco bien helado! –se alegró Pilar. –Y sí, hace mucho calor… Y en un rato será más todavía! –dijo mirándome a mí. –¿Eso quiere decir que escucharemos algo caliente? –preguntó Pilar con una sonrisa cómplice en su labios. –Veremos con qué nos sorprende Marianito. Estoy ansiosa. –Yo también –dijo Pilar.

Ellas se sentaron en el sofá de tres cuerpos. Por mi parte, me había instalado frente a ellas, en el sofá individual. No podía creer hasta donde había llegado la situación. Estaba algo nervioso, me temblaban las manos. Tomé aire y reflexioné. Tenía ante mí a las espectadoras más hermosas y sensuales que tendría en toda mi vida, y no lo echaría a perder. Tenía que hacerlo lo mejor que podía, leer con énfasis, claramente, sensual. Mi misión debía ser sensibilizarlas, erotizar sus mentes. La musa inspiradora había sido la lujuria, y como tal debía trasmitírsela a ellas. Luego tendría mi premio, la actuación de Pilar, aunque no me quedaba claro hasta donde llegaría. Por cómo había ordenado mí tía las cosas, la idea era pervertir la imaginación de Pilar, dado que se expondrá con el cuerpo. Antes de comenzar, rememoré donde había quedado el anterior.

–Recuerdan donde había terminado la última parte que leyeron? –Perfectamente! –asintió segura Pilar, mirando a mi tía –Tu tía Helena arrodillada frente a tus pies… toda… sucia.

Este comentario inesperado por parte de Pilar me animó aún más. Mi tía la miraba sonriente.

–Cómo te acordás! –Sí, tengo la imagen grabada en la cabeza… –reconoció algo tímida, y volvió sus ojos hacia mí y hacia la notebook, como para decirme que comience, que seguiría el hilo de mi nuevo relato como si fuera un capítulo de una novela que le apasionaba leer y que le intrigaba las siguientes páginas.

Lectura del relato:

Mi tía me hizo acostar en centro de la cama. Me contempló, allí parada, desnuda, con los restos de mi semen sobre su piel, sobre sus erguidos pechos, sobre su vientre, sobre sus muslos. Pasó un dedo por su pera donde pendía aún una espesa gota, la recogió y lo chupó con una sensualidad sin igual, mientras me miraba con una sonrisa de gata en celo. Luego de sacárselo de la boca muy lentamente, me dijo:

–Me encanta, es riquísimo. Como vos. Pareces un dios con ese cuerpo ahí tendido.

Yo la miraba, tendido en la cama, algo cansado, pero también algo excitado por lo que sabía que iba a venir. Igual no debía apurarme, pues ella quería jugar. Yo sólo la esperaba con mi miembro semi duro. Se miró su cuerpo. Luego me dijo:

–Me dejaste toda mojada– en un claro doble sentido. Acarició sus pechos esparciéndose mi semen–. Lástima que se seque, porque me gusta seguir sintiendo su humedad.

Sus manos presionaban excitadísimas sus pechos. Bajaron a su vientre, y luego a sus muslos. Se hizo hacia adelante, porque sus pechos colgaban hermosos. Las palmas de sus manos esparcían el semen, subían y bajaban a lo largo de sus bellos muslos rozando su vagina presionada entre ellos. Abrió las piernas un poco, así, cuando subió nuevamente lo hizo por la cara interna de sus muslos, hasta llegar a los labios vaginales, donde se detuvieron. Nada quedaba para la imaginación. Me volvía literalmente loco. Con los dedos de una mano abrió sus labios exteriores y con el anular de la otra jugó con su clítoris. Se estaba masturbando al alcance de mis brazos, pero la dejaba hacer, no quería interrumpir tal imagen erótica. La oí suspirar muy suavemente. Sus ojos cerrados se abrieron y me miraron excitadísimos. Mi tía era una ninfómana…

–Estoy muy mojada, sobrinito. ¿Querés ver?

Y sin esperar respuesta, giró su cuerpo dándome la espalada y se hizo hacia adelante. Sus hermosas nalgas se abrieron frente a mi. Pude contemplar el juego de sus dedos sobre su vagina. Sus labios brillaban por los jugos. Podía ver como su largo dedo entraba en su cueva rosada y jugaba dentro. Cuando lo sacaba un poco también podía ver su humedad. Lo único que pensaba era en probar su sabor. Y se lo dije.

–Tía, quiero sentir esos jugos, su sabor. Me estás haciendo desear demasiado. –Ay, si, sobrinito. Yo también quiero que me sientas.

Sacó su dedo, pero, sin alejarlo, acaricio con él todo a lo largo de su raja palpitante, hasta que lo llevó más atrás aún, hasta el orificio de su ano. Allí se posó breves segundos, jugando. Y bajó nuevamente. Esto último me excitó me turbó, como advertirá el lector. Giró su cuerpo y subió lenta y sensualmente a la cama. Se arrodilló a mi lado. En esa posición se acercó a mi boca y nos dimos un profundo beso. Nuestras lenguas se enroscaron fuera de sí. Yo acariciaba sus suaves y largas piernas, mientras ella se apoderaba de mi pene, para apretarlo y masturbarlo muy dulcemente. Pechos se bamboleaban sobre mi pecho, sus pezones erectos y duros me acariciaban la piel como si fueran dos brazas encendidas.  Después comenzó a besarme el cuello, el pecho, las tetillas, el abdomen. Era otro de sus viajes descendentes. Hasta que sus labios llegaron nuevamente a la cabeza de mi miembro.

–Está cansado, el pobrecito… –me dijo mirándome desde allí abajo, apoyando su mejilla sobre el lomo de mi miembro, que reposaba sobre mi muslo.– Por ahí quiere descansar… Aunque sigue caliente… Voy a probar

Yo sólo me dejaba llevar. Entonces, mi tía lo tomó con su mano y besó la cabeza. Ahora su mano subía y bajaba muy suave. Y no tardo en metérselo en la boca presionando con sus labios. Lo chupaba hacia abajo y hacia arriba. Estiré mi brazo y con mi mano había encontrado su vagina; mis dedos jugaban con sus labios, lo cuales estaban abiertos por su posición, lo que facilitó que ahora mi anular ingresara a su cueva húmeda de líquidos. Ella se excitó aún más. Chupaba mi pene con más fuerza, que hizo que vaya tomando cuerpo y endureciéndose nuevamente. Yo también quería besarle su sexo. Así se lo sugería tomándola de su hermosa cola y presionando suavemente para acercármela. Ella lo comprendió perfecto, buscando también su propio goce. Entonces, sin dejar de chupar, pues era un placer que no quería dejar por nada del mundo, mi tía giró su trasero hacia mi cabeza, aproximándose lentamente sobre sus rodillas. Yo la ayudaba tomándola ahora por sus caderas. Ella se dejaba llevar sin soltar mi miembro de su boca, hasta que pasó una pierna por sobre mi abdomen. Formamos un 69.

