La masturbaba mientras le ponÃa más saliva para lubricar su orificio, empecé a meter mi verga en su culito, ella sentÃa placer y a la vez expresaba en su cara algo de dolor pero yo sabÃa que querÃa ser follada por su culito. Metà mi verga y con mis manos recorrÃa sus tetas y su culito. De un momento a otro, y sin mediar palabra se lo metà de un solo empujón.
En un fin de semana largo decidimos visitar a mi amiga Libia quien vive en Pereira. Yo viajé con E. Marles, esposa de un amigo que andaba de viaje en el exterior, una mujer de cabello rubio, ojos café claros, senos grandes, un culo redondito y firme. Libia fue por nosotros al aeropuerto, vestÃa una blusa cruzada, con un escote profundo dejaba ver sus senos, algo brillantes ya que se habÃa aplicado un poco de escarcha y sus tetas deslumbraban, no solo a mÃ, sino a todos los que pasaban, un bluejeans descaderado que marcaba su culito y que dejaba escapar a la vista sus diminutos hilos dentales, una tanguita negra que daban ganas de follársela ahà mismo. Uffff… estaba además de muy bonita, muy buena, no podÃa ocultar las ganas ni dejar de saborearla. El plan era disfrutar de la ciudad, descansar y discoteca en la noche.
Estuvimos durante el dÃa visitando los sitios turÃsticos de los alrededores y almorzando, en la tarde llegó JoaquÃn, el esposo de Libia, y ya estábamos completos para la disco. Fuimos a bailar las dos parejas a la discoteca de moda en la noche y JoaquÃn siempre decÃa que estaba muy cansado porque habÃa tenido que trabajar hasta muy tarde en la mina, pero bailamos y disfrutamos mucho. El calor era insoportable pero el ambiente era bueno, solo se veÃan mujeres lindas, gente bonita y disfrutando de la noche. Libia al ver que yo miraba mucho a las chicas que se encontraban en el lugar me preguntó:
-Son muy bonitas ¿no? Le respondÃ: -Si, además están muy buenas. -Más buenas que yo? -Nooo, tú estás rebuena, ella sonrió al oÃr mi respuesta y en recompensa me dio un beso en la mejilla y me abrazó.
A las 2 AM, Libia propuso irnos al motel y aceptamos, quedamos en dos cabañas independientes contiguas e intercomunicadas por una puerta. E. Marles y yo nos desnudamos y nos fuimos al jacuzzi, E. Marles me dijo en voz baja: -Siente la libertad y olvÃdate del mundo, estamos solos y es lo único que necesitamos ahora. Se acercó y me besó.
Yo no lo creÃa, al instante le respondà al beso, le besé su cuello y chupaba suavemente sus orejas, le gustaba por lo que veÃa ya que su rostro tenÃa una sonrisa y una satisfacción enorme, mi verga estaba a millón y con una parada monumental, me senté en el borde y mi verga provocó en E. Marles una mirada fija en ella, se acercó agachada a ella y dijo: -Me importa un culo mi marido, hoy es mi dÃa. Se acercó a mi verga y se la metió en la boca, ahhhh, que sensación más deliciosa, lo chupaba como un helado, la saboreaba y pasaba su lengua por toda la verga una, dos y más veces sin cansancio.
Mientras ella se comÃa mi verga yo solo disfrutaba y agarraba su cabello, cuando sentà en un momento que ya me iba venir la levanté y la besé, le dije que estaba muy buena y que a mi también me importaba un cuerno mi novia y que pensaba disfrutar mucho ese fin de semana. Le dije que se sentara en mi verga para sentirla más cerca, cabalgo en mi por un largo rato y luego volteo su cuerpo para darme la espalda. Ahora podÃa contemplar su espalda hermosa y con una piel delicada y suave, su culo redondito, suave. Lo cogÃa con ambas manos y la ayudaba a bajar y a subir de mi verga.
