Con mi Suegra todo es Felicidad,Parte I

Mi nombre es Adrian y les contaré como paro teniendo sexo con mi suegra.  Tengo 32 años y recién me casaba con mi esposa, una morena espectacular de mi misma edad, ella salió embarazada y tuvimos que dejar la casa que yo estaba terminando de construir para ir a vivir a casa de mis suegros por pedido de mi esposa, ahí en casa de mis suegros mi suegro trabajaba fuera de la ciudad y venía cada 4 semanas, mi suegra se llama Diana, es una mujer color canela, alta, de rostro bello y cuerpo muy bien formado… Esa mujer jalaba más miradas en la calle que mi misma esposa. El tiempo que mi suegra quedaba sola en casa era un agasajo para mis ojos: el Jean que usaba a diario delineando su exquisito trasero, sus blusas de botones entreabiertos regalando a mi vista los senos más tentadores que en toda mi vida vi, faldas con unas pantorrillas que alucinaba en mis hombros… y un cabello castaño ondeado amarrado, que soñaba con jalarlo en la cama.
Ella me tenía mucho cariño pues era muy hacendoso y atendía a su hija como a Reyna y siempre decía que le hubiese gustado encontrar un hombre como yo, pues su esposo es muy desatento, Ella me atendía mejor que su hija, no le gustaba que su hija haga nada, ella me lavaba y me planchaba contra mi voluntad, pero le gustaba hacerlo, mi esposa estaba pasándola muy mal con su embarazo por los diferentes síntomas que este trae.
Un buen día mientras ella lavaba yo estaba libre del trabajo y subí a ayudarle, en el momento que llegue solo tenia que tender la ropa, al sacar parte de la ropa encontré unas trusas muy pequeñas y unos sostenes muy grandes, yo conozco la ropa de mi mujer y al instante supe que era de mi suegra.. ella se reía al ver como yo tendía su ropa todo embobado y dijo: mi ropa es más sexy que la de mi hija no?. Ante aquella pregunta solo atiné a decirle: tendría que verla puesta para poder opinar…!!!
Ante mi respuesta ella dijo: Pues salgamos de la duda…!!!

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Mi suegra, ahora es una putona

La verdad que en los 18 años que llevaba de casado siempre tuve la intención de cogerme a mi suegra, máxime después de la muerte del marido, pero nunca había tenido una oportunidad como la que se me presentaba ahora, así que debía planear la estrategia a seguir, ya que si bien nuestra relación era buena, ella que a los 62 años se conservaba muy bien, con unas tetas grandes y un hermoso culo que siempre trataba de disimular usando ropa amplia, era muy recatada y su fe religiosa le hacía creer que cualquier acto sexual fuera del matrimonio era pecaminoso, recuerdo una oportunidad en que, con unas copas de más, mi suegro me contó que nunca le permitió metérsela por el culo, por lo que todavía lo conservaba virgen y eso me excitaba más aún.

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Mi suegra calentona II

Milf, Sexo con maduras, Infidelidad, Le empecé a comer el coño, alternando con mi legua en su culito, dándole especial atención a este. Trataba de que su hoyo quedara bien mojado y metía lo más que podía mi lengua. ¡Quiero sentirte otra vez dentro de mí! ¡Quédate así como un perra, que te la voy a meter hasta el fondo vieja calentona. le apunté mi verga en su concha y se la metí hasta que mis bolas chocaron con su culo. Read more

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Mi suegra calentona (I)

MIlf, Sexo con Maduras. Yo no paraba de metérsela, mientras más rápido lo hacía y ella más fuerte se chupaba las tetas, con mis dedos empecé a tocarle el clítoris, eso la volvió loca, estaba tan caliente que dándole fuertes chupadas a sus pezones llegó a su segundo orgasmo, yo todo traspirado, le saqueé la verga y bajando sus piernas terminé con una masturbada tirándole todo el semen a mi suegra en sus tetas y cara. Read more

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Con la suegra por atrás

Milfs, Sexo con Maduras, Infidelidad.Estuve calentoneando como siempre con mi suegra, le decía que me encanta su escote y lo que muestra, ella simplemente sonreía, por lo que sabía que le gustaba lo que le decía. Entonces le pregunté si podía besar eso que su escote deja ver y respondió que sí. Read more

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Sexo con mi suegra

Esta historia se remonta a unos cuantos años atras, cuando mi cuñada Francisca, se ganó unos pasajes a Acapulco, México. Como ella estaba soltera y sin compromisos, invitó a mi suegra para viajar con ella, sin embargo mi suegra le tiene un pánico a los aviones y no la quiso acompañar.

Por tal motivo, la próxima en la lista era mi mujer. Para ese entonces nosotros ya teníamos a Catalina, mi hija, de tres años. Mi mujer no trabajaba y no tenía ningún problema en viajar, pero Catalina la amarraba. En un principio ella misma se descartó, pero después su hermana la convenció que una oportunidad como esta no se presentaba dos veces en la vida, y que su madre podía cuidar a Catalina. Para mi era un sueño. Antes de casarme tenía mucha vida nocturna, mujeres etc., pero después que contraje el sagrado vínculo, mi vida nocturna disminuyó completamente hasta ser nula. Estar dos completamente solo, eran para mí mis mejores vacaciones, aunque estuviese trabajando.

Llegó le día y fuimos a dejar a mi señora y cuñada, al aeropuerto con sus padres y mi hija. Cuando el avión partió, ya comenzaban mis vacaciones, sin embargo el destino quiso otra cosa.

Un día duró mi sueño, y al otro día, mi suegra me llama al trabajo diciéndome que la niña había llorado todo el día por que echaba de menos a su mamá y a mi. La casa de mis suegros queda muy, muy lejos de la mía, pero de todas formas, tuve que ir a ver que pasaba. Efectivamente la niña al verme se tiro a mis brazos y no hubo forma que se quedara en la casa de sus abuelos. La solución al problema la dio mi suegro. Viejo sabio. y era que mi suegra se fuera a vivir a mi casa, mientras su hija estaba de vacaciones, así Elvira, mi suegra podría prepararme almuerzo y mantener la casa. El como estaba jubilado, no tendría problemas en arreglárselas solo y como dijo el, además le vendrían bien unas vacaciones lejos de su esposa, riéndose, mientras me chantaba la vieja a mi. Mi suegra encontró que esa era buena idea, siempre y cuando a mi no me molestara. ¿Que iba a decir? tuve que aceptar. Esa misma noche, mi suegra arreglo una maleta con algunas cosas y se fue conmigo a mi casa.

La semana transcurrió sin ninguna novedad. En general el trato con mi suegra siempre fue muy ameno y aparte de cortarme la libertad de salir en las noches, no tuve nunca algún problema con ella

El sábado en la tarde, llegó mi suegro a la casa y en la noche llegó mi hermano con su señora. Mi suegro salio a comprar algo para beber y tuvimos una velada bastante simpática. Cerca de las dos de la mañana, se fueron. Mi hija dormía hace rato, y nos quedamos con mi suegra ordenando un poco el desorden de la casa. Mientras ella lavaba en la cocina y yo sentado bebiendo mi último whisky, el tema de conversación se centró en mi suegro.

Mi su veces era justificado una aventura durante el matrimonio, ya que muchos años con la misma persona aburre y cosas por el estilo. Algo en mi me hizo pensar que mi suegra me estaba coqueteando. En eso mi hija se despierta y ella se va al cuarto matrimonial, donde yo le había dejado disponible para que durmiera ella con mi hija mas cómodas, mientras yo me quedaba en la pieza de mi hija.

-Se despertó la niña. Oh, mira la hora que es.. Bueno, me voy a acostar y nos vemos mañana

– Si, yo también , voy a cerrara y apagar todo y me voy a acostar

-Buenas noches

-Buenas noches

Cerré todo y me fui a la pieza de mi hija, me acosté, pero como estaba acostumbrado a dormir viendo televisión, me costó mucho quedarme dormido, aparte del calor, así que me levanté nuevamente y me fui al living a ver televisión en la sala. Me levanté y fui a la cocina a servirme un trago. Siento que el dormitorio se abre y aparece mi suegra en una camisa de dormir blanca. Le comenté que no tenía sueño y que me disponía a ver una película. Ella me dijo que tampoco tenía sueño, pero que no quería prender la televisión del dormitorio para no despertar a su nieta.

Mientras le servía un trago, pude ver como ese camisón blanco, sin aun sin traslucirse, mostraba sus curvas. Mi suegra no era una mujer muy alta, con solo algunos kilos de más, tez blanca, pelo rubio, bueno a base de tinturas, un culo no muy bueno, pero sus tetas eran maravillosas colgando sin brassier, grandes, redondas, me pusieron muy caliente. Nos colocamos los dos en el sofá, con todas las luces apagadas, con solo la luz del TV.

La película que estaban dando era Atracción Fatal..sin ser erótica, tenía unas escenas bastante sensuales, donde se mostraba como el protagonista un hombre casado, tenía sexo con una mujer, el trataba de que esta relación terminara, pero ella lo buscaba una y otra vez hasta que lo hacía pecar de nuevo.

Me las jugué el todo por el todo: sin importar las escenas que estaban saliendo en TV, mi verga estaba durísima, y decidí no ocultarla, a ver que reacción tenía mi suegra.

Con un tremendo bulto en el pantalón, fije mis ojos en la TV. Para dejar que ella me admirara mi virilidad. Sentí como sus ojos se posaban en mi entrepierna y la comencé a notar un poco inquieta. Se sentaba de un lado, luego del otro, se levantó a la cocina y volvió mirándome siempre ahí. Mirando a la pantalla, me dice:

-A esto me refiero cuando digo que la carne del hombre es débil

-A que suegrita?

-A como ese hombre, que se nota que quiere a su mujer, pero igual se acuesta con la rubia.

-Si, se nota. Pero el no quería hacerle daño a su mujer, solo quería pasar un buen momento , nada mas, pero ella lo complicó todo

-Eso es verdad, tonta también la mujer, debería haber aprovechado el momento y punto

-Las mujeres son así, complicadas

-No todas, bueno yo al menos no.

-A que se refiere?

-A que si tuviese la posibilidad de pasarlo bien, con un hombre casado, disfrutaría al máximo, pero en ningún momento le crearía problemas.

-Ud. lo haría?

-Creo que si

-Cree o esta segura?

-Si, lo haría

-Le digo algo.

– Si no fuera mi suegra, pensaría que me esta coqueteando

-Bueno. pero además de ser madre, también soy mujer.

Nos miramos directo a los ojos unos segundos, ambos sabíamos a lo que íbamos, pero ninguno daba el primer paso. Su vaso estaba casi vacío en la mesa de su lado. Pasando por encima de ella, como para tomar el vaso le pregunte mientras lo hacía si quería que le sirviera otro, quedando nuestras caras a corta distancia. Ella me miró como algo que siempre había deseado, pero solo fueron unos segundos. Mi suegra, sin decir palabras, se fue a mi dormitorio, cerrando la puerta.

Me quede helado, nunca pensé que reaccionaría así. Tenía miedo de lo que pasara al otro día, si lo callaría o lo contaría en algún momento a mi mujer. Apague la TV y me fui a acostar al cuarto de mi hija.

No se cuanto rato paso, estaba dormido y cuando siento que alguien me abraza por detrás, mi suegra completamente desnuda, se había metido a mi cama y me estaba apoyando sus tetas en mi espalda.

Me di vuelta y nos besamos apasionadamente. Desesperado comencé a chupar esas tetas una y otra vez, mientras mis manos trajinaban entre sus piernas, encontrándose con una abundante mata de pelos y una mojada y gran concha.

Sin decir nada, me monte sobre ella, abriéndole sus piernas y se la metí inmediatamente, y comencé a penetrarla fuertemente, agarrando su culo con mis manos.

Ella no decía nada, solo en silencio gemía y disfrutaba como su yerno le enterraba la verga hasta la mas profundo de su ser.

No hubieron poses extrañas ni nada por el estilo, solo de una forma tradicional, estuve penetrándola una y otra vez, chupando sus tetas, mientras ella me acariciaba la espalda.

No pasó mucho rato hasta que conseguí hacerla acabar, al mismo tiempo en que yo, la llenaba de semen por dentro.

Aun con mi verga adentro, ya sin fuerzas, seguí saboreando esas grandes tetas por largo rato, mientras ella tiernamente me acariciaba mi cabeza.

Me bajé de ella y ella me dio la espalda, No nos decíamos nada, apoyado contra su espalda, le acariciaba las nalgas, jugaba con su vellos de su vagina y le acariciaba las tetas

La hora, el alcohol, el cansancio, me arrebataron y me quede dormido.

Al despertar al otro día, me encontraba solo en la habitación…… pero aun me quedaba una semana…….

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Mi suegra, un sueño cumplido

Me llamo Alberto y conocí a mi esposa cuando yo tenía 33 años y nos casamos cuando cumplí los 36 y ella 24 años. Vivimos algún tiempo en un apartamento rentado y por esas cosas de la vida nuestros suegros nos ofrecieron un apartamento en la casa que ellos tienen por lo que decidimos cambiarnos.

Mi suegra es una mujer de 58 años llamada Isabel, cuando la conocí me impresionó su forma de ser jovial y agradable, además de sus voluminosos pechos y su bien dotado pompas, para su edad no esta nada mal, confieso que se me vinieron ideas locas después que la vi por primera vez.

Nuestra vida transcurrió normalmente en casa de mis suegros, pero un día que tuvimos una fiesta mi suegra se pasó de copas y en un momento dado se desapareció de la reunión, al buscarla yo la encuentro en el baño sentada en el inodoro y con los pantalones abajo, ese momento que vi su coño peludo, me propuse que sería para mi ya que parece que mi suegro no le atiende en la cama y a mi me encantan las mujeres maduras.

Superado ese incidente comencé con mi plan para poder estar con mi suegra, le hacía bromas, le hablaba en un tono subido, al principio como que no le gustó, pero luego y para tranquilidad mía parece que las cosas fueron tomando otro rumbo.

En mi trabajo pedí vacaciones por un mes y cierto día después de ir a dejar a mis hijos en la escuela, regresé a casa y para mi sorpresa mi suegro y mi señora habían salido a realizar unas gestiones en un Banco de la localidad, por lo que tardarían todo el día en regresar, al subir las escaleras oigo que mi suegra estaba duchándose y yo pasé directamente a mi departamento a acostarme un rato por lo que me desvestí y me puse una salida de cama, después de un momento oigo que tocan a la puerta y al salir veo que era mi suegra que venía con el pretexto de pedirme una taza de azúcar, por lo que le hice pasar a la sala hasta conseguir lo que me había pedido.

Fui a la cocina y la observaba desde allí ya que se había puesto unos pantalones ajustados y una blusa un poco escotada por lo que se veía sexy, ella sabía lo que tenía, entonces empecé a tener una erección y no podía controlarla, al salir de la cocina creo que mi suegra vio mi situación, pero no me dijo nada y empezó a conversar diciéndome que nos habíamos quedado solos, que ella estaba acalorada por eso había tomado el baño, yo armándome de valor le dije como broma que sabiendo eso era de que me llame para yo poder enjabonarle la espal que le pueda afectar a su relación con su pareja, pero yo quiero es más deseo estar con Ud. No Alberto, me dijo casi suplicando, entonces yo acerqué mi boca a la suya y le di un beso superficial, ella cerró los ojos y yo traté de meter mi lengua en su boca a lo que ella se resistió, me empujó y exclamó no, no y no, pero yo vi que hizo eso no con una verdadera intención sino más bien, para que yo piense que se estaba portando honesta.

No te resistas, aprovechemos ahora que estamos solos le dije. No me tientes, respondió tuteándome por lo que yo pensé esto se esta componiendo. Déjate llevar por el instinto, por la pasión contesté, acercándome a ella. Ella bajó la vista y vio que mi bulto estaba creciendo, a lo que respondió: Alberto si pasa algo entre los dos, prométeme que no lo contarás a nadie. No mi suegra linda le respondí y me abalancé sobre ella, uniendo nuestro labios desaforadamente. Empecé a besarle el cuello, las orejas, las manos mientras acariciaba sus nalgas pronunciadas, ella como que se quiso resistir al principio, pero luego metió sus manos por entre mi bata de dormir, me acarició los pechos y despacio muy despacio empezó a sobarme mi pene por encima del calzoncillo. Ya no aguanto suegrita balbuceaba ya, al tiempo que seguía besándole en la boca oyendo su respiración entrecortada y sus gemidos que cada vez se hacían más fuertes y prolongados, parecía que empezaba a excitarse de sobremanera.

Tanto tiempo sin sentir esto me dijo, sigue queriéndome cabrón, quiero ser tu zorra este día, culéame como nadie me lo ha hecho, dame verga por donde nunca he recibido repetía. Yo estaba a punto, por lo que empecé a desabrocharle la blusa, ella me abrió la bata quedándome solo en calzoncillos con la verga bien parada. Pégame una mamada de la verga le dije, ella respondió yo nunca he hecho eso, me parece asqueroso, cogí su cabeza y la hice bajar hasta que esta quedó a la altura de mi verga, métete en la boca putona y lámeme le respondí, ella con timidez al principio fue metiéndose mi tronco, después de un rato empezó una mamada genial. Te gusta verdad, dije. Si mi cabrón, decía mientras me pegaba unos lengüetazos de fuego. No que no sabías hacer esto comenté. No sabía pero tú te mereces esto y más dijo.

Ahora que no hay nadie salgamos a culear a la terraza de la casa propuse. Si mi rey, voy a traer la alfombra de la sala para tenderla y vamos a seguir culeando arriba comentó, mientras se le notaba lo excitadísima que estaba. Salió moviendo sus caderotas, luego de un momento subimos a la terraza, yo le iba abrazando por detrás y sobando mi verga en su hermoso culo. Espera ya llegamos, yo también estoy arrecha dijo. Tendimos la alfombra, acto seguido empecé de nuevo a besarla, le saqué suavemente el sostén y empecé a mamarle las tetas, ella se retorcía de placer mientras jadeaba. Mmmmmmmm, que rico sigue papito, destrózame, introdúceme, hazme sentir lo que no me ha hecho sentir nunca el cabrón de mi marido, mijito… agggggggg,,,, assiiiiiii,,, dame tu verga decía. Ya mi suegra linda, sígueme diciendo cosas bonitas, no te calles, te voy a culear como nunca te han hecho, pero no solo esta vez, quiero que seas mía siempre que yo quiera, porque tu culo me tiene loco le decía yo. Si mi culeón, me he estado perdiendo algo increíble, ya se me iba a cerrar el chocho, porque no me dijiste antes que querías este cuerpo, de ahora en adelante cuando yo quiera esa verga va a venir a perforar esta concho, balbuceaba.

Le empecé a bajar el calzón líquido por la concha que es eso, explícame, pero sigueeeeeeeee hazle bailar a esa lengüita rica rica en mi cuca, aggggggg… mmmmmmm… que ricura.

Eso que te está saliendo es porque es la primera vez que estás gozando como es debido, mueva un poco su culito para que mi lengua juegue más en su concha le dije. Si mi amor pero siga, yo también quiero mamarte me dijo. Entonces yo me di la vuelta, poniendo a la altura de su cara mi pene, ella me sacó los calzoncillos y empezó a introducirse la verga en su boca. Me vengo le dije, agggggggggg que rico que has sabido mamar, suegra zorra, sigue mamando así, mmmmmmmm y le solté la leche en su boca. Ella empezó a lamerme y quitó de mi pene todo vestigio de leche, siguió en la mamada y mi verga empezó a recobrar su dureza.

Ahora méteme mijo, soy toda tuya decía, dame ya esa rica verga, dale a tu suegrita, entonces yo me acosté y ella como una experta puta se ensartó la verga en su chocho y empezó a cabalgarme. Agggggggg. Asiiiiiiiiiiiiiiiiii, sigue, dame más no pares, méteme hasta el fondo mmmmmmmm, quiero mássssssssssssss chillaba mientras se retorcía de placer. Si mi suegra linda te voy a culear todos los días pero sigue culeando, mássssssss, mmmmmmmmmmmmmm, ohhhhhhhhhhhhh, gemía yo mientras ella seguía metiéndose mi verga. Me voooooooyyyyyyyyyyyyyyy dijo, agggggggggggggggggg, que rico gritaba quiero más vergaaaaaaaa, ahhhhhhhhhhhhhhhh y me chorreó con todos sus líquidos en mis piernas. Yo también en ese momento terminé abrazándonos y chillando juntos como si nunca hubiéramos tenido sexo.

Estuvo genial dijo, ahora si vistámonos antes que venga alguien, yo le dije nooooo quiero seguir haciéndote el amor ahora que estamos solos, a lo que contestó goloso y de nuevo empezó a chupetearme el pene. Esa es otra historia que pronto les contaré, como aquella otra en la que dejó el local que tiene ella al cuidado de su marido mientras nosotros dábamos rienda suelta a nuestra lujuria. En un motel, que por cierto era la primera vez que conocía mi suegra.

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La viciosa de mi suegra

Soy uno de esos cuarentones con los que os habreis cruzado infinidad de veces y que no destacan especialmente. Aspecto agradable, aseado, siempre bien vestido, con un buen trabajo y una economia desahogada que me permite vivir la vida que me apetece y más después de un divorcio tormentoso y larguísimo.

Actualmente vivo con Melisa, una dominicana de 27 años, que es una preciosidad y que conocí en un congreso internacional de estética, donde ella representaba una marca internacional.

Su origen caribeño va ligado a la fogosidad con la que vive el sexo y que se traduce en un festival de puro frenesí cuando, casi a diario, llego a casa y me la encuentro con una combinación super-sexy, montada sobre unos tacones de vértigo y ofreciéndose como una perra en celo para que la monte sin contemplaciones.

La verdad es que, a pesar de mis 42 años, me mantengo en forma y la naturaleza me obsequió con una buena polla de 25×3 cm. con la que reviento el culo de Melisa.

Hace una semana que su madre comparte piso con nosotros y el pasado fin de semana Melisa tenia un congreso en Berlin, así que Glenda iba a estar conmigo a solas. Ella me pareció una auténtica hembra, buenas tetas, culo bien puesto y una carita de vicio que pedia a gritos que se la follaran. Yo suelo dormir en pelotas y no me corto porque haya alguien en casa y esa noche me levanté a beber algo pues hacia un calor insoportable y fui a ducharme.

Cuando salia de la ducha entró Glenda y se sorprendió al verme. Su vista se clavó en mi rabo morcillón que empezó a crecer cuando la vi con un camisón transparente y sus pezones crecidos.

El cuarto de baño es estrecho y al ir a por la toalla nos rozamos y me detuve unos instantes encajando mi polla en su magnîfico trasero sin provocar ningún rechazo por su parte, todo al contrario, se giró, me miró a los ojos y agarrando mi polla con su mano me dijo que se masturbaba cada noche oyendo gemir a su hija.

Al oir esto la morreé llevándola hacia el wc donde la senté y agarrando su cabeza le follé la boca hasta provocarle varias arcadas. La mantuve así hasta que le faltó el aliento, la giré bruscamente buscando su culo con mi lengua y ofreciéndole un beso negro que agradeció abriendo sus nalgas y gimiendo de placer. Mi polla se introdujo en ese culo prieto que agarré por las caderas y empecé a bombear haciendo que mis huevos golpearan su frontón, esa zona entre el coño y el culo donde rebotan las pelotas, el ritmo lo dominaba a mi antojo provocando varios orgasmos suplicando que no parara y soltando todo tipo de insultos mútuos.

Cuando su cuerpo empapado de sudor parecia desplomarse de placer saqué mi perforadora y me senté en el wc., ella de rodillas frente a mí acabando una mamada que, apretando su nuca contra mi polla le soltó toda la lefa que tragó sin pestañear y siguió chupándola ofreciéndome un orgasmo increible.

