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Relatos eróticos Marqueze. El Sexo que te gusta leer.

No pence que estaria bailando delante de mis amigos de mujer, y lo peor de todo que me gusto

Hace unos cuantos años atrás, para ser más exacto, entre mis 16 y veinticinco años más o menos, en dos etapas de mi vida mantuve sexo con hombres. Situación de la que posteriormente, viví sumamente arrepentido, al punto en que procuré borrar esos recuerdos de mi memoria, cosa de por sí imposible hasta los actuales momentos. En la primera ocasión, durante una salida en la que yo era el más joven he inexperto del grupo. Me emborrache a tal grado, que perdí la noción. No de lo que había sucedido, de eso me acordaba con la mayor claridad del mundo, desgraciadamente. Cuando digo que perdí la noción, me refiero entre lo que se debe y no se debe hacer, según lo entiendo ahora. Para hacerles el cuento largo corto les diré, que tras emborracharme y fumar marihuana hasta el cansancio, alguien en el grupo, que realmente no me acuerdo quien fue, propuso que jugáramos la botella, yo me acuerdo que acepté solo por que en el grupo había una chica, aunque Milagros realmente más que una chica, parecía un chico, la lejana esperanza de que me pudiera acostar con ella, me movió a que estuviera de acuerdo con que jugáramos la botella. Entiendan que para esos momentos, mi mayor actividad sexual se limitaba a masturbarme, en ocasiones solo y otras en grupo viendo revistas de chicas desnudas, y en una ocasión ligar a uno de mis amigos clavándoselo a la sirvienta de su casa. Cuando comenzamos a perder prendas no me preocupe, ya que también Milagros iba perdiendo las suyas. Pero yo fui el primero en quedar del todo desnudo. Por medio de las penitencias primero, y luego bajo amenaza de ser golpeado por todos sino cumplía, no tan solo terminé vestido, sino que bailando y actuando como toda una mujer. Al principio me sentí bastante incomodo y molesto, ya que entendí que me habían hecho trampa. Pero a medida que fue pasando la noche, en medio del bacilón me dejé llevar, cuando noté el interés de todos mis amigos por bailar conmigo, de acariciar todo mi cuerpo por sobre la ropa de mujer, y hasta uno que otro llegó a besarme y decirme lo bien que me veía así vestido y maquillado como toda una mujer. Me comencé a sentir como en las nubes, nunca nadie me había tratado como ellos lo hacían en esos momentos. Milagros digamos que fue la primera, que abiertamente me dijo colocando sus manos sobre mis nalgas-mamacita como quisiera tener una verga, para meterla por ese culito, tan lindo que tienes putita.- en ese momento le respondí con voz más que afeminada aniñada- hay si yo también- sin preocuparme por lo que fuera a suceder luego. Yo seguí bailando, hasta que uno de los muchachos propuso que me quitara la ropa mientras bailaba, y yo en medio de mi borrachera, sin vergüenza alguna, copiando algunas escenas que había visto en películas, de mujeres haciendo show de nudismo, me comencé a ir quitando la ropa, a medida que lo hacía mis amigos me tocaban las nalgas, los muslos, y no perdían oportunidad para pasar sus manos por mis pequeñas tetillas. Para completar, en mi mano tenía una botella de ron que prácticamente me había tomado una cuarta parte yo solo, a medida que movía y contoneaba mis caderas al ritmo de la música que sonaba. Hasta que debido al mal estado en que me encontraba, aparte de que vomité, me maree a tal grado que casi me desmayo, mis amigos me llevaron a una habitación y ahí mientras se me comenzaba a pasar nota y borrachera que tenía, me bajaron las pantis que era lo único que tenía puesto en esos momentos, ya que me había desecho de casi toda la ropa, a medida que bailaba. Cuando me vine a dar cuenta me estaban dando por el culo. Al principio me Desde que quedé del todo desnudo, luego como me vestí de mujer con la ayuda de la chica, yo aparecía con una gran sonrisa en mi cara recién maquillada, para terminar la mayoría de las fotos que me tiraron era en el momento o que me daban por el culo, o yo me encontraba mama que mama. Fotos por medio de las cuales me chantajeaban, los primeros días, posteriormente me las entregaron. Pero el restante tiempo, fue algo a lo que más que acostumbrando, en la mayoría de las ocasiones lo fui deseando y propiciando. Pero cuando mi familia se mudó, y pasada esa experiencia, durante casi cinco o seis años después no volví a tener relaciones sexuales con o

