Con mi Suegra todo es Felicidad,Parte I

Mi nombre es Adrian y les contaré como paro teniendo sexo con mi suegra.  Tengo 32 años y recién me casaba con mi esposa, una morena espectacular de mi misma edad, ella salió embarazada y tuvimos que dejar la casa que yo estaba terminando de construir para ir a vivir a casa de mis suegros por pedido de mi esposa, ahí en casa de mis suegros mi suegro trabajaba fuera de la ciudad y venía cada 4 semanas, mi suegra se llama Diana, es una mujer color canela, alta, de rostro bello y cuerpo muy bien formado… Esa mujer jalaba más miradas en la calle que mi misma esposa. El tiempo que mi suegra quedaba sola en casa era un agasajo para mis ojos: el Jean que usaba a diario delineando su exquisito trasero, sus blusas de botones entreabiertos regalando a mi vista los senos más tentadores que en toda mi vida vi, faldas con unas pantorrillas que alucinaba en mis hombros… y un cabello castaño ondeado amarrado, que soñaba con jalarlo en la cama.
Ella me tenía mucho cariño pues era muy hacendoso y atendía a su hija como a Reyna y siempre decía que le hubiese gustado encontrar un hombre como yo, pues su esposo es muy desatento, Ella me atendía mejor que su hija, no le gustaba que su hija haga nada, ella me lavaba y me planchaba contra mi voluntad, pero le gustaba hacerlo, mi esposa estaba pasándola muy mal con su embarazo por los diferentes síntomas que este trae.
Un buen día mientras ella lavaba yo estaba libre del trabajo y subí a ayudarle, en el momento que llegue solo tenia que tender la ropa, al sacar parte de la ropa encontré unas trusas muy pequeñas y unos sostenes muy grandes, yo conozco la ropa de mi mujer y al instante supe que era de mi suegra.. ella se reía al ver como yo tendía su ropa todo embobado y dijo: mi ropa es más sexy que la de mi hija no?. Ante aquella pregunta solo atiné a decirle: tendría que verla puesta para poder opinar…!!!
Ante mi respuesta ella dijo: Pues salgamos de la duda…!!!

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Los canis se fuerón con el rabo entre las patas

Esta historia comienza cuando mi colega Alejandro y yo nos fuimos a un tarde a la feria de Alcalá. Estábamos tomando una cerveza en una de las casetas cuando aparecen unos canis con sus novias y empiezan a liarla a gritos y a voces en la caseta, parecían dueños y señores del cortijo echando una cara a todo el personal de la barra; con ellos había dos chavalas de la misma edad que ellos, luego me enteraría que eran sus novias, una rubia y otra morena estaban de buen ver, delgaditas, con pantalones vaqueros cortos que dejaban ver mas culo que tapar y unos top negros y blancos que dejaba ver sus enorme escote. Los muchachos canis con pendientes en oreja, nariz y boca y tatuajes desde el cuello hasta las piernas que se le veía en su calzonas.
Los chicos empezaron a beber, más de los que podían y mira que ya iban medio borrachuzos cuando llegaron pues en la barra se estaban poniendo puos. el más alto estaba dando un sobeteo a la chica que estaba empezando a encontrarse incómoda y le decía que parara de beber a lo que él le decía que se callara de muy malo modos, parece que se tranquilizaron un poco y seguimos el resto de gente a disfrutar de la tarde.
Al rato volvieron a la carga y empezó a zarandear a la chica rubia, fue cuando me levanté y le dije que parara, el tío y su amigo me echaron cojones pero mi colega Alejandro puso paz al igual que la chica rubia pareja a su novio y la morena al suyo. El Cani más alto, novio de la chica rubia se enfado mucho con su novia por pararle y le dijo que se iba y que allí la dejaba, el otro chico también borracho hizo lo mismo con su novia la chica morena, “ahí os quedáis y se fueron las chicas tras ellos seguimos la fiesta más tranquilos.

A eso de las 4 de la mañana con una pea curiosa mi colega y yo decidimos irnos a casa, y cogiendo el coche nos fuimos. Alejandro iba conduciendo cuando en la carretera para Sevilla nos encontramos a la chica rubia y a la morena haciendo autostop. “Killo para para”, le dije.

Páramos y ellas nos pidieron que si las llevabamos a Sevilla, por supuesto ambos aceptamos, y se subieron detrás y tomamos dirección a Sevilla. En el coche estuve hablando con ellas, me reconocieron a mi y a mi colega del altercado de la caseta. Me contaron que por lo visto el colega cani y sus colega aún más cani se había ido a meterse unas rayas y las había dejado tirada. Antes de llegar a Sevilla paramos en una gasolinera Repsol para desayunar algo, ya que la pobre chica, Yoli, la morena se le quitara la mala cara y su amiga MariLuz también. Alejandro y yo fuimos a comprar un batido de chocolate y varios corazones de chocolate mientras que las chicas iban al baño, a Alejandro le entró ganas de ir al baño también y como picha española no mea sola yo fui con él. No daba pereza pedir la llave así que en una pared empezamos a mear cuando de una ventana escuchamos .
– ¿a qué no sabes que tengo ganas de hacer?
– ¿el qué?
– ¿echar un polvo?”
– ¿ Con cual?
– A mi me gusta Alejandro, es más serio.
– Jo pues a mi también me gusta aunque Simon tiene un polvo.
– Ha ha ha ha ha, me los follaba a los dos.
– Y yo también.

Eran las voces de Yoli y de Mariluz
Con las miradas Alejandro y yo me dijo todo que teníamos que actuar, y que se quería follar a Mariluz y yo iría a por Yoli. Escuchamos la puerta y nos fuimos rápidamente al coche a esperar.
Cuando llegaron las chicas les dimos los pasteles y el batido, nos estábamos relamiendo mirando a las chicas y lo que querían y queríamos hacer con ellas. Acabamos el desayuno y nos habíamos quedado con hambre, ¿quiereis algo más? Yoli dijo que si entonces le dije que me acompañara para ver que podía pedir, esa fue la excusa perfecta para separarla y atacar.

Yoli y yo fuimos a la gasolinera, mientras caminamos hablábamos , ellas eran por lo menos 8 años más pequeña que nosotros . Pasamos un rato sentados en un banco tomando un batido de vainilla que era el que más le gustaba luego decidimos ir al coche. Caminando en dirección al coche. En un momento, me paré, ella siguió caminando, me fijé en el coche, Alejandro y la chica rubia estaban dentro follando, miré a la chica morena se había adelantado y me puse fijar en su culito bien prieto, Estaba parado y la chica morena la cual al poco tiempo se dió cuenta de que su amiga estaba siendo penetrada por mi amigo se acercó a mí, se fijó en mi polla que estaba casi erecta, posó sus manos en mi paquete, cosa que me sorprendió y me dio morbo, en medio de una aparcamiento de una estación de servicio al raso una chica bien formada me estaba tocando la polla. Metió una de sus manos dentro de mi bragueta y comenzó a acariciar mi polla rodeándola con su mano, ella me miraba a los ojos y yo a ella “ ¿Te gusta?” me preguntó “ Me encanta” le respondí, “ Si te la sacas te la como” me dijo, miré a los lados y no vi a nadie, había suficiente oscuridad, así que abrí mi pantalón y bajé mis calzoncillos y dejé la polla al aire. Ella la miró luego mientras la acariciaba la empezó a examinar, su longitud, su grosor, su forma, su desviación, no perdía detalle de mi miembro. Comenzó a restregar mi polla por su cara dejando que el líquido que le salía a mi polla le humedeciera su rostro. Luego comenzó a metérsela en la boca, poco a poco saboreando cada palmao que entraba en su boca mientras que con una mano cogía mi polla con la otra acariciaba mis huevos, era una sensación magnífica, sabía cómo comer pollas pero ¿alguna vez le había metido una polla como Dios manda?.
MI excitación estaba en pleno auge y más cuando escuchaba a su amiga gritar de gusto por la polla de mi amigo, la levanté y le quité la ropa dejándola caer en el suelo junto a la furgonet blanca que estaba a nuestro lado luego con ella totalmente desnuda la subía mi polla, gracias a Dios ella pesaba la mitad que yo por lo que fue fácil, y la empecé a empujar contra la furgoneta y mi polla mientras que le besaba la boca, al momento dejé de besarle la boca para comerle sus pechos, ella gritaba de placer quizás más de la cuenta un poco exagerada pero me ayudaba a motivarme, estuve empujando la durante largo rato hasta que me corrí dentro de su coño, bajando la al suelo, “Simon, ¿has terminado?,¿ que tal si trasladamos la fiesta a otro lado y nos vamos? me dijo Alejandro que había presenciado como me follaba a la amiga de su acompañante me subí el pantalón y ella se puso su ropa y nos montamos en el coche las chicas y yo detrás y Alejandro delante y nos fuimos… lo que pasó después es otra historia que os contaré en otro momento.