Mientras me relajaba después de la corrida y Glenda se masturbaba lamiendo mis huevos y apurando las gotas de leche que salian de mi polla agotada me imaginé cómo seria una sesión con Glenda y Melisa…

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Mi esposa, la hermana y la madre

Siempre me sentí como un extraño en esa casa porque nunca fui apegado a los rituales familiares y por otro lado me miraron desde un comienzo como un extraño. Eso en realidad nunca me ha importado porque llegué hasta ahí sin desearlo y simplemente arrastrado por las circunstancias. Pero de pronto todo cambió cuando conocí a mi mujer en unas vacaciones en que, estando ella sola en el lobby de un hotel, me acerqué a ella con el afán de compartir nuestra mutua soledad. Resultó ser una morena simpática y directa de unos 25 años con la cual entré rápidamente en confianza y a la cual me fue fácil conquistar pues se veía desde lejos que ella estaba ansiosa de pasión y aventura.

Esa misma noche terminamos en la cama de mi cuarto del cual solamente se fue al amanecer tan solo cubierta con un abrigo y con sus calzones y el resto de su ropa íntima en las manos.

Había sido una noche salvaje. Ella era virgen y yo le destrocé todo lo que había que destrozarle en medio de una algarabía de gritos de dolor y de placer que aún no me explico como no despertaron a los huéspedes de los cuartos vecinos.

La hembra, actualmente mi esposa, se había demostrado al comienzo muy pudorosa e ignorante, cosa que debo reconocer me excitó sobre manera, pero una vez desnuda y dispuesta me di cuenta, que si bien su virginidad era autentica, la sabiduría y desenvoltura con que se comportó el resto de la noche daban la impresión de una mujer experta en las lides del amor.

Su calentura sin limitaciones y su disposición para entregarse a los juegos sexuales más inauditos me llevaron a depender de tal modo que terminé por casarme con ella porque la verdad no podía prescindir de sus favores íntimos. Lo único que me molestaba poderosamente en todo esto era que ella insistió de todos los modos en que deberíamos vivir en la casa de su familia pues ellos eran un grupo tan unido que de otro modo no sería capaz de prescindir de la cercanía de su madre y su hermana.

Abrazado por una calentura cada día de mayor intensidad yo terminé por aceptar lo que ella me pedía y sin hacer mayores problemas acepté sus condiciones por cuanto yo veía que durante el día yo habría de estar sumido en mis negocios y podría perfectamente departir con la familia un corto rato en la noche antes de irme a la cama a disfrutar diariamente de mi tesoro moreno que cada día me brindaba nuevos placeres incontrolables.

Así mi vida comenzó a desarrollarse como yo lo había planificado sin mayores problemas para nosotros dos y tampoco para su hermana mayor ni para su madre que eran los otros habitantes de la casa.

Lo único que me preocupaba era que nuestras sesiones nocturnas eran tan desaforadas que ello pudiese restar privacidad a nuestra vida. Esto lo pensaba por cuanto mi mujer gustaba de expresar su placer mediante gritos y quejidos desesperados que se me ocurría a mi habrían de resonar en el silencio de la noche molestando a su familia, pero de los cuales yo no podía prescindir porque formaban parte de nuestra felicidad y de nuestros juegos.

Uno de nuestros juegos favoritos era montar a mi mujer mientras ella caminaba en cuatro por el cuarto hasta afirmarse en el borde de la cama en donde yo terminaba clavándola sin piedad en medio de sus gritos orgásmicos desenfrenados. Fue así como una noche en medio de estos placeres y mientras mi mujer desfallecía de placer sentí pasos en el pasillo en el cual se encontraba nuestro cuarto.

No le dije nada a mi mujer y al día siguiente me comporté como siempre, pero como la noche siguiente volviera a sentir los pasos a nuestra puerta, se lo comenté a mi mujer y ella muy segura de si misma me dijo que ella estaba segura que esos pasos eran los de su hermana que a menudo le había preguntado acerca de los ruidos que escuchaba en nuestro cuarto y seguramente se había atrevido a venir a escuchar a nuestra puerta. Me dijo que ella nada le había contado pero era evidente que ella estaba alterada por lo que sucedía en nuestra pieza.

Este comentario hecho por mi mujer en medio de nuestro encuentro sexual no hizo si no encendernos más, puesto que el hecho de saber que mientras nos entregábamos a los placeres más descarados su hermana estuviese al otro lado de la puerta escuchándonos, nos hacía esforzarnos más para poder darle la oportunidad de participar en eso aunque no fuese sino a través de los ecos de nuestros gritos. Fue así como nos pusimos de acuerdo con mi mujer para que a la noche siguiente ella sola en nuestro cuarto fingiera que estábamos follando en medio de sus gritos mientras yo podía desde el otro extremo del pasillo ver quien era que nos espiaba.

Estaba pues yo la noche siguiente en mi puesto de observación desde el cual podía escuchar claramente los gritos de mi mujer simulando los orgasmos más desesperados, cuando vi a la mujer, que tratando de no hacer ruido, se acercaba a la puerta de nuestro cuarto vestida tan solo con una amplia bata de noche. No se había percatado para nada de mi presencia y se había afirmado en la pared justo al lado de nuestra puerta.

Los gritos ocasionados por mi mujer desde nuestro cuarto eran tan auténticos que estaba seguro que se masturbaba, cuando vi que la mujer se despojaba de la bata quedando desnuda en el pasillo segura que nadie la observaba y pude darme cuenta que no era la hermana de mi mujer sino su madre.

Esta hembra de unos 45 años lucía a la luz de la penumbra del pasillo un cuerpo voluptuoso y opulento. Se acariciaba los pechos muy bien contorneados y agitaba sus caderas con un ritmo en el que se adivinaba la experiencia de una hembra sabia en las lides del sexo. Sin duda estaba abrazada por el deseo y sin recato alguno los tres dedos de su mano entraban y salían de su sexo con una gracia y pericia que demostraban plenamente que ese ejercicio era sin duda habitual en ella.

Mientras tanto, era tal la tensión erótica que ocasionaba en mi los gritos de mi mujer y las acciones de mí magnifica suegra, que no pude resistirme y comencé a masturbarme allí a unos metros de ella y al parecer no lo hacía silenciosamente puesto que la mujer se sintió sorprendida y avanzó hacia el lugar donde yo estaba de tal modo que aunque fue por un corto instante nos vimos plenamente a la tenue luz del pasillo cada cual en su labor auto satisfactoria. Fue solo un breve momento pero los suficiente para saber que definitivamente éramos cómplices.

Al regresar al cuarto de mi mujer ella esperaba con ansias el resultado de mi exploración y el deseo de escuchar lo que le contaría la tenía más caliente que de costumbre y entonces yo decidí mentirle y le dije que realmente era su hermana la que estaba en la puerta y le conté todo lo que había visto tan solo poniendo a mi cuñada en lugar de mi suegra.

Al día siguiente, ya con mis planes bien estructurados volví a la casa desde mi trabajo recién pasado el mediodía hora en la cual yo sabía que mi suegra se encontraba sola. Entré sigilosamente y no la encontré dentro de la casa pero luego me di cuenta que ella se encontraba en la pequeña pieza del jardín que hacia las veces de bodega de herramientas, de modo que me dirigí allí sin demora. La mujer me miró sorprendida pero en absoluto asustada. Más bien creo que estaba esperando algo así.

La abracé desde atrás y sentí su culo firme sobre mi miembro duro. Me di cuenta de inmediato que ella estaba caliente pues se acomodó de tal modo de poder sentir mi miembro en el centro de su hendidura. Sin mayores trámites le arrastré las bragas hasta los pies e inclinándola sobre una pequeña mesa la penetré sin contemplaciones dándome cuenta que su coño delicioso cubría mi polla con sus jugos calientes.

Era una hembra madura caliente y dispuesta, pues seguramente hacía años que no conocía las delicias de un instrumento Después lo hicimos sobre el suelo levantando sus piernas torneadas y suaves hasta sus hombros mientras ella me decía que podía cogerla cuando quisiera pero que no quería que mi mujer supiera nada de esto y que tendríamos que organizarnos bien.

Así lo hicimos y los días siguientes seguí visitándola durante el día y por la noche atendía a mi mujer ya que con este doble ejercicio yo andaba más caliente que de costumbre. Así mi mujer estaba cada día más caliente con la idea que era su hermana quien nos espiaba y esto le producía cada noche más deseo y más cosas me entregaba, hasta que una noche en medio de tanta calentura me dijo si a mi me gustaría hacer el amor con ella y con su hermana, que eso a ella le calentaba mucho y estaba segura que su hermana aceptaría y que si yo quería ella le hablaría.

El solo escuchar su proposición desató en mi una descarga terrible acabando en medio de los gritos habituales de mi mujer. La idea de poder tirarme a las dos hermanitas me pareció fabulosa, de hecho comencé a prepararme para eso que acordamos sería la noche siguiente. Pero esa tarde no falté a la cita con mi suegra y fue tanta la intensidad del coito y tan salvaje lo que esta hembra me hizo sentir que en medio de la tremenda calentura no se me ocurrió nada más caliente que decirle que esa anoche me tiraría a mi mujer y a mi cuñada a lo que mi suegra encendida por lo que yo le contaba me dijo que ella se haría presente aunque no la invitaran.

A mi no me cupo la menor duda que así lo haría. Esa noche llegué un poco más tarde a la casa porque pasé al bar a tomarme un par de tragos para prepararme bien para la sesión que me esperaba. Y cual no sería mi sorpresa si cuando entré en mi cuarto mi mujer y su hermana estaban abrazadas desnudas en la cama. Esa escena me calentó tanto que rápidamente me despojé de la ropa y ya con mi fierro encendido me acerqué a la cama y comencé a pasárselos por la cara.

Las dos hembras que ya estaban calientes por las caricias que se habían brindado comenzaron a chupármelo con tal intensidad se me puso aún más duro. Ellas chupaban una por cada lado hasta que juntándose en la cabeza terminaban besándose ambas de una forma que me calentó casi hasta ocasionarme erecciones dolorosas.

Me sumergí entre sus tetas y las recorría como loco hasta que sentí la carga suave del cuerpo de la madre de estas hembras locas que se montaba sobre mí mojándome las nalgas con su sexo abierto. En ese momento sentí una descarga de tal magnitud que creí morirme, pero afortunadamente no fue así y estoy vivo para poder seguir contándoles lo que realmente me ha sucedido.

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La madre de mi novia

Se la metí hasta el fondo de una sola vez, ella solo gemía y se sobaba las tetas de una manera que parecía que se las quisiera arrancar. De repente se paró y se dio la vuelta poniéndose a cuatro patas en el sofá, me agarró la polla y se puso la punta en el culo y empezó un movimiento lento de adelante y atrás, metiéndose la polla poco a poco, hasta que al final quedó dentro completamente.

Hola, me llamo Alberto, tengo 26 años y soy de Burgos, soy un asiduo a los relatos de esta muy buena página, y por fin me he atrevido a contar lo que pasó con la madre de mi novia, yo soy rubio, ojos verdes y 1.80 m. La madre de mi novia es Morena, de 54 años, sobre 1’65m un bonito culo y unas enormes tetas.

Todo empezó un domingo que mi novia me invitó a comer al chalet que tiene en un pueblo aquí cerca, teníamos para comer una chuletas y me dijeron que si las quería hacer yo porque me salen muy bien, yo acepté, su madre me estuvo ayudando porque era ella la que las iba a repartir, como las asamos en una chimenea del merendero y estaba en el suelo, nos teníamos que agachar, así que cada vez que la madre de mi novia se agachaba se le veía el sujetador blanco de puntilla y sus enormes tetas que parecían que se querían escapar de aquel sujetador, así que con esta panorámica yo me empalmé, cuando acabé de asarlas ellas se puso a servir y yo me quedé recogiendo un poco el fuego y la parrilla, como ella servía por donde yo estaba sentado en vez de dar la vuelta a toda la mesa pasé por detrás de ella y al haber poco sitio entre la mesa y la pared donde ella estaba sirviendo, la agarré por la cintura para que al pasar no la pudiera tirar, así que al pasar noté como mi polla, todavía dura, se metía en la raja de su culo, que sensación; ella por supuesto se dio cuenta de ello, pero no dijo nada.

Una vez que nos sentamos a la mesa su marido la preguntó que porque estaba tan colorada, ella dijo que era por el calor de las brasas, y me lanzó una mirada a ver como reaccionaba, yo seguía como si no hubiera pasado nada, durante el transcurso de la comida me lanzaba miradas como observando que es lo que hacía, si lo de antes había sido fortuito o no.

Después de la comida el padre de mi novia se fue a echar la partida de los domingos al bar del pueblo, hasta por la noche no volvía, mi novia tenía que ir a dar unos masajes a unos vecinos de sus padres, ya que ella era quiromasajista y tenía para toda la tarde, yo me quedé viendo la televisión y su madre se quedó recogiendo la mesa. Cuando acabó de recogerla se vino a ver la tele conmigo, me dijo que estaba cansada y que le dolían los pies, yo le dije que si quería le podía dar un masaje, ella aceptó, porque sabía que los daba muy bien, ya que se lo había dicho su hija.

Puse un pie sobre mi pierna y con el otro le estaba dando el masaje, en un movimiento se subió la falda dejándome ver sus bragas blancas de encaje como su sujetador, y como se veía su coño peludo debajo de esas bragas, me puse a cien, tanto que me volví a empalmar, cuando acabé con un pie empecé con el otro y al dejar el pie sobre mi pierna este se resbaló y fue a parar a mi polla dura, ella al notarlo, dio un pequeño respingo, pero no lo quitó de encima, para mi sorpresa empezó a masajearme, ella tenía los ojos cerrados y yo me estaba poniendo cada vez más excitado, me estaba volviendo loco de lujuria, la madre de mi novia me estaba masturbando; de repente ella empezó a tocarse las tetas por encima del vestido y a emitir pequeños gemidos, yo mientras estaba mirando sus bragas y veía como se volvían transparentes y se pegaban a su coño por lo húmeda que se estaba poniendo, llegó un momento en que ya no aguanté más y me tiré hacia sus tetas, empecé a sobárselas y a chupárselas, ella se las sacó del sujetador en un rápido movimiento y como me apretaba la cabeza contra ellas.

De repente le arranqué el vestido y me puse a lamerle el coño por encima de las bragas, ella se había puesto muy excitada, seguí comiéndole el coño y veía como me apretaba contra el para que no dejara de comérselo, seguidamente se corrió y gritó de una manera que me volví loco y le arranqué las bragas de un tirón, ella estaba poseída, no dejaba que me escabullera para que le comiera el coño, seguí comiéndole el coño y el culo, hasta que se corrió cuatro veces, seguidamente se levantó y me bajó los pantalones, saltando mi polla como un resorte, ella empezó a mamarla como una desesperada y vaya sensación, no se podía describir.

Ella seguía sin decir nada solo gemía y gritaba, así que la tumbé en el sofá y se la metí hasta el fondo de una sola vez, entró sin ningún problema, debido a lo lubricada que estaba por las veces que se había corrido, empecé a follarla de una forma frenética, ella solo gemía y se sobaba las tetas de una manera que parecía que se las quisiera arrancar. De repente se paró y se dio la vuelta poniéndose a cuatro patas en el sofá, me agarró la polla y se puso la punta en el culo y empezó un movimiento lento de adelante y atrás, metiéndose la polla poco a poco, hasta que al final quedó dentro completamente.

Noté como su culo se adhería a mi polla y parecía que fuera como un guante, y como cada vez que la sacaba pareciese que el culo la agarraba más para que no se fuera, cuando ella notó que ya me iba a venir, se la sacó y se la metió en la boca sin decir ni una palabra, empezó a mamármela hasta que ya no pude más y me corrí en su boca, bebiéndose toda la leche, una vez que terminé de eyacular, ella no se la sacó de la boca y siguió chupando, provocándome otra erección, cuando estuvo bien dura, se la volvió a meter en el culo y lo único que dijo es: -Reviéntamelo, yo la follé tan rápido como pude, ella gemía y gritaba como una loca, cuando ya no pude más me corrí en su interior llenándola el culo de leche, entonces ella se levantó me llevó de la mano a la ducha y nos metimos dentro, cuando nos estabamos duchando ella me proporcionó una mamada de tal manera que me corrí en su boca. Cuando acabamos de ducharnos ella se vistió y lo único que dijo fue: gracias.

Al poco rato vino mi novia y nos fuimos a la ciudad. Desde entonces no ha vuelto a pasar nada, y ella actúa como si no hubiera pasado nada. Yo espero repetirlo algún día.

Espero que os guste mi experiencia.

Autor: Alberto

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Nunca pensé cogerme ese culo

Ella me esperaba con su batita transparente, la vagina lavada y el culo preparado para cogérmelo, dormíamos pocas horas ya que era una cogida tras otra, y llegó un momento en que ya estaba agotado de tanta eyaculación, pero el deseo es más fuerte que el cuerpo y le di más verga a mi suegra por todos lados en esa semana que en los tres años de casado que tenía con mi esposa.

Después de haber regresado al hotel, esa tarde con mi esposa, mi suegra (ya mi puta), y sus primas, seguimos platicando y comentando en el lobby todo lo acontecido, cuando mi esposa me comentó, en lo privado que si no me importaba que lleváramos a dos de sus primas de regreso a la ciudad donde vivían al fin quedaba de paso para la capital, y además que en esa ciudad se vendían muchos modelos de zapatos ya que ahí los fabricaban y que la habían invitado a quedarse unos días con ellas, ya que hacía mucho tiempo que no se veían, y así tendría la oportunidad de visitar todas las tiendas de zapatos y escoger con calma los que le gustaran…

Le contesté que yo veía el problema de que no llevaba suficiente ropa para quedarse con ellas, a lo que me respondió que ellas le prestarían ya que una de ellas era de la misma talla que la de mi esposa, además le pregunté que pasaría conmigo, ya que no tenía quien me hiciera de comer y quien iba a lavar mi ropa…

Me contestó, eso yo te lo soluciono, por lo que se fue con mi suegra y después de unos momentos me dijo: dice mi mamá que te invita a quedarte en la casa de mis papás, acuérdate que mi recámara todavía está puesta, y que ya nos hemos quedado varias veces cuando mis papás han estado de viaje, esto me dejó sorprendido, y se acercó mi suegra diciéndome: No te preocupes que nosotros te atenderemos igual que en tu casa, a lo que disimuladamente accedí.

Después de empacar decidimos salir esa tarde noche ya que yo tenía que trabajar al día siguiente, por lo que partimos hacia la capital, pasando por la ciudad donde se quedó mi esposa y seguimos nuestro camino mi suegra y yo, desde luego que ella al estar conmigo en el asiento delantero se quitó sus pantaletas y me tomó la mano para que le empezara a dar masaje en su clítoris, me pidió mi pañuelo y después de un rato de masajearla se limpió la vagina con el y me lo ponía en la nariz de donde yo estaba disfrutando ese olor a vagina tan encantador y sensual que emiten las mujeres.

Al fin llegamos a la capital y le dije a mi suegra que la pasaría a dejar a su casa y que el día de mañana estaría instalándome en su casa, a lo que me contestó que estaba bien, así que al llegar a su casa, le bajé su equipaje y me dijo que si no apetecía nada antes de irme, y al entrar encontró un recado en la mesa del hall de mi suegro diciéndole, que le había salido un viaje inesperado, y que le habían avisado en la mañana, por lo que no se pudo comunicar con ella en el rancho, y que estaría de vuelta en una semana, entonces mi suegra me preguntó, ¿Porque no vamos a tu casa por tu ropa de mañana y te quedas a dormir de una vez esta noche aquí?, ya que la sirvienta tiene vacaciones y no regresará hasta dentro de dos semanas, y me da miedo quedarme sola en esta casa.

Para mí eso era música celestial en mis oídos, por lo que le propuse que yo iría por mi ropa, ya que era bastante, y vendría pronto, ella accedió y con un gran beso en la boca me despidió, y me preguntó si tenía suficientes condones, a lo que le contesté que si, como unos cinco, a lo que me dijo no te preocupes, mañana nos aprovisionamos de más. Me fui a mi casa y en el trayecto no se me bajaba la verga no más de pensar lo que le esperaba, así que cuando estuve de regreso en su casa, me abrió el garaje y metí el automóvil, y cuando entré que le encuentro solo con una batita transparente que le llegaba solo hasta medio muslo, sin nada abajo, lo que me puso mas excitado de que ya estaba, pasamos a la cocina y me dijo, vamos a celebrar el estreno de mi culito por parte tuya, el aprendizaje que me diste como alumna de mamar penes, y el estreno de tu ano siendo acariciado por mi lengua, acto seguido abrió el refrigerador y sacó una botella de champaña y la depositó en un recipiente para esta, me entregó dos copas que ya tenía dispuestas y me dijo sígueme vamos a mi recámara a celebrar esto.

Subimos hasta su recámara y en cuanto entramos dejó la botella yo las copas y se me abalanzó a darme besos y a empezarme a desnudar, lo cual en pocos momentos lo logró, me llevó al borde de la cama, se sentó y me empezó a dar de besos en la punta de mi verga y a acariciarla con ternura entre sus manos, diciéndome que esta verga era para ella, el nacimiento de una mujer que no sabía que tenía lo puta adentro hasta que yo le había despertado ese sentimiento y que por eso estaba feliz.

Me pidió que abriera la botella y nos servimos una copa cada uno y brindamos desnudos y pegados frente a frente por el nacimiento de una puta escondida, entonces me la llevé al baño, puse una toalla en la plancha de el lavabo y la senté, le abrí las piernas y apareció esa vagina rosadita con su clítoris, esperando mis besos, entonces le pedí que se inclinara un poco hacia atrás, tomé mi copa y la empecé a derramar desde su ombligo para que llegara la champaña hasta los labios de su vagina y la empapara, al hacer esto acerqué mi boca a esos lindos labios y empecé a beber champaña dentro de su vagina, le di mi copa y le pedí que la vaciara toda, así lo hizo y fue el brindis de champaña más sabroso que yo haya tenido…

Después de limpiarle con mi lengua esa deliciosa vagina, ella me pidió que ahora le tocaba su turno por lo que se bajó y me pidió que me sentara en donde ella estaba, tomó su copa me la dio y me pidió que la derramara en mi verga mientras ella empezaba a mamarla, por lo que también brindó por su iniciadora de culo, ya entrados en la lujuria, extendí una toalla en el piso del baño y le pedí que se pusiera en cuatro, así lo hizo, llené mi copa nuevamente, me puse debajo de ella boca arriba mostrándome su lindo culito color rosa oscuro, y le empecé a derramar la champaña entre sus nalgas, derramando en su culo y con mi lengua bebiéndola y dándole masajes a su precioso culito, además de meterle la lengua en su agujerito, empezó a jadear como una gatita, así estuve hasta que vacié mi copa en su culito, se levantó y me pidió que yo hiciera lo mismo de ponerme en cuatro, y repitió la operación conmigo, derramándome en el culo champaña y dándome con su lengua el masaje en el ano que ya me había acostumbrado.

Terminamos nuestro brindis sexual, y nos fuimos a la cama, en donde se arrodilló en la orilla de la cama y me pidió que me la cogiera por el culo como a ella le había fascinado, no esperando más, me lubriqué la verga, le lubriqué el ano, le di unos masajitos con los dedos, y empecé a metérselo lentamente, para esto su culito ya tenía medida el espesor y el largo de mi verga, por lo que me recibió con más facilidad, me detuve a media verga, y esperé a que se acostumbrara su esfínter, y cuando ella sintió que era el momento se hizo hacia atrás y le dejé ir toda la verga gritando ella de placer, y empecé a meter y sacar la verga totalmente, y en cada metida ella gritaba de emoción, así la tuve ensarte tras ensarte, y solo se oían nuestros gemidos y el choque de mi verga al entrar y el ruido de vacío al salir, ella entre sus gritos me decía, cogeme profundo, papacito, que yo soy tu puta acabada de nacer, tu mejor alumna mamadora de verga, y tu maestra en masajes a tu ano, yo le contestaba, así es mi suegrita puta, de ahora en adelante ya tienes la verga sustituta de tu marido, para que no estés sufriendo por que no te coge seguido, tu yerno tiene para ti la leche que te hacia falta…

Después de estármela cogiendo, le anuncié mi eyaculación y ella ya sabiendo empezó a apretar su esfínter provocándome un fuerte orgasmo, mientras tanto mi mano trabajaba apretando sus ricos pezones, y mi otra mano dándole masaje a su clítoris, esperamos a que se me bajara la verga, y entonces se la saqué, me fui al baño a lavarme, y me siguió, diciéndole que la que lavaba penes en esta pareja era ella, afortunadamente en el baño de ella tiene bidet, por lo que me sentó, abrió las llaves, templó el agua y me empezó a lavar la verga con mucha delicadeza, luego me dijo, hazte un poco más adelante, quedando mi culo sobre el chorro del agua sintiendo una sensación muy agradable, se enjabonó las manos me lavó las nalgas y empezó a darme masaje en el ano con sus dedos lo que me empezó a elevar a los cielos, terminó, me secó se sentó ella y me dejó lavarle ese culito y esa vagina de la misma manera que ella me lo hizo, la sequé y nos fuimos a la recámara en donde nos acostamos no sin antes terminar la champaña y dejarme derramar un poco en sus senos para saborearlos con champaña.