tros hombres, cuando me acordaba de lo sucedido, me sentía sumamente mal, ya que me pensaba seriamente, que en el fondo ellos se habían aprovechado de mi. Posteriormente tuve más de una novia, y además fui el amante de la esposa de un jefe mío. Pero durante uno de mis viajes como agente de ventas para la empresa para la cual trabajaba como vendedor, me paso otra experiencia. El vehículo que estaba usando se accidentó casi en medio de la nada, realmente cuando vi que se estaba sobre calentando el motor, me detuve justo en frente a la vivienda de un agricultor, por cosas del destino pasaba un mecánico, identificó el problema pero me advirtió que hasta el día lunes no podía conseguir la pieza. Luego me enteré años después que solo bastaba quitar la pieza para poder continuar sin problema alguno, ya que los termostatos prácticamente son innecesarios en las áreas calurosas, y el modelo que yo conducía podía muy bien continuar andando una vez que se le retirase dicha pieza. Pero como yo no lo sabía en ese momento, me paso como dice el refrán. Cada día sale un pendejo a la calle, el que lo agarré es del. Por lo visto, yo fui el pendejo ese día, aparte de otra cosa. Pero por todo lo que tenía en mi vehículo, y tras de hablar con el agricultor, decidí quedarme en su casa. La primera noche me acosté en una hamaca que él me prestó para dormir, la cosa que tengo la costumbre de acostarme desnudo, de otra forma se me hace imposible dormir, y como él vivía solo, ya que me comentó que su esposa lo había abandonado hacía más de dos años, no me preocupé por eso. Pero realmente no estaba acostumbrado a dormir en hamaca, así que me desperté durante la noche, y siento que alguien me observa. En ese momento me doy cuenta de que me encuentro con mis nalgas al aire, ya que la sábana la tenía enrollada entre mis pierna y mi abdomen, cuando me doy vuelta lo veo de pie pocos pasos de mi, pero al ver que me movía continuó caminando y se dirigió fuera de la casa donde lo escuche orinar, tanto antes de salir como cuando regresó, me pareció ver claramente como su miembro, se notaba bajo la tela del pantalón, no era nada del otro mundo, pero la primera vista que le di me impresionó el verlo completamente erecto. Luego cuando regresó de orinar, al volverlo a ver aunque en estado de reposo, me seguía llamando la atención de manera particular. En esos momentos, aunque luché por no querer aceptar, que tenía unos enormes deseos de que ese hombre me ensartara con su verga. Finalmente terminé por ver que eso era cierto, me moría por que él me diera por el culo, pero no así como estaba yo en esos momentos sino que vestido de mujer. En esos momentos, tomé la decisión de acostarme con esa persona. Me coloque la sábana alrededor de mi cintura y me levanté, justo antes de que él se acostase, como era la misma habitación, se dio cuenta de inmediato que me había levantado y me preguntó fuera a ver desnudo. Traje una botella de güisqui, una de las tantas que le regalaba mis clientes. Aparte de eso, también dentro de una pequeña bolsa de papel me traje un conjunto de ropa intima femenina, que también usaba como regalo pero para sus esposas o amantes. Bueno, entre trago y trago, seguimos charlando de temas sin importancia, hasta que me puse hablar sobre las mujeres, y contándole uno que otro cuento de corte bastante erótico. En una de las salidas que él dio, para volver a orinar fuera de la casa, aproveché y rápidamente me puse esas prendas íntimas. Cuando él regresó se asombró en parte de verme así vestido, le dije con voz algo afeminada pero no del todo, que deseaba mostrarle algunas de las tantas cosas que yo mercadeaba, lo que realmente no era cierto, pero servía para mis propósitos, en caso de que él se ofendiera, o algo así por el estilo. Pero no sucedió nada de eso, más bien comenzó a tocar la tela de la ropa con sus gruesos dedos y casi de inmediato continuó agarrándome las nalgas, tras lo cual me tomó entre sus brazos y colocándose a mis espaldas, me abrazaba, y comencé a sentir como su gruesa y caliente verga, bajo la tela de su viejo pantalón, la apretaba contra mis frescas nalgas. En cosa de segundos su boca me comenzó a mordisquear sobre mi nuca, y hacerme sabrosas cosquillas en mis orejas, al tiempo que yo moviendo mis caderas, restregaba suavemente mi culo contra su cuerpo. Santiago olía

