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TU YEGUAALZADA

16 de febrero de 2007

Hola mira, nunca pensé que a los cincuenta años aún aprendería algo más sobre el sexo, y menos de la forma en que lo vine a descubrir, y lo mejor del caso visto desde hoy, como me cambiaria la vida para bien. Resulta que quería ahorrar unos pesos para cambiar el coche y de momento estaba sin trabajo en Mar del Plata.

Una tarde mientras tomaba un café con unos amigos en un barcito, entró rengueando un conocido de Pedro, y vino a la mesa a sentarse con nosotros. Cuando mi amigo Pedro le preguntó que le pasaba, él comentó que esa misma mañana se acababa de bajar de un barco de pesca de altura porque se había fisurado la pierna al bajar una escalera. Siguió diciendo que trabajaba de cocinero y que ahora la empresa estaba buscando en forma urgente alguien que lo reemplace para volver a salir al cardume.

Pedro le dijo que yo estaba buscando trabajo, y que me defendía bastante bien en la cocina, que me gustaba, así que él comentó que estaban pagando unos seis mil pesos por marea de 40 días, así que yo le dije que nunca me había embarcado pero que pensaba que unas vacaciones a bordo de un barco no me vendrían nada mal.

Él rió y me dijo que era amigo del capitán, que si yo quería me hacia subir sin libreta de embarque como turista y que luego me pagaban en negro, así que ahí nomás sin pensarlo mucho salimos para el barco.

Al llegar subimos al barco y me presentó al capitán, un tano bastante fornido, pero muy afable, me mostró la cocina, estuvimos de acuerdo con las condiciones de trabajo, y así que acordamos que iba hasta mi casa a buscar mi ropa y ya volvía para subirme al barco y salir a navegar. Yo vivía solo, dado que me había separado ya hace un par de años, y por suerte no habíamos podido tener hijos, así que solo busqué mi ropa, cerré mi departamento y me volví para el puerto, con trabajo nuevo.

Cuando llegué me dieron un camarote con el radio operador, y un mecánico de abordo, y como ya se venia la hora de cenar me fui para la cocina a ver que hacia de comer. Revisé la despensa y estaba súper surtida, así que decidí hacer con un tuco que estaba frisado unos exquisitos tallarines, mientras que me había puesto música fuerte para entretenerme, algo de roca nacional, y me había atado el pelo largo que usaba.

Esa noche fui conociendo a casi toda la dotación dado que fueron bajando por turnos a comer. Había chicos jóvenes, y un par de marineros bastante curtidos, pero en general tenían buenos físicos, musculosos y morrudos, de esos que cuando te dan la mano te rompen tres dedos. Varios de ellos venían de la marea anterior, así que ni siquiera llegaron a bajar en el puerto, y se bancaban dos mareas seguidas. Algunas caripelas daban miedo si te agarraban de noche en lo oscuro, eran más bien salidas de algún presidio, que de la escuelita de música.

En la cocina hacia mucho calor, y estaba separada del comedor aunque los unía una puerta y una gran ventana. La costumbre era que un marinero se quedara a ayudar a levantar las cosas y lavar, para dejar todo ordenado. Cuando colgué los últimos cucharones y repasadores de los manijones de las cocinas apagué la luz y me fui a dormir cansado, muy cansado.

Al otro día cuando me levanté fui a preparar el desayuno, con facturas que pasé por el microondas, mate cocido, café y agua caliente para el que quisiera te, o prefiriera algún mate. Ni bien terminé con el desayuno me puse a preparar las milanesas con puré para el mediodía. Como ya tenía las cocinas prendidas desde la mañana temprano el calor iba en aumento, así que para media mañana ya me había sacado la camisa, y para el mediodía me saqué los pantalones livianos que llevaba, así que solo tenía puestas las hojotas, y seguí cocinando con la música fuerte como a mi me gustaba.