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La madre de mi novia

Se la metí hasta el fondo de una sola vez, ella solo gemía y se sobaba las tetas de una manera que parecía que se las quisiera arrancar. De repente se paró y se dio la vuelta poniéndose a cuatro patas en el sofá, me agarró la polla y se puso la punta en el culo y empezó un movimiento lento de adelante y atrás, metiéndose la polla poco a poco, hasta que al final quedó dentro completamente.

Hola, me llamo Alberto, tengo 26 años y soy de Burgos, soy un asiduo a los relatos de esta muy buena página, y por fin me he atrevido a contar lo que pasó con la madre de mi novia, yo soy rubio, ojos verdes y 1.80 m. La madre de mi novia es Morena, de 54 años, sobre 1’65m un bonito culo y unas enormes tetas.

Todo empezó un domingo que mi novia me invitó a comer al chalet que tiene en un pueblo aquí cerca, teníamos para comer una chuletas y me dijeron que si las quería hacer yo porque me salen muy bien, yo acepté, su madre me estuvo ayudando porque era ella la que las iba a repartir, como las asamos en una chimenea del merendero y estaba en el suelo, nos teníamos que agachar, así que cada vez que la madre de mi novia se agachaba se le veía el sujetador blanco de puntilla y sus enormes tetas que parecían que se querían escapar de aquel sujetador, así que con esta panorámica yo me empalmé, cuando acabé de asarlas ellas se puso a servir y yo me quedé recogiendo un poco el fuego y la parrilla, como ella servía por donde yo estaba sentado en vez de dar la vuelta a toda la mesa pasé por detrás de ella y al haber poco sitio entre la mesa y la pared donde ella estaba sirviendo, la agarré por la cintura para que al pasar no la pudiera tirar, así que al pasar noté como mi polla, todavía dura, se metía en la raja de su culo, que sensación; ella por supuesto se dio cuenta de ello, pero no dijo nada.

Una vez que nos sentamos a la mesa su marido la preguntó que porque estaba tan colorada, ella dijo que era por el calor de las brasas, y me lanzó una mirada a ver como reaccionaba, yo seguía como si no hubiera pasado nada, durante el transcurso de la comida me lanzaba miradas como observando que es lo que hacía, si lo de antes había sido fortuito o no.

Después de la comida el padre de mi novia se fue a echar la partida de los domingos al bar del pueblo, hasta por la noche no volvía, mi novia tenía que ir a dar unos masajes a unos vecinos de sus padres, ya que ella era quiromasajista y tenía para toda la tarde, yo me quedé viendo la televisión y su madre se quedó recogiendo la mesa. Cuando acabó de recogerla se vino a ver la tele conmigo, me dijo que estaba cansada y que le dolían los pies, yo le dije que si quería le podía dar un masaje, ella aceptó, porque sabía que los daba muy bien, ya que se lo había dicho su hija.

Puse un pie sobre mi pierna y con el otro le estaba dando el masaje, en un movimiento se subió la falda dejándome ver sus bragas blancas de encaje como su sujetador, y como se veía su coño peludo debajo de esas bragas, me puse a cien, tanto que me volví a empalmar, cuando acabé con un pie empecé con el otro y al dejar el pie sobre mi pierna este se resbaló y fue a parar a mi polla dura, ella al notarlo, dio un pequeño respingo, pero no lo quitó de encima, para mi sorpresa empezó a masajearme, ella tenía los ojos cerrados y yo me estaba poniendo cada vez más excitado, me estaba volviendo loco de lujuria, la madre de mi novia me estaba masturbando; de repente ella empezó a tocarse las tetas por encima del vestido y a emitir pequeños gemidos, yo mientras estaba mirando sus bragas y veía como se volvían transparentes y se pegaban a su coño por lo húmeda que se estaba poniendo, llegó un momento en que ya no aguanté más y me tiré hacia sus tetas, empecé a sobárselas y a chupárselas, ella se las sacó del sujetador en un rápido movimiento y como me apretaba la cabeza contra ellas.

De repente le arranqué el vestido y me puse a lamerle el coño por encima de las bragas, ella se había puesto muy excitada, seguí comiéndole el coño y veía como me apretaba contra el para que no dejara de comérselo, seguidamente se corrió y gritó de una manera que me volví loco y le arranqué las bragas de un tirón, ella estaba poseída, no dejaba que me escabullera para que le comiera el coño, seguí comiéndole el coño y el culo, hasta que se corrió cuatro veces, seguidamente se levantó y me bajó los pantalones, saltando mi polla como un resorte, ella empezó a mamarla como una desesperada y vaya sensación, no se podía describir.

Ella seguía sin decir nada solo gemía y gritaba, así que la tumbé en el sofá y se la metí hasta el fondo de una sola vez, entró sin ningún problema, debido a lo lubricada que estaba por las veces que se había corrido, empecé a follarla de una forma frenética, ella solo gemía y se sobaba las tetas de una manera que parecía que se las quisiera arrancar. De repente se paró y se dio la vuelta poniéndose a cuatro patas en el sofá, me agarró la polla y se puso la punta en el culo y empezó un movimiento lento de adelante y atrás, metiéndose la polla poco a poco, hasta que al final quedó dentro completamente.

Noté como su culo se adhería a mi polla y parecía que fuera como un guante, y como cada vez que la sacaba pareciese que el culo la agarraba más para que no se fuera, cuando ella notó que ya me iba a venir, se la sacó y se la metió en la boca sin decir ni una palabra, empezó a mamármela hasta que ya no pude más y me corrí en su boca, bebiéndose toda la leche, una vez que terminé de eyacular, ella no se la sacó de la boca y siguió chupando, provocándome otra erección, cuando estuvo bien dura, se la volvió a meter en el culo y lo único que dijo es: -Reviéntamelo, yo la follé tan rápido como pude, ella gemía y gritaba como una loca, cuando ya no pude más me corrí en su interior llenándola el culo de leche, entonces ella se levantó me llevó de la mano a la ducha y nos metimos dentro, cuando nos estabamos duchando ella me proporcionó una mamada de tal manera que me corrí en su boca. Cuando acabamos de ducharnos ella se vistió y lo único que dijo fue: gracias.

Al poco rato vino mi novia y nos fuimos a la ciudad. Desde entonces no ha vuelto a pasar nada, y ella actúa como si no hubiera pasado nada. Yo espero repetirlo algún día.

Espero que os guste mi experiencia.

Autor: Alberto

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Reparacion de Pc

Hola amigos y amigas espero les agrade lo que estoy a punto de contar, es una historia 100% real de mi vida personal, antes que nada les contare un poco de mi, soy de México DF, tengo 32 años, mido 1.69 , soy delgado, blanco y me considero alguien normal pero cachondo (nada del otro mundo como muchos se describen como súper modelos y con una verga de 25 cm jajajaja no nada de eso).
Esto sucedió en este pasado mes de Julio aquí en el Distrito Federal, me encontraba en casa, checando mis correos y viendo toda la basura que le mandan a uno en todos esos correos cadena, total que llegue a un correo el cual me mandaba una amiga que tenía como 1 año de conocerla, en el decía: “Oye necesito de tu ayuda, mi compu se descompuso, necesito que de favor vengas a mi casa a checarla”, ese mismo día le respondí a su correo preguntándole a ella que me dijera cuando quería que fuera a checar su máquina.; paso una semana y nada de respuesta así q no le tome importancia al caso, hasta q me llego de nuevo un correo de ella diciéndome “Me urge lo de mi compu, te veo el viernes a tales horas en mi casa”.
Como un previo al relato, a mi amiga y a mí siempre nos ha gustado decir las cosas como tal, como decimos acá en el DF “las cosas netas”, así q en platicas anteriores q hemos tenido ella y yo, pues no hemos dicho q nos agradamos y q haber q día hacemos travesuras los 2 juntos, eran platicas que nunca pasaban de ahí y menos creía q fueran a realizarse por la diferencia de edad.

