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Un dios para ellas I

21 de marzo de 2011

La vieja tenía sus manos sobre la bola de cristal cuando Josh empezó a sollozar. El hombre tenía unos treinta y cinco años y su cuerpo aún era de niño. Su aspecto denotaba una clase de debilidad propia de los perdedores natos. Su pelo era grasiento y peinado con un esmero ridículo.

―No atraigo a las mujeres, no llego a poder acercarme a ellas. Ayúdeme, por favor  ―El hombrecillo se sorbía la nariz mientras pronunciaba su plegaria.

La vieja sonrió mientras veía como su polo de listas verdes le quedaba holgado allá donde mirara. La delgadez de aquel hombre era patética.

―Yo podría ayudarte, Josh, pero para ello deberás hacer un sacrificio.

―Haré todo lo que sea, lo que sea.

La vieja respiró hondo y se levantó de la silla. Fue directa a un mueble del fondo de la habitación y sacó una caja negra del interior de uno de los armarios. Volvió y abrió la caja ceremoniosamente. Extrajo un bote de pastillas, un frasco con spray vaporizador y unas llaves.

―Esto solo se lo dí en una sola ocasión a un hombre y no supo dosificar su poder. Debes ser muy racional para sobrellevar todo lo que te voy a dar. ¿Ves estas pastillas? Tomarás una todos los días. Ella te proporcionará un cuerpo de dios que ninguna mujer en el mundo podrá resistir. Es un cuerpo de una atractivo indecible, provocador, peligrosamente erótico. Ese cuerpo de músculos perfectos e imponentes serán tuyos para siempre, solo necesitarías ejercitarlos un poco para mantenerlos. Pero cuidado, si entrenas más de lo debido, podrías provocar una peligrosa revolución hormonal en tu interior. Toda tu musculatura te crecerá y por supuesto también tu pene. Será de unas dimensiones extra-grandes de un aspecto realmente impactante: tu polla y tus huevos serán auténticos monumentos a la virilidad. Y además tendrás la capacidad de provocar con la penetración un placer en una mujer difícil de describir, digamos que babearán de gusto… Este frasco que ves contiene una fragancia muy especial, es un perfume que te envolverá de un olor que despertará en el sexo opuesto el deseo más salvaje. Este olor que perdurará a tu alrededor más de dos días seguidos con tan solo una gota hace que las mujeres se humedezcan inmediatamente. Algunas incluso se correrán encima sin tocarse, delante de ti. Otras se te lanzarán a chupártela sin mediar palabra… Incluso estando su marido delante, les dará igual. Si son capaces de contener sus impulsos, no te quepa duda de que pensarán en ti para el resto de sus vidas siempre que follen con sus maridos, novios o amantes. Por último, estas llaves abren la puerta de un deportivo, un Maserati GranTurismo negro que tienes aparcado en la puerta, además, con esta otra llave podrás abrir la puerta de un chalet muy lujoso en una zona excepcional. Piscina, sauna, todo lo más selecto para dar rienda suelta a tus fantasías. Allí tienes toda la ropa de las mejores marcas, joyas de último modelo y una tarjeta de crédito para usarla como quieras.

El hombre cogió los tres objetos con agonía y salió inmediatamente de la aquella habitación. Al salir a la calle vio el Maserati. Se subió y conectó el GPS que lo llevó directamente al chalet que le comentó la vieja. Esa noche durmió en una cama de agua con un espejo encima. Se tomó la pastilla y se echó a dormir. A la mañana siguiente, al levantarse ya notó que su físico no era igual. Se quitó la ropa como pudo, ya que le quedaba muy estrecha, incluso tuvo que cortarse el pantalón con unas tijeras ya que los muslos le impedían sacárselos. Se miró al espejo y se quedó impresionado por su nuevo aspecto. Un desarrollo muscular espectacular. Pectorales imponentes, inflados, bíceps de escándalo con unas venas cefálicas insultantes, abdominales marcados con absoluta perfección, glúteos de infarto, y un paquete amenazador abultando sus viejos calzoncillos horteras de siempre. Al quitárselo lanzó una exclamación de puro entusiasmo:

―¡Joder qué pollón!

