Te volví a soñar

Sin quererlo te volví a soñar, y es que el inconsciente evidencia nuestros deseos sin que haya ley para reprimirlos, las emociones desbordan, inundando la mente con las más hermosas escenas que en la realidad nunca pasarán.

Pero fue un sueño tan lindo que lo escribo para no olvidar los detalles al levantarme de la cama. En mi sueño estábamos en una fiesta, algo se celebraba pero lo más importante para mí es que tú estabas ahí. No éramos los de la vida real, éramos jóvenes, teníamos algo tú y yo porque buscaba a cada instante tu mirada y tú querías disimular la emoción con una sonrisa entre tímida y confiada y una mirada sostenida y penetrante, como la de los amantes enamorados que son incapaces de ocultar sus sentimientos.

Estabas ahí platicando con extraños, tu melena corta y blonda, como solías tenerla hace años, tu carita tersa y blanca, limpia y delicada de una joven que no llegaba a los 20. Unos ojos enmarcados con con rímel que acentuaban tu mirada chispeante y sensual, en conjunto con unos labios húmedos y carnosos los cuales de vez en cuando mordías de lado al mirarme.

Una blusa strapless corta sin mangas con rayas blancas y azul marino afrancesadas abrazaban tu talle realzando tu hermoso par de senos firmes y bien dotados que asomaban la silueta discreta de tus pezones debido a que no traías brassiere. Tus hombros desnudos y blancos que me hacían imaginar el resto de tu piel, tu espalda recta lo lisa, tersa y magra como para tocarla y poseerla, besarla hasta no poder contenerme… una cintura cubierta a medias por la blusa en la cual lograba ver con detalle las líneas del abdomen que se escurría debajo de unos jeans que eran el motivo y causa del infierno en mis entrañas. Que caderas!, desbordante y vulptuosa la redondez de tus nalgas que realzadas con la mezclilla eran una oda a la sexualidad y motivo del escarnio público, de comentarios lascivos de todos, hombres y mujeres que te veían.

Y tú, muy segura de ti misma les dabas de vez en vez una probadita de tu sensualidad al pararte y pasar entre la gente. Oía a personas hablando de ti, de lo extraordinariamente sexy que nos resultabas, de las erecciones que provocabas y de las fantasías que en cada uno despertabas. Unos botines de cuero negro y con tacón mediano que te hacían ver más alta y las piernas inmensamente largas y firmes.

Toda tu una poesía a la belleza. Terminaban yéndose las personas y poco a poco nos empezamos a quedar solos. Y me acerqué a ti para charlar contigo y ver de cerca los ojos profundos que se tornaron con brillo con el paso de las horas. Solo se me ocurrió decir: “¿te das cuenta de cuantas personas van a masturbarse o cojeran con sus parejas pensando en que lo hacen contigo?” Y soltaste una enorme carcajada y preguntaste por mantener la plática algo que ya sabías, “¿Porqué?” Y dije: “por lo hermosa y sensual que eres”.

Y humedeciendo tus labios con tu lengua preguntaste: “Te gusta lo que ves?” A lo que contesté: “¿Habrá alguien en el mundo que no les asombre la hermosura de tus caderas?” Y dijiste: “¡Eso no te pregunte!” Me acerqué firme a ti sin perder un instante tu mirada. Te pedí tu mano y al dármela, la lleve entre mis piernas para que tocaras mi pene que estaba en una potente erección, y te pregunte”¿tu que crees?” Sin esperar más tiempo te lanzaste sobre mí como loba en celo y entre abrazos y besos yo gozaba cada parte de ti, muy consciente de lo que pasaba, intentando grabar en mis dedos y en mi memoria esa experiencia única de hacerlo con la mujer más sensual que he conocido en mi vida. Mordía con suavidad tus labios al tiempo que mis manos eran las de un aprendiz de alfarero que subía y bajaba las manos para posteriormente con mi recuerdo hacerte mía otras veces. Mi boca se escurría entre tus senos y con mis labios y lengua mordía tus pezones al tiempo que con mis manos los sostenía y masajeaba sin parar.