Así q regresando al relato; llegado el viernes me dispuse ir a su casa de mi “amiga” les contare rápido de ella: mide aprox. 1.70, es de piel morena, ojos cafés, cabello lacio debajo de los hombros, labios gruesos, de complexión media-delgada, con 40 años de edad y ya con hijos, (para su edad está muy bien), ya en camino hacia su casa, dentro de mi hubo un pequeño presentimiento de que posiblemente hoy podría suceder algo , así q pase a una farmacia y compre unos condones, dije: total si no los ocupo hoy, ya habrá con quien, así q antes de llegar a su casa le marque diciéndole q en 5 min estaría ahí, ya estando fuera de su casa toque la puerta, estuve esperando un rato en lo que me abría cuando en eso se abre la puerta y es ella, wwwwwoooooooowwwwwwwww se veía súper, la verdad nunca la había visto arreglada así: Un vestido negro pegado a su cuerpo de una sola pieza con tirantes y un poco arriba de las rodillas, el cabello se lo pinto de un tono obscuro, sus labios los pinto de un color uva o algo parecido, estaba con zapatillas de tacón alto y sin medias, la verdad me quede con cara de menso cuando la vi, ella vio mi reacción y dijo q no era para tanto, pues para ella no, pero para mí sí. Ya pase a su casa y la verdad en eso voltee a verle el trasero ya descaradamente y no importándome q ella me viera y le dije: Te ves súper, de solo verte ya hiciste que me pusiera caliente; ella solo atina a reírse y me dice q me siente que me ponga cómodo y así lo hice, me instale en su sala y lo primero q hice fue buscar su compu para ver q es lo q tenia pues ese era el objetivo de mi visita, como no la encontraba pues le pregunte en donde la tenia, ella se me acerca y me dice: Esta en mi recamara pero antes de q la repares vamos a desayunar te parece, yo pues dije O.K.
En su casa ese día no había nadie (pues ya tiene hijos y es separada), así que nos pusimos a desayunar y pues la plática en el desayuno se puso a otro nivel pues empezamos a hablar de sexo, y pues como les dije antes, entre ella y yo siempre nos ha gustado platicar las cosas como son, así q le comente que hoy se veía súper el cómo se arreglo y más sexy se veía con esos tacones y sin medias, q cualquier hombre q la viera sería capaz de hacerle una proposición para estar con ella en la cama, ese comentario que le hice note q le gusto porque como respuesta me dice: Seria cualquier hombre o serias tu mmmm ????, le respondo: Pues yo no te lo propongo mejor te lo digo, Me gustaría hacerte el amor aquí y ahora…..hubo un silencio como de medio minuto y en eso ella dice: Mmm si te dijera que me vestí hoy así para ti, porque quiero tenerte en mi cama…, eso fue todo lo q nos dijimos en ese momento pues al instante me levante de mi lugar y le plante tremendo beso mmmm delicioso, en eso se paro ella de su silla y nos empezamos a besar con frenesí, parecía q nos queríamos comer el uno al otro, así como clásico novios de 15 años q les vale todo, la verdad es que ella besa muy rico y vaya forma de besar. Nunca nos habíamos besado ella y yo, y para ser la primera ocasión estaba de lujo, llego el momento en q empezamos a tocarnos por todos lados, la verdad es q como les dije antes para su edad tiene muy buen cuerpo, en verdad disfrutaba en tocar su cuerpo, el sentir su piel, el aroma de su cuerpo mmmm,asi estuvimos como un lapso de unos 10 minutos, entre besos y faje la verdad es que al situación para mí era excitante y emocionante, pues no sabía en ese momento qué onda con sus hijos, pues podrían llegar en cualquier momento y pues seamos realistas cuando unos está caliente y ya con ganas de coger la verdad todo nos vale en ese momento. Así que en mi mente pasaba la idea de que nos podrían cachar en cualquier instante, así que le pregunte a ella en donde estaban,, y me responde: “No te preocupes les di permiso de salir con sus amigos y amigas así que llegaran hasta la noche” , mi amiga ya lo tenía todo planeado, así que seguimos en lo nuestro , entre beso y beso y en el faje, la verdad ambos ya estábamos bastantes calientes, en eso la recargue en un muro de su sala y muy despacio me agache y le empecé a besar las piernas y levantar su vestido, besaba ambas piernas realmente quería disfrutar el cuerpo de esa mujer, así estuve hasta q llegue a su entrepierna mmm traía una tanga negra, empecé a besar su vagina por encima de la tanga, mmm despedía un olor muy rico, se había perfumado su tanga, le pasaba la lengua por todo el alrededor de su vaginita mientras con ambas manos le sobaba sus nalgas las cuales estaban duritas, ella ya gemía y suspiraba de gozo, MMMM, AHHHH, SIII,, MMM SIGUE.EE, NO PARES……así estuve hasta q llego un momento en donde ella se separo de mi u me dice: “Espera no quiero terminar aquí, quiero q lo hagamos en mi cama” así q me toma de su mano y me dirige a su recamara, ya estando ahí, ella me avienta en su cama y dice: “Ahora si flaquito, quiero q me cojas bien y rico, quiero esa verga dentro de mí”, en eso me empieza a desabrochar mi pantalón y me bajar mi bóxer y enseguida mi verga sale, pues ya la tenía bien parada, ella la toma con su mano y con una delicadeza y suavidad se la introduce en la boca, mmmmm esa sensación de calor de su boca en mi verga , el sentir su lengua, la calidez de su saliva mmmmm, (hacen que en este momento de recordarlo se me vuelva a parar), así me la estuvo mamando y chupando por un buen lapso, me chupaba mis bolas le escupía a mi verga , realmente sabia lo q hacia, en instante me mirada, y me decía que si alguien me la había mamado así como ella lo hacía…, llego un lapso en el cual estuve a punto de venirme y se lo dije, para q me voy a venir, cosa a ella le valió madre, pues me la siguió chupando hasta q no pude mas y me vine dentro de su boca AHHH AHHH ME VENGO AHHH, una sensación de locos al venirme en su boca, pues a pesar de haberme venido me la siguió chupando y por obvio uno queda súper sensible después de venirse, llego un momento en q yo grite de placer aaaaaaaaaaaaaahhhhhhhh. , uf de maravilla la tremenda chupada q me acaba de dar, así q como agradecimiento por lo que me acababa de hacer le correspondí de la misma forma, haciéndole el sexo oral a ella, , la recosté en la cama, no sin antes desnudarla por completo, besándola en el cuello, mmmm pasando por sus senos en los cuales en entretuve besando sus pezones, unos pezones obscuros pero bastantes grandes, les pase mi lengua, los mordí, los chupe, mmmm q rico, ella gozaba de cada lengüetazo y chupeteada q le daba, AHH MMMM, ,cada instante ella se iba calentando más, hasta q después de un rato de estar besando su pezones bajo por su vientre y llegue a su vagina la cual ya estaba bastante húmeda y caliente, con mis dedos abrí sus labios y la chupe mmmmm, le pase toda mi lengua por eso rica rajita, le chupaba si clítoris, AHHH NO PARES, ASI CABRON, MAMAMELA,,,, AHH AHHH, , le metía mi lengua en su rajita, la chupaba toda, quería que ella se viniera y así fue, llego un instante en el cual ella me jalo de mis cabellos para que se la mamara con más intensidad y así lo hice hasta el momento en el cual ella pego un grito q se escucho en toda su casa, aaaaaaaaaaahhhhhhhhhh, logro venirse, descansamos un lapso de unos 10 min. hasta q ella empezó de nuevo a chuparme la verga hasta el punto de ponérmela dura de nuevo, en eso ella me dice :”ya te quiero dentro de mí, quiero q me la metas rico y despacio” y así lo hice, la abrí de bien de piernas, sus piernas las toma cada una con mis manos ,y coloque mi verga en la entrada de su rajita y lentamente se la fui clavando, vaya imagen, tenía a mi amiga de 49 años completamente abierta de piernas y metiéndole mi trozo en su vagina (no es que la tenga enorme pero me han dicho. la se usar muy bien), poco a poco la introduje en un mete y saca muy despacio, pues me encanta ver como es la penetración, veía el rostro de ella, una mirada de placer q no la puedo describir, en verdad estaba gozando, poco a poco fui incrementando el ritmo de la penetración, en al habitación solo es oían nuestros gemidos y el rechinar de la cama ahhhhh ahhhhh , mmmm aaahh, la cambie de posición con piernas al hombro, así para q mi compañera de cama sintiera mas, (ella tiene una cama chiquita y tubular) ya teniendo sus piernas en mis hombros puse mis manos en los tubos de su cama y la empecé a meter más rápido, se la clavaba con más velocidad, estábamos cogiendo de lo lindo, cada vez las clavadas eran más rápidas y más violentas, ASI SIISII COGEME,, MMM Q RICA LA TIENES,,, QUIERO VERGAAAA. DAME MASSS, así estuve dándole hasta q yo sentía q ya me venía y se lo dije,, así q bajamos la intensidad y la coloque de perrito, ufff vaya que lindo trasero se le veía,, la puse en 4, y así la penetre una cogida más despacio pero igual de placentera,, yo ya estaba bastante sensible y creo q ella también pues empecé a sentir sus contracciones en su vagina, así q sin más, le grite: QUIERO VENIRMEEEEEEEE , en eso gritamos ambos AAAHHHH AAHHHH, AAAAAAAAHHHH, los 2 terminamos al mismo instante, yo quede dentro de ella hasta q mi verga se puso flácida, q rica cogida acabamos de tener, nos quedamos recostado en la cama como unos 15 min en los cuales platicamos lo rico q había sido lo que acabábamos de hacer,
Yo la verdad ya ni me acordaba que la visita había sido para reparar su compu ni me importaba ya. Enseguida nos dimos un baño en el cual nos seguimos cachondeando y en el cual me ella me dio otra rica mamada y yo le chupe su rajita. Ya saliendo de la ducha nos vestimos y me comento q si podría checar la máquina de su hijo para ver si necesitaba algo, y pues así lo hice me diriji a la recamara de su hijo y pues con calma revise su compu y vi q no le hacía falta nada, así q nos pusimos a platicar en la recamara de su hijo, ella sentada en la cama y yo en la silla en donde estaba la computadora, la plática por obvio era sobre el rato de placer q habíamos tenido hace unos instantes, , yo le comente q ella era la primera mujer de esa edad con la cual yo habida tenido relaciones sexuales,, entonces ella me dijo: “Que si habría otra oportunidad de volverlo a hacer con ella”,, yo le respondí que si q en cuanto tuviera una nueva oportunidad me la volvería a coger y en donde fuera; en eso ella abre sus piernas y se empezó a tocar muy cachondamente, uufff vaya mujer acabábamos de coger y quería mas, se ensalivo los dedos y se los metió en su vagina, de solo verla de nuevo me calenté, y le dije: no empieces q me voy a calentar y no respondo, cosa q a ella le valió mi comentario y siguió en lo suyo, se siguió tocando y me mirada , la verdad yo no aguante mas y enseguida me baje el pantalón y el bóxer, me subí en ella y se la empecé a meter rápido, ella empezó a gritar COGEMEEE OTRA VEZ Y MAS FUERTE AHHHS SIIIIII SIIIII, , ella seguía vestida solo le hice su tanga a un lado, y así se la estaba metiendo, así estuvimos por un buen rato en esa posición pues en verdad me encantaba verle su expresiones faciales a cada metida q le daba, solo cambie de posición para abrirle más las piernas, levantarla un poco y tomarla de ambas zapatillas (creo q a todo hombre nos agrada q una mujer use zapatillas pues es como un fetiche), así cada vez más rápido me la estaba cogiendo en la cama de su hijo, llego el momento en el cual perdí la noción del tiempo, y llego también el momento en el cual de nuevo los dos explotamos en un rico y sabroso orgasmo. De nuevo me quede dentro de ella hasta q mi pene quedo flácido y ambos nos quedamos así dormidos, pasado un rato ambos despertarnos y quedamos q un día como esto se tendría q repetir. Termine de revisar la máquina de su hijo la cual no necesitaba nada y me despedí de ella no sin antes decirle que me mandara un correo diciéndome “Necesito ayuda con mi compu”.