Estaba espumando la olla de las papas para el puré cuando sentí que dos manos se aferraban del barral de la cocina, y que algo se apoyaba en la zanja de mi cola desnuda, un aliento caliente en mi nuca, y un cuerpo sudorosa que se apoyaba en mi es

palda hicieron que me paralizara de terror, algo estaba pasando, y no era nada bueno. Quise zafarme, pero sentí como su cuerpo me retenía, como su cuerpo me apretaba, sentí como su pija dura corría por la zanja de mi cola, la tenia dura, y era grande, ocupaba toda la zanja, tomé conciencia que me quería violar, y un escalofrío corrió por mi cuerpo, la transpiración corría por mi espalda mojada y parecía que le lubricaba la zanja, y su pene corría libremente, quise gritar, pero con la música fuerte ni siquiera me escuché yo.

Traté nuevamente de salir de esa situación, pero sentí como un puño cerrado se estrellaba al costado en mis costillas, la respiración se me congeló y un profundo dolor hizo que me inclinara. Al agacharme sentí como él acomodaba su pene en mi ano, y sentí como mi pecho se quemaba con la olla hirviendo, y me levanté del dolor, pero al hacerlo sentí como su pija dura había encontrado mi ano y me penetraba. Un dolor inmenso atravesó todo mi cuerpo, sentí como mi cabeza estallaba, sentí como mi ano se destrozaba, las lágrimas afloraron en mis ojos, los oídos se me taparon, mi cuerpo se desplomaba, pero su cuerpo musculoso me retenía aferrado a la cocina sin poder defenderme.

Él me penetraba reiterada y desaforadamente, creí que moría del dolor, de la desesperación, de sentirme ahí indefenso siendo violado brutalmente, sin poder reaccionar. Por mi cabeza pasaban a mil imágenes de dolor, de vergüenza, de solo pensar que me estuvieran viendo ahí paradito siendo penetrado, de pensar que me estaban cogiendo.

Mi cabeza daba vueltas, me sentía sucio, él jadeaba sobre mi nuca y escuchaba como en un zumbido que me decía puta, puta te voy a coger, te voy a coger hasta metértela bien dura, bien adentro, y no podía creer lo que me pasaba, decirme puta a mí, mientras me estaba violando indefensamente. Pero él me repetía putita sucia, te gusta que te coja, papito te va a hacer sentir bien hembrita, vas a ser mi putita, y sino te callas le digo a todos los demás que te cogí como a la putita que sos, así que quédate quietita y seguí cogiendo.

Yo temblaba de miedo, era esa especie de terror y vergüenza, por favor que no se lo dijera a nadie, encima que me violaba, no quería pasar por la vergüenza de que sepan que me habían cogido, así que le supliqué que no se lo dijera a nadie, que me iba a quedar calladito, pero que no dijera nada. Al final acabó dentro de mi cuerpo, me inundó de su semen, y sentí como me desbordaba y corría por mis piernas desnudas. Cuando sacó su pene de mi cuerpo, aflojó sus manos del barral, y separó su cuerpo transpirado.

Me miró a la cara y me dijo: tenés una colita hermosa, cuando entré a la cocina y la vi no me pude contener, y me dije yo me la cojo, más con las ganas que tenía, realmente lo disfruté. Fue hasta la heladera tomó hielo y tendiéndomelo me dijo: ponte un poco ahí al costado y en el ano para que se te pase el dolor.

Yo no podía creer lo que me pasaba, él hablaba en forma natural, y yo ahí quietito escuchándolo, aún tiritando de miedo.

Él se fue y yo me quedé ahí llorando de impotencia, de dolor, y poniéndome hielo para mitigar ese tremendo dolor físico que tenia por todo el cuerpo, y en mi pobre ano desgarrado.

Creo que entre en pánico de solo pensar que volviera ha hacerme algo, que volviera cogerme, que se lo comentara a los demás, de la vergüenza tremenda que tenia, estaba desolado.

Intenté caminar y trastabillé, unas puntadas como agujas pinchándome atravesaron mi cuerpo dolorido, y las piernas no me aguantaron.

Debí tratar de reponerme y al final con mucho esfuerzo alcancé a ponerme el pantalón y la camisa para tapar los moretones y el ano destrozado, que me ardía y me dolía mucho, pero mucho; aunque creo que lo que más me dolía era el corazón al ir tomando lentamente conciencia que me habían violado, que me habían usado de mujer, que me habían penetrado, que mi ano estaba desgarrado, que ya nunca volvería a estar enterito, que ya siempre llevaría esa marca de que me habían cogido, y a quien le explicaba de que me habían violado, lo único que se veía era que me habían cogido, y bien cogido, con una pija gorda, enorme que me había desgarrado el ano.

