Me la follaron en un congreso (2ª parte)

Infidelidad Consentida. Sexo en Murcia, Orgía. En mi anterior relato os conté como mi mujer me había puesto los cuernos (más consentidos que otra cosa) durante un viaje que había hecho para asistir a un congreso en Murcia. Si leéis el relato sabréis que ella iba acompañada de otra amiga, Lucía, que está viuda desde hace varios años, y por lo tanto, sin catar varón o casi, y que ella se había ido primero al hotel con uno de los dos maromos que se las iban a follar.

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Obras en casa 2

Era sábado por la tarde después de comer y estábamos tumbados uno a cada lado del sofá, medio adormilados. Nuestros pies se encontraron  y empezamos a juguetear.  Yo sonreí  porque ya sabía cómo acababan normalmente esto. Con los dos follando o haciendo alguna otra cosa sexual. Para pinchar a Mariluz la pregunté si había vuelto a saber algo de Larbi, nuestro obrero marroquí.

  • He hablado con él un par de veces.
  • ¿Y qué tal? ¿No quiere repetir lo de la otra vez?
  • Si fuera por él estaría follándome todo el día, pero le he dicho que esta vez tienes que estar tú delante, que si no, no hay nada. Y dice que no le gusta, que no lo ve claro, que no sabe cómo reaccionará al haber otro hombre en la habitación.
  • Jajaja, tiene cojones el tío. Le dejo que se folle a mi mujer y el que viene con remilgos es él.
  • Jajaja, es verdad. Lo que pasa es que esta gente está muy cohibida con el tema del sexo, y cualquier cosa un poco fuera de lo normal, ellos lo ven como una aberración. Pero si te apetece le vuelvo a llamar. Y ya veo que te apetece – dijo mientras con su pie desnudo me tocaba mí ya dura polla por encima del calzoncillo.
  • Bueno no estaría mal.

Se levantó y cogió el móvil y llamo a Larbi. Se fue a otra habitación a hablar y cuando volvió me dijo:

  • Voy a arreglarme que se venía ya para aquí.
  • Yo también fui a cambiarme. Me quité toda la ropa y me quedé solamente con un albornoz.
  • Pedro, ven a la habitación, me llamó Mariluz.

Ya había preparado el ambiente. Había perfumado la habitación, se había perfumado ella. Había encendido las lámparas pequeñas y las había puesto un tejido de gasa rojo, con lo que había una especie de penumbra muy sensual. Pero lo mejor era como se había puesto ella. Braguitas pequeñitas negras transparentes, mini sujetador a juego, que prácticamente solo tapaba el pezón y poco más. Y por encima un camisoncito transparente y unos zapatos de tacón, con lo que el efecto era realmente sexy.

  • Se sentó en la cama y me preguntó:
  • Oye, he pensado algo. ¿Qué te parece si para no asustarle, te sientas en una silla? ¿Podría ponerte las esposas?

Tenemos unas esposas que compramos una vez por Internet. Forradas con tela, así no hacen daño.

  • Ok, me parece bien. Pero quiero que me hagas algo, no quiero estar sólo mirando.
  • No, yo tampoco quiero que mires.

En ese momento llamaron al timbre de abajo. Fue ella a abrir. Yo mientras cogí una silla y me senté cerca de la cama. También cogí las esposas. Mientras Larbi subía, Mariluz vino, me puso las manos a la espalda, me cerró las esposas sin apretar mucho y me dio un lento beso en los labios.

  • Te quiero, cariño, dijo.

Llamarón a la puerta, cerró la de la habitación y fue a abrir. Oí como se abría y cerraba la puerta y estuvieron hablando unos minutos fuera. Yo estaba de espaldas a la puerta y no podía girarme. Se abrió la puerta y oí como ella decía

  • ¿Ves como está atado? Pero ya te lo advierto, si no dejas que él este presente, es la última vez que nos vamos a ver.
  • Es que no sé si me gustará, señora.

A pesar de que se lo había follado, seguía llamándola señora.

  • Pues ya sabes lo que hay.

Entraron en la habitación y ella me habló:

  • Mira a quien me he encontrado en la puerta.
  • Hola, señor Pedro.
  • Hola, Larbi. ¿Qué tal estás?
  • Bien, ¿y usted?

La situación era un poco cómica.

  • Bueno, Larbi. ¿Te gusta mi mujer?
  • Sí, me gusta mucho. Está muy buena, señor.
  • ¿Quieres follártela otra vez?
  • Sí, señor.
  • ¿Pero ya sabes que esta vez voy a estar delante?
  • Sí, señor. Lo sé.

Ella se puso detrás de él, y con lentitud fue desabrochando los botones de la camisa que traía. Cuando se la quitó, vi un cuerpo listo, sin pelo. Pensé en lo que habría disfrutado ella, comparado conmigo, que tengo mucho pelo en el cuerpo. Siguió quitándole el cinturón, bajando la cremallera y dejando caer los pantalones. Se puso de rodillas, y le quitó los calcetines y el pantalón que estaba en el suelo. Y como una perra se puso a morder el cipote de Larbi por encima del calzoncillo. Se veía perfectamente cómo iba aumentando de tamaño a medida que los dientes de ella pasaban por la tela. El me miraba esperando mi reacción. Para tranquilizarle, le señalé mi erección que ya se notaba en la tela del albornoz. El más tranquilo, sonrió y se mordió los labios como respuesta a los labios de Mariluz. Ella se pasó un rato restregando toda la cara por el paquete del moro. De vez en cuando me miraba y sonreía. También miraba a mi paquete que luchaba contra la tela del albornoz. Larbi ya estaba más relajado, se había apoyado contra la pared y jugaba con el pelo de mi chica. Ella me diría más tarde que olía un poco a meados, a sudor y a semen, y que eso la había puesto hirviendo.

