Mon, sobrina de mi exesposa

  • Mi exesposa, Margarita, tiene un cuerpo muy rico; a pesar del divorcio seguimos teniendo intimidad promedio de dos veces al mes. Pero no es de ella de quien voy a comentar, sino de su sobrina Montserrat, Mon para la familia; Margarita es la menor de sus hermanas, son cinco en total, la mayor le lleva 20 años y Mon es apenas 3 años menor que ella.

Después del divorcio, Marga se cambió de domicilio a un lugar cercano a su familia, todas viven en la misma ciudad, a 100 km de donde radico, por lo que no es difícil ir dos veces al mes, cuando voy duermo con ella, por lo que es frecuente que sus hermanas lleguen y nos hallen desayunando o mientras me baño.

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Paty tardó años en darme el culo

Por cuestiones de política estudiantil, cuando estudiaba el bachillerato, tenía que hacer labor en planteles diferentes, además del mío, en esas visitas conocí a muchos estudiantes inmersos en el movimiento estudiantil, una de ellas era Paty.

Paty, joven, como todos, es bajita, 1.50 de estatura, cabello negro largo, rizado, senos medianos que lucía con blusas escotadas, cintura esbelta y unas prominentes nalga que, siempre, llevaba enfundadas en pantalones de mezclilla, como la mayoría.
En las asambleas, Paty era muy participativa, siempre hacía propuestas -muchas de ellas extremas- por eso se hizo notar pronto, muy pronto, y yo fui uno de quienes la notamos.

A pesar de tener comisión en la política, nos las arreglábamos para cumplir en clases, pasábamos mucho tiempo juntos dentro y fuera de la escuela. Fue una tarde que cancelaron la asamblea cuando, no por accidente, nos besamos, pasamos toda la tarde con besos y caricias, en la escuela, en la banca de un parque, en el autobús a su casa y debajo de un árbol cerca de la misma, ninguno de los dos era virgen y queríamos disfrutar uno del otro

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Yaz, buen culo, cuñada de mi jefe

Después de mi divorcio, por motivos de trabajo, me trasladé al norte del país, a Monterrey, Nuevo León. Ahí mi patrón abriría oficinas y yo como encargado.
Yaz cursaba en su segundo matrimonio, su esposo también divorciado previamente y, con cuatro adolescentes por mantener (dos cada uno) el trabajar ambos era obligatorio; él, saliendo seguido por su labor, a veces por varios días y ella dando clases en la universidad o asesorías particulares en casa.
Tan entrados ambos en el trabajo que su matrimonio entraba en dificultades, casi no se veían, hababan poco y, del sexo, ni hablar, cero contacto.
Una mañana, esperando en la oficina, la ví entrar, preguntó por el patrón, respondiendo que no estaba. Hizo un gesto de angustia, diciendo que tenía un problema y, sabedor que al jefe le gustaba que atendiésemos bien al cliente, me ofrecí a ayudar después de haberme presentado.

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G, primera vez en su hermoso culito

G era mi novia, delgada, 1.60 de estatura, senos pequeños pero firmes y unas nalgas que antojaban profanarlas por el medio. En ese tiempo yo contaba con 27 años, ella 24.
Pertenecía yo a un cuerpo de rescate y atención prehispitalaria, daba clases de primeros auxilios y, para liberar el estrés, me movía en bici por la ciudad y alrededores. Mi cuerpo en excelente condición física.
Ella recién salida de la facultad de medicina, trabajando en un hospital y dando clases en una preparatoria de la localidad.
Nos conocimos durante una semana en la que se enseñaban primeros auxilios, tecnicas de evacuación y de aeguridas en general, al término de la semana se hacía un simulacro de desastre para evaluar lo aprendido.

Ella salía de una relación de varios años, dónde se prometieron, y cumplieron hasta ese momento, llegar vírganes al matrimonio, pero llegué a su vida y todo cambió.

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