Ahora la vista que tenía de su vagina era espectacular. Comprobé, con su presencia a escasos milímetros de mis ojos, que era hermosa, con sus labios totalmente depilados, tersos. Brillaba en su color rosa. Sobre ella, su ano que también era hermoso, entre rosadito y negrito, un círculo rugoso, apretado y seco. También depilado. La imagen me excitaba junto con la mamada poseída que me daba mi tía allí adelante. Primero acaricié su culo, sus nalgas firmes, para luego tomarla por las caderas y atraerla más hacia mí. Su vagina quedó casi pegada a mi boca. Su aroma era un perfume excitante.

Con mis manos abrí sus labios exteriores y pasé mi lengua a lo largo de toda la raja. Estaba muy húmeda hasta tal punto que sentí un ardor de fuego en mi la punta de mi lengua. La pasé nuevamente, una y otra vez, muy lento, cada vez más profundo. Exploré con mi lengua su cueva. A ella parecía gustarle, pues sus labios succionaban con más presión sobre mi miembro ahora nuevamente erecto. Apretaba sus grandes pechos contra mi abdomen. Me alejé un segundo, encontré su clítoris y lo abracé con mis labios, lo presioné fuertemente, mientras metí mi anular en su vagina. Cuando la noté más  abierta  metí también el índice. De esta manera, metía y sacaba ambos dedos a la vez que chupaba su clítoris. Ella, por su parte, presionaba con una de sus manos mis testículos y succionaba con más lujuria mi miembro, su cabeza subía y bajaba a un ritmo vertiginoso a la vez que emitía gritos acallados por mi miembro.

Yo pasaba del clítoris a la raja de su vagina, sacaba mis dedos y la penetraba con mi lengua hasta que nuestros labios (los de mi boca y los de su vagina) se pegaban uno al otro en un beso exquisito. Cuando llegaba a ese tope me dedicaba largo rato a jugar con mi lengua dura dentro de su húmeda cavidad del placer: haciendo círculos o metiendo y sacando. Eso la enloquecía al máximo, de la misma manera que ella me enloquecía con su apasionada mamada. A pesar de tener nuestras bocas ocupadas, ello no impedía que nuestras gargantas gimieran el placer que mutuamente nos dábamos. Gracias a que hacía unos minutos había eyaculado, podía ahora controlarme y disfrutar al límite del placer absoluto.

Mientras tanto, mis ojos miraban su intrigante ano. Me atraía sobre manera. Así que con el anular húmedo de sus líquidos lo acaricié muy sutilmente. Pude percibir un movimiento diferente de sus caderas y sus glúteos. No supe bien a qué se debió, pero ello no me detuvo. Como estaba muy seco, humedecí nuevamente el dedo metiéndolo en su vagina. Luego esparcí sus flujos sobre su ano, ya con menos timidez. Así pude sentir mejor su tacto. Ella ahora acompañó su movimiento de cadera con un gemido, que me hizo entender que le gusta. Por ello, mientras mi lengua no dejaba de penetrar su vagina, lo seguí acariciando de arriba hacia abajo, y luego en pequeños círculos recorriendo la circunferencia apretada del hermoso ano. Era realmente perfecto.

La circunstancia me llevaba a desear otras experiencias, cosas que nunca había hecho en mi vida: el beso negro. Nunca se me había dado la oportunidad, y ahora que se me servía en bandeja no pensaba desperdiciarla. Con temor a lo que mi tía pudiera llegar a pensar, dejé de lamer su vagina, estiré mi cuello hacia arriba a la vez que con mis manos presioné sutilmente sus caderas hacia abajo. Ella percibió mi intención y dejó de mamar mi pene sin sacárselo de su boca.

Aguardaba mis movimientos quizá con algo de sorpresa o temerosa. No opuso resistencia y bajó su hermoso trasero un poco más. De esta manera ahora tenía a la altura de mi boca el agujerito de su ano. Con mis manos abrí sus glúteos para tener una imagen total de su intimidad. Sin tener en claro cual sería su sabor, tímida y lentamente acerqué mi lengua hacia el hoyito y la pasé sobre él como una leve caricia. Luego otra vez, pero más detenidamente. Luego otra vez, pero ya sin apartarla, sino jugando con la circunferencia. Comprobé que no sólo no era asqueroso en modo alguno, sino que era fantástico. Era una experiencia particular al tacto de mi lengua, sentir su apretadito esfínter con el sabor de sus jugos vaginales. Ella respondió con un suave gemido, a la vez que sentía como su boca comenzaba nuevamente a succionar mi pene, como con mayor profundidad. Hubiera sido inútil preguntarle cómo se sentía, si le gustaba lo que le hacía en ese momento, pues el lenguaje corporal y los estímulos de succión hablaban por sí solos.

Los círculos que dibujaba la punta de mi lengua comenzaron a presionar sobre la rugosidad del ano. Este cedía al placer. Mi lengua, así, penetraba por él. Cuando sentí mi lengua que entraba algunos milímetros (sin saber, en realidad, cuánto), comencé a mover mi lengua con círculos más pesados, con la intención de vencer la presión de su esfínter. Así estuve largo rato, volviéndola literalmente loca a mi tía. Su boca ardiente me comía el durísimo miembro hasta  su garganta, la que no dejaba de gemir en ningún momento provocándome una vibración placentera a lo largo y ancho de mi verga. Con su mano apretaba dulcemente mis testículos.

Todo así, hasta que sentí que mi lengua me dolía por la fuerza que ejercía. Así que volví a su vagina, pero lejos de abandonar lo que había conquistado, suplanté mi lengua por mi anular. Gracias a la abundante saliva que había dejado, mi dedo comenzó a hacer círculos más resbaladizos sobre el esfínter, y con facilidad logré penetrarle su ano con la primera falange. Mi tía aflojó un poco con la mamada, por lo que me dio la pauta que quizá venía muy apurado. Entonces, allí me detuve un momento. Pero luego no tardé en continuar con los juegos en círculo, pero muy lentos y pausados. Sentía como la fuerte presión del hoyito se dilataba suavemente.

Decidí penetrar su vagina con el índice de la misma mano, mientras mis labios se apoderaban nuevamente de su clítoris. Fue así que al buscar penetrar con mi dedo índice con mayor profundidad en su vagina no podía evitar que, al mismo tiempo, el anular penetrara cada vez más en su ano.

