Tanga Bijou con strass

Me acomodé, y ayudé a que entrara. Y fue satisfactorio y agradable a más no poder, insólitamente gozoso para mi ser,y tanto gocé que mi esposo se daba cuenta y él también lo sentía, tal lo demostraba su polla endurecida. Me dejé hacer. Y mientras me follaban el hasta ahora resistido traserito, volví a ponerme cachonda y disfruté muchísimo lo que duró la calentura de mi enculador.

Después de aquella experiencia en el Caribe, nosotros seguimos con una relación normal. Jugábamos y fantaseábamos siempre, y aquella pareja de colegas de mi esposo, Elena y Carlos nos llamaron un par de veces, invitándonos a eventos, así fueron el centro de nuestras fantasías. Pero nada más que eso. Si tengo el pleno convencimiento que mi Néstor está con muchas ganas de intimar con ellos, por diferentes motivos, Elena lo tiene caliente, y piensa que Carlos puede ser el indicado para romper el hielo que yo fabrico cada vez que me hablan de intercambio.

Como además Carlos sabe el intento fallido de abrir definitivamente la otra puertita, mi Néstor lo tiene como posible ejecutor. Pero las cosas fueron distintas a todo lo pensado.

Llegaron unos días de vacaciones, y nos fuimos a la costa. Era pretemporada y no había mucha gente en el balneario. Así que estábamos en nuestra pequeña casita de playa, sin vecinos, porque no se veía movimientos todavía, faltaban dos meses para comenzar la temporada. Habíamos llegado, bajado todas las pocas cosas que trajimos y nos fuimos a la playa, pese a que no hacía  gran calor, la pasamos muy bien.

Volvimos pasado el mediodía, y mientras yo me daba un baño reparador, mi esposo arregló los petates y pidió unas empanaditas y pizza al centro. Mientras me secaba se me ocurrió que podría darle una sorpresa y aparecerme con mi reciente adquisición, una tanguita bijou con strass que me quedaba imponente, y para hacerla evidente me puse solo encima una camisa de mi esposo, así notaría enseguida mi nueva mini prenda. Por supuesto que me hacía  aun más sexy, y supongo mi colita quedaría más apetecible que nunca.

Llamaron a la puerta y mi esposo recibió el envío, y pronto sentí su llamado… Baja Marianella que ya llegó la pizza.

Estaba bajando cuando volvieron a llamar a la puerta y pensé que el chico se habría olvidado de algo, así que me moví despacio bajando haciendo tiempo de que se fuera para entrar en el living-comedor-cocina. Grande fue mi sorpresa encontrarme de pronto con la visión de mi esposo apuntado por un arma, y tres tipos encapuchados que se movían ágiles…tanto que un abrir y cerrar de ojos, estaba yo tumbada en uno de los sillones y en el otro estaban atando a mi marido. Estaba yo paralizada de miedo, y no me movía de donde me dejaron. Sujetaron a mi esposo en el sillón chico, le taparon la boca con una ancha cinta adhesiva, pensé que harían lo mismo conmigo, pero no, me tomaron de un brazo exigiéndome les diga dónde estaba el dinero y las joyas…

El dinero que teníamos estaba en la billetera de mi esposo y joyas. Salvo los relojes, nada. Al revisar la billetera de Néstor estaban también sus documentos, así que el que revisó, dijo… A ver doctorcito, si nos dice donde tiene el resto. No había resto, y eso los enojó bastante… Me llevaron arriba para revolver todo… En la subida me manosearon de lo lindo, y hasta se mofaron diciendo, mira que caramelito se come el doctor…

Me bajaron y ya tenía yo la camisa toda floja y no me dejaban ni prender un botón, así que estaba expuesta a sus miradas, comentarios y alguna manita que se iba a propósito. El que parecía mayor se sentó a comer una empanada, mientras que los otros me tendieron en el sillón grande frente a mi esposo…

-Che, le dijo uno… O nos dicen donde esconden la platita o podemos hacerle mal a la preciosura esta.

Mi marido sacudía la cabeza, tratando de explicar que no tenía más… Y yo solo pude balbucear, -No tenemos nada más… ¿qué quieren? -Vamos doctor, no va a dejar que le hagamos algo a esta dulzura ¿verdad? -Che, mira lo que tiene por tanga, un hilito, Ja… Está rebuena, che. -Creo que hoy comemos pizza, empanadas y nos comemos un caramelito de postre…

Mi terror era tal, que casi no podía respirar, y a pesar de que estaba mostrando mis pechos desnudos no atinaba siquiera a taparme. Uno se me sentó al lado, y me hizo parar. Fue terrible porque de un tirón me sacó la camisa, dejándome solo la diminuta Tanga Bijou con strass, que no me cubría nada.