En cuanto a mí, el espectáculo me había puesto como una moto. Aunque parezca mentira, estaba disfrutando de cómo mi mujer gozaba. Puede parecer raro a algunos, pero para mí es muy importante que mi mujer esté satisfecha, y eso es lo que estaba consiguiendo.

Chicos, ¿por qué no pasáis a la cama? Allí estaréis más cómodos.

Rápidamente tiraron toda la ropa al suelo, se tumbaron en la cama y empezaron a comerse la boca lentamente, saboreándose. Larbi quitó a mi chica el camisón y empezó a chupar todo el cuerpo desde los pies. Mi mujer se tocaba las tetas por encima del sujetador, y se tiraba de los pezones demostrando que ya había empezado a disfrutar. Mientras en sus braguitas ya se veía una mancha de humedad brillante. Y el bulto del calzoncillo de él demostraba que ya estábamos todos como unos burros. Larbi fue pasando la lengua por sus piernas hasta terminar en su vagina. Primero chupó la brillante rajita por encima de la tanga, pero luego, separando la tela, contactó con su lengua con los sabrosos flujos de mi mujer. Dios, una buena comida la pone hirviendo. Ella sacó las tetitas por fuera del sujetador para poder tocarse mejor. Y dio comienzo a un pequeño y excitante concierto de gemiditos, del que sólo paró para poder decir:

  • Larbi, quítame los zapatos y chúpame los pies.
  • Es que me da mucho asco, señora.

Me quedé de piedra. Mariluz le soltó un bofetón que sonó en toda la habitación. El se llevó la mano a la cara. Yo pensé: Cómo se cabree y empieza a soltar hostias, entre yo que estoy atado y Mariluz que no pesa nada, lo llevamos claro. Para mi sorpresa, Larbi bajó la cabeza y sólo dijo:

  • Lo siento, señora.
  • Que no vuelva a pasar. Mientras estés en esta habitación, se hace lo que yo diga, ¿vale?
  • Sí, señora.

Al final, ella se salió con la suya y le lamió todo los pies, dedo a dedo. Ella estaba radiante de poder y de satisfacción, y me miraba sonriendo.

Se tumbaron luego en la cama, y allí empezaron a retorcer los cuerpos, creando una sinfonía de manos, bocas, sexos y sudor. Sólo puedo decir que estuvieron una hora lamiendo coño, chupando polla, cabalgándose uno a otra y viceversa, montando, jodiendo, besándose, jadeando, insultando (ella a él), a cuatro patas, por encima, por debajo, gimiendo…..

Yo contemplaba todo aquello extasiado, viendo a aquella maquina de dar y recibir placer que era Mariluz aguantar todas las embestidas de aquel miembro que parecía que no iba a bajarse nunca. Por cierto, igual que el mío, en todo el tiempo no desfalleció ni una vez.

Cuando terminaron, estuvieron unos minutos recuperando el aliento. Ella se levantó, vino a donde estaba yo y me dio un beso largo, interminable. Se sentó encima de mí, no fue ningún problema incrustarse mi polla hasta el fondo, pues tenía la vagina encharcada de semen, flujos y sudor. Empezó a moverse lentamente.

  • Larbi, ven aquí, dijo.

El se puso a nuestro lado. Ella le agarró del culo y le acercó más a nosotros. Cogió su polla morcillona y se la metió en la boca. Con cuatro lametones que la dio creció en su boca. Y así me follaba mientras le hacía una felación de campeonato. A mí me estaba follando despacito, pero a él se la estaba mamando fuerte. El también estaba muy cerca de mí, y su polla estaba a pocos centímetros de mi cara. Podía oler su sudor, pero también podía oler en su polla el olor del coñito de mi mujer. Estaba seguro que si chupara su polla, también notaría el sabor de ella. Se sacó la polla de la boca, y agarrándola fuerte por el tronco, la sacudió mientras pegaba su cara a la mía. La verga del moro empezó a agitarse y su leche salía disparada cayendo en nuestras caras, nuestras bocas, nuestras mejillas. Joder, parecía una vaca, y eso que se había corrido dos veces en la última hora y pico. Mi mujer le soltó y empezó a lamer el semen de mi boca.

  • Límpiame la cara, me dijo.
  • Sí cariño.

Acercamos nuestros labios y nos estuvimos besando un buen rato, mezclando saliva, semen y todos nuestros fluidos, mientras lentamente seguíamos moviendo las caderas. De repente dijo:

Larbi, vístete y vete, que ahora quiero hacer el amor con mi marido tranquilamente.

Sí, señora.

Ya te llamaremos.

Se vistió y se fue, mientras nosotros seguíamos echando, el que cuando lo hablamos después, describimos como el mejor polvo de nuestras vidas. Estuvimos unos 20 minutos follando muy despacito, lentamente, mientras comentábamos lo que había pasado en la habitación….

Nos fue envolviendo el mejor orgasmo que por lo menos yo he tenido. Fue una intensa sensación durante por lo menos un minuto, mientras veía el rostro de Mariluz experimentar un inmenso placer. Si yo me corrí durante un minuto, ella estuvo por lo menos cuatro, según me contó.

La verdad es que fue una buena tarde de sábado…..

Si queréis comentar algo,…

 

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Obras en casa

Hola, chicos. Soy Pedro de nuevo. Quiero contaros algo que nos ha pasado en estas vacaciones, mejor dicho a la vuelta de las vacaciones. Hemos pasado las Navidades fuera, y a la vuelta nos hemos encontrado un aviso de un vecino diciéndonos que tenía una gotera en su casa por algún problema que ha debido de haber cuando hemos estado fuera. El caso es que ha venido el perito a ver el tema y dijo que en unos días enviarían a una empresa para que reparara todo el problemón que era picar todo el baño.

