Antes de contar lo que tanto placer y vergüenza me causa, quiero decirles que soy un hombre casado, mi esposa es una mujer preciosa y muy caliente, y esto es precisamente el punto de partida de mi aflicción.
Como suele ocurrir me casé con la intención de reafirmar mi hombrÃa, soy un hombre bastante guapo y a las mujeres siempre les he gustado por mis finas facciones, mis ojos son de color café claro y tengo el gusto de ser lampiño, desde muy joven practiqué danza asà que mi cuerpo desarrolló pantorrillas, muslos y nalgas abultadas, no como el cuerpo de un hombre, más bien fino y moldeado como los de las mujeres, soy más bien delgado y debo aceptar que mi cuerpo es algo afeminado, la naturaleza me hizo asà y lo que les contaré hizo lo demás.
Soy travestà de closet y fetichista, asà que desde adolescente me dio por vestirme a escondidas de mujercita, usaba las prendas de mi madre que era una mujer muy guapa, en especial cuando las dejaba en el cesto de la ropa usada, me encantaba oler a ella, incluso me sentÃa ella con más razón cuando salÃa con alguno de sus amantes, ya que se divorció de mi padre cuando yo tenÃa 17 años, asà que en realidad era bastante puta, y me agradaba mucho actuar y sentirme como ella.
El caso es que desde entonces me agradaba sentirme mujer, pero aún asà me casé, mi esposa se llama Elena, como les digo es muy bella, mide 1.70 asà que su cuerpo y su lindo rostro llaman mucho la atención, sin duda muchos hombres me envidian al verme con ella. Yo mido 1.75, tengo 30 años, soy de piel blanca y carilindo, eso desde luego me ayuda a verme muy femenina cuando me transformo, mi cuerpo no tiene más vello que el de una mujer.
En cuanto me casé pensé abandonar mi afición travesti, pero solo fue un tiempo en el cual mi esposa y yo la pasamos bastante bien, pero asà como lo hacia con la ropa de mi madre empecé a practicarlo con la ropa de mi mujer que para mi suerte es más menos de mi estatura y por lo tanto coincido en ella hasta en el calzado, todo esto se acumuló y empecé de nuevo a vestirme de mujer, más bien de mi mujer… asà con intención de mi parte le pedÃa que se comprara ropa sugerente y zapatillas altas con las que se mostraran más sus encantos a los hombres y en cuanto mas la veÃan más me imaginaba siendo yo a la que piropeaban.
Al observar a mi esposa Elena aprendà a maquillarme, a moverme, y hasta era capaz de imitar el tono de su voz cachonda. Por razón de mi trabajo viajo con cierta regularidad, asà que al salir de casa, a escondidas me llevaba siempre alguna ropa de mi esposa (exterior e interior), zapatillas y maquillaje, en una de mis idas a la cd. de México me compré una peluca que asemejaba el cabello lindo de mi mujer, el color e incluso los rizos ligeros que se le forman, asà estando en la intimidad de los hoteles a los que llegaba me vestÃa y me imaginaba ser ella, actuaba puta como ella y me fascinaba hacerlo, al grado que varias veces salà en algunos lugares por la noche vestida de mujer amparado en las sombras nocturnas y esto me sobre excitaba al grado tal que me masturbé muchas veces imaginándome ser poseÃda por un hombre.
Desde luego nunca me habÃan penetrado, y muy interiormente lo deseaba probar, a los tres años de casados mi esposa fue ascendida en la empresa para la cual trabaja y empezó también a viajar, asà que me quedaba toda la casa para mà y asà también en la intimidad me vestÃa como mi mujer y andaba de un lado a otro y me miraba en los espejos amplios que tenemos en casa y me veÃa según yo muy guapa y muy puta por elegir los vestidos más atrevidos de mi esposa, su lencerÃa, sus medias y sus zapatillas que me calzaban al pelo, incluso me empecé a pintar las uñas de manos y pies y todo el dÃa andaba asÃ, todo hubiera seguido igual, hasta que las circunstancia alteraron todo…
En cierta ocasión que yo iba de viaje, se canceló uno de los trabajos, asà que regresé a casa antes de lo previsto y para colmo de mi suerte al llegar a casa vi estacionado un vehÃculo en la cochera que me
era desconocido, intuà la infidelidad de mi puta esposa, y sigilosamente entré a mi casa, hasta que llegué a escuchar sus gemidos, no tuve que hacer más, por un resquicio de la puerta de nuestra recámara, observé atento como mi linda esposa le daba las nalgas a un tipo fornido que le entraba con una verga tremenda por el coño, sentà vergüenza de no hacer nada, solamente me quedé como hipnotizado viendo esa escena, ellos sin pensar en mi presencia seguÃan cogiendo de la manera más caliente que yo nunca imaginé, el hombre la trataba como a una puta y se lo decÃa con palabras al tiempo que mi mujer reaccionaba con más puterÃa a este trato.