Al mirarse en el espejo vio como le caía entre las piernas toda una obra de arte. Una polla gorda y larga como su antebrazo, y eso que estaba flácida. Los huevos eran del tamaño de dos manzanas, firmes y duros.

―Uff, qué pasón.

Lo único que le parecía desentonar un poco con el resto de su imagen era el excesivo vello en pecho y pubis. Pensó que esa misma mañana iría a un centro de depilación. Acto seguido se duchó. En la ducha comprobó que tenía cinco clases de gel distintos, cada uno de perfumería cara: Gel de ducha de Acqua di Gio, Le male, Boss Bottled y uno de Dolce & Gabbana. Cogió el de Le male. Al mirarse en el espejo del baño, de estilo italiano, comprobó que su rostro era muy similar al paradigma de hombre sexy de todas esas revistas de moda. Moreno, ojos de un verde hipnotizador, barba de chico malo y peinado arrebatador. Se echó gomina Lacoste y se vistió. Eligió una camisa blanca de Dolce & Gabbana, pantalón vaquero de Armani muy ceñido y botas con puntera. Las gafas de sol de policía de Dolce & Gabbana y la tarjeta de crédito, ah, se le olvidaba, el perfume: cogió el frasco y se pulverizó una vez sobre el pecho. Antes de marcharse, decidió que se echaría otro justo en el ombligo. Se acordó de lo que la vieja le advirtió, que solo se echara una vez. Bueno, a ver qué pasaba.

  1. La depilación

Al entrar al centro de depilación se encontró delante de él a la recepcionista. Una chica de unos veinticinco años, rubia teñida con el pelo liso al estilo japonés. Su rostro era muy sexy y lo que volvía loco a Josh eran la forma de sus pestañas cuando cerraba los ojos, eran escandalosamente largas. Estaba vestida con una camisa negra ajustada que dejaba adivinar sus tetitas pequeñas pero firmes a través de un escote insinuante. La chica detuvo la respiración cuando lo vio.

―Hola ―dijo hipnotizada. ―¿Qué te puedo hacer? Perdón, ¿en qué te puedo ayudar quiero decir?

Josh notaba que la cara de la chica adquiría un tono rosado y que sus ojos brillaban. La chica inspiró el aroma de Josh y se cruzó de piernas, dejando salir el aire como si estuviera sufriendo un bochorno.

―Quiero depilarme, pero no puedo esperar. Tiene que ser ahora mismo, nena.

―Claro, lo que tú digas ―A la chica parecía encantarle aquel tono de autoridad. Se levantó y se fue para el interior. Josh pudo ver que vestía unos vaqueros muy ajustados que le marcaban un culo perfecto. Las nalgas eran firmes dibujando una entrepierna holgada y sexy. Los muslos no rozaban, sino que estaban un poco separados por estar delgados. Las piernas eran largas y marcaban el paso con autoridad y determinación. Josh vio un detalle que le calentó. Llevaba tacones blancos con la puntera abierta y se entreveía la costura de unas medias color carne que cubrían unos deditos muy delicados. Los empeines también se veían tostados por la sensual textura de las medias. Josh disfrutó pensando que en fueran unas pantimedias que le cubrieran todo aquel culito irresistible. Mientras la chica volvía, Josh se sentó notando sus bíceps estirar la tela de la camisa hasta casi partirla. Al momento volvió la chica y al verlo pareció marearse un poco, pero se recompuso.

―Perdona, pero no te pueden atender.

―Nena, a mi nadie me dice que no.

―Por supuesto, verás. Te puedo depilar yo misma si tú quieres.

―No sé si te lo mereces, ¿sabes? Depilarme a mí es una de las mejores cosas que le pueden suceder a una tía, y no sé si tú, niñata, te mereces un premio así.

La chica se mordió el labio y cerró los ojos. Cruzó las piernas como si estuviera meándose.

―Por favor, tío, déjame depilarte, te pagaré si quieres, pero por favor, déjame depilar tu cuerpo.

―Está bien, ¿cuánto dinero tienes?

A Josh le puso a mil que aquella rubia espectacular le ofreciera dinero para que la dejara depilarlo. Su polla empezó a endurecerse presionando sus vaqueros ya de por si estrechos. La chica vio su entrepierna y puso los ojos en blanco.

―Tengo casualmente la tarjeta de crédito de mi novio, te puedo hacer una transferencia de cien euros, más no porque no podría justificarlo ante él.