Para darle mayor placer vaginal, la penetré también con mi dedo mayor. Mi tía respondía poseída por sus dos agujeros, con una mamada que me hacía vibrar el pene a todo lo largo. Yo metía y saca los dedos de su vagina cada vez más caliente, y penetraba cada vez más su ano, que se abría camino a mi dedo invasor. Hasta un punto que profundicé en su vagina y penetré al máximo en su ano: mis nudillos se aplastaron contra sus glúteos. Y hundido en esas profundidades los movía dentro friccionando en sus paredes internas. Todo ello sin dejar de chupar su clítoris.

Era una masturbación total, como luego mi tía misma me dijo que se sentía, que hacía retorcerla del placer. Estaba excitadísima, chupaba mi miembro con pasión desaforada sin dejar de gemir al límite del llanto de placer. Hasta que llegó un punto que no aguantó más. Soltó mi verga con un fuerte chupón para decirme:

–Ay, dale, no pares. Me vengo…. dale… Ayyy!! Me encanta lo que me hacés, me encanta…. y tus dedos, no paresss!

Yo puse más empeño en la masturbación vaginal, manteniendo penetrado su ano. Quería que se venga en mi boca. Quería sentirla acabar. Ella se pegaba más hacia mí.

–Ayy! Qué hermoso… Me vengooooooo… Ayyy! no pares, asííí, dalee!

Sus caderas se movían poseídas en círculos, hasta que comenzó a tener un fuerte orgasmo. Sus jugos manaban…

–Aaayyyyy! que hermosooo! ayyyyy!

Mi lengua no paraba y mis dedos entraban y salían con algo de violencia, o los clavaba hasta el fondo y los movía en círculos, tanto en su vagina como por en su ano. Su espalda se arqueaba. Literalmente me estaba empapando la boca y las manos. Hasta que se relajó un poco.

–Ayy, qué hermoso! –no dejaba de repetir.

Yo retiré mis dedos suavemente, primero los de su vagina. Luego, más lento aun, el que tenía dentro de su ano, que salió limpio. Luego, ella se dio la vuelta, y se acostó sobre mí y me besó muy profundo en la boca. Así estuvimos un rato. Me daba cuenta como lejos de habérsele bajado su excitación, como había sospechado en un principio, continuaba igual o más aún que antes. Por mi parte continuaba empalmado apretado contra su vientre o sus muslos. Tantas fricciones aumentaba mi excitación. En eso se separó de mi, y me dijo:

–Sos un experto, me volviste loca.–¿Te gustó mucho lo que te hice? –Me encantó… Y nos fundimos en otro largo beso, al cabo del cual enfatizó:-Me encantó todo! Así, me dio pie a preguntarle, insistiendo en el punto al que deseaba llegar, por una cierta mezcla de intriga y de morbo:–¿Te excitó mucho mis besos y caricias…? –¿Vos que crees? –fue su respuesta.

Luego de un momento de duda, le pregunté lo que más me intrigaba: –¿Y las que te hice por… atrás…, también te gustaron? Entonces mi tía se separó de mí, y con mi sorpresa total me dijo…– Te confieso algo… tengo una cierta debilidad por esa zona de atrás.

Yo creí desmayarme al oír estas palabras. Aquellos a que tantas mujeres le huían, para mi tía era un gran placer. Mi calentura ascendió junto con la de ella… y nos fundimos entro beso. Ella ahora se recostó a mi lado con una pierna sobre las mías, lo que le facilitó agarrar mi pene. Lo masturbaba lento. Por mi parte, con una mano no descuidaba sus hermosos pechos que caían de costado con los pezones erectos, y con la otra jugaba acariciaba su espalda hasta el comienzo de trasero. Así estábamos, cuando comenzó ella a indagarme a mí:

– ¿Y a vos te gusta? –Si –le respondí–. Me encantó tocarte y besarte! -¿Todo también? -Sí tía, todo! -Y qué sentiste? Podía adivinar que hacía alusión a su ano más que a su sexo, o al menos así quise interpretarlo yo. -Una sensación extraña –y agregué luego de unos segundos de duda–: reconozco que nunca lo hice… por esa zona… -Ah, vos te referís a la zona de atrás? –me preguntó haciéndose la tonta. Pero antes de que yo pudiera responder, volvió a preguntarme con una sonrisita -: Te pareció extraño?.

-Sí… No sé cómo decirte, sentí mi dedo muy apretadito. -Pero y esa sensación te gustó…? -Sí, claro que me gustó. -Te gustó que sea apretadito? -Sí, creo que es por eso lo que me gustó.

La conversación subía de tono vertiginosamente, lo que hacía latir mi miembro en la mano de mi tía. Ella lo advertía, cosa que le daba pie para jugar con mi inocencia y mi joven inexperiencia. Por eso dijo:

-Te excitó mucho, no? -Sí, mucho. -Porque te imaginás que debe ser muy placentero hacerlo por ahí. Digo, que ya no sea el dedito el que sienta los apretadito sino esto otro –me dijo enfocando sus ojos, y a su vez llevando los míos, hacia mi miembro que no dejaba de acariciar con su mano.

-Sí, puede ser… –y agregué con una inocencia que ahora que lo pienso me ruboriza por lo tonto que le habré parecido a mi tía-: Aunque no creo que pueda… Será sólo una fantasía…

Mi tía sonrió algo sorprendida, pero sin tomarme por tonto en lo más mínimo, sino comprendiéndome desde su lugar, mi tía, una persona mayor con algo más de experiencia que estaba dispuesta hacerle conocer a su querido e inexperto sobrino en estas cuestiones de sexo, el hijo de su querida hermana, cosas que desconocía completamente.

-¿Por qué no crees no se pueda? -No sé, porque es un agujerito muy pequeño. Y una cosa es el dedo, y otra… -Sí, es verdad, esto es muy grande! –sentenció mirándome mi falo acariciándolo ahora todo a lo largo como midiendo su longitud y grosor, que realmente estaba durísimo. Y agregó simulando una seriedad que no le correspondía con sus intenciones-: la tenés muy grande, y la cabeza… muy hinchada… como para que entre en mi agujerito estrechito.

Con esto que dijo me desilusionó un poco, aunque estaba bastante convencido de que en gran parte sería difícil la penetración. Viendo que yo no decía nada, y demostrándome que en realidad había bromeado con esto último que había dicho, me dio un beso suave en los labios y casi sin alejarlos me dijo con algo de ironía pero sin la menor intención de ofenderme (recordemos que estaba cumpliendo su tarea de tía):

-Se ve que nunca lo hiciste por ahí. –Y alejándose un poco, apoyándose sobre su codo sobre el colchón, comenzó, cómo diría, a brindarme una breve enseñanza-: Es verdad que una agujerito pequeño, como decís vos, y que puede doler mucho si no se lo sabe tratar. Pero si se lo hace bien, tranquilo, con mimitos, todo es posible. Lo importante es dedicarle algo más de tiempo que a la zona de adelante, porque se debe lograr una dilatación y una lubricación adecuada, cosas estas que no requiere la vagina.