Efectivamente se puso en contacto con nosotros una empresa de reparaciones, y quedamos en que irían a mirar el baño al día siguiente. Como yo estoy en paro ahora y mi mujer trabaja por las mañanas, estaría yo en casa cuando vinieran.

A las nueve de la mañana del lunes se presentaron los dos obreros, uno era español como de unos 55 años y era el jefecillo. El otro era un chico árabe de unos 25 años, de Marruecos, y era en realidad el único que trabajaba, porque el otro estaba escaqueándose todo el tiempo. Yo estuve en casa bastante del tiempo que estuvieron trabajando, pero como también tenía que salir lo único que hice fue guardar en algún sitio seguro el dinero en efectivo o móviles o alguna cosa que alguno de los dos pudiera llevarse. Nunca sabes qué puede pasar.

Por la tarde ya llegó mi mujer y estuvo toda la tarde en casa. Ya os he contado como es Mariluz en otro relato. Alta, delgada, morena, pelo corto, no muchas tetas, pero sí un buen culazo. Al estar los dos obreros en casa,  y encima con el frio que ha estado haciendo estos días en Valladolid, la verdad era que se puso una bata de invierno encima, y no estaba precisamente sexy, pero ya me pude dar cuenta de que los dos tíos no paraban de echarla miradas cuando creían que no nos dábamos cuenta, intentado ver alguna cosa.

El día siguiente fue más o menos lo mismo, pero por la mañana estuve un par de horas fuera y los obreros se quedaron solos durante ese tiempo. Ya por la noche, Mariluz y yo nos pusimos calientes, y empezamos a morrearnos en la cama y a sobarnos por todos los lados. Me bajó el pantalón y mientras me empezaba a masturbar suavemente y mi pene empezaba a levantarse, me preguntó:

–        Pedro, tengo que preguntarte una cosa. ¿Tú te has masturbado hoy con alguna de mis bragas?

Ella sabe que cuando estoy sólo en casa, alguna vez me masturbo viendo alguna página de Internet, pero esta vez no había hecho nada.

–        No, cariño. Yo no he sido, ¿por qué preguntas eso?

Sin responderme, se levantó, fue al baño, abrió el cesto de la ropa sucia, y sacó un tanga rojo, y me lo trajo.

–        Al ir a meter un trapo en la ropa sucia, he tocado el tanga sin querer y mira lo que hay.

Se notaba una mancha húmeda y todavía espesa en el tanga, y al olerla, sí que olía con ese olor fuerte del semen.

–        Joder, es semen. Y vaya corrida que se ha pegado. Pues si no he sido yo, evidentemente ha tenido que ser uno de los obreros.

–        Claro que sí. ¿Qué hacemos? ¿Se lo decimos a su jefe?

–        No sé, guapa. Por un lado no sabemos quién de los dos ha sido, y por otro, vaya situación. Enseñándole las bragas al jefe para demostrarle que se han hecho un pajote.

–        Ja, ja. Es verdad ¿Tú has notado que falte algo en casa?

–        No. Además esta mañana cuando me fui, dejé dinero a la vista porque no me acordé de guardarlo y cuando vine seguía estando todo.

–        Entonces yo creo que lo mejor es que dejemos el tema como está. Total, van a ser un par de días más, y fuera. Nos lo tomaremos a risa.

–        Eso es para que veas que todavía pones burro a otros que no soy yo.

–        Anda, calla cerdo, que eres un cerdo. ¿Dónde estábamos?

Siguió masturbándome lentamente hasta que mi polla alcanzó la dureza necesaria. Se montó encima de mí y se metió la verga hasta el fondo. Me extrañó, ya que normalmente tengo que excitarla con el dedo para que se moje del todo, pero esta vez no hizo falta. Cabalgó encima de mí hasta que se corrió, y como yo no lo había hecho todavía, se dio la vuelta apagó la luz de la habitación, se puso  a cuatro patas y me dijo que la penetrara desde atrás. Ella sabe que así me corro bastante rápido.

Empecé a mover las caderas delante y atrás despacio, intentado que me llegara la polla lo más adentro posible. Tengo una polla normal, de unos 15 cms, no demasiado grande, la verdad. Entraba sin problemas porque tenía la vagina encharcada. Entonces pregunté:

–        ¿Tú quién crees que es el pajero?

–        Pues la verdad es que no tengo ni idea

–        Los dos te comen con los ojos cuando estás por aquí, o sea que puede ser cualquiera de los dos.

–        Ya me he dado cuenta de que están muy salidos, porque no es que vaya yo vestida muy excitante precisamente.

–        Igual no reciben su sesión de sexo en casa. Viendo a Luis, parece que esté más tiempo de putas que de otra cosa.

–        Espero que no sea Luis, que ese sí que no me pone nada.

–        O sea que el morito sí que te pone, eh?

–        Eres un cabrón, sigue follándome, anda

Entonces noté que ella empezaba a mover sus caderas, normalmente cuando follamos así soy yo el que hace casi todo el trabajo, pero aquella noche parecía que estaba más excitada de lo normal. Eso me puso ya al borde de la corrida.

–        Mariluz, yo creo que el morito te gusta, venga dímelo, anda, que no me va a molestar.

–        Ummmmmm, está bueno el cabrón, sí, está muy bueno

–        Y de los árabes dicen que tiene pollas grandes también

–        Ya lo sé, joder, como sigas así, me voy a correr.

Yo aceleré, y entonces, medio minuto más tarde, nos corrimos los dos.

Nos tumbamos en la cama a recuperar el aliento, y nos quedamos dormidines como dos niños.

A la mañana siguiente, cuando ella se iba al trabajo, y yo me quedaba un rato más en la cama, entró en la habitación, y me dijo:

–        Pedro, ¿vas a salir por la mañana, no?