Trat&eacute

; de sobreponerme, dado que en un rato ya vendrían todos a almorzar y no quería que me vieran así destrozado.

Rengueando me sobrepuse y terminé de cocinar, aunque todo dolorido, y sentía como aún gotas de su semen salían de mi cuerpo y corrían por mis piernas, recordándome que me habían llenado lo más profundo de mi cuerpo con su semen, sentía como él se había adueñado de mi cuerpo indefenso y me había dejado su sello en mi interior.

Aún sentía el olor de su cuerpo, su respiración, y su voz aún retumbaba en mis oídos diciéndome hay putita, putita linda, que hermoso culo tenés para cogértelo todito.

Cuando bajaron a comer lo vi a él ahí sentadito como si nada hubiera pasado, nuestras miradas se cruzaron varias veces y él me sonreía afable y pasaba su lengua por los labios, como saboreándose, y yo bajaba la vista.

Cuando todos se fueron me arrastré hasta mi cama a descansar, por suerte quedaba cerca de la cocina y pude llegar.

Toda mi vida pasó por mi cabeza en un sueño, me veía al final en una pesadilla vestidita de mujer, bien pintarrajeada como una puta parada en una esquina esperando que me levanten, cuando me desperté estaba bañado en sudor.

Ya debía volver a cocinar para la noche, me arrastré hasta la cocina y me volví a poner hielo al costado donde me había pegado y un cubito en el ano para mitigar en algo el dolor, aún seguía temblando de miedo de que se me apareciera de nuevo y me volviera a violar, mi corazón parecía que iba a estallar en cualquier momento, nunca había sentido tanto terror, aún me parecía que su semen desbordaba por mis orejas, aún me zumbaban los oídos, aún me retumbaba la cabeza.

Después de dar cenar y lavar todo fui a pegarme una ducha, y al entrar al baño ahí estaba él apoyado desnudo en el lavamanos, al verlo me quedé petrificado, mi vista se posó en su pene, era algo realmente grande sin estar aún bien duro, con razón me había desgarrado todo el ano.

Al verme que le miraba la pija me dijo, vistes que es hermosa, vas a ver que te va a gustar, que se van a hacer amigos, no intentes irte porque sabes que del barco no podes salir, así que Vení, Vení para acá.

Caminé temblando hacia él, y le supliqué que no me hiciera nada, esta bien me dijo, no te voy a penetrar para que se te pase un poco el dolor, pero dale unos besitos a mi juguetito, que me dejaste bastante calentito hoy.

Solo como un zombi camine temblando de miedo hacia el y me arrodillé frente a su pene en el piso. Estiré mis manos y se la acaricié, era suave, y al acercarme para besársela él me tomó de mi melena, y me dijo cálmate nena, cálmate que no te voy a volver a coger, aunque ganas no me faltan, así que mamámela bien, porque sino te la mando de nuevo a guardar todita.

Era algo desesperante debía chupársela o me volvía a desgarrar, con ese dolor tremendo que tenia, así que decidí mamársela antes que les dijera todos que me había cogido. Se la besé, mientras él me sostenía la cabeza con sus manotas, y me decía besala, besamela más putita, así que seguí besándosela hasta que se le puso re-dura y bien parada, era algo bárbaro, era más del doble que mi pija, con razón me dolía tanto ahora el ano, me había metido toda esa pija.

Me dijo que lo pajeara, así que con mis manos lo fui masturbando, ahora hacé lo mismo con la boca me dijo, así que obedecí enseguida, no quería que se molestara, su físico me amedrentaba, me paralizaba de miedo. Sentía como su verga corría por mi boca, como entraba y salía, en un momento tomó mi cabeza con fuerza y aumentó el ritmo de la masturbación, hasta que vi como se le hinchaba y su semen empezó a brotar mientras su voz retumbaba en mi cabeza diciéndome traga puta, traga toda la leche que es rica, trágala toda, no dejes caer una sola gota o te cojo acá mismo, así que solo obedecí, y comencé a sentir como su semen caliente empezó a correr por mi garganta, y tragué y tragué y las pocas gotas que me desbordaban la boca me las relamí.

