La Cuenta pendiente

La cuenta pendiente, mi turno, mi placer, como tomar el sexo de manera egoísta y conseguir que ambos lo disfruten.

Aun quedaba pendiente lo que ella le había dicho la mañana del lunes. Yo arriba de ti, lo había estado deseando, aun ese mismo lunes cuando su hinchada boca le recordó por donde había estado él. Además el placentero dolor de sus pezones prietos pareció también haberle punzado en la vagina y sintió esa humedad tan característica que le indicaba que estaba dispuesta ahora mismo. Además estaba la hinchazón de su botón rojo – del clítoris-, que sus dedos y su boca habían transitado de manera experta hasta escucharla en medio del placer…repetir…basta, basta.

Pero si quedaba algo pendiente que no había podido terminar tampoco el martes, pues él no podía y además lo comprendió, porque estaría cansado después del juego de basketball y ella no quería eso. Lo quería en plenitud y así lo pensó poco después de haberle invitado ese martes a cenar y cuando la respuesta fue un no seco y lacónico de él, supo respetar su decisión.

Poco después un mensaje de whatsapp de él, le dijo: el miércoles soy tuyo.

De inmediato su mente empezó a fantasear y entonces resolvió en devolverle el texto el miércoles y decir:la enfermera dice que te debes estar en cama este día a las 7:30 PM, desnudo, perfumado y con una erección…SOLO PARA MÍ.

Le pidió que dejara la puerta de su casa abierta para que no se levantara, estaba sintiendo la anticipación de la excitación en plena vagina, misma que llenaba de humedad deliciosa su caverna (metió sus dedos para probarse a si misma y comprobar lo que él le había dicho: sabes deliciosa. Y recordó aquel momento en el que él lubricó con sus jugos su boca, y luego le besó en forma sensual y prolongada, dándole a probar su propia humedad, en aquel lunes, en aquella primera vez.

Se probó los dedos y se sintió mas que lista y empezó a pensar que no llevaría nada debajo de su vestido tejido. nada, y hasta sus senos hinchados se pegaron en su ropa en anticipación.  bueno, solo llevaría unas medias negras (sabia que a él le gustaban), solas así, sin liguero. solo para que cuando dejara a su mama en el casino, no hubiera preguntas indiscretas. bueno y por supuesto, un abrigo que dejaría de camino a su cama cuando entrara a la casa de él.  ademas, llevaría unas zapatillas sin talón  que decidió que no se quitaría aun cuando pensaba montarle. sabía que eso le excitaría y estaba para darse gusto y darle gusto a él también.

Todo el día estuvo repitiendo las escenas futuras en su cabeza, todo el día en una excitación permanente que disfrutaba de vez en vez, al frotar su vagina con sus manos, para luego pasarlas por su nariz y boca.
Disfrutó enormemente, al estarse vistiendo, sintiendo el roce de las medias en sus piernas largas. por pocas que fueran las prendas, era una preparación y la excitación era parte del juego, pues quería ser demoledora y tomarlo sí, sin preámbulos. –lo que no pudo hacer ese lunes, pues cedió la iniciativa por primera vez a él-.

Salió de su casa acompañada de su mamá a quien dejó en el casino como habitualmente. se despidió radiante, iluminada con esa anticipa cita con el destino. su vagina estaba en actividad, ya estaba atestiguando, ya sentía como la humedad estaba ahí, podía sentirla y en el rumbo a su cita, todavía se dió a probar con sus dedos mientras esperaba en el semáforo. se sentía dichosa, caliente y decidida.
Sonrió para si misma y sintió la hinchazón de sus hermosos senos, como empujaban la tela de su vestido, ansiosos de ser tocados, besados. vio sus manos bien cuidadas y recordó que a él le gustaría verlas colgadas de su nuca, o bien clavadas en su espalda y nalgas en el momento en el que estuviera trenzada con su cuerpo.