–        Sí, he quedado para tomar algo. ¿Qué quieres, que te compre algo?

–        No, es que voy a dejar abierto el cajón de la ropa interior, a ver si alguien me anda en él, para que no lo cierres tú.

–        Joder, ¿si que te ha puesto cachonda el morito, no?

–        Tengo que reconocer que sí. Venga, me voy, adiós.

Se me puso la polla como una barra de hierro de pensar como estaba de caliente mi mujer.

Efectivamente, cuando hice la habitación, vi que había dejado abierto el cajón de su ropa interior, y había puesto sus prendas más sexis al principio. No quise tocarlo, porque seguro que ella había dejado alguna trampa para ver si alguien lo tocaba.

Los obreros llegaron y al rato me fui yo. Cuando volví ya no estaban. Volvieron cinco minutos antes de que volviera mi mujer. Esta me dio un beso cuando llegó, les saludó a ellos y entró a cambiarse a la habitación. Yo estaba ansioso porque me dijera si alguien había estado buscando entre sus prendas. Iba a salir al pasillo cuando me fijé por el espejo que Larbi estaba espiando por el huevo que dejaba la puerta, y a juzgar por la cara de vicio que tenía y el abombamiento de su pantalón, el espectáculo estaba mereciendo la pena. Hice algo de ruido para que me oyera, y dejó de mirar. Yo entré a la habitación y cerré la puerta. Efectivamente, allí estaba mi mujer, pero hoy no se había puesto la ropa de andar por casa como otros días, sino una malla ajustada que tiene para hacer gimnasia y una camiseta bastante ajustada. No me extraña que Larbi se la comiera con la vista.  Estaba delante de la cómoda donde tenía su ropa interior.

–        Bueno, qué ha pasado, ha rebuscado alguien.

Su gran sonrisa de triunfo, ya me respondía que sí.

–        Sí, señorito.

Me pegué a ella por detrás y agarrándola por las tetas, dije:

–        ¿Ves como aunque tú dices que las tienes pequeñas, sigues excitando a los hombres?

–        Bueno, tampoco es ningún triunfo excitar a un inmigrante que igual no ha follado con nadie desde que vino a España.

–        Anda, no seas exagerada.

–        Mira, me enseñó. Ves, esto lo había dejado así, y esto también pegando al borde. Ahora está más separado, y yo no doblo nunca esto así.

–        ¿Has mirado a ver si se ha corrido en alguna braga?

–        De estas que tengo aquí no, porque estarán pegajosas. Voy a ver al baño pequeño.

Se fue y al momento volvió con otra expresión de triunfo. Abrió la mano y tenía en la mano las bragas que había llevado ayer. Volvían a estar mojadas y pegajosas

–        Tacháaaaan, corridón.

–        Joder, vaya tío, vaya muestras que deja.

Yo estaba tan excitado que cogí su mano manchada con un poco de semen y se la chupé entera. Ella me miró divertida y dijo:

–        ¿Y eso?

Por toda respuesta, cogí su mano y se la llevé a mi paquete ya abultado. Ella se echó a reír y dijo:

–        Pues estamos empatado. Cogió mi mano me la metió entre sus bragas y estaba chorreando.

Sin decir palabra, me bajé los pantalones, me senté en el borde de la cama. Ella se subió encima de mí y allí mismo follamos como locos, intentando hacer el menor ruido posible, aunque supongo que desde fuera, algo se oiría. Nos vestimos después de corrernos y salimos intentado aparentar normalidad, pero con la cara que nos puso Larbi, nos dimos cuenta de que nos había oído. El otro albañil, que para variar, no estaba, entraba en aquel momento por la puerta.

Yo le pregunté:

–        Luis, ¿te das cuenta si por la mañana ha llamado alguien al teléfono fijo?

–        Pues la verdad es que el rato que estuve yo no, pero estuve poco tiempo porque tuve que ir con el jefe, y el que estuvo todo el tiempo fue Larbi.

–        Yo estuve toda la mañana y no llamó nadie, señor, dijo Larbi.

–        Vale, gracias. Se habrán equivocado.

Fui a la cocina donde estaba Mariluz, que había oído toda la conversación. Nos sonreímos y así supimos quién era el masturbador habitual. Los dos seguíamos superexcitados y en cuanto salieron por la puerta, la quité la ropa y las bragas, la puse a cuatro patas en el sofá y se la clavé desde atrás. No hizo falta nada más, porque la muy puta estaba superlubricada. Yo empecé a pincharla diciéndola cosas:

–        Estás excitada como una perra con el morito….

–        ¿Te gustaría que estuviera aquí ahora?…

–        Imagínate follándote así como hago yo ahora…

–        Seguro que ya te has imaginado su polla echando la leche en tus bragas….

Ella no decía nada, porque había enterrado la cara en unos cojines para no gritar, pero se notaba que estaba hiperexcitada. De repente dijo:

–        ¿Te gustaría verme follar con él?

–        Me encantaría verte cariño, de verdad.

–        Pues lo vas a conseguir, y ahora hazme correr.

Después de corrernos, yo me quedé tumbado en el suelo y ella en el sofá, recuperando la respiración. Ella dijo:

–        Lo que dijiste cuando estábamos follando de que me dejarías follar con él, ¿va en serio o era por el calentón del momento?

–        Claro que sí, es en serio.

–        ¿No te pondrás celoso o algo así?

–        No, cariño, en cuanto te vea disfrutar con una polla de otro tío, estaré tan excitado que no me importará.

–        Vale. Pues tenemos que ver como lo hacemos.

Y sellamos el pacto con un beso.

Al día siguiente, a media mañana, me dijo Luis que ellos ya habían acabado, que Larbi iba con él ahora para llevar el material y que por la tarde vendría Larbi por la tarde sobre las cuatro solo a barrer y limpiar lo que hubiera quedado.