Espero les haya gustado mi relato y como les dije es una historia verídica,

Si hay alguna mujer de México DF o de algún otro lugar, y se interese en contactarme

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Mi poder (I)

El paseo por la playa estaba resultando de lo más relajante.

Se disfrutaba de una temperatura perfecta durante el atardecer del ya bien entrado mes de septiembre y, si bien bañarse sólo estaba reservado a los valientes y los amantes de las sensaciones fuertes, las muchachas aún vestían con atuendos moderadamente reveladores, adecuados para los veintitantos grados que nos brindaba el final del verano. Eran días de reflexión y descanso antes de volver a la rutina normal.

“Normal”… una palabra que no era muy adecuada en mis circunstancias.

El verano había sido una auténtica vorágine de sexo desenfrenado, con tal cantidad de mujeres que ya no podía recordar apenas sus rostros a pesar de lo hermosas que todas ellas eran.

No obstante, me aseguré de recabar sus datos y formas de contacto antes de despedirme de tales beldades. Dado que el sitio en el que me encontraba era una residencia temporal para pasar el verano y que pronto volvería a mi gran ciudad natal, toda una metrópolis, lo más probable es que no tuviera que tener excesiva fortuna para volver a saber de alguna de ellas y sus incuestionables encantos.

Pero eso sería más adelante. Mientras tanto, seguiría caminando por el paseo marítimo, el puerto y la playa, disfrutando simplemente con el paso del tiempo y del rumor de las olas y la charla intrascendente y sosegada de aquellos que, como yo, disfrutaban de su tiempo libre sin prisas.

Mi vida es extraordinaria… una definición precisa pero incompleta. Al cumplir los treinta algo cambió en mí, no sé cómo ni dónde exactamente, si es que acaso fue un cambio provocado por algo externo a mí mismo, cosa que dudo. En cualquier caso empecé a notar que mis deseos se veían cumplidos con una frecuencia inusual…

Al principio pensé que era simple suerte, que la gente a mi alrededor se estaba volviendo más amable conmigo por razones que ellos sólo sabrían, que quizá esperaban algo de mí a cambio, y yo me preguntaba qué pretenderían conseguir, si sólo era un simple trabajador más en el gran engranaje de la sociedad. No tenía dinero, ni era particularmente prominente entre mis conocidos y vecinos, ni tampoco podía concederles favores que realmente pudieran desear más allá de la mera conveniencia de no tener que buscar a otro para ello. Pero tras varios experimentos comprobé que ahí había algo más…

Fue por aquel entonces, cuando sin tenerlas todas conmigo por lo que pudiera pasar, fui a un supermercado de las afueras y aparqué el coche en la mismísima puerta del centro comercial. Inmediatamente el guardia de seguridad se encaminó hacia mí con cara de pocos amigos, pero en cuanto bajé del coche y me dirigí a él, su cara se tornó en un gesto más amable. No obstante me dijo si por favor podría retirar el coche de ahí y dejarlo en las plazas de parking, que apenas estaban a diez metros de allí.

Me quedé unos instantes dubitativo sobre lo que debería hacer, pero al fin y al cabo había ido allí exprofeso para salir de dudas sobre lo que me estaba pasando. Era la ocasión perfecta, puesto que esa persona tenía buenos motivos para hacer valer su autoridad y no me conocía de nada, por lo que no esperaría que le devolviera el “favor”. Así que me armé de valor y le contesté que no pensaba retirar el coche y que más aún, él me lo vigilaría hasta que volviera de comprar.

Inmediatamente tras decir esas palabras me arrepentí. ¿Había ido demasiado lejos al exigirle esa última demanda? Está claro que eso, como mínimo, cabrearía al vigilante más pintado. No es que temiera por mi físico, pero si estaba equivocado no podría volver a pisar ese sitio nunca más, por simple vergüenza…

No obstante, un escalofrío me recorrió el cuerpo cuando el hombre dijo que encantado haría lo que le acababa de decir, y que por favor me tomara todo el tiempo que necesitara, que él se ocuparía de que nadie golpeara mi coche al salir con los carros por la puerta.

Me quedé helado. Entré en el centro comercial murmurando un “gracias”, pensando que acaso el tío pudiera estar siendo sarcástico y que en realidad estuviera a punto de cogerme por el cogote y echarme, pero no sucedió así. Al ver que iba a entrar se adelantó a mí y se colocó a en frente de las puertas automáticas para que me las encontrara abiertas cuando llegara a su altura, momento en el cual se apartó educadamente y me hizo un saludo con la cabeza sonriendo como si acabara de conocer a su mayor ídolo deportivo de todos los tiempos.

Aquello era demasiado, pero tenía que confirmar que no hubiera sido un caso aislado, así que me propuse seguir con la prueba y aumentar las apuestas. Me encaminé a la sección de electrónica y hogar y me fui directo a un vendedor. Antes de que el valor me flaqueara pregunté cuál era el televisor más caro que tenían, palabras ante las cuales hubo un minúsculo momento de sorpresa seguido de una radiante sonrisa de vendedor modélico.

Éste me guío por los pasillos atestados de televisores de un tamaño cada vez mayor, hasta que llegamos al rincón reservado a los dioses. Ahí se encontraba colgada de la pared la mayor pantalla que había visto en mi vida. Probablemente medía unos tres metros de largo y el sistema de sonido que le habían conectado amenazaba con romper los tímpanos de alguien lo suficientemente incauto como para encenderlo.