Se repitió mentalmente que habría de hacerlo, pues lo había olvidado la ocasión anterior. pero hoy sería su día, como ella quisiera: todo se vale le dijo él y ella estaba dispuesta hacerlo valer. pensó de pronto en las muchas posibilidades. pero ya estaba decidido el primer paso: montarlo. la primera vez no lo había hecho, ahora sería lo primero.
Llevaba su provisión de cerveza modelo light, pero poco sabia que él se había anticipado y le había comprado un six pack y no importaba si ahora llevaba o no su bebida, pues ella sabia que esta solo era una de las muchas veces que intimarían en su casa, lugar donde nunca había estado .

Miró sus zapatillas y sonrió gustosa pues sabia que él era un fetichista de pies. apenas se lo habia indicado de manera inusual, pues durante esa única sesión amorosa, en el momento mientras la penetraba y ella gemía, el besaba sus pies, cada dedo y sus arcos. ademas varias veces se ofreció a darle masaje en los pies, y aunque ella se rehusó, entendía que él sentía eso por los pies femeninos y le dejó para experimentar un alivio delicioso. por eso había decidido excitarlo de esa manera con sus medias y zapatillas y por eso también buscaría explorar más en ese terreno para darle placer.

 

Al fin, sin darse más cuenta llegó a su destino y estaba frente a su casa. se bajó muy excitada, y sin tocar la puerta abrió y dejo su abrigo y bolsa en el sillón de la entrada. no apagó la luz que ya estaba encendida, pensó que no le estorbaría  y tras cerrar la puerta, se dirigió hacia su cuarto. al pasar dejó un par de barras de chocolate milch, en el refrigerador y metió su six pack y pudo ver que ya había algo para ella y sonrió complacida por su detalle. caminó por un corredor  y pudo ver que él estaba viendo una película en su tableta, tapado por una cobija aunque pudo ver sus poderosos hombros al desnudo.  supo que había obedecido sus órdenes…. nada en el cuerpo, solo una erección, que aunque visible, habría de verificarlo. personalmente.

Se puso al frente de él y palpó que la erección estuviera, presente. sonrió satisfecha y dijo: muy bien , mientras le despojaba de su tableta y la arrojaba hacia algún lugar del cuarto donde no estorbaría.
Le quitó la cobija, lo tendió para que quedara de frente a ella, con sus espaldas contra el colchón. y se montó sobre él. muy despacio se colocó el endurecido pene y gimió sintiendo como le taladraba su grosor en el túnel de su vagina, donde comprobó que la húmedad de su vagina no tenía lubricación suficiente, pero era soportable el roce, ya que despues de un mohín de sorpresa y adaptación, al llegar hasta abajo con todo su pene adentro ya se había acostumbrado y era un deleite, una sorpresa de bienvenida muy placentera.

Felizmente montada totalmente en él, le miró largamente y sin decir nada le besó mientras sentía la excitación de su cuerpo, y se embriagaba con el perfume de su hombre, el que ella le regaló y que le sentaba tan bien. detuvo su caricia y sacó por encima de ella su vestido tejido por lo que sus hermosos y prietos pechos y sus aureolas obscuras y duras, saltaron y quedaron a su disposición; a lo que él aprovechó para darles una caliente bienvenida con sus manos firmes y su toque exacto y mágico. estás increíble dijo él sin dejar de verla, mientras que ella, sin perder ningún segundo más, salió de él despacio, moviéndose hacia arriba y sin salir del todo, procedió a clavarse muy lentamente de nuevo su pene poderoso, erecto, listo para ella y solo para ella. dejó escapar un gemido bajo de aprobación cuando se acostumbraba de nuevo, a su grosor y longitud, abrió la boca, esa boca enorme , tan apetitosa, mientras se aferraba a su pecho velludo y clavaba suavemente sus uñas para sostenerse y en preludio de lo que sería esa si por fin, la cabalgata que dejó pendiente.