Esas era nuestra oportunidad. Llamé a Mariluz y se lo dije, y ella estuvo de acuerdo en que esa tarde lo haríamos. Lo que no sabíamos todavía era como íbamos a llevar el tema. Pero surgió un pequeño inconveniente. A última hora de la mañana, recibí una llamada de una empresa citándome por la tarde para una entrevista a las cuatro. Intenté cambiarla, pero fue imposible, y lo primero es lo primero, o sea que acepté.

Cuando llegó Mariluz, comentamos el tema, y ella dijo que haría lo que yo quisiera. Si quería seguía adelante con el plan o si quería lo dejábamos apartado. Que yo decidiera. Al final lo que decidía que siguiera adelante, y si la daba corte o algo, que lo dejara. Yo intentaría salir lo antes posible para ver si llegaba todavía a alguna parte del festival.

Lo que pasó a continuación es lo que me contó Mariluz que sucedió:

Larbi llegó a las cuatro y ella estuvo en el salón todo el tiempo que él estuvo trabajando. Sobre las 4 y media, él se asomó en el salón y dijo que ya había terminado. Ella le dijo que si hacía el favor de bajar todas las cosas a la furgoneta y que volviera a subir, que tenía que darle un regalo. Cuando volvió de la calle, Mariluz le dijo que se sentara un momento en el sofá, y ella le dio un paquetito.

–        Señora, no tenía que darme usted nada.

–        Ábrelo, a ver si te gusta, aunque yo creo que sí.

El moro se quedó a cuadros, cuando abrió el paquete y vio que eran unas braguitas de mi mujer.

–        Señora, ¿por qué me da esto? ¿Se está riendo de mí? Si con este regalo quiere decir que yo soy gay, le aseguro que está muy equivocada.

–        No, Larbi, tranquilo. Si ya sé que no eres gay. Pero como sé que has estado mirando en los cajones de mi ropa interior y como te has masturbado con las bragas de la ropa sucia, he pensado que quizá te gustaría tener esto de recuerdo.

Aunque era de piel morena, dice Mariluz que se puso muy colorado y muy nervioso.

–        Por favor, señora, no se lo diga a nadie, ni a su marido ni a su jefe. Me echarán del trabajo y es lo único que tengo.

–        No te preocupes, no se lo voy a decir a tu jefe. Mi marido también lo sabe, pero le dije que iba a hablar contigo y que íbamos a arreglar el tema. ¿Por qué lo hiciste?

–        Me encanta la ropa interior de las chicas. En Marruecos llevan bragas de abuela. Y cuando vi las suyas, me gustaron mucho y pensé que no se iban a dar cuenta.

–        Bueno, ves, no pasa nada por hablar las cosas. Espera dos minutos que tengo que hacer una cosa.

Mi mujer se fue a la habitación, y allí se desnudo y solo se quedó con las bragas que iba a regalar a Larbi y un camisón transparenta que tiene.

–        Larbi, ¿puedes venir un momento a la habitación?

Cuando entró en la habitación, se quedó de piedra, al ver a Mariluz tumbada en la cama con ese aspecto de puta.

–        Vamos, ven aquí. No te quedes parado. Enséñame como te hacías pajas con mis braguitas.

El se quitó la ropa y dejó ver su cuerpo delgado, moreno, fibroso y sin un pelito, a diferencia de mi, que tengo mucho vello en el cuerpo. Se empezó a tocar la polla por encima del calzoncillo, y Mariluz pudo ver como crecía el bulto. Se bajó también el calzoncillo, y dejó ver una polla de buen tamaño, no exagerado, un poco más grande que la mía, y se acercó a donde estaba ella, sin dejar de frotarse la verga. Esto excitó más todavía a mi chica, que se empezó a tocar su vagina por encima de la braga. Así estuvieron varios minutos mientras las miradas de ambos iban de los ojos del otro a sus partes íntimas.

–        Anda, quítamelas, Larbi.

Quitó las bragas  a mi mujer y el pasó un dedo calloso por la entrada del coño, y luego se lo chupó.

–        Sabe bien, señora. Está muy rico.

–        Me alegro que te guste. Vamos a ver como sabe tu polla árabe.

Mariluz se sentó en la cama, agarró por la cintura a Larbi y empezó a lamer el tronco que tenía, pasaba la lengua arriba y abajo, deteniéndose en la zona del glande porque se había dado cuenta por los gemidos y comentarios que le hacía el moro que era una zona especialmente sensible. Le mordió la polla y también los huevos. A diferencia de mi, casi no tenía pelos en estas zonas, por lo que ella pudo juguetear, cosa que a él no parecía importarle. Larbi estaba como una moto, y ella todavía no se había metido su polla en la boca, así que cuando se la metió, el cipote ya estaba duro como un tronco, con lo que fue un placer para ella subir y bajar la boca alrededor de esa barra de hierro. A ella la gusta que la polla esté bien dura para chuparla. Como la experta chupadora de pollas que es, mi chica cogió la polla morena y gruesa y la metió hasta el fondo de la garganta, mientras relajaba la mandíbula y usaba la lengua con habilidad para dar el máximo placer al obrero moro mientras el disfrutaba de las atenciones que le daba mi chica. Estuvo jugando y chupando un buen rato, cuando de repente, agarró la cabeza de mi mujer y se vació todo el contenido de sus huevos en la boca de ella. Mariluz me dijo luego que le pilló tan de sorpresa y que la corrida era tan abundante que tuvo que tragarse los chorretones del principio. Después de limpiarle bien la polla de semen, se tumbaron un rato en la cama y estuvieron hablando.

–        Señora, antes dijo que su marido ya sabía que yo me hacía pajas con sus bragas, ¿no se enfadó?

–        No, al revés, le gustó mucho que te fijaras en mí.

