Soy un chico de 25 años, que desde que descubrà el placer del sexo no puedo vivir sin él. Mi primer contacto con el sexo fue como el que supongo tiene la mayorÃa de las personas: una masturbación y les paso a relatar una de las mejores pajas que me he hecho, aprovechando como otras veces una ausencia de mis padres.
Eran las 3 y media de la tarde y mis padres iban a irse al pueblo toda la tarde. Mientras comÃan yo estaba en mi habitación excitándome ya con las revistas que tenÃa en ese momento: Penthouse, Hustler y otras de inferior calidad, pero no de interés. Estaba planeando en cómo masturbarme esa tarde; disponÃa también de dos cds con algunas de las mejores escenas de las últimas pelÃculas porno que salÃan al mercado. Pensaba ponerlas en el ordenador. El plan no terminaba de convencerme, por que ya lo habÃa hecho otras veces y la calidad de imagen no era buena. Entonces caà en la cuenta: en el videoclub de al lado habÃa abierto una sección X. BajarÃa a alquilar una pelÃcula y la verÃa desnudo. Resuelto el problema esperé a que llegasen las cinco de la tarde, para que abriesen. También a esa hora mis padres saldrÃan de casa para ya no volver hasta las diez de la noche, por lo menos.
Con la excusa de hacer una fotocopia salà de casa a la vez que ellos; no querÃa perder el tiempo y aprovechar al máximo toda la tarde. En estas situaciones, en anteriores pajas, lograba estar masturbándome durante algunas horas; la media eran dos. El secreto es parar cuando te vas a correr durante uno o dos minutos; no baja la erección, pero si el nivel de excitación, y es más fácil durar más.
Alquilé una pelÃcula de una maciza rubia con el sugerente nombre de Servicio de Azafatas, pero no azafatas de avión….
En cuanto llegué a casa lo primero que hice fue cerrar la puerta con llave para evitar interrupciones, fui a mi habitación y saqué nuevamente las revistas para empalmarme y limpiarme la polla. Una vez que tuve el miembro a punto me desnudé, no dejando ni siquiera el reloj, únicamente lucÃa mi erección de 18 centÃmetros de pene, en este estado me dirigà al salón con la pelÃcula y las revistas, metà la cinta en la vÃdeo y mientras arrancaba limpié la mesa para abrir el mayor número posible de revistas. Antes de la pelÃcula aparecieron los indefectibles trailers de otras producciones, donde ya se podÃan ver buenas escenas sexuales. Al haber dejado de estimularla, mi polla perdió un poco de potencia, pero con esas imágenes volvió a crecerse. Según abrÃa las revistas buscando las páginas más excitantes comenzó la pelÃcula con los tÃtulos de crédito y demás.
Asà que me encontraba sólo en casa, desnudo en el salón, con la mesa llena de tÃas en bolas enseñando lo más posible el coño o siendo este perforado por alguna verga, y una pelÃcula porno en el vÃdeo. Me puse los cascos; querÃa escuchar todo con el m&aacut para disfrutar a tope. Qué sensación subÃa por la espalda hasta mi cabeza, eran como pequeños orgasmos, y a punto estuve de correrme cuando vi la lechada que cayó sobre la cara de la rubia, pero detuve mi mano justo a tiempo. Para lograr ver la pelÃcula de un tirón daba un pequeño paseo por la casa después de cada polvo que hacÃan en la pelÃcula para relajar la excitación, pero nunca bajó le erección.
Nunca me la habÃa medido, asà que aproveché uno de los descansos para hacerlo: 18 cm.; las chicas me dirán si es grande o pequeña.
La pelÃcula era muy buena. Por fin veÃa una porno que no tenÃa esa horrible música de ambiente que no deja escuchar a los folladores cómo lo disfrutan.
El argumento era casi nulo, cosa que se agradece en estos casos. La rubia era la madame de un servicio de putas (perdón, azafatas) a domicilio.
Estaban todas buenÃsimas y realizaban muchas técnicas eróticas. Por supuesto en todos los polvos no faltaba un cunnilingus ni un buen francés. Luego alguna se dejaba dar por el culo, otra hacÃa una cubana,… Era fantástico, y mientras ellas jugaban con las pollas de sus amantes, yo hacÃa lo propio con la mÃa. Cuando no me agarraba la polla, la frotaba contra la parte baja de la mesa
, me tiraba en suelo bocabajo y simulaba un coito… Pero bien es cierto que lo que más hice fue pelármela con la mano, y de varias maneras.