LA CABALGATA

Se empezó a mover hacia adelante.. hacia atrás, hacia arriba y hacia abajo..cada vez en un ritmo más intenso, al ritmo que le convenía, mientras él a veces jugaba y besaba sus pechos, sus labios hermosos o le sostenía por la cadera haciendo más profunda su caída sobre él y sus gemidos mas intensos. parecía una amazona gustosa que vibraba a cada embate y a veces se tomaba los pechos ella misma, con los ojos cerrados o bien buscaba tocarse el clítoris al mismo tiempo que cabalgaba briosamente sobre él y clavaba inmisericorde sus uñas en el pecho de él. con determinación, tomó los barrotes de la reja que protegían la ventana y se asió con firmeza de ellos para clavarse con furia gritando su nombre y gozando de cada entrada violenta que ella misma se provocaba a placer, a decisión propia…. y sin límites.
Se veía preciosa toda desnuda, desafiando el frío de 13 grados que penetraba por la ventana, con el calor generaba moviéndose hábilmente, enfundada en sus medias, clavando sus tacones a veces en los costados de él, buscando su placer.
Era sólo para ella, así lo había decidido.

 

ERA SÓLO PARA ELLA, ASÍ LO HABÍA DECIDIDO.
En ocasiones se cambiaba de posición para sentarse literalmente sobre su pene duro, húmedo; apoyándose sobre sus tacones.. o bien se volteaba dándole la espalda para insertarse diestramente tomando impulso con sus manos aferradas en sus piernas.

El le festejó el espectáculo de ver como se abría su culo prieto a la vez que se clavaba su pene y hasta tomó algo de su lubricación vaginal para meter el pulgar ya listo en su culito aprovechando el movimiento de regreso de sus caderas. ¿que me haces le decía ella? pero no dejaba de moverse, consciente del placer que estaba recibiendo en sus dos orificios. luego él le pidió que le diera los brazos y se los jalaba para ayudarle a clavarse su pene y provocar gritos de gozo que terminaron en un orgasmo.

Ella se volteó para cabalgarle de frente cuando la había experimentado el orgasmo en la otra posición y sin descanso lo cabalgó despacio moviendo solo su pelvis hacia adelante, apretandose contra él, o apoyando sus brazos en sus muslos o apoyada en un solo brazo y metiendo su mano en el clitoris, pero con los ojos cerrados y la cara transformada por el placer.
Ninguno de los dos sabe cuanto tiempo pasó, pero el placer se apoderó de sus dos cuerpos que sudaban a pesar del frio externo y ella cayo sobre él, agitada, agotada y agradecida. él al igual, soltó de su garganta un grito que acompañó a la expulsión de su semen. ella permaneció sobre él, en su pecho, escuchando su corazón, bebiendo el perfume que ella había escogido como regalo y que todavía podía distinguir en aquel cuerpo que también sudaba. él la besaba tiernamente y ella se sentía suspendida en el aire, en esa condición que existe flotando, una paz total. el recorría su cuerpo suavemente dejando caricias, ahora en sus nalgas, en su espalda, en su cuello, en su cara, recorría sus labios, sus pechos turgentes, su entrepierna húmeda, desbordada de los fluidos que el placer le hizo expulsar.

 

Así estuvieron sin tiempo. a veces se decían algo, a veces solo era un continum de caricias .
ella se desperezó y extendió su mano hacia la camisa rosa que él había dejado en la cama y se la puso. el admiró con que justeza le quedaba la camisa, como hacia contraste con la morenez de todo su cuerpo, con los pezones hermosos y pardos sobresaliendo y se lo dijo:
– Te ves hermosa. Ella empezó a deshacerse de los tacones pero él la detuvo y terminó por completar la tarea de una manera eficiente y ademas gozosa para él, pues para el fetichista de pies, esto es un rito importante: poner y quitar una zapatilla. y él lo había hecho despacio, fascinado, acariciando la prietez de sus pies y la blancura de sus plantas, deteniéndose en sus arcos perfectos con extasío. después la atrajo hacia él y besó sus prominentes y gruesos labios muy lentamente y en silencio, capturándole suavemente y sujetándole por la nuca, hasta hacerla descansar en su pecho velludo, invitación a la que ella se sometió mansamente aprovechando para también en silencio, acariciar su pecho y vellos.