Él me decía puta, puta ves como gozas, ves que te gusta mi leche, ves que es rica, sos una puta, y que linda colita tenés, paradita, redondita, como la

de una nena buena, se nota que ya te la usaron bastante seguidito.

Cuando terminó él se puso simplemente una malla y salió silbando.

Yo quedé ahí arrodillado en el piso frío de hierro, con el sabor de su semen en la boca y en mi garganta, quise vomitar pero no pude, estaba atónito, así que solo me levanté y me fui a la cama. Yo esperaba que ya se le hubiese pasado la calentura, que al haberme violado y ahora que se la había mamado, me dejara en paz.

Al levantarme a la mañana aun tenia manchas de su semen, y aun perduraba su sabor en mi boca, cuando fui hasta la cocina, pase a su lado y me susurro al oído que aún tenia manchas de semen, parece que te gustó, y sentí como un calor tremendo corrió por toda mi cara, con los nervios había olvidado lavarme.

Durante todo el desayuno me miraba y cada vez que pasé a su lado se hizo el distraído y me acaricio la cola, solo deseaba que se fuera, que terminara el desayuno, quería quedarme solo y llorar, llorar de desesperación de sentirme usado, violado.

Me puse a preparar el almuerzo, pero esta vez traspire, pero no me desvestí, tenia tanto miedo de que volviera a aparecer y que me quisiera violar que no paraba de temblar.

Para mi sorpresa no vino a verme, y todos bajaron a comer en forma normal, así que pude distenderme un poco. Cuando todos se iban yendo, sortearon quien me ayudaba a levantar todo y lavar los platos, como todos los días, y yo me fui a la cocina a entrar a guardar la comida en la heladera.

Sentí como se cerraba la puerta del comedor, pero no di mayor importancia.

Cuando una mano me arrancó los pantalones supe que el mundo se me volvía a acabar, él ya me tenia agarrado de los pelos y me tiraba sobre la mesa de la cocina, y me quedaron las dos patitas colgando, y su voz volvió a retumbar en mi cabeza, querida vamos a volver a usar esa colita hermosa, y ya no hizo más falta que nadie me explicara más nada de nuevo, ál había decidido violarme nuevamente y eso era lo que iba a hacer.

Mi pecho rebotó sobre la mesa, y me pateó las piernas para abrírmelas busco mi ano con un dedo de su mano gruesa y encontrarlo y apoyarme su pija dura fue una sola cosa; ante el tremendo dolor trate de zafarme pero el me contuvo con fuerza diciéndome, pareces una yegua alzada que brinca sobre mi pija dura, por más que tratés de zafarte igual te voy a coger, me encanta esta colita de puta que tenés, y no me la voy a perder por más que grites.

Yo volví a experimentar un aturdimiento total, como se la cabeza me fuera a estallar en mil pedazos, los oídos se me tapaban, la respiración se me entrecortaba, me sentía ahogado, asfixiado, me costaba respirar, me sentía caer, y mas me dolía el ano, el cuerpo, mi cabeza, mas el me penetraba, como si disfrutara mi dolor, como si esa morbosidad lo excitara, esta vez me cuide de que no me volviera a pegar en las costillas, ese dolor me mataba.

Estaba desesperado, no sabia que hacer, trataba, y trataba de zafarme, hasta le rogaba que parara, que por favor no me violara más, pero él solo reía y me repetía, puta, puta, te voy a cabalgar como a una yegua, vas a ver como te voy a domar, agradece que no me pongo las espuelas.

Me parecía tan raro que yo estuviera ahí siendo violado por otro hombre que no podía entenderlo, el me decía que esta vez quería cogerme mas despacio, que quería disfrutar más de esa hermosa cola que yo tenia, que realmente era un lujo, que parecía bien cuidadita, que era muy suave, totalmente lampiña, que era la colita de una nena putita, y que una colita así era para cogérsela bien despacito.

Así que mientras me tironeaba del pelo, como si fueran sus riendas, y de esa forma me tenia bien empernado, seguía metiéndomela y sacándola y volviéndomela a meter, lubricándome me decía.