La volteé y dejé que se recostara en el jacuzzi para abrirle las piernas y penetrarla de nuevo, me gustaba saber que me estaba follando a una mujer casada y además de eso que le estaba poniendo cachos a mi novia, era una espinita que tenÃa con ella. E. Marles tenÃa su cara sonriente y transpiraba felicidad, mientras la penetraba una y otra vez, mordisqueaba sus grandes y redondos senos, chupaba sus erectos pezones que estaban como piedras, mis manos recorrÃan su cuerpo, no querÃa dejar pasar la oportunidad de poder sentir a tan bella mujer, manoseaba su abdomen, sus piernas y su cintura. La bombeé un buen rato y me vine en su conchita, cuando ella se vino, seguà dándole lengua en su clÃtoris hasta que tuvo un orgasmo de pelÃcula. En ese momento escuchamos ruidos extraños en la cabaña de Libia, eso excitó a E. Marles quien dijo que no me desconcentrara y siguiera haciendo mi trabajo.
Sonó mi celular y era Libia quien me llamaba desde su cabaña, pidiéndome ayuda porque JoaquÃn se habÃa quedado dormido en el jacuzzi, le dije, allà vamos. Abrà la puerta, saqué a Joaco completamente dormido y lo puse en la cama, le dije a Libia, aún vestida, -Esto apenas comienza, te invito a nuestra fiesta, en un momento y sin pensarlo me dieron ganas de besarla aprovechando la situación, le dije al oÃdo que estaba muy buena, que me encantaba su culo y sus senos. Ella me miró y sonrió, la besé nuevamente y respondió el beso.
-No pensé que volviera a hacer esto, pero la verdad me morÃa de ganas por volver a estar contigo, lo haces muy bien, -Tú también lo haces muy rico, pobre Joaco lo que se pierde por emborracharse. -No me hables de él. Ahora solo disfrutemos….
Ella se recostó en la cama mientras que yo pedÃa algo de comer, le dijo a E. Marles, -Hoy compartimos, me dijo que me sentara al lado de ella y al hacerlo ella con unas de su manos me tumbó en la cama. Me besó de una manera magnÃfica, mi pene crecÃa con la intensidad de su beso, ella sentÃa como mi pene crecÃa cada vez más y lo tocaba, la puse encima mÃo y agarraba su culo encima de su jean, metà mis manos entre sus jeans y sentÃa sus nalgas, firmes y de piel suave. A la vez sentÃa sus diminutas tangas.
Levanté su blusa mientras nos besábamos y ella puso su mano en mi miembro, me lo sobaba y comenzó a darle un masaje, lo miraba y parecÃa que querÃa ponerlo en su boca, y asà fue, al momento comenzó a lamerlo por el tronco hasta llegar a la cabeza. En ese instante pasó su lengua de arriba abajo y lo introdujo todo en su boca, comenzó a mamarlo de una forma única, lo sentÃa delicioso, sus labios carnudos recorrÃan mi miembro y se veÃa espectacular.
Mientras ella se encariñaba con mi miembro, le quité su blusa y desabroché su jean, ella me ayudó con su jean, mientras lo hacÃa seguÃa pegada a mi. Al quitarse el jean dejaba ver sus pequeñas tangas, se veÃa espectacular… Después de una mamada increÃble, ella empezó a besarme el pecho hasta llegar a mi boca, encima de mà ella acomodaba su raja en mi tranca y lo sobaba. Le quité el tanga, estaba muy mojada, tan húmeda que sin preámbulos mi miembro entró en su vagina fácilmente. Cabalgó por un largo tiempo, podÃa ver sus senos y su culito firme saltar sobre mi pene. -Aaaahhhh que rico… ahhh… me encantaaaa que ricoooo ahhhhh, susurraba mientras cabalgaba.
Paró y se puso en posición de perrito la cual me invitaba a tener su culito en toda su dimensión. Sin dejar pasar tiempo lo introduje en su ya húmeda vagina, mientras con mis manos agarraba sus caderas y las aferraba a mÃ, sentÃa el golpeteo en su culo y eso le gustaba y comenzó a gemir cada vez más duro. -Aaaahh que rico se sienten tus pelotas… dame más… Dame máaaas..- Te excita mucho esto ¿no? Le pregunté – Si, me encanta, dame más.. dame más que quiero sentirlo – respondió.