–        ¿Y si viniera ahora?

–        Pues si viniera ahora, se sentaría en esa silla y se haría una buena paja viendo como me follas, o igual se metería en la cama con nosotros.

–        ¿De verdad?

–        Seguro. ¿Tú qué harías si se desnudara aquí con los dos? ¿Dejarías que te tocara la polla, por ejemplo?

–        No sé, señora. Igual hay que probar de todo en esta vida.

–        Me gusta tu actitud, y ahora te voy a recompensar.

Como la polla de Larbi ahora estaba fláccida,  ella se la metió en la boca, y rápidamente notó como iba recobrando su mejor estado, notaba como poco a poco se iba hinchando y adquiriendo longitud y dureza. Cuando le pareció que ya había alcanzado un buen estado, la colocó un condón y sentándose encima de las piernas de él, se metió la polla de un solo envite, dando un tremendo gemido, y enterrándose la verga hasta el fondo de su coño.

–        Oh, Dios! No hay cosa mejor que esto.

Empezó a subir y a bajar su cuerpo y con cada empujón, su polla penetraba un poco más. Mientras él agarraba el culazo de mi mujer y lo deslizaba por su polla mientras mi señora disfrutaba de cada centímetro de verga. Tengo que decir que esta posición la encanta a mi mujer, y que así se corre muy rápido. La polla roza su clítoris y ello la lleva al orgasmo en cuestión de pocos minutos. Y esto fue lo que sucedió, solo que al tener este chico bastante más aguante que yo, ella tuvo dos fantásticos orgasmos, sobre todo el segundo, donde según me explicó ella, se estuvo corriendo durante varios minutos.

Se quedaron en la cama un rato recuperando las fuerzas, y entonces Laarbi dijo que tenía que ir al trabajo a dejar las cosas que si no, le iban a echar la bronca.

  • Señora, ¿querrá repetir alguna otra vez? Hacía mucho tiempo que no disfrutaba tanto.
  • Claro, apúntame tu teléfono ahí en un papel. Pero ya te advierto que la próxima vez estará Pedro con nosotros, ya lo sabes.
  • Vale, lo pasaremos muy bien los tres juntos. Adiós.

Cuando llegué la encontré dormidina en la cama. Sin decir nada, me desnudé y me metí con ella. Me estuvo contando todo lo que había pasado mientras su mano subía y bajaba suavemente por la durísima polla que se había puesto así mientras me contaba como habían follado a mi mujer. Seguiremos……

Si os ha gustado, o tenéis algo que comentar, ya sabéis mrmp1969@hotmail.com

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CONVENCIENDO A MI MUJER

contar otra que estoy intentando que se haga realidad. Estoy casado con Mariluz de 41 años. Vivimos en un chalet en un pueblo al lado de Valladolid que se llama Zaratán. Ella es alta, con el pelo corto, más bien delgada, pero con unas buenas caderas y un buen culo. La lástima es que de pechos tiene más bien poco.

Una de las fantasías más habituales de un hombre es la de hacer un trío con su mujer y otra persona. En mi caso es hacerlo con otro hombre, ya sabéis por mi relato anterior que me gustan las buenas pollas, y me gustaría que mi mujer disfrutara también de alguno de los pollones que andan por ahí, porque ella sólo lo ha hecho conmigo, ya que era virgen cuando la conocí. Y así es como la estoy intentado convencer, diciéndola que si no tiene curiosidad por probar algo nuevo, por probar otra polla, etc.…, pero no hay manera. Así que de momento me tendré que contentar con esta fantasía.

Empiezo:

Había intentado bastantes veces convencer a Mariluz para hacer un trío con otro chico, ya que ella sólo había conocido mi polla, así que la decía que si no quería probar otra polla, que las había muy grandes por ahí, que no habría ningún problema, pero siempre me decía que no, que no la llamaba la atención. Así que me quede de piedra, cuando un día en que estábamos follando y ella me estaba cabalgando encima, me preguntó que si seguía en pié la idea del trío. Yo paré de momento y la pregunté si estaba de broma, ella me dijo que no, que lo había estado pensando y que iba a probar una sola vez a ver qué tal resultaba, pero con dos condiciones: que el tío no tenía que ser conocido de ninguno de los dos y que ella iba a escoger al chico. Yo la dije que sin problemas. A mí se me puso el cipote como una piedra y ella se echó a reír y me dijo que ya veía las ganas de hacer el trío que tenía y volvió a mover las caderas arriba y abajo, adelante y atrás hasta que nos corrimos los dos a la vez y la llené el coño de mi espeso semen.

Un par de días más adelante cuando llegué del trabajo, Mariluz me dijo que si nos poníamos a buscar el chico para el trío. Pensamos que cómo podíamos hacerlo y al final decidimos poner un anuncio en milanuncios. El chico que ella pidió tenía que cumplir las siguientes condiciones:

Chico de unos 25 años, guapo, depilado, fuerte, pero que no se le notara demasiado el gimnasio, imaginativo y, por supuesto, una buena polla.

Tenían que mandar varias fotos de cuerpo entero donde se les notara todo lo que ella pedía, y un teléfono de contacto.

Recibimos bastantes respuestas con foto, aunque como pasa con los trabajos, muchos de los que nos contestaban incumplían muchas de las condiciones que pedía Mariluz. Ella no me dejó ver las fotos, así que me sorprendía cuando un sábado por la mañana me dijo que había llamado a un chico y que le veríamos sobre las cuatro de la tarde en un bar del centro. La pregunté si me dejaba ver la foto y me dijo que no, que no me preocupara que me iba a gustar.

Ella se arregló para la ocasión y se puso una falda por encima de las rodillas, sin medias y una camiseta ajustada que le marcaban los pechitos y los pezones, porque decidió no ponerse sujetador.