A mi me pereció una eternidad, el mundo me daba vueltas, más con el movimiento del barco, parecía que me estaba meciendo sobre su pija.

A final él decidió eyacular todo su semen dentro de mí y otra vez me inundó con sus jugos, adueñándose de mi cuerpo de una forma salvaje, animal, apuró su ritmo, y me hizo doler en cada penetración al estrellarme contra la mesa.

Gotas de sudor de su cuerpo caían en mi espalda, y también mi cuerpo estaba empapado por mi propia transpiración.

Su sudor era penetrante, un profundo olor a hombre que se me pegaba en mi cuerpo apretado, haciéndome s

entir que él me dominaba a su gusto. Cuando al final retiró su pene de mi cola, tuve de nuevo la sensación que su leche desbordaba por mis orejas, que todo mi cuerpo ya estaba lleno de su semen fresco.

Yo no tenia fuerzas ni para incorporarme, me quede ahí tendido, desprotegido, inerte; el acariciándome la cola que rebalsaba de su semen me notificó que acababa de decidir que me domaría, como se doma a cualquier yegua que se resiste a ser montada, así que como no podía aguantar todas sus ganas, me iba a coger dos veces por día hasta que solita cuando lo viera me desnudara para que él me coja, y que yo eligiera si quería hacerlo voluntariamente o sino la próxima vez iba a venir con otros compañeros para que lo ayudaran a tenerme, y vos ya sabes que si hago eso ellos también van a querer cogerte cuando vean la colita paradita que tenés.

Yo no podía creer lo que escuchaba, y esa sola idea me dio pánico, así que solo atiné a decir, bueno, si a vos te parece volvé a cogerme, total igual lo vas a hacer, y él rió, rió con ganas, y agregó, si a esa cola no me la pierdo por nada.

Así que esta noche cuando todos se acuesten espérame acá que voy a volver a penetrarte, así que lávate bien la colita y vení dispuesta a hacerme gozar mucho, si le dije, vení, vení que yo voy a estar acá, antes de irme me dejo un pomo de crema IM75 y me dijo póntelo que te va a calmar, y así destrabo la puerta y salió caminando como si nada.

Cuando se fue, lloré desconsoladamente, acababa de asumir que él me volvería a coger, y esta vez ya no seria violación, yo ya consentía que el me cogiera, de todas formas o consentía o me violaba, daba igual, y de esta nueva forma trataría de evitar que me doliera tanto.

Creo que me quedé dormido sobre la mesa, porque cuando reaccioné ya eran las cinco de la tarde, como mi cola y mis piernas eran un muestrario de semen pegado, rengueando me fui hasta el baño a ducharme, y me dio risa al estar lavándome el semen de él, para que volviera a llenar la cola de su leche.

Después de ducharme me pasé la crema que me había dado, y enseguida me calmó bastante, sobre todo el ano, que me dolía del desgarro del día anterior.

Mi mente en vez de estar puesta en la comida desde ayer estaba puesta en este monstruo que me violaba y al cual yo debía someterme ya voluntariamente o les contaba a todos o me volvía a violar a su antojo, no tenia tantas opciones.

Así que me resigné a esperar que transcurriera la tarde y llegara la noche.

Preparé la cena, les di de comer a todos, uno de los muchachos me ayudó a levantar y lavar todo, y ni bien se fue, me quedé solo pensando que en cualquier momento él entraría por esa puerta se desvestía, yo me debía desvestir también y que me cogería nuevamente.

Mientras pensaba en eso me fui desvistiendo, y al contemplarme en el reflejo de la heladera de acero inoxidable, por primera vez presté atención a mi cola, y tenia razón, era redondeadita y bien paradita, y sonreí al pensar que era más bien una cola de nena que de hombrecito.

Cuando al final lo vi entrar y cerrar la puerta con la tranca detrás suyo, yo ya estaba desnudo de pies a cabezas esperándolo.

Al verme silbó y me dijo la próxima vez quiero que te dejes las medias y los zapatos, me encanta vértelos puestos.

Acto seguido se acercó a mi y me dijo, esta noche te voy a cabalgar en forma pausada, y vos te vas a relajar y te vas a entregar para que yo te coja, y vas a tratar de gozar mientras te penetro, trata de sentir como entra mi pija dura en tu cuerpo, y vas a ver que lo vas a gozar; no pienses en que te estoy violando, pensá en que querés que te coja y que me estabas esperando.