El vendedor me preguntó si querría verla funcionando y por un momento pensé en darme el gusto, pero inmediatamente pensé en la desilusión que sería que más tarde tuviera que quedarme con la miel en los labios, por lo que le dije que no y le insté a que me dijera directamente el precio de la pantalla, más todo el sistema home-cinema y los aparantemente comodísimos sillones que habían colocado encima de una mullidísima alfombra para completar la sensación de hallarse frente al sistema de entretenimiento más avanzado del planeta.

Cuando me lo dijo casi me da un ataque de risa, tengo que reconocerlo. Era más del sueldo de dos años y no es que en mi trabajo me pagaran mal, sobre todo teniendo en cuenta los últimos aumentos de sueldo que ni siquiera sugerí.

Era el momento de la verdad, así que me olvidé una vez más de la vergüenza que supondría que fallara mi intuición sobre lo que me estaba sucediendo, y le solté al vendedor que ese precio no me parecía bien y que sería mucho mejor que me saliera totalmente gratis…

Lo que vi en el cambio de expresión del vendedor fue casi determinante para saber que había funcionado. No se estaba mosqueando por haberle hecho perder el tiempo, ni tampoco parecía que fuera a responderme con un comentario ridiculizante ni nada… lo que vi fue preocupación.

Tras unos instantes me dijo que nada le haría más feliz que seguir mi “sugerencia”, pero que era imposible sacar tal cantidad de aparatos tan enormes, sin que hubiera validación informática.

Estaba anonadado. No por la dificultad que impediría que me llevara el televisor, sino por la reacción del vendedor que, a todas luces, ¡se le veía frustrado y triste por no poder concederme mis deseos!

Entonces decidí rizar el rizo y le hice llamar al gerente del hipermercado. Estaba claro que por encima del vendedor habría varios niveles de jefatura hasta llegar al mandamás del centro, pero algo me decía que no tendría ningún problema. Es más, algo me sugería que diera un pequeño “toque” al vendedor para que no se diera contra un muro cuando exigiera a la persona que le pagaba el salario mensual, que se levantara de su cómodo sillón y saliera de su despacho para ir a ver a un comprador totalmente anónimo, sin más motivo que su propio consejo. Así que me concentré en ello y dejé “algo” en él.

Esperé no más de diez minutos, hasta que vi cómo se aproximaban el vendedor y alguien un poco más mayor y mucho mejor vestido, acompañado por una mujer joven y bastante atractiva que vestía como correspondería a una administrativa de altos vuelos. La visión de esa chica llevó a mi mente a otros derroteros bastante estimulantes, pero al punto me volví a concentrar en los dos tiburones que se acercaban a mí y me dispuse a comprobar hasta qué punto había tenido éxito.

El director del centro me estrechó la mano y me preguntó qué deseaba, por lo que entendí en ese momento que el vendedor no le había prevenido sobre mi absurda exigencia. Muy inteligente, pensé, y consideré que ese “toque” que le había otorgado había hecho maravillas.

De modo que le comuniqué al director mi deseo y… casi… casi… tuvo la misma reacción de frustración que su empleado, pero un instante después me sonrió afectuosamente y me dijo que no había ningún problema, que ellos se encargarían de todo y que yo solamente debía darles mi dirección para poder efectuar la entrega de todo.

Casi me caigo de la impresión. ¿Acaso estaba dispuesto a pagar de su bolsillo todo el material? ¿O modificaría de alguna forma los datos administrativos del centro para que figurara como extraviado o algo así? Lo que estaba claro es que se iba a buscar un gran problema para satisfacer mis deseos…

El experimento había resultado un éxito y yo estaba en las nubes. Ya apenas oía nada a mi alrededor porque una ola de emociones y de pensamientos se agolpaba dentro de mí, amenazando con explotar y que me desmayara ahí mismo. ¡Tenía poderes! Era algo absurdo y sin embargo me lo acababa de demostrar a mí mismo. ¿Hasta qué punto podría influenciar en los demás?

Fue entonces cuando, por casualidad, mi mirada volvió a posarse en la secretaria del director, que me miraba sonriendo y preparada con un bloc de notas y un bolígrafo para tomar nota de mi teléfono y mi dirección, a fin de recibir los carísimos regalos. Tampoco a ella le había parecido ridículo que su jefe estuviera dispuesto a saltarse todas las normas para cumplir mis exigencias. Por ello, mis pensamientos se dirigieron inevitablemente hacia…

Haciendo caso omiso a los dos hombres, le tome el bloc y el bolígrafo y escribí una frase: “Quédate conmigo. Vamos a ir al baño de mujeres.” Acto seguido se lo devolví y me dirigí al director agradeciéndole su buena disposición y despachando a los dos, que se fueron cada uno por su lado con una sonrisa de puro orgullo en el rostro… increíble.

La secretaria acababa de leer mi simple frase y aún me miraba sonriendo. Era morena, de pelo largo y liso y muy guapa, la verdad. Una de esas chicas que recién levantada son una belleza natural y que no necesitan maquillaje para resultar una monada. Tendría unos veintitantos y éste seguramente sería de los primeros trabajos que habría conseguido tras terminar alguna carrera tipo administración de empresas o económicas.

Sus ojos claros desprendían inteligencia y prometían, por su expresión entre pícara e inocente, que lo que hiciéramos en el baño sería memorable. Su vestido de corte de negocios era ceñido y aunque no llevaba un escote particularmente revelador, sus pechos se intuían firmes, redondos y de un tamaño moderadamente grandes, quizá casi de una talla 90C. El traje era de chaqueta y falda corta, por lo que se le apreciaban unas piernas largas y esbeltas, precedidas de un culo que prometía ser rayano en lo perfecto.

Un bellezón, simple y llanamente. Si esa chica fuera a hacerse un book con un fotógrafo de PlayBoy, apenas se notaría la diferencia… La verdad es que no era el prototipo de chica con la que hasta entonces había llegado siquiera a soñar tener en mi cama, por lo que esto prometía mucho.

La estreché entre mis brazos y lentamente, saboreando el momento, acerqué mis labios a los suyos. No se apartó, ni tampoco se acercó. Simplemente me esperaba, correspondiendo a mi abrazo pero dejándose hacer. Toqué sus generosos labios y lentamente, casi temiendo un repentino rechazo, introduje mi lengua en su boca, buscando la suya. Al punto empezó a moverla, y noté cómo exhalaba un pequeño suspiro y le flaquearon momentáneamente las piernas, como si le hubiera besado su primer amor adolescente.

La sensación era estupenda. Cada vez se mostraba más activa y, mientras su lengua se movía furiosamente en mi boca, sus manos me apretaban con más fuerza y urgencia. Sus gemidos eran ahogados a duras penas por la falta de aire del prolongado beso. Yo mismo estaba empezando a quedarme sin resuello, por lo que la aparté, no sin un cierto esfuerzo y la observé atentamente.

Estaba sudando y totalmente colorada. Me miraba con un deseo y una adoración que nunca vi en ninguna otra mujer. Se podría decir que estaba a un tris de quitarse la ropa allí mismo, en los pasillos y ofrecérseme en el suelo, sin ningún tipo de pudor. Y yo no quería eso… No al menos hasta comprobar el alcance de mi nuevo poder sobre la gente. ¿A qué distancia podría influenciar? ¿A cuánta gente a la vez? ¿Habría personas resistentes a mi poder? Todos esos interrogantes aplacaron mi lujuria y me aconsejaron proceder con cautela.

La cogí de la mano y miré a mi alrededor. Varias personas ya nos observaban con curiosidad, ya que el beso había sido extremadamente apasionado y erótico. Además, la chica jadeaba a mi lado y no dejaba de mirarme con los ojos vidriosos. Había que salir de allí y pronto, y pensé que quizá no era tan buena idea, después de todo, ir a los baños. Algo me decía que cuando empezáramos a follar, ella proferiría tales gritos de placer que sería imposible pasar desapercibidos.

Así que empecé a andar hacia la salida con ella a mi lado, siguiéndome sumisa y expectante. Pronto llegamos a la entrada y ahí me encontré con mi coche, justo donde lo había dejado, rodeado de las miradas de personas molestas por su ubicación, pero que eran impelidos a rodearlo por el vigilante de seguridad al que se le veía totalmente concentrado en su cometido.

Cuando me vio cambió su expresión de decidida autoridad por la más cordial de las sonrisas y me preguntó si ya había terminado. Le dije que sí y le agradecí su esfuerzo, a lo que quedó visiblemente anonadado por la gratitud. Casi se pone a llorar de la emoción… increíble.