Cómo ella hacía el papel de profesora, yo hice el de alumno, con preguntas incluso. Por ello, le pregunté algo que me inquietaba desde hacía un tiempo, en realidad desde que había comenzado a descubrir el sexo:

-Y se puede dilatar tanto como para que entre…? –a pesar de la situación no me animaba, miren que tonto, a pronunciar ciertas palabras, como nuestros sexos. -Sí, claro que sí. Siempre que sea, como te digo, despacio y con cariño. Son muy importantes los juegos previos, los besos y caricias. Digamos, como preparar el terreno. Si se dan todas estas cosas y se está relajada y el agujerito dilatado se puede lograr la penetración. Digamos que para que se dé una experiencia muy placentera se debe preparar  bien el terreno. -Sin dolor?

–Sin dolor. A veces duele al principio pero nada, sólo al principio. -Y puede entrar todo entero.-Claro que sí, todo entero, es cuando más placer se siente, para los dos.-Tía, perdón la indiscreción, pero veo que ya lo has hecho… -Ay sobrinito, que indiscreto! –me retó sonriendo-. Sí, lo hice, aunque no varias veces. Como te decía es para mí una cierta debilidad, pero a pesar de eso no se han dado las condiciones muchas veces. También debe ser la persona adecuada, eso es así. No cualquiera persona inspira entregarte por completo.

Y con estas palabras volvió a besarme, con lo cual me daba a entender que conmigo se había entregado, al menos en parte, con besos y caricias. Esto me animé a preguntarle, avanzando intencionalmente para ver si estaba sólo jugando o había realmente una posibilidad de que todo esto se concretizara, aunque estaba muy inseguro y lo veía como algo muy lejano:

-Y mis mimos, fueron algo así como un aporte…? -Ah, pero que estás insinuando vos? –me preguntó mi tía, intentando demostrar una falsa sorpresa. -Sólo quería saber… -Tontito, tus mimos me excitaron muchísimo. De hecho antes de eso ya sabía que a vos podía entregarme completamente, inclusive mi colita. Cuando me dabas besos abajo todo el tiempo estaba deseando que subieras atrás. Y no sé si te trasmití mi deseo, pero cuando sentía que me acariciabas ahí me derretiste…

-En realidad yo también lo deseaba mucho. Desde que te vi ahí atrás el otro día (te soy sincero) se me fijó la idea… No se si será así en general, pero me maravilló, no me preguntes por qué. Y cuando ahora te subiste arriba mío y quedó tu cola frente a mis ojos completamente desnuda también creí derretirme… Aunque como te reconocí que no tenía ni idea como podía ser y más todavía si te gustaría…

Con este diálogo mi tía pegó su cuerpo al mío muy excitada y nos dimos un profundo beso. Y luego me dijo:

-Cómo no me iba a gustar. Y lo hiciste perfecto. Intuía tu deseo. Con ya sólo mostraste así la cola…, que me veas…, me tenés completamente presa, completamente entregada a vos. Ni te digo con tus besos, tus caricias… -Ay tía –atiné a gemir.

Luego de otro beso, mirándome a los ojos, me dijo:

-¿Y te gustaría que probemos…? –Me encantaría –le dije en una excitación total. Nos fundimos en otro beso. Yo ya no aguantaba de la calentura, quería penetrarla ahora mismo. Mi miembro durísimo lo pedía.  Ella me sentía así de caliente, por lo que me dijo con una sonrisa en sus hermosos labios (como buena tía, sin hacer sufrir a su sobrino con mayores histeriqueadas) –Entonces, hagámoslo. Me encantaría sentirte por atrás con esta hermosa cabezota que tengo acá.

De hecho la tenía parada en su máxima dureza, venosa, en su mano que me acariciaba suave, y la cabeza grande morada,. Yo le dije: –Dale tía… no esperemos más –y acompañé estas palabras moviendo mi cuerpo con intención de alzarme.

Pero nos fundimos en otro beso, mucho más caliente que los otros, como de despedida. Yo acariciaba su culo, su vagina… y su ano deseándolo con todo mi cuerpo, en esa sorpresa que me daba mi tía. La verdad que no podía creer toda esta situación. Estaba flotando en el paraíso. Mi tía, una hermosa mujer, allí regalada para mí con todo su cuerpo desnudo, excitado, caliente, besándome y ofreciéndome lo más preciado que puede ofrecer una mujer: su ano.

Nos arrodillamos sobre la cama. Luego de besarnos ella se dio vuelta dándome la espalda. Me acerqué por atrás, acaricié primero su silueta perfecta, sus brazos, su espalda, luego sus pechos, sentí su peso, como caían en su redondez también perfecta. Sus pezones estaban durísimos. Besé su cuello, todo a lo largo de un lado, y luego del otro. Ella giró su cara y nos dimos un beso de lengua, mientras yo pegaba mi pelvis contra sus glúteos donde mi miembro se perdía en un éxtasis sin nombre sintiéndolos firmes. No aguantábamos más, queríamos sexo, y del mejor. Sexo anal!!. Nuestros cuerpos transpirados se entendían a la perfección. En ese momento le pregunté por la lubricación, algo que ella me había mencionado como una de las condiciones. Me respondió:

-Creo que con tus caricias ya estoy preparada. Aunque, vos estás un poco sequito –dijo mientras giraba para quedar frente a mi. Luego de un beso en mis labios, se puso en cuatro patas de tal forma que mi duro miembro quedó a escasos centímetros de su boca. Antes de comérselo sin mayor dificultad, me dijo: –Esto se llama lubricación natural.

Sentí como había cargado mucha saliva para lubricarme todo a lo largo. Sus labios recorrían todo mi tronco hasta casi la base. Así no sólo me lubricaba sino que daba un placer indescriptible. Succionaba con lujuria, yendo para adelante con todo su cuerpo para tragárselo todo, y para atrás para sacárselo de su boca hasta llegar a la punto para luego arremeter nuevamente. Era un hermoso vaivén, que cuando se iba hacia atrás alzaba su gran culo. No sé si ella lo advertía, pero gracias a la posición de de su cuerpo podía verle su trasero a la perfección reflejado en el espejo. Con sus movimientos, sus duras nalgas se abrían y cerraban desnudando su sexo y el agujerito de su ano. Pasado un momento se lo sacó de la boca y me dijo:

-Así estará más que bien, y con tu saliva que me dejaste atrás. Además, también es placentero sin una lubricación perfecta….