Nos acostamos y nos abrazamos y empezamos a besarnos en la boca como desesperados, y acariciándonos nuestros cuerpos, sus nalgas, sus piernas, su cintura y sus preciosos, senos, después ella se metió dentro de las sábanas y me empezó a mamar la verga, con la suavidad que había aprendido, y yo desde luego a mamarle esa preciosa vagina y ese clítoris que me tenía hipnotizado, así estuvimos hasta que me volvió a parar la verga con su boca.

Se puso de espaldas, tomó un condón del buró y me dijo, ahora le toca a la vagina sentir tu verga, me puso el condón con la boca, con su beso tronado en la cabeza antes y empecé a penetrarla con toda suavidad, hasta que se la dejé ir toda, ella jadeaba como una gatita y eso fue el mete saca hasta derramarme nuevamente, dejar que se me bajara, quitarme ella el condón y limpiarme con su lengua la verga, mis huevos y empezar el masaje de su lengua en mi ano, así estuvimos cogiendo lo que quedaba de la noche sin prisas, ya que nos dormimos, y cuando ella despertaba me despertaba al yo sentir que me estaban mamando la verga, o cuando yo despertaba, la despertaba a ella al sentir que le estaba mamando o los senos o la vagina, no recuerdo cuantas veces me la cogi, esa noche pero fue el comienzo de una larga sesión de sexo con mi puta y querida suegra.

Como a las siete de la mañana sonó el despertador y me desperté no encontrando a mi suegra en la cama, me metí a bañar para alistarme a ir a la oficina, y cuando terminé y empezaba a vestirme, llegó mi suegra totalmente desnuda, me dijo, hoy hablas a tu oficina y les dices que estás mal del estómago y que vas a ir al médico, porque pasaste una noche sin dormir, ( efectivamente), ya que este día me lo vas a dedicar totalmente a mí y nos vamos a pasar el día desnudos cogiendo cuantas veces queramos sin que nos moleste nadie, y ahora mismo nos vamos a bañar en el jacuzzi, porque quiero que me comas en el agua, a lo que yo muy obediente, esperé la hora de oficina y me reporté con mi secretaria que no iría a trabajar, ya que iría al médico, por lo que empezó a llenar el jacuzzi y entre tanto me dediqué a sobar y a mamar esos lindos senos que me traían loco.

Se llenó el jacuzzi, nos metimos y eso fue el acariciarnos y empezar a cogermela por el culito como a ella le gusta, terminamos nos secamos y así desnudos estuvimos todo el día, desayunando, comiendo y cenando, desnudos y cogiendo por toda la casa.

Los siguientes días fueron de orgía completa, ya que en cuanto llegaba de la oficina, ella me esperaba con su batita transparente, la vagina lavada y el culo preparado para cogérmelo, dormíamos pocas horas ya que era una cogida tras otra, y llegó un momento en que ya estaba agotado de tanta eyaculación, pero el deseo es más fuerte que el cuerpo y le di más verga a mi suegra por todos lados en esa semana que en los tres años de casado que tenía con mi esposa, por fin el sábado fui a recoger a mi esposa, y me regresé a mi casa exhausto de haber hecho trabajar mi verga horas extras, afortunadamente, mi esposa estaba terminando de menstruar por lo que no me pidió sexo ese fin de semana.

En el siguiente relato seguiré relatando mis aventuras con mi suegra.

Saludos a todos

Autor: BENTER

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Que noche con mi suegra

Me levanté para recoger las frazadas del suelo, la cubrí con las mismas tal como estaba, con las piernas abiertas y las tetas afuera y luego busqué mi calzoncillo, me lo puse y salí del cuarto. Fue una gran satisfacción haber culeado lindamente a mi suegra y en el mejor estilo, patas al hombro, nunca pensé que lo lograría, por cierto disfruté mejor que con la hija.

Mi suegra, en ese tiempo una señora de unos cincuenta años, morena, gruesa de cuerpo, labios no muy gruesos con una boca grande también profunda y elástica, de cara no muy atractiva, compensaba su relativa fealdad sus tetas grandes manteniendo un apetitoso atractivo sexual, de abdomen con carnes flojas y crecido por los años que era equilibrado por sus grandes nalgas aun duras que formaban un hermoso culo grande, aproximadamente el doble del que tenían sus hijas.

Sus gruesos muslos y pantorrillas formaban unas atractivas piernas todavía torneadas que al mirarlas era imposible no hacer comparación con la de sus hijas, esas piernas no dejaban de excitar cuando alguna vez se le subía el vestido o se agachaba para recoger algo o entreabría al sentarse.

En una oportunidad, salió de la ducha envuelta en sus toallas, estas le cubrían desde las tetas hacia abajo, tenía los hombros desnudos, se sentó en una silla en la terraza que quedaba al frente de la ventana de mi cuarto y empezó a cortarse las uñas de los pies, para eso levantó el pie sobre la rodilla del otro pie abriendo las piernas gordas y dejando ver al fondo sus pelos negros y abundantes, retiré un tanto la cortina miré con más atención y pude ver el comienzo de su clítoris y parte de los labios superiores de su gran coño.

Por supuesto que ella no me estaba viendo, yo estaba detrás de la cortina de la ventana, ella pensó que no había nadie en casa y fue así que libremente levanto las piernas dejando ver su desnudez, esta vez confirmé mis apreciaciones que la vieja tenía lindas y excitantes piernas, mi verga se puso dura, era la primera vez que la vieja me procuraba una excitación total, nunca antes pensé excitarme así por ella, pero me di cuenta que estaba mejor dotada que mi mujer, me bajé el pantalón para liberar mi verga y masturbarla apretándola fuertemente por ella, fueron largos minutos de ver el espectáculo que ella me estaba brindando, terminó de cortarse las uñas y se retiró a su habitación, yo me quede trémulo de excitación.

Mi suegra era una mujer un tanto conservadora de aquellas que sólo conocieron el sexo del marido en la forma más reprimida, en alguna oportunidad expreso no conocer la verga de su esposo porque solo culeaban por las noches y a oscuras, el orgasmo para ella era desconocido en toda su vida matrimonial, así lo expresaba ella en conversaciones con sus hijas, seguramente no expresó su deseo en su oportunidad a gritos como lo hizo mi mujer, cuando en las conversaciones se tocaba temas de orden sexual, le brillaban los ojos ardientes de deseo, le gustaba hablar de sexo, por la sinceridad de sus palabras esta mujer era virgen de boca y ano, su marido nunca pasó su verga por esos lugares, pese a tener tan lindo culo estaba envejeciendo sin conocer el verdadero goce sexual.

Así fueron pasando los meses, yo solo la miraba a mi suegra con deseo, era imposible pensar en algún día podérmela culear. En una oportunidad ella, muy apurada para salir a una cita con sus parientes, entró a su dormitorio a cambiarse de ropa sin darse cuenta que yo me encontraba muy cerca, de espaldas a la ventana donde yo me encontraba se quitó la ropa que llevaba puesta incluidos la bombacha y el sostén quedando completamente desnuda, yo pude apreciar su grueso cuerpo observando principalmente su culo y sus piernas gruesas, la vieja pese a su edad y gordura mantenía unas nalgas redondas y piernas gruesas y torneadas que provocaron un sacudón sobre mi verga, entreabrió las piernas y tomando su bombacha se limpió su cocho y luego toda la raja del culo.

Al ver eso mi verga se me puso enhiesta como un mástil, era la segunda vez que veía sus partes intimas al desnudo y la segunda vez que mi verga se enduraba brutalmente por ella, seguidamente procedió a cambiarse rápidamente su nueva ropa de salida, se hizo unos arreglos de cabello y salió a tomar un taxi apresuradamente dejando la ropa que se cambio encima de la cama. Al ver todo aquello y como no había nadie más en casa, me aproximé a ver las ropas de la señora sobre todo el calzón y el sostén, ambas eran prendas enormes que en esos momentos aun conservaban el calor del cuerpo de la vieja.

Decididamente tomé el calzón observando directamente la parte más importante que era la que hacia contacto con la concha de la señora, se veía una mancha tendida a un color café claro de aproximadamente tres centímetro en su parte más ancha y unos nueve a diez centímetros de largo, la forma y el tamaño de la mancha en el calzón daban una muestra muy evidente del tamaño y forma del gran coño de esta mujer.

Llevé esa parte del calzón hacia mi cara para olerla, sentí el calor del cuerpo que aun mantenía la prenda, el olor característico que despide el coño de la mujer en este caso era algo muy especial, más profundo, más concentrado, más de mujer. Seguidamente y sacando la lengua me puse a saborear aquella parte del calzón, en ese momento imaginé estar lamiendo la concha más rica y excitante. El trapo se entró en mi boca definitivamente para ser chupado intensamente, mi verga estaba totalmente parada y latiendo, bajándome el pantalón la cogí sin dejar de chupar el calzón, me encontraba muy excitado y me masturbé duramente, por un momento dejé de chupar el calzón sacando de mi boca, me di cuenta que mi boca se quedaba con el sabor y olor de la rica concha.

La operación de chupar el calzón y masturbarme la repetí varias veces hasta que, sintiendo el deseo de descargar mi semen, llevé el calzón a mi verga y poniendo en contacto la parte de la mancha con la punta, envolví mi verga y empecé a masturbarme con fiereza, con la otra mano cogí el sostén llevándolo también a mi boca por la parte que hizo contacto con los pezones de la vieja, chupé para sentir el sabor salado de las tetas, en esos momentos vino la rauda y prolongada eyaculación sobre el calzón, este quedó totalmente empapado en esa parte con todo mi semen, por primera vez me masturbe por mi suegra y tuve un orgasmo muy placentero gracias a su olor y sabor de la vieja, su calzón y su sostén me sirvieron para imaginármela culeando conmigo. Salí del cuarto un tanto tembloroso por la emoción dejando las prendas encima de la cama, luego me senté en el patio a relamerme la boca que se quedó con el rico sabor de la concha de mi suegra.

Desde que la vi cortarse las uñas miré y admiré el culo, las tetas y las piernas de mi suegra, pero esa fue la primera oportunidad que tuve para sentir y gozar de deseo por ella y darme cuenta que era una mujer más. Desde aquel día no perdía la oportunidad de tomar sus calzones de la vieja y masturbarme a gusto saboreando el exquisito sabor de su coño, imaginándola desnuda con las piernas abiertas y yo culeándola, lamiendo su concha y haciéndola chupar mi verga, esto lo hacía aprovechando los momentos de descuido de todos los de la casa. También siempre buscaba la manera de ver como se desnudaba para ponerse el camisón cuando se disponía a dormir, y poder apreciar el tamaño de sus tetas y su hermoso culo.

Pasaron algunos meses y todo ese tiempo quedó en mi una curiosidad de saber que pensaba mi suegra luego de haberme visto culeando a su hija, ella en alguna conversación que escuché con sus hijas comentó que solo sentía dolor en sus relaciones, y a su hija la vio gritar de placer pidiendo más. Me llamó mucho la atención como desde aquel día que nos vio, fijaba los ojos con disimulo en la parte de mi verga como preguntándose como realmente era. Sus miradas me causaban estremecimiento en mis bolas, yo sabía porque lo hacia, por otra parte yo no perdía la oportunidad de robarle los calzones para sentir el olor y sabor de su coño y masturbarme en su nombre. De hecho me di cuenta que era una mujer a la cual su marido no le dio el suficiente placer en todos los años de matrimonio, esto me excitaba aún más.

Un día mi mujer se fue de viaje por asuntos de trabajo, era la primera vez que nos separábamos y también que dejábamos de culear después de más de un año de matrimonio, tenía veintisiete años de edad y mujer veinticinco, por más de un año mi cuerpo ya se acostumbro a tener sexo activo en forma diaria. Mi mujer partió un día lunes a primera hora, su ausencia duraría unos diez días.

Los primeros días pasaron sin notarse la ausencia de la costumbre de hacer sexo. Al cuarto día sentí la hinchazón de mis bolas y mi verga se ponía gruesa y dura, busqué de alguna manera satisfacer mi deseo intentando inútilmente robarme un calzón de mi suegra para masturbarme como lo hacía cuando se presentaba la ocasión, sin lograr este objetivo porque los papas de mi mujer no salían de casa. Al día siguiente (viernes), durante la noche no aguanté más, tenía que vaciar mis bolas de cualquier manera, me acosté en mi cama totalmente desnudo, mi verga se puso dura y empecé a masturbarla duramente, en eso me acordé que Malena, la hermana de mi mujer, dejó sus zapatos de taco alto días antes, Malena era poseedora de unos pies pequeños, bonitos y excitantes, de aquellos pies que no podían dejar de ser besados y saboreados en el momento de hacer sexo.

Busqué los zapatos en el ropero, los tomé y realmente la forma de los hermosos pies quedaron en los en los zapatos y esto me puso más excitado, uno de ellos lo llevé a la boca y lamí la parte donde hace contacto la planta del pie y los dedos sintiendo el sabor excitante de los pies, el otro zapato lo puse en mi verga llenando totalmente el zapato con todo mi aparato incluidas las bolas, me tiré encima de la cama para hacer movimientos como si estuviese culeando realmente, me masturbaba en el zapato, nada tuvo que envidiar a una vagina de mujer, imaginarme culeando con la bella Malena era realmente hermoso, no tardó el momento de liberar mis bolas, un gran chorro invadió el zapato de Malena causándome gran satisfacción.

Llegó el día sábado, ya eran seis días que no agarraba mujer, sin embargo me ayudó mucho haberse masturbado en los zapatos de Malena y pasé el día tranquilo. En las primeras horas de la noche los papas de mi mujer se alistaron para ir a una invitación, una fiesta, yo me quede en casa mirando TV en mi cuarto hasta muy tarde, eran las primeras horas de la madrugada del día siguiente domingo, aproximadamente la una de la mañana y cuando apagando la TV me aprestaba a dormir, escuché el ruido de la puerta al abrirse, eran mis suegros que llegaban de la fiesta con unos amigos, todos estaban muy bebidos, mucho más bebida estaba mi suegra, los amigos se quedaron en el living y los viejos subieron a su dormitorio, por el ruido que hacían me pare a ver, una de las ventanas de mi cuarto daba justamente al frente del baño, al pasillo y al dormitorio de los suegros y me puse a mirar.

Mi suegra con deseos de orinar entró al baño muy tambaleante, su marido la ayudó, seguramente pensando que no les veía nadie dejaron la puerta abierta del baño, la vieja levantándose el vestido se bajó el calzón y las medias para sentarse luego en el inodoro depositando su hermoso culo grande, se veían sus piernas gruesas casi unidas, en esa posición se quedó varios minutos dormitando, su marido al percatarse de ello se dispuso a levantarla, en la acción pude ver un triángulo de abundantes vellos negros percibiendo también unas gotas del líquido que descargó momentos antes, el marido hizo que la vieja separara un tanto las piernas para luego coger parte del vestido y secar los vellos mojados por la orina, la acción fue clara, aprovechó también para masturbarla un poco metiendo su dedo a su cocho. Al ver se me paró inmediatamente la verga, se puso bastante dura.

El marido de la vieja subió el calzón y las medias para luego casi arrastrándola llevarla a su cama, también con la puerta abierta la ayudó a quitarse la ropa, prácticamente se la quitó el marido, dejándola semidesnuda, solo con el calzón, yo estaba viendo desde la ventana de mi cuarto todo aquello, las tetas grandes le colgaban dejando ver unos pezones grandes y rojizos que invitaban a la succión, la vistió con el camisón para dormir y echándola en la cama la arropó, salió del cuarto apagando la luz para dirigirse donde sus amigos que luego de una charla casi a gritos, alzaron una guitarra para luego salir a continuar tomando tragos en otro lugar.

Nos quedamos en casa solos mi suegra y yo, estaba vestido con una polera y calzoncillo, al oír cerrarse la puerta inmediatamente salí de mi cuarto para dirigirme al cuarto de mi suegra, en esos momentos pasaron muchas cosas por mi mente, tal vez me animaría por lo más riesgoso, era mi oportunidad para por lo menos apretar las tetas y las nalgas de mi suegra, aproximándome a la puerta escuché como roncaba, me quedé así varios minutos, mi verga dura sobrepasaba la pretina de mi calzoncillo hasta llegarme al ombligo. Al fin arranqué valor para abrir el cuarto de mi suegra, lo hice muy lentamente metiendo la cabeza, en la penumbra vi el cuerpo de la vieja, ella roncaba estaba en un sueño muy profundo producto de la borrachera, entre decididamente, la toqué por los brazos luego desabrochando todos los botones metí las manos debajo del camisón palpando las tetas en esos momentos desprotegidas, era la primera vez que tocaba aquellas tetas grandes y un tanto blandas, no me alcanzaban las manos para poder contenerlas completamente.

Percibí los pezones grandes y los apreté, en esos momentos mi verga me estaba por reventar, el semen estaba casi en la punta, la suegra seguía durmiendo profundamente no se daba cuenta de los apretones en sus tetas ni de mi presencia, entonces prendí la luz, con su vestido que estaba cerca tape los ojos de la vieja para evitar se despierte, luego vi las tetas enormes en completa exposición para mi solo, terminé de quitar las tapas que aun la cubrían, subí hasta la cintura el camisón y pude observar las hermosas piernas gordas y gruesas que tanto me excitaban, al verlas tan de cerca me produjeron un sacudón, las miré por un largo momento y luego metí mi mano bajo su calzón tocando los abundantes vellos de la vieja y al palpar su resbaloso y húmedo clítoris, no aguanté más, sentí que mi verga reventaba en un chorro copioso, soltando el clítoris tomé con una mano la una teta y me la metí en la boca para propinarle fuertes chupetones y mordidas, con la otra apenas pude coger un zapato de la vieja que estaba en el piso para meter mi verga apretándola y descargando inmediatamente todo mi semen concentrado en mis bolas, tal como lo hice en los zapatos de Malena. El orgasmo fue largo, intenso lleno de vigor, el zapato de la vieja quedó lleno de semen, mi verga pese a haber descargado el semen continuaba parada, las mordidas y chupadas sobre la teta grande de la vieja no le hicieron mella, ella continuaba durmiendo.

Luego de relajarme un poco la miré a mi suegra casi desnuda, con las grandes tetas y piernas totalmente descubiertas, mi verga continuaba parada y con el deseo que la tenía a la vieja pensé que podía hacer más cosas, de manera que para asegurarme salí corriendo hacia la puerta de entrada para poner la cadena de seguridad y evitar ser sorprendido por el suegro en caso de que llegase, volví donde la suegra, mi verga continuaba totalmente parada como si no hubiese descargado su semen. Esta vez con más seguridad quité el calzón de la vieja para ver definitivamente su vellos y piernas y la forma de su culo, no tomé en cuenta la gran cantidad de grasa que llevaba por la parte del abdomen, eso no importaba porque lo que yo quería era lo de más abajo, separé las piernas doblando un tanto las rodillas para quitar el calzón y con el en la mano lo mire y nuevamente me fijé en la parte que cubre el cocho, encontrándome nuevamente con la mancha de la concha tal como vi aquel primer día en que otro calzón estuvo en mis manos, pero en esos momentos tenía la oportunidad de tener la propiamente concha de mi suegra.

Me quité el calzoncillo liberando totalmente mi verga que empezó a moverse en una forma incontrolable como pidiendo entrar de una vez a su estuche favorito, entonces tomé las piernas gruesas y gordas de la vieja, pese a la gordura me producían una fuerte excitación porque al fin y al cabo eran piernas de otra mujer y además de la mamá de mi mujer, esto último me causaba una emoción bien fuerte.

Separé las piernas poniéndome en medio, las levanté sujetando por las gruesas pantorrillas al mismo tiempo que las abría, bajé la mirada y al fin pude ver lo que más me fascinaba de las mujeres que en este caso era mucho más especial, al fondo y entre los pelos estaba la hermosa, grande y rica concha de mi suegra, mirando me quedé casi sin respirar era un momento de emoción que me embargaba, tenía que verla y olerla más de cerca, entonces sin dejar de abrir las piernas las llevé hacia delante a la altura de las tetas que en esos momentos estaban totalmente expuestas, y doblando las rodillas logré una posición donde toda la raja de la vieja quedaba expuesta, en esa posición aprecie realmente el tamaño y las formas redondas del culo grande, bello y excitante de mi suegra, era la primera vez veía un culo de semejantes proporciones, era el culo por el cual me masturbé tantas veces, ni el culo de mi mujer que era el más grande culo que había culeado hasta esos momentos era así.

Mi mujer también era gorda y de gruesas piernas con relación a otras que conocí. El canal de la vieja era también oscuro como de mi mujer pero más largo en extensión, me fije más detenidamente en la poderosa concha acercándome a diez centímetros, lo que estaba viendo era realmente fantástico, estaba observando un clítoris largo como de unos cuatro centímetros y tan grueso como la parte inicial del dedo medio de mi mano, los labios de la concha de color café oscuro en sus bordes y rosados en sus bases de unos tres centímetros de alto y cinco de largo, la vulva rojiza dejaba entrever el comienzo de la vagina también del mismo color, que agrandaba más el tamaño del cocho con unos dos centímetros más, despedía una fragancia exquisita y fuerte de mujer.

A los cincuenta años la vieja era poseedora de una hermosa rosa al medio de sus piernas que pedía a gritos el riego fantástico del deseo, su forma y prestancia nada tenía que envidiar a las conchas de mujeres de veinte o treinta años. La vulva daba inicio al túnel ancho y profundo de la vagina, dispuesta a recibir las más grandes y gruesas vergas y a brindar el placer más absoluto al macho que la penetre, que sepa disfrutar de esa sexualidad y sepa también brindarle el placer que se merece.
Así me quedé mirando por largos minutos aquella concha fascinante, estaba estupefacto. La vieja hizo un movimiento que me sacó de mi estado absorto, ella solo movió la cabeza de una lado a otro sin dejar de dormir, no se daba cuenta que estaba siendo observada en toda su intimidad, nunca antes un hombre la observó y apreció de esa manera, cuando estuve seguro que continuaba durmiendo volví a mirar su hermosa concha, esta vez miré también su ano casi cerrado, menos cerrado que el de otras mujeres, sin embargo este estaba virgen y parecía estar pidiendo que alguien penetre rozando las paredes de su túnel oscuro, a dos centímetros de distancia de la vulva.

No aguante más, mi lengua salió rauda clavándose en lo más hondo de la vagina, con una convulsión de movimientos como queriendo tocar el útero, los movimientos de mi lengua dentro de la vagina eran tan intensos que cualquier mujer hubiese estado por el quinto orgasmo, tal vez ella misma si hubiese estado más consciente.

Saqué la lengua de la vagina para chupar el clítoris que con el accionar de la lengua se endureció reciamente, estaba muy erecto, la chupada de clítoris fue memorable, este llenaba toda mi boca era mordido y latigueado con la lengua sin compasión, nunca antes había chupado un clítoris de ese tamaño, solté un poco las piernas hasta que los pies apoyaran en la cama con las rodillas dobladas.