Abrí el coche e insté a la chica a que tomara asiento junto a mí en la parte delantera. Lo arranqué y tomé el camino para salir del centro comercial. A todo esto la chica sudaba cada vez más y el tono de su piel ya era de un rojo intenso que mezclado con su bronceado natural le daba una imagen de lo más erótica y atractiva.

“-Vamos a mi casa. Mientras conduzco puedes hacerme una mamada, ¿de acuerdo?” –le dije. Apenas podía creer que aquello hubiera salido de mi boca, pero me dije que de perdidos al río. Parecía que la tenía totalmente encantada y qué demonios… aquella era una de mis fantasías sexuales desde hacía tiempo. Desde luego a ella no pareció importarle lo más mínimo si aquella frase fue demasiado soez o poco romántica, dadas las circunstancias, porque con un gemido casi animal se precipitó a la cremallera de mis pantalones, y en un par de diestros movimientos sacó mi pene al exterior, que ya había alcanzado un estado de erección bastante considerable.

Y sin más preámbulos, sin ceremonias, ni ningún tipo de jugueteo previo pude ver, a escasos cuarenta centímetros, cómo esa chica preciosa y sexy, que antes de obtener mi poder ni siquiera me habría mirado en un ascensor, engullía mi polla hasta la base de una sola embestida violenta.

La sensación fue indescriptible y lo más intenso que experimenté en toda mi vida. No sólo vi como su nariz llegaba a chocar contra mi pubis, sino que la furiosa succión a la que sometía a mi miembro mientras bajaba era tal que casi me corrí en su garganta antes de que pudiera retirarse una sola vez. Casi pierdo el control del coche, aunque afortunadamente no fue así. En ese momento me di cuenta de que ni en mis más salvajes fantasías estaba preparado para el placer que una mujer desaforada y poseída como ésta podría concederme de una forma tan entusiasta.

Supongo que adivinando mis pensamientos, se quedó así, con todo mi miembro alojado en su boca y su garganta, mirándome con los ojos muy abiertos, anhelantes y mostrando su absoluta sumisión. Parecía como si estuviera invitándome a agarrar su cabeza con ambas manos y usarla a mi conveniencia. Para embestir su garganta una y otra vez hasta correrme, sin preocuparme de si acaso pudiera respirar.

El instinto animal así me lo demandaba, pero pude controlarme debido a que la única forma de llevar a cabo ese deseo sería parar el coche en medio de la calle en la cual ya nos encontrábamos, y haberla usado de esa forma frente a la vista de todos los transeúntes que pasarían a nuestro lado. De modo que le dije que siguiera ella y me concentré lo mejor posible en llevar el coche hasta nuestro destino.

La tarea se reveló ardua y placentera a partes iguales. Apenas podía retirar la vista de la maravillosa y excitante visión que suponía tener a una morenita de ojos azules mirándome fijamente y con devoción, mientras su boca recorría una y otra vez toda la longitud de mi ya durísima polla. A la visión se unían los sonidos de su garganta abriéndose y cerrándose, forzada por la punta de mi miembro, y de su saliva cada vez más abundante en torno a mi pene. Era una sintonía celestial a la par que vulgar y chabacana.

Cuando noté que ya no podría aguantar más bajé la velocidad del coche considerablemente, y justo unos segundos después noté cómo las primeras contracciones prometían uno de los orgasmos más violentos de toda mi vida. Mientras mantenía la mano izquierda en el volante, agarré su pelo con la derecha y comencé a bombear furiosamente, sin preocuparme lo más mínimo de sus leves gemidos de sorpresa. Unos instantes después, sentí cómo el primer chorro de esperma era literalmente disparado por mi polla y entonces, mientras prorrumpí en un grito desgarrador y salvaje, apreté su cabeza contra mi entrepierna con todas mis fuerzas.

Se tragó mi semen, chorro tras chorro, sin que pudiera hacer nada al respecto, ya que la punta de mi miembro estaba alojada profundamente en su garganta. En mis últimos estertores noté como luchaba sin demasiadas fuerzas, llevándose las manos a la mía con la que tenía aprisionada su cabeza. Entonces recuperé algo de mi cordura y tiré súbitamente de su pelo hacia arriba.

A la par que mi polla era bruscamente liberada de su boca, la chica tomó aire de forma desesperada en una sola inspiración que pronto se trasformó en grito de dolor por el maltrato que sufría su pelo en mis manos. Me apresuré a disculparme, aunque a decir verdad no me arrepentí demasiado de cómo la había usado instantes antes. Sin duda había sido la mejor mamada de mi vida y eso era lo único que me importaba.

Pero, como era previsible, al punto me miró con dulzura y me dijo que no me disculpara, que había obtenido ella tanto placer como yo, haciéndomelo así. Mi primera reacción fue de soltar una carcajada. ¿Cómo podía decir eso después del placer sin medida que acababa de experimentar? Y mientras tanto, allí estaba ella, sin apenas poder respirar, con un pene clavado hasta lo más hondo de su garganta y violentada por un tipo que acababa de conocer y que aún no sabía su nombre siquiera.

Eso me hizo recordar que efectivamente aún sabía muy poco de ella, aparte de que estaba increíblemente buena y acababa de hacerme una felación extraordinaria, pero deseché la idea de preguntarle nada.

Al fin y al cabo no sabía hasta qué punto era posible que repentinamente mi poder se agotara y nos viéramos en la tesitura de tener que despedirnos de una forma, como mínimo, claramente incómoda. Ella se preguntaría cómo demonios había podido hacer algo así, con un desconocido y que a fin de cuentas no era gran cosa, y yo tendría que olvidarme de ella para siempre, por mucho que nunca olvidaría el placer que me dio.

Así que seguí conduciendo con la chica preciosa y desconocida a mi lado. Durante el resto del camino estuvo acariciando mi pene y ocasionalmente lamiéndolo sin metérselo en la boca, lo que me hizo pensar que efectivamente había algo en mi poder que hacía que la gente adivinara mis deseos, o al menos mi estado de ánimo actual.

Y es que tras el increíble orgasmo lo que más me apetecía era un poco de descanso hasta que llegáramos a casa, y no otra supermamada que acabara por exprimirme los huevos. Al fin y al cabo aún no había visto desnuda a esta chica y tenía la intención de pasarme toda la noche con ella, tomándome mi tiempo, explorando todas las posibilidades de placer que se me ofrecían.

Finalmente llegamos a casa. Ya había oscurecido y apenas se veía gente por la calle, así que aproveché para darle otro largo beso húmedo antes de salir del coche. Esta vez le metí una mano por debajo de la chaqueta y palpé sus pechos. Efectivamente eran firmes, naturales y afortunadamente el sujetador no tenía relleno. Era todo suyo y cada vez me gustaba más.

Salí del coche y le abrí la puerta como un caballero. No es que el trato que le había dado durante la felación fuera precisamente ejemplar, pero creí que eso no quitaba para intentar tener algún gesto con ella. Después de todo, yo controlaba sus sentimientos hacia mí y técnicamente fue como si la hubiera violado, aunque a decir verdad pareció disfrutar bastante dándome placer… Me prometí a mi mismo que cuando estuviéramos en casa intentaría devolverle el favor, para que no tuviera un terrible recuerdo de mí, en caso de que el control de su mente fuera totalmente restaurado cuando nos separáramos.

Entramos en el portal y la invité a que subiera las escaleras por delante. Ella me miró pícaramente, reconociendo mi intención, así que caminó sugerentemente hasta el primer tramo de escaleras y se fue subiendo la minifalda poco a poco, hasta el punto de que pudiera ver perfectamente su maravilloso culito y sus braguitas, ya empapadas, mientras subíamos por la escalera. Fue un verdadero ejercicio de control no poseerla allí mismo, pero me dije que no me haría un gran favor si dejaba que los vecinos pudieran ver el espectáculo a través de la mirilla, alertados por los gemidos de ambos.

Llegamos milagrosamente a la puerta de mi casa y saqué las llaves. Ella me abrazó por detrás, amorosamente… era una sensación muy agradable. La verdad es que hacía tiempo que no tenía una relación con nadie, quitando algún que otro lío que otro, en el que casi a priori se reconocía por ambas partes una simple y llana búsqueda de placer sin compromiso. No frecuentaba sitios que pudieran ser propicios para nada más, la verdad. Y quizá lo pretendí yo mismo así, después de varios desengaños amorosos en el pasado, no voy a negarlo. Y ahora tenía a aquella preciosidad, que minutos antes me había demostrado de una forma devastadora lo mucho que podría disfrutar con ella a nivel sexual, suspirando mientras me abrazaba y gemía de placer mientras olía mi pelo…

Me sentí confuso por un momento. ¿Tenía derecho a hacerle esto a esa chica, sólo por el hecho de poder hacerlo? ¿Qué pasaría si se enamoraba, o ya estaba enamorada de mí? ¿Podría considerarse ésa una relación viable a pesar de mi control sobre ella…? Entonces mi di cuenta: mi propio experimento había escapado a mi control.