Y sin más, giro así como estaba, en cuatro patas, ahora dándome la espalda y avanzó unos pasos hacia adelante, pues estábamos casi en el borde la cama. Yo me quedé en el mismo lugar que antes, sólo para observarla unos segundos más antes de la batalla que se avizoraba. Se podrá imaginar el lector la imagen de mi tía, en esa pose de gata en celo. Su cabeza y su pelo caídos, el torso recto sobre sus brazos también rectos, su larga espalda… Sus piernas torneadas… Y toda su piel desnuda que brillaba por la humedad de la transpiración.  Al tener sus piernas pegadas su trasero se mostraba redondo y apretado. Su raya se dibujaba perfecta, cuya línea continuaba por su canal de la columna vertebral. Como yo no avanzaba por estar contemplándola embobado desde allí atrás, ella levantó la cabeza para mirarme desde esa posición con parte del cabello sobre su mejilla. Y me dijo, moviendo lentamente su cola de un lado a otro, muy sensual:

–Si tanto te gusta… por qué no venís y me hacés tuya por mi mayor debilidad…

Y en sus labios se dibujó una leve sonrisa, a la vez que arqueaba su espalda y alzaba su hermosa cola. Sus glúteos se abrieron por ese movimiento en  esa posición “desnudando” el hoyito de su ano y debajo la raja de su vagina, todo el canal brillosos tanto por mi saliva como por sus jugos. ¡Qué espectáculo increíble! Ahora su sonrisa se desdibujaba al ver la extrema excitación en mi cara, y la de mi pene que estaba inmenso y morado de la calentura. Su cara también se transformó demostrándome su gran deseo con su boca abierta, sus dientes, sus labios brillosos como si estuviera por emitir un gemido libidinoso. Y me dijo con una voz tan suave que parecía efectivamente como si me gimiera:

–Dale, vení. Te quiero sentir dentro mío… no me hagas esperar… Haceme la cola… es toda tuya…

Entonces me acerqué de rodillas hacia ella con mi miembro al palo. Mi tía agachó su cabeza dejándose llevar por lo que viniera de mi parte, haciéndose totalmente mía, entregándome todo su cuerpo, especialmente su caliente ano donde se focalizaba toda nuestra atención. Tomé mi pene y lo friccioné de arriba hacia abajo de la raja entre sus dos hermosos glúteos. Era una sensación caliente sin igual, que siempre había deseado hacer, en mis sueños, en una cola perfecta como aquella. Podía sentir el calor que emanaba de allí y me abrazaba en un éxtasis total, a parte de la vista que tenía de mi tía, su espalda, su cabellera que cubría su cabeza. No tenía mucha experiencia, por lo que me costaba apuntarlo directamente a su ano. Ella debió advertirlo, porque llevó una de sus manos hacia una de sus nalgas para separarla de la otra, abriéndose de esta manera más aun su raja para que pudiera ver mejor. Apareció nítido su ano. Así pude apoyar mi glande morado  en su hoyito rugoso. Presioné hacia adentro, pero no me resultaba sencillo, pues si bien gracias al juego de mi dedo estaba levemente dilatado, igualmente me resultaba muy estrecho. Mi tía debía disculparme por mi inexperiencia. Por eso le dije:

-Es un agujerito muy apretadito, tía. Creo que falta más dilatación. -Sí, un poco tal vez, pero no importa, con lo excitada que estoy va a entrar bien… –y me pedía-: Dale, metémela… presioná contra el agujerito hasta que entre… pero suave por favor… –me susurró.

Sacó su mano de su glúteo y lo llevó a mi pene. Yo saqué mi mano de él, que hasta ese momento me ayudaba a presionar, y se lo dejé. Ella desde la base de mi tronco empujó hacia su ano, a la vez que me imploraba:

–Dale, empujá… que entre…

Apoyé mis manos en sus caderas y comencé a hacer fuerza con mi pelvis. De esta manera, la estrechez de su ano finalmente cedió ante la presión. Poco a poco sentí como se abría su anillo y me absorbía la cabeza de mi miembro dentro de esa cavidad prieta. Sentí como si con su ano me succionara. Me dejaba entrar sin resistencia. Igualmente allí nos detuvimos, con el glande desaparecido detrás de su esfínter. Ella no sacó la mano de mi tronco guiando la situación.

– ¿Te duele tía? –le pregunté. –Un poco… pero es sólo al principio, hasta que se dilate…. Me encanta!

Me podía imaginar el gozo que le provocaba sentir su esfínter estirado con la invasión de la cabeza de mi miembro. Ahora con su mano empujaba mi pene hacia afuera, sólo unos milímetros sin que se saliera del todo. Cuando sintió que mi glande podía soltarse presionó nuevamente hacia dentro. Yo la acompañaba con mi pelvis. Jugamos un rato así, el entra y el saca. El placer era exquisito, pues sentía tanto la presión de su ano en mi glande, como la de su mano en mi tronco que no dejaba de masturbarme. Digamos que me hacia una doble masturbación. Podía sentir como ella también estaba gozando al máximo. Igualmente le pregunté:

– ¿Cómo se siente tía? ¿Te sigue doliendo o está mejor? –Ayy… no. Se siente mucho mejor…. va dilatando… la tenés durísima… Pero creo que está un poco seco…

Mientras decía estas últimas palabras, sacó su mano de mi pene y lo llevó a su boca, donde dejó caer un hilo espeso de saliva.

-Sacala un momento –me pidió.

Así lo hice. De esta forma me agarró el miembro con su mano humedeciéndolo todo a lo largo de la dureza. Y mirándome a los ojos, los cuales estaban fijados en su ano, me preguntó:

-¿Se ve dilatado?

De hecho lo estaba, y así se lo afirmé. Su ano estaba abierto para mí, no exactamente del tamaño de mi glande, pues se había vuelto a encoger, pero sí más que al principio en que estaba bien cerradito. Ya no estaba tan apretadito como minutos antes. Ahora se dibujaba un circulito entre negro y rosa rodeado de la aureola rugosa del esfínter.

-Viste como se dilata –me dijo viendo que yo no le respondía, pero adivinando por el gesto de mi cara. -Sí, es muy excitante verlo así. Es sorprendente como entró, no me imaginaba que se abriera así –agregué, a la vez que le tocaba con mi dedo el ano, y lo penetraba apenas para experimentar lo dilatado que estaba. -Mirá que sos perverso –bromeó, pero disfrutando de mi caricia.

A esa altura no había tapujo. Por eso agregué más todavía.

-Si, muy perverso. Por eso me gustaría que me lubriques como antes, no con tu mano. -Ah, me sorprendes, sobrinito! Querés con mi boca, pícaro? Cómo te gustó…!

Yo la miraba libidinosamente, esperando. Pero ella agregó lo suyo:

-A mi también me gustaría chupártela. Es un vicio compartido… Vení, dale.

Sin esperar un minuto fui hasta su boca que me devoró literalmente. Succionaba sin parar, con mucha saliva. Se la sacó y ambos lo vimos chorreante.