Llegamos a la cafetería donde habíamos quedado y la verdad es que no había mucha gente. Sólo había un camarero ya mayor, un par de mesas ocupadas y una persona en la barra. El camarero vino a nuestra mesa para preguntar que queríamos beber y de paso para echarle un vistazo a los pezones de Mariluz. La pregunté si estaba nerviosa y me dijo que un poco. Yo también, la respondí. Entonces vimos que entraba un chico alto y joven, que miraba alrededor como buscando a alguien. Mariluz dijo que era él y le hizo un gesto con la mano y le llamó:

–         ¡Carlos!

El se acercó y nos presentamos. Era un chico atractivo, y físicamente parecía como había pedido Mariluz en el anuncio. Estuvimos un rato hablando, intentando tranquilizarnos porque estábamos todos un poco nerviosos. Carlos parecía un chico tímido y discreto, y nos dijo que le había costado mucho escribir porque la verdad es que no tenía demasiada experiencias sexuales.

En un momento dado, Mariluz dijo:

–         Carlos, ¿podrías ir al servicio un momento?. Mario irá un momento después de ti y te tocará la polla para que se te ponga tiesa y vea si es tan grande como parecía en la foto. ¿Te parece bien?

–         Sin problema. Te espero, Mario.

Se fue para el servicio y Mariluz me dijo:

–         ¿No te importa esta pequeña prueba, verdad, cariño?

–         Claro que no mi vida. Ya sabes que yo hago todo lo que me dices.

Cuando me iba a levantar para ir al baño, ella acercó sus labios carnosos a mi oreja y me dijo en voz baja e insinuante:

–         Hazle una buena paja, pero que no se corra. Eso lo reservo para mí.

Fui al baño y entré dentro. Carlos estaba esperando haciendo como si estuviera lavándose las manos. Me sonrió y entró en uno de los baños. Se bajó el pantalón y el calzoncillo hasta las rodillas y allí estaba ese pollón que Mariluz había visto ya en las fotos. Sin decir palabra, se la agarré y noté como iba creciendo en mi mano, sintiendo como entraba la sangre en la polla haciendo que cogiera unas muy buenas dimensiones. El me sonreía y me decía:

–         Yo creo que esto le va a gustar a tu mujer, ¿no crees?, me comentó nervioso.

–         Joder, Carlos. A mi mujer y a unas cuantas, porque tienes un pollón impresionante. ¿Vamos ya?

Fuimos para la mesa y la dije a Mariluz.

–         Todo está bien, cariño. Creo que es justo lo que quieres.

–         ¿Nos vamos entonces?

Esperamos a Carlos a que fuera a buscar el coche y subió hasta Zaratán detrás de nosotros porque encontrar el chalet es un poco complicado. Durante el trayecto, metí la mano por la falda de Mariluz hasta encontrar su braga completamente empapada.

·         Creo que lo vamos a pasar muy bien, cariño. La verdad es que has tenido una buena idea.

·         Me parece que sí. Ya verás cómo te gusta la tranca que tiene el chico.

Cuando llegamos a casa, ella nos dijo que fuéramos subiendo y que la esperáramos desnudos en el dormitorio, que ella tardaba cinco minutos. Estábamos tumbados en la cama cuando entro ella con un vestido erótico largo que se había comprado para la ocasión porque yo no se lo conocía. Era largo pero abierto por delante y con unas cintas que le salían apenas para tapar los pezones. Yo ya la había visto en varias ocasiones con vestidos eróticos, pero para Carlos esto debía de ser nuevo porque vi como inmediatamente se levantaba la polla hacia el techo. Ella también lo vio porque dijo:

·         Bueno, cariño. Si no te importa voy a empezar con el invitado.

Y se subió a la cama para empezar a comerse toda la verga de Carlos que empezó a gemir inmediatamente. Mientras yo me masturbaba viendo como mi mujer devoraba una polla de otro hombre. Ni que decir tiene que yo ya tenía una erección descomunal que aproveché para ponerme detrás de Mariluz, levantarla el vestido y clavarle la polla en su coño. Me asombré de lo fácil que había entrado y es que tenía toda la zona de la vagina empapada de los jugos que la estaban cayendo. Era increíble. Al sentir el pollazo de entrada, levantó la cabeza y emitió un largo gemido:

·         AAAAAAAAAAAAh, cabrón. Como se te pone la polla cuando ves a tu mujercita así, ¿verdad?

·         Estás empapada, puta. Y pensar que tú no querías hacerlo.

·         Ya te digo.

Y siguió chupando la verga hasta que notó como yo aceleraba las embestidas, señal de que sabía que iba a correrme y recibió mi leche gimiendo:

·         Así, mi cabrón, lléname toda de leche. Me vais a llenar toda de leche entre los dos.

Luego siguió trabajando con la polla de Carlos, aunque ahora debería de decir pollón de Carlos porque ya había adquirido unas dimensiones tremendas. Como le medimos luego eran 19 de largo por 9 de ancho. Desde luego, bastante más grande que la mía.

·         Carlitos, mi vida. Quieres correrte en la boca o quieres follarme, dijo Mariluz sacándosela de la boca.

·         Prefiero correrme en tu boca, porque me estás haciendo la mejor mamada de mi vida.

·         Vale, pero luego tendrás que follarme que no quiero perder este cipote.