―¿Crees que valgo cien euros? A ver la cuenta de ese cornudo.

La chica corrió al ordenador y tecleó unas claves.

―Tiene mil cien euros en la cuenta ―dijo sin respiración, nerviosa y excitada.

―Pues quiero los mil cien en esta cuenta ahora mismo y dejaré que me depiles. Quiero pecho, vientre, ingles, huevos y culo.

La chica empezó a salivar.

―¿Huevos y culo?

―Si, puta, eso he dicho.

La chica tecleó rápido.

―Ya está. Vamos por Dios, vamos adentro ―le suplicó la chica.

Entraron en un cuarto con una cama y utensilios de depilación.

―Desnúdate, por favor ―dijo la chica algo impaciente.

Josh se quitó la camisa dejando al descubierto todo su torso desarrollado. Notaba los músculos hinchados y duros. La chica se mordió el labio otra vez. Estaba muy cachonda. Josh se quitó los pantalones quedándose en unos calzoncillos negros de Calvin Klein con un paquete espectacular. El olor de su perfume inundó el cuarto. La chica cogió la espuma y la roció sobre el pecho de Josh. Empezó a rasurarlo con una cuchilla mientras le lamía los pezones con una dulzura reverencial.

―Nunca has visto un cuerpo así, ¿verdad puta?

―No, tío, nunca. Eres un dios. Y qué bien hueles, creo que me he corrido dos veces ahí fuera, ¿sabes? Jamás he sentido una cosa igual en mi vida. Joder, qué brazos. Un brazo tuyo es más grande que mi novio entero, qué barbaridad.

Cuando terminó de depilarle el torso se arrodilló para enfrentarse a aquella polla que se adivinaba gigantesca debajo del aquellos calzoncillos supercaros. La chica le bajó los calzoncillos y recibió como regalo un pollazo en toda la mejilla que sonó como una palmada hueca. Josh se rió de lo entregada que tenía a aquella tía arrodillada a sus pies. La chica lanzó una exclamación de admiración. Sus preciosos ojos color miel estaban absortos ante aquel ejemplar.

―Dios mío, es enorme. Es increíble, vaya pollón que tienes. Mmmmm y huele a perfume de hombre, mmm… Joder tío, ¿eres real?

―Vamos zorra, depílame que quiero tener todo esto suave como la seda.

―Oh sí.

La chica rasuraba con cuidado mientras intentaba manejar toda aquella carne sin excitarse demasiado. Sufría de pequeños orgasmos casi continuos. Tener aquella polla y huevos entre las manos le provocaba una especie de espasmo uterino nunca antes experimentado.

―¿Dime? ¿Te gusta mi polla más que la de tu novio?

La chica lo miró incrédula. No sabía si aquella pregunta iba en serio. Lanzó una risa histérica.

―¿Lo preguntas en serio?

―Dilo.

―¡Sí, por Dios! ¡Eres más guapo, más sexy, más atractivo y desde luego tienes una polla el triple de grande! ¡Me vuelves loca! ¡Fóllame aquí y ahora por favor!

Josh no daba crédito a aquellas palabras pronunciadas por aquella tía tan buena. Jamás hubiera pensado, ni en sus fantasías más secretas, oír aquellas palabras. Su polla estaba dura como una roca. Medía sin duda más de veinticinco centímetros de larga y su grosor le daba un aspecto de robustez que le encantaba. Su polla caía sobre la frente de la chica y le ocultaba toda la cara. Las venas que rodeaban su miembro parecían a punto de estallar. En realidad todo su cuerpo presentaba una vascularidad extraordinaria. Ella gimiendo, seguía concentrada en depilarle los huevos con mucho cariño.

―Me ha encantado ver cómo desplumaste a tu novio para que te dejara depilarme.

―Haría cualquier cosa por ti ―dijo jadeando.

―¿Aún no me has dicho tu nombre?

―Me llamo Sofía ¿y tú?

―Soy Josh, y por cierto no necesito el dinero de tu novio para nada.

―Lo sé, se nota que debes de estar forrado.