-Te encanta chuparme, no? -Me encanta! Es muy rico lo tuyo. Lo tenés muy lindo y grande a tu aparato… Y a la vez es muy suave en el contacto con la boca…

Y no hizo falta que ella se la comiera, porque yo se la metí de golpe, recibiéndome ella con gran placer. Hasta me animé y la tomé de la nuca por los cabellos, algo rudo, para marcarle el ritmo. Ella ni se sorprendió, y mirándome a los ojos con un brillo de lujuria respondía a mis “ordenes”.

-Me encanta como me la chupas… así… duro… –le decía ya sin responder de mí.

Luego de jugar de esta manera un rato, la solté, lo que no significó que dejara de succionarme, pues mi tía seguía por ella misma. Un momento después, se la sacó y me dijo.

-Me encanta sentirte así de duro…. Pero mi cola también te reclama. Dale, metémela por atrás!–Pensás que va a poder entrar toda? –Es lo que más quiero sobrinito! Claro que va a entrar toda. Ahora quiero que me la metas despacito, hasta el fondo! Quiero sentirla todita en mi cola!

Me sorprendían sobremanera las palabras de mi tía. Pero sin protestar volví a tomar mi anterior posición. Y antes de penetrarla le di un rico beso en su ano lubricándolo con la saliva que había juntado en mi boca mientras ella me besaba a mí. Como no lo esperaba la sorprendí para bien, pues emitió un profundo gemido. Ni bien me levanté ella se apoderó de mi pene y lo llevó a la entrada de ano. Mi glande penetró ahora con gran facilidad.

–Ahora si está mejor… probemos un poco más… –me propuso.

Mi calentura era extrema. Al escuchar lo que me decía me agarré más firme de sus caderas y nalgas y presioné hacia dentro. A pesar de que ella mantenía su mano en mi pene, podía sentir como resbalaba y ganaba terreno con más facilidad en esa prieta cueva. De esa manera empecé el entra y saca, salía de su ano hasta casi la cabeza y volvía a meter, siempre pausado, armónico. En esas embestidas su mano quedaba apretadísima entre mi pelvis y sus nalgas. Al sentirme tan apasionado, me gimió:

–Ay, es hermoso, se siente mucho mejor…

Luego de ello, me hice hacia atrás y esperé a que ella me liberara el pene. Cosa que entendió, o mejor dicho también quería lo mismo para sentirme totalmente dentro de ella. Así, soltó su mano y la dirigió a mi cadera, para ayudarme a empujar o para que no me saliera de dentro de ella, para mantenerme preso dentro de su ano.

–Ayyyyyyyyyy! –Gemía– Dale, no pares…. metémela toda…. por favor… hasta el fondo… quiero sentirme completa de vos.

Estaba disfrutando, excitada, y quería que la penetrara hasta el máximo. Así lo hice. La fui penetrando cada vez más. Entraba haciéndose camino dentro de su recto. Su carne caliente me abrazaba el tronco. Un fuego invadía desde mi verga a todo mi  cuerpo. Sin dificultar, muy lentamente como me había advertido, le fui enterrando todo mi miembro hasta el fondo, hasta que mi pelvis chocó con sus nalgas, a pesar de lo cual seguí empujando con todas mis fuerzas. La presión que ejercía su ano y su recto en mi pene era una sensación sin igual, un placer extremos, excitante al máximo, lo que me llevaba a querer penetrarla más aunque sus nalgas me lo impedían. Casi sin poder hablar, por lo que tuvo que hacer un esfuerzo, mi tía me preguntó mirándome a los ojos:

-Y, te gusta sobrinito? –Ay! Sí! … me gustaa… muchoo! –¿Cómo se siente? –Muy apretadito… fascinante! –Ay, sí! Apretadito! Es hermoso. –Luego agregó: –Viste que se podía!

La penetración era completa. Sus hermosos glúteos se presionaban contra mi pelvis. Su prieto ano estaba completamente lleno de mi carne dura, que palpitaba de placer abrazado por su carne. Levantó nuevamente su cara y me miró con una lujuria mezclada con un dolor cada vez más lejano. No paraba de gemir. Mis manos apretaban sus glúteos y sus caderas. Mientras, ella se acariciaba sus colgantes y grandes senos.

– ¿Me sentís? –le pregunté. –Ayyyyyyyyyy! Sí, como no te voy a sentir… Te siento caliente y grande!

–Ay tía, yo también te siento… es hermoso como me apreta…! –Sííí! A qué nunca pensaste que era tan lindo! –me preguntó con una sonrisa lujuriosa transformada en puro placer. –No, es hermoso… me apreta tan hermoso! Qué placer! –no podía más que repetir. –Ay, si, qué placer! –decía mi tía ahora sin mirarme, con la cabe gacha. –Movete…. despacio…

Instintivo fue mi movimiento de sacar y penetrar. Quería gozarlo en toda la longitud de mi verga, por lo que la sacaba casi entera hasta que veía aparecer mi cabeza prieta por el esfínter y la enterraba hasta que sus nalgas me impedían avanzar. Sacaba y penetraba.

–Te duele tía? –Me encanta…. dale… más fuerte… más fuerte…

Era impresionante como podía hacerlo con facilidad. Estaba dilatado, pero sin dejar de ejercer la presión propia del ano. Y cada vez quería penetrarla más en profundidad. Ella habrá intuido mi intención, por lo que se arqueó aun más, pegó su cara en la almohada con lo que sus hombros también, y llevó sus manos a sus glúteos y los abrió aún más tirando desde ellos hacia los costados. Y efectivamente ello me permitió penetrarla más aun, todo enterrado en su ano. Podía sentir mis testículos calientes al apoyarse en su húmeda vagina. Así estuvimos un momento, hasta que sacó sus manos, supongo para permitir que mi pelvis golpee con sus nalgas a cada investida mía. Ese choque que tanto me excitaba, pues era una sensación maravillosa sentir esos hermosos glúteos redondos y firmes, y que también parecía excitarle a ella. Era realmente excitante. La penetraba con furia por momentos, fuera de mí.

Era maravilloso verla sometida de esa forma, su ano abriéndose para mi miembro que se hinchaba cada vez más.  Ambos gemíamos como locos, mientras mi tía me pedía que lo haga con fuerza. En eso, sentí una sensación extraña en mi miembro, como unos movimientos dentro de su ano: mi tía se masturbaba metiéndose uno o dos dedos en su vagina. Sentía sus movimientos en mi pene. Era fascinante!. Ello ayudó a excitarme más, al límite. Ahora, después de unos quince minutos (en ese estado era incapaz de calcular el tiempo), sentía mis huevos apretadísimos, listos para eyacular. La sensación me subía vertiginosa.

–Tía…. Ayyy… estoy por acabar…–Ayyy, dale…. que yo también…

De hecho ambos aumentamos nuestros movimientos, ella con su mano en su vagina y yo con mi pene en una penetración más rápido en su ano. Sus tetas se bamboleaban cada vez más en diferentes direcciones.

