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Un buen arreglo

2 de Julio de 2009
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El sabor y olor de su coño caliente es delicioso, recorrí sus labios vaginales, le succioné el clítoris, hasta que se tapó la boca y apagó un gemido. Ya para entonces se me hacía agua el pito. La penetré, primero lento para acomodarme entre ese par de piernas, no se me olvida la cara que hizo al sentir la presión de mi verga en su coñito, abrió las piernas para permitirme entrar mejor.

Soy una persona dedicada al desarrollo de software y como muchos me divierto mucho en el internet. Me gusta entrar a páginas de contactos y he hecho algunas amistades.

Apenas hace unos días se me ocurrió poner un anuncio en cierta página con el titulo de “un buen arreglo”, en donde solicitaba el intercambio de sexo por ayuda económica, me describí como hombre maduro en busca de una relación fuera de ligas sentimentales, solo de sexo. La verdad lo hice más por morbo y curiosidad. Los resultados fueron lejos de lo que yo esperaba. Yo creo que la situación económica actual es la causa número uno de ello, pero empecé a recibir correos de varias personas que solicitaban información.

Algunas ya no volvían a escribir y otras me hacían llegar sus dudas. Al fin para no hacer la historia larga hubo dos correos que me llamaron la atención y decidí probar con uno. El correo donde una chica aceptaba mi propuesta, se describía como de 26 años, estatura de 1.69, morena y caderona. Lo que me llamó la atención es que ella tenía la fantasía de tener una cita a ciegas. Así que le contesté y le di el número de teléfono de la oficina. Ella respondió que me llamaría al día siguiente y no lo hizo. Yo pensé que no le había interesado.

Al tercer día recibí su llamada, disculpándose de no haber podido hablar el día anterior, su desempeño en el teléfono era muy fluido, yo sin embargo estaba bastante nervioso, pero con la plática me fui relajando. Por fin le dije si podía el miércoles de la siguiente semana a mediodía, ella revisó su agenda y me contestó que no tenía ningún problema, que sí podía. Quedamos de vernos en la estación del metro Balderas, en la línea verde (universidad-indios verdes), debajo del reloj. Ella me pidió algunas señas particulares y quedamos los dos de ir vestidos de negro para rápida identificación.

Llegó el día, llegué a Balderas casi rayando a la hora que habíamos quedado, sin ningún problema la identifiqué y nos saludamos. Efectivamente la descripción que me había dado correspondía fielmente a como era. Empezamos a caminar y a conversar, plática ligera y nos dirigimos por mutuo acuerdo a la estación de Salto del Agua, pues casi saliendo de la estación se encuentra un hotel. Llegamos al hotel y nos instalamos, yo pasé al baño a tirar los nervios.

Cuando salí ella estaba tomando agua, yo también tomé un poco y nos quedamos viendo. Entonces me dijo: “yo no he estado en una situación igual”, así que… Me le acerqué y empecé a abrazarla, comencé a besar su cuello y acariciar su cuerpo sobre la ropa, llevaba un vestido largo abajo de la rodilla, pero estaba entallado y dejaba ver las líneas de su cuerpo. Ella también se soltó un poco y nos empezamos a besar. Nuestras lenguas se encontraron y el nivel de respiración de ambos se empezó a agitar. Entonces quise desabotonarle el vestido, pero no encontré la forma, ella se rió y se lo quitó, yo le ayudé, me quité mi camisa y acomodé su vestido. La visión fue todo un espectáculo, llevaba ropa interior negra trasparente, lo que dejaba ver un par de suculentas tetas y un negro pubis.

Volví a ponerme junto a ella y le besé el cuello, la espalda, le recorrí cada centímetro de su espalda, sus hombros, su cuello, hasta llegar a sus oídos. Bajé cada uno de los tirantes de su sostén y me tomé todo el tiempo para besarle sus hombros. Desaté el sostén y dejé libre el par de tetazas que tenía, yo en su espalda jugaba con mi lengua, mientras cada una de mis manos hacía presa de sus bubis, mis dedos se regocijaron con sus pezones, que estaban duros y erectos. Me puse en frente de ella y los besos de lengua siguieron, hasta que puse atención sobre sus tetas, le lengüeteaba los pezones y mis manos no dejaban de masajear sus nalgas y sus piernas.