Pensé de inmediato como seguirlos viendo sin que me descubrieran, pero entonces sucedió lo más increÃble, mi propia esposa le pidió que la cogiera por el culo, lo pude escuchar claramente, y vi como ese tipo, sacó su verga de su coño, era en realidad un monstruo su pene, sin mentir debÃa medir más de 20 cms. y sentà vergüenza de mi pene que erecto solo medÃa 15cms, esa verga del tipo se perdió en el culo de mi mujer y ella gemÃa y gritaba de gusto al sentir como le partÃa el culo. Lo cual por sus expresiones ella gozaba como nunca lo hizo conmigo, no aguanté más y salà con mucho cuidado de no hacer ruido, las escenas de mi mujer con su amante permanecÃan en mi pensamiento y para colmo de los cuernos que me plantó, descubrà que mi pene estaba erecto y yo excitado como nunca lo estuve.
Salà de mi casa y abordando un taxi me fui a parar a un hotel barato, como iba con mi equipaje y en el mis vestidos de mujer, inmediatamente me vestà asà y me masturbé imaginando que era yo la esposa a la que ese bruto se estaba cogiendo, fue sensacional y me salió tanto semen que salpiqué todo… me dormà un rato y ya anocheciendo llamé al celular de mi esposa para avisarle que regresaba, en cuanto entré a casa la encontré recién duchada, estaba deliciosa, me encantó en su batita transparente y corta mostrándome lo que su amante se habÃa cogido en mi ausencia, su cara inocente e hipócrita no mostraba ningún nerviosismo, lo cual me llevó a pensar que no era la primera cogida que ese tipo le daba, o tal vez otros ya la habrÃan enculado también…
No le dije nada, no le reclamé, cenamos y nos dormimos, pero a media noche salà de mi habitación y fui a buscar su tanga en el cesto de ropa tal como lo hacÃa con las pantaletas de mi madre en mi adolescencia, las olfateaba y las chupaba probando su sabor y tal vez los residuos de leche del bruto que le enculó, regresé a la cama y vi el culo hermoso, blanco y duro de mi mujer que habÃa sido profanado por el tipo fornido y mi pequeña verga se endureció ante los recuerdos y al fin me quedé dormido imaginando las miles de cogidas que ese bruto le habrÃa dado a mi esposa.
Dos meses más pasaron, y de seguro ella le seguÃa dando las nalgas, algunas veces llegaba más cansada de la cuenta, señal inequÃvoca de sus puterÃas, yo ya no la cogÃa a propósito, para que anduviera caliente y cogiera con su amante, me fascinaba imaginarla enculada y a cambio yo me vestÃa como ella de puta y me masturbaba con frecuencia… En cierta ocasión que ella saldrÃa de viaje yo le inventé que también lo harÃa, asà que ambos nos despedimos y cada uno por su lado, desde luego yo regresé a casa y me vestà de la puta de mi mujer, usaba su liguero, su tanga, sus medias, sus sandalias de tacón alto, me habÃa maquillado con gran cuidado, usé su perfume, mis uñas de manos y pies finamente pintadas, la peluca que reproducÃa su cabello y desde luego, uno de sus vestidos más cortos y atrevidos que de tan entallado me hacÃa ver un buen culo y en la parte de las tetas un par de rellenos que yo mismo habÃa fabricado con un gel especial como el de los implantes estéticos.
Asà vestida me miraba una y otra vez al espejo, era una mujer de verdad, me veÃa guapa y buenÃsima, acomodé el espejo de mi recámara y poniéndome de rodillas empecé a imitar a mi mujer como aquella vez que la descubrÃ, yo hablaba para mà y tal como la escuché decir me imaginaba que su amante era a mi a quien culeaba y en voz alta le llamaba por su nombre: …¡Alfredo mi amor, soy tu puta! rájame el culo! ¡Te necesito méteme toda la verga! Gran sorpresa recibà al abrirse la pu
erta de la recámara y mi esposa y Alfredo sorprendiéndome asà con las nalgas paradas y pidiendo verga… ambos se me aproximaron.