Todo eso me lo decía mientras me acariciaba la cola con sus manos callosas, y así me dijo, pensá que sos mi putita, pensá que sos una yegua y que te voy a montar, pensá que te gusta que te coja.

Primero me dijo, me la vas a masturbar un poco, así que sentate en el banco y despréndeme el cinto y sácamela despacio y acaríciamela, áseme sentir que la querés.

Fui a sentarme donde me dijo, tome mis medias y los zapatos y me los puse, luego desabroche su cinto y abriendo su bragueta le saque el pene flácido afuera, y comencé a pajeárselo. Me encantó ver como enseguida reaccionaba a mis caricias, como

si yo fuera un experto en pijas ajenas.

Cuando estuvo casi parado me dijo mamámela un poco así se endurece, así que inclinándome me la metí a la boca y se la mamé un poco, y sin hacerse esperar se le puse redura, y seguí mamándosela.

Él me pregunto si me animaba a mamársela bien, así que asentí, no sea cosa que se enojara, al seguir chupándosela, creo que le puse demasiado empeño, porque su pija se puso como fuego y yo seguí prendidito a ella, entonces su pene se vertió en mi boca y sin que él me dijera nada empecé a tragarme todo su semen, y no me pareció feo esta vez, así que me la chupé todita, todita, sin protestar y sin hacer cara de asco, o tratar de escabullirme, y al sentirla correr por mi garganta hacia dentro de mi cuerpo, fui viendo como esa lechita caliente iba entrando suavemente como un torrente, pero no dije nada.

Cuando al final dejo de salirle leche de su pene, el me dijo que siguiera mamándosela que ya se le iba a poner bien dura de nuevo, y que recién ahí me iba a coger bien cogidita, así que simplemente seguí mamándosela despacio, tranquilo, dejando que se repusiese.

Cuando al final se le volvió a poner dura me dijo que ahora me iba a cabalgar como corresponde a un domador con su yegüita indomable.

Me hizo poner en cuatro patas sobre uno de los bancos y poniéndose en arcadas sobre el banco dejo que su pija corrieras libremente en la zanja de mi cola.

Esta vez lo deje hacer y no opuse ninguna resistencia, así que su pene duro rozaba en cada pasada a mi ano, y por primera vez note lo que eso me excitaba.

Las veces anteriores nunca me había dado cuenta que yo también tenia pene, pero esta vez vi como al rozarme con su pija mi ano, mi pene también se ponía duro de excitación, ósea que me gustaba que me lo roce o algo pasaba, porque eso me estaba excitando, y como.

Él me tomó de las caderas y en cada nuevo intento fue intentando puertearme el ano con su verga dura, hasta que en uno de esos buceos logró afirmar la punta de su pija en mi ano y ahí lo retuvo hasta que acomodó su cuerpo a mi ano y empujando despacio me la metió un poco, y aguantó a que mi ano se amoldara a su pija dura, para que no me doliera.

Cuando mi ano ya se había dilatado a la forma de su pija, él con un suave movimiento de cadera me la metió un poco, y la cabeza de su pene ya estaba dentro de mi cuerpo sin dolerme nada, y así siguió y siguió hasta que sentí como sus testículos golpeteaban contra mi cola, lo que indicaba que toda su verga ya estaba dentro de mi cuerpo, y esta vez lejos de dolerme me había gustado, lo había disfrutado, había sentido como me entraba despacio, suavemente, y él me cabalgo más distendido y esta vez no opuse resistencia alguna, fue una sensación distinta, placentera después de tanto dolor, de tanta humillación.

Creo que valoré que me haya penetrado sin hacerme doler, sin agresividad, hasta que en un momento el me dijo corcovea un poco, dale corcovea que me encanta, así que traté de moverme sobre su pene erguido, tratando de ponerme un poco de costado para que rozara sobre las paredes, el me dijo que se había lubricado demasiado, así que trate de apretarlo con mi ano como cuando voy al baño y el se volvió loco de placer, y me dijo así puta, así yegua, ves que sabes, ves que sos bien puta, y esta vez reí, y aunque parezca raro reí de placer.