 

Después de un momento tierno, ella se deslizó fuera de la cama y tomó las pantuflas de él. Se dirigió al refrigerador para tomar una lata de cerveza. de regreso, se subió a la cama y él le preguntó: me vas a dar de comer chocolate? … si le dijo ella, pero no sabes como, no sabes de que manera, respondió sonriente y seductoramente, mientras balanceaba su cerveza y la bebia.
el segundo acto.
Quedó frente a él montada pero sin encajarse, y empezó a quitar la envoltura del chocolate. esta listo dijo poniéndolo frente a él, bueno casi listo. ¡no te muevas¡ dijo, ante el intento de él de darle una mordida.
Se alejó un poco de él y aunque encima,a horcajadas sobre él, se hizo hacia atrás con sus largas piernas morenas, abrió su camisa rosa para mostrar su depilada vagina que ya dejaba ver su humedad. comenzó a introducir la barra de chocolate en su vagina y a gemir, pues si algo sabía hacer con maestría era masturbarse. recorrió todos los sitios de su vagina: labios mayores, menores, clítoris, fue profundo dentro de si, gimiendo, disfrutando de cada centímetro.
luego -quiero que me limpies- le dijo a él, que extasiado disfrutaba de ese espectáculo tan sensual, tan candente, tan caliente y excitante.
Ella manipuló el chocolate, se abandonó al placer y se vino en un orgasmo muy intenso. Cuando salió del trance, le dijo: ahora si ayúdame a limpiar esto.
La orden obedecida de inmediato terminando por llenarse la cara de chocolate y fluidos vaginales; combinación que le pareció deliciosa a él, quien le provocó a ella, otro orgasmo con su lengua y diestros dedos. él no le dio reposo pues de inmediato la jaló hacia si hasta el borde limite de la cama, metió un cojín en sus caderas y la penetró con suavidad y determinación, movimientos que ella respondió lanzando sus caderas contra ese pene implacable que la penetraba, la dominaba, la satisfacía; pues sus gemidos fueron en aumento, en crescendo, hasta unirse con los de él, en un concierto de expresiones de placer a dos voces.
Cuando ella lo sujetó con sus piernas en la cadera, él no tuvo mas remedio que hacerse hacia adelante sobre ella penetrandole salvajemente pero balanceando su peso apoyado en el colchón para no aplastarle al delizarse con furia y eficacia dentro de ella.
Y ahora si sus manos prietas se aferraron a su espalda y sus uñas se clavaron entre gritos y hasta a veces … hirieron sus carnes como después se percataría por las marcas enrojecidas de sus uñas, en su blanca espalda.
Los dos terminaron nuevamente agotados y ahora él cayó sobre ella y ella le recibió con caricias suaves, tocando con sus hábiles manos y dedos la parte de la próstata por afuera, ese espacio entre sus testículos y su ano; paraje que recorrió suavemente, arrancando ahora aprobaciones de placer de él.
Se quedaron dormidos ella al lado de él, pero sin soltarse del todo.. sus caras radiantes reflejaban, el placer que habían compartido…. ese momento irrepetible que habrían de volver a recrear de muchas maneras diferentes cada vez, de ahora en adelante.

 

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El polvazo de nuestras vidas

Mi nombre Jordi, tengo 33 años y vivo en Barcelona. Soy lector habitual de la sección de relatos eróticos de esta página y hoy me he decidido a escribir sobre la aventura sexual más apasionada y salvaje que yo haya vivido jamás. Todo lo que voy a escribir es real.

Trabajo en una oficina de una pequeña empresa en Barcelona, y durante el mes de agosto, transcurrieron dos semanas en las que yo era el único que acudía a mi trabajo, el resto de compañeros se hallaban disfrutando de unas merecidas vacaciones.