Un minuto después, entre gruñidos, Carlos descargaba el contenido de sus huevos en la boca y la cara de Mariluz, bañándola toda de semen, que ella ni se molestó en limpiar, tumbándose entre nosotros dos. Un minuto después estábamos los dos hombres lamiendo todo su cuerpo, mezcla de sudor, semen, sexo, la lamimos desde la punta de los pies hasta el cuello, intentando sincronizar nuestros movimientos, arrancándola gemidos, sobre todo cuando tocábamos sus zonas erógenas: cara interior de los muslos, caderas, cuello…..y por supuesto su coñito, que chupamos con ansia los dos, en ocasiones juntando nuestras lenguas Carlos y yo, lo que motivó que ambos sonriéramos. Era un roce normal, al fin y al cabo teníamos los cuerpos rozándose todo el tiempo. En una de las ocasiones, él estaba besando a mi mujer y yo estaba lamiéndola el coñito, y al levantar la vista, vi sus huevos y su polla colgando delante de mí. Llevado por la excitación, le agarré la polla como ya había hecho en el baño del bar y empecé a frotarla suavemente. Carlos no solamente no me dijo nada, sino que noté su polla reaccionaba positivamente, poniéndose poco a poco en forma.

Luego Mariluz nos sentó en el borde de la cama y nos chupó durante un buen rato la polla a los dos a la vez, metiéndose a veces parte de las dos pollas en la boca, cosa que la verdad es que me excitó una barbaridad.

Mariluz se acercó a Carlos y le dijo algo al oído a lo que este dibujó una sonrisa en la cara y le dijo que sí, que le apetecía mucho.

·         Carlos se tumbó en la cama y ella puso el coño encima de su boca, pero mirando para sus pies, como si fueran a hacer un 69.

·         Mario, quiero verte chupar la polla de Carlos, ¿te apetece?

·         Claro que sí, menudo pollòn tiene para chupar.

Empecé a chupar sin saber muy bien cómo hacerlo, le eché mucha saliva, como me gusta a mí que me lo haga Mariluz. Me metí la cabeza en la boca, jugueteé con el glande, en fin, hice todo lo que me gusta que me hagan. El caso es que me dí cuenta de que a Carlos le estaba gustando mucho por dos detalles, no paraba de mover las caderas y la polla se le estaba poniendo durísima. No podía gemir porque la boca la tenía ocupada con la vagina de mi mujer, que al estar completamente depilada, se la tenía metida en los mismos labios de Carlos.?

·         ¿Qué tal lo hace mi marido, Carlos

·         Ha debido de aprender de ti, porque me está haciendo una mamada de campeonato.

·         Ya lo veo, yo también me estoy poniendo como una moto al ver a Mario chupártela. No sabía que le gustaran las pollas tanto.

·         Si son como la de Carlos, claro que me gustan, dije yo sacándola de la boca.

·         A ver qué tal está, dijo ella, levantándose y poniéndose a chuparla junta conmigo, que fue una cosa que me calentó muchísima. Los dos chupando un pollón de un desconocido me puso a cien.

·         Bueno, yo creo que ya está bien, dijo Mariluz, cogiendo un condón y poniéndoselo a Carlos, se puso encima de él y de un golpe se clavó la polla hasta el fondo, soltando un grito de placer.

Empezó a moverse adelante y atrás, cosa en la que es una especialista, pues es una postura que le gusta muchísimo, porque se le clava todo el miembro del hombre. Yo mientras me masturbaba mientras Carlos hacía esfuerzos por no correrse rápidamente. Pero fue en vano porque después de estar un rato los dos gimiendo y moviéndose, mi mujer dijo:

·         Joder, voy a correeeeeeerme. Ya, ya, ya vieneeeeeeee. Y se corrió como una posesa, fue fantástico ver esa cara que pone que hasta ahora sólo había puesto conmigo.

·         Sí, córrete, que ahora me toca a mí, dijo Carlos.

·         Lléname el coño de leche, por favor. Pero no saques tu polla, que quiero sentirla todavía.

·         Aaaaaaaaaaaaaaaah, dijo Carlos, arqueando la espalda mientras sus huevos bombeaban su semen.

A todo esto, con la excitación que tenía y con la paja que me estaba haciendo, descargué mi semen sobre mi barriga, ante lo cual Mariluz dijo:

·         Esto no se puede desperdiciar, y cogiéndome la polla ya morcillona, me la limpió de leche.

Nos tumbamos, jadeando los tres en la cama, y entre el calor, el bajonazo y el cansancio, y lo cómodo que estaba, por lo menos yo, me quedé un ratito dormido. Cuando me desperté, Carlos y Mariluz no estaban. Me levanté a lavarme y cuando bajé por las escaleras, oí ruido de gemidos en el salón. Entré allí y estaba Carlos follándose a Mariluz a cuatro patas mientras esta se apoyaba en el sofá.

Ay, cariño, no queríamos despertarte, pero Carlos se quería ir y le he convencido para me eche otro polvo antes de irse, dijo entre gemidos.

Tu mujer puede ser muy persuasiva.

Ya, lo sé, dije acercándome a los dos.

Mariluz me agarró y se metió la polla en la boca. La verdad es que era una sensación fantástica, sentir como entraba mi polla en su garganta cuando la embestía desde atrás Carlos. Pude sentir como Carlos se corría porque aceleró sus embestidas y pude sentir como ella también se corría cuando sentí como mordía suavemente mi polla con sus dientes. Y finalmente pude sentir como mi polla reventaba en su boca y como ella se tragaba toda mi leche sin dejar ni una sola gota. Nunca hasta ahora lo había hecho.

Después de unos minutos, Carlos se vistió, se despidió de nosotros, pidiéndonos que por favor, le llamáramos cuando quisiéramos repetir, y se fue. Cuando cerró la puerta, Mariluz me abrazó y me dio las gracias. Dijo que se iba a duchar y cuando ya se iba, me dijo al oído:

La próxima vez, que sepas que voy a pedirle que te la meta por detrás……….

Bueno, pues aquí acaba mi fantasía. Si os ha gustado, hacedme algún comentario, y para los que seáis de Valladolid, y queráis enviar alguna foto vuestra, a ver si entre todos la podemos convencer, mi correo es mrmp1969@hotmail.com.

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