Sofía se incorporó y salió de la habitación. Josh pudo comprobar que los vaqueros estaban todos mojados por detrás. Era imposible que aquella tía se mojara tanto mientras lo depiló. Al salir, volvió la mirada para ver a Josh allí de pie, con su tremenda polla tiesa y aquel cuerpazo musculoso. Al instante, entró de nuevo con un móvil pegado a la oreja y la mirada lasciva. El pelo le flanqueaba el rostro con un desorden irresistible.

―Cariño, ¿estás en casa? Hoy llegaré un poco más tarde, ¿sabes? Estoy depilando a un tío y creo que me voy a entretener.

Josh estaba alucinando con la perversión de aquella putita. Llamó al novio para explicarle lo que estaba haciendo. Empezó a dudar en los límites de la situación.

―Por cierto, si te conectas online al banco posiblemente veas que tienes la cuenta a cero, cariño. Es porque le he pagado a este bombón con tu sueldo para que me deje afeitarle los huevos. No lo entiendes, lo sé, pero deberías estar en mi piel, cariño, y mirar esta polla que tengo delante de mí. Es preciosa, enorme, me he corrido solo de olerla, así que imagínate cómo me tiene. Pondré el manos libres para que oigas todo, ¿vale?

Josh estaba boquiabierto, no daba crédito.

―¿Cariño?

―¿Qué está pasando? ―Era la voz de un tío al otro lado del teléfono.

―Ahora mismo le voy a afeitar el culo. Date la vuelta, Josh, por favor. Se llama Josh, ¿me oyes?

―¡Mierda! ¡Qué coño estás diciendo!

Sofía miró a Josh casi febril.

―En el fondo es un cornudo consentido. Llevo mucho tiempo con esta fantasía.

―Bien, pues aféitame el culo, zorra, vamos.

Sofía aplicó una buena cantidad de espuma alrededor del ano de Josh y comenzó a afeitarle delicadamente.

―¡Qué culo tiene este tío, cariño! Estoy salivando.

Sofía se quejaba de gusto mientras le pasaba la cuchilla a Josh por la raja. Al fondo se oía la respiración nerviosa del novio cornudo.

―Ahora lame ese culo, puta. Quiero que tu novio oiga cómo te corres mientras me lames el culo.

Sofía empezó desesperadamente a propinarle lametazos cortos y muy seguidos al ano de Josh, quien notó una erección casi dolorosa.

―Ah, mmm, gracias por dejar que te lama el culo. No me lo merezco, soy una afortunada. Vamos cariño, dale las gracias a este macho por dejar meter mi lengua en su ano ―jadeaba Sofía fuera de sí.

―¡Vete a la mierda puta! ¡No puedo creer que me estés haciendo esto!

Josh se tuvo que agarrarse a la mesa para no perder el equilibrio. Un hilo de presemen le colgaba de la polla, mientras las manos de Sofía le sujetaban fuertemente los muslos para comerle el agujero bien comido.

―¡Será cornudo el hijo de puta! Te habrás lavado la boca hoy, ¿no puta? No me gustaría pensar que estas limpiando mi culo con una lengua sucia, petarda.

―Me he cepillado muy bien la boca hoy.

La lengua de Sofía repasaba en círculos el ano de Josh para bajar hasta los suaves huevos, darle varios lametazos hasta dejarlos húmedos y volver a centrarse en rodear el agujero, incluso en introducirle la lengua levemente. Aquello le creaba una sensación única a Josh, toda aquella situación se estaba desbordando. En un arrebato de virilidad, se volvió y cogió a Sofía por el pelo zarandeándola como si fuera una muñeca.

―¡Abre la boca, puta, vamos! ¿Quieres una polla de verdad?

Ella solo asentía totalmente desfallecida por los continuos orgasmos que la invadían. Josh la abofeteó con fuerza.

―¡Dilo, puta, que te escuche tu novio!

―¡Siii, fóllame la boca con ese pollón, por favor!

Josh sujetó la cabeza de aquella rubia y empezó a clavarle la polla hasta el fondo de la garganta con una actitud salvaje y descontrolada. La chica empezó a tener arcadas al sentir aquel enorme miembro llenarle toda la boca, pero Josh agudizaba el ahogo taponándole la nariz para impedirle la respiración por dos o tres segundos. Se estaba divirtiendo de lo lindo. Cuando Sofía estaba a punto de desmayarse, le sacaba la polla de golpe, dejando que escupiera todo el presemen que colgaba en finos hilos de su barbilla. Aquel trato vejatorio la estaba poniendo a mil por horas.