La volteé y en posición de misionero empecé de nuevo a penetrarla, esta vez arremetÃa con más ganas pues querÃa acabar dentro suyo. Ella me agarraba las nalgas y mi espalda, sentÃa que me venÃa y ella también estaba llegando a un orgasmo, seguà con el mismo ritmo para llegar al mismo tiempo y asà fue, con la última penetración llegamos a la vez. Ella extendió sus brazos hacia las barandas de la cama mientras que yo quedé tendido encima de ella. Mientras lo hacÃa con Libia, E. Marles se dedicó a grabar la faena con mi celular.
Le dije a E. Marles, -Ven con nosotros, nos besamos, ¡que delicia de beso!, ella metió su lengua y la revolcaba por toda mi boca, yo le respondà de la misma manera pero agarrándole su hermoso culito, le mandé mano a su rajita, la manoseaba y pasaba mis manos por sus tetas y la seguÃa besando. Ella, algo prendida por el alcohol me preguntó:
- ¿Piensas tirar con las dos? – Siiii, ¿no quieres? – Le pregunté… – Claro, quiero acción, quiero dar espectáculo – Si eso quieres, comencemos de una vez, quiero tu culito hoy. Ella manoseaba mi bulto mientras yo seguÃa con sus tetas, me recosté, ella bajó para darme una mamada a las que me tiene acostumbrado. – No sé porque me gusta tanto tu polla, me encanta chuparla – me dijo – Dale, a mà también me gusta como me la mamas, le respondÃ.
De inmediato empezó a pasar su lengua por mi polla, le pasaba la lengua por la cabeza una y otra vez, yo sentÃa explotar. Mientras E. Marles me follaba la polla con la boca, yo agarraba su cabeza y sus tetas para ayudarle a excitarse un poco más. SentÃa venirme asà que saqué mi verga de su boca y de un empujón la subà y la besé en su boca, su conchita ya quedaba al borde de mi verga y sentÃa su humedad, estaba muy mojada y mi verga comenzaba a entrar lentamente, a ella le gustaba…
-Que rico se siente, está entrando suavecito, no la vayas a entrar todavÃa, deja que siga asÃ.. Me gusta, ahhh.. que rico… hmmm.. Delicioso.. Ahhhh..Ahhh, -Que putica eres, quien iba a pensar que te encantaba follar tanto…
Pasaron unos segundos y la penetración fue total, mi verga ya estaba dentro de su húmeda conchita, con movimientos suaves empezó a moverse y a cabalgar de nuevo, me mata esa posición, asà que con sus tetas a mi disposición y con sus caderas al aire las agarré sin piedad, con mi boca besaba sus tetas y con mis manos agarraba su culo, su gran culo, la apretaba y con fuerza la embestÃa hacia mà para que sintiera mi verga más adentro.
-Aaayyyyy que rico .. que rico… asÃ… asà me gusta… la tienes como una vara de acero… ahhhhh – GemÃa y balbuceaba mientras la follaba. – Cabalga perra, asÃ, como las putas de la calle, dale… mueve ese culo…
Dejé a E. Marles y me dediqué a Libia, era glorioso, tenÃa de nuevo a Libia ensartada en mi verga y cada vez me gustaba más, mi objetivo era su culo, en posición de misionero la penetré, seguà bombeándola de forma continua durante un rato, después la volteé y abrà un poco las piernas, antes de penetrarla por el culo la follé por su conchita para no echar a perder el plan, para ese momento estaba demasiado excitada, seguà asà dándole por su conchita varios minutos, mientras que con un dedo comenzaba a sobarle su ano.
-Que rico se siente, mételo un poquito más… dale. Seguà en mi labor, lo metà suave, agregué algo de saliva en su ano y saqué mi verga de su conchita. Con mis manos sobaba su vagina super húmeda y mientras lo hacÃa metà mi verga por el pequeño orificio de su ano, solo la puntica. De inmediato Libia se dio cuenta y me dijo…-No. No lo hagas. – Déjame, no te va a doler, verás como es muy rico. Le respondÃ… -Si llego a sentir un mÃnimo de dolor no lo hago. – replicó.