Sin dejar de chupar aquel poderoso clítoris mis manos empezaron a manipular con fuerza las grandes nalgas, haciendo eso combinaba con lamidas y chupadas, metiendo la lengua en la vagina y agarrando nuevamente el clítoris con los labios, tiré mis manos hacia las tetas grandes y las apreté con vehemencia. El sabor de esa concha era realmente exquisito como se reflejaba en el calzón que mucho antes me hizo vibrar, nuevamente sujeté las piernas a la altura de las rodillas y las impulsçe hacia adelante para tener mejor disposición del culo, a lengüetazos recorrí todo su canal profundo, mi lengua también se introdujo en el ano, la hacía girar en la entrada para luego de un solo lengüetazo unir el ano con la concha haciendo varios embates seguidos y rápidos en ambos agujeros.

Desde que entré en la habitación ya había transcurrido como una hora, eran como unos cuarenta y cinco minutos que yo estaba lamiendo y chupando aquel culo. La vieja que ya había dormido todo ese tiempo empezó a sentir las caricias febriles de mi lengua sobre todo el contenido de su canal, manifestándose con un gemido de placer, entonces antes que asustarme, intensifiqué las lamidas sobre su chocho, tragándome todo el clítoris sacudía rápidamente la cabeza de lado a lado soltando nuevamente las piernas para dejar que apoyen los pies en la cama. La vieja gimió más claramente, con el apoyo de sus pies sobre la cama empezó a mover todo el culo con los movimientos propios de un culeo, ella ya estaba excitada y sintiendo placer, por primera vez en toda su vida sexual ella estaba sintiendo las caricias de la lengua de un macho sobre su concha y estaba gimiendo de placer pese a los tragos que llevaba encima que por lo visto ya se le estaban diluyendo.

La vieja ya daba muestras de estar consciente por los movimientos de deseo de su lindo culo y sus gemidos cada vez más fuertes, aun tenía el vestido cubriendo su cara y ojos. Me acordé del riesgo que estaba pasando y decidí de una vez metérsela mi verga dura en esa concha que tanto había lamido, así, dando un fuerte chupetón al clítoris que estaba totalmente erecto, dejé de chupar y me levanté poniéndome de rodillas, al mismo tiempo que levantaba nuevamente las piernas de mi suegra abriéndolas, seguidamente me acerqué hasta la altura del cocho expuesto, colocando las piernas sobre mis hombros e inclinándome un poco busqué con mi pene el agujero tan deseado, la punta hizo su primer contacto con el clítoris como saludándose, los grandes labios de la concha se separaron cual si fuese una rosa abriendo sus pétalos como dando la bienvenida a aquella verga, la humedad del chocho era abundante y caliente, estaba todo dispuesto para la penetración.

Vino el primer embate con vigor y violencia sobre la linda concha perdiéndose totalmente mi verga, los dos cuerpos estaban completamente unidos como si más antes ya se hubiesen conocido, esto produjo en ella un gemido que le salió desde muy adentro de su garganta aparentemente de sorpresa mezclado con abundante placer, yo sentí la suavidad y el calor de la vagina que abrigaba mi verga con profunda satisfacción, ella volvió a mover la cabeza esta vez de un lado a otro sin destaparse la cara cubierta con su vestido.

Yo busqué darme comodidad sobre mis rodillas y agarrando con mis manos el grande culo, empecé a culeármela a mi suegra, moviéndome rítmicamente con fuerza, metiendo y sacando mi verga, sentí la suavidad y calor de la vagina totalmente lubricada por el liquido que esta emanaba en cada movimiento, el liquido era tan abundante que se notaba como salpicaba y mojaba lo vellos de ambos, hecho que permitía un desplazamiento fabulosamente placentero de la verga dentro de la vagina que en cada embate producía un sonido innegable de algo que estaba totalmente húmedo (mi mujer nunca soltó una gota de liquido en los momentos de orgasmo). Mi suegra y yo estábamos totalmente embalados, ella realmente gemía de placer, a mi me saltaban los ojos de la emoción, ya no nos importaba nada, estábamos gozando como locos, ella con los ojos cerrados sin saber quien le estaba proporcionando por primera vez tanto placer, sin saber quien estaba logrando que por primera vez se humedezca con tanto liquido en su vagina, sin saber quien la estaba convirtiendo en mujer a su edad actual.

El movimiento de cada embate hacía que las tetas grandes se movieran de arriba hacia abajo como indicando que también estaban participando de ese momento sublime, yo separando un poco las piernas de mis hombros me incliné más para cogerlas con la boca, tomé uno de los pezones para succionarlo profundamente una y otra vez, mordía el pezón al mismo tiempo que sacudía la cabeza de un lado a otro, mis brazos envolvieron las piernas gruesas que en esos momentos estaban levantadas hacia arriba para sujetarlas y además lograr coger las tetas y apretarlas logrando de este modo chupar de mejor manera, chupaba cada teta como nunca, hacia mucho tiempo que no chupaba unas tetas de ese tamaño (las tetas de mi mujer no eran ni le tercera parte), de manera que tenía que aprovecharlas al máximo.

Para ambos esto era maravilloso, entre meter, sacar y chupar las tetas ya pasaron como veinte minutos, eran fabulosos veinte minutos que no dejaba de culear, de tirármela duro a mi suegra (cuando lo hacía con mi mujer no duraba ni dos minutos dentro). El momento culminante llegaba, la vieja gemía, jadeaba ya sin reparos, al punto que ya empezó a gritar como lo hacen las mujeres que están en lo máximo de su placer diciendo:

-¡Así! ¡Así!, ¡ayyyy…! ¡ayyyy…!

Sus piernas se pusieron tensas, las apoyó con firmeza sobre mis hombros y empezó a mover el culo ejerciendo presión en su vagina apretando dulcemente mi verga sin dejar de gemir, sin duda que ella estaba gozando por primera vez de la sensación de un orgasmo profundo y prolongado.

A mi un calor me invadió mi cuerpo, sentí un escozor profundo en mi verga que me sacudió de pies a cabeza sacando de mi garganta también un gemido fuerte de placer, el chorro copioso de semen bañó el útero de la vieja aumentando más líquido a su dulce vagina, el sonido que producían los embates sobre la cola que no estaba húmeda, estaba chorreando, también aumentó, seguramente se escuchaban en toda la casa. El orgasmo fue larguísimo, intensamente vivido, salió la última gota de semen pero yo seguía culeando más suavemente, mi suegra también se calmaba de los jadeos como diciendo ¡gracias!

Sin sacar la verga solté las pesadas y gordas piernas dejándolas caer sobre la cama totalmente abiertas, con tanto movimiento las frazadas se bajaron al suelo, solo estaban los dos cuerpos uno encima de otro con mi cabeza en medio de las grandes tetas, ambos quedamos cansados y satisfechos. Así nos quedamos varios minutos, volví a escuchar los ronquidos de la vieja, me levanté y al sacar mi verga vi que estaba totalmente remojada, toqué el colchón y noté que la sábana donde se encontraba el culo de mi suegra estaba totalmente empapada en una buena parte debido al abundante flujo vaginal producido durante el coito.

Miré las piernas abiertas y gruesas, el abdomen ancho, grueso por la gordura y las tetas un tanto caídas y grandes, de cara la suegra era más fea que simpática, pero cuanto había yo gozado al medio de esas piernas, el culo y sus grandes tetas, desde luego que el chocho era mejor que el de mi propia mujer. Me levanté para recoger las frazadas del suelo, la cubrí con las mismas tal como estaba, con las piernas abiertas y las tetas afuera y luego busqué mi calzoncillo, me lo puse y salí del cuarto. Fue una gran satisfacción haber culeado lindamente a mi suegra y en el mejor estilo, patas al hombro, nunca pensé que lo lograría, por cierto disfruté mejor que con la hija.

Autor: Vicomale

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Me folle a mi yerno(parte 3)

Como les conté anteriormente, en San Salvador una señora de edad me leyó el café y me dijo que disfrutara de mi yerno porque se me iba a acabar el follar con el porque mi hija lo iba a saber. La bruja de su jefa le prohibió viajar conmigo o con otra mujer que no fuera su esposa, zaz…
Un dia discutí con mi hijo que vivía conmigo y me amenazo con contarle a su papá que me andaba follando a mi yerno, pues el muy cabron se lo dijo, mi ex marido mas tardo en escucharlo que en llamarle a mi yerno para que fuera a verlo, le reclamo, lo insulto, etc., obviamente mi yerno lo negó y le dijo que quien se lo había dicho solo lo quería perjudicar, mi ex, le dijo y los videos son pendejos o que?, (mi hijo me dijo que no mostro ni mostrara los videos), a mi yerno no le quedo mas que aceptarlo y de ahí en adelante por varios meses fuimos el comentario de la familia.
Que razón tuvo la señora al decirme que pronto mi hija se iba a enterar, ahora mi hija no me habla y mi otra hija con la que también folla mi yerno está feliz, ahora nos cuesta más trabajo irnos a la cama, aunque cuando lo hacemos nos desquitamos del tiempo perdido, Me siento en su hermosa verga y cabalgo hasta hacerlo venir.
Mi yerno tenia llaves de mi departamento como ya había comentado, cual sería mi sorpresa que una vez llegando a casa, entre y mi yerno se estaba cogiendo a mi hija en la sala, que rico es coger con el pero que rico es también verlo cogiéndose a otra, no les importo que yo entrara y mi yerno me pidió que los dejara terminar, que puto cinismo, estaban cogiendo tan sabroso que mi hija solo volteo la cara hacia otro lado y siguió con el culo hacia arriba y mi yerno dándole duro sujetándola por las nalgas.
Si yo gozaba con esas embestidas porque no iba a dejar que mi hija también disfrutara. Me fui a mi recamara con la vagina húmeda y con ganas de cuando terminaran me cogiera ahora a mi, como a la media hora entro mi hija a la recamara y me dijo ya se fue, ya tuviste tu tiempo ahora es el mio, que bárbaro!, las putas de mi yerno en la misma casa platicando y el feliz de tener varias nalgas que coger, aún así ya se descubrió todo, entonces a seguir follando hasta que el cuerpo aguante……
Platicando con mi hija le mostré que escribí este relato para poder platicarlo a alguien que no conociera y me dijera lo puta que soy al cogerme al esposo de mi hija, por lo que ella me dijo que no me iba a decir como empezó a cogerse a su cuñado pero que lo iba a escribir en esta misma cuenta.
Suerte a todos y gracias a los que hayan leído mi historia.

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me folle a mi yerno(parte 2)

Anteriormente había contado como empece a follar con mi yerno, con el cual tengo casi 15 años de hacerlo, vivía yo sola en un departamento que rente hasta que uno de mis hijos el cual no tiene pareja se fue a vivir conmigo, entonces las visitas de mi yerno fueron cada vez menos, una de las veces que estaba yo disfrutando la rica verga de mi yerno, mi hijo llego a la casa pero no lo escuchamos y vio como me estaba follando por atrás, y le decía yo que no me la sacara, esto lo supe porque al irse mi yerno mi hijo salio de su recamara y me dijo, así que te andas tirando a este canijo, la ha de tener muy sabrosa ya que le pedías que no te la sacara, yo no sabia que decir, hasta que mi hijo me dijo, no te preocupes ya que se tu secretito, ahora te voy a decir el mio, soy homosexual y me excite de ver como te penetraba, vamos a hacer algo los dos mantenemos nuestros secretitos y tu me dejas grabar como te coje mi cuñadito, desde entonces empiezo con un oral para que el pueda ver la verga de mi yerno y disfrutar de ver como me coge.
Un día me dijo, prefiero que te coja el a que te andes acostando con quien sabe quien, lo que aún estoy en duda es si contarle que también se esta follando a otra de sus hermanas casada, esto me lo dijo mi hija como en confesión, claro sin saber que desde antes me folla a mi.

Pero bueno mi hijo ya sabe mi secretito como el dice, por lo que llamo a mi yerno mas seguido a que descargue su ira en mi vagina y mi boca…..Ha querido metérmela por mi culito, pero la única vez que me lo metió me dolió mucho al principio, ya después me gusto, pero de pensar en como me dolió al empezar a penetrarme me da miedo, ya les contare otras cosas que nos han sucedido en el tiempo que llevamos follando….

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Me folle a mi yerno

Era yo una mujer de 53 años, puedo decir que aun tenia todo en su lugar, mi hija se casó con un chico que desde que lo conocí se me hizo muy atractivo, mas de 1.80 de estatura delgado, barba partida, para ser delgado estaba algo marcado su cuerpo, etc. , inclusive otra de mis hijas se le iban los ojos con el, durante un año vivieron con nosotros, un dia se descompuso la perilla de la puerta del baño y mi esposo la quito pero tardo en comprar la nueva, entonces tapábamos el agujero con un trapo, a mi se me antojaba mi yerno para un acoston, pero yo nunca habia sido infiel y mi yerno era sagrado, un dia por x circunstancias nos quedamos solos en la casa, apropósito me metí a bañar pero no puse el trapo para que el me espiara, esa era mi idea, para ver si al verme desnuda el daba el primer paso para llevarme a la cama y como fue, me di cuenta que me estaba espiando y yo trate de que me viera bien las nalgas, tetas, y el matorral que estaba arriba de mi vagina.
Cuando sali de bañarme el estaba en su recamara y le dije te gusto lo que viste, el rojo y nervioso, le dije no te preocupes nadie lo va a saber pero dime si te gusto, el me dijo que si le habia gustado verme, pero que le gustaria mas tenerme, sin mas me quite la toalla y lo ayude a desvestirse entre abrazos besos y metidas de mano.
Que bárbaro, que follada me puso, por adelante por atras, me mamo las tetas, me hizo de todo y yo a el, cuando terminamos, le dije que me gustaria seguirlo haciendo que cuando el quisiera yo estaba dispuesta, como a los quince minutos nos aventamos otro.
Mientras vivieron con nosotros lo hicimos en cuatro ocasiones, hasta que compraron su casa, y se fueron. A los dos años me separe de mi esposo y mi hija me dio posada, la primer noche que dormi ahi solo pensaba en cuantas veces iba yo a tener la verga de mi yerno dentro de mi vagina, el solo pensarlo hizo que me mojara, yo me rasuraba algunas veces por higiene pero a el le gustaba que tuviera yo mi matorral asi que deje de hacerlo para que mi yerno lo disfrutara, vivi 10 meses con ellos de los cuales me follo por lo menos dos veces por semana, cuando me fui al departamento que rente, le di llaves y me iba a ver una vez a la semana, fue la primera vez que tuve una verga en la boca y que mejor que la del hombre que me hacia tener orgasmos cada vez que cogíamos, me encantaba saborearla, se que soy la puta de mi yerno, pero con tal que me siga cogiendo no me importa, además de ser muy guapo es muy buen amante, ya les contare otras cosas que pasaron en el tiempo mientras follaba con mi yerno…

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Homenaje a Lidia.