–Dale… lleguemos juntos… –me pedía entre gemidos.

Yo no daba más. La fricción de la penetración dentro de ese ano maravilloso me estaba exprimiendo todo el grosor del miembro venoso. No daba más. La eyaculación era inminente… La penetré al máximo agarrándome fuertemente de sus caderas y allí me quedé. Sentí como desde la base, donde me apretaba el anillo de su ano, la vena del tronco comenzaba a bombear mis líquidos espesos.

–Ayyy…. Tiiiiaa…. me vengooo… –Ayyyy… dale que yo también…. acabame dentro….

Pedido que ya estaba siendo cumplido. Mi pene bombeaba espesas gotas de semen dentro de su recto. Sentía que la inundaba. Era una fuerte eyaculación que no terminaba más. Apretaba con fuerza mi pelvis contra su culo para penetrarla al máximo posible… Ella también comenzaba a acabar. Sentía como sus dedos se movían violentos dentro de su vagina, fricción que a su vez me masturbaba, indirecta, sutil e internamente. Sus gemidos se transformaron en gritos de placer empujando con todo su cuerpo hacia atrás, enculándose ella misma también hasta el máximo. Éramos un sólo éxtasis, conectados por mi pene y su ano, que ambos latían de placer. No quería que jamás se terminara ese momento…

Hasta que yo sentí que me salía la última gota de leche y que ella agotaba si último orgasmo. Nos fuimos calmando. Ahora nuestros cuerpos se relajaban, nuestras piernas temblaban. En eso, yo reinicié el entra y saca muy suavemente mientras terminaba de eyacular disfrutando esa hermosa fricción. Y ella me acompañó con su cuerpo. Eran  movimientos muy lentos, entre gemidos que se acallaban. Por momentos le besarle la espalda o la acariciaba, observando toda su extensión, desde su trasero que se aplastaba contra mi pelvis hasta su nuca y su cabellera que le caía hacia adelante de su cabeza gacha. Ella por su parte había sacado la mano de su vagina y me acariciaba los testículos, muy dulcemente. El placer era indescriptible, algo que no concluía más.

Podríamos haber estado así por horas enteras. Nos fuimos relajando y acostando, pero sin desconectarnos, hasta que mi cuerpo se tendió todo a lo largo del suyo, sobre sus piernas, sobre su espalda, sobre su hermosísimo trasero. Estábamos sudados. Yo le besaba la mejilla, la oreja, los labios. Apenas pudimos murmurar con los ojos cerrados:

–Fue maravilloso.

Mi pene fue relajándose, y a medida que se ablandaba fue saliéndose de su ano, solo, hasta que quedó fuera, pero apoyado sobre él. Luego de unos minutos largos y lentos, me tendí a su lado, exhausto.

Continuará

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Autor: Josefo

josefojosefo@yahoo.com.ar

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Inesperada noche de sexo

Carlos se follaba a Macarena desde atrás con fuertes embestidas, ella no paraba de jadear. Cambiaron la postura, Macarena se sentó en el sillón, Carlos le separó las piernas y la penetró de nuevo con violencia mientras la besaba ahogando sus gemidos de placer. Ella estaba a punto de correrse y le suplicó que le diera más fuerte, el obedeció y Macarena se abandonó a su segundo orgasmo.

Nacho y Macarena son un matrimonio de 45 y 41 años. Macarena siempre ha dedicado parte de su tiempo a cuidar su cuerpo asistiendo regularmente al gimnasio y la verdad , se conserva bastante bien. Tiene unas piernas de infarto, caderas anchas y un buen culo; sus pechos son grandes y todavía no han acusado el efecto de la gravedad.

Lleva muchos años asistiendo al mismo gimnasio. Hace tres meses contrataron dos nuevos monitores de fitness, Helena y Carlos; ambos de 27 años, y un año de casados. Macarena comenzó a ir a las clases de Helena y enseguida entablaron amistad, a menudo después del gimnasio iban juntas a tomar algo, en ocasiones, Carlos se unía a ellas. Entre las dos mujeres se había creado una gran confianza, hasta el punto de contarse sus más íntimos secretos. Un día Helena le confesó que ella y Carlos practicaban el intercambio de parejas y le relató alguna de las experiencias que habían tenido.

Macarena escuchó con gran interés la historia de Helena, al terminar, Macarena le comentó que la idea del intercambio le parecía excitante, incluso alguna vez, había fantaseado con ello pero que no se veía capaz de llevarlo a la práctica, además con toda seguridad Nacho no lo aceptaría.

Helena le explicó que si la pareja se amaba y su relación sexual era buena, el intercambio no suponía ningún riesgo para la estabilidad del matrimonio, ya que se trataba sólo de sexo, sin ninguna implicación emocional y que siempre la parte más reacia era la que mejor lo acababa pasando. La conversación siguió por otros derroteros y cuando se dieron cuenta, se había hecho tarde. Cuando Macarena llegó a casa, su marido ya estaba en la cama y se había quedado dormido leyendo un libro. Sin hacer ruido, Macarena se metió en el baño; la conversación con Helena acerca del intercambio la había excitado, pensó que así no podría dormir y comenzó a masturbarse. En menos de un minuto el orgasmo se apoderó de ella.

A la mañana siguiente, le confesó a su marido que había pasado la tarde charlando con Helena y que se le había hecho tarde. Esa tarde en el gimnasio, Helena, le comentó que ella y Carlos iban pasar el fin de semana en su casa del campo y que ella y su marido estaban invitados. Macarena no estaba segura de aceptar, pero contestó que tendría que consultarlo con Nacho y que mañana le daría una respuesta.

Al llegar a casa, Macarena comentó con Nacho la invitación que habían recibido, a él le pareció una buena idea, la semana estaba resultando muy estresante, así podría relajarse y de paso conocería gente nueva.

Llegó el viernes por la tarde y las dos parejas partieron hacia la casa de Helena y Carlos. Al llegar, Nacho y Macarena se quedaron fascinados con la casa. Era muy grande y tenía una piscina preciosa. Esa noche cenaron y charlaron amistosamente, hablaron del trabajo y contaron algunos chistes, pronto el cansancio acumulado de la semana hizo mella en ellos y decidieron irse a dormir.

A la mañana siguiente se levantaron tarde, Nacho se felicitó por haber aceptado la invitación, hacía mucho tiempo que no dormía tan bien. Bajaron a desayunar; Helena y Carlos también se habían levantado y estaban preparando el desayuno. El día había amanecido hermoso, empezaba a hacer calor y decidieron desayunar en la terraza.