Seguà mi labor, la masturbaba con mis manos mientras le ponÃa más saliva en su ano para lubricar su orificio, lentamente empecé a meter mi verga en su culito, ella sentÃa placer y a la vez expresaba en su cara algo de dolor pero yo sabÃa que querÃa ser follada por su culito. MetÃa poco a poco mi verga y con mis manos recorrÃa sus tetas y su culito. De un momento a otro, y sin mediar palabra se lo metà de un solo empujón. Un pequeño gemido de dolor y placer salieron a flote:
-Aaaayyyyyyyy… ¡maldito…! que rico… que rico.. Ahhhhhh dame.. Me decÃa. Sin pensarlo comencé a darle por su culito, su cara de felicidad y dolor me excitaba, manoseaba su culo y sus senos, su vagina húmeda y sus griticos me enloquecÃan: -Aahhhhh que ricoooo que ricoo, dame mássssss, máaaaaaaaaas… AsÃ, asÃ…. dame, damee… A medida que pasaba el tiempo la follaba más fuerte, le gustaba y pedÃa más y más. No soporté más tanta dicha y terminé en su culo… Libia de igual manera tuvo un orgasmo que según ella no habÃa tenido nunca.
E. Marles le dijo a Libia, -Me quiero comer a Joaco, y Libia le dijo -Anda, y si eres capaz de despertarlo te lo comes.
Se fue a la otra habitación, empezó a mamárselo pero Joaco no reaccionaba, hizo su mejor esfuerzo pero fue imposible; mientras tanto yo le decÃa a Libia ya que Joaco no reacciona, hagámoslo en tu cama con Joaco ahÃ, Libia respondió… -Ssiiiiiiiii y que se lo pierda por guevón…
Agarré a Libia de los brazos y la empujé encima mÃo, de esa manera la tenÃa toda para mÃ, tenÃa a mi disposición y vista sus senos, sus caderas y su hermosa y depilada vagina. No me aguantaba, besaba sus senos y mordÃa sus pezones, mientras con las manos agarraba sus caderas las cuales movÃa de tal manera que cabalgara y sintiera como salÃa y entraba mi pene.
- No puedo creer que me estés cogiendo con Joaco respirándome en el cuello. – Te gusta ¿Cierto? – Si, me encanta, además que lo haces muy bien. – Quiero que me lo hagas igual que a tu novia – me dijo. – ¿Eso quieres? – Si eso es lo que quieres, pues asà será.
E. Marles estaba delante de la cama, la tumbé y quedó en posición de perrito, no lo pensé dos veces y la penetré por su vagina por detrás, agarré sus nalgas y comencé a penetrarla fuertemente, sus nalgas, su culo se movÃan de una manera espectacular, sentÃa que me venÃan entonces bajé el ritmo, ella lo notó y paró también, me recostó en la cama, sacó el condón de mi pene y con su espectacular boca lo empezó a besar, primero en su tronco y después la cabeza, se la metÃa todo en la boca, me sentÃa en el cielo, se dio vuelta mientras me lo mamaba y colocó su vagina en mi boca, el perfecto 69 estaba en plena acción, sentà de un momento a otro que mordÃa suavemente mi miembro y eso me ponÃa a mil, no aguantaba más.
- No aguanto más, voy a estallar. – Dámelo, quiero mucha, mucha leche, dámelo…
Comenzó a mamarlo más rápido y acabé en su boca, después de haber acabado, besaba mi pene y lo limpiaba con su lengua. E. Marles paró, me besó y descansó encima de mà unos minutos.
Nos dimos cuenta que ya habÃa amanecido, eran las 6 AM, Libia dijo que tenÃa que despertar a su esposo para ir a recoger a sus hijas, tomé la tanga de Libia como trofeo y E. Marles y yo nos fuimos a nuestra habitación a esperar que Libia nos llamara para irnos y Joaco como si nada, Libia le dirÃa que se habÃa portado como un toro, porque cuando se enlaguna no recuerda nada, nos dejaron en nuestro hotel donde dormimos un rato y acordamos que a medio dÃa nos irÃamos para su finca en la Virginia, pero eso es otra historia.
Autor: Leonel
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