La verdad es que Betty ya me tiene harto. Bueno, más que harto, me tiene frustrado rozando la desesperación. Betty es mi mujer, llevamos diez años casados y, últimamente, cuando hacemos el amor, se comporta como si fuera una virgen forzada contra su voluntad. No lo entiendo, ella no era virgen, ni mucho menos.
Nos casamos, después de dos años de noviazgo, cuando ella tenía veinticuatro y yo treinta años. Betty había tenido varios novios y, desde que tenia dieciocho años, se había acostado con un buen numero de voluntarios, así que no venia al matrimonio siendo precisamente una ignorante en materias sexuales. Betty sin ser una gran belleza es muy resultona; es alta, como su madre, morena como su padre, de ojos castaños, nariz fina y labios sensuales. No es que tenga pechos como la Moria, pero tampoco esta plana ni mucho menos, fina cintura, buen trasero y piernas bonitas de fino tobillo, como su madre.
Los primeros años de casados fueron bien, sin ningún exceso sexual, pero sin mayores problemas. Lo único que noté era que ella no aceptaba el sexo oral, ni dado ni recibido y del negro… ¡Ni mencionarlo! pero por lo demás, hacíamos el amor una o dos veces por semana, sin grandes aspavientos, pero sin grandes problemas. Betty ya me había avisado antes de casarnos que no quería tener hijos. Así que ella tomaba la píldora y hacíamos el amor sin preocuparnos de calendarios. De vez en cuando, yo mencionaba algo de sexo anal; Betty se ponía hecha una furia, gritaba, me llamaba de todo: cerdo, animal, degenerado… yo me batía en discreta retirada y hasta la próxima. Aunque nunca había dado señales de ser muy religiosa, empezó a insistir que teníamos que ir a misa todos los domingos y ella empezó a ir a la iglesia entre semana.
De esta forma pasamos ocho años y varios cuartos de baño, así que no era lógico decir que no. Además, Betty dijo que su madre vendería la casa y se ofrecía para contribuir con una cantidad mensual, equivalente a los gastos del apartamento, a nuestro presupuesto familiar. No es que nos faltase el dinero, pero tampoco estábamos como para despreciarlo. Así es que mi suegra se vino a vivir con nosotros.
Lidia es más bien seca, sin mucho sentido del humor, cuando vino a vivir con nosotros tenia cuarenta y nueve años, pero para su edad estaba bien conservada. Es alta, uno setenta y siete, rubia (teñida), agradable de cara, un poco entrada en carnes y, aunque no es fácil de adivinar pues viste siempre de forma muy recatada y severa, tiene buenos pechos, un trasero pronunciado, como la mayoría de las mujeres de su edad, y piernas bien torneadas de finos tobillos que se encarga de lucir llevando siempre zapatos de tacó muy alto.
Al principio todo fue bien. Lidia estaba retraída, mas seria de lo habitual, casi hosca, pero lo atribuí a su tristeza y soledad tras la muerte del marido y a que ella quizás trataba de no interferir en nuestra vida cotidiana. Pasados tres o cuatro meses, empezó a participar más en nuestra vida; cocinaba a menudo e intervenía en nuestras conversaciones, se la veía un poco menos retraída, aunque seguía vistiendo de un luto riguroso y austero. Cuando ya llevaba más de medio año con nosotros y tenia más confianza, empecé a notar que cuando intervenía en nuestras conversaciones, a menudo hacia pequeños comentarios bastante sarcásticos y derogatorios hacia los hombres. Nada terrible, cosas como – que torpes que son los hombres; esa cocina nada más la puede haber diseñado un hombre; los hombres nunca piden direcciones…- . Pero con el tiempo, los comentarios se fueron haciendo más frecuentes.
– Como Ariel nunca ayuda en la cocina…
– Ariel, podías ocuparte un poco más de Betty…
– Ariel, manejas como un loco.
Esto ya me empezó a mosquear un poco, pero pensé que si no me daba por aludido, y no respondía, Lidia dejaría de hacerlo. Evidentemente me equivoqué, porque de forma paulatina pero continua, ella incrementó la mordacidad de sus críticas, que pasaron a convertirse en ataques personales. No solo eso, sino que claramente estableció que su difunto marido, Toto, fue un inútil, bestia, desagradable y que yo era, por lo menos, tan despreciable como él y probablemente aun peor: – Ariel, Eres igual de bruto que Toto.
– Eres igual de egoísta que Toto ¡Nada más piensan en ustedes mismos! – Como sos Ariel, ni el animal de mi marido hubiera dicho algo así.
Yo soy de natural apacible y no me gusta meterme en peleas, así que decidí callar pensando que tener una bronca con su madre no ayudaría a mis relaciones con Betty. Así que callé y aguanté mecha. Probablemente hubiera sido mejor que le hubiera parado los pies a Lidia hace tres años, pero a toro pasado… ¡todos somos grandes toreros! Lo que estaba claro es que Lidia tenia problemas en lo se refería a relacionarse con hombres y estaba mas que contenta descargando sus frustraciones sobre mí.
Pero bueno, volviendo a Betty y a mí, como ya he dicho, sin poner poder una fecha concreta al cambio, lo que estaba claro es que Betty demostraba cada día que pasaba menos y menos interés en actividades sexuales. A menudo me tocaba escuchar: – No cariño, por favor. Hoy no que tengo una jaqueca horrible.
– Ariel perdona, pero es que hoy estoy tan cansada…
– Me vas a perdonar, pero se ve que la cena no me cayó bien y me molesta…
Claro esta que la primera vez que pasó esto, no le di ninguna importancia, ni la segunda ni la tercera. Pero, ahora pensándolo bien, me doy cuenta que de hacer el amor una o dos veces por semana, pasamos a una sola vez por semana, una cada quince días, una al mes y, echando cálculos, me doy cuenta de que hace tres meses que no hacemos el amor. Claro, que quizás no estoy en el mejor momento de ecuanimidad, con la tremenda frustración que tengo es posible que distorsione algo las cosas y que no este mirando a Betty y a su madre desde el mejor ángulo posible, pero, se mire como se mire nuestra vida matrimonial, o al menos la mía, no ha mejorado con la adición de Lidia. Además de tener que aguantar las frecuentes puyas de Lidia y sus comentarios derogatorios, tengo que sufrir la falta de interés de Betty. Pero no solo la abstinencia, en los últimos meses, hemos tenido varias broncas. Todas han empezado debido a sus negativas.
Todo esto me lo estaba diciendo a mí mismo mientras rumiaba mis pensamientos camino de casa. Con lo embelesado y enojado que estaba en la conversación conmigo mismo ¡ya seria un milagro si no tenía un accidente en la autopista! La causa de mi enojo la tenia nuestra conversación ¡Qué mierda conversación, nuestra pelea! de esta mañana. Me había despertado antes de lo habitual y me desperté pegado a la espalda de Betty, con mi mano derecha, abrazándola y asida a uno de sus magníficos y duros pechos.
Mi cuerpo totalmente pegado al suyo y mi pija, dura como un canto, pegada a su trasero, acomodada en el glorioso valle entre sus nalgas. Sin pensarlo, de forma automática, giré a Betty, me puse encima de ella, entre sus piernas y la penetré. ¡Mierda que ganas tenia yo! ¡Que acogedora su conchita! Cuando empezaba a acomodarme, entre las vueltas y la penetración, Betty se despegó.
1) Me hizo ver las estrellas.
2) Sacó mi pija de su acogedor estuche.
3) Me tiró al suelo.
4) Me dolió muchísimo.
5) Mi pene que estaba duro como un canto inmediatamente pasó a estar triste y alicaído.
Mientras yo estaba en el suelo, sujetándome los huevos, retorciéndome de dolor, sorprendido y confuso por su reacción, ella chillaba, recriminaba y acusaba de tal modo que parecía un híbrido de basilisco, dragón y furia.
– Ariel, ya sabía que sos un cerdo y una bestia, pero no sabía que fueras tan degenerado. Ya sé que odias a las mujeres, ya sé que nos crees inferiores, pero no te creí capaz de violar a tu propia esposa. ¡Tú propia esposa! Eso es lo que sos un libertino, un degenerado y un violador.
Todo esto lo decía con grandes aspavientos, apuntado un dedo acusador, mesándose los pelos… no le faltó más que rasgarse las vestiduras, algo que no podía hacer, porque estaba en bolas. Cuando, por fin, paró en sus denuestos – supongo que para tomar aire- traté de participar en el intercambio.
– Betty, ¿Te volviste loca? Ni te estaba tratando de violar, ni mierda. Trataba de echar un polvito mañanero, como hicimos muchas veces.
– El que hayas abusado de mí en el pasado no te da derecho a seguir abusando de mí.
– Betty, vos te golpeaste. ¿De que abusos estas hablando? – De tus abusos sexuales; de que voy a estar hablando, siempre queriéndote aparear como un cerdo, siempre alzado, siempre dominándome, nada mas te faltaba hacer lo que trataste de hacer hoy ¡violarme! – Betty, llevas un año que no decís más que bobadas, antes no eras así. ¿Quién te puso esas ideas en la cabeza? – Vos llamas bobadas a todo lo que es diferente de lo que vos pensas. No quiero ser tratada como un animal, ni usada como un objeto.
– Betty ¿Quien te esta diciendo esas estupideces? ¿Tu madre? – Pues claro esta que mi madre piensa como yo. Pero no le eches la culpa a ella por abrirme los ojos.
Me parece que ahí perdí la compostura y solté una ristra de juramentos e insultos hacia mi suegra como no recordaba haber hecho nunca contra otra persona. ¡Era la leche! A la hija de puta no le había bastado con venir a vivir con nosotros, con cobijarse bajo mi techo, con compartir pan y vino conmigo y con insultarme de forma continua. ¡Encima le hacia un lavado de cerebro a Betty y la ponía contra mí! Cuando conseguí controlarme un poco y dejar de jurar, perjurar y maldecir, dije:
– Betty, ahora me tengo que ir al trabajo, pero esta tarde vamos a hablar. Le puedes ir diciendo a la puta de tu madre que o deja de hincharte la cabeza con boludeces, o la saco de esta casa a patadas en el culo. Y vos preparate, porque esta noche con o sin jaqueca, con o sin dolor de panza, cansada, sedienta, hambrienta o con fiebre, esta noche, estés como estés ¡vos y yo cogemos!¡Mierda! así se hace Ariel, ya era hora de poner los huevos sobre la mesa (figurativamente hablando, porque en aquel momento los tenia bien espachurrados y no estaban para ponerlos en ningún lado) Me duché rápidamente, me vestí, y con mucha dignidad (y con mayor dolor de huevos) salí de la casa.
Claro esta que me pasé todo el día en trabajo rumiando lo que había pasado y con ganas de agarrar a puta de mi suegra y cantarle las cuarenta. Me parecía increíble que la hija de puta suegra pudiera hacer algo así. Pues se había equivocado de cabo a rabo, yo soy más bien pacifico y, en general, prefiero aguantar mecha a tener un enfrentamiento, pero no soy idiota. Se iba a enterar Lidia de lo vale un peine. La verdad es que en vez de enfriarme durante el trabajo me pasó lo contrario, me calenté más y más pensando en todo lo que había pasado. Como la cerda de mi suegra me saliera respondona, le iba a dar un par de sopapos de los que nada más entran seis en la docena. Para que aprenda quien lleva los pantalones de una puta vez. Y Betty, Betty se iba a enterar también ¡que puta ya está bien! No es que fuéramos a hacer el amor esta noche, no. Esta noche la iba a coger como dios manda. No solamente coger.
– ¡Bettyyyyyyyyy, Bettyyy! – Betty no está en casa, ¿Qué pasa? ¿Por qué gritas así? Era Lidia, la lava-cerebros, la jode matrimonios, la odiadora de hombres. Como siempre fría, como siempre seria, como siempre vestida con traje negro, de cuello cerrado, manga y falda larga, como siempre displicente y como siempre, con voz y gesto, implicando censura y desaprobación.
– Grito así por que me da la gana, que estoy en mi casa y no le tengo que dar explicaciones a nadie ¿Sabes?
Lidia puso cara de gran sorpresa, parecía que quería decir algo medio tartamudeando, pero antes de que pudiera decir nada, la espeté yo: – ¿No te dijo nada Betty? – No la vi esta mañana, se fue antes de que me levantara yo. Dejo una nota diciendo que no la esperemos para cenar. Insisto en que no me parece bien la forma en que me hablas.
– ¿Que no te parece bien? Pues mira puta suegra, a mi no me parece bien que llenes la cabeza de tu hija con tu odio hacia los hombres. A mi no me parece bien que te pases el tiempo criticándome, censurándome e insultándome. Me parece tan mal lo que estas haciendo, que si lo volves a hacer, una sola vez más, te echo de esta casa a patadas.
Lidia primero puso cara de asombro, después de enfado, irguió aun más su largo cuerpo, puso aire de superioridad y dijo: – Ariel, no consiento que nadie me hable así, y menos un maricón como vos.
¡Madre bendita! Ya dije que soy de natural apacible y aguanto bastante, pero aquella zorra sabía como tocar mis resortes. Sin pensarlo, sin darme cuenta de que hacia, poseído por la ira, como un relámpago, le di dos sopapos de campeonato. Resonaron como pistoletazos, tan fuertes fueron que la tiraron al suelo y Lidia no esta delgada precisamente, así que con su metro setenta y siete de carne sólida no es ninguna pluma. Cuando la vi sentada en el suelo, con las manos en las mejillas, me di cuenta de lo bestia que estaba siendo, después de todo Lidia era mujer y catorce años mayor que yo. Me incliné sobre ella para ayudarla a levantarse y estaba a punto de pedir perdón por lo que había hecho, cuando Lidia con los dientes apretados, rezumando odio dijo con palabras que sonaban como latigazos:
– ¡Además de imbécil y maricón, burro! Cómo todos los incompetentes, cuando no sabes ni que hacer, ni que decir, pegas ¡Cómo los animales! ¡Qué mierda eres! ¡Pegarle a la madre de tu mujer! ¡Puto! ¡Maricón, eso es lo que sos un maricón!
Todo esto lo decía sin haber soltado una lágrima, sin lloriquear, con una mala leche, un desprecio y una firmeza. Sus palabras, su desprecio y su arrogancia fueron la gota de agua que colma el vaso. Perdida toda cordura o control, la agarré por sus pelos rubios (teñidos) y la arrastré hasta el sofá. Me senté, doblé su cuerpo sobre mi rodilla izquierda, cerré mis piernas sujetando las suyas, levante su pollera y empecé a azotar su culo. ¡Como se lo azoté!, con todas mis fuerzas, con toda mi saña, pegué, pegué y pegué, cegado por la ira, como bestia descontrolada pegué, pegué y pegué. No sé cuanto tiempo pegué. Lo único que sé es que la bestia que todos llevamos dentro, a mí me había salido fuera. Pegué hasta que la mano me dolía y mi brazo no se podía mover más. Hice una pausa y noté varias cosas.
1) Mi suegra, a pesar de su severo luto, llevaba unas diminutas y coquetas tanguita de encaje granate que dejaban al aire la mayoría de su espléndido culazo.
2) El culazo de Lidia no solo era de buen tamaño, pero de carnes duras y, aun estando rojo debido a la azotaina, o quizás por lo rojo de mis azotes, era de lo más incitante y atractivo.
3) Yo tenía una erección de campeonato. Tan dura la tenia, que era casi dolorosa.
La verdad es que me dio cierta vergüenza, una cosa era que mi suegra me hubiera enojado, desafiado y, provocado tanto como para haber respondido dándole una paliza. Pero otra cosa es que me calentara con el culo de mi suegra. Creo que hasta me estaba sonrojando cuando Lidia, al notar la pausa en mis azotes, levantó la cabeza y mirándome a los ojos dijo: – Sos tan cruel y bestia como mi marido y como él pegas sin piedad.
Varias cosas me dejaron boquiabierto:1) Grandes lagrimones corrían por las mejillas de Lidia, pero su voz no temblaba y no estaba llorando, simplemente le caían las lágrimas.
2) La voz de Lidia no era la de la arpía desafiante de hacia unos minutos sino sumisa y casi, casi dulce.
3) Por lo visto mi suegro la había zurrado en más de una ocasión.
Yo me quedé alucinado, no sabía que decir ni que hacer, medio tartamudeando dije: – ¿Toto te pegaba? – Puta, que si me pegaba. El animal me pegó más que a una estera. En cuanto lo enojaba por cualquier cosa, ya estaba: ¡paliza! La de palizas que me dio el maricón. Con la mano, con la correa, con la regla, con el bastón… pero lo que más le gustaba, es lo que hiciste vos. Me ponía sobre su regazo y se inflaba de darme azotes con las manos ¡No veas lo que le gustaba mi culo! Yo creo que casi pegaba más fuerte que vos. Claro que es difícil de decir, porque él me quitaba las bombacha antes y, el mamón de él, siempre acababa igual. Después de la azotaina me enculaba. ¡Que bestia! ¡Que enculadas me daba! – Pero Lidia ¿tú entregas el culo? – Ariel, así en tiempo presente: no, que ya hace tres años que no lo pruebo; pero en tiempo pasado… puta que si he cogido.
Si hasta entonces la erección que tenia, casi, casi me dolía, ahora se puso tan dura que empezó a doler de verdad. Otra vez perdí todo el control. Puse a Lidia de pie y sin ningún miramiento desgarré su vestido y lo tiré al suelo. Me quedé casi sin respiración al verla, Lidia nada más llevaba un pequeño sujetador de encaje granate (haciendo juego con la tanga), medias negras enfundando sus largas y bien torneadas piernas y zapatos negros de taco alto.
¡Que buena estaba! Las tetas eran aún más grandes que las de Betty, la cintura se mantenía estrecha, un poco de barriguita en su bajo vientre era la única concesión a la edad, las caderas anchas, de suave y graciosa curva, caderas de Venus madura, de Venus en su plenitud, en su perfección, los muslazos, los muslazos eran la leche. Sólidos, un poco macizos, pero duros. No me entretuve en más contemplaciones, de un tirón…
– Ariel ¿qué estas haciendo? – ¿Que estoy haciendo? No sé que estoy haciendo, pero lo que sí sé es que te voy a dar por el culo.
Supongo que hubiera sido lógico esperar que Lidia protestara, chillara, huyera…Pues no, con toda la calma del mundo (y mucho estilo) se quitó la tanga, se frotó las doloridas nalgas y se limitó a preguntar: – ¿A culiar? Ahora si, ahora si que su voz sonaba dulce y sumisa.
– En el sofá, arrodíllate en el sofá y pone el culo en pompa, aguanta todo lo que quiera hacerte y como no hagas lo que te digo… te mato a palos.
Lidia se acercó a mí, desabrochó mi cinturón, abrió la bragueta, dejo caer mis pantalones y bajando mis calzoncillos asió mi pene.
– ¡Dios mío! Dijo.
– Toto que en paz descanse, tenia buen instrumento, pero vos Ariel ¡pedazo de pija tenes! Sin decir mas, se inclinó y dio una dulce chupadita a mi glande, luego restregó sus enormes tetas contra mi pecho, me dio un beso en la boca metiendo la lengua hasta lo más profundo, giró y contoneando sus poderosas caderas se dirigió al sofá. Se arrodilló sobre él ofreciendo sus gloriosas nalgas, con sendas manos las separó descubriendo el orificio de mis ensueños poniéndolo como en bandeja para mí. Sin timidez alguna me animó:
– Dale Ariel, méteme ese trancón en el culo. Hace tres años que nadie me lo rompe y no veas las ganas que tengo. Metemela hasta el corvejón, partime en dos, no tengas piedad de mi culo; no hagas caso si grito; vos dame pija Ariel, dámela con furia, con rabia, metemela hasta hacerme daño, acaba en mi culo, déjamelo hecho polvo, hecho jalea, dame por el culo hasta que lo derritas; No veas, Ariel, no veas la falta que me hace tener, sentir, gozar de una pija en mi culo ¡Tres años, tres sin catar pija! Dame ya mamón, dame, dame de una vez.
– Espera Lidia que voy a agarrar un poco de aceite.
– ¡Que mierda aceite! Después de la zurra que me diste y de verte ese pedazo tengo el culo rezumando jugos. Conmigo no hacen falta ni aceite ni mierda, que me lubrico yo sola.
¡Qué hembra! Yo, desencapullé mi instrumento, apoyé la desnuda punta en el mismísimo ojete y lentamente empuje.¡Que gustazo! La muy puta apretaba todos los músculos y yo notaba como estrujaba mi pene, pero la muy cerda estaba tan bien lubricada que mi verga entraba y entraba.
– No te dé miedo, maricón. Métela bien metida, fuerte mamón ¡dame fuerte! Ahhh, que gusto, que falta me hacia, me derrite las entrañas. Ahora, ahora, mete y saca a lo bruto, como una fiera, sácamela por la boca, dame palo, dame gusto.
¡Que bestia Lidia! Con lo modosita y mosquita muerta que parecía, toda vestida de negro y como cogía por el culo. Aquello no era coger por el culo, la yegua estaba devorando mi pija con su culo. Parecía que me la quería arrancar, apretaba el esfínter, estrujaba mi pija y como una loca se empalaba y desempalaba. Casi no hacia falta que yo me moviera, ella sola se estaba fifando el culo con mi tranca. Gritaba, chillaba, reía como una posesa, pero a mí me estaba volviendo loco de placer.
Yo le daba azotes en las poderosas nalgas y ella al recibirlos aullaba y se empalaba aun más recio. Yo desenfrenado, me incline sobre ella y asi sus pechazos con ambas manos y tirando de las poderosas ubres me la empalaba hasta lo más profundo.
– Sí Ariel, sí. No tengas piedad de mi, no tengas piedad de mi pobre culo vos metemela, destrózame, mamón. Ay ¡Que falta me hacia una enculada!
Yo nunca había estado con una hembra tan fogosa y desenfrenada y resulta que la hembra mas caliente con que había fifado jamás ¡era mi suegra! Ni en mis más calenturientas fantasías había soñado yo encontrar a una cogedora como Lidia ¡Que suerte la mía! Tener en casa una mujer tan imponente como Lidia y encima cogedora insaciable.
– Lidia ¡Qué buena estas! ¡Que cuerpazo más bueno tenes! ¡Que bien garchas! ¡Cuánto me gusta darte por el culo! – Goza Ariel, goza de este culazo hambriento de pija.
– Lidia ¡me voy! – Dame toda tu leche mamón. Lléname las tripas con tu lechaza, dámela toda, no te guardes nada.
Mientras así decía Lidia movía su culazo y sus caderas con aun más energía empalándose en mi verga como una bestia. Yo con un aullido de lobo, tuve la acabada más intensa de mi vida. La zorra de Lidia al notarlo, continuo metiéndose y sacándose mi verga y al mismo tiempo contraía y relajaba su esfínter, ordeñándome la pija, dándome mas placer del que yo creía era posible. Exhausto, caí derrengado sobre su espalda y mientras besuqueaba su cuello, con mis manos estrujaba sus generosos pechos. Resoplando y tratando de recobrar la respiración dije:
– Lidia, no había tenido un orgasmo así en mi vida. Que gustazo me diste.
– ¿Te gusta el culazo de la puta de tu suegra, eh mamón? – Como no me va a gustar si es el mejor culo que vi en mi vida.
Lidia con cuidado sacó mi verga de su culo, y se dio la vuelta. Ahora sin tanta prisa pude contemplar sus magníficos pechos. ¡Carajo que pechos!. Grandes, blancos, con oscuras areolas y unos pezonazos como pitorros de botijo ¿Cómo podía una hembra de cincuenta y dos años tener unas tetas tan buenas?
– Parece que también te gustan mis tetas.
– Como no me van a gustar. Es que tenes un cuerpazo de campeonato Lidia y las carnes perfectas, ni duras ni blandas, suaves, acogedoras.
– Uy que galante. Gracias papo. Mira, para pagarte el cumplido te voy a hacer algo que a mi marido le volvía loco. ¡Ponete de pie!Me puse de pie y ella se sentó y acomodo de modo que yo quedaba entre sus piernas. Daba gusto verla moviéndose con aquellos globos lechosos, moviéndose tremolosos.
– Déjame que te limpie la pija, que ¡hay que ver como la tenes!Tenia razón Lidia, tenia una mezcla de mi leche, su lubricante y sus heces que se estaba empezando a secar. Lidia sin ningún reparo, se metió mi verga en su boca y empezó a chupar. Me dejo de estuco.
– ¡He… Lidia! ¿No te da asco? – Que me va a dar asco bebe. Me encanta tener una pijla en la boca, me calienta chupar pija.
Naturalmente que con su intensa chupada, mi verga, no solo quedó como los chorros del oro, si no que recupero su orgullo y se puso más dura que un ajo.
– Cómo gozo con una pija en la boca y si encima es un vergón como el tuyo… ¡Pura gloria! Me dan ganas de morderla. Chupar pija es lo mejor del mundo, bueno no sé si lo mejor… pero es muy bueno, a mí me encanta. Mira, ahora que la tenes bien tiesa te voy a hacer la mejor rusa de tu vida.
Con el mayor cuidado escupió entre sus pechos y sujetándolos con las manos los puso rodeando mi verga.
– Ariel, con mis tetas, mi lengua sabia y este vergón que te han dado…¡Te voy a hacer una rusa, que no veas!
No exageraba Lidia ¡Ni mucho menos! Con sus inmensos globos arropados en torno a mi pija, los subía, los bajaba, apretaba mas, apretaba menos; cuando la punta del capullo asomaba entre las opulentas tetas, ella la chupaba con mimo. A veces paraba y metía la punta de la lengua en el mismísimo agujero de mi picha ¡Nadie me había hecho eso antes! Después volvía escupir entre los pechos y ¡dale y, dale! ¡Que artista! ¡Que maña! ¡Que tetas! – Lidia, que bien lo haces, que buena sos.
– Para buena tu pija, que la tenes… es que tener una pija en la boca me encanta. No hay nada como mamar.
– Lidia que me acabo otra vez.
– Pues claro papi, claro que te vas a acabar. Dale, dame toda tu leche en mi boca ¡dámela!
Dejó de jugar con sus pechos, introdujo mi verga en su boca y chupó como un aspirador ¡Qué bárbara! Yo noté un orgasmo intenso recorriéndome todo el cuerpo y empecé a eyacular. No sé cuanto eyaculé, pero fuera la cantidad que fuera Lidia, glotona, se la tomó toda sin desperdiciar ni una gota ¡Qué hembra!Yo agotado, exhausto, y sin respiración me deje caer en el suelo.
– Lidia, estos dos palos han sido los mejores de mi vida. Te juro que nunca había fifado así y nunca me había acabado así ¡Gracias!
– Uy no bebe, las gracias te las doy yo, porque no veas ¡tenia un hambre de pija…! Tres años a dieta, son muchos años.
– Perdona que te haya pegado antes, pero es que me tenias muy enojado.
– ¡Menos mal que por fin te calentaste! Si a mí me encanta que me azoten y me peguen, que me tiren de los pelos, me insulten. Me gusta mucho que me humillen y después se me fifen bien fifada y si además me dan por el culo con una tranca como la tuya, pues miel sobre hojuelas. ¡Me gusta tanto una buena sarta de azotes…! es que me pone el culo a punto, ardiendo, y sentir el culo así aumenta el gusto y la gracia de la enculada.
Mira, me gusta tanto que me azoten, que a mi marido a veces lo calentaba adrede para que me diera una buena tunda y después me enculara a lo bestia, con rabia. Pobre Toto ¡que zurras y que enculadas tan buenas que me dio! ¿Porque crees vos que yo llevo dos años tratando de calentarte? Pues para que de una puta vez me inflaras a palos y después me encularas. Pero, anda nene ¡aguantas demasiado! yo ya no sabia que hacer pensaba que tenias sangre de horchata
– Lidia, si querías fifar no tenias nada mas que decirlo.
– Si, que querías que, delante de mi hija, dijera: Che yerno, me pica mucho el trasero, cuando tengas un rato ven me das una azotaina y después por el culo. No se me ocurrió otra cosa que calentarte hasta que decidieras darme palo. Pegas bien, ¿eh? Pero fifar tampoco lo haces mal. Ariel, tenes un instrumento que es una joya ¿Te has quedado a gusto? – Te lo juro Lidia, nunca he fifado con la intensidad con que hemos fifado hoy y dos orgasmazos, seguidos, como hoy no los he tenido nunca ¿Y vos, te quedaste satisfecha? – Uy, me gusto mucho Ariel, mucho, mucho. Tienes una tranca fenomenal, pero, la verdad es que, un poco más de faena, no me vendría mal.
– Lidia ¡Que calentona que sos! Estas buenísima y me encantaría fifarte otra vez. Pero a mi edad con dos orgasmazos tan seguidos, no se me va a levantar otra vez ni con grúa. Ni tus tetas imperiales van a poder hacer que se levante.
– Bueno, si no… te da asco hay algo que me hacia mi marido que a mí me daba mucho gusto.
– Lidia, te juro que con tu cuerpazo de ensueño, no hay nada que me dé asco.
– Pues ¿me podrías meter unos dedos en el culo y darme gusto? – Claro que sí.
– Déjame que me ponga bien.
Lidia agarró un par de almohadones del sofá y los puso sobre la alfombra. Se echó sobre ellos, acomodándolos bajo su vientre, quedando con el culo un poco elevado. La verdad es que era un placer ver aquel cuerpazo moviéndose, las tetas bamboleándose primero y luego, oprimidas contra la alfombra, derramándose a los lados de Lidia. ¡Que suerte la mía tener un cuerpo así a mi disposición! ¡Que estupidez la mía no haberlo apreciado durante tantos años!
– Ahora, hijo, ahora.
– ¿Quieres que ponga un poco de aceite o algo? – ¡Que pesado! No hijo, no. Mi culo me lo “engraso” yo sola. De solo pensar lo que me vas a meter por ahí tengo el culo chorreando de gusto. Dale, méteme unos dedos.
¡Que mujer! No exageraba, con una mano separe una de las nalgas dejando el ojete expuesto. Empecé a empujar con mi dedo índice y tan pronto como entró la punta, noté como se humedecía, lo saqué un poquito y con el moquillo que ella producía humedecí el orificio. Metía y sacaba el índice sin ningún problema.
– Dale Ariel, pone otro dedito que después de tu tranca un dedo ni se nota.
Así lo hice solamente para escuchar enseguida.
– Ariel, mete otro más.
– ¡Lidia! Tres dedos ¿te vas a tragar tres dedos? – Callate y mete Ariel, callate y mete.
Así lo hice, solamente para oír poco después: – Mira Ariel, de perdidos al río. Méteme la mano entera.
– ¡La mano entera! Lidia ¿vos crees que te cabe? – Uy, pues claro. Mi marido me metió el puño muchas veces. Al principio mete la mano haciéndola tan pequeña como puedas, sin formar un puño. No me hagas caso si grito. Al principio duele un poco, vos segui y cuando tengas toda la mano dentro del todo, para un momento.
Así lo hice. A pesar de mi cuidado, según metía la mano, Lidia chilló, imploró, lloraba con respiración entrecortada, pero siguiendo sus instrucciones yo empuje y empuje hasta que mi mano entera entró dentro de su macizo culazo. ¡Qué visión! Mi brazo como amputado, devorado por las poderosas nalgazas, terminando en mi muñeca que dilataba su vicioso ojete. Yo no entendía como Lidia podía “tragar” todo aquello. Pero tomaba todo como una mujer hecha y derecha; había chillado, gimoteado y suplicado mientras entraba mi mano, pero no había apartado su culazo ni un momento, al contrario, mientras se quejaba, culeaba y empujaba contra mi mano para acelerar la
entrada. ¡Qué hembra! Hice la pausa que ella había pedido. Lidia respiró profundamente dos o tres veces y con voz todavía un poco entrecortada dijo:
– ¡Carajo Ariel! Tres años son muchos años, ya no tengo el culo tan acostumbrado como lo tenía. Dolió un poco al principio, pero hijo ¡Que bueno lo que viene ahora! Mira, empuja con tu mano hacia delante, como si quisieras tocar el suelo… si, si así ¿Notas mi matriz? – Si, si que noto algo duro.
– Pues ahora, haz como que acaricias la punta. Siii, No veas el gusto que me estas dando. Acaríciala, sóbala, ¡Ay que gusto, ay que gustazo! Seguí, seguí, no pares ahora. Ariel, Arielito, lo haces muy bien seguí hijo, seguí que acabo ¡Aahhh!
Aquella leona viciosa se estremeció con oleadas de placer recorriendo su cuerpo, mientras ella culeaba contra mi mano. Cuando dejó de estremecerse, la insaciable viuda me pidió: – Ahora Ariel haz un puño con tu mano dentro de mi culo y subí y baja, subí y baja como si me fifaras con tu brazo. Si, si así, sos buen estudiante, lo haces muy bien. Seguí, seguí, un poco más rápido, si así. Uy Ariel, me matas, me estas matando, me rompes las entrañas, pero que gustazo me estas dando. Más, más dame más. ¡Me muero, me muero! Como gozo, esto es lo mejor del mundo. ¡Ahh!
La yegua de mi suegra se volvía loca de placer, culeaba como una bestia contra mi brazo, yo lo metía y sacaba con tal fuerza y rapidez que parecía la biela de un tren. El cuerpazo de Lidia estaba continuamente sacudido por espasmos de placer, no se cuantos orgasmos tuvo, o si simplemente fue un orgasmo largísimo. Durante varios minutos perdió todo el control, chillaba, lloraba se estremecía, azotaba su propio culazo, se estrujaba las tetas, se tiraba de los pelos, se meó sobre los almohadones… Por fin tras varios minutos de total descontrol, dijo: – Para Ariel, para. No puedo más, no puedo más. Saca la mano despacito, despacito. Ay que bien. No sabes cuanto gusto me diste y cuanto bien me hiciste. Tres años de hambre, tres años sin una buena enculada son demasiados Ariel, demasiados.
Con cuidado saqué m mano de aquel culo glotón. No mentía Lidia, se lubricaba el culo de maravilla, tenia el brazo hasta el codo empapado con sus jugos. Al retirar la mano, por completo, me quedé asombrado de lo tremendamente dilatado y enrojecido que estaba el agujero del culo. Conseguí apartar mi vista de aquella visión y mirando mi mano, fui al cuarto de baño a lavarme. Traje una toalla húmeda para limpiarle el culo a Lidia, que aún seguía, desmadejada, exhausta, encima de los almohadones húmedos de su orina. Al terminar de limpiar su culo con la toalla, no me pude contener y le propineé otra sarta de palos. Lidia no protestó, siguió desmadejada, completamente relajada sobre los almohadones. Por fin dijo con voz calma y relajada:
– ¿Por que me pegas ahora? – Porque me gusta tu culazo Lidia, porque gozo pegándote y porque me da la gana.
-Te gusta mi culo, ¡eh maricón! – Me gustas toda vos Lidia, te quiero fifar a lo animal. Ya vas a ver, o se me desgasta la pija o dentro de un mes estás hecha flecos.
– Oíme, esto de que me metan el puño en el culo me encanta. Da una sensación tan intensa, relaja y estimula a la vez, no se como describirlo. También me gusta mucho que me metan el puño en la concha y me soben y acaricien la matriz. ¿A vos te metieron el puño en el culo alguna vez? – No, que boludeces decís Lidia, te crees que soy marica?.
¡Ya están los hombres con sus estupideces! En cuanto alguien les dice algo del culo, tienen un miedo de ser marica. Mira mi marido no era marica, pero cuando le metía el puño en el culo y le daba un masaje de próstata, se acababa como una bestia ¡Le gustaba más! Mira mañana me pegas lo que quieras y me fifas como quieras, luego quiero que me metas el puño en la conchita y después yo te meto mi brazo en tu culo y te doy masaje en la próstata ¡Vas a ver vos lo que es bueno! Te voy a enviciar en tres días.
– Lidia, hay algo que no entiendo Lidia.
– ¿Qué es lo no entendes? – Como siendo vos tan puta y viciosa, Betty es tan frígida. Hablando de Betty ¿cómo nos vamos arreglar para coger sin que ella se entere?.
No te preocupes Ariel. Mira yo hasta que no tuve treinta y ocho años también era una mojigata, mea-pilas como Betty. Pero tuve una “aventurilla” que me despertó y desde entonces fifo a pierna suelta. No te preocupes, ya has oído el refrán -De tal palo, tal astilla- Betty salió de este palo. Dijo señalando al frondoso bosque de su concha.
– Entre vos y yo la vamos a emputecer. Ya vas a ver vos, en tres meses tenes a dos zorras viciosas en tu casa. Te lo vas a pasar… no vas a dar abasto, vas a tener la pija en carne viva de tanto frotarla y refrotarla con tus dos putas particulares. Ya podes empezar a comer bien e ir a un gimnasio, porque te van a hacer falta todas las energías que podes tener.
Así ha sido. Entre Lidia y yo emputecimos a Betty, ahora Betty es aún más viciosa que su madre. Yo le agarre gusto a lo de pegar y de vez en cuando les doy unas zurras las dos que las dejo destrozadas. El único problema es que son tan viciosas las dos, que no doy abasto. Nada más tengo un problema.
Las dos están tan buenas y son tan viciosas que hay veces que no sé a cual fifarme, si al palo o a la astilla ¡Peores problemas podría tener!