Cada mañana nuestra primera actividad consiste en bajar al Bar de la esquina a desayunar… yo, aunque en solitario, seguí practicando nuestra sana costumbre… pero tuve que cambiar de Bar, ya que nuestro local habitual, había cerrado también por vacaciones. Así es que entré en mi nuevo Bar y me senté en una mesa a ojear, despreocupadamente, la prensa diaria. Esa mañana era yo el único cliente.

No había mucho trabajo, así que no era urgente el volver apresuradamente a la oficina. Entró una mujer. ¡Dos clientes!… Sin poder evitarlo, sin más, empecé a seguirla con la mirada, era el tipo de mujer que sin que uno sepa muy bien porque, despierta sus más recónditos y atávicos instintos, y ahora recuerdo que desde el primer momento en que la vi, solo una palabra recorría mi cabeza: “sexo”.

Primeramente se dirigió hacia la barra, de espaldas a mí, con lo cual pude devorarla con la mirada, sin miedo a ser descubierto. Calzaba zapatos blancos de tacón, acabados en una larga punta. Vestía unos pantalones tejanos, que debo decir, le dibujaban un trasero espléndido, y añado, que ella también sabía moverlo muy bien. En la parte de arriba un jersey fino de color negro, bastante ceñido. Su cabello era rizado de color castaño con mechas más claras. Pidió en la barra, se volvió y vino a sentarse en una mesa justo enfrente de la mía. Ahora si podía ser descubierto, pero sinceramente, no me importó, volví a estudiar su cuerpo, sus movimientos, realmente ella me excitaba.

Le calculé unos cuarenta años aproximadamente, eso sí, muy bien llevados, pero tenía esa cara de mujer experimentada en la vida, que al menos a mí, me da mucho morbo. Ojos despiertos y mirada, diría yo, divertida, alegre, de mujer desenfadada. Tez morena, marcadamente bronceada. Llamaron también poderosísimamente mi atención sus pechos. Eran de un tamaño bastante considerable, muy bien puestos para su edad, alzados, y tal como he dicho antes llevaba un jersey ceñido, sin sujetador, que le marcaba notoriamente los pezones. Os digo, que me puse tieso en ese mismo instante.

Hago un inciso para deciros sobre mí, que aunque más joven, he vivido lo mío, estoy rodado vaya, curtido, y leo bastante bien entre líneas. Tengo novia aunque actualmente reside en el extranjero y nos vemos unos pocos días cada dos meses. Soy de carácter abierto, bastante seguro, decidido, afable, simpático, es fácil entablar conversación conmigo y físicamente normal, no muy alto, de complexión fuerte, me gusta mucho practicar deporte. Cara de bueno y ojos claros…

Así es, que ella se sentó delante de mí, de lado, ofreciéndome enteramente su exquisito perfil. Contemplé, disfruté, de sus zapatos de tacón, de sus piernas, de sus pechos, de sus erguidos pezones, de sus finas manos…A esas alturas ella ya se había percatado de que había llamado mi atención, y yo de que ella me había fichado. El camarero le sirvió un zumo de frutas y se retiró.

Sin más ella se dirigió a mí, para comentarme lo vacía que estaba la ciudad y la poca gente que quedábamos en el centro, rápidamente entablamos animada conversación. Hablamos de vacaciones, de trabajo … en media hora ya sabía cómo se llamaba, que era divorciada, tenía 42 años, estaba de vacaciones, pero en dos días se iba de viaje a la islas con una amiga, tenía un hijo de 15, que estaba veraneando con su ex-marido. Debo admitir que a medida que me iba hablando, los ecos de la palabra “sexo” iban resonando a lo largo y ancho de mi cabeza, y de que me costaba horrores no desviar mi mirada hacia sus atributos delanteros. Ella lo sabía. Yo le conté que estaba trabajando, que era el único esos días en mi oficina, y que mis vacaciones debían esperar hasta setiembre.

Ella, a la que llamaremos Ana, me escuchaba con atención, sabiéndose excitante y sensual. Me siguió el hilo, así que a esas alturas ya ambos sabíamos que es lo que había. Yo me hallaba completamente erecto, el problema iba a ser mío a la hora de levantarme, por suerte, mi camisa estaba por fuera del pantalón.