-Wooow, dijo el depravado… mira que culo tiene esta minita….es impresionante.

Sus manos recorrieron mis nalgas a su antojo. Pronto vino otro a manosear mis lolas, mientras el más viejo, seguía comiendo empanadas. Mi susto, humillación, pavor no me dejaban articular defensa alguna, y solo atinaba a mirar como Néstor miraba con también cara de espanto. Me tomaron entre los dos, y me inundaron el cuerpo con sus manos, que yo me sentía como incómoda, porque el terror me confundía. Pronto mi Tanga Bijou con strass estaba de costado y tocaban mi sexo.

Allí me tendieron, sin dejar de meterme los dedos en la concha, y el que lo hacía, se metió de cabeza entre mis piernas, sentí su boca apretarse contra mi raja… Y reaccioné como para defenderme, pero el otro paseó una faca por mis costillas, la llevó hacía el cuello y me dijo, mientras te la chupa vos me la chupas a mí.

Me inclinó sobre su bulto, al que me obligó a sacarlo de su pantalón, yo se lo acaricié como para calmarlo, pero me gritó… chupámela putita…Ya sentía que el otro muchacho estaba saboreándome a pleno, abriendo de par en par los labios de mi vulva, y lengüeteado la mojada cavidad a su antojo. Así que, delante de mi aprisionado esposo, dejé que me la chuparan toda, yo cerré los ojos y me metí en mi temblorosa boca la pijota de ese asaltante sin chistar siquiera.

El que me lamía la conchita, lo hacía magistralmente, y me volví para que no me vieran suspirar. Mi situación era embarazosa, porque aun semi paralizada por el miedo, estaba comenzando a sentir que el gozar era posible, aun en esa situación. Pronto mi emoción crecía de tal forma, que me fui despatarrando de tal forma, que mis piernas se abrieron tanto que apoyé cada pie en los posa brazos del amplio sillón, y mi cuerpo temblaba mientras me comían rico y yo saboreaba una encantadora pija.

Fue terrible, porque el que me lamía me pasó una faca por las costillas al tiempo que me decía, ábrete amorcito… yo no tuve más opción que aceptar la orden de abrir más mis piernas… pero las tenía casi en línea recta de abiertas que estaban así fue que sucedió lo esperado, él tomó su verga y la pasó en mi rajita en claro y evidente gesto de que me la metería pronto, muy pronto y uy, u y, uyyy, pronto. Su hinchada pija se metió en mi cuevita lentamente y con algún esfuerzo, cosa que me decía de su inexperiencia, pero que motivó que yo sintiera desesperación extrema. Desesperación extrema porque quería escapar y que no sucediera, pero quería desesperadamente que me la metiera. No se, eso no me podré entender ni yo. Sentí que mi deseo era más grande que mi temor y mi cuerpo me traicionó en eso y pedía gozar más y más.

Cuando la tuvo bien adentro sentí que mi resistencia era inútil, y aflojé el cuerpo presionando hacia abajo, como para metérmela al máximo posible. Eso lo notó mi agresor, y también atacó con su puntiaguda y gruesa arma. Y en el fuerte envión me levanto en el aire. Yo gemí como loca y saqué de mi boca la otra pijota como para poder tomar oxígeno en mi temblor orgásmico. Así mientras uno me sostenía en sus brazos, con su pijota entre mis tetas el otro me bombeaba con tanta energía que mis suspiros eran quejidos que cortaban el ambiente. Sentí que la furia que me ensartaba, ya vibraba y terminó explotando dentro de mí. Cuando él mencionó algo, me percaté y volví a la realidad.

-Doctorcito, que rica está  tu nena… ¡como le gusta la pija!

Yo miré a mi marido que impávido observaba todo con grandes ojos. Cuando el muchacho que se había acabado, se retiró el otro me hizo poner de rodillas encima del sillón, y tomarme del respaldo. Así él también clavó las rodillas en el sillón detrás de mí, como para hacerme como una perrita. Abrí mis piernas para que me la metiera, pero primero tiró de mi Tanga Bijou con strass, y me dejó sin nada puesto. Yo había tenido su polla en la boca y sabía era larga y grande. Así que me preparé para su embestida… que llegó llenándome de placer. Pensé en que en esa posición podía cabalgarle y liquidarlo pronto. Me confundí.