Cuando al final acabó todo su semen dentro de mi cuerpo, lo sentí entrar e inundarme y tuve una rara pero linda sensación.

Cuando al final jadeante y exhausto saco su pene de mi cuerpo, sentándose a mi lado me dijo, vistes que te iba a gustar que te penetrara, mira le dije sos un hijo de puta, me violaste dos veces, me obligaste a mamártela, me pegaste, me amenazaste y ahora me decís que me gusta, si me dijo, vas a ver que día a día sino te resistís más y te dedicas a gozar, vas a ver que te va a encantar que te coja, bien cogidita, tenés un físico de yegua, y tenés cola y alma de puta, se te ve en la cara de chupa pija que tenés.

Si no hacia todo eso que vos decís, vos no hubieses aceptado que te cogiera de buen grado, así violándote por la fuerza en dos días ya te diste cuenta que sos una yegua y bien puta, y que te gusta chupármela y que mi pija te vuelve loca, y que saboreas mi semen como si fuera un juguito de fruta.

No le dije, pero mi voz ni siqui

era sonó convencida para mi.

Él me preguntó si quería que nos fuéramos a duchar, y como estaba retranspirado y lleno de semen acepté.

Ya en el baño bajo la ducha los dos cuerpos desnudos él empezó a acariciarme de nuevo, y me dijo que yo lo pajeara un poco, así que acepte, y juego va, juego viene, me dio vuelta, me apoyó sobre la pared, abrió mis piernas y me penetró bajo el agua caliente corriendo por mi cuerpo, y ahí me hizo gozar hasta retorcerme de placer, y cuando me vio jadeando como una nena puta me dijo así, así yegua, así puta, así goza, goza con mi pija, así que solo le dije seguí, seguí, hasta que su semen corrió libre dentro de mi cuerpo.

Cuando nos estábamos secando le confesé que esta vez lo había disfrutado tremendamente, si me dijo y así va a ser a cada rato, hasta que me ruegues que te coja, y te vuelva a coger, y le dije que nunca hubiese pensado poder disfrutar mientras me penetraban.

Esa noche al acostarme estaba feliz, relajada.

A partir del día siguiente no había momento que él me viera que no me penetrara, me cogía a la mañana, después de comer, y ya a la otra noche me fui a su cama, y me quedé bien dormidita mientras que él me empornaba y me dejaba su pija dentro de mi ano toda la noche.

A la tercer noche de dormir con él en su cama, y después de haberme cogido apasionadamente, me dijo que me daba permiso para que si quería podía coger con los demás marineros, pero que yo era su yegua, su putita, y que primero siempre estaba él para coger; yo lo miré sorprendida, y le dije que no pensaba coger con otros, que estaba bien en la cama con él, si me dijo, pero lo que pasa es que yo siempre inicio a las putitas que se hacen las remolonas, hasta que se dan cuenta que les gusta que se las cojan bien cogiditas, y luego las comparto con los demás, por eso ellos siempre aceptan que las putitas sean mis hembras.

Yo me quedé absorto mirándolo a la cara, tenia ganas de matarlo, así que casi atragantándome le dije, o sea que todos saben que me violastes dos veces, si claro me dijo, por eso no apareció nadie mientras te cogía, pero bien que espiaban por la puerta mientras te domaba, ya todos saben lo buena que sos en la cama y lo que te gusta que te cojan.

Pero no te enojes, esta todo bien, a ellos les encanta que sea así, y ellos antes de que te bajes del barco hacen una vaquita y te dan dos sueldos extras por la cogida, eso si te van a coger a cada rato, no te olvides que somos como quince y algunos de ellos te va a penetrar todos los días como yo, así que ya tuviste cinco días livianos, desde mañana sos puta de 24 horas y vas a ver que te va a encantar, y ellos te van a ayudar a cocinar.

Descansa tranquila, que mañana ellos se van a sortear los turnos entre ellos y de a uno van a irte a buscar, así que el que aparezca ya sabes a que va, va a cogerte, a algunos les gusta más que se la mames, y a otros te van a pedir que se la mames y cogerte, cada uno tiene sus gustos, están los que les gusta llevarte a la cama, y otros te querrán coger en la ducha, pero eso si, todos te van a coger bien cogidita.