-¡Asà que tu marido es putita también! Le dijo el imbécil a mi esposa, que burlándose de mi le contestó: -Y mira que si es puta… además se ve bien buena… ¿que tal si le das lo que pide?
Ambos volvieron a reÃr y yo no supe que hacer, me senté en la cama y bajando mi rostro me sentà humillado como nunca, me habÃan descubierto vestido de mujer.
-¡Ahora verás como se coge a una puta pendejo maricon! Me dijo Alfredo burlándose de nuevo…
-¡Ven puta, encuérate y chúpame la verga para que aprenda tu puto marido!
Mi esposa complaciente se desnudó dejando ver lo maravilloso de su cuerpo, bajándole el pantalón a su amante se hincó y allà mismo le empezó a dar las mamadas más ricas que yo hubiera visto, parecÃa disfrutar de mostrarme la tremenda verga de su amante.
-Mira puto, ¡esto si es verga y me la mete hasta por el culo como tú ya lo sabes! ¡Cógeme ya mi vida para que aprenda este cornudo lo que es coger! Le dijo a su amante.
Este solo la arrojó sobre la cama, la abrió de piernas y le metió la tranca de un vergazo tremendo que hizo gritar a mi mujer, la bombeaba con fuerza y mi esposa le pedÃa más, la besaba y la apretaba de todo el cuerpo, sacándole la verga la volteó y lamiéndole el ano la dejó ensalivada para luego meterle su tremenda verga en el culo… Yo estaba maravillado y asustado al mismo tiempo, no sabÃa que hacer, solo lo miraba como le hundÃa una y otra vez la hermosa y potente verga a mi esposa, se estaba culeando a mi mujer ante mis ojos y yo vestido de puta temblaba, no pude más y mi pene pequeño reaccionó, esto era insoportable, estaba yo más que excitado, creo que los dos lo notaron, asà que mi mujer le dijo a su amante:
- ¡Veamos que tan puta es ella! ¡Quiero que le des lo que pedÃa hace un rato! Yo no supe más nada que hacer… mi mujer desnuda se me aproximó, me tocó mi verga y le dijo nuevamente: – ¡Mira si la puta se ha calentado solo de ver! Entonces Alfredo se me aproximó, me tomó de la cintura y me volteó, alzándome el vestido me miró las nalgas…
-¡Tiene buen culo esta puta, y me lo voy a coger!
Yo solo temblé de miedo, mi mujer se me acercó por el frente y me besó en la boca, me metió la lengua mientras sus amante me apretaba las nalgas…
-¡Que rico culo, ahora tendré dos putas en lugar de una!
Me hizo agachar y pasó su verga entre mis nalgas, sin querer temblé y mi culo se contrajo, él me metió un dedo a la fuerza y me lastimó haciéndome quejar, ya no pude más, me derrumbé de bruces, pero él me tenÃa tomado del trasero, me quedé abierto de nalgas para el amante de mi mujer, luego vino el primer golpe, una sonora palmada en mis nalgas me hizo gritar, luego otra y otra más, hasta que mis nalgas enrojecidas se me calentaron.
-Eso es para que no te raje el culito mi vida, ¡a mà me lo hizo igual cuando me rompió el culo!
Me dijo mi esposa, al tiempo que me empezaba ella meter mano a mi verguita parada, luego se puso de pie y sacó de su bolso una especia de gel, ella misma me untó el ano, y le embarró la verga a su amante en toda la extensión…
-Asà no la matarás y hazla gozar, ¡enséñale lo que es en verdad ser puta!
Alfredo me tomó de las nalgas, me arreó otras cuatro nalgadas y poniendo la cabeza de su tremenda verga me embistió, al principio me dañó, me abrió a la fuerza, me sentà morir, que dolor tan intenso, y solo me habÃa clavado la cabeza de su verga, mi mujer veÃa todo divertida y burlona, su amante me empujó más, yo gemà de dolor…
-¡Te duele pinche puto! Me preguntó mi mujer…
-¡Si! Me mata, no lo soporto, ¡sácamela te lo suplico! -Nada que se la saques, ¡métela toda de golpe como me culeas a mi! Le ordenó mi esposa, que sienta como se coge a una puta!