Fue entonces cuando entendí que algo había hecho sin darme cuenta, que había influido sobre ella de una forma especial. Quizá, en el fondo, sí que ansiaba volver a tener novia y al verla a ella, tan bonita, tan sexy, un verdadero orgullo para todo hombre que estuviera con ella, mi subconsciente moldeó la forma en la que mi poder influyó en su psique.

Me di la vuelta y la miré bien… Sí… acababa de conocerla y habíamos empezado la casa por el tejado, por decirlo así, pero observando sus ojos pude comprender que me enamoraría de ella más tarde o más temprano. Tenía algo que iba más allá del físico… e iba a averiguarlo.

Me acerqué a ella y algo en su expresión cambió, como si pudiera leerme los pensamientos, como si en ese preciso instante supiera que acababa de tomar la decisión de ocuparme de ella, de que viviéramos juntos en mi casa, independientemente de lo que pudiera suceder en el futuro con mi poder y sus consecuencias. Al final fue ella la que se lanzó a besarme con urgencia y pasión. Noté cómo, aun habiendo cerrado los ojos, las lágrimas se le escapaban a raudales. Fue, sin duda, el beso de una mujer enamorada. Le correspondí con toda la pasión y sinceridad que pude.

Fue un momento muy emotivo, pero a la vez excitante. Sentí cómo nos subía la temperatura a ambos ante lo que ya no podía posponerse ni un minuto más. La urgencia por desatar nuestros instintos ya no obedecería a convencionalismos ni más consideraciones hacia el pasado o el futuro. En cuanto traspasáramos esa puerta que nos separaría del mundo, íbamos a follar y a hacer el amor como si no hubiera un mañana.

Por fin pude sacar las putas llaves del bolsillo y casi rayo la puerta al abrirla con tantas prisas. Estreché otra vez entre mis brazos a aquel ángel y la hice pasar velozmente por el umbral de mi humilde morada. Le pegué una patada a la puerta, que se cerró con un sonoro portazo, mientras ya me quitaba a toda prisa la camiseta.

Al punto de hacerlo ella se quitó la chaqueta, dejando a la vista una blusa blanca y liviana que no ocultaba demasiado las formas de sus generosos pechos. Hice una pausa para ver cómo se la quitaba y ella, viendo el interés que puse, lo hizo sonriéndome traviesa y lentamente. Un gemido escapó de mis labios cuando por fin se quedó sólo con el sujetador. Como ya adiviné en el coche, sus pechos eran una maravilla. Juraría que el sujetador que llevaba era una mera formalidad, porque ni era de aros ni llevaba relleno. La miré con expectación…

Ella, por primera vez, me miró con timidez y cruzó sus brazos frente a sus pechos, pero al poco tiempo, comprobando que yo me movería ni un ápice hasta verla desnuda, bajó los brazos y optó por retrasar el momento bajándose la minifalda, que cayó al suelo. Ya sólo faltaban un par de trozos de tela sin importancia. Podría decirse que ya estaba desnuda ante mí, y lo que estaba viendo me quitó el aliento.

El traje de negocios que llevaba, si bien no era particularmente recatado, no hacía justicia a las formas esculturales de esta muchacha… Sus piernas eran aún más largas de lo que había imaginado. Su vientre liso y fuerte era algo más que el resultado la simple genética y sin duda estaría moldeado por varias horas semanales de gimnasio. Su trasero no se quedaba atrás en absoluto en cuanto a lo merecedor de elogios, y no veía el momento de poner mis manos en él. Todo en ella clamaba a la perfección y cientos de artistas habrían dado una pierna para poder tener el privilegio de usarla de modelo. Y así con todo, ella estaba delante de mí. Era mía para recibir y dar placer, durante todo el tiempo que quisiera. Un sueño del que nadie querría despertar.

Supongo que al ver mi mirada asombrada y admirada se relajó un poco y decidió llevar sus manos al cierre de su sujetador, mientras me dirigía una sonrisa sincera a la par que provocadora. Sonó el clic y al poco dejó caer la prenda el suelo, junto a las demás. Sus pechos apenas se movieron de donde estaban y quedé aún más maravillado si cabe al contemplar sus senos llenos, redondos y firmes. Mi mirada se posó en sus pezones, que eran moderadamente planos y grandes, de un color rosado, increíblemente apetecibles.

Aquella visión era demasiado y a punto estuve de abalanzarme sobre ella en ese momento, pero decidí esperar a verla totalmente desnuda frente a mí. Era un momento especial y quería atesorarlo y disfrutarlo. Miré sus braguitas con deseo y no tardó mucho antes de comprender lo que quería.

Me sorprendió al darse la vuelta y hacer una de las poses más excitantes que una mujer puede dedicarle a un hombre… se inclinó hacia delante, con las piernas levemente separadas, y muy poco a poco, casi en un movimiento que era una agonía, fue bajándose las braguítas, dejando al descubierto sus más preciados tesoros ante mí. Lo primero que apareció fue su ano, una preciosa estrella rosada sin el menor asomo de vello. Lo siguiente que golpeó mis ojos y mi presencia de ánimo fueron sus labios vaginales, preciosos, delicados y cerrados, también perfectamente depilados al láser, ya que igualaban al tono de piel bronceada que lucía en el resto de su cuerpo. Aquello ya sí que fue demasiado…

“-Quédate así…” –le rogué. Ella lo entendió al instante y separó un poco más las piernas. Saqué mi miembro de los pantalones y ni siquiera me molesté en bajármelos. Fui hacia ella y le acaricié los labios vaginales con la punta, abriéndolos como una flor, poco a poco, impregnándome con sus abundantes fluidos. Se la notaba excitadísima y sabía que si quisiera podría metérsela de un solo empujón. Casi presentía cómo lo ansiaba.

No obstante continué con mi juego, acariciando sus labios con la punta de mi pene, pasando por el clítoris y excitándola aún más si cabe. Sus gemidos sonaban a angustia y placer, con un tinte de desespero por algo que tardaba demasiado en llegar. Acaricié sus pechos desde atrás y sentí con gran placer su tacto suave y firme. Cabían a duras penas en mis manos, sin llegar a ser demasiado grandes.

Era una sensación realmente increíble estar a punto de penetrar a una chica así. Con esa cara y ese cuerpo perfecto podría tener a quien quisiera, y sin embargo allí estaba yo, disponiéndome a usarla a mi antojo, tantas veces como quisiera, sin una sola queja por su parte, sin que fuera a echarme en cara que tardo demasiado en correrme, o que por el contrario llegara antes que ella, sabiendo que respondería con un gemido de placer a cada movimiento mío, y sin que me negara ninguna postura ni ningún orificio de su cuerpo… Nuevamente, el animal que llevo dentro salió de su guarida y tomó el control de mi ser.

Agarrando sus nalgas con ambas manos se las separé ligeramente, y con un único y violento empujón le clavé la polla hasta que mis huevos chocaron con su clítoris. No sé si el grito que profirió fue de placer o de dolor. Lo cierto es que no me importó, aunque intuí por el tono quejumbroso en el que se convirtió al final del alarido, que sería más bien lo segundo. Por eso dejé mi miembro enterrado en su sexo violado, a fin de que pudiera acostumbrarse a la tirantez que ejercía alrededor de mi durísimo pene.

Mientras esperaba me recreé en la visión que me ofrecía su espalda sudorosa y sin mácula, su largo pelo negro como el azabache cayendo en cascada sobre sus hombros delicados y femeninos y sus brazos esbeltos y ligeramente musculados, apoyados en el respaldo del sillón que tenía delante, y su increíble culo en forma de corazón, duro como una roca como sólo una deportista podría aspirar a tenerlo.

Mi polla estaba embutida entre aquellas dos nalgas… era algo que aún en ese momento apenas podía creer. Contemplar además cómo su pequeño ano rosado se contraía por el dolor de su vagina forzada, estando a tan escasa distancia de ella… era más de lo que cualquiera podría aguantar. Pero me contuve. Al fin y al cabo acabábamos de empezar…

Comencé a mover mis caderas y ella, a pesar del dolor, se esforzó por seguir el ritmo que le imponía, cada vez más rápido y brusco. Sus gemidos de placer se mezclaban con pequeños gritos de dolor cuando el ángulo de penetración era demasiado forzado. Cualquier otra mujer habría obligado a su compañero a parar o a cambiar de posición, ¡pero no mi chica…! Ella recibía embate tras embate, empujón tras empujón sin protestar, aguantando estoicamente el dolor que le producía mi polla invadiendo una y otra vez su intimidad violentada.