Le pregunté sobre sus planes para el día, y vi claramente que no tenía mucho que hacer, o al menos, nada que no pudiera hacerse en otro momento. Así que me decidí a atacar, educado, correcto, pero decidido…

– Ana, sabes perfectamente que desde que has entrado en el Bar, no he podido dejar de mirarte. – Sí, lo sé. ¿Te gusto? – Sabes que sí. Desde el primer momento me has atraído. – Tú también (me confesó)

Pedí la cuenta.

– Acompáñame Ana.- ¿A dónde? – Ven conmigo mujer y sonreí.

…y vino, y yo me la subí a la oficina.

– ¿Seguro que estás solo? Me preguntó ella. – Seguro Ana.

La hice pasar a una sala de reuniones que se haya únicamente amueblada con una mesa redonda y unas pocas sillas.

Me acerqué a ella, en esos momentos, creo que mi erección era patente a todas, todas… la cogí por la cintura y la atraje suavemente hacía mí. No se resistió. En ese momento ya tuvo que notar mi verga, totalmente tiesa… sin más demora bajé mi mano y la posé en su excitante trasero, y volví a atraerla hacía mí… ella estaba tan excitada como yo… busqué su boca con mis labios, y nos besamos, apasionadamente, mezclamos nuestras lenguas. Sin dejar de besarla, empecé a desabrocharle sus pantalones y se los bajé, lucía unas bragas tipo tanga de color negro que dejaba al aire un culo respingón impresionante. Mis manos gozaron de ese culo en toda su amplitud.
– ¿Tienes preservativo? Inquirió ella.

Yo hombre precavido (vale por dos), siempre llevo uno en la cartera. Empecé a juguetear con ella. Ana estaba completamente mojada, tan excitada o más que yo.

Le acaricié los labios de su vagina, y mis manos se deslizaron, por debajo de su ceñido jersey, hacia sus más que deseadas tetas, comencé a pellizcarle suavemente esos pezones, que en esos momentos se encontraban izados, duros, tiesos. Me entretuve largamente sobando esos hermosos pechos, ella no paraba de gemir, suspirar y jadear suavemente.

La imagen era la siguiente, Ana de pie con las manos apoyadas en la mesa, con los zapatos de tacón puestos, los pantalones bajados, el tanga en su sitio, ligeramente ladeado, el jersey levantado en su parte delantera, mostrando sus dos generosas tetas con sus más que ardientes pezones, la espalda arqueada, sus ojos entrecerrados, y su boca jadeante, suplicante. La chupé y la sobé sin tregua, las tetas, el trasero, el ano, las piernas, su vagina, introduciendo mi lengua hasta lo más profundo, jugando, mordisqueando su clítoris.

– Hazme lo que quieras me susurró.

Esa simple frase, nos hizo entrar en una segunda fase de nuestro polvo. Vi claramente el tipo de juego al que quería jugar. Ana deseaba fervientemente, que yo pasara a ser el claro dominador. Entendí el mensaje… y el juego siguió…

La tomé por los cabellos y la arrodillé. Ella no hizo ademán de resistencia en ningún momento.
– Chúpamela, Ana.

Escuché, un simple ‘Sí’, que repitió varias veces con la respiración entrecortada, mientras con su lengua recorría mis huevos, cogí mi verga con las manos y la introduje entre sus labios. La aceptó con patente excitación, placer y ansia.

Empezó a mamármela muy enérgicamente. Reconozco que es algo que me da mucho morbo hacer, sujetar a mi compañera por los cabellos, y empujar su cabeza hacia mi pene, follarle fuertemente su boca y no permitir que se zafe de mis movimientos. Así lo hice con Ana, y eso a ella también la excitó. Me ponía a mil, contemplar su cara, que a su vez, me miraba viciosa, mientras, hambrienta, me la comía. Fue una mamada maravillosa, pero no permití que terminara…

Saqué mi pene de entre sus labios, y la ayudé a levantarse, la situé exactamente en la misma posición, en pie, apoyada con las manos en la mesa, deslicé su tanga hacia abajo, y empecé a lamer, a chupar, a comerla entera, entre las piernas, el culo, su ano, su vagina estaba completamente mojada, chorreaba… y Ana no paraba de gemir, de jadear… de forma ahora, bastante, bastante escandalosa…

– Te voy a penetrar.