Para Marcelo.
Pilar

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Soy la puta de mi yerno.

Hola lectores, mi nombre es Pilar, y esta es una historia personal que me encantaría compartirla, ya que la otra parte que comparte esta historia por recato y resquemores familiares prefiere no hacerlo.
Tengo 63 años, casada hace 35 años, con 4 hijos, 3 mujeres, un varón y una nieta de mi única hija casada, la mayor. Me describiré diciendo que soy una mujer bastante alta, 178 cm. , unos 75 kilos, algo rellenita, de piel blanca, cabello lacio llovido, hace años que prefiero llevarlo tipo melena al hombro, me considero una mujer elegante, inteligente, católica, conservadora, soy licenciada y aún ejerzo .
Esta historia ocurrió en enero del 2006, por distintos motivos personales decidí hacer un viaje a Luján, provincia de buenos aires, mi familia consciente de mi deseo de hacer dicho viaje, me alentó a hacerlo, uno de los motivos que me llevaba a hacer dicho viaje era compartirlo con alguien que viviera de manera parecida la experiencia, por motivos de tiempo, laborales y de estudio, ni mis hijos, ni mi marido podían acompañarme, fue idea de mi hija mayor que el compañero de este viaje fuera su esposo, mi yerno Javier.
Javier además de ser una excelente persona, inteligente y apuesto, compartía conmigo la misma inquietud de este viaje, en esa fecha Javier tenía 37 años y llevaba ya 6 años casado con mi hija mayor, regalándome una hermosa nieta, físico atlético, 180cm. De unos 76 kilos, hace deportes.
El viaje sería de unos 5 días, partimos un miércoles de noche llegando a retiro el jueves en la mañana, para volver el sábado en la noche llegando a casa el domingo en la mañana. El viaje de ida fue de lo más normal, fuimos conversando casi toda la noche hasta la hora dela cena, luego miramos una película de esas que ponen en los autobuses de larga distancia, ya llegadas las 2 am decidimos dormir lo que quedara del viaje. Llegamos a las 7 am a retiro, donde trasbordamos con otro autobús que nos llevaría a Luján, llegamos a Luján a las 9 am, en la terminal tomamos un remise hasta un hotel, que nos recomendó el mismo remisero, entramos al hotel y Javier pidió una habitación para 3 días, la recepcionista tomo nuestros datos y entregándonos la llave nos indico cual era la habitación. Llegamos a la habitación correspondiente, y cuando entramos, oh sorpresa!!, la habitación solo tenia cama matrimonial, mi reclamo fue espontaneo, dije a Javier, “Javier, solo tiene cama matrimonial, porque no pedimos una habitación con 2 camas individuales?” a lo que Javier me respondió también asombrado, “seguro, la chica pensó que éramos pareja y no se dio cuenta, voy a pedirle que nos la cambie”.
Bajamos otra vez a la recepción e hicimos el reclamo correspondiente, solicitando habitación con 2 camas individuales, a lo que la recepcionista se disculpó diciéndonos que no le quedaban disponibles, que lo sentía mucho, luego de sentir el desasosiego de pensar en buscar otro hotel después de tan largo viaje y el calor que ya hacia, más andar con las maletas de acá para allá, Javier me dice “no se, Pilar, nos quedamos, igual yo duermo en el suelo o en algún sofá, así no te incomoda” a lo que le respondí si pena alguna y aliviando la pena colectiva, con la mejor sonrisa, “ si, tranquilo, si no te molesta dormir conmigo, compartimos la cama, que va a pasar? Somos familia no?” (riéndome), y así fue, hicimos uso de la misma habitación que nos habían asignado. Entramos, nos acomodamos, acomodamos nuestra ropa, Javier decidió ducharse ya que el calor y el ir y venir del problema de la habitación lo tenía empapado en sudor.
Yo mientras tanto aproveché a ponerme ropa cómoda, para caminar previniendo el calor también, cuando Javier salió del baño decidimos hacer nuestra primera recorrida por la ciudad, recorriendo aquellos lugares que nos llevaron de un principio allí, después de más de 3 horas caminando decidimos almorzar en un restaurante cerca del hotel, luego el calor se hizo intenso, decidimos volver al fresco del hotel y descansar también del largo viaje, durmiendo una siesta, que nos repusiera del cansancio acumulado para volver en la tarde noche a dar otra recorrida. Sin resquemores fui al baño y me puse mi camisón de satén habitual, Javier mientras veía la tv acostado, con el torso desnudo y con una bermuda puesta, no parecía importarnos a ambos dormir juntos en la misma cama, y así fue, gire para mi lado dejándolo seguir viendo la tv y luego de un rato, ambos nos dormimos una buena siesta.
Siesta de la cual despertamos alrededor de las 7pm, ambos nos preparamos a volver a recorrer aquella linda ciudad, antes de salir, Javier volvió a ducharse lo cual seguí yo luego de él, y otra vez con ropa cómoda volvimos a recorrer nuevos puntos de visita, llegada la noche decidimos otra vez ,ir a cenar, esta vez a una pizzería muy pintoresca que encontramos por el camino, nuestra primer gran charla se dio en la cena, entre pizzas y cervezas, hablamos de todo un poco, de lo que nos estaba pareciendo el viaje, de la vida, de nuestras vidas, de sus proyectos futuros, y fue el momento de agradecerle sinceramente que me haya acompañado a este viaje, que tan postergado y deseado lo tenia, a lo que con total sinceridad de su parte también, me respondió que el agradecido era él, por haberlo elegido como acompañante en un viaje que él también quería hacer. Luego de la cena volvimos caminando y continuando la amena charla hasta el hotel, fulminados de sueño ambos, decidimos rendirnos al aire acondicionado de la habitación y dormir hasta el otro día (viernes), que nos esperaba otras largas recorridas y visitas a lugares típicos de la ciudad, antes de acostarnos Javier entre miedo y vergüenza me pregunto “Pilar, te molesta que duerma de bóxers? Porque el calor me hace traspirar muchísimo, si te molesta duermo de bermudas, no me importa” a lo que respondí “si, si, quédate tranquilo Javi, dormí cómodo, yo duermo de camisón porque es mi costumbre de toda la vida, pero vos dormí también como quieras”, lo que no le dije hasta ese momento era, que dormía de camisón pero sin ropa interior, ya que molesta sobremanera para dormir, tampoco creo que él se dio cuenta de tal estado.
Tal era el cansancio que ambos teníamos, que Javier no disfruto mucho de la tv y enseguida quedo dormido, y aunque algo me desvele, cerca de la 1am también yo sucumbí al sueño, fue un largo día y era otro largo día el que nos esperaba, sentí dormir profundo a Javier, hasta envidia me dio ver dormir a alguien así, tan descansado, cerré los ojos y no recuerdo más. Siendo casi las 6am me despierto llamada por la sed, aquella visita a la pizzería me hacia pagar las consecuencias, casi dormida y sin encender la luz, pude ver que ya amanecía, y que el día estaba a 2 luces lo cual dejaba entrar por la ventana de la habitación ese tenue reflejo de la aurora, reaccione que no dormía sola, siendo cauta para beber algo y nos despertar a Javier , solo gire hacia él para ver si lo había despertado con mis movimientos, cuando he allí mi gran sorpresa!!! Javier además de seguir profundamente dormido, tenia una erección brutal, de campeonato, su miembro había vencido el bóxer y luego las sabanas, para mostrarse majestuosamente erguido. No me case virgen, ni mi marido fue mi primer hombre, así que podía compararlo, pero jamás había visto un miembro masculino de tales dimensiones, debe medirle unos 25cm, pero lo que mas asombraba era el grosor que ronda entre los 12 o 14cm., mi reacción fue quedar absorta, admirada, pasmada, ensimismada, si no estaba despierta aquel descubrimiento lo hizo.
No sabía que hacer, como obrar, como proceder, algo si era cierto, no podía dejar de contemplar, de ver, de recorrer con los ojos a aquel falo, lleno de venas henchidas, circuncidado, que mostraba un glande pavoroso, brilloso como una manzana acaramelada, sentí vergüenza, timidez, rubor, sofoco, sonrojo, corte, bochorno, retraimiento; mi yerno estaba ahí a lado mío totalmente empalmado y con un miembro de exhibición, perdí la noción del tiempo y el espacio, solo tenia la máxima precaución de no ser descubierta por Javier, era muy fuerte aquella situación, pero tenia su parte adictiva, no podía dejar de verlo, sigilosamente me acercaba para observarlo más de cerca, hasta llegue a acercar mi mano, no para tocarlo pero si para tener una escala algo real de aquel tamaño, con este acercamiento pude detectar el calor que rodeaba aquel miembro, más allá de que las relaciones con mi marido hacían unos 20 años se había muerto para siempre y no habiendo otro hombre en mi vida, no podía separar que el dueño de aquel monumento era mi yerno, mi único yerno del cual nunca había tenido ningún indicio de tal porte, mi hija y yo no hablamos nunca de estas cosas.
Así habré estado unos 20 minutos, sin poder dar crédito a mis ojos pero si sintiendo un cosquilleo olvidado y recordado por esta curiosidad. Todo hubiera transcurrido normalmente, si es que cabe la palabra, y no hubiera pasado de allí, si es que Javier empezó a moverse como molesto por el calor, quede , desconcertada, pasmada, sorprendida, sin saber que hacer, cuando dormido aún dio un giro brusco hacia mi lado dejando aquel falo, que no perdía su erección, apuntándome desafiante, sentí la necesidad de no ser descubierta por Javier y con la mayor cautela, volví a acostarme dándole la espalda a Javier y su dicha, no podía volver a dormirme, me mataba la curiosidad, la ansiedad, la vergüenza, tanto que se me cortaba la respiración, me sentía agitada, alterada, intranquila, inquieta.
Totalmente obnubilada ya, sin darme cuenta, ni pretenderlo, me fui subiendo el camisón hasta que me quedo a mitad de mis nalgas, y con la mayor prudencia posible empecé a retroceder, solo con la intención de rozar aquella maravilla de la naturaleza, tal fue mi suerte que cuando logre mi cometido aquel falo estaba a la altura de la mitad exacta de mis 2 nalgas, al sentir llegar a destino allí me quede quieta un buen par de minutos, pude comprobar lo que intuyo mi mano, aquel miembro ardía, quemaba, abrasaba; esta situación me hizo empezar a agitar más de lo que ya estaba, me nublaba la razón, como consecuencia me sentía humedecer después de años y años, no quería pero me enloquecía aquella situación, me sentía una adolescente excitada, casi instintivamente con toda la precaución del mundo, comencé a dar movimientos leves, muy leves con mi cola, hacia arriba y hacia abajo, me moría de vergüenza de saber que Javier podría despertarse y encontrarse aquel panorama, no sabia ni podía intuir cual iba a ser su reacción, si así ocurría, pero la vergüenza no detenía mi excitación. Así seguí dándole un leve y cauto, pero satisfactorio para mi, masaje con mis nalgas a aquella enormidad, esta situación me hacia mojar, chorrear, empapar tanto que ya sentía mis flujos en los labios superiores de mi vagina.
Si no hubiera ocurrido lo que ocurrió, no tenia idea de como iba a terminar aquello, solo sabia en ese momento, que me encantaba la situación. Seguía en mi tarea, de autosatisfacción cuando sentí que aquel miembro sin perder su llamativo vigor se deslizaba raja abajo y empezó a atravesar entre mis muslos, que aun estaban unidos, quedando prisionero entre mis piernas, totalmente pegado a mi encharcada vagina sin penetrarla, quede pasmada, sorprendida, patidifusa, boquiabierta, aquello no había sido casual, impensado, imprevisto, fortuito, accidental, no quería girar mi cabeza, ni mirar a Javier, que estaría pensando?, que diría?, que querría?, mi cabeza volaba pensando mil preguntas y mil respuestas, quería que aquello terminara o fuera un simple sueño, pero no, una mano recorrió por debajo de las sabanas, levanto un poco más mi camisón, acaricio mi nalga derecha y fue bajando lentamente por mi muslo hasta que dio la extensión de su brazo y volvió a subir acariciando.
La situación, era excitante a la vez que incomoda, el miedo de hallarme totalmente descubierta me dejo tiesa, sin movimiento ni respuesta, así hasta que la misma mano que me acariciaba nalga y muslo dejo de hacerlo para agarrar aquel miembraso y dirigirlo a mi vagina, cuando sentí aquel apetitoso glande besar la puerta de mi hueco, fue cuando se me quito toda inmovilidad, millones de sentimientos y complejos se me vinieron a la mente, pero mi cuerpo no parecía estar de acuerdo, gire mi cabeza bruscamente, lo mire e inmediatamente le solté “ahhhhgg (suspiro de placer y sorpresa) ay, no, no!! Javi, por favor, esto no está bien” a lo que me respondió sonriéndome y con el mayor desparpajo “claro que no esta bien Pili” en ese mismo instante empezó a penetrarme aquel tótem muy lentamente, abriéndose paso fácilmente por mi espectacular lubricación, casi con medio glande dentro volvió a decirme “ahora si, ahora si está bien” y volvió a reírse buscando mi complicidad, que la encontró también en mis piernas que fui levantando para ayudar la penetración, “Ay!! Javi, que ganas tengo, por favor, hace tanto que no se lo que es un hombre, ni te digo con una verga como la tuya. Dame placer, haceme tuya por favor” le dije. Mi vagina estaba en desuso hacia años, pero estaba tan lubricada, que aquel tamaño no encontró mayor resistencia, entraba y entraba, parecía no terminar más, hasta que toco fondo en mi misma matriz, me sentía llena, completa, rebosante no cabía más nada, quise comprobar cuanto tenia toda llena mi vagina, estirando una mano hacia atrás, buscando su pelvis y pude sentir que no era todo lo que tenia adentro mío, unos 3 dedos le sobraban a aquella maravilla ardiente. Javi me daba un bombeo suave al salir y duro al entrar, lo que me enloquecía, me hacia desear que no saliera y que volviera a entrar, yo solo atinaba a dejarme, no quería importunarlo, ni interrumpirlo con mi falta de práctica, mientras me daba mi merecido me besaba espalda, hombro y brazo, con su mano derecha seguía en el dulce paseo entre mi nalga y mi muslo, yo ardía, solo movía la cabeza hacia la almohada para darle pequeños mordiscos para no gritar, Javi me susurraba al oído entre beso y beso cosas como “Pili, no sabes como deseaba esto, siempre me gustaste, desde que te vi por primera vez, no te imaginas que ganas te tengo Pilar, que bien nos vamos a llevar de ahora en más”, mis tímidas respuestas eran provocándolo “ Javi, como te puedo gustar si soy una vieja?, soy tu suegra, nunca me imagine que te gustara” a lo que respondía furiosamente con embates corporales y dulces susurros ,“ que vas a ser vieja Pilar, sos un mujerón , no te voy a mentir sé que sos mi suegra, no puedo decirte que te quiero, pero si que me calentaste desde el primer momento, tengo miles de fantasías con vos”. Increíble!!!, mi yerno, mi único yerno, fantaseaba conmigo hacia años y yo nunca me percaté, era el hombre que después de 20 años me hacia retorcer de placer en un hotel a kilómetros de mi casa, mi familia, mis valores y mis creencias, quería que aquello durara horas pero el encanto, la falta de atención y la buena performance de Javier me hicieron fallar en el aguante, me recorrió una especie de electricidad desde mi vagina hasta los dedos de los pies, desde mi nuca hasta mi esfínter, di 3 o 4 estertores y el más maravilloso orgasmo desde mi adolescencia me invadió, quise gritar, balbucee, gemí, volvía una y otra vez a morder aquella almohada, Javier me atesoraba con sus manos como tenazas prendido de mi hombro y cadera, a cada estertor me daba un fuertísimo embate, vi las estrellas, quería lamerlo, morderlo, besarlo, apretarlo, comérmelo, pero solo pude atinar a tirar mi brazo hacia atrás y apretar su duro glúteo hacia mí.
Javier parecía disfrutar como un niño con el juguete deseado, siguió en su bombeo, ahora cada vez más duro y parejo, se venia en mí, sentí como mi vagina con chorros casi interminables de semen se inundaba, haciendo el sonido característico del encharcamiento vaginal, no paró, continuo y continuo, hasta que me di vuelta para besarlo en la boca, se detuvo solo para hundirme la lengua hasta mi garganta, saco aquella verga humeante de mi vagina llena de semen y flujos, sentía como los chorros de semen sobrante me recorrían vagina afuera espetando sonidos de aire y liquido, estaba en el limbo, me sentía mujer otra vez, es más me había sacado todo el recato y me sentía salvaje, sucia, fuera de las formas, puerca, sin ningún sentimiento, solo sexo brutal y genial, me sentía una puta feliz, usada y saciada. Entre besos y caricias decidí ir a ducharme, ya en la ducha tocaba los líquidos, que aún salían de mi vagina, los llevaba cerca de mi nariz para olerlos sintiendo aquel olor que me enloquecía y me excitaba más, aquel olor que me había regalado mi yerno, mi hombre, el hombre que me iba a hacer gozar después de tanto tiempo en aquellos días lejos de todo.
Luego de la ducha volví a la cama a su lado, él sentado en la cama, tapado con la sabana de la cintura hacia abajo, yo desnuda, me recibió con una gran beso en la boca, que continuo por mi cuello buscando mis pechos, mis pezones parecían saber la intención ya que se endurecieron tanto que me dolían, dolor que solo aliviaba la palma de la lengua de Javier cuando jugaba con ellos o los introducía en su boca para morderlos con los labios, demás esta decir que estaba envuelta en llamas otra vez, otra vez empecé a sentir una humedad abundante en mi interior, sus dedos pronto lo descubrieron, como mi mano descubrió su enorme nueva erección , continuando entre besos y caricias, comencé a masturbarlo, Javier gemía, fue cuando me pregunto pidiéndome “Pilar eso mismo podrías hacerlo con la boca?”, una sonrisa compartimos, me recogí el pelo y fui acercándome lentamente hacia aquel obelisco de carne, pude volver a sentir aquel olor de la ducha, ese olor a macho a semental en celo que me mojaba cada vez más, le di un dulce beso en el glande, lo mire a los ojos para comprobar su disfrute, saque mi lengua lo más que pude y desde el tronco hacia arriba comencé a recorrerlo con mi lengua; una confesión entre líneas desde adolescente me fascino dar sexo oral a mi pareja ocasional es algo que me excita sobremanera; me apasiona realmente además de ser algo que siempre me fue muy valorado por la calidad, ni que hablar tener en mi boca aquella verga bestial, no solo por el tiempo que hacia que no probaba un falo sino porque una belleza así no vería en el resto de mi vida. Trataba de ser paciente y poder recorrerlo todo con mi lengua, en realidad buscaba tiempo para imaginar una forma de metérmelo en la boca y que le diera el placer que Javi buscaba, recorrí vena a vena con mi lengua llegaba al glande y metía la punta de mi lengua en el mismo orificio, le daba pequeños mordiscos que tenían doble efecto a él le hacia gemir de placer y a mí me daba la pauta de lo duro que aquella verga estaba, decidí ponerme lo más que podía en mi boca, apenas podía un poco más allá del glande sin dar las arcadas que me generaba que ese miembro tocara mi garganta, Javier hervía y la excitación hacia que me hundiera su verga en embates cada vez más profundos, que me ahogaban pero me calentaba más y más, en un momento Javier estiro su mano para acariciar mi vagina, húmeda, empapada, encharcada y me dijo “Pili, ahora yo voy a aliviarte esa calentura” sin más se incorporo, yo lo seguí quedando sentada al borde de la cama, no sabia que iba a hacer, me llevo a recostarme, dejando mis piernas fuera de la cama y se puso en posición entre ellas para hacerme un cunnilingus, a lo que intente frenar, diciendo “no Javi, no es necesario que hagas eso”, Javier muy seguro me respondió “tranquila, es algo que hace años quiero hacerte”, ese morbo de su fantasía conmigo me hizo dejarme llevar.
Comenzó a besarme los pies, dedo por dedo, los lamia, los metía en su boca y los chupaba siguió subiendo por el interior de mis piernas y muslos, pasaba lentamente la lengua de arriba abajo, solo podía inclinar mis piernas para apoyar mis pies en su espalda y así acelerar la llegada de su boca a mi vagina, pero él se resistía excitándome muchísimo la situación, llego hasta la puerta misma de mi hueco y con toda la palma de su lengua lamio de abajo a arriba mis labios exteriores, me retorcí de placer, él lamia mis jugos que ya salían de mi interior, uso sus dedos para abrir mis labios y sentí aquella lengua intrusa como me invadía en mis labios interiores y buscaba mi clítoris, que lo sentía explotar, mis estertores lo desacomodaban en la búsqueda, fue por eso que con las 2 manos separo bien mis piernas, luego con sus dedos abrió bien mi vagina y arremetió con lengua y boca contra mi clítoris, lo chupo, lo lamio, se lo ponía en la boca y jugueteaba con el con su lengua, sentí que una tormenta me salía del cuerpo cuando con mis 2 manos apreté desde su nuca contra mi a Javier, di un gran grito de placer y me abandone, sentí un gran polvo salir de mi y que iba directo a su boca, Javier nunca dejo de darme lengua, se afirmaba más e introdujo un par de dedos en mi vagina, moviéndolos de afuera adentro, era interminable, no paraba, era un derroche de placer que salía de mí, quería restregar mi concha contra su boca furiosamente y así lo hacia, Javier saliendo de aquel marasmo se incorporo arrodillándose entre mis piernas delante de mí, apuntalándome su vergón en mi vagina y diciéndome, “Pili, mi amor, llego la hora de la verdad” y comenzó a introducirme otra vez aquella maravilla de la naturaleza, yo me sentía en las nubes solo veía la forma que tomaban mis pies arqueándose del placer que recorría todo mi cuerpo y le contesté “si Javi sos mi hombre, mi macho, haceme lo que quieras, soy toda tuya, quiero morirme gozando así”. Solo quería ver por encima de mi vientre como entraba en mí aquel pedazo, Javier lo hacia demorar para darme más ganas sentía como las paredes de mi vagina se hinchaban al paso de aquella verga, podía sentir su dureza, su calor, mis flujos se hacían cada vez más abundantes, Javier empezó a darme un bombeo cada vez más duro se escuchaba sobremanera el golpeteo de su pelvis contra la mía, como pude con cada mano tome mis piernas por detrás de las rodillas para así abrir más mi concha y recibir más de aquella salvaje cogida, me estremecí arquee mis espalda, lo agarre de la cintura, di un fuerte gemido y explote en un brutal orgasmo, Javier me puso una mano en la boca, yo no paraba de chupar todo lo que me ofrecía, dedos, mano, brazo , sentía unas ganas locas de morderlo, de comérmelo, fuera de mí llegue a insultarlo, él se reía y me daba más y más, esa performance me hizo venirme de nuevo, esta vez fue tan fuerte que al llegar al orgasmo moví tanto mis piernas que me fui hacia atrás sacando aquel vergón de mí. Javier me hizo poner de costado y levantando mi pierna izquierda se monto a horcajadas sobre mi pierna derecha, me la metió otra vez esta vez sin demora, me agarro de mi muslo izquierdo y de la cintura y volvió a darme, parecía un poseso, desencajado, traspirado, emanaba un olor que solo a él se lo sentí, el olor de un macho satisfaciéndose de mí, mis manos no podían tocarlo y eso me desesperaba, solo podía arañar las sabanas, cada pocos segundos se detenía a mordisquearme los pezones y a darme lengüetazos en la boca, hasta que decidió no hacer más esas paradas y a fijarse solo en el bombeo, cada vez más seco y parejo, volví a insultarlo y me abandone en estertores, era un orgasmo atrás del otro, grite, chille, tuve ganas de llorar, otra vez lo insulte y quede rendida, solo tenia ganas de una cosa, de verlo terminar entonces decidí y le dije, “Javi por favor, quiero chupártelo otra vez” a lo que sin contestarme se arrodillo en la cama, fui hacia él en 4 patas y empecé a chupárselo todo, como podía me metía su verga en mi boca, lo lamí todo lo que pude y no lo que quise, con su glande entre mis labios le pregunte “te gustaría?”, “que?” me contesto, “acabarme en la boca?” volví a preguntarle, “claro mi amor” me respondió, y empezó a serrucharme la boca, tomándome de la nuca, me la hundía todo lo que podía en la garganta, mientras se estiraba para acariciar mis nalgas, incluso se humedecía los dedos y jugaba con mis esfínter, levantaba aquella verga y me metía cada uno de sus testículos en la boca, los chupaba como caramelos, los sentía latir llenos de semen, de semen que quería probar, pero no me dejo. De repente dio un salto hacia afuera de la cama, quede confusa sin moverme, dio la vuelta por detrás mío, yo seguía en 4 patas me abrió con sus manos las nalgas y empezó a lamerme el ano, pasaba su lengua por toda mi raja, se detenía en el orificio mismo, jugaba con la punta de su lengua e intentaba meterla, hacia años que yo no tenia sexo anal, si no fuera por el pavor que me daba aquella verga monumental, no me disgustaba la idea, estaba a punto caramelo, entre su saliva y los fluidos de mis anteriores orgasmos, mi cola estaba muy lubricada, me ponía eléctrica cuando lamia mi periné y luego introducía lo más que podía su lengua en mi cola, continuo así hasta que me derrumbe sobre la cama del gusto que me daba aquella chupada exquisita, él se acostó sobre mí para seguir su labor, yo mientras jugaba con mis pies con su verga y testículos, me fascinaba sentir con mis pies su falo duro, estaba tan excitada y con tantas ganas de probar su leche, que sin pensarlo le consulte, “mi amor , queres metérmelo en mí cola?”, me contesto ”ahh Pili, es lo que más deseo en el mundo, años, años que me enloquece tu culo, estas nalgas duras y enormes, que ganas tengo Pilar”. Fue subiendo como estaba hasta quedar a la altura, los 2 boca abajo, él sobre mí, me apuntalo su vergón en mi cola y fue dejando que la presión de su peso fuera el que me introdujera aquel enorme glande, la lubricación no parecía la necesaria, se levantó rápidamente fue a la mesa de luz donde estaban mis cremas, agarro crema humectante me la unto bien en mi agujero, hizo lo mismo con su verga y volvió a apuntalarme, ahí si, ahí si sentí que mi ano empezaba a ceder, un frio recorrió mi espalda desde la nuca hasta mis pies, como si una navaja recorriera desde mi ano a mi vagina, que me desgarraba, grite de dolor, decidí morder la sabana para no volver a gritar, ya el dolor se mezclaba con placer, sentía ganas de irme de cuerpo pero también a la vez como un vacio y su consecuente ganas de sentirme llena, cuando sentí que ya había vencido mi esfínter aquella verga y que mis entrañas se llenaban felizmente, Javier me dijo al oído “ya esta mi amor, lo peor ya paso”, a lo que ingenuamente le pregunte “ya esta? Entró toda?”, Javier quiso tranquilizarme pero logro lo contrario diciéndome “no mi vida, casi la mitad”, “Casi la mitaaad!!!, me vas a matar, por favor Javi se prudente, me encanta pero me asusta, nunca me metí algo así”, a lo que Javier sonriendo ahora si me tranquilizo, “seria incapaz de darte dolor, solo quiero verte gozar, cuando vos me lo pidas la saco” y así lo alenté entonces “mmm, mi amor tranquilo, ya me relaje otra vez, ahora que te quedaste con ella adentro y quieto, ya no siento dolor y me calienta saber que estas disfrutando mi cola, me encanta que disfrutes mi cola, que tan loco te vuelve”, estas palabras fueron como un detonador de besos, caricias, apretones, mordisqueos y un dulce y suave bombeo de Javier hacia mí, mi cola se ponía golosa y en cada empelloncito se preparaba para él levantándose tímidamente, sin darme cuenta el dolor se había borrado y solo sentía un placer celestial cada vez que aquel pedazo del gran pedazo me invadía los intestinos, Javier iba tomando confianza y seguro del placer que me estaba dando cada vez me daba un poco más, yo lo notaba porque puntualmente volvía alguna gota de dolor, pero decidí dejarlo ya y no intimidarlo otra vez ya que el goce era mucho mayor que el dolor. Así estuvimos un buen rato, mientras yo lamia sus manos él me besaba la oreja, el cuello, mis pies y piernas envolvían los suyos por detrás, Javier se detenía unos segundos para que mis entrañas se adaptaran todo lo que podían a aquel tamaño, sentía su verga en mi culo como una brasa cada vez más caliente, hasta llegue a sentir como latía, sus testículos que rozaban mis nalgas parecían granadas a punto de explotar, yo sentía como mis flujos volvían a aparecer en mi vagina de la excitación que me generaba aquella enculada y cada vez mi cola lo desafiaba más empinándose a cada embestida, empecé a gozar de una manera inédita para mi, quería aquella verga de una vez por todas entera en mi interior, estaba tan caliente, que volví a insultarlo y a desafiarlo a que me la metiera toda lo antes posible, Javier perdió todas las formas dejo los besos se apoyo en sus brazos y me la hundió hasta el fondo, quise llorar, chille, berree, patalee, lo insulte, goce, al fin, al fin tenia toda aquella verga adentro mío, que disfrute, que sensación, que goce, que placer inaudito, sentía partirme en 2 y me encantaba, mis pezones parecían estallar, mi vulva estaba mojadisíma e hinchadísima, mi cola exhumaba jugos que se mezclaban con el sudor de nuestros cuerpos y la crema que nos lubrico, y ese olor me volvía loca. Tenia la sensación de tener un corazón en mi cola de cómo le latía la verga a Javier, me daba tan fuerte, como castigándome, el chasquido de su pelvis en mis nalgas era estruendoso, su verga entraba ya como cuchillo en la manteca, sentía tan próximo mi orgasmo, que tome la decisión de incorporarme con la ayuda de mis brazos, venciendo el peso de Javier, para quedar en 4 patas apoyada en mis antebrazos con toda aquella maravillosa pija en mi cola, Javier ya estaba desencajado por completo, me separo las piernas con las suyas, se afirmo en mis caderas con sus manos, hundía los dedos en mis carmes y me asía como un juguete contra él, era tanto el bombeo que sus bolas me enloquecían cuando como latigazos chocaban contra mi vulva, con la voz agitadísima me pidió “Pilar, Pili, háblame sucio, decime cosas cerdas”, detuve un instante mi goce para sonriendo contestarle, “Javi, mi amor, quiero ser tu puta, la más puta que te hayas cogido, siempre voy a ser tu putita, me vas a coger como y cuando quieras” esto me recontracalento hasta mí, años, pero años que no podía decirle esto a nadie, lo mejor era que a Javier se lo estaba diciendo de verdad, tantas cosas invadían mi cabeza en aquel momento maravilloso, que sentí por primera vez en mi vida un orgasmo en mente, alma y cuerpo, una catarata salía entre mis piernas, me empalaba aquella verga sola, cuando salía la apretaba con mis nalgas como para no dejarla salir más, me incorpore del estallido en mi interior, llevándome a adelantar mis piernas, quede arrodillada, con Javier también arrodillado detrás mío y con aquel vergón ensartado hasta el fondo, Javier no paraba, esta vez me agarro por los hombros me inclino un poco hacia adelante, me apoye con mis manos en mis muslos y sentí a Javier ponerse rígido cuando en mi interior sentí uno, dos, tres latigazos interminables de su semen, y luego pequeñas acabadas también 3 o 4, que inundaron mi cola, me corrió un escalofrió por todo el cuerpo, sentí hasta el cabello erizado y otra vez una catarata en mi vagina y explote junto con Javier en otro orgasmo de sueño. Con un pacto silencioso decidimos no sacar su verga de mi cola, nos besábamos y acariciábamos, mientras iba bajando la erección y al mismo tiempo saliendo poco a poco aquel miembrazo de mis entrañas, podía ver, lo hinchado que lo tenia, humeante, rojo, con restos de sus semen y mis heces. Camino a la ducha entre besos y caricias, no podía creer que me había metido todo aquello, con menos excitación parecía imposible, que aquel vergón había estado entero en mi cola, Javi se metió primero a la ducha, yo preferí aliviar mi incontinencia en el wc, provocada por el tamaño que tenia mi ano después de la faena que le había dado mi yerno, era para mi un espectáculo ver como Javier mientras se duchaba se lo enjabonaba, lo movía y lo masajeaba de forma muy sexy, mi mente se fue poniendo monotemática, se me estaba fijando la idea de mamársela otra vez pero hasta que explotara en mi boca y poder probar su sabor, quería chupársela, saborearla, comérmela, me ponía inquieta conocer el sabor de su semen. Decidí entrar en la ducha con Javi, me recibió con un largo beso en la boca, que termino cuando encontró mis pechos con los pezones erguidos, recordamos entre risas cuando mi marido se oponía al noviazgo con mi hija, su sentido profético tenia su morbo, quien iba a decir que aquel yerno no querido le estaba dando la mejor cepillada de la vida a su misma mujer, yo mientras sobaba aquel vergón, lo masajeaba, lo masturbaba, no tarde mucho en ponerme de rodillas, el agua de la ducha me daba en la cara y empezar a lamerlo todo, levantándolo y chupando sus bolas una a una, lamí con la ayuda de Javier por detrás de sus bolas recorrí todo su periné con mi lengua, me fascinaba sentir como aquella pija se iba poniendo gorda en mi boca, de verdad empezaba a latir, vena que aparecía la recorría con mi lengua, Javier hizo el intento de levantarme seguramente para volverme a penetrar pero mi porfía lo hizo desistir y dejarse, se recostó contra la pared de la ducha, sentí que mi cometido estaba intacto, cada vez trataba de abrir más mi boca para que entrara más de aquel tesoro, jugueteé con mi lengua en toda aquella verga, cuando lo miraba con ella en la boca Javier cada vez más excitado, me acariciaba la cara y me ayudaba desde mi nuca a acelerar la chupada, sentí unas gotas de su precum, las disfrute y acelere más, masajeando sus bolas con mis manos sentí lo cargadas que estaban de semen para mí. Dos fuertes y larguísimos chorros, de semen, calientísimo, espeso, acido y salado fueron directos a mi garganta, tuve que sacar un poco de aquel vergón para no ahogarme, luego una ráfaga de acabadas cortas fueron llenándome la boca de aquel semen tan deseado por mí, Javier se derrumbo contra la pared, yo se la mordía y masajeaba cada vez más sus testículos, para sacar hasta la ultima gota, cosa que logre llevándola en la punta de la lengua desde su orificio, seguí y seguí mamándola hasta que volviera a estar como la encontré en la ducha. Me fascina dar sexo oral y la verga de mi yerno era el premio de mi mejor fantasía en mi vida, no quería dejar de chuparla nunca más, así fue el resto de nuestra estadía en Luján y el principio de nuestra relación, además de ser insospechada por todo el mundo lo que más la hace excitante es el don que tiene Javi de hacérmelo en los lugares más insólitos, prohibidos y llenos de peligro, como en el viaje de regreso, cuando en la oscuridad y silencio de la noche en el coche cama, fuimos besándonos y tocándonos, llevándome debajo de su frazada para que volviera a mamársela de regreso a casa, como una adolescente, llegue a mi casa con su sabor en mi boca. No hay dudas para mí, cada vez me convenzo más que estoy decidida a ser hasta que me muera, la puta de mi yerno Javier.
Pilar