Tu recorrías mi espalda y agarrabas mis nalgas y las jalabas hacia ti, se marcaba mi pene completamente en mi pantalón y tú abriste un poco las piernas para poder sentir su grosor en tu vulva. Ya no podía más. Te quite la blusa y con urgencia buscaba desabrochar todos los botones de tu pantalón para liberar el cuerpo hermoso del qué haría realidad mis más candentes fantasías. Al bajar tu pantalón pude ver un sexy panty negro con transparencia el cual solo tapaba la parte más íntima de ti. Me acerqué a tu sexo y pude comprobar la humedad en tu ropa y el aroma de tu sexo que para mí fue el perfume más exquisito que jamás he percibido.

Abriste las piernas y moviste a un lado tu panty y me permitiste meter mi lengua y mi nariz en tus labios vaginales, logre sentir los fluidos abundantes que mojaban mi cara y volvían más accesible tu canal para la posterior penetración. Me dediqué a lengüetear tu clitoris mientras que metía dos dedos en tu vagina. Tu jadeabas y pedías con voz entrecortada que siguiera así y te diera más. Me puse de pie y tú lamiste como gata en celo toda mi boca y barbilla que estaba llena de tus fluidos vaginales, al tiempo que agarraste mi ereccion y me guiaste hasta una mesa en la que te pusiste de espalda y sin ningún empacho te la metiste entera en tu vagina.

Me diste la mejor vista de ti, el más hermoso par de nalgas desnudas devorando mi pene. Sentía que al entrar y salir tú me apretabas y querías abrazar lo más posible mi ereccion. Te estabas volviendo loca, cerrabas los ojos y gemías y gritabas libremente mientras movías tus caderas en una forma indescriptible para mi placer. Tocabas tus senos con una mano y con la otra sentías como salía y entraba mi pene en tu vagina al tiempo que alternabas con una frotación suave y firme en tu clitoris. Ya no podía más, te voltee y te acose en la mesa frente a frente, quería mirar tus ojos durante tu orgasmo, así que te la metí, y yo veía en tu rostro la angustia del orgasmo próximo, así que aceleré, y comencé a sentir desde muy adentro de mi toda la potencia, todo mi esperma que estaba destinado para ti, y al verte que apretabas tu vagina con toda tu fuerza, y que abrías la boca para lograr respirar me di cuenta que estabas llegando al orgasmo el cual desencadenó el mío, y sentí la explosión de mi sexo dentro del tuyo, chorros y chorros de semen que no dejaban de salir en un orgasmo largo y agotador que casi me hizo desmayar. No sé cuánto tiempo pasó, pero ahí nos quedamos abrazándonos, sin abandonar el sexo del otro, hasta que escuchamos gemidos de placer de otra pareja que se habían quedado al final y que no nos dimos cuenta que estuvieron ahí todo el tiempo.

Estaban cogiendo y vinieron a nosotros. Ya no importaba, habían visto todo y se acercaron a pedir que si podían estar ahí para terminar. Te vi a los ojos y te pregunte sin palabras. Tu moviste la cabeza en un gesto de afirmación y con una sonrisa tonta. Me salí de ti y al escurrir los fluidos de ambos fuera de tu vagina, la otra mujer pidió lamer toda ese elixir afrodisíaco que salía de ti, y ahí se quedó un momento bebiendo el resultado del mejor sexo que hemos tenido en la vida, hasta que un potente orgasmo los llevo a sacudirse a ambos ella jadeaba y gritaba y el aguantaba su eyaculación hasta que la puso a un lado de ti, y la penetro fuerte y rápido hasta que ella cerró las piernas para no abrirlas más.

Tu al mirarlo que iba a descargar, le ofreciste tu vagina para que se viniera dentro de ti… La sacó de su esposa y salpicando tu vientre por la eyaculacion, la metió dentro de ti y se estremeció y empujó todo lo que quiso, gimiendo entre respiros profundos y rápidos, hasta quedar casi muerto encima de ti. Unos minutos le costó recuperar el sentido. mientras que se salía, abundante cantidad de semen y fluidos salían de tu vagina, mientras que su mujer, su esposa, se dispuso a limpiar con su lengua con mucho cuidado tu hermosa vulva que desbordaba el semen de dos hombres y de tus propios fluidos en un río húmedo, tibio y excitante de placer sexual

Desperté en ese instante con el semen en mis calzoncillos, y con una sonrisa que quisiera nunca se acabara.

Te quiero mucho

 

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