a hombre de trabajo, para otras personas sería una peste, pero para mi en esos momentos era un delicioso aroma a hombre. Sus gruesas y fuertes manos recorrieron casi toda mi espalda desde la base de mi nuca, hasta mis nalgas, y a medida que las pasaba sobre mi piel, sentía ese sabroso y excitante escalofrió que me recorría todo el cuerpo, y hacía que me quebrase entre sus brazos. Sin decir palabras en silencio, me fue llevando hasta su desarreglada y vieja cama, ya en ella yo me acosté dándole la espalda, mientras que él se terminaba de quitar el viejo y raído pantalón, la única prenda de vestir que tenía sobre su cuerpo en esos momentos. Sus gruesas manos me fueron bajando las finas pantaletas que me había puesto y que hacían juego con el sostén y la bata de encajes que estaba usando en esos momentos. Luego yo con mis piernas me terminé de quitar las pantaletas, quedándome con el resto de las piezas puestas. Cuando mis nalguitas quedaron ante su vista, gracias a la tenue luz de una lámpara de kerosén, continuó acariciándolas un rato más, hasta que comenzó a dirigir su gruesa y venosa verga, bañada en su propia saliva, directamente a mi colorado y hambriento esfínter. En esos momentos me dijo -creo que te va a doler un poco, tu hueco lo veo muy chiquito- yo le respondí -continua papi que me muero por sentirte dentro de mí- y comenzó a penetrarme, yo por mi parte traté de relajar mis nalgas lo más que pude, pero aun y así tenía varios años que no le daba comida, por lo que a medida que me penetraba comencé a sentir eso que yo llamó el sabroso dolor del amor. Cuando su cuerpo finalmente se aferró al mío, yo a pesar del suave dolor del que disfrutaba en ese momento, comencé a mover mis caderas, al tiempo que él comenzaba a extraer su sabrosa verga de mi cuerpo para luego volver a introducirla hasta el punto en que ya no se puede más. Así sucesivamente los dos disfrutamos de una tremenda relación. A partir de ese momento por dos casi tres años se puede decir que me convertí en su mujer, por lo menos de una o dos veces al mes pasaba por su casa y me quedaba el fin de semana completo, comportándome como si r respondió de manera simpática- aquí comiéndome este sabroso culito, tu quieres que te den una buena mamaíta- y sin perder tiempo el otro hombre sacó su hedionda verga y sin más ni más me la ha metido en la boca. Desde esa ocasión mi amante regular pasó a compartirme de manera ocasional con su compadre. Como les dije, eso duró como unos dos o tres años, hasta que cambié de empleo. Luego me case, y no volví a mantener relaciones con más hombres. Durante todo ese tiempo no volví ni tan siquiera a pensar en tener sexo con otro macho, es más hasta me arrepentía mil veces de haberlo hecho, aceptando que también lo había disfrutado, pero que había decidido no hacerlo nunca más. Hasta que unos cinco años después, mi mujer y yo terminamos divorciándonos, sin hijos y de mutuo acuerdo, ella según me confesó me había dejado de amar y yo por mi parte también la había dejado de amar. Al regresar a la vida de soltero, lo primero que hice fue meterme a un gimnasio para volver a ponerme en forma, los años de casado me produjeron algo de barriga, pero a los pocos meses perdí bastante peso, y volví a mi delgada forma con la dieta de las proteínas, cuando me encontré nuevamente en forma, decidí hacer ejercicio para desarrollar algo de masa muscular, ya que realmente no soy del tipo corpulento, más bien soy delgado no muy alto y de rasgos finos. Hasta esa fecha, no me había vuelto a fijar en ningún otro hombre. Pero un día veo en el gimnasio, a un tipo grande bastante musculoso, mucho más alto que yo, que no me quitaba la vista de encima, sentía que cuando yo estaba de espalda me comía el culo con los ojos y me comencé a sentirme sumamente nervioso, cuando entré a las duchas y mientras yo me enjabonaba, me dio alcance. Todo asombrado vi como él se enjabonaba de manera provocativa, agarrándose su grueso miembro y estirándolo y recogiéndolo entre sus dedos. Creo que me dio un ataque de nervios, al ver esa cosa tan grande y a su dueño de similares proporciones, hacer eso frente a mis ojos sin el menor rastro de vergüenza de su parte. Yo salí de las duchas, corriendo, bastante asustado sin querer aceptar, que el verlo hacer esas cosas me habían puesto bastante nervi