Helena propuso pasar el día en la piscina, todos asintieron. Fueron a ponerse el bañador y bajaron a la piscina. Nacho se había puesto unos bermudas largos, Macarena un bañador de una sola pieza pero muy escotado y subido de cintura. Luego aparecieron Helena y Carlos, ella llevaba un bikini minúsculo que apenas tapaba sus hermosas tetas y un tanga metido en el culo dejando a la vista unas nalgas duras como piedras, tenía un cuerpo verdaderamente precioso. Carlos vestía bañador azul de licra muy ajustado que dejaba intuir una polla respetable.

Macarena y Nacho quedaron impresionados con la belleza de aquellos cuerpos. Carlos también se fijó en Macarena y piropeó su figura, Macarena se ruborizó. Estuvieron un buen rato tomando el sol y cuando el calor se hizo insoportable decidieron darse un chapuzón.Helena fue a por una pelota y propuso un partido de vóley. Formaron dos equipos, Helena y Nacho contra Macarena y Carlos; en el desarrollo del juego se producían roces casuales entre Carlos y Macarena, produciendo en ella una excitación que en ocasiones la ruborizaba; Carlos se había percatado de la situación y buscaba cada vez mayor contacto físico al tiempo que le dirigía miradas de complicidad. Helena también se percató de ello. El único que parecía no enterarse de nada era Nacho. Así transcurrió el día, tomando sol y jugando en la piscina.

Se acercaba la hora de la cena y cada pareja se dirigió a su cuarto para arreglarse. Más tarde, las dos parejas se encontraron en el salón de la casa. Las dos mujeres estaban radiantes. Macarena lucía un vestido negro corto ajustado, su escote apenas podía contener sus hermosas tetas; José vestía unos vaqueros y camiseta. Por su parte, Helena vestía una minifalda y un top sujeto por el cuello y amarrado a mitad de la espalda; Carlos llevaba pantalón corto y una camiseta ajustada que resaltaba su musculatura. Decidieron pedir la comida a un bar cercano; mientras esperaban que la comida llegara, abrieron unas botellas de vino, se acomodaron en el salón, se sirvieron unas copas y charlaron.

Una vez llegó la comida se dispusieron a cenar, el vino se había agotado y decidieron acompañar la comida con ron y refresco. Al terminar la cena ya se notaba el efecto de la bebida, volvieron al salón y siguieron hablando mientras apuraban la última botella de ron. De pronto, Nacho se sintió indispuesto, Carlos lo ayudó a ir a su cuarto y lo dejo tendido en la cama quedándose profundamente dormido.

Carlos se unió a las dos mujeres y les informó que Nacho se había quedado dormido, no le dieron más importancia y continuaron con la conversación. Helena sorprendió a Macarena preguntándole si alguna vez se había acostado con una mujer, ella se ruborizó y respondió que nunca se le había pasado por la cabeza. Helena entonces le contó que ella si lo había hecho y que le gustaba mucho porque era muy diferente a hacerlo con un hombre, aunque también disfrutaba mucho con una buena polla y Carlos la tenía.

Macarena no supo que decir, pero intuía que Carlos debía estar bien dotado a juzgar por el bulto que había notado bajo el bañador. De pronto, Helena se sentó al lado de ella y sin mediar palabra la besó en la boca, cuando quiso darse cuenta, su lengua ya se entrelazaba con la de Helena, que empezaba a acariciarle el sexo por encima de las bragas.

Macarena empezaba a sentirse a gusto y se decidió a acariciar las tetas de su amiga. La mano de Helena se abrió paso por la entrepierna de Macarena y le introdujo dos dedos, estaba muy húmeda, después le bajó un poco el vestido y empezó a comerle las tetas mordisqueando los pezones; siguió bajando, se colocó entre las piernas, hundió su cabeza entre ellas y empezó a comerle el clítoris mientras con los dos dedos se la follaba con energía. Macarena intentaba contener sus gemidos y a los pocos minutos le sobrevino un orgasmo.

Helena se levantó, cogió a Macarena de la mano y se dirigieron hacia Carlos que permanecía sentado en el otro sillón, se había quitado la ropa y lucía una tremenda erección. Las dos mujeres se arrodillaron frente a él, Helena dirigió la cabeza de su amiga hacia la polla de Carlos y la invitó a que la probara, ella lo dudó por un instante, Carlos la animó y ella comenzó a comérsela.

Estaba disfrutando del sabor de aquella espléndida polla cuando Helena la apartó y ocupó su lugar. Así permanecieron un buen rato turnándose para comerse aquel apetitoso miembro.

A punto de estallar, Carlos se levantó y Helena ocupó su lugar, cogió a Macarena por el pelo y la dirigió hacia su entrepierna; Macarena comprendió el mensaje y empezó a comerse el sexo de su amiga. Carlos se colocó detrás de Macarena, con los dedos separó sus labios vaginales y fue introduciendo la polla; Macarena paró por un momento de comerse el coño de su amiga para concentrarse en la sensación que le producía el poderoso miembro de Carlos abriéndose camino en su sexo.

Nacho se había despertado hacía un rato, observaba toda la escena desde las escaleras y se decidió a participar de la fiesta. Se situó junto a ellos que se quedaron de piedra al verle, el les pidió que continuaran y se unió a ellos. Helena se incorporó y de la mano lo llevó al otro sillón, le bajó los pantalones, hizo que se sentara y comenzó a mamarle la polla, luego se levantó, se dio la vuelta, se sentó sobre la polla metiéndosela de un solo golpe y empezó a moverse rápidamente haciendo que él se corriera enseguida.

Carlos se follaba a Macarena desde atrás con fuertes embestidas, ella no paraba de jadear. Cambiaron la postura, Macarena se sentó en el sillón, Carlos frente a ella le separó las piernas y la penetró de nuevo con violencia mientras la besaba ahogando sus gemidos de placer. Ella estaba a punto de correrse y le suplicó que le diera más fuerte, el obedeció y Macarena se abandonó a su segundo orgasmo.

Helena, que todavía no había conseguido correrse, reclamó la atención de su pareja. Este se tumbó sobre la alfombra, su dura polla apuntaba hacia el techo, Helena se puso encima e inició la cabalgada, estaba a mil, el aguante de Carlos parecía no tener fin. Nacho volvía a tener la polla dura y Carlos le hizo una seña para que le penetrara el culo a Helena.

Nacho se colocó detrás de ella, lubricó su pene con saliva e inicio la enculada; Helena ya estaba acostumbrada y enseguida su ano engulló toda la polla. No tardaron en coger el ritmo empujando los dos hombres al unísono; ella ordenó que aumentaran la velocidad de las embestidas y a los pocos segundos se corrió en medio de un grito desgarrador.

Los dos hombres salieron de su interior y ella les recompensó con una buena mamada hasta que se corrieron sobre ella.

Todos terminaron rendidos y se fueron a acostar. A la mañana siguiente comentaron lo sucedido y quedaron en volver a repetirlo algún día.

Autor: Almasex

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