―¡Sí, fóllame la boca! ¡Un poco más, por favor! ¡Venga!

―No me des órdenes, puta!  ―le gritaba Josh mientras la volvía a abofetear.

Tras varios minutos de sexo oral totalmente salvaje y enfermizo, Josh le bajó los vaqueros dejando al descubierto un culito realmente precioso. Un tanga rosa se veía debajo de la tela de unas pantimedias color carne totalmente irresistibles. Una enorme mancha húmeda le ocupaba toda la entrepierna.

―Joder, cornudo, si vieras lo mojada que está tu novia.

―Tú jamás me has puesto tan mojada, cariño. No podrías, no sabrías… ―le aseguró Sofía a su novio con voz temblorosa.

―Está como una fregona la muy guarra. Y además lleva unas medias muy sexy, tal y como a mí me gustan.

Josh deslizó su grandiosa polla entre los muslos de Sofía que se arqueó al notar aquel pedazo de carne rozarle los muslos por encima de las medias. Josh comenzó a moverse y a dejar que su polla sintiera la textura de las medias, frotando su coño.

―¡Dile que me folle, cornudo! ¡Quiero oír cómo se lo pides, vamos! ―Ella dejaba caer su cabeza hacia delante, ocultando su rostro por aquel pelo liso al estilo japonés.

―¡Muérete, puta! ¿Por qué me haces este daño? ―lloriqueaba su novio desde el manos libres.

―¿Ves que nenaza es mi novio?

Josh le bajó las pantimedias y el tanga y le introdujo lentamente la polla en el coño. Al tocarle el clítoris con los dedos se dio cuenta de que lo tenía prácticamente depilado, salvo por una fina línea vertical que dividía su pubis. La polla se abrió camino entre aquel coño chorreante y comenzó a follarse a aquel bomboncito intercalando una potencia descomunal con una suavidad enloquecedora.

―¿Te gusta ponerle los cuernos a ese maricón?

―¡ME ENCANTA, SIII, Y CONTIGO MÁS! ¡JAMÁS ME HAN FOLLADO ASÍ, JODER, QUÉ POLLA, ME TIEMBLA TODO!

La polla de Josh llegaba dónde jamás había llegado ningún hombre en Sofía. Cada embestida le provocaba auténticos calambres de placer que recorrían toda su columna vertebral cruzando el vientre con un hormigueo de gozo, para, a través del ano, bajarle hasta los tobillos con una especie de chorreo eléctrico. Sofía empezó a gritar. Josh podía estar horas en esa posición, lo sabía, podía follársela cuánto y cómo quisiera, su cuerpo respondía a la perfección. La folló por detrás, la subió a horcajadas encima suya, empalándola con dureza, la estuvo sodomizando hasta que su culo quedó tan dilatado que parecía la base de una botella, estuvo más de una hora y media empujando como loco mientras el manos libres recogía cada una de las expresiones de ambos, cada jadeo, cada grito, cada súplica de ella, cada sucia palabra que brotaba de aquellas bocas lujuriosas.

―Quieres probar mi leche, puta barata?

―¡Joder, sí, dámela!

Josh podía decidir cuándo correrse, tenía el poder absoluto sobre su cuerpo. Decidió que Sofía había recibido suficiente y la arrastró del pelo hasta colocarla de rodillas frente a él. Los ojos de ella eran suplicantes, como los de una cachorrilla que deseaba más  comida. Sus pantimedias caídas hasta los tobillos le daban un aspecto de muñeca humillada muy sexy. Josh comenzó a menearse aquel majestuoso manubrio de nervios y explotó por fin en un chorro abundante de semen blanco y espeso en la boca de Sofía. El olor que desprendía el semen no era habitual, olía a cuero y madera, una fragancia viril que inundó la estancia.

―Gracias, gracias ―balbuceaba Sofía mientras tragaba la leche de Josh. ―Tienes un sabor espectacular, tío. Increíble.

Ella desvió la mirada al móvil y sonrió.

―Ha sido único, cariño. ¿Me oyes? Jamás había echado un polvo así con ningún tío.

―Te odio ―dijo aquel cornudo.

Continuará…

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