Primero porque tuve que lidiar con el otro, que dejó de comer y vino por detrás del sillón con su polla alzada, y metiéndola entre mis tetas, comenzó a frotarse impúdicamente. Segundo, que el que me ensartó desde atrás, sacó su polla, y me la estaba empujando en mi cuevita trasera. Así que comprendí que la cosa estaba muy complicada. Con sus manos abría mi trasero, palpaba mis nalgas y las separaba, intentando con eso abrirse camino.

-Que buen culo tenés bonita. -Es virgen… dije… en un acto de defensa pero de total ingenuidad. Es virgen, no me hagas daño…. Es virgen, supliqué.

Todo lo contrario a lo esperado, eso animó más al intruso que se apretó contra mi cuerpo y me mostró la realidad.

– Entonces abrímelo porque te lo voy a partir en dos, como una naranja madura.

Tenía yo miedo pero debía prepararme mentalmente para hacer algo urgente. Ya no podía recurrir a aquello de prepararse previamente para lograr una buena penetración anal, tendría que esperar la confianza en la pareja, pero era un desconocido, tenía que ser expresiva para guiarle en su accionar, más no se si ese bruto me escucharía. Debía intentar que fuera introduciendo su aparato en forma progresiva, despacio y sin fuerzas de empuje que me rajaran. Así que colaboré y hablé y hablé…

-Ahora, dale ahora, pará, pará, espérame un poco. Si dale, seguí, seguí. Despacito amor, despacito. Así mi amorcito, así. Despacito…huuyyy, ayyy. Dale un poquito más. Si papito. Me gusta, metémela otro poquito. Cuidado, cuidado…

El me tenía tomada de las caderas y me empujaba hacia atrás, pero yo iba midiendo milímetro a milímetro la entrada de su enorme pijota en mi desesperado culito… me apoyaba contra el respaldo del sillón y apretaba mi cara contra la pija del otro, que me la sacudía, cada vez más cerca de mi cara….separaba mis piernas para que pudiera llegar sin esfuerzo y viera que yo no me resistía, más bien lo quería.

¿Lo quería?

No sé bien cuál fue el momento que pasé a quererlo realmente. Sé que en unas de esas embestidas, mis caderas temblaron y comencé a sentir un tremendo ardor que se fue transformando en placer. El en evidente papel de ganador, me dejaba hacer, así que lentamente comencé a moverme, cosa de poder manejar la situación. Esa acción de moverme me puso muy cachonda y ya no solo hablaba para dominar la situación sino para expresar mi tremenda calentura. Fue increíble, aquello, porque me habían ensartado un tremendo pijon en mi culito y yo no solo había colaborado a pleno, sino que estaba siendo la protagonista de una enculada monumental. Me zarandeaba, porque me producía placer hacerlo, subía y bajaba para meterla y sacarla en una acción de que me bombearan el ano, abierto sin dudas y gozando aquella cosa que se había metido dentro de mí.

Cuando el muchacho ese comenzó a replicar y acompañar mis movimientos ya con más ímpetu, yo estaba en el limbo, y el acercándose a su acabada. Pero llegué primero y exploté acabando estrepitosamente, y solo acallaba mis grititos la poronga que me metió en la boca el que estuvo entretenido con mis tetas. Sé que le di una fiesta de chupadas y lamidas, y se acabó con mucha furia. Se fue salpicando el piso.

El chico que me abrazaba de atrás, se dio cuenta de mi situación y ya me respondía a mis grititos con sus – Vamos putita, vamos… mostrame que sos muy perra…Metétela que me acabo… Y así… Sentí por primera vez un chorro de leche allá dentro de mi trasero…Pensé que aquello terminaba las acciones, pero estaba equivocada.

El que primero me había clavado… ahora quería también mi trasero. ¡Qué horror! Me puso en el sillón pero para el otro lado, justo frente a Néstor…que estaba quietecito y mirando todo. Y dándome unas palmadas, que me hicieron arder la cola, me dijo… ábrete nena que ahora si vas a tener una pija adentro. Mire doctorcito como me enculo a tu chica… y como va a gozar esta putita…

Tenía a mi esposo de frente… su cara estaba roja, y cuando yo abrí la boca, en señal de que el fornido muchacho me estaba metiendo su polla en mi conchita, él frunció el seño, como admirando mi exclamación… Así que cuando comenzó a cogerme, yo gozaba y abría la boca, cosa que Néstor podía notar… El que me tenía allí ensartada, provocó a mi esposo, diciéndole, -Que bueno será tenerla para encularla todas las noches che… epa…. Epa… Doctorcito…. Usted está  como yo…gozando eh… eh……Vamos nena, vamos nena… sacale las ganas a él también… vamos… Y me fue llevando hacia las piernas de mi esposo, que efectivamente tenía una gran erección, y se le notaba.