Entre gemido y jadeo, me pareció escuchar un ‘Por favor’, así es que lo más rápidamente que pude, me coloqué el condón… y me situé detrás de Ana. Mi polla estaba tiesa y dura como un bastón, la tengo bastante gruesa, pero Ana estaba muy dilatada por la excitación y la penetré de un solo y enérgico empujón… ¡Como gimió!

Empecé a bombear muy fuerte, muy rápido, Ana no paraba de gemir, cada vez más fuerte, me pedía más y más, yo deslizaba mis manos hacia sus pechos y mientras me la follaba, no paraba de sobarle las tetas y pellizcar sus pezones, estábamos ambos disfrutando, sin duda, de un polvo increíble.

En la cima de la excitación, introduje un dedo suavemente en su ano. Observé que eso aumentó sus gemidos, así es que seguí jugando con su hermoso culo…

A ella la excitaba aquello, si cabe todavía más, cada vez que metía un dedo en su ano, gemía y jadeaba más… no era un ano virgen, eso me pareció claro, así es que le saqué mi pene, y sin dejar a que terminara un suspiro de frustración, de desesperación, apunté con mi glande hacia su ano, ella lejos de resistirse, se dejó ir completamente sobre la mesa, y con ambas manos se abrió las nalgas.

Eso ya me puso frenético, aunque intenté frenar mi acometida para no dañarla. Después de un par de intentos fallidos, penetré con mi glande extremamente duro, su ano.

Ana suspiró, pero no mostraba signos de dolor, empujé de nuevo, al poco la tenía ante mí, totalmente penetrada por el culo, y yo empujaba con movimientos lentos y rítmicos… pero aquello funcionaba de maravilla…

Así es que poco a poco, mi ritmo se acrecentó, mientras la enculaba, jugué con su clítoris, y ella mostró generosamente cuanto aquello la complacía. Al poco, me incorporé sobre ella… las sujeté firmemente por las tetas y empecé a encularla con gran vigor… ella no paraba de gemir, de gritar… de pedir más y más… y así terminé corriéndome salvajemente en su ano.

En nuestra breve conversación posterior, ambos admitimos, que había sido el polvo de nuestras vidas.
Al rato, nos despedimos sin más, de eso hace dos semanas, y no he vuelto a saber nada más de ella.

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El sexo con ella es genial

Hola, soy un chico de Argentina, mi relato es real, pero no los nombres y demás, ya saben porqué.

Vivo en Bs. As, siempre me gustaron las mujeres mayores, especialmente las gorditas, las encuentro hermosas, y deseables. Yo tengo 21 años, soy delgado, sin embargo encuentro en las mujeres gorditas y maduras una belleza y sensualidad inigualables.

Yo había conocido a Laura caminando por la plaza, eran como las 7:30am, yo pasaba cuando ella iba a prender un cigarrillo, así que me acerqué y le di lumbre mientras ella buscaba su encendedor, se sorprendió, subió los ojos y al encontrarse con los míos sonrió. Muy amable me dijo con un hermoso acento español y yo respondí con una sonrisa mientras sacaba un cigarrillo para mí, y le decía – no hay de qué. Me alejé caminando como había llegado porque tenía que ir al trabajo, ya era tarde.

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Rosa, mi vecina ardiente

Le metí mi pene, que estaba ya parado como un mástil. Al inicio solo le puse la cabecita, sacándola inmediatamente, besé su nuca por que estábamos en una posición al que llamamos el perrito, y sin miedo le metí todo mi tronco en su rajita que ella de placer gimió hasta terminar en un orgasmo espectacular.

 

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