oso, pero que en el fondo de mi ser me encantaba que lo hubiera hecho. Me vestí aceleradamente, y me dirigí a mi auto. Mientras estaba esperando que movieran otro vehículo para que el mío saliera, vuelvo a ver a ese musculoso ser, pero con un uniforme de policía municipal. Debido a mi estado de nerviosismo, que evidentemente se me notaba a leguas, tropecé con mi auto, la defensa de otro vehículo. Por casualidades de la vida, era el auto de él. Me volví un ocho, quería que la tierra me tragase, me comportaba como una colegiala, que se encuentra de frente a su ídolo musical. Las palabras apenas y me salían de los labios. Él a manera de tranquilizarme me dijo que eso no era nada, pero le ofrecí pagar el desperfecto, y cuando busqué mi chequera, me encuentro que la había dejado en casa, todavía bastante afectado le pedí que me siguiera, ya que deseaba resarcir el daño que le había ocasionado a su auto, de inmediato. En el trayecto a mi casa, yo no hacía otra cosa que pensar en su gruesa manguera, y recordar como jugaba el condenado con ella, frente a mis propios ojos de manera tan descarada. Cuando entré a mi casa lo invité a pasar y que se sentase a tomar una copa, mientras buscaba la chequera y me ponía algo más cómodo. Mientras me daba otra rápida ducha, en mi mente me imaginé que me podía pasar, si me ponía a jugar con nerviosamente traté de estirarla un poco a fin de que no se me vieran. Pero justo en ese momento siento que sus musculosos brazos me sujetan por la cintura al tiempo que también siento su instrumento caliente y duro un poco más debajo de donde terminaba la fina tela de la bata roja de seda china, su boca que cercana a mi oreja me dice -no te hagas la dura mamacita, que me di cuenta como te relamías los labios, mientras me mirabas en las duchas.- En ese instante sentí que el mundo se me caía encima, creí que me moría de la vergüenza, y sin más ni más dejé de escribir, lentamente me di la vuelta, y tras mirarlo a sus grandes ojos negros, comencé a deslizarme hasta el piso, con mis propias manos algo bastante nervioso, comencé a soltarle la correa, de su uniforme, desabotoné el broche y baje la cremallera de de su pantalón, luego con ambas manos lentamente, comencé a bajar tanto el pantalón como su slip, hasta que frente a mis golosos ojos quedó su tremendo instrumento, lentamente comencé a juguetear con él entre mis dedos, y me di a la tarea de con mi lengua comenzar a lamer su inflamado y oscuro glande, en cosa de segundos, ya me encontraba mamándoselo, como en tiempos a tras ya lo había hecho con otros hombres. Por un buen rato él colocó sus manos sobre mi cabeza y dirigió de manera estupenda la mamada que yo le daba. Creo que cuando pensó que se podía venir dentro de mi boca me lo sacó, he hizo que me parase nuevamente frente a él, por un rato fue su sabrosa lengua la que se incrustó deliciosamente dentro de mi boca, mientras que yo dejé caer mi bata de seda, sus gruesos brazos me acariciaron todo mi cuerpo en particular mis calientes nalgas, que yo deseaba como nada en el mundo recibir la visita de su grueso miembro. En cierto momento nos tomamos un respiro el que aproveché para conducirlo a mi lecho, ya ahí fui yo quien comenzó a quitarle el resto de su ropa, hasta dejarlo tal y como yo mismo me encontraba sin más nada encima. Por suerte me acordé que tenía algo de vaselina en el gabinete del baño, y rápidamente fui y me puse una buena cantidad entre mis nalgas. Ha sabiendas que me podía doler, me acosté a su lado con mis nalgas completamente al aire, mientras que él de rodillas tras de mi comenzó a dirigir su miembro directo a mi pequeño y deseoso esfínter. Apenas comenzó a penetrarme sentí ese gran dolor, como hacía tiempo que no lo disfrutaba, sin detenerse continuó introduciéndolo dentro de mi hasta que nuestros dos cuerpos permanecieron del todo juntos, tras lo cual se dio a la tarea de sacarlo he introducirlo, lentamente al principio, pero a medida que pasaba el tiempo lo iba haciendo con mayor y mayor fuerza. Realmente Jesús es de poco hablar, en cierto momento me preguntó si yo quería seguir siendo su mujer, lo que me extrañó bastante, ya que era nuestra primera vez, pero con lo bien que me sentía entre sus brazos de inmediato acepté. Desde ese día he vuelto no tan solo a comportarme como mujer, sino que he comprado un ajuar completo para recibirlo a él cuando llega

a casa, es verdad que solo dentro de las paredes de nuestra casa me visto de mujer, ya que al día siguiente Jesús se fue a vivir conmigo. Desde luego que a él le he contado todas y cada una de mis aventuras que he tenido desde adolescente, y desde luego también le he inventado unas cuantas, lo que lo excita tremendamente. Terminamos ensartándome a mí por donde ya se lo deben imaginar, de manera única y bien sabrosa. Una sola cosa le preocupaba a Jesús y era que llegase el momento en que yo quisiera comerle el culo a él, pero cuando tras que le expliqué le aseguré,

Autor: Narrador

narrador ( arroba ) hotmail.com

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VOVI A TROPEZAR CON LA MISMA PIEDRA, 6.5 out of 10 based on 2 ratings
  
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