Sentado en el sofá o en una silla dejaba los huevos colgando fuera del asiento, para ganar más terreno a mi zona sexual. Según aumentaba la excitación mayor era mi calor, y al igual que sudamos todos en estas situaciones ante el desgaste fÃsico que provoca, la polla también suda, pero no sudor… El exceso de lÃquido lo limpiaba antes de que gotease con la mano, y luego lo extendÃa nuevamente sobre la polla, para que estuviese húmeda más tiempo, porque asà resbalaba mejor mi mano y podÃa aguantar más el orgasmo. Si la verga no habÃa producido bastante lÃquido tenÃa preparada una botella de agua, además de mi saliva. Para ganar en realismo, cada vez que en uno de los cortes el tÃo se la metÃa a la chica yo humedecÃa mis manos, hacÃa un túnel con una de ellas y encajaba mi polla empezando por el capullo y rápidamente la deslizaba hasta la base. Cuando terminaba el recorrido, sin solución de continuidad, hacÃa lo mismo con la otra mano, para asà simular el coño de la tÃa. Cuando las manos se secaban y el ejercicio daba demasiado placer paraba para mojarlas otra vez y no forzar el orgasmo.
De este modo, y con los descansos después de cada polvo, conseguà terminar de ver la pelÃcula. HabÃan pasado dos horas y algo más desde que metiese la cinta en la vÃdeo y todavÃa conservaba mi erección, pero mis huevos me dolÃan. Tanto aguantar el semen, pues estuve a punto de correrme tres veces, dejaba secuelas, pero ahora la corrida serÃa mejor.
Respiré hondo y me agarré la polla nuevamente, pero esta vez serÃa la definitiva. Observé todo el plantel de bellas mujeres que tenÃa delante y sus respectivos coños, que tan gustoso hubiese taladrado en ese momento.
¿Qué debÃan de sentir aquellas mujeres al hacerse unas fotos, que bien sabÃan ellas, iban destinadas para el placer solitario del hombre?, pensé.
¿Las gustarÃa saber que muchos hombres se corrÃan viendo su coño? Mi mano recorrÃa todo el largo de la polla, que se encontraba algo húmeda. La respiración se me entrecortaba y subÃa mi temperatura. Mis cojones rebotaban al vaivén del frotamiento de mi p expulsiones de blanca leche salieron de mi polla, pero como no puedes controlar la potencia de tu orgasmo, alguna que otra fue a parar al suelo y otras a las revistas. Mientras me corrÃa no dejé de meneármela para apurar del todo el placer. En la puntita quedaron algunos restos de la corrida que limpié con un poco de papel de cocina. Eran las 7 y cuarto de la tarde cuando terminé mi masturbación. Nunca habÃa logrado terminar de ver una pelÃcula porno sin correrme, por fin lo conseguÃ. Cuando iba a vestirme y a recoger me acaricié suavemente el pene a ver como reaccionaba; estaba muy suave. Era pronto, mis padres vendrÃan más tarde de las diez, tenÃa los cd’s con vÃdeos porno y fotos muy fuertes, además de Internet… Nunca lo habÃa echo, pero ese dÃa me decidÃ. Volvà al salón y no recogà nada, encendà el ordenador. Me iba a hacer otra paja, asà que volvà a empuñar mi polla para ponerla a punto; no tardó mucho, la verdad. Ahora intentarÃa ver todos los cortes de los cd’s, las fotos y entrar en algunas páginas eróticas de la red. Dicen que cuando te has corrido una vez, a la siguiente, si es en poco tiempo, logras aguantar más; estuve masturbándome hasta las nueve y media.
Me vestà después de eyacular por segunda vez y recogà todo el material. Me puse a hacer la cena. A las once y cuarto de la noche llegaron mis padres.
..¿Qué has hecho tu sólo, hijo?- , me preguntaron al llegar.
-Nada. Ver un poco la tele y conectarme a Internet- -¿Por lo menos te habrás entretenido? -¡Claro!-Si realmente supiesen lo bien que lo pasé…
Es el primer relato que escribo. Si recibo buenos comentarios, quizás me anime a mandar como continué activo en el sexo.
Pueden mandarme comentarios a mi correo.
Autor: Miguel onansex ( arroba ) hotmail.com
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