Un recuerdo inolvidable

Hola muchacho, no me queda más que escribirte esta carta.

Hoy mis manos, tuvieron a bien recordar aquel momento en que mis ojos descubrieron sobre la superficie de tus pants una protuberancia que le indicaron a mi emoción, que era ahí hacia adonde tanto había soñado que mis manos se acercaran. fue en ese momento en que mis manos sintieron por fin lo que años le llevó a mi cerebro tomar la decisión de enfrentar y decidir tener el valor para sentir lo deseado.

No olvido como mis manos ansiosas y tímidas a la vez, sintieron tu cuerpo en ese lugar tan específico, no olvidan y recuerdan con intensidad casi presencial esa protuberancia a través de la tela, como, con aquellos suaves roces, tu virilidad inició su despertar. sentí, no lo olvido como tomó fuerza mi necesidad de sentirte sin intermediarios, ni cómo mi pena y recato se hicieron a un lado, permitiendo que mi deseo les superara y asumiera el control absoluto de mis actos, permitiendo que mis sueños y deseos se despertaran en toda su intensidad. Ya no me importaba nada, te sentí entre mis manos, te vi y te sentí crecer y desarrollar tu virilidad, sentí la dureza y firmeza de tu miembro entre mis manos, cálido y turgente, creciendo a mi contacto, respondiendo a mis caricias. No olvido aunque quisiera, que mis emociones afloraban sin recato, que mi cuerpo despertaba como nunca lo había echo sino en sueños que creía equivocados.

No puede evitar desear olerte y saborearte, con timidez y desconfianza al principio, con placer conforme descubría por fin tus olores y sabores. Cuantas emociones encontradas cuando tus manos empezaron a acariciar mi cabello mientras yo, egoísta, me dedicaba a saborearte, como con delicadeza, hiciste que me levantara para que pudieras, también, tocarme como querías hacerlo, No olvido como con una delicadeza sorprendente, tus manos despojaron a mi cuerpo de sus ataduras textiles, como enfrentaste las resistencias de mi pudor, venciendo sin mucha oposición mi temor a mi desnudez.

Despertaste sin dudas a todos aquellos temores y deseos que se encontraban encerrados en mi cuerpo, lograste con tus suaves caricias, encender mis deseos de sentir tus dedos recorriendo mi cuerpo. No olvido cómo te despojaste de tus ropajes con mi decidida ayuda, de cómo, sin palabras, me llevaste a tu lecho, y continuaste, sin que yo pudiera ni siquiera pensar en oponerme, besaste suavemente toda aquella superficie de mi cuerpo que quisiste erizar de placer de mi cuerpo, no era yo, más que un títere de tus deseos, me colocaste como deseaste acomodarme, besaste lugares que nunca hubiera pensado que me harían explotar de placer, poco pude mirar tu cuerpo, solo fue cuando tus manos me condujeron boca abajo y mis emociones habían llegado a un máximo que creía imposibles que pude voltear momentáneamente y miré fugazmente ese miembro tuyo que por fin, haría de mi, tu instrumento de placer y de ti el mio.

Sentí sin perder detalle, como acomodaste tu virilidad en mi mayor deseo, sentí cómo, con suavidad, poco a poco tomaste posesión de mi, entraste hasta donde nunca pensé que alguien entraría, sentí todo, dolor, placer, miedo y alegría. Mi sueño hecho realidad. Cada movimiento de tu cuerpo en mi interior, cada caricia de tus manos en mi piel, cada sonido, cada gota que por el esfuerzo, abandonaba tu piel y recorría su camino en la mía, cada ir y venir maravilloso de tu virilidad dentro de mi, haciéndome feliz al sentirte tan adentro, fundiéndote con mi cuerpo, llenándome con tu semilla tan inútil en mi cuerpo pero tan valiosa en mi mente. Gracias muchacho. de corazón gracias, por haberme descubierto el placer de haberte hecho mio.

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