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VECINITAS GOLOSAS

4 de abril de 2007

Esto me ocurrió hará más o menos un mes atrás. Era sábado por la tarde y había ido a jugar un partido de fútbol sala con los amigos. Mi mujer había aprovechado mi ausencia para ir a comprar ropa con una de sus amigas.

Después de aparcar el coche me dirigí a mi casa, dio la casualidad de cuando iba a entrar en la portería me topé con la hija de mi vecina del sexto, una chica de de 22 añitos que estaba muy buena, realmente tenia a quien parecerse ya que su madre, mi vecina, estaba pero que muy bien para sus cuarenta y pocos años que tendría ella, estaba separada de no hace mucho de su marido.

Le sujeté la puerta para que entrara y en el momento de cruzarse conmigo no pude contenerme y giré la cabeza para observar ese culito respingón y prieto como se balanceaba ya que la chicas de hoy en día visten muy provocativas y con ropa que marque bien sus curvas.

Ella entró para dentro mientras yo me quedaba cogiendo la propaganda que tenia en el buzón, cuando me dirigí al ascensor la hija de mi vecina estaba allí esperándome sujetando la puerta con una sonrisa en su cara. Yo le di las gracias por esperarse y ella me contestó que no pasaba nada, que ya la compensaría.

Me quedé sin habla ya que no sabía que quería decirme con ese comentario. Pico al sexto y mientras íbamos subiendo yo no podía remediar el mirarla y creo que ella lo sabía, por que en vez de cortarse se me pavoneaba más allí en el ascensor.

Me preguntó que como no iba con mi mujer y le contesté que ella había salido con una amiga y yo venia de jugar al fútbol. Cuando le comenté que mi mujer estaba fuera a ella le cambió la cara, como si de algo bueno fuera.

En ese mismo instante llegamos a la sexta planta donde ella vivía y se tenía que bajar del ascensor. Cuando ella salía del ascensor yo me despedí como siempre, pero ella en ese instante sujetando aún la puerta del ascensor giró su cabeza y con una sonrisa de picara me dice: ¿sale?, es hora de mi compensación.

Yo me quedé atónito con ese comentario, mi corazón comenzaba a bombear con más fuerza y la excitación que tenia de haber estado comiéndome a la vecinita con los ojos aumentaba a pasos agigantados.

Volvió a insistirme que saliera y sin mandar yo la orden mi cuerpo comenzó a moverse hacia ella como de un imán se tratara. Ella abrió la puerta de su casa rápidamente para que nadie nos viera en el rellano y de mientras me decía que en su casa no había nadie, que su madre tardaría en venir.

Una vez dentro de la casa con la puerta cerrada, mi instinto sexual me hizo cogerla por el brazo y abalanzarme sobre ella apoyándola en la puerta de su casa. Comencé a besarla y a sujetar con mis manos sus dos glúteos duros, mientras ella iba desabrochándome el pantalón.

Ella comenzó a dirigirme hacia su cuarto mientras yo no paraba de acariciar sus culo y sus pechos por fuera de la camiseta, al llegar a su cuarto me lanzó sobre su cama y allí mismo me acabó de quitar los pantalones y mis boxers.

Ella se quitó su camiseta ajustada y sus tejanos pirata y se me quedó allí con un conjunto de tanga y sujetado que quitaba el hipo. De repente se escucha que se abre la puerta de casa, ella me dice que no hiciese ruido, y poniéndose una bata de seda que tenia, sale a ver quien venia.

Yo estaba nervioso perdido por la situación, no escuchaba nada de la conversación que tenia la vecinita con su madre, ya que era la única que tenia acceso a la casa y me imaginaba que era ella la que había entrado. En eso que en mi inquietud y angustia entra la vecinita con su bata puesta y con una sonrisa de viciosa, me dice que todo está solucionado, y mientras iba contarme lo ocurrido entra su madre por la puerta con una minifalda y un blusa de color rojo fuego, me pregunta que si no le importa que ella también participe.

Yo me quedé paralizado por tal situación y cuando quise reaccionar a lo ocurrido estaba gimiendo de placer allí

tumbado en la cama de mi vecinita. Allí estaban las dos, madre e hija repartiéndose a lametones mi larga y dura verga. Primero una y luego otra, haciéndome una felación a toda regla, yo de mientras intentaba acariciar sus tesoros ya que tenían sus culitos mirando hacia mi.

En eso que la madre deja de comerme el rabo, se me acerca para posarse encima mío y de mi cabeza, con mis manos le subo la falda que llevaba y me encuentro su coño protegido por unas braguitas diminutas que no me impiden el retirarlas hacia un lado y comenzar a comérselo. Ella comenzó a gemir de placer mientras su hija seguía aún por la labor de mi polla dentro de su boca.

Al ver que su madre estaba pasándoselo en grande con mi lengua dentro de su coño la hija deja de chuparme la polla y se pone encima mío a la altura de mi miembro y se lo empieza a introducir lentamente dentro de su coño. Empiezo a notar que ella se balancea suavemente frotándose conmigo y su respiración va en aumento, mientras sus manos van desabrochando la blusa de su madre y me deja a la vista esos dos pechos firmes aun con los pezones que iban a estallar. Abalancé mis dos manos hacia esos senos y comencé a sobetearlos con las puntas de mis dedos.

La excitación que había entre los tres era tal que íbamos acompasados en todo, mientras la hija me follaba yo le comía el coño a su madre y le acariciaba sus dos pechos firmes. Al cabo de 10 minutos la madre comenzó a gritar ya que había llegado al orgasmo con mi comida de coño y mis acaricias en sus pechos, y mi boca comenzó a notar un flujo que salía de su coño rapadito, no se podía decir que no se cuidaba la vecina de cuarenta y pocos.

Mientras la madre se recuperaba del subidón del orgasmo la hija no hacia más que aumentar la velocidad de sus movimientos y provocar en mi las ganas de correrme. La hija se reclinó hacia delante donde aun tenía a su madre aposentada delante de mi cabeza y le dice algo al oído. Después la madre se recostó hacia mí y me susurra: no te corras aun, aguanta.

En ese mismo instante la hija llega al orgasmo y comienza a gritar como una desesperada: sigue así, muy bien así, siiiiiiiiiiii. Yo intentaba aguantarme para no llegar ya que era muy duro aguantar tal excitación, viendo a la madre e hija correrse de placer delante mío, en eso que las dos se bajan de encima y dirigiéndose a mi polla y mirándome las dos con cara de estar esperando algo, comienzan de nuevo a comerme el rabo y a menearme la polla con sus manos delicadas y finas, mis testículos no podían más así que comencé a correrme dentro de sus bocas, parecía que era eso lo que esperaban las dos, que me corriera para poderse repartir todo el semen que estaba expulsando mi polla.

Después de que satisficieran su sed con mi corrida, cojí a la madre y la puse a cuatro patas encima de la cama de su hija y le introduje mi polla, que aun estaba dura, dentro de su coño. No quería irme de su casa sin haber tenido la satisfacción de follarme a madre e hija, ya que esta ya me había follado, mientras le comía el coño a su madre. No puso ninguna resistencia, al revés parecía que estaba deseando el tener mi dura polla dentro de su coño ya que no quería ser menos que su hija.

Su coño estaba húmedo pero muy caliente aún así que comencé a moverme con suavidad y fui aumentado el ritmo hasta que volvimos a corrernos de nuevo, mientras su hija se estaba metiendo los dedos contemplando como me follaba a su madre a cuatro patas.

Autor: El PEQUE de NEMO

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