“-¡Eres mía!” –le gritaba entre embestida y embestida, a lo que ella me respondía “-¡Sí!”, entre gemido de placer y grito de dolor.

Sin duda alguna la sensación de dominación sobre su cuerpo y su mente no hacía sino aumentar el placer que estaba experimentando. No era sadismo gratuito, sino más bien la embriagadora droga que genera el poder sobre otros. Debía tener cuidado de no propasarme con ella, no obstante.

Al fin decidí que ya había tenido bastante dolor, de modo que la cogí por las muñecas y la obligué a incorporarse, mientras seguía penetrándola, esta vez en un ángulo más natural para ella, que no dejaba de ser excitante para mí, ya que podía disponer de sus pechos desde atrás, o incluso acariciar su clítoris mientras mi miembro entraba y salía a menos de un centímetro de mis dedos.

Casi inmediatamente noté cómo empezaba a disfrutar más y pronto todos sus gemidos fueron de puro placer. A veces se daba la vuelta y me ofrecía su boca y su lengua para darnos un beso húmedo totalmente lascivo y carente de romanticismo o ternura. En sus movimientos animales ya no se notaba ningún tipo de pudor, y su único objetivo al igual que el mío era la más absoluta y pura satisfacción física sin más consideraciones.

Se movía como una serpiente. Sus caderas eran un continuo vaivén circular, retorciéndose para que mi miembro alcanzara todos los rincones de su sexo, y me apretaba las manos con las que sujetaba sus pechos, animándome a que los estrujara sin miramientos, a que disfrutara de ellos como estaba disfrutando de todo su cuerpo, sin límites, sin reglas… efectivamente me estaba demostrando que era mía.

Por segunda vez en menos de una hora, empecé a sentir la llegada de un apoteósico orgasmo. De pronto, en un momento de extraña lucidez, recordé que no sabía nada de esa chica y por supuesto no tenía ni idea de si estaría tomando la píldora, así que antes de que comenzara la primera contracción, se la saqué bruscamente de la vagina y la obligué a ponerse de rodillas ante mí. Ella, sin perder un solo segundo, volvió a engullir mi verga tal como hiciera en el coche y empezó a usar su garganta para terminar de hacerme llegar al orgasmo y al séptimo cielo.

En esta ocasión, mi posición era mucho más ventajosa para poder tomarla de la cabeza con ambas manos y nuevamente me importó muy poco si mi chica podría mantener la respiración o no. No obstante, mientras le inyectaba el primer chorro de semen por su garganta, sí sentí un pequeño ramalazo de culpa, ya que al menos hubiera querido darle un orgasmo antes de llegar yo al mío. Simple cuestión de orgullo masculino, supongo…

No obstante, mi sorpresa fue mayúscula cuando reconocí en ella los síntomas y la culminación final de un orgasmo que casi hace que se caiga al suelo. ¡Se estaba corriendo mientras yo hacía lo propio en su garganta! Casi me da la risa al recordar el guión absurdo de una de las películas porno clásicas más conocidas: “Garganta Profunda”, en la que la protagonista sólo podía obtener placer a través de las felaciones profundas que les hacía a los hombres, ya que su clítoris lo tenía localizado en la garganta.

Pero algo me decía que esto era distinto, por supuesto. ¿Acaso había tenido ese orgasmo porque yo me sentía culpable de que no hubiera tenido uno? Era una pregunta interesante que se me vino por la cabeza, pero que tendría que esperar a otro momento más apropiado, porque el placer que me provocaban las contracciones de la base de mi polla era sin duda más satisfactorio.

Su garganta envolvía firmemente la punta de mi pene, y chorro tras chorro de semen fueron directamente a su estómago, mientras ella disfrutaba lo suyo gracias a las violentas contracciones de su propio orgasmo. No podía evitar morderme ligeramente el miembro con cada uno de sus espasmos, y eso no hacía más que aumentar mi placer.

Al fin saqué mi polla de su garganta y su boca. Múltiples hebras de saliva surgieron entre sus labios y mi miembro. Era una visión de lo más excitante, así que mientras ella recuperaba el aliento respirando atropelladamente, acaricié su hermoso rostro con mi verga distribuyendo los fluidos por toda su cara… Nunca había tenido delante una escena como esa, y me maldije a mí mismo por no tener una cámara a mano… pero todo se andaría.

“-¿Te ha gustado, pequeña?” –le pregunté. “-Ha sido maravilloso. ¡He tenido el orgasmo más increíble de mi vida! ¿Cómo lo has hecho?” –me dijo. Aquellas habían sido las frases más largas que me había dirigido desde que la vi, y desde luego definían bastante bien lo que había pasado entre nosotros. No tenía ni idea de cómo responderle, así que me encogí de hombros y la levanté para darle un merecido beso en la frente.

Aquello pareció gustarle, porque enseguida enrojeció y volvió a abrazarme como antes, poniéndose tierna después del increíble polvazo. Otra vez me sentí culpable por cómo la había tratado y le pregunté qué tal se encontraba de ahí abajo. Me dijo que le dolía, pero que se acostumbraría a ello, y que por mí haría lo que fuera para que fuera feliz. Aquello aumentó más aún mi complejo de culpa. Tenía en mis brazos a una chica dominada, pero también enamorada. Eso era incuestionable, así que me prometí a mí mismo cuidar de ella lo mejor que supiera, aunque sólo fuera entre polvo y polvo, ya que según parecía era incapaz de controlarme cuando se me ofrecía la oportunidad de follármela de forma salvaje. Cosa que, por otro lado, ella también pareció disfrutar de lo lindo.

Le sonreí y le di otro beso en los labios, muy tierno. Su suspiro fue casi de desmayo, como los de las novelas románticas de época en las que las damas perdían el resuello por su galán, amén de no poder respirar por los corsés que se gastaban las mozas, claro. Pero en este caso no había corsé y casi tengo que agarrarla para que no se me cayera al suelo.

“-Acostúmbrate a esto. Tengo pensado hacerlo muchas veces y no tengo planes para separarme de ti.” –le dije con un susurro al oído. Y entonces, sin que en el fondo me sorprendiera demasiado, abrió los ojos como platos y acto seguido sí que se desmayó en mis brazos.

Apenas podía creer en lo que había pasado en las últimas horas, mientras la llevaba a mi dormitorio y la depositaba delicadamente en la cama. La contemplé un momento más, admirado de su desnuda belleza, que no hacía sino aumentar ante mis ojos, y la tapé con una ligera sábana antes de que mis bajos instintos volvieran a aflorar. Sugerí a su mente que no se despertara hasta el día siguiente y me encaminé al salón para meditar… tenía mucho en lo que pensar.

Desde entonces vivo con Paula. Estoy enamorado de ella sin remedio y me duele que nuestra relación esté condicionada por mi poder sobre ella, pero sé en el fondo que no podría haber sido de otra forma y no estoy dispuesto a renunciar a ella. Es el amor de mi vida… a pesar de tener la sensación de que cada vez que lo hacemos, en realidad la estoy violando.

Tampoco ayuda mucho a mi paz mental el hecho de que no hay día que no disponga del cuerpo de una o varias desconocidas, a veces incluso llevándolas a casa para montar una orgía en la que hago participar a Paula. En ocasiones incluso llevo a otros hombres para que posean a las mujeres que llevo, e incluso a Paula. Es algo que me excita enormemente, el poder disponer de su cuerpo porque sé que su alma me pertenece, que no hay otro hombre en su vida más que yo, y que por mucho placer que ella obtenga con esos hombres que penetran su cuerpo, el único que puede penetrar hasta lo más hondo de su alma soy yo y nadie más.

Es mía… y yo de ella…

Con esos pensamientos en la cabeza decidí dar por terminado el paseo y encaminarme a la casa de la playa a buen paso.

Y es que los momentos de reflexión y de relax están muy bien por un rato… pero cuando en casa te esperan varias chicas en bikini, con sus novios dispuestos a ayudarte a que las uses como te plazca, amén de tu amor preparada para ser tomada por todos esos novios… a cualquiera no le entran muchas ganas de regresar al hogar… ¿no?

Nota del autor: Este relato es el resultado de varias horas de improvisación calenturienta, je, je… por lo que me gustaría que comentarais el texto dándome vuestra opinión, para saber si merece la pena que siga con la serie o no. Es mi primer relato subido para l@s amig@s de Marqueze.net

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