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La mejor suegra del mundo

Es hoy o nunca me dije ese día, al ver que tendría una semana completa con mi rica suegra, salvo por mis hijos que son muy pequeños.
Mi esposa se fue a trabajar con una prima suya a otra ciudad y mi cuñado tenia el turno de la noche, así que tenia que aprovechar para montarla a como diera lugar y es que esas nalgotas ya me traían bien pendejo y mis intentos por llevármela a la cama hasta ese día no habían funcionado, así que había que planear algo que si funcionara.
La primera noche los niños se durmieron y yo baje por agua a la cocina, ahí escuche la regadera. Mi verga reacciono al recordar las veces que había podido expiarla ya sea en el baño o al cambiarse y me dispuse a hacer lo mismo, así que fui hasta el lugar donde yo sabia que podría verla completa y aunque mi intención era verle ese gran culo que se gasta la muy Puta; solo la vi de frente; por lo que al ver sus tetas colgando y su chocho bien peludo me saque la verga y comencé a sóbarmela. Así estuve hasta que ella comenzó a vestirse, ya me iba a mover cuando vi que metió su mano por debajo de su panty y al tiempo en que se frotaba, decía “ay que caliente estoy” “oooohhh que ganas tengo de una verga dura en mi colita”, “aaayyy pepé si no me coges en esta semana es porque a parte de puto, eres un reverendo pendejo, y por lo que veo prefieres dormir que gozar de una verdadera hembra caliente”.
No podía creer lo que había escuchado, mi suegra estaba en celo y había pensado en mí para quitárselo.
“ Ya te dije cabrón, si no aprovechas para cogerme de una buena vez, ya no habrá otra oportunidad. Saco su mano y se chupo dos dedos antes de seguir vistiéndose. Por mi parte me dirigí a la cocina a esperar que saliera y acomode mi bulto para que se notara la gran erección que traía, cuando ella salió y vio luz fue hacia allá y me vio tal como yo quería.

“Pensé que ya te habías dormido”- me dijo sin dejar de verme el paquete.
– Baje por agua, para tomarme una pastilla.
-Regálame tantita, por favor. – me pidió dándome un vaso. – gracias, hasta mañana – agregó relamiéndose los labios de una manera muy excitante. Y se fue a su recamara dejándome sorprendido, por su actitud, pues había dicho que quería que la montara y al estar frente a mi y ver que yo también estaba caliente, había salido huyendo como colegiala espantada, pero en fin, deje pasar un tiempo y me acerque a su dormitorio donde escuche sus ronquidos pensando que fingía trate de abrir la puerta y el coraje me invadió al descubrir que la había cerrado con seguro. Busque la llave, pero esta no estaba en su lugar.
“Que mierda eres Puta, primero me calientas y luego te encierras. Ahora por eso te voy a romper el culo y me voy a vaciar en tu boca mendiga perra”.
Me fui a mi habitación mentándole la madre a la muy cabrona y me dispuse a dormir.

– Pepe Pepe, Pepe ya es hora, son las seis, se te va ha hacer tarde. Yo me hacía el dormido, hasta que sentí su mano en mi pierna izquierda moviéndose cerca de mi pito, el cual estaba paradísimo, pues esa noche había soñado que me la cogía.

– ¡Ehhh!
– Ya son las seis – dijo retirando muy despacio su mano.
– Ya voy gracias.

Ese día en la oficina solo pude pensar en como le iba a hacer. Cuando llegue a la casa, la encontré durmiendo a los niños y me dispuse a darme un baño, pero a propósito deje mi ropa en el sillón mientras cenaba, de reojo veía como ella observaba una tanga con la que suelo sorprender a mi esposa cuando me la quiero coger; y vi que con cualquier pretexto se agachaba para que pudiera verle sus tetas, libres, bajo su playera de la pijama y que notara la marca de sus calzones, en una de esas, note una figura muy peculiar en sus piernas. “Puta madre, traes liguero”. – dije en voz muy baja.
– ¿me hablabas?
– no, solo recordé algo
En un descuido de su parte, entre a su recamara y vi las llaves, las cuales tome sin hacer ruido y salí. “ Hoy no te me escapas” – dije. Seguí cenando y ella se sentó frente a mí con un plato de cereal, nuevamente aproveche que se distrajo y le puse una de mis pastillas para dormir, ya que ella seguía fingiendo respeto y decencia, cuando yo intentaba algún avance.
Terminamos de cenar y ella entro al baño, yo rápidamente fui a mi lugar de observación y pude comprobar que traía un ligero coqueto y unos calzones transparentes muy chiquitos, que por cierto, yo no le conocía. Termino de hacer del baño y se acomodo la ropa, al tiempo en que decía. “¿No sé por que si eres el esposo de mi hija, me gustas y me pones tan caliente, cabrón?”.

Cuándo salió, me dio las buenas noches con un gran bostezo, “¡ah, que sueño traigo! – comento y se metió a su recamara. Yo escuche como ponía el seguro e instintivamente toque las llaves.
En el baño solo me hice una gran chaqueta pensando en lo que me iba a comer esa noche y cuando salí, escuche sus ronquidos, por lo cual, me quite la toalla y solo en tanga me dirigí a su puerta con las llaves en las manos.

Toque algunas veces y ella seguía roncando, entonces hice mas ruido para ver si despertaba, pero no lo conseguí, así que ya seguro de que no había problema, abrí la puerta y prendí la luz que da al patio, a fin de ver como estaba acomodada. “Así que me estabas esperando, Puta” – le dije al ver que se encontraba boca arriba sin tapar y que solo tenía puesto su liguero y su calzoncito.

Sra. Sra. – le dije cada vez mas alto, ella seguía dormida; “te voy a encular, perra” – le dije casi al oído y al ver que no despertaba saque mi verga y se la pase por la boca, la cual estaba un poco abierta, por sus ronquidos, así que se la fui metiendo poco a poco y después empecé un suave mete y saca, mientras sobaba sus tetas con una mano y con la otra le acariciaba la panocha sobre sus calzones.
Mi suegra comenzó a gemir, al poco tiempo y yo la fui acomodando para poder mamarle su peluda concha y aunque no quería sacarle mi pito de la boca, éste se salió y ella gimió más fuerte. Por mi parte comencé con la mamada de panocha, ya que si ella despertaba, quería tenerla super caliente para que no dijera nada por mi atrevimiento. Rápidamente le hice a un lado su calzón y abriéndole su peludo chango, le pegue la lengua y comencé a frotarla contra su clítoris, sus gemidos fueron haciéndose más fuertes y su panocha estaba super mojada. Jamás imagine que se mojara tanto, de hecho me había asegurado de llevar un lubricante para podérmela coger, pues en una ocasión, cuando ella todavía tenia “novio”, encontré entre sus cosas un lubricante vaginal; pero en esta ocasión no lo ocuparía, pues estaba tan lubricada que no me iba a costar trabajo.
– Que rica estás, pinche nalgona – le dije separando mi cara para tratar de meterle mi verga otra vez en su boca y no se si por la posición o por que ya se encontraba totalmente erecto que no lo conseguía, pero ella al sentirlo en sus labios, los abrió y pude nuevamente sentir el rico calor de su boca. -¡ooohhhhhh! Que sabrosa boquita tienes Puta –dije, disponiéndome a seguir chapando su panocha y sin mas le restregué mi cara en la entrada de su empapado agujero, como deseando meterle esa cabeza y ella levantaba su cadera al sentir mi lengua lamiendo por dentro de su cuca. No es mentira, pero a cada lenguetazo ella se mojaba mas, tanto que llegue a pensar que si me lo proponía podía meterle mi cuerpo entero. ¡oohhhhh! Cabrona estas y me pones tan caliente – le dije quitantando mi cara y frotándola con mis dos manos, las cuales apenas cubrían su zona púbica, incluyendo pelos y todo.
En ese instante, la locura me invadió y comencé a frotarla de una forma muy salvaje, después le acomode sus calzones y sobre ellos puse mi boca chupando el jugo que contenían, a ratos pasaba mis manos por sus nalgas y al sentirlas casi desnudas, me invadía una gran excitación, como nunca antes las había sentido, así que nuevamente la moví para besárselas y manosearlas a mi antojo.
La verdad es que a estas alturas ya no me importaba nada. Estaba disfrutando y haciéndola disfrutar también a ella. Estaba tan entretenido con su culo que me había olvidado de sus ricas tetas, a las que dirigí mis manos y con sus jugos remoje para jugar con ellas. Yo la manoseaba sin cuidado alguno y decidí que ya era tiempo de otra cosa, así que en esta ocasión le metí tres dedos en su concha, los cuales se le fueron completos por lo mojada que estaba, sus jugos le escurrían entre sus nalgas y con la otra mano le iba lubricando el culo, ese culo que tanto había deseado y que hoy estaba a mi disposición, así que lleve mi lengua hasta ahí y al hundírsela, sentí como la suya comenzaba a frotarse contra mi verga y jugaba con ella.
Por un instante pensé que se había despertado, pero no le di importancia, pues ya estaba bien caliente y eso era lo que yo quería, así que le clave un dedo en el culo y ella solo suspiro y siguió chupando mi gran caña, pero ahora lo hacia con mas ganas, pues le hacia como si la fuera a sacar de su boca y luego la absorbía de una manera increíble, lo hacia tan rico que por poco y me vengo. Tuve que concentrarme en dedearle el ano y la cuca para evitar la venida. Por suerte ella se saco mi palo de la boca y comenzó a decir.
– ah, así, así, si cabron que rico lo haces, ya me hacia falta esto. Ooohhhh que bien me comes el coño, cómeme toda no seas puto, rómpeme la concha y el culo, hazlo aunque sea en sueños. Ooohhhh grandísimo culero, me tienes tan caliente, ojala fuera verdad que mamas y coges tan rico.
– Esto es real, puta – le grité al tiempo en que le hacia a un lado los calzones y comenzaba a meterle mi verga.
– Que haces imbecil? – pregunto al abrir los ojos y mirarme entre sus piernas.

