Una tarde como sumisa

Habíamos quedado aquella tarde con un amigo en casa. Yo, me atrasé en la oficina y mi mujer me llamó para indicarme que nuestro amigo, había llegado y que me iban a esperar tomando una copa, les dije que no, que empezaran sin mi. A la media hora, llegué a casa y al abrir la puerta, lo primero que vi, fue a mi mujer con las piernas muy abiertas y desnuda de cintura para abajo. Sus tacones apoyados sobre la mesa , hacían que la imagen de sus largas y delgadas piernas ,fuera muy sensual. Nuestro amigo, se había encargado de ponerla muy caliente previamente, besándola y desnudando la mitad inferior de su cuerpo. Sin braguitas y abierta de piernas, el jugaba lentamente con su clítoris. Ella jadeaba y se movía casi al compas del roce del dedo con su pequeño punto de placer, soltando de vez en cuando un pequeño quejido casi imperceptible.

Me acerqué, le bese en la boca y le quité los botones que le quedaban por desabrochar de su camisa y empecé a manosearle suavemente sus pequeños pechos y su pezones rectos y duros.

Seguimos así un buen rato , aprovechando de vez en cuando para besarle cada pezón . Juan se acercaba , le besaba y lamía un pecho y a la vez, yo lo hacía con el otro. Su coño estaba totalmente húmedo y ella tenía ganas de ser follada, pero aún teníamos que jugar mucho más. Ella, empezó a tocarnos la polla a ambos por encima del pantalón tanto que nos apresuramos en quedarnos desnudos delante de ella. Nuestro amigo se sentó en un sillón, yo en otro y le dije que jugáramos a amo y sumisa, a lo que ella aceptó. Nuestro amigo, la acercó hacia él y le metió toda su polla en la boca y ella la lamía gustosamente por todos sus recovecos.

Con los labios, subía y bajaba alrededor del glande y con la lengua la recorría de arriba a abajo. En un momento dado, ella quiso hablar y él como buen amo le ordenó dirigiendo su cabeza hacia su polla que siguiera lamiendo, ella sin decir palabra siguió lamiendo por un buen rato mientras yo observaba lo que ocurría. Nuestro amigo disfrutaba y ella también, solo con verlo disfrutar. Durante ese tiempo, yo me entretuve en toquetear su coño, abriéndole los labios y pasando los dedos por su abertura y de vez en cuando la penetraba con uno o dos dedos, ella movía su culito pidiendo algo más. Pasado un tiempo, nuestro amigo, le ordenó que se dirigiera a mi polla y ella, así lo hizo sin decir nada, empezó a lamerla . Con mi polla en su boca , subía y bajaba ,la recorría en toda su extensión, lamiendo el glande, enroscando su lengua alrededor de él, haciendo que mi polla estuviera tan recta que hasta me dolía de placer. Nuestro amigo, mientras ella estaba arrodillada delante de mi comiéndome la polla, sacó unas esposas con tela alrededor y le ató las manos a la espalda. Ella seguía lamiéndome la polla, pero esta vez no tenía donde apoyarse. Así que procedimos a subirla al sillón, la pusimos de rodilla y nuestro amigo la penetró con cierta brusquedad, ella que estaba muy húmeda , dio un pequeño respingo pero luego empezó a moverse al compas que la polla de Juan entraba y salía de su coño con cierto ímpetu. Ella estaba jadeando de placer , su cuerpo se movía hacia detrás y hacia delante, para acompasarse con el movimiento que describía la polla. Apoyaba su cabeza sobre el respaldo del sillón, mientras levantaba su culito, para que la polla le entrara hasta el fondo y así poder sentirla en su máximo placer. Le gustaba mucho tener a nuestro amigo dentro de ella, en varias ocasiones me lo había confesado y yo disfrutaba viéndola a ella recibiendo su polla Al poco, un gritito sordo y una serie de espasmos nos indicaron que se había corrido y que seguía teniendo orgasmos con cada entrada de la polla en su coño. Minutos más tardes, nos dijo que parasemos que quería descansar. Así lo hicimos y le quitamos las esposas. Aún quedaba mucha tarde para seguir jugando. Tomamos unas copas, charlamos un poco, sentados los tres desnudos en la cama de matrimonio, mientras ella, aún algo cansada pero muy húmeda, nos tocaba con suavidad a los dos, entre sorbo y sorbo de las copas que ambos tomábamos. Así, estuvimos minutos y mientras ella nos tocaba, nosotros nos encargábamos de abrir su vulva y de introducirle un dedo o dos en su pequeño orificio que volvía a pedir guerra. Juan se levantó , la acostó en la cama , le abrió las piernas y empezó a comerle el coño de tal forma que ella se movía, gesticulaba e intentaba levantar su culo y nosotros se lo impedíamos.

Nuestro amigo le lamía los labios de su coñito y con la lengua jugaba con su clítoris , una y otra vez y mientras, yo volvía a acercar mi polla a su boca, que ella mamaba con gran interés. Tuvo así un orgasmo, pero no quisimos que descansara, por lo que sustituí a Juan en lamerle el coño y así varias veces, de forma que conseguimos que tuviera múltiples orgasmos, uno tras otro hasta que ella misma dijo que parasemos.

La dejamos que descansara un minuto y seguidamente , de nuevo acostada ,le pusimos un cojín debajo de su cintura, de forma que su culo se levantara un poco y su coño estuviera más expuesto a nuestra vista y por tanto a ser más fácilmente penetrada. Me puse a nivel de su cabeza , le tome sus tobillos y le levante las piernas y se las abrí, de forma que le facilitaba a Juan la penetración, cosa que hizo con mucho gusto.

Esta vez ella pedía ser follada, lo quería ,deseaba tener de nuevo la polla de su amigo dentro. Se movía acompasadamente siguiendo como si se tratara de un baile, los movimientos de Juan. El penetraba varias veces casi fuera y una o dos veces lo hacía en todo su interior. Y así estuvo durante un buen rato hasta que viendo, que ella estaba super excitada , redobló el movimiento de su penetración ,tanto que sus testículos hacían ruido al chocar contra ella, así, siguiendo este ritmo y sin poder aguantar más, ella se tensó, dobló su cintura y tuvo un orgasmo bestial seguido de pequeños temblores de placer ,mientras que nuestro amigo, se corría en su interior llenándola totalmente.

Ambos se quedaron unidos, descansando uno encima del otro . Un día más habíamos jugado y disfrutado juntos. Pasado un rato, nos despedimos de nuestro amigo, pensando en la próxima vez que íbamos a jugar con él.

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