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UNA AVENTURA EN EL TREN

23 de agosto de 2008

Hola como les va:

Nuevamente les escribo para contarles lo que me pasó gracias a esta página y a los relatos que publiqué.

Para los que no los leyeron les cuento que me encanta "apoyar" en trenes mientras viajo al trabajo; tal vez algunos dirán que soy un degenerado o un pervertido, pero no puedo evitarlo, es más fuerte que yo (además: quien no se calentaría si una mujer le presiona la pija con la cola).

A raíz de ese relato recibí varios emails; algunos muy calientes, otros sólo para curiosear, por suerte uno solo puteándome, hasta recibí uno que me invitó a apoyar con él en el tren, (el que sale de Once) pero lamentablemente borré sin querer su correo y dirección de email (así que si lees esto escríbeme de nuevo, y vemos que podemos hacer, ja ja) pero les quiero contar sobre uno que concluyó en un encuentro.

En él me escribía una persona diciéndome que le encantaba ser apoyada en los trenes, pero que no se dejaba manosear, sólo le gustaba sentir como le refregaban la pija en la cola.

Ella era de Lanús, y me propuso que como viajábamos en la misma línea de tren le gustaría poder encontrarme algún día como para hacer lo que nos gusta a ambos.

Sin pensarlo dos veces le respondí que me encantaría poder conocerla lo antes posible, ¿se nota que soy ansioso?, y quedamos en que nos encontraríamos el martes en el tren que sale de Constitución a las 18:30 (que tiene como destino Glew), me indicó en que vagón y en que puerta iba a subir ella; además de decirme como la iba a reconocer.

Ese día me la pasé esperando que llegue la hora para poder encontrarla. Llegué temprano; el tren ni siquiera había venido todavía.

Cuando llegó el tren me dirigí al vagón y a la puerta que ella me indicó, y me quedé esperando ahí a que el tren se llene un poco y más que nada para que ella me vea cuando llegue.

Faltaban solo 2 minutos para que el tren partiera y yo creía que todo era un engaño, hasta que apareció: era una chica de unos 25 años, de 1.60 mts más o menos, rellenita o gordita, buenas tetas, morocha, en fin una chica común, tal como me gustan a mi.

No me dijo nada, sólo me sonrió y me saludó moviendo la cabeza y los labios, pero sin emitir palabra. Fue entonces que entramos y como ya estaba por partir el tren la gente empezó a meterse a las apuradas y el vagón se llenó por completo. Yo aproveché para poder tener mi primer contacto con ella: la agarré de la cintura (eso sí, me costó un poco encontrarla) y me coloqué detrás de ella, que lindo había sido poder apoyar a alguien ahí con un consentimiento previo.

Estuve detrás de ella quieto en un primer momento ya que el tren no había arrancado aún y si me movía la gente iba a sospechar. Cuando arrancó ahí si que me aferré a su cintura y comencé a hacer presión con mi pija sobre su cola. Ella tenía un pantalón de vestir fino que hacía que el contacto nuestro sea aún mejor y más caliente.

Yo estaba como en un sueño, bombeaba como si estuviéramos cogiendo realmente, sentía como mi pija se endurecía cada vez más. La tenía bien dura entre los cachetes de su cola, algo que nunca había experimentado, porque si bien se me endurece con las apoyadas diarias, en esos momentos uno no puede hacer los movimientos muy alevosos ya que las "víctimas" se enojarían (aunque las veces que apoyo a alguien siempre veo que haya un mínimo de consentimiento)

Pero esta vez, como sabía que ella lo consentía al 100 por ciento le apretaba la pija como yo quería, además iba agarrado de su cintura, acariciándola, sintiendo su piel.

En una de esas, cuando yo la iba abrazando desde atrás, a mi que me gusta recorrer el cuerpo de la mujer, más en la zona de la panza o en los "pliegues" que guían a la ingle; no me aguanté y empecé

a bajar mi mano por ese camino (que en ella se marcaba bien: me recalienta eso, por eso me gustan un poco más las rellenitas) y llegué a su concha, en realidad al montecito porque si bien estuve un rato por esa zona, cuando quise hacer presión ahí y poder masturbarla, ella me quitó la mano. Por un lado me desilusioné pero me conforme con la "cogida" que le estaba dando.

Cuando llegamos a Avellaneda bajó gente que estaba al lado nuestro, lo que hizo que por un momento estemos a la vista de todos, así que para disimular me separé un poco de ella, pero cuando volvió a subir gente casi la pierdo por la manera y la cantidad de personas que subieron, así que hice fuerzas como pude para estar al lado de ella y no sé como pero lo logré, la cagada es que quedé frente ella.

Pensé que ahí se terminaba todo ya que no iba a tener su cola para mi y además no se había dejado tocar la concha, que era lo único que podía hacer en esa ubicación.

Entonces se me ocurrió: las tetas. Así que llevé mi mano a mi pecho y con disimulo la empecé a tocar, primero con la reversa de mi mano. Como no decía nada me dediqué a hacer que disfrute tocándole los pezones, que a esa altura ya estaban bien duros. Fue cuando cerró los ojos y apoyó su cabeza en mi pecho y empezó a respirar más fuerte. Con su cabeza en mi pecho tapaba de los demás la visión de lo que hacíamos, así que le empecé a masajear las tetas descaradamente.

Fue ahí que me animé nuevamente a intentar masturbarla y lo conseguí. Que linda concha que tenía, carnosa como me gustan; además con el pantalón que traía se la podía sentir muy bien.

Cómo la manoseé, si por mi fuera la penetraba ahí mismo, pero todo tiene un final y llegamos a Lanús, la estación en la que ella baja. Con razón no se dejaba tocar, temblaba como loca, y como que se desvanecía, casi pienso que estaba parada sólo por gente que la sostenía apretándola y por mi mano debajo de su concha.

Una vez en Lanús, cuando bajamos, por fin pude escuchar su voz, diciéndome que le encantó, a lo que yo respondí que también a mi y que me gustaría seguirla un poco más ya que me había dejado recaliente.

Entonces miró la mancha en mi bragueta y pensó que había acabado a lo que le dije que no, que sólo era líquido pre-seminal (es la contra que tengo cada vez que me caliento de más ya que me mojo más que las mujeres), además no era el único que tenía la bragueta mojada; entonces le acerqué mi mano con uno de mis dedos un poco mojado ya que ella también estaba muy mojada.

Lamentablemente, aunque reconoció la calentura que tenía, no se animaba a nada más, y bueno, tuve que respetarla (aunque por mi interior la puteé un poco).

La acompañé a la parada del colectivo y mientras esperábamos a que viniera pude sentir esos labios de fuego que tenía, al igual que esa lengua que parecía que estaba hirviendo.

Espero que les haya gustado mi relato y disculpen si terminó así pero lamentablemente así fue como pasó; con decirles que hasta el día de hoy no la he vuelto a ver.

Autor: Marcos Raúl

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