Yo sin darle tiempo a nada se la clave y aunque estaba hecha agua, me la apretaba delicioso.
– aayyyy, hijo de la chingada, sácamela que me duele, sácamela no seas cabrón. Soy tu suegra y no te di motivos, aaaahhhh! si no me la sacas te voy a acusar de haberme violado y le voy a decir a mi hija. Aaaayyyy sácamela, de verdad me esta doliendo, nunca me habían metido una verga tan grande. – me dijo, mientras que con el pretexto de zafarse movía sus caderas hacia a tras, pero yo que la tenia bien agarrada la jalaba hacia mi, logrando con ello retacársela hasta el fondo. Por su parte me agarro de las muñecas intentando que la soltara y me las apretaba mas fuerte con cada embestida.
– ya cabrón, ya déjame, sácamela por favor, de veras me estas lastimando.
– ni loco, putita, ya quería tenerte así y tu también, no te hagas pendeja. ¿A caso crees que no escuche cuando dijiste que me querías en tu culo?
– aayyyyyy! Si, pero no había visto que la tenias tan grande y sobre todo tan gruesa.
– Pues, es para que veas que también tú me calientas y mas con esas nalgotas de yegua que te cargas.
– ¿De veras te gustan? – dijo comenzando a acariciarme el pecho.
– Me encantas. Estás más buena y eres mas calientes que todas tus hijas juntas.
– Comete mis tetas para que me calientes mas y ya no me duela tanto. ¡ahhhh! La tienes enorme.
– Y eso que estas bien mojada, perrita.
– Ooooohhhhh! Eres un verdadero cabrón, mira que montarte a tu suegra.
– Y tu una verdadera zorra, pues te estas cogiendo al esposo de tu hija.
– Aaaayyyyyyy, siiiiii! soy una puta, pero es por culpa de este yerno tan vergon que tengo. ¿Acaso crees que iba a perder esta oportunidad?
– Ya cállate y muévete perra, clávatela toda hasta que te salga por la boca, Puta.
– Oooohhh ssssiiiiii lo que tu quieras, aaaaayyyy puto que verga tan rica.- dijo al tiempo en que lanzaba sus caderas hacia mi vientre, haciéndome sentir como chocaba mi pito con su matriz.
– Aaaahhh cabrona, síguele así, que no te la pienso sacar en toda la noche.
– Ssssssiiiiiiiiii, papito, no me la saques nunca, me gusta como la tienes y lo bien que la usas.
– Aaaaahhh, pero si tú coges como ninguna, me estas ordeñando delicioso.
– Ooooohhhhhh si, así, así, dame mas duro, no seas puto y cógeme mas fuerte, no importa que me rompas la panocha, dale sin miedo que ya me estoy viniendo otra vez.
– Ooohhh pinche suegrita, aunque era lo que mas deseaba, jamás imagine lo rico que iba a sentir al montarte.
– Dale, dale, dale duro, así, asíiiiiiiii, oooohhh no te pares me estoy viniendo, síguele cabrón que mi concha necesita mucha verga. Oohhh. Que rica vergota me estoy comiendo.
– Que bueno que te guste, porque ahorita te la voy a meter por el culo, hasta que te cagues pinche nalgona.

Y tras decir eso, volví a enloquecer y comencé un bombeo frenético. Mi suegra se agarraba y se jalaba los senos, al tiempo en que giraba sus caderas a todo lo que daban.

– Aaaaahhhhh aaaaahhhhhhhhhh nunca me habían hecho gozar tanto. Me estoy viniendo otra vez, así, si, si, si cabrón, así duro, duro no te detengas que estoy acabando, dale, dale, así, oooohhhhhhhhhh siiii. Uuuffffff. Que rica cogidota me estas dando. ¡De haber sabido que eras tan potente!
– Pues, yo nunca creí que fueras tan caliente.
– ¿Y que esperabas? Con una verga como la tuya hasta la más fría se calienta.
– Ven putita, ahora móntame tú, quiero ver como brincan esas nalgotas.
Mi suegra se dirigió a cerrar la puerta y prendió la luz. – quiero vértela, nunca he visto una tan grande. – me dijo.
Mi verga estaba enorme, tanto que hasta yo me sorprendí.
– ¿Todo esto me estoy metiendo?
– Todo, tragona.
Guuuaaaauuu. Que grande y que buena esta; mira nada mas que mojada te la deje. Se me antoja comérmela, déjame probarla. Bueno ¿a ver si me cabe? Y sin decir más comenzó a meterla en su boca y a mamármela o como ella dijera a tratar de comérsela, pues me la chupaba y mordía con una maestría increíble, al mismo tiempo en que me la jalaba y jugaba con mis huevos, usando sus dos manos.
– Con esto si me lleno, es tan gruesa y esta bien caliente. En verdad es la mas sabrosa que he probado en toda mi vida. Decía y se la volvía a meter. Por mi parte, le agarre su cabeza y se la clave hasta sentir sus anginas.
– No chingues, cabron, me vas a ahogar.- dijo al zafarse y en medio de una sofocación.
– ¿Te gusta? – le pregunte pegándole en sus mejillas con mi reata.
– Es enorme, mejor me la meto. – comento y se dispuso a subirse en mi.
– Oohhh suegrita te ves riquísima. – le dije al ver como se acomodaba mi palo en su panochota y se la iba metiendo. Metía un poco y subía para bajar y meterse un trozo cada vez mas grande, hasta que se la empalmo completa.
– Aaaaaahhhhhhhhyyyyyyyyyyy que buena verga te cargas puto, como es que nunca te la había visto tan grande. Y porque nunca me la habías enseñado así, te juro que desde ese día me hubieras podido coger las veces que tú quisieras. Me gusta, me gusta, me gustaaaaaahhhhhhh siiiiiiiii.- decía al tiempo en que iba aumentando el ritmo de su cabalgata, la cual consistía en grandes brincos para sacar casi todo mi tronco de su puchita y luego se dejaba caer lo cual combinaba con unos giros de cadera que me tenían a mil, además de la imagen de su cara distorsionada por el placer, sus tetas brincando sin control y por supuesto la visión de su peludo chango, abierto al máximo, era por demás extraordinaria.
Me enderece un poco y comencé a mamar y morderle sus grandes melones. Se los chupaba y jalaba con los dientes, mientras con las manos abría y cerraba sus enormes nalgas.
-Oooooohhhhhhhhh. Asíiiii, asíiiiiiii, siiiiiii mi vidaaaaaaaaaa, ssssiiiiiiiii mi reeyyyyy, muérdeme mas duro, no pares, cogete a tu suegra que esta muy caliente por ti, por tu gran vergaaaaaaaahhhh.
Yo no hacia caso, pues estaba entretenido lubricándole el culo con los jugos que de ella salían. Ese culo que era mi sueño y que hoy lo iba a gozar, para cumplirlo, así que sin contemplaciones le clave dos dedos y se los moví al ritmo de sus brincos.
– Aaaaaaaaggggggggg siiiiiiiiiii, sssssssiiiiiiiiiii. Que rico me coges, dame mas, por favor no dejes de hacerlo nunca. Oooooohhhhhh que cogidota tan rica me estas dando, de veras que ya la necesitaba.
-No te la voy a sacar nunca, grandísima Puta, oooohh si, sigue así, muévete mas cabrona, así, asíiii aasssssiiiii, aaaahhhhhhh! Que rico lo haces, perrita.
– Ooohh cabron me llenas toda. Nunca antes había sentido algo tan grande y tan adentro como hoy.
– Ahora ven acá zorra.- le dije mientras la cambiaba de posición, empujándola hasta que quedo recostada, le levante sus piernas hasta mis hombros y comencé a clavarla sin contemplaciones.
– Aaaaayyyy así me duele otra vez .
-Pues te aguantas pinche nalgona, porque te ves riquísima y no te la voy a sacar
– Ooooooohhhh si dale mas duro, cogeme hasta que me vuelva a venir.
Por mi parte lleve mis manos a sus chichotas y se las sobaba mientras seguía bombeándola fuerte.
– Aaaaaaaaaaaaaayyyy ssssssssiiiiiiii, sssssiiiii me estoy vaciando otra vez, eres bien chingon y la metes delicioso cabrón.
– Vamos perra, vamos mójame el pito con tus jugos.
– Aaaaaaaahhhhhh, que ricoooooo, síguele, no te pares, rómpeme la pepa con esa vergota. Oooooohhhhhh como me gusta.
Yo seguí taladrando su peluda panocha como poseído.
– Aaaaaaaaaaahhhhhhhhh sssssiiiiiiiiiiiii, yaaaaaaaaaa teeeeen, teeeeeen mi lecheeeeeeeeee ooooohhh – decía al tiempo en que su cuerpo se estremecía y de repente mi verga se vio empujada hacia fuera por una intensa descarga de liquido que salía de su concha, escurriendo entre sus piernas y mojando la cama.
– Te estas orinando, Puta?
– Nooooooooo, es mi lechita.- dijo temblando y recuperando el aliento
– Pues vaya que la traías atrasada y eso que ya te habías venido dos veces.
– Ooooooooohhhh, sssiiiiii, pero es que eres el mejor macho que me ha montado. Ven ahora quiero que te des tu leche en la boca.- dijo y comenzó a abrir su boca.
– Ni creas, pinche zorra, la estoy guardando para ese gran culote que te gastas.
-Mejor en mis tetas, ven ponla en mis chichis, te la voy a ordeñar con ellas.
– Dije en tu culo, así que ya ponte en cuatro patas.
– Noooo, no me va a caber.
– No te hagas con lo mojada que estas te entra hasta un bate de béisbol, así que ya voltéate.
La acomode, a pesar de su renuencia, y solo por saborearla, le di una buena mamada de culo. Era grandioso abrirle sus nalgotas con mis manos, mientras la escuchaba y la veía disfrutar como nunca, así que también le di unas cuantas nalgadas para aflojarla más. Finalmente acomode mi verga en su pequeño ano y empuje solo la punta.
– Ooooooooohhhhhh ssssiiiiiii cariñooooo, ahí la quería, me encanta que me enculen.
– Aaaaaaahhhyyyyy Puta, a mi me encanta tu colota.- le dije sujetándola bien de las caderas y dándole un fuerte empujón para clavársela de una estocada. Ella se quejo y trato de quitarse, al sentir como se iba abriendo su esfínter para recibirme. Sin embargo, yo se lo impedí y le anide todo mi pito en su ojete.
-Aaaaaaaaaayyyyyyyy sácamela cabron, no seas puto, me esta doliendo mucho. Sácamela, hijo de la chingada, que no ves que me estas partiendo en dos. – se quejaba, pero no le hice caso.
– Eso es lo que quiero perra, que te duela para que se te quite lo Puta y no vuelvas a desear otra verga que no sea la mía.
– Oooooouuuuuuucccchhhhhhh aaaaayyyy, no seas así, sácamela por favor- insistía con lagrimas en los ojos y la voz quebrada. Y agrego – sácamela por favor y te la mamo todo lo que quieras, pero ya sacalaaaaa.
– Ya te dije que ni loco, me quiero venir en tu culo y ahí me voy a vaciar.
comencé a limarla suavecito, mientras ella apretaba las cobijas y mordía la almohada sollozando.
-Oooooooooohhhh, pinche suegrita que buen trasero tienes y que rico me aprietas la verga. Por algo quería tenerte así desde que te conocí. Ooooooooohhhh eres un verdadero manjar para mi pito, cabrona, asíiii, asíiii aprietas increíble puerca y eso que ya te lo habían estrenado.
– Aaaaayyyyyyy, puto, vas a hacer que me cague.
– Te estas cagando, pero para dentro putita.
– En serio me vas a sacar la mierda.
– Eso quiero, puerca, que me embarres de mierda la verga y que me la limpies con estos calzoncitos para guardar un recuerdo de esta cogida tan rica.
– Aaaaaaaaaaaayyyyyyyy jamás me imagine que tu me fueras a encular tan sabroso.
– Pues ya ves
– Lo que ha de disfrutar mi hija contigo
– Tu sabes que a ella casi no le gusta el sexo
– Pero cuando te la coges ¿a poco no le gusta?
– Pues si pero solo lo hace por cumplir, en cambio tu, se ve que te encanta, además me enajenas. Por eso te quería clavar desde que la hice mi novia.
– La verdad es que yo también quería cogerte desde que te vi la verga, pues se me antojo por lo gruesa que la tienes, aunque no recuerdo que estuviera tan grande.
-Pues hoy es tuya, así que aprovéchala, porque ya no va ha haber otra vez
– No seas cabron, esta vergota va ser mía siempre. No la pienso dejar nunca.

Mientras yo seguía bombeándole el culo casi con desesperación, hasta que tras unos minutos el cuarto comenzó a llenarse con el olor de la mierda y mi pito al salir lo hacia con restos de la misma
– Ya ves te dije que me la ibas a sacar.
– Eres una cerda, mira que cagarle la verga a tu yerno.
-¿Y que esperabas, con este pinche animalote que tienes?
– Bueno, vamos a limpiarla.- le dije e intente romperle sus calzones.
– No, no, no mejor sigue cogiendome y al final te la limpio con mi boca.
– Bueno, si eso es lo que quieres.
Seguí embistiéndola cada vez mas fuerte, tanto que sus brazos se le doblaron y cayo de bruces, y para no safarse levanto el culo, por mi parte me levante y la jale de las caderas doblándola por la mitad, con su pies y sus manos en la cama, pero con el culo empinado y le seguí dando mas fuerte, hasta que sentí que me venia.
– Querías mi leche en tu culo, ¿no perra? Pues tenla, te la voy a dar toda.
– Oooooooohhhh si mi rey, siiiiii dame toda tu lechita en el culo, llénamelo anda papi vente.
– Uuuuuuuuuyyyy cerda que rico, que rico me la ordeñas, ten es tuya, me la sacas delicioso.
Se la clave hasta el fondo, mientras me vaciaba. Ella se abría las nalgas con las manos y se empujaba hacia atrás para meterla más. Al terminar me deje caer sobre ella y sobando sus tetas, le chupaba y mordía el cuello.
– No la saques, quiero sentirla hasta que se salga sola.
– Oooooooooohhhhh suegrita, que deslechada me acabas de dar, de verdad que nunca me habían sacado tanta leche, no cabe duda que eres una verdadera puta. Si, la puta con el culo más caliente y delicioso que mi pito haya podido gozar.
Al sentir que mi erección no cedía, mi suegra bajo su mano y la llevo hacia atrás sacando mi verga de su trasero sóbandomela – mira nada mas que sucia la tienes – dijo al sentir en sus manos toda la mierda y la leche que en ella se encontraba.
– Límpiala, le dije, volteándola boca arriba y sentándome en su panza, se la coloque entre sus grandes pechos y comencé a limárselos. –chupala, saca tu lengua y límpiamela.- agregué.
Ella lo hizo sin ningún gesto de asco, e incluso la suciedad que tenia en sus manos la embarro en sus pezones y levantaba la cara para meterse un pedazo mas grande cada vez, después la saco y con su lengua la recorría desde la base hasta dejarla completamente limpia.
– Orinarme la cara, por favor. Bañame con tus meados.
Yo obediente, me levante y comencé a bañarla toda, sobre todo sus senos y la cara, ella abría su boca y tomaba lo mas que podía. Una vez que termine, se sentó y me limpio las ultimas gotas con su lengua, después me recostó y me puso su gran panocha peluda en la boca, entendí de inmediato lo que quería, así que comencé a chuparle la concha, pero sus planes eran otros, porque comenzó a darme una rica lluvia dorada. Lo hizo riquísimo, pues empezó en mi cara y se fue bajando hasta terminar sobre mi pito. Agarro una cobija y me quito, de la verga, los restos de suciedad y después se ensarto de nuevo por la concha..
– Oooohhhh esta deliciosa, de veras que ya me hacia falta una buena cogida, así como esta.
– ¿Pues cuanto hace que no te montaban?
– Así de rico, nunca.
– ¿Y no tan rico?
– Como cinco años
– ¿Cinco años?- pregunte con sorpresa. – ¿y como aguantaste tanto, si se ve que eres bien golosa?
– pues me masturbaba, mientras me imaginaba que me culeabas.
– ¿Y por que no me lo pediste antes?
– Yo te lo pedía a gritos, pero tu nunca entendiste.
– Pues que pendejo soy, pero te aseguro que a partir de hoy vamos a aprovechar el tiempo.
– Eso espero, porque quiero estar siempre satisfecha y con esta vergota no me va a costar trabajo lograrlo.
Mi suegra subía y bajaba suavemente y yo levantaba la cadera para que se le metiera toda, y con eso conseguía hacerla disfrutar, pues sus gemidos y su cara me lo decían.
Después de un buen rato de hacerlo así, volvimos a cambiar de posición. Ahora ella se acostó boca abajo y se abrió las nalgas.
– ¿La quieres otra vez en el culo, eeehh?
– Primero en mi chochita.- dijo levantando un poco su cintura, para que pudiera metérsela. Se la deje ir de un jalón, sin ningún cuidado y comencé a limarla, subiendo y bajando el ritmo para hacerla que gozara mas.
– Acuéstate sobre mi y abrázame.
Yo la obedecí y metí mis manos por debajo para agarrar sus grandes pelotas y volví a jugar con ellas. Se las apretaba y las jalaba con fuerza.
– Oooooohhhhhhhhh sssssssssiiiiiiiii cariño, me gusta como me coges, sigue así, que me vas a volver a vaciar.
Aumente el ritmo de mis embestidas hasta que por lo duro que le daba mi pene se salió y fue a parar a su hermoso trasero, el cual aun se encontraba abierto y lo engullo hasta la mitad.
– Por lo que veo de veras que te gusta mucho mi “colita”.
– ¿“Colita”? pinche nalgona, tienes el mejor culo que haya visto.
-¿De veras?
– No te hagas pendeja, bien sabes que cualquier hombre desearía abrirte las nalgas y darte por aquí.
– Si, pero yo no quiero a cualquiera, yo solo quiero este pitote, anda métemelo todo y demuéstrale a tu suegra que tanto te gusta a ti.
– ¿Eso quieres? Pues eso vas a tener.- le dije aumentando la fuerza con la que le taladraba el trasero haciéndola gritar y dejándole ir nuevamente todos mis mocos.
– No seas cabron, te dije que quiero tu leche en mi boca.
– No hay problema, sácamela. – le dije acostándome boca arriba y jalándola, suavemente, de los cabellos. Anda mamamela hasta que me venga otra vez.
– No porque me la vas a querer meter toda, como hace rato.
– ¿Y no te gusta?
– Si, pero no me cabe toda.
– No te preocupes, ahora tu vas a llevar el control, es mas vamos a hacer un 69 para que sea mas fácil.
Mi suegra obedeció y al sentir mi lengua chupando su rico bizcochito, se dio a la tarea de darme la mejor mamada de toda la noche e incluso se la metió toda en su boca y solo la sacaba para tomar aire y pasársela por toda la cara.
– ¿No que no te cabía?
– Esta riquísima, me encanta, uuuuuyyyy que pinche culebrota me encontré.- decía y se la volvía a meter. Yo mientras retribuyéndole el favor le dedeaba su culo con toda la mano y chupaba su chocho como un demente hambriento.
– Aaaaaaaaaaaaahhhhhhhhh, eres unicoooooooo mi rey, me estoy viniendo otra vez, no te pares, sigue asi, asi, asssssiiiiiiiii, grandísimo cabroooooooooonn – gritaba mientras volvía a mojar mi cara y mi cuello con sus jugos. – lo haces increíble – agrego temblando y recuperando su aliento
– Cállate, puta y sigue chupando que ya me quiero venir. Ella se acomodo mi pito entre las tetas y comenzó a deslizarla entre ellas y con la boca abierta recibía un poco mas de la punta, la cual lamía con su lengua.
– Eso es putita, assssiii, sigue aassssiii que me la estas sacaaaaannndoooooooohhhhhhh. Ella aumento el ritmo y logro su cometido, mi leche le entro directo en su boca y ella la recibió con un gran vicio, que parecía que nunca la había tomado así.
– Aaaaaahhhhh eres uunnaaaaa zzzzoooooooorrrrrraaaaaaaa, aaaaahhhh coges como ninguna.
– Pero si tu no te quedas atrás. Me dejaste bien servida.
– Vamos a bañarnos.- le dije y en eso escuchamos que abrían la reja de la casa.
– Es mi hijo, ya son las seis- dijo con cierto nerviosismo.
– No te preocupes, tu cierra y yo le digo que te sientes mal.
Así lo hice y mi cuñado se fue a dormir, yo me metí a bañar y en eso entro mi suegra.
– Vengo a bañarte corazón, te lo mereces.
– Ooohhhh gracias, perrita, de verdad que esta ha sido la mejor cogida de toda mi vida.
– Y la mía también, no lo dudes. ¿me la vas a seguir dando verdad?
– Diario si tu quieres.
– Pues si quiero y vamos a empezar con la de hoy.- me dijo al tiempo en que me sentaba en el retrete y apuntaba mi pito a su culo, ella comenzó a descargar su suciedad sobre mi, nuevamente, parado pepino. La cual en esta ocasión le salió aguada y me escurrió hasta los pies, cuando termino se ensarto otra vez por el trasero.
-De veras que puta mas caliente no pude haberme encontrado.
-Y que esperabas? cinco años sin verga y me encuentro esta. Tan grande y aguantadora. oooooohhhhh siempre había soñado con hacer esto, pero nunca me había atrevido y solo me tenia que conformar con que me sacaran la mierda cuando me enculaban y después se las limpiaba con mis calzones.
– ¿Ah si? ¿y ahora como me la vas a limpiar?
– así.- dijo dándose la vuelta y orinándomela..- ¿te gusta? – pregunto.
– Me encanta, pero ya vamonos a bañar, porque se me hace tarde.
Nos bañamos o mejor dicho nos mojamos, porque me la pase limándole ese gran trasero mientras le sobaba el coño con una mano y las tetas con la otra hasta que nos venimos.
– Descansa porque hoy en la noche no vas a volver a dormir.
– Eso espero- contesto.
Por demás esta contar que el resto de la semana nos la pasamos haciendo todo tipo de perversiones que se nos ocurrían, incluso lo hicimos en la cocina mientras mi cuñado estaba en el comedor desayunando. Así que hasta la fecha somos los mejores, los más satisfechos y los más discretos amantes del mundo.

Si te gusto este relato y eres una mujer madura con ganas de vivir una experiencia similar, escríbeme a  Y la pasaremos muy bien.

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