Así que pensé si uno solo me había violado, si todos los marineros me querían coger, no tenia lugar a donde escaparme en altamar, así que como había visto que me encantaba que me penetren, y tener una linda pija bien metidita en la cola, me relaje, y me dispuse a gozar de cada polvito.

Cuando me levanté él me dijo que de aquí en más yo me llamaría yegua alzada, porque eso era lo que era, una putita que le encantaba que la cabalguen, y que ya estaba bien domadita y lista para coger y mamar.

Yo no se como hice, pero que lo disfruté, lo disfruté tremendamente, y ese cambio en mi vida fue total, llegué a que me cogieran unas seis veces por día, y a todas las disfrutaba, y ni hablar de las mamadas, tomaba más leche que recién nacido, tenia mamaderas de todo tipo, y más las ordeñaba, más leche les sacaba, y me encantaba sentir como ese semen fresco, caliente corría por mi garganta a cada rato, había días que solo me alimentaba a semen.

Cuando el viaje llegó a su fin, no quería bajarme, me encantaba estar con ellos siendo su hembra, su yegua alzada, disfrutaba siendo penetrada, y no hubo noche que no durmiera en la cama de uno de ellos con su pene en mi ano.

Ya los últimos días atendía de a dos o de a tres a la vez, mientras

uno me penetraba a otro se la mamaba, y a un tercero lo empezaba a pajear para ir poniéndomelo en forma, y experimenté las mil y una forma de ser cogida, pero la que más me gustaba era hacerlos sentar y yo abrazarlos mientras me dejaba caer sobre sus pijas duras y realmente como una yegua bien alzada cabalgárselas, y sentir como me penetraban salvajemente cada brinco.

A veces dejaba que la leche me corriera por las piernas y iba goteando el piso al caminar, y me sentía bien al hacerlo, era como decir que me encantaba que me haya cogido el ultimo macho y que quería guardar la sensación de su semen lo más posible dentro de mi cuerpo, y que inundara su aroma.

La ultima noche me organizaron un happening de despedida así que terminamos todos desnudos en el salón comedor, y no pararon de penetrarme, hacíamos el trencito y siempre tuve una pija dura en el ano, mis manos siempre estaban ocupadas con pijas duras en la mano y mi boca no paraba de tragar semen fresco, creo que me tomé más de un litro de leche de despedida, y algunos golosos me cogieron a cada rato hasta la madrugada que quedamos tendidos en el piso de cansancio.

Antes de bajar el capitán me llamó a su camarote, me dio un sobre con la plata que me habían juntado los muchachos, y me agradeció lo bien que cogía, y que los muchachos estaban reconforme conmigo, que cuando me había contratado nadie pensaba que yo me iba a defender en la cama por mi edad, pero que cuando él vio como el grandote me domaba, y la cola que tenia supo que iba a andar de lujo.

Así que sin vueltas me pidió si quería quedarme otra marea hasta que el antiguo cocinero se repusiera bien, así que no había terminado de decirlo que salí corriendo a decírselo a los muchachos, que alguno aun estaba medio tumbado y desnudo de la fiestita.

Volví a revivir, y me pase otros cuarenta días de sexo brutal, me encantaba ser cogida, y cuando había bajado ese medio día en el puerto antes de volver a salir a la mar, lo había dedicado solo a comprarme lencería femenina, pinturas y bijouterie, así que toda esa marea la hice vestidita de nena las 24 horas, si iba a ser su putita, quería serlo completita, y ellos lo disfrutaban tremendamente.

Recién ahora recordando esos momentos, me doy cuenta de que estaba ya en la cama del grandote por primera vez, jamás tuve deseos, ni me acordé que yo también tenia un pene, y creo que en esa dos mareas se me fue resumiendo tremendamente, quizás por la gran cantidad de semen que consumía, quizá por mis deseos de ser cogida, pero la verdad era que ya casi ni se me notaba, y que no me molestaba para nada.

Hoy ya me desembarqué, y mi colita me suplica que la usen seguido, y mi boca esta sedienta de semen fresco, así que te dejo mi email por si necesitas compañía.

Autor: Yeguaalzada yeguaalzada (arroba) yahoo.com.ar

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