Luego la hice que se acostara, para lo cual aproveché para deshacerme de mi pantalón y mi bikini. Le besé las piernas, que por cierto las tiene muy bien torneadas y duras. Utilicé mi lengua para recorrer su entrepierna, hice dibujos con mi lengua entre sus muslos, hasta que le quité su bikini negro. Ufff casi me infarto al ver que tenía muy recortadito y delineado su pubis, subí mi cara hasta su pubis y jugué un poco con el vello, recorrí sus ingles con mi boca, de vez en cuando volteaba a verla a la cara, ella tenía los ojos cerrados y se sostenía de las almohadas, cerrando sus puños, inclusive arañaba la cabecera, por lo menos lo estaba disfrutando.

Seguí mi camino hasta empezar a lengüetear su vagina, uuummm, el sabor y olor de su coño caliente es delicioso, en mi boca podía sentir el calor que emite, primero recorrí sus labios vaginales y poco a poco fui haciendo espacio entre ellos con mi lengua, le succioné el clítoris y eso fue sensacional, hizo que empezara a balancear su cadera, tuve que hacer buen ejercicio en mi cuello para continuar haciendo presión de mi lengua sobre su clítoris, hasta que se tapó la boca y apagó un gemido. Ya para entonces se me hacía agua el pito.

Me puse el condón y la penetré, primero lento para acomodarme entre ese par de piernas, no se me olvida la cara que hizo al sentir la presión de mi verga en su coñito, abrió las piernas para permitirme entrar. Comencé a besarle el cuello y sus tetas, mientras mi miembro empezaba con su vaivén de entrar y salir. Fui aumentando el ritmo, pero ella empezó a moverse de una manera deliciosa, que tuve que pedirle que parara porque me iba a hacer eyacular muy pronto. Dejó de moverse y de nuevo empecé a moverme lento, hasta que la sensación de venirme desapareció.

Así como estaba en la clásica de misionero, a mí me encanta hincarme enfrente a la mujer y subir sus piernas y recargarlas en mi pecho, eso me permite penetrar y mover mi cintura a muy buen ritmo. EL efecto es avasallador, ella ponía una cara de viciosa y me decía que se sentía muy rico. Sus palabras me hacían ponerme como loco, y arreciaba mis embestidas con más fuerza, es rico oír el golpeteo que se genera entre las pelvis de ambos contendientes, ¡plaz!, ¡plaz!, en cada embestida, más si las sujetas por las piernas y las tomas como punto de apoyo, te permite empujar con más fuerza. Pasados unos minutos tuve que parar pues sentía que me acalambraba. Me salí de ella, y le dije que le tocaba arriba. Yo puse una almohada sobre la cabecera y me recargué, ella se subió en mí y enterró mi verga en su vagina nuevamente.

Entonces si le dije: “ahora si muévete mamacita”, ni tarda ni perezosa, apoyó una de sus manos sobre la cabecera y la otra sobre mi pecho, y empezó a moverse de una manera frenética, yo sentía como mi verga entraba y salía, en uno de esos movimientos hasta se salió. Le acariciaba sus tetas y le acompañaba los movimientos poniendo mis manos en su cintura. Nuevamente se llevó una mano a la boca y emitió un gemido, se siguió moviendo muy lento hasta que se desplomó sobre mí, me besó en la boca y me dijo: “¿no te quieres poner atrás?”. Yo me puse atrás de a perrito, pero me quedaba muy alta, le dije que se pusiera más bajita y así logré penetrarla, pero estaba incómodo, hasta que le dije que se acostara de plano, entonces si, apoyé mis rodillas y empecé a penetrarla. Le besaba la espalda y ya no pude contenerme más y me vine, ella al darse cuenta, con sus manos me sujetó.

Yo podía sentir cada chorro que mi verga emitía, y la sensación del afloje de todos mis músculos que minutos antes estaban tensos. El recorrido de ese escalofrío y la sensación única de una venida. Me salí de ella y me di la vuelta sobre la cama, todavía sin poder controlar mi respiración y el temblor en las piernas. Pasados unos minutos me paré para retirarme el condón y lavarme la cara pues estaba bañado en sudor. Continuamos conversando un rato y pasado un tiempo volvimos a comenzar, pero ese palo se los contaré en otro relato…

Lo que puedo concluir es que si fue “un buen arreglo…”

Autor: divorciado

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