-Dale, vamos, sacale la cosa que es tuya y dale para que tenga….. Dale, dale.

Yo estaba gozando aquello, y no lo dudé, bajé el pantaloncito de Néstor y me encontré con su pija al mango… Así que pude tener un alivio, y ahora chuparme la pija de mi marido al menos. Gustito a algo conocido. Desconocido era ese placer de que me cogieran otros, y menos así inesperadamente, pero yo lo estaba disfrutando…Pero el vago, paró, la sacó y fue por lo que había venido… y otra vez mi culito era el blanco que quería aquella pija durísima y enorme. Me acomodé, y ayudé a que entrara. Y fue satisfactorio y agradable a más no poder, insólitamente gozoso para mí ser, y tanto gocé que mi esposo se daba cuenta y él también lo sentía, tal lo demostraba su polla endurecida.

Me dejé hacer… Y mientras me follaban el hasta ahora resistido traserito, volví a ponerme cachonda y disfruté muchísimo lo que duró la calentura de mi enculador, que terminó bufando a más no poder. Se fueron llevándose nuestras pertenencias, y también se llevaron toda la historia de mi culito virgen y resistidor.

Mientras me bañaba, sentía ardor en mis tetas, en mis labios, pero lo que sentía en la conchita era como una brasa, y la puerta de mi hoyito era una hoguera total. No me dolía nada, si sentía ese fuego que deja el combate sexual sobre la carne.

Cuando salí, encontré a mi esposo en el mismo sillón que estuvo atado…

-Vamos, le dije…. Porque íbamos a hacer la denuncia. -No, dijo, no vamos… no tiene sentido. Se llevaron unas pocas cosas y si tenemos que contar todo, más vale que no, porque como explicamos lo sucedido. -Que me violaron, dije. -Sí, te violaron, pero gozaste como una gata en celo y hasta me hiciste participar a mí.

-Pero…¿vas a dejar las cosas así?… -Así está  bien…. ya que tú estás bien, en realidad debemos agradecerles, se llevaron poco para ellos y también se llevaron tus miedos, nos dejaron una gran apertura, vamos a pedir otra pizza y a descansar.

Mientras comíamos, fuimos tomando todo lo sucedido con humor, reímos y nos hicimos bromas. Nos fuimos a la cama, y ahí pasó lo mejor del día…

El me acarició y besó centímetro a centímetro, y hasta indagó el estado de mi conchita y se admiró de que aun tuviera el culito semiabierto, y sus besos, los míos, sus caricias y las mías, hicieron que me pusiera en cuatro y con una mirada, él entendió que yo quería que me la diera por donde siempre quiso.

Recordé los consejos:

*Que estés muy excitada, la zona del esfínter anal relajada y dilatada, y usar abundante lubricante (de base acuosa), procurando que esté siempre presente durante toda la práctica sexual.*Empezar muy suavemente, evitar penetraciones profundas o movimientos vigorosos, la primera vez ir penetrando por “trocitos” y detenerse cuantas veces haga falta, preguntando siempre a la pareja cómo va; ante cualquier síntoma de dolor o extrañeza, retirarse un poco o renunciar.

– ¡Noooooooooo, renunciar nunca!

Si antes había llegado a gozar, esa fue una gloriosa faena, pues cuando me la metió por primera vez, y yo le ayude a movernos, comprendí, que tenía que recuperar años de goce… y pensaba recuperar terreno, cuanto antes. Mi Néstor me sacudió desde atrás por el culito que tanto deseo y lo hizo hasta llenarme bien. Ahora sí que soy bien suya.

– Vaya que esos chicos tenían razón- que culito hermoso tenemos en casa amorcito- les estaré eternamente agradecidos que abrirán la puerta a la trastienda. – No descuides el frente tampoco, dije mientras él se desplomaba agotado.

Fue al otro día que ordené y limpié todo, pero no encontré mi Tanga Bijou con strass.

Autora: Marianella

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Kara Marqueze
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Buenas! soy Kara de Relatos.Marqueze.net, vuestra anfitriona. Bajo mi nombre republicamos relatos que, estando incluidos desde hace tiempo en Relatos Marqueze.net, no sabemos su autor. Si eres autor de uno de estos relatos y/o sabes quien es el autor, escríbenos y le daremos el crédito que se merece! Un besito donde quieras...
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