Obediente el bruto me entró hasta el fondo, sentà tronarme algo por dentro, toda su verga estaba en mi recto, me hizo llorar de verdad, no lo soportaba, pero no le dije nada, y empezó a meter y sacar, una y mil veces, me entraba de golpe y me la sacaba, haciéndome sentir que me tiraba de mis tejidos internos, yo solo gemÃa a cada metida, pero al cabo de un ti
empo, me empezó a gustar, gemÃa, pero no de dolor, gemÃa de gusto, me estaba enculando el mismo hombre que culeaba a mi esposa y yo estaba gozando ya igual que ella.
-¡Que rico culo tienes puta! ¡Muévelo puta! ¡Estás apretada puta de mierda, pero te lo voy a dejar abierto como a la puta de tu mujer!
Yo no aguanté más y le pedà más fuerte. Que me la metiera toda, era ya su mujer, me hizo suya por el culo, y yo lo disfrutaba, asà me tuvo hasta que su leche me rellenó el culo, yo estaba adolorido y mareado, pero el siguió hasta que se vació en mÃ, al sacármela goteó mi sangre, me habÃa roto el culo, me ardÃa y dolÃa todo, estaba yo asà cuando él me dio otras nalgadas…
-¡Ve al baño y lávate la mierda de culo que tienes, porque te lo voy a gozar de nuevo! Me ordenó…
Con gran trabajo me puse de pie, mi esposa me ayudó y me llevó al baño, me ayudó a lavarme y me regresó con su amante, con ambos nos fuimos a la sala, allà mi esposa se dio a mamarle la verga a ese bruto, yo la veÃa ya con envidia y me dijo mi mujer…
-¡Ven puta! ¡Ahora aprende a mamar la verga!
Me puso junto a su macho y me dio la verga en la boca, se la chupé con gusto, me fascinó su dureza recobrada, me asombré al mamarle la verga con gran gusto, y los escuché burlarse de mÃ, pero no me importó, yo estaba engolosinado con ese tolete enorme en mi boca, luego mi mujer se aproximó y me fue diciendo como mamársela, yo seguà sus instrucciones y el bruto que me culeó empezó a disfrutar…
-¡Déjame ya puta, ahora me voy a coger el culo de tu mujer! ¡Mira como se hace pendeja!
En seguida vi como la acomodó, y solo con saliva se la dejó ir toda hasta chocar sus huevos con las ricas nalgas de mi esposa, ella gemÃa de gusto, lo urgÃa a cogérsela más, entonces Alfredo me vio y me dijo…
-Ven puta, para el culo junto al de tu mujer, asà que me acomodó y en un vergazo me volvió a ensartar, lloré de nuevo, pero me encantó, me la sacó y la metió en el culo de mi esposa, unos movimientos y se la sacaba para metérmela a mÃ, de nuevo a mi esposa, de nuevo a mi culo adolorido, pero ya estaba hecho, asà que me empezó a gozar, hasta que yo mismo le pedà que no me la sacara, él se engolosinó conmigo, me la metÃa solo a mÃ, mi mujer divertida vio lo que pasaba y sentándose a mi lado lo alentaba a cogerme más, de nuevo me llenó de su leche el recto, fue explosivo, me desvirgó otra vez, y asà me tuvo hasta que terminó de enlecharme, me sacó su verga y se dejó caer complacido.
Mi esposa lo acariciaba y lo besaba al tiempo que me dijo vete a bañar puta y prepáranos algo, el señor y yo queremos comer algo, pero te vistes de muy puta… me bañé y mi esposa me eligió la ropa, me puso uno de sus vestiditos cortos, me perfumó como ella lo hacÃa y me maquilló, era yo una mujer muy linda, con los ojos enrojecidos, pero me veÃa muy guapa, me habÃa transformado y mi amante común con mi esposa me vio con gran gusto, prometiéndome más y mayores cogidas, que desde luego de allà en adelante se sucedieron muchas veces, al grado que incluso me han llegado a sacar a la calle vestida asà de mujer, vestida de su puta y culeada por el mismo hombre que culeaba a mi mujer… Asà Elena y Alfredo me convirtieron en lo que ahora soy.
Autor: DENISSE
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